lunes, 16 de febrero de 2026

10 edificios y una silla que han hecho inmortal a Frank Gehry

 

El arquitecto Frank Gehry y el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, durante sus conversaciones en 2018 sobre los modelos de expansión del campus de Facebook en Menlo Park en Estados Unidos

El mundo de la arquitectura aún intenta asimilar que Frank Owen Gehry ya no está. El canadiense-estadounidense, fallecido en Santa Mónica el 5 de diciembre de 2025 a los 96 años, fue mucho más que el gran nombre del deconstructivismo: convirtió la arquitectura en un gesto casi musical, hecho de curvas, pliegues y titanio, capaz de cambiar el destino de una ciudad entera. Repasamos los edificios más significativos de un arquitecto brillante.

Nacido en Toronto en 1929 como Frank Goldberg, se trasladó a Los Ángeles en los años 40, donde comenzó a forjar su propio idioma formal, lejos de los dogmas del racionalismo. La pequeña casa que transformó para su familia en Santa Mónica, envuelta en chapa onduladamalla metálica y madera vista, fue ya una declaración de intenciones: un collage irreverente que rompía con la idea de vivienda correcta y anticipaba la arquitectura fragmentada que lo haría famoso.

Gehry trabajó siempre con la curiosidad de un escultor. Usó cartón corrugado para la icónica Wiggle Side Chair, demostró que el mobiliario también podía ser experimental, y abrazó pronto las herramientas digitales, adaptando software aeronáutico para modelar esas formas imposibles que luego se forraban de titanio, vidrio o piedra. Su carrera recibió el espaldarazo definitivo con el Premio Pritzker en 1989, que lo consagró como uno de los grandes innovadores del siglo XX.

El Guggenheim Bilbao fue el punto de inflexión. Aquella nube de escamas metálicas reflejada en la ría no solo regaló a Bilbao un icono reconocible en todo el planeta; inauguró el llamado "efecto Bilbao", la demostración de que un edificio cultural podía catalizar la transformación urbana, económica y emocional de una ciudad. Después llegarían la Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles, con sus velas de acero desplegadas como un barco sonoro, y la Fondation Louis Vuitton en París, un conjunto de "velas" de vidrio que parece a punto de echarse a navegar sobre el Bois de Boulogne.

Barack Obama, al entregarle la Medalla Presidencial de la Libertad, resumió bien su legado: los edificios de Gehry, anclados al suelo, son capaces de elevarnos el espíritu y ampliar nuestros horizontes.

1. Museo Guggenheim, Bilbao (España)


En Bilbao el legado de Frank Gehry se materializa en el Guggenheim, quizá su edificio más emblemático. Levantado entre octubre de 1993 y octubre de 1997 sobre antiguos muelles industriales, el museo parece una gigantesca escultura de titanio, vidrio y piedra que se abre como una flor metálica junto a la ría. Sus volúmenes curvos envuelven el Puente de La Salve y se integran en la ciudad sin imponerse, convirtiéndose en nuevo icono urbano. En el interior, un atrio bañado por la luz organiza tres niveles de galerías de formas ortogonales y orgánicas, capaces de acoger desde piezas íntimas hasta instalaciones monumentales como La materia del tiempo, de Richard Serra.

2. Walt Disney Concert Hall, Los Ángeles (EE.UU.)


En pleno corazón de Los Ángeles, el Walt Disney Concert Hall (2003) condensa como pocos edificios el universo de Frank Gehry. Concebido como nueva sede de la Filarmónica de Los Ángeles, nació con una ambición clara: ser una de las salas de conciertos más sofisticadas del mundo y, al mismo tiempo, un lugar íntimo donde la música se sienta casi al alcance de la mano.

Impulsado por la visión y la generosidad de Lillian Disney, la familia Disney y numerosos mecenas, el proyecto regaló a la ciudad no solo una acústica excepcional, sino también un icono urbano reconocible en todo el planeta. Sus famosas curvas de acero inoxidable, que parecen desplegarse como un instrumento gigante, envuelven un auditorio cálido revestido de madera, pensado al milímetro para que cada nota llegue limpia y envolvente al público. En sus 1,4 hectáreas, el edificio captura la esencia de Los Ángeles: una mezcla de energía, riesgo creativo y amor por el espectáculo.

3. Fundación Louis Vuitton, París (Francia)


Desde su inauguración en 2014, la FundaciónLouis Vuitton se ha convertido en una de las obras más poéticas de Frank Gehry. El edificio se levanta como una gran nave de cristal en medio del Bois de Boulogne: 12 velas de vidrio curvo envuelven volúmenes blancos, los "icebergs", que parecen flotar sobre un estanque. La luz es la verdadera materia del proyecto: se filtra, se refleja y se fragmenta en las superficies acristaladas, de modo que el edificio cambia de rostro con cada hora del día y con cada estación.

En el interior, una sucesión de galerías, pasarelas y terrazas crea un recorrido casi cinematográfico, en el que el visitante alterna arte, vistas al jardín y panorámicas de París. Más que un simple contenedor de exposiciones, la Fundación Louis Vuitton funciona como una gran escultura habitable, un mirador urbano que resume como pocos la obsesión de Gehry por la luz, el movimiento y las formas libres.

4. Vitra Design Museum, Weil am Rhein (Alemania)


El Vitra Design Museum (1989) fue la primera obra de Frank Gehry en Europa y, pese a su escala contenida, se ha convertido en uno de sus edificios más influyentes. En lugar de un simple almacén para la colección de sillas de Vitra, Gehry imaginó una pequeña escultura habitable: un collage de volúmenes blancos, con torres, rampas, cubos… que se entrelazan en un juego de curvas y aristas, casi como una maqueta en movimiento congelada en el paisaje de Weil am Rhein.

En el interior, unos 700 metros cuadrados de salas se organizan en dos plantas, atravesadas por la luz que entra desde grandes lucernarios y ventanales en cubierta. Cada giro del recorrido abre una nueva perspectiva sobre las piezas expuestas y sobre la geometría del propio edificio. Más que un simple contenedor, el Vitra Design Museum es un manifiesto temprano del deconstructivismo de Gehry: compacto, experimental y sorprendentemente lírico.

5. El Museo Puente de Vida, Ciudad de Panamá (Panamá)


Más conocido como Biomuseo (2014), es la gran declaración de Frank Gehry en Panamá: un estallido de tejados multicolor sobre la punta de la calzada de Amador, justo donde el Pacífico se encuentra con la entrada del Canal. Lejos de la sobriedad museística al uso, el edificio se fragmenta en volúmenes bajos y angulosos que parecen surgir de la tierra tropical, rematados por enormes cubiertas metálicas en rojo, amarillo, azul o verde que se cruzan como hojas al viento.

En el corazón del conjunto, un gran atrio exterior elevado actúa como plaza pública cubierta, protegida de la lluvia y abierta a las vistas de la bahía y la ciudad. Desde allí se accede a las galerías dedicadas a contar la historia geológica y la extraordinaria biodiversidad de Panamá, mientras el parque que rodea el edificio prolonga el relato con senderos y estaciones educativas entre la vegetación autóctona. Un museo-paisaje donde arquitectura, naturaleza y divulgación van de la mano.

6. Facebook Campus Expansion, Menlo Park (EE.UU.)


En Menlo Park, Frank Gehry llevó su lenguaje a un terreno distinto: el de la oficina-campus para Facebook. El encargo, en 2018, partía de una idea muy clara de Mark Zuckerbergun edificio pensado para ingenieros que viven de probar, equivocarse y volver a empezar. Gehry respondió con una enorme nave casi diáfana, más cercana a un "gran almacén creativo" que a una sede corporativa al uso. Sin despachos, con mesas que se mueven según los equipos cambian de proyecto, rincones con sofás y pizarras y una constelación de micro-cocinas, el espacio fomenta la colaboración constante. Por fuera, el volumen se integra en el paisaje de Menlo Park y se remata con un jardín en la azotea, plantado como un pequeño parque elevado. Un edificio de aspecto deliberadamente crudo y eco-consciente que convierte la cultura de la empresa en arquitectura habitable.

7. Torre Beekman, Nueva York (EE.UU.)


En el skyline del Bajo Manhattan, la torre residencial de Gehry -conocida como New York by Gehry- se estira desde el año 2010 hasta los 265 metros y 76 plantas convirtiéndose en uno de los rascacielos de viviendas más altos de la ciudad. Su base de mampostería color terracota acoge una escuela pública, un centro ambulatorio vinculado al New York Downtown Hospital, accesos residenciales, un pequeño espacio comercial y aparcamiento subterráneo. Sobre ese podio "terrenal" despega la verdadera escultura: una piel de acero y vidrio que se arruga y ondula, haciendo que cada planta, y por tanto cada uno de los 903 apartamentos, tenga una geometría distinta. Los pliegues del muro cortina moldean las estancias y, al mismo tiempo, capturan la luz y el reflejo de los edificios cercanos, cambiando de aspecto a lo largo del día. Dos plazas públicas ajardinadas completan el conjunto, conectando este icono vertical con la vida a pie de calle.

8. Dancing House, Praga (República Checa)


La Casa Danzante es una de esas obras de Frank Gehry que parecen dibujadas a mano alzada sobre la ciudad. Levantada en la ribera del Moldava, en pleno Rašín Embankment de Praga, fue diseñada junto al arquitecto croata-checo Vlado Milunic y terminada en 1996. Sobre la estrecha parcela bombardeada en 1945 (junto al edificio donde vivía Václav Havel, que impulsó el proyecto), el dúo ideó un volumen doble que prontorecibió el apodo de Ginger & Fred: una torre de cristal curvada que baila abrazada a otra más vertical y sobria de hormigón.

El resultado es un pequeño manifiesto deconstructivista que rompe la rigidez del frente histórico de fachadas neobarrocas y art nouveau, pero sin desentonar con él. Hoy el edificio alberga oficinas, hotel, galería y el restaurante Ginger & Fred en la última planta, con vistas privilegiadas al río y al Castillo de Praga. Más que una extravagancia, la Dancing House se ha convertido en símbolo de la Praga contemporánea: una ciudad que se atreve a bailar, arquitectónicamente hablando, con el siglo XXI.

9. Museo de Arte Weisman, Minneapolis (EE.UU.)


En el campus de la Universidad de Minnesota, asomado al río Misisipi como un faro plateado, el Weisman Art Museum es una de las primeras obras icónicas de Frank Gehry en Estados Unidos. Por un lado, el que mira al campus, se viste con una fachada de ladrillo que dialoga con el resto de edificios universitarios; por el otro, el que se asoma al río, estalla en un torbellino de volúmenes curvos y aristas de acero que recuerdan una cascada y la silueta de un pez. Ese contraste resume a la perfección el espíritu del museo: sobrio contenedor académico hacia dentro, escultura brillante y cambiante hacia la ciudad. Inaugurado en 1993 y ampliado en 2011, el edificio ha ganado nuevas salas que permiten mostrar mejor su colección de arte estadounidense, cerámica y mobiliario coreano, pero sigue siendo, ante todo, un experimento luminoso sobre cómo un museo universitario puede convertirse también en un icono urbano.

10. Guggenheim, Abu Dhabi (UAE)


En la que será la última gran obra de Frank Gehry, el Guggenheim Abu Dhabi se levanta poco a poco en Saadiyat Island como un gigantesco collage de volúmenes que parecen chocar entre sí sobre la arena. Concebido para convertirse en el mayor de los museos Guggenheim, con unos 42.000 m² de superficie, el edificio combinará galerías de distintas alturas y estilos con un centro de arte y tecnología, áreas educativas para niños, archivo, biblioteca y laboratorios de conservación. Sus formas entrelazadas de hormigón, acero y piedra, pensadas como una reinterpretación contemporánea de los patios cubiertos y torres de viento tradicionales, juegan con la luz del desierto y el reflejo del mar. Aunque la inauguración se ha ido posponiendo y la fecha definitiva sigue sin anunciarse, las imágenes de la obra casi terminada permiten intuir un futuro icono cultural para Abu Dabi y el legado póstumo más monumental de Gehry.

11. Wiggle Side Chair (1972)


Gehry también ha dejado su huella en el diseño de productos, sobre todo con la Wiggle Side Chair. En los años 70, cuando nadie miraba al cartón más allá de las cajas de embalaje, Frank Gehry decidió convertirlo en diseño culto. Así nació la Wiggle Side Chair (1972), quizá la pieza más famosa de su serie Easy Edges. Construida a base de capas de cartón ondulado prensado, dibuja una silueta sinuosa casi escultórica que, sin embargo, sorprende por lo cómoda y robusta que es. Su perfil en S parece un garabato hecho volumen, un gesto que condensa muy bien la actitud de Gehry: experimentar con materiales humildes, romper lo esperado y demostrar que un objeto cotidiano puede convertirse en icono del diseño del siglo XX.



domingo, 15 de febrero de 2026

Ninguna ciudad española entre las 20 con más multimillonarios del mundo

 

Times Square, en Nueva York, la ciudad con más multimillonarios del mundo


  • Nueva York lidera la clasificación seguida de lejos por Hong Kong y Moscú
  • Entre las 20 ciudades con más súper ricos hay 5 chinas y 4 estadounidenses
  • La India suma dos ciudades y también figura Taipéi, la capital de Taiwán



Entre las 20 ciudades con mayor número de multimillonarios del mundo no hay ninguna urbe española. Un nuevo análisis de Visual Capital clasifica las 20 ciudades más importantes del mundo según la cantidad de residentes multimillonarios que habitan en ellas y son China y Estados Unidos los países que más ciudades acumulan, con 5 y 4, respectivamente.

La lista de Visual Capital, que toma como referencia la lista de multimillonarios globales de Forbes para realizar el análisis, está encabezada por la ciudad estadounidense de Nueva York, que acumula 109 multimillonarios. Le siguen de lejos Hong Kong (China) y Moscú (Rusia), con 74 y 73, respectivamente.

El dominio de Nueva York refleja su liderazgo en el sector financiero durante las últimas décadas, los flujos globales de capital y la alta concentración de empresas de inversión, patrimonio inmobiliario y sedes corporativas.

Ninguna otra ciudad del mundo puede igualar la densidad de multimillonarios de Nueva York. Ni siquiera Hong Kong, que ocupa el segundo lugar, ya que tiene 74 multimillonarios, 35 menos que la gran urbe de EEUU.



La capital de Rusia, Moscú, ocupa el tercer lugar, con 73 multimillonarios, solo uno menos que Hong Kong. A pesar de haber invadido Ucrania y mantener una guerra que se prolonga ya desde hace casi cuatro años.

España no tiene representación en el listado y para encontrar una ciudad europea, que no de la UE, tenemos que fijarnos en el puesto 6, donde se encuentra Londres. La siguiente es París, en el puesto 16, y la tercera y última urbe europea entre los primeros 20 puesto de la lista es Milán. La ciudad del norte de Italia se sitúa en el puesto 19.

En la lista destacan también las ciudades asiáticas y entre ellas la India se hace notar. Visual Capital destaca la creciente concentración de riqueza en el continente asiático, donde Hong Kong, Bombay, Pekín, Shanghái, Singapur y Shenzhen cuentan con multimillonarios entre los 10 primeros.

La India está presente con Bombay y Nueva Delhi, que representan la creciente clase multimillonaria del país más poblado del mundo. Estas ciudades se benefician de un rápido crecimiento económico, un amplio mercado interno y la solidez de sus sectores tecnológico y manufacturero.


https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13731291/01/26/ninguna-ciudad-espanola-entre-las-20-con-mas-multimillonarios-del-mundo.html

sábado, 14 de febrero de 2026

Qué extrañas pistas de nuestra civilización hallará quien explore la Tierra cuando ya no existamos


Si en el futuro remoto, algún ser quisiera saber cómo fue nuestra civilización, ¿qué rastros encontraría?

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Fragmentos de un mineral llamado pirita de hierro hallados donde eran raros y una fina capa de arcilla de color rojo, junto con mucho trabajo, investigación y conocimiento acumulado, recientemente cambiaron el eje cronológico de la evolución humana.

Los hallazgos revelaron que uno de los momentos fundamentales de nuestra historia, aquel en el que aprendimos a controlar el fuego, ocurrió 350.000 años antes de lo que se pensaba.

El descubrimiento nos recuerda que, con el paso del tiempo, hasta lo crucial puede extraviarse, y es una muestra de cómo los rastros que quedan son a veces la única esperanza de que en el futuro se pueda imaginar lo que fue.

¿Qué quedará de nuestra civilización cuando ya no existamos?

Si, como hacen los científicos ahora, algún ser del futuro lejano explorara la Tierra, ¿cómo podría saber que estuvimos aquí?

Eso se preguntó Steve, oyente del programa CrowdScience de la BBC, inspirado por el famoso poema de Percy Bysshe Shelley "Ozymandias", que llama a reflexionar cómo hasta lo más magnífico y colosal es insignificante ante el fluir irrefrenable del tiempo.

De los dinosaurios, por ejemplo, hemos encontrado fósiles, aunque se extinguieron hace unos 65 millones de años tras vivir en la Tierra durante unos 165 millones de años... ¿habrá oportunidad de que hallen fósiles nuestros?

"El problema con los fósiles es que la mayoría de las cosas no se fosilizan; solo una pequeña fracción de la vida terrestre se ha fosilizado", señala el astrofísico Adam Frank, de la Universidad de Rochester, en EE.UU.

Efectivamente, se estima que menos de una décima parte del 1% de todas las especies que han vivido se han convertido en fósiles.

Aún más bajas son las posibilidades de que, así algunos nos convirtamos en fósiles, nos encuentren.

Sin embargo, no es imposible, apunta Paul Davis, curador de geología en el Museo de Lyme Regis, en la Costa Jurásica inglesa.

"Los fósiles pasan por un proceso de transformación de ser vivo a, en esencia, piedra.

"Los huesos o las conchas se van modificando lentamente, a través de millones de años de agua, productos químicos y minerales fluyendo a través de los sedimentos y rocas en los que están incrustados".

Los humanos, agrega, tenemos a nuestro favor el contar con partes duras, como los huesos y los dientes.

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Fósiles de amonites con capa de concha iridiscente intacta, del período Jurásico, hace de 144 a 208 millones de años, halladas en Lyme Regis, Reino Unido.

Para potenciar la posibilidad de convertirse en fósil, "lo mejor es que te entierren en el mar, en algún lugar de una buena cuenca donde se depositen sedimentos muy finos y haya suficiente profundidad para que las aguas no sean muy ricas en oxígeno".

No obstante, insiste, "las probabilidades de que los humanos se conviertan en fósiles serán escasas, como ocurre con la mayoría de la vida a lo largo del tiempo geológico".

Entonces, ¿dejaremos huella?

Los paleontólogos Jan Zalasiewicz y Sarah Gabbott, de la Universidad de Leicester (Reino Unido), argumentan que sí, que ya la imprimimos y que además es indeleble.

Los dos científicos escribieron un libro llamado "Discarded" (Desechados, 2025) en el que afirman que los tecnofósiles serán nuestro legado definitivo.

La edad del pollo

Los humanos modernos (Homo sapiens) hemos existido una fracción muy pequeña de la historia de la Tierra -apenas unos 300.000 años de los ~4.540 millones de años del planeta-, y al parecer somos los artesanos de nuestra propia destrucción.

Pero así nuestra existencia termine siendo poco más que un pequeño parpadeo perdido en un gran periodo geológico, Zalasiewicz considera que seremos como otro parpadeo que tuvo un enorme efecto: "El gran meteorito que acabó con los dinosaurios. En este caso, nosotros somos el meteorito".

Puede que no seamos la inmensa roca que chocó con la Tierra y eliminó especies, pero estamos interfiriendo con ellas de otras formas sorprendentes.

"Al causar la extinción o transportar animales y plantas, hemos alterado el camino de la evolución biológica, por lo tanto, hemos alterado el patrón del registro fósil, y eso va a aparecer", dice el paleontólogo.

"Basándose en eso, nuestros exploradores del lejano futuro se preguntarán qué pasó y por qué. Y van a centrarse en la capa donde empezó todo: la nuestra".

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Quizás se preguntarán: "¿Por qué tantos pollos?".

Zalasiewicz se refiere a los estratos en la Tierra, capas de roca, sedimento o suelo que se acumulan a lo largo del tiempo como las páginas de un libro, mostrando la historia geológica del planeta, donde las capas más profundas son las más antiguas.

La composición química de esas capas indica qué procesos físicos estaban ocurriendo en ese momento.

Una de las cosas que encontrarían esos paleontólogos futuros es el resultado del gran impacto que los humanos hemos tenido en otros animales.

Cuando no los transportamos de un rincón del mundo a otro, elegimos ganadores y perdedores, señala Gabbott.

"Hoy en día, solo el 4% de los mamíferos son salvajes. El otro 96% somos nosotros o los animales que criamos para comer. Así que hemos cambiado por completo la diversidad de la vida.

"Fíjate en los pollos. Matamos 75.000 millones de pollos cada año. Y los pollos representan dos terceras partes de la biomasa de aves en la Tierra... ¡dos terceras partes son pollos!".

Así que esos científicos del futuro remoto, al examinar los estratos de toda la historia de la Tierra en busca de rastros de alguna civilización posiblemente se preguntarán: ¿Por qué hay tantas aves parecidas? ¿Y por qué morían en masa?

Cenizas y parqueaderos

Así como nuestra habilidad de controlar el fuego, otras formas de generar calor y energía ya han dejado y siguen dejando huellas que los futuros paleontólogos podrían notar.

Entre ellas, residuos mortales que tenemos que enterrar profundamente bajo tierra, los nucleares, "unos de los pocos que realmente hemos pensado profundamente sobre cuánto tiempo van a durar, aunque seguimos dejando la solución del problema para más adelante", resalta Gabbott.

Y luego están las minas de carbón gigantes, presas enormes y huellas menos directas.

"Un rastro que ya hemos dejado tras la quema de enormes cantidades de carbón, petróleo y gas es la ceniza que ha subido a la atmósfera como humo y contaminación", señala Zalasiewicz.

"Se llaman partículas carbonáceas esféricas. Son trozos muy pequeños de carbono sin quemar. Son realmente, realmente robustas. Son indigeribles y simplemente se quedan ahí como una capa dentro de los estratos.

"En un futuro lejano, los paleontólogos podrán encontrar esos pequeños restos de ceniza rica en carbono fósil de manera muy similar a como ahora encontramos habitualmente esporas fósiles de polen en estratos: tomas un poco de roca, la disuelves, miras los restos bajo el microscopio y, voilà, habrá unos trozos de ceniza volante únicos. No hay nada igual en el registro geológico".

Entonces, las huellas químicas en las rocas nos delatarán en el futuro. ¿Pero, no perdurarán rastros más concretos? ¿Un poco de cultura quizás?

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¿Qué quedará de tanta belleza?

"Si tienes una ciudad, como Venecia, Nueva Orleans o Shanghái, que se están hundiendo, eventualmente empezarán a cubrirse por capas de arena y barro. Los edificios en ruinas quedarán en muy mal estado; se convertirán en una capa de escombros.

"Pero lo que está debajo de eso -aparcamientos subterráneos, sistemas de alcantarillado y demás-, estará mucho mejor conservado, simplemente porque tendrán una capa de suelo, sedimento, barro y arena encima, y se convertirán en estratos", anticipa el paleontólogo.

Mmm... poco romántico. Aunque quizás quede algo de las obras de arte que varios museos almacenan en sus bodegas subterráneas.

Y tal vez otras pistas les permitirán sospechar al menos que fuimos creativos.

"Creo que dirán que éramos tecnológicamente avanzados porque hemos combinado elementos y materiales de formas muy imaginativas", supone Gabbott.

"Además hemos creado muchísimos materiales nuevos: hay unos 5.200 minerales que se encuentran de forma natural en el planeta; los humanos hemos producido artificial y sintéticamente 300.000 minerales nuevos".

Esa manipulación del entorno, ya sea fabricando nuevos materiales, quemando combustibles fósiles o interfiriendo con otras especies, nos hará detectables durante mucho tiempo.

¿Habrá alguna idea de cuánto?

Dinosaurios... de juguete

Es muy difícil probar cuánto durarán nuestras cosas, explica Gabbott.

"Lo que podemos hacer son experimentos en el laboratorio, y yo hago muchos, en los que básicamente asalto un material con temperaturas o presiones altas, o a veces, luz ultravioleta muy fuerte, para acelerar artificialmente su descomposición.

"Esos experimentos son útiles, pero realmente no nos dicen cuánto van a durar las cosas, por eso buscamos análogos en el registro fósil.

"Por ejemplo, tenemos hojas fósiles de hace cientos de millones de años. El papel está hecho de celulosa, que es lo mismo que las hojas. Así que usamos eso como análogo para afirmar que el papel, en el entorno adecuado, probablemente podría durar cientos de millones de años", ilustra la experta.

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¿Creerán que son íconos adorados por fieles de una religión desconocida?

Ahora, si tuviera que calcular durante cuántos millones o miles de millones de años en el futuro seguirán presentes nuestras huellas, ¿cuál sería su mejor estimación?

¿Durante cuánto tiempo cree que los paleontólogos podrían mirar atrás y ver que existimos?

"Mi apuesta sería hasta el fin del planeta, honestamente", responde.

"Piensa que la Tierra tiene 4.500 millones de años y tenemos rocas de 4.000 millones de años que contienen grafito. Así que, el grafito en forma de lápiz podría durar 4.000 millones de años.

"Y el plástico va a durar muchísimo".

Así que esos exploradores del futuro posiblemente encontrarán, enterrados en algunos estratos del suelo, lápices y bolígrafos...

...y hasta cosas que quizás los confundan, como las figuritas de plástico con forma de dinosaurios que quizás puedan sobrevivir más tiempo que los fósiles de los animales que sirvieron de modelo.

"Potencialmente, sí podría pasar pues los fósiles de dinosaurios son materiales biológicos. Así que el hueso de los dinosaurios remineralizado probablemente podría durar cientos y cientos de millones de años, pero no estoy segura de si miles de millones de años, porque realmente no tenemos un caso de prueba para eso.

"Los dinosaurios de plástico con los que juegan los niños, por su parte, si acabaran enterrados en sedimentos en el fondo del océano, podrían durar más que un hueso real de dinosaurio".

Quién sabe cómo los paleontólogos del futuro lejano interpretarían la presencia de objetos con la forma de esos gigantes extintos.

Al fin y al cabo, ayer, hoy y mañana -por distante que sea ese mañana-, lo que hacen los científicos que exploran el pasado es imaginárselo a partir de las pocas piezas que logran hallar de un rompecabezas inmenso.

Este artículo está basado en el episodio "How long will traces of our civilisation last?", realizado por Caroline Steel y Sam Baker, de la serie del Servicio Mundial de la BBC CrowdScience.

  • BBC News Mundo
  • Título del autor,Redacción *
    17/01/2026
    https://www.bbc.com/mundo/articles/c20kjzn1kl3o