jueves, 2 de julio de 2026

Lo que los británicos realmente quieren decir cuando dicen "sorry"


Getty Images/ BBC/ Javier Hirschfeld


En Reino Unido, pedir disculpas diciendo "sorry" es más que eso: es un reflejo cultural, una válvula de escape de cinco letras que se usa para suavizar peticiones, disimular situaciones incómodas, llenar silencios en una conversación y evitar el horror nacional de parecer maleducado.

Quizás no sea casualidad que personajes tan famosos por su cortesía como Paddington y Mary Poppins sean británicos.

Los británicos pronuncian la palabra una media de 9 veces al día, más de 3.000 veces al año.

Pero para los visitantes, el enigma no reside en la frecuencia con la que la oyen, sino en descifrar su verdadero significado.

Y es que, cuando un británico dice "lo siento", eso puede significar arrepentimiento. También puede significar "disculpe", "hágase a un lado", "no estoy de acuerdo", "date prisa", "estás bloqueando el pasillo", "no te oí" o "estoy haciendo todo lo posible por no parecer molesto".

Si bien estos usos no son exclusivos de Reino Unido, la frecuencia, el tono y los sutiles cálculos sociales que implican sí lo son.

En una sociedad conocida por tratar de evitar enfrentamientos, pedir disculpas se ha convertido en una de sus herramientas más versátiles: una forma de gestionar el espacio personal, suavizar los desacuerdos, evitar la confrontación y hacer cumplir las normas sin parecer abiertamente descortés.

En esencia, "sorry" es una palabra que ofrece una visión fascinante de las muchas peculiaridades culturales que definen a los británicos, y para los visitantes, aprender a descifrarla puede marcar la diferencia entre un intercambio amistoso y un desconcertante malentendido.

1. "Sorry!" en la calle

Lo que parece: una disculpa.

Lo que suele significar: tú me estorbas, yo te estorbo, ambos hemos estado brevemente demasiado cerca físicamente el uno del otro y ahora debemos neutralizar la incomodidad de inmediato.

Esto no se trata tanto de culpar a alguien, sino de la profunda incomodidad que existe en Reino Unido con la intimidad accidental: el horror de rozar el abrigo de un desconocido, bloquear la acera o permanecer en el mismo pequeño espacio público un segundo de más.

Alguien puede decirlo cuando choca contigo, cuando tú chocas con ellos, o incluso cuando ninguno de los dos ha hecho nada malo más allá de rozarse los hombros y calcular mal la geometría de la acera.

Puede significar "disculpe", "después de usted", "por favor, apártese" o "finjamos que este pequeño choque nunca ocurrió".

La cuestión no es culpar a nadie, sino reconciliarse; una palabra rápida que permite seguir adelante sin que nadie se vea afectado por la indignidad de una confrontación abierta.

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Los británicos dicen "lo siento" una media de 9 veces al día, pero la palabra a menudo hace algo más que disculparse.

2. "Sorry?"

Lo que parece: una petición para que se repita algo.

Lo que suele significar: no te oí, o sí te oí, pero necesito un momento para asimilar lo que acabas de decir.

Esta disculpa tan apreciada -con una sutil entonación ascendente al final- es una de las herramientas conversacionales más útiles del inglés.

Puede significar "¿perdón?", "¿podrías repetirlo, por favor?" o, simplemente, "necesito un segundo".

Dado que "¿qué?" puede sonar demasiado brusco, "¿perdón?" se convierte en la alternativa más suave y menos confrontativa.

Para los visitantes, resulta práctico en lugares como pubs y estaciones de tren, con conversaciones rápidas, y especialmente útil en zonas con fuertes acentos regionales.

Sin embargo, si se usa con un tono más frío o incrédulo, puede convertirse en una advertencia típicamente británica: te escuché, pero te doy la oportunidad de reconsiderar lo que dijiste.

3. "Sorry, can I ...?"

Lo que parece: una petición educada.

Lo que suele significar: necesito ocupar un poquito de espacio y pido disculpas de antemano por las molestias que pueda ocasionar mi presencia.

Esta es la típica disculpa británica de autominimización. La oirás en trenes, cafeterías, butacas de teatro, vestíbulos de hoteles y en cualquier lugar donde alguien necesite hacer algo perfectamente razonable.

"Disculpe, ¿puedo pasar?": "disculpe, ¿hay alguien sentado aquí?"; "disculpe, ¿podría preguntar…?".

En realidad, quien habla no lo siente. Simplemente suaviza el acto de preguntar, entrar, sentarse, alcanzar algo o simplemente estar presente en público.

En una cultura más directa, un simple "¿está libre este asiento?" sería suficiente. En Reino Unido, a menudo se recurre primero al "disculpe", como si ocupar una silla vacía requiriera un pequeño acto de contrición.

4. "Oh, sorry…"

Lo que parece: una disculpa sincera.

Lo que suele significar: me opongo, pero voy a hacer que suene como una disculpa.

Esto puede sonar como una disculpa sincera, pero normalmente no lo es. En Reino Unido, donde la franqueza puede resultar terriblemente incómoda, un seco "oh, perdón..." es lo que se suele oír cuando alguien necesita reclamar su sitio sin parecer abiertamente agresivo.

"Oh, perdón, creo que era el siguiente en la fila"; "oh, perdón, ese es mi asiento"; "oh, perdón, estaba usando eso".

La disculpa le sirve de excusa al hablante; la pausa después de "oh" es lo que causa el daño.

Permite objetar sin dejar de ser técnicamente educado: un compromiso muy británico entre guardar silencio y decir exactamente lo que se piensa.

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"Sorry" también puede significar "disculpe", "apúrese", "está bloqueando el pasillo" o "estoy haciendo todo lo posible por no parecer molesto".

5. "Sorry, but…"

Cómo suena: una interrupción educada, como un carraspeo, antes de una rotunda contradicción.

Lo que suele significar: por mucho que intente estar de acuerdo contigo, no puedo. Voy a explicarte por qué te equivocas y no me importa lo que pienses.

Esta es la disculpa preventiva: un pequeño respiro antes de que surja un desacuerdo.

En una cultura donde el desacuerdo abierto puede resultar socialmente ofensivo, "lo siento, pero..." le permite al interlocutor objetar manteniendo la apariencia de cortesía.

Le permite al hablante cuestionar, contradecir o corregir, dejando claro que no busca provocar una discusión, así esté a punto de hacerlo.

Según el tono, puede sonar conciliador, ligeramente exasperado o casi como decir "lo siento, pero no me arrepiento"... La clave está en escuchar lo que viene después del "pero". Ahí suele empezar el verdadero mensaje.

6. "Sorry…" en una cola o en el pub

Cómo suena: un recordatorio de etiqueta

Lo que suele significar: intento que esto no sea incómodo, pero esto no es justo; has roto las reglas.

La sola idea de colarse en Reino Unido da escalofríos: la cola es un lugar sagrado, como la Abadía de Westminster o Wimbledon, y un cortés "perdón..." intercalado sirve como recordatorio de etiqueta de que todos deben respetar las normas en lugar de intentar colarse.

En este contexto, "perdón" es sinónimo de "ponte al final", "no te cueles", "mantén la distancia" o "no te atrevas a saltarte la cola".

En el pub, la misma frase puede significar "es mi turno", "creo que era el siguiente" o "por favor, no finjas que no te diste cuenta de que yo estaba esperando".

Es una corrección disfrazada de cortesía, que suele ser la corrección más británica de todas.


    • Mike MacEacheran
    • Título del autor,BBC Travel *
  • Fecha de publicación

miércoles, 1 de julio de 2026

 

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Decir que las plantas "ven" es una licencia poética.

Obviamente las plantas no tienen retina, ni ojos, ni cerebro y, por tanto, no tienen el tipo de visión que asumimos para otros organismos.

Ahora bien, pensemos en una definición amplia del término visión, esa que dice que es la capacidad mediante la cual un organismo capta luz del entorno, la transforma en señales biológicas y la interpreta para representar de manera útil el mundo que lo rodea.

En ese sentido, podríamos llegar a convencernos de que las plantas "ven".

La luz, mucho más que energía

Como organismos fotosintéticos, las plantas son capaces de absorber y utilizar la luz con una sofisticación y eficiencia extraordinaria. Pero, para ellas, la luz no es sólo la energía que alimenta la fotosíntesis, es también información.

La luz es una señal ambiental de primer orden sobre la alternancia día-noche, sobre si están rodeadas de competidoras, cuándo deben germinar, abrir los estomas o en qué momento conviene florecer, entre otras cosas.

La clave de esta percepción está en los fotorreceptores, biomoléculas que funcionan como sensores capaces de absorber luz y transformar esa información física en respuestas biológicas.

Hoy en día, se sabe que las plantas disponen de fotorreceptores especializados en interpretar la información lumínica asociada a rangos discretos de radiación electromagnética.

Esto implica que son capaces de interpretar su calidad espectral, es decir, "perciben colores".

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Como organismos fotosintéticos, las plantas son capaces de absorber y utilizar la luz con una sofisticación y eficiencia extraordinaria.

Por ejemplo, los fitocromos están especializados en percibir luz en la región del rojo –longitudes de onda de luz entre 600 y 700nm– y del rojo lejano –entre 700 y 800 nm, justo fuera del rango de la luz visible para los humanos–.

Mientras, los criptocromos y las fototropinas y receptores UV-B, son sensibles a la luz azul y ultravioleta. Los fotorreceptores en plantas no se encuentran en estructuras organizadas, se encuentran en tipos celulares muy diversos, que pueden encontrarse en todos los órganos.

Fitocromos: interruptores biológicos de luz roja

Los fitocromos, una amplia familia de fotorreceptores, están entre los mejor caracterizados. Se trata de proteínas unidas una especie de "antena" (cromóforo) capaz de absorber fotones en la zona del rojo y rojo lejano (entre 600 y 800 nm aprox.).

La luz modula la actividad del fotorreceptor induciendo cambios en el plegamiento de la proteína.

Se sabe que los fitocromos existen en dos formas interconvertibles: Pr, que absorbe luz roja y Pfr, que absorbe luz roja lejana.

La luz roja convierte Pr en Pfr, la forma activa; la roja lejana favorece el proceso inverso.

Cuando el fitocromo está en su forma activa o Pfr, puede desplazarse desde el citoplasma al núcleo celular. Una vez allí, activa o reprime la expresión de una compleja red de genes que controlan programas de desarrollo.

De esta manera, actúa como un interruptor reversible que informa a la planta sobre la calidad espectral de la luz que la rodea. Este mecanismo de acción ilustra muy bien el funcionamiento general de todos los fotorreceptores conocidos en plantas.

¿Cómo detectan las plantas a sus vecinas?

Uno de los aspectos más fascinantes es que las plantas pueden detectar a sus vecinas en función del grado de sombreo utilizando como sensores a los fitocromos.

Lo logran midiendo la proporción entre luz roja y luz roja lejana. La luz solar directa contiene ambas, pero las hojas absorben mucha luz roja para la fotosíntesis y dejan pasar o reflejan más luz roja lejana.

Así, cuando una planta percibe una caída en la relación rojo/rojo lejano, interpreta que hay otras plantas cerca. Esta lectura del ambiente activa el llamado síndrome de evitación de la sombra.

La planta cambia su arquitectura: alarga tallos, modifica la orientación de sus hojas y reduce la ramificación. No está "pensando", pero está tomando decisiones de desarrollo. Su cuerpo se reorganiza para alcanzar la luz antes o mejor que sus competidoras.

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En cultivos densos, las plantas invierten demasiada energía en competir por luz en lugar de producir semillas, frutos o biomasa útil.

Esta capacidad tiene enormes implicaciones agrícolas. En un cultivo denso, por ejemplo, las plantas invierten demasiada energía en competir por luz en lugar de producir semillas, frutos o biomasa útil.

Por eso, comprender los fotorreceptores ayuda a seleccionar variedades más tolerantes al sombreado, capaces de crecer en alta densidad sin activar en exceso respuestas de escape.

La luz marca su calendario

Además, la luz a través de los fotorreceptores regula el calendario interno de muchas especies.

El cambio de proporción de luz roja/roja lejana en la transición luz-oscuridad puede ser percibida por los fitocromos, lo que permite a las plantas medir la duración relativa del día y la noche.

Gracias a ello, algunas especies florecen cuando los días se alargan, otras cuando se acortan. De esa manera, ajustan su ciclo vital a la estación más favorable.

La floración es un momento clave de su ciclo vital y su éxito depende, en buena medida, de interpretar correctamente qué condiciones ambientales son las más favorables.

Mirarlas con otros ojos

Si este artículo ha llegado a ustedes, espero que haya contribuido a que "vean" a las plantas de otra manera, digamos que con "otros ojos".

Quizás ahora piensen que son más que organismos pasivos expuesto al sol.

Las plantas exploran su entorno luminoso, comparan señales, anticipan competencia y ajustan su desarrollo.

Son capaces de percibir un mundo de colores invisibles para nuestra experiencia cotidiana. Para ellas, cada amanecer no solo trae energía: trae un libro de instrucciones.


Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Puedes leer la versión original en inglés aquí.

    • Antonio E. Encina García*
    • Título del autor,The Conversation
  • Fecha de publicación

martes, 30 de junio de 2026

Daniel Amen, psiquiatra: "Lo primero que hacen en los restaurantes es darte pan y ofrecerte alcohol. Es una inversión"



Fuente: YouTube


Sugiere que ser consciente de estos efectos ya es un primer paso para recuperar el control. “Cuando entiendes cómo te manipulan, puedes decidir si quieres jugar ese juego o no”




Pan y alcohol nada más sentarte. Esa es, según el psiquiatra Daniel Amen, la estrategia de los restaurantes para que gastes más dinero. Y no es una casualidad, sino un plan pensado desde la neurociencia, que afecta directamente al cerebro, tal y como explicó en una reciente entrevista en el pódcast The Diary of a CEO.

“Lo primero que hacen en los restaurantes es ponerte pan en la mesa y preguntarte si quieres alcohol. Porque ambos reducen la actividad de tus lóbulos frontales”, señaló Amen, autor de numerosos libros sobre salud cerebral y uno de los psiquiatras más conocidos en Estados Unidos.


Por qué el pan te hace gastar más

Según Amen, el pan actúa como un desencadenante químico: “Te da un pico de glucosa, lo que eleva la serotonina y te hace sentir bien. Pero esa serotonina disminuye la actividad del lóbulo frontal, que es lo que te permite tomar decisiones racionales”. En otras palabras, cuanto más pan, menos autocontrol. Y, en consecuencia, más probabilidad de que pidas platos de más o dejes que la carta de postres te convenza.

Lo que podría parecer una cortesía del local es, en palabras del psiquiatra, una inversión pensada para que tu cuenta aumente sin que apenas te des cuenta. Una especie de empujón biológico hacia el gasto.


El efecto del alcohol en tu autocontrol

El alcohol, por su parte, refuerza ese efecto. “También reduce la función de los lóbulos frontales”, explica. “Así que cuando bebes es más probable que tomes decisiones impulsivas, como gastar más dinero.” Para Amen, estos dos elementos, aparentemente inofensivos, alteran el comportamiento de los comensales y los hacen más vulnerables a las estrategias del negocio.

El psiquiatra también aprovechó para lanzar una advertencia sobre el uso de ciertos antidepresivos: “Nunca te dicen que los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) para la depresión también disminuyen la actividad del lóbulo frontal, lo que puede hacerte más impulsivo.” En su opinión, esta parte del tratamiento farmacológico no suele explicarse bien a los pacientes.

Amen sugiere que ser consciente de estos efectos ya es un primer paso para recuperar el control. “Cuando entiendes cómo te manipulan, puedes decidir si quieres jugar ese juego o no”, concluyó. Dejar el pan para el final o no pedir la copa de vino de entrada podrían ser pequeños gestos con grandes consecuencias en la cuenta… y en la salud del cerebro.


Por 

lunes, 29 de junio de 2026

¿Qué pasa si desaparecen los hongos? África nos obliga a dejar de ignorar este motor invisible para la vida en la Tierra



Los hongos son esenciales para el ecosistema.
 (Jose Luis Gallego)


Los micólogos africanos defienden la necesidad de poner en valor el reino de los hongos, mucho menos conocido que el de los animales o las plantas, pero imprescindible para su existencia




La micología es la ciencia dedicada al estudio de los hongos. La doctora Anna Ralaiveloarisoa es una de las principales micólogas del continente africano. Lidera el área de desarrollo y alianzas de la organización conservacionista africana Fungui For Nature (FFN) dedicada a promover el conocimiento y la conservación de los hongos y los importantes servicios que cumplen: desde la conservación de la biodiversidad hasta la acción climática.

En declaraciones al diario británico The Guardian, la científica malgache se lamenta de la poca atención que prestamos a este importante reino de la vida. “Los hongos son una de las cosas más importantes del mundo -declara-, ya que alimentan al 90% de las plantas terrestres. Sin ellos, no habría vida en la Tierra”.

El artículo destaca el importante papel que están desempeñando tanto la FFN (con sede en Benín) como los micólogos africanos en dar a conocer el papel fundamental de estos seres vivos para el funcionamiento de los ecosistemas y la captación y almacenamiento de carbono. Todo el mundo sabe lo que es un león, un baobab o un cocodrilo, sin embargo, muy pocos sabrían decir el nombre de tan solo una de las más de medio millón de especies de hongos que crecen en aquel continente. Como el ichikolowa (Termitomyces titanicus) la seta comestible más grande del mundo: del tamaño de un paraguas abierto y hasta los tres kilos de peso.

De todo ello se habló en el IV Congreso Internacional sobre Conservación de los Hongos que se celebró el pasado mes de noviembre en Cotonú, ciudad principal de la República de Benín. Este encuentro, el único en el mundo dedicado explícita y exclusivamente a la protección de los hongos, reunió a micólogos de veintisiete países de África, Europa, América y Asia. Todos ellos unieron sus voces para reclamar que los hongos también formen parte de las estrategias mundiales para la conservación de la biodiversidad, al mismo nivel de la flora y la fauna.


Unos seres extraordinarios

Los hongos son un organismo extraordinariamente complejo y singular. Tanto que la ciencia tardo muchos años en buscarle acomodo en la clasificación de los seres vivos. Con unas características biológicas que los diferencian claramente del reino animal y el vegetal, finalmente los científicos decidieron crear un reino aparte, al que denominaron fungi. En él se incluyen a las setas, los mohos y las levaduras.

En los ecosistemas naturales los hongos actúan como organismos descomponedores ya que su micelio es capaz de transformar los restos de materia orgánica en nutrientes esenciales. Por eso son uno de los principales eslabones de la cadena trófica. Pero no solo eso. Como revela el artículo del Guardian, cada vez son más los estudios que resaltan su importante papel en la mitigación del cambio climático al actuar como sumideros de carbono. Hasta el 36 % de las emisiones mundiales de CO2 provenientes de los combustibles fósiles se almacenan en el micelio subterráneo de estos seres vivos.


placeholderReja del diablo, Clathrus ruber. (Jose Luis Gallego)
Reja del diablo, Clathrus ruber. (Jose Luis Gallego)

Sin embargo la atención que presta la ciencia de la conservación a los hongos es ridícula en comparación con la que reciben la flora y la fauna. Así lo lamenta el micólogo David W. Minter, presidente de la Sociedad Internacional para la Conservación de los Hongos (ISFC, por su sigla en inglés). “Hasta principios de los 2000 -critica este experto- la defensa de los hongos se reducía prácticamente a unas pocas voces aisladas de científicos que expresaban su preocupación por los pocos avances que observaban al respecto”. De hecho la propia ISFC se fundó en 2010. Dos años más tarde se creó la Fundación Fungi: la primera oenegé conservacionista dedicada exclusivamente al mundo de los hongos.

Aún así, actualmente las cumbres mundiales sobre biodiversidad siguen centrando sus debates en la conservación de las especies de animales y plantas más amenazadas. Sin embargo, como recuerda el Dr. Minter, “los hongos también necesitan protección pues son tan vulnerables a la crisis climática, la destrucción del hábitat y la contaminación como cualquier otro ser vivo”. Por eso intentar fomentar el uso de la frase ‘fauna, flora y hongos’ cuando se alude a la necesidad de proteger la biodiversidad del planeta.


Aliados del ser humano

Además de su importancia ecológica, los hongos tienen un alto valor socioeconómico y alimentario y aportan innumerables beneficios para el cuidado de la salud. Entre otros, sus aplicaciones medicinales han contribuido y siguen contribuyendo al desarrollo de fármacos para la prevención y el tratamiento de numerosas enfermedades, la lucha contra las infecciones o el reforzamiento del sistema inmunitario.


placeholderMantequilla de bruja, Tremella mesenterica. (Jose Luis Gallego)
Mantequilla de bruja, Tremella mesenterica. (Jose Luis Gallego)

La última cumbre mundial sobre la diversidad biológica (COP16) celebrada en Cali, Colombia, en 2024 fue la primera ocasión en la que se reconoció la necesidad de incluir a los hongos como “un reino biológico independiente en legislación, políticas y acuerdos nacionales e internacionales” y de “incorporar medidas concretas para su protección en las estrategias y planes de acción a nivel internacional así como fomentar la micología como ciencia esencial para futuras medidas de conservación”.

En ese mismo sentido la Declaración de Cotonú, impulsada por el importante colectivo de micólogos africanos y suscrita por las organizaciones conservacionistas, los institutos de investigación y los representantes institucionales que asistieron al congreso internacional sobre los hongos del pasado noviembre, urge a “abordar la acelerada pérdida de biodiversidad y la persistente subrepresentación de los hongos en las agendas ambientales globales y nacionales”.

En marzo del año pasado, coincidiendo con la incorporación de las primeras mil especies de hongos (se calcula que hay más de millón y medio) a la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), su directora general, la Dra. Grethel Aguilar, reconocía que “los hongos son los héroes anónimos de la vida en la Tierra. Son la base misma para unos ecosistemas saludables, pero durante mucho tiempo se han pasado por alto”. Ahora, y gracias al impulso de los micólogos africanos, están empezando a ser reconocidos a escala internacional.