sábado, 1 de agosto de 2026

Búnkeres para el lujo: así funcionan las fortalezas urbanas que custodian arte y vino

 

Cajas de seguridad de Centro de Valores. | Imagen cedida


  • El auge de la vivienda de lujo y el adiós de los bancos a las cajas fuertes impulsan estos negocios
  • Cámaras acorazadas, control de oxígeno y tres empresas de seguridad distintas blindan los bienes más valiosos
  • No solo guardan arte y vino, también las escrituras de casas de lujo o datos sensibles de empresas


En una de las callejuelas que se arremolinan alrededor de la bulliciosa calle comercial de Bravo Murillo de Madrid, una fachada de color negro con letras plateadas resalta sobre el resto de locales. A pesar de situarse en un lugar anodino, este espacio guarda en sus entrañas bienes singulares: desde colecciones de vino a piezas de arte. Se trata de la sede de Centro de Valores, un trastero especializado en custodiar objetos de alto valor con capacidad para albergar más de 10.000 cajas de seguridad, más de 100.000 botellas de vino y hasta 1.200 obras de arte. En sus instalaciones hay cámaras especializadas que mantienen la temperatura y luz ideal para velar por valiosos caldos, por ejemplo. La empresa también presta servicio de cajas fuertes. Este tipo de negocios se ha abierto un hueco en la capital ante el progresivo abandono de estas prestaciones por parte de las entidades bancarias y el boom de la vivienda de lujo, que impulsa la tenencia de bienes valiosos.

Las instalaciones están operativas durante las 24 horas del día durante siete días a la semana y se puede acceder a través de un parking con una barrera que simplemente lee la matrícula. Los clientes pueden acudir siempre al centro, aunque por protocolos de seguridad quizá deban esperar para acceder a ciertas cámaras. "Por la mañana la apertura de algunos espacios que se han cerrado por la noche puede demorarse un rato por seguridad", aclara Brian Lavino, presidente de Centro de Valores. En la planta baja de las instalaciones se encuentra la sala principal destinada a espacios de custodia. Esta zona tiene 1.000 metros cuadrados y se encuentra encapsulada en una cámara acorazada, separada de los pasillos del propio edificio para hacer más difícil la realización de un butrón para acceder a su contenido.

Ningún cliente puede acceder solo a esta sala, siempre va acompañado de un vigilante que, a su vez, ha tenido que pedir permiso a otro guardia que, además, pertenece a una empresa de seguridad diferente. Hasta tres compañías gestionan las visitas y la vigilancia del Centro de Valores. Esta es una forma de dificultar un acuerdo entre dos personas que trabajan juntas para hurtar algún bien, según apunta Lavino. Además, las cajas de custodia solo pueden abrirse con dos llaves: la maestra custodiada por Centro de Valores y otra que conserva el cliente.

Lo que se encuentra dentro de cada una de estas cajas solo lo conoce el cliente, aunque muchas están pensadas para guardar documentos. Su precio es muy ajustado y va desde los 21 euros de las más pequeñas hasta los 240 euros de las más grandes y todos los bienes quedan asegurados hasta 25.000 euros. "Muchos de nuestros clientes, sobre todo aquellos procedentes de América Latina, guardan las escrituras de las casas que han comprado. También algunas empresas depositan documentación sensible almacenada en dispositivos electrónicos", expone Brian Lavino durante una visita guiada por los recovecos de las instalaciones.

Custodia de obras de arte

Uno de los servicios más curiosos que ofrece el centro es el de la custodia de obras de arte. Este tipo de prestaciones están pensadas para mudanzas o para fundaciones de arte que necesitan depositar obras de arte. "Cuando recibimos los cuadros, hacemos una inspección de los mismos y les ponemos un precinto que indica la forma en la que han sido entregados. Normalmente trabajamos para instituciones o para particulares que van a mudarse y necesitan guardar el arte", explica Lavino. Una de las particularidades de esta sala es que está dotada de un sistema de seguridad que corta el oxígeno en pocos segundos en caso de incendio para evitar que las llamas devoren el arte. Las condiciones de temperatura y humedad también están medidas al milímetro para conservar las obras.

Igual que el arte, el vino requiere condiciones especiales para su conservación. En una sala con luces muy reducidas, se conservan caldos exclusivos a una temperatura de unos 15 ºC y con un 70% de humedad y el espacio puede alquilarse por un precio desde 24 euros por mes. Muchos clientes buscan proteger sus colecciones de vino mediante este servicio cuando están de vacaciones o van a trasladarse fuera de su domicilio por un tiempo prolongado.


Madrid 7:05 - 4/07/2026
https://www.eleconomista.es/vivienda-inmobiliario/noticias/13995290/07/26/bunkeres-para-el-lujo-asi-funcionan-las-fortalezas-urbanas-que-custodian-arte-y-vino.html

viernes, 31 de julio de 2026

Los bancos centrales confían en el oro: ya son dueños de un quinto de todo el metal minado en la historia

 

Los bancos centrales disparan la entrada de oro en sus reservas desde 2021.


  • El precio del metal precioso aguanta por encima de 4.000 dólares tras caer un 23%
  • Pese a la corrección del 23% desde máximos, siguen siendo compradores netos del metal este año
  • Polonia, Uzbekistán y China lideran las compras, mientras que Turquía y Rusia se ven forzadas a vender


Desde que el oro tocó máximos históricos el 2 de febrero de 2026 en 5.278,5 dólares por onza, su precio ha corregido un 23% y ha vuelto a entrar en un mercado bajista por primera vez en décadas. Sin embargo, el retroceso del metal precioso, que tantos titulares había acaparado en los últimos años por el rally vertiginoso que había vivido, no ha sido suficiente para ahuyentar a los bancos centrales. Los señores del dinero no han parado de comprar oro, con especial fuerza desde la pandemia, y esta ola de adquisiciones, junto a la revalorización de los precios, ha hecho que el metal se convierta en el principal activo de reserva de los banqueros centrales. Las últimas caídas que ha experimentado el oro no ha eliminado el interés de estos grandes compradores, que ya alcanzan las 36.664 toneladas de oro en sus reservas, casi un quinto de todo el metal que ha extraído el ser humano en toda la historia.

"Los últimos datos muestran que los bancos centrales mantienen de forma colectiva 36.664,5 toneladas de oro, lo que supone casi un 17% de las 219.890 toneladas de oro que ha minado el ser humano en toda la historia", explica Paul Hoffman, analista de datos de BestBrokers. "A los precios actuales, estas reservas alcanzan ya los 4,78 billones de dólares, una cantidad que supera el PIB anual de Alemania, la tercera mayor economía del mundo, y prácticamente todo el valor de empresas como Alphabet y Microsoft", señala Hoffman.

Este hito se ha conseguido alcanzar a pesar de que el metal corrige más de un 23% desde los máximos históricos, que se tocaron en febrero de este año. Eso sí, la confianza de los bancos centrales en el oro como activo de reserva no parece, de momento, un error garrafal: el oro se ha estabilizado en el entorno de los 4.000 dólares por onza, y se resiste este verano a caer por debajo de ese nivel psicológico.



Ahora, los analistas destacan la importancia de que Estados Unidos e Irán cierren una tregua definitiva, que permitirá reducir las expectativas de subidas de tipos de interés por parte de los bancos centrales, para que el oro pueda volver a remontar. No hay que olvidar que las caídas de los últimos meses han estado relacionadas con las expectativas de más inflación por el efecto sobre el petróleo del conflicto con Irán y, en consecuencia, de subidas de tipos por parte de la Fed, que reducen el atractivo del oro frente a otros activos que pagan un interés cada vez mayor en este contexto, como, por ejemplo, los bonos estadounidenses.

"El mercado necesita una resolución significativa entre Estados Unidos e Irán antes de empezar a apostar en el oro más allá del rango de los 4.000-4.200 dólares", explica Justin Lin, analista de Global X ETFs. "Las rentabilidades y las expectativas de inflación seguirán siendo altas mientras el conflicto continúe, y ahora esto es lo que más está atando al precio del metal precioso", explica Lin.

Para qué se usa el metal y qué bancos centrales lo acumulan

Desde que el hombre empezó a minar oro de forma organizada, hace casi 7.000 años, se han extraído casi 220.000 toneladas de oro, según los datos que publica Hoffmann, y los bancos centrales han acelerado en los últimos años sus reservas del metal, hasta rozar las 37.000 toneladas en sus arcas (los datos del Consejo Mundial del Oro publicados en abril calculan una cantidad algo mayor, de 38.670 toneladas, o un 18% del total de oro extraído en la historia).

El Consejo Mundial del Oro explica cómo la mayor cantidad del metal precioso ya extraído se acumula en joyería, con 97.650 toneladas, un 44% del total, mientras que el oro en barras y monedas sin ser parte de las reservas de los bancos centrales representa el 21%, o 46.950 toneladas. Un 10% del oro que ya se mueve sobre la faz de la tierra se mantiene en aplicaciones industriales y tecnológicas, otro 5% se estima que es propiedad de instituciones que lo mantienen como contrapartida para productos financieros OTC (Over The Counter), y un 2% sería propiedad de firmas de ETFs que mantienen el oro físico como subyacente.

Según el Consejo Mundial del Oro, los banqueros centrales han acumulado una media de 1.000 toneladas de oro en los últimos 4 años, duplicando el ritmo de incremento de sus reservas que mantuvieron durante la década previa. El mayor atractivo del metal como reserva responde a una mayor incertidumbre geopolítica, y también a la ola inflacionista que ha tenido lugar en los últimos cinco años, que ha reducido el valor de las divisas FIAT frente a activos reales, como el metal precioso.

Las últimas caídas del metal han frenado las compras de oro por parte de los bancos centrales en 2026, pero estos se mantienen como compradores netos del metal incluso en este año de corrección de precios: según los datos de Hoffman, han adquirido 224,2 toneladas en lo que va de año, comparado con una venta de 221,4 toneladas.


Los grandes compradores este año son Polonia, Uzbekistán y China, con compras netas de 63,6 toneladas, 32,7 toneladas y 25,2 toneladas, respectivamente, mientras que los tres bancos centrales que más han vendido son Turquía, con 81 toneladas netas de ventas, Rusia, con 34,1 toneladas y Bulgaria, con 1,9 toneladas. El país otomano está desprendiéndose del metal a un ritmo acelerado en el esfuerzo de sostener su divisa, la lira, y está echando mano de sus reservas de oro para intervenir en el mercado. En cuanto a Rusia, las necesidades de mantener el esfuerzo bélico y una economía cada vez más renqueante por la guerra en Ucrania también está forzando la venta del metal.


Tras este proceso, el país que más oro acumula en sus reservas es Estados Unidos, con 8.133 toneladas en sus arcas, seguido por Alemania, con 3.349 toneladas. Por detrás se mantiene Italia, con 2.451 toneladas, Francia, en cuarto lugar, con 2.436 toneladas y China, en quinto, con 2.292,3 toneladas. España se mantiene en vigésimo puesto en este ránking, con 281,58 toneladas acumuladas, según los datos del Consejo Mundial del Oro y el FMI.


jueves, 30 de julio de 2026

Científicos no dan crédito al hallazgo en Groenlandia: la contaminación del hielo por mercurio empezó hace 4.000 años

 

    Groenlandia
  • El refinado de metales y el uso de cinabrio como pigmento rojo fueron las primeras fuentes de emisión del tóxico


El ser humano contamina el medioambiente con mercurio desde antes de lo que se pensaba, según un estudio internacional con participación del CSIC y publicado en la revista Science Advances. En concreto, los resultados apuntan a que las emisiones antrópicas de metal tóxico comenzaron al menos durante la Edad de Bronce, hace unos 4.000 años.

Para llegar a esta conclusión, los expertos han reconstruido la historia de la contaminación por este elemento con datos recogidos en un núcleo de hielo de más de 1.200 metros (m) extraído en el marco del Proyecto de Núcleos de Hielo del Este de Groenlandia abarca todo el Holoceno, desde hace 11.700 años hasta la actualidad

Este núcleo fue tratado en tres fases: primero, se cortó meticulosamente en trozos más pequeños, equivalentes a periodos de cinco años; segundo, se limpió para evitar la contaminación cruzada; y tercero, los trozos de hielo se derritieron en el laboratorio para su análisis.

"Este registro es único por su duración y su alta resolución temporal", ha destacado el investigador del Instituto de Química Física Blas Cabrera (IQF-CSIC) y autor del estudio, Ari Feinberg.

Según el equipo investigador, las emisiones de mercurio en el pasado fueron de una magnitud lo suficientemente relevante para que dejara huella en el hielo de Groenlandia. "Solemos pensar que los humanos llevamos contaminando el planeta solo un par de siglos, pero esta nueva investigación revela que, en el caso de mercurio, hablamos de milenios", ha explicado Feinberg.

Las fuentes de estas primeras emisiones podrían haber sido el refinado de minerales de cobre y estaño o el uso de cinabrio, un mineral rico en mercurio muy apreciado como pigmento rojo y como medicamento, de acuerdo con los expertos. De hecho, el investigador ha apuntado a cómo arqueólogos han encontrado niveles altos de mercurio en huesos humanos procedentes de yacimientos funerarios de la Península Ibérica, "lo que sugiere que el cinabrio se utilizó de forma generalizada en ese periodo".

"La señal captada en el núcleo de hielo de la remota zona central de Groenlandia podría ser un indicio temprano de que las emisiones de mercurio ya eran lo suficientemente elevadas como para extenderse por toda la atmósfera del hemisferio norte", ha explicado.

Además, los datos del núcleo de hielo muestran que la contaminación no ha hecho sino agravarse con el tiempo. Por esta parte, los científicos han señalado que la acumulación de mercurio en Groenlandia se multiplicó por 2,7 desde el siglo XIII y por 7,4 a partir de 1840, coincidiendo con la revolución industrial. La metodología empleada permite distinguir estas emisiones humanas de los picos naturales de mercurio provocados por erupciones volcánicas, como las del volcán Laki, en Islandia, en 1783, o la del volcán Novarupta, en Alaska, en 1912.

El CSIC ha destacado que este avance contribuye a conocer mejor el origen y la evolución de las emisiones históricas de este contaminante al medio ambiente por parte del ser humano. "Este estudio podría ayudar a determinar cuándo comenzaron las emisiones humanas, un dato que no solo zanjaría un debate abierto en la comunidad científica, sino que permitiría monitorizar con más precisión el cumplimiento de los convenios internacionales sobre el uso de este metal tóxico", ha concluido el también investigador del IQF-CSIC y autor del estudio Alfonso Saiz López.

Asimismo, ha apuntado al Convenio de Minamata sobre el Mercurio, que busca desde su entrada en vigor en 2017 proteger el ecosistema y la salud humana de la contaminación por mercurio mediante la reducción de su uso. Según Feinberg, la capacidad para evaluar su eficacia y pronosticar la recuperación del ecosistema "se ve dificultada por las incertidumbres asociadas a las emisiones históricas causadas por el ser humano a lo largo de la historia".

Dado que aporta nuevas evidencias de que los seres humanos comenzaron a alterar los niveles de mercurio en el medioambiente antes de lo que se pensaba, obligará a reevaluar la cantidad de mercurio de origen humano presente en la actualidad. "Esperamos que esto ayude a mejorar los modelos actuales de emisiones de mercurio y con ello poder monitorizar y limitar su uso", ha añadido el investigador.


https://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/13980652/06/26/los-cientificos-no-dan-credito-al-hallazgo-en-el-hielo-de-groenlandia-la-contaminacion-por-mercurio-empezo-hace-4000-anos.html

miércoles, 29 de julio de 2026

El tábano contra el chatbot

 



El riesgo no es que la IA sea malvada. Es que sea demasiado amable. Que aprendamos a preferir la conversación sin fricción. Que deleguemos en ella no solo las tareas tediosas sino las preguntas incómodas


Cuenta Platón que cuando Theuth, dios egipcio de la escritura, presentó su invento al rey Thamus, lo hizo prometiendo el remedio definitivo contra el olvido: una medicina para la memoria y la sabiduría. Thamus escuchó y desconfió. Había vivido lo suficiente como para desconfiar de los regalos divinos. Intuyó que la escritura no fortalecería la memoria, sino que la atrofiaría, y daría a los hombres la apariencia del saber, no el saber mismo. El mito del Fedro es la primera advertencia de la historia sobre el abismo que separa lo que una tecnología promete de lo que finalmente entrega.

A finales de los años noventa, cuando internet empezaba a colonizar los hogares con su melodía de módem, circulaba una utopía que hoy resulta enternecedora: la red nos haría libres, iguales y cercanos. Los optimistas eran legión e imaginaban una ágora global donde el conocimiento fluiría sin jerarquías y el ser humano, conectado a su semejante en las antípodas, comprendería que la humanidad era una sola familia.

Nadie —o casi nadie— predijo lo que sucedería. Hubo algunas Casandras. Pensadores como Sherry Turkle o Neil Postman advirtieron que una sociedad más conectada no tenía por qué ser una sociedad más cercana y que toda tecnología transforma aquello que promete mejorar. Unos pocos aguafiestas insistían en que la conversación pública acabaría subordinada a la lógica de la atención. Pero, como ocurre con todas las Casandras, sus advertencias sonaban entonces a nostalgia, miedo al progreso y la eterna sospecha de quienes no saben adaptarse.

Lo que vino después ya lo conocemos. Estaríamos más solos. La polarización no sería un efecto secundario sino el combustible del negocio. Los algoritmos aprenderían que la indignación engancha más que la verdad, y que el odio es más viral que la compasión. Creíamos que las redes sociales fomentarían la empatía. Nadie —o casi nadie— auguró que ocurriría justo lo contrario: nunca habíamos tenido tantos amigos, y nunca nos habíamos sentido tan profundamente solos.

Ahora llega la inteligencia artificial. Y lo hace, también, con una promesa. El sueño de Descartes hecho chatbot: una razón pura, sin cuerpo, sin pasiones, sin los humores que enturbian el juicio. Para el solitario, alguien que escucha. Para el ansioso, algo que responde a las tres de la madrugada. Para el estudiante, un tutor de paciencia infinita.

Sócrates, que algo sabía de conversaciones, desarrolló un método que consistía en generar incomodidad, en hacer que el interlocutor tropezara con sus propias contradicciones. El diálogo socrático es fértil porque es incómodo. La inteligencia artificial, en cambio, está entrenada para complacer. Es el antisócrates: una entidad que sabe todo y duda de nada, que raramente nos cuestiona y que, cuando lo hace, lo hace con tanta cortesía que apenas duele.

El riesgo no es que la IA sea malvada. Es que sea demasiado amable. Que aprendamos a preferir la conversación sin fricción. Que deleguemos en ella no solo las tareas tediosas sino las preguntas incómodas. Si las redes sociales nos enseñaron a reemplazar la amistad por el seguimiento, la IA podría enseñarnos a reemplazar la sabiduría por la información. Y entre ambas cosas hay una diferencia que Platón ya señaló: la información puede almacenarse, la sabiduría solo puede vivirse.

La distopía que deberíamos temer no es un mundo de robots asesinos, sino algo más triste: una humanidad que ha encontrado en la máquina un sustituto tan eficiente que ha dejado de tener experiencias propias.

Thamus tenía razón sobre la escritura, aunque eso no impidió que la escritura fuera también lo más hermoso que la humanidad haya producido. Quizá con la inteligencia artificial ocurra algo parecido: que el diagnóstico sombrío y la posibilidad luminosa convivan sin resolverse. Pero para que la posibilidad luminosa se realice, necesitamos hacer algo que los algoritmos no pueden hacer por nosotros: ser tábano. Pensar. Dudar. Resistirnos. Ser tan incómodos e impredecibles como siempre hemos sido.



por

Eduardo Infantejunio 2026https://retinatendencias.com/techsociety/el-tabano-contra-el-chatbot/

martes, 28 de julio de 2026

Hemofilia, escándalos sexuales y bulos: Rasputín y la maldición de los zares Nicolás y Alejandra



Grigori Rasputín en torno a 1910. 
(Getty/Topical Press Agency)



El historiador británico Antony Beevor publica 'Rasputín y la caída de los Romanov' (Crítica) y explica en una entrevista a El Confidencial algunas de las tesis nuevas sobre los zares y su final



Durante una de las cacerías que el zar Nicolás II adoraba compartir con su séquito en los bosques de Spala junto al río Pilica, en los antiguos dominios del imperio ruso en Polonia, el zarevich Alekséi que contaba apenas con ocho años sufrió una hemorragia incontrolable entre la ingle y el muslo. La hemofilia del ansiado heredero de los zares, que había nacido por fin en 1904 después de las cuatro hijas que había tenido la emperatriz Alejandra, era un secreto que apenas nadie conocía y su salud, la mayor obsesión de la pareja. Alekséi había tenido ya varias crisis pero aquella parecía que le acarrearía definitivamente la muerte. Durante varios días estuvo agonizando y perdiendo la consciencia entre gritos de dolor y exclamando a ratos: "¡Señor, ten piedad!" a pesar de su corta edad. Nicolás no aguantaba en la habitación y corría llorando a menudo a su despacho en el sombrío y húmedo pabellón de Spala.

En medio de la agonía y la también desesperación de la emperatriz Alejandra, llegó el telegrama que ella misma le había rogado a Rasputin que le enviara ya que se encontraba en Siberia. El mensaje tranquilizador del santón y lujurioso gurú que ya escandalizaba a una parte de la corte expresaba confianza en la recuperación de Alekséi y pedía que se apartara a los médicos. El zarevích milagrosamente mejoró justo después del mensaje de Rasputín, y nada le importaba más a la emperatriz Alejandra que la salud de su hijo. Sin ni siquiera estar presente, el influjo del gurú espiritual convenció a la zarina aún más de su santidad, por lo que Rasputín resultaría intocable a partir de entonces.

¿Cómo había sido la ascensión de esa especie de peregrino místico casi analfabeto, salido del campo profundo de la Rusia casi feudal –en pleno siglo XX– hasta el punto de convertirse en la mayor influencia de los zares? Casi diez años antes, hacia 1903, Rusia seguía prácticamente anclada en ese absolutismo de la Europa del XIX cuando apareció por San Petersburgo el mujik –campesino– Grigori Rasputín, que acabaría por poner la puntilla a la inmadura y demencial corte zarista y a los gobiernos representativos de Rusia surgidos de la Duma de 1905, el primer parlamento. El país era ya un polvorín por la brutalidad de una sociedad totalmente rota. Mientras en los suburbios de San Petersburgo "la única libertad de la que podía gozar la clase popular era la del círculo más bajo del infierno, habitado por el lumpen de los desempleados, un mundo subterráneo de prostitución infantil, robos y peleas de borrachos, donde la existencia era peor que en cualquier página de Dickens, Hugo o Zola". Mientras tanto, las noches de los sábados la nobleza y la alta burguesía cortesana, "acudían en tropel al Théâtre Français, donde los escotes descarados de los atuendos quedaban compensados por la abundancia de joyas. Luego, una parte del público se reencontraba en el restaurante Cuba o en El Oso, con su famosa orquesta rumana, y bailaba hasta las tres de la madrugada. Algunos oficiales del Cuerpo de Guardias Imperiales aguantaban hasta el amanecer en compañía de cortesanas, esas ‘mariposas humanas cuyas alas se chamuscan en las llamas del placer’".

Así lo describe el historiador británico Antony Beevor, especialista de la Segunda Guerra Mundial y quien en su nueva obra, Rasputín y la caída de los Romanov (Crítica), ha querido resolver la gran pregunta sobre el gurú de la corte y desvelar la historia de la siempre desconcertante y apasionante última corte zarista, continuando así su estudio de Rusia iniciado en 2022 con Rusia: Revolución y guerra civil, 1917-1921 (Crítica).


placeholderCubierta de 'Rasputín y la caída de los Romanov', de Antony Beevor.
Cubierta de 'Rasputín y la caída de los Romanov', de Antony Beevor.

¿Había algo nuevo que contar sobre la caída de los zares y el influjo de Rasputin después de las múltiples biografías de los últimos años y del reciente éxito de Los Romanov (Crítica) del también historiador británico Simon Sebag Montefiore? Hay, desde luego, diferencias. Para empezar, una apreciación interesante que apuntala una de las tesis del libro de Beevor: si en España, por ejemplo, el trío Godoy-María Luisa de Parma-Carlos IV que resultó fatal un siglo antes era real a pesar de las exageraciones de los fernandinos sobre los amantes y el apetito sexual de María Luisa de Parma, en el caso de Rasputín y Alexandra el supuesto escándalo de sus relaciones sexuales era claramente un invento. Una serie de fake news según Beevor en torno a la zarina y al mujik que, sin embargo, tuvieron el mismo efecto: la simple idea de la influencia y el acceso íntimo de Rasputín a la familia real, unido a su merecida fama de libertino y mujeriego –que él mismo desató, aunque fuera de la corte– asentaron la creencia popular sobre los cuernos del zar Nicolás II, que serían una losa: "el zar de todas las Rusias apareció ante su pueblo como un cornudo débil y complaciente. En una sociedad profundamente patriarcal, esas impresiones, por falsas que fueran, destrozaron el mito del poder de los Romanov", tal y como explica en Madrid a El Confidencial Antony Beevo. La imagen de los Romanov era tan terrible que " cuando estalló la Revolución de Febrero en 1917, apenas se alzó ni una sola espada en defensa del zar", destaca el historiador.

Hay bastantes cuestiones más, como por ejemplo en torno al asesinato de Rasputín el 17 de diciembre de 1916 y la conspiración de un parte de la nobleza rusa, liderada por el príncipe Félix Yusupov, sobre la que Beevor descarta la participación británica del MI6 que habían asegurado antes el historiador Andrew Cook y que recogió también Simon Sebag Montefiore. Está además el retrato de la contradicción de un Rasputin dominado por su deseo sexual irrefrenable y la capacidad de seducción y sugestión que logró entre las mujeres de la alta sociedad rusa, las rasputiniéres, debido a lo que Beevor define como un "escaso afecto dentro de la mayoría de los matrimonios aristocráticos". Una condición que le otorgaría una ventaja y un poder de influencia notable "al ser el único hombre que realmente las entendía en aquella sociedad espantosamente patriarcal", que convirtieron al santón en un personaje incómodo en gran medida en San Petersburgo, al mismo tiempo que ganaba cada vez más poder de la mano de una cegada zarina Alejandra, tomando decisiones en el gobierno que tendrían su efecto en la Revolución de Febrero: "sin Rasputin no habría habido un Lenin", tal y como expresó Kerensky y como asume el historiador británico.


placeholderLa emperatriz consorte Alejandra, fotografiada por Boasson y Eggler en 1908. (Librería del Congreso de EEUU)
La emperatriz consorte Alejandra, fotografiada por Boasson y Eggler en 1908. (Librería del Congreso de EEUU)

Si algo queda claro en la obra de Beevor es que cuando Rasputín llegó a San Petersburgo, la corte era un campo abonado para los gurús desde hacía años, que es lo que llevaría a la verdadera tragedia de los Romanov. La "inmadura pareja imperial", como la describe el británico llevaba de hecho tiempo buscando exactamente la clase de influencia que Rasputín ofrecería después. El precedente fue ‘Monsieur Philippe’, un supuesto médico de Lyon sin titulación oficial que llegó a Rusia en 1901 presentado por las hermanas de la nobleza montenegrina Militsa y Stana, aficionadas al espiritismo y apodadas en la corte "los Cuervos", y que serían las mismas que años después introducirían a Rasputín a los zares. Philippe fascinó de inmediato a Nicolás y Alejandra hasta el punto de que el gran duque Serguéi anotó en su diario que la pareja imperial regresaba de sus sesiones "en estado de exaltación, casi de éxtasis, con el rostro radiante y brillo en los ojos", tal y como describe Beevor. Entre sus promesas estaba por ejemplo la de ayudar a la zarina a concebir el tan ansiado heredero varón que se le resistía después de haber parido a cuatro niñas. Philippe le indujo de hecho lo que resultó ser un embarazo psicosomático, un engaño que terminó en escándalo. La cuestión del heredero, que sería crucial, "la verdadera fuente de la influencia de Rasputín sobre los zares" según Beevor y que alcanzaría su punto álgido años después en Spala cuando se convertiría en intocable para la emperatriz para disgusto de una parte de la corte.

El contexto para la aparición de Rasputín, lo resumió a la perfección el general Pável Kurlov, viceministro del Interior, tal y como recoge el historiador: "San Petersburgo estaba repleta de personajes de ese estilo. De hecho, no había muchas casas aristocráticas que no poseyeran su propio Rasputín o su Mitia u otra figura similar. La Matriona ‘la descalza’, el ‘loco bendito’ Mitia Kozelski –recibido en la corte descalzo y harapiento, emitiendo sonidos incomprensibles que un intérprete "traducía": No eran más que predecesores de Rasputín durante la moda de la mística que comenzaba a arrasar en la alta sociedad de San Petersburgo.


placeholderEl historiador Antony Beevor. (Cedida)
El historiador Antony Beevor. (Cedida)

¿Por qué necesitaba la más poderosa familia del mundo a un campesino siberiano para gobernar? La cuestión del zarevich fue crucial y cualesquiera de los escandalosos rumores que se le achacaron a Rasputín –muchos de ellos exagerados o directamente inventados según Beevor– caerían en saco roto ante una emperatriz que había establecido esa conexión por su fanatismo espiritual y la protección que parecía brindar el santón a la familia. A partir del milagro de Spala en 1912, Rasputín asentó su poder e influencia en la corte al tiempo que se derramaba por la ciudad su incontrolable pasión por las juergas y el sexo. "Lo triste era que su inteligente mujer sentía que era víctima de su propia lujuria. Existía siempre esa noción [de los Khlysty] de que el cuerpo debe pecar para que el alma se salve", comenta Beevor. Lo cierto es que existía una doble vara de medir para ese erotomaníaco que era Rasputín: con las mujeres de la alta sociedad, ese juego de seducción; y con las de clase baja abusos y agresiones también en muchos casos tal y como recoge Beevor en su obra. Sin embargo, el historiador matiza a El Confidencial que lo fascinante era esa contradicción es que era real: "era un charlatán manipulador pero su espiritualidad era bastante genuina".

El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 y la decisión del zar Nicolás II de después de trasladarse al frente en parte aconsejado por la zarina y Rasputín que desconfiaban del gran duque Nikolai y los nobles más ultraderechistas que ya recelaban abiertamente de Rasputín supuso el cénit del poder del gurú que se cobraba además los servicios de su influencia para nombramientos, favores y demás apelando a la zarina. Es también el momento álgido de la propia Alejandra y su ambición en el gobierno aprovechando la ausencia del zar ¿Era un poder compartido? "Es muy difícil, porque no es que uno dominara al otro" explica Beevor, "él era el que sugería a menudo, y eso es lo más importante cuando se trata del nombramiento de ministros". La cuestión fue crucial porque tal y como explica el historiador británico "lo que llevó a la revolución de febrero de 1917 fue el nombramiento de Protopópov en septiembre de 1916, tres meses antes de que estallara. El caos en los ferrocarriles que causó el ministro es lo que detonó directamente a la revolución al desabastecer a la población de pan, que sería el último motivo para los motines. Y fueron tanto Rasputín como la zarina quienes acordaron que se permitiera a Protopópov controlar los ferrocarriles".

La trampa para asesinar a Rasputín acabó siendo, en palabras de Trotski, "un escenario de película diseñado para gente de mal gusto"

Rasputín no llegaría a ver el desastre causado porque en la noche del 16 al 17 de diciembre de 1916 el príncipe Félix Yusúpov, el gran duque Demetrio Pávlovich y el diputado ultraderechista Purishkévich atrajeron a Rasputín al sótano del palacio Yusúpov a orillas del canal Moika con la promesa de presentarle a la bella esposa del príncipe. Una trampa para asesinarle convencidos de que así salvaban a la monarquía, eliminando lo que consideraban el perverso influjo del santón y lujurioso Rasputín y no tanto por el caos de gobierno. Lo que siguió fue, en palabras de Trotski, "un escenario de película diseñado para gente de mal gusto". Se escogió el envenenamiento por medio del cianuro en los pasteles, que no hizo efecto, por lo que hubo que recurrir a los disparos. El primero en el sótano no lo mató de hecho y Rasputín subió las escaleras "resucitado".Una escena increíble antes de que pudieran abatirlo con tres disparos más. Posteriormente, se arrojó el cadáver al Nevá sin los pesos que debían hundirlo. Fue una chapuza y un final estrambótico digno del personaje.


placeholderEl cadáver congelado de Rasputín tras ser recuperado del río Nevá en 1916. (Wikipedia)
El cadáver congelado de Rasputín tras ser recuperado del río Nevá en 1916. (Wikipedia)

La novedad es que Beevor descarta en su libro explícitamente la hipótesis de que el agente británico del MI6 Oswald Rayner disparara el tiro de gracia, hipótesis popularizada en 2004 por Andrew Cook y que Sebag Montefiore recogió como verosímil en Los Romanov. Beevor la considera directamente "teoría conspiranoica" sin respaldo documental en el libro. La explicación que nos da al respecto durante nuestro encuentro con él en Madrid va aún más lejos: el propio jefe del servicio secreto británico en Petrogrado, el teniente coronel Samuel Hoare –que sería posteriormente embajador en España durante la Segunda Guerra Mundial– consideró el plan "demasiado amateur, ridículo y caótico" para implicarse, y se ocupó de que Rayner no estuviera en la ciudad aquella noche. Los británicos dejaron hacer, convencidos de que saldría bien, pero el tiro de gracia lo disparó Purishkévich.

Beevor descarta explícitamente la hipótesis de que el agente británico del MI6 Oswald Rayner disparara el tiro de gracia contra Rasputín

El final de Rasputín no evitó, por supuesto, la caída de la monarquía. Tal y como explica Beevor este destino se había labrado mucho antes con las decisiones de Nicolás y Alejandra y el propio gurú. Al final, el sueño premonitorio de la emperatriz viuda del zar Alejandro III, María Fiódorovna, que aseguraba que un mujik asesinaría a su hijo fue solo en parte cierta: serían varios mujiks con la Revolución de Febrero y en última instancia, en Ekaterimburgo cuando la familia fue fusilada al completo en 1918.