jueves, 21 de enero de 2016

¿Quiénes son las 62 personas cuya riqueza equivale a la de la mitad de la población mundial?

Riqueza

En 2010 fueron necesarias 388 personas para igualar la riqueza del 50% más pobre. 
El año pasado, nada más 62.


Esta semana la organización no gubernamental Oxfam señaló que el 1% más rico del mundo ya posee tanta riqueza como el resto de los habitantes del planeta.
Y también destacó que las 62 personas más ricas del mundo tienen tanta riqueza como la mitad de la población mundial.
¿Pero quiénes son esos "afortunados"?
La ONG se basó en la lista anual de billonarios que compila la revista estadounidense Forbes, que BBC Mundo te presenta aquí.


1

Bill Gates

US$79.200 millones
Microsoft
AP

2

Carlos Slim

US$77.100 millones
Sector de las telecomunicaciones
Reuters

3

Warren Buffett

US$72.700 millones
Berkshire Hathaway
AP

4

Amancio Ortega

US$64.500 millones
Zara
Getty

5

Larry Ellison

US$54.300 millones
Oracle
Getty

6

Charles Koch

US$42.900 millones
Sectores varios
Kochnews.com

7

David Koch

US$42.900 millones
Sectores varios
Getty

8

Christy Walton

US$41.700 millones
Wal-Mart
Getty

9

Jim Walton

US$40.600 millones
Wal-Mart
AP

10

Liliane Bettencourt

US$40.100 millones
L’Oreal

11Alice WaltonUS$39.400 millonesWal-MartEE.UU.
12S. Robson WaltonUS$39.100 millonesWal-MartEE.UU.
13Bernard ArnaultUS$37.200 millonesLVMHFrancia
14Michael BloombergUS$35.500 millonesBloomberg LPEE.UU.
15Jeff BezosUS$34.800 millonesAmazon.comEE.UU.
16Mark ZuckerbergUS$33.400 millonesFacebookEE.UU.
17Li Ka-shingUS$33.300 millonesSectores variosHong Kong
18Sheldon AdelsonUS$31.400 millonesCasinosEE.UU.
19Larry PageUS$29.700 millonesGoogleEE.UU.
20Sergey BrinUS$29.200 millonesGoogleEE.UU.
21Georg SchaefflerUS$26.900 millonesINA Holding Schaeffler GmbH & Co. KGAlemania
22Forrest Mars, Jr.US$26.600 millonesMarsEE.UU.
22Jacqueline MarsUS$26.600 millonesMarsEE.UU.
22John MarsUS$26.600 millonesMarsEE.UU.
25David ThomsonUS$25.500 millonesMedios de comunicaciónCanadá
26Jorge Paulo LemannUS$25.000 millonesIndustria cerveceraBrasil
27Lee Shau KeeUS$24.800 millonesBienes raícesHong Kong
28Stefan PerssonUS$24.500 millonesH&MSuecia
29George SorosUS$24.200 millonesFondos de coberturaEE.UU.
29Wang JianlinUS$24.200 millonesBienes raícesChina
31Carl IcahnUS$23.500 millonesInversionesEE.UU.
32Maria Franca FissoloUS$23.400 millonesNutella, chocolatesItalia
33Jack MaUS$22.700 millonesComercio electrónicoChina
34Prince Alwaleed Bin Talal AlsaudUS $22.600 millonesInversionesArabia Saudita
35Steve BallmerUS$21.500 millonesMicrosoftEE.UU.
35Phil KnightUS$21.500 millonesNikeEE.UU.
37Beate Heister & Karl Albrecht Jr.US$21.300 millonesSupermercadosAlemania
38Li HejunUS$21.100 millonesEnergía solarChina
39Mukesh AmbaniUS$21.000 millonesPetroquímica y gasIndia
40Leonardo Del VecchioUS$20.400 millonesLentesItalia
41Len BlavatnikUS$20.200 millonesSectores variosEE.UU.
41Tadashi YanaiUS$20.200 millonesVenta al por menorJapón
43Charles ErgenUS$20.100 millonesDish NetworkEE.UU.
44Dilip ShanghviUS$20.000 millonesFarmacéuticaIndia
45Laurene Powell JobsUS$19.500 millonesApple, DisneyEE.UU.
46Dieter SchwarzUS$19.400 millonesVenta al por menorAlemania
47Michael DellUS$19.200 millonesDellEE.UU.
48Azim PremjiUS$19.100 millonesSoftwareIndia
49Theo Albrecht, Jr.US$19.000 millonesAldi, Trader Joe'sAlemania
50Michael OttoUS$18.100 millonesVenta al por menor, bienes raícesAlemania
51Paul AllenUS$17.500 millonesMicrosoft, inversionesEE.UU.
52Joseph SafraUS$17.300 millonesSector bancarioBrasil
53Anne Cox ChambersUS$17.000 millonesMedios de comunicaciónEE.UU.
54Susanne KlattenUS $16.800 millonesBMW, industria farmacéuticaAlemania
55Pallonji MistryUS$16.300 millonesConstrucciónIrlanda
56Ma HuatengUS$16.100 millonesInternetChina
57Patrick DrahiUS$16.000 millonesTelecomFrancia
58Thomas & Raymond KwokUS$15.900 millonesBienes raícesHong Kong
59Stefan QuandtUS$15.600 millonesBMWAlemania
60Ray DalioUS$15.400 millonesFondos de coberturaEE.UU.
60Vladimir PotaninUS$15.400 millonesMetalesRusia
62





Serge DassaultUS$15.300 milloresAviación



Francia
Getty




miércoles, 20 de enero de 2016

¿Por qué se considera que para China un crecimiento del 6,9% es bajo?

Dos empleadas se ríen en una tienda de Pekín, en China  Getty Images


La prioridad del Gobierno chino es mantener el nivel de empleo, que genera estabilidad, y para eso es clave un crecimiento sostenible.



Lograr un crecimiento económico del 6,9% es una cifra nada desdeñable. España, tras un fuerte avance este año, terminó con un 3,2%. Pero para un país como China, que durante dos décadas vio aumentar su producto interior bruto (PIB) en porcentajes de dos dígitos, representa la mayor ralentización en un cuarto de siglo. Tampoco se puede decir, sin embargo, una mala noticia para el país, que está llevando a cabo un cambio en su modelo económico.

Desde los años 80, China ha tenido obsesión con mantener niveles de crecimiento superiores al 8%. El Gobierno chino calculaba que solo mediante una expansión anual del PIB de esas dimensiones se mantendría el ritmo de creación de puestos de trabajo necesarios para ocupar a los 7 millones de estudiantes que se gradúan cada año de las Universidades chinas y a los emigrantes que llegan a las ciudades desde el medio rural huyendo de la pobreza. Estos emigrantes suman hoy día 277,4 millones, el 20% de la población total.
Eso supone que se deben crear cerca de 10 millones de puestos de trabajo anualmente en las ciudades para mantener el desempleo en niveles que, según Pekín, no deben crecer en ningún caso más allá del 4,5%. Cifras más elevadas, considera, pondrían en peligro la estabilidad social, y eso es algo a lo que bajo ningún concepto quiere arriesgarse.
“El empleo es la base del bienestar. Pondremos en marcha a toda costa una estrategia que dé la prioridad absoluta al empleo”, subrayaba el primer ministro chino, Li Keqiang, en 2013, entonces recién estrenado en el cargo.
A lo largo de 30 años China aplicó un modelo de crecimiento que ha tenido como motor la inversión, especialmente en infraestructuras, el desarrollo del sector manufacturero y el sector inmobiliario. Con un éxito extraordinario: ha pasado de ser una economía poco desarrollada a la segunda potencia mundial.
Pero el modelo da señales de agotamiento: las inversiones generan cada vez menos rendimiento, crece la deuda en manos de las autoridades locales y las empresas y el medioambiente está gravemente enfermo. La decisión de acometer reformas y cambiar de motor en la economía era imprescindible.
Según han subrayado reiteradamente Li y el presidente chino, Xi Jinping, la idea es conseguir una economía “sostenible”. Se dejará de primar el crecimiento por el crecimiento, se limitará el exceso de capacidad y se pasará de un modelo intensivo en capital a otro intensivo en empleo.

Cambio a una economía de consumo

Para ello aspira a desarrollar una economía basada en el consumo interno y el sector servicios, especialmente en el área de las nuevas tecnologías. El plan quinquenal presentado el pasado noviembre para los años 2016-2020 pretende hacer más eficientes las empresas públicas, alentar la innovación y estimular la creación de start ups.
Gradualmente, para no anunciar unas metas repentinamente bajas que puedan socavar la confianza, el Gobierno chino ha ido reduciendo sus objetivos de crecimiento en lo que llama la “nueva normalidad”. Si para 2015 la meta se encontraba “en torno a” el 7%, el plan quinquenal prevé “no menos de” un 6,5%.
Aunque se encuentre lejos de los ambiciosos objetivos de antaño, Miguel Otero, investigador principal de Economía Política Internacional del Real Instituto Encano, recuerda que en términos reales hoy día “un crecimiento del 7% supone mucho más que el 10 o el 11% de antes, porque el tamaño de la economía es muy superior”.
Según los datos oficiales, esa transformación que busca el Gobierno se va dando. El sector servicios por primera vez representa más del 50% de la economía. Crece la renta disponible de los ciudadanos. La creación de puestos de trabajo -afirma- se mantiene al ritmo deseado y el nivel de empleo es “generalmente estable”, tal y como apuntaba la Oficina de Estadísticas este martes. Un resultado que podría explicarse por la mayor eficiencia del nuevo modelo y el crecimiento del sector terciario, que absorbe mayor fuerza laboral.

Dudas sobre las estadísticas

Aunque cada vez hay más dudas sobre la fiabilidad de los datos macroeconómicos y de las estadísticas chinas, que sistemáticamente coinciden con los objetivos de crecimiento del gobierno. No hay datos oficiales fiables tampoco sobre el índice de retorno de los emigrantes desempleados a sus pueblos de origen, o sobre protestas y manifestaciones. Muchos analistas independientes consideran que la cifra real de crecimiento se encuentra significativamente por debajo de las metas establecidas: por ejemplo, Nomura calcula que en 2016 se situará en el 5,8%. El FMI le adjudica un 6,3%.
Habrá que ver también lo que ocurre con las empresas en sectores con exceso de capacidad, como el acerero o el carbón. Las más ineficientes tendrán que acabar cerrando, con los consiguientes despidos e impacto en el desempleo.
En cualquier caso, el Gobierno chino ha dejado claro que no calcula recortar sus previsiones por debajo del 6,5%. Es la cifra que calcula que necesita para cumplir su compromiso de doblar para 2020 el PIB de 2010 (de 40 billones de yuanes; el de 2015 alcanzó los 67,67 billones de yuanes, o 9,48 billones de euros). Lográndola estima que sacará de la pobreza a los 70 millones de chinos que aún viven en ella. Y dará -espera- otro paso para garantizar la paz social.

http://economia.elpais.com/economia/2016/01/19/actualidad/1453219950_764716.html

¿De qué hablamos cuando hablamos de felicidad?


Los seres humanos somos los únicos animales capaces de aumentar nuestro sufrimiento, pero también tenemos la habilidad de poder potenciar nuestro bienestar.



¿De qué hablan esos finales de los cuentos infantiles cuando dicen que héroes y heroínas vivieron felices por siempre? ¿Cómo es que habrán vivido esos personajes? Y, sobre todo, ¿cómo lograron el bienestar en sus vidas de cuento? Los seres humanos somos los únicos animales capaces de aumentar nuestro sufrimiento, por ejemplo, a través de los pensamientos distorsivos. Pero también tenemos la habilidad de poder potenciar nuestro bienestar. Sabemos quesentirse bien tiene un impacto positivo sobre las personas porque actúa como protector en el organismo. Que las personas, cuando se sienten bien, se enferman menos, viven más y tienen una mejor calidad de vida.
La ciencia se encarga de estudiar los procesos que involucran la felicidad para así poder establecer definiciones justas y precisas. Hoy en día la investigación se enfoca en describir estados que se relacionan con ella como el placer y también el llamado “bienestar”. Veamos de qué se trata.
Si nos proponemos mejorar nuestras vidas, es necesario rechazar algunas ideas falsas que resultan contraproducentes para alcanzar el bienestar
Distintas corrientes filosóficas identificaron dos maneras de acceder al bienestar: una es la vía hedónica, que consiste en disfrutar de todo aquello que implica un placer inmediato (una comida, un paisaje, una reunión entre amigos, etc.); y la otra es la víaeudaimónica. Esta última reside en la satisfacción a largo plazo que se genera como consecuencia de los logros obtenidos, de conseguir los frutos que surgen del esfuerzo, el trabajo y la planificación. Ascender laboralmente, graduarse o superar un mal hábito son algunos ejemplos. Actualmente, más allá de que la ciencia mantiene esta división, la denominada psicología positiva la especifica a través de tres vías: la de la vida placentera; la de la vida con compromiso; y la de la vida con significado.
Para estudiar al ser humano en toda su complejidad es necesario una disciplina que no solo resuelva sus problemas sino que también ayude a construir cualidades positivas que permitan potenciar las fortalezas de las personas. Si nos proponemos mejorar nuestras vidas, es necesario rechazar algunas ideas falsas que resultan contraproducentes para alcanzar el bienestar. Una de ellas consiste en pensar que se lo encuentra un día de manera repentina. Por el contrario, este se construye y, generalmente, esta construcción requiere de un gran esfuerzo. Otra idea afianzada comúnmente es que el bienestar es algo que se tiene o no se tiene, sin medias tintas; mientras que, en realidad, podemos considerar que hay un continuum entre el malestar y el bienestar en el que nos hallamos a lo largo del día y, más aún, de la vida. Por último, las personas erróneamente tratamos de modificar las circunstancias de la vida (dinero, pareja, etc.) creyendo que eso traerá consigo un definitivo bienestar. Debemos saber que, producto de la adaptación hedónica (nuestra capacidad para asimilar grandes transformaciones en la vida), esos cambios “externos” no producirán bienestar duradero.

Cómo aumentar el bienestar

Existen numerosas actividades que podemos realizar para aumentar el bienestar y la salud emocional. Esto significa que pueden ser entrenadas, es decir, pueden desarrollarse y eso depende en gran medida de la voluntad. Gracias a la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones neuronales e incluso generar nuevas neuronas ligadas a la experiencia, estas actividades también pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro.
El ejercicio físico es muy beneficioso para la salud, ya que reduce la ansiedad, el estrés y el riesgo de contraer enfermedades. También tiene un rol importante en las funciones cognitivas como la consolidación de recuerdos y la memoria de largo plazo. La ejercitación física, a su vez, mejora el flujo cerebral en estados de reposo, incluso a partir de períodos cortos de entrenamiento. Asimismo produce bienestar en el corto y mediano plazo, ya que el ejercicio genera endorfinas, las hormonas que generan sensación de placer y bienestar, además de tener un efecto analgésico en el organismo.
Numerosas investigaciones han comprobado que meditar de manera regular modifica positivamente la estructura y el funcionamiento cerebral. Estos resultados también sugerirían que la meditación cumple un rol en la plasticidad sináptica, es decir, en la capacidad de las neuronas de generar mayor número de “conversaciones” entre ellas. También la meditación se correlaciona con mayores niveles de bienestar y menor número de enfermedades.
Tener y potenciar las emociones positivas es un recurso que también favorece el bienestar. En los últimos años empezamos a conocer el rol fundamental de las emociones positivas en nuestra vida. Una teoría muy aceptada demostró que no solo nos hacen sentir bien sino que buscan ampliar nuestro repertorio de recursos positivos y promueven la construcción de nuevas estrategias para mejorar la calidad de vida. Es así que cuando llevamos adelante un accionar que produce un resultado positivo, la emoción asociada nos impulsa a querer repetirla en el futuro. Podemos decir que la ciencia está comprobando que la expresión “ver la vida color de rosa” no estaría tan apartada de la realidad. Un estudio probó que cuando uno sonríe, el cerebro procesa la información proveniente de rostros con una expresión emocional neutra de la misma manera que cuando procesa rostros alegres.
Las personas erróneamente tratamos de modificar las circunstancias de la vida creyendo que eso traerá consigo un definitivo bienestar
Mantener relaciones sociales amistosas, afectivas y amorosas también son consideradas fundamentales por la ciencia para conseguir el bienestar. Se sabe que la presencia de seres queridos altera positivamente la respuesta del cerebro a situaciones amenazantes. Se demostró que las personas que atravesaban una situación estresante y recibían apoyo verbal de sus afectos tenían menores cantidades de cortisol en el organismo, una hormona relacionada en el proceso que se activa ante el estrés, que aquellas que atravesaban por la misma situación pero recibían apoyo verbal de un extraño o no recibían apoyo alguno.
El ejercicio genera endorfinas, las hormonas que generan sensación de placer y bienestar, además de tener un efecto analgésico en el organismo
Algunas de las claves para lograr construir una vida plena se vinculan con utilizar nuestras propias fortalezas para lograr estar satisfecho. Las fortalezas de carácter son rasgos positivos que todas las personas tenemos en mayor o menor medida. La bondad, la gratitud, el amor, la integridad, la curiosidad, la valentía y la generosidad son algunas de ellas. Ser generoso, por ejemplo, produce una sensación de bienestar ya que activa un circuito neuronal asociado al placer y la recompensa, además de activar diferentes “químicos” asociados a la felicidad como la dopamina y la oxitocina. Las personas generosas reportan tener más amistades, dormir mejor y superar de mejor manera los obstáculos que las personas mezquinas. Pero vale la pena decir que lo esencial de esto es que, más allá del favor particular, redundan en un bienestar general porque promueven beneficios para toda la sociedad. Así, maximizar nuestras potencialidades solidarias nos ayuda a todos estar bien.
Como un círculo virtuoso, podemos reiterar que sentirse bien contribuye a nuestro bienestar. Aunque parezca una verdad de Perogrullo, más bien abunda en la idea de que la manera en que pensamos es la manera en que sentimos. Una posibilidad de escribir nuestro propio cuento con final feliz.

http://elpais.com/elpais/2016/01/14/ciencia/1452776913_989265.html

La élite económica cada vez se escinde más del resto. El resultado es que hoy 62 personas poseen la misma riqueza que los 3.600 millones más pobres del mundo

Desigualdad pero también pobreza


Hace un siglo exactamente el mundo acababa de entrar en un bucle de tres décadas con dos guerras mundiales y sus consecuencias (1914-1945), que acabarían con la primera fase de la globalización, la que había arrancado en el último tercio del siglo XIX (1870-1914). Lo que sucedió luego fue calificado por el historiador Eric Hobsbawm como "un siglo corto", un siglo que comenzó en el año 1914, con la Gran Guerra, y terminó en 1989, con la caída del Muro de Berlín.
Si viviese Hobsbawn, quizá hiciese una revisión de su tesis a la luz de lo acontecido en lo que llevamos de siglo XXI. Posiblemente podría concluir que el siglo XX, al revés de lo que creyó, fue un siglo largo que todavía no ha acabado, y que se podría dividir netamente en tres partes muy diferenciadas, además del citado periodo de conflictos bélicos. La primera sería la de los "treinta gloriosos" (1945-1975), la época de mayor crecimiento del capitalismo con mayor equidad, los años de la hegemonía keynesiana, del "capitalismo de rostro humano". La segunda etapa dura desde finales de los años setenta hasta la Gran Recesión de 2007; es la época de la revolución conservadora, la treintena opulenta, tiempo de consumismo desaforado en la que hubo un momento en el que parecía que la codicia producía resultados. Aumentó espectacularmente la desigualdad, pero en lo básico fue porque los ricos se escaparon, incrementaron mucho más la renta, la riqueza y el poder que el resto. Pero ese resto, a trancas y barrancas, siguió mejorando y aumentaron los efectivos de las clases medias de todo el mundo. Se vivía de un simulacro: vosotros os lleváis la mejor tajada pero nos proporcionáis trabajo y un cierto progreso. Aumentó la desigualdad pero se redujo la pobreza en el mundo.
La tercera fase está muy bien reflejada en el informe de Oxfam. Comienza en 2007 y no sabemos cuando podrá darse por finalizada. En ella ha habido un crecimiento exponencial de la desigualdad y de la pobreza. En este caso, las razones están más basadas en el hecho de que las recién creadas clases medias han visto detenerse la escala social que en que los ricos hayan multiplicado sus beneficios (que los han multiplicado, aunque no tanto como en la etapa anterior). Muchas de aquellas personas que se sintieron parte del progreso y de las clase medias forman parte ahora de ese grupo que el Banco Mundial denomina "los vulnerables" o el "precariado": familias que mejoraron pero que han perdido de modo acelerado parte de lo avanzado. La combinación es letal: más desigualdad, más pobreza.
Se ha reducido la capacidad distributiva de los Estados y, por tanto, aumenta la desigualdad
El informe de Oxfam se centra en esta ocasión en el papel de los paraísos fiscales. Un papel que quiso ser demediado al inicio de la Gran Recesión en las declaraciones del G 20, cuando esa formación G se convirtió en el organismo oficial para protagonizar la solución de los problemas económicos. No se pasó prácticamente de la retórica de los comunicados. El rol de los paraísos fiscales se une a una política fiscal generalizada, que ha reducido la actividad de los ingresos en la necesaria actividad redistributiva del sector público. En cuatro etapas: la primera, rompiendo el proceso generado tras laSegunda Guerra Mundial e iniciando una senda de falta de progresividad en los impuestos; a continuación, trasladando parte de los gravámenes sobre el capital hacia el trabajo; luego, transformando los impuestos sobre la renta en impuestos sobre el consumo; por último, reduciendo e incluso eliminando los impuestos patrimoniales (patrimonio, sucesiones y donaciones), último reducto de aquella progresividad de los sistemas tributarios.
El resultado es que se ha reducido la capacidad distributiva de los Estados y, por tanto, aumenta la desigualdad. Se ha permitido una fuerte acumulación de los ingresos, la riqueza y el poder en una élite económica que cada vez se escinde más del resto (que sufre fuertes tasas de desempleo, devaluaciones salariales, inseguridad en el trabajo y una reducción de la protección social) y que no quiere solidarizarse con la distribución del gasto público. Así es como se ha hecho tan popular el eslogan de "Somos el 99%", frente al 1% restante.
Y ello es lo que ha dado lugar a la crisis de legitimidad y de representación del sistema, que estamos observando por todas partes. La política y la economía inextricablemente unidas. Como las cerezas.

http://elpais.com/elpais/2016/01/18/planeta_futuro/1453117220_404103.html

¿Cuándo puedo volver a congelar un alimento descongelado?



Sacó carne para cenar, pero le ha surgido un plan irrenunciable para comer fuera. Recongelar o no recongelar.



Se ha pasado toda la vida creyendo que volver a congelar un alimento previamente descongelado era algo así como un pecado mortal. De hecho, desde la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), dependiente del Ministerio de Sanidad, afirman rotundos: “Nunca se debe congelar de nuevo un alimento que se ha descongelado, a no ser que se cocine antes de volver a congelarlo”. Pero no todas las autoridades sanitarias coinciden. Desde el Servicio de Inspección Alimentaria del Ministerio de Agricultura de EE UU afirman: “Los alimentos descongelados total o parcialmente pueden volver a congelarse de forma segura siempre que aún contengan cristales de hielo o no hayan superado los 4,4 ºC. El recongelado puede afectar a la calidad de los alimentos, pero su consumo seguirá siendo seguro”. En otras palabras: el producto puede que pase de ser un manjar a bajo cero a algo de extraño sabor. En el caso de las frutas y las verduras, por ejemplo, “se aprecian modificaciones en la textura, alteraciones en el color y en el sabor, produciéndose los llamados off-flavors, consecuencia de la acción de algunas enzimas oxidantes e hidrolizantes capaces de actuar a bajas temperaturas”, apunta José A. Muñoz Delgado en su informe Refrigeración y congelación de los alimentos vegetales. Porque, por congelación o recongelación, la mala fama del proceso de conservación de alimentos con bajas temperaturas es merecida, en lo que al paladar se refiere.
Los alimentos descongelados total o parcialmente pueden volver a congelarse de forma segura siempre que aún contengan cristales de hielo o no hayan superado los 4,4 ºC", según el Servicio de Inspección Alimentaria del Ministerio de Agricultura de EE UU
A saber: los alimentos están compuestos casi en su totalidad por agua. Lo es el 91% del brócoli, el 76% de una merluza, el 66% del pollo y el 71% de la carne de res, según elDepartamento de Agricultura de EE UU. Al descender la temperatura entre -2  y -18 ºC ese líquido elemento se congela y forma microcristales, tanto si su congelador es No Frost como si lo congela al vacío o en envases individuales, tal como recuerda Don Meyer, de la Universidad de Guelph, en su ensayo Guerra contra el hielo. Imagínelos como afiladas espadas que rompen los tejidos conjuntivos de los alimentos. Desgarrados por dentro, esos manjares no vuelven jamás a ser lo que fueron, según el profesor de Ciencia de los Alimentos. "En cuanto se descongelen, esas estructuras agujereadas como un colador serán incapaces de retener parte de su propia agua. Perdidos los jugos, adiós a muchas de sus cualidades organolépticas". Imagine lo que implica hacerlo por partida doble…

INSTRUCCIONES PARA UN CORRECTO DESCONGELADO

Los expertos recomiendan descongelar en el estante inferior del refrigerador, si va sobrado de tiempo, o en el microondas (utilizando la opción defrost o 'descongelar'), en caso de apuro. Nunca al aire libre, debido a la proliferación de bacterias con un posible riesgo para la salud, tal como avisa Carmen Tejedor, profesora de un curso de Seguridad y Calidad Alimentaria en la Universidad de Salamanca.
Pongamos que nada más descongelar su chuletón, cambia de opinión y decide meterlo de nuevo en el congelador. ¿Qué hace? ¿Sigue las instrucciones de AECOSAN o se beneficia de la aparente permisividad de las autoridades americanas? "Lo más seguro es, efectivamente, no volver a recongelar, tal como recomienda AECOSAN. Primero, porque el alimento quedará seco e insípido. Si se vuelve a congelar, habrá más roturas y estará aún más seco e insípido. Segundo, porque al descongelar algunas bacterias patógenas pueden reproducirse más rápido y actuar con más voracidad al toparse con esos tejidos ya rotos. De ahí que se recomiende cocinar inmediatamente. Y, entonces sí, volver a congelar. El calor sí mata a las bacterias, el frío solo las detiene", dice Carmen Tejedor, del Departamento de Microbiología y Genética de la Universidad de Salamanca. Insistimos: ¿y si he sacado el filete del descongelador y antes de que quede fresco me han invitado a una cena irrenunciable y no lo quiero tirar? "Dependerá del tiempo que lleve descongelado y su temperatura. Si está en la nevera, a 4 ºC, no habría problemas para recongelar (más allá de la pérdida de sabor o consistencia). Pero si abrimos el refrigerador con frecuencia o acabamos de meter la compra, la temperatura interior será mayor. Y es difícil precisar la temperatura real del refrigerador casero en cada momento. Al pasar de 5 ºC las bacterias empiezan a proliferar con rapidez y no se podría asegurar al 100% la salubridad de ese filete".
Ahora bien, si ha decidido cocinar la carne antes de partir hacia esa cena por sorpresa, sepa que al meter el guiso caliente en la nevera elevará la temperatura del aparato, pudiendo afectar a la salubridad del resto de los alimentos, como afirma la microbióloga, "pero dejarlo a la intemperie lo expone al ataque de las bacterias". Ninguna opción será perfecta, pero es que en microbiología los blancos y negros brillan por su ausencia. 

   17/01/2016
http://elpais.com/elpais/2015/12/30/buenavida/1451468114_262948.html