
- China y EEUU representan casi el 30% de todas las ventas al exterior
- El sector anticipa el golpe arancelario de EEUU
- También los problemas de demanda y la nueva estrategia de Pekín
Que la industria europea está gripada no es ya una sorpresa. Cada año el sector secundario, que ha sido el corazón del crecimiento de muchos de sus países, ha encontrado un obstáculo cada vez más complicado. Primero fueron los tipos de interés y la inflación, destrozando la demanda e incendiando los costes. Posteriormente, los precios de la electricidad y la energía se dispararon por la guerra de Ucrania sumado a otros insumos encarecidos. Todo esto sacudió el continente y, particularmente, destrozó el modelo alemán. Sin embargo, en 2025 llegó un nuevo problema, los aranceles y un gran reequilibrio global hundieron la demanda de dos mercados claves, EEUU y China. Ahora el sector da por hecho que esta última crisis se extenderá, impidiendo el repunte tras una larga travesía por el desierto.
Empezando por EEUU, los aranceles de EEUU, aunque ya muy matizados por un acuerdo comercial, han causado estragos en las ventas a este mercado. Los últimos datos publicados por Eurostat no dejan lugar a duda, pues el tercer trimestre el superávit comercial cayó a 40.800 millones de euros. Es decir, se trata de una disminución del 13,3% respecto al año anterior, ya con el acuerdo comercial cerrado.
En verano la UE cerró un acuerdo con EEUU a través del cual se comprometía a comprar una enorme cantidad de gas a cambio de un arancel general plano del 15%. Cabe destacar que esta es una reducción significativa respecto a, por ejemplo, los aranceles a sectores como el automóvil. Antes de la rúbrica del acuerdo este era superior al 27,5%. Además, algunos productos han quedado fuera sin ninguna imposición (naves, semiconductores y algunos fármacos)… aunque otros se han mantenido elevados, como el del acero y el aluminio. A cambio de estas medidas la UE se comprometía a eliminar sus aranceles y comprar energía por valor de 750.000 millones para 2028. También se comprometía a facilitar inversiones de 600.000 millones en ese mismo periodo.
Este nuevo equilibrio no ha sido suficiente para evitar un cambio. De hecho, la asociación comercial Europa, BGA, ha dicho que no espera ni que en el último trimestre ni en 2026 esta situación cambie, sino que pase a ser la nueva realidad del sector. "No vemos un cambio, sino en el mejor de los casos un breve respiro", dijo la asociación. Sus proyecciones apuntan a que en el caso de Alemania, el mayor exportador de Europa, las ventas caigan a menos 150.000 millones de euros en todo 2025, es decir, un 7%. Todo esto pese a un primer trimestre de compras frenéticas donde los clientes en EEUU buscaban anticiparse a los gravámenes de Trump.
China se apaga
Sin embargo, mientras ese mercado clave se mantendrá debilitado otra de las grandes contrapartes se apaga. Las ventas a China han caído el último trimestre un 12,2%, según los últimos datos de Eurostat. En Alemania dicen que las ventas a Pekín han bajado más este 2025 (10%) de lo que lo han hecho a EEUU y se sitúan ya en los 81.000 millones de euros.
En este caso no todo son aranceles, ha habido tres principales golpes que han marcado el paso a este dato. La moneda del Viejo Continente se ha revalorizado un 9,4% frente a su contraparte asiática. De este modo es menos barato para los consumidores chinos comprar productos europeos. Por un lado, está la desaceleración de la demanda interna, que solo ha crecido un 4,5% frente a las tasas previas que superan rápidamente el 6%. A esto hay que sumarle la revalorización del euro que ha generado un importante impacto negativo para los exportadores.
A esto hay que sumarle los aranceles de EEUU. Pero, ¿por qué los gravámenes de Trump hacen que China compre menos productos españoles, alemanes y franceses? El motivo es que el país asiático ante la reconfiguración del comercio mundial está optando por proteger su industria y revisando todo tipo de medidas de protección, con sus propios aranceles e investigaciones. También han provocado que altere las cadenas de suministro globales ante la reconfiguración y que, por lo tanto, renuncie a muchas compras en Europa.
Desde el BCE dicen que la guerra comercial ha generado un "Made in China 2025", lo que definen como una estrategia que ha generado "una desaceleración en las importaciones (europeas) particularmente en bienes de consumo e intermedios". Aunque también recuerdan que desde 2021 sigue vigente en la nación asiática una crisis del ladrillo que "ha afectado la inversión inmobiliaria, un sector con gran intensidad de importaciones, y ha erosionado los balances de los hogares, afectando a la demanda de los consumidores".
Desde la institución monetaria sentencian en un reciente informe que esta dinámica también se mantendrá. "Todas estas fuerzas apuntan a un cambio duradero en el comportamiento importador de China".
Estos dos motivos son los que han llevado a la Comisión Europea a reducir sus previsiones para 2026, pues desde la institución comparten la visión de que esta será la nueva realidad que atraviesa al continente. La CE explicó en su último informe que solo se crecerá un 1,2% frente al 1,4% que esperaban para 2026. Ante este cambio, Valdis Dombrovskis dejó claro el motivo: "Las medidas de política comercial de EEUU y las respuestas de actores clave como China debilitarán el comercio global".
Según el último informe de ING el lastre se notará a través de un comercio mucho más lento y dañado en 2026: "Si bien el gobierno estadounidense redujo recientemente algunos aranceles a las importaciones de alimentos, prevemos una desaceleración significativa del comercio mundial, de aproximadamente el 2,5% en 2025 a aproximadamente el 0,5% en 2026". Además, el banco neerlandés explica que el principal motivo para temer en 2026 no son los aranceles mismos, sino que el acuerdo EEUU-China expira el segundo semestre de este año y que con él puede trastocarse todos los vínculos globales.
La debilidad de China y las menores ventas a EEUU son un lastre capital. EEUU representa una quinta parte de todas las exportaciones de la UE. Según datos del Parlamento Europeo solo entre EEUU y China rozan el 30% de todo el comercio, siendo prácticamente los dos mercados clave para toda la infraestructura comercial de la región. Por lo tanto, la crisis de la industria europea seguirá vigente. Los últimos PMI muestran que sigue en contracción y, de hecho, empeora su situación en diciembre. Solo el paso de los meses podrá revelar si surgen soluciones para que esta ya perenne crisis mejore… o si 2026 traerá un nuevo golpe que siga complicando el camino del Viejo Continente.