lunes, 3 de agosto de 2015

Las heridas de Hiroshima

Tripulación del 'Enola Gay', el avión que lanzó al bomba sobre Hiroshima.



Japón afronta sus contradicciones en el 70º aniversario de la bomba. El país, que nunca hizo un debate sincero sobre su imperialismo, quiere recuperar el uso de la fuerza militar


Cada año, el 6 de agosto, Japón conmemora el aniversario de la destrucción de Hiroshima por la bomba atómica estadounidense que arrasó la ciudad, en un abrir y cerrar de ojos, y se llevó por delante las vidas de decenas de miles de personas.
Sin duda, el 70º aniversario, que se cumple este año, se conmemorará con ganas. En esta ocasión la palabra clave es paz. La ceremonia tendrá lugar en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, construido en 1954 cerca del punto donde estalló la bomba. A las 8.15, hora en que tuvo lugar el bombardeo, el primer ministro, Shinzo Abe, y otros dignatarios se unirán a los ciudadanos de a pie en oraciones silenciosas. Seguirá el repique de las “campanas de la paz”, la lectura de una “declaración de paz”, y se echarán a volar palomas al cielo que un día cubrió la nube en forma de hongo.
La paz es, por sí misma, una condición difícil de objetar. Puede actuar como el mínimo común denominador que une a personas con convicciones políticas dispares e incluso antiguos enemigos. Las plegarias por la paz, que aluden sobre todo al abrumador sufrimiento infligido a las víctimas de las bombas de Hiroshima y Nagasaki (atacada el 9 de agosto), también permiten a muchos japoneses eludir una tarea aún más difícil: reconciliar las interpretaciones opuestas sobre las causas que llevaron a la guerra y desencadenaron la mayor hecatombe nuclear de la historia.
Es fácil olvidar que, en 1945, las armas nucleares eran vistas como una prolongación natural de las preferencias estratégicas de un país para enfrentarse al enemigo. Bajo la doctrina de la guerra total, los civiles que estaban en la retaguardia, incluidas las mujeres y los niños, también eran considerados combatientes. El bombardeo alemán de Gernika de 1937 conmocionó al mundo, pero con el tiempo todas las potencias aceptaron la idea de que las víctimas civiles formaban parte integrante de aquella guerra total, bien porque los bombardeos de precisión contra objetivos militares se consideraban demasiado complejos, bien porque convertir a los civiles en un blanco se consideraba una estrategia desmoralizadora eficaz, o bien, y cada vez más a medida que la guerra se prolongaba, por ambas razones.
Japón se anticipó al Blitz [el bombardeo continuado de Reino Unido por parte de la Alemania nazi] y fue uno de los primeros países en lanzar bombas sobre civiles, en particular en Chongqing, adonde Chang Kai-shek había trasladado la capital china, desde finales de 1938. Cuando las fuerzas aliadas también empezaron a hacerlo, lo llevaron hasta sus últimas consecuencias en Hamburgo, Berlín y otros muchos lugares de Alemania, alcanzando su punto culminante con el lanzamiento de bombas incendiarias sobre ciudades japonesas. Tokio sufrió el mayor ataque aéreo del 9 al 10 de marzo de 1945 (entre 80.000 y 100.000 muertos en una noche).
Cuando Tokio se rindió, el 15 de agosto de 1945, más de 200 ciudades japonesas habían sido bombardeadas. Los que vivían en los centros urbanos huían en masa al campo, echando por tierra la idea de los planificadores de la guerra total de que todos y cada uno de los japoneses lucharían hasta el final. Okinawa había caído, y a la población civil se la dejó morir de hambre debido a una red de minas submarinas sembradas por Estados Unidos que impedían el transporte de los ya escasos suministros de alimentos. Sobre todo, la entrada de la Unión Soviética en la guerra el 9 de agosto convirtió la invasión desde dos frentes, el soviético yel estadounidense en una perspectiva aterradora para los líderes japoneses.
Es posible que las bombas atómicas precipitasen el ritmo de los acontecimientos, pero el temor a la Unión Soviética e incluso a una situación revolucionaria en Japón eran motivos convincentes para que el país se rindiese.
El Japón más conservador cree que mientras se hable de paz se evitará el examen de sus propias agresiones
Así pues, nació el nuevo Japón, con una Constitución pacifista en la que renunciaba a la guerra. El borrador fue redactado por Estados Unidos, si bien gran parte de la burocracia de los tiempos de guerra permaneció intacta, y algunos de los líderes de esa época no tardaron en volver a ocupar cargos públicos. Sobre todo llama la atención queel emperador Hirohito, en cuyo nombre se libró la guerra, se convirtiese en símbolo de la paz. Las autoridades estadounidenses de ocupación temían, tal vez injustificadamente, que sin él se produjesen disturbios, y más tarde necesitaban a Japón como aliado estable en la época de la Guerra Fría. Con el emperador de la guerra aún en el trono, se convirtió en imposible discutir abiertamente las fuentes de la responsabilidad de las autoridades japonesas durante la época bélica (con atrocidades cometidas en China, Vietnam o Indonesia a raíz del afán imperialista del régimen, pero también las consecuencias brutales que tuvo para el pueblo japonés entrar en la guerra).
En todo caso, Japón demostró ser un valioso aliado de Estados Unidos, y con la ayuda de una rápida recuperación económica, pronto sintió la tentación de olvidar el oscuro pasado bélico. No es de extrañar que en el país no haya habido el equivalente a la “genuflexión” de Willy Brandt, cuando el canciller de la República Federal de Alemania se arrodilló espontáneamente ante el monumento al levantamiento del gueto de Varsovia en una demostración inequívoca del arrepentimiento alemán.
El Japón más conservador y oficialista, todavía dominado por la extrema derecha, continúa dando por sentado que, mientras se siga hablando de paz, podrá evitar hacer un examen de otros aspectos más sórdidos de su historia agresiva e imperialista, dicho sea sin perjuicio de algunas admirables iniciativas civiles, periodísticas, artísticas y académicas emprendidas a lo largo del tiempo para dar pie a un debate público sincero. Existe una clara división entre aquellos que consideran la guerra como un noble, aunque fallido, intento de defender los intereses del país y los que la ven como un trágico error.
El uso frívolo de un lenguaje pacifista tiene sus riesgos. El 15 de julio, el Gobierno de Shinzo Abe impuso en el Congreso un nuevo proyecto de ley de seguridad que permitiría a Japón enviar ayuda militar a sus aliados como parte de la seguridad colectiva. Esto ha hecho caer en picado el índice de aprobación del primer ministro. Ante el temor de que la normativa pueda involucrar a Japón en el uso de la fuerza militar activa que el país ha rechazado como una cuestión de identidad nacional de la época de posguerra, alrededor de 150 intelectuales, entre ellos un premio Nobel de física y una conocida académica feminista, se han opuesto conjuntamente a la legislación calificándola de equivocada y despótica. Al mismo tiempo, decenas de miles de personas han salido a las calles en una imagen que recuerda a las manifestaciones antinucleares que siguieron al desastre de Fukushima.
La triple catástrofe del terremoto, el tsunami y la explosión de los reactores nucleares que sacudió el noreste de Japón en marzo de 2011 es profundamente relevante para la actual retórica popular, ya que sirvió como llamada de atención para muchos japoneses, a los que con frecuencia se acusa de pasividad fatalista e indiferencia ante la política. Puede que los dos primeros fuesen desastres naturales, pero el tercero fue claramente causado por la mano del hombre, consecuencia de años de mala gestión y de la decidida presión del régimen conservador a favor de la energía nuclear desde mediados de la década de 1950.
En tiempos más ingenuos, el Gobierno casi había convencido a los ciudadanos de que la energía nuclear era “segura”, y de que Japón, siendo como era el único país de la historia víctima de un bombardeo nuclear, mostraría al resto del mundo cómo emplearla con un fin pacífico. El fiasco de Fukushima puso de manifiesto que lo que tanto tiempo se había calificado de “seguro” no lo era en absoluto. Y cuando se trata del uso de la fuerza militar, muchos japoneses también ponen objeciones a la versión de la paz del Gobierno de Abe. Por lo tanto, es posible que los que este año pronunciarán una oración por la paz en Hiroshima aparentemente unidos, al fin y al cabo no lo estén tanto.

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/30/actualidad/1438249153_939589.html

domingo, 2 de agosto de 2015

¿Cómo se mantienen erectos los rascacielos?

Son una solución a la población creciente, pero también una muestra de poderío.

Cada vez son más las ciudades cuyo horizonte está dominado por los rascacielos.
En parte ofrecen una solución práctica ante la población creciente de las urbes, maximizando el metro cuadrado de terreno.
Pero también son una de las maneras que tiene un país para mostrar su riqueza y sus ambiciones para el futuro.
En el siglo XX, Chicago y Nueva York compitieron por el título de la ciudad con el rascacielos más alto, con la Torre Sears y el Empire State.
En un tiempo Nueva York, con su Empire State, competía por ser la ciudad con el edificio más alto.
Pero ahora se han quedado atrás, ante las últimas construcciones de China y Emiratos Árabes Unidos.
Allá los rascacielos son más y más altos, con diseños tan intrincados que desafían la gravedad.
Entonces, ¿cómo hacen los ingenieros para mantenerlos en pie?

Base sólida

Los ingenieros de estructuras suelen enfrentar muchos retos cuando diseñan este tipo de construcciones.
Así le tocó a la británica Roma Agrawal cuando trabajó en las obras del Shard, el edificio más alto de Londres (de Reino Unido y también de Europa occidental).
"Recuerdo que al visitar Nueva York cuando tenía cinco años me quedé totalmente impresionada con los rascacielos", cuenta.
Una base sólida garantiza que el edificio se mantenga en pie.
Por ello, formar parte del proyecto del triángulo que se eleva sobre todos los tejados de Londres fue un sueño hecho realidad.
Pero un sueño que implicó muchos quebraderos de cabeza.
"Cada metro que añades significa más peso", explica.
Ante esto, "podemos hacer los edificios más ligeros. Los de acero pesan menos que los de cemento, pero aún así es un montón de peso con el que lidiar", reconoce.
El esqueleto de acero es el que sostiene el edificio.
Pero la solución está bajo nuestros pies, señala. En una base suficientemente resistente como para soportar toda la presión vertical.
En Nueva York anclaban los rascacielos en roca sólida, pero en muchos lugares esa base dura está a demasiada profundidad, bajo capas y capas de arena y barro.

Cimientos, la clave

Ese es el caso de Londres.
El espectacular Shard, de 95 pisos y 18.000 toneladas, está construido sobre la suave arcilla londinense.
Así que para poder erigirlo se tuvo que cavar mucho antes de empezar a poner los cimientos.
Para levantar el Burj Khalifa, en Dubai, tuvieron que buscarle una solución al agua salada que corría bajo la superficie.
El edificio descansa sobre una enorme placa de cemento, sustentada por cientos de columnas del mismo material.
Estas columnas llegan a 53 metros de profundidad, donde está la arena dura.
Son cimientos muy profundos, en comparación con los de los rascacielos de Nueva York, que llegan hasta los 16 metros bajo la superficie.
Pero hay retos mayores que los de construir sobre lodo y arena.
Para levantar el Burj Khalifa, el rascacielos más alto del mundo, en Dubái, tuvieron que buscarle una solución al agua salada que corría bajo la superficie, entre la arena y las rocas.
La encontraron, y hoy es el edificio más alto del mundo.
Era un agua hasta ocho veces más salada que la del mar y, por lo tanto, extremadamente corrosiva.
Así que los ingenieros tuvieron que utilizar un tipo especial de cemento, totalmente impermeable.
También se valieron de un proceso llamado protección catódica: le añadieron otro metal al cemento para proteger el acero del deterioro.
Así, si el agua permeaba el cemento, entonces se encontraría con el otro metal antes de llegar al acero-el que soporta el peso del edificio-, corroyendo éste primero.

Lucha contra el viento

El suelo blando y el agua salada complican la vida de los ingenieros que diseñan los rascacielos, pero también el viento.
Cuando sopla fuerte amenaza con tumbar el edificio.
Y es que puede hacer que los cimientos se desplacen.
Cuanto más amplia sea la base de los cimientos, más difícil será que esto pase.
Las vigas exteriores permiten que los edificios tengan formas curiosas, como el Gherkin de Londres.
Otra forma de resistir el viento fuerte es con un núcleo sólido, hecho con paredes de cementos a modo de columna vertebral.
Aunque sólo con esto no suficiente. Se necesitan otras soluciones de ingeniería.
Por ejemplo, se pueden colocar columnas rígidas y vigas en el exterior. Esto además permite diseños extravagantes, como el del Gherkin de Londres, un rascacielos en forma de pepino diseñado por el arquitecto británico Norman Foster.
Las torres más altas suelen combinar ambas técnicas.
Las torres más altas suelen combinar varias técnicas de ingeniería.
Y algunas, como el Citigroup Center de Nueva York, incluso usan un sistema informático para desplazar grandes pesos dentro del edificio en función de la dirección en la que sople el viento.
Esto ayuda a que se tambalee menos.
Ya lo dice la ingeniera Roma Agrawal.
"Si queremos construir torres cada vez más altas, tenemos que ser muy creativos".

01/08/2015 bbc.com
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/08/150728_finde_tecnologia_como_se_mantienen_en_pie_rascacielos_lv

¿A qué tiene miedo la gente en el mundo?

Foto




El cambio climático, la crisis económica y el terrorismo, entre los principales temores



El cambio climático, la inestabilidad económica y el terrorismo yihadista, entre otros, son los principales temores globales que más preocupan a la gente, según un estudio que ha elaborado el Pew Research Center
El estudio ha sido publicado como previa a la Conferencia sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas que tendrá lugar en París este mes de diciembre, por lo que se ha propuesto medir las "percepciones de los desafíos internacionales" país por país.
A nivel mundial, el cambio climático se ve como la mayor amenaza a la que enfrenta la humanidad, con poco menos de la mitad de los 40 países encuestados calificándolo como su mayor preocupación. En total, el 46% de la población del mundo están muy preocupados por el cambio climático. 
Los habitantes de Burkina Faso son los más preocupados, con un asombroso 79% de las personas muy preocupadas por el calentamiento global. Es un dato significativo, ya que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo predice que Burkina Faso “experimenta algunos de los peores impactos del cambio climático”.
En cuanto al terrorismo yihadista, el Estado Islámico es la segunda mayor amenaza percibida por el mundo, con el 41% de los que nos sitúa como uno de los mayores temores. Al menos 14 países ponen a la organización terrorista como el riesgo de más alto nivel. 
El programa nuclear de Irán suscita especial temor entre israelíes, con un 53%, siendo esta su mayor preocupación. Los estadounidenses, por su parte, son los más preocupados por Irán con un 62%.
La organización llevó a cabo la investigación en 40 países entre marzo y mayo de 2015, con las respuestas de más de 45.000 personas. 
Se pidió a la gente de todo el mundo que clasificara a algunos de los mayores problemas de nuestro tiempo en función de si estaban "muy preocupado, algo preocupado, no demasiado preocupados o nada preocupados" por cada uno de ellos.

http://elpais.com/elpais/2015/08/01/actualidad/1438445047_049790.html

Pekín, unos Juegos Olímpicos de invierno sin nieve

El Nido Pekín, iluminado tras conocerse la concesión de los Juegos de 2022 /CHINAFOTOPRESS


En la capital china apenas llueve en los meses más fríos del año y la afición por los deportes invernales es muy escasa


¿No hay nieve? Se fabrica ¿Hay poca agua? Se trae ¿Hay contaminación? Se limpia. Un día después de que Pekín haya sido seleccionada como sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022, China se ha apresurado a lanzar mensajes de tranquilidad sobre los inconvenientes de su candidatura. La propuesta e Pekín, que solo tenía a la kazaja Almaty como rival, había suscitado numerosas dudas. El propio comité de evaluación del COI reconoció entre ellas la falta de nieve en la capital y en Zhangjiakou, la otra ciudad de la candidatura conjunta, a 250 kilómetros al noroeste de Pekín. El comité pudo comprobarlo in situ: durante su visita del pasado enero, las montañas que acogerán las pruebas de esquí aparecían de un uniforme color marrón.
Pekín recibe la gran parte de sus lluvias durante el verano. Sus inviernos, aunque muy fríos, son tremendamente secos en meses como febrero, cuando se disputan los Juegos. En 2014, los pequineses tuvieron que esperar 107 días desde la llegada del frío para ver caer los primeros copos. En Zhangjiakou, la caída de nieve es de aproximadamente un metro anual, aunque lo que cuaja no suele superar los 20 centímetros.
En Pekín llueve muy poco en invierno y la nieve tampoco abunda en la subsede
Los organizadores han restado importancia a este detalle y aseguran que cubrirán la ausencia del elemento natural con nieve artificial. Eso, a su vez, ha generado preocupación sobre el impacto que tendrá en los recursos hídricos en el norte de China, ya de por sí escasos. Según cálculos de Naciones Unidas en 2014, la disponibilidad de agua en esa región es de apenas 200 metros cúbicos por habitante. Las autoridades chinas acometen desde 2002 un megaproyecto para el trasvase de 448.000 metros cúbicos anuales de agua del sur al norte a través de tres canales, que costará en torno a 60.000 millones de dólares. En su informe de evaluación, el COI expresó su preocupación por la escasez de agua y su temor a que las autoridades chinas hayan subestimado las cantidades necesarias para producir la nieve artificial.
La candidatura de Pekín, la primera ciudad que habrá organizado unos Juegos de verano (2008) y otros de invierno (2022), también ha suscitado preocupación por la distancia entre sus ciudades sede o los altos niveles de contaminación. Sus críticos apuntan además la situación de los derechos humanos y subrayan que, pese a las promesas del régimen, los abusos contra las libertades no mejoraron tras los Juegos de 2008. Pekín, con el decidido apoyo del Gobierno central chino, asegura que nada será un obstáculo. Las distancias entre las sedes se salvarán con un tren de alta velocidad que comenzará a funcionar en 2019 y que reducirá el tiempo de traslado de las actuales cuatro horas a 50 minutos. Se invertirán 130.000 millones de dólares para limpiar el aire. Un programa de 30 millones de dólares intentará desarrollar entre 300 millones de chinos la afición a los deportes de invierno, prácticamente inexistente en el país hasta ahora.
Los deportes invernales apenas cuentan con seguidores en el gigantesco país asiático
La prensa oficial china se muestra igualmente entusiasta. “Los Juegos de Invierno de 2022 seguramente traerán beneficios concretos en los próximos siete años. El azul olímpico [del cielo] puede convertirse en un nuevo objetivo para combatir la contaminación. Se prepara un tren de alta velocidad entre Pekín y Zhangjiakou [las sedes conjuntas]. Los deportes de invierno se pueden popularizar”, asegura un editorial del diarioGlobal Times, propiedad del órgano oficial del Partido Comunista. “Los Juegos de Invierno se convertirán en un motor duradero para una mayor apertura de China. La sociedad buscará un mayor equilibrio entre las críticas externas y los principios y tradiciones nacionales. Este proyecto ayudará a China a integrarse aún más en el mundo".
El diario en inglés China Daily promete que “cada promesa se cumplirá totalmente”. “Aunque surjan todo tipo de dificultades, como el tráfico o problemas medioambientales, Pekín redoblará sus esfuerzos para resolverlos”, añade el editorial.

http://deportes.elpais.com/deportes/2015/08/01/actualidad/1438447104_850560.html

sábado, 1 de agosto de 2015

El anárquico rincón de Rusia que aspira a ser "Las Vegas de Asia"

Casino
Cientos de jóvenes rusos se capacitan como crupiers, administradores y recepcionistas para el casino de Vladivostok.

La vasta frontera oriental de Rusia está escasamente poblada y subdesarrollada. No obstante, es ahí donde se encuentra un pueblo que anhela convertirse en la nueva Las Vegas del oriente para atraer jugadores de toda Asia.
Las mejores ruletas están diseñadas con una ingeniería precisa y terminadas a mano para rodar silenciosamente, y hechizar a los jugadores de Montecarlo, Mayfair, Las Vegas y… Vladivostok.
¡Sí, Vladivostok!
Ese puerto en la remota costa oriental rusa, vetado a extranjeros durante la Guerra Fría por ser base de la Flota Soviética del Pacífico, se está relanzando como un destino panasiático.
Su nueva identidad: Las Vegas dentro del bosque.

Mercado asiático

Vladivostok
El remoto puerto busca atraer jugadores de China, Japón y Corea del Sur.
Craig Ballantyne, un locuaz escocés que tiene la pinta convencional del contador que una vez fue, se jacta ahora de ser el director en jefe de operaciones delcentro vacacional y casino Tigre de Cristal, en Vladisvostok.
Ballantyne trabaja para uno de los más grandes magnates del juego de Hong Kong, Laurence Ho.
Ho está apostando US$800 millones a que el lejano oriente de Rusia está a punto de volverse el nuevo eje de los amantes de emociones de Asia.
"Recuerden, hay 120 millones de chinos, japoneses y coreanos enloquecidos con el juego que están a solo dos horas de vuelo de este sitio", dice Ballantyne mostrando el encumbrado salón de recepción del Tigre de Cristal.
Se ven columnas romanas e iluminación de punta aunque está lejos de estar terminado.
Aún hay obreros chinos y electricistas rusos entre el polvo, trabajando al máximo para asegurar que esta catedral de la ostentación esté lista para la gran inauguración en un par de meses.
Se espera la asistencia del presidente Vladimir Putin.
Dentro de cinco años habrá seis casinos más. También un parque acuático de diversiones, un campo de golf, balnearios y teatros. Todo creado dentro de un bosque donde las temperaturas descienden a -20º centígrados en el invierno.
Actualmente se capacitan cientos de jóvenes rusos como crupieres, administradores y recepcionistas.

Grandes planes

Se supone que esta zona de entretenimiento, con los planes de convertir a Vladivostok en puerto libre, además de ofrecer una serie de incentivos fiscales e inversiones, transformará el lejano oriente de Rusia de un olvidado rincón del imperio ruso en un eje del giro del presidente Putin hacia Asia.
El objetivo: encontrar nuevas fuentes orientales de capital y comercio.
Puente a la isla Russkiy
Vladivostok proyecta una nueva imagen con este puente a la isla Russkiy, uno de dos grandes puentes construidos a un alto precio.
Puente de Vladivostok
El otro puente cruza la Bahía del Cuerno de Oro de Vladivostok.
Es una visión estratégica que ya le ha dado una nueva imagen a Vladivostok.
Dos inmensos puentes de suspensión definen ahora la silueta de la ciudad. Uno cruza la Bahía del Cuerno de Oro en el centro de la ciudad y, el otro, comisionado por Putin para la cumbre de líderes de Asia Pacífico, en 2012, se une la Rusia continental con la vecina isla Russkiy.
Su costo fue de US$1.300 millones, un precio increíblemente alto para un puente que llega a una comunidad de unas 5.000 personas. Algunos ciudadanos locales lo desestiman como un monumento a la vanidad y la ilusión.
Pero, por lo menos, se construyó.
El lejano oriente de Rusia algunas veces tiene más que un parecido con el legendario y salvaje lejano oeste de Estados Unidos: sin ley y lleno de malandros.

Cultura de corrupción

Las grandes ambiciones de Moscú se ven entorpecidas por la cultura local de corrupción, coimas, mordidas y fraudes ilustrados en la historia de los dos hoteles Hyatt de Vladivostok. Se suponía que estarían construidos a tiempo para la Cumbre del Asia Pacífico de 2012, convocada por Putin.
A pesar de recibir cientos de millones de dólares en fondos públicos, no fueron terminados a tiempo. Tres años después continúan vacíos.
Panorama de Vladivostok
Vladivostok tiene un historial de corrupción, sobornos y fraudes.
La BBC visitó uno de ellos, un hotel de cinco estrellas en obra rodeado de alambre de púas. Nadie sabe lo que ocurrió. El único guardia de turno levanta los hombres y dice: "Somos la gente pequeña, como vamos a saber qué ocurrió".
El más reciente gobernador regional fue destituido bajo una lluvia de acusaciones de corrupción. Un exalcalde de Vladivostok abandonó el cargo entre la humareda que dejó una granada que fue arrojada frente a su oficina.
"Estamos limpiando el desorden", le aseguró el actual alcalde a la BBC, mientras los hombres de su séquito intercambiaban miradas.
El urbanizador Alex Riabov no tiene duda que dentro de una generación Vladivostok será un eje asiático que competirá con Singapur o Shanghai.
Invitó a la BBC a ver dos lujosos edificios residenciales con vista al mar que está construyendo con financiamiento de inversionistas chinos.
"Hay mucha gente por aquí que puede pagar por este lujo", comenta.
Frente a Zuma, catalogado como el restaurante más exclusivo, se ven tres Humvees todoterreno de lujo estacionados. El lugar está lleno de hombres con gafas oscuras, a pesar de que es de noche.
Es tiempo de bonanza para unos pocos en Vladivostok y la ciudad podría ser una de las mayores beneficiadas de la ruptura de Putin con Occidente.
Pero, dadas las motivaciones e inclinaciones de la élite empresarial y política del este de Rusia, todavía no sería muy sabio apostarle a su éxito. A no ser que no te importe perder hasta la camisa en el Tigre de Cristal.

BBC, Rusia    01/08/2015
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/08/150724_economia_rusia_vladivostok_casino_lujo_finde_wbm

¿Por qué siempre me apetece lo que más engorda?



Cuando tenemos hambre no solemos elegir lo más sano. Pero sepa que si se da un atracón de dulces puede echarle la culpa a sus genes.


Que levante la mano quien no se haya comido una bolsa de patatas fritas del tirón o todo el paquete de galletas. ¿Por qué siempre nos apetece lo que más engorda y no nos damos un atracón de espinacas o zanahorias? 
Situación uno. Lunes, mediodía, un restaurante. Sentados frente al menú, es posible que al final nos pidamos la ensalada y el pescado al horno. Pero lo haremos en un esfuerzo consciente de no pecarporque, en realidad, lo que nos apetece son los macarrones con queso y bacon, por ejemplo. Situación dos. Viernes por la noche, sofá, después de cenar. Momento me comía algo y ese algo siempre llega en forma de patatas fritas, panchitos o chocolatinas. Nadie se prepara unas crudités.
El apetito se regula mediante un mecanismo cerebral que controla el equilibrio energético por el que se tiende a equiparar la energía que gastamos en nuestra actividad diaria con la que obtenemos de los alimentos que ingerimos. Esto se llama regulación homeostática, que existe a corto y a largo plazo, y en ella intervienen diversos factores como hormonas, mecanismos del hipotálamo o péptidos.
Pero es bien sabido que ante la posibilidad de elegir, siempre nos atraen más los alimentos ricos en sal, azúcar y grasa, es decir, losque más contribuyen a incrementar o afianzar el riesgo de sobrepeso y obesidad. ¿Qué tiene la ciencia que decir al respecto?

Saben mejor y punto

La cantidad de grasa e hidratos de carbono, que son los que le dan la textura y aroma a los alimentos, lo que incentiva su consumo
Victoria Aguilar, catedrática de Nutrición y Bromatología
La primera respuesta a esa desigualdad por la que la apetencia del paladar no siempre coincide con las comidas más saludables es sencilla: el sabor. “La lechuga y el brócoli gustan menos que los dulces y las patatas porque son menos palatables y eso tiene que ver, sobre todo, con la cantidad de grasa e hidratos de carbono, que son los que le dan la textura y aroma a los alimentos, lo que incentiva su consumo. No hay más que preguntar a cualquiera qué prefiere, si una hoja de lechuga sin más o esa misma hoja aderezada con un poco de aceite, que responderá lo segundo. Y eso es porque el aceite aumenta la palatabilidad”, apunta Victoria Aguilar, catedrática de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Alcalá de Henares. Esta explicación fue corroborada por un estudio de la Universidad de Birmingham que se publicó en la revista Appetite.

Está en los genes

Esto, que suena a coartada estupenda (“yo me harto a helados pero no es por gula, sino porque tengo una variante genética”) es, sin embargo, una realidad. Según una investigación de la Universidad de Dundee en Escocia, el 63% de la población tiene una variante genética llamada FTO que les hace consumir un promedio de 100 calorías más en cada comida. El estudio, que se publicó en New England Journal of Medicine, comprobó los hábitos alimenticios de 100 niños de entre 4 y 10 años y descubrió que los que tenían la variante del gen elegían alimentos con más azúcar y grasas.

Cuestión de supervivencia

Otra hipótesis apunta a la simple evolución humana. Las comidas grasientas tienen más alimento, proporcionan más calorías y, por lo tanto, garantizan la supervivencia. Una investigación de la Universidad de Berkely, en California, ahondó en esta cuestión al publicar en la revista Nutrition el estudio Por qué la comida de los primates salvajes tiene relevancia para la salud humana.

Porque yo lo valgo

Las comidas grasientas producen gran satisfacción a corto plazo, mientras que las consecuencias negativas aparecen a largo plazo y son improbables
Vanessa Fernández, doctora en Psicología
Esta sería otra de las explicaciones de nuestra atracción por la sal, el azúcar y las grasas. “Las comidas grasientas producen gran satisfacción a corto plazo, mientras que las consecuencias negativas aparecen a largo plazo y son improbables. Una persona que solo come grasa tiene más posibilidades de padecer un trastorno cardiovascular, pero son probabilidades. Como tendemos a movilizarnos a corto plazo, sabemos que tomar esa comida tiene la consecuencia inmediata de quitarnos el hambre. Ese es el motivo por el que a la gente le cuesta tanto comer bien. Sabemos que el brócoli y el pescado son buenos a corto plazo, pero no nos quitan el hambre y no son tan sabrosos”, explica Vanessa Fernández, doctora en Psicología del Instituto de Psiquiatría Martínez Campos, experta en alimentación y emociones.
Y luego está la cuestión de asociar alimentos y recompensa (analizada en investigaciones como esta). Cuando tenemos un día duro, nos premiamos con una tableta de chocolate. “Hay una relación muy alta entre factores emocionales y comida. Hay personas que han aprendido a consolarse comiendo chocolate y a celebrar un éxito en el trabajo yéndose a tomar unas raciones. En otros casos, tiene que ver con lo que han aprendido desde pequeños: 'Pórtate bien y te compro una chuche'. La comida se usa a veces como respuesta a un estado emocional negativo o positivo, tristeza, ansiedad, nervios, celebraciones, aburrimiento…”, comenta Fernández.

Pasión por el dulce

El organismo tiene debilidad por los sabores dulces desde el mismo momento del amamantamiento (la propia leche materna es un poco dulce al principio de la toma). Un estudio constató la reacción positiva de bebés ante una solución muy diluida de azúcar, frente a la negativa de un sabor líquido lo que se explica en un sentido evolutivo, porque es un sabor seguro y que indica que se trata de una fuente de energía.

http://elpais.com/elpais/2015/07/30/buenavida/1438249752_396610.html