:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fb72%2Fc72%2F1ac%2Fb72c721ac17790512e736f8f80b23557.jpg)
La foto olvidada de ayer ...
No eres de donde vienes .... eres adonde vas...
sábado, 11 de abril de 2026
Lo que no se cuenta de Artemis II: un laboratorio humano para el próximo gran viaje al espacio
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fb72%2Fc72%2F1ac%2Fb72c721ac17790512e736f8f80b23557.jpg)
viernes, 10 de abril de 2026
¿Europeos “vagos” contra estadounidenses “emprendedores”? Por qué sobreviven ciertos tópicos

Los filósofos llevan siglos reflexionando sobre ello: ¿Cuál es la esencia de Europa? Hace algunos días falleció Jürgen Habermas, que defendió que Europa es el lugar donde la democracia avanza gracias al diálogo. George Steiner, en La idea de Europa, cifró la singularidad del continente en sus distancias (a escala humana), en la existencia de cafés y en el peso de su historia, que a veces conduce a la melancolía; y Peter Sloterdijk considera que la civilización europea se caracteriza porque coloca el poder espiritual por encima del poder pasajero de la fuerza. No obstante, Internet no le da tantas vueltas: la esencia de Europa se encuentra condensada en el bigote de Roberto Conigliaro, una mata de pelo negro bajo unas gafas de sol setenteras donde caben las ideas de todos esos pensadores.
Conigliaro es uno de los miembros de Mind Enterprises, el dúo de músicos que llena salas de todo el mundo gracias a sus videos virales. Ellos son esos italianos que bailotean casi con desgana, visten ropa deportiva de los ochenta y fuman y beben Campari mientras pinchan italodisco en balcones con ropa tendida de fondo. Con su aspecto anacrónico, sus copas y sus cigarros, se han convertido en un símbolo de la despreocupación europea y protagonizan infinidad de memes: son perezosos, moderadamente autodestructivos e infinitamente cool. Muchos otros memes que circulan desde hace poco difunden estereotipos similares: el chef Anthony Bourdain se relaja al sol en la terraza de un café, suponemos que parisino, y alguien escribe que así —de tranquila— es cualquier “mañana laborable en Europa” o unos jóvenes fuman y beben en una terraza en Marbella y el comentario es que “los estadounidenses no podrían comprenderlo”.
Cómo nos ven“Hoy conviven dos versiones modernas de los imaginarios clásico. Por un lado, el del europeo sofisticado, que habla idiomas, sabe historia del arte, tiene una relación lenta y ritualizada con la vida (la sobremesa, el café, el paseo, la familia y los amigos, el buen tiempo). Ese imaginario tiene prestigio especialmente entre élites culturales urbanas estadounidenses y por eso ciudades como París, Roma o Barcelona siguen siendo vistas como capitales simbólicas del buen vivir. Y, a la vez, existe una lectura más crítica, que tiene que ver con el desarrollo del sistema neoliberal. Europa como un continente envejecido, estancado en el tiempo, sin innovación. Esta visión tiene mucho que ver con el contraste entre el modelo social europeo, más garantista y burocrático, y el ideal americano de productividad y expansión”, comenta la politóloga Lilith Verstrynge.
Efectivamente, las bromas son infinitas, pero todas conducen al mismo lugar: los europeos son tan distinguidos como torpes para las finanzas. El reproche viene de lejos, porque los políticos estadounidenses todavía recuerdan los 13.000 millones de dólares que su país invirtió en la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Tal y como señala el historiador Tony Judt en Postguerra: una historia de Europa desde 1945, los americanos enseguida reconocieron que el viejo mundo volvía a ser un espacio de cultura, pero las críticas sobre la falta de flexibilidad económica también aparecieron pronto (y llegan hasta nuestros días).
La profesora Nuria Peist, del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, cree que ningún tópico es inocente y que, en este caso, la rivalidad entre americanos y europeos fija una división del mundo “muy estricta y poco compleja que reproduce condiciones de desigualdad y de violencia simbólica”. Peist parte de la premisa de que las ficciones no están enfrentadas a la realidad, sino que son una porción importante de ella, de manera que, aunque “los tópicos deforman la realidad, también son efectivos a la hora de confirmarla y reproducirla”. “Sucede tanto en el cine, en el arte y en los memes de internet. Lo que pasa es que los públicos cambian, las maneras de relacionarnos también, y no es lo mismo la vivencia de mi abuela cuando iba de pequeña al cine, como pasaba en la peli Cinema Paradiso, que el bombardeo de memes que recibimos cuando escroleamos”, explica.
Patricia Bolaños, ilustradora y artista madrileña que lleva más de una década trabajando en Nueva York, confirma que muchas veces se ha reconocido en algunas bromas: “Siento que he interiorizado ciertos patrones americanos en cuanto a niveles de producción laboral, especialmente siendo freelance: estar siempre disponible, contestar rápido, no desconectar nunca del todo. En sectores como la ilustración editorial, donde la inmediatez es clave, no responder a tiempo puede significar perder un encargo”, comenta. “Los americanos siguen fantaseando con una vida europea, más ahora con la situación política en USA. Lo percibo constantemente no solo en la fetichización de destinos muy concretos como la Toscana, sino en algo más estructural: la idea de una vida más amable, más bella y más accesible, porque Nueva York es una ciudad dura, sucia y carísima”.
Cómo los vemos
En La piel, la crónica de Curzio Malaparte sobre la ocupación estadounidense de Nápoles entre 1943 y 1945 —hechos de los que el escritor fue testigo privilegiado—, los soldados estadounidenses aparecen representados como grandullones confiados, casi como niños musculosos a merced de las argucias de los napolitanos. Héctor Muniente, cineasta aragonés en Nueva York y autor del documental American Greyhounds, confirma que él también se encontró con cierto optimismo ingenuo y da por buenas las caricaturas que representan a los americanos “como unos gordinflones aventureros”: “El sueño americano sigue siendo muy chocante para un europeo y es algo que tiene que ver con la ilusión, el voluntarismo y cierta idea de salir ahí afuera a hacer cosas: siguen pensando que todo es posible”.

“Discutir sobre por qué son así puede conducir a ciertos esencialismos”, continúa Muniente. “En The End of the Myth, Greg Grandin habla de que su manera de ser, su esencia tiene que ver con la expansión porque Estados Unidos se fundó así. Y a partir de ahí, se desarrolla todo el mito del colono, de la conquista del Oeste, de Interstellar o de la obsesión de Bezos y Musk por Marte... Aunque sea trágico, ese es el corazón del país y ellos siempre tendrán se acercarán al mundo desde esas coordenadas imperialistas”.
“Es verdad que en Estados Unidos es muy fácil emprender y es muy fácil fracasar”, remarca.“Aplican a todo una estrategia empresarial. Pero ahora que estamos en un momento terrible políticamente, hay algo que me gusta de la victoria de Mamdani y es lo que llaman canvassing o porteo, que no existe en España. Aquí sacaron a miles de personas llamando puerta a puerta para convencer a otros vecinos de sus ideas políticas. Eso, que se parece tanto a montar una empresa, pero desde el otro lado, es lo único que me hace optimista de este país. Sabemos todo lo que no funciona, pero luego ves ese entusiasmo en el día a día, que todavía tiene que ver con la pastoral americana y la idea de la América feliz de los cincuenta, y siento cierta envidia”.
Bolaños explica que esos “niveles de individualismo” y entusiasmo también tienen que ver mecanismos económicos concretos que obligan a que uno siempre deba cuidar de sí mismo: “Aquí es mucho más fácil que alguien se quede sin apoyo: familias desestructuradas, falta de comunidad, ausencia de una red pública sólida. Muchos de mis amigos tienen préstamos estudiantiles altísimos que saben que tardarán décadas en pagar. En ese contexto, el endeudamiento deja de percibirse como un riesgo excepcional y pasa a ser parte del funcionamiento normal de la vida, lo que también favorece una mayor predisposición a emprender”.
Para Vestrynge, la clave detrás de todas estas percepciones reside en que Europa sigue siendo un continente que no está subordinado exclusivamente al trabajo: “Los europeos defendemos ese legado como la consecuencia de años de luchas colectivas, de historia, de derechos adquiridos, de valores compartidos… Cosas que para los americanos son un claro signo de decadencia, de atraso con respecto al ritmo del mundo y de que vivimos en un lugar con mucho pasado, pero menos futuro. Cuando desde Estados Unidos se critica el rumbo equivocado de Europa se está señalando una cultura política que desconfió del poder ilimitado, de las monarquías absolutistas, de las élites, de la nobleza. La separación de poderes, el derecho, la proporcionalidad, el Estado social… todo eso es herencia ilustrada y todo eso es Europa. Es también la idea de que el progreso debe tener ciertos límites. Que no todo lo técnicamente posible es políticamente deseable y hoy lo vemos de manera muy clara, por ejemplo, en la IA”.
Una broma inofensiva o una rivalidad ideológica
Saliendo de la estación de Atocha es una novela publicada por el poeta estadounidense Ben Lerner en 2011. Basada en su experiencia como becario en Madrid, se sorprende por la intensidad de la vida nocturna y el uso del espacio público en la ciudad, con personas de todas las generaciones compartiendo las plazas a medianoche. También descubre lo fácil que le resulta hacer amigos (desarrolla una técnica: se queda de pie en bares abarrotados hasta que alguien piensa que él forma parte de su grupo y comienza a hablarle). El libro de Lerner es un estupendo retrato del Madrid de aquellos años y, sin embargo, también contiene algunas observaciones como las anteriores o las que tienen que ver con una supuesta carga histórica que podrían considerarse tópicas. Como recuerda Peist: “Los tópicos no están fundados en la nada, sino que son formas de organizar lo social”.
“El arte es una parte más de este proceso”, continúa la profesora. “Entendiendo que las ficciones forman parte de la realidad, no pueden ser una diversión inocua. Los cuadernos de viajes y las pinturas de los románticos estaban llenos de exotismo: lo distinto atraía porque divertía y excitaba todo lo alejado de la modernidad. Esta actitud es típica burguesa. Se mira lo raro para ser retratado y siempre es un afuera, un otro, como ya sucedía en las famosas pinturas de Brueghel del siglo XVI, que retrataban la diversión popular fuera del hogar burgués. Como pasa con el reguetón, que nos fascina y repugna a la vez, esta es una postura del todo colonial”.
Está en nuestra naturaleza: por muy conscientes que seamos de todo esto, no podemos dejar de participar en la circulación de imágenes y relatos. Y, aunque sepamos que en tiempos de rivalidad geoestratégica las diferencias se exageran, seguimos reconociéndonos en algunos de los memes que nos llegan desde Estados Unidos (y ellos harán lo propio con los que difundimos los europeos). Así que no todos los italianos son tan aficionados al Campari como los integrantes de Mind Enterprises, pero algunos sí que se parecen a ellos y, desde que se han hecho populares, otros los imitarán. Ojalá todos monten sesiones tan divertidas.
Murcia - 21 MAR 2026 - 05:30 CET
https://elpais.com/icon/2026-03-21/europa-contra-america-por-que-los-topicos-sobre-el-europeo-perezoso-y-el-estadounidense-emprendedor-funcionan-hoy-mejor-que-nunca.html
jueves, 9 de abril de 2026
La evolución del vestir. Agonía y ocaso del zapato

El retrato del hombre del siglo XXI se perfila: no lleva corbata al cuello, tampoco reloj en la muñeca y calza zapatillas con suela de goma. Al zapato masculino “tradicional” le sale aire de reliquia. “No es solo el zapato, toda la indumentaria y la moda tienden al confort. La tendencia se ha agudizado tras la covid”, observa Carlos Sánchez de Medina, que imparte historia de la indumentaria en la Universidad de Granada y anima el podcast Historia de la moda .
–Mis padres insistieron en comprarme unos zapatos negros con cordones por la boda de una prima...
Los primeros zapatos Derby de Lluís Gómez, 19 años. Acaso los últimos. “Me apretaban”, recuerda. Duermen en el armario.
“El éxito de la zapatilla deportiva parece irreversible, pero la moda es lo único donde nada es irreversible”
Los zapatos clásicos exigían una “doma” –adaptación dolorosa–, y no son tiempos de domadores. “A medida que la vestimenta ha desaparecido, ha desaparecido el zapato. Si ya no se viste clásico, desaparece lo que llamábamos el zapato de vestir. También influyen los podólogos”, señala Ramón Piqué. uno de los últimos grandes sastres de Barcelona.
Los jóvenes por moda, los mayores por comodidad a la hora de andar –actividad altamente recomendada a diestro y siniestro–, entre todos hemos arrinconado el zapato, sin importar la elegancia. Se diría que los hombres han transferido a las mujeres la antorcha de la “elegancia” en el calzado a costa de dolores, molestias e incomodidades (léase los zapatos de tacón). Comodón por naturaleza, el varón abraza bambas, sneakers , loafers y cuantos zapatos permiten caminar con holgura. Será que no les llegamos ni a la altura del zapato...
“Hay dos factores decisivos en la desaparición del zapato masculino tradicional: la comodidad y la informalidad, lo que llamamos casual ”, señala Luis Sans, factótum de la maison Santa Eulalia, barómetro barcelonés de la elegancia.
–¿El abandono del zapato clásico es el triunfo de la comodidad –aunque sea al precio de ir zarrapastrosos– sobre la elegancia?
–Ojo, una cosa es la elegancia y otra la formalidad –recalca Sans–. Se puede vestir elegantemente de forma informal y se puede ir formal y poco elegante.
“No es solo el zapato, toda la moda tiende al confort, tendencia agudizada tras la covid”, dice un experto
La facturación de una tienda tan burguesa como Santa Eulalia confirma el declive del zapato masculino tradicional: 70% corresponde a bambas y otras deportivas, y el 30%, al calzado, básicamente italiano y británico. No obstante, Luis Sans destaca: “Empiezo a escuchar a clientes que se han cansado de ir con bambas a todos los actos y reuniones sociales fuera del trabajo”. Carlos Sánchez de Medina también detecta algo similar: crece el interés por el zapato artesanal, único, algo palpable si se visita Ubrique, meca peletera gaditana.
La zapatilla deportiva arrasa entre los menores de 25 años, y no necesariamente por razones económicas. Incluso, por lo contrario: el marquismo en el terreno de bambas y calzados híbridos es superior al de las marcas de zapatos. Un modelo de zapatilla de Louis Vuitton, Balenciaga, Off White, Nike, Autry, On o Golden Goose “transmite” su identidad y fácilmente su precio, a diferencia de un zapato con hebilla de John Lobb o los oxford de Berluti o Alden, de lujo anónimo.

Los transatlánticos de la moda intuyeron el nicho de negocio y pusieron todo su empeño en 'asesinar' al zapato
“Todos mis alumnos en la Universidad de Granada andan como locos por tener unas Speed de Balenciaga”, señala el profesor Carlos Sánchez de Medina. El periodista acude a la web de Balenciaga para saber de qué hablamos. Un modelo muy ergonómico que se asemeja a un calcetín de Antoni Tàpies con suela de goma. El precio asciende a 850 euros.
La introducción del calzado informal ha sido paulatina. Allá por los años ochenta, marchas exclusivamente deportivas como Adidas o Nike empezaron a transferir a sus productos “prestigio” e innovación, y aparecieron los primeros deportistas –el tenista Stan Smith– y gente del espectáculo que combinaban trajes formales –incluso esmoquin– con zapatillas deportivas (ver Emilio Aragón en España, circa 1992). Poco a poco, los transatlánticos de la moda intuyeron el nicho de negocio y pusieron todo su empeño en “asesinar” al zapato convencional.
“Desde el punto de vista práctico, no hay color: unas zapatillas pueden ser baratas y se meten en la lavadora. El zapato hay que limpiarlo, ponerle betún, cuidarlo”, dice Carlos Sánchez de Medina. Curiosamente, son los jóvenes quienes patrocinan un modelo de calzado poco sostenible, fabricado a menudo en China o países lejanos y más de usar y tirar en una temporada.
“El calzado de precio más elevado suele ser un zapato elegante y de vestir, que es precisamente el segmento que más ha sufrido para poder mantener una estructura productiva. En los últimos años, tanto empresas italianas como españolas, centradas en un vestir elegante, han tenido que incorporar interpretaciones más orientadas al consumidor de confort o guiños a la comodidad para poder aguantar en un mercado tan competitivo”, observa Vicente Pastor, presidente de la Federación de Industrias del Calzado Español (FICE).
¿El triunfo de la fealdad? “Ojo, una cosa es la elegancia y otra la formalidad”, advierte Luis Sans
La relación con un par de zapatos cuya vida alcanza dos, tres y aún más décadas nunca existirá con unas zapatillas deportivas. El arquitecto Óscar Tusquets aprecia la belleza del zapato, que tanto dice –y distingue– de quien lo calza. “Lo único de rico que tengo son seis pares de John Lobb hechos a medida en Londres en un proceso maravilloso, de otros tiempos. Yo los cuido, me gusta hacerlo, y espero que mi hijo Luca los pueda heredar. Lo que más me dolería es que este declive del zapato tradicional repercuta en ciertos oficios. ¡Ojalá no se pierdan los artesanos!”.
“El éxito de la zapatilla deportiva parece irreversible, pero la moda es lo único donde nada es irreversible”, concluye el sastre Ramon Piqué, gato sabio.
¿Zapateros? “Suerte de los inmigrantes”
La evolución del calzado deja en el aire el oficio de zapatero, especialmente perjudicado en los barrios donde abundan los cierres por jubilación. “Ningún joven quiere aprender el oficio. ¡Suerte tenemos de los inmigrantes”, observa Isidre Castellà, dueño junto a su esposa de la Clínica del Calçat, en la calle Calvet de Barcelona, vecindario de posibles. Empezó en el oficio a los 13 años y continúa, un chaval septuagenario. “A mi me sigue apasionando este trabajo”, víctima del prestigio social que dan los estudios universitarios. El nuevo calzado requiere menos atención y no necesita cambios de suela, ahormados y los pequeños detalles del zapato de cuero. A veces, Isidre Castellà se queda perplejo: “sí, cuando veo lo poco que enseñan los padres de ahora a sus hijos a cuidar los zapatos. Los destrozan y como si nada”.
Joaquín Luna
Barcelona
22/03/2026 05:00 Actualizado a 22/03/2026 06:00
https://www.lavanguardia.com/vida/20260322/11495827/agonia-ocaso-zapato.html
miércoles, 8 de abril de 2026
Por qué China, y no Rusia, podría ser la verdadera ganadora de la guerra en Irán
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F6b2%2Fe6d%2F1b6%2F6b2e6d1b67d8d05f5773122ae897895c.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F9d2%2F116%2F803%2F9d2116803b875c838a381adb4e3ff1a1.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F9d2%2F116%2F803%2F9d2116803b875c838a381adb4e3ff1a1.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F43b%2Fe88%2F90f%2F43be8890f746914ce5af8f10cb747063.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F43b%2Fe88%2F90f%2F43be8890f746914ce5af8f10cb747063.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F9ca%2Fc57%2F419%2F9cac5741945d51190595ca27262541c8.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F9ca%2Fc57%2F419%2F9cac5741945d51190595ca27262541c8.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fc8a%2F9ac%2F10d%2Fc8a9ac10ddd6fd9b910bd9617f394985.jpg)
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fc8a%2F9ac%2F10d%2Fc8a9ac10ddd6fd9b910bd9617f394985.jpg)