jueves, 23 de julio de 2026

La desconfianza lleva a Europa a iniciar una repatriación histórica de lingotes de oro desde EEUU y Reino Unido que solo acaba de empezar

 

Lingotes de oro en una bóveda de EEUU. Foto de Alamy.


  • El oro abandona las bóvedas de Nueva York y Londres para regresar al 'continente'
  • Las encuestras revelan que este movimiento puede ser solo el principio
  • Cada vez más bancos centrales apuestan por repatriar este metal precioso


Alemania dio inicio hace años a un movimiento que ha ido ganando fuerza en los últimos tiempos. Durante décadas, el oro de los bancos centrales descansó en las grandes bóvedas de Londres y Nueva York, dos ciudades con una reputación casi impoluta, aliadas de los países occidentales y donde el derecho internacional parecía inquebrantable. Francia, Alemania, países emergentes, todo el mundo querían un hueco en las bóvedas de lo que era considerado como el lugar más seguro para guardar el precio oro. Aquella arquitectura financiera nacida tras la Segunda Guerra Mundial parecía inamovible. El Banco de Inglaterra y la Reserva Federal de Nueva York eran considerados custodios neutrales, líquidos y seguros para las reservas de medio mundo. Sin embargo, algo está cambiando. Cada vez más países europeos y del resto del mundo están recuperando su oro y trasladándolo a territorio nacional. Lo que durante años fue una cuestión meramente logística se ha convertido en una decisión estratégica ligada a la soberanía financiera y a la creciente fragmentación geopolítica.

El fenómeno ha adquirido tal dimensión que el propio Consejo Mundial del Oro (World Gold Council) detecta un cambio de tendencia acelerado. Según una encuesta publicada recientemente, el 19% de los bancos centrales afirma haber aumentado el almacenamiento doméstico de oro o haber diversificado la ubicación de sus reservas durante los últimos doce meses, frente al 7% registrado un año antes. Al mismo tiempo, el porcentaje de entidades que guardan parte de sus reservas en Londres o Nueva York se está reduciendo progresivamente.

La explicación se encuentra en una palabra que se repite una y otra vez en los informes de los bancos centrales que no es otra que la confianza. Shaokai Fan, responsable global de bancos centrales del World Gold Council, explicaba que las "preocupaciones geopolíticas" y el temor a perder el acceso a las reservas en determinadas circunstancias están impulsando esta tendencia. "Los bancos centrales están pensando cada vez más dónde deben almacenar su oro y cómo reducir riesgos", señala Fan en declaraciones recogidas por el Financial Times.

El detonante de este cambio suele situarse en 2022, aunque es cierto que Alemania, por ejemplo, comenzó a repatriar su oro mucho antes. La congelación de cerca de 300.000 millones de dólares en reservas internacionales rusas tras la invasión de Ucrania supuso una llamada de atención para numerosos países. Aunque el oro físico es diferente de las reservas en divisas, el mensaje que se ha mandado al mundo es que los activos custodiados bajo jurisdicción extranjera pueden verse afectados por decisiones políticas y sanciones internacionales.

Desde entonces, muchas autoridades monetarias han comenzado a replantearse si resulta prudente mantener una parte tan importante de sus reservas estratégicas fuera de sus fronteras. Esta repatriación se está produciendo, incluso, entre aliados, el miedo o la desconfianza a los bandazos de Donald Trump están llevando a que Francia o Alemania tomen (o piensen tomar) decisiones difíciles como es recuperar su oro y devolverlo a territorio nacional, algo que en el pasado se consideraba como peligroso. No se decía abiertamente, por el temor a una invasión de Rusia hacía que el oro en territorio europeo fuera vulnerable. Ahora, el miedo es otro. Los datos oficiales de la Reserva Federal muestran un ligero descenso en las tenencias estadounidenses de oro extranjero de emisión oficial, que cayeron un 2% desde finales de 2024 hasta abril de 2026.

Otro factor del que se habla poco es la fuerte subida del precio de este metal precioso. El meteórico repunte del precio del oro (la onza ronda los 4.200 dólares) ha llevado a que muchos países 'recuerden' que tienen miles de millones fuera de su país. Cuando el precio del oro parecía estar estancado en la zona los 1.000/1.500 dólares, tener el oro fuera del país no parecía un problema. Pero cuando algo se vuelve más valioso resulta habitual que gane interés.

Un buque de guerra para repatriar el oro

"La confianza que sustentó el sistema de reservas de la posguerra durante décadas está mostrando sus primeras fisuras importantes", constata en una columna Charles-Henry Monchau , CIO de Syz Group. El estratega de inversiones retrocede en la historia hasta un peculiar episodio que supone el último y lejano precedente de este tipo: la última vez que Francia retiró su oro de las bóvedas estadounidenses fue en 1965. El presidente Charles de Gaulle, convencido de que el sistema de Bretton Woods otorgaba a EEUU un "privilegio exorbitante", envió un buque de guerra a Nueva York para recuperar el oro a cambio de dólares, lo que supuso un desafío directo al dominio monetario estadounidense.

Seis décadas después, la melodía rima: se experimenta una persistente desconfianza hacia los sistemas basados en el dólar y un renovado impulso hacia la soberanía monetaria. "Puede que la historia no se repita, pero en los mercados del oro, a menudo coincide con sorprendente precisión", señala Monchau. Para el CIO de Syz, el problema de fondo es de carácter estructural. Durante más de medio siglo, profundiza, la tenencia de oro en Nueva York se basó en tres pilares fundamentales: la liquidez (la capacidad de vender o pignorar oro rápidamente en el mayor mercado del mundo), los efectos de red (los mercados de la LBMA -London Bullion Market Association)- y la Fed de Nueva York gestionan la negociación de oro a gran escala) y la confianza política (se consideraba improbable que Washington llegara a hacer uso de los acuerdos de custodia). "Cada uno de estos pilares se ha visto ahora parcialmente afectado", concluye.

Saliendo de la 'esfera occidental', la India constituye otro de los ejemplos más relevantes en los últimos tiempos. Según los datos citados por el Financial Times, el Banco de la Reserva de la India ha reducido la proporción de oro almacenada en el extranjero desde el 55% en marzo de 2023 hasta apenas el 22% en marzo de 2026. En paralelo, Francia ha culminado uno de los movimientos más llamativos de los últimos años al retirar 129 toneladas de oro de la Reserva Federal de Nueva York entre julio de 2025 y enero de 2026, pasando a almacenar la totalidad de sus reservas en territorio nacional.

El caso de Alemania

Alemania también se encuentra en el centro del debate. El Bundesbank todavía conserva 1.236 toneladas de oro en Nueva York, aproximadamente el 37% de sus reservas totales. Aunque oficialmente Berlín sigue considerando segura la custodia estadounidense, la presión política para repatriar más lingotes ha aumentado notablemente. Políticos de distintos partidos han reclamado revisar la estrategia de almacenamiento por temor a posibles interferencias políticas en EEUU y por las dudas surgidas en torno a la independencia institucional de algunas agencias federales. En enero de 2026, Emanuel Mönch, ex alto funcionario del Bundesbank, afirmó que, dados los riesgos geopolíticos actuales, almacenar tanto oro en EEUU era peligroso y sugirió que el Bundesbank considerara una mayor repatriación para fortalecer su independencia estratégica.

La repatriación global del oro coincide además con otro fenómeno de enorme trascendencia, que no es otra que el metal precioso ha superado por primera vez a los bonos del Tesoro estadounidense como principal activo de reserva de los bancos centrales. Según las estimaciones recopiladas por el World Gold Council, el valor del oro en manos de las autoridades monetarias ronda ya los cuatro billones de dólares, por encima de los aproximadamente 3,9 billones invertidos en deuda pública de EEUU. No se trata de una sustitución abrupta del dólar, pero sí de una señal de que los bancos centrales están buscando una mayor diversificación.

La propia encuesta del World Gold Council revela que el apetito por el metal sigue creciendo. Un 45% de los bancos centrales consultados prevé aumentar sus reservas de oro durante los próximos doce meses, el porcentaje más elevado desde que comenzó la serie estadística en 2018. La mayoría de estos compradores potenciales procede de economías emergentes, donde la acumulación de oro se percibe como una forma de reforzar la independencia financiera y reducir la exposición a riesgos externos.

Paradójicamente, esta tendencia no implica necesariamente el declive de Londres como gran centro mundial del oro. El Banco de Inglaterra sigue custodiando más de 700.000 millones de dólares en lingotes y continúa siendo el mayor almacén de oro de bancos centrales del mundo. Sin embargo, la aparición de nuevas alternativas como Singapur o Hong Kong refleja que los países buscan cada vez más repartir riesgos en lugar de concentrarlos en una única jurisdicción.

En el fondo, la repatriación del oro es mucho más que una cuestión de logística o almacenamiento. Refleja un cambio profundo en la forma en que los bancos centrales entienden la seguridad financiera en un mundo más fragmentado, donde las sanciones económicas, las tensiones geopolíticas y la rivalidad entre grandes potencias han pasado a formar parte de la gestión cotidiana de las reservas internacionales. El oro vuelve a desempeñar así el papel que históricamente tuvo: no solo como activo refugio frente a la inflación o las crisis, sino también como símbolo último de soberanía monetaria.

La gran 'evacuación' polaca en 2019

El Banco de Inglaterra, pese a seguir siendo destacado depostiario, experimentó una suerte de anticipo de lo que iba a venir después de la pandemia. Londres asistió a una peculiar evacuación en 2019.

Apenas unos meses antes de que el covid estallara en Occidente, Polonia decidió repatriar 100 toneladas de oro desde las bóvedas de la Vieja Dama de Threadneedle Street, como se conoce al banco central británico. Fuentes oficiales del Gobierno de Polonia defendieron en ese momento que la repatriación buscaba demostrar la fortaleza de la economía polaca. Varsovia aseguraba tener la suficiente fortaleza económica y militar para custodiar y defender uno de los activos más preciados en las reservas de los bancos centrales. Otra razón de peso es la disposición inmediata de este metal precioso por parte del Gobierno y el banco central en caso de necesidad. En los años posteriores, el banco central polaco, siempre con el veterano Adam Glapinski a los mandos. se ha destacado como voraz comprador de oro.

El oro repatriado a Varsovia supuso alrededor de la mitad de los lingotes que Polonia mantenía en el Reino Unido (Polonia es uno de los países con más oro del mundo). Se trató de una operación compleja y con una minuciosa logística preparada durante meses y ejectuada al alimón por el Banco de Inglaterra, el Banco Nacional de Polonia, las fuerzas policiales británicas y polacas, y la naviera G4S, especializada en el transporte de mercancías de gran valor.

Un convoy de cuatro camiones blindados con la valiosa carga recorrió la ruta desde Londres hasta un aeropuerto cuya ubicación se mantenía en secreto. Los vehículos estaban blindados y contaban con medidas de seguridad especiales. Realizaron un total de ocho viajes de este tipo. Iban escoltados por coches de policía y un helicóptero policial. En cada uno de ellos había mil lingotes de oro puro. En total, 100 toneladas de oro polaco. Los lingotes llegaron a Varsovia y Pozna? a bordo de ocho aviones de distintas compañías aéreas, informó en ese momento la edición polaca de Business Insider.


https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/13973713/06/26/europa-se-lleva-su-oro-de-eeuu-y-reino-unido-en-una-gran-repatriacion-nacional-que-solo-acaba-de-empezar.html