sábado, 16 de mayo de 2026

Suecia vuelve al lápiz y papel: por qué uno de los países más tecnológicos de Europa está reduciendo la educación digital


Alumnos de 16 años en un instituto en Nacka, Suecia, usando lápices y papel.

El gobierno sueco espera que el regreso a la pluma y el papel mejore las tasas de alfabetización.

addy Savage



El gobierno de Suecia defiende un renovado enfoque en los libros, el papel y los bolígrafos físicos en las aulas, con el objetivo de revertir la caída de los niveles de alfabetización.

Sin embargo, redoblar la apuesta por las herramientas analógicas ha generado críticas desde las empresas tecnológicas, educadores e informáticos, quienes argumentan que podría afectar las perspectivas laborales de los alumnos e incluso dañar la economía de la nación nórdica.

En un instituto en Nacka, a las afueras de Estocolmo, estudiantes del último año sacan sus portátiles de mochilas y bolsos de mano, junto con objetos que usaban menos hace unos años.

"Ahora vuelvo a casa del colegio con libros y papeles nuevos a menudo", comenta Sophie, de 18 años.

Dice que una profesora "ha empezado a imprimir todos los textos que usamos durante la clase", mientras que una plataforma digital de aprendizaje en las lecciones de matemáticas ha sido sustituida por la enseñanza solo en libros de texto.

Es una imagen que choca con la reputación de Suecia como una de las sociedades más tecnológicas de Europa, gracias a sus altos niveles en habilidades digitales y al emprendimiento tecnológico en plena expansión.

Una dirección diferente para la enseñanza

Las computadoras portátiles se volvieron habituales en las aulas suecas a finales de los años 2000 y principios de la década de 2010.

En 2015, alrededor del 80% de los alumnos de los institutos municipales financiados por el Estado tenían acceso individual a un dispositivo digital, según datos oficiales.

El uso obligatorio de tabletas en las escuelas infantiles se incluyó en el currículo en 2019, como parte de la misión del gobierno anterior liderado por los socialdemócratas para preparar incluso a los niños más pequeños para un trabajo y una vida privada cada vez más digitales.

Pero la actual coalición de derecha, que llegó al poder en 2022, está orientando la enseñanza en una dirección diferente.

"De hecho, estamos intentando eliminar las pantallas tanto como sea posible", dice Joar Forsell, portavoz de educación del Partido Liberal, cuyo líder es el ministro de educación de Suecia.

"Con edades más altas en el colegio quizá las uses un poco más, pero con edades más bajas, no creo que debamos usar pantallas en absoluto".

El gobierno ha utilizado frecuentemente el eslogan "från skärm till pärm", que suena pegadizo en sueco y se traduce como: "De la pantalla a la carpeta".

Sostiene que las clases sin pantallas crean mejores condiciones para que los niños se concentren y desarrollen sus habilidades de escritura y lectura.

Distracciones digitales

Desde 2025, las escuelas infantiles ya no están obligadas a usar herramientas digitales y las tabletas no se entregan a niños menores de dos años.

Este año entrará en vigor una prohibición de teléfonos móviles en las escuelas, incluso para uso educativo.

A las escuelas ya se les han asignado más de US$200 millones de dólares en subvenciones para invertir en libros de texto y guías para profesores. Un nuevo plan de estudios diseñado para reforzar el aprendizaje basado en libros de texto está previsto para 2028.

"Leer libros reales y escribir en papel real, y contar con números reales sobre papel real, es mucho mejor si quieres que los niños adquieran el conocimiento que necesitan", argumenta Forsell.

El cambio de enfoque siguió a una consulta en 2023 que involucró a investigadores académicos, organizaciones docentes, organismos públicos y municipios.

"Hay mayor conciencia sobre la perturbación que la tecnología está causando en las aulas", dice la doctora Sissela Nutley, neurocientífica vinculada al Instituto Karolinska en Estocolmo, quien forma parte de quienes han expresado preocupaciones sobre el uso de herramientas digitales.

Nuttley asegura que los alumnos pueden perder la concentración al ver lo que otros niños hacen en las pantallas.

También señala un creciente cuerpo de investigaciones internacionales que sugiere que leer textos en dispositivos digitales puede dificultar que los niños procesen la información y que el uso intensivo de pantallas puede incluso afectar el desarrollo cerebral de los alumnos más jóvenes.

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Los expertos alertan sobre una alta prevalencia de distracciones en las aulas suecas por el uso intensivo de dispositivos digitales.

Mucha pantalla, más rezago

El gobierno espera que el regreso a métodos de enseñanza más tradicionales ayude a mejorar la posición de Suecia en el ranking de Pisa, el referente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en materias educativas básicas.

Antes Suecia era una estrella, pero luego las puntuaciones cayeron en picado en 2012 y, tras una breve recuperación, experimentaron otra caída significativa en matemáticas y lectura en 2022.

Aunque se mantiene ligeramente por encima de la media de los países de la OCDE, Suecia tuvo peores resultados en alfabetización en 2022 que países como Reino Unido, Estados Unidos, Dinamarca y Finlandia. Casi una cuarta parte (24%) de los estudiantes de 15 o 16 años no alcanzó un nivel básico de comprensión lectora.

"Sabemos que los niños que han estudiado con muchas pantallas durante su formación escolar van rezagados en las encuestas internacionales", dice Forsell.

Un informe sobre educación en Suecia, publicado por la OCDE en enero de este año, concluyó que en conjunto los alumnos suecos se benefician del acceso a herramientas digitales.

Sin embargo, destacó una alta prevalencia de distracciones digitales en las aulas suecas y encontró que un uso intensivo de dispositivos digitales en las clases de matemáticas se correlacionaba con resultados más bajos.

A pesar de ello, las puntuaciones seguían siendo notablemente más altas que entre quienes no usaban ningún dispositivo digital.

Andreas Schleicher, director de educación de la OCDE, llama a la cautela al atribuir la "causa y efecto".

Y sugiere que la adopción más "extrema" de tecnología en Suecia, en comparación con otros países, probablemente haya influido en sus resultados.

"Simplemente introdujo muchos dispositivos y tecnología en las aulas sin una intención pedagógica clara, sin metas claras", argumenta.

El riesgo de la educación analógica

Pero en Suecia, la estrategia gubernamental de volver a los libros ha provocado intensos debates en la comunidad empresarial.

Un nuevo informe de la asociación comercial Swedish Edtech Industry advierte que una educación más analógica pone en riesgo que los alumnos estén poco preparados para futuros empleos.

"Todo el mundo necesita habilidades básicas digitales para entrar en el mercado laboral", dice Jannie Jeppesen, directora ejecutiva de la asociación y exprofesor.

Cita un informe reciente de la UE que estima que el 90% de los empleos pronto requerirán habilidades digitales.

Jeppesen también está preocupada por el impacto en el emprendimiento y la innovación.

Actualmente, Suecia es la principal fábrica europea de "unicornios" tecnológicos (empresas valoradas en US$1.000 millones o más), en relación con el tamaño de su población.

Entre ellas se encuentran el streamer musical Spotify y Legora, una plataforma de IA para la profesión legal. Este tipo de empresas "se irán a otro lugar" si no encuentran las competencias informáticas adecuadas en Suecia, señala Jeppesen.

También está el problema del creciente uso global de la inteligencia artificial (IA).

El gobierno sueco quiere que los institutos de secundaria empiecen a dar lecciones sobre las oportunidades y riesgos del uso de la IA, pero algunos críticos dicen que este tema también debería formar parte del currículo para los niños más pequeños.

Sin tales medidas, los niños más pequeños de familias acomodadas, cuyos padres tienen más probabilidades de ayudarles a entender cómo usar herramientas de IA, obtendrán una ventaja creando una "brecha digital", advierte la profesora Linnéa Stenliden, del Departamento de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Linköping.

Pero en el Parlamento sueco, Forsell insiste en que los niños no deberían aprender sobre la IA antes de haber dominado otras habilidades básicas y rechaza la idea de que el enfoque más tradicional del gobierno hacia la educación amplíe la desigualdad.

"Solo se pueden dar a las personas las oportunidades que la desigualdad les está quitando, dándoles una educación adecuada".

Sin embargo, Jeppesen, CEO de la industria EdTech, sostiene que esta es una postura "populista".

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Los niños suecos estaban habituados a usar tabletas en la escuela.

Afirma que el enfoque del gobierno en las aulas digitales frente a las analógicas desvía la atención de otros factores que podrían afectar los resultados.

Esto incluye la distribución desigual de recursos educativos y capacidades docentes, como se destaca en un informe de marzo de la Agencia de Educación de Suecia.

En Nacka, las opiniones de los alumnos de último curso también están divididas.

"Internet ha tomado el control de las generaciones más jóvenes y he notado que pierden el foco con más facilidad", dice Alexios, de 18 años.

Alexios no quiere que sus hermanos pequeños usen herramientas digitales en el colegio tanto como lo hizo su generación.

Pero otros como Jasmine, de 19 años, están a favor de una educación digital, incluso para niños en edad de primaria.

"Centrémonos más en las computadoras. Porque si somos realistas, todo el mundo las está usando".


    • Maddy Savage
    • Título del autor,Periodista de Negocios
    • Informa desde,Nacka, Suecia

viernes, 15 de mayo de 2026

Las empresas y los sectores que están ganando miles de millones de dólares con la guerra en Irán


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Mientras hogares alrededor del mundo contabilizan el costo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, algunas empresas están contando sus extraordinarias ganancias.

La incertidumbre generada por el conflicto y el cierre efectivo del estrecho de Ormuz por Irán están haciendo subir el costo de vida y golpeando los presupuestos de compañías, familias y gobiernos.

Sin embargo, mientras algunos han sido llevados al borde del abismo, otros, cuyas transacciones son más rentables durante una guerra o se benefician de los precios volátiles de la energía, han registrado ingresos récord.

Estos con algunos de los sectores y compañías que están ganando miles de millones mientras continúa el conflicto en Medio Oriente.

1. Petróleo y gas

El mayor impacto económico de la guerra hasta ahora ha sido un aumento en los precios de energía. Aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas del mundo se transporta a través del estrecho de Ormuz, pero esos cargamentos se han frenado en seco efectivamente desde finales de febrero.

El resultado ha sido un frenético sube y baja del mercado energético, en beneficio de algunas de las empresas de hidrocarburos más grandes del mundo.

Los principales favorecidos han sido la gigantes petrolíferas europeas, que tienen divisiones de trading [dedicadas a la compra y venta fisica del petróleo, pero también a operaciones en los mercados financieros y de futuros, entre otras cosas], por lo que han podido beneficiarse de los movimientos bruscos incrementando sus ganancias.

BP (British Petroleum) más que duplicó sus ingresos para el primer trimestre del año a US$3.200 millones, tras lo que llamó un desempeño "excepcional" de su división de trading.

La multinacional Shell también superó las expectativas de los analistas cuando reportó un aumento de sus ingresos en el primer semestre hasta alcanzar los US$6.920 millones.

Otra enorme empresa internacional, TotalEnergies, vio un salto en sus ingresos de casi un tercio, hasta US$5.400 millones en el primer trimestre de 2026, impulsados por la volatilidad en los mercados de crudo y energía.

Por su parte, las gigantes estadounidenses ExxonMobil y Chevron vieron sus ganancias caer comparadas con el mismo período el año pasado, debido a la perturbación en el suministro de Medio Oriente, pero ambas empresas sobrepasaron los pronósticos de los analistas y esperan que sus ingresos crezcan más a medida que pase el año, con el precio del crudo todavía significativamente más alto que cuando empezó la guerra.

2. Los grandes bancos

Algunos de los mayores bancos también han visto un incremento de ganancias durante la guerra en Irán.

La división bursátil de JP Morgan registró entradas récord de US$11.600 millones en los primeros tres meses de 2026, ayudando al banco alcanzar la segunda ganancia trimestral más grande de su historia.

En todos los bancos que forman parte de los llamados "Seis Grandes" en EE.UU. -que incluyen Bank of America, Morgan Stanley, Citigroup, Goldman Sachs y Wells Fargo, así como JP Morgan- los ingresos subieron sustancialmente en el primer trimestre del año.

En general, los bancos reportaron US$47.700 millones en ganancias en los primeros tres meses de 2026.

"Grandes volúmenes de transacciones han beneficiado a los bancos de inversión, en particular Morgan Stanley y Goldman Sachs", expresó Susannah Streeter, jefe de estrategia de inversión de Wealth Club.

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Morgan Stanley es una multinacional financiera estadounidense que desarrolla su actividad como banco de inversión y agente de bolsa.

Los principales prestamistas de Wall Street han recibido un empujón por el auge en la demanda de transacciones, con los inversionistas apresurándose a deshacerse de las acciones y bonos más riesgosos y meter su dinero en bienes que consideran más seguros. Los volúmenes de las transacciones también se han elevado debido a los inversionistas que buscan capitalizar la volatilidad de los mercados financieros.

Streeter añadió: "La volatilidad desatada por la guerra ha generado un auge en las transacciones, a medida que algunos inversionistas vendieron acciones por temor a una escalada (de la guerra), mientras que otros compraron en la caída, ayudando a impulsar una tendencia de recuperación".

3. Defensa

Uno de los beneficiados más inmediatos en cualquier conflicto es el sector de defensa, según Emily Sawicz, analista senior de la consultora británica RSM UK.

"El conflicto ha reforzado las brechas en la capacidad de defensa aérea, acelerado la inversión en defensa de misiles, sistemas de contraataque con drones y equipo militar a través de Europa y EE.UU.", señaló a la BBC.

Además de resaltar la importancia de las firmas de defensa, la guerra crea la necesidad de los gobierno de reponer su arsenal de armas, impulsando la demanda.

BAE Systems, que fabrica productos que incluyen componentes para los aviones caza F35, informó en una actualización de transacciones el jueves que espera un crecimiento en las ventas y las ganancias este año.

Indicó que las crecientes "amenazas de seguridad" alrededor del mundo estaban incrementando el gasto en defensa de los gobiernos, que a su vez ha creado un "trasfondo de apoyo" para la compañía.

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La frabricante de productos de defensa militar BAE Systems espera un crecimiento en las ventas y las ganancias este año.

Lockheed Martin, Boeing y Northrop Grumman, tres de los mayores contratistas de defensa del mundo, han reportado cada uno órdenes pendientes récord al final del primer trimestre de 2026.

Pero las acciones de las firmas de defensa, que han subido agudamente en años recientes, han caído desde mediados de marzo, ante los temores de que el sector esté sobrevaluado.

4. Las renovables

El conflicto también ha resaltado la necesidad de la diversificación alejada de la dependencia de los combustibles fósiles, dijo Streeter.

Esto ha "sobrealimentado el interés en el sector de renovables", aún en EE.UU., expresó, donde el gobierno de Trump ha popularizado el eslogan "drill, baby, dril" ("perfora, chico, perfora") alentando un mayor consumo de combustibles fósiles.

Streeter dijo que la guerra ha llevado a que la inversión en las renovables se vea como cada vez más importante para la estabilidad y resiliencia contra los shocks bursátiles.

Una firma que ha recibido un impulso es NextEra Energy, con sede en Florida, que registró un auge de 17% en lo que va del año a medida que los inversionistas se suman a su misión.

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El gran interés en las energías renovables ha impulsado el crecimiento de empresas eólicas y de paneles solares.

Los gigantes daneses de la energía eólica Vestas y Orsted también reportaron ganancias crecientes, resaltando cómo los efectos colaterales de la guerra en Irán también están impulsando a las compañías de energía renovable.

En Reino Unido, Octopus Energy recientemente confirmó a la BBC que la guerra había causado un "enorme sacudón" en las ventas de paneles solares y bombas aerotérmicas de calor, con la venta de los primeros subiendo en 50% desde finales de febrero.

La subida en los precios de la gasolina también impulsaron la demanda de vehículos eléctricos, para el beneficio principal de los fabricantes en China.


    • Archie Mitchell
    • Título del autor,Reportero de negocios, BBC

jueves, 14 de mayo de 2026

A partir de 2027 todos los móviles cambiarán para siempre: será obligatorio que se pueda cambiar la batería en la UE

 

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  • Los fabricante tendrán que dar también facilidades para reparar los dispositivos


La obsolescencia programada es uno de los grandes males de la tecnología, al mismo tiempo que es una de las peores "trampas" que los fabricantes han ideado para que sigamos consumiendo. Este término se refiere a que nuestros dispositivos están diseñados para que después de un tiempo específico tengan que cambiarse porque comienzan a fallar y no funcionar como lo hacían al principio.

La batería se agota con mucha rapidez, pierden capacidades y dejan de poder actualizarse para beneficiarse de las mejoras y novedades que se van introduciendo a medida que la tecnología avanza. Por ello, desde la Comisión Europea impusieron la ley del "derecho a reparar", la cual obliga a los fabricantes a dar las facilidades para que sus dispositivos se puedan arreglar hasta al menos 10 años desde su compra.

Esto afecta a neveras, lavadoras, televisores y también a teléfonos móviles "para reducir la enorme montaña de desechos eléctricos que se acumulan cada año en el continente".

Y ahora desde la Unión Europea han dado un paso más allá en lo referido a los smartphones, y mediante un nuevo reglamento han establecido que a partir de 2027 los móviles vendidos en todo el territorio de la UE deberán tener baterías más duraderas para soportar un mayor número de ciclos de carga sin perder capacidad.

Al mismo tiempo, será obligatorio que, como ocurría en el pasado, las baterías puedan ser reemplazadas por el propio usuario debido a que los fallos en la batería son la principal causa de cambio de dispositivo. En los últimos años, nuestros móviles han sido un dispositivo unibody, es decir, compacto y que tan solo mediante herramientas específicas se puede abrir para extraer una batería.

Pero a partir de 2027, esto cambiará, y el derecho de reparación será una obligación, lo que cambiará los teléfonos móviles para siempre y dará a los usuarios una oportunidad de darle una mayor vida útil a sus smartphones, reduciendo los residuos electrónicos que generamos.


Miguel Terán Haughey
16/04/2026 - 10:12
https://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/13873566/04/26/a-partir-de-2027-todos-los-moviles-cambiaran-para-siempre-sera-obligatorio-que-se-pueda-cambiar-la-bateria-en-la-ue.html

miércoles, 13 de mayo de 2026

La próxima batalla de OpenAI y Anthropic no es la IA. Y ambos dependen de Elon Musk



Elon Musk, en una imagen de archivo. 
(EFE/Gian Ehrenzeller)


Ambas empresas calientan motores para sus salidas a bolsa. Pero necesitan que SpaceX demuestre que Wall Street está dispuesto a pagar promesas de futuro. Las tres aspiran a movilizar un capital nunca visto en tan poco tiempo



La próxima gran prueba de fuego para Sam Altman no va a ser lograr un modelo tan potente y versátil que consiga echar a Gemini a un lado o que codifique mejor que lo que hace Anthropic. Tampoco es la de lograr hacer realidad ese iPhone de la IA, un teléfono hecho por y para la tecnología de moda, misión para la que se ha asociado con Jony Ive, el que fuera en su día pope de diseño de Apple.

La patata caliente está esperando en Wall Street. La esperada salida a bolsa de OpenAI es uno de los eventos más esperados en el gremio (y fuera de él) este año. Lo es porque después de unos años con perfil bajo, vuelven las grandes OPVs en esta industria.

Lo es porque será la piedra de toque para demostrar si las promesas de la empresa que puso de moda la inteligencia artificial se sostienen cuando entra en juego el dinero de los mercados públicos. Y lo es porque detrás de ella vendrán una cola de empresas poniendo el cazo para conseguir capital a una escala que hasta ahora solo habían podido proveer unos pocos gigantes tecnológicos y algunos de los fondos con el bolsillo más profundo.

Además de OpenAI, hay dos que están en la línea de salida. Anthropic, su gran rival, también parece estar preparándose para dar este paso. La empresa de los hermanos Amodei lo hace en un momento dulce en lo técnico, tras el hype y el miedo levantado por las capacidades Mythos, una IA tan potente que, por ahora, se ha puesto en contadas manos. Pero también lo hace en el centro de la polémica, tras el conflicto generado por negarse a dar barra libre al Pentágono para usar sus desarrollos en el conflicto con Irán.

En paralelo, el mercado privado ya empieza a comportarse como un simulador para estas compañías. En los últimos meses, algunos fondos y plataformas que permiten comprar participaciones privadas de Anthropic han llegado a inflar su valoración implícita hasta rozar el billón de dólares. No era una salida a bolsa ni una ronda de financiación al uso. Era, básicamente, inversores peleándose por conseguir un asiento en la fiebre de la IA antes de que se cerrara la puerta.

La dinámica dice mucho del momento que vive el sector. Las valoraciones empiezan a depender menos de los ingresos reales o de la solidez del negocio y más de una mezcla de escasez artificial, acceso limitado y miedo colectivo a quedarse fuera de la próxima gran plataforma tecnológica.




Pero mucho antes de que estas dos startups se sometan al juicio de los inversores y los mercados públicos, lo hará Elon Musk con SpaceX. Las especulaciones apuntan, incluso, a que podría pasar el primer semestre. Entre las tres compañías aspiran a captar más de 240.000 millones de dólares. Para hacerse una idea de la magnitud, esa cifra supera todo lo recaudado en salidas a bolsa en Estados Unidos durante 2024 y 2025.


SpaceX, la macedonia más valorada

El caso más singular y destacado es el de SpaceX. Primero porque es un lanzamiento bursátil que aspira a recaudar unos 75.000 millones de dólares. Eso colocaría su capitalización, según las estimaciones, en una horquilla de 1,75 a 2 billones de dólares. Segundo, porque puede condicionar lo que pase después con el resto.

No es solo una cuestión de tamaño. Es lo que hay dentro. SpaceX llega al mercado como una mezcla difícil de clasificar. Por un lado, está el negocio aeroespacial que la ha convertido en un actor clave en lanzamientos y contratos públicos. Por otro, Starlink, que se ha convertido en el verdadero motor financiero con ingresos recurrentes, márgenes elevados y una base de usuarios que ya se cuenta por millones. Y, sobre todo, está la capa de inteligencia artificial que introduce xAI, la última pieza del puzle de Elon Musk y la que permite reencuadrar la compañía como algo más que un operador espacial.

Esa combinación es lo que hace que la operación sea distinta. No hay muchas referencias para valorar algo así. No es una empresa de cohetes ni una teleco ni una compañía de IA en sentido estricto, pero bebe de todas ellas. El resultado es una historia lo suficientemente amplia como para justificar valoraciones muy elevadas, aunque las cifras actuales no encajen del todo con ese relato. En la práctica, el mercado tendrá que decidir cuánto vale cada pieza y, sobre todo, si tiene sentido analizarlas por separado o comprar el paquete completo.


placeholderLanzamiento de un cohete de SpaceX. (Reuters)
Lanzamiento de un cohete de SpaceX. (Reuters)

A eso se suma cómo está planteada la salida a bolsa. El porcentaje de acciones que se pondrá en circulación será limitado, lo que reduce el margen para que el mercado fije un precio de forma natural y suele empujar las cotizaciones al alza en los primeros compases. Al mismo tiempo, se ha reservado una parte relevante para inversores minoristas, una fórmula que ya utilizó Musk en el pasado y que introduce un componente más emocional en la demanda. Todo ello bajo una estructura que garantiza que el control seguirá en manos de los actuales accionistas, lo que limita la capacidad de influencia de los nuevos inversores.

El mensaje implícito es claro. Más que una operación basada en fundamentales clásicos, se trata de una apuesta por la ejecución futura. Esa ejecución tiene hitos muy concretos, desde el desarrollo de Starship hasta la capacidad de convertir Starlink en una infraestructura global todavía más rentable. Pero también tiene muchos otros retos por delante que pueden tardar décadas en empezar a tener una solución viable si sus ingenieros consiguen hacer múltiples milagros todavía inimaginables.

Por eso SpaceX funciona como termómetro. Si el mercado compra esa historia, el camino quedará despejado para el resto. Si no lo hace, el efecto se notará de inmediato.


OpenAI, entre las dudas y el hype

En este punto de la ecuación, entra OpenAI. Es la empresa más visible del sector y la que ha llevado la inteligencia artificial al gran público. Su nombre está asociado a la expansión de esta tecnología y su base de usuarios es, todavía, una de las más amplias. También es la que ha marcado el ritmo de la conversación en torno a lo que puede hacer la IA y hacia dónde se dirige. Y también es la que más ha azuzado el espíritu de una inteligencia artificial general que sea capaz de dejar obsoleta la mano de obra humana, tanto física como intelectualmente.

Su salida a bolsa aspira a captar en torno a 100.000 millones de dólares, una cifra que refleja tanto su ambición como sus necesidades de capital. Pero esa posición también juega en su contra cuando se acerca el momento de rendir cuentas. En los últimos meses han empezado a aparecer dudas que antes no estaban sobre la mesa. Algunas previsiones internas de usuarios e ingresos no se han cumplido y el ritmo de crecimiento, aunque sigue siendo elevado en términos absolutos, empieza a mostrar signos de desaceleración relativa frente a competidores más agresivos en el mercado empresarial. A eso se suma el coste de mantener y escalar sus modelos, que sigue creciendo a un ritmo difícil de sostener incluso con el respaldo de socios como Microsoft.

La estructura del negocio tampoco ayuda a disipar esas dudas. OpenAI mantiene una dependencia importante del consumo, con millones de usuarios que pagan suscripciones, pero con una monetización que no siempre escala al mismo ritmo que el uso. Al mismo tiempo, su posición en el segmento corporativo ha perdido algo de terreno frente a rivales que han apostado de forma más directa por ese mercado. Todo ello dibuja un escenario en el que la compañía sigue siendo líder en visibilidad, pero no necesariamente en ejecución.

Dentro de la propia empresa tampoco hay una única visión sobre el calendario. Mientras Sam Altman sigue empujando para aprovechar la ventana de mercado, algunas voces en la dirección consideran que la compañía no está preparada para someterse todavía al escrutinio de los mercados públicos y apuestan por retrasar la operación hasta 2027. La diferencia no es menor. Supone decidir si salir a bolsa para financiar el crecimiento o esperar a demostrar que ese crecimiento puede convertirse en un negocio más predecible y sostenible.


placeholderEl CEO de OpenAI, Sam Altman. (Reuters)
El CEO de OpenAI, Sam Altman. (Reuters)
Anthropic, un momento dulce

Entre ambos extremos se mueve Anthropic, que llegará más tarde pero con una narrativa distinta. La empresa de los hermanos Amodei apunta a una operación que podría superar los 60.000 millones de dólares. Ha crecido con menos ruido mediático, pero con una ejecución muy consistente en el segmento empresarial. Buena parte de sus ingresos provienen de contratos con grandes compañías, lo que le da una base más estable y menos expuesta a los vaivenes del consumo.

Ese posicionamiento se ha traducido en un crecimiento muy rápido en ingresos y en una presencia cada vez mayor en herramientas de desarrollo y entornos corporativos. Su modelo se apoya en acuerdos con grandes proveedores de nube, lo que le permite escalar sin depender de una única infraestructura y asegurar acceso a capacidad de cómputo en un momento en el que ese recurso es crítico. Además, ha conseguido posicionarse como una alternativa sólida en áreas como la programación, donde compite directamente con OpenAI.

Su salida a bolsa servirá como contraste. Mientras SpaceX pone a prueba la capacidad del mercado para absorber operaciones gigantes y OpenAI mide la resistencia de la narrativa más visible de la IA, Anthropic permitirá evaluar si los inversores están dispuestos a premiar modelos más centrados en ingresos y clientes. El orden no es casual. Primero se mide el apetito. Después la promesa. Y, por último, la ejecución.

Detrás de este trío no hay un vacío. Hay una cola bastante más larga de compañías esperando su turno. Y todas comparten el mismo problema de fondo. La inteligencia artificial no solo necesita talento y modelos. Necesita dinero. Mucho dinero.



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Dario Amodei, CEO de Anthropic. (Reuters)
Dario Amodei, CEO de Anthropic. (Reuters)

Empresas como Databricks o Cerebras Systems están en esa categoría menos vistosa pero igual de crítica para la tecnología de moda. No venden asistentes ni aplicaciones que se vuelvan virales. Venden la infraestructura que hace posible todo lo demás. Databricks se ha convertido en una de las grandes plataformas donde las empresas almacenan, procesan y preparan sus datos para entrenar modelos de IA. Es, en esencia, la cocina donde se prepara el combustible de estos sistemas. Cerebras juega en otro nivel. Diseña chips gigantes optimizados para entrenar modelos de inteligencia artificial mucho más rápido que las GPU tradicionales. Es hardware puro, pero adaptado a una carrera donde cada salto de rendimiento cuesta miles de millones.

Para ellas, salir a bolsa no es tanto una oportunidad como una necesidad. El capital riesgo ha financiado la primera fase, pero se queda corto cuando hay que escalar a nivel industrial. Construir centros de datos, desarrollar nuevos chips o mantener infraestructuras capaces de entrenar modelos cada vez más complejos exige una inversión continua que no encaja ya en rondas privadas. El mercado público se convierte en la siguiente fuente lógica de financiación.

El problema es que ese capital ya no llega tan fácil como antes. El mercado ha cambiado. Después de varios años de excesos, los inversores empiezan a pedir algo más que promesas. Quieren ingresos, márgenes y cierta visibilidad de negocio. Y ahí es donde muchas de estas compañías todavía tienen que demostrar que su crecimiento no depende solo del entusiasmo alrededor de la IA.

En paralelo, hay otro grupo que juega una partida distinta. Canva, Stripe o Klarna no están en el centro de la inteligencia artificial, pero han sabido utilizarla para alimentar el entusiasmo en torno a sus productos. Canva ha integrado herramientas generativas en su suite de diseño. Stripe utiliza IA para mejorar pagos, fraude y automatización. Klarna la ha incorporado en atención al cliente y recomendaciones. Ninguna depende de ella para existir, pero todas la han incorporado para no quedarse fuera de la narrativa dominante. Eso les da una posición más cómoda. Tienen negocios que ya funcionan, ingresos claros y modelos más fáciles de entender. La inteligencia artificial suma, pero no sostiene toda la historia.

La fotografía está clara. Compañías que necesitan miles de millones para construir una infraestructura que todavía se está desplegando. Por otro, negocios que ya generan caja y utilizan la IA como palanca adicional. Las dos van a coincidir en el mismo mercado y en la misma ventana de tiempo. Y ahí es donde se decidirá algo más que el éxito de unas cuantas salidas a bolsa. Se decidirá qué tipo de historia está dispuesto a comprar ahora el mercado. Si la de la promesa o la de la cuenta de resultados.

Porque durante años el capital privado ha permitido a muchas tecnológicas crecer protegidas de preguntas incómodas sobre márgenes, rentabilidad o sostenibilidad financiera. Wall Street funciona distinto. Obliga a responder cada trimestre. Y eso convierte esta nueva oleada de OPVs en algo más que una carrera por captar dinero. Es el momento en el que la industria de la inteligencia artificial tendrá que demostrar cuánto de su narrativa puede sobrevivir cuando se enfrenta a precios fijados cada día por el mercado.

La cuestión no es solo si SpaceX, OpenAI o Anthropic lograrán debutar con éxito. La cuestión es qué ocurrirá después. Si los inversores estarán dispuestos a seguir financiando compañías cuyo apetito de capital crece casi al mismo ritmo que sus ambiciones tecnológicas. Si el mercado puede absorber operaciones gigantescas de manera sostenida. Y, sobre todo, si la economía de la IA terminará pareciéndose más a la de un negocio de software tradicional o a la de una infraestructura global permanentemente hambrienta de energía, chips y centros de datos.

Hasta ahora, el dinero privado ha sostenido buena parte de esa expectativa. La salida a bolsa será la primera vez que el sector tenga que comprobar cuánto de esa euforia era real.