viernes, 16 de octubre de 2026

La economía de Europa no para de perder peso en el PIB global, pero los cinco países más ricos del mundo son europeos y eso no va a cambiar en muchos años

 

Una persona camina frente a un mural con la bandera de la UE. Foto de Alamy.


  • De los 10 países más ricos del mundo, ocho son europeos
  • Además, dos de ellos pertenecen a la 'maltrecha' zona euro
  • Si se analiza el PIB en PPA, Europa no se ha distanciado de EEUU


La economía de Europa se ha convertido en las últimas dos décadas es una especie de 'enfermo' económico. Buena parte de economistas o expertos han utilizado a la Unión Europea como diana para sacar a relucir los fallos que estarían llevando a la que fue la región más próspera del mundo durante mucho tiempo a la decadencia. Exceso de regulación, conformidad, envejecimiento, un Estado de Bienestar que absorbe cada vez más recursos y expulsa la inversión privada... son muchos los factores que han podido contribuir al estancamiento de Europa. Pero todo ello no debe hacer olvidar que este continente sigue estando entre los más ricos del mundo, con una calidad de vida muy elevada, una esperanza de vida que es de las más altas del globo y donde todavía se encuentran los cinco países más ricos del mundo por renta per cápita. El que tuvo retuvo (dice el refrán), eso es lo que pasa con la economía de Europa.

El continente ha perdido protagonismo tecnológico, sus grandes empresas apenas participan en la revolución de la inteligencia artificial y el crecimiento de la productividad parece haberse quedado rezagado frente al de EEUU. Cuando se analiza el peso de la Unión Europea en el PIB global no hay duda. En 1980, la Unión Europea (suponiendo que existiera tal y como es hoy) suponía el 28% de la economía global. En 2025, el peso de la UE en el PIB global ha caído hasta el 13,8%, pese a la inesperada resistencia de la economía en los últimos años.

Sin embargo, bajo esta imagen de estancamiento se esconde una realidad que puede resultar muy sorprendente. Europa continúa albergando a las sociedades más prósperas del planeta. Según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para 2026, los cinco países con mayor PIB per cápita nominal del mundo son europeos: Liechtenstein, Luxemburgo, Irlanda, Suiza y Noruega. Una clasificación que recuerda que, pese a sus dificultades estructurales, el Viejo Continente conserva una capacidad extraordinaria para generar riqueza. No solo eso, investigaciones recientes de la Fed de Richmond o los últimos análisis del premio Nobel de Economía Paul Krugman sugieren, con matices, que la distancia económica entre Europa y EEUU podría ser bastante menor de lo que indican las estadísticas de crecimiento más utilizadas.

Respecto al ranking de países más ricos del mundo llama la atención que los cinco primeros son europeos. Habrá muchos lectores que digan o aseguren que esos cinco países señalados son muy pequeños o que no representan lo que es Europa. Pero si se amplía un poco más el ranking global que publica el FMI cada pocos meses, ese argumento pierde parte de su forma, puesto que, de los diez primeros, ocho son europeos. A los señalados anteriormente se les unen Islandia, Dinamarca y Países Bajos. No solo algunas son economías de mayor tamaño, sino que hasta una de ellas (Países Bajos, junto a Irlanda) forma parte de la maltrecha zona euro.



Pero quizá el argumento más interesante para cuestionar el relato de la decadencia europea no procede solo de estos países, sino de las grandes economías del continente. Paul Krugman ha puesto recientemente sobre la mesa una contradicción estadística que amenaza con cambiar la interpretación de los últimos 25 años. "Europa es una superpotencia económica que ha proporcionado a sus habitantes unas vidas extraordinariamente buenas, tanto en comparación con los estándares históricos como con el resto del mundo", sostiene el economista estadounidense.

Krugman admite que los europeos suelen tener casas y coches más pequeños que los estadounidenses, pero recuerda que también disfrutan de "mucha más seguridad económica que la mayoría de los estadounidenses, menor desigualdad de renta, mayor esperanza de vida y más tiempo libre". Uno de los motivos que han llevado a Europa a distanciarse en términos de PIB per cápita con EEUU son las horas de trabajo. En EEUU se trabajan muchas más horas al año, mientras que los europeos parecen haber optado por una vida más 'ociosa'. De hecho, hay estudios que demuestran que buena parte de la brecha entre las economías de EEUU y Europa se debe a que los europeos prefieren tener más vacaciones. Es cuestión de preferencias en muchos casos. En otras palabras, medir el éxito de una economía exclusivamente por su producción o por el tamaño de sus empresas tecnológicas puede dejar fuera aspectos esenciales del bienestar de sus ciudadanos.

La tesis de Krugman va incluso más lejos. Aunque las estadísticas convencionales muestran que EEUU ha crecido mucho más deprisa que las grandes economías europeas desde principios de siglo, las comparaciones del PIB por habitante ajustado por paridad de poder adquisitivo (PPA) ofrecen una imagen sorprendentemente diferente. "Si se compara el PIB per cápita europeo o la productividad europea (PIB por hora) con los de EEUU año tras año, utilizando métodos completamente estándar, no se encuentra una brecha cada vez mayor", explica. "De hecho, la distancia entre Europa y EEUU, si acaso, se ha reducido ligeramente durante los últimos 25 años".

La Reserva Federal de Richmond ha publicado hace menos de un mes un estudio donde analiza esta situación. Chen Yeh, investigador de la Fed, ha sido el autor del trabajo titulado Understanding the Debate on the US-Europe Paradox. Sus cálculos muestran que, entre 2001 y 2023, el PIB per cápita alemán medido a PPA corriente pasó de representar aproximadamente el 74% del estadounidense al 80%, mientras que Francia se mantuvo alrededor del 70%. Italia, en cambio, retrocedió del 74% al 68%. No existe, por tanto, una historia europea completamente homogénea. Es decir, las dos mayores economías del euro han mantenido el ritmo a EEUU en paridad de poder adquisitivo (es decir, descontando el impacto de los precios y el tipo de cambio).

EEUU tiene la tecnología

¿Cómo es posible que EEUU haya crecido mucho más rápido y, al mismo tiempo, Alemania y Francia hayan mantenido prácticamente intacta su posición relativa en términos de poder adquisitivo? La explicación está en la forma de medir la producción y, especialmente, en el espectacular desarrollo del sector tecnológico estadounidense. El estudio de la Fed de Richmond explica que las estadísticas de crecimiento real, calculadas a precios constantes nacionales, incorporan las enormes mejoras de calidad y productividad de los productos tecnológicos. Cuando un ordenador duplica su capacidad sin aumentar de precio, las cuentas nacionales registran un incremento de la producción real, aunque el valor monetario de ese producto permanezca estable.

EEUU, que concentra una parte desproporcionada de la industria tecnológica mundial, recibe un fuerte impulso estadístico de este fenómeno. Europa, en cambio, produce relativamente poca tecnología de vanguardia, pero puede adquirir buena parte de esos productos a precios internacionales cada vez más bajos. Así, los consumidores europeos también se benefician de los avances estadounidenses, aunque ese beneficio no aparezca de la misma manera en las estadísticas de producción real europea.

Además, la riqueza generada por la tecnología, es decir, los beneficios de las grandes tecnológicas, sus patentes y su propiedad intelectual pueden concentrarse en accionistas estadounidenses, aunque sus productos se consuman en todo el mundo. Por eso, el informe concluye que no resulta sencillo determinar, solo con estas estadísticas, si Europa está perdiendo bienestar relativo. La respuesta depende de cómo se distribuyen las ganancias tecnológicas y de quién termina apropiándose de ellas.

De modo que aunque la evidencia del PIB per cápita en dólares corrientes revela que EEUU está cada vez más lejos, la realidad puede ser algo diferente. Sin entrar a valorar los argumentos de Krugman o del informe de la Fed de Richmond, lo cierto es que en términos de PIB per cápita en dólares corrientes hay cinco países europeos por delante de EEUU, como se señalaba al principio. Son economías pequeñas y un tanto singulares, pero son economías europeas.

El liderazgo corresponde a Liechtenstein, el pequeño principado alpino situado entre Suiza y Austria, presenta una renta per cápita prevista de 230.420 dólares en 2026, según el FMI. Este PIB per cápita multiplica por casi dos veces y media los 94.430 dólares de EEUU. Su secreto no reside exclusivamente en su condición de centro financiero, aunque la banca privada y la gestión de patrimonios desempeñan un papel importante. Liechtenstein cuenta también con una industria exportadora extraordinariamente competitiva, especializada en maquinaria, herramientas de precisión, componentes industriales y productos de alto valor añadido. Empresas como Hilti ilustran la capacidad de esta pequeña economía para competir internacionalmente en sectores industriales avanzados. A ello se suman la estabilidad institucional, una fiscalidad atractiva y una estrecha integración con el mercado suizo.

El segundo puesto corresponde a Luxemburgo, con 155.730 dólares por habitante, otra economía pequeña que ha conseguido convertir su especialización internacional en una fuente formidable de riqueza. Su posición como centro financiero europeo, la presencia de bancos, fondos de inversión y grandes empresas internacionales, junto con un entorno regulatorio y fiscal favorable, explican buena parte de su prosperidad.

Como señala el propio FMI en varios de sus informes, Luxemburgo ha desarrollado una industria de servicios financieros que opera a escala mundial y que genera un valor añadido desproporcionadamente elevado respecto a su población. Además, se beneficia de su ubicación estratégica en el corazón de Europa y de una fuerza laboral altamente cualificada.

Irlanda completa el podio con una renta per cápita de 127.800 dólares, una cifra que habría parecido inimaginable hace apenas unas décadas para un país que durante buena parte del siglo XX figuraba entre las economías más pobres de Europa occidental. Su transformación se ha apoyado en una combinación de apertura comercial, integración en el mercado único europeo, mano de obra cualificada, uso del inglés y una política fiscal favorable a la inversión extranjera. El resultado ha sido la llegada masiva de multinacionales estadounidenses, especialmente tecnológicas y farmacéuticas, que han convertido al país en uno de los grandes centros europeos de producción y exportación de servicios y productos de elevado valor añadido.

Sin embargo, Irlanda representa también el ejemplo más extremo de los problemas que puede plantear el PIB per cápita como indicador de bienestar. La contabilización de beneficios, propiedad intelectual y operaciones de multinacionales infla considerablemente su producción nacional. Por eso, las autoridades irlandesas utilizan también la renta nacional bruta modificada, conocida como GNI, para aproximarse mejor al tamaño de su economía doméstica. Este indicador revela que la prosperidad de los irlandeses es inferior a la que muestra el PIB per cápita, pero sigue siendo muy elevada.

Suiza ocupa la cuarta posición con 124.480 dólares por habitante, y probablemente representa uno de los ejemplos más sólidos de riqueza asentada sobre una productividad elevada y una especialización económica difícil de replicar. A diferencia de otros países de la clasificación, su prosperidad no depende fundamentalmente de ventajas estadísticas asociadas a un territorio diminuto o a la contabilización de beneficios de multinacionales.

Su economía combina una potente industria farmacéutica, maquinaria de precisión, tecnología médica, relojería de lujo y servicios financieros avanzados. Empresas como Roche, Novartis o Nestlé reflejan la capacidad del país para desarrollar productos y marcas con un elevado valor añadido. La formación profesional, la innovación, la estabilidad política y la seguridad jurídica completan un modelo que ha conseguido mantener salarios muy altos durante décadas. Es cierto que el elevado coste de la vida reduce parte de la ventaja que sugiere la comparación nominal, pero Suiza sigue destacando por su extraordinaria productividad y su capacidad para competir en actividades donde el conocimiento resulta más importante que los costes laborales.

El quinto país es Noruega, con una renta per cápita de 115.000 dólares, una economía que ha construido su prosperidad aprovechando recursos naturales y energéticos que muchos otros países europeos desearían tener. La abundancia de energía hidroeléctrica, el petróleo y el gas han sido una de las claves de su desarrollo y de la acumulación de ahorro a través del mayor fondo soberano del mundo. A ello se suman una actividad pesquera altamente productiva, un sector turístico que ha experimentado una fuerte expansión y una población pequeña y relativamente cualificada.

La fotografía del FMI no termina ahí. Singapur aparece en sexta posición, seguido de Islandia y EEUU, con 95.210 dólares. Dinamarca ocupa el noveno puestos, mientras que Países Bajos cierra los diez primeros. Es decir, ocho de las diez economías con mayor PIB per cápita nominal del planeta son europeas si se incluye a los países del continente que no pertenecen a la Unión Europea. Aunque muchos de estos países son relativamente pequeños, otros como Países Bajos son el paradigma del éxito europeo. Esta economía es la quinta más grande de la eurozona, solo por detrás de Alemania, Francia, Italia y España. Aun así, el ranking constituye un recordatorio poderoso de la riqueza acumulada por Europa y de la fortaleza que conservan algunas de sus estructuras productivas.

Europa tiene, por tanto, motivos para preocuparse, pero también razones de sobra para seguir siendo respetada como potencia económica. El envejecimiento demográfico, la fragmentación de sus mercados de capitales, la debilidad de la inversión tecnológica y el menor crecimiento de la productividad constituyen desafíos reales que no desaparecen por el hecho de que Liechtenstein, Luxemburgo o Suiza encabecen una clasificación internacional de riqueza. Sin embargo, tampoco resulta riguroso presentar al continente como una región empobrecida o incapaz de competir.

Europa conserva empresas industriales extraordinariamente productivas, instituciones consolidadas, capital humano, infraestructuras, servicios públicos y una calidad de vida que continúa situándose entre las más elevadas del planeta. El trabajo de la Fed de Richmond demuestra que el diagnóstico económico depende también de qué se mide y cómo se mide. Y Krugman invita a recuperar una perspectiva que a menudo se pierde entre titulares sobre la decadencia. El verdadero objetivo de una economía no consiste únicamente en crecer más rápido que sus competidores, sino en transformar su riqueza en bienestar para sus ciudadanos, en esperanza de vida con salud, en seguridad en sus calles, en felicidad en definitiva. Bajo ese criterio, Europa tiene todavía mucho que defender, aunque no pueda permitirse seguir ignorando sus debilidades.


10:09 - 15/10/2026
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14021043/10/26/la-economia-de-europa-no-para-de-perder-peso-en-el-pib-global-pero-los-cinco-paises-mas-ricos-del-mundo-son-europeos-y-eso-no-va-a-cambiar-en-muchos-anos.html

jueves, 15 de octubre de 2026

El 'mal holandés' llega a la economía de EEUU: una nueva industria empieza a acaparar el capital, la energía y la mano de obra

 

Dos trabajadores en un centro de datos. Foto: iStock


  • El auge de la IA está provocando esta 'enfermedad' económica, según Apollo
  • Se da cuando el repentino 'boom' en un actividad es un problema para otras ramas
  • La frenética inversión en centros de datos contrasta con la debilidad en la vivienda


Cuando se enuncia la teoría del 'mal holandés' o la 'enfermedad holandesa' no se habla de otra cosa que de una economía que ha alcanzado tal y repentino éxito en una actividad concreta que, por decirlo suavemente, ha descuidado todas las demás, haciéndose en extremo dependiente de la misma. Un caso reciente muy comentado es el de Taiwán con los chips. Esta descripción, que sobre el papel no le pega a una economía como la de EEUU, se está empezando a emplear con la primera potencia del planeta debido al frenesí que está alcanzando la inversión en Inteligencia Artificial (IA), materializada especialmente en la construcción de los tan deseados como denostados centros de datos.

Por debajo de las omnipresentes noticias sobre la inversión y endeudamiento masivos de los conocidos como hiperescaladores (grandes proveedores de servicios en la nube), cualquiera que se haya asomado brevemente por los titulares económicos de EEUU habrá visto una idea bastante repetida: el capex (la inversión en capital) en todo lo aledaño a la IA ha sido el mayor impulsor del crecimiento del producto interior bruto (PIB) en los últimos tiempos. Jason Furman, prestigioso economista de la Universidad de Harvard, ha sugerido que la inversión en tecnología y software representó el 92% del crecimiento del PIB estadounidense en el primer semestre de 2025, en un momento en que el sector no tecnológico atravesaba dificultades.

La idea de fondo es la misma: pese a los elevados tipos de interés, la incertidumbre global, las dudas con la demanda futura, las todavía frágiles perspectivas de beneficios y la problemática oferta de energía, la IA es un 'toro' furibundo en el ruedo de la economía estadounidense. "El auge de la IA, insensible a los tipos de interés, está provocando el 'mal holandés' en la economía estadounidense al desviar capital, energía y mano de obra de sectores vulnerables como la vivienda y la automoción", da la primera pincelada Torsten Slok, economista jefe de Apollo.

El término 'enfermedad holandesa' nació a raíz del descubrimiento de importantes yacimientos de gas natural en los Países Bajos durante la década de 1950 y del posterior auge de sus exportaciones. Lo que parecía una bendición económica terminó convirtiéndose en un problema para otras ramas de actividad. La entrada masiva de divisas contribuyó a apreciar la moneda, encareciendo los productos nacionales frente a los extranjeros y restando competitividad a las industrias exportadoras. Pero el fenómeno tenía una segunda dimensión, igualmente importante: el sector que estaba experimentando el auge atraía capital y trabajadores desde otras actividades, elevaba los costes de producción y dificultaba la supervivencia de empresas que no podían competir por esos recursos.

La teoría económica distingue, por tanto, entre el efecto gasto, asociado a la apreciación del tipo de cambio real y al aumento de la demanda interna, y el efecto desplazamiento de recursos, por el que una actividad extraordinariamente rentable termina absorbiendo factores productivos que antes se destinaban a otros sectores. La paradoja es que un país puede enriquecerse gracias a un negocio concreto y, al mismo tiempo, debilitar parte de su tejido productivo.

EEUU parecía relativamente inmune a una enfermedad de estas características. Su economía no depende de una única materia prima ni de un reducido grupo de exportaciones, sino que cuenta con uno de los aparatos productivos más diversificados del planeta, un gigantesco mercado interior, una industria tecnológica de vanguardia y unos mercados financieros capaces de canalizar el ahorro hacia multitud de actividades.

Además, la condición del dólar como principal moneda de reserva internacional y la extraordinaria profundidad de sus mercados de capitales hacían difícil que el éxito de un sector provocase los desequilibrios propios de una pequeña economía exportadora de recursos naturales. Sin embargo, la IA ha introducido una variante peculiar de este fenómeno: no se trata tanto de una apreciación cambiaria provocada por las exportaciones como de una competencia cada vez más desigual por recursos escasos. Los gigantes tecnológicos pueden financiar inversiones multimillonarias gracias a sus enormes flujos de caja, su acceso privilegiado al crédito y las expectativas de beneficios futuros, mientras que las empresas de sectores tradicionales siguen sometidas a unos tipos de interés elevados y a unas condiciones financieras mucho más exigentes.

Con todo, el dinero, la electricidad, los equipos y determinados perfiles laborales se concentran en torno a la IA, incluso cuando el resto de la economía encuentra crecientes dificultades para invertir. Es una 'enfermedad holandesa' sin necesidad de descubrir petróleo ni gas: el recurso extraordinariamente rentable es ahora la capacidad de computación.

El contexto más cercano en el tiempo en el caso de EEUU es claro. La llegada de ChatGPT a finales de 2022 y el posterior lanzamiento de otras herramientas de IA generativa han impulsado este auge en la inversión tecnológica en el país. Las empresas tecnológicas estadounidenses compiten por el liderazgo, enfrentándose a competidores extranjeros, principalmente chinos. Mientras tanto, el gobierno de EEUU considera esto un asunto crucial para la seguridad nacional y económica de las próximas décadas, y está dispuesto a incentivar y apoyar iniciativas en este campo. Sin ir más lejos, noticias en su momento como los avances de la china DeepSeek supusieron todo un terremoto en EEUU.

El resultado ha sido un aumento sustancial del gasto en la construcción de centros de datos y la generación de energía eléctrica. De hecho, estos son los únicos sectores donde actualmente se observa un crecimiento del gasto en construcción. La construcción residencial se ve obstaculizada por los elevados tipos hipotecarios y la falta general de asequibilidad tras el auge de los precios de la vivienda después de la pandemia. De forma más sorprendente, llaman la atención los analistas de ING, el sector tecnológico, excluyendo los centros de datos, ha experimentado un retroceso tras la aprobación de la Ley de Chips y Ciencia de 2022 del presidente Biden, que destinó 52.700 millones de dólares para impulsar la fabricación e investigación de semiconductores a nivel nacional. Mientras tanto, el resto de la construcción no residencial se encuentra estancada.

"El repunte de la actividad resulta aún más evidente si analizamos el indicador del PIB correspondiente al gasto de capital empresarial no residencial. Si agrupamos la inversión en informática y periféricos junto con la inversión en software, observamos un aumento acumulado del 62% en el gasto real desde el primer trimestre de 2022. El frenético gasto en tecnología parece haber canibalizado efectivamente otras inversiones empresariales no residenciales, que descendieron en términos interanuales durante seis trimestres consecutivos, entre el cuarto trimestre de 2024 y el primer trimestre de 2026", escribe el economista James Knightley en un informe reciente de ING.

Un reciente gráfico del mencionado Furman ofrece bastante clarividencia al respecto, al mostrar cómo ha evolucionado el gasto en construcción en EEUU, ajustado por inflación, en distintos sectores. En efecto, el gasto real en construcción de centros de datos creció entre enero y agosto un 64,5% con respecto al mismo periodo del año anterior. En el mismo lapso, solo el gasto de otro subsector creció, el de la infraestructura energética con un mucho más modesto porcentaje del 4,1%. En el resto de subsectores, el gasto retrocedió, tanto en construcción residencial (un -9,6%) como no residencial (un -5,9% con caídas de dos dígitos en sanidad, retail, educación, oficinas no relacionadas con centros de datos y manufactura con un considerable -23,9%).

El problema es que la economía estadounidense está empezando a funcionar a dos velocidades, con un sector tecnológico que parece operar al margen de las restricciones financieras que atenazan al resto. Para entender esta divergencia hay que fijarse en el coste del capital. En condiciones normales, unos tipos de interés elevados encarecen la financiación, reducen el valor actual de los beneficios futuros y desincentivan los proyectos de inversión, especialmente aquellos que necesitan endeudarse para generar ingresos a largo plazo. Pero las grandes tecnológicas cuentan con balances extraordinariamente sólidos, abundante liquidez y unas expectativas de rentabilidad que les permiten seguir invirtiendo incluso cuando el precio del dinero permanece alto.

En cambio, una promotora inmobiliaria, un fabricante de automóviles o una empresa industrial con márgenes más estrechos no puede ignorar el aumento de los costes financieros. La consecuencia es una asimetría en la transmisión de la política monetaria. Es decir, mientras que la Reserva Federal intenta enfriar la demanda y contener la inflación mediante unos tipos de interés restrictivos, una parte cada vez más relevante de la inversión empresarial sigue acelerando con independencia de ellos.

Esta situación puede provocar un efecto de desplazamiento de la inversión privada, aunque no necesariamente a través del mecanismo tradicional por el que el endeudamiento público eleva los tipos de interés y expulsa a las empresas del mercado de crédito. En este caso, el desplazamiento es fundamentalmente sectorial y se produce a través de los precios relativos y de las limitaciones de oferta. Los centros de datos compiten por terrenos, conexiones a la red eléctrica, transformadores, turbinas, materiales de construcción, ingenieros y trabajadores especializados. Cuando la oferta de estos factores no puede aumentar con rapidez, una demanda extraordinaria eleva sus precios y encarece los proyectos de otros sectores.

El ejemplo más evidente es la electricidad. Aunque construir capacidad de generación adicional puede terminar ampliando la oferta energética, la demanda inmediata de los centros de datos puede saturar redes de transporte y distribución que requieren años de inversión y autorizaciones para expandirse. Una fábrica que necesite conectarse a la red o una industria intensiva en electricidad puede encontrarse así con costes superiores, retrasos o una menor disponibilidad de capacidad, no porque su actividad haya dejado de ser rentable, sino porque compite por los mismos recursos con empresas dispuestas a pagar mucho más.

Desde el punto de vista macroeconómico, esta concentración de la inversión plantea una cuestión todavía más delicada: la diferencia entre crecimiento del PIB y crecimiento equilibrado de la capacidad productiva. La contabilidad nacional registra como formación bruta de capital fijo la adquisición de equipos, instalaciones y software, de modo que el desembolso asociado a la IA impulsa la demanda agregada y puede contribuir directamente al crecimiento económico. Sin embargo, que una inversión aumente el PIB hoy no garantiza que genere mañana una rentabilidad suficiente ni un incremento equivalente de la productividad del conjunto de la economía. Esto puede generar presiones inflacionistas en determinados mercados mucho antes de que aparezcan las fuerzas desinflacionistas asociadas a una mayor productividad. El riesgo no es únicamente que la IA absorba una parte creciente de la inversión estadounidense, sino que los cuellos de botella que genera dificulten la expansión de otras actividades mientras las prometidas ganancias de eficiencia tardan años en hacerse visibles.


https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14020540/10/26/el-mal-holandes-llega-a-la-economia-de-eeuu-una-nueva-industria-empieza-a-acaparar-el-capital-la-energia-y-la-mano-de-obra.html

miércoles, 14 de octubre de 2026

Por qué la figura de Mao sigue tan vigente en China 50 años después de su muerte

 

Getty Images/BBC


"Hay muchos grandes hombres, pero solo hay un Maestro."

Así es como muchos jóvenes chinos se refieren habitualmente al difunto líder Mao Zedong en internet: "Maestro".

Una búsqueda de "Mao Zedong" o "Maestro" en la red social china Bilibili arroja decenas de ejemplos de recopilaciones de videos de las apariciones de Mao extraídas de diversas películas y series de televisión.

Estos videos abarcan diferentes etapas de la vida de Mao, incluyendo episodios de su juventud, su época como comandante militar y su liderazgo en las relaciones de China con Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

Muchos han acumulado millones de visualizaciones y decenas de miles de comentarios, entre ellos elogios como "¡Viva el gran hombre!".

La base de usuarios de Bilibili es predominantemente joven, con casi el 60% de ellos con edades comprendidas entre 18 y 24 años.

¿Por qué, 50 años después de su muerte, Mao ha resurgido con tanta fuerza en la cultura juvenil china en internet?

Un Mao diferente

Como figura política clave de la China del siglo XX, Mao dirigió el Partido Comunista (PCCh) —y el país— desde la fundación de la república en 1949 hasta el día de su muerte en 1976.

Lideró a China durante el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, campañas que transformaron la economía y la sociedad del país, pero a costa de millones de muertes.

Una de las personas que se sienten atraídas por él hoy en día es Dong, una estudiante de Nanjing que está a punto de comenzar la universidad.

Recientemente, le conmovió un video de dos jóvenes cantando una canción patriótica frente a una estatua gigante del joven Mao en la Isla Naranja de Changsha.

Fuente de la imagen,

Mytruestory Photography vía Getty Images

Pie de foto,
La estatua del joven Mao Zedong en la Isla Naranja de Changsha, provincia de Hunan, se ha convertido en una popular atracción turística.

"Cantaban con tanta emoción, y la estatua es tan alta y juvenil. Al verla, de repente me emocioné mucho", relató Dong a la BBC.

Muchos de sus compañeros de clase participan en comunidades juveniles virtuales donde debaten sobre temas de actualidad, comúnmente conocidas como el "círculo de política de teclado".

Otro indicador de esta tendencia es que, a partir de 2019, "Obras escogidas de Mao Zedong" se convirtió inesperadamente en el libro más prestado en la biblioteca de la Universidad Tsinghua, y siguió siéndolo cada año hasta 2025.

El interés de los jóvenes actuales por Mao difiere de la narrativa pública con la que crecieron sus padres.

En 1981, el PCCh adoptó una resolución redactada bajo el liderazgo de Deng Xiaoping que establecía oficialmente una evaluación de Mao que sopesaba sus logros con sus errores, a menudo resumida como "70% logros, 30% errores".

Durante los mandatos de Deng Xiaoping y, posteriormente, de Jiang Zemin, los retratos de Mao desaparecieron gradualmente de las estaciones de tren, las plazas y las aulas escolares.

La gente empezó a ver a Mao cada vez más como una figura histórica en lugar de una deidad. Un hombre con limitaciones.

Mientras tanto, Deng se convirtió en un símbolo de una nueva era económica, con un programa de reformas para construir una economía de mercado en el país y abrirla al mundo.

Sin embargo, hoy en día Mao ha recuperado relevancia para los jóvenes chinos y muchos, incluida Dong, rara vez se refieren a él por su nombre, llamándolo en cambio "Maestro".

Fuente de la imagen,

History/Universal Images Group via Getty Images

Pie de foto,
Se cree que el estadounidense Edgar Snow fue el primer periodista occidental en entrevistar a Mao.

Ese apodo tiene un origen específico.

Durante una reunión con el periodista estadounidense Edgar Snow en 1970, Mao comentó que no le gustaban títulos como el de los "Cuatro Grandes" —un eslogan político utilizado para elogiarlo como un gran maestro, líder, comandante y timonel durante la Revolución Cultural— y dijo: "Solo queda uno... maestro, porque siempre he sido un maestro".

Dong y sus compañeros opinan libremente sobre Mao.

Pero cuando se trata del actual líder chino, Xi Jinping, Dong opina que "no es algo que se pueda discutir abiertamente".

Una investigación del Instituto Mercator de Estudios sobre China reveló que, si bien el espacio en internet de China todavía permite cierto grado de debate público, a menudo se evitan conscientemente los temas que realmente afectan a las autoridades actuales.

El informe sostiene que este "espacio frágil para el debate" es el resultado tanto de la censura como de la autocensura.

"No es simple nostalgia"

En opinión de algunos expertos, el renovado interés que algunos jóvenes muestran por Mao está estrechamente ligado a su percepción de cuestiones sociales como la desigualdad económica y el declive de la movilidad social.

Florian Schneider, profesor de la Universidad de Leiden que lleva mucho tiempo estudiando la cultura política de la juventud china, afirma que los jóvenes de hoy se enfrentan a una realidad muy diferente a la de generaciones anteriores.

Sus padres vivieron una época en la que el crecimiento económico parecía elevar el nivel de vida de todos, mientras que muchos jóvenes ahora se sienten rezagados por el progreso prometido por las reformas de Deng.

La tasa de desempleo urbano para aquellos de entre 16 y 24 años que no son estudiantes aumentó a 17,9% en julio de este año, el nivel más alto desde que se revisó la metodología estadística tres años atrás, según la Oficina Nacional de Estadística de China.

Nuevos términos se han incorporado al vocabulario cotidiano de los jóvenes.

"996" se refiere a trabajar de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana.

Muchos optan por "quedarse quietos" y mantenerse pasivos en lugar de verse atrapados en la agotadora "involución", donde hay que trabajar cada vez más solo para permanecer en el mismo lugar.

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MAGWIN/Moment vía Getty Images

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A pesar del rápido crecimiento económico de las últimas décadas, algunos jóvenes chinos afirman que tienen dificultades para encontrar trabajo y costearse una vivienda.

En este contexto, las críticas de Mao al capitalismo resuenan entre algunos jóvenes.

Schneider afirma que algunos utilizan las ideas de Mao para expresar su descontento con lo que consideran la "apropiación del Estado por parte del capital", mientras que otros interpretan los escritos de Mao como una especie de guía para afrontar las contradicciones de la vida.

Dong expresa una opinión similar: "A nuestra generación nos enseñaron desde pequeños que el trabajo duro sería recompensado. Pero cuando crecimos, descubrimos que no era tan fácil conseguir trabajo y que las viviendas eran inasequibles".

La estudiante añade que el lenguaje de Mao es directo y divide a las personas en diferentes categorías.

"Te explica claramente quién es el opresor y quiénes son los oprimidos. Ese esquema sencillo es más fácil de entender que la jerga económica".

Schneider asegura que "el resurgimiento de Mao no es simplemente nostalgia".

"Refleja un intento de los jóvenes por utilizar un lenguaje histórico ya existente para nombrar y procesar la desigualdad y la inseguridad que experimentan", agrega.

Energía política

La valoración oficial del PCCh sobre Mao sigue basándose en la resolución de 1981: los logros de Mao son primordiales, mientras que sus errores son secundarios.

La tercera resolución histórica del Partido, adoptada en 2021, sitúa la "gran revitalización de la nación china" en el centro de su discurso.

En este contexto, la revolución de Mao se suele entender como la etapa en la que China se puso de pie, estableció la República Popular, salvaguardó la independencia nacional y sentó las bases para la revitalización del país.

Por lo tanto, Mao no es solo una figura histórica cuyos logros y fracasos deben evaluarse, sino que también se lo presenta como uno de los orígenes de las narrativas actuales sobre la fortaleza nacional.

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AFP vía Getty Images

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En algunas zonas turísticas se venden carteles de Mao con motivo del 50 aniversario de su muerte, que se conmemoró el 9 de septiembre.

Schneider cree que "las políticas educativas del Partido tienen al menos parte de la responsabilidad del resurgimiento de Mao en la actualidad".

"Para muchos jóvenes, la China de Mao se basa en una fantasía en la que este gran líder es un héroe indiscutible", explica.

El experto sostiene que muchos jóvenes desconocen las devastadoras realidades del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, o bien tienen una comprensión distorsionada del papel de Mao en ellas.

Advierte, además, que esta admiración popular por Mao encierra más energía política de la que puede parecer a simple vista.

"Se trata de un acontecimiento potencialmente explosivo, porque esta cultura de seguidores de Mao, surgida desde la base, tiene un carácter claramente populista y no necesariamente se limitará a cuestionar los métodos de gobierno actuales".

Y lo compara con las expresiones de nacionalismo en China: "Estos sentimientos populistas pueden ser censurados hasta cierto punto, pero controlarlos por completo es extremadamente difícil".

Para Dong y sus contemporáneos, la actual "fiebre por Mao" podría estar lejos de terminar.

Aún está por verse si se limita a la cultura de internet o si se convierte en una forma más duradera de identidad política.

Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Periodistas de la BBC revisaron el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

    • Chen Yan
    • Título del autor,BBC China
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 7 min
  • https://www.bbc.com/mundo/articles/cn9w2jzq2w3o