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Los hongos son esenciales para el ecosistema.
(Jose Luis Gallego)
Los micólogos africanos defienden la necesidad de poner en valor el reino de los hongos, mucho menos conocido que el de los animales o las plantas, pero imprescindible para su existencia
La micología es la ciencia dedicada al estudio de los hongos. La doctora Anna Ralaiveloarisoa es una de las principales micólogas del continente africano. Lidera el área de desarrollo y alianzas de la organización conservacionista africana Fungui For Nature (FFN) dedicada a promover el conocimiento y la conservación de los hongos y los importantes servicios que cumplen: desde la conservación de la biodiversidad hasta la acción climática.
En declaraciones al diario británico The Guardian, la científica malgache se lamenta de la poca atención que prestamos a este importante reino de la vida. “Los hongos son una de las cosas más importantes del mundo -declara-, ya que alimentan al 90% de las plantas terrestres. Sin ellos, no habría vida en la Tierra”.
El artículo destaca el importante papel que están desempeñando tanto la FFN (con sede en Benín) como los micólogos africanos en dar a conocer el papel fundamental de estos seres vivos para el funcionamiento de los ecosistemas y la captación y almacenamiento de carbono. Todo el mundo sabe lo que es un león, un baobab o un cocodrilo, sin embargo, muy pocos sabrían decir el nombre de tan solo una de las más de medio millón de especies de hongos que crecen en aquel continente. Como el ichikolowa (Termitomyces titanicus) la seta comestible más grande del mundo: del tamaño de un paraguas abierto y hasta los tres kilos de peso.
De todo ello se habló en el IV Congreso Internacional sobre Conservación de los Hongos que se celebró el pasado mes de noviembre en Cotonú, ciudad principal de la República de Benín. Este encuentro, el único en el mundo dedicado explícita y exclusivamente a la protección de los hongos, reunió a micólogos de veintisiete países de África, Europa, América y Asia. Todos ellos unieron sus voces para reclamar que los hongos también formen parte de las estrategias mundiales para la conservación de la biodiversidad, al mismo nivel de la flora y la fauna.
Unos seres extraordinarios
Los hongos son un organismo extraordinariamente complejo y singular. Tanto que la ciencia tardo muchos años en buscarle acomodo en la clasificación de los seres vivos. Con unas características biológicas que los diferencian claramente del reino animal y el vegetal, finalmente los científicos decidieron crear un reino aparte, al que denominaron fungi. En él se incluyen a las setas, los mohos y las levaduras.
En los ecosistemas naturales los hongos actúan como organismos descomponedores ya que su micelio es capaz de transformar los restos de materia orgánica en nutrientes esenciales. Por eso son uno de los principales eslabones de la cadena trófica. Pero no solo eso. Como revela el artículo del Guardian, cada vez son más los estudios que resaltan su importante papel en la mitigación del cambio climático al actuar como sumideros de carbono. Hasta el 36 % de las emisiones mundiales de CO2 provenientes de los combustibles fósiles se almacenan en el micelio subterráneo de estos seres vivos.
Sin embargo la atención que presta la ciencia de la conservación a los hongos es ridícula en comparación con la que reciben la flora y la fauna. Así lo lamenta el micólogo David W. Minter, presidente de la Sociedad Internacional para la Conservación de los Hongos (ISFC, por su sigla en inglés). “Hasta principios de los 2000 -critica este experto- la defensa de los hongos se reducía prácticamente a unas pocas voces aisladas de científicos que expresaban su preocupación por los pocos avances que observaban al respecto”. De hecho la propia ISFC se fundó en 2010. Dos años más tarde se creó la Fundación Fungi: la primera oenegé conservacionista dedicada exclusivamente al mundo de los hongos.
Aún así, actualmente las cumbres mundiales sobre biodiversidad siguen centrando sus debates en la conservación de las especies de animales y plantas más amenazadas. Sin embargo, como recuerda el Dr. Minter, “los hongos también necesitan protección pues son tan vulnerables a la crisis climática, la destrucción del hábitat y la contaminación como cualquier otro ser vivo”. Por eso intentar fomentar el uso de la frase ‘fauna, flora y hongos’ cuando se alude a la necesidad de proteger la biodiversidad del planeta.
Aliados del ser humano
Además de su importancia ecológica, los hongos tienen un alto valor socioeconómico y alimentario y aportan innumerables beneficios para el cuidado de la salud. Entre otros, sus aplicaciones medicinales han contribuido y siguen contribuyendo al desarrollo de fármacos para la prevención y el tratamiento de numerosas enfermedades, la lucha contra las infecciones o el reforzamiento del sistema inmunitario.
La última cumbre mundial sobre la diversidad biológica (COP16) celebrada en Cali, Colombia, en 2024 fue la primera ocasión en la que se reconoció la necesidad de incluir a los hongos como “un reino biológico independiente en legislación, políticas y acuerdos nacionales e internacionales” y de “incorporar medidas concretas para su protección en las estrategias y planes de acción a nivel internacional así como fomentar la micología como ciencia esencial para futuras medidas de conservación”.
En ese mismo sentido la Declaración de Cotonú, impulsada por el importante colectivo de micólogos africanos y suscrita por las organizaciones conservacionistas, los institutos de investigación y los representantes institucionales que asistieron al congreso internacional sobre los hongos del pasado noviembre, urge a “abordar la acelerada pérdida de biodiversidad y la persistente subrepresentación de los hongos en las agendas ambientales globales y nacionales”.
En marzo del año pasado, coincidiendo con la incorporación de las primeras mil especies de hongos (se calcula que hay más de millón y medio) a la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), su directora general, la Dra. Grethel Aguilar, reconocía que “los hongos son los héroes anónimos de la vida en la Tierra. Son la base misma para unos ecosistemas saludables, pero durante mucho tiempo se han pasado por alto”. Ahora, y gracias al impulso de los micólogos africanos, están empezando a ser reconocidos a escala internacional.
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