miércoles, 11 de marzo de 2026

Silicon Valley busca el 'gadget' que podría jubilar al móvil

 

Mark Zuckerberg, CEO de Meta, con unas gafas con IA Ray-Ban.
David Paul MorrisEXPANSION

    De las gafas de Meta al misterioso hardware de OpenAI, la inteligencia artificial impulsa la búsqueda de nuevos dispositivos, en una carrera aún llena de incógnitas.

    Silicon Valley lleva años buscando sin éxito el próximo gran dispositivo de consumo capaz de reemplazar al móvil inteligente. Ahora, los avances en inteligencia artificial han reactivado una carrera por desarrollar una nueva generación de hardware, cuyo resultado aún es una incógnita.

    Gafas, broches o auriculares son algunas de las categorías que explora la industria tecnológica. El objetivo es crear un gadget vestible pensado desde el inicio para la inteligencia artificial, siempre activo y que prescinda de la pantalla.

    La irrupción de la IA en el hardware de consumo abre un nuevo campo de batalla entre gigantes como Apple, Meta, Google y Samsung -sin olvidar a los fabricantes chinos- y da entrada a nuevos actores como OpenAI, la compañía dueña de ChatGPT.

    Apple acaba de dar otro paso en esta carrera tras adquirir por 2.000 millones de dólares la israelí Q.AI, con tecnología de análisis de expresiones y microgestos faciales, lo que facilita la comunicación con un asistente de IA sin necesidad de hablar en voz alta.

    La disputa refleja una lucha por ver quién controla el acceso al consumidor. Según explica la analista Carolina Milanesi, de Creative Strategies, el motor de esta apuesta es la necesidad de "ser dueños del cliente y puentear al teléfono de alguna manera".

    ¿Reemplazo del móvil?

    La gran incógnita es si la inteligencia artificial será solo una capa adicional del smartphone o es el punto de partida para una nueva etapa en el hardware de consumo. Incluso si alguno de estos gadget tuvieran éxito comercial, su impacto podría limitarse a ser un accesorio, como ha ocurrido con los relojes inteligentes.

    No es la primera vez que la industria ha fracasado con dispositivos que pretendían ir más allá del smartphone. Iniciativas como las primeras Google Glass o el pin con IA de Humane han demostrado las dificultades para convertir estas promesas en productos de consumo viables. "Pasará mucho tiempo antes de que algo pueda reemplazar al teléfono", dice Milanesi.

    En su opinión, el mayor desafío de estos dispositivos sigue siendo el propósito y el precio. "Ofrecer valor a los consumidores a través de la IA es muy positivo, pero hay que generar confianza", remarca. La analista señala que, como no van a reemplazar al teléfono, no pueden costar una fortuna. "Se suman a la cartera de dispositivos que ya tenemos y de los que no podemos prescindir, como el móvil y el ordenador".

    Los defensores de gadget específicos para IA, entre ellos el CEO de OpenAI, Sam Altman, argumentan que el móvil se queda corto para esta era. Sin embargo, los nuevos formatos de hardware pueden estar siempre activos para capturar en tiempo real lo que el usuario ve y oye, lo que permite a la inteligencia artificial entender el contexto para funcionar como un asistente personal.

    Las gafas tienen una oportunidad

    Las gafas son el formato que más se ha desarrollado gracias al empuje de Meta con las Ray-Ban. Además de la apuesta de fabricantes chinos como Xiaomi, este año también entrará en la contienda Google.

    "Si la tecnología mejora lo suficiente, existe la posibilidad de que en unos años las gafas inteligentes comiencen a quitar cuota de mercado a los teléfonos móviles porque podrían replicar la mayoría de sus funciones en una forma más intuitiva", dice el analista de IDC Frederick Stanbrell.

    Los fabricantes apuestan por monturas ligeras de diseño en un dispositivo que integra altavoces, micrófonos y cámaras que permiten "ver y oír" el entorno del usuario. De esta manera, la IA puede responder preguntas y ofrecer información en tiempo real.

    El sueño de Zuckerberg

    Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta, está convencido de que este formato será el próximo gran dispositivo tecnológico de masas, con el potencial de reemplazar al smartphone. El ejecutivo, quien ha revelado que las ventas de gafas se triplicaron en 2025, defiende el gran paso que supone haber dotado a su último modelo de una pantalla en una lente en la que se despliega información. "Creo que las gafas son uno de los productos que más rápido están creciendo en la historia de la informática de consumo", ha declarado.

    Sin embargo, nada indica que las gafas vayan a dejar de ser un producto de nicho a medio plazo. IDC prevé unas ventas de 18,7 millones de unidades en 2029, frente a los cientos de millones de móviles que se comercializan cada trimestre. "Por ahora, no son para todos: no se adaptan a todas las caras, la batería dura poco y no todo el mundo quiere llevar gafas", explica Milanesi.

    El fracaso del pin Humane AI pone de relieve la dificultad que enfrenta la industria.EXPANSION

    ¿Gafas o pines?

    Este formato parte con ventaja si se busca un dispositivo con cámaras porque están a la altura de los ojos y captan exactamente lo que mira el usuario, dice Milanesi. En un broche puesto en una solapa, la cámara "tendría un ángulo extraño la mayor parte del tiempo, por ejemplo cuando giramos la cabeza, pero no el torso", explica. Si el dispositivo no puede seguir la mirada, resulta difícil que se anticipe a las necesidades del consumidor.

    Eso sí, esta analista señala que podremos ver pines dotados exclusivamente de micrófonos para capturar audio, y con los que interactuemos a través de la voz. Estos formatos, al igual que nuevos auriculares inteligentes, se apoyan en las funciones de voz avanzadas de la IA, que permiten a los consumidores conversar de forma natural y fluida en tiempo real con los asistentes personales.

    La incógnita es, de nuevo, si es necesario un nuevo dispositivo personal para explotar estas capacidades. Los consumidores ya pueden conversar con asistentes como ChatGPT o Gemini desde sus móviles inteligentes. Por su parte, Apple prepara una nueva versión de Siri, basada en la tecnología de IA de Google, que dotará de mayores funcionalidades a este asistente por voz para los usuarios del iPhone.

    Meta lidera en gafas

    Meta lidera el mercado de gafas con IA con un 75% de cuota. La compañía dirigida por Mark Zukcerberg lanzó en septiembre el primer modelo Ray-Ban con una pantalla incorporada en la lente, que no interfiere con la visión del entorno, y en la que se despliegan mensajes, llamadas y respuestas del asistente inteligente de Meta. Las gafas se controlan con una pulsera neuronal. Se venden en EEUU por 799 dólares, pero aún no han llegado a Europa.

    Apple prueba prototipos

    Apple trabaja en varios prototipos de dispositivos para la IA. Según ha trascendido, la compañía desarrolla unas gafas del estilo de las Ray-Ban de Meta -de momento, sin pantalla integrada-, que podrían ser una realidad comercial el próximo año. En una segunda versión, el dispositivo incorporaría una pantalla en la lente. El fabricante dirigido por Tim Cook también explora las posibilidades de un formato tipo pin, con cámaras y micrófonos, según The Information.

    Cuenta atrás para las gafas de Google

    Google lanzará gafas de inteligencia artificial este año, que estarán impulsadas por su inteligencia artificial Gemini y utilizarán el sistema operativo Android XR. La compañía dirigida por Sundar Pichai trabaja con compañías como Samsung, Gentle Monster y Warby Parker. La tecnológica, que fracasó en este mercado hace más de una década con sus primeras gafas inteligentes, no ha concretado fechas ni precio de las gafas.

    OpenAI entra en liza

    OpenAI ha confirmado que presentará su primer hardware para IA en la segunda mitad de este año, aunque no está claro aún cómo será el producto. Según algunas filtraciones, lanzará unos auriculares que se colocarán como unos audífonos y permitirán a los usuarios conversar por voz con ChatGPT.

    Sam Altam, CEO de OpenAI, se ha asociado al mítico diseñador John Ive para desarrollar toda una familia de dispositivos nativos para IA sin pantalla, con el objetivo de tener un control total sobre la distribución de su asistente ChatGPT más allá de las plataformas de Apple o Google.

    Su consejero delegado Sam Altman dijo el año pasado a sus empleados que su ambición es poner en el mercado cien millones de unidades de estos productos, "más rápido que lo que nunca ha logrado ninguna compañía". Altman cree que esta incursión en hardware podría añadir más de un billón de dólares de valor a OpenAI.


    martes, 10 de marzo de 2026

    José Elías, empresario multimillonario: "Pensamos que nos quedan 20, 40 o 50 años de vida, pero es mentira. La vida se mide en veces"

     

    José Elías Navarro, dueño de Audax Renovables y La Sirena.
    Audax Renovables


    "No te quedan años. Te quedan momentos. Aprovéchalos", ha escrito el empresario en un mensaje publicado en rede sociales



    El empresario multimillonario José Elías Navarro ha publicado un mensaje en redes sociales en el que invita a las personas a replantarse la forma en la que perciben el paso del tiempo. "Pensamos que nos quedan 20, 40 o 50 años de vida. Pero es mentira. La vida se mide en veces", ha afirmado en una publicación en LinkedIn.

    Para ilustrar mejor la forma en la que él concibe la vida pone como ejemplo una de las actividades que más le apasiona: esquiar. "Siendo realistas, voy 2 veces al año. El año que voy 3, ya soy un privilegiado", admite el empresario.

    "Si asumo que me quedan 15 años esquiando a tope, la cuenta sería así: No me quedan 15 años de esquí. Me quedan 30 veces. Solo voy a subir a la nieve 30 días más en toda mi vida", analiza antes de afirmar que lo mismo sucede con las personas con las que compartimos en nuestra vida.

    "Piensa en ese primo al que ves solo en las comidas familiares. Si lo ves una vez al año durante 3 horas y crees que te quedan 20 años de vida…Realmente te quedan 60 horas con él. Un fin de semana largo. Eso es todo lo que te queda antes de morirte", prosigue Navarro.

    El empresario admite que "es una mierda" y que cuando se pone a sacar cuentas del tiempo que le queda le "entra la paranoia". Además, recuerda que cuando tenía 18 o 20 años "regalaba los minutos" y dejaba pasar la vida "como si nada".

    Por este motivo, insta a las personas a replantearse la manera en la que perciben el tiempo. "Hacer este cálculo te obliga a dejar de regalar el tiempo y aprovechar hasta el último segundo. No te quedan años. Te quedan momentos. Aprovéchalos", sentencia.




    NOTICIA31 ene 2026 - 16:40
    20MINUTOS
    https://www.20minutos.es/gente/jose-elias-empresario-multimillonario-pensamos-que-nos-quedan-20-40-50-anos-vida-pero-es-mentira-vida-se-mide-veces_6928062_0.html

    lunes, 9 de marzo de 2026

    La carrera de estos científicos por demostrar que el tiempo es una ilusión



    (Inteligencia artificial - Nano Banana - Novaceno)



    Aunque todos creemos saber lo que es el tiempo, la física aún no ha sido capaz de explicarlo. Algunos científicos creen que lo que percibimos como tiempo es una ilusión y ya saben cómo demostrarlo



    El tiempo es lo más básico del mundo hasta que intentas definirlo según las reglas de la física. La relatividad lo deforma, la mecánica cuántica lo ignora y ninguna teoría fundamental puede explicar por qué fluye en una sola dirección o por qué avanza. En 1983, dos científicos sugirieron que la respuesta era simple: el tiempo no fluye porque no existe, solo lo parece gracias a un truco cuántico. Ahora, cuatro décadas después, nuevos experimentos con relojes microscópicos están poniendo a prueba esta idea y los agujeros negros pueden darnos la solución.

    La teoría de la relatividad de Einstein fusionó tiempo y espacio en un tejido flexible que se deforma con la masa y el movimiento. Estas propiedades hacen que se creen efectos tan desconcertantes como que el tiempo transcurre más rápido en lo alto de una montaña que al nivel del mar debido a la diferencia de intensidad de la gravedad. Pero para las cosas más pequeñas que los átomos, la mecánica cuántica explica el tiempo como un añadido externo que no puede medirse directamente.

    Esta desconexión entre lo grande y lo pequeño llevó a los físicos Don Page y William Wootters a proponer en 1983 lo que llamaron el mecanismo Page-Wootters. Inspirados en el entrelazamiento cuántico —una especie de vínculo que hace que dos partículas se comporten como si fueran una sola— y las funciones de onda de cada partícula—una herramienta matemática con la que se obtiene toda la información sobre ella—, imaginaron el universo entero como una función de onda cuántica gigante y congelada. En lugar de tener funciones de onda individuales para cada partícula, el cosmos sería una única y enorme función de onda que contiene todas las partículas, todos los campos y todas las configuraciones posibles del universo en un solo paquete matemático.

    Por sí solo, este objeto gigante no se mueve ni funciona, aseguran. Simplemente, permanece allí como un catálogo atemporal de todas las posibilidades, y lo que llamamos tiempo surgiría de las interacciones dentro de esa estructura fija entre un sistema que actúa como un reloj y el resto del universo.


    Demostrar que el tiempo no existe

    El mecanismo Page-Wootters es tan enrevesado como la propia mecánica cuántica, pero el divulgador Zack Savitsky ha encontrado una analogía que aclara bastante el panorama. Según Savitsky, funciona como un manuscrito cuyas páginas ya están escritas, pero necesita números de página para crear una secuencia coherente que podamos seguir para comprender la historia. La parte de la función de onda que codifica la realidad son las palabras; el reloj son los números de página.

    En 2024, Paola Verrucchi, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones (CNR) de Italia, construyó un modelo matemático simple basado en el mecanismo Page-Wootters, entrelazando un reloj hecho de diminutos imanes con un sistema cuántico similar a un muelle. Desde fuera, el sistema permanecía estático. Sin embargo, para el reloj, el resorte parecía estirarse y contraerse en una secuencia temporal que podía medir. "Puedes derivar todas las ecuaciones de movimiento que sabemos que funcionan [del modelo]", asegura Verrucchi.


    Unos años antes, en 2017, se encontró una manera de detectar esos relojes. Marcus Huber y su equipo de la Universidad Técnica de Viena demostraron con modelos teóricos que mantener el tiempo requiere trabajo y produce calor, incluso a escalas cuánticas. Sus experimentos con relojes hechos de unos pocos átomos han mostrado que existe un intercambio directo entre la precisión de que tiene un reloj y la entropía (una medida del desorden) que produce. Este descubrimiento permitirá finalmente someter el mecanismo Page-Wootters a pruebas experimentales.


    Los agujeros negros como relojes del universo

    Verrucchi cree haber encontrado uno de estos relojes en la naturaleza: los agujeros negros. Examinando las características de un reloj Page-Wootters ideal, identificó tres características necesarias: suficiente energía para rastrear la dinámica del sistema, aislamiento del ruido externo y capacidad de entrelazarse con lo que mide. Los agujeros negros cumplen los tres criterios.

    Sus intensos campos gravitacionales los aíslan casi completamente, pero como demostró Stephen Hawking en la década de 1970, pueden entrelazarse con el exterior a través de pares de partículas cuánticas que se forman en su horizonte de sucesos. "Es un reloj perfecto", dice Verrucchi en una entrevista con Savitsky. "No puedes interactuar con él, pero al mismo tiempo, puedes estar entrelazado con él".

    El grupo de Huber ahora diseña experimentos con sistemas cuánticos entrelazados, como nubes de átomos, que podrían imitar el mecanismo Page-Wootters en el laboratorio. Midiendo la entropía emitida por estos relojes, esperan responder preguntas fundamentales sobre si el tiempo fluye de manera continua o avanza a pequeños saltos, como la sucesión de fotogramas de una película.


    domingo, 8 de marzo de 2026

    Ucrania, cambio climático, Operación Ivy... Los momentos más peligrosos para la Humanidad, según el Reloj del Apocalipsis



    Avance del Reloj del Apocalipsis.Carlos G. Kindelán



    1991 fue el momento en que mejor estuvo la humanidad desde 1947: las agujas estaban a 17 minutos del final.



    Sólo queda 1 minuto y 25 segundos para el fin del mundo. Es una predicción, la que cada año hace el Bulletin of the Atomic Scientists (Boletín de Científicos Atómicos) con su Doomsday Clock, el Reloj del Apocalipsis. Nunca, desde que lo crearon, el mundo había estado tan cerca del final: 85 segundos.

    En realidad, se trata de una metáfora. Los científicos hacen cálculos y nos avisan de cuánto tiempo parece quedar para que la humanidad destruya el planeta. Y parece que se nos da bien: cada año lo hacemos peor. Desde 2007, el reloj incluye en sus valoraciones el deterioro del planeta debido al calentamiento global y la crisis del cambio climático.

    El Doomsday Clock se creó en 1947. Las agujas simbólicas de este reloj se van moviendo, dependiendo de la situación de la humanidad, acercándose a la medianoche, que es la hora que representa la "destrucción total y catastrófica" del mundo y de nuestra especie. La aguja se mantiene siempre a minutos de la medianoche, ya que no cesa la amenaza a nuestra especie debido a las guerras o al cambio climático, entre otras cosas.

    Anualmente, durante los últimos 79 años, los científicos modifican la hora según lo cerca que creen está la humanidad de su aniquilación total. Algunos años la hora cambia, otros no. El reloj pretende abrirnos los ojos, mostrar los problemas que afectan a nuestro mundo y a la supervivencia. Su intención es promover políticas y concienciar para reducir las amenazas de extinción.

    De la bomba atómica a ser conciencia de la humanidadDe la bomba atómica a ser conciencia de la humanidad. El Doomsday Clock lo creó un grupo de científicos que había trabajado en el Proyecto Manhattan, para el desarrollo de la bomba atómica. Querían recordar a la humanidad la fragilidad y la vulnerabilidad con la que podemos ser destruidos. De este reloj, a modo de terrible Pepito Grillo de la humanidad, se encargan los expertos del consejo de ciencia y seguridad del Bulletin of the Atomic Scientists, en consulta con su junta directiva. De ella formaron parte en su día Albert Einstein, en diciembre de 1948, o J. Robert Oppenheimer, que fue su primer presidente. Actualmente, la junta incluye a ocho premios Nobel, muchos de ellos en física o química.

    ¿Qué significaría que las agujas de este reloj marcaran la medianoche? Que no podríamos ni contarlo. "Cuando el reloj marca la medianoche, significa que ha habido algún tipo de intercambio nuclear o un cambio climático catastrófico que ha aniquilado a la humanidad", explica a CNN Rachel Bronson, expresidenta y directora ejecutiva de Bulletin y ahora asesora principal. "Realmente nunca queremos llegar a ese punto, y no lo sabremos cuando lo hagamos", dice.

    Pero ahora mismo estamos ante el dato más cercano a la destrucción que se ha dado nunca; esos 85 segundos. Vamos de mal en peor. Los científicos lo explican por la guerra de Rusia en Ucrania, los bombardeos estadounidenses e israelíes sobre Irán, los enfrentamientos fronterizos entre India y Pakistán, las continuas tensiones en la península de Corea, las amenazas de China hacia Taiwán, los efectos del cambio climático, las amenazas biológicas y los avances en "tecnologías disruptivas" como la inteligencia artificial.


    Ojalá volviéramos a 1991

    En 2025, el Bulletin of the Atomic Scientists fijó el reloj a 89 segundos para la medianoche, lo que, en ese momento, era lo más cerca que el mundo había estado de esa hora fatídica. Pero el siglo XXI había empezado mucho mejor. En 2002, el reloj estaba a 7 minutos de la medianoche. Aunque habíamos estado mejor. Resulta envidiable pensar que en 1991 las agujas estaban a 17 minutos del final.

    Aquel año, Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron el primer Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START I). Además, Washington anunció la retirada de numerosas armas nucleares tácticas y la Unión Soviética toma medidas similares. En 1991, el editorial del Boletín anunció que "la carrera armamentística nuclear Este-Oeste, que duró 40 años, ha terminado". Luego desapareció la URSS. Fue el momento en que más lejos estuvo el reloj del final.

    Lejos quedaba 1953, cuando sólo 2 minutos nos separaron del apocalipsis. EEUU acababa de probar su primer dispositivo termonuclear como parte de la Operación Ivy, antes de que la URSS hiciera lo mismo. Fue el momento más cercano a la medianoche (junto a 2018) hasta 2020.

    2018 resultó fatídico como aquel 1953: a 120 segundos del fin. La base de aquella predicción fue la incapacidad de los líderes mundiales para afrontar las amenazas inminentes de guerra nuclear y el cambio climático.

    En 2019, seguíamos a dos minutos para la medianoche. El Boletín citaba la persistencia del cambio climático y el abandono por parte de la administración Trump de los esfuerzos estadounidenses para liderar al mundo hacia la descarbonización; la retirada de EEUU del Acuerdo de París, el Plan de Acción Integral Conjunto y el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio; los esfuerzos de modernización nuclear de EEUU y Rusia; las amenazas de la guerra de la información y otros peligros derivados de "tecnologías disruptivas" como la biología sintética, la inteligencia artificial y la ciberguerra.

    Y fuimos a peor. En 2020, estábamos a 100 segundos del apocalipsis. Las razones, parecidas: las crecientes amenazas de una guerra nuclear, como el fin del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) entre EEUU y Rusia, así como el aumento de las tensiones entre Washington e Irán, junto con la continua desatención al cambio climático.

    En los informes anuales de 2021 y 2022, el Boletín mantuvo sin cambios la configuración horaria de a "100 segundos de la medianoche". Pero las proyecciones empeoraron en 2023, cuando quedamos a 90 segundos del fin.

    Fue debido en gran parte, aunque no exclusivamente, a la invasión rusa de Ucrania y al mayor riesgo de escalada nuclear derivado del conflicto. Moscú dejó el último tratado de armas nucleares que le quedaba con Washington y llevó su guerra a los reactores nucleares de Chernóbil y Zaporiya. Además, Corea del Norte reanudó su discurso nuclear, lanzando una prueba de misil balístico de alcance intermedio sobre Japón en octubre de 2022.



    INTERNACIONAL
    29 ene 2026 - 05:00
    CHEMA LIZARRALDE
    https://www.20minutos.es/internacional/ucrania-cambio-climatico-operacion-ivy-los-momentos-mas-peligrosos-para-humanidad-segun-reloj-apocalipsis_6926992_0.html

    sábado, 7 de marzo de 2026

    Cómo el ‘ghosting’ se pasó a Linkedin

     

    El 'ghosting' ha pasado del plano sentimental al laboral
    Getty Images/iStockphoto


    La práctica de desaparecer sin dar explicaciones que se ha extendido a través de las 'apps' de citas también afecta a la búsqueda de empleo


    El ghosting, una práctica lamentable pero conveniente, es ya la norma cuando se busca pareja en apps de citas que propician el volumen sobre la calidad de las interacciones. Ya se sabe: dos personas hacen match, empiezan a hablar, todo parece ir bien, incluso puede que lleguen a quedar, pero cuando están a punto de verse las caras una de las partes se esfuma sin dar explicaciones.

    Ghosting es algo así como fantasmear, es un término anglosajón difícil de traducir que define el arte de desaparecer con la inestimable ayuda de la tecnología. Esta práctica que hasta ahora se había acotado al terreno sexual y sentimental ha comenzado a hacerse habitual en el mundo laboral: reclutadores que dejan de contestar, procesos de selección que se interrumpen abruptamente y, también, candidatos que no vuelven a aparecer tras firmar un contrato de trabajo.

    El 'ghosting' hace sobrepensar y deprimirse
    El 'ghosting' hace sobrepensar y deprimirseGetty Images/iStockphoto

    La agencia de empleo Randstand reconoce que el ghosting laboral es un “comportamiento cada vez más frecuente, tanto por parte de los candidatos como de las empresas, y está cambiando las dinámicas tradicionales de contratación y colaboración en el trabajo”. También observa otra variación del mismo tema a la que llama microghosting en la que la comunicación no se elimina del todo pero se reduce notablemente, ignorando mensajes o tardando demasiado en contestar. De esta forma se envían señales sutiles de desinterés que se espera que la otra parte sea capaz de advertir por su cuenta.

    “Hace dos meses me contactó una agencia de reclutamiento por Linkedin para un puesto de líder regional. Dos semanas después de la entrevista telefónica, tuve otra entrevista, y luego una tercera. Después me pidieron que fuera físicamente a la empresa. Invertí unos 250 euros en billetes, pero después de esa entrevista en la que creía que me había ido bien el reclutador redujo bruscamente la frecuencia de los contactos. Le envié un mensaje para pedir feedback, y me dijo que solo necesitaba finalizar 'una cosa', que me contactaría en una semana. Esperé y envié otro mensaje pero nunca respondió. Odio invertir en estas entrevistas y no saber siquiera si el proceso se ha cerrado y han seleccionado a otra persona. Es injusto no darle un cierre al candidato”. Este testimonio pertenece a Enrique A. (42 años), un ingeniero en búsqueda activa de empleo. Lo curioso es que él mismo pone nombre al fenómeno y no duda en llamarlo ghosting.

    El ghosting laboral es tan dañino como el sentimental 
    El ghosting laboral es tan dañino como el sentimental Getty Images

    El ghosting laboral es tan dañino como el sentimental. En ambos casos la víctima se queda desorientada y esperando un cierre. Un equipo de investigadores de la Universidad de Georgia liderado por Christina Leckfor estudió el daño que dejan estas prácticas en la estabilidad emocional, y aunque el estudio se centró en el ámbito romántico, los investigadores creen que las consecuencias podrían extrapolarse a otras relaciones humanas. “Aunque no hemos estudiado específicamente el ghosting laboral creemos que su huella sobre la salud mental es más dañina que la que dejaría, por ejemplo. un email de rechazo”, explica la investigadora de la Universidad de Georgia. 

    “En nuestro trabajo los que hacían ghosting lo consideraban una estrategia ventajosa porque evitaba la confrontación, además les parecía más amable que el rechazo frontal. Sin embargo, nuestras investigaciones muestran que es más sano el rechazo abierto”.

    La ausencia de empatía y la mala educación son hoy moneda corriente en los procesos de selección

    Los códigos de comportamiento del mercado laboral han saltado por los aires. Y la preponderancia de bots e inteligencias artificiales generativas sirven de herramientas a las malas maneras. Desde candidatos que redactan sus currículums con chatGPT, correctísimos pero todos idénticos, hasta empresas que usan bots para descartar currículums y evitar así leer las candidaturas. En algún punto el proceso ha dejado de ser humano y con ello la responsabilidad de dar la cara. La ausencia de empatía y la mala educación son hoy moneda corriente en los procesos de selección.

    La semana pasada la revista estadounidense The Atlantic se preguntaba cuándo el mercado laboral se había vuelto tan grosero, y describía un panorama donde los candidatos empleaban tres veces más el término ghosting que en 2020. El artículo citaba una encuesta de 2023 en la que el 62% de los que buscaban trabajo se planteaban hacer ghosting a un posible empleador si les salía por el camino algo mejor. En 2019 solo el 37% de los que buscaban trabajo contemplaban esta posibilidad.

    La preponderancia de bots e inteligencias artificiales generativas sirven de herramientas a las malas maneras en el mundo laboral
    La preponderancia de bots e inteligencias artificiales generativas sirven de herramientas a las malas maneras en el mundo laboralGetty Images

    Por otra parte, la consultora Greenhouse revela que en Estados Unidos uno de cada tres candidatos había sufrido ghosting de una empresa tras haber hecho varias entrevistas y superado varias fases de un proceso de selección. Al mismo tiempo cada vez más empresas tienen casos de candidatos contratados que no aparecen el primer día de trabajo y nunca más se sabe de ellos.

    Hoy en día, sea por conveniencia, autoprotección o resentimiento mucha gente, de un lado y otro de la ecuación del mercado laboral, ha abandonado las normas elementales de cortesía y ha generado una gran desconfianza en el mercado.

    Para salir hoy al mercado de trabajo no solo hay que tener herramientas y habilidades competitivas sino, sobre todo, una autoestima de hierro

    Porque no solo es el ghosting, el universo de la búsqueda de trabajo es cada vez más opaco y frustrante. Ya no es solo la probabilidad casi nula de interactuar con un humano en alguna parte del proceso, es que incluso muchas ofertas de trabajo no son reales y solo han sido lanzadas al mercado para extraer los datos de los solicitantes. Otras veces son los reclutadores los que vuelven a publicar un puesto para el que hay varios candidatos prometedores en proceso de selección. Para salir hoy al mercado de trabajo no solo hay que tener herramientas y habilidades competitivas sino, sobre todo, una autoestima de hierro.

    Antes de que los procesos de selección se hicieran a través de pantallas reinaban una serie de fórmulas con grandes dosis de hipocresía que nadie se creía, pero que al menos informaban a ambas partes del estado de la cuestión, pero la tecnología del siglo XXI eliminó esas incómodas interacciones, pues hizo muy fácil desconectar al otro, o llegado el caso, desaparecer uno mismo y ahorrarse las explicaciones.

    Las pantallas crean una ilusión de distancia y despersonalización y, de paso, irresponsabilidad y una moral más laxa. Es como si la pantalla anestesiara a la víctima y rebajara la crueldad y la gravedad de los acontecimientos. Todo se queda en el limbo virtual donde todo parece más ligero y superficial.

    Lo que pasa en el mercado laboral es otra muestra de cuánto estamos dispuestos a ceder por conveniencia y comodidad. En este caso escogemos saltarnos varias normas elementales de educación aunque del otro lado alguien se quede esperando una respuesta. Al final, la cortesía exige un esfuerzo, ¿y no es eso justamente lo que ha venido a quitarnos de en medio la tecnología?


    Karelia Vázquez