miércoles, 7 de octubre de 2026

La revolución laboral de Países Bajos, la economía donde casi nadie quiere trabajar a tiempo completo, golpea a las poderosas agencias de empleo

 


  • El 43% de los trabajadores en Países Bajos tiene un empleo a tiempo parcial
  • De todo ese trabajo a tiempo parcial, solo el 2,2% es involuntario
  • Las agencias de empleo no logran encontrar trabajadores como antes


Si a un economista le hablan de un país que tiene una tasa de temporalidad del 25% y que el 42% del empleo es a tiempo parcial (personas que trabajan menos de 35 horas a la semana), probablemente aseguraría que esos datos se corresponden con un país en desarrollo o relativamente pobre. Sin embargo, estos datos pertenecen a una de las economías más ricas del mundo, con un mercado laboral que funciona casi a la perfección y que poco a poco se está convirtiendo en el ejemplo a seguir de Europa. Pese a todo, Países Bajos se enfrenta, como otras economías de Europa, a una escasez crónica de trabajadores, agudizada por la gran cantidad de empleados a tiempo parcial que no quieren trabajar más horas. Esta escasez debería ser 'oro' para las agencias de colocación de empleo (parece lógico que si yo como empresario no encuentro candidatos recurra a una empresa especializada), sin embargo, está forzando a que este sector (con mucho poder en Países Bajos) se reinvente a marchas forzadas. El resultado podría ser un mercado laboral algo diferente.

La economía de Países Bajos es la más rica de Europa después de Irlanda (cuyo PIB plantea algunos problemas de distorsión por la actividad de las multinacionales) y Luxemburgo. Con una renta per cápita de 51.400 euros, según Eurostat, una tasa de paro del 4%, un déficit público del 1,6% y una deuda pública del 44% sobre el PIB es una de las economías 'modelo' de Europa. Un modelo económico que, sin embargo, tiene un 42% de empleo a tiempo parcial (la gran mayoría voluntario, es decir, empleados que quieren trabajar menos horas para dedicar más tiempo al ocio, criar a sus hijos...) y un 25% de empleo temporal.

Un mercado laboral singular

Para afinar más la cifra y entender que el mercado laboral de Países Bajos es diferente. Es la economía con más empleo a tiempo parcial de toda Europa, pero al mismo tiempo es el país con menor empleo a tiempo parcial involuntario, solo el 2,2%. Los holandeses trabajan pocas horas porque quieren y pueden. Por ejemplo, en España hay mucho menos empleo a tiempo parcial pero, del que hay, el 45% es involuntario, es decir, son personas que querrían o necesitarían trabajar una jornada completa o más horas, pero no pueden hacerlo. Los 'buenos' datos del mercado holandés no libran al país de algunos problemas que afligen al resto del continente como el envejecimiento de la fuerza laboral o las amenazas de un petróleo más caro o las turbulencias en el comercio internacional (Países Bajos es una economía muy abierta que exporta e importa gran cantidad de bienes y servicios). Estos cambios en el mercado laboral están modificando el papel de las agencias de empleo en el país.

La escasez de trabajadores se ha convertido en uno de los grandes problemas estructurales de las economías europeas y Países Bajos empieza a mostrar una de sus consecuencias más curiosas. La falta de mano de obra debería ser, sobre el papel, el escenario perfecto para las empresas dedicadas precisamente a encontrar trabajadores, pero está ocurriendo prácticamente lo contrario. ING Research advierte de que la escasez estructural de empleados, unida al endurecimiento de la regulación, el aumento de los costes y la revolución tecnológica, está obligando a las poderosas agencias de trabajo temporal neerlandesas a reinventar un modelo de negocio que durante décadas descansó fundamentalmente sobre el volumen, contrataciones en masa de trabajadores que precedían de muchas partes de Países Bajos, Europa o incluso el mundo.

"La escasez estructural de mano de obra, una regulación más estricta, el cambio tecnológico y la continua presión sobre los márgenes están obligando a las empresas de trabajo temporal a replantearse su modelo de negocio tradicional", resume Katinka Jongkind, analista de ING Research. Este hecho se aprecia perfectamente en las cifras. La economía neerlandesa vuelve a ganar algo de tracción y las empresas disponen de mayor margen para invertir y contratar, pero Katinka Jongkind, economista de ING, solo espera que las horas trabajadas en el sector flexible aumenten un 1% en 2026 y otro 1,5% en 2027.

Las agencias de nicho triunfan

El punto de partida tampoco es especialmente boyante. Después de dos años de contracción, las horas trabajadas apenas crecieron un 0,5% el pasado ejercicio y la recuperación está siendo muy desigual. Son las pequeñas compañías especializadas y de nicho las que están creciendo, mientras las grandes agencias continúan perdiendo volumen. Entre las empresas pertenecientes y que colabora con la patronal ABU (la gran patronal de las agencias de empleo), las horas trabajadas llevan descendiendo ininterrumpidamente desde marzo de 2022. La recuperación económica existe, pero cada vez resulta menos evidente que tenga que traducirse automáticamente en una recuperación equivalente del empleo temporal tradicional.

La transformación se acelera, además, porque contratar trabajadores temporales es ahora considerablemente más caro. El nuevo convenio colectivo introducido a comienzos de 2026 obliga a garantizarles unas condiciones laborales al menos equivalentes a las de los empleados que realizan trabajos comparables dentro de la empresa cliente y establece que los derechos de pensión comiencen a acumularse desde el primer día, en lugar de después de un año.

Las agencias intentan trasladar esa factura a las compañías, lo que encarece sus servicios. ING calcula que sus tarifas aumentarán una media del 6,5% este año. Pero ni siquiera semejante incremento permitirá recuperar completamente el golpe. Los contratos a largo plazo dificultan repercutir todos los costes y, simultáneamente, las empresas deben gastar más en tecnología, digitalización y cumplimiento normativo. El resultado es especialmente significativo para el mercado laboral neerlandés que durante décadas ha usado estas grandes agencias para dinamizar un mercado laboral flexible como un chicle, adaptado a una economía igualmente dinámica. La flexibilidad que proporcionaba contratar rápidamente trabajadores para cubrir una baja o afrontar un pico de demanda se está encareciendo considerablemente.

El cambio no ha terminado

La siguiente vuelta de tuerca llegará en 2027. La entrada en vigor de la Ley de Admisión de Agencias de Trabajo Temporal obligará a las empresas que suministran trabajadores a obtener una certificación, demostrar que cumplen las normas laborales y fiscales y aportar una garantía financiera de 100.000 euros. Desde ING esperan que estas exigencias aceleren la consolidación del sector porque las compañías más pequeñas tendrán mayores dificultades para soportar los nuevos costes administrativos y financieros y muchas podrían terminar absorbidas por competidores de mayor tamaño. Se está produciendo, por tanto, una suerte de selección natural dentro de una industria que durante años pudo competir fundamentalmente mediante escala, precio y disponibilidad inmediata de trabajadores. La regulación pretende eliminar malas prácticas, pero una de sus consecuencias económicas será elevar las barreras de entrada y favorecer a aquellas compañías con mayor músculo financiero y capacidad tecnológica.

Todo ello obliga a cambiar el propio producto que venden las agencias. "El foco está pasando del crecimiento impulsado por el volumen al crecimiento impulsado por el valor", sostiene Jongkind. ING considera que, mientras el éxito dependía anteriormente de la "escala, la flexibilidad y el precio", la tecnología, el conocimiento y la especialización sectorial se están convirtiendo en ventajas competitivas cada vez más importantes. Aquí entra también la inteligencia artificial.

La digitalización y la IA pueden automatizar parte de la selección y emparejamiento entre vacantes y candidatos, reducir costes y elevar la productividad de las propias agencias. Al mismo tiempo, la escasez de trabajadores abre oportunidades en actividades de mayor valor añadido como la formación, los servicios de recursos humanos o el desarrollo profesional. En una economía en la que el trabajador disponible se convierte en un recurso cada vez más escaso, el negocio deja progresivamente de consistir simplemente en encontrar a alguien para cubrir una vacante y pasa a girar alrededor de encontrar el perfil adecuado, que encaje a la perfección o que al menos tenga la capacidad para ser formado y conseguir aprovecharlo de manera más eficiente.

El fenómeno trasciende, por tanto, a las propias agencias y constituye uno de los grandes retos la economía neerlandesa. Una escasez estructural de trabajadores puede terminar limitando la capacidad de las empresas para aumentar la producción incluso cuando existe demanda, presionar al alza los costes laborales y obligar a sustituir crecimiento extensivo basado en incorporar más trabajadores por otro apoyado en la productividad. La transformación que describe ING apunta precisamente en esa dirección. Si cada vez resulta más difícil y caro incorporar mano de obra adicional, las empresas necesitan producir más con los trabajadores disponibles y las agencias que los suministran deben aportar algo más que intermediación. De ahí que tecnología, IA, formación y especialización estén sustituyendo paulatinamente al viejo modelo basado en volumen. La escasez de mano de obra deja así de ser únicamente un problema laboral para convertirse en un poderoso incentivo para reorganizar empresas, acelerar la automatización y elevar la productividad de la economía neerlandesa.


10:34 - 24/09/2026
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14016178/09/26/la-revolucion-laboral-de-la-economia-donde-casi-nadie-quiere-trabajar-a-tiempo-completo-la-falta-de-trabajadores-golpea-a-las-poderosas-agencias-de-empleo-de-paises-bajos.html

martes, 6 de octubre de 2026

Los economistas no dan crédito con la resistencia de la economía de Europa: "Es un misterio que resulta cada vez más difícil explicar con los modelos tradicionales"

 



  • Pese a que el petróleo está disparado y el comercio cae, la economía crece más
  • Los modelos econométricos tradicionales indican un crecimiento muy inferior
  • El ahorro de los europeos y la resistencia del mercado laboral suman al PIB


La economía de Europa se encuentra en un momento estructural que se puede definir como decadente. Sin embargo, dentro de esta tendencia subyacente que no es nueva hay ciertos momentos o sub-tendencias cíclicas (subidas y bajadas) que determinan cuánto crece el PIB en un trimestre o un año suelto. Dentro de estas últimas, los analistas no parecen dar crédito ante el misterioso crecimiento de la zona euro (de Europa en general) justo cuando las dos grandes amenazas o puntos débiles de la economía europea están interactuando. Los economistas de JP Morgan han publicado varias entregas intentando explicar de dónde viene este crecimiento, mientras que otros bancos y think tanks también muestran su asombro. La energía está muy cara (Europa la importa casi toda) y el comercio internacional está de capa caída, con China expulsando a los bienes y servicios europeos, por un lado, y por otro los aranceles y el proteccionismo poniendo a prueba los productos europeos. Pese a todo, la economía de Europa crece con más fuerza de lo esperado y prueba de ello son los movimientos del Banco Central Europeo (BCE), que ya ha subido los tipos de interés dos veces este año sin pensárselo demasiado porque la economía parece resistir mejor de lo esperado.

El crecimiento de la zona euro se situó en el 1,2% interanual en el segundo trimestre de 2026. Este ritmo se aproxima al registrado en 2025 (1,4%) y supera el de 2024 (0,9%). ¿Qué hay de raro en estos datos? Los precios del petróleo han aumentado con fuerza en el último año (desde 60 dólares por barril a finales de 2025 hasta los 100 dólares actuales), al igual que los precios del gas natural (desde 30 euros por megavatio hora a finales de 2025 hasta 71,3 euros el 28 de septiembre de 2026). Este incremento de casi el 100% en el precio de los combustibles fósiles importados ha reducido la renta real de la zona euro en una cantidad equivalente al 2% del PIB. Por tanto, cabría haber esperado que la zona euro cayera en una recesión o al menos en una suerte de estancamiento este 2026, especialmente teniendo en cuenta que también han aumentado los tipos de interés reales a largo plazo. Sin embargo, el crecimiento ha resistido.

JP Morgan intenta explicar el misterio

Tal es la sorpresa de los analistas que hasta el banco de inversión más grande del mundo comenta que "la economía de la zona euro está protagonizando una resistencia que empieza a resultar difícil de explicar únicamente por los modelos tradicionales". El nuevo shock energético provocado por la guerra en Oriente Medio, el encarecimiento del petróleo y el gas y unas turbulencias comerciales que amenazan uno de los motores históricos de Europa (su superávit exterior) parecían ingredientes suficientes para devolver a la región al estancamiento o la recesión.

Sin embargo, el golpe está siendo bastante menor de lo esperado. JP Morgan reconoce que llevan tiempo (alrededor de un año) analizando lo que denominan como una resistencia "sorprendente" al shock energético, las condiciones comerciales y lo que hace no tanto parecía ser un 'apagón' de la economía de Europa. Desde entonces, los estrategas de JP han ido revisando al alza sus previsiones. El banco espera ahora que el PIB de la zona euro (excluyendo Irlanda, cuyo PIB va por libre y distorsiona el de toda la eurozona) crezca un 1,3% en 2026 y un 1,4% en 2027, por encima del crecimiento potencial que estima en apenas un 1%.

La pregunta es qué está sosteniendo a una economía que vuelve a pagar cara la energía y que, además, tiene al BCE endureciendo nuevamente la política monetaria. Desde JP Morgan señalan que aunque ahora es más impresionante, lo cierto es que desde hace tres o cuatro años el crecimiento real viene siendo sistemáticamente superior al que justificarían sus principales fundamentales. Para intentar descifrarlo, sus economistas utilizan un modelo denominado PSR (Potential, Shocks and Residual) que parte de ese crecimiento potencial del 1% y añade ocho grandes fuerzas: ciclo mundial, política monetaria y fiscal, tipo de cambio, materias primas, crédito y confianza, además de un residuo que recoge aquello que el modelo no consigue explicar. Uniendo todos estos factores y 'metiéndolos' en un modelo econométrico, los analistas del banco americano aseguran que el PIB apenas debería crecer el 0,8% en 2026, sin embargo la eurozona va camino de crecer un 1,3%.

Menos ahorro y más déficit

La solución a este rompecabezas es relativamente sencilla. El enorme colchón de ahorro de los europeos (tan criticado por la Comisión Europea) está permitiendo que los consumidores sigan pagando gasolina, luz y gas sin tener que reducir los gastos en otras partidas. Esto, junto a unos déficits públicos crecientes (el mayor gasto público estimula la economía), está dando lugar a un crecimiento notable (notable para la vieja Europa) en medio de una incipiente crisis energética y el menor dinamismo de las exportaciones.

Otra parte del secreto está en que Europa está recibiendo varios vientos de cola justo cuando el petróleo vuelve a soplar en contra. El ciclo mundial aportará, según JP Morgan, alrededor de 0,3 puntos porcentuales al crecimiento este año, mientras desaparece progresivamente el lastre de las subidas de tipos de 2022 y 2023, mejora el crédito y comienza a diluirse el daño provocado por la apreciación anterior del euro anterior (en las últimas semanas el euro no ha parado de caer frente al dólar). A ello se suma la política fiscal, que proporcionará un impulso acumulado cercano a 0,4 puntos entre 2026 y 2027, con Alemania desempeñando un papel importante. Es decir, el nuevo shock petrolero ha encontrado a la economía europea con varios motores acelerando simultáneamente y capaces, al menos por ahora, de amortiguar parte del golpe.

Esto no significa que el petróleo salga gratis. JP Morgan calcula que el efecto negativo de las materias primas irá aumentando durante los próximos meses hasta restar alrededor de 0,6 puntos porcentuales anualizados al crecimiento en el cuarto trimestre de 2026. Su regla de cálculo estima que "un aumento de un punto porcentual de la inflación general procedente de la energía y/o los alimentos reduce el crecimiento en 0,35 puntos porcentuales". El problema se agrava porque el shock energético puede obligar al BCE a seguir subiendo los tipos, puesto que cada incremento adicional de 25 puntos básicos resta otros 0,08 puntos al crecimiento anualizado, según sus estimaciones. La resistencia europea, por tanto, no consiste en que el petróleo haya dejado de importar, sino en que otras fuerzas están compensando una parte sorprendentemente grande de su impacto.

Hay además un colchón construido durante los últimos años que puede estar permitiendo a empresas y familias encajar mejor el golpe. JP Morgan recuerda que las compañías ampliaron fuertemente sus márgenes durante la inflación de 2022 y 2023, mientras que posteriormente los salarios recuperaron parte del terreno perdido, manteniendo durante más tiempo de lo habitual el crecimiento de la renta de los hogares.

A ello se unen unas tasas de ahorro todavía elevadas. Esas posiciones financieras relativamente saneadas "pueden haber ayudado a absorber parte del shock energético" del segundo trimestre de este año. Dicho de otra forma, cuando sube la gasolina, la electricidad o la calefacción, una familia con ahorro acumulado no necesita recortar inmediatamente el restaurante, las vacaciones o la compra de un coche; y una empresa con buenos márgenes puede absorber temporalmente parte del incremento de sus costes sin paralizar inmediatamente inversión y empleo. Ese mecanismo está suavizando la transmisión del petróleo hacia la economía real.

Patrick Artus, economista de Ossian, dependiente de Natixis, explica que el aumento del déficit público, desde el 2,9% del PIB en 2025 hasta alrededor del 3,2% en 2026, debido particularmente al incremento del gasto militar y en infraestructuras en Alemania; el apoyo a la actividad proporcionado por el plan NextGenerationEU de la Unión Europea; y la caída de la tasa de ahorro de los hogares, desde el 15% en el segundo trimestre de 2025 hasta el 14,3% en el segundo trimestre de 2026, tienen la respuesta al enigma de la resistencia europea.

Las fuentes de esta resistencia pueden, no obstante, ser motivo de preocupación: endeudamiento público (también a escala de la UE) y reducción del ahorro, avisa Artus en una nota para clientes. Al mismo tiempo, desde JP Morgan insisten en que la resistencia tampoco debería confundirse con inmunidad. JP Morgan advierte expresamente de que "la resistencia no es un estado permanente de la economía".

El año 2027 puede ser diferente

De hecho, algunos indicadores de consumo comenzaron a debilitarse al inicio del tercer trimestre. El escenario central del banco americano presupone además que el petróleo y el gas permanecerán caros durante el resto de 2026, pero posteriormente retrocederán hasta aproximadamente 70 dólares por barril y 40 euros/MWh a mediados de 2027. Si eso sucede, el viento cambiará rápidamente de dirección. El lastre de 0,6 puntos provocado por las materias primas a finales de este año se transformaría en una aportación positiva de 0,3 puntos a finales de 2027. Si el petróleo permanece mucho más tiempo alrededor de los niveles actuales, en cambio, una parte importante de esa previsión quedaría en entredicho.

Por ahora, sin embargo, Europa continúa avanzando por un terreno que sobre el papel debería haberla frenado mucho más. Los últimos PMI conocidos esta semana han sido muy buenos (incluso en Francia y Alemania), a un ritmo de crecimiento cercano o superior en algunos casos al 1,5%, y los balances relativamente saludables del sector privado continúan proporcionando un colchón frente al encarecimiento de la energía, los tipos y las perturbaciones comerciales. De ahí que el banco concluya que, pese a la cautela necesaria a corto plazo, "los conductores del crecimiento continúan siendo positivos". Con todo, la zona euro se enfrenta a un petróleo caro, nuevas subidas de tipos y un comercio mundial mucho más hostil y, aun así, JP Morgan considera que puede seguir creciendo por encima de su ritmo potencial.


https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14018193/10/26/los-economistas-no-dan-credito-con-la-resistencia-de-la-economia-de-europa-es-un-misterio-que-resulta-cada-vez-mas-dificil-explicar-con-los-modelos-tradicionales.html

lunes, 5 de octubre de 2026

El mundo empieza a abandonar a Francia: los inversores huyen de una deuda que se ha convertido en un gran peligro para la eurozona

 

Imagen: iStock


  • Grandes gestores reconocen abiertamente que han vendido sus tenencias
  • El bono francés a 10 años ya coquetea con el 5% y toca máximos desde 2002
  • Las elecciones de 2027 aumentan la zozobra y no está claro si el BCE 'aparecerá'


Cuando se creó el euro hace ya casi 30 años, pocos economistas (quizá ninguno) habrían apostado a que Francia sería uno de los grandes problemas para la zona euro. Entonces, Francia y Alemania -el corazón de Europa, se suele decir- estaban entre las economías más desarrolladas (mayor renta per cápita, más competitivas...) de todo el bloque. Dentro de la Unión Europea (un proyecto más amplio que el euro), Francia ha sido un aportador neto de fondos que han ido directos a países mucho menos desarrollados que necesitaban ayuda. Hoy, en 2026, toda esta construcción es en cierto modo incoherente. Francia se ha convertido en una economía enferma. Sigue siendo más rica que la media de la UE, pero por los logros del pasado. Hoy el país se enfrenta a una crisis fiscal que parece no tener solución, con un gasto público disparado y sin visos de recortes relevantes. La situación es tal que los inversores han comenzado a abandonar Francia. El país 'rico' paga hoy más por colocar su deuda que otras economías mucho menos desarrolladas dentro de la misma área monetaria y comercial.

Si Francia pasó en cierto modo de 'puntillas' por la crisis del euro hace ahora una década y media, con los llamados entonces PIGS (cerdos en inglés y siglas en ese idioma de Portugal, Italia, Grecia y España) sucumbiendo en los mercados de deuda, la tortilla se ha dado ahora la vuelta y París ve cómo todos esos países sureños se están financiando más barato que ellos. La combinación de grandes déficits tras la pandemia, un crecimiento económico discreto y una inestabilidad política impropia del país galo que impide fijar una senda creíble de deuda pública (la cifra del 120% del PIB ya casi dobla la de Alemania) ha hecho que todos los focos apunten a Francia... y eso nunca es bueno.

Una oleada de ventas en el mercado mundial de deuda ha alimentado un desplome que afecta a Francia con mayor intensidad y rapidez de lo previsto. La corriente es negativa en todo el planeta y eso exacerba los riesgos en aquel que llega cojeando o con problemas. El bono soberano francés (OAT) a 10 años, la nota de referencia, coquetea ya con el 5% (niveles no vistos desde 2002) y el siempre observado diferencial o spread con la nota homóloga alemana (tradicionalmente, aunque cada vez menos, la más segura) se ha disparado hasta superar este viernes por momentos los 150 puntos básicos. Es la brecha más grande desde 2011, cuando la zona euro prácticamente vio desaparecer el suelo bajo sus pies.

No parecen llegar noticias positivas y eso acentúa el miedo de los inversores. Crece la inquietud ante el incumplimiento de los objetivos de déficit, el bloqueo político y las elecciones presidenciales del próximo año, que podrían alterar radicalmente el rumbo del país. Se esperaba que el déficit presupuestario se redujera al 5% este año; sin embargo, la tendencia apunta en sentido contrario.

Un ejemplo significativo se ha conocido en las últimas horas. Shinji Kunibe, gestor principal de carteras de la firma japonesa de inversión Sumitomo Mitsui DS AM, ha reconocido a Bloomberg que los fondos de su grupo de renta fija global han vendido la totalidad de sus carteras de bonos del Estado francés ante la preocupación por la situación fiscal del país, y han reorientado sus inversiones hacia los bonos alemanes (Bunds) y los bonos del Estado japonés a corto plazo.

"Los bonos franceses han ofrecido un carry relativamente atractivo, pero hemos vendido toda nuestra posición a la luz de los últimos acontecimientos", explica Kunibe. "Una cuestión en la que nos hemos centrado especialmente es hasta qué punto los gobiernos están comprometidos con la disciplina fiscal. A diferencia del Gobierno francés, Japón ha comenzado a comunicarse más con el mercado, lo que ha aportado una sensación de tranquilidad", aclara, ante el hecho de que el Gobierno nipón se ha destacado por sus vastas propuestas de gasto.

Francia, el mercado menos atractivo

Ciertamente, los indicios de crisis se acumulan a medida que el gobierno inicia las negociaciones sobre planes fiscales que podrían provocar su caída. El rendimiento de los bonos franceses a 10 años ha aumentado más de un punto porcentual desde junio, registrando su peor desempeño trimestral desde la creación de la moneda única. La renta variable presenta un rendimiento inferior al esperado y una encuesta de Bank of America a gestores de fondos europeos reveló que Francia es el mercado menos atractivo para los próximos 12 meses.

En la presentación de su presupuesto este jueves, el gobierno anunció recortes inusualmente ambiciosos para llevar el déficit al objetivo que no se alcanzó este año. Sin embargo, esta historia ya la conocen los inversores y saben que acabará en nada. El plan será difícil de sacar adelante en un parlamento fragmentado que ha inquietado repetidamente a los inversores al derribar a primeros ministros. El panorama político a largo plazo también es incierto. En mayo, un electorado desencantado tras una década de gobierno centrista bajo el mandato de Emmanuel Macron elegirá a un nuevo presidente. Encuestas recientes indican que la situación podría resolverse en una segunda vuelta electoral entre la favorita de extrema derecha, Marine Le Pen, y el candidato de extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon.

Si París no logra controlar la situación presupuestaria, el peligro no se limitará a las fronteras francesas, el riesgo de contagio en la eurozona es real y 2011-2013 fue buena prueba de ello. Otros países podrían verse afectados por el contagio en el mercado de bonos, la erosión de las normas fiscales y el debilitamiento del liderazgo institucional en una región que ya enfrenta múltiples desafíos. El euro se encuentra en su nivel más bajo frente al dólar en 16 meses, y los fondos de cobertura están aumentando sus apuestas en contra de la moneda, aseguran desde Bloomberg.

"La percepción de riesgo sobre la deuda francesa se está deteriorando", comentaba esta semana Marie Jacot, directora ejecutiva de Edmond de Rothschild Asset Management France, en Bloomberg TV. "El mercado está empezando a penalizar a Francia y su nivel de endeudamiento, algo que no necesariamente había ocurrido en el pasado". "Ha sido un proceso de cocción lenta que no ha dejado de intensificarse últimamente", señala Peter Goves, responsable de análisis de deuda soberana en mercados desarrollados de MFS Investment Management. "No sé cuál será el punto de inflexión, pero supongo que el próximo presidente tendrá que afrontar la situación".

Michaël Nizard, responsable global de investigación sobre asignación de activos en Edmond de Rothschild AM, se pone literario para explicar el problema: "Al igual que los personajes de Samuel Beckett, que esperan en vano la llegada de Godot, los inversores parecen haber perdido la esperanza de que una mejora espontánea de las finanzas públicas resuelva el rompecabezas fiscal de Francia. Durante mucho tiempo, la deuda francesa se benefició de una cómoda paradoja: unas cuentas públicas en deterioro constante y, sin embargo, una penalización limitada por parte de los mercados. Este periodo parece estar llegando a su fin".

En un comentario con el elocuente título de "Esperando a GodOAT", Nizard constata que la señal no reside tanto en el nivel absoluto de los tipos de interés como en la ampliación del diferencial frente a Alemania, en la composición de los tenedores de deuda francesa y, de forma más fundamental, en la posible evolución de la demanda marginal de deuda francesa. El factor determinante no es únicamente el nivel de endeudamiento, sino su trayectoria futura. "Es aquí donde la ecuación se vuelve más compleja para Francia: un elevado nivel de deuda, un déficit primario persistente, un crecimiento nominal moderado y una refinanciación más costosa están debilitando gradualmente la senda fiscal. El tiempo, durante años aliado de los deudores, está dejando progresivamente de serlo a medida que la deuda emitida en el pasado es sustituida por nueva deuda a costes más elevados", resuelve.

Esperando un rescate del BCE

Como se adelantaba más arriba, la política está siendo protagonista. El escenario de marasmo político actual, con frágiles Gobiernos centristas nombrados por un Macron en la rampa de salida incapaces de aprobar un presupuesto puede dar paso en la primavera de 2027 a un escenario inédito en el que extrema derecha y extrema izquierda se enfrenten en la segunda vuelta de las presidenciales. Con una Le Pen favorita en los sondeos prometiendo un ahorro fiscal poco creíble y un Mélenchon cuya propuesta estrella es que el Banco Central Europeo (BCE) tache de su hoja contable sus tenencias de deuda gala, la incertidumbre crece al galope.

Los estrategas de Gavekal Research destacan precisamente un desencadenante político estos días más allá de las cifras de déficit. Las encuestas de opinión han reflejado una disminución del apoyo a Édouard Philippe, el candidato centrista más destacado de cara a las elecciones presidenciales. Esta disminución plantea la posibilidad de que Philippe sea eliminado en la primera vuelta de las elecciones. "Esto es importante para los mercados, porque, como ex primer ministro con un historial de compromiso con el lugar de Francia en el centro de la UE y la eurozona, Philippe es el único aspirante presidencial de primer orden que resulta familiar para los inversores. La disminución de su popularidad aumenta la incertidumbre sobre cuándo y en qué condiciones el BCE podría desplegar su artillería pesada para apoyar a Francia", reflexiona Cedric Gemehl en una nota para clientes.

El analista considera que los inversores están poniendo a prueba dónde se sitúa el umbral para los mecanismos de apoyo financiero de la eurozona y bajo qué condiciones políticas estarían disponibles. A falta de un creíble ajuste fiscal que no parece que va a llegar pronto, y menos después de las elecciones, cada día alcanza más decibelios la posibilidad de que el BCE intervenga de alguna manera para 'sostener' a Francia. Aquí el debate se bifurca entre los escépticos y los que recuerdan el mantra que dejó caer en su día Jean-Claude Juncker, el anterior simpar presidente de la Comisión Europea: "Francia... es Francia".

Entre los escépticos, Gemehl y otros como el destacado economista español de Oxford Economics Ángel Talavera, recuerdan el caso italiano en 2018. Tras las elecciones de ese año, la formación del gobierno de coalición M5S-Lega generó dudas sobre la voluntad de Roma de cumplir con la disciplina fiscal exigida por la UE. Los diferenciales italianos se ampliaron de alrededor de 125 puntos básicos a 300 puntos básicos, mientras el mercado ponía a prueba la voluntad del nuevo gobierno de enfrentarse a Bruselas. El diferencial italiano se mantuvo en un rango de 200 a 300 puntos básicos durante todo un año. El BCE aguantó.

Ahora la situación puede ser distinta y brilla en la oscuridad de la noche el Instrumento de Protección de la Transmisión (TPI por sus siglas en inglés) diseñado por el BCE tras la pandemia. Si bien esta herramienta consistente, grosso modo, en compras de bonos para corregir desviaciones peligrosas en los rendimientos soberanos provocadas por los mercados tiene que usarse si hay disciplina fiscal, extremo que Francia no cumple, también está sujeta a una importante opcionalidad por parte del banco central, con lo que todo vuelve a ser política. Aunque habría otras medidas intermedias como aflojar el endurecimiento cuantitativo (QT o reducción de balance) en el que está inmerso el BCE, la polémica está servida.

"No cabe duda de cómo terminará esto. El BCE intervendrá para limitar los rendimientos. Lo hará porque considera que los impagos de deuda soberana representan una amenaza existencial para el euro y, por lo tanto, para su propia supervivencia", cierra Robin Brooks, veterano analista de mercados muy crítico con el funcionamiento de la eurozona, quien ve una continua "transferencia de poder de los países con baja deuda a los países con alta deuda", en el bloque.


https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/14018260/10/26/el-mundo-empieza-a-abandonar-a-francia-los-inversores-huyen-de-una-deuda-que-se-ha-convertido-en-un-gran-peligro-para-la-eurozona.html