domingo, 5 de julio de 2026

La democracia no nació en Grecia, según un nuevo estudio: fue un fenómeno global


Las cariátides, símbolo universal de la democracia griega, en el Palacio Legislativo de Montevideo. (EFE/Federico Gutiérrez)



Diversas sociedades antiguas alrededor del planeta desarrollaron sistemas participativos para limitar el poder de sus líderes, según recientes hallazgos arqueológicos



Desde pequeños, se nos ha enseñado que la democracia nació en la Grecia clásica y la Roma republicana. El autogobierno del pueblo viene indisociablemente unido a la ciudad de Atenas. Sin embargo, un exhaustivo estudio comparativo publicado en la revista Science Advances por un equipo internacional de investigadores, liderado por el arqueólogo Gary Feinman del Field Museum, acaba de desmantelar este mito.

Tras analizar 31 sociedades antiguas en América, Asia y Europa, Feinman y su equipo determinaron que las formas de gobierno compartido no solo fueron comunes en todo el globo, sino que surgieron de manera independiente como una respuesta adaptativa a la complejidad social.

Para llegar a estas conclusiones, investigadores como David Stasavage, de la Universidad de Nueva York, y Linda Nicholas, del Field Museum, desarrollaron un "índice de autocracia" basado en evidencias materiales. Debido a que muchas de estas culturas no dejaron registros escritos, el equipo examinó 27 indicadores arqueológicos, centrándose especialmente en el uso del espacio urbano. Así, el estudio revela que las sociedades con sistemas más democráticos presentan ciudades diseñadas con amplias plazas públicas destinadas a la asamblea, una arquitectura residencial más equitativa y una ausencia notable de monumentos que glorifiquen a líderes individuales.

Casos como la metrópoli de Teotihuacán en el actual México y el asentamiento de Mohenjo-daro en el valle del Indo (hoy Pakistán) sobresalen en esta investigación por mostrar estructuras de poder distribuidas que rivalizan en horizontalidad con el modelo ateniense. En Teotihuacán, la carencia de palacios reales monumentales sugiere una gobernanza basada en consejos, mientras que en Mohenjo-daro, la organización de los servicios comunes refleja una estructura cooperativa avanzada. Estos sistemas no fueron anomalías efímeras; ciudades como Monte Albán mantuvieron modelos de gobierno colectivo durante más de un milenio, demostrando una estabilidad sorprendente frente a regímenes autoritarios, como aseguran desde Ancient Origins, haciéndose eco del estudio.

El control centralizado de recursos externos, como minas o botines de guerra, favorecía la aparición de autocracias

La clave de esta distinción política parece residir en la economía. Según el equipo, que incluye al profesor Dan Lawrence de la Universidad de Durham, las sociedades que se financiaban a través de impuestos internos y el trabajo de la comunidad tendían a desarrollar mecanismos de control sobre sus líderes. Al depender de la población para sostener el Estado, los gobernantes se veían obligados a negociar y compartir la autoridad.

Por el contrario, el control centralizado de recursos externos, como minas o botines de guerra, favorecía la aparición de autocracias. Según los investigadores, este hallazgo no es baladí ni simplemente redefine nuestra comprensión histórica, también ofrece herramientas para entender cómo se concentra el poder en la sociedad contemporánea.


sábado, 4 de julio de 2026

Qué es la ceguera por falta de atención o por qué a veces eres incapaz de ver algo que está frente a tus ojos


Buscar durante horas objetos perdidos puede ser desesperante.

Getty Images


Muchos hogares reconocerán este intercambio tan común. Una persona insiste en que un objeto simplemente no está allí: imposible de encontrar a pesar de lo que describe como una búsqueda minuciosa y muy eficaz. Otra entra, echa un vistazo rápido al mismo lugar y lo señala casi de inmediato.


"¡Está justo delante de tus ojos!".

Esta situación frustrante (para ambos) refleja algo fundamental sobre el funcionamiento del cerebro. Encontrar objetos en entornos cotidianos depende de un proceso llamado búsqueda visual, y nuestro cerebro es sorprendentemente imperfecto en ello.

Incluso cuando algo está directamente frente a nosotros, el cerebro puede no registrar su presencia. En otras palabras, miramos sin ver.

A primera vista, buscar algo parece sencillo. Recorremos con la mirada una superficie —la encimera de la cocina, el escritorio, el cajón de "todo"— hasta que aparece el objeto que falta.

Pero el cerebro no puede analizar todos los objetos de una escena simultáneamente. En cambio, se basa en la atención, seleccionando ciertas características y filtrando el resto.

Los psicólogos suelen describir la atención como una especie de foco que recorre el campo visual. Dondequiera que se proyecte ese foco de atención, la información se procesa al detalle. Todo lo que queda fuera de él recibe mucha menos atención.

Existe una razón anatómica práctica por la que el cerebro debe cambiar constantemente la mirada. El centro de la retina —la fóvea— nos proporciona la visión más nítida. Sin embargo, solo abarca una pequeña parte del campo visual, aproximadamente del tamaño de la uña del pulgar visto a la distancia con el brazo extendido.

Para observar una escena correctamente, nuestros ojos deben moverse repetidamente para que diferentes partes del entorno se proyecten en esta pequeña área de alta resolución.

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
Al observar una escena, nuestros ojos se mueven repetidamente para que diferentes partes del entorno se proyecten en una pequeña área de alta resolución.

Estos movimientos se denominan "sacadas" y ocurren constantemente. Incluso cuando creemos estar mirando fijamente algo, nuestros ojos se mueven silenciosamente de un punto a otro.

En la mayoría de los casos, este sistema funciona extraordinariamente bien. Nos permite orientarnos en entornos visualmente complejos sin sentirnos abrumados por la información.

Mirar sin ver

Resulta que ver no se trata solo de lo que llega a los ojos, sino también de lo que el cerebro espera encontrar. Este fenómeno se conoce como ceguera por falta de atención.

Una de las demostraciones más famosas consiste en un video donde los participantes observan a un grupo de personas pasándose una pelota de baloncesto y se les pide que cuenten el número de pases. Mientras los espectadores se concentran en la tarea, una persona disfrazada de gorila camina tranquilamente por la escena.

Aproximadamente la mitad de los espectadores ni siquiera se dan cuenta del gorila.

El gorila no está oculto; camina directamente por el centro de la pantalla. Pero el cerebro, concentrado en contar los pases, simplemente no lo registra.

Si alguna vez has buscado tus llaves en la encimera de la cocina y alguien las ha cogido al instante, has experimentado el mismo fenómeno.

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
A veces tenemos que buscar varias veces en el mismo lugar para encontrar algo.

Una vez que la información visual llega al cerebro, se procesa a través de diferentes vías. Una de ellas, a menudo llamada vía dorsal, se dirige hacia el lóbulo parietal, un área que desempeña un papel crucial en la percepción espacial y la dirección de la atención.

Esto ayuda al cerebro a determinar la ubicación de los objetos en el espacio. Este sistema es fundamental para guiar la atención durante la búsqueda visual.

¿Buscan hombres y mujeres de forma diferente?

Al describir esta situación cotidiana, evité recurrir a un estereotipo en particular: aquel en el que mi marido no encuentra el objeto que tiene justo delante.

Estudios sobre tareas de búsqueda visual han encontrado pequeñas diferencias en la forma en que hombres y mujeres exploran escenas complejas.

En promedio, las mujeres tienden a tener un rendimiento ligeramente mejor al localizar objetos en entornos desordenados, mientras que los hombres suelen tener un mejor desempeño en tareas que implican navegación espacial a gran escala o rotación mental de objetos en tres dimensiones.

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
Los hombres y mujeres no buscan de la misma manera.

Las razones de esto aún se debaten, pero parte de la respuesta podría residir en cómo movemos los ojos al buscar.

La búsqueda visual se basa en el desplazamiento de la mirada de un punto a otro: las llamadas "sacadas". Los estudios de seguimiento ocular muestran que algunas personas tienden a explorar una escena metódicamente, moviendo la mirada de forma más sistemática. Otras realizan movimientos oculares más amplios a través del campo visual.

Una exploración sistemática tiene más probabilidades de abarcar toda una superficie desordenada, aumentando las posibilidades de detectar algo pequeño, como un par de llaves o unas tijeras de cocina difíciles de encontrar. Los movimientos oculares más amplios, por el contrario, pueden omitir áreas por completo, dejando un objeto a la vista pero sin que llegue a captar la atención del cerebro.

Algunos psicólogos evolucionistas han sugerido que estas tendencias podrían tener profundas raíces históricas en las sociedades de cazadores-recolectores. Sin embargo, la evidencia al respecto es limitada. La experiencia, la familiaridad con el entorno y las simples diferencias en la atención probablemente influyen mucho más que el género por sí solo.

En definitiva, la búsqueda visual se parece menos a escanear una fotografía y más a ejecutar un algoritmo de predicción. El cerebro constantemente adivina dónde es probable que se encuentre algo y dirige la atención en consecuencia.

La mayoría de las veces, estas predicciones son correctas. En ocasiones, no lo son, y un objeto que está a la vista no coincide con las expectativas del cerebro.

Esto significa que la próxima vez que alguien insista en que ha buscado por todas partes, es muy posible que esté diciendo la verdad. Simplemente no ha buscado de la manera correcta.

 *Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Haz clic aquí si quieres leer la versión original en inglés.

    • Michelle Spear
    • Título del autor,The Conversation*

viernes, 3 de julio de 2026

Turismo oscuro y 'true crime': El morbo como guía de viaje: por qué triunfan las rutas que siguen los pasos de los criminales más famosos



Una calle iluminada por la noche. 
(iStock)



Las rutas de Jack el Destripador en Londres, los bares de Al Capone en Chicago o los recorridos inspirados en crímenes reales en Mallorca atraen cada vez a más turistas. La psicóloga Silvia María Campos lo analiza



Tomar algo en el pub londinense que frecuentaban varias víctimas de Jack el Destripador (The Ten Bells), recorrer los bares clandestinos de Al Capone en Chicago o seguir en Mallorca la pista de algunos de sus crímenes más conocidos ya forma parte de la oferta turística de varias ciudades. El llamado dark tourism o turismo oscuro convierte el crimen real en experiencia para viajeros fascinados por el lado más oscuro de la historia.

Al Capone, Jack el Destripador... son nombres que han trascendido y son muchos los amantes del true crime que quieren conocer las calles en las que cometieron sus crímenes. ¿Por qué nos atrae tanto conocer los lugares por los que han pasado los criminales más famosos?

"Nos atrae porque nos permite mirar lo prohibido, lo transgresor… sin riesgo. El crimen rompe las normas, y eso genera fascinación. De alguna manera, nos permite asomarnos a lo más oscuro del comportamiento humano desde una distancia segura. Además, cuando situamos los hechos en un espacio real, la experiencia se vuelve más intensa emocionalmente", responde Silvia María Campos, psicóloga clínica y jefa de estudios del Grado de Psicología de la Universidad Alfonso X el Sabio.

El interés por conocer las ciudades siguiendo los pasos de criminales famosos o dark tourism ha aumentado en los últimos años; así como el interés por los contenidos de crímenes reales en diferentes formatos: podcasts, series de televisión, películas, libros... Silvia María explica que al convertirse el crimen en un producto cultural más, se ha podido "transformar en una experiencia turística".

"El true crime no solo informa, también emociona y engancha. No solo cuenta historias, sino que las narra de forma emocional, generando fascinación, intriga o incluso empatía. Eso hace que muchas personas quieran ir un paso más allá del consumo pasivo y convertirse de alguna manera en protagonistas de la experiencia", añade la psicóloga.


De criminales a iconos culturales

Es probable que cada vez interesen más las rutas basadas en crímenes reales, así como las series o cualquier otro producto cultural porque "responden a necesidades humanas muy básicas como la curiosidad, la emoción y la comprensión". Es más, figuras como Al Capone o Jack el Destripador se han convertido en iconos culturales, en "personajes casi cinematográficos, con cierto carisma. El problema es que, en ese proceso, a veces se diluye el daño real que provocaron".


placeholderEl exterior del Ten Bells Pub, Spitalfields, Londres (iStock)
El exterior del Ten Bells Pub, Spitalfields, Londres (iStock)

Además, preocupa también a la psicóloga que con este auge se deje de percibir el crimen como algo real. "Puede desensibilizar ante la violencia o incluso generar una fascinación poco crítica, glorificando o normalizando la conducta criminal. Asimismo, puede aumentar la percepción de inseguridad y, en algunos casos, generar ansiedad o reactivar experiencias personales relacionadas", manifiesta Silvia María.


¿Este tipo de turismo banaliza el sufrimiento de las víctimas?

La banalización del sufrimiento de las víctimas es lo que más preocupa a los expertos; sobre todo cuando "el foco se pone en el criminal como figura fascinante". "Si no se contextualiza bien, se puede deshumanizar a las víctimas y reducir hechos muy graves a una experiencia más de consumo. Si no hay un enfoque respetuoso y equilibrado, se puede trivializar el sufrimiento y deshumanizar a las víctimas, insensibilizándonos ante su dolor", insiste la psicóloga.

El límite ético está donde se pierde el respeto a las víctimas. Cuando el objetivo es comprender, contextualizar y educar, hablamos de divulgación

Entonces, ¿dónde está el límite ético entre la divulgación histórica y el espectáculo? "Considero que el límite ético está donde se pierde el respeto a las víctimas. Cuando el objetivo es comprender, contextualizar y educar, hablamos de divulgación. Cuando se prioriza el impacto o el beneficio económico, se corre el riesgo de convertirlo en espectáculo. Por eso, el enfoque lo es todo", responde Silvia María.

Es por eso que no es lo mismo visitar Auschwitz que la casa de Jeffrey Dahmer o la ruta de Jack el Destripador. "Todos los años viajo con mis estudiantes a Auschwitz y esta experiencia apela a la memoria colectiva, al respeto y a la reflexión. Otros espacios pueden activar más la curiosidad individual o incluso el morbo. La diferencia no está solo en el lugar, sino en el enfoque que le damos a la experiencia para que sea educativa y reflexiva y no más cercana al entretenimiento", concluye.

Entre la memoria histórica, el morbo y la curiosidad humana, el turismo oscuro sigue creciendo en todo el mundo. La pregunta es si quienes recorren estas rutas buscan comprender la historia… o simplemente sentir el vértigo de acercarse, aunque sea por unas horas, al lado más oscuro del ser humano.


jueves, 2 de julio de 2026

Lo que los británicos realmente quieren decir cuando dicen "sorry"


Getty Images/ BBC/ Javier Hirschfeld


En Reino Unido, pedir disculpas diciendo "sorry" es más que eso: es un reflejo cultural, una válvula de escape de cinco letras que se usa para suavizar peticiones, disimular situaciones incómodas, llenar silencios en una conversación y evitar el horror nacional de parecer maleducado.

Quizás no sea casualidad que personajes tan famosos por su cortesía como Paddington y Mary Poppins sean británicos.

Los británicos pronuncian la palabra una media de 9 veces al día, más de 3.000 veces al año.

Pero para los visitantes, el enigma no reside en la frecuencia con la que la oyen, sino en descifrar su verdadero significado.

Y es que, cuando un británico dice "lo siento", eso puede significar arrepentimiento. También puede significar "disculpe", "hágase a un lado", "no estoy de acuerdo", "date prisa", "estás bloqueando el pasillo", "no te oí" o "estoy haciendo todo lo posible por no parecer molesto".

Si bien estos usos no son exclusivos de Reino Unido, la frecuencia, el tono y los sutiles cálculos sociales que implican sí lo son.

En una sociedad conocida por tratar de evitar enfrentamientos, pedir disculpas se ha convertido en una de sus herramientas más versátiles: una forma de gestionar el espacio personal, suavizar los desacuerdos, evitar la confrontación y hacer cumplir las normas sin parecer abiertamente descortés.

En esencia, "sorry" es una palabra que ofrece una visión fascinante de las muchas peculiaridades culturales que definen a los británicos, y para los visitantes, aprender a descifrarla puede marcar la diferencia entre un intercambio amistoso y un desconcertante malentendido.

1. "Sorry!" en la calle

Lo que parece: una disculpa.

Lo que suele significar: tú me estorbas, yo te estorbo, ambos hemos estado brevemente demasiado cerca físicamente el uno del otro y ahora debemos neutralizar la incomodidad de inmediato.

Esto no se trata tanto de culpar a alguien, sino de la profunda incomodidad que existe en Reino Unido con la intimidad accidental: el horror de rozar el abrigo de un desconocido, bloquear la acera o permanecer en el mismo pequeño espacio público un segundo de más.

Alguien puede decirlo cuando choca contigo, cuando tú chocas con ellos, o incluso cuando ninguno de los dos ha hecho nada malo más allá de rozarse los hombros y calcular mal la geometría de la acera.

Puede significar "disculpe", "después de usted", "por favor, apártese" o "finjamos que este pequeño choque nunca ocurrió".

La cuestión no es culpar a nadie, sino reconciliarse; una palabra rápida que permite seguir adelante sin que nadie se vea afectado por la indignidad de una confrontación abierta.

Fuente de la imagen,

Getty Images/ BBC/ Javier Hirschfeld

Pie de foto,
Los británicos dicen "lo siento" una media de 9 veces al día, pero la palabra a menudo hace algo más que disculparse.

2. "Sorry?"

Lo que parece: una petición para que se repita algo.

Lo que suele significar: no te oí, o sí te oí, pero necesito un momento para asimilar lo que acabas de decir.

Esta disculpa tan apreciada -con una sutil entonación ascendente al final- es una de las herramientas conversacionales más útiles del inglés.

Puede significar "¿perdón?", "¿podrías repetirlo, por favor?" o, simplemente, "necesito un segundo".

Dado que "¿qué?" puede sonar demasiado brusco, "¿perdón?" se convierte en la alternativa más suave y menos confrontativa.

Para los visitantes, resulta práctico en lugares como pubs y estaciones de tren, con conversaciones rápidas, y especialmente útil en zonas con fuertes acentos regionales.

Sin embargo, si se usa con un tono más frío o incrédulo, puede convertirse en una advertencia típicamente británica: te escuché, pero te doy la oportunidad de reconsiderar lo que dijiste.

3. "Sorry, can I ...?"

Lo que parece: una petición educada.

Lo que suele significar: necesito ocupar un poquito de espacio y pido disculpas de antemano por las molestias que pueda ocasionar mi presencia.

Esta es la típica disculpa británica de autominimización. La oirás en trenes, cafeterías, butacas de teatro, vestíbulos de hoteles y en cualquier lugar donde alguien necesite hacer algo perfectamente razonable.

"Disculpe, ¿puedo pasar?": "disculpe, ¿hay alguien sentado aquí?"; "disculpe, ¿podría preguntar…?".

En realidad, quien habla no lo siente. Simplemente suaviza el acto de preguntar, entrar, sentarse, alcanzar algo o simplemente estar presente en público.

En una cultura más directa, un simple "¿está libre este asiento?" sería suficiente. En Reino Unido, a menudo se recurre primero al "disculpe", como si ocupar una silla vacía requiriera un pequeño acto de contrición.

4. "Oh, sorry…"

Lo que parece: una disculpa sincera.

Lo que suele significar: me opongo, pero voy a hacer que suene como una disculpa.

Esto puede sonar como una disculpa sincera, pero normalmente no lo es. En Reino Unido, donde la franqueza puede resultar terriblemente incómoda, un seco "oh, perdón..." es lo que se suele oír cuando alguien necesita reclamar su sitio sin parecer abiertamente agresivo.

"Oh, perdón, creo que era el siguiente en la fila"; "oh, perdón, ese es mi asiento"; "oh, perdón, estaba usando eso".

La disculpa le sirve de excusa al hablante; la pausa después de "oh" es lo que causa el daño.

Permite objetar sin dejar de ser técnicamente educado: un compromiso muy británico entre guardar silencio y decir exactamente lo que se piensa.

Fuente de la imagen,

Getty Images/BBC/ Javier Hirschfeld

Pie de foto,
"Sorry" también puede significar "disculpe", "apúrese", "está bloqueando el pasillo" o "estoy haciendo todo lo posible por no parecer molesto".

5. "Sorry, but…"

Cómo suena: una interrupción educada, como un carraspeo, antes de una rotunda contradicción.

Lo que suele significar: por mucho que intente estar de acuerdo contigo, no puedo. Voy a explicarte por qué te equivocas y no me importa lo que pienses.

Esta es la disculpa preventiva: un pequeño respiro antes de que surja un desacuerdo.

En una cultura donde el desacuerdo abierto puede resultar socialmente ofensivo, "lo siento, pero..." le permite al interlocutor objetar manteniendo la apariencia de cortesía.

Le permite al hablante cuestionar, contradecir o corregir, dejando claro que no busca provocar una discusión, así esté a punto de hacerlo.

Según el tono, puede sonar conciliador, ligeramente exasperado o casi como decir "lo siento, pero no me arrepiento"... La clave está en escuchar lo que viene después del "pero". Ahí suele empezar el verdadero mensaje.

6. "Sorry…" en una cola o en el pub

Cómo suena: un recordatorio de etiqueta

Lo que suele significar: intento que esto no sea incómodo, pero esto no es justo; has roto las reglas.

La sola idea de colarse en Reino Unido da escalofríos: la cola es un lugar sagrado, como la Abadía de Westminster o Wimbledon, y un cortés "perdón..." intercalado sirve como recordatorio de etiqueta de que todos deben respetar las normas en lugar de intentar colarse.

En este contexto, "perdón" es sinónimo de "ponte al final", "no te cueles", "mantén la distancia" o "no te atrevas a saltarte la cola".

En el pub, la misma frase puede significar "es mi turno", "creo que era el siguiente" o "por favor, no finjas que no te diste cuenta de que yo estaba esperando".

Es una corrección disfrazada de cortesía, que suele ser la corrección más británica de todas.


    • Mike MacEacheran
    • Título del autor,BBC Travel *
  • Fecha de publicación