El mercado trata al bitcoin como un activo de riesgo y no como oro digital
Actualmente, la correlación de la cripto con las acciones de software es clara
Pero los expertos creen que la cripto va por libre y que sus correlaciones son puntuales
La inteligencia artificial (IA) es una de las temáticas que lleva tiempo moviendo el mercado. Tras un periodo en el que los inversores se ha centrado en buscar a los posibles ganadores de esta disrupción, ahora se está intentando localizar a los perdedores, a las empresas que pueden ver perjudicados sus negocios por la IA. Esto ha generado episodios de pánico en los mercados y las acciones de software han sido las más castigadas. Y a muchos en el mundo cripto esto les empieza a preocupar, ya que la correlación del bitcoin con estos valores está a la vista de todos. Sin embargo, los expertos creen que esta correlación es puntual y defienden que el bitcoin va por libre a largo plazo.
Bitcoin se concibe como una alternativa al sistema financiero tradicional. Es una red totalmente descentralizada, que mantienen miles de personas y organizaciones en todo el mundo. Es decir, el activo, el bitcoin, no está controlado por nadie. Además, su oferta es limitada, 21 millones de unidades, y no se pueden crear más. Por eso, se plantea como un refugio frente a la devaluación monetaria.
Pese a la tesis de Satoshi Nakamoto y a las propiedades del bitcoin, hay quienes se preguntan por qué el activo digital no está siendo refugio, por qué no se comporta como el oro y por qué sí está ahora tan correlacionado con las acciones de software.
"El bitcoin quiere ser el oro, pero el mercado lo trata como los valores tecnológicos de alta beta. Los flujos de los ETFs, la volatilidad y las caídas desde máximos, todo, apunta a la misma conclusión: cualquiera que sea el diseño de Bitcoin, se negocia, en la práctica, como activo de riesgo. Al menos, hasta ahora", resumen los analistas de Bloomberg Intelligence James Seyffart y Sharoon Francis.
La cripto imita a muchos activos, pero no se termina de casar con ninguno. "Actualmente, una de las correlaciones más claras se encuentra en las acciones del software. La historia de Bitcoin se define por sus correlaciones cambiantes, lo que refuerza su narrativa de que es un camaleón. Estas relaciones evolucionarán porque el bitcoin tiende a negociarse en base a una gama de factores idiosincráticos junto a cuestiones macro y de liquidez. Con el tiempo, esta correlación se va a romper", añaden los mismos expertos.
"Son correlaciones puntuales. Con la parte de software, creemos que esa correlación se acabará rompiendo. La mayor correlación que tiene bitcoin con una variable macroeconómica es con la masa monetaria M2, el crecimiento de la oferta monetaria. Pero también se ha roto la correlación con la M2 de forma temporal. Las correlaciones de bitcoin con todos los activos son totalmente inestables si estudias periodos de 3 o 4 años", coincide Rubén Ayuso, managing partner del fondo Criptomonedas FIL de A&G Global Investors, en una conversación con elEconomista.es.
Este experto explica por qué el paralelismo entre el bitcoin y el software no sobrevivirá a largo plazo. Los negocios de las empresas de software o de las tecnológicas sí pueden verse afectados por la inteligencia artificial o por la entrada de nuevos competidores en el mercado. Un ejemplo es el de las aspiradoras Roomba, cuya empresa, iRobot, acabó en bancarrota porque las empresas chinas acabaron ofreciendo modelos mejores y a precios más asequibles. "Igual que hay otras criptomonedas que se pueden ir a 0, el bitcoin no va a ser sustituido", asegura Ayuso.
Actualmente, el bitcoin no está cumpliendo la función para la que se creó y eso desconcierta a muchos. El precio del activo se ha multiplicado de forma drástica desde su creación y, desde esta perspectiva, sí protege frente a la devaluación monetaria, ya que su retorno es espectacular. Pero, si se atiende a su comportamiento en los últimos años, cuando han aparecido tensiones, la cripto no ha actuado como refugio.
"En una crisis de liquidez, el bitcoin es el activo penalizado porque es el único activo que puedes vender el fin de semana", defiende Ayuso. El mercado cripto nunca descansa y, mientras otras plazas abren y cierran, en esa búsqueda de dinero rápido, siempre se puede recurrir a las criptos.
Pese a que se busca liquidez cuando hay tensiones en las criptos, no siempre se cumple esta norma, sostiene el experto de A&G. Pone como ejemplo la crisis de los bancos regionales en Estados Unidos, un episodio durante el cual el bitcoin se disparó. El activo digital tampoco acaba de encajar con la narrativa de que solo sube en periodos de flexibilización monetaria, ya que el último ciclo de subidas de tipos en Estados Unidos tampoco ha impedido su ascenso.
¿Es buena la falta de correlación?
A&G recomienda dar un peso de, al menos, el 1,7% a las criptomonedas en las carteras. Ese porcentaje es el que los activos digitales representan en el total de activos líquidos a nivel global, por lo que puede servir como referencia y para estar alineado con la media. Para inversores más agresivos, la firma de banca privada cree que esa cifra puede llegar al 5%.
La descorrelación de un activo es positiva porque sirve para diversificar las carteras. Reduce el riesgo de concentración. En el caso del bitcoin, una pequeña asignación suele mejorar la ratio rentabilidad riesgo. Sin embargo, esto no significa que el activo digital no sea volátil y que se eviten episodios de caídas. Es decir, no es una cobertura perfecta, pero se puede aprovechar su potencial con un peso adecuado en cartera.
A&G ha presentado este martes el nuevo producto cripto que ha lanzado con 21Shares, ETP Flexible Crypto Index (FLEX). Es una cesta de criptomonedas que se ajusta mensualmente vía algoritmo en función de la evolución del mercado, buscando una exposición dinámica y más estabilidad, ya que asigna hasta un 30% del peso a USDC, la stablecoin de Circle. Este producto ha atraído tres millones de euros desde su lanzamiento hace un mes. Su estreno se ha producido en pleno momento bajista, por lo que este ETP no ha podido escapar de la corrección, pero sí logra amortiguar las caídas y que estas no sean tan pronunciadas.
Mujer portando a un bebé en una zona rural de China. Foto: iStock
La tasa de nacimientos cayó en 2025 a su nivel más bajo desde 1949
La población se redujo en 3,39 millones en su cuarta contracción consecutiva
La sucesión de medidas para favorecer la natalidad no está dando frutos
Los esfuerzos de China de los últimos años por revitalizar la natalidad no están surtiendo efecto y la presión sobre la segunda economía más grande del mundo para impulsar la productividad y evitar un declive a largo plazo se agudiza. La tasa de nacimientos cayó en 2025 a su nivel más bajo desde la fundación de la República Popular en 1949, con 5,6 bebés por cada mil habitantes, y la población se ha reducido en 3,39 millones, hasta los 1.404 millones, en la que es la cuarta contracción consecutiva y las más pronunciada desde la era de Mao Zedong.
Los últimos datos oficiales indican que el total de recién nacidos el año pasado fue de 7,92 millones, 1,62 millones respecto al año anterior (-17%) y dejan el ligero aumento de 2024 como algo anecdótico después de que lograra romper con siete años consecutivos de nacimientos a la baja hasta 2023. La tendencia, por cierto, se replica entre los países vecinos y es particularmente aguda en Asia Oriental, incluyendo Corea del Sur y Japón, que también lleva años encadenando medidas en la búsqueda de solución al problema.
La segunda nación más poblada del mundo -en 2023 India le arrebató el primer puesto- reconfirma la fuerte presión demográfica que arrastra desde hace años y que no logra contener, comprometiendo la economía ante el lastre que supondrá, si no se revierte, la insuficiente fuerza laboral del futuro para sostener el sistema de pensiones para una población muy envejecida. A este respecto, según un análisis de Bloomberg Intelligence, para 2035 podría haber tan solo 2,6 personas en edad laboral por cada persona mayor de 65 años, una disminución sustancial respecto a las 4,3 de 2024.
Diez años después de abandonar la política de hijo único con la que China controló los nacimientos durante décadas, la imposibilidad de frenar la caída demográfica se erige como indicativo de que las actuales herramientas políticas aplicadas por Pekín están llegando a su límite. Ni los subsidios nacionales ni incentivos como los 500 dólares anuales por cada hijo nacido hasta los tres años de este que se aplica desde el 1 de enero de 2025 animan a las parejas jóvenes a tener descendencia (y cada vez hay menos mujeres en edad fértil, 16 millones menos que en 2020, en concreto) y eso, a futuros, se traduce en problemas a pesar de que de momento el país cumple con el objetivo oficial de crecimiento. Los datos muestran que el crecimiento se mantuvo desequilibrado el año pasado, con exportaciones que se dispararon mientras que el gasto interno se desaceleró.
El salvavidas tecnológico
Fue en 2024 cuando el presidente Xi Jinping reconoció por primera vez los obstáculos para el consumo y la inversión de la tendencia poblacional a la baja y anunció entonces un cambio de estrategia: Pekín "debe impulsar la transición de la gestión demográfica, pasando de centrarse principalmente en la regulación de la cantidad a la mejora de la calidad", dijo entonces. Esta transición pasa por la tecnología y la innovación como motores clave de la economía ante la premisa asumida por Pekín de que la automatización y el aumento de la productividad individual pueden compensar la pérdida de trabajadores.
La apuesta por el avance tecnológico ya es visible en el sector manufacturero, indica Bloomberg, que recuerda que China es líder mundial en instalaciones robóticas. De hecho, en el próximo plan quinquenal para la economía, se espera que la IA y la fabricación avanzada sean pilares junto con los esfuerzos para impulsar la demanda interna.
Algunos expertos consideran que Pekín cuenta con un abanico cada vez más reducido de opciones: o acelera su giro hacia la tecnología o se arriesga a tener que volver a obligar a la población a atrasar la jubilación, como ya hizo en 2024 aumentando la edad de jubilación por primera vez desde los años 50 del pasado siglo. En declaraciones a Bloomberg, Nankai en Tianjin, asesora del Gobierno en políticas demográficas, considera que "la transición de China hacia un desarrollo centrado en la innovación está transformando rápidamente la estructura de la fuerza laboral y reduciendo la demanda de mano de obra".
Sin embargo, hasta que el nuevo plan tome velocidad, la crítica situación demográfica obliga a tomar medidas para un desafío más inmediato. Y los nacimientos siguen siendo necesarios porque los niños son un grupo gran impulsor del consumo y sin ellos, el país dependerá más de las exportaciones, según afirma a ese mismo medio Yi Fuxian, demógrafo especializado en China de la Universidad de Wisconsin-Madison. A este respecto, algunos analistas sugieren que China podría verse obligada a flexibilizar eventualmente sus políticas migratorias, una medida políticamente delicada que tiene un reflejo reciente en la preocupación que ha desatado el nuevo programa de visas para atraer talento internacional activo desde el año pasado por la cesión de empleos los extranjeros en un momento en que el desempleo juvenil está en máximos de dos años.
Otra salida está en rejuvenecer a la población más mayor ofreciendo productos y servicios específicos para las personas mayores con el objetivo de convertir lo que es una carga demográfica en una oportunidad para la expansión económica. Es decir, incitar el consumo de los más mayores en su edad plateada promoviendo actividades de turismo o deporte: "Los años 60 y 70 son los nuevos años propicios para la aventura", se pudo leer el año pasado en un artículo de opinión publicado en el Diario del Pueblo, el periódico insignia del Partido Comunista.
Río seco en Luliang, en la zona suroccidental china, que suele sufrir sequías.
(EFE/Chun Lei)
Vivimos por encima de nuestras posibilidades hídricas y muchas regiones han alcanzado el punto de no retorno. Un nuevo informe endurece el discurso sobre esta emergencia mundial y sus impactos económicos y sociales
El planeta ha llegado a su límite y, en muchos lugares, ya no hay vuelta atrás: un informe de la ONU ha marcado el comienzo de una era de bancarrota hídrica mundial. Hasta ahora se había alertado de zonas bajo estrés hídrico y se había puesto el foco en la crisis del agua. Pero los datos del estudio publicado hoy sostienen que esto es quedarse corto. La sobreexplotación sostenida del agua en la Tierra ha provocado que cada vez haya más ecosistemas marcados por pérdidas irreversibles, y que van a ser incapaces de recuperar sus niveles históricos.
Utilizar el término ‘bancarrota’ no es casualidad. El análisis juega con los términos financieros porque las reservas del planeta se están quedando sin saldo: muchas regiones no solo han gastado en exceso sus ‘ingresos’ anuales de agua renovable que proviene de ríos, suelos y capas de nieve; también han agotado los ‘ahorros’ a largo plazo en acuíferos, glaciares, humedales y otros reservorios naturales. Perder esto también cuesta dinero e impacta de lleno en la economía. 307.000 millones de dólares es el coste anual actual de la sequía a nivel mundial.
El impacto no es solo económico. Los sistemas hídricos están interconectados por el comercio, la migración y la geopolítica, y las consecuencias de su escasez o desaparición afectan a nuestra vida diaria y a los engranajes sociales. Hay que destacar que la gran mayoría de las condiciones actuales hídricas están causadas por los seres humanos, y nosotros también somos objeto directo de las consecuencias. En el mundo hay 4.000 millones de personas que enfrentan una grave escasez de agua al menos un mes al año. El Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH en sus siglas en inglés) llama ahora a restablecer de forma urgente "la agenda mundial del agua”.
Sin saldo de agua
Agotamiento crónico de las aguas subterráneas, sobreasignación de agua, degradación de la tierra y el suelo, deforestación y la contaminación, y el añadido del calentamiento global. La casuística alrededor no es nada que desconociéramos, pero el vaso ha rebasado. “La conclusión más devastadora es que estamos entrando en una era de bancarrota hídrica. Esto significa tanto insolvencia hídrica como irreversibilidad: en cada vez más cuencas y acuíferos, el sistema está perdiendo la capacidad de volver a su normalidad histórica”, explica a El Confidencial Kaveh Madani, director del UNU-INWEH y autor principal del informe Global Water Bankruptcy: Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis Era, que se basa en el artículo revisado por pares publicado en la revista Water Resources Management.
El río Colorado y sus embalses son unos de los puntos calientes señalados en el informe. En la imagen, el río a su paso por San Luis Río Colorado, en México. (EFE)
“El carácter global del término ‘bancarrota’ debe manejarse con cautela: no todos los sistemas están igualmente degradados”, matiza Leticia Baena, investigadora en el departamento de Aguas y Cambio Global del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), a Science Media Center (SMC). Según Ana Allende, profesora de investigación del CSIC experta en seguridad alimentaria y calidad de aguas, el paralelismo con una bancarrota ayuda a entender que “no es un problema coyuntural o reversible, sino [resultado] de haber vivido durante décadas por encima de los ‘ingresos hídricos’, consumiendo capital natural, como los ríos, humedales, acuíferos, suelos o glaciares, hasta niveles que ya no permiten recuperar las condiciones del pasado”.
En muchos de esos casos, se trata de áreas que directamente han llegado al punto de no retorno. Los acuíferos compactados no se recuperan, los deltas hundidos no se elevan y los humedales desaparecidos no resurgen, enumera Baena. No todos los lugares están en bancarrota hídrica, pero sí suficientes como para que el riesgo sea global.
Este punto de no retorno implica tener que cambiar también la manera en la que nos enfrentamos a esta situación, porque ya “no solo estamos gestionando ‘crisis’ temporales, sino una condición crónica posterior a la crisis”, indica Madani. Un cambio así no afecta ni mucho menos solo al medioambiente; “puede remodelar la seguridad alimentaria, la salud, la economía y la estabilidad”, subraya el director a El Confidencial.
Muchas regiones viven por encima de sus posibilidades hidrológicas y muchos sistemas hídricos están en quiebra
El organismo de la ONU destaca también algunas áreas ‘calientes’ que requieren una atención especial. Por ejemplo, la región del Medio Oriente y el Norte de África, donde la situación hídrica (vulnerabilidad climática, tormentas de arena y polvo, etc) se mezcla con economías políticas complejas. También partes del sur de Asia, donde la agricultura y la urbanización, dependientes de las aguas subterráneas, han provocado descensos crónicos de los niveles freáticos y hundimientos locales. El informe indica que 2.000 millones de personas viven en terreno hundido a nivel global.
España en el foco de la escasez hídrica
Tradicionalmente, Europa ha sido percibida como una región menos vulnerable, pero no está al margen. “No es un punto caliente clásico, pero sufre una bancarrota silenciosa: sobreexplotación crónica de acuíferos en el Mediterráneo, intrusión salina en costas, contaminación por nitratos, dependencia creciente del agua subterránea durante sequías y subsidencia en zonas urbanas y agrícolas”, desgrana Baena al SMC.
En el caso de España, especialmente zonas como la cuenca mediterránea y el sur del país hace años que se enfrentan a presupuestos hídricos más ajustados y sequías más frecuentes. Según el estudio Cambio Climático 2022: Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad, del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), la región mediterránea es particularmente sensible a los impactos del cambio climático sobre el agua.
Pero no es la única. La península ibérica es una de las zonas de Europa más afectadas por la sequía, según datos del Observatorio Europeo de la Sequía del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea.
Datos del Indicador Combinado de Sequía de diciembre de 2025, en los que se observa que las condiciones de alerta persisten en la península Ibérica. (European Drought Observatory)
La sobreexplotación y agotamiento de los acuíferos es un problema especialmente grave en el sureste español, reconoce a SMC José Luis García, investigador científico en el departamento de Aguas y Cambio Global del IGME. “El informe pone especial foco en los aspectos cuantitativos pero la situación resulta más crítica si se incorpora el deterioro de la calidad de las aguas. El plazo [de la Directiva Marco del Agua] tras dos prórrogas finaliza en 2027, y la preocupación es máxima al no estar claro cómo enfrentar el problema”, revela. A nivel mundial, el 70% de los acuíferos muestran un declive a largo plazo.
La vida tal y como la conocemos
Si algunos sistemas han llegado a un punto sin retorno y otros están al borde del colapso si no actuamos, ¿podría esto cambiar la vida tal y como la conocemos? Ya está pasando, y la situación irá a peor. “Cuando se produce la quiebra hídrica, la vida pasa de restricciones ocasionales a limitaciones permanentes: costes más elevados, menor fiabilidad y compensaciones más difíciles cada año”, indica Madani a El Confidencial.
La agricultura es un ejemplo claro cuyo efecto directo en nuestro día a día podemos imaginar. Como explica el experto, si una cuenca depende en gran medida de las aguas subterráneas que se están agotando, la agricultura no puede seguir funcionando ‘como de costumbre’, y los efectos sociales y económicos se disparan. “La tierra puede dejar de producir, los puestos de trabajo cambian y los precios de los alimentos se vuelven más volátiles. En algunas partes del mundo, eso puede traducirse en hambre, migración forzosa, tensión e incluso conflictos”, subraya. En el mundo hay 100 millones de hectáreas de tierras de cultivo dañadas solo por la salinización.
De nuevo, nuestra forma de vida actual no es la única afectada. Volvemos al impacto medioambiental y al temido punto de no retorno: el hundimiento del terreno, los sumideros, el deshielo de los glaciares, la desecación de los lagos y la pérdida de especies no son recuperables a escala humana. Las futuras generaciones puede que conozcan un planeta muy distinto al que nosotros habitamos.
Adaptarse a la nueva realidad
La pregunta obligatoria que cabe hacerse después de tantas malas noticias y advertencias: ¿y ahora qué hacemos? Reconocer la situación crítica actual “no necesariamente implica resignación, sino que debería ser un acicate para una acción más determinante frente a la crisis climática y el desarrollismo incontrolado en el uso de recursos”, considera Jordi Catalán, profesor de investigación del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).
La ONU invita a los líderes mundiales a facilitar “una adaptación honesta y basada en la ciencia a una nueva realidad”. Preguntado por qué deben hacer las empresas y los responsables de la toma de decisiones, Madani sugiere: “Concéntrense en las grandes palancas: reducción de fugas, reutilización donde realmente sustituye a las extracciones de agua dulce, protección de las aguas subterráneas y los ecosistemas, y un plan creíble y orientado a la equidad para la agricultura, donde se producen la mayoría de las extracciones”.
Lagunas inundadas de agua en las inmediaciones de Doñana, en Sevilla. (EFE/José Manuel Vidal)
Vivamos o no en una zona marcada por el estrés hídrico, sus consecuencias nos apelan y afectan, y nos pueden llegar a través de los precios de los alimentos, la electricidad o la estabilidad económica. Tener agua hoy tampoco implica que no podamos vivir en la 'quiebra' en el futuro.
Desde nuestro papel, también podemos aportar. “Apoyen las políticas que protegen el agua como un bien común: contabilidad transparente del agua, límites al uso excesivo, control de la contaminación y normas justas para las sequías; y reduzcan el desperdicio de agua y alimentos”, anima Madani. Porque como el investigador recuerda, el agua es un tema que trasciende fronteras políticas: "Pertenece al norte y al sur, a la izquierda y a la derecha".
Slok (Apollo): "No se ve la IA en los datos de empleo, productividad o inflación"
Su tesis es que la creación de valor no es el producto, sino cómo se utiliza
La competencia lleva a cero el precio de los modelos lingüísticos para los usuarios
El debate sobre el potencial de la Inteligencia Artificial (IA) lo ha engullido prácticamente todo y no se hablaría de otra cosa si no fuera por la volatilidad geopolítica. Sin irse muy lejos en el tiempo, la posibilidad de que la IA se lleve por delante a muchas industrias provocó de nuevo escalofríos en Wall Street la semana pasada, dando paso a sonoras correcciones en sectores tradicionales como el logístico y de transportes. Es la cara amarga de un éxito que para muchos revolucionará la economía y la productividad en los próximos años. Al otro lado de esta suerte de histeria, tanto positiva como negativa, se encuentran los escépticos que denotan una narrativa más fuerte que la realidad. Uno de ellos, un destacado analista financiero conocido en los mercados, Torsten Slok, economista jefe de Apollo, cree que esta gran lengua de fuego aún no ha llegado a la macroeconomía y propone una suerte de 'prueba del algodón' a modo de representación gráfica: una curva en forma de J.
Para muestra, un botón. SemiCab es una plataforma tecnológica de logística impulsada por IA creada para optimizar el transporte de mercancías, especialmente reduciendo los viajes de camiones vacíos y mejorando la eficiencia en redes de transporte. La semana pasada, los responsables de esta plataforma perteneciente a Algorhythm Holdings, que anteriormente se dedicaba al nicho del karaoke y cotizaba como The Singing Machine, publicaron un documento técnico que mostraba que SemiCab puede reducir más del 70% de los kilómetros que los camiones recorren vacíos en redes de transporte reales. Esto es una cifra de impacto en el sector logístico, donde normalmente una gran parte de los kilómetros no llevan carga útil.
La materialización de este logro ayudaría a los clientes de la plataforma a aumentar el volumen de carga entre un 300% y un 400% sin el correspondiente aumento de la plantilla operativa. Un hito que se llevó por delante la cotización de grandes nombres de la 'vieja economía' que precisamente estaban mostrando un repunte en sus cotizaciones. Grandes estadounidenses de la logística como CH Robinson Worldwide o Landstar System corrigieron con fuerza, contribuyendo a la peor caída del sector desde el colapso del mercado en abril del año pasado debido a la guerra comercial. En Europa, el sector logístico también se hundió el jueves, con DSV y DHL retrocediendo con fuerza.
Estas últimas empresas afectadas por la ola de ventas se suman a las inmobiliarias, los fabricantes de software, los proveedores de crédito privado, las compañías de seguros y los gestores de patrimonios, entre los sectores más castigados en las últimas sesiones por el temor al poder disruptivo de la IA. Las preocupaciones sobre la disrupción impulsada por la IA ponen de relieve un cambio radical en la confianza del mercado. El entusiasmo por la tecnología impulsó la mayor parte de las ganancias del mercado de valores en los últimos años. Pero ha sido sustituido por la preocupación de que las nuevas herramientas lanzadas por Google, el desarrollador de IA Anthropic y una serie de startups menos conocidas ya sean lo suficientemente buenas como para amenazar a una amplia gama de empresas, muchas de ellas ajenas al ámbito tecnológico.
"El nivel de paranoia es de categoría 5", afirmaba a Bloomberg Joseph Shaposhnik, gestor de carteras de Rainwater Equity, la semana pasada en plena resaca de las caídas. "No es algo que hayamos visto en mucho tiempo", añadía tras constatar la cara opuesta del péndulo, ya que al tiempo que afloran estos temores, son muchas las voces que auguran un cambio de era económico y laboral gracias a la IA. Sin ir más lejos, el llamado a ser próximo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha dicho públicamente que la IA será una fuerza estructural desinflacionaria porque mejorará la productividad al hacer que la economía produzca más con menos recursos. En su propia visión, tanto la productividad como la competitividad estadounidense crecerán gracias a la adopción de IA, lo que beneficiaría al salario real de los trabajadores y al crecimiento económico general.
A pequeña escala, empiezan a proliferar testimonios de sectores y trabajadores que empiezan a notar estos avances en el día a día. Por ejemplo, desde el sector legal, muchos abogados confirman los progresos en este campo. Los avances recientes se centran en la IA generativa, la automatización de tareas de alta complejidad y la integración de modelos fundacionales que están transformando la práctica del derecho de una labor más manual o 'artesanal' a una más ágil y automatizada.
La curva en forma de J
Todo esto es insuficiente de momento para escépticos como Torsten Slok, quien defiende desde la gestora Apollo que "la IA está en todas partes, excepto en los datos macroeconómicos que se publican". En un informe publicado este fin de semana, el economista jefe de Apollo hace suyo el aforismo que el economista ganador del Premio Nobel Robert Solow enunció en 1987: "La era de la informática se puede ver en todas partes, excepto en las estadísticas de productividad". Una observación que se ha convertido en lo que se conoce como la paradoja de la productividad de Solow.
"Hoy en día, no se ve la IA en los datos de empleo, productividad o inflación. Del mismo modo, en el S&P 493 no hay signos de IA en los márgenes de beneficio ni en las previsiones de ganancias", prosigue Slok, dejando traslucir que los potenciales efectos de la IA son de momento eso, potenciales, y que, como muestra clara, todavía no aparecen en las métricas que ofrecen todas las empresas que cotizan en el S&P 500 estadounidense exceptuando las conocidas como Siete Magníficas, las gigantes tecnológicas de megacapitalización que están basando su negocio en esta expectativa floreciente.
Para dejar más clara su perspectiva, Slok recurre a una figura conocida en la jerga macroeconómica: la curva en forma de J. En la teoría económica, esta curva se utiliza para describir una situación en la que una variable empeora en el corto plazo tras un shock o política, pero mejora posteriormente, dibujando visualmente una letra J. El caso más estudiado atañe al tipo de cambio y la balanza comercial. Cuando un país devalúa su moneda (o esta se deprecia), en el corto plazo las importaciones se encarecen inmediatamente, los contratos comerciales no cambian de forma instantánea, el volumen de exportaciones no reacciona de inmediato y, como resultado, la balanza comercial empeora primero. Sin embargo, en el medio plazo, las exportaciones se vuelven más competitivas, aumentan las ventas al exterior, caen las importaciones en volumen y, como resultado final, la balanza comercial mejora. Este fenómeno suele analizarse en países que ajustan su tipo de cambio frente a monedas como el dólar estadounidense.
"Quizás exista un efecto de curva J para la IA, por el que se necesita tiempo para que la IA aparezca en los datos macroeconómicos. Quizás no", plantea Slok. "La existencia de un efecto curva J depende de la creación de valor a partir de la IA. Existe una feroz competencia entre los creadores de grandes modelos lingüísticos (LLM), lo que está llevando el precio de los LLM hacia cero para los usuarios finales. Esto es lo contrario de lo que dicen los libros de texto de finanzas, es decir, que un innovador tendrá poder de fijación de precios de monopolio hasta que otros lleguen con un producto similar. Esto es lo que vimos durante la era informática en la década de 1980", continúa.
Slok se ampara en la literatura académica, que aún no es concluyente sobre los posibles efectos macroeconómicos de la IA. Repasando los diez estudios o papers más recientes, con horizontes temporales hasta 20 años, el experto de Apollo constata que ninguno de ellos contempla un aumento de la productividad por encima de los 1,1 puntos porcentuales anuales en lo que respecta a la productividad total de los factores.
Desde una perspectiva macroeconómica, la tesis de Slok implica que la creación de valor no es el producto, sino cómo se utiliza e implementa la IA generativa en los diferentes sectores de la economía. "Después de tres años con ChatGPT y sin señales de IA en los datos entrantes, parece que la IA probablemente mejorará el trabajo en algunos sectores en lugar de sustituirlo en todos ellos", sentencia el experto.
Buscando dinámicas incipientes en los diferentes espectros geográficos, el aumento adicional del PIB en las industrias de las Tecnologías de la Información (TIC) en el tercer trimestre en EEUU, a pesar de otra caída del empleo, se ha tenido entre analistas como los de Capital Economics como una clara señal de que la IA está impulsando la productividad, llamándoles la atención que estos aumentos se hayan concentrado igualmente en aquellos sectores de servicios que están avanzando rápidamente en la adopción de la IA. Precisamente en esta casa de análisis achacan el decepcionante avance de la productividad en Europa (excluyendo Irlanda, que distorsiona los datos, el PIB por trabajador de la zona euro aumentó solo un 0,4% interanual en el tercer trimestre del año pasado y lo dejó aún un 0,2% por debajo de su nivel en el cuarto trimestre de 2019) a la creciente brecha que está surgiendo con EEUU. en la adopción de la IA.
Desde Oxford Economics se apresuran a echar agua fría sobre lo que ocurre al otro lado del Atlántico. "No creemos que la IA esté aumentando la productividad todavía. Aunque creemos que la IA acabará aumentando la productividad, pensamos que la reciente fortaleza de la productividad en EEUU refleja más bien factores cíclicos. Tras la pandemia, las empresas acumularon mano de obra y los costes laborales unitarios se dispararon; a medida que la demanda se recuperaba, exigieron más a esa mano de obra, lo que dio lugar a un periodo de crecimiento con un alto nivel de productividad", explica su economista Ben May en un informe para clientes.
Estos expertos consideran que las pruebas de que las empresas están sustituyendo la mano de obra por IA a cualquier escala son limitadas y, por ahora, se centran en pequeños sectores de la economía. "Aunque las continuas y espectaculares mejoras en la calidad de la IA sugieren que su impacto aumentará, las empresas suelen tardar varios años en descubrir cómo aprovechar al máximo los avances tecnológicos. Por consiguiente, existe el riesgo de que el crecimiento de la productividad sea decepcionante si la recuperación actual es de naturaleza cíclica y se necesita tiempo para que la adopción generalizada y eficaz de la IA mejore la forma en que se realizan una amplia gama de tareas en una gran variedad de sectores", resuelve May.
En su análisis, May también enmienda el posible efecto en variables macro como la inflación, argumentando que la desinflación impulsada por la IA que defienden voces como la de Warsh es posible, pero no inevitable. "Si nos equivocamos y la IA genera un fuerte crecimiento de la productividad en los próximos años, esto podría dar lugar a un crecimiento económico superior al normal sin avivar las presiones inflacionistas. Sin embargo, Warsh ha adoptado una postura ligeramente más firme, argumentando que la IA podría provocar una repetición de lo ocurrido a finales de la década de 1990, cuando el auge impulsado por la productividad de los ordenadores e Internet coincidió con una tendencia a la baja de la inflación en EEUU. El impacto de la IA en la inflación dependerá de la medida en que el impulso a la oferta de la economía se vea compensado por cualquier aumento asociado de la demanda agregada. Esto dependerá del contexto económico general en el que se produzca el impacto de la IA y del plazo", pone en claro el analista.
Por ahora, continúa el experto de Oxford, no está claro que la IA se esté comportando de manera desinflacionaria, entroncando con el argumento de Slok: "La IA ha sido el detonante para que las empresas tecnológicas aumenten la proporción de sus flujos de caja libres para financiar la inversión en infraestructura de IA. En otras palabras, la IA parece estar animando a las empresas tecnológicas a gastar más. El aumento asociado de la inversión relacionada con la IA ha sido una fuente clave de la fortaleza de la demanda en la economía estadounidense y es probable que persista". Y pone el dedo en la llaga: sin observarse aún claramente la presión desinflacionista de la IA, la enorme demanda energética de los centros de datos ya ha provocado un aumento del precio de la electricidad en EEUU.
"Es cierto que, por ahora, los costes de utilizar chatbots con IA son bajos para los usuarios finales, por lo que la IA puede estar reduciendo los costes laborales unitarios y, por lo tanto, las presiones sobre los precios más allá del sector tecnológico. Pero con el tiempo, a medida que se implanten más sistemas de IA especializados que puedan demostrar un ahorro significativo en los costes laborales, es probable que su coste de uso aumente, lo que reducirá la posible presión a la baja sobre la inflación", rubrica May, recordando el hecho de que la IA será solo una de las múltiples fuerzas que influirán en la presión inflacionista.