lunes, 20 de abril de 2026

Por qué Sigmund Freud recupera su popularidad en épocas de crisis y autoritarismo (como ahora)


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El psicoanálisis está atravesando un momento especial. Las cuentas en Instagram dedicadas a la teoría freudiana han alcanzado 1,5 millones de seguidores.

Los programas de televisión como la Terapia de Pareja de Orna Guralnik se han convertido en algo que no se puede dejar de ver. Artículos de opinión en The New York Times, The London Review of Books, Harper's, New Stateman, The Guardian y Vulture están declarando la resurrección del psicoanálisis.

Como lo describió Joseph Bernstein de The New York Times: "Sigmund Freud está regresando a la popularidad".

Para muchos, este resurgimiento llega como una sorpresa.

Durante el último medio siglo, el psicoanálisis -el movimiento intelectual y práctica terapéutica fundada por Sigmund Freud en la Viena de 1900- ha sido rechazado y denigrado en muchos círculos científicos. Particularmente en el mundo angloparlante, el auge de la psicología conductista y la creciente industria farmacéutica marginó las terapias de charlas largas como el psicoanálisis.

Pero hay una historia más compleja que contar. Durante la vida de Freud (1856-1939), 15 institutos psicoanalíticos se establecieron en todo el mundo, incluyendo Noruega, Palestina, Sudáfrica y Japón. Y alrededor del mundo -de París a Buenos Aires, de Sao Paulo a Tel Aviv- el psicoanálisis floreció contundentemente a través del siglo XX.

Por toda Sudamérica, el psicoanálisis continúa ostentando una enorme influencia clínica y cultural. Sigue siendo tan popular en Argentina que la gente bromea que no puedes tomar un vuelo a Buenos Aires sin que haya por lo menos un analista a bordo.

Hay varias razones por las que el psicoanálisis se volvió popular en algunos países mas no en otros. Una se relaciona a la historia de la diáspora judía del siglo XX.

Con la expansión del Tercer Reich, muchos psicoanalistas e intelectuales judíos huyeron de Europa central antes del Holocausto. Ciudades como Londres, que recibieron a Freud y toda su familia, fueron reformadas culturalmente por esta crisis de refugiados.

Pero otra razón, tal vez menos obvia, está relacionada al auge del autoritarismo. El psicoanálisis pudo haber sido creado y difundido en el crisol de la Europa en guerra, pero su popularidad frecuentemente ha surgido a la par de la crisis política.

Respuesta a la opresión

Tomemos a Argentina. A medida que el autoritarismo de izquierda del peronismo dio paso a la "guerra sucia" auspiciada por Estados Unidos, los escuadrones paramilitares de la muerte secuestraron, asesinaron y "desaparecieron" a unos 30.000 activistas, periodistas, sindicalistas y disidentes políticos. La pérdida, silencio y miedo envolvieron los mundos emocionales de muchos.

Sin embargo, al mismo tiempo, el psicoanálisis -con su interés en el trauma, la represión, el duelo y la verdad inconsciente- se convirtió en una manera significativa de luchar contra esta opresión.

Los espacios terapéuticos para hablar sobre el trauma y la pérdida se convirtieron en una técnica para responder, y tal vez resistir, a ese desastre político. En una cultura de mentiras del Estado y la imposición del silencio, el solo hablar la verdad era un ejercicio radical.

Muchos de los seguidores originales de Freud usaron el psicoanálisis de manera similar.

Rodeados de los horrores inexplicables del fascismo europeo, figuras como Wilhelm Reich, Otto Fenichel, Theodor Adorno y Erich Fromm consideraron el psicoanálisis, típicamente combinado con el marxismo clásico, como una herramienta esencial para entender cómo desarrollamos y deseamos personalidades autoritarias.

A medio mundo de distancia, en Argelia, el psiquíatra y activista anticolonialista Frantz Fanon se basó extensamente en el psicoanálisis para protestar contra los opresivos regímenes racistas del colonialismo francés. Para todos estos doctores y filósofos, el psicoanálisis era esencial para la resistencia política.

Algo parecido está sucediendo hoy día. A medida que surgen nuevas formas de autocracia multinacional, inmigrantes son demonizados y detenidos, y el genocidio es transmitido en vivo, el psicoanálisis prospera de nuevo.

Una herramienta para darle sentido a lo insensato

Para algunos, los neuropsicoanalistas como Mark Solms han aportado los lazos necesarios para elevar otra vez el psicoanálisis. En su nuevo libro, The Only Cure: Freud and the Neuroscience of Mental Healing ("La única cura: Freud y la neurociencia de la curación mental"), Solms usa su experiencia neurocientífica -específicamente su trabajo sobre los sueños- para argüir que la teoría de Freud del inconsciente estuvo acertada todo el tiempo.

De acuerdo con Solms, aunque los fármacos pueden ser temporalmente efectivos, sólo ofrecen soluciones a corto plazo. Únicamente los tratamientos psicoanalíticos, sostiene, pueden ofrecer un efecto curativo a largo plazo.

Pero Solms es sólo una de muchas de esas figuras en augue, el trabajo un grupo creciente de intelectuales clínicos ha devuelto el aprecio cultural al psicoanálisis. Donde Solms gira hacia la neurología, otros -incluyendo Jamieson Webster, Patricia Gherovici, Avgi Saketopoulou y Lara Sheehi- nos devuelven a la urgencia política del psicoanálisis.

Su trabajo resalta cómo los conceptos centrales del psicoanálisis -el inconsciente, la "pulsión de muerte", la bisexualidad universal, el narcisismo, el ego y la represión- ayudan a darle sentido a nuestro momento contemporáneo donde otras teorías se quedan cortas.

En un mundo de creciente mercantilización, el psicoanálisis resiste las definiciones comercializadas del valor.

Hace énfasis sobre el tiempo profundo en un entorno de poca capacidad de atención e insiste en el valor de la creatividad y conexión humana frente a un panorama abrumador de inteligencia artificial.

Desafía los conceptos tradicionales de género e identidad sexual, y prioriza las experiencias individuales del sufrimiento y deseo.

La razón del resurgimiento contemporáneo del psicoanálisis refleja aquellas que impulsaron sus anteriores olas de popularidad.

En momentos de turbulencia política, violencia auspiciada por el Estado y trauma colectivo, el psicoanálisis ofrece las herramientas para darle sentido a lo aparentemente insensato.

Provee un marco para entender cómo los impulsos autoritarios echan raíces en las psiquis individuales y se propagan a través de las sociedades.

Más aún, en una época donde las soluciones temporales y las intervenciones farmacéuticas dominan el cuidado de la salud mental, el psicoanálisis insiste en el valor de la atención sostenida a la complejidad humana.

Rehúsa reducir la angustia psicológica a los desequilibrios químicos del cerebro o a síntomas que tienen que ser manejados. En cambio, trata el mundo interior de cada persona como algo digno de explorar profundamente.

La resurgencia colectiva de intereses en el psicoanálisis también está actuando sobre la disciplina misma para que se transforme.

Antiguas suposiciones -como la idea que los terapeutas deben ser neutrales o que la heterosexualidad es la norma- están siendo desafiadas. Y la práctica psicoanalítica está siendo reinventada a lado de muchos movimientos de justicia social y solidaridad.

Este es un momento en el que muchos se están uniendo para reformular lo que el psicoanálisis puede ser.

Queda por ver si este renacimiento perdurará. Pero, por ahora, a medida que las crisis políticas se acumulan y los métodos terapéuticos tradicionales parecen ser insuficientes, las reflexiones de Freud sobre la psiquis humana están encontrando nuevas audiencias ansiosas de entender la oscuridad de nuestros tiempos.


  • Carolyn Laubender
  • Título del autor,The Conversation*
    29/03/26
    https://www.bbc.com/mundo/articles/cz0gd9lv9lyo

domingo, 19 de abril de 2026

La historia de la Monobloc, la humilde silla de plástico blanca que ha conquistado el mundo


Ricky Martin apareció sentado en una de estas sillas en el espectáculo de medio tiempo de Bad Bunny en el último Super Bowl.

Kevin Mazur/Getty Images for Roc Nation


Quizás no conozcas su nombre, pero puede que estés leyendo esto ahora mismo sentado en uno de estos iconos.

Es posible, también, que tengas algún recuerdo asociado a ella: esa barbacoa en el jardín de los amigos, donde siempre cabe uno más porque las sillas están apiladas en un rincón; o esa cerveza fría en el bar de la playa, con los pies enterrados en la arena y los muslos sudando por el calor y el contacto con el plástico.

La Monobloc, esa humilde silla de plástico blanca que sin duda conoces y en la que tantas veces has descansado, es el mueble más utilizado del mundo, un objeto tan popular que ha trascendido todas las fronteras.

Barata, versátil, resistente a la intemperie y ligera, la silla Monobloc o monobloque - que se fabrica en una sola pieza de plástico, generalmente polipropileno- es un icono del diseño industrial que despierta por igual amor y odio.

Sus detractores critican que su omnipresencia la convierte en un símbolo de vulgaridad, de chabacanería, en una asesina de la estética, además de un ejemplo de la cultura del usar y tirar, con sus graves consecuencias medioambientales.

En su versión más extrema, la silla de plástico fue prohibida durante diez años en los espacios públicos de la ciudad suiza de Basilea para "hacerla más bella".

Sus defensores destacan, sin embargo, su diseño democrático y todas las cualidades claves de su éxito: se puede apilar, pesa poco, es realmente barata y tiene -por lo general- una forma ergonómica que la hace muy cómoda.

Su lugar privilegiado en la portada del galardonado disco "Debí tirar más fotos", del artista puertorriqueño Bud Bunny, dice mucho de ese hilo sentimental que ata a tantas personas a la Monobloc y a las memorias que nos trae.

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Está en todas partes.

La silla, que se fabrica inyectando una resina de plástico líquida en un molde a unos 220-230 grados hasta que se enfría y endurece, está en todas partes.

"La Monobloc es la combinación del deseo tan arraigado entre los diseñadores de crear la silla perfecta fabricada de forma industrial", describe Paola Antonelli, comisaria del MoMA, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en un video de la institución para acompañar la exposición de 2025 "Pirueta, puntos de inflexión en el diseño".

Una historia de innovación

Los diseñadores empezaron a experimentar con la idea de fabricar una silla a partir de una sola pieza de material ya en la década de 1920.

Las primeras pruebas utilizaron chapa metálica, que se prensaba, o curvaban madera laminada.

El desarrollo del plástico como material resistente y de enorme versatilidad llevó en 1946 al arquitecto canadiense Douglas Colborne Simpson a crear, en colaboración con el ingeniero James Donahue, un prototipo de silla apilable de una sola pieza de plástico.

Esta silla podría considerarse la primera Monobloc de la historia, pero no pasó del prototipo.

En los años siguientes, los avances en los conocidos como termoplásticos permitieron industrializar este proceso.

Para ello se utilizaron pellets o pequeñas bolitas de material plástico como el polipropileno que, al calentarlas, se vuelven líquidas y pueden ser inyectadas en un molde. La tecnología permitía, además, fabricar estos muebles en llamativos colores.

Producto de esta innovación son iconos del diseño industrial como la silla Panton, creada por el diseñador danés Verner Panton entre los años 1958 y 1967; la silla Bofinger (1964-1967), del arquitecto alemán Helmut Bätzner; la Selene (1961-1968), del diseñador italiano Vico Magistretti o la Universale (1965), del también italiano Joe Colombo.

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Las Monobloc son un elemento común en el paisaje playero, como es esta de Cartagena de Indias, en Colombia.

Todas estas piezas son hoy objetos de deseo de coleccionistas, amantes del diseño y el interiorismo, sillas que pueden verse en museos y en hogares sofisticados.

¿Cómo se pasó entonces de la Panton o la Bofinger a la humilde silla de plástico de la sala de espera?

Fabricar esas piezas, aunque ya se hacía de manera industrial, seguía siendo caro. No fue hasta 1972 que el ingeniero francés Henry Massonet creó su Fauteuil 300 (sillón 300), que se considera, según el Vitra Design Museum, el arquetipo de la silla de plástico barata.

Al mejorar la eficiencia del proceso de fabricación, Massonet logró reducir la duración del ciclo de fabricación a solo 2 minutos y la comercializó a través de su compañía STAMP.

La Fauteuil 300 tenía brazos y se parecía mucho a las Monobloc de hoy, aunque no fue demasiado popular en un primer momento. La mala suerte hizo coincidir su aparición con la primera gran crisis del petróleo.

"Si bien los muebles de plástico habían sido un presagio de futuro, ahora se veían cada vez más negativamente, como resultado no solo del aumento del precio de la materia prima, sino también de una nueva conciencia medioambiental", explica su descripción en el Vitra Design Museum.

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Andrew Woodley/Education Images/Universal Images Group via Getty Images

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Su ligereza y apilabilidad hacen muy popular a la silla Monobloc.

Massonet, sin embargo, nunca patentó su invento, señala Paola Antonelli, que dirige el departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA, y esto permitió que otras muchas empresas copiaran su proceso de fabricación y su modelo, que fue modificándose una y otra vez.

En la década de 1980, el grupo francés Grosfillex logró fabricar su silla de jardín de resina a tan bajo costo que pudo lanzarla al mercado a precios muy competitivos, multiplicando exponencialmente su popularidad y convirtiendo a la Monobloc en el producto de masas que es hoy.

Una silla para la vida

Haz un repaso a tus álbumes de fotos, como hizo Bad Bunny. Seguro que en más de una aparece esta icónica silla, ya sea en tu entorno doméstico como en las imágenes de tus viajes más exóticos.

Igual la encuentras en la medina de Rabat que en un mitin político en Marsella, en un restaurante callejero de Pekín, revestidas de tela en un banquete de boda en Buenos Aires o en la calle de un pueblo mediterráneo, donde las vecinas las sacan por la tarde a la acera para charlar a la fresca y ver pasar las horas y la vida.

Y no solo las hay blancas. Se fabrican en muchos colores, con diseños diferentes, con brazos y sin brazos, y en calidades distintas.

Más de una pata se ha quebrado en los modelos más económicos al ser desafiada por un usuario robusto o al que le gusta balancearse. Otras, sin embargo, duran décadas: las de la casa de mis padres siguen, desde hace más de 40 años, juntándonos a la mesa a toda la familia cada verano.

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Stuart Freedman/In Pictures Ltd./Corbis via Getty Images

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Busca entre tus fotos a ver si encuentras una de estas sillas, en tu entorno o en tus viajes, como en este café de El Cairo, Egipto.

Se calcula que cuesta unos US$ 3 fabricarla, y en muchos sitios se vende por apenas US$10, lo que hace que esta silla sea ubicua.

Pero diez dólares no valen lo mismo en Accra que en Berlín y, por esto, mientras en algunas sociedades ricas es un objeto que en cuanto se estropea se tira, en muchos otros sitios se repara y adapta a las necesidades de sus usuarios.

Sillas blancas de plástico recosidas con alambre o entablilladas son moneda común en los barrios más humildes y en zonas rurales de muchos países.

Según Paola Antonelli, la silla Monobloc encarna una paradoja:

"En algunos países, se produce en masa y se deshecha rápidamente, mientras que en otros se valora y repara, reflejando diferentes percepciones de su valor. Su naturaleza multifacética simboliza la compleja cultura de consumo en el mundo de hoy".

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En muchos sitios, el hecho de que a la silla se le haya roto una pata no significa que haya que tirarla...

Para el teórico social Ethan Zuckerman, algunos objetos "han alcanzado tal nivel de perfección en su diseño que no necesitan adaptarse para tener éxito, tanto en África como en los barrios residenciales de Estados Unidos"

En su ensayo "Esas sillas blancas de plástico – El Monobloc y el objeto sin contexto", Zuckerman, quien dirigió el Centro para los Medios Cívicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), lanza una advertencia para los críticos de los objetos como esta popular silla.

"Despreciarlos es un riesgo: los objetos independientes del contexto como la Monobloc han alcanzado una fama mundial que pocos seres humanos podrían siquiera soñar".


  • Paula Rosas
  • Título del autor,BBC News
    29/03/2026
    https://www.bbc.com/mundo/articles/c2lr059pxz4o

sábado, 18 de abril de 2026

El mayor refugio ante la crisis en Europa se hunde: la guerra en Oriente Medio tumba al lujo europeo

 

Perfumes de Guerlain diseñados por Begüm Khan / LVMH.


  • Kering y Hermès se desploman casi un 10% y el sector acumula una caída del 18% en el año
  • El sector, que representa el 5% del PIB de la eurozona, ve amenazada su tradicional resiliencia
  • El desplome del turismo y el consumo árabe golpea las cuentas de firmas como LVMH


El lujo europeo, tradicional refugio ante las crisis en bolsa, se ha desplomado este miércoles tras la presentación de resultados de Kering, LVMH y Hermès. Las tres compañías anticipan un futuro inquietante para las casas de alta gama del Viejo Continente debido a la guerra en Oriente Medio. Los ataques a los hogares de las ricas familias del Golfo, ávidas consumidoras de lujo, junto al deterioro del turismo en mercados estratégicos como China, amenazan a las grandes compañías de moda, que se ha despertado con una caída histórica.

Las dos protagonistas de la jornada son Kering y Hermès. Ambas caen más de un 10% tras unos resultados que no han convencido a los analistas. En el caso de Kering, el pobre desempeño de Gucci, su buque insignia entre la moda italiana, ha arrastrado la cotización tras apuntar el undécimo trimestre consecutivo de caída de ventas. Hermès, aunque ha mantenido robustez en las cuentas del primer trimestre, es una de las casas más afectadas por la guerra en Oriente Medio y la caída del consumo árabe.

El resto de las firmas del lujo han corrido una suerte parecida. LVMH, la tercera protagonista tras presentar cuentas ayer tras el cierre del mercado, ha llegado a retroceder más de un 2%. Al final del día termina la acción plana. Caídas similares se han visto en las cotizaciones de Christian Dior, Richemont, Swatch y Burberry. La española Puig soporta mejor el impacto y solo ha cedido un 0,1%.

La guerra cambia el rumbo

El sector del lujo es uno de los que más está sufriendo la guerra. Desde el estallido del conflicto el 28 de febrero, estas empresas, combinadas en el Europe Luxury Index, marcan caídas del 11,26%. Se trata de uno de los sectores más afectados por el choque entre EEUU e Irán. En cualquier caso, llevan un 2026 realmente complicado y en lo que va de año experimentan caídas del 18,43%. Hasta el comienzo de la contienda, su principal problema era la subida de precio de los metales preciosos y algunos síntomas de desaceleración en la demanda de su principal mercado, China; ahora la situación ha cambiado por completo. A peor.

Esto es preocupante para Europa debido al gran peso que tiene el lujo y sus empresas en el PIB europeo, siendo una de las grandes referencias. Según la Comisión Europea gracias a que empresas como Louis Vuitton, Hermes o Moncler venden en todo el mundo y son líderes del sector, este segmento alcanza el 5% del PIB de la zona euro con unas ventas totales de 985.000 millones de euros.

Es, sin duda, uno de los pilares que sostiene la economía del Viejo Continente y, además, tiene una gran característica como es su resiliencia a las crisis económicas. Cuando hay apuros en la actividad de la región, los más ricos siguen comprando y la demanda se mantiene inalterada… No pasa así con una guerra que cambia por completo su mapa internacional.

Oriente Medio es el mercado de más rápido crecimiento del lujo mientras China y Europa se contraen

En la presentación de este martes, LVMH (Louis Vuitton) advirtió de los problemas que ahora se han visto también en las firmas como Kering o Hermes. En resumen, Oriente Medio representa un 6% de toda la facturación y las ventas se desplomaron un 50%. Sin embargo, en el imperio de los Arnault consiguió aumentar las ventas en otras regiones del mundo y evadir el golpe. La facturación en EEUU creció un 3% y en Asia, un 7%.

Sin embargo, ni siquiera con estas cifras LVMH ha podido evitar perder más de un cuarta parte de su valor en lo que va de año y, principalmente, se debe a la guerra. El turismo es una de las fuentes clave que alimenta al sector del lujo, pues es en estos viajes donde más compras se producen. Además, el sector se está concentrando en Oriente Medio porque la población ultrarrica está migrando en masa a países como Emiratos Árabes Unidos o Catar por las grandes rebajas de impuestos que habían puesto en marcha los últimos años.

Por partes, el ya mencionado Louis Vuitton ha visto como la asistencia a los 'malls', las grandes tiendas físicas que sostienen su imperio, se desplomaron entre un 30% y 50%. En el caso de Hermes estamos hablando de que las ventas en Dubái han colapsado un 40%. Para un negocio tan inelástico como es el lujo, estos movimientos, aunque sean regionales, suponen una amenaza de primer orden.

Más allá del peso específico, Oriente Medio es el mercado de más rápido crecimiento para el sector del lujo y así lo reflejaron las cifras de Bernstein (utilizando datos de 2025). Según esta firma, Oriente Medio marcó un crecimiento del mercado en un rango del 6% al 8%, seguido de Asia, con un 3%-5%. Mientras esto pasa China, su gran mercado cede entre un 8% y 6% al igual que Japón, pues parece que ya ha alcanzado su plenitud y está en un punto de madurez. En Europa las cifras también son declinantes (-3%-1%). Es por ello que la preocupación es máxima ante un conflicto que ha detenido los viajes en el mercado con mayor potencial. Además, potencialmente puede lastrar el turismo a nivel global.

La guerra, además, rompe por completo con las buenas previsiones que auguraban los expertos para el sector del lujo cuando empezaba el año. Tras mucho tiempo de zozobra y dudas (principalmente por China y la economía mundial) parecía que los riesgos macroeconómicos estaban contendidos. Desde BNP Paribas esperaban un crecimiento del 6% del sector que ahora está totalmente en riesgo.


Álvaro Moreno
Julio De Manuel Écija
10:37 - 15/04/2026 Actualizado: 18:37 - 15/04/26
https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/13871510/04/26/el-mayor-refugio-ante-la-crisis-en-europa-se-hunde-la-guerra-en-oriente-medio-tumba-al-lujo-europeo.html

viernes, 17 de abril de 2026

Cómo responde nuestro cerebro ante las opiniones contrarias (y cómo entrenarlo para aprender a escuchar)


Cuando escuchamos una opinión contraria a la nuestra, en el cerebro se activan varias regiones implicadas en manejar el dolor y las amenazas.

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Escuchar una opinión contraria a la nuestra rara vez es una experiencia neutra. Aunque solemos atribuir esta dificultad a factores culturales o personales, la ciencia muestra que tiene raíces profundas en el funcionamiento del cerebro.

Desde la neurociencia sabemos por qué nos cuesta tanto escuchar opiniones diferentes.

El desacuerdo activa sistemas diseñados para detectar conflicto y mantener la coherencia interna.

Esto explica por qué solemos reaccionar con rapidez y, a menudo, con rigidez ante ideas que desafían lo que creemos.

El cerebro detecta conflicto antes de razonar

Cuando escuchamos una idea que contradice nuestra forma de pensar, el cerebro no empieza evaluando argumentos. Primero detecta que hay un conflicto. Una de las regiones implicadas en este proceso es la llamada corteza cingulada anterior o CCA.

Esta estructura actúa como un radar encargado de identificar inconsistencias entre nuestras expectativas y la realidad, así como conflictos entre respuestas o entre creencias. Por lo tanto, la CCA funciona como un "radar de incongruencias".

La evidencia neurocientífica muestra que la CCA forma parte de circuitos implicados tanto en el control cognitivo como en el procesamiento del dolor físico y del dolor social.

Por eso, una opinión contraria puede ser experimentada como algo incómodo o amenazante, incluso cuando no hay confrontación directa.

Junto a la corteza cingulada anterior se activan otras regiones. Una de ellas, la amígdala, está implicada en la respuesta de amenaza. Otra área importante, la ínsula, está relacionada con la percepción del malestar corporal.

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Conocer tu cerebro te puede ayudar a regularlo.

El resultado de este proceso es familiar para todos: nudo en el estómago, tensión corporal y una tendencia a defenderse o cerrar la conversación.

Finalmente entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de funciones como la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.

El coste cognitivo y emocional de integrar otra perspectiva

Aceptar una visión opuesta exige un esfuerzo considerable. El cerebro debe mantener al mismo tiempo dos modelos mentales incompatibles: "lo que yo creo" y "lo que tú dices".

Además, debe compararlos y decidir si alguno debe modificarse. Desde el punto de vista energético, es una operación exigente.

A este esfuerzo se suma la disonancia cognitiva: el malestar que aparece cuando una información amenaza la coherencia de nuestra visión del mundo o de nuestra identidad.

En muchos casos, este malestar no se resuelve escuchando al otro, sino justificando lo que ya pensábamos. Es lo que se conoce como "razonamiento motivado".

Por otra parte, muchas creencias están ligadas a la pertenencia a un grupo.

Cambiar de perspectiva puede ser experimentado, aunque sea de forma inconsciente, como un riesgo social: quedar mal, perder estatus o sentirse excluido.

El cerebro social está especialmente orientado a evitar ese tipo de amenazas.

El estrés dificulta escuchar y pensar con calma

Un factor clave en todo este proceso es el estrés.

Cuando este es elevado o sostenido, el sistema nervioso funciona en modo de alerta, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal para regular emociones y sostener el desacuerdo con calma.

En ese estado, escuchar se vuelve especialmente difícil.

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Cambiar de perspectiva también puede interpretarse como un riesgo social, porque muchas creencias están ligadas a pertenecer a un grupo.

La buena noticia es que estos sistemas son plásticos. Las regiones cerebrales implicadas en el conflicto, la emoción y el control cambian con la experiencia y la práctica.

Escuchar desde la calma se puede entrenar

La dificultad para escuchar opiniones contrarias ha ido ganando presencia en el debate social y cultural. Especialmente en contextos donde las decisiones tienen consecuencias compartidas como en equipos de trabajo, instituciones o espacios de liderazgo.

El desacuerdo mal gestionado suele escalar hacia conflictos interpersonales, bloqueos comunicativos y deterioro del clima emocional.

Se trata de algo muy común en entornos laborales de alta demanda.

Afortunamente podemos entrenar la escucha desde la calma, circunstancia que mejora de forma clara el liderazgo y la toma de decisiones.

Prácticas como el mindfulness o el biofeedback reducen la reactividad automática y aumentan la capacidad de observar el desacuerdo sin responder de forma impulsiva.

Por ejemplo, estudios sobre redes cerebrales en reposo muestran que la práctica sostenida de mindfulness modula redes cerebrales implicadas en regulación emocional y flexibilidad cognitiva.

De este modo se favorecen respuestas más adaptativas ante la discrepancia.

Por otra parte, nuestros proyectos de investigación del grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla han mostrado que entrenar la regulación fisiológica y emocional se asocia con una mayor capacidad para pausar antes de responder, escuchar con menos reactividad y gestionar conversaciones difíciles con mayor claridad.

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El estrés nos hace estar en alerta, por lo que, en dicho estado, se nos dificulta escuchar a otros.

La clave no está en eliminar la incomodidad, sino en aprender a regularla para que no derive en rechazo automático.

Escuchar no significa ceder ni renunciar a los propios valores. Significa sostener la incomodidad el tiempo suficiente para ampliar el marco desde el que decidimos.

En un mundo cada vez más polarizado, la capacidad de escuchar opiniones contrarias es una habilidad neurocognitiva entrenable.

Comprender cómo responde el cerebro al desacuerdo es el primer paso para dejar de reaccionar automáticamente y empezar a responder con mayor calma, claridad y humanidad.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer el texto original.

    • Francisco Manuel Ocaña Campos
    • Título del autor,The Conversation*