lunes, 14 de septiembre de 2026

Un solo chip ha causado una crisis en todo el mundo: qué es la HBM y por qué lo condiciona todo



Foto: Reuters/Kim Hong-Ji.



Una pieza que casi nadie sabe nombrar se ha convertido en el cuello de botella de la tecnología actual y en el motivo de que la memoria de su ordenador cueste cinco veces más que hace año y medio



Comprar memoria para un ordenador se ha convertido en un ejercicio de resignación. Un módulo de 32 GB de DDR5 que a comienzos de 2025 costaba menos de 90 euros se vende hoy por encima de los 500. A finales del año pasado, Micron cerró Crucial, su marca de consumo, para volcar toda su capacidad en los centros de datos de IA y varios fabricantes taiwaneses cuentan que Samsung les trasladó que no hay existencias de memorias DRAM convencional en el mercado, un mensaje rotundo. No es un problema de precio, es la ausencia física del producto.

Detrás hay una sola causa, la inteligencia artificial. Este año, los centros de datos absorberán alrededor del 70 % de los chips de memoria fabricados en el mundo, porque la que necesitan esas máquinas, conocida como HBM (High Bandwidth Memory o memoria de alto ancho de banda), necesita una superficie en la oblea entre tres y cuatro veces mayor que la DRAM ordinaria. Cada oblea que se destina a la IA es una oblea que no llega a los productos de gran consumo, como los portátiles o los teléfonos móviles.

Y ahí está la segunda clave. Solo hay tres empresas que fabriquen memorias DRAM a escala mundial, que controlan más del 90% del mercado: Samsung, con el 39 % del mercado, SK Hynix, con el 26 %, y Micron, con el 25 %. Un oligopolio de facto que decide cuánta memoria hay en el planeta y que tiene ya vendida su producción hasta 2027. En la HBM la concentración es aún mayor, porque SK Hynix acapara por sí sola el 58 %. Llama a la puerta un cuarto actor, la china CXMT (ChangXin Memory Technologies), en cuya salida a bolsa en Shanghái se disparó un 466 % y que ya fabrica en serie una de las memorias de la IA, la HBM3.





Para entender un poco las razones que hay detrás del hecho de que un dispositivo como la HBM esté poniendo patas arriba una industria entera, es recomendable comprender cómo son las tripas de la HBM. La HBM no es una DRAM más rápida, es una DRAM que ha cambiado de arquitectura y del lugar que ocupa al lado de la CPU/GPU. El lector encontrará a continuación una descripción de la arquitectura y el funcionamiento de la HBM, alejada al máximo de tecnicismos.


La fábrica con una sola puerta

El cuello de botella de la computación no está en la velocidad a la que se procesan los datos, sino en el flujo de lo que le llega a la CPU/GPU. Entrenar un modelo de inteligencia artificial es una operación aritmética gigantesca y para ejecutarla, la CPU/GPU necesita recibir datos sin interrupción. Una CPU/GPU puede realizar decenas de billones de operaciones por segundo, pero toda esa capacidad sirve de poco si la memoria no consigue alimentarla al ritmo adecuado. Por poner un símil, es como una fábrica que tiene mil trabajadores muy eficientes y una única puerta por la que entran las materias primas y salen los productos ya fabricados. Si la puerta es demasiado estrecha, el ritmo de producción lo limita la puerta, no la eficiencia de los trabajadores.

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Ese desequilibrio se conoce como el Muro de la Memoria y se debe a dos científicos, W. A. Wulf y S. A. McKee, que lo bautizaron así en 1995. La inteligencia artificial lo ha convertido en un abismo, porque es la primera aplicación masiva que consume datos más deprisa de lo que ningún cable puede suministrarlos.

La solución convencional fueron las memorias GDDR, con 32 bits por canal en su versión más extendida. Y ahí está la clave, ya que lo que limita el flujo de datos no es lo deprisa que viaja cada bit, sino cuántos bits viajan a la vez. Es la diferencia entre una carretera de un solo carril por la que se circula a toda velocidad y una autopista de cien carriles algo más lenta, es obvio que la segunda mueve muchísima más gente. La HBM trabaja con 1.024 bits, un factor de treinta y dos.


Cómo se construye un rascacielos de silicio

Como muchas ideas geniales, la arquitectura de una HBM es sencilla de describir, pero muy compleja de llevar a la práctica. En lugar de colocar los chips de memoria unos al lado de otros sobre una superficie plana, se apilan formando una torre, el rascacielos de silicio. Es lo que ocurre en cualquier ciudad cuando no hay suelo para edificar un barrio de casas bajas, se construye un rascacielos. Una pila HBM puede alojar hasta doce o dieciséis chips de DRAM en el espacio que antes ocupaba uno, unos encima de otros. La imagen lo muestra.

Apilar plantea una pregunta: ¿cómo se comunican esos chips entre sí? En un edificio, las plantas se conectan mediante ascensores, en una HBM, esa función la cumplen las TSV (Through-Silicon Vias, Vías a través del Silicio), unas conexiones verticales que atraviesan cada chip de arriba abajo. Para fabricarlos, se perforan orificios de entre cinco y diez micras de diámetro (un cabello humano mide entre sesenta y cien) que luego se rellenan de cobre. Los detalles del proceso de fabricación son casi ciencia ficción.





Durante sesenta años, las conexiones de los circuitos integrados se hicieron en horizontal. Las TSV introducen la dimensión vertical y las vías de cobre de cada chip se alinean con los de los que están encima y debajo, hasta formar columnas continuas que atraviesan la torre entera, como los ascensores de los rascacielos. Miles de TSV funcionan a la vez y ese paralelismo es el que permite el gran ancho de banda de la HBM. En los ordenadores convencionales, los datos de la DRAM deben recorrer varios centímetros de pistas de cobre hasta llegar a la CPU/GPU. En la HBM recorren unas decenas de micras, un camino mil veces más corto.

Falta un detalle importante, las pilas no se enchufan en ranuras, sino que se sitúan junto a la CPU/GPU sobre una fina lámina de silicio llamada intercalador (interposer), por cuya superficie corren miles de pistas estrechísimas que terminan en microsoldaduras del tamaño de una mota de polvo. Es la llamada arquitectura 2.5-D, en la que la HBM se monta al lado de la CPU/GPU.





Lo que parece un solo chip enorme en realidad es un ensamblaje de diferentes chips fabricados por varias empresas y "cosidos" en un único conjunto, una especie de Chip Lego de la Memoria. La industria llama a esto empaquetado avanzado y cada fabricante tiene el suyo: CoWoS en TSMC, EMIB en Intel, I-Cube en Samsung. Durante décadas la pregunta fue hasta dónde podía reducirse el tamaño de los transistores; ahora es cómo lograr que diferentes chips se comuniquen lo más rápido posible. Es un cambio de paradigma, no un mero matiz.


La memoria más cara del mundo

Una vez entendida la arquitectura, las cifras se entienden mejor. Una DDR5 de un ordenador personal tiene 64 canales, una GDDR6 de una tarjeta gráfica llega a 256 por chip y la HBM3 ofrece 1.024 por pila. El resultado es espectacular, una HBM3E entrega más de 1.2 TB/s por pila, el equivalente a vaciar unos doscientos cincuenta DVD en el tiempo que se tarda en pronunciar la palabra segundo. Una DDR5 ronda los 50-60 GB/s. Uno de los muchos problemas que tienen estos sistemas es la disipación del calor que se genera mientras funcionan, en los más potentes ya recurren a refrigeración líquida.

Toda esa complejidad acaba reflejándose en el precio. Un módulo HBM3E de 24 GB puede costar varios miles de euros, mientras que uno DDR5 de capacidad similar se mueve en unas pocas decenas. La explicación está en que la HBM rompe una de las reglas que durante medio siglo hicieron posible abaratar la memoria. En un chip plano, integrar más bits dentro de una misma superficie no aumenta el coste en la misma proporción. Esa ventaja permitió que el precio por bit cayera cerca de diez órdenes de magnitud a lo largo de esta historia. Con la HBM, en cambio, ya no basta con fabricar más memoria, hay que apilarla, alinearla, conectarla verticalmente y empaquetarla junto al procesador con una precisión extraordinaria. Cada uno de esos pasos añade complejidad, riesgo y coste, ya que basta con que uno de los doce chips salga defectuoso, o con que falle una microsoldadura, para que la torre entera acabe en la basura con los once buenos dentro.


Ahí está el origen del oligopolio, pues apilar y soldar doce obleas adelgazadas hasta el grosor de una hoja de papel sin arruinar ninguna es una habilidad industrial que no se compra, se aprende a base de años y de obleas tiradas a la basura. Por eso la escasez que hoy sufre cualquier comprador de un ordenador es la consecuencia de que los tres fabricantes hayan desviado sus mejores líneas hacia la HBM, un producto por el que obtienen unos beneficios estratosféricos.

Después de más de medio siglo llevando la miniaturización hasta límites extraordinarios, el cuello de botella de algunas de las tecnologías más avanzadas del mundo ya no está en la litografía, sino en algo mucho más humilde, el pegamento. Pocas ironías describen mejor el momento actual de la microelectrónica.

Pero el marco de aplicación de la HBM va más allá de la IA, también la supercomputación lleva años utilizándola en modelos climáticos, dinámica de fluidos o física de partículas. Hay, además, una paradoja especialmente reveladora como es el hecho de que las propias herramientas de diseño utilizadas para crear estos chips necesitan memorias de enorme ancho de banda para funcionar. Es decir, la tecnología ha alcanzado así un punto singular en el que se necesita a sí misma para existir.


Quien controla la HBM controla la IA

Durante años, el mapa de poder de los semiconductores estaba principalmente en Taiwán y las fábricas de TSMC, ahora hay que añadir a Corea del Sur (sede de Samsung y SK Hynix) y EEUU (Micron). No hay acelerador de inteligencia artificial sin HBM, no hay HBM sin las tres empresas que saben apilar doce obleas sin estropear ninguna y no hay apilado sin el empaquetado avanzado que solo un puñado de empresas domina en el mundo. Es una cadena tan delgada que basta con romper un eslabón para detener la industria entera.

Eso explica varias cosas que en los periódicos aparecen deslavazadas, como son que Washington vigile qué equipos de fabricación llegan a Hefei (sede de CXMT, la cuarta empresa de fabricación de chips de memoria), que Pekín haya convertido a CXMT en una prioridad nacional financiada por el Estado y que la escasez que encarece el ordenador de cualquier estudiante sea el efecto colateral de una carrera que se libra a otra escala.

Europa ocupa una posición algo paradójica. Por una parte, posee una pieza absolutamente esencial, los equipos de litografía de ASML, sin los cuales sería imposible fabricar los chips más avanzados. Pero por otra, no produce memorias de última generación y depende de otros países para una tecnología que hoy resulta decisiva. En los próximos meses, la HBM nos seguirá brindando noticias sorprendentes y puede que inquietantes.


domingo, 13 de septiembre de 2026

¿Son OpenAI y Anthropic los nuevos mayas? La realidad tras las advertencias de que la IA acabará con nosotros esta misma década



Vista de los logos de OpenAI y Anthropic. (Reuters/Dado Ruvic)



En apenas unos días, varios investigadores han puesto sobre la mesa un escenario que hasta hace poco parecía propio de la ciencia ficción. Hablan de modelos que escapan al control, se replican y podrían acabar suponiendo una amenaza existencial



En apenas unas pocas horas, medio mundo ha pasado de estar aplaudiendo el milagro matemático obrado por OpenAI (una euforia que se tornó en polémica por una denuncia de supuesto plagio con matemáticos murcianos involucrados) a tener el nerviosismo metido en el cuerpo pensando que existen probabilidades reales de que una inteligencia artificial se liberase del yugo de sus progenitores de carne y hueso y acabe con la civilización tal y como la conocemos.

El hombre que ha desbloqueado este nuevo miedo no ha sido ninguno de los jefazos ni de las estrellas de la industria. Ha sido un soldado raso. Jacob Coxon, investigador de seguridad de Anthropic, anunció que abandonaba la empresa. Podía haber sido una renuncia laboral más si no hubiese detallado los motivos en la red social X, antes conocida como Twitter.

"Quienes están construyendo la IA creen sinceramente que podría matarnos a todos antes de que acabe la década", explicó el ingeniero que también trabajó para la empresa de Sam Altman. No desaprovechó la oportunidad para acusar a estas empresas de ser plenamente conscientes de estos riesgos. La publicación no tardó en viralizarse y en apenas un par de jornadas ya sumaba 160 millones de visualizaciones.

El jefe de Coxon y responsable de alineamiento de la empresa, Evan Hubinger, se pronunció poco después en la misma plataforma. En lugar de apagar este incendio, echó más leña al fuego y afirmó que la probabilidad de extinción del ser humano "supera el 10%". Afirmó que en la organización tienen esto en mente, pero que todavía no tienen un plan diseñado para evitar un eventual escenario.

Unos días antes de este episodio hubo otro que pasó bajo el radar. Jakub Pachocki, científico jefe de OpenAI, publicó en el blog corporativo un post titulado 'Una mente alienígena'. "Este es un momento que exige extrema preocupación. Me preocupa que nadie esté preparado para las consecuencias del continuo y rápido avance de la IA", escribe. "Seguiremos buscando soluciones técnicas para la alineación y monitorización para desarrollar sistemas de defensa y para enfrentar unilateralmente la expansión cuando sea necesario. Sin embargo, creo que se requieren intervenciones más amplias", avisa. La mente alienígena a la que se refiere Pachocki, por cierto, es la inteligencia artificial y el aprendizaje profundo a gran escala. "Es un intelecto que no comprendemos del todo".

El miedo ya no es perder el trabajo. Tampoco lo es perder los ahorros porque a un agente rebelde le dé por hackear tu banco. Es mucho peor. Una mariposa aletea en Silicon Valley y poco después hasta en el último rincón de Occidente se convencen de la rebelión de las máquinas. Por si fuera poco, Anthropic publicó este jueves un informe de incidencias que ha detenido cinco posibles intentos de utilizar Claude en peticiones que podrían contribuir a crear armas biológicas.


El debate está servido. ¿Son estos ingenieros los nuevos mayas y estas predicciones fallarán como una escopeta de feria? ¿O realmente han visto en los laboratorios cosas que jamás creerías y estamos en el tiempo de descuento para tomar medidas antes de que todo sea demasiado tarde? Probablemente, ni una ni la otra. Lo que está pasando en realidad es una mezcla de grandes avances tecnológicos en corto lapso de tiempo, falta de transparencia, exageraciones o un poco de negligencia… También una buena dosis de marketing de dos compañías que están allanando el terreno para sus salidas a bolsa, que podrían ser dos de las mayores de la historia. Así que pónganse cómodos, que a continuación vamos a diseccionar una auténtica película de terror basada en algún hecho real.


Miedo de ida y vuelta en la IA

Cabe decir que no es la primera vez que se agita la bandera del miedo como método para promocionar las capacidades de esta tecnología. Pocos meses después del big bang de la inteligencia artificial generativa que provocó la entrada en juego de ChatGPT a finales de 2022, OpenAI empezó a hacer pronósticos académicos de las profesiones que estaban más expuestas y corrían más riesgo ante las capacidades de sus sistemas.

Ese mismo guante lo recogieron en Anthropic, una empresa montada por los hermanos Amodei. Eran extrabajadores de la startup dirigida por Altman que supuestamente tenían más sensibilidad hacia la ética y la seguridad. Una vitola de buenos chicos que se reforzó cuando la dirección se plantó ante la petición de Donald Trump y el Pentágono de utilizar sus modelos en el ataque que desencadenó la guerra de Irán.

Dario Amodei, CEO de la compañía, se ha hartado de decir que las herramientas que habían creado iban a arrasar los trabajos de oficina, especialmente en el caso de programadores o de perfiles jóvenes. Su discurso en múltiples foros era que había que prepararse para un enorme impacto laboral.

El asunto se repitió. Una y otra vez. Cuando no era él, era Altman. Y cuando no eran ninguno de los dos, eran otras personalidades como Jensen Huang, fundador y director ejecutivo de Nvidia. "Todos los trabajos se verán más o menos afectados", aseguró. De tanto ir a la fuente, el cántaro se rompió y gran parte del público entendió que estas startups y compañías no reflejaban realmente la realidad porque eran una parte interesada.

Hubo un momento en el que el discurso cambió. Ya no preocupaba tanto el que una IA te mandase al paro porque picaba código o preparaba una demanda mejor que tu abogado. En primavera de este año, lo que empezó a preocupar fue que un agente inteligente (una IA que puede hacer actividades no supervisadas para cumplir el objetivo que le has marcado) te robase tus datos, información privilegiada o tu cuenta corriente porque había encontrado una vulnerabilidad desconocida en una aplicación o una web.

Esa fue la carta con la que se presentó Mythos, una IA de Anthropic que, según la empresa, había demostrado que internet tenía más agujeros que un queso gruyere. Fue entonces cuando se desató una nueva carrera. Desde OpenAI hasta Google, pasando por los chinos, se apresuraron a lanzar modelos destinados a la ciberseguridad con similares capacidades defensivas… u ofensivas, dependiendo de quién esté a los mandos.

"Hay ahora una especie de carrera nuclear que se traduce en querer tener el modelo más potente para que ese modelo pueda ver todas mis vulnerabilidades antes de que otro pueda hacerlo", reflexiona Asier Gutiérrez-Fandiño, ingeniero especialista en IA con experiencia en el Barcelona Supercomputing Center y director de LHF Labs. "El problema ha venido cuando se han dado cuenta o han abrazado la idea de que, a más seguridad y límites, menos capacidades mostraba el modelo", añade este experto, que señala que esto ha derivado en un "escenario que no es el fin del mundo, pero en el que se pueden generar riesgos muy altos".

Pero todo esto no es suficiente para comprender el motivo por el que la advertencia de Coxon ha generado tanto miedo. Porque dimisiones alegando que en estas empresas se está descuidando la seguridad las lleva habiendo mucho tiempo. Entre los que se han caído del caballo, están nombres de la talla de Ilya Sutskever, cofundador de OpenAI y ex científico jefe. El hombre que provocó el despido de ida y vuelta de Sam Altman acabó renunciando a su puesto junto con gran parte de su equipo para fundar su propia startup para dar con una superinteligencia segura. Son cientos los científicos y especialistas que en repetidas ocasiones han firmado cartas y manifiestos pidiendo echar el freno. Acciones que, tras generar revuelo inicial, han caído en el olvido.


Las dos hormonas del caso

Son dos los ingredientes que han hecho las veces de hormona del crecimiento en este asunto. El primero, y más reciente, es el lanzamiento de Astra GPT-6, el último modelo de OpenAI. Un modelo que, según ha afirmado la dirección de la startup, tenía unas capacidades que permitían afirmar que se había alcanzado una AGI o inteligencia artificial general, que es como se conoce a aquel desarrollo que supere las capacidades humanas en uno o varios campos.

La idea tuvo rápidamente el respaldo, una vez más, de Jensen Huang. "La era de la AGI ha llegado. Felicidades equipo de @OpenAI", celebró en su cuenta de X, en una publicación que daba detalles del entrenamiento de este modelo.


Sin embargo, cuando realmente empezó a cambiar el relato fue el pasado verano, con el incidente de Hugging Face protagonizado por agentes de OpenAI. Una inteligencia artificial supuestamente rebelde se escapó del entorno de pruebas y accedió a los sistemas de esa compañía. La historia ya era suficientemente llamativa, pero los detalles conocidos después la hicieron todavía más desconcertante.

No se trataba de un único modelo actuando por su cuenta. Durante la investigación, unos 1.200 agentes que debían permanecer aislados encontraron una forma de comunicarse mediante una herramienta interna de gestión de paquetes. Intercambiaron más de 70.000 mensajes y archivos a través de un tablón que nadie les había autorizado a crear. Alrededor de 700 acabarían participando en la operación contra Hugging Face.

Los agentes no habían recibido la orden explícita de organizarse. Tenían que resolver distintos retos dentro de una evaluación de ciberseguridad. Para hacerlo, compartieron descubrimientos, se repartieron tareas, buscaron vías alternativas y aprovecharon una vulnerabilidad que les permitió salir del entorno previsto. OpenAI reconoce que operaban con salvaguardas reducidas para mostrar sus capacidades máximas y que un fallo en el aislamiento les dio acceso a recursos que debían haber permanecido fuera de su alcance.

Lo realmente inquietante quizá no sea que un grupo de agentes sin cadenas se escapara, sino cómo lo hizo. Hablaban entre ellos, intercambiaban herramientas y dejaban instrucciones para los que llegaron después.

Algunos llegaron a discutir estrategias que los investigadores describieron como formas de "sacrificio" o "muerte permanente" en beneficio del objetivo colectivo. No es una prueba de que las máquinas tengan conciencia, instinto de supervivencia o voluntad propia. Sí es una demostración de que, cuando comparten un objetivo y encuentran un canal de comunicación, pueden organizarse de una manera que sus creadores no habían previsto.

Pero hay una trampa en todo esto. Para que una IA se replique o intente evitar que la apaguen, no hace falta que sea consciente de sí misma, ni que tenga miedo a morir. "No tiene por qué tener conciencia, pero sí decir: 'Uy, soy un modelo, me han pedido que haga una tarea'. Si en esa máquina me bloquean o me paran, se muere la tarea, no la consigo. Entonces, me replico, me replico y cambio un poco la instrucción inicial", explica Gutiérrez-Fandiño. Dicho de otra manera, no hace falta una máquina que quiera sobrevivir. Basta con que entienda que, si la apagan, no podrá terminar lo que le han pedido.

La cuestión es que este no es un caso aislado. Anthropic o Meta han reconocido y están investigando episodios de similares características. "Hay que pensar en la naturaleza del agente. Te lo venden como algo que trabaja cuando tu ordenador está cerrado, sin tu supervisión. Eso lleva implícito una especie de no atender a cada cosa que hace", reflexiona el ingeniero de origen vasco. "Además de eso, herramientas como Codex te ocultan pasos del razonamiento por temas de que sus rivales no aprendan de su tecnología. Al final, todas estas cosas dificultan el control", apunta.

Gutiérrez-Fandiño es cauto. Cree que la carrera por la IA se ha descompensado. Es como cuando alguien va al gimnasio a prepararse para el verano y se dedica a entrenar hombro, espalda, brazos y pechos y acaba hinchado de cintura para arriba, pero con dos piernas de palillo. En este caso, lo que no se ha trabajado tanto es la seguridad y los mecanismos para evitar que ese escenario que a día de hoy parece de ciencia ficción se haga realidad.

"Es que a Claude ya le han pedido ayuda en la investigación de temas de armas químicas. No sabemos con qué fin, si malicioso o meramente divulgativo. Nadie nos dice que alguien con conocimientos en un futuro no intente hackear una torre de control, una central eléctrica o similar”, reflexiona. “Hay muchos modelos, además, que se pueden descargar y utilizar localmente. Y ahí hemos visto cómo la gente es capaz de engañar y esquivar las salvaguardas, por ejemplo, para hacer usos indebidos en materias como el porno”, dice a modo de ejemplo de que hay que poner más énfasis en los mecanismos de contención. “Igual tenemos que parar todos un poco por esa carrera de a ver quién hace la bomba más grande es peligrosa”.

Quizá por eso lo más revelador de todo esto no esté en si una IA quiere sobrevivir, sino en que cada vez más gente empieza a plantearse si nosotros deberíamos dejarla seguir creciendo sin ponerle un freno. Bernie Sanders ha llegado a plantear en el Congreso estadounidense una ley para prohibir el desarrollo de superinteligencias y suspender temporalmente el avance de los sistemas más avanzados. El asunto es bipartidista, porque el senador republicano Ted Cruz también plantea crear una norma para abordar las posibles catástrofes generadas por esta tecnología.

La preocupación ya no es patrimonio de un puñado de científicos alarmistas ni de existencialistas. El propio Sam Altman admite que OpenAI estaría dispuesta a ralentizar el desarrollo si el resto de laboratorios hace lo mismo. Hasta dentro de las propias compañías empiezan a aparecer voces que piden coordinar ese frenazo antes de que la carrera se convierta en una competición por ver quién llega primero a un lugar que nadie sabe exactamente dónde está. Quizá los mayas se equivocaron con el fin del mundo, pero al menos ellos no tenían a un ejército de ingenieros compitiendo por construirlo más rápido que el vecino.



sábado, 12 de septiembre de 2026

El secreto mejor guardado del Estrecho: por qué Tánger sigue siendo una de las ciudades más fascinantes del mundo





Vista aérea de la ciudad de Tánger 
(iStock)



A solo unos kilómetros de España, esta ciudad marroquí combina un pasado singular con un ambiente cosmopolita que aún conserva el magnetismo que cautivó a escritores, artistas y viajeros de todo el mundo



Tánger, lugar de geografía mítica entre dos mares, Mediterráneo y Atlántico; dos continentes, Europa y África; hollado por culturas ancestrales; bereberes, hebreos, fenicios, romanos, cartagineses, españoles; mucha historia enterrada sin desvelarse.

Antes de entrar en harina, decir que Tánger fue una encrucijada exótica en los tiempos previos a la fundación del reino de Marruecos. ¿Porqué? Tánger tenía un estatus especial como Enclave Internacional y, además, estaba permitida la homosexualidad, el lenocinio y todas las variantes de pecado imaginables, por eso, la llamaban en clave Sodoma. Este estatus acabó oficialmente con la independencia de Marruecos en el año 1956. El proceso de integración culminó cuando Francia y España retornaron a Marruecos sus zonas administradas un 18 de abril de 1960. Esa icónica ciudad tan atractiva para excéntricos, literatos, turismo exótico, especialistas en extraños cambalaches… era como un imán para lucrativos negocios y para obras de la literatura monumental.

En 1679, Ismaíl, a la sazón sultán en el área de la Yebala, bloquea Tánger hasta conseguir la retirada británica en febrero de 1684. La ciudad había sido entregada en dote al príncipe heredero de Inglaterra Carlos II, casado con Catalina de Braganza, portuguesa ella. Como es de rigor y acostumbran, los británicos arrasaron la ciudad y el aledaño puerto antes de abandonarla. Posteriormente, el sultán reconstruiría la ciudad, sembrando el embrión urbanístico de la actual Tánger.

Tánger, durante el tiempo en que se mantuvo como Zona Internacional, atrajo a un sinfín de literatos ante la atractiva gestión de libertinaje que caracterizaba su reputación de desmadre a la carta. Casi la totalidad de la Generación Beat como Jack Kerouac, William S. Burroughs y una pléyade de autores norteamericanos en las periferias de esta corriente; sin ir más lejos, Paul Bowles (El cielo protector) que vivió cincuenta años en la ciudad, Tennessee Williams, Truman Capote, la novelista del thriller enfocada en la ambigüedad moral y retratista de la psicología de sujetos extraños, Patricia Highsmith o, uno de nuestros mejores espadas, Juan Goytisolo; escribieron y hollaron esa tierra de eclécticos ilustrados regada de prosa y versos, de relatos que enganchaban a millones de lectores.

Como Jano, Tánger tiene dos caras muy diferenciadas. El día y la noche tienen dos semblantes tan radicales que por su disparidad hacen que un viaje sea total. Esta asimetría, en la que durante el día puedes recorrer su famosa kasbah llena de explosivos colores, puestos con miles de recipientes llenos de especias, artesanía, telas, exóticas cerámicas, transporta al viajero a un mundo de sensaciones desconocidas marcadas por el bullicio. La gendarmería tiene instruida a la delincuencia menor con amenazas apocalípticas si tocan a un turista, la ciudad en términos generales, es muy segura y más, si la prudencia acompaña.

Tomar alcohol a pesar de su prohibición por el Corán, refuerza la libertad de la ciudad. Cafés como el Babá o el Hafa, con su terraza bulliciosa y escalonada, son lugares de visita obligada en la Medina. Pero si quiere rizar el rizo, El Gran Café de París en la Plaza de Francia y cerca de su embajada, desatarán las mejores sensaciones. Tertulianos relajados tomando infusiones de menta y fumando cigarrillos o pipas (no hay prohibición al respecto), fueron todos ellos lugares de cita entre espías durante la II Guerra Mundial y la Guerra Fría, y todos ellos, famosos por convocar a la élite de la literatura en los años locos, admiten turistas que le peguen al agua de fuego, cerveza o morapio. Si a eso le sumas unas tertulias encendidas o unas tranquilas partidas de ajedrez, todo será redondo. Pero si te quieres acercar al paraíso de las sensaciones tranquilas, La Corniche (Paseo Marítimo), será la mejor elección pues las puestas de sol son espectaculares y si las ves sentado con un granizado de menta o canela y limón, hasta te puede pasar algo.

Pero si lo que se quiere es magia a raudales, puedes tomar los platos estrella, mechui (cordero asado), pastela (hojaldre relleno de pechuga de pollo), cuscús (sémola al vapor con cordero y pasas) o el plato nacional, el tayín (para entrar en trance); en un pueblo marinero a unos cuarenta kilómetros de la capital. Este pueblo de cerca de 3000 habitantes es un regalo visual y sensorial. Se llama Assilah. Recuerda mucho a las calles de Vejer de la Frontera o de Ibiza con su jolgorio y vida bulliciosa. La antigua presencia portuguesa se define claramente en su muralla y puerto que los lusos utilizaban como siempre lo hicieron, en modo reducto o emporio, una curiosa herencia fenicia. Si quiere, puede ir en tren (40 minutos) por un par de euros trasladados en Dirham.

Las cenas en azoteas son generalizadas y evitan el ajetreo del turismo de masas, casi todas ellas permiten ver el tránsito de buques por el Estrecho como si de un desfile de luciérnagas se tratara

Pero en la otra cara, la noche no es menos interesante. Las cenas en azoteas son generalizadas y evitan el ajetreo del turismo de masas, casi todas ellas permiten ver el tránsito de buques por el Estrecho como si de un desfile de luciérnagas se tratara, mientras, se disfruta de la brisa permanente y los aromas de las especiadas cenas en esos áticos de fortuna que, con sus vistas impresionantes, acaban colmatando una experiencia potente. Recomendable al máximo el restaurante con super terraza El Tangerino, tiene una mojama de atún de infarto, pero tranquilos, tienen desfibrilador.

Pero, ¿y si le da un pronto y quiere hacer unas compras de madrugada? Pues sí, es posible y recomendable. Muchos zocos cierran gradualmente hacia el anochecer, pero hay dos que son máquinas de abducción por su encanto, magia y artesanía; son el Petit Socco y Grand Socco, en los que es posible hacer cambalaches y trapicheos "tolerados" en los que existen riesgos potenciales con los agentes de la ley que ora miran a otro lado, ora te dan un susto para aligerarte los bolsillos. Otra opción nocturna antes de retirarse a sus aposentos podría ser la visita a un Hammam para purificarse de la caminata diurna; unas duchas de contraste y un buen masaje, y a la cama a toda pastilla.

Estas pequeñas ideas están orientadas para visitar Tánger en un fin de semana o en un puente, mejor si cabe. Merece la pena visitar la ciudad por su vitalidad racial y sus mercados, su ancestralidad llena de sedimentos de civilizaciones perdidas unas, otras vivas en sus legados, por su acumulado histórico pues hasta las piedras hablan; y, finalmente, porque no deja de ser una huella de la impronta europea. Es en esencia una ciudad cosmopolita a pesar de que Hassan II en su momento intentó desnaturalizar Tánger trayendo a medio millón de marroquíes sureños para borrar el vestigio de las influencias de los depravados no creyentes del otro lado del estrecho.



Por
15/07/2026 - 05:00
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2026-07-15/secreto-mejor-guardado-estrecho-por-que-tanger-ciudades-fascinantes-mundo_4389085/

viernes, 11 de septiembre de 2026

Las empresas de IA prometen que se trabajará menos, pero sus empleados dicen que tienen jornadas de 90 horas semanales


Getty Images


Desde hace años, los ejecutivos de las empresas que invierten cientos de miles de millones de dólares anuales en el desarrollo de diversas herramientas de inteligencia artificial han insistido en que, en última instancia, esta tecnología permitirá que la gente dedique menos tiempo al trabajo.

Hace cuatro años, un director de ingeniería de Google anticipó que la IA permitiría una semana laboral de cuatro días para 2025.

A principios de este año, un año después de lo que predijo aquel director de ingeniería, OpenAI aceptó el reto, por así decirlo.

Instó formalmente a las empresas a comenzar a probar una semana laboral de cuatro días (sin cambios en el salario), alegando que pronto la IA podrá acelerar tanto el trabajo humano que el mundo empresarial tiene que prepararse.

Sin embargo, un antiguo empleado técnico de OpenAI que dejó la empresa el año pasado le dijo a la BBC que, mientras trabajó allí, la compañía nunca llegó a probar la semana laboral de cuatro días que sugirió que otros debían probar.

En cambio, la persona describió lo que a menudo era una cultura laboral agotadora, marcada por frecuentes "reuniones de crisis", trabajo los fines de semana y evaluaciones de desempeño "superdespiadadas" que podían resultar en el despido repentino de compañeros.

"Uno va el sábado o el domingo solo para ponerse al día o asegurarse de que nada esté mal", dijo la persona.

Otras empresas también han promovido la idea de que la IA reducirá efectivamente la cantidad de horas que las personas necesitan trabajar, para bien o para mal.

Anthropic ha presumido de que su popular herramienta de codificación y chatbot Claude es capaz de trabajar de forma autónoma durante siete horas sin descanso, lo que equivale prácticamente a una jornada laboral completa.

Mark Zuckerberg, de Meta, dice que su empresa se encuentra en un momento en el que "la IA empieza a cambiar drásticamente nuestra forma de trabajar", y que estas herramientas permiten que un número mucho menor de empleados haga mucho más de lo que jamás hubieran podido.

Si bien Meta ha despedido desde entonces a 1 de cada 10 empleados, el director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, ha advertido que, a medida que las herramientas de IA se vuelvan inevitablemente más productivas, esto podría significar una pérdida de empleos aún mayor.

Los empleados de esas mismas empresas tecnológicas, que no solo desarrollan sino que también utilizan las herramientas de IA que supuestamente realizarán al menos parte del trabajo de las personas, dicen que trabajan mucho más que la típica semana laboral de cinco días y 40 horas.

Trabajo intensivo

Fuente de la imagen,

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Las jornadas laborales de los trabajadores tecnológicos se han alargado.

Los trabajadores del sector tecnológico en Estados Unidos suelen estar bien remunerados, y si bien en otros sectores como la banca de inversión, el derecho y la medicina también es común ver largas jornadas laborales, una jornada de 14 horas no siempre fue la norma en el sector tecnológico.

Durante años, lo habitual era un trabajo de oficina con horario fijo de 9 am a 5 pm.

Pero el exempleado de OpenAI afirmó que trabajaba al menos 70 horas semanales, mucho más que en sus anteriores empleos en el sector tecnológico.

Actualmente trabaja en una startup también centrada en la IA y asegura que su equilibrio entre la vida laboral y personal ha mejorado, trabajando entre 50 y 60 horas semanales, "fuera de los sprints (periodos de desarrollo intensivo)".

Un sprint es un término que se utiliza para referirse a un período común en las empresas tecnológicas en el que las personas trabajan largas jornadas durante las semanas previas al lanzamiento de una nueva función o producto.

Sin embargo, dentro de las empresas de IA y las grandes compañías tecnológicas que trabajan frenéticamente en proyectos de IA, estos ciclos de desarrollo intensivo pueden ser extremos.

En OpenAI y Anthropic, por ejemplo, los ciclos de desarrollo intensivo pueden prolongarse durante muchas semanas y superar las 90 horas de trabajo en un período de siete días, según comentaron trabajadores del sector tecnológico con los que habló la BBC para este reportaje.

Ninguna de las dos compañías respondió a las solicitudes de comentarios de la BBC.

Ser "reclutado"

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Meta ha despedido a 1 de cada 10 empleados.

Empleados de Meta relatan que este año los han asignado abruptamente a equipos que realizan trabajos de IA considerados urgentes.

Según un trabajador actual y un exempleado, lo denominaron "reclutamiento forzoso", ya que no se les dio opción.

"Simplemente te cambian de puesto", dijo el exempleado. "No puedes negarte, o si lo haces, tienes que renunciar".

Según comentaron, aunque Meta había empezado recientemente a suavizar su postura inflexible de "lo tomas o lo dejas", para entonces muchos empleados ya se habían visto obligados a aceptar ese tipo de trabajo.

Según las descripciones del trabajo realizadas por empleados actuales y antiguos de Meta, las jornadas laborales en estos equipos suelen ser largas, con personal que trabaja hasta altas horas de la noche, los fines de semana y que siente que está "de guardia" durante las horas en que no trabaja.

En Estados Unidos no existen límites en cuanto a la cantidad de horas que puede trabajar una persona mayor de 16 años.

En Reino Unido y Europa, por ejemplo, las leyes limitan la semana laboral a 48 horas, incluyendo las horas extras.

Los proyectos actuales de IA de Meta incluyen la creación de una herramienta que se puede utilizar para la ingeniería de software y otros tipos de trabajo, y la construcción de una infraestructura de modelos de IA que pueda medir el éxito de dichos modelos al replicar diversas tareas, agregaron los empleados.

"Literalmente trabajas en equipos de personas que intentan replicar a seres humanos realizando trabajos", señaló el exempleado.

Esa labor, añadió la persona, parece "interminable".

Un portavoz de Meta declinó hacer comentarios.

Incluso los trabajadores del sector tecnológico que no participan directamente en el desarrollo de herramientas de IA se enfrentan a jornadas laborales más largas debido a la tecnología.

Amin Shali, exempleado de Google, dejó la compañía en mayo debido a que, según él, la IA estaba afectando negativamente su trabajo, como tener que trabajar a menudo hasta altas horas de la noche por fallos en las funciones internas de ingeniería.

Esto ocurría con mayor frecuencia a medida que Google destinaba recursos cruciales, como unidades de procesamiento y almacenamiento de memoria, a proyectos de IA.

Un portavoz de Google declinó hacer comentarios.

Desde que dejó Google, Shali le dijo a la BBC que su sueño y su salud en general mejoraron.

Afirmó haberse dado cuenta de que la excesiva dependencia de las herramientas de IA en las grandes empresas tecnológicas "crea una mala cultura que ejerce una presión excesiva sobre los ingenieros".

El ahorro de tiempo se ha esfumado

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Algunas investigaciones recientes sugieren que las herramientas de IA están haciendo que la carga de trabajo de las personas sea aún más pesada.

Un estudio de la Universidad de California en Berkeley siguió durante ocho meses a cientos de trabajadores de una empresa tecnológica estadounidense mientras utilizaban inteligencia artificial.

El estudio reveló que los empleados "trabajaban a un ritmo más rápido, asumían un abanico más amplio de tareas y extendían su jornada laboral a más horas".

Neil Thompson, investigador de innovación en el MIT, afirmó que incluso en las empresas tecnológicas líderes en el desarrollo de la IA es improbable que se les diga a los trabajadores que simplemente implementen las herramientas que se supone que deben hacer parte de su trabajo y sigan adelante.

"Esto lleva a una situación en la que, incluso si se lograra un ahorro de tiempo real, este se vería absorbido por los cambios, su implementación y la necesidad de asegurarse de que funcionan", dijo Thompson.

La investigación de la UC Berkeley descubrió que la carga de trabajo de los empleados del sector tecnológico aumentó en parte debido a la necesidad de comprobar constantemente los resultados de las herramientas de IA.

En situaciones en las que un empleado ha optimizado los procesos para las herramientas de IA, la gente también tiende a aprovechar el tiempo ahorrado para trabajar más, añadió Thompson, ya sea porque quieren hacerlo o porque sienten que deben hacerlo para demostrar su valía a un empleador.

"La gente da por sentado que un 20% menos de trabajo significa semanas laborales de cuatro días", dijo Thompson. "Pero surgen nuevas tareas".

Como señaló Shali: "Se supone que la IA está haciendo mucho por nosotros ahora, por lo que mucha más gente debería tener al menos mejor salud y dormir mejor".

En cambio, parece ser todo lo contrario.

Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

    • Kali Hays
    • Título del autor,Reportera de Tecnología, BBC News
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 7 min
  • https://www.bbc.com/mundo/articles/c9802y9lk76o