sábado, 6 de octubre de 2018

¿Por qué no debes tomar el café en vasos de plástico?



El experto mundial en contaminación interna, Miquel Porta, analiza la exposición a los tóxicos en su obra 'Vive más y mejor: reduciendo tóxicos y contaminates ambientales'

Comer alimentos de calidad, no calentar la comida en envases de plástico o evitar sustancias como los parabenos son algunas acciones que pueden disminuir la contaminación

Son silenciosos e invisibles a los ojos. Pero se respiran, se comen y se beben. Los contaminantes están ahí: nos rodean, nos impregnan... Y pueden ser los causantes de sufrir enfermedades endocrinológicas, cardiovasculares, neurodegenerativas, inflamatorias, cánceres o infertilidad. Bien es cierto que las enfermedades tienen múltiples causas pero una de ellas suele apuntar a la contaminación química.

Este es el asunto que trata Miquel Porta, uno de los expertos mundiales en contaminación interna y catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitad Autónoma de Barcelona, en su obra "Vive más y mejor: reduciendo tóxicos y contaminates ambientales" (Ed., Grijalbo). "Hay una gran variedad de contaminantes que se encuentran en alimentos (glifosato, clorpirifos, diazinón, paratión y otros plaguicidas organofosforados que se utilizan en la agricultura industrial), en las casas (ftalatos, fenoles, perfluorados y otras sustancias artificiales utilizadas para plastificar juguetes, muebles o utensilios de cocina), en el ámbito laboral, etc... . E incluso en algunos productos de higiene y cosmética, como pueden ser los parabenos", expone el especialista.

Así es habitual hallar en el interior del cuerpo humano disruptores endocrinos -sustancias químicas externas al cuerpo que imitan, potencian e inhiben o perturban el funcionamiento normal de las hormonas naturales del cuerpo- como el bisfenol A, plaguicidas 'contemporáneos' (organofosforados, carbamatos, piretroides), plaguicidas 'heredados' o de 'legado' (diclorodifeniltricloroetileno o DDT, hexaclorobenceno, beta-hexaclorociclohexano y sus análogos, como el lindano), residuos industriales (dioxinas, policlorobifenilos) y otras sustancias tóxicas. Estos 'impostores' o 'imitadores de hormonas' (disruptores endocrinos) "contribuyen a causar múltiples problemas, pues las hormonas naturales del cuerpo humano son 'mensajeros' fundamentales en muchos procesos esenciales para el buen funcionamiento del mismo", explica Porta en su obra.


Persistentes y no persistentes

Según Porta esta exposición a los contaminantes ambientales "suele comenzar en el vientre materno, puesto que algunos de ellos cruzan la placenta, y continúa a lo largo de nuestra vida, en mayor o menor medida". Sin embargo, es conveniente distinguir entre aquellos que pueden ser persistentes en el cuerpo y aquellos que lo son menos.

"Menos persistentes quiere decir que se disuelven en el agua y el riñón los puede excretar. Están en nuestro interior pero podemos eliminarlos. Estos tóxicos suelen ser sustancias como el bisfenol A (interior de las latas y plásticos), los ftalatos (envoltorios, cosméticos y champús) y muchos plaguicidas. Aunque estos componentes se pueden expulsar, los detectamos en la totalidad de la población, porque estamos expuestos cada día", dice el especialista.

La ventaja es que si se evita la exposición a los pocos días no hay rastro de estos contaminantes en el cuerpo. "La mejor desintoxicación es dejar de estar expuestos. Por ejemplo, es frecuente hoy día que en algunos restaurantes y cafeterías sirvan la comida en recipientes de plástico o que se use para transportar la comida y que después estos alimentos se calienten en estos plásticos. El problema de esto es que estamos provocando que con el calor algunas partículas del plástico migren al alimento. Esto hay que disminuirlo. Otra opción es si en la cafetería de tu lugar de trabajo el café es servido en vaso de plástico, puedes llevar tu taza de cerámica y evitar las sustancias que emanan del plástico. Es algo simbólico pero son acciones que poco a poco si nos concienciamos conseguiremos estar menos contaminados", cuenta.

Aunque estos plásticos cumplen con la legislación, Porta afirma que "hay que tener en cuenta que las leyes suelen ir por detrás de los conocimientos. Pero afortunadamente, hay muchas instituciones ciudadanas y muchas empresas en la actualidad que van cambiando estas pequeñas cosas y adelantándose a la ley con sus iniciativas. Por ejemplo las Ampas en los colegios están estudiando y modificando los menús en los comedores, las empresas cambian los recipientes en los que sirve la comida... O sin ir más lejos aunque en un comienzo fue difícil aceptar la ley que prohíbe fumar en espacios cerrados nos libró de estar expuestos al tabaco de forma continua en un restaurante, un tren o un hotel".

En cuanto a los tóxicos persistentes se trata de sustancias que en buena medida ya han sido prohibidas exactamente por eso, por su permanencia. "Son persistentes porque no logramos excretarlos. Se agarran a las grasas principalmente y van a parar a los órganos vitales ricos en grasa como el sistema nervioso por ejemplo. Fueron prohibidos y los niveles de concentración han disminuido en los últimos 40 años".

Mientras que los contaminantes persistentes han ido descendiendo al mismo tiempo han ido apareciendo otros. "En el mobiliario y en muchos tipos de tejidos (los sofás, las cortinas, las moquetas, etc.) y en dispositivos electrónicos se encuentran algunas sustancias (éteres difenílicos polibromados) que disminuyen el riesgo de incendio, lo que se conoce como retardante de la llama. A largo plazo pueden causar problemas hormonales que afectan a la fertilidad, al funcionamiento de la tiroides o pueden ser precursores de una diabetes", manifiesta. Mientras que "a corto plazo no suele suceder nada importante", tranquiliza el autor.


¿Cómo nos protegemos?

Evitar la exposición y la contaminación por tóxicos y por disruptores endocrinos es la mejor manera de prevenir posibles riesgos para la salud. Porta incide en que "se puede tener calidad de vida y disfrutar de muchas cosas, que genera el progreso material , a la vez que se reconocen las ventajas que aporta la química sintética, pero también podemos disminuir la factura que nos cobran estos tóxicos en términos de enfermedad". En este sentido, el experto recomienda una serie de medidas individuales y en gran parte colectivas para protegerse de los contaminantes:

- Tratar de comer menos y de más calidad. Si se puede, comprar alimentos ecológicos con garantías "que no es que sean perfectos pero contienen menos químicos", explica.

- Lavar la ropa, la fruta y la verdura con sentido común.

- No calentar los alimentos en envases de plástico o en latas porque los contaminantes migran al alimento con el calor. Utilizar más los recipientes de vidrio.

- Evitar que los niños chupen el plástico.

- Evitar en lo posible champús, desodorantes, jabones, dentífricos y cosméticos que contengan ftalatos, parabenos o triclosan.

- No fumar.

- Apoyar las políticas que disminuyen la contaminación externa (como mejorar el aire de las ciudades) e interna en el trabajo y la ciudad, en lo que respiramos, bebemos y comemos.



LUISA VALERIO
5 oct. 2018 15:41
http://www.elmundo.es/vida-sana/bienestar/2018/10/05/5bb621c1468aeb8a1e8b4582.html

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