lunes, 17 de agosto de 2026

El top de las lenguas que se escriben como se hablan (y no es tan sencillo)


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La relación entre escritura y pronunciación determina la facilidad para leer y escribir una lengua. En el caso del español, ocupa una posición intermedia. Vemos algunos ejemplos: el inglés es de los difíciles



La escritura es un intento de atrapar las ondas de la palabra hablada. No todas las lenguas han logrado este propósito con el mismo éxito. Aquellas que consiguen establecer una correspondencia casi perfecta entre el signo gráfico y el sonido que representa son denominadas por los lingüistas sistemas de escritura altamente fonémicos.

Esta cualidad se desdobla en dos dimensiones que definen la eficacia de un sistema alfabético: la transparencia ortográfica, que permite leer sin vacilaciones palabras desconocidas, y la transparencia fonológica, que hace posible transcribir con exactitud cualquier término que se escucha. Esta fidelidad no es un accidente, sino el resultado de siglos de evolución, de reformas políticas o, en ocasiones, de la intervención de gramáticos que promovieron una escritura más cercana a la realidad sonora.


La precisión del finés

Si buscamos un modelo de referencia, conviene fijarse en el norte de Europa. El finés, o suomi, es uno de los ejemplos más claros de lengua transparente. En su sistema, la ambigüedad es mínima. No existen letras mudas ni combinaciones arbitrarias de caracteres que alteren su valor según el contexto, y las reglas ortográficas presentan muy pocas excepciones. Su ortografía es tan transparente que las vocales largas se representan de forma sistemática mediante duplicación. Así, un par de letras marca la diferencia entre tuli (fuego) y tuuli (viento). Lo mismo ocurre con las consonantes: mato (gusano) y matto (alfombra) se distinguen por la duración del sonido y por su representación gráfica.

Este sistema no es fruto del azar. Cuando Mikael Agricola fijó la ortografía del finés en el siglo XVI, su objetivo fue reflejar la pronunciación de una lengua que hasta entonces carecía de norma escrita. Desde entonces, las sucesivas reformas han mantenido esa coherencia con rigor, y eso ha reducido al mínimo la discordancia.

Reformas y transiciones al alfabeto latino

La historia muestra que la transparencia ortográfica también puede ser resultado de decisiones políticas. El siglo XX fue testigo de cómo varias naciones abandonaron sistemas gráficos tradicionales para adoptar el alfabeto latino y adaptarlo a sus necesidades fonéticas.

El español es una lengua que suele considerarse fácil de leer, aunque presenta una complejidad ortográfica notable

El caso del turco moderno es paradigmático. En 1928, bajo el liderazgo de Mustafa Kemal Atatürk, Turquía sustituyó el alfabeto árabe por uno latino diseñado para reflejar la pronunciación contemporánea. El resultado fue un sistema en el que grafema y fonema se corresponden de forma regular, apoyado en el uso de signos diacríticos. Palabras como kitap (libro) o güzel (bonito) dan muestra de esa claridad.

Un proceso semejante tuvo lugar con el suajili, que entre finales del siglo XIX y el siglo XX pasó del alfabeto árabe al latino y fue progresivamente estandarizado en el contexto colonial y poscolonial, con el objetivo de simplificar su escritura y hacerla más accesible. Del mismo modo, el somalí adoptó en 1972 un alfabeto latino adaptado con precisión a sus sonidos.

En los Balcanes, la máxima de Vuk Karadžić —"Escribe como hablas, lee como está escrito"— se convirtió en el principio rector del serbio y de otras lenguas de la región. Este ideal favoreció una notable correspondencia entre sonido y escritura.


El batua y el hangeul

Incluso lenguas con larga tradición oral han tendido hacia la estandarización. El euskera modernizó su escritura en 1968 con la creación del Euskara Batua que estableció una norma común basada principalmente en el dialecto guipuzcoano. Palabras como etxe (casa) o lagun (amigo) forman hoy parte de una ortografía unificada que permite la comunicación entre hablantes de distintas regiones.

Fuera del ámbito del alfabeto latino, el coreano ofrece un caso singular. Su sistema de escritura, el hangeul, fue creado en el siglo XV por el rey Sejong con el propósito de facilitar la alfabetización. Las letras fueron diseñadas teniendo en cuenta la posición de los órganos fonadores al pronunciarlas. Aunque se organizan en bloques silábicos, mantienen una relación sistemática entre grafía y sonido, lo que convierte al hangeul en uno de los sistemas más coherentes desde el punto de vista estructural.


El español: entre la tradición y la fonética

El español es una lengua que suele considerarse fácil de leer, aunque presenta una complejidad ortográfica notable. Se sitúa en una posición intermedia entre lenguas muy transparentes, como el finés, y otras más opacas, como el inglés o el francés. La Real Academia Española, desde el siglo XVIII, ha mantenido un equilibrio entre criterios etimológicos y fonéticos. A lo largo de su historia ha promovido reformas destinadas a simplificar la ortografía, aunque sin eliminar por completo los rasgos heredados.

La «h» muda es un ejemplo de este legado. Procede en gran parte de la evolución de la f- inicial latina aspirada (como en farina → harina), y se conserva por razones etimológicas. Lo mismo ocurre con la coexistencia de "b" y "v" o con la duplicidad de "g" y "j", que reflejan la historia del idioma.

Uno de los principales desafíos es su extensión geográfica. Fenómenos como el seseo y el yeísmo, comunes en amplias zonas del mundo hispanohablante, generan diferencias entre pronunciación y escritura. Así, palabras como casa y caza pueden sonar igual en muchos hablantes, aunque se escriban de forma distinta. La ortografía funciona, en este sentido, como un sistema de consenso que garantiza la unidad.

El español se identifica también por la letra "ñ", que representa el sonido /ɲ/. Este sonido no existía como fonema independiente en latín clásico, aunque surgió a partir de secuencias como "nn" en la evolución del latín vulgar (annus → año, Hispania → España). La grafía "ñ" procede de la abreviación medieval de la doble n. Antonio de Nebrija la incluyó en su Ortografía castellana (1517), y la Real Academia Española la consolidó en el siglo XIX.

La "ñ" se difundió al gallego, al asturleonés y, gracias a la expansión del español, a muchas lenguas indígenas americanas como el náhuatl, el quechua, el aimara o el guaraní. El fonema existe también en otras lenguas, pero se representa con dígrafos: "gn" en francés (montagne), "nh" en portugués (vinho), "ny" en catalán y húngaro (Espanya, nyár), o "nj" en albanés (njeri). El polaco lo simplificó con la letra "ń" (koń). El español no adoptó la ñ por un afán de regularidad, sino por economía gráfica, aunque en otros casos mantiene dígrafos como "ch", "ll", "rr", "gu" o "qu", que representan sonidos únicos. Podríamos decir, en definitiva, que la ortografía del español es relativamente regular porque la mayoría de los sonidos tienen una representación única o predecible, a pesar de las excepciones y herencias históricas.


Escrituras complejas

El danés utiliza 29 letras, incluidas tres adicionales —æ, ø y å—. Aunque su sistema es más regular que el inglés, presenta numerosas irregularidades. Por ejemplo, jeg (yo) se pronuncia aproximadamente /jaj/, y muchas palabras contienen letras que no se articulan claramente.

El francés es aún más complejo desde el punto de vista ortográfico. Abundan los signos diacríticos y las consonantes finales que no se pronuncian. En eau (agua), beau (bonito) o château (castillo), el conjunto de tres vocales pronuncia solamente una, la /o/, que es precisamente la que no se escribe.

Escribir bien no consiste en dominar una lengua, sino en comprender la lógica que une el sonido con la forma escrita

El inglés lleva la irregularidad al extremo, como muestra uno entre muchos ejemplos: la combinación ough se pronuncia de forma distinta según la palabra: though /ðoʊ/, through /θruː/, rough /rʌf/, cough /kɒf/, thought /θɔːt/. Además, abundan los homófonos (there, their, they’re) y las letras mudas (doubt, write), lo que dificulta la correspondencia entre escritura y pronunciación.

En cambio, lenguas como el tailandés llevan la complejidad a otro nivel. Su sistema, con 44 consonantes y 15 signos vocálicos básicos, combina símbolos que determinan tanto la vocal como el tono. Los signos pueden colocarse antes, después, arriba o abajo de la consonante, y las palabras se escriben sin espacios, salvo al final de las frases. Así, ขอบคุณมากครับ (muchas gracias) ilustra la necesidad de dominar numerosas combinaciones gráficas y tonales.


Entre el orden y el caos

Escribir bien no consiste solo en dominar una lengua, sino en comprender la lógica —a veces invisible— que une el sonido con la forma escrita. La escritura es una herramienta en constante tensión. Por un lado, aspira a ser un registro exacto de la voz; por otro, busca ser un monumento a la historia y a la identidad de los pueblos. Mientras lenguas como el finés o el coreano representan el triunfo de la lógica y la transparencia, el español nos ofrece un modelo de convivencia entre el pragmatismo sonoro y la herencia cultural.

Al final, la dificultad de escribir no radica solo en recordar dónde va una tilde o una letra muda, sino en comprender que cada palabra escrita es un eslabón que nos une a una tradición compartida, un compromiso entre la libertad del habla y el orden necesario de la letra.


domingo, 16 de agosto de 2026

Por qué algunos lugares quieren ser retirados de la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco


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La lista de Patrimonio Mundial de la Unesco reconoce lugares de "valor universal excepcional" y puede catapultar a la fama mundial a pueblos, ciudades o emplazamientos poco conocidos.

Entonces, ¿por qué algunos de ellos piden ser eliminados de la lista?

Situado en las montañas del centro de Eslovaquia, el diminuto pueblo de Vlkolínec es una aldea medieval de postal, con más casas que habitantes.

Sus aproximadamente 20 residentes permanentes viven en 45 edificaciones que parecen sacadas de un cuento de hadas, pintadas de colores vivos y agrupadas en torno a un campanario del siglo XVIII.

Gracias a su distintiva arquitectura, Naciones Unidas incluyó este asentamiento muy bien conservado en la lista del Patrimonio Mundial en 1993.

Desde entonces, más de 100.000 visitantes llegan cada año a la comunidad.

Recientemente, algunos vecinos han argumentado que esa designación y el turismo asociado han generado más problemas que beneficios, por lo que desean que el pueblo sea retirado de la lista.

A unos 7.000 km de distancia, en Tanzania, la Alianza Internacional de Solidaridad Masái también ha solicitado que se elimine de la lista del Patrimonio Mundial el Área de Conservación de Ngorongoro, una zona rica en vida silvestre.

Este territorio alberga comunidades de pastores y ofrece algunas de las experiencias de safari más emblemáticas de África.

Sin embargo, los locales sostienen que las políticas de conservación vinculadas a su estatus de protección internacional han provocado el desplazamiento de residentes de sus tierras de pastoreo ancestrales.

Estas disputas ponen de relieve un debate creciente sobre lo que ocurre cuando los intereses de las comunidades locales chocan con los esfuerzos por preservar lugares considerados importantes para la humanidad.

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Los 1.248 sitios del Patrimonio Mundial de la Unesco incluyen tanto maravillas del mundo como lugares emblemáticos menos conocidos.

El poder de la Unesco

La lista del Patrimonio Mundial, en constante expansión, está supervisada por la Unesco, un organismo de Naciones Unidas que identifica y protege lugares considerados de "importancia cultural o natural excepcional para la humanidad".

Desde que inscribió sus primeros 12 sitios en 1978, la lista ha crecido hasta alcanzar los 1.248 repartidos en 170 países.

Estos van desde monumentos famosos, como Machu Picchu y la Gran Muralla China, hasta sitios menos conocidos como las iglesias de madera de Maramureș (Rumania) y los antiguos asentamientos en oasis de Ait-Ben-Haddou (Marruecos).

La lista del Patrimonio Mundial surgió de un esfuerzo posterior a la Segunda Guerra Mundial para proteger lugares de gran valor cultural y medioambiental amenazados por los conflictos, la industrialización y el desarrollo moderno.

Como la designación de la Unesco puede facilitar el acceso a fondos internacionales para la conservación, constituye una de las herramientas más influyentes del mundo para la protección del patrimonio.

Sus defensores citan ejemplos como el Sistema de Reservas de la Barrera de Arrecifes de Belice, retirado de la lista de la Unesco de patrimonio "en peligro" en 2018 tras la implementación de medidas de protección ambiental más estrictas; también Angkor Wat en Camboya, donde décadas de trabajos de restauración y conservación ayudaron a salvar un sitio gravemente dañado por la guerra y el saqueo.

"El principio fundamental de la Unesco gira en torno al patrimonio compartido: conservarlo, celebrarlo y reconocerlo como un logro de la humanidad", explica John H. Stubbs, experto en preservación y exvicepresidente del World Monuments Fund.

Sin embargo, desde los inicios de la Lista del Patrimonio Mundial, el auge de las redes sociales ha hecho que el estatus de la Unesco contribuya cada vez más a preservar un sitio y, al mismo tiempo, a transformar —a través del turismo— las comunidades que viven en sus inmediaciones.

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Venecia es actualmente uno de los lugares de Europa que sufre una mayor saturación turística.

Greg Richards, investigador especializado en turismo cultural y masificación turística, compara la designación de la Unesco con las clasificaciones por estrellas de las guías de viaje que señalan a los turistas los lugares de visita obligada.

Asimismo, destaca que el aumento del número de visitantes es una de las consecuencias más previsibles de la inclusión en dicha lista.

"Creo que existe un consenso entre los principales expertos mundiales: si bien la inclusión en la lista de la Unesco puede derivar en una amplia variedad de situaciones, una consecuencia segura es el incremento de las visitas".

Preservación y "museificación"

Históricamente, los esfuerzos de preservación de la Unesco se centraban sobre todo en proteger estructuras físicas: monumentos, yacimientos arqueológicos y edificios de valor arquitectónico.

Sin embargo, muchos destinos patrimoniales modernos albergan hoy comunidades donde los residentes viven y trabajan.

Venecia (Italia), declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987, ha experimentado un aumento del turismo tal que se ha convertido en uno de los lugares de Europa con mayor saturación turística, lo que lleva a cada vez más residentes a abandonar la ciudad.

En la ciudad de Lijiang (China), conocida por su casco antiguo y la cultura indígena naxi, el turismo aumentó tras su designación en 1997, transformando partes del centro en zonas repletas de pensiones y tiendas de recuerdos que, según algunos investigadores y residentes, han diluido la vida local.

En Marrakech (Marruecos) el incremento del turismo y la inversión extranjera en la medina —incluida en la lista de la Unesco— han suscitado debates sobre el aumento de los precios inmobiliarios y la gentrificación.

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Los sitios de la Unesco pueden modernizarse, pero deben preservar su "valor universal excepcional".

Los investigadores describen a veces este proceso como "museificación": la transformación gradual de espacios de vida en lugares orientados cada vez más a los visitantes en detrimento de los residentes.

Si bien muchas comunidades históricas ya lidiaban con la escasez de vivienda y los cambios económicos mucho antes del reconocimiento de la Unesco, en algunos casos —como el de Venecia— el turismo simplemente acelera tendencias preexistentes.

El debate se vuelve aún más complejo a medida que evolucionan las ideas sobre autenticidad y preservación.

"Este es uno de los grandes debates en la conservación del patrimonio", afirma Richards.

Considera que "la autenticidad es una palabra muy peligrosa, ya que puede interpretarse de muy diversas maneras".

Explica que lo que un grupo percibe como una preservación auténtica, otro podría verlo como una reconstrucción artificial.

Los sitios de la Unesco no tienen prohibido modernizarse, pero se espera que cualquier desarrollo preserve lo que la organización denomina el "valor universal excepcional" del lugar, es decir, aquellas cualidades distintivas que motivaron su designación inicial.

En la práctica, esto puede generar tensiones entre la preservación y las necesidades contemporáneas, especialmente en comunidades que requieren viviendas e infraestructuras actualizadas.

Richards señala también que las redes sociales han acelerado enormemente el ritmo al que se intensifica la presión turística.

Antes de plataformas como TikTok e Instagram, los viajeros solían recurrir a guías impresas o a información turística oficial.

"Ahora, cada vez más, uno sigue a otros turistas", comenta.

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Ngorongoro alberga algunas de las experiencias de safari más emblemáticas de África.

El nuevo enfoque de la Unesco sobre el turismo

Los representantes de la organización afirman que la Unesco es cada vez más consciente de que los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad son propensos a sufrir saturación turística.

"Sin duda, reconocemos que el turismo ha cambiado drásticamente en los últimos 10 o 15 años", afirma Peter DeBrine, especialista en turismo sostenible de la Unesco.

Añade que la organización solicita ahora a los sitios que elaboren planes de gestión de visitantes para prepararse ante el crecimiento del turismo y encontrar formas de reducir las aglomeraciones y la presión sobre las zonas sensibles.

"No pretendemos en absoluto desalentar el turismo, sino ayudar a que contribuya a la conservación y al patrimonio", señala.

Alega que "los sitios del Patrimonio Mundial pertenecen a todos; son para toda la humanidad. Queremos que la gente los visite y los viva".

Este cambio refleja una evolución más amplia en el enfoque de la Unesco.

Según DeBrine, en los primeros documentos orientativos de la organización sobre el Patrimonio Mundial, el turismo se mencionaba solo brevemente y, en gran medida, en el contexto de sus posibles repercusiones sobre la conservación.

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Los habitantes locales sostienen que la inclusión de Ngorongoro en la lista de la Unesco ha provocado el desplazamiento de los residentes de sus tierras de pastoreo ancestrales.

Hoy en día, la Unesco considera cada vez más el turismo tanto un desafío como una oportunidad: una fuerza capaz de impulsar la conservación y las economías locales si se gestiona de forma adecuada.

Sin embargo, las inquietudes surgidas en Vlkolínec y Ngorongoro quedan fuera del ámbito de competencia del sistema del Patrimonio Mundial.

Si bien la Unesco puede evaluar y responder a amenazas que comprometan la conservación de un sitio, su papel resulta menos claro cuando la queja no deriva de daños al lugar en sí, sino de la situación de las personas que lo habitan.

Al preguntarle si la Unesco puede intervenir cuando los residentes locales sienten que el turismo o las políticas de preservación perjudican sus vidas, DeBrine respondió: "En realidad, no disponemos de un mecanismo para ello".

A pesar de las peticiones de Vlkolínec y del grupo de defensa de los masáis de Ngorongoro para reconsiderar su estatus de Patrimonio Mundial, no se prevé que el Comité del Patrimonio Mundial aborde la situación de ninguno de los dos lugares en su próxima sesión.

Actualmente, la Unesco puede evaluar si un paisaje, monumento o ecosistema cuenta con la protección adecuada.

Tiene la facultad de incluir sitios en la lista de "Patrimonio en peligro" debido a factores como los conflictos armados, el cambio climático o el desarrollo descontrolado.

Asimismo, puede exigir medidas de conservación o —en casos excepcionales— retirar la designación por completo.

No obstante, no puede catalogar un sitio como "en peligro" a causa del turismo que el propio organismo contribuyó a generar.

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El Santuario del Órix de Arabia fue el primer lugar del Patrimonio Mundial retirado de la lista por la Unesco.

Cómo perder el estatus de Patrimonio Mundial

Hasta la fecha, la Unesco solo ha retirado tres sitios de la Lista del Patrimonio Mundial, y en todos los casos el motivo principal fue la conservación.

En 2007, el Santuario del Oryx de Arabia se convirtió en el primer sitio excluido después de que Omán redujera drásticamente el área protegida debido a planes de exploración petrolera.

En 2009, el Valle del Elba en Dresde perdió su estatus tras la construcción de un puente que, según la Unesco, alteraba fundamentalmente el paisaje.

Por último, en 2021, la zona de Liverpool-Puerto Mercantil Marítimo fue retirada de la lista a raíz de disputas sobre la reurbanización de su frente marítimo.

Curiosamente, la pérdida del reconocimiento de la Unesco no siempre ha conllevado un descenso drástico del turismo.

Liverpool siguió atrayendo visitantes gracias a su identidad musical, deportiva y cultural tras perder el estatus de Patrimonio Mundial, y Dresde también se mantuvo como un importante destino turístico después de su exclusión de la lista.

A pesar de que los residentes de Vlkolínec y Ngorongoro abogan por ser retirados de la lista, Stubbs sostiene que es poco probable que ello conduzca a cambios significativos.

"Me parece muy bien que estas peticiones para retirar sitios de la lista pongan de relieve los problemas del turismo masivo", indica.

Sin embargo, agrega, "en cuanto a la solución real que beneficie tanto a los habitantes locales como al monumento, esta vendrá de una planificación inteligente de la conservación que tenga en cuenta todos los factores: desde la economía y la ubicación hasta la población local".

Más de medio siglo después de que la Unesco comenzara a preservar sus primeros sitios, estos debates sugieren que salvar un lugar no es lo mismo que salvar una comunidad, y que esto último puede resultar mucho más difícil.


    • Bailey Berg
    • Título del autor,BBC Future
  • Fecha de publicación

sábado, 15 de agosto de 2026

¿Cuánto nos costará la IA cuando ya no podamos trabajar sin ella?

Imagen de recurso que simboliza a un hombre 'dependiente' de la IA. 


  • El coste laboral de una hora de un empleado cuesta 25 euros, frente a los 8 céntimos de un agente de IA 
  • ¿El precio estará sujeto a las reglas del libre mercado o, por el contrario, dependerá del arbitrio de cuatro grandes proveedores?
  • Los planes de negocio saltarán por los aires con cada encarecimiento caprichoso de los tokens


¿Cuánto estaremos dispuestos a pagar cuando la Inteligencia Artificial nos tenga enganchados? La respuesta es muy fácil: todo lo que nos pidan, cueste lo que cueste. No hace falta consultarlo a ChatGPT. Más pronto que tarde, el Primer Mundo considerará la IA un recurso de primera necesidad, como el agua, la luz o Internet. Posiblemente media humanidad mostrará síntomas de adicción ante la mayor revolución tecnológica del siglo. El cautiverio será compartido por empresas y particulares, de todos los sectores de actividad y escalafones profesionales. Semejante panorama podría formar parte de un hipotético escenario distópico o, en el peor de los casos, amenaza con afectar a millones de personas y organizaciones. ¿A cuánto ascenderá el coste? ¿Quién decidirá las tarifas? ¿El precio estará sujeto a las reglas del libre mercado o, por el contrario, dependerá del arbitrio de cuatro grandes proveedores? La respuesta a todo lo anterior se resume en una frase: pagaremos mucho, todo lo que decida el puñado de jugadores que domina la industria en régimen de oligopolio. Y el crecimiento del coste será tanto como la prisa que tengan los dueños del cotarro por rentabilizar las salvajes inversiones comprometidas.

Para mayor dolor sistémico, las empresas y particulares no podrán cambiarse de proveedor de IA -como pueden hacerlo con sus compañías energéticas o de telecomunicaciones-, ya que, cuando se planteen hacerlo, encontrarán que han confiado a un único jugador todos sus documentos, procesos, contraseñas, datos personales e historial online, desde lo más insignificante hasta lo más sensible y profundo. Así será. Un negocio global, huérfano de competencia y polarizado entre EE. UU. y China, con Europa pretendiendo regular algo que ni produce, ni diseña ni desarrolla. Malos tiempos para los que confíen en la bondad de estos monstruos.

Las empresas han probado el pastel y podrían ofrecer síntomas de dependencia. Quien más y quien menos se ha acostumbrado en pocos meses a funciones tan elementales para la IA como traducir textos, corregir la ortografía o transcribir audios. También a hacer resúmenes de reuniones o a encontrar palabras para ese folio en blanco cuyo terror hace tiempo que ha desaparecido gracias a la magia del algoritmo. Y lo mismo sucede con quienes se dedican a programar, generar contenidos o diseñar creaciones. Lo sintético convive con lo artesano sin que existan fronteras entre ambos.

Remko Rijnders, CEO de Ceconomy
(MediaMarkt): "España compite con Turquía por convertirse en el segundo mercado en ventas del grupo"

Ese becario tan bien mandado que se llama agente de IA ha demostrado su capacidad, velocidad y eficacia para realizar miles de tareas, perfectamente patronizables. Y las ocupaciones que resulten más difíciles de encasillar, poco a poco pasarán por el arco de la IA gracias a la capacidad de la propia arquitectura cognitiva de aprender el comportamiento de las personas. Y cuando la máquina aprenda al dedillo cada uno de los movimientos de las personas frente a una pantalla, el humano será perfectamente prescindible. Si eso ocurre, adiós a las nóminas, las cotizaciones sociales, la pausa para el café de media mañana o las bajas por enfermedad. También a las vacaciones estivales, al descanso dominical o al receso una vez superadas las 40 horas semanales. Estos agentes seguirán trabajando con la luz apagada las 24 horas del día, sin muestras de cansancio o desconcentración.

Ahora el agente de IA se ha sentado virtualmente frente a la pantalla, ha memorizado las interacciones habituales de las personas con apariencia inofensiva y ha aprendido a ejecutar sin necesidad de preguntar. Cuando llegue el momento, ese compañero silente de oficina podría ocupar el espacio donde antes existía una silla. Ese mobiliario de oficina podría llegar a extinguirse, como ocurre en las empresas sin empleados. Las sociedades unipersonales (solopreneurs) comienzan a operar como empresas tradicionales gracias a la automatización y al trabajo de los agentes de IA y plataformas SaaS, sin contratar personal fijo.

Tan desolador futuro acecha a los empleados de cuello blanco, es decir, a las personas que pasan la jornada de trabajo con las manos sobre un teclado y la mirada clavada en una pantalla. Pero el siguiente movimiento de los dueños de los algoritmos consistirá en replicar el modelo de los oficinistas con los trabajadores de mono azul, los operarios.

Y ahora llega el momento de la IA física

Se conoce como la IA física, es decir, la nueva generación de robots dotados de inteligencia artificial generativa y capacidades agénticas. Basta con encargar una tarea y ponerse a un lado para ver cómo obedece a pies juntillas. Donde antes había media docena de humanos, ahora habrá otro tanto de bípedos con microchips y engranajes en lugar de cerebro y músculos.

El mejor ejemplo lo protagoniza Hyundai, automovilística que el pasado junio adquirió la totalidad de Boston Dynamics, referente global en robótica, con el evidente objetivo de sustituir a los empleados de las fábricas en las cadenas de montaje. Y esos mismos robots fabricarán otros robots con inquietante economía de recursos una vez que los costes laborales se limiten a los gastos de mantenimiento. Si acaso, habrá algún empleado de carne y hueso para pastorear a estos abnegados trabajadores de aluminio. La empresa china de robótica Unitree se proyecta como uno de los ejemplos más nítidos de robots que producen placas solares y coches eléctricos como churros.

Los que conocen el embrujo de encontrar respuesta a todo lo que se pregunta y de ejecutar todos los encargos pueden llenarse de razones para pasar por el aro tarifario de la IA. Y por mucho que suban los tokens, las cuentas siempre irán saliendo. Este mismo periódico ya informó días atrás de que los agentes resultan actualmente 300 veces más económicos que las personas. "El coste medio de un trabajador para su empresa ronda los 25 euros a la hora, entre salarios, cotizaciones y demás. En ese espacio de tiempo, una persona podría responder alrededor de una veintena de emails complejos, igual que un agente en pocos segundos con un coste de 40.000 tokens. Esos recursos, a razón de 0,002 euros por cada mil tokens, la referida hora sintética cuesta ocho céntimos de euro. Lo dicho, unas 300 veces menos."

La ausencia de gobernanza de la IA, pese al vano interés de los gobiernos por meter la tecnología en vereda, dejará los planes de precios de los LLM (modelos grandes de lenguaje) en manos de cuatro jugadores, en una oligarquía capaz de influir en los sistemas de producción del planeta. Parece ingenuo que los supervisores nacionales de los mercados puedan imponer sanciones a los dueños supranacionales de los LLMs, acostumbrados a concertar tarifas, si acaso condicionadas a los sistemas de medición de rendimiento frente a sus iguales (benchmark).

Cómo estimar los costes de la IA

Esta incertidumbre en el futuro precio de los tokens ha activado la señal de alarma en las empresas tentadas a sustituir empleados por agentes de IA. ¿Y si pasado mañana se encarece extraordinariamente el precio de los tokens y ya he reducido las plantillas a su mínima expresión? Los planes de negocio, con sus hojas de cálculo construidas sobre gastos previsibles, saltarán por los aires con cada incremento caprichoso del coste de los tokens, unidad de facturación basada en los pequeños trozos de palabras, de tres o cuatro letras, que habitan bajo el capó de todos los generadores de IA. ¿Cómo resistirse a pagar por una tecnología que ha demostrado su fortaleza, eficacia, productividad y eficiencia de costes sin parangón? Los gigantes de los modelos de IA dirán que esto es lo que hay. De forma castiza se resume con el consabido chantaje de "estas son lentejas, las tomas o las dejas".


Antonio Lorenzo
Madrid  6:15 - 18/07/2026
https://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/14000630/07/26/cuanto-nos-costara-la-ia-cuando-ya-no-podamos-trabajar-sin-ella.html