jueves, 18 de junio de 2026

La Bóveda del Oro en la que EE.UU. guarda toneladas de lingotes de otros países (y por qué en Europa se plantean recuperarlo)


Fotos: New York Fed / Montaje: Caroline Souza


A 25 metros bajo tierra, en la Liberty Street de Nueva York, la Reserva Federal de Estados Unidos custodia en el sótano de su sede más de medio millón de lingotes de oro propiedad de bancos centrales, gobiernos e instituciones de todo el mundo.

Esta cámara acorazada está protegida por un cilindro de acero de 90 toneladas y, una vez cerrada, su gigantesca cerradura no puede abrirse hasta el día siguiente.

Es la Bóveda del Oro de la Fed, el mayor depósito de oro conocido del mundo, y alberga unas 6.300 toneladas en pilas de lingotes cuyo valor al precio actual supera el billón de dólares, aproximadamente el 4% del Producto Interno Bruto de Estados Unidos.

La Bóveda juega un papel crítico para la estabilidad del sistema financiero mundial, ya que muchos países guardan aquí sus reservas de oro, el activo refugio por excelencia con el que respaldar sus monedas y hacer frente a otras contingencias en escenarios de crisis.

El oro era y es visto como un valor seguro frente a momentos de turbulencias financieras o volatilidad geopolítica y la pérdida de valor de los capitales a causa de la inflación, por lo que el preciado metal representa una parte significativa de las reservas de los bancos centrales de todo el mundo, sobre todo los europeos.

"Es uno de sus activos más importantes porque, ante acontecimientos geopolíticos adversos, les permite actuar como prestamistas de último recurso para bancos y compañías e intervenir en los mercados de cambio", le dijo a BBC Mundo Barry Eichengreen, experto en el sistema monetario internacional de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos.

Durante décadas, Estados Unidos y su Reserva Federal fueron percibidos como los custodios más fiables de un activo tan esencial, especialmente por muchos países europeos que se veían amenazados por el poder de la Unión Soviética y fueron acumulando allí grandes cantidades de reservas de oro.

Pero desde el regreso de Donald Trump al poder políticos y expertos europeos han planteado la conveniencia de repatriar el oro que guardan en ese país.

El desapego del presidente por los compromisos internacionales y sus diferencias con los aliados europeos de Estados Unidos sobre asuntos como los aranceles, la soberanía danesa de Groenlandia o, más recientemente, la guerra contra Irán, han sembrado la inquietud sobre la seguridad del oro europeo que guarda la Fed.

Cómo llegó el oro europeo a Estados Unidos

Al contrario que Rusia, cuyo banco central guarda sus reservas de oro en su propio territorio, lo que lo protege del posible impacto de las sanciones occidentales, varios países europeos aún mantienen las suyas en el exterior, muchas de ellas en la Bóveda del Oro neoyorquina.

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Harry Benson / Getty

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Los países europeos acumularon su oro en Estados Unidos a partir de la década de 1950 por temor a la amenaza soviética.

El oro europeo comenzó a acumularse allí a partir de los años 1950.

Según Eichengreen, "Alemania y otros países europeos cuyas economías se estaban recuperando y cada vez exportaban más a Estados Unidos y recibían los pagos en una combinación de oro y dólares".

"Cuesta dinero poner el oro en un barco o en un avión y contratar seguros para proteger el envío, así que les pareció buena idea almacenarlo en la bóveda de la Reserva Federal, que además no cobra por la custodia", indicó Eichengreen.

El sistema diseñado en Bretton Woods en 1944 había establecido que un tipo de cambio fijo del dólar anclado en el oro, por lo que oro y dólares se convirtieron en los activos más fiables y a las mermadas potencias europeas de la posguerra les resultaba ventajosa la posibilidad de acumularlos sin coste bajo custodia de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Con la amenaza soviética al otro lado del Telón de Acero, la custodia estadounidense era la mejor garantía.

Pero la URSS ya no existe y el regreso de Trump a la Casa Blanca ha alterado la sintonía de décadas entre Washington y sus aliados europeos.

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New York Fed

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Una cámara acorazada guarda el oro que otros países le confían a la Reserva Federal de Estados Unidos

En Alemania, que posee las segundas mayores reservas de oro conocidas del mundo, solo por detrás de Estados Unidos, y por tanto es uno de los países más expuestos a posibles riesgos, han sido varias las voces de advertencia.

El economista Emanuel Mönch, que fue el principal investigador del Bundesbank, pidió la repatriación del oro que el banco central alemán guarda en Nueva York, unas 1.200 toneladas según las estimaciones de los medios alemanes, que tendrían un valor de unos US$200.000 millones.

"Dada la actual situación geopolítica, parece arriesgado guardar tanto oro en Estados Unidos", dijo Mönch, que cree que recuperarlo contribuiría a una "mayor independencia estratégica" de su país.

En la misma línea, Michael Jäger, presidente de la Asociación Alemana de Contribuyentes, dijo: "Trump es impredecible y es capaz de todo para generar ingresos. Por eso nuestro oro ya no está a salvo en la bóveda de la Fed".

"¿Qué sucedería si la provocación sobre Groenlandia continúa?... Aumenta el riesgo de que el Bundesbank no pueda acceder a su oro, por lo que debería repatriar sus reservas", afirmó Jäger.

Una preocupación que han mostrado también diputados de la CDU, el partido del canciller Friedrich Merz, y otras fuerzas políticas.

El presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, ha tratado de disipar los temores.

"No hay motivo para la preocupación", dijo Nagel el pasado octubre en una reunión del Fondo Monetario Internacional en Washington.

En febrero tuvo que referirse de nuevo al tema en una rueda de prensa: "No me quita el sueño. Tengo completa confianza en nuestros colegas del banco central de Estados Unidos".

Pero al otro lado del Atlántico, ni la Reserva Federal ni el gobierno de Trump han reafirmado esa confianza.

"No he escuchado ninguna palabra tranquilizadora y creo que sería oportuna", dijo el analista Eichengreen.

BBC Mundo contactó con la Reserva Federal, pero no obtuvo respuesta.

El silencio de la institución coincide con un momento de tensión en las relaciones de su presidente, Jerome Powell, con el gobierno.

Trump lo ha atacado en repetidas ocasiones por su negativa a rebajar los tipos de interés y el Departamento de Justicia impulsó una investigación penal contra Powell que este denunció como parte de "las amenazas y presiones" del Ejecutivo para terminar con la independencia de la Fed y obligarla a "seguir las preferencias del presidente".

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Los ataques de Trump al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell (d), han sido interpretados como un intento de controlar la institución que custodia el oro de otros países.

La ola de la repatriación

Alemania no es el único país europeo con oro en Nueva York.

Italia y Suiza son a menudo citadas entre los que más guardan allí.

Y algunos ya emprendieron la repatriación en el pasado.

Países Bajos lo hizo a partir de 2014, cuando redujo del 51% al 31% el porcentaje de sus reservas depositadas en la Fed.

Alemania también repatrió entonces parte de sus lingotes, pero gran parte de ellos permaneció en la Bóveda del Oro.

"Era la época de la crisis de la deuda griega y del euro, y los europeos querían tener la seguridad de que su moneda y sus depósitos bancarios estaban respaldados por algo tangible", señala Eichengreen.

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New York Fed

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La Bóveda del Oro de la Reserva Federal alberga unas 6.000 toneladas de lingotes de oro.

Muchos años antes, en la década de 1960, el presidente Charles de Gaulle había decidido devolver a Francia los lingotes que su país tenía en la Fed, según varios autores, por temor a una repentina devaluación del dólar, cuyo valor había quedado anclado al del oro en Bretton Woods.

El tiempo le dio la razón.

En 1971, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon puso fin a la convertibilidad del dólar al oro y dinamitó así el sistema monetario internacional diseñado al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Francia, que había repatriado sus reservas, salió mejor parada que los países que vieron como sus lingotes atesorados en Nueva York perdieron gran parte de su valor en dólares de la noche a la mañana.

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Alemania es el país europeo con más reservas de oro y se ha abierto allí el debate de repatriar el que guarda la Reserva Federal.

Una repatriación costosa

La Bóveda del Oro alberga ahora menos oro que en el pasado.

Según los datos de la Reserva Federal, el volumen de reservas internacionales de oro depositados en la bóveda neoyorquina ha experimentado un descenso sostenido desde 1973, cuando llegó a tener más de 12.000 toneladas del metal.

Pero la idea de mantener allí el oro europeo sigue teniendo defensores.

Clemens Fuest, del Instituto IFO para la Investigación Económica de Alemania, le dijo a "The Guardian" que repatriar el oro "solo añadiría gasolina al fuego de la situación actual" y podría tener consecuencias no deseadas.

Algunos expertos subrayan que la independencia de la Reserva Federal respecto del gobierno de Trump asegura que este pueda tomar medidas unilaterales sobre el oro y destacan los costes y complicaciones logísticas y de seguridad que supondría el envío de tan valioso cargamento.

Sin embargo, las dudas en torno a la fiabilidad de la Reserva Federal de Estados Unidos como guardián del oro europeo amenazan con abrir otra grieta más en el orden mundial vigente durante décadas.

Según Eichengreen," si bien su retirada no tendría repercusiones financieras particularmente significativas para Estados Unidos, la custodia del oro es un bien global que Estados Unidos ha aportado gratis — igual que el paraguas de seguridad de la OTAN o el dólar como moneda global—, a cambio de hacer amigos y socios comerciales."

"Este gobierno no cree que Estados Unidos deba prestar servicios gratis y todo lo que alimente las dudas de los aliados sobre la seguridad de sus depósitos en Estados Unidos erosiona más su buena hacia voluntad hacia el país, algo necesario cuando precisas su ayuda para, por ejemplo, una guerra en Medio Oriente".

No consta que ningún país europeo haya tomado aún la decisión de repatriar su oro en la segunda era Trump.

Pero quizá en las mentes de algunos de sus gobernantes resuenen las palabras de Christine Lagarde, presidenta del BCE, en un discurso del año pasado: "En la historia del sistema monetario internacional, hay momentos en que los cimientos que parecían inamovibles comienzan a tambalearse".

*Diseño de imagen por Caroline Souza, del Equipo de periodismo visual de BBC News Mundo.

miércoles, 17 de junio de 2026

El billete de 250 dólares con la efigie de Trump es una señal de alerta para el dólar

 

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos


  • Al final, el resto del mundo se cansará de financiar el déficit fuera de control de EEUU.
  • Este es el peor momento posible para correr riesgos con la moneda estadounidense.
  • Los inversores extranjeros dudan de seguir comprando la deuda de un país con un déficit descontrolado


¿George Washington? Claro. ¿Abraham Lincoln? Sin duda. ¿Donald J. Trump? Eh, quizá podamos responderte más adelante. Ante los informes de que el presidente planea poner su rostro en un nuevo billete de 250 dólares para celebrar el próximo 150 aniversario del país, parece más probable que nunca que Trump sea el primer presidente vivo en aparecer en el dinero oficial de Estados Unidos. Sería fácil descartar esto como un ejemplo más del ego de Trump, a menudo exagerado pero en última instancia inofensivo, salvo que también socavará la confianza en la que sigue siendo la moneda de reserva mundial en el peor momento posible.

Queda por ver si el presidente Trump podrá aparecer en el nuevo billete de 250 dólares. Sus aliados en el Congreso ya han presentado un proyecto de ley que permite una excepción a la norma vigente según la cual ningún presidente vivo puede aparecer en los billetes estadounidenses. Al parecer, ya se han encargado los diseños a la Oficina de Grabado e Impresión, encargada de diseñar los billetes de dólar. Por supuesto, aún quedan muchos obstáculos por superar. La legislación aún tiene que ser aprobada, lo cual nunca es fácil, incluso con una mayoría republicana en el Congreso, y, aunque se apruebe, se necesitará tiempo para imprimir los billetes, instalar las medidas de seguridad adecuadas e introducir el dinero en el sistema. Incluso si no llega a suceder, o se retrasa más allá de las principales celebraciones, Trump ya ha decidido convertirse en el primer presidente vivo en añadir su firma a los billetes. Lo que solía ser dinero estadounidense se está convirtiendo poco a poco en dinero de Trump.

En cierto modo, eso es bastante inofensivo. Al presidente Trump le encanta ser el centro de atención, y unas cuantas fotos en los billetes no suponen gran diferencia para nadie. En Gran Bretaña, siempre ha gustado que el monarca aparezca en los billetes y las monedas, y lo mismo ocurre en muchos otros países. Ya ni siquiera usamos mucho el efectivo, y es difícil imaginar que mucha gente vaya a utilizar el billete de 250 dólares con regularidad (excepto, supongo, los traficantes de drogas). No muchos taxistas o tiendas tendrán cambio a mano. Quizá sea más fácil dejar que el presidente Trump satisfaga su ego mientras todos los demás se ocupan de asuntos más serios.

Sin embargo, aquí está el problema. Es un síntoma de algo mucho más grave. En realidad, es una señal de advertencia sobre la fortaleza subyacente del dólar. Hay una razón por la que los bancos centrales siempre han puesto motivos históricos de peso en sus billetes. Los británicos tienen a personajes como Winston Churchill y el duque de Wellington (y el Banco de Inglaterra ya está en serios apuros por proponer sustituirlos por animales salvajes). El Banco Central Europeo nunca ha logrado ponerse de acuerdo sobre personas o edificios reales -ya que algún miembro u otro acabaría ofendiéndose-, pero ha hecho lo mejor que ha podido con imágenes sintetizadas de estilos arquitectónicos históricos, como el clásico o el gótico. El Banco de Japón cuenta con una selección de científicos famosos de la historia del país. Es lo mismo en todo el mundo. El banco central elige una imagen de la que todo el mundo se sienta orgulloso.

Hay una lógica sólida detrás de ello. El papel moneda, como diría cualquier economista, es básicamente un truco de magia. Solo tiene valor porque todos aceptamos que lo tiene y estamos dispuestos a cambiarlo por bienes y servicios. Recurrir al pasado de una nación es una forma de establecer su credibilidad. Le da al papel moneda un aire de tradición y solidez. Sin eso, existe un riesgo real de que la gente empiece a pensar que no son más que unos trozos de papel de colores vivos.



Este es el peor momento posible para empezar a correr riesgos con la moneda estadounidense. Los retos a los que se enfrenta el dólar no han dejado de intensificarse. Los déficits presupuestarios de EEUU están fuera de control, situándose en el 6% del PIB incluso cuando la economía va bien, y, al final, el resto del mundo se cansará de financiarlos. La semana pasada mismo nos enteramos de que los bancos centrales de todo el mundo mantienen ahora más reservas en oro que en dólares, y aunque eso se debe en parte a que el precio del metal precioso ha subido tanto durante el último año, también es un ejemplo de cómo están diversificando sus reservas alejándose de la moneda estadounidense. China ya ha lanzado un yuan digital y está empezando a promocionarlo como una alternativa seria al dólar para liquidar pagos en cualquier tipo de comercio transfronterizo. Las criptomonedas, con el bitcoin a la cabeza, han tenido un año difícil, pero hay pocos indicios de que vayan a desaparecer, y con cada año que pasa se afianzan más en el sistema financiero, ya que siempre se diseñaron como una alternativa al dólar. La lista es interminable. Por sí solos, ninguno de estos factores podría ser suficiente para destronar al dólar como la moneda más importante del mundo. Pero cuando se dan todos a la vez, su posición está claramente en peligro. Ya no podemos dar por sentada la supremacía de la moneda estadounidense.

Es muy posible que Trump consiga, a base de intimidaciones, que su rostro aparezca en el nuevo billete de 250 dólares. Sin duda, añadirá su nombre a los billetes. Al igual que un poderoso líder latinoamericano, está empeñado en personalizar el Gobierno de los Estados Unidos y en potenciar su propia reputación. Y, sin embargo, si sigue adelante, bien podría convertirse en el momento en que el mundo decidiera que el dólar ya no es la moneda de reserva sólida como una roca y optará por cambiar a algo nuevo. Si eso ocurre, las consecuencias no serán nada halagüeñas para la economía estadounidense, y es muy posible que Trump acabe lamentando su proyecto vanidoso.


20:49 - 15/06/2026
https://www.eleconomista.es/opinion/noticias/13970782/06/26/el-billete-de-250-dolares-con-la-efigie-de-trump-es-una-senal-de-alerta-para-el-dolar.html

martes, 16 de junio de 2026

Otto Warburg, fisiólogo y nobel de Medicina: "El azúcar es el combustible principal de las células enfermas"



El fisiólogo y nobel de Medicina, Otto Warburg.


El fisiólogo Otto Warburg revolucionó la medicina al vincular el consumo de azúcar con el comportamiento de las células enfermas, una teoría que hoy vuelve al foco por su relación con la alimentación y el cáncer.



El nombre de Otto Warburg, fisiólogo y bioquímico alemán y premio Nobel de Medicina, vuelve a circular con fuerza en debates sobre alimentación, metabolismo y cáncer. Sus investigaciones sentaron las bases para entender cómo las células enfermas obtienen energía y por qué el azúcar ocupa un lugar clave en ese proceso.

Galardonado en 1931, Warburg descubrió que las células sanas producen energía principalmente mediante la respiración celular, utilizando oxígeno, mientras que muchas células cancerosas optan por una vía menos eficiente: fermentar glucosa incluso cuando hay oxígeno disponible. Este comportamiento anómalo, que décadas después se conocería como 'efecto Warburg', marcó un antes y un después en la investigación biomédica.

Según sus observaciones, esta forma de obtener energía no solo permite a las células tumorales crecer con rapidez, sino que además genera ácido láctico, lo que vuelve más ácido el entorno celular. Ese cambio debilita las defensas del organismo y facilita la expansión de la enfermedad. Para Warburg, cuando una célula pierde la capacidad de “respirar” oxígeno, recurre al azúcar para sobrevivir, iniciando así su transformación patológica.


El azúcar bajo la lupa científica

“El azúcar es el combustible principal de las células enfermas”. Esta frase resume el núcleo de su trabajo y sigue citándose casi un siglo después. La importancia de esta idea se refleja hoy en técnicas diagnósticas como la tomografía por emisión de positrones (PET), que utiliza glucosa marcada radiactivamente para detectar zonas del cuerpo con un consumo anormal de azúcar, como tumores o metástasis.

La ciencia actual, eso sí, ha afinado esa visión. Los investigadores saben que el metabolismo del cáncer es complejo y que no todo se explica solo por el consumo de glucosa. El predominio del metabolismo glicolítico en las células tumorales responde también a mecanismos de regulación activa y a la necesidad de generar materiales para fabricar nuevas células, como lípidos y nucleótidos.


Reducir el consumo de azúcares libres y ultraprocesados y apostar por la dieta mediterránea es el patrón saludable a seguir

En este contexto, la alimentación aparece como un factor preventivo relevante, aunque con matices. Los expertos insisten en que no se trata de eliminar los hidratos de carbono, sino de reducir el consumo de azúcares libres y ultraprocesados y apostar por patrones saludables, como la dieta mediterránea. Un enfoque que conecta el legado de Warburg con los hábitos actuales, sin simplificaciones ni mensajes alarmistas.


Por 

lunes, 15 de junio de 2026

Cómo el lugar donde creces afecta tu personalidad


Getty Images/ BBC


Era una tarde calurosa en el pequeño pueblo cerca de Calcuta, India, y los adultos dormían. Mi prima y yo estábamos sentadas en el suelo comiendo arroz inflado con aceite de mostaza cuando volteó hacia mí y me preguntó: "¿Es cierto que en Suecia se come vaca y cerdo?".

Yo, que por aquel entonces tenía unos 10 años, asentí con vergüenza. "¿Entonces también comen perros y gatos?", preguntó. Era una pregunta perfectamente lógica. Si se puede comer un mamífero de cuatro patas, ¿por qué no otro?

Habiendo crecido en Suecia, aunque de madre india, no era algo en lo que hubiera pensado antes: el vegetarianismo era poco común en aquella época, sobre todo en Europa, y los niños suecos estaban acostumbrados a ver a las vacas como fuente de alimento.

Mi prima, en cambio, era una apasionada de los animales y tenía la costumbre de rescatar a las criaturas que percibía en peligro. No comía carne.

Mis visitas a India estuvieron llenas de momentos así, que me hicieron darme cuenta de cuánto influye la cultura en nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos.

Si hubiera crecido en India, ¿habría tenido una moral diferente? ¿Un sentido del humor diferente? ¿Sueños, aficiones y aspiraciones diferentes? ¿Seguiría siendo yo?

Estas son preguntas que científicos y filósofos se han planteado durante siglos, y ahora un nuevo campo de estudio, la Psicología Intercultural, está comenzando a investigar posibles respuestas.

Pero el ADN por sí solo no nos define como somos, afirma Ziada Ayorech, genetista psiquiátrica de la Universidad de Oslo, Noruega. Nacida en Uganda, Ayorech se mudó a Canadá a los tres años, pasó la mayor parte de su vida en Reino Unido y luego se mudó a Noruega hace un par de años.

"Cuando pienso en todos los lugares en los que he vivido y cómo han influido en mi perspectiva, intuitivamente me imagino que es imposible que eso no haya marcado la diferencia", dice Ayorech.

Para explorar esto, los científicos suelen utilizar estudios que comparan a gemelos idénticos, que comparten un ADN casi idéntico, con gemelos no idénticos, que comparten, en promedio, la mitad de su genoma.

De esta manera, si los gemelos idénticos tienen mayor o menor probabilidad de compartir un rasgo que los gemelos no idénticos, esto sugiere que ese rasgo está más determinado por la genética que por el entorno.

En un amplio análisis llevado a cabo en 2015 de casi 50 años de estudios sobre 17.000 rasgos diferentes en 14 millones de gemelos de todo el mundo, que abarcaba desde la educación y las creencias políticas hasta las enfermedades psiquiátricas, los científicos concluyeron que la genética explica, en promedio, solo el 50% de las diferencias.

"Es esa combinación de naturaleza y crianza la que nos define y contribuye a nuestras creencias y culturas", afirma Ayorech. "Por lo tanto, no podríamos tener esa misma combinación en otro lugar".

El entorno influye más en algunos rasgos que en otros, por supuesto. Las investigaciones demuestran que el coeficiente intelectual es, en promedio, más del 50% hereditario, con la salvedad de que la genética desempeña un papel más importante en etapas posteriores de la vida que en la infancia.

Mientras que los rasgos de personalidad son hereditarios en aproximadamente un 40% y, por lo tanto, están más influenciados por el entorno (esto no significa que el 40% de la extroversión de una persona se deba a sus genes, sino que el 40% de las diferencias en extroversión en una población en su conjunto se pueden explicar por la genética).

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El entorno en el que crecemos puede moldear algunos aspectos de nuestra personalidad más que otros.

Aunque Ayorech es bastante extrovertida, afirma que Noruega favorece menos las expresiones extrovertidas con las que está familiarizada. Por ejemplo, es menos probable que uno inicie una conversación espontánea con un desconocido en las calles de Oslo. Esto la ha cambiado, afirma.

"Si comparas mi versión de vivir aquí en Noruega con la de vivir en Reino Unido, sería justo decir que ahora soy menos extrovertida", afirma Ayorech. Pero dada su composición genética, es poco probable que pierda por completo su extroversión.

Sigue gravitando inconscientemente hacia actividades que fomenten interacciones más espontáneas, añade Ayorech. "Tendemos a buscar entornos acordes con nuestros rasgos genéticos".

A su vez, esta combinación moldea nuestro cerebro con el tiempo, permitiéndonos desarrollarnos como personas. Las vías neuronales se forman y consolidan a medida que integramos experiencias, según Ching-Yu Huang, psicóloga intercultural de la Universidad Nacional de Taiwán. Ella argumenta que la cultura es una "parte absolutamente crucial" de la persona en la que nos convertiremos.

"Habrías sido una persona diferente si hubieras crecido en Taiwán", me dice con seguridad. "El cerebro que tienes ahora sería muy diferente si hubieras nacido y crecido en Taiwán, incluso teniendo el mismo ADN".

"Cuando en Roma": psicología intercultural

Vivian Vignoles, psicóloga intercultural de la Universidad de Sussex, coincide: "Creo que la gente tiende a sobreestimularse con el aspecto genético", afirma. "Sean cuales sean tus genes, necesitas un entorno específico para que afloren".

Si bien la idea básica de que la cultura influye en cómo las personas se perciben a sí mismas cuenta actualmente con un sólido respaldo en psicología, a mediados del siglo XX sorprendió a algunos psicólogos, dice Vignoles.

Durante mucho tiempo, los científicos habían asumido que la psicología humana era universal y que los resultados de estudios sobre el comportamiento humano realizados en Estados Unidos y Europa serían válidos en todo el mundo.

Sin embargo, al estudiar y comparar la psicología de otros lugares, Vignoles y otros han descubierto que no es así.

Por ejemplo, los experimentos sugieren que las personas en Occidente tienden a ser más individualistas y se perciben más a sí mismas en función de sus rasgos personales -como ser graciosos, inteligentes o amables- en comparación con las personas en Japón, que tienden a ser más colectivistas y tienden a definirse en función de sus roles sociales, como ser padre o estudiante.

En un estudio que comparó escáneres cerebrales, los occidentales mostraron que la parte del cerebro responsable de la autoconciencia se activaba al pensar en sí mismos, mientras que los participantes chinos también lo hacían al pensar en sus madres.

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Tu disposición a obedecer a la autoridad, tus niveles de extroversión o apertura pueden variar según la cultura en la que creciste.

En pruebas similares, Huang y sus colegas analizaron si los hijos de inmigrantes de origen chino en Inglaterra (que habían llegado al país desde diferentes partes de la República Popular China, Hong Kong, Taiwán, Vietnam y Malasia) percibían la autoridad de forma diferente a la de los niños ingleses no inmigrantes y a la de los niños taiwaneses que habían vivido toda su vida en Taiwán.

Todos los niños de los tres grupos tenían la misma probabilidad de obedecer a sus padres, pero los niños taiwaneses eran más propensos a hacerlo incluso cuando se mostraban inicialmente reacios, en comparación con los inmigrantes chinos criados en Inglaterra.

Huang argumenta que esto probablemente se deba a que las culturas taiwanesa y china valoran la obediencia y el respeto a los padres, mientras que los niños cuyas familias habían emigrado a Inglaterra probablemente se vieron influenciados por la cultura del Reino Unido para volverse más individualistas.

Yo... ¿estable o maleable?

Un estudio de 2022 que comparó pruebas de rasgos de personalidad en 22 países reveló que las personas que vivían en un grupo de países con culturas que priorizan la autodisciplina -como Albania, India, Alemania, Francia, Hong Kong y China- obtuvieron puntuaciones más altas en medidas de responsabilidad y organización.

En cambio, los países con culturas más igualitarias, flexibles e individualistas -como Canadá, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, Reino Unido, Irlanda, Noruega y Filipinas- mostraron mayores niveles de afinidad y apertura a la experiencia.

Investigadores también identificaron recientemente que las culturas occidentales son más propensas a ser monumentalistas, considerando el yo como algo estable e inmutable, como un monumento, afirma Vignoles.

Las culturas flexibles, comunes en los países del este asiático, por otro lado, consideran el yo como algo más maleable.

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El lugar donde creces no lo es todo, ya que las personalidades, por supuesto, también pueden variar dentro de un mismo país y cultura

Otra diferencia cultural es el grado en que las personas perciben el contexto. Un estudio pidió a los participantes que describieran una serie de escenas submarinas y descubrió que los participantes occidentales se centraban más en objetos individuales, mientras que los japoneses enfatizaban el contexto más amplio, como el color del agua circundante o la relación entre los diferentes objetos.

"Existe evidencia de que en las culturas occidentales, en particular en la estadounidense, las personas tienden a atribuir ese comportamiento a las características de la persona más que a la situación", afirma Vignoles.

En la sala de espera de un dentista, añade Vignoles, un occidental tiende a interpretar a una persona que parece ansiosa como ansiosa en general, en lugar de simplemente como alguien ansioso por una extracción dental en ese contexto.

Sin embargo, estos resultados siempre deben tomarse con cautela, agrega, ya que es extremadamente difícil desentrañar el comportamiento, la personalidad, la cultura y muchas otras influencias que impactan en este ámbito, y aún queda mucha investigación por realizar en este campo.

Por ejemplo, un creciente número de estudios sugiere que la visión binaria este-oeste del individualismo frente al colectivismo es "demasiado simplista", dice Vignoles, y que el colectivismo que se manifiesta en muchas de estas pruebas probablemente sea más una característica del desarrollo económico que de la cultura.

Es más, las mediciones del individualismo en un país pueden pasar por alto variaciones importantes entre grupos o individuos específicos de esa nación.

Y muchos estudios en este ámbito se basan en respuestas autodeclaradas de personas, que no siempre son precisas, en lugar de pruebas estandarizadas objetivas.

La perspectiva filosófica sobre el enigma

Quizás la pregunta de si seríamos la misma persona en una cultura diferente sea, en última instancia, una cuestión filosófica que cuestiona el concepto del yo.

Una encuesta en línea realizada en 2020 a filósofos angloparlantes reveló que el 19% apoyaba la idea de que cada individuo es un animal específico, resultado de un espermatozoide y un óvulo específicos, y que no son los pensamientos, sentimientos o recuerdos los que lo hacen ser quien es.

"Desde esta perspectiva, incluso si se borraran tus recuerdos, seguirías siendo la misma persona", explica Philip Goff, filósofo de la Universidad de Durham.

De igual manera, alrededor del 14% apoyaba las teorías que sugieren que el yo no es biológico, sino que está encapsulado en algo parecido a un alma, y que eso es lo que nos hace ser quienes somos, sin importar dónde hayamos crecido.

De hecho, los estudios muestran que muchas personas creen tener un "yo verdadero" que es fundamentalmente moralmente bueno, y que esto no debería cambiar según su lugar de residencia.

Pero otros filósofos sostienen que el entorno también moldea la identidad esencial de una persona, una teoría denominada constructivismo social.

De hecho, la política también parece influir. En un experimento, investigadores pidieron a personas con diferentes opiniones políticas que evaluaran la moralidad de un hombre cristiano que se sentía atraído por otros hombres.

Las personas que se identificaron como liberales pensaron que el hombre actuaba según su verdadero yo, mientras que las que se identificaron como conservadoras creyeron, en cambio, que iba en contra de su verdadero yo cristiano.

El propio Goff cree que existe una especie de "unidad fundamental" de células y partículas -y que la consciencia está intrínsecamente integrada en este hardware- que nos define como personas, sin importar dónde crecemos. Pero esto probablemente cambie con el tiempo a medida que crecemos y maduramos.

"Estos son solo conceptos humanos de lo que es una 'persona' o un 'yo'", dice Goff. Probablemente no haya una respuesta definitiva, dice, sobre si "esa persona en una circunstancia muy diferente sería yo o no".

Para quienes han crecido en más de una cultura, es difícil superar la sensación de que los seres humanos son, en gran medida, producto de su entorno social.

Aunque es difícil saber exactamente quién habría sido yo si hubiera pasado toda mi vida en ese pueblo a las afueras de Calcuta, estoy bastante segura de que tendría algunos indicios.

Este artículo apareció en BBC Future. Puedes leer la versión original en inglés aquí.

  • Miriam Frankel
  • Título del autor,BBC Future
    17/02/2026
    https://www.bbc.com/mundo/articles/cy8l9pv8lp2o