jueves, 24 de septiembre de 2026

El norte de Europa se prepara para algo desconocido: las funerarias compran tierra, las autoridades acumulan grano en enormes silos y los experimentos de defensa civil se multiplican

 



  • En Suecia, las asociaciones de funerarias están reservando tierra para ampliar cementerios
  • Finlandia, Noruega y Suecia han comprado grandes cantidades de cereales
  • Finlandia acaba de celebrar el mayor ejercicio de defensa civil en 70 años


Aunque el modelo nórdico esté hoy más cuestionado que nunca, estos países siguen siendo respetados por lo que han conseguido. Suecia, Finlandia o Noruega siguen disfrutando de unas de las rentas per cápita más altas de Europa, con un Estado de Bienestar grande y relativamente eficiente, y políticas que, aunque cada vez menos, todavía están enfocadas en el largo plazo, por ello las decisiones que toman los nórdicos son analizadas con cautela por el resto de Europa. Estos países llevan un tiempo preparándose de forma muy seria (nada que ver con las vacías recomendaciones que realiza Bruselas) por si algún imprevisto de gran magnitud sucede de forma repentina. El escenario central que estos eventos no deberían producirse, pero cuando los países más desarrollados y respetados de Europa se preparan incluso para lo peor el resto de Europa debería prestar atención.

Los países nórdicos llevan años recuperando una idea que buena parte de Europa había aparcado tras el final de la Guerra Fría. Una sociedad avanzada debe estar preparada para seguir funcionando cuando dejan de hacerlo temporalmente las estructuras que sostienen la vida cotidiana. No se trata necesariamente de prepararse para una guerra ni de ser alarmista, simplemente hay que ser previsor. Imaginen que el apagón que sufrió España el 28 de abril de 2025 se hubiera alargado varios días. Probablemente habría cundido el pánico en algunos hogares, hospitales, medios de transportes.

En los páises nórdicos quieren estar preparados para lo desconocido. Desconocido porque no se sabe lo que va a suceder (si es que sucede), pero por suerte la preparación para casi cualquiera de estos eventos es relativamente similar. Un gran apagón, una tormenta extrema, un ciberataque, la interrupción del suministro de agua o una crisis logística pueden provocar problemas parecidos durante las primeras horas o días. Finlandia, Suecia y Noruega están reforzando por ello su capacidad de resistencia con una filosofía de defensa total que intenta involucrar al Estado, las empresas y los propios ciudadanos. La invasión rusa de Ucrania ha acelerado estos preparativos, pero detrás existe también una lectura bastante pragmática de los riesgos a los que están expuestas economías pequeñas, abiertas y geográficamente situadas en uno de los extremos de Europa.

Acumular grano y comida

Uno de los pilares más básicos es precisamente el más antiguo y quizá de los más sencillos si se ejecuta con tiempo. Estos países están afanados en acumular comida. Finlandia ha mantenido durante décadas importantes reservas estratégicas de cereales dentro de un sistema de seguridad de suministro mucho más amplio, mientras que Noruega ha recuperado recientemente el almacenamiento público de grano después de haberlo abandonado en 2003. Suecia está siguiendo un camino parecido. Estocolmo ha destinado 575 millones de coronas, unos 60 millones de dólares, en su presupuesto de 2026 para comenzar a constituir reservas de emergencia en el norte del país. La elección de la zona no es casual. Norrbotten, Västerbotten, Västernorrland y Jämtland dependen actualmente del cereal transportado desde el sur y podrían encontrarse especialmente expuestas si una crisis cortase las comunicaciones internas.

La lógica económica que hay detrás tampoco consiste en almacenar indefinidamente montañas de alimentos. Suecia pretende mantener una rotación regular del cereal para evitar su deterioro y disponer de un colchón que permita ganar tiempo mientras se restablecen las cadenas de suministro, según explica la prensa local.

El ministro de Defensa Civil sueco, Carl-Oskar Bohlin, lo resumió el proyecto en un pilar que es que cada hogar pueda "poner comida sobre la mesa incluso en tiempos de crisis". Según la Junta de Agricultura sueca, entre el 90% y el 95% de la población podría sobrevivir durante tres meses fundamentalmente a base de cereales sin sufrir deficiencias nutricionales. Es, en esencia, un seguro: probablemente nunca tenga que utilizarse en toda su extensión, pero su valor aumenta enormemente cuando las redes logísticas dejan de funcionar.

El mayor ejercicio de defensa civil

El segundo pilar es aprender qué hacer cuando llega una emergencia. Finlandia acaba de realizar en Kuopio el que Euronews describe como el mayor ejercicio de defensa civil celebrado en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Más de 2.000 personas, entre voluntarios, estudiantes y militares, participaron en un escenario que como mínimo es complejo. El escenario recrear una situación que la que los ciberataques han interrumpido infraestructuras críticas, incluidos el suministro eléctrico y el agua, mientras existía además la amenaza de ataques con misiles. En un refugio excavado en la roca, militares equipados con trajes de protección midieron niveles de radiación y cientos de personas pasaron la noche en camas de campaña. El objetivo no era recrear una película de guerra, sino descubrir qué funciona y qué falla antes de que una emergencia sea real.

Esa distinción resulta importante porque buena parte de la preparación finlandesa sirve igualmente para una guerra que para una catástrofe natural. El responsable de la compañía eléctrica Savon Voima explica, de hecho, que la principal amenaza para la infraestructura energética de la región de Kuopio sigue siendo la nieve intensa, las tormentas y el mal tiempo. La recomendación es que los ciudadanos puedan desenvolverse durante al menos 72 horas sin ayuda exterior si desaparece la electricidad o el agua deja de ser potable.

Al mismo tiempo, la guerra de Ucrania ha añadido riesgos nuevos. La compañía asegura haber sufrido un fuerte incremento de los ciberataques desde 2022, aunque el servicio finlandés de inteligencia ha investigado diferentes incidentes y ha señalado que muchos avisos de posibles actividades sospechosas han terminado teniendo explicaciones cotidianas.

Finlandia parte además de una cultura de seguridad bastante distinta de la de buena parte de Europa occidental. Es país ha conservado el servicio militar obligatorio después de la desaparición de la Unión Soviética y su modelo de defensa concede un papel importante a la población civil. La experiencia histórica resulta clave en esta preparación, puesto que en las guerras contra la URSS perdió alrededor del 11% de su territorio y más de 400.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares. Esa memoria ayuda a explicar por qué preparar refugios, realizar simulacros o enseñar a escolares cómo actuar durante una emergencia no se contempla necesariamente como una señal de que el Gobierno considere inminente una guerra. Es una política de reducción de vulnerabilidades: cuanto mayor sea la capacidad de una sociedad para absorber un shock, menor será también el daño que puede causarle quien intente desestabilizarla.

Suecia está llevando esa planificación incluso hasta uno de los escenarios más complejos de una crisis de este calado que es cómo gestionar una situación en la que fallecen miles de personas. Durante las maniobras Aurora 26, celebradas en mayo, se ensayaron procedimientos para gestionar bajas en un conflicto de gran escala. Personal vinculado a la Iglesia luterana trabajó con centenares de bolsas que simulaban contener cadáveres, registrando identidades y practicando la coordinación con el registro civil, embajadas extranjeras y, cuando correspondiera, el Comité Internacional de la Cruz Roja. Es un aspecto poco visible de la defensa civil, pero imprescindible: los hospitales, los servicios funerarios, los registros administrativos y los cementerios también forman parte de las infraestructuras que pueden quedar desbordadas durante una catástrofe.

Comprar y asegurar tierras para lo 'peor'

De ahí surge el tercer pilar, quizá el más llamativo que pasa por reservar literalmente espacio para los fallecidos. Las asociaciones de patronales funerarias junto con las autoridades suecas están siguiendo recomendaciones para disponer de suficiente terreno de enterramiento ante una mortalidad excepcional equivalente al 5% de la población de cada parroquia. En Gotemburgo se han adquirido 40.000 metros cuadrados adicionales con capacidad prevista para unos 30.000 entierros, que se sumarían a los aproximadamente 60.000 metros cuadrados necesarios para las necesidades ordinarias. El desarrollo de nuevos cementerios puede tardar muchos años por las necesidades urbanísticas y administrativas, de modo que reservar suelo con antelación responde precisamente a la imposibilidad de improvisarlo cuando llega una emergencia.

"Las recomendaciones implican que necesitamos más terreno para cementerios, y este es un fenómeno propio de las grandes ciudades, y un problema en ellas, donde los recursos de suelo son escasos de por sí y no siempre suficientes para satisfacer las necesidades de cementerios, incluso en tiempos de calma y paz", aseguraba Katarina Evenseth, asesora principal de la Asociación de Sepulturas de Gotemburgo en declaraciones a Associated Press.

Tomadas aisladamente, estas medidas pueden parecer inquietantes, de hecho lo son, pero almacenar cereal, dormir en refugios antiaéreos o comprar terrenos para decenas de miles de tumbas pueden ser vistos como medidas previsoras y relativamente racionales (se invierte un dinero hoy como una especie de seguro por si ocurre la catástrofe). Vistas conjuntamente responden, sin embargo, a una misma estrategia de gestión de riesgos extremos de baja probabilidad pero enorme impacto. Es un principio perfectamente reconocible en economía: aunque la probabilidad anual de determinados acontecimientos sea reducida, puede resultar racional asumir un coste relativamente pequeño y permanente para asegurarse frente a pérdidas potencialmente enormes. Un Estado almacena alimentos por una razón parecida a aquella por la que una empresa mantiene liquidez o una familia contrata un seguro: la capacidad que permanece ociosa en tiempos normales adquiere un valor extraordinario cuando llega una situación excepcional.

La guerra de Ucrania ha hecho que ese seguro parezca más necesario y ha devuelto la geopolítica al centro de la planificación nórdica. Finlandia comparte más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia, mientras que Suecia abandonó dos siglos de no alineamiento militar para incorporarse a la OTAN en 2024. Pero reducir todos estos preparativos al miedo a una invasión rusa sería perder una parte importante de la historia. Los nórdicos están construyendo seguros para cualquier evento que genere una escasez de comida, para cuando falla el transporte, refugios para cuando el espacio exterior deja de ser seguro y creando ciudadanos capaces de desenvolverse cuando los servicios públicos tardan en llegar y capacidad administrativa y funeraria cuando la mortalidad supera cualquier escenario ordinario. No significa que Finlandia, Suecia o Noruega crean que una gran guerra o una catástrofe sean inevitables. Pero después de varias décadas en las que Europa pudo permitirse optimizar sus economías para tiempos normales, estos países han decidido volver a dedicar recursos a estar preparados también para cuando las cosas dejan de ser normales.


https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14012409/09/26/el-norte-de-europa-se-prepara-para-algo-desconocido-las-funerarias-compran-tierra-las-autoridades-acumulan-grano-en-enormes-silos-y-los-experimentos-de-defensa-civil-se-multiplican.html

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Cómo la crisis del Canal de Suez marcó el fin del Imperio Británico y por qué la guerra de Irán recuerda a aquel momento

 

Cartilla de racionamiento de gasolina en Reino Unido tras la crisis de Suez. Foto: Alamy


  • La crisis de Suez confirmó el relevo de poder de Reino Unido a EEUU. El conflicto de Irán muestra un mundo sin líder
  • En 1956, EEUU amenazó con hundir la libra para frenar la guerra. Hoy, los mercados presionan la deuda de EEUU
  • La guerra de 1956 causó escasez de petróleo en Europa; la de Irán dispara los precios de diésel y gasolina



En el alma de la política británica hay un trauma que persiste desde 1956: la Crisis del Canal de Suez, en la que lo que parecía que iba a ser una rápida victoria militar contra Egipto acabó convertida en una catástrofe geopolítica que marcó el fin del Imperio Británico. El intento de tomar Suez acabó con el abandono de sus grandes aliados, el cierre de un paso marítimo clave, una escasez de petróleo, un ataque a la moneda y la estabilidad financiera del país, y el reforzamiento del Gobierno al que pretendían derrocar. Hoy, 70 años después, a 2.384 kilómetros de distancia, el estrecho de Ormuz demuestra que, como escribió Mark Twain, "la historia no se repite, pero el presente parece estar construido a base de fragmentos de leyendas antiguas".

Para entender el presente, primero hay que mirar al pasado. En 1954, Abdul Gamal Nasser, el nuevo presidente de un Egipto independiente, negoció con Winston Churchill la salida de las tropas británicas de la que había sido su colonia. Los últimos militares británicos estaban en el Canal de Suez, un paso clave por el que cruzaba el 67% del petróleo que se consumía en Europa, proveniente de los países del Golfo Pérsico. Y tras la marcha de esos militares, ocurrieron dos cosas casi a la vez que cambiaron todo el escenario. Primero, Nasser aprovechó que ya no había presencia armada británica para ordenar la nacionalización de la empresa que gestionaba Suez. Y, segundo, un envejecido Churchill dimitió y dio paso a Anthony Eden, que había sido su ministro de Exteriores durante años y, como miembro de la vieja guardia imperial, se negaba a aceptar que la II Guerra Mundial había cambiado el orden mundial.

Eden se tomó el movimiento de Nasser como una traición: había esperado a que se fueran sus soldados para 'robar' un punto estratégico clave. Los egipcios, por su parte, consideraban que habían sido los británicos los que les habían robado a ellos ese paso un siglo antes, comprando a precio de saldo sus acciones en la empresa gestora aprovechando su debilidad militar y económica. Pero en 1875, Reino Unido era entonces el mayor imperio mundial y no tuvieron más remedio que aceptarlo. En 1956, sin embargo, las cosas habían cambiado mucho, aunque Eden no se hubiera dado cuenta.

Un plan perfecto, pero sin el permiso clave

La respuesta del nuevo 'premier' fue negociar con Francia, otro imperio menguante que controlaba -antes de la nacionalización- la otra mitad del Canal, e Israel, que sufría desde su fundación un bloqueo marítimo por parte de Egipto. El plan era simple: atacar el país conjuntamente y recuperar Suez. Israel, que era la única que sí tenía un 'casus belli' sostenible a primera vista, invadió la Península del Sinaí y alcanzó Suez en cuestión de días. En ese momento, Francia y Reino Unido anunciaron que, para evitar que la escalada entre Israel y Egipto afectara a todo el comercio mundial, no tenían más remedio que invadir y recuperar el control del Canal. Por el bien del planeta, se entiende.

Y Egipto no se quedó de brazos cruzados. Aunque su ejército no podía resistir una invasión de tres potencias militares coordinadas, sí podían hacer mucho daño. Primero, hundieron varios barcos en la entrada del Canal, bloqueándolo durante meses. Y segundo, Nasser ordenó a sus militares quitarse las insignias y luchar como civiles, para crear una amenaza 'invisible' para los invasores.

Soldados británicos ocupando Port Said, en Egipto. Foto: Alamy

Pese a todo ello, Reino Unido y Francia avanzaron rápidamente: en pocos días habían capturado un tercio de la vía y estaban a punto de lograr una victoria en apenas una semana. Pero entonces se encontraron con algo que no esperaban: los teléfonos de las embajadas empezaron a arder. La noticia había sentado como una bomba en Washington, ya que EEUU temía que los países árabes vieran esta invasión como un ataque de todo Occidente contra ellos y que se acabaran lanzando en brazos de la Unión Soviética, con lo que ello supondría para el equilibrio económico mundial en plena Guerra Fría. La ONU se reunió de emergencia para condenar la invasión y, por si Eden no había captado el mensaje, el presidente Dwight Eisenhower amenazó con tumbar la libra si no ponían fin inmediato al ataque. A Londres no le quedó más remedio que capitular y salir por donde habían llegado, junto con unos franceses que nunca perdonarían del todo la 'traición' estadounidense.

La humillación dejó a Reino Unido en 'shock'. El propio Eden sufrió un enorme desgaste físico y mental y tuvo que irse de vacaciones durante dos meses. Su mujer, Clarissa Eden, llegó a decir que "sentía que el Canal de Suez discurría por nuestro salón". Para cuando regresó de Jamaica, en enero de 1957, el Partido Conservador ya había dictado sentencia: Eden dimitió y le dio las riendas a Harold Macmillan.

Aquella derrota política confirmó el cambio de guardia en el orden mundial. Europa, con Reino Unido a la cabeza, sufrió meses de escasez de petróleo, precios disparados y restricciones, por el corte de Suez que ellos mismos habían provocado con su guerra. Egipto se hizo con la soberanía de todo el canal, sin que nadie ya pudiera discutirla, con las comisiones por paso que conllevaba. Londres se vio obligado a reconocer que ya no eran el imperio invencible de antaño, y que el viejo orden mundial en el que Reino Unido intervenía donde quisiera cuando quisiera había terminado. A lo más que podía aspirar era a ser la mano derecha de EEUU, que había tomado definitivamente las riendas imperiales. Los británicos aceleraron su retirada de todas sus posiciones militares y territoriales al 'este de Suez', y se vieron obligados a digerir su nuevo futuro como un país más entre iguales en Europa, posición con la que aún no han llegado a reconciliarse.

Trump y el 'cambio de guardia'

No hace falta ser muy imaginativo para ver las similitudes entre aquella guerra fallida y el conflicto de Irán. Donald Trump se lanzó de cabeza asumiendo que Irán era muy inferior militarmente y que EEUU podía imponer su voluntad por la fuerza allá donde quisiera, especialmente ante el éxito de su operación para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela. Como hizo entonces Egipto, la respuesta de Teherán fue bloquear el suministro mundial de petróleo y usar tácticas militares muy difíciles de controlar -el uso de drones, minas y pequeñas lanchas- para confundir y evadir a un ejército mucho más poderoso.

La primera consecuencia es la que sufrió Europa con la crisis de Suez: escasez de combustible y precios disparados. Aún no se ha llegado a una situación de racionamiento, pero con la gasolina y el diésel rondando máximos históricos de precio, el efecto en la práctica es muy similar.

La gran diferencia es que, al contrario que entonces, EEUU ni ha logrado ninguno de sus objetivos, ni está cerca de hacerlo. Si está atascado no es porque su 'hermano mayor' le ordenara parar, sino simplemente porque la estrategia de 'atacar sin invadir' ha fracasado y, tras haber malgastado cantidades enormes de municiones, la única forma de presión que le queda es un lento e incierto bloqueo marítimo. Quizá la falta de un 'hermano mayor' que le fuerce a aceptar la realidad sea hasta un problema: cuando Irán le presentó un acuerdo lleno de concesiones humillantes al país persa, Trump lo firmó en un primer momento para evitar una crisis mayor, pero en poco tiempo decidió romperlo y dejar la situación enquistada, incapaz de conseguir nada que se parezca a una victoria y decidido a no reconocer una derrota.

Port Said, tras el ataque franco-británico. Foto: Alamy

Ante la falta de un gigante que amenace con tumbar el dólar, la presión actual la están haciendo los mercados de deuda, disparando la rentabilidad de la deuda americana y mostrando cada vez más dudas sobre la credibilidad de la Fed y de las instituciones del país. El problema para el resto del mundo es que, cuando la libra dejó de ser el activo refugio, estaba el dólar para ocupar su sitio. Esta vez, ni hay un reemplazo del dólar ni se le espera a medio plazo: todas las grandes monedas del mundo tienen debilidades y limitaciones que les impiden convertirse en el nuevo activo líder del mundo.

Y esa idea, la del troceamiento del poder mundial, es muy visible. En 1956, la crisis de Suez supuso el fin del Imperio Británico y dejó claro que ni Reino Unido ni Francia podían ya actuar de forma individual, sin el respaldo de EEUU. Aquel evento supuso la confirmación de un mundo bipolar: estaban EEUU y la URSS, y todos los demás países relevantes orbitaban, más cerca o más lejos, en torno a alguno de ellos. El fracaso militar de EEUU en Irán no implica la aparición de una nueva potencia líder, sino la confirmación de que el mundo está en una era multipolar en la que ningún país puede imponer su voluntad donde quiera. De hecho, como se ve en los casos de Ucrania o Canadá, ni siquiera pueden imponerla con facilidad en sus 'patios traseros' contra países mucho más débiles sobre el papel.

Aún queda por conocer el final de la historia: si Irán logrará imponer un peaje en el estrecho de Ormuz, si el bloqueo naval de EEUU le obligará a aceptar algún acuerdo intermedio en el que ambos renuncien a sus objetivos de máximos a cambio de evitar daños mayores, o si habrá alguna tercera opción que aún no se vislumbra. Quizá la crisis petrolera acabe con un impulso histórico a las energías renovables y los coches eléctricos que acabe hundiendo la demanda de crudo y solventando el problema de Ormuz. Lo que está claro es que el huevo del poder estadounidense, una vez roto, ya no se puede arreglar. Los británicos llevan 70 años digiriendo aquel trauma nacional. Las consecuencias para EEUU de este fracaso aún son impredecibles. La pregunta es si Melania Trump acabará lamentándose de que el estrecho de Ormuz se ha metido por medio de Mar-A-Lago.


19:17 - 18/09/2026
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14015082/09/26/como-la-crisis-del-canal-de-suez-marco-el-fin-del-imperio-britanico-y-por-que-la-guerra-de-iran-recuerda-a-aquel-momento.html

martes, 22 de septiembre de 2026

¿Es el fin del mundo? O el temor a que se derrumbe el esquema Ponzi de la IA

 



Qué pasaría si una mañana nos levantamos con servicios críticos como el suministro eléctrico interrumpidos o con atacantes (agentes de IA como los que asaltaron Hugging Face) que piratean los coches autónomos para provocar un caos circulatorio. O si una red de bots se apodera de internet. Son tres escenarios posibles, que hasta hace poco nos parecían ciencia ficción.

Los ciberataques perpetrados por la IA afectarán en el futuro a amplias capas de la población y no sólo a clientes de determinadas empresas, como hasta ahora. Esa es, al menos, la advertencia lanzada por los principales directores ejecutivos de las grandes corporaciones americanas de IA, Sam Altman (Open AI), Dario Amodei (Anthropic) y Elon Musk (SpaceX).

Las advertencias alimentan un debate mundial sobre la necesidad de actuar urgentemente, ante una población aterrorizada por los escenarios catastrofistas y cada día más contraria al despliegue de los centros de datos, a los que culpan en parte del encarecimiento de la energía que sufren.

En el mundo de los negocios, las coincidencias no existen. Qué ha pasado para que las grandes empresas de IA, que raramente se ponen de acuerdo, aparcaran por unas horas sus diferencias para levantar la voz a favor de poner freno a la carrera de la IA, y advirtieran sobre el potencial riesgo de desaparición de la humanidad, antes de que los nuevos modelos se escapen a su control.

Los tres primeros espadas no sólo se movían en sus manifestaciones por su preocupación por el futuro de la humanidad (y el de ellos mismo), detrás está la dificultad creciente de sus empresas para seguir captando miles de millones de inversión, en un mundo convulso por las guerras energéticas y una inflación y unos tipos de interés rampantes, que encarecerán la financiación.

Según los cálculos de Schroders, el desarrollo de la infraestructura de la IA (centros de datos, chips e investigación para nuevos semiconductores) requerirá un billón de dólares en 2026. Sólo los hiperescaladores (las empresas encargadas de vender servicios de computación y almacenamiento en la nube) anunciaron inversiones por 650.000 millones de dólares en este año. Así Nvidia, el principal proveedor de chips, destinará entre 3 y 4 billones de dólares hasta 2030.

La inversión pasará de 1 a 5,4 billones a final de la década sin rentabilidad y a costes prohibitivos

El consenso de mercado elaborado por Facset cifra en unos 3,3 billones de dólares el gasto en capital (capex) de la IA en 2030. Pero si se suman las necesidades de capital en los cuatro ejercicios hasta finales de la década, se alcanzarían los 5,4 billones de dólares.

La subida de los combustibles y el gasto público para financiar la maquinaria bélica de las naciones está añadiendo presión sobre el precio del dinero. La Reserva Federal subió el miércoles un cuarto de punto en los tipos de interés.

La tendencia ascendente de la deuda estadounidense se extiende a otros mercados como Europa o Asia, principalmente Japón, donde los bonos alcanzaron el 3%. Ello está provocando ventas tanto de la deuda americana, con el bono del Tesoro por encima del 5%, como de los activos denominados en dólares, que han perdido parte de su atractivo.

En términos generales, la renta fija corporativa en dólares con grado de inversión ofrece un 5,77%, frente al 4,82% de principios de año. Entretanto, el rendimiento de los bonos soberanos estadounidenses ha escalado del 3,9% al 4,9% de media

En este contexto, las creciente emisiones de deuda de las tecnológicas tienen que competir tanto con los estados soberanos como con otras empresas privadas para captar el interés de los inversores. Compañías como Microsoft o Alphabet han sacado bonos con duraciones de hasta 100 años y en diferentes divisas para lograr cubrirlas. Amazon, otro de los grandes hiperescaladores, lanzó en marzo la mayor emisión corporativa de su historia en euros, por 14.500 millones. Incluso se comprometen a inversiones circulares en las que los fabricantes de chips apoyan a empresas como OpenAI.

La primera consecuencia es que todo esto está transformando compañías que generaban un flujo de caja permanente como Microsoft, Alphabet, Meta o Amazon en empresas hiperapalancadas con costes de capital elevadísimo, que ensombrecen sus perspectivas de beneficio a futuro y ponen en duda sus exigentes ratios de cotización en bolsa.

Las gigantescas corporaciones de IA han emprendido un viaje para rentabilizar estas inversiones milmillonarias, de final incierto, que genera mucha incertidumbre. Open AI, propietaria de ChatGPT, experimentó un fuerte crecimiento en sus ventas en 2025, que alcanzaron 13.000 millones de dólares. Pero las pérdidas totales ascendieron a 39.000 millones, tres veces los ingresos.

La compañía enfrenta costes fijos que se disparan debido a la necesidad de contratar talento y ampliar masivamente su capacidad de computación, lo que eleva año tras año sus pérdidas operativas, a pesar de un margen bruto saludable del 42,6%.

La división de inteligencia artificial de SpaceX (que consolida en sus cuentas los resultados de xAI) registró pérdidas operativas de 3.730 millones en el primer trimestre, que arrastraron al grupo aeroespacial a números negativos, pese a los sólidos beneficios obtenidos en el negocio del espacio.

En cuanto a Anthropic, obtuvo ingresos superiores a 65.000 millones hasta julio, gracias al uso masivo de su modelo Claude, pero las pérdidas estimadas para el ejercicio por los costes de entrenamiento alcanzan los 42.000 millones, debido a las inversiones en modelos avanzados. Justo las que ahora su primer ejecutivo quiere frenar.

La incertidumbre está afectando a las cotizaciones de los superescaladores y de los productores de chips, que sufren batacazos ante cualquier evento extraordinario. Así ocurrió el pasado lunes, tras las manifestaciones de los tres primeros espadas de la IA.

Los inversores temen que estemos acercándonos al pico de una burbuja bursátil, similar a la de las puntocom, que estalló hace más de 25 años. En aquel momento, el PER (veces que la capitalización replica el beneficio) se situó en 50, mientras que ahora el Nasdaq 100, con gran ponderación de valores como Nvidia, Alphabet o Microsoft, cotiza con un PER de 25 veces los beneficios previstos en 2026, lo que supone una prima de un 7,3% frente a la media de las dos últimas décadas.

Pero más allá de la discusión sobre si hay burbuja o no, cualquier incidente con la IA, que afecte a la integridad física de los humanos, dejaría desiertas las rondas de capital, daría al traste con los planes para sacar a bolsa las compañías y hundiría sus valoraciones.

Eso explica porqué el director ejecutivo de Open AI, Sam Altman, descartó salir a bolsa este año después de las declaraciones de Amodei de ralentizar la investigación. Con una valoración superior al billón, su objetivo era debutar en el parqué en otoño, pero ya ni siquiera confirmó que vaya a hacerlo en 2027.

Anthropic también presentó la documentación para cotizar en el Nasdaq. Su valoración se duplicó en los últimos doce meses hasta casi dos billones, tras culminar una exitosa ronda de capital en marzo por unos 120.000 millones. Las palabras de su primer ejecutivo ponen ahora en duda este estreno.

El director general del Banco Internacional de Pagos (BIS), el español Pablo Hernández de Cos, advierte que la magnitud de las inversiones en IA puede desestabilizar el sistema financiero y generar una crisis global, en caso de pinchazo. De Cos critica la "financiación singular y poco transparente entre los fabricantes de chips y las tecnológicas" y da la señal de alarma porque el sector se sufraga con "crédito privado y un endeudamiento agresivo," que no se basa en beneficios reales. Una especie de esquema Ponzi que se alimenta de las aportaciones de capital, que cada vez van a ser más caras y más difíciles de captar.

Cualquier accidente que elimine vidas humanas hundiría el ecosistema de la IA para financiarse

Puede ser que estemos ante el fin del mundo y eso es lo que preocupa a los tres ejecutivos, pero también es evidente que sus cuentas no salen. Si, además, tienen que invertir en ciberseguridad para prevenir ataques de sus bots fuera del entorno autorizado, los costes se encarecerán extraordinariamente.

En estas circunstancias, es urgente una regulación que priorice la seguridad sobre el crecimiento de la inversiones. La amenaza es real. Cualquier accidente se llevaría por delante el ecosistema de la IA y, además, amenaza con provocar un efecto dominó como en 2008, que arrastre a la economía global.


Madrid 6:15 - 19/09/2026
https://www.eleconomista.es/opinion/noticias/14015132/09/26/es-el-fin-del-mundo-o-el-temor-a-que-se-derrumbe-el-esquema-ponzi-de-la-ia.html

lunes, 21 de septiembre de 2026

La Suiza de Latinoamérica abandona el dólar poco a poco ante el éxito de su economía y la creciente confianza de los ahorradores en su divisa


 

  • Uruguay se ha convertido en el país más próspero de toda Latinoamérica
  • Su renta per cápita roza los 28.000 dólares, niveles cercanos a Portugal
  • Con una inflación en el objetivo y la estabilidad, los uruguayos confían en el peso


Durante décadas, ahorrar en dólares ha sido casi como un acto reflejo en buena parte de América Latina. Inflaciones desbocadas, devaluaciones recurrentes y crisis financieras enseñaron a varias generaciones que guardar los ahorros en moneda local podía convertirse en una forma rápida de perder todo un patrimonio. Esta parece una 'tradición financiera' que sigue presenta en casi toda Latinoamérica. De hecho, algunos países han optado directamente por una dolarización completa a cambio de entregar su soberanía monetaria a la Reserva Federal de EEUU... y por cierto, no les está yendo nada mal en cuanto a estabilidad financiera y de precios. Sin embargo, hay una economía que parece ir a contracorriente y que poco a poco está abandonando el dólar gracias a una estabilidad económica que le ha hecho ganarse el apelativa de la Suiza de Latinoamérica. Los uruguayos están confiando cada vez más sus ahorros al peso, una pequeña revolución que tiene detrás la creciente estabilidad económica y monetaria del país.

Uruguay se ha ganado el sobrenombre de la Suiza de Latinoamérica por una combinación poco habitual en América Latina de estabilidad política, instituciones sólidas, seguridad jurídica y relativa prosperidad económica. La expresión comenzó a popularizarse durante la primera mitad del siglo XX, cuando el país destacó frente a sus vecinos por su avanzado Estado del bienestar, una amplia clase media, elevados niveles educativos y un sistema democrático relativamente estable, al tiempo que Montevideo se consolidaba como una importante plaza financiera regional.

Aunque Uruguay también ha atravesado crisis económicas, inflación, una dictadura y fuertes devaluaciones, en las últimas décadas ha recuperado buena parte de aquella reputación. De hecho, como se puede ver en el gráfico de este artículo, Uruguay ha logrado 'vencer' en términos económicos a Chile, el otro país que el que competía en la región en términos de prosperidad. En Chile la política y los cambios radicales para un lado o para otro en la macroeconomía han terminado truncando lo que parecía una evolución muy prometedora.

La transformación de Uruguay con respecto al dólar empieza a ser visible en las cifras. Según datos oficiales recogidos por la agencia financiera Bloomberg, las inversiones en títulos nacionales denominados en pesos se han triplicado en apenas dos años y superaban los 14.000 millones de pesos uruguayos (unos 348 millones de dólares) a finales de mayo. Al mismo tiempo, el porcentaje de los depósitos bancarios del sector privado denominado en moneda extranjera ha caído desde aproximadamente el 73% en marzo de 2025 hasta el 69% el pasado junio. El dólar continúa dominando abrumadoramente el ahorro del país, por tanto, pero la dirección del movimiento resulta significativa. Por primera vez en mucho tiempo, mantener el patrimonio en pesos empieza a percibirse como una alternativa razonable.

Detrás de este fenómeno aparece una anomalía positiva dentro de una región acostumbrada históricamente a la inestabilidad monetaria. Uruguay combina estabilidad política, instituciones sólidas, elevada renta por habitante y una inflación controlada. El Banco Mundial destaca precisamente al país dentro de América Latina por la fortaleza de sus instituciones, su elevada renta per cápita y sus reducidas primas de riesgo soberano, mientras sus indicadores de gobernanza muestran resultados positivos en estabilidad política, Estado de derecho y control de la corrupción. En Argentina, por ejemplo, se vive con emición que el riesgo país (el diferencial de su deuda con la de EEUU) haya caído por debajo de los 500 puntos básicos. El risgo país de Uruguay es de 70 puntos básicos. A ello se suma una renta per cápita que ronda actualmente los 27.600 dólares, situando a Uruguay en la cabeza de América Latina, y una inflación que se mueve alrededor del 4%. El FMI proyecta precisamente un crecimiento de los precios del 4% para 2026.

La importancia de esta combinación resulta difícil de exagerar. Una moneda es, en último término, un activo (un pasivo para el banco central) basado en la confianza. Cuando una economía sufre inflaciones elevadas o devaluaciones periódicas, los ciudadanos intentan proteger el valor de su trabajo trasladando sus ahorros hacia una divisa más estable, tradicionalmente el dólar en el caso de América Latina. Pero cuando el banco central consigue mantener la inflación estable durante años, la estabilidad económica está por encima de los colores políticos y la independencia de las instituciones se respeta, las expectativas se estabilizan y los ahorradores empiezan a exigir una prima menor para conservar su patrimonio en moneda nacional.

Desde Bloomberg señalan que Uruguay lleva ya tres años manteniendo la inflación dentro del rango objetivo del banco central, situado entre el 3% y el 6%, mientras las expectativas de inflación permanecen próximas al objetivo del 4,5%. Es precisamente esa estabilidad continuada, más que un buen dato aislado, la que está reconstruyendo la credibilidad del peso.

Lanzamiento de productos en pesos

El cambio está generando además su propio ecosistema financiero. Los expertos de Bloomberg explican que este año funcionan al menos siete fondos monetarios denominados en pesos, aproximadamente el doble que en 2025. Firmas como Balanz y Puente y compañías financieras como MercadoLibre y Prex han lanzado productos de este tipo durante 2026 para captar una demanda hasta ahora prácticamente inexistente. El fondo de Balanz, que invierte casi exclusivamente en títulos en pesos del banco central, había acumulado más de 155 millones de pesos y unos 350 clientes desde marzo. Mucho mayor es el fondo gestionado por Gletir, con más de 3.000 clientes y 896 millones de pesos, mientras que el vehículo lanzado por Prex en abril ya acumulaba ahorros equivalentes a unos 35 millones de dólares, según los datos recogidos por la agencia.

La gran novedad es que la desdolarización empieza a alcanzar al pequeño ahorrador. Juan José Varela, responsable de Balanz en Uruguay, explica a Bloomberg que estos fondos están permitiendo captar clientes que anteriormente mantenían pequeñas cantidades en cuentas corrientes bancarias que no ofrecían remuneración. Gabriel Genta, gestor de Gletir, destaca, en declaraciones a Bloomberg, que algunos particulares están comenzando a invertir con apenas 1.000 pesos. El proceso deja así de estar restringido a grandes patrimonios o inversores profesionales y comienza a extenderse entre hogares que descubren que pueden obtener rentabilidad en su propia moneda sin asumir necesariamente el riesgo cambiario del dólar.

El fenómeno constituye además una victoria para la estrategia del presidente del Banco Central de Uruguay, Guillermo Tolosa, que ha situado la desdolarización entre sus prioridades. La comparación con Argentina resulta especialmente llamativa. Mientras el presidente argentino, Javier Milei, pretende ampliar el uso del dólar para ahorrar, realizar transacciones y efectuar pagos, Uruguay está recorriendo el camino contrario e intenta recuperar para su moneda funciones que durante décadas fueron ocupadas por el dólar. No mediante prohibiciones o controles, sino haciendo que mantener pesos en forma de ahorro resulte cada vez más atractivo gracias a la estabilidad de precios y a la aparición de nuevos instrumentos financieros.

Deuda pública en pesos

Aunque Uruguay tiene una deuda relativamente elevada, equivalente al 75% del PIB, el país está dando ejemplo y emitiendo buena parte de esos pasivos en pesos. Ya casi el 57% de toda la deuda del Gobierno uruguayo está ya denominada en pesos, más de cuatro puntos porcentuales por encima del nivel de finales de 2024. Y más de la mitad de los 2.100 millones de dólares equivalentes en deuda doméstica emitida hasta julio se colocó mediante títulos a tipo fijo en pesos. Es un cambio particularmente relevante porque, hasta hace pocos años, los inversores exigían mayoritariamente bonos protegidos frente a la inflación o los salarios. Ahora empiezan a aceptar deuda nominal, una señal mucho más contundente de confianza en la estabilidad futura de los precios.

El círculo puede acabar siendo virtuoso. Cuantos más uruguayos ahorran en pesos, mayor es la demanda de activos denominados en moneda nacional; cuanto mayor es esa demanda, más sencillo resulta para el Estado financiarse sin asumir deuda en dólares; y cuanto menor es la exposición del país a divisas extranjeras, menor es también su vulnerabilidad ante una depreciación del peso o una crisis financiera internacional. Herman Kamil, responsable de gestión de deuda del Ministerio de Finanzas, reconoce a Bloomberg que el proceso será gradual, pero considera que la desdolarización favorecerá la demanda de títulos del Tesoro denominados en pesos.

Uruguay todavía está muy lejos de despedirse del dólar, puesto que cerca del 69% de los depósitos privados siga denominado en moneda extranjera demuestra hasta qué punto permanece arraigada la memoria de las antiguas crisis. Pero el movimiento comienza a invertirse. Después de décadas en las que ahorrar en dólares era una póliza de seguro contra la propia economía, la estabilidad macroeconómica, una inflación cercana al 4%, una elevada renta per cápita y unas instituciones relativamente sólidas están consiguiendo algo mucho más difícil que fortalecer una moneda: convencer poco a poco a los propios ciudadanos de que pueden volver a confiar en ella.





Vicente Nieves
4/09/2026 - 8:56

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