miércoles, 4 de marzo de 2026

Solo para miembros: ¿por qué hay gente que quiere ser socia de un club privado?

 



El ‘boom’ de este tipo de establecimientos en ciudades de medio mundo habla de la disposición de algunos a pagar por segregarse y, en definitiva, sentirse singulares y un poco superiores al resto.


En enero de 2026 todo el que cree ser alguien en Madrid está en una lista de espera para ser admitido en un club privado. El proceso de ser examinado para superar (o no) una criba más o menos clasista ha ganado atractivo en una ciudad que se ha llenado de expatriados y exiliados de alta gama a quienes les sobra el dinero pero les faltan contactos locales.

Este mes abre el Club Metrópolis en el restaurado edificio del mismo nombre en la Gran Vía madrileña. Se trata de un club privado internacional gestionado por el Grupo Paraguas que, según asegura en una nota, ha agotado el cupo de solicitudes y ya tiene, antes de abrir, “lista de espera”.

A finales de año, Vega Members Club, el proyecto de Íñigo Onieva y el grupo Casablanca Hospitality, también anunciaba su apertura en Lagasca, 88 en un local de 1.000 metros cuadrados decorado por Lázaro Rosa Violán. En la calle de Serrano, The Library, también del Grupo Paraguas, acoge un club privado para amantes del vino, y cerca de la calle de Almagro funciona Forbes House desde 2024. Además, están el Club Financiero, el Matador, el Monteverdi, el Argo y los de toda la vida, como la Real Gran Peña (desde 1869) o el Real Club Puerta de Hierro (1895), que desde 1987 no admite nuevos socios.

La vanidad de ser reconocido por una tribu exclusiva y obtener el salvoconducto a una experiencia cerrada a cal y canto a los otros ha sido bautizada por The New York Times como members-only mania (la fusión de la advertencia members-only, solo para miembros, y manía) y parece haber seducido a una pequeña parte de los residentes de Madrid, una ciudad abierta que ha presumido siempre de improvisar la vida social en el bar de la esquina. “Hoy todos formamos parte de un club, aunque sea el del gimnasio”, opina David Moralejo, director de la revista Condé Nast Traveler. “Creo que es una de las derivas de eso que algunos llaman la miamización y otros la londonización de Madrid, definida por el crecimiento de expatriados o exiliados de perfiles socioeconómicos muy altos que quieren lugares exclusivos para socializar. Tanta gente nueva enfría una ciudad que todavía es cálida”, añade Moralejo. La alta movilidad geográfica de las clases altas explica el auge de estas sociedades cerradas para gente que carece de una red social en la ciudad donde ha decidido vivir o trabajar.

Londres es, en palabras del historiador Seth Alexander Thévoz, la ciudad de los clubes, “clubtown” la llama en su libro London, Clubland: A Companion for the Curious (2025). Ninguna urbe ha tenido tal concentración de sociedades cerradas. “Esto a finales del siglo XX acabó generando un problema de imagen, con demasiados sitios rancios con los sillones descoloridos y viejos”, escribe Thévoz. Pero incluso en Londres estos espacios empezaron a cambiar tras la pandemia. En su libro, el autor enumera 133 clubes, de ellos clasifica 55 como “tradicionales” y 78 como “posteriores a 1985”. Según su investigación, “la mayoría de los nuevos son posteriores a 2015, o incluso a 2022. Una docena está creándose justo ahora mismo”.

A Nueva York también ha llegado esta manía. Una encuesta de GGA Partners citada por The New York Times asegura que el 60% de los clubes reportó un incremento de sus miembros a partir de 2022. Cuenta el diario que el teletrabajo ha creado un monstruo: el ejecutivo bien pagado hambriento de vida social. “Los clubes han brotado gracias a dos circunstancias pospandemia: por un lado, la pérdida de los terceros espacios, lugares que no son ni la casa ni el trabajo y que eran muy útiles para fomentar el sentido de comunidad, y por otro, la abundancia de edificios vacíos”.

También en Madrid los clubes han ocupado espacios yermos necesitados de una reforma, terrazas y azoteas olvidadas que empezaron a brotar exultantes después del confinamiento.

Hace unos años, a Andrés Rodríguez, editor de Forbes en España, se le ocurrió crear la experiencia física de una de las revistas más influyentes del mundo. El resultado fue Forbes House, que abrió en 2024 como un club privado para “gente interesante”. “Tenemos que filtrar las solicitudes y, aunque somos los más caros de España, el corte no puede ser únicamente económico, no queremos evolucionar al clasismo, sino agitar a la gente, juntar por ejemplo a un fotógrafo de moda con el gestor de un fondo de inversión, dos mundos que raramente se comunicarían”, expone Rodríguez en conversación con El País Semanal. Ha preferido llamarlo casa en lugar de club porque, dice, “un club no es siempre un hogar y queremos potenciar el componente familiar”.

Rodríguez sostiene que si se recluta a los socios correctos, se crea una red que funciona como una tela de araña. “Si están ilusionados, van presumiendo con amigos y familiares y se produce un efecto de capilaridad. Hay socios activos y otros más pasivos. Nuestro trabajo es continuar la evangelización”, explica. Su argumento estrella es: “Si no perteneces a Forbes House, estás perdiendo dinero”.

Al parecer estaríamos dispuestos a segregarnos siempre que la separación nos haga sentir distinguidos, diferentes y mejores. Como define Rodríguez, “un club es una manera de explicar quién eres y también quién no quieres ser”. Por eso ningún club renuncia al derecho de admisión y a las prácticas excluyentes. “Ellos marcan la distancia. Te dicen de un modo más o menos evidente: tú sí o tú no. Ahora hay tantos que después de verlos todos puedes decidir dónde encajarías mejor”, razona Moralejo.

Sin embargo, para mantener su mística un club debe ser percibido como un bien escaso. Una circunstancia que obligó a Soho House, establecimiento con 180.000 miembros en todo el mundo, a replantearse su agresiva estrategia de aperturas después de la pandemia para volver al misterio. “Una de las razones del comportamiento esnob de los miembros de clubes privados en Inglaterra y en Estados Unidos es el limitado número de clubes que existen y la cantidad aún más limitada de plazas disponibles. Gracias al clima de escasez, los miembros ven su club como un bien escaso, al alcance de unos pocos, entre los que ellos están incluidos”, explica la socióloga Diana Kendall en su libro Members Only: Elite Clubs and the Process of Exclusion (2008).

Una de las funciones clásicas de los clubes privados ha sido reproducir los usos y costumbres de las élites y a las propias élites, evitando que se mezclen demasiado con otros estamentos sociales. En su libro, Kendall sostiene que, a pesar de la popularidad de la frase de Groucho Marx “nunca pertenecería a un club que aceptara como miembro a alguien como yo”, muchos estaríamos contentos de ser aceptados en un grupo exclusivo y, probablemente, nos sentiríamos alienados ante una negativa.

Kendall cita al analista social Joseph Epstein, un experto en prácticas esnobistas. “Los sentimientos de autoimportancia individual y las muestras de comportamiento esnob son una parte inevitable de la dinámica de un club: estos espacios sirven tanto para mantener a la gente alejada como para unirla (…) Uno se une a un club por camaradería, pero una de sus ventajas es el placer de saber o esperar que no todos puedan unirse”.

Para mantener la promesa de privacidad, estos espacios emplean señales informativas, como el cartel “Solo para miembros”, y puestas en escena disuasorias, como puede ser una arquitectura imponente, interiorismos intimidatorios o porteros regios y elegantes. Muchos prohíben las fotos, el uso de móviles y la entrada a periodistas. Para este reportaje intentamos recopilar imágenes de algunos clubes y solo pudimos conseguir fotos exteriores o simulaciones en 3D de sus salones. Lo que queda a buen resguardo, según Kendall, es “un capital social que el dinero no puede comprar”: las redes que se tejen en un ambiente de confianza y de las que se espera generosidad y, llegado el momento, reciprocidad.

Y aunque haya clubes que renieguen de su nombre y se hagan llamar casas, y aunque ahora los pactos de caballeros se sellen en la sauna infrarroja o a la salida de la cámara hiperbárica, aún se espera que el club sea un refugio de la vulgaridad del mundo, un remanso para elegidos donde, citando a Kendall, la gente estará más a gusto con un salero de plata atascado que con uno de plástico que funcione perfectamente.



https://elpais.com/eps/2026-01-26/solo-para-miembros-por-que-hay-gente-que-quiere-ser-socia-de-un-club-privado.html

martes, 3 de marzo de 2026

El laberinto de la inteligencia artificial general: una carrera hacia nadie sabe dónde

 

La carrera del siglo. Por @RhizomatikaLab


Durante años el relato en el mercado ha sido inequívoco: hay una carrera por conseguir la inteligencia artificial general (IAG). Quien llegue primero, gana. Pero ¿y si mientras Silicon Valley pisa el acelerador, China transforma su industria con robots autónomos y Europa desarrolla una IA explicable en sectores regulados? Entonces, ¿quién habrá ganado?



Hasta ahora, Silicon Valley ha asumido que el camino hacia la IAG es una autopista en línea recta. Una simplificación tan seductora como conveniente, especialmente útil para eliminar barreras regulatorias y atraer capital. El supuesto implícito es irresistible: todos los problemas se resolverán simplemente acelerando.

La lógica es sencilla. Más datos, más parámetros y más cómputo conducen a mejores resultados. Con suficiente entrenamiento, los modelos capturan patrones cada vez más complejos del lenguaje, lo que refuerza la idea de que acelerar es suficiente.

Por ahora, las leyes del escalado han operado como una profecía autocumplida. El dogma de que el tamaño lo es todo lleva a construir nueva infraestructura, movilizar inversión y, efectivamente, obtener avances. Así se han destinado cientos de miles de millones de dólares a centros de datos diseñados para sostener este círculo virtuoso.

Sin embargo, comienzan a aparecer signos de agotamiento, indicios de que las ganancias marginales son decrecientes, de que los modelos no mejoran como antes. Figuras de primer nivel, como Yann LeCun, advierten que «los LLM nunca alcanzarán la inteligencia general». Si ese diagnóstico fuera correcto y los modelos chocan con una pared, el círculo se rompería.

Si esto sucede, se convertirían en una commodity. Algo que, por cierto, Marc Benioff, CEO de Salesforce, piensa que ya ha sucedido: «los LLM son las nuevas unidades de disco: infraestructura básica que se intercambia en caliente por la más barata y mejor. El sueño de que el modelo ofrece una ventaja competitiva ha expirado».

Puede que el escalado esté acercándose a sus límites. No hay evidencias claras, pero tampoco suena descabellado. Hay, digámoslo así, una duda razonable. Si ese fuera el caso, ¿qué alternativas existen?

Aunque los grandes modelos del lenguaje (LLM) absorben casi todos los recursos y la atención, en los márgenes del mercado hay otras opciones. Una de ellas se inspira directamente en el cerebro. Las redes neuronales de impulsos (SNN) imitan el comportamiento de las neuronas, que solo se activan bajo determinados estímulos, lo que permite reducir de forma notable el consumo de energía. Estas redes pueden incorporar arquitecturas que combinan no solo memoria a corto plazo, sino también a largo plazo. En este terreno, China destaca con proyectos como SpikingBrain (modelo cognitivo) y Darwin Monkey (superordenador neuromórfico), que recientemente han logrado avances significativos.

También existen aproximaciones que parten de una idea distinta: que la inteligencia artificial necesita cuerpo para desarrollarse. Son robots que aprenden interactuando con el entorno físico, entrenados en simuladores 3D de alta fidelidad y validados en el mundo real mediante transferencia zero-shot. Sus aplicaciones en fábricas, centros logísticos u hospitales son tangibles. Empresas especializadas en robótica lideran este enfoque: la japonesa SoftBank Robotics, la norteamericana Boston Dynamics o la china AgiBot.

Luego está el aprendizaje profundo combinado con lógica simbólica, un enfoque orientado a construir sistemas capaces de razonar, inferir relaciones complejas entre conceptos y planificar. Europa, con su énfasis regulatorio y ético, ha favorecido este tipo de modelos. En esa línea trabajan actores como Aleph Alpha, con su plataforma neurosimbólica verificable, o el DFKI, una dirección que empresas como IBM consideran una de las rutas más fiables hacia la IAG.

En la práctica, existen distintas aproximaciones para alcanzar una IAG. Hoy todavía no se sabe cuáles lo conseguirán. Lo que sí está claro es que la visión inicial de una carrera en línea recta da paso a otra bien distinta: la de un laberinto. Y esto lo trastoca todo. Cambia la asignación de recursos y obliga a recalibrar los riesgos. Pero sobre todo introduce la posibilidad de que distintas regiones avancen por caminos diferentes.

En China, la eficiencia se ha convertido en una necesidad estratégica. Las restricciones en el acceso a chips de última generación están orientando la IA hacia enfoques neuroinspirados y robóticos, con un énfasis claro en aplicaciones industriales y logísticas. Aquí la IA aplicada a la fabricación, desde vehículos eléctricos y placas solares hasta la automatización de plantas, se consolida como prioridad tecnológica indiscutible.

Europa, con regulaciones más restrictivas pero alineadas con sus valores, avanzaría principalmente en modelos simbólicos que priorizan que los resultados se puedan explicar, entender y controlar. Su enfoque no es la velocidad, sino la confianza. Sistemas diseñados para que funcionen en sanidad o justicia donde un error puede costar caro.

Mientras tanto, buena parte de Silicon Valley podría mantener el liderazgo en modelos de lenguaje masivos y actuar como si lo único importante fuera acelerar. La competencia acecha e impide levantar la vista de la carretera. Código rojo, no hay que distraerse.

Pero a estas alturas, obsesionarse con un único enfoque empieza a parecer una apuesta arriesgada. Lo mejor es distribuir las apuestas entre distintos futuros plausibles.

No es una carrera. Es un laberinto con caminos aún a medio explorar. Y la pregunta ya no es quién llegará primero, sino quién habrá elegido el camino correcto para su propósito.



porFernando Maldonado   enero 2026https://retinatendencias.com/analisis/el-laberinto-de-la-inteligencia-artificial-general-una-carrera-hacia-nadie-sabe-donde/

lunes, 2 de marzo de 2026

"Un niño vengativo y obstinado": los comportamientos desconcertantes de Jesús, María y José según los evangelios apócrifos


La Sagrada Familia del Nuevo Testamento, conformada por Jesús, José y María.

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Un niño Jesús "vengativo y obstinado" que mataba personas y animales. Su madre, María, hija de un hombre rico, criada por religiosos en el templo de Jerusalén que quedó embarazada mientras era adolescente. Por otra parte, José, un hombre anciano, viudo y padre de seis hijos biológicos.

Mientras que en los llamados evangelios canónicos -los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan- que conforman la Biblia no hay muchos detalles biográficos de los tres integrantes de la llamada Sagrada Familia, en los textos considerados apócrifos hay muchos datos para llenar esas lagunas.

Y estos relatos, que contienen información a veces disonante con la imagen que se ha creado alrededor de la familia de Jesús, acaban causando perplejidad en muchos lectores.

Tomados como literatura, estos textos tienen sentido en ese contexto. Lo cual no significa que no sean ciertos.

"Los evangelios canónicos tienen muchos vacíos sobre la infancia de Jesús e incluso sobre la vida de la Sagrada Familia, porque evidentemente solo se enfocan en la acción apostólica de Jesús", le dijo a la BBC el investigador Thiago Maerki, miembro de la Hagiography Society, en Estados Unidos.

"Entonces, muchos autores y grupos durante los primeros siglos del cristianismo comenzaron a escribir y producir evangelios (hoy llamados apócrifos) con datos que de cierta forma completan o ayudan a completar esas lagunas", añadió.

El experto señala que este es un tipo de literatura también presente en otras tradiciones religiosas. "Hace parte del género de vidas, es decir cualquier género que intente narrar la vida de un héroe, un santo o una figura importante".

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Los textos apócrifos fueron escritos con la idea de dar detalles de la vida de Jesús, José y María que no daban los evangelios canónicos.

Para André Leonardo Chevitarese, profesor de la Universidad de Río de Janeiro y autor de "Descubriendo al Jesús Histórico", estos textos, como también los canónicos, deben ser considerados literatura, sin que se les adjudique un carácter sagrado.

"El llamado material neotestamentario nos dice muy poco del nacimiento, la infancia y la adolescencia de Jesús", le explicó Chevitarese a la BBC.

"Y estos son temas que de alguna manera despertarán el interés del público que consume literatura y del público que consume historias sobre Jesús", añadió.

Fue en ese contexto que esos textos considerados apócrifos fueron escritos en los primeros siglos del cristianismo.

"Nadie consultó un archivo para esas informaciones. Son historias que estaban en la oralidad, inventadas con el fin de saciar el deseo de información. Saciar la curiosidad de los cristianos sobre la vida de Jesús, de María y de José", explicó Chevitarese.

"Ese es el principio básico de ese tipo de literatura", agregó.

Pura fantasía

El padre franciscano Jacir de Freitas Faria, presidente de la Asociación Bíblica de Investigadores de la Biblia (Abib) y autor de seis libros sobre los textos apócrifos, lanzó al inicio del año el libro "Biblia apócrifa", una edición comentada que reúne estos textos.

"Esos escritos tienen más información sobre la Sagrada Familia porque fueron redactados para complementar datos de fe que los canónicos no registran", señaló.

"Se tratan de curiosidades que pueden ser verdaderas o no. Algunos textos tienen carácter aberrativo, o sea, son pura fantasía", añadió.

La llamada literatura apócrifa fue escrita probablemente entre los siglos II y VII. Son decenas de textos y, según Faria, hay siete sobre la infancia de Jesús, 15 sobre María y uno sobre José, entre aquellos textos cuyo conocimiento llegó hasta nuestros días.

De cierta forma, buscaban responder preguntas latentes entre los primeros grupos cristianos.

"Las discusiones sobre la humanidad y la divinidad de Jesús dieron lugar a la literatura apócrifa sobre su infancia. Una vez resueltas las cuestiones teológicas sobre Jesús, las comunidades exigieron que la Iglesia se posicionara sobre el papel de María en la historia de la Salvación. Ante esto, la vida de José, recordado como carpintero, padre y educador de Jesús, no podía quedar al margen", señaló.

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En los textos apócrifos Jesús es descrito como un niño vengativo y obstinado, pero que también hace milagros y su inteligencia es superior al promedio.

El experto anotó que estas narraciones literarias, debido a su amplia difusión, tuvieron una "fuerte influencia en el cristianismo" de aquellos primeros siglos y contribuyeron luego a una religiosidad "devocional y dogmática" que perdura hasta la actualidad.

Genio indomable

En el texto más conocido sobre la infancia de Jesús, el Evangelio de Tomás, el niño es presentado como alguien que hacía milagros desde pequeño. Cuenta la historia que hizo 12 gorriones de arcilla y, cuando fue reprendido, dio la orden para que los animales cobraran vida y salieran volando.

Hay otra historia de un niño que arruinó su juego en el río y Jesús se vengó haciendo que perdiera su juventud. También se puede leer la historia de un niño que se chocó contra él, Jesús le dijo que no iba a continuar su camino y el niño murió.

"Es un texto desconcertante en varios niveles, sobre todo en el modo que retrata a Jesús como un niño insensible y caprichoso", explicó Federico Lourenço, de la Universidad de Coimbra, en su libro "Evangelios Apócrifos - Griegos y Latinos".

Por otra parte, el texto también perfila a Jesús con una inteligencia por encima del promedio, principalmente a partir de la interacción con un profesor de griego que fue el encargado de alfabetizarlo.

Eso coincide con el relato del evangelio canónico de Lucas, en el que se cuenta que Jesús le enseñaba las escrituras a los doctores del templo cuando tenía apenas 12 años.

"La inteligencia de Jesús cuando era niño era tal que no necesitó ir a una escuela regularmente. Él sabía más que sus maestros. De acuerdo a estos textos, tuvo tres profesores que renunciaron a sus trabajos porque no soportaban su inteligencia", indicó Faria.

"Uno de ellos afirmó que había buscado a un alumno y encontró un maestro. Al tercer intentó de educar a Jesús, el maestro renunció. Él permaneció en la escuela, mientras era reconocido por todos como alguien con un poder sobrenatural, divino", recordó.

Este texto muestra que José, su padre adoptivo, lo reprende varias veces y lo ayuda en su vocación. Y Jesús también hace milagros positivos como curar a enfermos e incluso resucitar personas.

"Aunque escuchar que Jesús era un niño malvado y vengativo puede resultar problemático, lo cierto es que ese relato lo hace más fácil de comprender", anotó Faria.

"Muchos relatos apócrifos de la infancia de Jesús no son aceptados por nosotros, porque hablan de aberraciones a las que no estamos acostumbrados, pero que podrían ser cometidos por Jesús niño. Y los autores consideraban que él ya era Dios desde ese momento", añadió.

"En ese sentido, los textos pretendían retratar un niño que a la vez era el señor de la vida y de la muerte. Hay textos que sugieren que Jesús mató personas y animales", señaló el académico.

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La virginidad de María es ampliamente discutida en los textos apócrifos.

"En los canónicos, Jesús hace secar la higuera porque no tiene frutos y manda los demonios que acaba de exorcizar a un grupo de cerdos, a los que dan muerte. Debemos considerar que en los canónicos no encontramos relatos sobre Jesús matando y después resucitando personas, como en el caso del profesor de griego que lo desafió", dijo el especialista.

Para Faria, todas estas narrativas apócrifas cumplen una función de demostrar que Jesús, por ser Dios, tenía el poder sobre la vida y la muerte. Esto es, destacar la cuestión de su divinidad.

Según el experto, se puede trazar un paralelo con las narrativas del mundo greco-romano, en las que las habilidades del adulto eran resaltadas en su infancia:

"Con los textos apócrifos de la infancia, aunque cuentan la historia de un niño travieso, poderoso, malvado, gnóstico, sabio y capaz de realizar milagros, no era la intención de los autores causar polémica, sino dar claridad sobre esa fase de su vida y saciar la curiosidad de los cristianos".

Maerki clasifica esos textos como hiperbólicos porque "exageran para enfatizar el poder de un niño. Un niño Jesús que se irrita con sus amigos y utiliza sus poderes sobrenaturales para perjudicarlos sería impensable desde el punto de vista tradicional de la Iglesia".

Una adolescente embarazada

En el caso de María, la madre de Jesús, esta literatura apócrifa busca responder cuestiones sobre el embarazo de Jesús. En aquellos primeros años ya se hablaba del dogma de la virginidad y la santidad de María.

"La literatura apócrifa sobre María, aquella que no fue considerada inspirada por la Iglesia, fue la responsable del culto a María. Más de una decena de textos apócrifos marianos cuenta su historia", comentó Faria.

En el siglo II existió un filósofo griego llamado Celso que era muy crítico del cristianismo. Él escribió un ensayo dando como verdad una historia de que María había quedado embarazada de un soldado romano llamado Tiberio Julios Abdes Pantera.

"No se puede decir que esa versión de Celso sea verdadera, pero sí indica el papel de esa literatura que hablaba sobre el nacimiento de Jesús. No solo era para llenar los vacíos, sino para responder a las críticas", explicó Chevitarese.

En los textos apócrifos, los dogmas sobre la pureza de María quedan expuestos con claridad. Estos textos señalan que ella fue concebida sin que sus padres, que eran de una familia acomodada, tuviesen relaciones sexuales. Que ella quedó embarazada sin haber tenido intimidad con un hombre y permaneció así el resto de su vida, casta y virgen.

"Esos textos nos muestran cómo, en el inicio del cristianismo, la virginidad de María fue valorizada. La virginidad era fruto de un modo de pensar que despreciaba el cuerpo", explicó Faria.

Los primeros cristianos fueron influenciados por el pensamiento dualista que proclamaba la separación entre el alma y el cuerpo, a través de la luz, la vida, la muerte, Dios y el mundo. Todo lo que pertenecía al mundo era despreciado, pues esa era una trampa de los poderes del mal", añadió.

María fue llevada al Templo de Jerusalén a la edad de tres años y allí fue educada y criada en un lugar apropiado para vírgenes. Nueve años después, cuando entró en la adolescencia, se estableció que era necesario "entregarla en matrimonio".

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Los llamados evangelios apócrifos hablan de un José viudo y anciano que se hace cargo de la adolescente María.

En una reunión de todos los hombres de la comunidad, un cartel indicaba que el elegido debía ser José, un hombre viudo y anciano considerado justo. Ella se habría mudado a vivir con el padre terrenal de Jesús cuando tenía 12 o 13 años y quedó embarazada a los 14.

Un anciano de 111 años

Muy poco mencionado en los textos canónicos, José adquiere contornos biográficos en el material conocido como apócrifo.

En "La historia de José, el carpintero", el personaje es presentado como un hombre "instruido en el conocimiento y la doctrina", que se dedicó al "arte de la carpintería" y se había convertido en "sacerdote en el templo".

El relato dice que "como todos los hombres, se casó con una mujer". Esto habría ocurrido cuando ya tenía 40 años y de este matrimonio nacieron cuatro hijos y dos hijas: Judas, Justo, Santiago, Simón, Assia y Lidia.

José enviudó a los 89 años. "Un año después de esa muerte, la bienaventurada María fue entregada a José por los sacerdotes, para que la custodiara hasta el momento de la boda", dice el texto.

Habrían vivido juntos dos años "sin ninguna novedad especial" y, en el "tercer año de su residencia con José, cuando tenía 15 años", habría nacido Jesús.

Los apócrifos relatan que José, "aquel anciano justo", murió a la edad de 111 años, cuando Jesús tenía 18.

Según Faria, se trata de un "informe historiográfico" que "no puede calificarse de histórico".

"José es presentado como el esposo amoroso de María y el padre terrenal de Jesús", describió.

El objetivo de traer la biografía de un anciano, según explica el fraile, "era dar una respuesta al grupo de cristianos que no creía en la virginidad de María".

"Al enfatizar que era un hombre mayor, se dio a entender no tuvo una relación marital con María, respetando su condición de virgen", dijo Faria.

Chevitarese añade que la idea era establecer la Sagrada Familia como una familia tradicional en ese contexto. La clave para interpretar esto es comprender lo que sucedía a finales del siglo I y del siglo II en adelante: "El hecho de que Jesús no se conociera a sí mismo, que nadie supiera quién era su padre, le pesaba profundamente. Este era el punto central", analizó el historiador.

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De acuerdo a los textos apócrifos, María era hija de personas acomodadas y siempre permaneció virgen.

"El papel de José es apoyar a una madre que incluso estaba siendo acusada de prostitución", dijo Chevitarese y agregó: "Hubo toda una preocupación (entre los primeros cristianos) por construir la base familiar de la narrativa de Jesús".

Voces alternativas apagadas

Para el fraile franciscano Faria, "la historia apócrifa de la Sagrada Familia es simplemente una forma de mostrar la encarnación de Dios entre nosotros".

"Los apócrifos nunca serán considerados inspirados, y esa no debería ser nuestra bandera de lucha. Basta con respetarlos como formas de cristianismo que aspiraban a ser verdaderas, aunque no se los considerara como tales", afirmó.

"Basta también entender que eran voces alternativas sofocadas y perseguidas por el cristianismo, que se volvió hegemónico, en una combinación de poder y herejías".


  • Edison Veiga
  • Título del autor,BBC News Brasil
    24/12/2025
    https://www.bbc.com/mundo/articles/cn4qx847718o