sábado, 14 de febrero de 2026

Qué extrañas pistas de nuestra civilización hallará quien explore la Tierra cuando ya no existamos


Si en el futuro remoto, algún ser quisiera saber cómo fue nuestra civilización, ¿qué rastros encontraría?

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Fragmentos de un mineral llamado pirita de hierro hallados donde eran raros y una fina capa de arcilla de color rojo, junto con mucho trabajo, investigación y conocimiento acumulado, recientemente cambiaron el eje cronológico de la evolución humana.

Los hallazgos revelaron que uno de los momentos fundamentales de nuestra historia, aquel en el que aprendimos a controlar el fuego, ocurrió 350.000 años antes de lo que se pensaba.

El descubrimiento nos recuerda que, con el paso del tiempo, hasta lo crucial puede extraviarse, y es una muestra de cómo los rastros que quedan son a veces la única esperanza de que en el futuro se pueda imaginar lo que fue.

¿Qué quedará de nuestra civilización cuando ya no existamos?

Si, como hacen los científicos ahora, algún ser del futuro lejano explorara la Tierra, ¿cómo podría saber que estuvimos aquí?

Eso se preguntó Steve, oyente del programa CrowdScience de la BBC, inspirado por el famoso poema de Percy Bysshe Shelley "Ozymandias", que llama a reflexionar cómo hasta lo más magnífico y colosal es insignificante ante el fluir irrefrenable del tiempo.

De los dinosaurios, por ejemplo, hemos encontrado fósiles, aunque se extinguieron hace unos 65 millones de años tras vivir en la Tierra durante unos 165 millones de años... ¿habrá oportunidad de que hallen fósiles nuestros?

"El problema con los fósiles es que la mayoría de las cosas no se fosilizan; solo una pequeña fracción de la vida terrestre se ha fosilizado", señala el astrofísico Adam Frank, de la Universidad de Rochester, en EE.UU.

Efectivamente, se estima que menos de una décima parte del 1% de todas las especies que han vivido se han convertido en fósiles.

Aún más bajas son las posibilidades de que, así algunos nos convirtamos en fósiles, nos encuentren.

Sin embargo, no es imposible, apunta Paul Davis, curador de geología en el Museo de Lyme Regis, en la Costa Jurásica inglesa.

"Los fósiles pasan por un proceso de transformación de ser vivo a, en esencia, piedra.

"Los huesos o las conchas se van modificando lentamente, a través de millones de años de agua, productos químicos y minerales fluyendo a través de los sedimentos y rocas en los que están incrustados".

Los humanos, agrega, tenemos a nuestro favor el contar con partes duras, como los huesos y los dientes.

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Fósiles de amonites con capa de concha iridiscente intacta, del período Jurásico, hace de 144 a 208 millones de años, halladas en Lyme Regis, Reino Unido.

Para potenciar la posibilidad de convertirse en fósil, "lo mejor es que te entierren en el mar, en algún lugar de una buena cuenca donde se depositen sedimentos muy finos y haya suficiente profundidad para que las aguas no sean muy ricas en oxígeno".

No obstante, insiste, "las probabilidades de que los humanos se conviertan en fósiles serán escasas, como ocurre con la mayoría de la vida a lo largo del tiempo geológico".

Entonces, ¿dejaremos huella?

Los paleontólogos Jan Zalasiewicz y Sarah Gabbott, de la Universidad de Leicester (Reino Unido), argumentan que sí, que ya la imprimimos y que además es indeleble.

Los dos científicos escribieron un libro llamado "Discarded" (Desechados, 2025) en el que afirman que los tecnofósiles serán nuestro legado definitivo.

La edad del pollo

Los humanos modernos (Homo sapiens) hemos existido una fracción muy pequeña de la historia de la Tierra -apenas unos 300.000 años de los ~4.540 millones de años del planeta-, y al parecer somos los artesanos de nuestra propia destrucción.

Pero así nuestra existencia termine siendo poco más que un pequeño parpadeo perdido en un gran periodo geológico, Zalasiewicz considera que seremos como otro parpadeo que tuvo un enorme efecto: "El gran meteorito que acabó con los dinosaurios. En este caso, nosotros somos el meteorito".

Puede que no seamos la inmensa roca que chocó con la Tierra y eliminó especies, pero estamos interfiriendo con ellas de otras formas sorprendentes.

"Al causar la extinción o transportar animales y plantas, hemos alterado el camino de la evolución biológica, por lo tanto, hemos alterado el patrón del registro fósil, y eso va a aparecer", dice el paleontólogo.

"Basándose en eso, nuestros exploradores del lejano futuro se preguntarán qué pasó y por qué. Y van a centrarse en la capa donde empezó todo: la nuestra".

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Quizás se preguntarán: "¿Por qué tantos pollos?".

Zalasiewicz se refiere a los estratos en la Tierra, capas de roca, sedimento o suelo que se acumulan a lo largo del tiempo como las páginas de un libro, mostrando la historia geológica del planeta, donde las capas más profundas son las más antiguas.

La composición química de esas capas indica qué procesos físicos estaban ocurriendo en ese momento.

Una de las cosas que encontrarían esos paleontólogos futuros es el resultado del gran impacto que los humanos hemos tenido en otros animales.

Cuando no los transportamos de un rincón del mundo a otro, elegimos ganadores y perdedores, señala Gabbott.

"Hoy en día, solo el 4% de los mamíferos son salvajes. El otro 96% somos nosotros o los animales que criamos para comer. Así que hemos cambiado por completo la diversidad de la vida.

"Fíjate en los pollos. Matamos 75.000 millones de pollos cada año. Y los pollos representan dos terceras partes de la biomasa de aves en la Tierra... ¡dos terceras partes son pollos!".

Así que esos científicos del futuro remoto, al examinar los estratos de toda la historia de la Tierra en busca de rastros de alguna civilización posiblemente se preguntarán: ¿Por qué hay tantas aves parecidas? ¿Y por qué morían en masa?

Cenizas y parqueaderos

Así como nuestra habilidad de controlar el fuego, otras formas de generar calor y energía ya han dejado y siguen dejando huellas que los futuros paleontólogos podrían notar.

Entre ellas, residuos mortales que tenemos que enterrar profundamente bajo tierra, los nucleares, "unos de los pocos que realmente hemos pensado profundamente sobre cuánto tiempo van a durar, aunque seguimos dejando la solución del problema para más adelante", resalta Gabbott.

Y luego están las minas de carbón gigantes, presas enormes y huellas menos directas.

"Un rastro que ya hemos dejado tras la quema de enormes cantidades de carbón, petróleo y gas es la ceniza que ha subido a la atmósfera como humo y contaminación", señala Zalasiewicz.

"Se llaman partículas carbonáceas esféricas. Son trozos muy pequeños de carbono sin quemar. Son realmente, realmente robustas. Son indigeribles y simplemente se quedan ahí como una capa dentro de los estratos.

"En un futuro lejano, los paleontólogos podrán encontrar esos pequeños restos de ceniza rica en carbono fósil de manera muy similar a como ahora encontramos habitualmente esporas fósiles de polen en estratos: tomas un poco de roca, la disuelves, miras los restos bajo el microscopio y, voilà, habrá unos trozos de ceniza volante únicos. No hay nada igual en el registro geológico".

Entonces, las huellas químicas en las rocas nos delatarán en el futuro. ¿Pero, no perdurarán rastros más concretos? ¿Un poco de cultura quizás?

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¿Qué quedará de tanta belleza?

"Si tienes una ciudad, como Venecia, Nueva Orleans o Shanghái, que se están hundiendo, eventualmente empezarán a cubrirse por capas de arena y barro. Los edificios en ruinas quedarán en muy mal estado; se convertirán en una capa de escombros.

"Pero lo que está debajo de eso -aparcamientos subterráneos, sistemas de alcantarillado y demás-, estará mucho mejor conservado, simplemente porque tendrán una capa de suelo, sedimento, barro y arena encima, y se convertirán en estratos", anticipa el paleontólogo.

Mmm... poco romántico. Aunque quizás quede algo de las obras de arte que varios museos almacenan en sus bodegas subterráneas.

Y tal vez otras pistas les permitirán sospechar al menos que fuimos creativos.

"Creo que dirán que éramos tecnológicamente avanzados porque hemos combinado elementos y materiales de formas muy imaginativas", supone Gabbott.

"Además hemos creado muchísimos materiales nuevos: hay unos 5.200 minerales que se encuentran de forma natural en el planeta; los humanos hemos producido artificial y sintéticamente 300.000 minerales nuevos".

Esa manipulación del entorno, ya sea fabricando nuevos materiales, quemando combustibles fósiles o interfiriendo con otras especies, nos hará detectables durante mucho tiempo.

¿Habrá alguna idea de cuánto?

Dinosaurios... de juguete

Es muy difícil probar cuánto durarán nuestras cosas, explica Gabbott.

"Lo que podemos hacer son experimentos en el laboratorio, y yo hago muchos, en los que básicamente asalto un material con temperaturas o presiones altas, o a veces, luz ultravioleta muy fuerte, para acelerar artificialmente su descomposición.

"Esos experimentos son útiles, pero realmente no nos dicen cuánto van a durar las cosas, por eso buscamos análogos en el registro fósil.

"Por ejemplo, tenemos hojas fósiles de hace cientos de millones de años. El papel está hecho de celulosa, que es lo mismo que las hojas. Así que usamos eso como análogo para afirmar que el papel, en el entorno adecuado, probablemente podría durar cientos de millones de años", ilustra la experta.

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¿Creerán que son íconos adorados por fieles de una religión desconocida?

Ahora, si tuviera que calcular durante cuántos millones o miles de millones de años en el futuro seguirán presentes nuestras huellas, ¿cuál sería su mejor estimación?

¿Durante cuánto tiempo cree que los paleontólogos podrían mirar atrás y ver que existimos?

"Mi apuesta sería hasta el fin del planeta, honestamente", responde.

"Piensa que la Tierra tiene 4.500 millones de años y tenemos rocas de 4.000 millones de años que contienen grafito. Así que, el grafito en forma de lápiz podría durar 4.000 millones de años.

"Y el plástico va a durar muchísimo".

Así que esos exploradores del futuro posiblemente encontrarán, enterrados en algunos estratos del suelo, lápices y bolígrafos...

...y hasta cosas que quizás los confundan, como las figuritas de plástico con forma de dinosaurios que quizás puedan sobrevivir más tiempo que los fósiles de los animales que sirvieron de modelo.

"Potencialmente, sí podría pasar pues los fósiles de dinosaurios son materiales biológicos. Así que el hueso de los dinosaurios remineralizado probablemente podría durar cientos y cientos de millones de años, pero no estoy segura de si miles de millones de años, porque realmente no tenemos un caso de prueba para eso.

"Los dinosaurios de plástico con los que juegan los niños, por su parte, si acabaran enterrados en sedimentos en el fondo del océano, podrían durar más que un hueso real de dinosaurio".

Quién sabe cómo los paleontólogos del futuro lejano interpretarían la presencia de objetos con la forma de esos gigantes extintos.

Al fin y al cabo, ayer, hoy y mañana -por distante que sea ese mañana-, lo que hacen los científicos que exploran el pasado es imaginárselo a partir de las pocas piezas que logran hallar de un rompecabezas inmenso.

Este artículo está basado en el episodio "How long will traces of our civilisation last?", realizado por Caroline Steel y Sam Baker, de la serie del Servicio Mundial de la BBC CrowdScience.

  • BBC News Mundo
  • Título del autor,Redacción *
    17/01/2026
    https://www.bbc.com/mundo/articles/c20kjzn1kl3o

viernes, 13 de febrero de 2026

Ni cinco ni seis: los humanos tenemos hasta 33 sentidos, según la neurociencia



Piel de gallina. Foto: Pixabay


Aristóteles nos enseñó que teníamos cinco sentidos, pero estaba equivocado. Nuestro cuerpo experimenta el mundo de formas mucho más complejas e interconectadas de lo que imaginamos



Atrapados frente a nuestras pantallas todo el día, a menudo ignoramos nuestros sentidos más allá del sonido y la visión. Y, sin embargo, siempre están funcionando. Cuando estamos más alerta sentimos las superficies rugosas y lisas de los objetos, la rigidez en nuestros hombros, la suavidad del pan.

Por la mañana, podemos sentir el cosquilleo de la pasta de dientes, oír y sentir el agua corriendo en la ducha, oler el champú y, más tarde, el aroma del café recién hecho.

Aristóteles nos dijo que había cinco sentidos. Pero también nos dijo que el mundo estaba compuesto de cinco elementos y ya no lo creemos. Y la investigación moderna está demostrando que podríamos tener en realidad docenas de sentidos.

Casi toda nuestra experiencia es multisensorial. No vemos, y oímos, olemos y tocamos en paquetes separados. Ocurren simultáneamente en una experiencia unificada del mundo que nos rodea y de nosotros mismos.

Lo que sentimos afecta lo que vemos y lo que vemos afecta lo que oímos. Diferentes olores en el champú pueden afectar cómo percibimos la textura del cabello. La fragancia de rosa hace que el cabello parezca más sedoso, por ejemplo.

Los olores en yogures bajos en grasa pueden hacer que parezcan más ricos y espesos en el paladar sin añadir más emulsionantes. La percepción de olores en la boca, que ascienden al conducto nasal, se ve modificada por la viscosidad de los líquidos que consumimos.

Mi antiguo colaborador, el profesor Charles Spence del Laboratorio Crossmodal de Oxford, me dijo que sus colegas neurocientíficos creen que hay entre 22 y 33 sentidos. Entre ellos se encuentra la propiocepción, que nos permite saber dónde están nuestras extremidades sin mirarlas. Nuestro sentido del equilibrio se basa en el sistema vestibular de los conductos auditivos, así como en la vista y la propiocepción.

Otro ejemplo es la interocepción, mediante la cual percibimos cambios en nuestro propio cuerpo como un ligero aumento de nuestra frecuencia cardíaca y el hambre. También tenemos un sentido de la agencia al mover nuestras extremidades: un sentimiento que puede desaparecer en pacientes con ictus que a veces incluso creen que otra persona está moviendo su brazo.

Está el sentido de pertenencia. Los pacientes con ictus a veces sienten que su brazo, por ejemplo, no es suyo aunque todavía puedan sentir sensaciones en él.

Algunos de los sentidos tradicionales son combinaciones de varios sentidos. El tacto, por ejemplo, implica dolor, temperatura, picor y sensaciones táctiles. Cuando degustamos algo estamos experimentando en realidad una combinación de tres sentidos: tacto, olfato y gusto —o gustación— que se combinan para producir los sabores que percibimos en alimentos y bebidas.

La gustación abarca las sensaciones producidas por los receptores en la lengua que nos permiten detectar lo salado, dulce, ácido, amargo y umami (sabroso). ¿Qué pasa con la menta, el mango, el melón, la fresa, la frambuesa? No tenemos receptores de frambuesa en la lengua, ni el sabor de frambuesa es alguna combinación de dulce, ácido y amargo. No existe una aritmética del gusto para los sabores de frutas.

Los percibimos a través del funcionamiento combinado de la lengua y la nariz. Es el olfato el que contribuye en mayor medida a lo que llamamos degustar. Sin embargo, esto no es inhalar olores del entorno. Los compuestos aromáticos se liberan mientras masticamos o bebemos, viajando desde la boca hasta la nariz a través de la faringe nasal en la parte posterior de la garganta.

El tacto también juega su papel, uniendo gustos y olores y fijando nuestras preferencias por huevos líquidos o firmes, y la aterciopelada y lujosa cremosidad del chocolate. La vista está influenciada por nuestro sistema vestibular. Cuando estáis en un avión en tierra, mirad hacia el fondo de la cabina. Mirad de nuevo cuando estéis ascendiendo. Os parecerá que la parte delantera de la cabina está más alta que vosotros, aunque ópticamente todo está en la misma relación con vosotros que en tierra. Lo que «veis» es el efecto combinado de la vista y vuestros conductos auditivos diciéndoos que estáis inclinándoos hacia atrás.

Los sentidos ofrecen una veta rica de investigación y filósofos, neurocientíficos y psicólogos trabajan juntos en el Centro para el Estudio de los Sentidos de la Escuela de Estudios Avanzados de la Universidad de Londres. En 2013, el centro lanzó su proyecto Repensando los Sentidos, dirigido por mi colega, el fallecido profesor sir Colin Blakemore. Descubrimos cómo modificar el sonido de vuestros propios pasos puede hacer que vuestro cuerpo se sienta más ligero o más pesado.

Aprendimos cómo las audioguías en el museo de arte Tate Britain que se dirigen al oyente como si el modelo en un retrato estuviera hablando permiten a los visitantes recordar más detalles visuales del cuadro. Descubrimos cómo el ruido de los aviones interfiere con nuestra percepción del gusto y por qué siempre deberíais beber zumo de tomate en un avión.

Mientras que nuestra percepción de lo salado, dulce y ácido se reduce en presencia de ruido blanco, el umami no lo hace, y los tomates y el zumo de tomate son ricos en umami. Esto significa que el ruido del avión potenciará el sabor sabroso.

En nuestra última exposición interactiva, Senses Unwrapped (sentidos al descubierto) en Coal Drops Yard en King's Cross de Londres, la gente puede descubrir por sí misma cómo funcionan sus sentidos y por qué no funcionan como creemos que lo hacen.

Por ejemplo, la ilusión tamaño-peso se ilustra con un conjunto de piedras de curling pequeñas, medianas y grandes. La gente puede levantar cada una y decidir cuál es la más pesada. La más pequeña se siente más pesada, pero luego pueden colocarlas en balanzas y descubrir que todas pesan lo mismo.

Pero siempre hay muchas cosas a vuestro alrededor para mostrar lo intrincados que son vuestros sentidos, si tan solo os detenéis un momento para captarlo todo. Así que la próxima vez que salgáis a caminar o saboréis una comida, tomaos un momento para apreciar cómo vuestros sentidos están trabajando juntos para ayudaros a sentir todas las sensaciones que están sucediendo.


jueves, 12 de febrero de 2026

Sonia Díaz, coach: "Respirar para calmarse no funciona en pleno subidón: esto es lo que debes hacer en su lugar"



Sonia Díaz, coach y mentora especializada en gestión de la ira.
Fernando Diaz



Todos hemos escuchado hablar de leña respiración consciente y técnicas para relajarnos en momentos conflictivos. ¿Hasta qué punto funciona?



Entrenar la manera en la que respiramos, para que cuando lleguen episodios de ansiedad o estrés graves seamos capaces de reconducir nuestras emociones es algo que cada vez practican más personas, conscientes de que cuerpo y mente están íntimamente relacionados. Sin embargo, no todo los ue se da por bueno lo es realmente, y es importante seguir los consejos expertos para ponerlo en práctica.

Hablamos con la coach experta en gestión de la ira Sonia Díaz Rois, que nos coloca frente al espejo de la realidad, afirmando que "las técnicas rápidas de respiración para calmar un enfado o la irritabilidad de un momento concreto, fallan precisamente cuando más se necesitan, que es en pleno subidón". Entonces, ¿qué podemos hacer en esos casos extremos para salvaguardar nuestra salud física y mental?


"Que no funcione no es culpa tuya, es que lo estás haciendo al revés"

La respiración consciente es beneficiosa para calmar el estrés, pero debe practicarse desde la calma.
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Para empezar a entender cómo funciona la respiración consciente, y en qué momento realmente puede sernos de utilidad, la coach explica que "hay algo que muchas personas me dicen en consulta: ‘Sonia, esto de respirar cuando me estoy poniendo de los nervios no funciona. Yo cojo aire, suelto aire, me concentro… y sigo igual.’ Pues bien, debéis saber que es absolutamente normal que suceda eso".

¿A qué se refiere la experta? A que "intentar que la respiración te calme cuando ya estás subiéndote por las paredes es como intentar aprender a nadar mientras te estás ahogando. No es el momento. Y no es culpa tuya: lo estás haciendo al revés. Puedes conocer todas las técnicas del mundo —la respiración 4-7-8, la cuadrada, la alterna, la de toda la vida — pero si no la entrenas cuando estás bien, olvídate de que funcione cuando estás mal".

Así pues, la experta y autora del libro 'Y si me enfado, ¿qué?' explica que el sistema nervioso no responde igual en calma que en un pico emocional. Cuando la persona está irritada o entrando en modo lucha/huida, el cuerpo se activa para protegerse, no para relajarse: Por eso la respiración no tiene efecto si la utilizas por primera vez en pleno subidón. El cuerpo no reconoce esa señal", explica.


Esto es lo que sí funciona en un estado límite de irritación

En pleno subidón del enfado, utilizar técnicas de respiración consciente no sirve de nada.
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Para que una respiración consciente nos ayude a controlar situaciones en apariencia incontrolables, Díaz considera que lo primero es "practicar la respiración consciente en momentos de calma. Para que funcione, el cuerpo necesita asociar ese tipo de respiración con una sensación de seguridad. Y ese anclaje vale oro. Cuando llega la crisis, tu cuerpo reconoce el patrón y baja revoluciones mucho más rápido".

Un segundo consejo hace referencia al dos por uno que calma: Respirar y contar a la vez. En sus palabras, "contar saca al sistema nervioso del modo lucha/huida y acalla (aunque sea un poquito) ese pensamiento que va a mil. Respiras, cuentas y, sin darte cuenta, recuperas claridad. Es simple y funciona".

Para finalizar con sus consejos más eficaces, la coach habla de exhalar el doble de lo que se inhala. "El sistema nervioso responde antes y se calma más rápido si exhalas el doble de tiempo de lo que has inhalado. La exhalación prolongada activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de la calma. De ahí la eficacia del método 4-7-8: Inhalas contando 4, retienes el aire contando 7 y exhalas en 8. No es magia; es fisiología", puntualiza. Y añade un detalle importante; intentar que la respiración llegue hasta el ombligo (respiración diafragmática o abdominal).


"Respirar para calmarte funciona mejor cuando lo entrenas en calma"

Los ejercicios de respiración se entrenan día a día, para que cuando llegue un momento de enfado, nuestro cuerpo sepa cómo reaccionar.
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En opinión de Díaz Rois, la dificultad para regular la activación emocional no solo afecta a quien la sufre, sino a todo el entorno. "Cuando no sabes cómo bajar las revoluciones, todo se complica: cómo respondes, cómo interpretas lo que te dicen, incluso cómo te hablas a ti mismo cambia… ¡para peor! No gestionas solo una emoción: gestionas el clima emocional de tus relaciones".

En su trabajo diario con personas que se irritan más rápido de lo que les gustaría, la coach confiesa observar un patrón común que se repite: mucha teoría, poca práctica, especialmente en momentos en los que el cuerpo todavía está receptivo. "Respirar para calmarte funciona mejor cuando lo entrenas en calma. Si lo intentas por primera vez en pleno subidón, es normal que no te ayude. El cuerpo necesita reconocer esa respiración como una señal de 'estoy bien'", afirma.

Pero quizá uno de los enfoques más interesantes de Rois es que, lejos de aconsejarnos eso tan manido de 'respira y cuenta hasta 10', ella lo convierte en una alternativa mucho más realista: "Debemos escuchar al enfado antes de intentar calmarlo. La razón es que, si el enfado pudiera hablar, diría: no quiero que me calmes, quiero que me escuches y me entiendas. Cuando lo escuchas, ya no necesita gritar", concluye la experta.



NOTICIA
27 dic 2025 - 19:13

miércoles, 11 de febrero de 2026

"¿Estás muerto?": la aplicación viral diseñada para que los jóvenes chinos solitarios confirmen que siguen vivos


Según un informe, en 2030 podría haber hasta 200 millones de hogares unipersonales en China.

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Una nueva aplicación con un nombre inquietante ha conquistado China.

Se llama "¿Estás muerto?" y su concepto es sencillo. Tienes que entrar cada dos días y pulsar un botón para confirmar que estás vivo. Si no lo haces, la aplicación se pone en contacto con tu contacto de emergencia designado y le informa que podrías estar en problemas.

Se lanzó en mayo del año pasado sin pena ni gloria, pero su popularidad se disparó en las últimas semanas, ya que los jóvenes que viven solos en ciudades chinas la están descargado masivamente.

Gracias a esto, se convirtió en la aplicación de pago más descargada del país.

Según informó el medio de comunicación estatal chino Global Times, las investigaciones sugieren que en 2030 podría haber hasta 200 millones de hogares unipersonales en China.

Y es a esas personas a quienes se dirige la aplicación, que se describe a sí misma como "una compañera de seguridad... tanto si eres un trabajador de oficina que vive solo, un estudiante que vive lejos de casa o cualquier persona que haya elegido un estilo de vida solitario".

"Las personas que viven solas en cualquier etapa de su vida necesitan algo así, al igual que los introvertidos, quienes sufren depresión, los desempleados y otras personas en situaciones vulnerables", afirmó un usuario en las redes sociales chinas.

"Existe el temor de que las personas que vivimos solas podamos morir sin que nadie se dé cuenta, sin nadie a quien pedirle ayuda. A veces me pregunto: si muriera solo, ¿quién recogería mi cuerpo?", dijo otro.


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Las personas que usan la aplicación deben presionar este botón diariamente para confirmar que están vivas.

¿Mala suerte?

Wilson Hou, de 38 años, vive a unos 100 km de su familia y dice que esa es precisamente la razón por la que descargó la aplicación.

Trabaja en la capital, Pekín. Vuelve a casa para ver a su mujer y a su hijo dos veces por semana, pero tiene que estar lejos de ellos la mayoría del tiempo para trabajar en un proyecto.

"Me preocupa que, si me pasa algo, podría morir solo en el lugar que alquilo y nadie se enteraría", afirma. "Por eso descargué la aplicación y puse a mi madre como contacto de emergencia".

Wilson añade que la descargó rápidamente tras su lanzamiento, por miedo a que la prohibieran por las connotaciones negativas que la rodean.

Algunos critican el nombre lúgubre de la aplicación, y creen que registrarse en ella puede traer mala suerte.

Otros piden que se le cambie el nombre por algo más positivo, como "¿Estás bien?" o "¿Cómo estás?".

Y aunque el éxito de esta aplicación se debe, en parte, a su nombre llamativo, la empresa que la creó, Moonscape Technologies, dijo que está teniendo en cuenta las críticas al nombre actual y evaluando un posible cambio del mismo.


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Captura de pantalla/Moonshot Technologies

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"Aviso importante: Soy Luna. He estado inactiva por varios días consecutivos. Ven a revisar cómo me encuentro físicamente", se lee en una notificación de la aplicación.

Los creadores de la app

El nombre actual de la app es también un juego de palabras que hace referencia a una exitosa aplicación de comida a domicilio llamada "¿Tienes hambre?". En chino, "Si-le-ma" (¿Estás muerto?) suena muy similar al nombre de la aplicación de comida "I-le-ma".

Inicialmente se lanzó como una aplicación gratuita, pero ahora cuesta 8 yuanes (US$1,15).

La aplicación figura internacionalmente con el nombre de Demumu y ocupa el segundo lugar en Estados Unidos, Singapur y Hong Kong, y el cuarto en Australia y España entre las apps de utilidad, posiblemente impulsada por los usuarios chinos que viven en el extranjero.

Se sabe poco sobre los creadores de "¿Estás muerto?", pero dicen ser tres personas nacidas después de 1995 que desarrollaron la aplicación desde Zhengzhou junto a un pequeño equipo.

Sin duda, la app ha aumentado su valor. Uno de los creadores, conocido como el Sr. Guo, declaró a los medios de comunicación chinos que tenían la intención de recaudar fondos vendiendo el 10% de la empresa por un millón de yuanes (US$140.000), mucho más de los mil yuanes (US$140) que según ellos les costó crear la aplicación.

Además, también están buscando ampliar su público objetivo y explorando la idea de un nuevo producto diseñado específicamente para las personas mayores. Más de una quinta parte de la población china supera los 60 años.

Como indicio de que la empresa se está planteando seriamente esta opción, el fin de semana publicó: "Nos gustaría hacer un llamado para que más personas presten atención a las personas mayores que viven en sus casas, para que les brinden más cuidados y comprensión. Ellos tienen sueños, luchan por vivir y merecen ser vistos, respetados y protegidos".

La empresa no respondió a las preguntas de la BBC.


    • Stephen McDonell
    • Título del autor,Corresponsal para China