martes, 18 de agosto de 2026

El origen del imperio Lacoste: cómo el invento de un campeón de tenis revolucionó la forma de vestir

 


  • René Lacoste, destacado tenista, fue el primero que se atrevió a salir a jugar con manga corta
  • Apodado 'el cocodrilo', utilizó este animal como logo de la compañía textil que lanzó con su socio André Gillier
  • El polo se consolidó pronto como una prenda imprescindible en los armarios de los hombres de todo el mundo


Hay prendas que trascienden las tendencias para convertirse en auténticos símbolos. Y una de ellas es el polo. Presente en pistas de tenis, campos de golf, oficinas, pasarelas y fiestas, su sencillez esconde una historia de innovación estratégica y construcción de marca. Y todo partiendo de la mente de un genio, el campeón francés de tenis René Lacoste, que decidió desafiar los códigos de vestimenta de su deporte, con una prenda más cómoda y funcional. Una decisión que dio origen a la prestigiosa marca de ropa y que transformó la industria textil y el concepto del lujo.

En todo este proceso fue clave la figura de René Lacoste, un hombre que entendía la innovación como una extensión de la competición. Había nacido en París, en 1904, y pronto se convirtió en uno de los tenistas más importantes de su tiempo, y en una auténtica celebridad. Campeón de 7 títulos de Grand Slam, además formó parte de la generación de 'los Cuatro Mosqueteros', que dominó el tenis mundial en los años 20, ganando dos Copas Davis.

Meticuloso y disciplinado, perseguía perfeccionar cada detalle de su juego, estudiando sus rivales, pero también el material con el que competía. Y fue esa mentalidad, más cercana a la de un ingeniero que a la de un deportista, la que le llevó a cuestionar la indumentaria tradicional de las pistas. En aquella época, los tenistas competían con un look que hoy nos parecería muy incómodo, con camisas de algodón de manga larga, como las que podía llevar la gente por la calle, perfectamente abotonadas, con cuellos rígidos y almidonados, y en algunos torneos hasta con corbata. Y todo acompañado de unos pantalones largos de franela. No era la equipación más adecuada para hacer deporte.

Hasta que en 1928, Lacoste revolucionó el circuito. El tenista apareció en la final del campeonato francés con una camiseta no reglamentaria. ¡Le había cortado las mangas a la camisa! Además, estaba fabricada de algodón mercerizado, un material más ligero y transpirable, que era el mismo que utilizaban los oficiales británicos que habían aprendido a jugar a Polo en la India. Por metonimia, a esa nueva prenda se le acabó llamando polo. Ofrecía mayor libertad de movimiento, pero sin renunciar a la elegancia que exigía el deporte en aquella época.

Polos de Lacoste
Lacoste introdujo los colores en 1951. | Imagen: Dreamstime

Para enfrentarse al sofocante calor de los torneos en Estados Unidos de ese mismo año, encargó varias prendas similares, pero perfeccionadas. Era una camisa blanca de manga corta, tejido de punto piqué de algodón, que denominó jersey de algodón petit piqué, transpirable y más duradero; un cuello plano y sobresaliente sin almidonar, que se podía levantar para protegerse del sol; una tapeta abotonada hasta arriba; y una cola más larga por detrás que por delante, conocido desde entonces como 'cola de tenista', y que impedía que la camiseta se saliera de los pantalones. Inicialmente, los organizadores rechazaron el uso de estas camisas adaptadas, pero el resto de jugadores poco a poco fueron sumándose a la revolución.

Un año después, mientras Lacoste seguía ganando torneos, introdujo una nueva innovación, en este caso estética: fijó en el lado izquierdo de sus nuevas camisas un cocodrilo, que era el apodo con el que se conocía al tenista en las pistas. El origen de este sobrenombre no está claro. La versión más extendida es que se lo pusieron periodistas de Estados Unidos en 1923, tras una apuesta en Boston. Cuentan que René Lacoste estaba mirando una maleta de piel de cocodrilo en el escaparate de una tienda, y no está claro si el capitán del equipo de Copa Davis de Francia o de Estados Unidos le dijo que si ganaba el partido decisivo se la regalaba. Lacoste perdió, pero la imagen del cocodrilo perduró. Además, coincide que el temperamento del tenista era muy parecido al de un cocodrilo, ya que nunca soltaba su presa; y su rapidísimo golpe de derecha se comparaba con el movimiento de la cola del animal.

Se retiró del tenis en 1929, con tan solo 25, debido a problemas de salud recurrentes, especialmente una grave insuficiencia respiratoria, pero con un gran palmarés. Volvería a jugar puntualmente, pero nunca al mismo nivel.

Industria textil

Y poco después, André Gillier, el principal fabricante de prendas de punto de Francia, y amigo de René, se puso en contacto con él para proponerle asociarse y vender reproducciones de esta prenda revolucionaria. Finalmente, sería en 1933 cuando la unión se cerró y lanzaron su propia marca para la venta de esas nuevas prendas a gran escala. Se llamó Lacoste, y por primera vez, incluía su logo bordado en la ropa. Era, claro, un cocodrilo.

Su primer catálogo no solo incluía camisas para tenis, sino que también incluía prendas para golf y vela. Revolucionó de inmediato la ropa deportiva masculina, sustituyendo las camisas clásicas. Comienza la producción industrial de los polos Lacoste. El primero recibe el nombre L. 12. 12, en el que la L representa la marca, el 1 el tejido Petit Piqué seleccionado, el 2 las mangas cortas, y el 12 el número del prototipo final. Era un auténtico concentrado de innovaciones textiles, y revolucionó los códigos de elegancia franceses.

Severiano Ballesteros con un polo de Lacoste
El tenista español Severiano Ballesteros, con un polo de Lacoste. Fueron pioneros en el patrocinio deportivo. | Imagen: Alamy

René Lacoste hizo una gran presión entre sus amigos tenistas para que utilizasen su ropa durante las competiciones, siendo el jugador de la selección francesa André Merlin el primero que jugaría con un polo Lacoste. Esta audaz iniciativa se convirtió en el primer caso de patrocinio deportivo de la historia. Se convertiría en una estrategia habitual para la marca, que apoyó a numerosos tenistas, incluyendo leyendas como Novak Djokovic; a equipos franceses, tanto en la Copa Davis, como en la Copa Federación o en los Juegos Olímpicos; pero también a golfistas, como el español Seve Ballesteros.

En pleno crecimiento, la II Guerra Mundial les obligó a paralizar la producción, que no retomaron hasta 1946. Inicialmente continuaron enfocados en el mercado francés, pero ya en 1951 empezaron a exportar sus prendas a Italia, y un año después a Estados Unidos. Además, añadieron a su catálogo los colores: sus polos dejaron de ser solo blancos. Para 1961 llegaría el salto a España, donde no solo vendían, sino que también comenzaron a producir aquí. En pocas décadas, millones de personas en todo el mundo estaban vistiendo polos de Lacoste.

Líneas de negocio

Pero René Lacoste, que tenía alma de ingeniero, también se introdujo en otros campos, en concreto, en el de las raquetas que tan bien conocía. Primero, inventó la almohadilla antivibración para las cuerdas, que reducía las vibraciones de la pelota al impactar con la raqueta y evita que se transmitan al brazo. Y poco después desarrolló la primera raqueta de acero, una idea revolucionaria ante las omnipresentes raquetas de madera. Comercializada por la marca Wilson, contribuyó a la consecución de 46 títulos de Grand Slam entre 1966 y 1978, con Jimmy Connors y Billi Jean King como grandes embajadores. Su impacto fue tan grande que las raquetas de madera desaparecieron completamente del circuito en 1984.

Lacoste siguió expandiendo sus líneas de negocio, con el lanzamiento primero de su propia colonia, en colaboración con Jean Patou, y después gafas de sol. Incluso llegarían a colaborar con Peugeot, para lanzar una serie limitada del modelo 205. Además, abrieron la París su primera tienda propia, en la prestigiosa Avenida Víctor Hugo. Después llegarían el resto de tiendas en las calles más relevantes del mundo.

Raqueta de Lacoste
Raqueta de acero creada por Lacoste. | Imagen: Dreamstime

René Lacoste falleció en 1996, a los 92 años de edad, un mes antes de la victoria francesa en la Copa Davis, con todos los honores posibles.

El polo, por su parte, siguió su propio camino. Uno de los que abrazó con más fuerza esta prenda fue el diseñador Ralph Lauren, que en 1972 hasta decidió lanzar su propia línea Polo, dedicada en exclusiva a esta prenda. Su apoyo fue el empuje definitivo para que se convirtiera en un imprescindible entre los armarios de los hombres. Da igual cuánto haya evolucionado la forma de vestir, que sigue siendo un clásico que nunca pasa de moda.

Pocas veces una innovación tan sencilla ha tenido un impacto tan duradero. Lo que comenzó como la respuesta de un tenista a las limitaciones de la ropa con la que competía acabó transformando la forma de vestir dentro y fuera del deporte. Casi un siglo después, el polo sigue siendo una de las prendas más reconocibles del armario contemporáneo, mientras el cocodrilo de Lacoste permanece como un símbolo de calidad, elegancia e innovación. La historia de la marca demuestra que las grandes revoluciones no siempre nacen de un laboratorio o de un consejo de administración: a veces empiezan en una pista de tenis, cuando alguien se atreve a desafiar las normas para encontrar una manera mejor de hacer las cosas.


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