sábado, 27 de junio de 2026

Cómo Tiffany pasó de ser una pequeña papelería a crear un imperio del lujo

 



  • Nació en Brooklyn en 1837 como una pequeña tienda de artículos de regalo y papelería
  • El 'Diamante Tiffany', aún hoy uno de los más grandes y de mayor calidad, disparó el prestigio de la empresa
  • Tras una caótica operación, el gigante del lujo LVMH se hizo con la icónica firma de joyería en 2020


La ciudad de Nueva York, en la década de 1830, era un hervidero de ideas y oportunidades. Cualquiera con imaginación y fondos podía alcanzar el éxito. Pero ni en sus sueños más optimistas Charles Lewis Tiffany podía imaginar que la papelería que había abierto en 1837 se fuese a convertir en una de las empresas de lujo más importantes del mundo. Su evolución, desde una pequeña tienda de artículos de papelería y regalo hasta convertirse en un referente internacional de la alta joyería refleja cambios clave en la economía, el consumo y la globalización.

Charles Tiffany, con tan solo 25 años, y su socio John B. Young inauguraron en Brooklyn una pequeña tienda de papelería y artículos de regalo. muchos de los cuales eran de lujo. El negocio estaba financiado por el padre de Tiffany, que aportó 1.000 dólares, tras haber hecho fortuna con el algodón, en el que sería, a posteriori, el primer escándalo de la compañía con la esclavitud.

El primer día lograron ventas por valor de 4,98 dólares. La tienda fue todo un fenómeno en la ciudad, sobre todo entre las damas más elegantes de la ciudad, que encontraron allí joyas y relojes con un estilo americano, más sobrio, que rompía con la opulencia procedente históricamente de Europa. La empresa pronto se consolidó como un referente en los campos de la cristalería, la porcelana, la cubertería, los relojes o las joyas. Además, contaba con algunas características que por entonces eran poco habituales, ya que fue de las primeras en tener sus precios marcados, y que se respetaban estrictamente, sin permitir a los clientes regatear, y también obligaba a pagar en efectivo, no permitiendo ni pagar a crédito ni mediante trueques.

Dibujo de la tienda original de Tiffany & Young

Tienda original de Tiffany and Young.

Tan pronto como en 1841, la compañía dio entrada a un nuevo socio, J. L. Ellis, un especialista que les ayudó a fabricar sus propias joyas. La decisión fue todo un éxito, que permitió a Tiffany, Young & Ellis, como se habían renombrado, a seguir creciendo. Casi al mismo tiempo, otra decisión acertada fue el lanzamiento del libro azul', un catálogo que se vendía por correo y que permitía a clientes de todo Estados Unidos encargar los artículos de lujo de la marca.

Se convirtió en el primer catálogo de venta por correo directo en el país, y ofrecía una amplia variedad de productos, desde joyas y accesorios, hasta artículos para el hogar. El 'libro azul' se convirtió en un catálogo anual, muy apreciado por los clientes, que evolucionó hasta convertirse en una muestra de alta joyería de Tiffany, y que sigue siendo muy preciado hoy en día.

La compañía también supo aprovechar las oportunidades. En esa década de los 40, la inestabilidad política que vivía Europa devaluó el mercado de joyas y piedras preciosas. Y Tiffany se lanzó a comprar diamantes europeos, que luego revendía en Estados Unidos con grandes beneficios. Ese movimiento permitió a la élite del país adquirir joyas en su propio territorio por primera vez, y consolidó a la compañía.

Enfocado en las joyas y el lujo

Observando las tendencias, Charles Tiffany decidió hacerse con el control de la compañía, haciéndose con las partes de sus socios, y renombrándola, simplemente, como Tiffany's. Y decidió enfocar el negocio solo en las joyas y el lujo. Además, comienza su expansión, con la apertura de nuevos establecimientos, incluyendo las principales capitales de Europa.

En los años 60 del siglo XIX la empresa estaba más que consolidada, y empezaba a alcanzar grandes hitos. Por ejemplo, el presidente Abraham Lincoln compró un collar y unos pendientes de perlas de Tiffany para su mujer, que se los puso en el baile inaugural de la presidencia. Al mismo tiempo, la compañía se implicó en la Guerra Civil, suministrando al Ejército de la Unión sables fabricados por ellos mismos, banderas e instrumental quirúrgico.

Tiffany había sido la primera empresa de Estados Unidos en instaurar un estándar de pureza del 92% para la plata de ley, copiando los patrones británicos. Esta norma acabaría adoptándose en todo el país. Esta apuesta por la plata obtuvo su reconocimiento internacional en 1867, cuando se convirtió en la primera empresa de EEUU en ganar un precio a la excelencia en platería en la Exposición Universal de París. Se convirtió en una fuente de ingresos, prestigio y reconocimiento.

Diamante amarillo de Tiffany
El Diamante Tiffany, que sigue siendo uno de los de mayor tamaño y calidad del mundo.

Con ese respaldo, dio el salto a nuevos materiales, como el oro, que empezó a utilizar en la fabricación de joyas, disponibles para todos los norteamericanos; pero sobre todo los diamantes. En 1877, Tiffany adquirió un diamante amarillo fancy en bruto de 287,42 quilates, procedente de las minas Kimberley, en Sudáfrica. Una vez tallado, un año después, se convirtió en una gema pulida de 128,53 quilates, con 82 facetas para maximizar su brillo y resplandor. Lo bautizaron como el Diamante Tiffany, y hoy en día se mantiene como uno de los diamantes de mayor tamaño y calidad del mundo. Esa gema contribuyó a consolidar la reputación de la marca, convertida ya en el máximo referente del lujo a nivel mundial, y conocida por su prestigio y su reputación.

Poco después, Charles Tiffany sorprendería al mundo adquiriendo en una subasta de la corona francesa un tercio de sus joyas. Fue una gran campaña publicitaria para la compañía, y le valió el apodo a Charles de 'El rey de los diamantes'. Por desgracia, el cofundador de la compañía falleció en 1902, y su hijo Louis Comfort se convirtió primer director de diseño oficial. Era un visionario, con una capacidad innata para trabajar con nuevos materiales, como el vidrio, los esmaltes o las piedras preciosas, y con unos diseños basados en la naturaleza que se convirtieron en vanguardia del movimiento Art Nouvea, que estaba en pleno auge. Hoy, más de un siglo después, sigue siendo inspiración para los diseñadores de Tiffany.

A medida que avanzaba el siglo XX, los diseños de la compañía fueron capaces de capturar el espíritu de cada época, desde la extravagancia de los 20, el modernismo de los 30 o la aerodinámica de los 40 o 50. La porcelana de Tiffany decoraba las cenas de la casa Blanca, y sus joyas las llevaban las mujeres más glamourosas del mundo, como Jackie Kennedy, Elizabeth Taylor o Diane Vreeland. Las imágenes de Audrey Hepburn en 'Desayuno con diamantes', una película icónica, se vieron en todo el mundo y pasaron a la posteridad.

En 1947 se trasladaron al edificio de la Calle 57 con la Quinta Avenida, convertido en la tienda insignia de la compañía desde entonces, y que transformó esa zona en el principal destino de compras de la ciudad de Nueva York. La distintiva caja azul, con su cinta de satén blanca, en la que Tiffany vende sus joyas, se convirtió en uno de los objetos más codiciados del mundo.

Adquisición fallida

En 1978, la compañía fue adquirida por el gigante Avon, que pagó unos 104 millones de dólares en acciones. Pero no fue una etapa muy productiva. Tan solo 5 años después, comparaban la tienda de Tiffany en la Quinta Avenida, su buque insignia, con los grandes almacenes Macy's, por la cantidad de ofertas y artículos a bajo precio que tenía a la venta. También criticaban la pérdida de calidad de las joyas y del mal servicio que ofrecía. Había perdido la sensación de lujo y prestigio que le había acompañado Entre quejas, Avon decidió vender la compañía en 1984, a un grupo de inversores liderado por William Chaney, que pagaron 135 millones de dólares.

Los 90, que comenzaron con una recesión, obligó a Tiffany a hacer hincapié en las ventas masivas, proyectándose como una marca accesible para todos, pero sin dar sensación de vulgaridad y cuidando mucho la imagen de la tienda. Por la misma época sufrió el robo más grave de su historia, cuando 6 encapuchados atracaron una joyería llevándose un tesoro por valor de casi 2 millones de dólares. Sin disparos ni vandalismo, un acto casi de película. Dos semanas después, los seis ladrones fueron arrestados y las joyas recuperadas.

La imagen de Audry Hrpburn en Desayuno con diamantes
Captura de la película 'Desaytuno con diamantes', con la icónica Audrey Hepburn llevando joyas de Tiffany.

El siglo XXI confirmó a Tiffany como una de las empresas más importantes y reconocidas del mundo del lujo. Compite cara a cara con cualquier otra compañía del sector. Tanto que en 2020, fue adquirida por el gigante LVMH, tras una operación caótica y complicada. Anunciaron la adquisición un año antes, por 16.500 millones, pero después se echaron para atrás, por los malos resultados provocados por el Covid, de los que culpaban a la gerencia anterior. Tras varias demandas cruzadas entre las dos compañías, acabaron cerrando un acuerdo por valor de 15.800 millones.

Integrarse en el gran gigante del lujo permitió a Tiffany acelerar su expansión global, sobre todo en Europa y China. Hoy cuentan con más de 300 tiendas por todo el mundo, y emplean a más de 12.000 personas, mientras extienden su filosofía de lujo cotidiano, accesible para todos, presente en películas y otros eventos culturales, vinculándose con las personas más famosas, pero sin perder su esencia.


Madridicon-related 
https://www.eleconomista.es/podcasts/noticias/13919118/05/26/como-tiffany-paso-de-ser-una-pequena-papeleria-a-crear-un-imperio-del-lujo.html

viernes, 26 de junio de 2026

La IA no es gratis, aunque lo parezca

 



Existe un error muy generalizado en asimilar el desarrollo que tendrá la IA, con el desarrollo que ha tenido internet desde su explosión a finales de los noventa hasta nuestros días.

Estamos acostumbrados a un internet prácticamente gratis, o basado en económicas tarifas planas con las que el uso de internet es prácticamente ilimitado. Los correos electrónicos o los mensajes de WhatsApp o de cualquier otra red social pueden ser tan numerosos como se desee, sin que supongan ningún coste adicional para el usuario. Existe la ilusión de que los servicios en internet son ilimitados y gratuitos.

Para el proveedor del servicio de internet, el coste marginal de enviar un email o un mensaje en una red social es prácticamente cero. El servidor procesa el texto, lo almacena y lo reenvía con un consumo mínimo.

Son numerosos los proveedores, como Google con Gmail, Microsoft con Outlook y Hotmail, o Apple con iCloud Mail, que ofrecen cuentas de correo electrónico sin un pago explícito por parte del usuario. Parece un servicio gratuito.

Esta sensación de "servicios gratuitos de internet" es posible porque el coste para el proveedor de los servicios de cada interacción de los usuarios es marginal, además de existir un negocio basado en el procesamiento de los datos de los usuarios que le permite segmentar audiencias y vender espacios publicitarios de más valor. En otras palabras, el usuario paga con sus datos. El producto es el usuario.

El desarrollo de la IA no puede tener una evolución similar a la de internet, porque el coste de cada consulta a la IA es elevado. Se estima que una sencilla consulta a la IA consume, al menos, entre 5 y 10 veces más energía que una consulta a un buscador tradicional como Google. Las consultas a los modelos de razonamiento avanzados de IA implican que hardware y chips especializados y costosos consuman energía real para generar la respuesta a dicha consulta.

El coste de un email es de una fracción de un céntimo de euro en infraestructura, mientras que una consulta compleja a la IA puede costar decenas de céntimos en infraestructura y consumo energético.

Hasta ahora, los grandes proveedores de modelos de IA, ChatGPT, Claude y Gemini, han estado subvencionando los servicios de IA para captar suficiente cuota de mercado, a la vez que realizan compromisos de inversiones mil millonarias en nuevos centros de datos para poder incrementar sus servicios. Todavía hoy, la mayoría de las tarifas planas aplicadas a los servicios de IA no cubren costes, y solo buscan obtener una masa crítica de usuarios. El razonamiento es el siguiente: subvencionar la demanda para ganar cuota de mercado, fidelizar a los usuarios, para posteriormente monetizar.

Las tarifas planas, como existen en internet, no son sostenibles en los servicios de la IA. Se acabará imponiendo el pago por consumo: bien a través del cobro por tokens consumidos, bien por el número de tareas ejecutadas, o bien por el tiempo de inferencia, o de "pensamiento" del sistema.

Los grandes proveedores de IA ya están virando hacia modelos de pago por uso. OpenAI, Anthropic, Microsoft y Google han comenzado a aplicar cambios en sus políticas de precios hacia modelos basados en el uso o en el consumo de tokens.

Ya existen numerosas grandes empresas, principalmente en Estados Unidos, que empiezan a limitar y racionalizar el uso indiscriminado de la IA en sus organizaciones. Algunos ejemplos recientes: Amazon pide a sus empleados que no utilicen la IA solo por usar la IA, tras pagar facturas desorbitadas; Uber consume en cuatro meses todo el presupuesto anual de IA, y su director de operaciones se cuestiona si realmente merece la pena; Microsoft ha cancelado las licencias de Claude Code distribuidas a sus ingenieros por considerar que son muy caras, redirigiéndoles al uso de Copilot de la propia Microsoft.

Que una de las empresas que más ha invertido en el mundo en IA, como Microsoft, que además es accionista de OpenAI, restrinja el uso de la IA entre sus propios empleados por el coste que supone, es una prueba de que el modelo de costes cero para el usuario, como el email o el WhatsApp, o permanentemente subvencionado, no es viable en el desarrollo de la IA.

Dicho todo lo anterior, la economía del futuro, también del futuro inmediato, estará marcada por el desarrollo de la IA. Ninguna empresa que quiera sobrevivir a la competencia puede permitirse no utilizar la IA introduciéndola en sus procesos.

Aun así, la IA no es gratis y según se vayan implementando las tarifas de pago por uso, será fundamental analizar el coste-beneficio de los distintos usos que cada empresa dé a la IA.

Al margen de lo comentado, dos de las principales empresas proveedoras de servicios de IA, OpenAI y Anthropic se preparan para cotizar en la bolsa estadounidense con valoraciones cercanas al billón (con doce ceros) de dólares. Para que salgan las cuentas a ambas empresas, la monetización de las inversiones realizadas y programadas es una necesidad. La percepción de gratuidad de internet no es aplicable a la IA.


https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/13976706/06/26/la-ia-no-es-gratis-aunque-lo-parezca.html

jueves, 25 de junio de 2026

Las razones por las que está cayendo más chatarra espacial a la Tierra que nunca



Un trozo del SpaceShipTwo de Virgin Galactic que cayó en California. 
(REUTERS/Lucy Nicholson)



El aumento exponencial de lanzamientos espaciales y el uso de fibra de carbono elevan el riesgo de que residuos orbitales sobrevivan la reentrada y caigan sobre zonas habitadas




Cuando se trata de basura espacial, lo que sube está bajando cada vez más a menudo, y no de forma segura.

Cuando se lanzan naves espaciales, algunos componentes, entre ellos los cohetes propulsores no reutilizables, se separan para reducir el peso y se dejan arder intencionadamente al reentrar en la atmósfera. Los satélites también entran en la atmósfera al final de su vida útil y, supuestamente, se incineran. Pero en muchos casos, no lo hacen como se preveía.

Los residuos procedentes de componentes de naves espaciales y satélites que se incineran parcialmente al reentrar en la atmósfera terrestre pueden suponer un riesgo para personas y estructuras en tierra. El aumento de lanzamientos, impulsado en gran medida por actores privados como SpaceX, está convirtiendo un riesgo antaño remoto en una amenaza creciente.

Nuestro grupo de investigación de materiales de la Universidad de Wisconsin-Stout estudia los materiales que permiten a los residuos de reentrada sobrevivir al proceso. Buscamos formas de modificar de manera segura sus extraordinarias cualidades resistentes al calor para hacer la reentrada atmosférica menos peligrosa.


Residuos que caen a la Tierra

Desde 2021, residuos de reentrada han caído sobre propiedades privadas y públicas de todo el mundo en numerosas ocasiones. Algunos de los casos más destacados implican fragmentos del maletero de fibra de carbono de la cápsula Dragon de SpaceX, que permanece unido a la cápsula tripulada hasta pocas horas antes de la reentrada. Estos maleteros son mayores que una furgoneta de quince plazas y se utilizan para almacenamiento.

Residuos del maletero de la misión Crew 7 a la Estación Espacial Internacional cayeron en Carolina del Norte, y fragmentos de la misión Crew 1 cayeron en Nueva Gales del Sur, Australia. Del mismo modo, restos de la misión Axiom 3 cayeron en Saskatchewan, Canadá.

Además de los maleteros, los componentes de fibra de carbono que contienen gases a presión para ajustar la orientación de la nave también constituyen una gran parte de los residuos de reentrada recuperados. Algunas de las recuperaciones más recientes han tenido lugar en Australia, Argentina y Polonia.

La mayoría de los residuos que reentran en la atmósfera se incineran. Entonces, ¿por qué estos fragmentos llegan a la superficie terrestre?


La reentrada atmosférica

Satélites como Starlink de SpaceX orbitan en órbita baja terrestre, normalmente entre 300 y 2.000 kilómetros sobre la superficie de la Tierra. Para mantenerse en órbita, deben moverse a gran velocidad, en torno a 27.000 km/h. Para alcanzar esta velocidad, un cohete con casi medio millón de litros de combustible tuvo que acelerarlos, y parte de esa energía sigue contenida en el impulso del satélite.


placeholderUn presunto satélite Starlink cayendo sobre Puerto Rico en febrero de 2022. (Sociedad astronómica del Caribe)
Un presunto satélite Starlink cayendo sobre Puerto Rico en febrero de 2022. (Sociedad astronómica del Caribe)

Cuando un objeto en órbita desciende y se acerca a la atmósfera superior de la Tierra, comienza a chocar con moléculas de aire, frenando el objeto. El calor generado por esta interacción consume rápidamente el satélite, fundiendo el metal a más de 1.600 grados Celsius.


Más lanzamientos

Los países del mundo llevan lanzando objetos al espacio desde los años cincuenta, ¿por qué la reentrada es ahora motivo de preocupación?

Desde los años sesenta, se lanzaban al espacio unos 100 objetos al año, al menos hasta 2016. Desde entonces, el número ha aumentado de forma exponencial. En 2016 se lanzaron 200 objetos, pero en 2025 esa cifra fue de 4.500, lo que significa que el 20 % de todos los objetos lanzados al espacio desde los años cincuenta se lanzaron el año pasado.

La mayoría de estos lanzamientos procedieron de empresas estadounidenses, como SpaceX y Rocket Lab. Estas compañías, junto con otras de fuera de EEUU, tienen planes para grandes constelaciones de satélites compuestas de cientos de miles o incluso un millón de satélites.

Cuantos más objetos y cargas útiles se lanzan, más eventos de reentrada se producen. Los operadores de satélites están obligados a retirar de la órbita sus satélites desactivados en un plazo de 25 años para cumplir con las normativas establecidas por organismos internacionales. Grupos de todo el mundo, incluida la Comisión Federal de Comunicaciones de EEUU, han impulsado la reducción del periodo de desórbita a cinco años. Debido a estas directrices, el impacto total de los eventos de reentrada de residuos procedentes de lanzamientos recientes no se sentirá hasta dentro de diez o más años.

Los objetos lanzados y las decisiones políticas tomadas hoy tendrán un efecto duradero sobre la seguridad futura.


La fibra de carbono

A medida que el mundo ha avanzado tecnológicamente, también lo ha hecho la eficiencia en los lanzamientos espaciales.

Los satélites y las naves espaciales son cada vez más ligeros, resistentes y capaces de soportar el calor, gracias a materiales como los plásticos reforzados con fibra de carbono y los nuevos metales. Estos materiales resistentes son muy valorados por su ligereza, pero también pueden hacer que los residuos de desórbita soporten las temperaturas de reentrada.

La fibra de carbono, que en su día era de uso exclusivo en tecnología espacial, se encuentra hoy en objetos cotidianos como cuadros de bicicleta y carrocerías de coches de carreras. Sigue siendo el material de referencia para fabricar componentes de alta resistencia y bajo peso para componentes de naves espaciales, como fuselajes de cohetes, estructuras de unión entre etapas y depósitos a presión que soportan temperaturas extremas y elevadas tensiones mecánicas.

Los metales simples como el aluminio y el acero se funden y se incineran, mientras que materiales complejos como la fibra de carbono, fabricada a temperaturas de hasta 3.000 °C, se queman de forma impredecible, alterando el modo en que los componentes separados se fragmentan durante la reentrada.

Desde principios de los años 2000, la mayor parte de los residuos espaciales recuperados contiene secciones de plástico reforzado con fibra de carbono o componentes metálicos revestidos de fibra de carbono. La fibra de carbono puede actuar como escudo térmico involuntario para residuos más pesados y potencialmente más peligrosos.


Diseñar para la desintegración

El diseño para la desintegración es un importante ámbito de investigación centrado en mitigar el riesgo de los residuos de reentrada. En lugar de depender de desórbitas controladas y minuciosamente programadas que conducen los componentes supervivientes al océano al final de su vida útil, los componentes de las naves espaciales se diseñan para garantizar que se desintegren por completo durante la reentrada atmosférica.

El diseño para la desintegración puede adoptar múltiples formas. Estas van desde el uso de materiales más susceptibles al calor hasta la reubicación de los componentes más difíciles de incinerar en zonas de la nave que alcanzan mayores temperaturas durante la reentrada, o el empleo de uniones que se rompen a altas temperaturas para separar las estructuras en componentes más pequeños y facilitar su incineración.

Dado que históricamente el objetivo ha sido siempre fabricar naves con los materiales más ligeros, resistentes y refractarios disponibles, puede parecer contraproducente debilitar intencionadamente algunos de ellos. La clave está en hacer los materiales más inteligentes, de modo que mantengan su resistencia durante la misión pero cedan ante el calor de la reentrada.


miércoles, 24 de junio de 2026

Qué nos puede enseñar el Crash de 1929 sobre los peligros que enfrenta la economía en la actualidad


Los mensajeros de las casas de bolsa se agolpan en torno a un periódico tras el primer desplome de la bolsa de Wall Street el 24 de octubre de 1929.

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Para muchos economistas, los indicadores que la bolsa de Nueva York registra actualmente -y desde hace un tiempo- generan desconcierto.

A pesar de varios años de conflicto en Ucrania y Medio Oriente, con un repentino cierre en el estrecho de Ormuz que ha traído caos al mercado energético mundial, la bolsa sigue subiendo.

En febrero, el índice Dow Jones -que promedia el valor de las 30 compañías estadounidenses más grandes- superó su techo histórico de los 50.000 puntos y en junio ya había superado los 52.000.

Hacia finales de mayo, el índice S&P 500 logró mantener un incremento sostenido en el precio de sus acciones durante 9 días consecutivos -algo que rara vez se registra en Wall Street- y, gracias al boom de la inteligencia artificial, el Nasdaq continúa alcanzando máximos históricos.

Y aunque en teoría este aumento puede ser una buena señal sobre la economía de EE.UU., hay quienes empiezan a hacer paralelismos con los años previos a la mayor crisis financiera que se ha registrado en la historia: la caída de la bolsa en 1929.

El podcast de la BBC More or Less habló con Andrew Ross Sorkin, autor del libro "1929: desde adentro del crash" y Too Big to Fail (Demasiado grandes para caer), para analizar en qué se parece y en qué se diferencia la situación actual con la que se vivía antes de la crisis del 29.


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Pie de foto,Andrew Ross Sorkin.

Para los que conocemos la historia de las finanzas, no hay una fecha más importante que 1929. Pero para aquellos que, afortunadamente, ya no se acuerdan: ¿qué fue el gran desplome de Wall Street?

El gran desplome de Wall Street de 1929 se considera la primera y más grave caída del mercado de valores de EE.UU.

La década de 1920 fue una época de gran prosperidad y dinamismo.

Aparecieron los automóviles, la radio y todo ese entusiasmo por las nuevas tecnologías que iban a cambiar el mundo.

Además, fue la primera vez que la gente común pudo invertir en bolsa. Veían cómo el mercado estaba subiendo sin parar. Y, en octubre de 1929, se vino abajo; y lo hizo con una fuerza tremenda.

Quería hacerme una idea de la magnitud de este desplome. Se lo llama el "Gran Crash". ¿Es correcto afirmar que fue la mayor crisis financiera de la historia? ¿Existe alguna forma de cuantificarla?

Creo que si analizamos no solo 1929, sino el periodo entre 1929 y 1933, observamos una caída de aproximadamente el 90% en el valor total del mercado.

Ahora bien, cabe destacar que, curiosamente, en el propio 1929 —pese a que todos lo recordamos como un gran desplome—, el mercado de valores cerró el año con una caída de apenas un 17%.

Pero...

Entre octubre y noviembre de 1929, el mercado cayó cerca de un 50%.

Así que, si uno cerraba los ojos y simplemente comparaba el principio con el final del año, podría haber pensado que no había pasado nada; más allá de ese extraordinario desplome del 50% que tuvo lugar en un momento en el que la gente común estaba invirtiendo en bolsa por primera vez, a menudo asumiendo niveles de deuda considerables, en algunos casos, con una relación de 10 a 1.

Vale la pena profundizar en ese aspecto. Entonces, si tengo US$100, pido prestados US$1.000 para comprar acciones por ese valor y luego esas acciones caen a US$500, habré perdido cinco veces más dinero del que realmente poseía.

Y tienes un problema enorme. Eso explica realmente lo que considero la primera ficha de una serie de dominós que conduce —como acabamos de mencionar— a esa caída del 90% para cuando llegamos a 1932 o 1933.

Y, por cierto, en 1932 también se alcanzó una tasa de desempleo del 25%.


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Pie de foto,La caída de la bolsa de Nueva York en 1929 tuvo un impacto inmenso sobre la economía de EE.UU. y del mundo.

Una de tus funciones, Andrew, es aparecer en televisión hablando de finanzas. Y mientras hablas, van apareciendo cifras en la parte inferior de la pantalla: si la bolsa sube o baja, la cotización de acciones individuales, el dólar, el petróleo crudo... Existe una disponibilidad de datos absolutamente omnipresente.

Es cierto que en 1929 existía el teletipo que imprimía los precios de las acciones, pero la situación era muy distinta.

¿Qué era diferente y acaso la falta de datos de entonces hizo que la situación fuera mejor o peor?

Yo diría que la falta de datos —y, lo que es más importante, la falta de datos oportunos— no fue solo un problema.

De hecho, es lo que, en algunos casos, podría describirse como el factor que originó la crisis.

En algunos casos, íbamos literalmente cuatro, cinco o seis horas por detrás.

Cuando ves esas famosas fotos en blanco y negro de miles de personas durante el gran desplome, congregadas alrededor de la Bolsa de Nueva York —es posible que las hayas visto a lo largo de los años—, tal vez te hayas preguntado: "¿Qué están haciendo? ¿Por qué está toda esa gente en la calle?".

Toda esa gente había llegado a Wall Street para intentar averiguar físicamente qué había pasado con su dinero.

No sabían cuáles eran los precios de las acciones. Porque si estabas en una casa de bolsa —digamos, en la Quinta Avenida, a la altura de la calle 40—, podías tener tres horas de retraso; y ni hablemos de si estabas en Europa o en un barco en algún lugar.

Y, por cierto, la gente operaba desde los barcos. Podías tener hasta dos días de retraso.

Así que una de las cosas que sucedió fue que la gente se dio cuenta de lo desfasado que estaba el teletipo de cotizaciones y dijo: "Voy a venderlo todo; ni siquiera puedo participar en esto".


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Pie de foto,El terror se apoderó de los inversionistas en la bolsa de Nueva York en octubre de 1929.

¿Existe alguna forma de saber qué tan vulnerable eres ante un desplome? Es decir, desde el punto de vista de un historiador, puedes trazar índices y gráficos, pero ¿hay alguna manera de percibirlo en el momento mismo?

Mira, en lo que siempre me fijo es en la deuda.

Para mí, el apalancamiento del sistema es la cerilla que enciende el fuego. Por eso, lo que siempre observo —ya sea en el momento o a posteriori— es cuánta deuda hay en el sistema en un momento dado, porque eso es lo que a menudo desencadena el colapso y, con frecuencia, contribuye a inflar el múltiplo.

Así que eso es algo más que se puede analizar: cuál es el múltiplo en un momento determinado. Podrías usar la relación precio-beneficio (PER) o cualquier otra métrica para intentar comprender cómo se está valorando una acción en comparación con otras.

Y cuando hablamos de "múltiplo", un ejemplo clásico es simplemente preguntarse: ¿Cuán cara es esta acción en relación con los beneficios que genera la empresa? Si la empresa gana US$1 al año y la acción cotiza a US$10, el múltiplo es 10. Si la empresa gana US$1 al año por acción y la acción cuesta US$100, entonces el múltiplo es 100. Se han hecho esfuerzos para trazar estos múltiplos de precio-beneficio (o ratios PER) a muy largo plazo.

Si vemos los gráficos de la época, se ve como una montaña; se puede ver la cima. Si estás mirando en retrospectiva, se ve claramente. Aunque, es posible que si estabas en el momento, tal vez no te dieras cuenta de que era el punto culminante.

Bueno, sabes que ha subido. Lo que no sabes es si seguirá subiendo más.

Exacto. No sabes si estás en la cima de la montaña o si la montaña va a seguir creciendo... por encima de la línea de vegetación, por así decirlo. Por cierto, de igual manera se pueden observar "montañas" en los años 70 y también a finales de los 90.


Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,"Toda esa gente había llegado a Wall Street para intentar averiguar físicamente qué había pasado con su dinero", explica Andrew Ross Sorkin.

De hecho, me gustaría abordar ese tema porque, por supuesto, una de las razones por las que 1929 resulta tan interesante —es una historia fascinante tal cual como la cuentas— es que también nos dice algo sobre la actualidad y sobre otras crisis. Si observamos esa 'montaña' —la relación precio-beneficio, que es una especie de indicador de qué tan costoso resulta comprar una parte de los beneficios en este momento—, ¿cómo se compara el pico alcanzado en 1929 con, digamos, la década de 1970, la burbuja de las "puntocom" o incluso la actualidad?

Bueno, parece alto, pero en comparación con esos otros máximos, es una cima más baja, por así decirlo.

Sin embargo, si analizamos la evolución en ese momento, se ve cómo sube y sube constantemente. Y luego se observa la caída, como en una auténtica montaña rusa... aunque ahora estoy mezclando metáforas.

En 1929, el gráfico alcanza un pico muy pronunciado, justo por encima de 30; es decir, el precio de la acción equivale a 30 veces el promedio de beneficios de los diez años anteriores. Luego desciende y no vuelve a acercarse a esa cifra. Más tarde, a finales de los años 90 y principios de los 2000 —durante la fiebre de las "puntocom"—, sube aún más, superando el nivel de 40. Después vuelve a caer. Ahora ha superado de nuevo la marca de 40. Es apenas la segunda vez en la historia que alcanza un nivel superior al del pico previo al desplome de 1929. ¿Podemos extraer alguna conclusión de esto?

Sin duda. Podemos concluir que es probable que, en algún momento —aunque no sabemos cuándo—, volvamos a desplomarnos.

Y esa es la gran cuestión existencial para todos nosotros.


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Pie de foto,Una fuerte reevaluación en los precios de las acciones durante los años 70 llevó a una temida "estanflación": inflación alta, bajo crecimiento y desempleo disparado.


Tim Harford
Título del autor,More or Less, BBC World Service* y
Autor,Nathan Gower
Título del autor,More or Less, BBC World Service*

20/06/2026
https://www.bbc.com/mundo/articles/cr5j2lpzd4yo