
06 ene 2026 - 08:00
Juan Manuel Delgado
https://computerhoy.20minutos.es/ciencia/todos-hacemos-por-que-no-deberias-dejar-tu-movil-sobre-mesa-justo-enfrente-ti_6907435_0.html
No eres de donde vienes .... eres adonde vas...


De las gafas de Meta al misterioso hardware de OpenAI, la inteligencia artificial impulsa la búsqueda de nuevos dispositivos, en una carrera aún llena de incógnitas.
Silicon Valley lleva años buscando sin éxito el próximo gran dispositivo de consumo capaz de reemplazar al móvil inteligente. Ahora, los avances en inteligencia artificial han reactivado una carrera por desarrollar una nueva generación de hardware, cuyo resultado aún es una incógnita.
Gafas, broches o auriculares son algunas de las categorías que explora la industria tecnológica. El objetivo es crear un gadget vestible pensado desde el inicio para la inteligencia artificial, siempre activo y que prescinda de la pantalla.
La irrupción de la IA en el hardware de consumo abre un nuevo campo de batalla entre gigantes como Apple, Meta, Google y Samsung -sin olvidar a los fabricantes chinos- y da entrada a nuevos actores como OpenAI, la compañía dueña de ChatGPT.
Apple acaba de dar otro paso en esta carrera tras adquirir por 2.000 millones de dólares la israelí Q.AI, con tecnología de análisis de expresiones y microgestos faciales, lo que facilita la comunicación con un asistente de IA sin necesidad de hablar en voz alta.
La disputa refleja una lucha por ver quién controla el acceso al consumidor. Según explica la analista Carolina Milanesi, de Creative Strategies, el motor de esta apuesta es la necesidad de "ser dueños del cliente y puentear al teléfono de alguna manera".
La gran incógnita es si la inteligencia artificial será solo una capa adicional del smartphone o es el punto de partida para una nueva etapa en el hardware de consumo. Incluso si alguno de estos gadget tuvieran éxito comercial, su impacto podría limitarse a ser un accesorio, como ha ocurrido con los relojes inteligentes.
No es la primera vez que la industria ha fracasado con dispositivos que pretendían ir más allá del smartphone. Iniciativas como las primeras Google Glass o el pin con IA de Humane han demostrado las dificultades para convertir estas promesas en productos de consumo viables. "Pasará mucho tiempo antes de que algo pueda reemplazar al teléfono", dice Milanesi.
En su opinión, el mayor desafío de estos dispositivos sigue siendo el propósito y el precio. "Ofrecer valor a los consumidores a través de la IA es muy positivo, pero hay que generar confianza", remarca. La analista señala que, como no van a reemplazar al teléfono, no pueden costar una fortuna. "Se suman a la cartera de dispositivos que ya tenemos y de los que no podemos prescindir, como el móvil y el ordenador".
Los defensores de gadget específicos para IA, entre ellos el CEO de OpenAI, Sam Altman, argumentan que el móvil se queda corto para esta era. Sin embargo, los nuevos formatos de hardware pueden estar siempre activos para capturar en tiempo real lo que el usuario ve y oye, lo que permite a la inteligencia artificial entender el contexto para funcionar como un asistente personal.
Las gafas son el formato que más se ha desarrollado gracias al empuje de Meta con las Ray-Ban. Además de la apuesta de fabricantes chinos como Xiaomi, este año también entrará en la contienda Google.
"Si la tecnología mejora lo suficiente, existe la posibilidad de que en unos años las gafas inteligentes comiencen a quitar cuota de mercado a los teléfonos móviles porque podrían replicar la mayoría de sus funciones en una forma más intuitiva", dice el analista de IDC Frederick Stanbrell.
Los fabricantes apuestan por monturas ligeras de diseño en un dispositivo que integra altavoces, micrófonos y cámaras que permiten "ver y oír" el entorno del usuario. De esta manera, la IA puede responder preguntas y ofrecer información en tiempo real.
Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta, está convencido de que este formato será el próximo gran dispositivo tecnológico de masas, con el potencial de reemplazar al smartphone. El ejecutivo, quien ha revelado que las ventas de gafas se triplicaron en 2025, defiende el gran paso que supone haber dotado a su último modelo de una pantalla en una lente en la que se despliega información. "Creo que las gafas son uno de los productos que más rápido están creciendo en la historia de la informática de consumo", ha declarado.
Sin embargo, nada indica que las gafas vayan a dejar de ser un producto de nicho a medio plazo. IDC prevé unas ventas de 18,7 millones de unidades en 2029, frente a los cientos de millones de móviles que se comercializan cada trimestre. "Por ahora, no son para todos: no se adaptan a todas las caras, la batería dura poco y no todo el mundo quiere llevar gafas", explica Milanesi.

Este formato parte con ventaja si se busca un dispositivo con cámaras porque están a la altura de los ojos y captan exactamente lo que mira el usuario, dice Milanesi. En un broche puesto en una solapa, la cámara "tendría un ángulo extraño la mayor parte del tiempo, por ejemplo cuando giramos la cabeza, pero no el torso", explica. Si el dispositivo no puede seguir la mirada, resulta difícil que se anticipe a las necesidades del consumidor.
Eso sí, esta analista señala que podremos ver pines dotados exclusivamente de micrófonos para capturar audio, y con los que interactuemos a través de la voz. Estos formatos, al igual que nuevos auriculares inteligentes, se apoyan en las funciones de voz avanzadas de la IA, que permiten a los consumidores conversar de forma natural y fluida en tiempo real con los asistentes personales.
La incógnita es, de nuevo, si es necesario un nuevo dispositivo personal para explotar estas capacidades. Los consumidores ya pueden conversar con asistentes como ChatGPT o Gemini desde sus móviles inteligentes. Por su parte, Apple prepara una nueva versión de Siri, basada en la tecnología de IA de Google, que dotará de mayores funcionalidades a este asistente por voz para los usuarios del iPhone.
Meta lidera el mercado de gafas con IA con un 75% de cuota. La compañía dirigida por Mark Zukcerberg lanzó en septiembre el primer modelo Ray-Ban con una pantalla incorporada en la lente, que no interfiere con la visión del entorno, y en la que se despliegan mensajes, llamadas y respuestas del asistente inteligente de Meta. Las gafas se controlan con una pulsera neuronal. Se venden en EEUU por 799 dólares, pero aún no han llegado a Europa.
Apple trabaja en varios prototipos de dispositivos para la IA. Según ha trascendido, la compañía desarrolla unas gafas del estilo de las Ray-Ban de Meta -de momento, sin pantalla integrada-, que podrían ser una realidad comercial el próximo año. En una segunda versión, el dispositivo incorporaría una pantalla en la lente. El fabricante dirigido por Tim Cook también explora las posibilidades de un formato tipo pin, con cámaras y micrófonos, según The Information.
Google lanzará gafas de inteligencia artificial este año, que estarán impulsadas por su inteligencia artificial Gemini y utilizarán el sistema operativo Android XR. La compañía dirigida por Sundar Pichai trabaja con compañías como Samsung, Gentle Monster y Warby Parker. La tecnológica, que fracasó en este mercado hace más de una década con sus primeras gafas inteligentes, no ha concretado fechas ni precio de las gafas.
OpenAI ha confirmado que presentará su primer hardware para IA en la segunda mitad de este año, aunque no está claro aún cómo será el producto. Según algunas filtraciones, lanzará unos auriculares que se colocarán como unos audífonos y permitirán a los usuarios conversar por voz con ChatGPT.
Sam Altam, CEO de OpenAI, se ha asociado al mítico diseñador John Ive para desarrollar toda una familia de dispositivos nativos para IA sin pantalla, con el objetivo de tener un control total sobre la distribución de su asistente ChatGPT más allá de las plataformas de Apple o Google.
Su consejero delegado Sam Altman dijo el año pasado a sus empleados que su ambición es poner en el mercado cien millones de unidades de estos productos, "más rápido que lo que nunca ha logrado ninguna compañía". Altman cree que esta incursión en hardware podría añadir más de un billón de dólares de valor a OpenAI.

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El ghosting, una práctica lamentable pero conveniente, es ya la norma cuando se busca pareja en apps de citas que propician el volumen sobre la calidad de las interacciones. Ya se sabe: dos personas hacen match, empiezan a hablar, todo parece ir bien, incluso puede que lleguen a quedar, pero cuando están a punto de verse las caras una de las partes se esfuma sin dar explicaciones.
Ghosting es algo así como fantasmear, es un término anglosajón difícil de traducir que define el arte de desaparecer con la inestimable ayuda de la tecnología. Esta práctica que hasta ahora se había acotado al terreno sexual y sentimental ha comenzado a hacerse habitual en el mundo laboral: reclutadores que dejan de contestar, procesos de selección que se interrumpen abruptamente y, también, candidatos que no vuelven a aparecer tras firmar un contrato de trabajo.

La agencia de empleo Randstand reconoce que el ghosting laboral es un “comportamiento cada vez más frecuente, tanto por parte de los candidatos como de las empresas, y está cambiando las dinámicas tradicionales de contratación y colaboración en el trabajo”. También observa otra variación del mismo tema a la que llama microghosting en la que la comunicación no se elimina del todo pero se reduce notablemente, ignorando mensajes o tardando demasiado en contestar. De esta forma se envían señales sutiles de desinterés que se espera que la otra parte sea capaz de advertir por su cuenta.
“Hace dos meses me contactó una agencia de reclutamiento por Linkedin para un puesto de líder regional. Dos semanas después de la entrevista telefónica, tuve otra entrevista, y luego una tercera. Después me pidieron que fuera físicamente a la empresa. Invertí unos 250 euros en billetes, pero después de esa entrevista en la que creía que me había ido bien el reclutador redujo bruscamente la frecuencia de los contactos. Le envié un mensaje para pedir feedback, y me dijo que solo necesitaba finalizar 'una cosa', que me contactaría en una semana. Esperé y envié otro mensaje pero nunca respondió. Odio invertir en estas entrevistas y no saber siquiera si el proceso se ha cerrado y han seleccionado a otra persona. Es injusto no darle un cierre al candidato”. Este testimonio pertenece a Enrique A. (42 años), un ingeniero en búsqueda activa de empleo. Lo curioso es que él mismo pone nombre al fenómeno y no duda en llamarlo ghosting.

El ghosting laboral es tan dañino como el sentimental. En ambos casos la víctima se queda desorientada y esperando un cierre. Un equipo de investigadores de la Universidad de Georgia liderado por Christina Leckfor estudió el daño que dejan estas prácticas en la estabilidad emocional, y aunque el estudio se centró en el ámbito romántico, los investigadores creen que las consecuencias podrían extrapolarse a otras relaciones humanas. “Aunque no hemos estudiado específicamente el ghosting laboral creemos que su huella sobre la salud mental es más dañina que la que dejaría, por ejemplo. un email de rechazo”, explica la investigadora de la Universidad de Georgia.
“En nuestro trabajo los que hacían ghosting lo consideraban una estrategia ventajosa porque evitaba la confrontación, además les parecía más amable que el rechazo frontal. Sin embargo, nuestras investigaciones muestran que es más sano el rechazo abierto”.
Los códigos de comportamiento del mercado laboral han saltado por los aires. Y la preponderancia de bots e inteligencias artificiales generativas sirven de herramientas a las malas maneras. Desde candidatos que redactan sus currículums con chatGPT, correctísimos pero todos idénticos, hasta empresas que usan bots para descartar currículums y evitar así leer las candidaturas. En algún punto el proceso ha dejado de ser humano y con ello la responsabilidad de dar la cara. La ausencia de empatía y la mala educación son hoy moneda corriente en los procesos de selección.
La semana pasada la revista estadounidense The Atlantic se preguntaba cuándo el mercado laboral se había vuelto tan grosero, y describía un panorama donde los candidatos empleaban tres veces más el término ghosting que en 2020. El artículo citaba una encuesta de 2023 en la que el 62% de los que buscaban trabajo se planteaban hacer ghosting a un posible empleador si les salía por el camino algo mejor. En 2019 solo el 37% de los que buscaban trabajo contemplaban esta posibilidad.

Por otra parte, la consultora Greenhouse revela que en Estados Unidos uno de cada tres candidatos había sufrido ghosting de una empresa tras haber hecho varias entrevistas y superado varias fases de un proceso de selección. Al mismo tiempo cada vez más empresas tienen casos de candidatos contratados que no aparecen el primer día de trabajo y nunca más se sabe de ellos.
Hoy en día, sea por conveniencia, autoprotección o resentimiento mucha gente, de un lado y otro de la ecuación del mercado laboral, ha abandonado las normas elementales de cortesía y ha generado una gran desconfianza en el mercado.
Porque no solo es el ghosting, el universo de la búsqueda de trabajo es cada vez más opaco y frustrante. Ya no es solo la probabilidad casi nula de interactuar con un humano en alguna parte del proceso, es que incluso muchas ofertas de trabajo no son reales y solo han sido lanzadas al mercado para extraer los datos de los solicitantes. Otras veces son los reclutadores los que vuelven a publicar un puesto para el que hay varios candidatos prometedores en proceso de selección. Para salir hoy al mercado de trabajo no solo hay que tener herramientas y habilidades competitivas sino, sobre todo, una autoestima de hierro.
Antes de que los procesos de selección se hicieran a través de pantallas reinaban una serie de fórmulas con grandes dosis de hipocresía que nadie se creía, pero que al menos informaban a ambas partes del estado de la cuestión, pero la tecnología del siglo XXI eliminó esas incómodas interacciones, pues hizo muy fácil desconectar al otro, o llegado el caso, desaparecer uno mismo y ahorrarse las explicaciones.
Las pantallas crean una ilusión de distancia y despersonalización y, de paso, irresponsabilidad y una moral más laxa. Es como si la pantalla anestesiara a la víctima y rebajara la crueldad y la gravedad de los acontecimientos. Todo se queda en el limbo virtual donde todo parece más ligero y superficial.
Lo que pasa en el mercado laboral es otra muestra de cuánto estamos dispuestos a ceder por conveniencia y comodidad. En este caso escogemos saltarnos varias normas elementales de educación aunque del otro lado alguien se quede esperando una respuesta. Al final, la cortesía exige un esfuerzo, ¿y no es eso justamente lo que ha venido a quitarnos de en medio la tecnología?