
- Tras años como fuerza deflacionista, el precio de la tecnología empieza subir
- Desde JP Morgan aseguran que el contagio en la tecnología es ya total
- Por si fuera poco, los precios de exportación también suman a la inflación global
Cuando la inflación sube (como lo hace en estos momentos), se tiende a pensar, lógicamente, en el petróleo, los combustibles, otras materias primas, los alimentos, bienes como los coches... De hecho, en los últimos años las subidas de precios han estado lideradas y protagonizadas de forma directa o indirecta por estos productos. En el lado opuesto, tradicionalmente había algunos rincones de la economía global que ayudaban a amortiguar esa subida de precios. Los dos primeros que se vienen a la cabeza casi de forma automática son la tecnología (lleva años siendo una fuerza desinflacionaria) y China (donde sus fábricas han mantenido a raya los precios de forma tan férrea que han estado a punto de meter a la economía en una espiral deflacionista). Hoy, la situación parece algo más grave. Los factores que suelen impulsar la inflación lo están haciendo (petróleo, alimentos...) y con cierta intensidad. Lo peor (lo más preocupante) es que esos dos rincones de la economía donde los precios no subían están dando un giro rápido y potente que amenaza con desatar una oleada de inflación global peor que la que ya se está experimentando. Los bancos centrales deberían empezar a tomar nota.
La tecnología, que durante décadas había funcionado como una formidable máquina de abaratar productos, y China, convertida en los últimos años en exportadora de deflación al resto del planeta, están empezando a empujar los precios en la dirección contraria, hacia arriba, lo que podría agravar el ciclo alcista de inflación que sufre en la actualidad Europa y EEUU. Los economistas de JP Morgan detectan ya este cambio de régimen y advierten de que el boom inversor asociado a la inteligencia artificial está trasladándose desde los chips y los centros de datos hasta los precios que pagan empresas y consumidores. "El aumento de los precios tecnológicos ya es muy real e inmediato", sentencian los analistas del banco. Los primeros números ya respaldan la advertencia.
¿Qué pasa en la tecnología?
La tecnología llevaba prácticamente dos décadas ejerciendo una presión estructural a la baja sobre la inflación. Ordenadores, memoria, almacenamiento y buena parte de la electrónica ofrecían cada vez más prestaciones por un precio igual o inferior. De hecho, muchos expertos atribuían el descenso de la productividad en las estadísticas a ese fenómeno. Se producían cada vez mejores bienes tecnológicos a un precio menor. Como el PIB es un indicador monetario, la tecnología podía estar rebajando de forma artificial la productividad. Ahora que la productividad empieza a resurgir justo coincide con que la tecnología sube de precio, ¿casualidad? Dejaremos que los economistas resuelvan el enigma dentro de unos años.
El índice de precios tecnológicos elaborado por JP Morgan ha pasado de caer a un ritmo medio del 2,5% anual durante 2024 y 2025 a subir un 2,5% interanual en julio, mientras que la velocidad de crucero de los últimos tres meses se ha acelerado hasta el 7% anualizado. El banco espera que la inflación tecnológica continúe escalando hasta alcanzar aproximadamente el 5% interanual en el primer trimestre de 2027. El fenómeno, además, no está localizado. El ritmo trimestral anualizado ha alcanzado el 13% en Corea del Sur y el 18% en Indonesia, mientras que se mueve entre el 5% y el 6% en Japón y la zona euro y ronda el 10% en Reino Unido y Canadá.
La cuestión es que detrás de esta inflación está precisamente una tecnología de la que se espera todo lo contrario a largo plazo. La inteligencia artificial debería elevar la productividad, permitir producir más con los mismos recursos y terminar reduciendo los costes laborales unitarios. JP Morgan no niega esa posibilidad, pero avisa de que ese futuro desinflacionista todavía tiene que llegar mientras que la factura del gigantesco despliegue de la IA ya está aquí (hay que jugar con las cartas que se tienen hoy en la mesa no con las que esperas que te toquen después). Los hiperescaladores están gastando cientos de miles de millones de dólares en centros de datos y capacidad de computación, disparando simultáneamente la demanda de semiconductores, servidores, equipos eléctricos y trabajadores especializados. "La oferta no ha seguido el ritmo, empujando al alza los costes tecnológicos", explican los analistas. Y una parte creciente de esa factura está comenzando a pasar de las empresas al consumidor.
El epicentro del problema está en la memoria. La construcción de centros de datos requiere enormes cantidades de procesadores avanzados y memoria DRAM de alto ancho de banda, mientras que la expansión de la infraestructura digital también está absorbiendo almacenamiento NAND (un nuevo tipo de almacenamiento). La industria se encuentra así compitiendo por unos componentes cuya capacidad productiva no puede ampliarse a la misma velocidad.
Chips, memoria, teléfonos
Según recoge JP Morgan, los principales fabricantes de memoria estarían ya completamente vendidos hasta 2027. Los precios de la DRAM han aumentado un espectacular 280% durante el último año y los analistas de renta variable del banco esperan otro incremento del 33% entre mediados de 2026 y mediados de 2027. Si sus previsiones se cumplen, a finales de este año la DRAM costará más de un 400% más que en 2024, "revirtiendo una tendencia de décadas de caída de los costes de los componentes tecnológicos". La memoria NAND tampoco escapa al fenómeno y JP Morgan espera otro encarecimiento del 21%.
La inflación está recorriendo además la cadena de suministro exactamente en el orden que cabría esperar. Primero suben los semiconductores producidos en las grandes economías tecnológicas asiáticas, después esos costes aparecen en los precios de importación y producción y finalmente llegan a las tiendas en los dispositivos electrónicos y todo tipo de tecnología.
Los precios estadounidenses de importación de ordenadores, periféricos y semiconductores aumentaron en julio un 31% trimestral anualizado y un 17% interanual, llevando la inflación de los bienes de capital importados hasta el 6,5%, su mayor ritmo desde finales de los años ochenta. Los ordenadores personales y periféricos que compra el consumidor estadounidense registran ya su mayor incremento de precios fuera del extraordinario episodio inflacionista de 2021 y 2022. "El aumento de los costes de los semiconductores impulsado por la IA se está trasladando cada vez más a los precios finales al consumidor", constatan los expertos de JP Morgan.
Para colmo, no solo la tecnología. Durante mucho tiempo China ha sido esa gran fábrica con una mano de obra infinita y unos costes laborales que parecían que nunca iban a subir. China producía en cantidades industriales y exportaba a precios de derribo al mundo. Ahora, China también empieza a dejar de ser esa gigantesca fábrica de deflación. La debilidad de su demanda interna, el exceso de capacidad industrial y la feroz competencia entre fabricantes habían provocado una caída generalizada de los precios de exportación chinos incluso mientras aumentaban las tensiones arancelarias con EEUU. Pero los analistas de JP Morgan advierten de que "ahora están actuando fuerzas diferentes". Los precios de exportación de los semiconductores chinos se han disparado al mismo tiempo que los del resto de Asia y el encarecimiento se extiende a algunos de los sectores que China domina industrialmente, como los vehículos eléctricos, las baterías y las células solares. La consecuencia resulta especialmente llamativa. La inflación agregada de los precios de exportación chinos ha superado ya los máximos registrados durante la pandemia.
Esto no significa que toda la maquinaria exportadora china se haya vuelto inflacionista. Fuera de la tecnología, los vehículos eléctricos, las baterías y otros sectores relacionados, JP Morgan reconoce que las presiones sobre los precios continúan siendo débiles. Pero basta con que esos gigantescos sectores compensen una parte de la deflación del resto para cambiar el papel que China desempeña en la economía mundial. Los precios de importación de productos chinos que registran sus socios comerciales ya muestran esa transformación. "China está ejerciendo un menor lastre sobre la inflación mundial de bienes que en los últimos años", señalan los economistas del banco. La tecnología está compensando cada vez más la debilidad del resto de la cesta exportadora y supone "un cambio notable respecto a la deflación generalizada de los precios de exportación que caracterizó buena parte de los últimos tres años".
Por ahora, el peso directo de este fenómeno sobre los índices generales continúa siendo relativamente reducido, pero empieza a dejar de ser irrelevante. La cesta tecnológica que utiliza JP Morgan representa aproximadamente el 2,8% del IPC general y el 3,7% de la inflación subyacente mundial. El giro desde la deflación hacia las subidas de precios ha hecho que la tecnología pase de restar alrededor de una décima a la inflación subyacente interanual durante 2024 y 2025 a añadir aproximadamente una décima actualmente.
En las economías desarrolladas, donde la inflación tecnológica avanzaba en julio a un ritmo trimestral anualizado del 7,3%, ya aporta aproximadamente tres décimas a la inflación subyacente. JP Morgan calcula que el impacto acumulado sobre la inflación subyacente interanual mundial podría alcanzar unas tres décimas en la primera mitad de 2027. Todo ello con el petróleo al alza, el diésel escaseando y cada vez más caro, mientras que el precio de los alimentos también parece animarse.
El peligro es que el fenómeno no termine en los aparatos electrónicos. Hasta ahora la historia de la inflación de la IA es fundamentalmente una historia de hardware, pero los primeros síntomas comienzan a extenderse hacia los servicios de telefonía e internet y, con el tiempo, podrían alcanzar al software y las suscripciones digitales. Las empresas están incorporando cada vez más funciones de inteligencia artificial que necesitan una capacidad de computación extraordinariamente cara y alguien terminará pagando esa factura.
A todo ello, aunque queda fuera de lo que pretendía este artículo, cada vez hay más expertos que ven en los alimentos otra nueva oleada de inflación. Esta quizá era más esperada, pero por esperada no deja de ser preocupante. "Creo que el próximo choque de oferta afectará a los alimentos", afirmba Marie-Anne Allier, cogestora de activos en Carmignac a la agencia Bloomberg hace unos días. "No creo que el mercado lo esté descontando actualmente, sobre todo porque prevemos que será un proceso lento pero persistente".
El mundo se encuentra así ante un cambio tan pequeño en apariencia como trascendental en sus implicaciones. Dos de los grandes motores desinflacionistas de las últimas décadas están perdiendo fuerza simultáneamente. China ya exporta menos deflación y la tecnología empieza directamente a exportar inflación. JP Morgan espera que esta presión continúe aumentando hasta mediados de 2027 antes de moderarse gradualmente. La IA quizá termine siendo una revolución desinflacionista gracias a la productividad, pero antes de llegar a ese prometido futuro está provocando algo mucho más prosaico. Construirla se está volviendo extraordinariamente caro.
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14016518/09/26/la-inflacion-irrumpe-con-violencia-desde-dos-escondrijos-de-la-economia-que-nadie-vio-venir-por-que-los-precios-de-la-tecnologia-y-de-china-resurgen-justo-ahora.html



