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La foto olvidada de ayer ...
No eres de donde vienes .... eres adonde vas...
viernes, 17 de julio de 2026
Ni Sevilla ni Bilbao: la única ciudad española que se ha 'colado' entre las mejores del mundo para viajar solo (y supera a Berlín y Estambul)
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jueves, 16 de julio de 2026
China llenó sus calles de coches eléctricos y ahora se enfrentan a lo más difícil: el reto ecológico de más de un millón de toneladas

- Fabricantes y vendedores son ahora responsables del reciclaje para afrontar el problema medioambiental de las baterías
China se ha convertido en el referente mundial de los coches eléctricos. A lo largo de las últimas décadas, el gigante asiático ha creado una infraestructura enorme alrededor de ellos con enormes fábricas, marcas punteras y coches con la última tecnología disponible a precios bajos.
Este cambio a nivel nacional también se notó en las carreteras, donde los eléctricos han ido sustituyendo a los de combustión. Y mientras esta revolución tecnológica parecía ser la solución definitiva para acabar con los problemas medioambientales que provocan los coches, China se ha topado con un enorme problema que tiene que resolver.
En concreto, los vehículos eléctricos generar una enorme cantidad de residuos en forma de su baterías gigantes que los impulsan. Según el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información chino, para 2030 se enfrentarán a un millón de toneladas de baterías usadas, por lo que el país está en una carrera contra el tiempo para buscarle una solución.
Esto es porque los coches eléctricos venían a reducir las emisiones, pero los cementerios de baterías se han situado como un problema, aunque por suerte China ya trabaja en planes para tratar de darles una segunda vida aprovechando hasta la última pieza posible de estas.
Las baterías de los coches eléctricos están compuestas de litio, níquel, cobalto, manganeso, cobre y aluminio, materiales de alto valor que si se reciclan correctamente pueden volver a utilizarse en la cadena operativa. Para ello, el gobierno chino quiere controlar todas las baterías que se producen, y mediante un nuevo sistema de trazabilidad pretenden dar respuesta a este problema.
Y desde el 1 de abril de 2016, China impuso la norma de que toda batería de un vehículo de nueva energía tenga una identidad digital. De esta manera se aseguran de que se sepa dónde está la batería en todas las etapas de su vida, y que una vez se agote poder saber dónde está para reciclarla correctamente y crear así una economía circular en las baterías.
Para ello, las autoridades han centrado la responsabilidad en fabricantes, vendedores, operadores logísticos y recicladores, ya no vale con solo producir los coches o venderlos, sino que también hay que tener un plan de reciclaje responsable. En una industria que no deja de producir millones de baterías, tomar medidas para cuando estas sean inservibles es crucial para afrontar este problema ecológico al que hasta ahora no se le había puesto el foco.
Además, esta medida de reciclaje responsable tiene un segundo beneficio más allá de reducir el impacto medioambiental. Y es que como decíamos, estas baterías contienen recursos muy valiosos, y recuperarlos y darles una segunda vida en instalaciones industriales, redes eléctricas o incluso en edificios, reduciría la presión sobre la minería para conseguir estos mismos materiales disminuyendo los costes.
China está marcando el camino de las transición hacia la electrificación de los coches, y como demuestra esta nueva normativa, no vale solo con producir y usar, sino que dentro de la estrategia hay que incluir los pasos posteriores: reutilizar, reciclar y recuperar materiales.
miércoles, 15 de julio de 2026
Crecen los tours para posturear en Instagram: "Estamos convirtiendo el mundo en un decorado"
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martes, 14 de julio de 2026
Los sencillos ejercicios físicos que pueden mejorar tu memoria, según la ciencia

Científicos estudiaron cuál es la relación entre la actividad física y la fijación de recuerdos en la memoria.
Getty Images
La memoria puede ser algo muy volátil.
Ya sea al intentar recordar nombres de personas, una lista de cosas que necesitas comprar o mientras te preparas para un examen o una entrevista de trabajo, la información que estaba en tu mente un minuto antes puede desvanecerse al siguiente.
Pero hay una forma sencilla de darle un impulso inmediato a tu memoria mientras intentas aprender información nueva: súbete a una bicicleta estática durante unos minutos o da una caminata enérgica.
Las investigaciones muestran que podemos mejorar nuestra memoria haciendo ejercicio aeróbico, o cardio.
Desde hace tiempo se sabe que el ejercicio mejora la cognición.
La actividad física mejora nuestro desempeño en tareas y fortalece áreas del cerebro vulnerables al envejecimiento, lo que potencialmente ralentiza el deterioro cognitivo.
Pero el ejercicio físico también puede fortalecer una zona del cerebro importante para la memoria: el hipocampo. Y es por eso que puede tener un efecto positivo en nuestros recuerdos.
Por ejemplo, se ha descubierto que el ejercicio moderado varias veces a la semana aumenta el tamaño del hipocampo.
Otros estudios han demostrado que el momento del ejercicio también puede marcar una diferencia: salir a caminar cuatro horas después de aprender algo puede mejorar la retención y recuperación posterior de la memoria en comparación con hacer ejercicio inmediatamente después.
Los ejercicios de estiramiento, en comparación, no proporcionaron ningún impulso a la memoria.
El rol del hipocampo
Hasta ahora, ha sido difícil para los científicos comprender los procesos involucrados.
Un nuevo estudio de investigación intentó hacer precisamente eso.
Un grupo de neurocientíficos observaron la actividad en el cerebro de 14 personas inmediatamente después de hacer ejercicio y vieron pequeñas ráfagas de actividad eléctrica que fluían entre las células cerebrales, o neuronas, que se sabe que son importantes para consolidar recuerdos.
Estas "ondas cerebrales" son un fenómeno en el que muchas neuronas se activan al mismo tiempo, dice Michelle Voss, neurocientífica de la Universidad de Iowa, que dirigió el estudio.
Las ondas desempeñan un papel clave en cómo el cerebro empaqueta y almacena recuerdos durante el sueño y en períodos de descanso tranquilo (los participantes de la investigación padecían epilepsia resistente a los medicamentos, pero el estudio se centró en partes del cerebro que estaban sanas y producían señales eléctricas normales).
El equipo monitoreó los cerebros de los participantes para ver qué sucedía después de una breve ráfaga de actividad.
Encontraron que después del ejercicio hubo un aumento en las ondas en el hipocampo, así como en otras áreas conectadas a él.
Los investigadores creen que esto ayuda al cerebro a consolidar recuerdos.
"Estos pulsos también estaban más finamente sincronizados con la actividad neuronal en el resto del cerebro", afirma Voss.

Fuente de la imagen,
Su equipo colaboró con neurocirujanos que monitorean la actividad eléctrica en pacientes sometidos a evaluación para cirugía de epilepsia.
Estos pacientes tenían temporalmente electrodos implantados en el cerebro, lo que permitió al equipo observar la actividad eléctrica antes y después de que hicieran ejercicio en una bicicleta estática.
Aunque los participantes no realizaron ninguna actividad de aprendizaje como parte del estudio, investigaciones previas habían indicado que las "ondas" podrían ser un candidato para fijar recuerdos.
"Esto nos brinda una oportunidad única para comprender cómo funciona el cerebro humano con mediciones directas de las señales eléctricas, que son la unidad fundamental del funcionamiento cerebral", explica Voss.
Proteger contra el deterioro cognitivo
Estas ondas ocurren demasiado rápido para ser detectadas por escáneres cerebrales estándar, lo que convierte a este estudio en el primero en mostrar cómo el ejercicio influye directamente en la actividad eléctrica del cerebro.
Voss cree que esta sincronía puede proporcionar una explicación biológica de por qué las personas suelen recordar mejor la información si hacen ejercicio poco después de aprenderla.
Y solo se necesitó una breve ráfaga de actividad para aumentar las ondas cerebrales, lo que demuestra que incluso hacer ejercicio por periodos breves pueden beneficiar nuestra memoria.
Voss espera que este trabajo ayude a replantear los mensajes de salud pública sobre la actividad física y nos permita pensar mejor sobre el envejecimiento, especialmente porque fortalecer las áreas importantes para la memoria podría ayudar a proteger el cerebro del deterioro cognitivo.
Al mismo tiempo, sabemos que los episodios regulares de actividad nos brindan una variedad de beneficios inmediatos para el cerebro y el cuerpo.
La investigación muestra que un solo entrenamiento puede mejorar la concentración por hasta dos horas después, así como aumentar de inmediato los niveles de dopamina, la hormona "del bienestar".
Otro estudio reciente descubrió que cuanto más ejercicio hacemos y más en forma estamos, mayor es el beneficio que obtiene el cerebro después de una sola sesión.
Cualquier actividad física es claramente beneficiosa, pero este nuevo estudio reveló que los beneficios cerebrales aumentan cuanto más activos somos.
Esto ocurre porque una mayor aptitud cardiovascular y masa muscular permiten que el cuerpo produzca más de una proteína vital para formar nuevas conexiones cerebrales, llamada Factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF. por sus siglas en inglés)
"Hay una razón para mantenerse activo, porque obtendrás más beneficios cada vez", señala Flaminia Ronca, investigadora en fisiología del ejercicio en University College London, en Reino Unido, quien dirigió este estudio.
"Si te mantienes haciendo ejercicio durante seis semanas, obtendrás beneficios mayores en cualquier sesión posterior", agrega la experta.
- Melissa Hogenboom
- Título del autor,BBC Future
lunes, 13 de julio de 2026
Los orígenes del código de barras, la tecnología discreta que revolucionó el comercio mundial
- Su creador se inspiró en el código morse que dibujó en la arena de la playa para crear las primeras líneas
- Antes que en los supermercados, un sistema similar se usó en los 60 para identificar los vagones de tren
- En España, la primera en instalar escáneres en sus cajas fue una por entonces pequeña empresa llamada Mercadona
En el verano de 1974, en una anodina caja de supermercado de Ohio, un paquete de chicles de Wrigley pasó por un lector óptico y marcó el inicio de una revolución silenciosa. Aquellas líneas negras sobre fondo blanco no solo transformaron la forma de cobrar productos: redefinieron la logística global, la gestión de inventarios y la propia arquitectura del comercio moderno. Nacía el código de barras, uno de los pilares invisibles de la economía contemporánea.
Las primeras investigaciones empezaron a realizarse a finales de los años 40. Las tiendas de comestibles eran cada vez más grandes, vendían más productos y tenían más problemas para controlar el inventario y para evitar los problemas con los cobros, pues por entonces pasaban a mano cada producto. Y con esos retos en mente, el propietario de la cadena de supermercados Food Fair acudió a la Universidad de Drexel, a ver si podían ayudarle desarrollando alguna tecnología que permitiese capturar automáticamente la información de los productos al pasar por la caja. Dos estudiantes, Norman Joseph Woodland y Bernard Silver, se pusieron a trabajar en esa idea.
El primer sistema que se les ocurre es una tinta ultravioleta, con la que se marcarían los productos, que serían identificados con una luz. Aunque la idea no era mala, presentaba muchas complicaciones, siendo la principal que la tinta se borraba con facilidad y hacía el sistema inservible.
Una idea adelantada a su tiempo
Pero Woodland se obsesiona con la tarea. Acaba dejando la universidad, y se va a Florida, a casa de su padre, para seguir desarrollando la idea. Cuenta la leyenda que le llegó la inspiración durante un paseo por la playa, mientras recordaba el código morse que había aprendido durante su etapa de boy scout, que permitía enviar información electrónicamente. Así, pinta en la arena puntos y rayas, como en el código morse, y se le ocurre alargarlos con los dedos, produciendo líneas finas a partir de los puntos, y líneas gruesas a partir de las rayas. Era la base visual de código de barras moderno. Tras compartirlo con su colega Silver, deciden patentarlo en 1949. Poco después patentan un método similar, pero con impresiones circulares, más fáciles de leer.
Este diseño codificaba la información del producto en un símbolo impreso, que después era leído por una fuente de luz de alta intensidad e interpretado con un osciloscopio. El problema es que el prototipo requería una bombilla de 500 vatios y componentes electrónicos sensibles, lo que invalidaba su uso en las tiendas de la época. Fue un concepto innovador, adelantado a su tiempo, pero inaplicable.
Los que finalmente acaban logrando aplicar con éxito un sistema de código de barras, o al menos algo parecido, no son los supermercados, sino el sector del transporte. En concreto, los trenes, una industria que llevaba tiempo buscando un método para identificar los cientos de miles de vagones de carga, cada vez más, que recorrían las kilométricas vías que cruzaban el país. Un antiguo estudiante del MIT desarrolló KarTrak, un sistema automático de identificación de vagones. Utilizaba placas metálicas resistentes, pintadas con una secuencia de franjas verticales, azules o naranjas, y que codificaban la propiedad y otros datos de identificación. Cuando los trenes pasaban por unos escáneres que se colocaban al lado de las vías, una lámpara de 500 vatios iluminaba la placa, mientras sensores ópticos leían los patrones de luz reflejados. Los datos obtenidos se decodificaban y se imprimían o se almacenaban en una cinta magnética, lo que permitía rastrear las mercancías.
Lanzado a finales de la década de los 60, alcanzó su auge en 1975, cuando el 90% de los vagones de mercancías que cruzaban Estados Unidos contaban con este sistema. Pero su éxito fue efímero. La falta de mantenimiento, junto con los altos costes operativos, en un momento económico complicado, provocó que los códigos se desgastasen o se manchasen, lo que hacía que las lecturas fueran erróneas, haciendo que ya no tuviera sentido. KarTrak dejó de utilizarse definitivamente en 1978.
El mismo formato más de 50 años después
Paralelamente, un ingeniero de IBM, George Laurer, tomando como referencia el trabajo de Woodland, creó un código de barras rectangular con 12 dígitos numéricos. Este sistema contaba con numerosas ventajas, pero, sobre todo era compatible con la tecnología emergente de escaneo láser. Además se podía imprimir sobre muchas superficies y materiales, y enfocarse desde diversos ángulos, pero la clave es que ya se contaba con la tecnología necesaria para poder aplicarlo con éxito.
Así, el 26 de junio de 1974, en un Supermercado Marsh en Troy, Ohio, a las 8.01 de la mañana, la cajera Sharon Buchanan escaneaba un paquete de 10 chicles de Wrigley's, de sabor a frutas. Era la primera vez que en la historia que se leía un código de barras. Era el inicio de una revolución en el comercio minorista. Aquel código de barras era, básicamente, idéntico a los millones de códigos de barras que se siguen escaneando hoy en día en las tiendas y supermercados de todo el mundo.
Aquel movimiento no tuvo ninguna repercusión. Los más optimistas contaban con que el código de barras llegarían a usarlo unas 10.000 empresas. En prensa la cobertura fue mínima. Serían conscientes de su importancia años después, cuando se consolidaron como una pieza clave para los negocios de todo el mundo.
En España, la primera empresa en empaquetar sus productos con código de barras fue 3M, en 1981. Mientras que, unos meses después, la primera en instalar escáneres en sus puntos de venta fue una pequeña cadena de supermercados que por entonces contaba con 8 tiendas en Valencia. Se llamaba Mercadona. Este paso permitió agilizar el paso por caja y mejorar la gestión del inventario, consolidando el modelo de éxito de la compañía, que Juan Roig y sus hermanos acaban de comprarle a su padre.
Experiencia de compra y gestión de inventario
Los códigos de barras no solo cambiaron la experiencia de compra en caja. También permitieron mejorar el seguimiento y la gestión del inventario, optimizando el espacio en las estanterías y los almacenes de cualquier producto. Al contar con mayor espacio en las estanterías se abrió la puerta a la proliferación de nuevos productos. Igual que las grandes tiendas actuales serían inimaginables sin la gestión de datos que permite el código de barras.
El éxito de este sistema, junto con la llegada de nuevo y moderno software de gestión de inventarios, hizo que no se quedase solo en los supermercados, sino que se expandió rápidamente a otros negocios. Algunos tan impredecibles en un primer momento como las industrias automovilísticas o de defensa, que los utilizaban para rastrear objetos en las cadenas de suministro. También las empresas de mensajería adoptaron este sistema, con sus propias adaptaciones, para gestionar los envíos.
El código de barras se convirtió en un estándar global, implementado en todos los sectores. Lo que comenzó como un simple gesto en una pequeña tienda de Ohio hace más de 50 años acabó transformando el comercio mundial para siempre.
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