miércoles, 13 de mayo de 2026

La próxima batalla de OpenAI y Anthropic no es la IA. Y ambos dependen de Elon Musk



Elon Musk, en una imagen de archivo. 
(EFE/Gian Ehrenzeller)


Ambas empresas calientan motores para sus salidas a bolsa. Pero necesitan que SpaceX demuestre que Wall Street está dispuesto a pagar promesas de futuro. Las tres aspiran a movilizar un capital nunca visto en tan poco tiempo



La próxima gran prueba de fuego para Sam Altman no va a ser lograr un modelo tan potente y versátil que consiga echar a Gemini a un lado o que codifique mejor que lo que hace Anthropic. Tampoco es la de lograr hacer realidad ese iPhone de la IA, un teléfono hecho por y para la tecnología de moda, misión para la que se ha asociado con Jony Ive, el que fuera en su día pope de diseño de Apple.

La patata caliente está esperando en Wall Street. La esperada salida a bolsa de OpenAI es uno de los eventos más esperados en el gremio (y fuera de él) este año. Lo es porque después de unos años con perfil bajo, vuelven las grandes OPVs en esta industria.

Lo es porque será la piedra de toque para demostrar si las promesas de la empresa que puso de moda la inteligencia artificial se sostienen cuando entra en juego el dinero de los mercados públicos. Y lo es porque detrás de ella vendrán una cola de empresas poniendo el cazo para conseguir capital a una escala que hasta ahora solo habían podido proveer unos pocos gigantes tecnológicos y algunos de los fondos con el bolsillo más profundo.

Además de OpenAI, hay dos que están en la línea de salida. Anthropic, su gran rival, también parece estar preparándose para dar este paso. La empresa de los hermanos Amodei lo hace en un momento dulce en lo técnico, tras el hype y el miedo levantado por las capacidades Mythos, una IA tan potente que, por ahora, se ha puesto en contadas manos. Pero también lo hace en el centro de la polémica, tras el conflicto generado por negarse a dar barra libre al Pentágono para usar sus desarrollos en el conflicto con Irán.

En paralelo, el mercado privado ya empieza a comportarse como un simulador para estas compañías. En los últimos meses, algunos fondos y plataformas que permiten comprar participaciones privadas de Anthropic han llegado a inflar su valoración implícita hasta rozar el billón de dólares. No era una salida a bolsa ni una ronda de financiación al uso. Era, básicamente, inversores peleándose por conseguir un asiento en la fiebre de la IA antes de que se cerrara la puerta.

La dinámica dice mucho del momento que vive el sector. Las valoraciones empiezan a depender menos de los ingresos reales o de la solidez del negocio y más de una mezcla de escasez artificial, acceso limitado y miedo colectivo a quedarse fuera de la próxima gran plataforma tecnológica.




Pero mucho antes de que estas dos startups se sometan al juicio de los inversores y los mercados públicos, lo hará Elon Musk con SpaceX. Las especulaciones apuntan, incluso, a que podría pasar el primer semestre. Entre las tres compañías aspiran a captar más de 240.000 millones de dólares. Para hacerse una idea de la magnitud, esa cifra supera todo lo recaudado en salidas a bolsa en Estados Unidos durante 2024 y 2025.


SpaceX, la macedonia más valorada

El caso más singular y destacado es el de SpaceX. Primero porque es un lanzamiento bursátil que aspira a recaudar unos 75.000 millones de dólares. Eso colocaría su capitalización, según las estimaciones, en una horquilla de 1,75 a 2 billones de dólares. Segundo, porque puede condicionar lo que pase después con el resto.

No es solo una cuestión de tamaño. Es lo que hay dentro. SpaceX llega al mercado como una mezcla difícil de clasificar. Por un lado, está el negocio aeroespacial que la ha convertido en un actor clave en lanzamientos y contratos públicos. Por otro, Starlink, que se ha convertido en el verdadero motor financiero con ingresos recurrentes, márgenes elevados y una base de usuarios que ya se cuenta por millones. Y, sobre todo, está la capa de inteligencia artificial que introduce xAI, la última pieza del puzle de Elon Musk y la que permite reencuadrar la compañía como algo más que un operador espacial.

Esa combinación es lo que hace que la operación sea distinta. No hay muchas referencias para valorar algo así. No es una empresa de cohetes ni una teleco ni una compañía de IA en sentido estricto, pero bebe de todas ellas. El resultado es una historia lo suficientemente amplia como para justificar valoraciones muy elevadas, aunque las cifras actuales no encajen del todo con ese relato. En la práctica, el mercado tendrá que decidir cuánto vale cada pieza y, sobre todo, si tiene sentido analizarlas por separado o comprar el paquete completo.


placeholderLanzamiento de un cohete de SpaceX. (Reuters)
Lanzamiento de un cohete de SpaceX. (Reuters)

A eso se suma cómo está planteada la salida a bolsa. El porcentaje de acciones que se pondrá en circulación será limitado, lo que reduce el margen para que el mercado fije un precio de forma natural y suele empujar las cotizaciones al alza en los primeros compases. Al mismo tiempo, se ha reservado una parte relevante para inversores minoristas, una fórmula que ya utilizó Musk en el pasado y que introduce un componente más emocional en la demanda. Todo ello bajo una estructura que garantiza que el control seguirá en manos de los actuales accionistas, lo que limita la capacidad de influencia de los nuevos inversores.

El mensaje implícito es claro. Más que una operación basada en fundamentales clásicos, se trata de una apuesta por la ejecución futura. Esa ejecución tiene hitos muy concretos, desde el desarrollo de Starship hasta la capacidad de convertir Starlink en una infraestructura global todavía más rentable. Pero también tiene muchos otros retos por delante que pueden tardar décadas en empezar a tener una solución viable si sus ingenieros consiguen hacer múltiples milagros todavía inimaginables.

Por eso SpaceX funciona como termómetro. Si el mercado compra esa historia, el camino quedará despejado para el resto. Si no lo hace, el efecto se notará de inmediato.


OpenAI, entre las dudas y el hype

En este punto de la ecuación, entra OpenAI. Es la empresa más visible del sector y la que ha llevado la inteligencia artificial al gran público. Su nombre está asociado a la expansión de esta tecnología y su base de usuarios es, todavía, una de las más amplias. También es la que ha marcado el ritmo de la conversación en torno a lo que puede hacer la IA y hacia dónde se dirige. Y también es la que más ha azuzado el espíritu de una inteligencia artificial general que sea capaz de dejar obsoleta la mano de obra humana, tanto física como intelectualmente.

Su salida a bolsa aspira a captar en torno a 100.000 millones de dólares, una cifra que refleja tanto su ambición como sus necesidades de capital. Pero esa posición también juega en su contra cuando se acerca el momento de rendir cuentas. En los últimos meses han empezado a aparecer dudas que antes no estaban sobre la mesa. Algunas previsiones internas de usuarios e ingresos no se han cumplido y el ritmo de crecimiento, aunque sigue siendo elevado en términos absolutos, empieza a mostrar signos de desaceleración relativa frente a competidores más agresivos en el mercado empresarial. A eso se suma el coste de mantener y escalar sus modelos, que sigue creciendo a un ritmo difícil de sostener incluso con el respaldo de socios como Microsoft.

La estructura del negocio tampoco ayuda a disipar esas dudas. OpenAI mantiene una dependencia importante del consumo, con millones de usuarios que pagan suscripciones, pero con una monetización que no siempre escala al mismo ritmo que el uso. Al mismo tiempo, su posición en el segmento corporativo ha perdido algo de terreno frente a rivales que han apostado de forma más directa por ese mercado. Todo ello dibuja un escenario en el que la compañía sigue siendo líder en visibilidad, pero no necesariamente en ejecución.

Dentro de la propia empresa tampoco hay una única visión sobre el calendario. Mientras Sam Altman sigue empujando para aprovechar la ventana de mercado, algunas voces en la dirección consideran que la compañía no está preparada para someterse todavía al escrutinio de los mercados públicos y apuestan por retrasar la operación hasta 2027. La diferencia no es menor. Supone decidir si salir a bolsa para financiar el crecimiento o esperar a demostrar que ese crecimiento puede convertirse en un negocio más predecible y sostenible.


placeholderEl CEO de OpenAI, Sam Altman. (Reuters)
El CEO de OpenAI, Sam Altman. (Reuters)
Anthropic, un momento dulce

Entre ambos extremos se mueve Anthropic, que llegará más tarde pero con una narrativa distinta. La empresa de los hermanos Amodei apunta a una operación que podría superar los 60.000 millones de dólares. Ha crecido con menos ruido mediático, pero con una ejecución muy consistente en el segmento empresarial. Buena parte de sus ingresos provienen de contratos con grandes compañías, lo que le da una base más estable y menos expuesta a los vaivenes del consumo.

Ese posicionamiento se ha traducido en un crecimiento muy rápido en ingresos y en una presencia cada vez mayor en herramientas de desarrollo y entornos corporativos. Su modelo se apoya en acuerdos con grandes proveedores de nube, lo que le permite escalar sin depender de una única infraestructura y asegurar acceso a capacidad de cómputo en un momento en el que ese recurso es crítico. Además, ha conseguido posicionarse como una alternativa sólida en áreas como la programación, donde compite directamente con OpenAI.

Su salida a bolsa servirá como contraste. Mientras SpaceX pone a prueba la capacidad del mercado para absorber operaciones gigantes y OpenAI mide la resistencia de la narrativa más visible de la IA, Anthropic permitirá evaluar si los inversores están dispuestos a premiar modelos más centrados en ingresos y clientes. El orden no es casual. Primero se mide el apetito. Después la promesa. Y, por último, la ejecución.

Detrás de este trío no hay un vacío. Hay una cola bastante más larga de compañías esperando su turno. Y todas comparten el mismo problema de fondo. La inteligencia artificial no solo necesita talento y modelos. Necesita dinero. Mucho dinero.



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Dario Amodei, CEO de Anthropic. (Reuters)
Dario Amodei, CEO de Anthropic. (Reuters)

Empresas como Databricks o Cerebras Systems están en esa categoría menos vistosa pero igual de crítica para la tecnología de moda. No venden asistentes ni aplicaciones que se vuelvan virales. Venden la infraestructura que hace posible todo lo demás. Databricks se ha convertido en una de las grandes plataformas donde las empresas almacenan, procesan y preparan sus datos para entrenar modelos de IA. Es, en esencia, la cocina donde se prepara el combustible de estos sistemas. Cerebras juega en otro nivel. Diseña chips gigantes optimizados para entrenar modelos de inteligencia artificial mucho más rápido que las GPU tradicionales. Es hardware puro, pero adaptado a una carrera donde cada salto de rendimiento cuesta miles de millones.

Para ellas, salir a bolsa no es tanto una oportunidad como una necesidad. El capital riesgo ha financiado la primera fase, pero se queda corto cuando hay que escalar a nivel industrial. Construir centros de datos, desarrollar nuevos chips o mantener infraestructuras capaces de entrenar modelos cada vez más complejos exige una inversión continua que no encaja ya en rondas privadas. El mercado público se convierte en la siguiente fuente lógica de financiación.

El problema es que ese capital ya no llega tan fácil como antes. El mercado ha cambiado. Después de varios años de excesos, los inversores empiezan a pedir algo más que promesas. Quieren ingresos, márgenes y cierta visibilidad de negocio. Y ahí es donde muchas de estas compañías todavía tienen que demostrar que su crecimiento no depende solo del entusiasmo alrededor de la IA.

En paralelo, hay otro grupo que juega una partida distinta. Canva, Stripe o Klarna no están en el centro de la inteligencia artificial, pero han sabido utilizarla para alimentar el entusiasmo en torno a sus productos. Canva ha integrado herramientas generativas en su suite de diseño. Stripe utiliza IA para mejorar pagos, fraude y automatización. Klarna la ha incorporado en atención al cliente y recomendaciones. Ninguna depende de ella para existir, pero todas la han incorporado para no quedarse fuera de la narrativa dominante. Eso les da una posición más cómoda. Tienen negocios que ya funcionan, ingresos claros y modelos más fáciles de entender. La inteligencia artificial suma, pero no sostiene toda la historia.

La fotografía está clara. Compañías que necesitan miles de millones para construir una infraestructura que todavía se está desplegando. Por otro, negocios que ya generan caja y utilizan la IA como palanca adicional. Las dos van a coincidir en el mismo mercado y en la misma ventana de tiempo. Y ahí es donde se decidirá algo más que el éxito de unas cuantas salidas a bolsa. Se decidirá qué tipo de historia está dispuesto a comprar ahora el mercado. Si la de la promesa o la de la cuenta de resultados.

Porque durante años el capital privado ha permitido a muchas tecnológicas crecer protegidas de preguntas incómodas sobre márgenes, rentabilidad o sostenibilidad financiera. Wall Street funciona distinto. Obliga a responder cada trimestre. Y eso convierte esta nueva oleada de OPVs en algo más que una carrera por captar dinero. Es el momento en el que la industria de la inteligencia artificial tendrá que demostrar cuánto de su narrativa puede sobrevivir cuando se enfrenta a precios fijados cada día por el mercado.

La cuestión no es solo si SpaceX, OpenAI o Anthropic lograrán debutar con éxito. La cuestión es qué ocurrirá después. Si los inversores estarán dispuestos a seguir financiando compañías cuyo apetito de capital crece casi al mismo ritmo que sus ambiciones tecnológicas. Si el mercado puede absorber operaciones gigantescas de manera sostenida. Y, sobre todo, si la economía de la IA terminará pareciéndose más a la de un negocio de software tradicional o a la de una infraestructura global permanentemente hambrienta de energía, chips y centros de datos.

Hasta ahora, el dinero privado ha sostenido buena parte de esa expectativa. La salida a bolsa será la primera vez que el sector tenga que comprobar cuánto de esa euforia era real.



martes, 12 de mayo de 2026

La economía mundial contiene el aliento ante el histórico desplome de los inventarios de petróleo: "Lo peor está por llegar"

 

Vista aérea de tanques de almacenamiento de petróleo y el acero de oleoducto. Foto de iStock.


  • En el mes de junio se pueden empezar a sentir las consecuencias reales
  • Aunque reabra Ormuz, recuperar la normalidad va a ser complicado
  • Cada día se evaporan 6,6 millones de barriles de las reservas globales


Mientras que los mercados miran hacia otro lado, la economía global se enfrenta a una crisis energética sin precedentes que está a punto de comenzar a sentirse de forma real y tangible, más allá de los precios del surtidor. Aunque el descenso de los futuros de petróleo durante esta semana ha supuesto un alivio para los mercados, bancos centrales y consumidores, los fundamentales del mercado dicen otra cosa. Ese descenso del precio está lejos de ser el fin de los problemas de un mercado que se ha tensionado a la 'velocidad de la luz' y eso que partía de una situación de histórica sobreoferta (se producía mucho más petróleo del que se consumía). Esa sobreoferta permitió que las refinerías y los centros de almacenamiento acumulasen reservas de petróleo a buen precio. Sin embargo, hoy, esas reservas están desapareciendo muy rápido; cada día se 'evapora' el equivalente al consumo de cinco 'Españas'. Las reservas mundiales de petróleo se desplomaron a un ritmo récord en abril, generando el riesgo de un nuevo y fuerte repunte de los precios antes de la temporada de viajes de verano.

Las reservas de crudo se han desplomado en casi 200 millones de barriles, o 6,6 millones de barriles diarios, según estimaciones de S&P Global Energy, incluso cuando los precios más altos provocaron un desplome de la demanda de unos 5 millones de barriles diarios, la caída más pronunciada jamás registrada fuera de la pandemia del covid. Este descenso supone que cada día desaparecen reservas suficientes para alimentar la demanda de unas cinco 'Españas', una cifra muy grande, teniendo en cuenta que España es una economía relativamente intensiva en petróleo dado sus niveles de desarrollo y que es la decimosegunda potencia mundial.

La economía global está sufriendo ya los elevados precios del combustible, que erosionan de forma notable el poder adquisitivo de unos consumidores que estaban manteniendo el crecimiento económico en Europa. Al mismo tiempo, algunos sectores muy sensibles al precio del petróleo ya empiezan a reducir sus inversiones y operaciones (por ejemplo, las aerolíneas), lo que también reduce la inversión, el componente más volátil del PIB, en la economía. Al mismo tiempo, unos gobiernos con posiciones fiscales ya muy vulnerables, se endeudan para intentar amortiguar el impacto de la crisis energética en los bolsillos de sus ciudadanos. Esto es solo una parte. El ajuste real aún está por llegar, según los expertos.

"Desafortunadamente, las mejoras en la intensidad del consumo de petróleo son un arma de doble filo. El consumo de petróleo hoy en día está más concentrado en usos de alto valor y en áreas donde no hay sustituto, como el transporte terrestre o aéreo y el transporte marítimo", advierte Christof Rühl, Investigador principal del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia y miembro del consejo asesor de Crystal Energy.

Este experto destaca que estas son actividades económicas fundamentales, menos sensibles a los precios que los motores de crecimiento discrecionales o orientados al consumo. Una vez interrumpidas, es probable que se produzcan efectos en cascada en toda la economía, sentencia. Este es otro punto de no retorno. A todo ello habría que sumarle la expectativa de que los bancos centrales comiencen a subir tipos, lo que también dañará la actividad económica y la inversión en un intento por devolver a la inflación al objetivo del 2%.

Un ajuste inevitable en el mercado

"Esto es enorme, está muy por encima del rango habitual", asegura Jim Burkhard, jefe de investigación de crudo en S&P, añadiendo que, en un mes normal, las reservas mundiales fluctúan entre unos cientos de miles y un millón de barriles, según explica en declaraciones a el Financial Times"Se avecina un ajuste inevitable del mercado", asegura. En total, el mercado petrolero ha perdido 1.000 millones de barriles de crudo debido a la guerra con Irán hasta la fecha y, aunque la demanda está cayendo rápidamente, está siendo "superada por la pérdida de oferta", agregó. "Los precios del crudo seguirán subiendo".

Los precios del petróleo se han disparado desde el inicio de la guerra a finales de febrero, debido a que tanto Irán como EEUU han restringido el tráfico a través del estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial, y a que los ataques han dañado la infraestructura energética de la región. Sin embargo, los operadores han advertido que es probable que los precios suban aún más una vez que las reservas mundiales caigan por debajo de niveles críticos, y algunos predicen que ese punto de inflexión se alcanzará en las próximas semanas. Los más atrevidos señalan junio como el mes crítico.

En este contexto, Pedro Santa Cruz, director de Freedom24 Iberia asegura que "la pregunta clave es muy simple: ¿está abierto el Estrecho de Ormuz o no? Mientras siga parcialmente cerrado, el mercado va a seguir tensionado. Si el bloqueo se prolonga, ver el barril por encima de los 200 dólares no debería sorprender a nadie. No es un escenario extremo, es pura aritmética: estamos perdiendo en torno al 13% del suministro global y ese volumen no puede sustituirse con rapidez."

Por ahora, con el barril de Brent por encima de los 100 dólares (se prevé que el crudo siga 'caro' por un tiempo), todavía no se refleja el riesgo real que está generando esta crisis. Los datos de S&P incluyen todo el petróleo almacenado tanto por gobiernos como por empresas, así como el que se encuentra actualmente a bordo de buques cisterna en alta mar. La caída incluye el petróleo liberado por la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos en respuesta a la crisis energética derivada de la guerra. Aunque las reservas mundiales totales de petróleo ascienden a unos 4.000 millones de barriles, según Burkhard, una gran parte de ellas se destina a las operaciones diarias, como el buen funcionamiento de las refinerías y la presurización de los oleoductos, lo que limita el volumen que se puede extraer fácilmente.

Unos 40 días de suministro

Poco a poco, las reservas mundiales de petróleo se están acercando a su nivel más bajo en ocho años, según Goldman Sachs. El banco añadió que solo quedan unos 40 días de suministro de productos refinados, como gasolina, diésel y combustible para aviones, en todo el mundo, y señaló descensos especialmente importantes en Asia y África. "La velocidad de agotamiento y las pérdidas de suministro en algunas regiones y productos son preocupantes", afirman los analistas de Goldman Sachs.

En el norte de Europa, las reservas de combustible para aviones han caído a su nivel más bajo en seis años en abril, según la agencia de precios Argus, mientras que en EEUU las reservas de gasolina se encaminan a alcanzar su nivel más bajo de la historia en verano, durante la temporada alta de conducción.

EEUU aguanta mejor... por ahora

A pesar de que el precio medio de la gasolina en las gasolineras ronda los 4,50 dólares por galón, los conductores estadounidenses aún no han reducido significativamente su consumo, según Morgan Stanley. El banco estima que uno de cada once barriles de petróleo es utilizado por los conductores estadounidenses y pronostica que las reservas de Estados Unidos podrían caer por debajo de los 200 millones de barriles a finales de agosto, lo que equivale aproximadamente a una semana de demanda.

Sin embargo, EEUU aún no ha sentido el impacto total de la crisis, afirmó Burkhard, señalando que sus reservas de crudo siguen siendo superiores a las de esta misma época del año pasado. La mayor parte de la caída global de las reservas se ha registrado en Asia, añadió. Indicó que una fuerte caída en las reservas estadounidenses podría desencadenar una alarma generalizada. "Lo peor de la crisis está por venir", concluye.

La economía mundial contiene el aliento

La economía mundial todavía no ha sentido de lleno el golpe de la crisis del petróleo, pero eso no significa que el peligro haya desaparecido. De hecho, según un extenso informe de BCA Research elaborado por su estratega jefe, Peter Berezin, "el riesgo de recesión aumentará de forma significativa si el estrecho de Ormuz permanece cerrado hasta junio". El analista advierte de que el mundo se encuentra aún en la fase inicial del shock energético y que buena parte de los daños tardan meses en aflorar plenamente. "Históricamente, los shocks petroleros tienen un impacto retardado sobre la actividad", recuerda BCA, señalando que el mayor efecto sobre el crecimiento suele producirse cuatro trimestres después del inicio de la crisis y el impacto máximo sobre el PIB llega alrededor de seis trimestres más tarde. Desde JP Morgan ya señalaban un riesgo de recesión del 35% de probabilidad a nivel global.

Por ahora, el mercado está sobreviviendo gracias a varios amortiguadores extraordinarios. El primero son las reservas acumuladas durante los últimos años que se están evaporando rápidamente. Por otro lado, el informe explica que la aparente resistencia de la economía también tiene mucho que ver con factores psicológicos y temporales. Empresas y consumidores siguen actuando como si el shock fuese pasajero. "Si la gente espera que los precios permanezcan altos solo temporalmente, recurrirá a sus ahorros o se endeudará para mantener su nivel de gasto", explica Berezin.

Eso mismo está ocurriendo con las empresas, que continúan contratando y evitando despidos ante la expectativa de que la crisis energética remita pronto. El problema es que el mercado podría estar subestimando el riesgo geopolítico. Matt Gertken, estratega geopolítico jefe de BCA, cree que los inversores "son demasiado complacientes" y estima que, aunque existe un 60% de posibilidades de que Irán y EEUU alcancen algún tipo de acuerdo, "solo hay un 30% de probabilidades de que ese acuerdo sobreviva más de doce meses".

La IA también amortigua el golpe

Otro elemento que está evitando, de momento, un desplome económico es el extraordinario auge de la inteligencia artificial. La inversión en hardware y software vinculados a la IA ha alcanzado niveles récord en EEUU, representando ya el 4,9% del PIB, por encima incluso del pico de la burbuja tecnológica del año 2000. Este boom está sosteniendo la demanda global y favoreciendo especialmente a Asia, donde numerosos países están profundamente integrados en la cadena de suministro tecnológica. Sin embargo, BCA alerta de que este apoyo es frágil: "Fuera de la inteligencia artificial, la inversión empresarial ha sido tibia", lo que significa que, si el impulso tecnológico se debilita, desaparecería uno de los principales pilares que están manteniendo viva a la economía mundial.

Mientras tanto, la inflación sigue siendo una amenaza latente. Aunque las expectativas de inflación a largo plazo permanecen relativamente contenidas, BCA recuerda que esto se debe en parte a la creencia de que los bancos centrales "harán lo que sea necesario" para devolver la inflación a sus objetivos. El problema es que el crecimiento salarial global ya se ha desacelerado desde el 5,1% hasta el 3%, y si la inflación energética continúa subiendo, los salarios reales podrían caer otro 1% durante los próximos doce meses. Eso implicaría una erosión progresiva del poder adquisitivo de los hogares y, eventualmente, un frenazo del consumo.

La historia económica tampoco invita al optimismo. Berezin recuerda que en los grandes shocks petroleros de los años 70 y comienzos de los 80 las bolsas resistieron inicialmente, incluso mientras el petróleo se disparaba, para desplomarse meses después cuando la recesión empezó a hacerse evidente. "Los mercados tienden a reaccionar con retraso al impacto de los precios del petróleo", subraya BCA. El S&P 500 apenas cayó un 11% durante el embargo árabe de 1973 pese a que el petróleo se disparó un 135%, pero después se hundió un 36% cuando la economía entró en recesión. Un patrón similar ocurrió tras la Revolución iraní de 1979.

Por todo ello, el mensaje central del informe es también que lo peor podría no haber llegado todavía. La economía global sigue funcionando gracias a inventarios acumulados, gasto fiscal, compras preventivas y el boom de la IA, pero todos esos factores tienen fecha de caducidad. Si el estrecho de Ormuz continúa bloqueado y hogares y empresas empiezan a asumir que el shock energético será duradero, el comportamiento económico podría cambiar bruscamente hacia la cautela. Y es precisamente ahí donde, según BCA Research, el riesgo de recesión volvería a dispararse.


Vicente Nieves
8/05/2026 - 11:18
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13910383/05/26/la-economia-mundial-contiene-el-aliento-ante-el-historico-desplome-de-los-inventarios-de-petroleo-lo-peor-esta-por-llegar.html

lunes, 11 de mayo de 2026

El descubrimiento cuántico chino que puede dejar obsoletos los centros de IA




Centro de datos en Virgina, EEUU. (REUTERS/Leah Millis File)



China demuestra un sistema cuántico a pequeña escala que iguala a los superordenadores de IA en predicciones meteorológicas por menos del 1% del presupuesto, poniendo en duda la rentabilidad de los actuales centros de datos



99 por ciento. Esa sería la reducción de coste y tamaño de un centro de datos IA si el camino iniciado por un grupo de científicos chinos llega a extenderse a todos los procesos de inteligencia artificial. Según su investigación y experimentos, publicados en la revista científica Physical Review Letters, su sistema cuántico compacto igualó e incluso excedió la potencia de proceso de una granja de servidores IA con 10.000 nodos.

Este hallazgo es un avance radical comparado con la actual infraestructura IA. Un centro informático de IA capaz de predecir el clima con semanas de antelación tiene un coste habitual de 100 millones de dólares o más. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos ha invertido casi esa misma cantidad en actualizar su superordenador Rhea, mientras que empresas privadas como Tomorrow.io han usado más de 175 millones. El sistema cuántico chino logra el mismo rendimiento operativo por menos del 1% de esa inversión.


Cómo lo han hecho

Como apunta el diario hongkonés South China Morning Post, el equipo de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China y la Universidad China de Hong Kong utilizó un sistema de resonancia magnética nuclear de nueve espines que interactúan entre sí, formado por cuatro núcleos de carbono y cinco de protones en una molécula de ácido crotónico. Un espín funciona como una brújula atómica microscópica que apunta en diferentes direcciones para procesar información. El diseño prescinde de circuitos y opera usando la dinámica hamiltoniana intrínseca, un palabro científico que significa que procesa los datos siguiendo el movimiento natural y las colisiones de los átomos sin necesidad de forzarlos con técnicas de control externo.

La arquitectura se basa en la computación cuántica de reserva. En este modelo, los científicos emplean la relajación longitudinal, un proceso físico mediante el cual las partículas pierden energía y vuelven a su estado base, un efecto que en otros sistemas se descarta como ruido. El procesador utiliza esta "relajación" del estado para crear una memoria temporal, atenuando la información pasada como si fueran las ondas que produce una piedra al caer en un estanque. Según la empresa SpinQ Technology, que fabrica estos sistemas, "esto se debe en parte al hecho de que la ruta de resonancia magnética nuclear no requiere costosos equipos criogénicos" para refrigerar las partículas a temperaturas cercanas al cero absoluto. Esto recorta el precio de forma radical. Un procesador comercial de nueve cúbits de Rigetti Computing se sitúa en torno a los 900.000 dólares, una fracción ridícula del coste de un supercomputador.


placeholderVista de un chip de Rigetti montado al final de su computadora cuántica. (Rigetti Computing)
Vista de un chip de Rigetti montado al final de su computadora cuántica. (Rigetti Computing)

En las pruebas estandarizadas Narma, que evalúan la capacidad de una red para retener y procesar secuencias de datos, el modelo redujo los errores de predicción entre uno y dos órdenes de magnitud frente a experimentos cuánticos previos. Para extraer los datos sin destruir el estado de las partículas, los investigadores aplicaron un método equivalente a capturar la posición de cada músico de una orquesta midiendo una única vibración en el aire durante 0,01 segundos, extrayendo 653 características en una medición continua.

El sistema se probó con datos climáticos históricos diarios de la ciudad de Nueva Delhi para pronosticar temperatura y humedad. En la previsión de temperaturas a largo plazo, el hardware de nueve espines igualó la precisión de una red de 'estado de eco' clásica de 1.000 nodos. Las redes de estado de eco funcionan como una red de tráfico compleja donde se introducen datos masivos para analizar por qué ruta salen.


Aplicaciones reales

Según la Academia de Ciencias de China (CAS), los "experimentos han demostrado por primera vez que, al tratar con tareas de predicción de series temporales del mundo real, el rendimiento del aprendizaje automático cuántico puede superar al de los modelos de redes neuronales clásicas". Este logro histórico, como apuntan los investigadores, "representa una primera demostración experimental de un sistema de aprendizaje automático cuántico que supera a las redes clásicas a gran escala en conjuntos de datos realistas, donde las ventajas anteriores se mostraban típicamente a través de simulaciones numéricas o se limitaban a conjuntos de datos sintéticos".

El estudio detalla que usar la relajación atómica como mecanismo de cálculo elimina la necesidad de reiniciar los cúbits de forma constante, un requisito de la computación cuántica tradicional. Esto es un primer paso en la dirección correcta para poder reemplazar los sistemas de computación masiva actuales, aunque todavía queda mucho camino por recorrer. Xinhua Peng, una de las científicas de la investigación, apunta que su sistema logra una mayor precisión de predicción y que estas ventajas cuánticas prácticas "pueden ser alcanzables con el hardware cuántico actual".



domingo, 10 de mayo de 2026

Las calles se están llenando de este residuo y ningún país de la UE tiene la solución



Los vapeadores se engloban como sistemas con pilas o baterías, pero resulta más difícil en los desechables
 (EFE/Tolga Akmen)


Mientras que las colillas ya han sido incluidas dentro de la responsabilidad ampliada del productor, ahora aparece un nuevo desperdicio que está dejando una huella ecológica



Sobre papeleras, en bancos de parques, en esquinas de escaparates o hasta tirados en el suelo. Ir caminando por la calle y encontrar en alguna esquina abandonado lo que parece un trozo de plástico con colores llamativos se ha convertido en algo habitual. ¿Un juguete? ¿Un resto de un paquete? No: es un vape.

Los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad indican que, en 2023, se llegaron a vender más de 24 millones de euros de estos dispositivos, donde se engloban los cigarrillos electrónicos y los vapeadores, con o sin nicotina.

Entre los más elegidos se encuentran los desechables tipo pod, que son los que se conocen coloquialmente como "vape" o "vaper". Desde el propio sector detectan que se trata de la opción preferida entre usuarios jóvenes y aquellos que lo combinan con su consumo habitual de tabaco –a modo de transición–. Al final, son pequeños, ligeros, asequibles y no requieren un mantenimiento, por lo que se cuelan en el mercado como una opción de fácil consumo.

En España, según la encuesta EDADES 2024, el 19% de la población de 15 a 64 años (20,3% de los hombres y 17,7% de las mujeres) ha consumido cigarrillos electrónicos (con o sin nicotina) alguna vez en la vida. Siendo el de los 15 a los 24 años el grupo de edad con mayores prevalencias de consumo tanto en hombres como en mujeres.





Así, las instituciones públicas y las autoridades sanitarias han empezado a mostrar preocupación por los riesgos derivados de esta creciente tendencia de consumo o el uso de estos en espacios cerrados. Pero a la vez, con la llegada de este producto, ha surgido un desafío ambiental crítico: la gestión de su residuo. Estos dispositivos, que a menudo terminan en la basura convencional, representan una nueva categoría de desecho complejo que mezcla plásticos, circuitos electrónicos y baterías de litio, lo que plantea serias dudas sobre si la infraestructura actual de reciclaje y los puntos de venta están realmente preparados para procesarlos.

Desde Ecoembes confirman que para poder reciclarlos es necesario un tratamiento especial por los compuestos que lo forman: un cartucho que contiene el líquido con sabor, una batería que alimenta el dispositivo y un atomizador que calienta el líquido.

"Cualquiera puede introducir un producto en el mercado con el cual recibir un beneficio económico, sin pensar en las consecuencias de este. Más cuando nos genera, como sociedad, un coste posterior al tener que gestionarlo como residuo", explica Alberto Vizcaíno López, ambientólogo y autor del libro Contenedor Amarillo S.A.


¿Existe una manera correcta de reciclarlos?

El experto explica que, como residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), los vaper desechables están sujetos a la legislación que regula la responsabilidad ampliada del productor en este ámbito. En particular, el Real Decreto 110/2015, de 20 de febrero, sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos y sus modificaciones posteriores.

En la práctica, sin embargo, se encuentran ciertas complicaciones que recaen sobre la conciencia o responsabilidad del usuario. Desde la Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo (UPEV) declaran que los vape desechables son problemáticos y que se trata de un producto que "debe ser apartado del mercado por su potencial daño en el medio ambiente". La UPEV hace una distinción entre cigarrillos electrónicos y los desechables, ya que al ser estos últimos indivisibles es cuando "se complica el proceso de reciclaje" por parte del usuario.

La organización defiende que el Reglamento europeo está trabajando en la implementación de baterías extraíbles, pero los mercados extranjeros siguen rediseñando los productos para hacerlos competitivos fuera de esta obligatoriedad. Mientras, la UPEV asegura que los procesos de reciclaje actuales están perfectamente definidos al tratarse de residuos plásticos y baterías que sí cuentan ya con un amplio marco.

Actualmente, son los estancos y puntos de venta los que pueden asumir la recogida de estos. Sin embargo, varios dueños de estancos en ciudades como Madrid o Sevilla confirman a este medio que no cuentan con este tipo de servicios. Es decir, solo son puntos de venta. Pero al preguntar a la asociación de empresarios, la respuesta es clara: son los puntos de venta quienes se deben hacer cargo de la gestión y son "conocedores de las partes que lo componen" por lo que están capacitados para ello.

"El problema es que cuando se habla de residuos no hay un principio de precaución", sentencia Vizcaíno. Reflexiona sobre el marco en el que se engloban estos dispositivos, mientras que asegura que la legislación y la responsabilidad solo llegan una vez el producto está dentro del circuito de consumo y está generando un daño, ya sea económico o medioambiental, como es este caso.


El coste de un residuo no gestionado

Cuando estos dispositivos se eliminan incorrectamente, pueden liberar sustancias contaminantes en vertederos o plantas de tratamiento, además de dificultar los procesos de reciclaje del resto de materiales. Incluso existe riesgo de incendios en las instalaciones de gestión de residuos debido a las baterías, lo que supone un peligro añadido tanto para los trabajadores como para las infraestructuras.

A principios de este mismo año, el Irish Times se hizo eco del último informe de la Asociación Irlandesa de Gestión de Residuos, donde señalaba que los incendios en las instalaciones de clasificación supondrán un coste de 56,6 millones de euros entre 2023 y 2025, a lo que hay que sumar otros 1,7 millones de euros en daños a los vehículos de limpieza y recolección.

Dado que los cigarrillos electrónicos contienen baterías de iones de litio, deben desecharse en los puntos de recogida de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos; por el contrario, solo 1,1 millones de los cigarrillos electrónicos desechables que se venden anualmente en Irlanda se devuelven de esa manera.


Prohibición de consumo

En la Unión Europea, Bélgica se convirtió en 2025 en el primer país en prohibir la venta de cigarrillos electrónicos desechables. La medida, que entró en vigor el 1 de enero, se planteó con un doble objetivo: frenar la creciente adicción a la nicotina entre los jóvenes y reducir el impacto ambiental de estos productos de un solo uso. Sin embargo, según las declaraciones que daba el Gobierno belga, la regulación no se articula tanto en torno al reciclaje o tratamiento del residuo, sino como una extensión de las políticas antitabaco.


Lo mismo sucede en la vecina Francia, que ha pasado de intentar regular los cigarrillos electrónicos desechables como productos de nicotina a retirarlos por completo del mercado legal. En febrero de 2025, se aprobó la Ley n.º 2025-175, que prohíbe la venta, la distribución, el suministro gratuito e incluso la posesión con fines de venta de dispositivos de vapeo de un solo uso que estén precargados y no puedan recargarse. Los cartuchos quedan explícitamente excluidos de dicha prohibición, por lo que los sistemas recargables o basados en cartuchos siguen siendo legales.

De nuevo, se trata de una prohibición de comercialización, no de un régimen de residuos específico. Estos productos se incluyen en el marco existente para los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE/D3E), que en Francia se gestiona a través de un sistema de responsabilidad ampliada del productor. El Ministerio de Ecología afirma que Francia cuenta con una cadena específica de recogida y reciclaje de RAEE, y el Código del Medio Ambiente define los aparatos eléctricos y electrónicos de forma lo suficientemente amplia como para abarcar los dispositivos que funcionan con corriente eléctrica.

En los últimos años, Finlandia ha logrado reducir su consumo, implementando una de las legislaciones más duras de Europa en materia de nicotina, incluyendo la prohibición de sabores atractivos (solo se permite el sabor a tabaco), la restricción de la publicidad, la venta online y el uso en espacios públicos, así como límites de edad y controles sanitarios rigurosos. Se trata de uno de los casos más ambiciosos ya que desde las instituciones nacionales se promueve el objetivo de eliminar casi completamente el hábito para 2030.


El consumidor como primer responsable

En Lituania, la normativa establece que estos productos deben recogerse a través de canales oficiales específicos, quedando prohibido depositarlos en la basura doméstica o abandonarlos en espacios públicos. De hecho, en la práctica, iniciativas de reciclaje como Žaliasis taškas participan en el desarrollo de infraestructuras de recogida, esquemas de reciclaje financiados por productores y campañas de concienciación sobre la correcta separación de residuos.