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Las cariátides, símbolo universal de la democracia griega, en el Palacio Legislativo de Montevideo. (EFE/Federico Gutiérrez)
Diversas sociedades antiguas alrededor del planeta desarrollaron sistemas participativos para limitar el poder de sus líderes, según recientes hallazgos arqueológicos
Desde pequeños, se nos ha enseñado que la democracia nació en la Grecia clásica y la Roma republicana. El autogobierno del pueblo viene indisociablemente unido a la ciudad de Atenas. Sin embargo, un exhaustivo estudio comparativo publicado en la revista Science Advances por un equipo internacional de investigadores, liderado por el arqueólogo Gary Feinman del Field Museum, acaba de desmantelar este mito.
Tras analizar 31 sociedades antiguas en América, Asia y Europa, Feinman y su equipo determinaron que las formas de gobierno compartido no solo fueron comunes en todo el globo, sino que surgieron de manera independiente como una respuesta adaptativa a la complejidad social.
Para llegar a estas conclusiones, investigadores como David Stasavage, de la Universidad de Nueva York, y Linda Nicholas, del Field Museum, desarrollaron un "índice de autocracia" basado en evidencias materiales. Debido a que muchas de estas culturas no dejaron registros escritos, el equipo examinó 27 indicadores arqueológicos, centrándose especialmente en el uso del espacio urbano. Así, el estudio revela que las sociedades con sistemas más democráticos presentan ciudades diseñadas con amplias plazas públicas destinadas a la asamblea, una arquitectura residencial más equitativa y una ausencia notable de monumentos que glorifiquen a líderes individuales.
Casos como la metrópoli de Teotihuacán en el actual México y el asentamiento de Mohenjo-daro en el valle del Indo (hoy Pakistán) sobresalen en esta investigación por mostrar estructuras de poder distribuidas que rivalizan en horizontalidad con el modelo ateniense. En Teotihuacán, la carencia de palacios reales monumentales sugiere una gobernanza basada en consejos, mientras que en Mohenjo-daro, la organización de los servicios comunes refleja una estructura cooperativa avanzada. Estos sistemas no fueron anomalías efímeras; ciudades como Monte Albán mantuvieron modelos de gobierno colectivo durante más de un milenio, demostrando una estabilidad sorprendente frente a regímenes autoritarios, como aseguran desde Ancient Origins, haciéndose eco del estudio.
El control centralizado de recursos externos, como minas o botines de guerra, favorecía la aparición de autocracias
La clave de esta distinción política parece residir en la economía. Según el equipo, que incluye al profesor Dan Lawrence de la Universidad de Durham, las sociedades que se financiaban a través de impuestos internos y el trabajo de la comunidad tendían a desarrollar mecanismos de control sobre sus líderes. Al depender de la población para sostener el Estado, los gobernantes se veían obligados a negociar y compartir la autoridad.
Por el contrario, el control centralizado de recursos externos, como minas o botines de guerra, favorecía la aparición de autocracias. Según los investigadores, este hallazgo no es baladí ni simplemente redefine nuestra comprensión histórica, también ofrece herramientas para entender cómo se concentra el poder en la sociedad contemporánea.