jueves, 19 de marzo de 2026

Caldo de huesos, chía o kombucha: ¿funcionan realmente los alimentos "virales" para mejorar la salud de tu intestino?

 


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La salud intestinal se ha convertido en una de las palabras de moda favoritas en redes sociales.

Desde beber agua de semillas de chía a primera hora de la mañana hasta añadir gel de musgo marino a los batidos y tomar caldo de huesos para "sanar" el intestino: son productos a los que se les atribuyen beneficios que van desde un mejor estado de ánimo hasta más energía.

Pero detrás de los alimentos virales la realidad es más compleja, afirman los científicos, especialmente porque se trata de un campo en desarrollo con nueva evidencia que surge casi a diario.

Si bien el microbioma intestinal desempeña un papel crucial en nuestro bienestar, la evidencia para muchas de estas soluciones es escasa y, para la mayoría de las personas sanas, obsesionarse con la "sanación" intestinal puede ser innecesario.

¿Qué es el microbioma intestinal?

La presentadora científica de la BBC Caroline Steel describe el intestino como todo el tracto digestivo, desde la boca hasta el ano.

En su interior reside el microbioma intestinal: billones de bacterias, virus y hongos que desempeñan un papel crucial en el funcionamiento del cuerpo e "impactan en la salud mental y física".

Steel afirma que "nuestro microbioma intestinal es más único que nuestra huella dactilar" y que un microbioma saludable está vinculado a una mejor extracción de energía de los alimentos, la regulación del azúcar en sangre y la defensa inmunitaria.

Las investigaciones también sugieren vínculos entre la salud intestinal y el bienestar mental, incluyendo menos ansiedad y un mejor estado de ánimo.

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¿Cumplen las expectativas los alimentos virales?

El microbiólogo Alan Walker y la doctora Megan Rossi, científica especializada en salud intestinal, afirman que muchos alimentos de moda contienen "una pequeña porción de verdad", pero a menudo se venden como productos milagrosos.

  • Agua de semillas de chía: las semillas de chía son ricas en fibra, "que puede alimentar a las bacterias intestinales beneficiosas y ayudar a la regularidad intestinal", según Rossi. Walker explica que ninguna fuente de fibra es suficiente por sí sola, ya que diferentes microbios se alimentan de diferentes fibras, por lo que la diversidad es más importante que un solo ingrediente. "Beber agua de semillas de chía no tiene ningún riesgo", dice, pero tiene pocos beneficios por sí sola.
  • Tragos de aceite de oliva: el aceite de oliva es ampliamente reconocido por sus beneficios antiinflamatorios, es cardiosaludable y puede ayudar a aliviar el estreñimiento, explica Walker. Sin embargo, hay poca evidencia de que tomarlo en un "trago" concentrado mejore específicamente el microbioma. "No hay una diferencia significativa entre beberlo solo o añadirlo a la comida", dice Walker.
  • Gel de musgo marino: el gel de musgo marino, un tipo de alga, se ha convertido en un producto muy popular por su aporte de fibra y ciertas vitaminas y minerales. Sin embargo, Rossi explica que "hay muy poca evidencia científica que respalde su uso para mejorar el microbioma intestinal o la función digestiva". Desaconseja especialmente el consumo de dosis altas, sobre todo en personas con enfermedad inflamatoria intestinal. Walker señala que la posible desventaja del gel de musgo marino es que las algas son una fuente de metales pesados y yodo, y su consumo excesivo puede causar problemas de salud.

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  • Caldo de huesos: el caldo de huesos se elabora cociendo a fuego lento en agua huesos de animales con un ingrediente ácido (como vinagre) y hierbas o verduras durante al menos 24 horas con el fin de extraer proteínas y minerales. Es rico en nutrientes y puede ser un alimento reconfortante, pero Walker explica que la mayoría de sus nutrientes se absorben en el intestino delgado, mientras que la mayoría de los microbios intestinales viven en el intestino grueso. Esto significa que poca cantidad llega a los propios microbios. "No hay pruebas sólidas de que tenga efectos beneficiosos sistemáticos sobre el microbioma intestinal", añade. Rossi coincide y añade que ha observado "el efecto negativo que puede tener en los niveles de colesterol si no se elimina la grasa saturada de la superficie".
  • Kombucha: la kombucha es un té fermentado y Rossi dice ser "una gran aficionada" de la kombucha tradicional porque contiene ácidos naturales y compuestos vegetales antioxidantes creados durante la fermentación, que se relacionan con beneficios para la salud. Sin embargo, al igual que el aceite de oliva extra virgen, no todas las kombuchas son iguales. "Hay que buscar los flotadores, que son una señal de un cultivo de kombucha vivo haciendo su magia; verifica si tiene vinagre agregado: el producto verdadero no necesita este agregado ya que los microbios lo hacen por sí mismos; y descarta las variedades sin azúcar con edulcorantes agregados, incluida la stevia", señala.

Steel indica que las señales de que algo anda mal con el intestino pueden incluir estreñimiento persistente, diarrea, exceso de gases o dolor abdominal constante.

En estos casos, explica que es importante consultar a un médico en lugar de recurrir a dietas de eliminación extremas.

"Si tienes un problema intestinal, algo como eliminar el pan no lo va a curar".

Enfatiza que la mayoría de las personas no necesitan intervenciones dietéticas drásticas y que "la mayoría de nosotros no necesitamos curar nuestro intestino, ya que si tu intestino está sano, nada de esto va a marcar la diferencia".

En lugar de seguir las tendencias, dice que hay algunas cosas fáciles que se pueden hacer para mantener un intestino sano, como "comer más plantas, aumentar la fibra y reducir los alimentos ultraprocesados".


  • Yasmin Rufo
  • Título del autor,BBC News
    08/02/2026
    https://www.bbc.com/mundo/articles/c89q9v9pw45o

miércoles, 18 de marzo de 2026

La guerra de las enciclopedias: Elon Musk contra Wikipedia



Wikipedia cumplió 25 años el 15 de enero. La batalla más importante de su historia acaba de empezar. ¿Podrá sobrevivir?


La mayor base de conocimiento jamás creada. Uno de los mayores experimentos de colaboración humana. Así es Wikipedia: un acervo vivo que pertenece a todos. La dirige una fundación sin ánimo de lucro. Sin publicidad. Sin recogida de datos personales. Vive de las donaciones de particulares.

Su mayor logro en estos 25 años ha sido generar consensos sobre temas espinosos. Un reciente estudio de la Universidad de Cambridge destaca que con el tiempo se ha vuelto más fiable. Siempre persiguiendo esa quimera que es la neutralidad. Algo inalcanzable en la práctica. El historiador Edward H. Carr ya lo advirtió: al seleccionar qué hechos son relevantes y cuáles no, se introduce inevitablemente una interpretación, una visión del mundo. Una idea extensible tanto al periodismo, al decidir qué es noticiable, como a las entradas de una enciclopedia online.

Por eso los conflictos de Oriente Medio también saltan a sus páginas. Allí, un ejército de voluntarios anónimos actualiza contenidos y debate qué eventos añadir y cómo contextualizarlos hasta lograr consenso. Varias versiones de un mismo hecho se generan en la trastienda, pero solo una es visible. Por debajo, cuando el tema es sensible, estallan guerras de edición. Ya sea sobre Gaza o sobre figuras políticas controvertidas como Charlie Kirk.

Cualquiera puede publicar siguiendo el principio de que todo hecho requiere una fuente fiable, verificable, con estándares reconocidos. Por detrás, los editores revisan. En casos extremos se limita quién puede trabajar en ciertas entradas. A 14 editores, por ejemplo, se les prohibió editar páginas relacionadas con Israel y Palestina. En otros casos solo pueden participar quienes han contribuido numerosas veces. Son excepciones. Pero existen mecanismos de control: una jerarquía dentro de la edición e incluso un comité de arbitraje para los casos más polémicos.

Hasta ahora ha sido posible llegar a acuerdos. Pero el proyecto fue concebido en otra era. Una era anterior a las redes sociales, cuando el ritmo de la información permitía mayor deliberación. Un debate más sosegado. Hoy irrumpen dos fuerzas poderosas que lo impiden. Por un lado, los algoritmos prometen respuestas instantáneas. Por otro, la polarización política convierte cada dato en campo de batalla ideológico. Resulta muy tentador controlar esta inmensa base de conocimiento.

El 20 de enero de 2025, un editor decidió incluir una nota sobre Elon Musk. Mencionaba que durante un mitin político había realizado el saludo nazi desde el escenario. A los pocos minutos se debatía ya una entrada. El primer punto conflictivo: decidir si ese gesto era suficientemente relevante. Después vendría cómo debía recogerse. Hoy la polémica tiene su propia página.

El episodio no se quedó ahí. No sentó bien al propietario de X, antes Twitter, que ya había tenido un enfrentamiento personal con Jimmy Wales, uno de los fundadores de la enciclopedia. Llovía sobre mojado. Desde entonces, Musk intensificó sus críticas por lo que considera un sesgo woke. Llegó a afirmar que era una extensión de la propaganda de los medios tradicionales. Y denunció la ausencia de medios conservadores como fuentes autorizadas.

Canalizó su furia creando un competidor. A finales de octubre de 2025 lanzó Grokipedia. La presentó como una enciclopedia mejorada y sin sesgos, con contenidos más precisos gracias a la inteligencia artificial. Ya no es una red de personas y sus deliberaciones la que crea y valida el contenido. Ahora son las máquinas. El día del lanzamiento, Musk compartió en X: «El objetivo aquí es crear una colección completa y de libre acceso a todo el conocimiento«.

Por supuesto, este lanzamiento quedó recogido en Wikipedia:

Aunque aún se desconocen los detalles de su funcionamiento, los visitantes pueden sugerir ediciones mediante un formulario emergente para reportar información errónea. Pero, a diferencia de Wikipedia y otras enciclopedias basadas en wikis, no pueden editar directamente los artículos.

Grokipedia tiene su propia entrada, donde se define así:

Grokipedia es una enciclopedia online basada en IA. Fue anunciada por Elon Musk el 30 de septiembre de 2025, en respuesta a las críticas de David O. Sacks sobre el sesgo de Wikipedia, y lanzada el 27 de octubre de 2025 por xAI, una empresa estadounidense de inteligencia artificial fundada por Musk.

La definición esconde un detalle revelador: menciona como promotor intelectual del proyecto al principal asesor de la Casa Blanca en materia de IA. Vínculo directo entre esta iniciativa y la necesidad del poder político de controlar bases de conocimiento que no considera afines.

Pero la amenaza de la IA para Wikipedia no solo se materializa en el proyecto de Musk. También actúa desde dentro. Hoy muchos accesos no son de personas que buscan información. Son algoritmos que usan su contenido para entrenarse. Los grandes modelos de lenguaje se nutren de ella. Pero si la gente obtiene respuestas directamente de ChatGPT, Gemini o Perplexity, deja de visitarla. Y eso ya se nota: aunque se mantiene en el top 10 de páginas más visitadas del mundo, el número de usuarios ha descendido.

A esto se suma otro problema. Parte del contenido empieza a ser generado por IA. Los voluntarios que revisan no pueden controlarlo todo. La velocidad a la que se genera información es demasiado alta. Arrastra errores y alucinaciones más rápido de lo que ningún ejército humano puede detectar.

Wikipedia es, con todas sus imperfecciones, un faro en la era de la posverdad. Un proyecto que ha madurado. Fiable no por alcanzar una neutralidad imposible, sino porque son personas reales las que debaten, negocian y construyen cada entrada. Personas que muestran las fuentes, los desacuerdos, el proceso. La paradoja: ese modelo humano y colaborativo se convierte en debilidad cuando el mundo abraza la inmediatez de las máquinas y la polarización del debate. Veinticinco años después de su nacimiento está amenazada. La batalla por controlar el conocimiento acaba de comenzar.




porFernando Maldonadohttps://retinatendencias.com/negocios/la-guerra-de-las-enciclopedias-elon-musk-contra-wikipedia/

martes, 17 de marzo de 2026

¿Cuánto influyen realmente los genes en nuestra longevidad y cuánto el estilo de vida? Lo que dice la nueva evidencia científica quizás te sorprenda


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¿En qué medida influyen tus genes en tu longevidad? Es una pregunta que nos cautiva y que se ha debatido durante décadas.

Durante años, la respuesta parecía definitiva: la genética explica entre el 20% y el 25% de la variación en la esperanza de vida humana, y el resto se debe al estilo de vida y al entorno.

Pero un nuevo estudio publicado en Science cuestiona esta perspectiva y afirma sugiere que la contribución genética es considerablemente mayor.

La razón, según los investigadores, es que las estimaciones previas no tenían en cuenta cómo han cambiado las causas de muerte con el tiempo.

Hace un siglo, muchas personas morían por lo que los científicos llaman causas extrínsecas: accidentes, infecciones y otras amenazas externas.

Hoy en día, al menos en los países desarrollados, la mayoría de las muertes se deben a razones intrínsecas: el desgaste gradual de nuestros cuerpos a causa del envejecimiento y enfermedades relacionadas con la edad, como la demencia y las cardiopatías.

Para obtener una visión más clara, el equipo de investigación analizó numerosos grupos de gemelos escandinavos, excluyendo cuidadosamente los fallecimientos por causas externas.

También estudiaron a gemelos criados por separado y a hermanos de centenarios en Estados Unidos.

Al excluir las muertes por accidentes e infecciones, la contribución genética estimada aumentó drásticamente: del habitual 20-25% a alrededor del 50-55%.

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Tus genes no han cambiado. El ambiente que te rodea sí.

El patrón cobra sentido al analizar enfermedades individuales. La genética explica gran parte de la variación en el riesgo de demencia, tiene un efecto intermedio en las enfermedades cardíacas y desempeña un papel relativamente modesto en el cáncer.

A medida que los entornos se vuelven más favorables, las poblaciones envejecen y las enfermedades causadas por el propio proceso de envejecimiento se vuelven más comunes, el componente genético parece naturalmente mayor.

Nuestros genes no se han vuelto más poderosos

Pero aquí es donde la interpretación se vuelve crucial. Una estimación más alta no significa que los genes se hayan vuelto repentinamente más poderosos, ni significa que solo se pueda influir en la mitad de las probabilidades de llegar a la vejez.

Lo que ha cambiado es el entorno, no nuestro ADN.

Consideremos la estatura humana como ejemplo. Hace cien años, la altura dependía en gran medida de si se tenía suficiente comida y de si las enfermedades infantiles retrasaban el crecimiento.

Hoy en día, en los países ricos, casi toda la población tiene una nutrición adecuada.

Debido a que estas diferencias ambientales se han reducido, la mayor parte de la variación restante en la estatura se explica ahora por diferencias genéticas, no porque la nutrición haya dejado de importar, sino porque la mayoría de las personas ahora alcanzan su potencial genético.

Sin embargo, un niño desnutrido seguirá sin lograr una estatura adecuada, independientemente de sus genes.

El mismo principio se aplica a la esperanza de vida. A medida que hemos mejorado la vacunación, reducido la contaminación, enriquecido la dieta y adoptado estilos de vida más saludables, hemos disminuido el impacto general de los factores ambientales.

Cuando la variación ambiental disminuye, la proporción de variación restante atribuida a la genética —lo que los científicos denominan "hereditabilidad"— aumenta por necesidad matemática.

Las estimaciones anteriores no eran erróneas; simplemente reflejaban circunstancias históricas diferentes.

Esto revela algo fundamental: la hereditabilidad no es una propiedad biológica fija, sino una medida que depende completamente de la población y las circunstancias que se analizan.

La cifra tradicional del 20-25% describía la esperanza de vida tal como se experimentaba en poblaciones históricas, donde las amenazas externas eran importantes.

La nueva estimación del 50-55% describe un escenario diferente, donde dichas amenazas se han eliminado en gran medida, lo que en esencia describe un rasgo distinto.

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La contribución genética en la esperanza de vida hoy en día aumentó drásticamente: a alrededor del 50-55%.

La cifra principal de una esperanza de vida de alrededor del "50% heredable" corre el riesgo de malinterpretarse, como si los genes determinaran la mitad de las posibilidades de vida de una persona.

En realidad, la contribución genética en un individuo determinado puede variar de muy pequeña a muy grande, dependiendo de sus circunstancias.

Existen innumerables caminos hacia una larga vida: algunas personas tienen perfiles genéticos robustos que las protegen incluso en condiciones difíciles, mientras que otras compensan una genética menos favorable con una excelente nutrición, ejercicio y atención médica.

Cada persona representa una combinación única, y muchas combinaciones diferentes pueden resultar en una longevidad excepcional.

Las combinaciones más comunes dependen completamente de la población y de las circunstancias en las que las personas viven y envejecen. A medida que las causas externas de muerte continúan disminuyendo en el mundo real, aunque no desaparecerán por completo, será fascinante observar cómo evolucionan estos patrones.

Los autores de este último estudio admiten que aproximadamente la mitad de la variación en la esperanza de vida aún depende del entorno, el estilo de vida, la atención médica y procesos biológicos aleatorios, como la división celular descontrolada en el cáncer.

Su trabajo, argumentan, debería renovar los esfuerzos para identificar los mecanismos genéticos involucrados en el envejecimiento y la longevidad.

Comprender cómo interactúan los diferentes factores genéticos con los diferentes entornos es probablemente la clave para explicar por qué algunas personas viven mucho más que otras.

El estudio ofrece información valiosa sobre cómo los diferentes tipos de mortalidad han moldeado nuestra comprensión de la esperanza de vida.

Sin embargo, sus resultados se entienden mejor como una muestra de cómo cambia la hereditabilidad en diferentes contextos, en lugar de establecer una contribución genética única y universal a la longevidad.

En definitiva, tanto los genes como el entorno importan. Y, quizás aún más importante, importan juntos. Así que, independientemente de si esto parece una buena o mala noticia, probablemente nunca obtendrás una respuesta sencilla sobre qué parte de tu esperanza de vida está determinada únicamente por los genes. 


  • Karin Modig
  • Título del autor,The Conversation *
    07/02/26
    https://www.bbc.com/mundo/articles/cvgrd93eyg9o

lunes, 16 de marzo de 2026

Aumenta la toxicidad ambiental causada por plaguicidas en todo el mundo


España es el tercer mayor exportador de plaguicidas prohibidos en la Unión Europea (UE), según Greenpeace, GREENPEACE / Europa Press


Científicos alemanes revelan los productos químicos, los países y los cultivos que generan los mayores impactos ambientales, con un consumo que se aleja del compromiso global de reducirlo a la mitad en 2030


A pesar de los compromisos internacionales para poner freno a los plaguicidas, la toxicidad global por estas sustancias químicas usadas en la agricultura no deja de aumentar, poniendo en riesgo la biodiversidad global. Lejos de caminar hacia su reducción a la mitad para 2030, como se acordó en 2022 en una cumbre mundial, estos productos generan cada vez más problemas a numerosas especies. Así lo concluye una exhaustiva investigación de científicos de la Universidad de Kaiserslautern-Landau (Alemania), que ha analizado los riesgos de 625 de estas sustancias para ocho grupos diferentes de seres vivos.

Las investigaciones sobre los impactos de productos usados para aumentar el rendimiento de las cosechas vienen de lejos, pero hasta ahora se habían centrado en especies o compuestos concretos. Ahora, los autores buscaban una forma de poder evaluar su toxicidad a nivel general, dado que la expansión de las tierras de cultivo, la intensificación de la producción y la resistencia a las plagas están incrementando su uso. Los últimos datos de la FAO de 2023 señalan que los agricultores del mundo utilizan al año más de 3,73 millones de toneladas de estos productos sintéticos, un 14% más que la década anterior y, aunque ese año se frenó el aumento -especialmente por las medidas tomadas en China y la UE-, cada vez son más las que se acumulan en el medio ambiente. Según este trabajo, publicado en la revista Science, serían necesarias “medidas más drásticas” de las que se toman, sobre todo en relación a unas pocas sustancias que causan un gran daño cuando se analizan juntas.

Jakob Wolfram y sus colegas destacan el desarrollo de una metodología que permitirá saber, a nivel general, qué está pasando: “Utilizamos datos sobre el uso de cada plaguicida por cantidad, país y año, así como su toxicidad para ocho grupos de organismos; es algo que con pocos datos proporciona una indicación sencilla del posible impacto de esos plaguicidas en la biodiversidad, y eso permite ver las tendencias y evaluar si se cumplen los objetivos de la ONU. Además, por primera vez se evalúa un conjunto global de plaguicidas en relación con los riegos que suponen para las especies”, explica a La Vanguardia Wolfram, el primer firmante del artículo.

En concreto, recogieron datos de entre 2013 y 2019, aunque se explica que no hay grandes cambios hasta hoy. Partieron de los umbrales máximos de toxicidad autorizados en seis países (Australia, Canadá, China, Nueva Zelanda, EE.UU. y Japón) y en la Unión Europea para ocho grupos de especies (plantas acuáticas, invertebrados acuáticos, peces, artrópodos terrestres, polinizadores, organismos del suelo, vertebrados terrestres y plantas terrestres). En total, abarcan el 80% de los cultivos de la Tierra. Querían establecer cómo la toxicidad por estos compuestos químicos aumenta en los países y en cultivos y cómo afecta a gran parte de la vida que hay alrededor. 

Encontraron que unos pocos productos (entre 20 y 34 de los 625, según el país) son los que causan un gran daño ecológico porque no sólo impactan en las plagas que son su ‘diana’, sino en otras especies. Solo los utilizados en frutas y verduras, maíz, soja, cereales y arroz suponen entre el 76% y el 83% de la toxicidad global por plaguicidas. También son las mayores producciones. Por países, China, Brasil, Estados Unidos e India juntos contribuyen entre el 53% y el 68% de esa tasa global de toxicidad. De ellos, solo China ha logrado frenar el aumento de su uso y está en fase descendente. También en la UE ha disminuido, aunque los plaguicidas químicos siguen siendo más del 75% del total. 

“Esto demuestra que se requieren acciones sustanciales a nivel mundial”, señala los científicos. En el caso europeo, podría haber un parón: tras años de avances, en 2024 la Comisión se desmarcó del objetivo de la ONU del 50% menos a final de esta década, una decisión tomada tras numerosas protestas de los agricultores, que consideran que sin estos productos son menos competitivos.

Hay que recordar que en la mencionada Cumbre de la Biodiversidad Kunming-Montreal no se fijó el nivel base de pesticidas sobre el que habría que reducir a la mitad. Es por ello que los investigadores alemanes han desarrollado este índice de medición llamado “toxicidad total aplicada agregada (TAT)”, que mide el riesgo ambiental de todos los plaguicidas usados a lo largo del tiempo y con toda su gama de toxicidades.

Según sus resultados, en seis de los ocho grupos de especies analizados causan graves impactos. Eso incluye todos los invertebrados y plantas terrestres. Entre los más afectados, los artrópodos de tierra, los organismos del suelo y los peces, dado que acaban en los ríos. Tampoco tienen buenas noticias para los polinizadores. Y lo peor lo encuentran en los territorios con más agricultura intensiva. El continente americano, norte y sur, Europa Occidental y Asia Meridional y Oriental se sitúan los primeros del ranking.

El trabajo destaca el alto nivel de toxicidad de insecticidas como piretroides (muy usados contra plagas de orugas o escarabajos) y de organofosforados (que afectan al sistema nervioso central) en todos los invertebrados acuáticos, los peces y los artrópodos terrestres. También los neonicotinoides, que matan a los polinizadores. Respecto a los herbicidas, mencionan la acetamida (se usa contra las malas hierbas en cereales) y los bipiridilos (para limpiar campos desecando lo verde); combinados con el glifosato (que en la UE se ha autorizado hasta 2033), son un cóctel que, aseguran, impiden tener suelos sanos.

Por países, mencionan la gran intensidad de uso de plaguicidas por hectárea en Brasil, Argentina, EEUU, China y Ucrania. Los tres primeros, como recuerdan, cultivan un alto porcentaje de semillas transgénicas, así que esto indicaría que no son una opción para rebajar el nivel de toxicidad. Precisamente, los principales proveedores de la UE para el maíz son, por este orden, EEUU, Brasil y Ucrania. Como ejemplo positivo ponen a Chile, el único que, de seguir así, podría alcanzar la meta de la ONU para 2030. “Lo crucial es entender los patrones para cada cultivo, dado que su distribución futura dependerá del mercado y del cambio climático. Los cultivos que cubren grandes áreas y los muy especializados, que requieren pesticidas muy tóxicos, son claves en las estrategias futuras para salvaguardar la biodiversidad”, argumentan.

Wolfram y su equipo defienden que habría que volver a los niveles de plaguicidas químicos que había hace más de 15 años, lo que implica un cambio en la agricultura global. Aunque observan que en algunos países se avanza y se prohiben productos, no lo suficiente para considerar lo tóxicas que pueden ser las mezclas de varios. Tampoco les vale que se sustituyan unas sutancias por otras que solo trasladan el riesgo de unas especies a otras. Apuetan mejor por aumentar el uso de biopesticidas y reducir las cantidades utilizadas, aunque ello implique producir menos piensos y más alimentos directos; es decir, un cambio de una dieta con mucha carne a una más vegetariana, además de reducir el desperdicio alimentario. El beneficio: “Que la biodiversidad mejora la calidad del suelo”.

En la investigación echan en cara a las naciones la falta de datos. Consideran que deben recopilar y compartir mejor información sobre los ingredientes químicos activos que se usan en sus territorios, lo que servirá para la toma de decisiones eficaces para frenar esta pérdida de biovidersidad, que consideran muy grave. En eso su trabajo quiere ser un apoyo: “Este indicador que desarrollamos es una forma bastante fácil de calcular los valores de toxicidad y observar su evolución. Cada país puede ver su situación y decidir qué tóxicos debe sustituir  o en qué cultivos es más urgente apostar por la agricultura orgánica. Esto es positivo, aunque las tendencias actuales apuntan a un aumento de tasa de toxicidad. Lo negativo es que, si no se toman medidas, la degradación de los ecosistemas seguirá avanzando”, concluye Wolfram.

En España, ya se han documentado daños en especies muy concretas por uso de estos productos. En 2023, un trabajo del CSIC, coordinado por la química Ethel Eljarrat, detectó que el aumento de su uso en el entorno de Doñana estaba afectando a la capacidad reproductiva de aves como el águila calzada. Incluso detectaron en algunos huevos restos de DDT, prohibido desde 1977. También observaron un aumento de la presencias de los piretroides que menciona este trabajo. Al año siguiente, con el mismo proyecto hallaron pesticidas prohibidos en la UE desde 2009, tanto en los sedimentos como en el agua del parque nacional andaluz como en el de las Tablas de Daimiel.

“Es muy preocupante que el control, incluso en la UE, que estos investigadores sitúan como la región mejor posicionada del mundo, se apueste por relajar los controles, pese a lo que señalan los estudios científicos. Esta investigación hace un mapa claro de la situación global, pero a medida que la ciencia avanza desespera ver cómo se eliminan controles a plaguicidas que años después de ser autorizados se demuestra que son dañinos”, concluye.


domingo, 15 de marzo de 2026

EEUU aprueba la venta de un nuevo colirio que elimina los efectos de la presbicia




El Yuvezzi es un colirio que se aplica una sola vez al día y elimina la presbicia durante 10 horas. (iStock)


La FDA estadounidense acaba de aprobar Yuvezzi, un colirio de doble acción contra la presbicia que restaura la visión de cerca hasta 10 horas con solo una aplicación diaria



Una sola gota al día de un colirio puede sustituir a las gafas de leer de muchas de las personas que sufren de presbicia. Yuvezzi, una terapia desarrollada por la compañía biotecnológica Tenpoint Therapeutics, acaba de recibir la aprobación de la Food and Drug Administration FDA (la agencia del medicamento estadounidense) para su venta y es el primer colirio de doble acción que restaura la visión de cerca hasta 10 horas.

La presbicia o la vista cansada es la pérdida de visión cercana que llega con la edad, normalmente a partir de los 40 años. El cristalino del ojo se endurece y pierde capacidad para enfocar objetos próximos, lo que obliga a usar gafas de lectura o lentillas para tareas como coser un botón o leer este artículo. La OMS estima que actualmente hay aproximadamente 2.000 millones de personas con presbicia en todo el mundo. Para 2050, esa cifra podría superar los 4.000 millones de personas.

La agencia estadounidense ha dado luz verde al medicamento tras el éxito de dos estudios de Fase 3 de Yuvezzi. Estos ensayos clínicos siguieron a los participantes durante 12 meses en los que monitorizaron más de 72.000 días de tratamiento, lo que representa el estudio de seguridad más largo realizado en presbicia hasta la fecha.

Por ahora, la terapia está aprobada solo en Estados Unidos. Aunque Tenpoint Therapeutics ya tiene acuerdos de licencia en varios países de Asia-Pacífico, todavía no hay fecha para una posible llegada a Europa. "La aprobación de la FDA de Yuvezzi representa un hito significativo para los millones de personas en Estados Unidos que viven con presbicia y sus frustraciones y desafíos diarios", afirmó Henric Bjarke, director ejecutivo de la compañía. "Yuvezzi aprovecha los mecanismos del carbachol y el tartrato de brimonidina para ofrecer una visión cercana nítida con una tolerabilidad favorable".


Cómo funciona

Yuvezzi actúa en 30 minutos y puede mantener su efecto hasta 10 horas con una sola gota diaria en cada ojo. Los ensayos clínicos demostraron mejoras significativas en la agudeza visual cercana binocular sin corrección durante 8 horas.


placeholderVizz es uno de los colirios antipresbicia que ya está en el mercado. (Vizz)
Vizz es uno de los colirios antipresbicia que ya está en el mercado. (Vizz)

La doble acción que tiene el tratamiento se debe a la combinación de sus dos principios activos. El carbachol reduce el tamaño de la pupila, creando un efecto agujero de alfiler similar a cerrar el diafragma de una cámara fotográfica. La reducción de la pupila extiende la profundidad de campo del ojo y permite enfocar objetos cercanos con nitidez. El otro principio, el tartrato de brimonidina, mantiene las pupilas contraídas durante más tiempo, prolongando el efecto del tratamiento y reduciendo el número de aplicaciones necesarias para lograr el efecto.

Los resultados de los estudios mostraron que no hubo efectos adversos graves relacionados con el tratamiento. Además, el enrojecimiento ocular —uno de los efectos secundarios más comunes en otros colirios para la presbicia— apareció en el 2,8% de los participantes que usaron Yuvezzi, una cifra significativamente menor que el 10,7% registrado en quienes recibieron únicamente carbachol.


No es para todos los públicos

"El impacto de la presbicia a menudo se subestima, y las soluciones actuales como gafas, lentes de contacto o cirugía no han logrado satisfacer las necesidades del mundo real de las personas que luchan con tareas cercanas", asegura John Hovanesian, del Harvard Eye Associates en California. "Yuvezzi introduce un enfoque novedoso que representa un paso importante adelante en ofrecer una opción completa y no invasiva para personas con presbicia".

Yuvezzi no es el primer tratamiento de este estilo en llegar, pero sí el que requiere menos dosis. En 2021 se puso a la venta el Vuity (pilocarpina) como primera solución farmacológica, y más recientemente Vizz (acelidina). El coste del estos tratamientos, que tampoco están disponibles en Europa, ronda los 70 a 100 dólares al mes.

El precio de Yuvezzi no se conoce todavía, pero probablemente no bajará de esas cifras. Tampoco se sabe si superará las limitaciones que tienen los otros colirios, cuyo efecto es normalmente mayor en personas de 40 a 55. Tampoco no se recomienda usarlos si conduces de noche o trabajas en ambientes con poca luz, ya que la pupila pequeña reduce la entrada de luz y puede ser peligroso.