miércoles, 22 de abril de 2026

"Buscamos personas adictas a su trabajo": por qué algunas tecnológicas están imponiendo la jornada de 72 horas semanales


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El sitio web de contratación es llamativo, está repleto de fotos de jóvenes trabajadores felices y adornado con mini eslóganes optimistas como "velocidad de locos", "curiosidad infinita" y "obsesión por el cliente".

Si se lee un poco más abajo, hay promesas de numerosas ventajas: remuneración competitiva, comidas gratis, membresía gratuita al gimnasio, atención médica y dental gratuita, etc. Pero luego viene la trampa.

Cada anuncio de empleo contiene una advertencia: "No te unas a nosotros si no te entusiasma... trabajar unas 70 horas a la semana en persona con algunas de las personas más ambiciosas de Nueva York".

La página web pertenece a Rilla, una empresa tecnológica con sede en Nueva York que vende sistemas basados en inteligencia artificial que permiten a los empleadores supervisar a los representantes de ventas cuando están fuera de la oficina interactuando con los clientes.

La empresa se ha convertido en un ejemplo paradigmático de una cultura laboral acelerada conocida como 996, también denominada en ocasiones "cultura del ritmo frenético" o "grindcore".

Por decirlo de forma sencilla, valora las largas jornadas laborales, normalmente de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana (de ahí "996").

Para la mayoría de nosotros, eso sería agotador. Pero según Will Gao, director de crecimiento de Rilla, sus 120 empleados simplemente no lo ven así.

"Buscamos personas que sean como atletas olímpicos, con características como la obsesión y la ambición infinita", apunta. "Son personas que quieren hacer cosas increíbles y divertirse mucho mientras lo hacen".

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Will Gao

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Will Gao afirma que la empresa Rilla busca personas "como los atletas olímpicos".

Insiste en que, aunque las jornadas suelen ser largas, no hay una estructura rígida.

"Si pienso: '¡Vaya, tengo una idea genial en la que estoy trabajando!', sigo trabajando hasta las 2 o 3 de la madrugada y al día siguiente voy a mediodía o así", explica.

Este tipo de enfoque se ha vuelto muy popular en el sector tecnológico en los últimos años, y por una buena razón.

El desarrollo de la inteligencia artificial (IA) se ha producido a un ritmo vertiginoso, y empresas de todo el mundo están trabajando a toda máquina para desarrollar formas de explotarla y monetizarla.

Se están invirtiendo enormes cantidades de dinero en empresas de IA, muchas de ellas start-ups.

Pero para todo fundador de una empresa ambiciosa, el temor constante es que otro llegue primero. La velocidad es fundamental, y los trabajadores del sector tecnológico están sometidos a la presión de trabajar más y durante más horas para obtener resultados rápidamente.

"Los vagos no son mis hermanos"

La cultura 996 surgió por primera vez en China hace una década.

Fue adoptada por empresas tecnológicas y start-ups en un momento en el que el país se centraba cada vez más en transformarse de taller mundial de productos baratos a líder en tecnologías avanzadas.

Contaba con algunos defensores poderosos. Entre ellos se encontraba Jack Ma, el multimillonario fundador del gigante minorista Alibaba.com.

"Personalmente, creo que poder trabajar 996 es una gran bendición", escribió en una entrada de blog dirigida a los empleados.

"No se trata solo de los empresarios; la mayoría de los artistas, científicos, deportistas, funcionarios y políticos exitosos o ambiciosos trabajan 996 o más", afirmó en otra entrada.

"No es porque tengan una perseverancia extraordinaria, sino porque sienten una profunda pasión por las carreras que han elegido", añadió.

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Jack Ma, expresidente del Grupo Alibaba, calificó la tendencia 996 como una "bendición".

Otro entusiasta fue Richard Liu, fundador del gigante minorista JD.com, quien en un momento dado criticó lo que consideraba el declive de la ética laboral en el país.

"¡Los vagos no son mis hermanos!", escribió en un polémico correo electrónico dirigido a su personal en 2019.

Pero esa actitud provocó una reacción violenta, incluida una oleada de quejas en internet por el hecho de que las empresas ignoraban las leyes laborales y no pagaban las horas extra, al tiempo que obligaban a los empleados a trabajar jornadas excesivas.

En 2021, este coro de desaprobación se había vuelto demasiado fuerte como para que las autoridades lo ignoraran, lo que provocó una represión legal.

En China, el 996 no ha desaparecido, pero sus defensores se han mostrado en general mucho más discretos.

Una excepción notable fue la antigua directora de relaciones públicas de Baidu, Qu Jing, quien en 2024 publicó una serie de vídeos en las redes sociales en los que defendía agresivamente la cultura del trabajo duro.

Su brusco desprecio por el bienestar de los empleados, con el comentario "No soy vuestra madre, solo me importan los resultados", provocó indignación. Más tarde se disculpó, pero al final le costó su puesto.

Sin embargo, esta cultura sigue teniendo adeptos en otros lugares.

El año pasado, Narayana Murthy, fundador del gigante indio del software Infosys, se expresó con admiración sobre el uso del 996 en China.

En una entrevista televisiva, señaló que "ningún individuo, ninguna comunidad, ningún país ha prosperado sin trabajo duro".

La carrera por la IA

Entonces, ¿por qué la industria tecnológica estadounidense ha decidido sumarse a esta tendencia? Un factor clave parece haber sido la precipitada carrera por desarrollar formas de utilizar la IA.

"Se trata principalmente de empresas de IA", explica Adrian Kinnersley, quien dirige empresas de selección de personal en Europa y Norteamérica.

"Son aquellas que cuentan con financiación de capital de riesgo las que compiten por desarrollar sus productos y lanzarlos al mercado antes de que alguien les gane la partida. Eso les ha llevado a pensar que, si trabajan más horas, ganarán la carrera".

Una de esas empresas emergentes de IA está dirigida por Magnus Müller, un joven empresario nacido en Alemania. Es cofundador de Browser-Use, una empresa que desarrolla herramientas para ayudar a las aplicaciones de IA a interactuar con los navegadores web.

Vive en una "casa de hackers", un espacio compartido para vivir y trabajar, donde él y sus colegas intercambian ideas continuamente, y cree que trabajar muchas horas es simplemente una realidad de la vida.

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Magnus Müller

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Magnus Müller vive en una "casa hacker", una vivienda y espacio de trabajo compartido donde él y sus colegas intercambian ideas constantemente.

"Creo que lo que estamos intentando construir es difícil. Creo que son los problemas que estamos intentando resolver, dotar a la IA de estas capacidades adicionales. Es muy difícil y muy competitivo, y la mayoría de las veces los resultados llegan cuando te sumerges de lleno en un problema... y, de repente, suceden cosas fascinantes".

Browser-Use cuenta actualmente con solo siete empleados, pero está contratando a más. Müller afirma que busca personas con una mentalidad similar a la suya. Según él, es poco probable que alguien que quiera trabajar 40 horas a la semana encaje en la empresa.

"Buscamos personas que sean adictas, que amen lo que hacen", subraya. "Es como jugar a videojuegos, ¿vale? Es como si fueras adicto a los videojuegos... para nosotros, realmente no parece un trabajo. Simplemente hacemos lo que nos gusta".

Hay quienes no están de acuerdo.

Deedy Das es socio de Menlo Ventures, una empresa de capital riesgo con casi 50 años de experiencia en inversiones en empresas tecnológicas. Él cree que el error más común que cometen los jóvenes emprendedores es insistir en que sus empleados trabajen con un horario tipo 996.

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Deedy Das

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Deedy Das afirma que trabajar muchas horas no significa que el personal sea productivo o trabaje de manera eficiente.

"Creo que el error que cometen los jóvenes fundadores es considerar que las horas trabajadas son en sí mismas necesarias y suficientes para considerarse productivos. Y ahí es donde radica la falacia", explica.

"Obligar a los empleados a venir a trabajar y a esforzarse es una consecuencia directa de esa mentalidad".

Cree que este enfoque puede alienar a quienes tienen familia, así como a los trabajadores mayores con experiencia que "en realidad pueden trabajar mucho menos y lograr mucho más porque saben lo que hacen". Añade que las largas jornadas continuadas conducen al agotamiento a largo plazo.

Sin embargo, reconoce que para los propios fundadores de empresas, que se juegan mucho y tienen el potencial de hacerse muy ricos si su negocio tiene éxito, se aplican reglas diferentes.

"Francamente, me sorprendería que un fundador no trabajara entre 70 y 80 horas a la semana. Personalmente, puedo decir que si invierto en un fundador que se encuentra en una fase inicial, si no trabaja entre 70 y 80 horas a la semana, probablemente no sea una buena inversión".

Tamara Myles, académica y autora sobre cultura laboral, afirma que la cultura del trabajo frenético es insostenible, especialmente si las personas se sienten obligadas a trabajar en todo momento. Pero admite que hay zonas grises.

"La diferencia aquí es que muchas de estas empresas tecnológicas que viven esta cultura 996 en realidad no lo ocultan, sino que lo anuncian. Lo venden casi como una medalla de honor", afirma.

Pero eso no significa que todos los que aceptan trabajar 996 realmente quieran hacerlo, argumenta.

"Puede que te quedes porque el mercado laboral está difícil en este momento, o puede que estés aquí por un visado y dependas de ello. Así que puede que haya dinámicas de poder en juego".

Riesgos para la salud

Sin embargo, aquellos que deciden quedarse trabajando hasta altas horas de la madrugada pueden acabar pagando un alto precio.

La preocupación por el impacto que tiene en la salud trabajar muchas horas no es nada nuevo. En Japón, un país con una cultura de trabajo duro muy arraigada, donde los asalariados han apoyado de forma notoria la economía de la posguerra con una dedicación absoluta a sus empleadores, existe incluso una palabra para ello: Karōshi.

Significa "muerte por exceso de trabajo" y se refiere principalmente a los accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos que sufren las personas que trabajan muchas horas. Karōjisatsu, por su parte, se refiere a las personas que se suicidan o intentan suicidarse debido al estrés laboral.

Ambos están reconocidos en la legislación japonesa y, en teoría, las familias tienen derecho a recibir una indemnización del gobierno, aunque en la práctica puede resultar difícil demostrar que una muerte se debe al exceso de trabajo.

En términos más generales, un análisis publicado en 2021 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) concluyó que las largas jornadas laborales —definidas como más de 55 horas semanales— habían provocado 745.000 muertes en todo el mundo por accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardíacas en 2016.

Se concluyó que trabajar 55 horas o más a la semana aumentaba el riesgo de morir por enfermedades cardíacas un 17% en comparación con trabajar entre 35 y 40 horas, y aumentaba el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular un 35%.

El umbral de la productividad

Luego está la productividad, que en términos generales es la cantidad de trabajo que se realiza por cada hora trabajada.

Los estudios han demostrado que, a medida que aumentan las horas, la productividad inicialmente aumenta, pero una vez que se alcanza un umbral, comienza a disminuir nuevamente a medida que se instala el agotamiento físico y mental. Se reconoce ampliamente que el "punto óptimo" es de alrededor de 40 horas por semana.

Como señala un estudio reciente: "Con unas 40 horas semanales en una semana laboral de cinco días, los trabajadores parecen ser capaces de mantener bastante bien su productividad, pero cuando superan este umbral y trabajan más horas, su rendimiento laboral se debilita gradualmente debido al aumento del cansancio y al deterioro de su salud".

En otras palabras, una vez alcanzado este umbral, el rendimiento adicional de cada hora trabajada comienza a disminuir.

Aun así, las empresas siempre tendrán la tentación de contratar a menos personas y hacerlas trabajar más horas. Esto se debe a que cada empleado adicional tiene un coste: hay que contratarlo, formarlo si es necesario y pagarle.

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Empleados de oficina en la década de 1980 en Japón, donde la cultura de dedicación al empleador tiene su propia palabra, Karōshi.

Sin embargo, las investigaciones sugieren que este enfoque puede ser contraproducente.

Según la Universidad Estatal de Míchigan, la productividad puede caer tan drásticamente que "un empleado que trabaja 70 horas a la semana casi no tiene diferencia en su rendimiento con respecto a un empleado que trabaja 50 horas a la semana".

No se trata de un concepto nuevo. Hace un siglo, Henry Ford sentó un precedente que otros grandes industriales seguirían cuando redujo la jornada laboral de los trabajadores de sus fábricas de automóviles y adoptó la semana laboral de 40 horas y cinco días.

Semanas de 100 horas

El ejemplo del sector tecnológico estadounidense podría estar extendiéndose por otros países.

Por ejemplo, el cofundador y antiguo director ejecutivo de la cervecera británica BrewDog, James Watt, publicó un vídeo muy compartido en el que decía: "Creo que todo el concepto de conciliación entre la vida laboral y personal fue inventado por personas que odian el trabajo que hacen. Así que, si te gusta lo que haces, no necesitas equilibrio entre el trabajo y la vida personal, sino integración entre el trabajo y la vida personal".

A continuación, señaló un estudio realizado por académicos del King's College de Londres que demostraba que los británicos son de los menos propensos a creer que el trabajo debe ser siempre lo primero. Afirmó que esto demostraba que Reino Unido es "uno de los países menos orientados al trabajo del mundo".

En un documental de la BBC de 2022, el propio Watt fue acusado de comportamiento inapropiado y abuso de poder en el lugar de trabajo. Pidió disculpas a cualquiera que se sintiera incómodo por su comportamiento, pero criticó los "rumores falsos y la desinformación".

El nuevo director ejecutivo de BrewDog, James Taylor, afirmó el año pasado que la empresa había "superado con creces" sus anteriores controversias.

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HBO

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La serie Industry, de HBO, escrita por dos antiguos banqueros de inversión, destaca la dura cultura laboral que impera en algunas instituciones financieras.

Para algunos en Reino Unido, hablar de la cultura 996 les puede resultar bastante familiar.

Los puestos de trabajo en los grandes bufetes de abogados pagan salarios elevados, pero muchos exigen a cambio largas jornadas laborales. Según una encuesta realizada el año pasado por el sitio web Legal Cheek, no es raro que la jornada laboral media sea de 12 horas o más.

La banca de inversión, la parte de la industria financiera que se ocupa de las fusiones, adquisiciones y salidas a bolsa, también es conocida por sus largas jornadas laborales.

Fuentes del sector sugieren que es relativamente común trabajar entre 65 y 70 horas a la semana, y que se puede llegar hasta las 100 horas cuando se está cerrando un acuerdo importante.

¿Trabajar de forma más inteligente?

Ben Wilmott, director de políticas públicas de la asociación británica de profesionales de recursos humanos CIPD, cree que es erróneo pensar que las largas jornadas laborales conducen a un mejor rendimiento.

"No parece haber ninguna correlación entre las largas jornadas laborales y la productividad", afirma. "Existen pruebas bastante sólidas que demuestran que trabajar muchas horas conlleva riesgos para la salud, como un mayor riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardíacas.

Por lo tanto, creo que deberíamos centrarnos en trabajar de forma más inteligente en lugar de durante más horas, mejorando la capacidad de gestión, la adopción de tecnología y la implementación de la inteligencia artificial para mejorar la productividad, en lugar de centrarnos en aumentar las horas de trabajo".

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Ver a empleados agotados profundamente dormidos en el metro de Tokio no es algo infrecuente.

En 2022, 61 organizaciones acordaron reducir la jornada laboral de todo su personal durante seis meses sin ninguna reducción salarial en un proyecto piloto llevado a cabo en Reino Unido.

La conclusión fue que esto redujo significativamente el estrés y las enfermedades entre los trabajadores y ayudó a las empresas a retener a su personal sin perder productividad.

El experto en selección de personal Adrian Kinnersley cree que el entusiasmo actual por el 996 sigue estando limitado en gran medida al sector tecnológico, y por una buena razón.

"Es discutible si es necesario trabajar 80 horas a la semana, pero creo que en el entorno actual sería difícil competir con una cultura relajada de 35 horas semanales", afirma.

Para Magnus Müller, fundador de Browser-Use, las horas que él y sus compañeros trabajan en Silicon Valley no tienen nada de extraordinario.

"Soy de un pequeño pueblo del sur de Alemania", explica. "Los agricultores de allí se levantan a las cinco de la mañana todos los días y trabajan más de 12 horas al día, siete días a la semana. Y no se toman vacaciones, o quizá solo dos o tres días cuando pueden encontrar a alguien que cuide de sus vacas.

Así que creo que hay muchos sectores en los que la gente tiene trabajos mucho más duros, lucha mucho más y trabaja mucho más. Yo diría que lo que hacemos nosotros es más bien como un jardín de infancia en comparación con ellos".


  • Theo Leggett
  • Título del autor,Corresponsal internacional de negocios de la BBC
    13/02/2026
    https://www.bbc.com/mundo/articles/c5yk3115qpno

martes, 21 de abril de 2026

La consciencia no está en el cerebro, sino que es universal y nació antes del Big Bang



(Inteligencia artificial - Gemini - Novaceno)



Un estudio propone una nueva y radical teoría que dice que la consciencia existe como un campo fundamental del universo. De confirmarse, explicaría científicamente fenómenos como la existencia de vida después de la muerte



Maria Strømme, investigadora de la Universidad de Upsala (Suecia), acaba de publicar un nuevo estudio que aporta una explicación sorprendente y radical a uno de los fenómenos más intrigantes y desconocidas de los seres vivos: el origen de la consciencia. Según la investigadora, la consciencia no emerge del cerebro, sino que se trata de un campo fundamental del universo. Su teoría sugiere que la consciencia se originó primero y tras ella surgieron el tiempo, el espacio y la materia. Si esta propuesta es correcta, fenómenos considerados actualmente como pseudocientíficos —como la telepatía, las experiencias cercanas a la muerte o incluso la existencia de la vida después de la muerte— podrían tener una explicación científica.

Si se confirmaran los resultados de esta investigación, publicada en la revista AIP Advances y seleccionada como mejor artículo del número, las consecuencias serían revolucionarias. Según las teorías tradicionales de la física cuántica, las partículas y la energía emergen de vibraciones en un campo fundamental, como las olas surgen de vibraciones en el agua. Strømme afirma que ese campo fundamental podría ser la conciencia misma, por lo que la experiencia subjetiva de la vida que percibimos no es más que una ilusión.

"En el modelo, la consciencia individual se entiende como una excitación localizada o configuración dentro de un campo de conciencia universal, muy parecido a una ola en la superficie del océano", explica Strømme en declaraciones para el Daily Mail. "Una ola tiene una forma que es temporal, pero el agua que la transporta no desaparece cuando la ola se disipa". La teoría va más allá y sugiere que la consciencia no termina cuando morimos: simplemente regresa al campo de fondo. "El sustrato fundamental de la conciencia no comienza ni termina con el cuerpo, al igual que el océano no comienza ni termina con la aparición de una sola ola", afirma.


Basada en la física cuántica

La teoría de Strømme está íntimamente ligada a los retorcidos principios de la física cuántica. La investigadora lleva años trabajando en un modelo cuántico-mecánico que une la física cuántica con la filosofía no dual, la que observa la realidad como una sola unidad y no como una diferenci entre el yo y el mundo. Su nueva teoría se basa en la idea de que la consciencia constituye el elemento fundamental de la realidad y que las consciencias individuales son partes de un campo más grande e interconectado.

Según este modelo, la realidad existía antes del Big Bang como una especie de potencial sin forma (una superposición universal) que contenía todas las configuraciones posibles de la realidad. En este estado primordial, nada estaba diferenciado, ni el espacio ni el tiempo ni la materia, pero tampoco la experiencia individual.

La diferenciación arranca cuando el campo colapsa en estados específicos, produciendo la estructura del universo que conocemos. Para la investigadora no hay un antes ni un después cronológico en esta fase. "El colapso iniciado por el pensamiento universal no es temporal (ya que el tiempo aún no existe), sino que es un acto creativo atemporal de la mente, similar a la emergencia de la forma desde la falta de forma o la realización del potencial en actualidad", escribe Strømme.

Aquí es donde la teoría se topa con el gran problema de la medición cuántica, la idea de que la realidad existe en superposición hasta que una observación la colapsa en un estado definido. Un concepto ejemplificado en el experimento del gato de Schrödinger.

"Debe enfatizarse que el pensamiento universal no es pensamiento intelectual personal, sino una fuerza creativa sin forma que refleja el proceso metafísico mediante el cual lo indiferenciado transita hacia la forma", explica la investigadora.


Ciencia para la pseudociencia

La teoría abre una puerta a que muchos fenómenos considerados como pseudociencia formaran parte del modelo científico y "merecen pruebas científicas renovadas y rigurosas" para confirmarlo, explica la investigadora. Por ejemplo, durante experiencias cercanas a la muerte, muchas personas hablan de visiones de figuras religiosas, seres queridos perdidos o incluso premoniciones de eventos que sucederán en el futuro.

"Si la consciencia individual no es generada solo por el cerebro, sino que es una expresión de un campo más profundo, como sugiere mi modelo, entonces los momentos en que el cerebro está deteriorado podrían permitir un acceso atípico a ese campo subyacente", afirma Strømme.

El modelo sugiere que habilidades psíquicas como la telepatía no solo podrían ser reales, sino que podrían verificarse científicamente. Dado que todas las consciencias individuales son parte del mismo campo, la información puede transmitirse entre puntos aparentemente separados por el espacio o incluso el tiempo. Esto significa que individuos particularmente dotados o en estados alterados de consciencia podrían ser capaces de leer mentes o ver visiones de eventos futuros.

"Esto explicaría por qué fenómenos similares a la telepatía aparecen en diferentes culturas y a lo largo de la historia, aunque la evidencia empírica hasta ahora sea controvertida y no concluyente", dice la profesora. Lo mismo sucedería con los estados cerebrales de quienes están en meditación profunda, que deberían mostrar una sincronización con la actividad cerebral de otras personas.


Un giro revolucionario

Strømme, que normalmente se dedica a la investigación en nanotecnología, ha dado un salto que tiene implicaciones en las estructuras más grandes. De hecho, su nuevo trabajo plantea en realidad una teoría completamente nueva sobre el origen del universo.

"Es un intento muy ambicioso de describir cómo funciona nuestra realidad experimentada. Físicos como Einstein, Schrödinger, Heisenberg y Planck exploraron ideas similares, y yo estoy construyendo sobre varias de las vías que ellos abrieron", dice Strømme. "Mi ambición ha sido describir esto usando el lenguaje de la física y herramientas matemáticas. ¿Son estos fenómenos realmente místicos? ¿O simplemente es que hay un descubrimiento que aún no hemos hecho y cuando lo hagamos, conducirá a un cambio de paradigma?".

Cambios radicales en nuestra comprensión de la realidad han ocurrido antes en la historia, como cuando la humanidad comprendió que nuestro planeta es redondo y no plano, o cuando entendimos que no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra, sino al revés. Aun así, la investigadora reconoce la ironía de su propuesta. "Soy científica de materiales e ingeniera, así que estoy acostumbrada a ver la materia como algo fundamental. Pero según este modelo, la materia es secundaria. Gran parte de lo que experimentamos es representación o ilusión".

Aunque el artículo está escrito estrictamente en el lenguaje matemático de la física, el razonamiento contiene paralelismos con varias tradiciones religiosas y filosóficas del mundo. Strømme se basa en Advaita Vedanta, nociones budistas del vacío, el misticismo sufí, la teología cristiana y las reflexiones filosóficas de Schrödinger, Bohm y Heisenberg. En su estudio, invoca repetidamente el orden implicado del físico David Bohm, en el que todas las cosas se despliegan desde una realidad más profunda y no local. También hace referencia al universo participativo de Wheeler, donde la observación ayuda a hacer realidad.

"Los textos de las principales religiones —como la Biblia, el Corán y los Vedas— a menudo describen una consciencia interconectada. Quienes los escribieron usaron lenguaje metafórico para expresar percepciones sobre la naturaleza de la realidad. Los primeros físicos cuánticos, a su vez, llegaron a ideas similares usando métodos científicos", dice Strømme. "Ahora es el momento de que las ciencias exactas —es decir, la ciencia natural moderna— comience seriamente a explorar esto".


lunes, 20 de abril de 2026

Por qué Sigmund Freud recupera su popularidad en épocas de crisis y autoritarismo (como ahora)


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El psicoanálisis está atravesando un momento especial. Las cuentas en Instagram dedicadas a la teoría freudiana han alcanzado 1,5 millones de seguidores.

Los programas de televisión como la Terapia de Pareja de Orna Guralnik se han convertido en algo que no se puede dejar de ver. Artículos de opinión en The New York Times, The London Review of Books, Harper's, New Stateman, The Guardian y Vulture están declarando la resurrección del psicoanálisis.

Como lo describió Joseph Bernstein de The New York Times: "Sigmund Freud está regresando a la popularidad".

Para muchos, este resurgimiento llega como una sorpresa.

Durante el último medio siglo, el psicoanálisis -el movimiento intelectual y práctica terapéutica fundada por Sigmund Freud en la Viena de 1900- ha sido rechazado y denigrado en muchos círculos científicos. Particularmente en el mundo angloparlante, el auge de la psicología conductista y la creciente industria farmacéutica marginó las terapias de charlas largas como el psicoanálisis.

Pero hay una historia más compleja que contar. Durante la vida de Freud (1856-1939), 15 institutos psicoanalíticos se establecieron en todo el mundo, incluyendo Noruega, Palestina, Sudáfrica y Japón. Y alrededor del mundo -de París a Buenos Aires, de Sao Paulo a Tel Aviv- el psicoanálisis floreció contundentemente a través del siglo XX.

Por toda Sudamérica, el psicoanálisis continúa ostentando una enorme influencia clínica y cultural. Sigue siendo tan popular en Argentina que la gente bromea que no puedes tomar un vuelo a Buenos Aires sin que haya por lo menos un analista a bordo.

Hay varias razones por las que el psicoanálisis se volvió popular en algunos países mas no en otros. Una se relaciona a la historia de la diáspora judía del siglo XX.

Con la expansión del Tercer Reich, muchos psicoanalistas e intelectuales judíos huyeron de Europa central antes del Holocausto. Ciudades como Londres, que recibieron a Freud y toda su familia, fueron reformadas culturalmente por esta crisis de refugiados.

Pero otra razón, tal vez menos obvia, está relacionada al auge del autoritarismo. El psicoanálisis pudo haber sido creado y difundido en el crisol de la Europa en guerra, pero su popularidad frecuentemente ha surgido a la par de la crisis política.

Respuesta a la opresión

Tomemos a Argentina. A medida que el autoritarismo de izquierda del peronismo dio paso a la "guerra sucia" auspiciada por Estados Unidos, los escuadrones paramilitares de la muerte secuestraron, asesinaron y "desaparecieron" a unos 30.000 activistas, periodistas, sindicalistas y disidentes políticos. La pérdida, silencio y miedo envolvieron los mundos emocionales de muchos.

Sin embargo, al mismo tiempo, el psicoanálisis -con su interés en el trauma, la represión, el duelo y la verdad inconsciente- se convirtió en una manera significativa de luchar contra esta opresión.

Los espacios terapéuticos para hablar sobre el trauma y la pérdida se convirtieron en una técnica para responder, y tal vez resistir, a ese desastre político. En una cultura de mentiras del Estado y la imposición del silencio, el solo hablar la verdad era un ejercicio radical.

Muchos de los seguidores originales de Freud usaron el psicoanálisis de manera similar.

Rodeados de los horrores inexplicables del fascismo europeo, figuras como Wilhelm Reich, Otto Fenichel, Theodor Adorno y Erich Fromm consideraron el psicoanálisis, típicamente combinado con el marxismo clásico, como una herramienta esencial para entender cómo desarrollamos y deseamos personalidades autoritarias.

A medio mundo de distancia, en Argelia, el psiquíatra y activista anticolonialista Frantz Fanon se basó extensamente en el psicoanálisis para protestar contra los opresivos regímenes racistas del colonialismo francés. Para todos estos doctores y filósofos, el psicoanálisis era esencial para la resistencia política.

Algo parecido está sucediendo hoy día. A medida que surgen nuevas formas de autocracia multinacional, inmigrantes son demonizados y detenidos, y el genocidio es transmitido en vivo, el psicoanálisis prospera de nuevo.

Una herramienta para darle sentido a lo insensato

Para algunos, los neuropsicoanalistas como Mark Solms han aportado los lazos necesarios para elevar otra vez el psicoanálisis. En su nuevo libro, The Only Cure: Freud and the Neuroscience of Mental Healing ("La única cura: Freud y la neurociencia de la curación mental"), Solms usa su experiencia neurocientífica -específicamente su trabajo sobre los sueños- para argüir que la teoría de Freud del inconsciente estuvo acertada todo el tiempo.

De acuerdo con Solms, aunque los fármacos pueden ser temporalmente efectivos, sólo ofrecen soluciones a corto plazo. Únicamente los tratamientos psicoanalíticos, sostiene, pueden ofrecer un efecto curativo a largo plazo.

Pero Solms es sólo una de muchas de esas figuras en augue, el trabajo un grupo creciente de intelectuales clínicos ha devuelto el aprecio cultural al psicoanálisis. Donde Solms gira hacia la neurología, otros -incluyendo Jamieson Webster, Patricia Gherovici, Avgi Saketopoulou y Lara Sheehi- nos devuelven a la urgencia política del psicoanálisis.

Su trabajo resalta cómo los conceptos centrales del psicoanálisis -el inconsciente, la "pulsión de muerte", la bisexualidad universal, el narcisismo, el ego y la represión- ayudan a darle sentido a nuestro momento contemporáneo donde otras teorías se quedan cortas.

En un mundo de creciente mercantilización, el psicoanálisis resiste las definiciones comercializadas del valor.

Hace énfasis sobre el tiempo profundo en un entorno de poca capacidad de atención e insiste en el valor de la creatividad y conexión humana frente a un panorama abrumador de inteligencia artificial.

Desafía los conceptos tradicionales de género e identidad sexual, y prioriza las experiencias individuales del sufrimiento y deseo.

La razón del resurgimiento contemporáneo del psicoanálisis refleja aquellas que impulsaron sus anteriores olas de popularidad.

En momentos de turbulencia política, violencia auspiciada por el Estado y trauma colectivo, el psicoanálisis ofrece las herramientas para darle sentido a lo aparentemente insensato.

Provee un marco para entender cómo los impulsos autoritarios echan raíces en las psiquis individuales y se propagan a través de las sociedades.

Más aún, en una época donde las soluciones temporales y las intervenciones farmacéuticas dominan el cuidado de la salud mental, el psicoanálisis insiste en el valor de la atención sostenida a la complejidad humana.

Rehúsa reducir la angustia psicológica a los desequilibrios químicos del cerebro o a síntomas que tienen que ser manejados. En cambio, trata el mundo interior de cada persona como algo digno de explorar profundamente.

La resurgencia colectiva de intereses en el psicoanálisis también está actuando sobre la disciplina misma para que se transforme.

Antiguas suposiciones -como la idea que los terapeutas deben ser neutrales o que la heterosexualidad es la norma- están siendo desafiadas. Y la práctica psicoanalítica está siendo reinventada a lado de muchos movimientos de justicia social y solidaridad.

Este es un momento en el que muchos se están uniendo para reformular lo que el psicoanálisis puede ser.

Queda por ver si este renacimiento perdurará. Pero, por ahora, a medida que las crisis políticas se acumulan y los métodos terapéuticos tradicionales parecen ser insuficientes, las reflexiones de Freud sobre la psiquis humana están encontrando nuevas audiencias ansiosas de entender la oscuridad de nuestros tiempos.


  • Carolyn Laubender
  • Título del autor,The Conversation*
    29/03/26
    https://www.bbc.com/mundo/articles/cz0gd9lv9lyo