
- El coste laboral en bate récords y empuja a la industria a subir la jornada
- Los sindicatos advierten de que esta medida podría provocar una mayor destrucción de puestos de trabajo
- Producir un coche cuesta 3.300€ en mano de obra en el país, frente a los 950€ de España o 600€ de China
La competitividad se convertía en uno de los ejes de las políticas comunitarias en el actual mandato de Ursula von der Leyen. Y justo es esta cuestión la que reabre un debate importante en uno de los países fundadores de la UE. Alemania, abanderada de la productividad laboral comunitaria, se enfrenta a un gran dilema: la industria quiere recuperar la jornada laboral de 40 horas semanales en sectores industriales vinculados a la automoción y el metal, frente a las 35 horas actuales.
Lo que está en juego es algo sustancialmente más importante, tras décadas de luchas sindicales para lograr que la industria pactara una semana laboral de 35 horas, la caída en los niveles de competitividad arroja una mirada al pasado. Los grandes ejecutivos de firmas del sector industrial alemana alegan que es necesario que los empleados vuelvan a jornadas de 40 horas semanales sin recibir un salario extra para poder recuperar la competitividad industrial del país.
Lo cierto es que el sector empresarial germano tiene muy clara sus necesidades, quiere aumentar un 14% el tiempo contractual de los empleados, cinco horas más a la semana, sin que esto suponga un aumento de salario. Ciertamente, pasar de una jornada laboral de 35 a 40 horas supondría que el coste laboral por hora actual, de 65 euros, se vería reducido en un 13%.
El país centroeuropeo presenta uno los niveles de costes laborales más elevados de la UE. La hora trabajada media en Alemania se correspondía con 45 euros en 2025. La cifra se sitúa un 29% por encima de la media comunitaria de casi 35 euros la hora. En el caso del sector de fabricación industrial, la cifra se eleva a 49,5 euros la hora, y excede en un 47% la media comunitaria, que es de 33,7 euros.
El sector de la automoción es uno de los motores de la actividad industrial germana pero también ha sido uno de los más golpeados en los últimos años. La crisis de los microchips derivada de los cortes de la cadena de suministro en la pandemia asestaba un mazado a sus líneas de producción. No ayudó tampoco el alza de los costes de la energía, derivada de la guerra de Ucrania, ni la ralentización de las exportaciones por las tensiones comerciales con Estados Unidos.
Si la producción de un coche en Alemania tiene unos costes laborales de más de 3.300 euros, la cifra dista sustancialmente de los 950 euros de España o los casi 600 de China. Lo que en sí mismo compromete la estructura manufacturera de Alemania y le obliga a rediseñar sus costes de producción.
Ahora Alemania trata de recuperar con una jornada laboral más larga, y menores costes laborales, una ventaja de costes que, hasta ahora, había compensado con una mayor productividad. En los últimos años, concretamente, desde 2017, la producción industrial germana ha caído un 15%. La transición hacia el vehículo eléctrico ha tenido también su peso, ha obligado al sector a incurrir en mayores costes y adaptar sus cadenas de suministro.
La ventaja competitiva que el sector industrial alemán atesoraba hace unos años se ha ido difuminando. No solo por la propia caída de la competitividad, la entrada en el juego de la producción de China ha tenido que ver en este cómputo. En los últimos años, el sector del automóvil ha atestiguado una reestructuración que ha sido palpable no solo en la línea de producción si no en el cierre de plantas y destrucción de empleo.
La multinacional Wolkswagen ejemplifica la situación. En este momento se plantea el cierre de cuatro plantas en el país germano, con la consecuente destrucción de empleo, y de la industria auxiliar que se nutre del centro de producción en estas localizaciones. La firma ha planteado renegociar los convenios laborales e incluir jornadas más largas para sostener la producción. Un movimiento que se puede aplicar también a la casuística de Mercedez-Benz, que quiere ampliar horas sin mejorar los salarios.
Los sindicatos se han pronunciado ya al respecto. Las organizaciones de trabajadores del metal y del automóvil consideran que esta ampliación de la jornada laboral podría redundar en la destrucción de empleo. Porque no se trata solo de que los costes laborales sean demasiado altos sino que estas multinacionales tienen también demasiada capacidad de producción para la demanda que existe.
Los sindicatos defienden que la jornada laboral actual ya es flexible, que no se ciñe a 35 horas semanales y ve un riesgo claro, que la ampliación redunde, a la vez, en una reducción de los puestos de trabajo. Porque se en el pasado se pactó no superar esta jornada semanal fue también para que el sector pudiera crear más empleo. Ampliar la jornada laboral permitiría prescindir, al fin y al cabo, de mano de obra.
Tomando cierta perspectiva sobre el tema, ciertos economistas defienden que el problema de productividad alemán no se resuelve incrementando las jornadas laborales de los empleados. Los costes de los precios de la energía tras romper con el gas ruso, la competencia con los fabricantes chinos o la irrupción del coche eléctrico suponen un golpe sustancial para la industria que requiere de soluciones más profundas.
En octubre patronal y sindicatos se enfrentarán a una ronda de negociación salarial que tiene todos los elementos para convertirse en un debate a largo plazo. Las grandes incógnitas siguen ahí. Si realmente se producirá un abaratamiento de los costes, si realmente resolverá los problemas estructurales de la industria y si el modelo económico germano realmente puede seguir manteniéndose.
Bruselas 6:00 - 6/09/2026
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14011897/09/26/guerra-en-la-industria-alemana-las-empresas-piden-volver-a-las-40-horas-semanales-por-el-sueldo-de-35.html

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