lunes, 25 de mayo de 2026

Los rincones oscuros de la mayor OPV de la historia: un Musk todopoderoso, una valoración estratosférica y estructuras financieras dudosas

 

Un busto de Elon Musk en Brownsville, Texas. Foto: Reuters


  • El folleto revela deudas ocultas, operaciones con otras firmas de Musk y un préstamo a pagar con la OPV
  • Su valoración depende de la IA, un negocio deficitario, mientras alquila sus centros a un rival como Anthropic


Cuando una empresa sale a bolsa, lo esperable es que se vista de gala y venda todas las excelencias y maravillas de su negocio a los potenciales inversores a los que quiere convencer. Pero la ley exige que, a la vez, revele con todo lujo de detalles sus puntos débiles y destape el polvo escondido debajo de la alfombra. Y la OPV de SpaceX, la que vaya a ser la mayor salida a bolsa de la historia, ha cumplido con este requisito. En su folleto, la firma de Elon Musk muestra sus talones de Aquiles: desde el control absoluto del magnate sobre la firma a ciertas estructuras financieras que levantan algunas dudas entre los analistas.

Para empezar, una mirada a las cuentas revela algunas operaciones que despiertan dudas o que resultan, cuanto menos, extrañas. Para empezar, SpaceX revela que firmó en abril un acuerdo con Anysphere para comprar Cursor, una firma de programación mediante IA. Musk se ha comprometido a comprarla pagando 60.000 millones de dólares en acciones, lo que implicaría una dilución muy significativa de los actuales inversores. Si la compra no sale adelante, SpaceX deberá pagar 1.500 dólares en indemnización a Cursor y ofrecerles 8.500 millones de servicios de computación. Nada más empezar, esta compra ya supone un golpe a las cuentas de la firma.

A eso se suman varios movimientos contables extraños. En las cuentas, la compañía reconoce unas compras recientes de turbinas de gas por valor de 3.730 millones de dólares que no aparecen en las cuentas, sino que están escondidas en las notas al pie.

También aparece el alquiler de un centro de datos en Misisipi por valor de 1.600 millones, que no reconoce directamente, sino que lo incluye como una participación del 49,9% de una filial en una 'joint venture' con la firma que suministra la energía a dicho centro de datos. Sin embargo, esa 'joint venture' no tiene ningún otro ingreso que los pagos de SpaceX, por lo que, en la práctica, no es independiente. Este tipo de 'trucos contables' son del estilo que utilizó Enron en los años 90, escondiendo deudas en 'joint ventures' que, en la práctica, no eran sino filiales propias.

Todo depende de los satélites

Entrando en el negocio, el sustento actual de la compañía vive principalmente de un solo elemento: Starlink, con 10 millones de suscriptores y un calendario de lanzamientos ya estable en un momento en el que no hay rivales similares. Sin embargo, si bien la práctica totalidad del valor actual descansa sobre Starlink, que supone entre un 50% y 80% de los ingresos de la empresa, el futuro de la compañía está apostado en una serie de negocios paralelos. Por ejemplo, destaca el lanzamiento de sus cohetes Starship para hacer misiones en la Luna y Marte y los planes de satélites vinculados a su unidad de IA xAI, que todavía sigue siendo deficitaria.

Algunos analistas están señalando que puede ser potencialmente peligroso que una parte tan importante de su valor a la hora de salir al parqué se fundamente en negocios que no se han consolidado todavía. Desde PitchBook comentan que "para poder justificar la valoración a la que va a venderse, los inversores tienen que ver que sale bien el proyecto Starship y la expansión del resto de servicios de Starlink".

Todo esto, en particular, con unas pérdidas operativas todavía muy grandes. El crecimiento de los ingresos fue de aproximadamente el 34,8% en 2024 y de aproximadamente el 33,2% en 2025. Sin embargo, la pérdida neta de 2025 representó aproximadamente el -26,5% de los ingresos, y los gastos de capital de 2025 fueron de 20.737 millones de dólares, superando los ingresos anuales. "Esto crea una distinción crucial entre la escala operativa y la creación de valor para el capital. El crecimiento de los ingresos es sólido, pero la conversión de efectivo, la intensidad de capital, la dilución y la rentabilidad de los segmentos siguen siendo los principales problemas de suscripción".

La IA es su objetivo... y el 'agujero negro' de sus cuentas

Entonces, siendo los satélites el principal negocio actual, hay una cosa que preocupa a algunos analistas que siguen el valor. Si bien el segmento clave y la lógica de la inversión es Starlink, la fusión con xAI puede generar un potencial de gasto demasiado elevado. De hecho, el folleto indica que con solo 3.201 millones de ingresos y 6.400 millones de pérdidas, xAI se ha comido el 61% de las inversiones de capital (capex) consolidadas de todo el grupo. Por contra, Starlink generó 11.387 millones en ingresos, y una parte de esas ventas va a venir de proyectos estables en el tiempo e incluso contratos públicos. Esto genera que "este sea el motor que sostiene las ganancias y proporciona un ancla fundamental más sólida para su valoración", comentan desde Atlas.

Esto no quiere decir que la IA sea un peso muerto. La idea es que acabe generando más dinero en el futuro y que todas estas pérdidas y 'capex' sean solo un primer paso en el crecimiento de la compañía. Sin embargo, esto no es un futuro tan seguro como el que promete el espacio.

Pero la propia compañía no cree que su futuro esté en los cohetes. Las cuentas consideran "improbable" que se llegue a construir una colonia espacial en Marte, y asignan un mercado relativamente pequeño a todo este negocio: de los 28,5 billones de dólares potenciales, solo le dan un valor de 370.000 millones a las naves espaciales. Su mayor expectativa son las aplicaciones de software mediante IA para empresas, que valoran en 22,7 billones de dólares. En otras palabras: el negocio que dominan, que da imagen al grupo y en el que tienen una ventaja competitiva enorme, tiene un techo bajísimo. En cambio, todas sus expectativas están en un negocio a medio hacer, en el que tienen una enorme competencia y que, a día de hoy, apenas da ingresos.

Sin embargo, uno de sus últimos movimientos resulta bastante extraño si de verdad consideran que el futuro está en desarrollar aplicaciones de IA: alquilar sus centros de datos a Anthropic. La firma de Dario Amodei va camino de convertirse en el líder del sector, superando ya en usuarios a OpenAI y prometiendo registrar beneficios ya en este trimestre. Musk, sin embargo, le ha alquilado dos plantas, las Colossus 1 y 2, por 1.250 millones de dólares al mes. Una buena forma de conseguir ingresos, sin duda, pero que pueden levantar alarmas a largo plazo por dos motivos.

Por un lado, si tiene plantas en desuso que puede alquilar es porque su IA propia, Grok, no está consiguiendo los usuarios que había previsto. Y, por otro, ayudar a uno de sus principales rivales a crecer aún más es un movimiento suicida. El negocio está en vender las aplicaciones de IA, no en mantener la infraestructura física de los centros de datos. Si SpaceX acaba convirtiéndose en un mero proveedor de servidores de Anthropic, esos 22,7 billones de dólares de beneficios futuros por software se disolverán como lágrimas en la lluvia.

Un PER desatado y burbujeante

Hay otro factor siguiendo esta misma línea que preocupa a los inversores. Con la IA la palabra burbuja se ha repetido una y otra vez y constantemente se han sacado métricas como el PER para detectar si hay una sobrevaloración. En ese sentido, algunos señalan que la empresa arrancaría ya su andadura con unos múltiplos muy peligrosos. No en vano, la valoración sería 56 veces sus ingresos previstos y 109 veces el Ebitda (teniendo en cuenta que logre el valor esperado de 1,75 billones de dólares).

Por poner una comparación, la comparativa valoración/Ebitda del S&P 500 es de unas 10 veces y la de la empresa liderada por Elon Musk solo se compara con una firma que ha mostrado signos de alerta como es Palantir, con unas 75 veces. Y, al menos, los ingresos de Palantir están bastante asentados, con un ratio de 40 veces, que ya es mucho frente a las 19 veces de la media del Nasdaq. Las 109 veces de SpaceX son estratosféricas en comparación.

Pero, ¿qué quiere decir exactamente esta comparativa de los beneficios (antes de impuestos y amortizaciones) y los ingresos? Significa que la empresa tiene una buena parte de su facturación basada en el negocio que el mercado especula que alcanzará, y no tanto por una rentabilidad real y demostrada. Cuanto más alto sea el múltiplo, más difícil es para una empresa alcanzar las expectativas.

El 'puente de deuda' y los negocios endogámicos de Musk

Otro tema que ha preocupado es la fórmula con la que Musk ordena su deuda. La compañía declara en sus cuentas una deuda total de 30.000 millones de dólares, una cifra enorme. Antes de su OPI, SpaceX utilizó un préstamo puente de nada menos que 20.000 millones para refinanciar toda esa deuda existente y otorgarle mayor flexibilidad. El problema es que estos márgenes provocan que se dé una situación extravagante, ya que este préstamo tendrá que ser reembolsado con los mismos ingresos de la OPV en los primeros seis meses si no se encuentran otras fuentes de financiación antes de ese plazo.

No hay muchas expectativas de que haya problemas y, de hecho, el acuerdo contempla dos opciones de prórroga, pero no tiene una estructura de deuda totalmente afianzada. "El acuerdo de crédito exige que el 100% de los ingresos netos en efectivo de una OPI calificada se utilicen para amortizar los préstamos en un plazo de 6 meses. Esto genera un importante problema con respecto al uso de los fondos. Los fondos de la OPI pueden utilizarse parcialmente para sanear el balance, refinanciar la deuda y pagar la deuda relacionada con fusiones o con las subsidiarias, en lugar de destinarse exclusivamente a inversiones de crecimiento de alta rentabilidad", comentan desde Atlas.

Además, esta deuda es en parte para cubrir deudas de negocios clave de la empresa, como la red social X, también propiedad de SpaceX. De hecho, esta financiación sustituye a dos préstamos de la red social y a tres ligados a la división de IA, xAI. Esto puede generar, si no se soluciona rápidamente, dudas sobre el desempeño de la firma, en particular en un momento de máxima inversión para acaparar crecimiento.

Eesta interrelación entre SpaceX y otros negocios de Musk es algo que ha generado dudas, y el caso de la antigua Twitter no es el único. En el propio folleto explica que ha comprado 697 millones de dólares a través de dos compras en baterías de almacenamiento energético de Tesla, las Megapacks. Esta compra tiene sentido dentro del negocio de la compañía, pero el problema es que también ha comprado a Tesla 131 millones de dólares en los fallidos camiones 'Cybertrucks', que Tesla no había logrado vender en el mercado. En otras palabras: Musk está usando los ingresos de SpaceX para 'maquillar' las cuentas de Tesla, una estructura de negocio circular que recuerda a las conexiones cruzadas de las firmas de IA en general.

La estructura de gobernanza: confiar en Musk

Otro de los problemas que declara el folleto es el control absoluto de Musk sobre la empresa y su posición fundamental, lo que llaman "key person risk", es decir, "riesgo de persona clave". El magnate tendrá prácticamente todas las acciones de Clase B, que otorgan 10 veces los derechos de voto de la Clase A. Eso significa que el fundador tendrá una mayoría aplastante del voto en las asambleas. A eso se le suma que será presidente, consejero delegado y director tecnológico, y que solo él mismo puede cesarse de cualquiera de esos cargos.

Ante esa situación, Musk ha declarado a la empresa "firma controlada", lo que elimina algunos de los requisitos de gobernanza de la ley estadounidense: por ejemplo, no tendrá que designar consejeros independientes. En la práctica, en SpaceX se hará lo que quiera Musk y nadie podrá contradecirle.

Los accionistas, por lo tanto, no están comprando voz ni voto sobre la dirección de la compañía. Pero eso significa, también, que Musk no tiene ningún motivo para contentar a los inversores: anuncia que no pagará dividendos ni prevé recompras de acciones, y que la única rentabilidad de los accionistas vendrá por la revalorización de las participaciones, si es que tal cosa ocurre. Una estructura que parece perfecta para 'verdaderos creyentes' en el hombre más rico del mundo, pero que puede echar para atrás a todos los demás.


https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/13933776/05/26/los-rincones-oscuros-de-la-mayor-opv-de-la-historia-un-musk-todopoderoso-una-valoracion-estratosferica-y-estructuras-financieras-dudosas.html

domingo, 24 de mayo de 2026

La razón por la que una hora tiene 60 minutos (y el intento fallido de hacer que tenga 100)


Esta tablilla sumeria, que data de alrededor del 3200 a. C., presenta algunos de los ejercicios matemáticos más antiguos que se conocen.

Cuneiform Digital Library Initiative


En octubre de 1793, la recién establecida República Francesa se embarcó en un experimento desafortunado. Decidió cambiar el tiempo.

Los revolucionarios decidieron que el día se dividiría ahora en 10 horas, no en 24. Cada hora tendría 100 minutos decimales, que a su vez estarían compuestos por 100 segundos decimales.

El sistema horario formaba parte de un calendario revolucionario más amplio que buscaba racionalizar (y descristianizar) la estructura del año, incluyendo una nueva semana de 10 días.

Pronto se comenzó a trabajar en la conversión de los relojes existentes al sistema decimal. Los ayuntamientos instalaron relojes decimales y las actividades oficiales se registraron utilizando el nuevo calendario.

Según Finn Burridge, divulgador científico de los Museos Reales de Greenwich en Londres, Reino Unido, sede del Real Observatorio y lugar donde se estableció el meridiano de Greenwich, esto no tardó en provocar un sinfín de quebraderos de cabeza.

Rediseñar y adaptar los relojes existentes resultó extremadamente complicado. El sistema aisló a Francia de los países vecinos, mientras que la población rural detestaba que el día de descanso se limitara a cada décimo día.

Finalmente, el sistema decimal duró poco más de un año en Francia.

Pero para comprender por qué adoptamos el sistema que los revolucionarios franceses querían revolucionar, hay que preguntarse cómo empezamos a contar esas 24 horas al día, 60 minutos en una hora y 60 segundos en un minuto, y remontarnos a una época anterior a los albores de la medición del tiempo.

Porque es la historia de uno de los primeros sistemas numéricos la que nos inició en este camino, y la que explica por qué este sistema tan peculiar ha perdurado mucho más que las civilizaciones que lo inventaron.

Una base de 60

En el origen se encuentran los sumerios, un pueblo antiguo que habitó Mesopotamia (aproximadamente el actual Irak) entre el 5300 y el 1940 a.C., y una de las primeras civilizaciones en fundar ciudades.

Junto con muchos otros inventos, como el riego y el arado, se les atribuye la creación del primer sistema de escritura conocido, que incluía un sistema numérico con base en 60.

Fuente de la imagen,

Museo Fitzwilliam, Universidad de Cambridge

Pie de foto,
Un reloj decimal muestra el nuevo sistema horario introducido por el gobierno revolucionario francés en el siglo XVIII.

El desarrollo de la escritura numérica estuvo impulsado por la necesidad de llevar registros del sistema agrícola, cada vez más grande y complejo, que sustentaba sus ciudades en crecimiento, afirma Martin Willis Monroe, experto en culturas cuneiformes (los primeros sistemas de escritura del antiguo Medio Oriente) de la Universidad de Nuevo Brunswick en Canadá.

Comenzaron a usar pequeñas tablillas de arcilla, a menudo del tamaño de un teléfono inteligente o incluso más pequeñas, para llevar la cuenta de los números, imprimiendo los detalles en la arcilla blanda. Pronto siguieron otras notaciones pictóricas, que se convirtieron en el famoso texto cuneiforme de los sumerios.

No fue hasta mediados del siglo XIX cuando se descubrieron estas tablillas de arcilla y comenzaron a descifrarse.

Según Monroe, demuestran que los sumerios utilizaban una gran variedad de sistemas numéricos, pero el más importante para las matemáticas, y por ende para la astronomía y la medición del tiempo, se convirtió rápidamente en el llamado sistema sexagesimal.

Los sumerios usaban el 60 de forma similar a como usamos ahora el 10. Al llegar al nueve, se desplazaban un espacio a la izquierda, escribían un uno y añadían un cero a la derecha, explica Erica Meszaros, doctora en Historia de las Ciencias Exactas y la Antigüedad por la Universidad de Brown en Estados Unidos.

"Es lo mismo con el sexagesimal: llegan hasta el 59 y, en lugar de usar un número mayor, simplemente usan un uno, pero una posición más abajo".

No está claro por qué los sumerios optaron por un sistema de base 60. Algunos estudiosos han sugerido que el sistema sexagesimal podría ser anterior a los sumerios.

Su facilidad de uso, sin embargo, es evidente.

Sesenta se puede dividir entre uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, 10, 12, 15, 20, 30 y 60 sin necesidad de fracciones ni decimales.

En contraste, el 10 solo se puede dividir entre uno, dos, cinco y 10; sus ventajas comienzan a hacerse patentes.

"Si se trabaja con números para fines muy prácticos, como contabilidad, impuestos o medición y división de terrenos para la herencia de los hijos, contar con una forma sencilla de realizar estas operaciones matemáticas puede ser de gran ayuda", afirma Meszaros.

El origen del tiempo

No hay pruebas claras de que los sumerios midieran el tiempo, aunque es probable que la medición del tiempo existiera en la región antes del primer uso documentado de relojes de sol y relojes de agua por parte de los babilonios (una antigua civilización mesopotámica que surgió después de los sumerios) alrededor del año 1000 a.C., afirma Monroe.

La primera civilización que sabemos dividió el día en horas fueron los antiguos egipcios, afirma Rita Gautschy, arqueoastrónoma de la Universidad de Basilea en Suiza, y esto se refleja en textos religiosos de alrededor del 2500 a.C.

Los primeros objetos conocidos relacionados con las horas se referían inicialmente a las 12 horas de la noche: se trataba de relojes de estrellas diagonales encontrados en la tapa interior de los sarcófagos de nobles egipcios entre el 2100 y el 1800 a.C., explica Gautschy.

Fuente de la imagen,

The Board of Trustees of the Science Museum, Londres

Pie de foto,
Los relojes de sol, uno de los primeros instrumentos conocidos para medir el tiempo, comenzaron a aparecer en Egipto alrededor del año 1500 a.C.

No se sabe con certeza por qué los egipcios eligieron una subdivisión de 12, que finalmente dio lugar a 24 horas en el día.

Los primeros instrumentos conocidos para medir el tiempo, los relojes de sol y los relojes de agua, aparecieron en Egipto alrededor del año 1500 a.C. Algunos se usaban en las labores cotidianas, pero la mayoría estaban "probablemente más relacionados con la esfera religiosa y los rituales" que con la medición del tiempo, afirma Gautschy.

"Personalmente, creo que muchos de ellos eran ofrendas a los dioses, regalos votivos", añade. "No tenemos mucha información sobre la medición científica del tiempo [de esa época]".

Inicialmente, en los textos sobre la vida cotidiana, la unidad de tiempo más pequeña solía ser el turno de trabajo, explica Gautschy, que generalmente se imaginaba como la mañana o la tarde.

Pero en el período romano del antiguo Egipto (a partir del 30 a.C.), las horas se convirtieron en la unidad estándar, y también comenzaron a aparecer las medias horas, añade.

La llegada de minutos

Mientras tanto, los babilonios también habían estado desarrollando su uso de las horas. Finalmente, serían los primeros en dividir la hora en unidades mucho más pequeñas, aunque no con fines de medición del tiempo.

Los babilonios, que florecieron entre el 2000 a.C. y el 540 a.C., adoptaron tanto la escritura cuneiforme como el sistema numérico sexagesimal de los sumerios. Según Meszaros, hacia el año 1000 a.C. habían desarrollado un calendario basado en el tiempo que tardaba el Sol en volver a la misma posición en el cielo: algo más de 360 ​​días.

Este número resultaba muy práctico para una civilización que ya utilizaba un sistema de numeración basado en 60.

"¡Qué bien queda en un sistema sexagesimal!", exclama Meszaros. "De hecho, condujo perfectamente a doce meses de treinta días cada uno", que además coincidían con el ciclo lunar, añade.

Los babilonios desarrollaron un sistema horario práctico para el uso diario que dividía tanto el día como la noche en 12 horas, al igual que los egipcios. La duración de estas "horas estacionales" variaba según la duración del día y la noche.

"Dividimos el día en 12 horas porque dividimos el cielo nocturno en 12 meses y 12 signos zodiacales", explica Meszaros.

Muchas otras civilizaciones antiguas utilizaban horarios estacionales, y estos seguían vigentes en la Europa del siglo XV y en el Japón del siglo XIX.

Sin embargo, Monroe señala que este tiempo estacional nunca se dividió en unidades más pequeñas para su uso práctico.

"Eso no se popularizó hasta principios de la Edad Moderna... No existía en Mesopotamia ni en otras culturas antiguas, porque realmente no había necesidad de ello".

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
Partes de la esfera del reloj H1, que su inventor, John Harrison desarrolló entre 1730 y 1735 que resolvió el problema de la longitud para los marineros que viajaban en alta mar, haciendo la navegación más segura y precisa.

Los babilonios también desarrollaron otro sistema horario para calcular y medir eventos astronómicos, que no se utilizaba a diario.

Ese sistema dividía el día en 12 "beru", equivalentes a dos horas actuales. Babilonia no fue la única cultura antigua que los utilizó: también aparecieron en la antigua China y Japón, por ejemplo.

Impulsados ​​por la necesidad de medir con mayor precisión en sus cálculos, los babilonios comenzaron a dividir estas horas dobles beru en 30 minutos antiguos conocidos como ush, cada uno equivalente a cuatro minutos actuales.

Estos, a su vez, se dividían en 60 unidades más pequeñas llamadas ninda, cada una con un valor aproximado de cuatro segundos modernos.

Es probable que estas subdivisiones se utilizaran "porque dividimos las cosas en grupos de 60 en el sistema sexagesimal", afirma Meszaros.

Sin embargo, los babilonios "no lo concebían como una subdivisión del tiempo", señala Monroe. "Lo concebían como una subdivisión de números que miden la distancia en el cielo o la velocidad de los planetas".

Según Gautschy, resulta difícil determinar con exactitud quién influyó en quién entre todos estos desarrollos a lo largo del tiempo.

"A partir del año 330 a.C., Egipto, con el nuevo centro científico de Alejandría, se convirtió en un crisol donde confluyeron personas de todas las regiones y, con ellas, sus ideas", afirma. "Eso es lo que conocemos como el mundo helenístico".

Sin embargo, es evidente que los antiguos griegos adoptaron el sistema de cronometraje astronómico babilónico, afirma Meszaros.

"Mantuvieron la misma división porque esto les permitía simplemente añadir nuevas observaciones a las ya existentes... Es un sistema que funcionó lo suficientemente bien para los babilonios como para que quienes vinieron después lo adoptaran íntegramente para incorporar también los datos y las tradiciones astronómicas".

Contando segundos

Si bien los griegos tenían relojes de arena en la corte "para asegurarse de que la gente tuviera la misma cantidad de tiempo para hablar", el sistema horario babilónico que adoptaron solo era utilizado conceptualmente por los astrólogos y, en gran medida, "no era realmente relevante para la vida diaria", precisa Gautschy.

Pero los conceptos de horas, minutos y segundos que surgieron del crisol helenístico se transmitieron a lo largo de los siglos hasta nuestros días.

Sin embargo, fue hace tan solo unos pocos siglos que los dispositivos para medir el tiempo alcanzaron la precisión suficiente como para que los minutos y los segundos comenzaran a usarse a diario.

El segundo se utiliza ahora en innumerables definiciones científicas, y una vez que empezamos a contar unidades de tiempo menores que un segundo, los científicos pasaron a un sistema métrico, dividiéndolo en milisegundos y microsegundos (una milésima y una millonésima de segundo, respectivamente).

En el siglo XX, los relojes atómicos le permitieron a los científicos redefinir el segundo con mayor precisión, pasando de definirlo en función de las rotaciones del Sol a un valor exacto basado en la absorción y emisión de radiación de microondas por átomos de cesio-133.

Hoy en día, nuestra red global de relojes atómicos sincroniza prácticamente todos los relojes modernos y es la base de tecnologías que van desde internet y el GPS hasta las imágenes de resonancia magnética de altísima precisión .

Sin embargo, al rastrear la historia de la medición del tiempo, se revela que en realidad es una construcción humana, determinada por decisiones humanas.

Las horas, los minutos y los segundos llegaron a nosotros a través de una serie de elecciones, coincidencias y casualidades. Pero se mantuvieron como un valioso legado a lo largo de los siglos, una herencia de tiempos antiguos tan profundamente arraigada que cambiar el sistema ahora probablemente sería demasiado difícil de manejar.

Incluso durante el intento de Francia en el siglo XVIII por decimalizar el tiempo, en la práctica el nuevo sistema apenas se utilizó, a pesar de que los esfuerzos similares de la República por decimalizar las medidas de distancia y la moneda se adoptaron y se siguen utilizando hasta el día de hoy.

El sistema decimal duró solo 17 meses, aunque el calendario se mantuvo en uso durante aproximadamente una década. "Se intentó, pero no tuvo éxito, no prosperó", afirma Burridge.

Un discurso pronunciado en 1795 por Claude-Antoine Prieur, miembro de la Convención Nacional Francesa, pudo haber sido el golpe de gracia para el sistema decimal.

Según él, además de no ofrecer prácticamente ninguna ventaja significativa, arruinaba la imagen de los demás sistemas de medición métricos, que, en contraste, resultaban útiles.

Si quieres leer el artículo en inglés en BBC Future, haz clic aquí; para la Cuneiform Digital Library Iniciative, haz clic aquí

    • Jocelyn Timperley
    • Título del autor,BBC Future *

sábado, 23 de mayo de 2026

4 beneficios para la salud de salir afuera mientras está lloviendo, según la ciencia


La lluvia puede desencadenar estados de ánimo afines a la relación y la felicidad.

Getty Images


Desde su aroma inconfundible hasta los iones negativos que libera, la lluvia ofrece beneficios fascinantes para nuestro organismo, especialmente en lo que respecta a nuestro estado de ánimo.

Era el sexto día consecutivo en que el índice de calor superaba los 38°C en New Milford, Connecticut, cuando el cielo adquirió un inquietante tono púrpura.

Yo dirigía un taller de teatro al aire libre y noté que los excursionistas observaban boquiabiertos una ominosa nube de varios kilómetros de extensión, que avanzaba sobre nuestras cabezas.

De repente, un trueno sacudió el suelo y un relámpago se extendió por el firmamento como una telaraña irregular.

Oímos la lluvia antes de sentirla. Luego, de improviso, quedamos empapados bajo un torrente de gruesas gotas. Nadie lograba oír a los demás, así que señalé una plataforma techada cercana, donde se guardaban las bolsas de lavandería, y mis alumnos y yo echamos a correr hacia ella.

Empapados y riendo, nos dejamos caer sobre el montón de ropa sucia y observamos cómo la tormenta seguía desatada. Unos 30 minutos después, el cielo se despejó y el aire se percibía asombrosamente limpio y fresco.

El aroma intenso e inconfundible de la lluvia resultaba abrumador.

Mientras regresábamos caminando al lugar del ensayo, la hierba y los árboles parecían, de algún modo, más verdes y saludables.

Todos se veían más ligeros, sonreían con mayor facilidad, y yo sentí como si una niebla mental se hubiera disipado por fin. ¿Se debió acaso a que la ola de calor había remitido o a la adrenalina de la carrera hacia el refugio? ¿O tuvo la lluvia alguna influencia en nuestro mejor estado de ánimo colectivo?

Resulta que, tras décadas de estudiar los elementos relacionados con la capacidad potencial de la lluvia para mejorar el estado de ánimo, los científicos han hallado pruebas sólidas que respaldan esta idea.

Y este no es el único beneficio de la lluvia: las investigaciones demuestran que también elimina sustancias nocivas del aire, mientras que su olor podría incluso potenciar nuestra memoria.

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
Hay beneficios derivados de la exposición a iones negativos en el aire, los cuales también son generados por la lluvia.

1. El impulso de serotonina

La razón principal podría residir en que la lluvia libera iones negativos en el aire: moléculas de oxígeno con un electrón adicional que se forman cuando las gotas de lluvia chocan entre sí o impactan contra una superficie y se fragmentan.

Se sabe que, en concentraciones elevadas, estos iones estimulan la producción de serotonina y las ondas alfa en el cerebro, propiciando un estado de mayor felicidad y relajación.

Cuando las gotas de lluvia golpean el suelo, pueden salpicar y liberar iones negativos en la atmósfera; un proceso conocido como efecto Lenard.

Por lo tanto, si deseas recibir una dosis considerable de iones negativos, esos potenciadores de la serotonina, intenta dar un paseo durante una tormenta lluviosa. Eso sí, asegúrate de buscar refugio en el interior si observas relámpagos, por precaución.

Algunos científicos sostienen que estos efectos positivos podrían deberse a que los iones negativos del aire aumentan los niveles de oxígeno en la sangre, lo cual genera una mejora en el estado de ánimo similar a la que se experimenta tras realizar ejercicio intenso.

No obstante, aún no existe evidencia concluyente que explique con exactitud qué mecanismo fisiológico interviene para producir estos efectos.

Pam Dalton, científica cognitiva del Centro Monell de Sentidos Químicos en Pensilvania, Estados Unidos, señala que todavía no se comprende bien por qué los iones negativos ejercen efectos como alteraciones en el estado de ánimo, así como influencia en la fatiga, el estado cardiovascular y la presión arterial.

"Si bien resulta intrigante, no existe un gran consenso respecto a los beneficios fisiológicos. Y se sabe menos aún sobre los posibles mecanismos mediante los cuales los iones negativos podrían desencadenar estos efectos", afirma Dalton.

Las investigaciones sobre los efectos de los iones negativos en el estado de ánimo comenzaron en la década de 1950. Pero los resultados permanecieron inconclusos hasta que, en la década de 1990, se dispuso de ionizadores de alto voltaje más avanzados, capaces de generar iones negativos con mayor eficiencia.

En un destacado estudio realizado en 1995, los investigadores descubrieron que los participantes que padecían trastorno afectivo estacional (TAE) y recibieron sesiones diarias con ionizadores de alto voltaje mostraron una probabilidad mucho mayor de experimentar una reducción significativa de sus síntomas, en comparación con aquellos que recibieron un tratamiento de baja intensidad.

Según Michael Tehan, profesor de la Universidad de Columbia y director del estudio, las lluvias intensas generan niveles de iones negativos en el aire similares a los producidos por los ionizadores de alto voltaje empleados por su equipo.

Sin embargo, señala que hasta la fecha ningún estudio ha demostrado este hecho de manera directa, ni ha establecido una correlación directa entre el tiempo de exposición a la lluvia y las variaciones en el estado de ánimo.

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
Las gotas de lluvia limpian los agentes contaminantes del aire.

2. Un aire más limpio

Los iones negativos generados por la lluvia parecen purificar el aire, al eliminar partículas en suspensión tales como contaminantes y alérgenos, lo cual facilita la respiración.

Este efecto podría repercutir en el estado de ánimo y en la salud: dado que la mala calidad del aire se asocia con un aumento de la ansiedad y con un mayor riesgo de desarrollar trastornos de salud mental de mayor gravedad, resulta lógico inferir que un aire más limpio propiciaría el efecto contrario.

"Existen pruebas razonablemente sólidas de que los iones negativos son capaces de eliminar el polvo, las bacterias, los alérgenos y otras partículas del aire, lo cual puede tener un efecto positivo en su salud respiratoria para muchas personas", afirma Dalton.

Hasta hace aproximadamente una década, no estaba del todo claro cuán eficaces son los iones negativos para la limpieza.

En un estudio de 2015, unos investigadores replicaron esta capacidad a escala reducida al inyectar distintos tipos de partículas en una cámara de vidrio diseñada para generar gotas de lluvia.

Una vez que las gotas se habían evaporado, los investigadores recolectaron las partículas remanentes, registrando su posición para determinar si las partículas habían sido atraídas por las gotas.

Descubrieron que las gotas de lluvia de menor tamaño eran particularmente eficaces para atraer estas partículas suspendidas en el aire.

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
Dar un paseo bajo la lluvia permite recibir una dosis considerable de iones negativos, que potencian la serotonina.

Cuando las gotas de lluvia caen al suelo, esencialmente "barren" las diminutas partículas suspendidas en el aire que encuentran a su paso, afirma Dan Cziczo, coautor del estudio y profesor de Ciencias Terrestres, Atmosféricas y Planetarias en la Universidad de Purdue en Indiana, Estados Unidos.

La carga eléctrica (los iones) presente en el interior de la gota de lluvia actúa como un imán para estas partículas, dando lugar a un proceso de barrido conocido como coagulación.

Cziczo compara este fenómeno con lo que ocurre cuando un equipo de construcción rocía con agua una obra polvorienta: el polvo en suspensión es empujado de nuevo hacia el suelo, dejando el aire más limpio.

La intensidad de la lluvia también influye.

"Cuanto más intensa sea la lluvia, mayor será el efecto de limpieza que se obtendrá en la atmósfera", señala Cziczo. Esto incluye la reducción de la cantidad de iones positivos en el aire, los cuales han sido asociados con la irritabilidad y un aumento de la ansiedad.

La próxima vez que haya una lluvia intensa, considera abrir las ventanas justo después de que cese.

Es probable que notes que el aire parece más limpio y, si la lluvia se produjo inmediatamente después de un frente frío (como suele ocurrir con las precipitaciones intensas), el viento que la acompaña podría introducir parte de ese aire puro en nuestro hogar, mejorando así la calidad del aire.

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
La intensidad de la lluvia influye en su capacidad de limpiar el aire.

3. El aroma que estimula la memoria

El aroma inconfundible de la lluvia también puede tener un impacto psicológico.

Conocido como petricor, este olor emana del suelo tras una tormenta y a menudo se describe como penetrante y terroso, aunque de algún modo es limpio.

"El petricor surge cuando la lluvia libera aerosoles del suelo", afirma Phil Stevenson, profesor de química vegetal en la Universidad de Greenwich y responsable de la investigación sobre características de plantas y hongos en los Jardines de Kew, en el Reino Unido.

"Durante los periodos de sequía, las moléculas orgánicas procedentes de plantas, animales y del propio suelo se acumulan en las superficies. Cuando las gotas de lluvia impactan, estas moléculas -incluidos los aceites vegetales volátiles- se fragmentan, convirtiéndose en partículas suspendidas en el aire".

Se cree que el olor a "limpio" se debe al ozono, el cual puede ser arrastrado hacia la tierra por las corrientes descendentes de las tormentas.

Otra parte del aroma proviene de la geosmina, un compuesto químico que producen las actinobacterias al formar esporas en el suelo.

"La lluvia libera las esporas y la geosmina, creando ese aroma familiar de 'la primera lluvia tras una sequía', el cual resulta más perceptible durante las estaciones cálidas", afirma Stevenson.

Esto podría explicar por qué los seres humanos somos tan sensibles a él. De hecho, somos más sensibles que los tiburones ante el olor de la sangre.

Los científicos plantean la hipótesis de que evolucionamos para comprender que el petricor -el aroma de la lluvia sobre la tierra seca- señalaba la renovada abundancia de agua dulce, un hecho que probablemente ayudó a nuestros antepasados ​​a sentirse seguros y en calma.

Se ha demostrado que estos olores provocan cambios distintivos en la actividad de las ondas alfa y beta del cerebro, los cuales están asociados a un estado de mayor calma y relajación.

Además, gracias a su olor único y a la drástica transformación que opera en el entorno, la lluvia puede convertirse también en un poderoso detonante de la nostalgia.

Mi experiencia con la tormenta en el campamento tuvo lugar hace más de 20 años. Sin embargo, cada vez que llueve, mi mente recrea la imagen de aquel día con una claridad asombrosa.

"Una experiencia sensorial, como el olor de la lluvia que se aproxima o el aroma que perdura tras ella, puede erigirse como el telón de fondo o el contexto que queda indisolublemente ligado a nuestros recuerdos de lugares o emociones muy diversos", señala Dalton, quien ha dedicado gran parte de su labor investigadora a estudiar el significado psicológico del olfato.

Ella explica que cualquier olor tiene la capacidad de activar la amígdala, la estructura cerebral encargada de procesar las emociones y los recuerdos con una fuerte carga afectiva.

Precisamente esa conexión con nuestro epicentro emocional es lo que explica por qué los recuerdos asociados a determinados olores tienden a arraigarse en el cerebro y a conservar su viveza a lo largo del tiempo.

Por consiguiente, resulta irrelevante si percibimos un olor -como el de la lluvia- como algo bueno o malo; lo verdaderamente determinante y evocador es el contexto en el que experimentamos esa sensación olfativa.

Así que, la próxima vez que llueva, asómate por una ventana abierta o sal a dar un paseo tras el aguacero y percibe el aroma. Observa qué detalles de momentos lejanos del pasado afloran en tu memoria.

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
El olor único de la lluvia hace que pueda ser un poderoso desencadenante de la nostalgia.

4. El sonido relajante

Sin embargo, no es solo el acto de oler e inhalar la lluvia lo que puede hacernos sentir bien, sino también el escucharla. Por ello, a menudo se incluyen pistas de sonido de lluvia en las máquinas de relajación sonora.

Una lluvia constante puede reducir los niveles de cortisol, induciendo una sensación de calma, además de enmascarar los ruidos molestos.

"Los sonidos del agua se han asociado con la activación del sistema nervioso parasimpático, la rama del sistema nervioso encargada de la relajación y la recuperación", afirma Amy Sarow, audióloga clínica que ejerce en un centro de atención ambulatoria en Southfield, Michigan.

"Cuando este sistema se activa, podemos observar efectos fisiológicos tales como una disminución de la frecuencia cardíaca y una reducción de las respuestas al estrés#.

Un estudio reciente reveló que el sonido de la lluvia resultaba más eficaz dentro del rango de los 40 a 50 decibelios (equivalente a una lluvia suave y ligera), reduciendo los niveles de estrés hasta en un 65%.

Una lluvia intensa, que se sitúa en la frecuencia aún más baja del "ruido marrón", puede resultar más envolvente y brindar una mayor sensación de arraigo, señala Sarow, además de enmascarar los ruidos molestos para favorecer el sueño.

Ambos niveles pueden resultar relajantes, a menudo todo se reduce a una cuestión de preferencia personal, advierte Sarow.

"Si alguien escucha estos sonidos de manera intencionada como parte de una rutina de relajación, la experiencia puede empezar a asemejarse a las prácticas de atención plena o meditación, en las que el sonido actúa como un anclaje para la atención y la relajación".

Si bien mi tormenta no me sumió exactamente en un estado zen, sí logró hacerme sentir mejor y más conectada con el momento presente.

Ahora, cada vez que cae un aguacero, procuro dedicar un poco más de tiempo a sumergirme en esa experiencia. La próxima vez que veas lluvia en el pronóstico del tiempo, considera sintonizar con esa experiencia. Podrías llevarte una grata sorpresa.

Aquí puedes leer la versión original de esta nota en inglés.

    • Ally Hirschlag
    • Título del autor,BBC Future