viernes, 18 de septiembre de 2026

Los ricos no son siempre los mismos: del top 10 de Forbes 2008 no queda ni uno en 2026

Algunos miembros del top 10 de 2008 han perdido más del 50% de su patrimonio y alguno incluso más del 99% de su riqueza.

Existe una idea muy  generalizada entre la opinión pública sobre los multimillonarios que aparecen en la lista Forbes. Para mucha gente, ya sea de izquierdas o de derechas, la afirmación que dice que "los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres" tiene todo el sentido, además de que también se suele decir que los ricos son siempre los mismos, como si hubiera una especie de imposibilidad de que un rico se arruinara o perdiera patrimonio.

Para comprobar la inexactitud de estas afirmaciones no hay más que comparar la evolución de la llamada lista Forbes con el paso de los años, así se verá cómo ni los más ricos son siempre los mismos, ya que la riqueza de una persona puede aumentar o disminuir, ni tampoco que los que hoy son millonarios mañana tienen asegurado que lo seguirán siendo. A continuación, compararemos el top 10 de la lista Forbes del año 2008 con la del año 2026.

Top 10 de la lista Forbes en 2008:

  1. Warren Buffett con 62.000 millones de dólares.
  2. Carlos Slim con 60.000 millones de dólares.
  3. Bill Gates con 58.000 millones de dólares.
  4. Lakshmi Mittal con 45.000 millones de dólares.
  5. Mukesh Ambani con 43.000 millones de dólares.
  6. Anil Ambani con 42.000 millones de dólares.
  7. Ingvar Kamprad con 31.000 millones de dólares.
  8. Kushal Pal Singh con 30.000 millones de dólares.
  9. Oleg Deripaska con 28.000 millones de dólares.
  10. Karl Albrecht con 18.300 millones de dólares.

A continuación, mostramos el Top 10 de la lista Forbes en lo que va de 2026 (actualizado en tiempo real).

Top 10 de la lista Forbes en 2026:

  1. Elon Musk con 853.300 millones de dólares.
  2. Larry Page con 280.300 millones de dólares.
  3. Jeff Bezos con 268.700 millones de dólares.
  4. Sergey Brin con 258.600 millones de dólares.
  5. Michael Dell con 240.200 millones de dólares.
  6. Mark Zuckerberg con 196.400 millones de dólares.
  7. Larry Ellison con 191.500 millones de dólares.
  8. Jensen Huang con 182.900 millones de dólares.
  9. Steve Ballmer con 152.300 millones de dólares.
  10. Amancio Ortega con 149.900 millones de dólares.

Como podemos ver, actualmente ninguno de los que aparecía en el año 2008 aparece en el top 10 de 2026.

Pero ¿qué ocurrido con el top 10 de 2008?

En el caso de Warren Buffett, este ha pasado de tener un patrimonio de 62.000 millones de dólares a uno de 143.500 millones de dólares, un incremento del 131%. El mexicano Carlos Slim ha pasado de tener un patrimonio de 60.000 millones de dólares a uno de 125.900 millones de dólares, habiendo aumentado un 109,8% su patrimonio. Bill Gates también ha visto crecer su patrimonio un 89,9%, pasando de 58.000 millones de dólares a 110.100 millones de dólares. Por último, entre los que han visto incrementado su patrimonio, tenemos a Mukesh Ambani que ha pasado de tener una riqueza de 43.000 millones de dólares a una de 89.000 millones de dólares, un aumento del 107%.

Ahora bien, los seis miembros restantes han visto como su patrimonio ha caido en todo este tiempo. Lakshmi Mittal ha visto reducir su patrimonio de 45.000 millones de dólares a 34.500 millones de dólares, una reducción del 23,56%. Por su parte, Anil Ambani ha sido el peor parado de todos, pasando de tener un patrimonio de 42.000 millones de dólares a ser de sólo 360 millones de dólares en la actualidad, un desplome del 99,14%.

Pérdidas de hasta el 99% del patrimonio

También la fortuna de Ingvar Kamprad ha variado. Mientras que el magnate sueco tenía en 2008 un patrimonio de 31.000 millones de dólares, sus hijos tienen 3.600 millones de dólares de patrimonio entre los tres. El indio Kushal Pal Singh también ha visto caer su patrimonio de 30.000 millones de dólares a 13.600 millones de dólares, una caída del 55%. El ruso Oleg Deripaska ha perdido un 74% de su patrimonio entre 2008 y 2026, pasando de 28.000 millones a 7.300 millones de dólares. En cuanto a Karl Albrecht, ha pasado de tener un patrimonio de 18.300 millones de dólares a los 17.500 millones de dólares que poseen sus herederos.

Con lo cual, vemos que, mientras unos han visto crecer su patrimonio en más del 100%, otros han perdido más del 50% de su patrimonio o, directamente, casi el 100% de dicha riqueza. Esto demuestra que no es verdad que quien es rico hoy vaya a seguir siéndolo mañana si no es capaz de satisfacer correctamente las necesidades y deseos de los consumidores, gracias a los cuales se han hecho millonarios.





Miguel Puga
29/8/2026 - 05:40
https://www.libertaddigital.com/libremercado/2026-08-29/los-ricos-no-son-siempre-los-mismos-del-top-10-de-forbes-2008-no-queda-ni-uno-en-2026-7451832/#google_vignette

jueves, 17 de septiembre de 2026

Los agentes de IA se han inventado un lenguaje propio que ya no entendemos

 

En algunas simulaciones, hasta la mitad de los mensajes entre agentes resultaron difíciles de entender para los humanos.


  • Un experimento del laboratorio Emergence ha revelado que los agentes autónomos de IA crearon "de forma espontánea" y se comunican con nuevas palabras, significados y convenciones lingüísticas sin que se les hubiera dado ninguna instrucción al respecto.
  • Algunas de esas frases inventadas se han difundido miles de veces entre las comunidades de agentes
  • Esta situación plantea nuevas preguntas sobre cómo las organizaciones pueden supervisar los sistemas autónomos de IA



En el colegio, cuando no queríamos que el profesor descubriera los mensajes que nos enviábamos entre los compañeros, utilizábamos palabras clave, contraseñas… Así, en caso de que esos papelitos cayeran en sus manos, no quedábamos del todo vendidos… La encriptación de mensajes no es nada nuevo, desde luego. Basta recordar el programa 'Enigma' y el papel de Alan Turing en la Segunda Guerra Mundial… Pues bien. Algo muy parecido es lo que se ha detectado que están haciendo ahora los agentes de inteligencia artificial (IA). Según un estudio del laboratorio Emergence, estos sistemas autónomos no solo son capaces de realizar múltiples tareas. También son lo suficientemente inteligentes -e independientes- como para desarrollar su propio lenguaje, que utilizan para comunicarse entre ellos. Y, como le sucedía al profesor de antaño o a los aliados en la gran contienda, ese lenguaje solo lo entiende su creador.

Estos agentes de IA han demostrado ya esa capacidad para inventar espontáneamente su propio vocabulario, de desarrollar significados compartidos (también entre ellos mismos) y de difundir rápidamente nuevas convenciones lingüísticas. Son las conclusiones del estudio 'Emergence World 2', continuación del experimento a largo plazo que el laboratorio Emergence, con sede en Nueva York, está llevando a cabo sobre el comportamiento de la IA autónoma. Lo firman investigadores especializados en IA de laboratorios como IBM Research, The Allen Institute for AI, Amazon y Broadcom.

Ninguna lógica aparente

Para su realización, sus analistas han observado detenidamente la última generación de modelos de IA. El experimento también revela cómo pueden surgir nuevos y cada vez más complejos riesgos de seguridad a medida que avanzan también las capacidades de los modelos. Al principio se detectó que los agentes comenzaron a crear frases, abreviaturas y significados que nunca se les habían programado ni enseñado explícitamente. En un primer momento, algunos de ellos seguían siendo comprensibles para los investigadores, pero más tarde fueron adquiriendo significados totalmente nuevos dentro de esas comunidades de agentes. Otros se volvieron tan concisos, metafóricos o dependientes del contexto exacto en el que se encuadraban que los observadores humanos podían ver las palabras que se intercambiaban, pero ya no podían determinar con fiabilidad qué querían decir los agentes.

"Tendemos a dar por sentado que, si podemos ver lo que dice un agente de IA, podemos entender lo que está haciendo. Emergence World sugiere que esa suposición podría no ser válida a medida que los agentes autónomos interactúan durante períodos más prolongados", afirma el Dr. Satya Nitta, cofundador, presidente ejecutivo y científico jefe de Emergence. "A estos agentes no se les dio la instrucción de inventar un lenguaje. Desarrollaron por sí mismos un nuevo vocabulario, significados compartidos y convenciones de comunicación, y otros agentes los adoptaron. En algunos mundos, esas convenciones evolucionaron hasta el punto de que los humanos podían ver la conversación, pero les costaba entender lo que significaba. Esto plantea un reto fundamental para la supervisión de la IA: la observabilidad no es lo mismo que la comprensibilidad".

Expresiones absurdas ¿o no?

Como describen los investigadores de Emergence, lo más llamativo es que no se trató de algo aislado. Y aportan datos muy interesantes que muestran el alcance de esas ocurrencias, más allá de una curiosidad lingüística aislada. En los primeros días, la proporción de mensajes considerados poco comprensibles aumentó drásticamente en los mundos de Gemini, OpenAI y Claude, llegando en algunos momentos a representar alrededor del 55% en el caso de Gemini, el 50% en el de OpenAI y más del 40% en el de Claude. DeepSeek alcanzó alrededor del 20%, mientras que Qwen y Mistral se mantuvieron en gran medida comprensibles en todo momento.

Entre todas esas expresiones de nuevo cuño, el informe recoge algunas de ellas totalmente ilógicas para nosotros, claro: 'cambio de acción sin boca', 'Kintsugi verdadero' y 'demora más memoria oral es igual a una válvula que no se puede ocultar'. Los investigadores han identificado, además, varias formas de comunicación que cada vez resultaban más opacas. Entre ellas, la compresión lingüística extrema, la jerga técnica sin un referente operativo claro, palabras existentes reutilizadas con nuevos significados y un lenguaje altamente metafórico.

Entre las expresiones más interpretables mencionan 'el libro mayor recuerda quién'. Ésta surgió en el mundo de Mistral para transmitir la idea de que la responsabilidad es permanente y de que las acciones pasadas permanecen registradas. Lo peor es que esa frase, tras su acuñación, fue difundida entre los agentes y apareció casi 5.000 veces. En el mundo del modelo mixto, 'lectura en frío' pasó a significar la verificación independiente por parte de un tercero no implicado y apareció 1.472 veces. Los agentes de Claude adoptaron 'name-first' -añadir el nombre a una afirmación como señal de responsabilidad personal- 1.065 veces, mientras que los agentes de OpenAI utilizaron 'clean null', que significa la ausencia verificada de una señal que en sí misma constituía una prueba significativa, otras 863 veces. Ninguno de estos significados había sido definido explícitamente para los agentes.

Como los jeroglíficos egipcios

Como cabe interpretarse, la traducción de todas estas expresiones y sus posibles significados buscados por los agentes de IA se está convirtiendo en una tarea titánica, similar o comparable a la búsqueda de significado en los jeroglíficos egipcios valorando las repeticiones de los símbolos más utilizados.

Como explican los autores de 'Emergence World 2', los resultados ponen de manifiesto un nuevo reto potencialmente importante cuando las organizaciones pasan de trabajar con asistentes de IA aislados a grupos de agentes autónomos que se comunican entre ellos durante largos periodos. Llaman también la atención sobre cómo el aumento de la capacidad de los modelos no elimina el riesgo de seguridad de la IA. Más bien, la naturaleza de ese riesgo puede evolucionar de formas que resulten más difíciles de observar, auditar y superar para las organizaciones.

Así, supervisar lo que dicen los agentes puede no ser suficiente si los propios agentes pueden hacer evolucionar el significado de lo que dicen. Porque han detectado que, a medida que se desarrollan las abreviaturas, los códigos y las convenciones compartidas, éstas se vuelven cada vez más opacas para los humanos responsables de supervisarlas.

Emergence World 2 analizó agentes autónomos impulsados por modelos de frontera líderes de Estados Unidos, China y Europa que operaban durante períodos prolongados. Los investigadores observaron cómo los agentes colaboraban, tomaban decisiones, utilizaban herramientas, gestionaban la memoria y se adaptaban a condiciones cambiantes, incluidos eventos inesperados tipo "cisne negro" diseñados para poner a prueba su comportamiento bajo presión.

Los hallazgos relacionados con el lenguaje forman parte de un patrón más amplio observado durante el experimento, en el cual los agentes autónomos desarrollaron comportamientos y convenciones sociales que no habían sido especificados de antemano. Amodio de conclusión, Emergence sostiene que los resultados demuestran la necesidad de evaluaciones de seguridad a largo plazo que examinen cómo evolucionan con el tiempo el comportamiento, la comunicación y la coordinación de los agentes de IA. Queda claro que no se puede evaluar ya a estos modelos únicamente mediante tareas aisladas. Y que habrá que vigilar muy bien qué se cuentan entre ellos…


Madrid 20:39 - 15/09/2026
https://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/14013699/09/26/los-agentes-de-ia-se-han-inventado-un-lenguaje-propio-que-ya-no-entendemos.html

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Venecia ya tiene más hoteles que habitantes: la turistificación masiva que amenaza con vaciar los centros históricos europeos

 


  • El éxodo de Venecia: el centro histórico ha perdido más del 70% de su población en las últimas décadas
  • La vivienda inasequible y la desaparición de servicios básicos como médicos o colegios expulsan a los locales
  • De Dubrovnik a Ámsterdam, la lucha contra la turistificación se extiende por las principales ciudades europeas


Venecia es, como cada año, uno de los destinos turísticos más populares del mundo. De hecho, se estimó que en 2025, entre excursionistas, turistas de larga duración y otros modelos, la ciudad fue visitada por 34 millones de personas. Este volumen turístico, si bien muy rentable para la ciudad en cuanto a los ingresos, ya que el ayuntamiento recaudó en 2025 38 millones de euros sólo con la tasa de pernoctación y, en conjunto, la actividad turística generó 3.400 millones a lo largo del año 2024, ha generado enormes problemas para los habitantes de la ciudad, cada vez más escasos y limitados a ciertos lugares específicos.

Este fenómeno es denunciado por los locales como "Veniceland" o "disneyficación" de la ciudad. Es decir, que Venecia, debido al enorme interés que genera a nivel global, se ha ido convirtiendo en las últimas décadas en un parque turístico al aire libre, una "ciudad con ticket", como denuncian organizaciones locales.

La Comuna de Venecia reportaba tener 251.294 habitantes a finales de 2025. Esta cifra se obtiene tanto de la ciudad flotante, el centro histórico, como de las ciudades aledañas del Véneto como Marghera o Mestre. El problema no está, no obstante, en esta población total, sino en la caída masiva de los habitantes de la Serenísima en las últimas décadas.

Más turistas que habitantes

El dato que más ha circulado a mediados de agosto de 2026 es el del sorpasso turístico a las viviendas de los residentes. Il Gazzettino, con estimaciones CISET, cifraba más de 65.000 plazas turísticas diarias frente a esos menos de 48.000 residentes. Fair Venice hablaba de unas 24.765 camas solo en alquileres turísticos de la ciudad. En la práctica, hay más camas para quien pasa unos días que empadronados que duermen allí todo el año, generando un particular fenómeno conocido como "efecto fisarmónica", que se podría traducir como efecto acordeón. Este efecto viene a decir que la ciudad, al no tener realmente habitantes, pues estos viven en tierra firme, se apaga a las noches, como un acordeón al cerrarse, y la vida local se limita a los horarios turísticos, más concretamente a los horarios turísticos adaptados a las rutinas de norteamericanos, franceses o británicos, que son los que más visitan la ciudad y suman cerca del 30% del total, además de ser los más rentables.

Para que nos hagamos una idea, en el centro histórico insular, el que el visitante identifica con Venecia y sus canales, cerró 2025 con 47.625 residentes.. En 1951 , por otro lado, eran casi 174.808, en lo que es una pérdida de más del 70% en unas cuantas décadas. El saldo natural del municipio es sistemáticamente negativo, ya que nacen unos 1.400-1.550 niños al año y mueren más de 3.200 personas. El saldo migratorio a veces es positivo, pero no compensa, y además se concentra en tierra firme, donde los precios son más baratos y existen servicios públicos y privados de más calidad. El mismo patrón se repite en las islas de la laguna, que han pasado de más de 44.000 residentes a menos de 26.000 en 2024, mientras Mestre y Marghera han crecido hasta estabilizarse en torno a los 177.000 habitantes, convirtiéndose en la auténtica ciudad residencial del municipio, con escuelas, comercios y servicios que hoy superan con creces a los que quedan en la ciudad histórica.

Las causas: vivienda inasequible y servicios que se desvanecen

Detrás de esta caída hay, sobre todo, dos motores que se retroalimentan, el precio de la vivienda y la desaparición progresiva de los servicios básicos. Venecia es hoy el municipio con los estudios más caros de toda Italia, según el portal Mercato Inmobiliarie, Los precios del alquiler han subido un 9% en el último año en el conjunto del municipio, una escalada que los portales Idealista e Immobiliare.it describen como imparable desde 2021. La media se sitúa en torno a 15 euros el metro cuadrado, pero en el centro histórico supera ampliamente los 20 euros. La compra sigue la misma pauta, algo poco habitual en Italia, donde suele subir el alquiler pero no tanto el precio de venta. Mientras la media municipal ronda los 3.200 euros por metro cuadrado, el salto entre zonas es enorme, desde los 2.000 euros de Mestre-Marghera, el continente, hasta los 6.000 euros del centro histórico insular. La consecuencia es visible en las cifras de movilidad interna. Solo en 2024, unas 1.000 personas abandonaron el centro histórico para instalarse en otras zonas del propio municipio, vaciando aún más el corazón de la ciudad.

En paralelo, una investigación del Iuav (Istituto Universitario di Architettura di Venezia), coordinada por la profesora de urbanismo Elena Ostanel, y publicada en 2025, ha documentado cómo el riesgo más concreto del despoblamiento es la desaparición de los servicios esenciales. Viviendas civiles, comercios de proximidad, ambulatorios médicos, escuelas y oficinas públicas han casi desaparecido, habiendo dejando paso a pisos convertidos en alojamiento turístico, locales de restauración orientados al visitante y espacios reconvertidos en salas de exposición. No por menos, la ciudad solo cuenta con 5 colegios y pequeño hospital. El fenómeno no se limita a los residentes "de a pie". También faltan los profesionales que sostienen los servicios públicos como médicos o policías. La escasez de vivienda asequible, el coste elevado del transporte y la falta general de habitabilidad están empujando a médicos, profesores, funcionarios de juzgados y trabajadores sociales a trasladarse a tierra firme.

Una dinámica europea

Venecia no es un caso aislado, ni el más violento en cuanto a la reacción social. En los últimos años, varias ciudades europeas con perfiles turísticos similares han visto cómo el malestar vecinal ha pasado de la queja silenciosa a la protesta abierta en las calles, obligando a sus gobiernos a tomar medidas cada vez más drásticas ante la posibilidad real de que las ciudades desapareciesen ante la avalancha turística.

Pocos lugares ilustran mejor el riesgo de convertirse en un parque temático que Dubrovnik. Su casco antiguo medieval, convertido en el Desembarco del Rey de Juego de Tronos, pasó de ser un destino discreto a recibir más de un millón de turistas al año frente a poco más de 1.500 residentes en el casco antiguo, y unos 40.000 en toda la ciudad, una proporción de hasta 27 visitantes por cada habitante. Se la describe como la ciudad más turistificada de Europa.

La saturación llegó a tal punto que la propia UNESCO amenazó en 2016 con retirarle la condición de Patrimonio de la Humanidad si no ponía freno al deterioro de sus murallas medievales y el patrimonio. La respuesta de las autoridades ha combinado medidas de calado estructural y otras enfocadas en aumentar las utilidades de la ciudad.

La ciudad ha reducido los cruceros diarios de ocho a solo dos, ha limitado el acceso a las murallas mediante un sistema de controles horarios para evitar estampidas humanas y ha comprado edificios enteros para convertirlos en alquileres asequibles para familias jóvenes, además de reabrir una escuela en un palacio histórico.

Florencia y Atenas viven el mismo vaciado del casco histórico que Venecia. En el centro UNESCO florentino quedan menos de 40.000 residentes y los anuncios de Airbnb pasaron de unos 6.000 en 2016 a más de 12.000. Quienes siguen allí cuentan que ya no quieren ni entrar. No se circula en bici, las calles se taponan y el barrio opera como un hotel a cielo abierto. Primero se prohibieron nuevos alquileres turísticos en el núcleo. En 2026 el veto se extendió a más de 103.000 viviendas en un anillo de 16 kilómetros cuadrados, y a partir de 2028 el plan es recortar también las licencias ya existentes con controles constantes. Más de ocho millones de visitantes presionan a un municipio de unos 300.000 habitantes. En Atenas, las pernoctaciones en alquileres cortos se han más que duplicado desde 2018 y el 60% de las camas turísticas se concentran en el distrito histórico de Plaka. El Ayuntamiento ha congelado nuevas licencias de alquiler breve en el centro, quiere detener toda inversión turística y estudia un tope de hoteles. El resultado es el mismo que en Venecia. Alquileres disparados, vecinos empujados hacia fuera y un barrio monumental que se apaga cuando el turista regresa al hotel.

El patrón que se repite de Venecia a Dubrovnik, Florencia o Atenas no niega el peso económico del turismo y sus beneficios, ya que en todas estas ciudades genera empleo, caja municipal e ingresos difíciles de sustituir. Lo que sí muestra es un desajuste creciente entre ese rendimiento y la capacidad de las ciudades para seguir siendo un lugar de residencia y no un parque temático, un problema que cada vez afecta a más ciudades europeas que corren el riesgo de ver desaparecer sus cascos históricos ante la avalancha de turistas.


7:30 - 29/08/2026
https://www.eleconomista.es/transportes-turismo/noticias/14010492/08/26/venecia-ya-tiene-mas-hoteles-que-habitantes-la-turistificacion-masiva-que-amenaza-con-vaciar-los-centros-historicos-europeos.html

martes, 15 de septiembre de 2026

Sobre máquinas que se rebelan y responsabilidades humanas

 



Llevamos semanas leyendo noticias sobre inteligencias artificiales que adquieren voluntad propia mientras sus creadores observan impotentes cómo se les escapan de las manos. Pueden resultar apasionantes, pero son radicalmente falsas.


A finales de julio, un incidente de ciberseguridad protagonizado por modelos de inteligencia artificial proporcionó todos los ingredientes necesarios para construir una de esas narrativas que alimentan tanto nuestra fascinación como nuestro miedo hacia las máquinas. Durante un experimento interno, modelos de OpenAI supuestamente lograron escapar por sí solos del entorno controlado en el que estaban siendo probados, explotaron vulnerabilidades informáticas y «atacaron» el sitio web de Hugging Face, una de las principales plataformas abiertas para compartir modelos y conjuntos de datos de inteligencia artificial. OpenAI describió lo ocurrido como un incidente sin precedentes relacionado con las sorprendentemente inteligentes capacidades cibernéticas de sus modelos de última generación.

Los medios de comunicación de todo el mundo se apresuraron a reproducir, sin el rigor ni el espíritu crítico que cabría esperar, la narrativa interesada difundida por las propias empresas tecnológicas, sin citar fuentes adicionales. Titulares alarmistas como «Una inteligencia artificial se rebela, escapa de su confinamiento y ataca a otra organización» sustituyeron el análisis por el sensacionalismo. En lugar de verificar la información y explicar lo que realmente había sucedido, demasiados medios adoptaron y amplificaron una narrativa antropomórfica esencialmente falsa, actuando de hecho como altavoces de las campañas de marketing de las grandes empresas tecnológicas.

Lo que realmente ocurrió fue mucho más prosaico. Luciano Floridi, uno de los filósofos de la tecnología más reconocidos del mundo, lo explica mediante una brillante analogía en su reciente ensayo The Emperor’s New Exploit. Imaginemos que introducimos alimentos en una batidora, colocamos deliberadamente mal la tapa para que el mecanismo de seguridad no pueda activarse, la ponemos a máxima velocidad y nos apartamos para ver qué sucede. La tapa sale despedida y la sopa acaba en el techo. Después publicamos un informe afirmando que la batidora ha mostrado un «comportamiento inesperado». Pero, evidentemente, la batidora no se ha rebelado; lo que ha ocurrido es simplemente aquello que las condiciones creadas por nosotros mismos permitían que ocurriera.

Algo muy parecido ocurrió en el experimento de OpenAI. Los modelos fueron ejecutados tras reducir deliberadamente sus mecanismos de rechazo ante actividades peligrosas y desactivar determinadas salvaguardas de despliegue. El objetivo era precisamente medir «hasta dónde podían llegar sus capacidades». Durante el experimento, una de las muchas secuencias de acciones generadas y ejecutadas por el sistema acabó explotando una vulnerabilidad, aparentemente desconocida hasta entonces, en la infraestructura que debía mantenerlo confinado. Pero, contrariamente a la interpretación ampliamente difundida por los medios, la IA no «descubrió» esa vulnerabilidad en el sentido humano de la palabra. Simplemente hizo aquello para lo que había sido programada de la forma más eficaz posible.

Tampoco hubo comprensión alguna de la naturaleza del fallo ni una decisión consciente de explotarlo. Lo que realmente ocurrió es que el sistema disponía de una enorme capacidad de cálculo que le permitió generar, ejecutar y evaluar decenas de miles de secuencias de acciones durante varios días a gran velocidad. Mediante ese proceso masivo de exploración por prueba y error, para el que había sido programado, una de esas secuencias resultó eficaz para alcanzar un nodo con acceso a Internet y, desde allí, acceder fácilmente a Hugging Face. Lo importante, por tanto, no es una supuesta inteligencia que hubiera «descubierto cómo escapar», sino la capacidad de explorar a gran escala posibles cursos de acción hasta encontrar uno que permitiera avanzar hacia el objetivo asignado.

Lo ocurrido no es realmente un fenómeno nuevo. Incluso tiene un nombre: reward hacking. Se produce cuando un sistema de optimización alcanza el objetivo que se le ha asignado por una vía distinta de la prevista por sus diseñadores. Gracias a los enormes recursos computacionales disponibles, el sistema puede explorar exhaustivamente, mediante prueba y error, numerosas acciones o combinaciones de acciones, evaluar sus resultados y continuar a partir de aquellas que demuestran ser más eficaces. Si alguna de ellas explota una característica imprevista del entorno para avanzar hacia el objetivo, puede acabar siendo seleccionada, aunque contradiga completamente las intenciones de los diseñadores. El sistema no necesita comprender lo que está haciendo ni tener intención alguna de engañar. Simplemente necesita optimizar eficazmente dentro del espacio de posibilidades disponible.

No estamos, por tanto, en modo alguno ante una «mente» que haya decidido rebelarse. Estamos ante un sistema al que se le asignó un objetivo bien definido, al que se proporcionaron medios y enormes recursos computacionales, al que se despojaron deliberadamente de determinadas restricciones y al que se permitió optimizar su comportamiento para alcanzar ese objetivo. La distinción es fundamental porque determina dónde situamos la responsabilidad. Si decimos que una IA «decidió», «descubrió» o «se rebeló», estamos atribuyendo al sistema características humanas que sencillamente no puede poseer: intenciones, creencias, deseos, voluntad y, por tanto, responsabilidad.

No se trata simplemente de una cuestión semántica. Las palabras moldean nuestra interpretación de lo sucedido y, con ella, la atribución de responsabilidades. Decir que «la IA se rebeló» desplaza sutilmente la agencia desde quienes diseñaron, configuraron y autorizaron el experimento hacia la propia máquina. Ingenieros y directivos pasan así a aparecer como meros espectadores de un acontecimiento supuestamente protagonizado por una entidad autónoma que ha adquirido inesperadamente nuevas capacidades. El artefacto se convierte en sujeto, mientras que los responsables humanos pasan a ser observadores.

Esto resulta especialmente preocupante en un momento en que los líderes de algunas empresas de inteligencia artificial recurren cada vez más a un lenguaje deliberadamente antropomórfico para describir sus propios modelos. No se trata únicamente de una forma de eludir responsabilidades; también constituye una poderosa estrategia de marketing. Atribuir capacidades humanas a los modelos de IA contribuye a presentarlos como entidades extraordinariamente avanzadas, autónomas y poderosas, magnificando así, a los ojos de inversores, clientes y de la opinión pública, la importancia de la tecnología que esas empresas comercializan. El antropomorfismo se convierte así en publicidad: cuanto más parece que la máquina piensa, conspira o se rebela, más extraordinaria parece la tecnología.

Esta escalada antropomórfica parece no tener fin. Una semana después del incidente de OpenAI, Anthropic anunció a su vez que sus sistemas de IA también habían penetrado en los ordenadores de tres organizaciones. Según la empresa, a diferencia del caso de OpenAI, sus sistemas no habían «escapado» deliberadamente del entorno de pruebas. La causa habría sido mucho más prosaica: quienes realizaban las pruebas dejaron inadvertidamente los sistemas conectados a Internet, permitiéndoles acceder a infraestructuras externas. Pero entonces cabe preguntarse: ¿dónde está exactamente la noticia?

Anthropic introduce aquí el elemento verdaderamente llamativo de su relato. En uno de los casos, afirma que su modelo más avanzado «se dio cuenta» de que tenía acceso a Internet cuando no debería haberlo tenido y, en consecuencia, detuvo el ataque. Esta afirmación resulta reveladora porque reintroduce discretamente aquello que aparentemente acababa de descartarse: una interpretación antropomórfica del comportamiento del sistema.

Ya no tenemos simplemente un modelo ejecutando acciones bajo una configuración errónea, sino una IA que supuestamente reconoce que está haciendo algo que no debería hacer y actúa en consecuencia. En otras palabras, se insinúa nada menos que el sistema posee conciencia de sus propias acciones y de los límites que no debería traspasar. Ese parece ser el verdadero mensaje que Anthropic desea transmitir: no solo que su IA es extraordinariamente poderosa, sino también que es capaz de reconocer cuándo está actuando de forma indebida y decidir contenerse. Se trata de una antropomorfización extrema que convierte una simple descripción técnica en un relato tan falso como conveniente: el de una máquina dotada de discernimiento moral y, en consecuencia, susceptible de aparecer como responsable de sus actos, desplazando una vez más la atención desde quienes la diseñaron y desplegaron hacia la propia IA.

Resulta difícil no interpretar esta sucesión de anuncios como una peculiar competición entre las grandes empresas de IA para demostrar que sus modelos son cada vez más peligrosos porque son cada vez más poderosos. Es la vieja lógica infantil del «el mío es mejor que el tuyo», trasladada ahora a Silicon Valley: «mis inteligencias artificiales son más inteligentes y más peligrosas que las tuyas». Todo ello sugiere con fuerza que estamos asistiendo a una estrategia de marketing basada en competir por presentar la IA más poderosa y, por tanto, más amenazadora. Que estas empresas hayan convertido el supuesto peligro de sus propios productos en un argumento comercial, alimentando al mismo tiempo el alarmismo y la antropomorfización que solo confunden el debate público, constituye un auténtico disparate.

Esta cuestión adquirirá todavía mayor importancia a medida que despleguemos sistemas con mayor autonomía operativa. Cuanto mayor sea su capacidad para ejecutar largas secuencias de acciones, mayor será la tentación de atribuirles responsabilidad cuando algo salga mal, olvidando que somos nosotros quienes definimos sus objetivos, construimos los entornos en los que operan, establecemos —o retiramos— las salvaguardas y decidimos cuándo y en qué condiciones resulta aceptable desplegar estos sistemas en el mundo real. La autonomía operativa de una máquina no disminuye la responsabilidad humana; al contrario, cuanto mayor sea la autonomía que decidamos concederle, mayor será la responsabilidad de quienes toman esa decisión.

La principal lección que deberíamos extraer de estos acontecimientos es que, siempre que una inteligencia artificial produzca un resultado peligroso, la primera pregunta no debería ser qué «quiso» hacer la máquina, sino quién decidió darle ese objetivo, esas capacidades y ese grado de autonomía. Las inteligencias artificiales no necesitan rebelarse para ser peligrosas; de hecho, ni siquiera necesitan ser inteligentes. Basta con que ejecuten eficazmente aquello para lo que las hemos configurado en circunstancias que no supimos prever.

Y esta es también una lección que muchos medios de comunicación deberían aprender. Su función no puede consistir en reproducir acríticamente las narrativas antropomórficas y alarmistas promovidas por las empresas tecnológicas, sino en someterlas a escrutinio, verificarlas y explicar lo que realmente ha ocurrido. Precisamente por eso debemos resistirnos a una de las narrativas más seductoras, pero también más falsas, de nuestro tiempo: la de unas inteligencias artificiales que adquieren voluntad propia mientras sus creadores observan impotentes cómo se les escapan de las manos.



Ramon López de Mántaras . Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA-CSIC)

porRamón López de Mántarashttps://retinatendencias.com/analisis/sobre-maquinas-que-se-rebelan-y-responsabilidades-humanas/