domingo, 21 de junio de 2026

Los 'ganadores invisibles' de un mundo endeudado hasta el límite: el gran mapa del agujero fiscal

 

El mapa del endeudamiento mundial no es el que parece si se tienen en cuenta los activos. Foto: iStock


  • La deuda neta, que resta los activos, revela un mapa de la solvencia mundial muy distinto al tradicional
  • Noruega y Canadá son grandes acreedores gracias a sus activos, mientras que Francia e Italia son los más expuestos
  • Japón no es el país más endeudado si se cuentan sus activos, pero la situación de EEUU es muy preocupante



Hace unas semanas Canadá ha anunciado que emulando lo que hizo Noruega en los años noventa, creará un fondo soberano con el que invertir en el mundo y conseguir que su modelo sea sostenible en un entorno donde la fiscalidad de los países está cada vez más en entredicho. La enorme montaña de crédito que han ido acumulando las naciones del mundo es una de las mayores preocupaciones de las agencias de rating. Los récords año a año en la deuda sobre el PIB se han convertido en la norma y, con unos déficits claros que crecen más rápido que la economía. EEUU, por ejemplo, ha amasado unos 39 trillones de dólares y solo el pago de los intereses supera al gasto en defensa. La deuda de Japón, por ejemplo, ya está en el 232% de su economía, cifra que puede ser considerada totalmente inabarcable.

Sin embargo, el ejemplo de la medida que ha tomado Canadá y la que tomó Noruega en su momento muestran que el verdadero mapa de la deuda es mucho más complejo de lo que pueden parecer las simples métricas deuda/PIB. Esas enormes montañas existen y son cada vez más insostenibles, pero la distribución de la misma es muy diferente a lo que puede parecer. Una imagen más exacta es la que ofrece la deuda neta, es decir, que si bien un país tiene pasivos, también ha prestado dinero a otros países y tienen activos que, si fueran una empresa, formarían parte del cálculo.

Según datos del FMI las economías avanzadas en su conjunto tienen una deuda conjunta del 80% de su PIB. Es decir, si a su gran montaña de deuda se restan los activos que tienen, sale esta cifra. Un cambio muy importante respecto a la media de la deuda/PIB habitual de las economías avanzadas, que está en el 108,2%. El baile de 'países más endeudados' también muestra importantes diferencias.


Aquí es donde entra la 'solución nórdica' y que Canadá ya ha empezado a igualar incluso antes del lanzamiento de su vehículo inversor. A pesar de que sobre el papel Noruega tiene una deuda del 42% del PIB, la realidad es que su deuda neta es del -163% del PIB. Es decir, cuenta con activos que cubren con creces su endeudamiento y, por lo tanto, ha resuelto cualquier futura incertidumbre respecto a su estabilidad financiera.

También es clave esto en el caso de Canadá que pese a que en teoría puede parecer que tiene una deuda insostenible del 110% del PIB, la realidad es que si metemos en la ecuación los activos que tiene, esta deuda es solo del 10% de su economía. Un giro drástico que no ocurre en todas partes pero que muestra las claras una realidad, la crisis de deuda no es tan sencilla como pueda parecer y los ganadores y perdedores van más allá de quien ha pedido más préstamos. También entra en juego quien ha sido más inteligente con sus inversiones o quien ha preparado una estructura adecuada para su futuro.

El caso de Noruega y Canadá

Noruega es el primer país del mundo como acreedor neto. Esto se debe en gran medida a su fondo público de pensiones, el instrumento soberano más grande del planeta nutrido del superávit comercial gracias a las ventas del petróleo más la rentabilidad implícita del fondo. En 1990, cuando se inició el fondo, Noruega tenía una deuda neta del -9%, es decir, el país era acreedor neto. A lo largo de las décadas fue incrementando esta posición hasta el -61% en 2022. Desde entonces ha duplicado su posición hasta el -163% de 2026.


Canadá quiere emular con su fondo el poderío acreedor de Noruega. Su diferencia entre la deuda bruta y la neta es la segunda más alta del G7 después de Japón. La deuda neta de Canadá durante los 90 se mantuvo por encima del promedio de las economías más ricas de Occidente, pero a partir de ese momento ha virado poco a poco hasta el 10% que ostenta actualmente, lo que le deja en una posición favorable para consolidar su fondo soberano.

Italia y Francia, las más endeudadas

Italia es con este procedimiento una economía al mismo nivel que la 'insostenible' Japón. Según los datos del FMI este país cuenta con una deuda neta cercana al 129%, Francia, por su parte, es el otro 'hombre enfermo de Europa' con un 110%. Por poner en contexto, fuera de estas dos naciones, en los registros de la institución ningún otro país de Europa tienen una deuda neta más grande de su economía. De hecho, ni siquiera Estados Unidos la tiene.

Cabe destacar que hay algunos países que el FMI no recoge en esta estadística como la misma Ucrania, Eslovaquia y Grecia. El país helénico sí que entraría al nivel (o incluso más insostenible) que estos dos grandes países europeos. También es importante matizar que los cálculos de la deuda neta no son los mismos dependiendo de instituciones o incluso analistas. El motivo es que resulta a veces difícil valorar qué es exactamente un activo financiero para un país para calcular un balance real.

Volviendo a Francia e Italia, la situación del primer país es realmente conocida. Durante años una mezcla de caos político que ha impedido formar mayorías que tomen decisiones impopulares (como subir impuestos o recortar gasto), se ha mezclado con un déficit permanente. Si bien recientemente Francia ha podido reducir el déficit, este todavía fue de 42.900 millones de euros el primer trimestre de 2026, cayendo del 5,8%, al 5,1%. Según el banco de Francia la deuda pública general alcanzará el 115,6% este año y a diferencia de otros países, no ha logrado parapetarse con activos financieros que, como en el caso de Japón, permitan atenuar el golpe.

De hecho, en el caso de Francia la diferencia entre deuda neta y bruta es mínima, de apenas siete puntos, según INSEE. Esta institución señala como miden esa deuda neta y utilizan la definición acordada en Maastrich. Es decir, todos los compromisos adquiridos menos los depósitos, los préstamos y los títulos de deuda que tiene el gobierno con otros sectores de la economía o países. De hecho, la propia institución se lamenta de que la deuda neta está aumentando mucho más rápido que la deuda pública.

"La deuda pública general aumentó en 154.400 millones de euros en 2025 y ese aumento ha venido acompañado de una disminución de los flujos de caja de 20.000 millones de euros", comenta INSEE. "En consecuencia, la deuda neta aumentó en mayor medida que la deuda bruta, sumando 177.800 millones de euros". ¿Qué significa esto exactamente? Básicamente que Francia no solo ha emitido más deuda, sino que al mismo tiempo se ha quedado con menos activos líquidos en caja. Con los activos financieros es el efectivo pero también los bonos, préstamos y depósitos que posee el gobierno (o el banco central).

La situación en Italia es ligeramente diferente por la trayectoria de la deuda. El país si bien tiene una ratio deuda/PIB del 137,1%, esta está descendiendo, aunque sigue en niveles considerados por muchos analistas como insostenibles. En Italia más bien el problema es cómo salir de una montaña de deuda enorme y no tanto de cómo evitar que crezca. De hecho su déficit está en el 3,1% en 2025, al borde del objetivo y el primer trimestre de 2026 ya ha confirmado que se encuentra en el 2,8%, en línea con las exigencias. Además, según el FMI esperan que excluyendo el pago de intereses tengan en 2026 un superávit primario del 0,79%. Por lo tanto, mezclado con el efecto de la inflación, los expertos auguran una trayectoria descendente.

"La situación respecto a la deuda pública italiana en el momento de la emisión es positiva y respalda nuestras expectativas y las del gobierno de que el tipo de interés implícito de la deuda pública del país se mantendrá en torno a su nivel actual", comentan los expertos de Unicredit.

Respecto a la deuda neta, la diferencia es mucho más amplia que el caso francés, pasando de este 137% mencionado al 127% y a diferencia de Francia, esta ratio se está ensanchando a medida que sus activos líquidos crecen. Según el último escrito mensual de la Banca d'Italia muestra un crecimiento de los activos líquidos de 26.200 millones, algo que está ensanchando la diferencia entre la deuda bruta y la neta.

Japón, segunda división de la deuda, y Estados Unidos, en el top 5

El cálculo de la deuda neta que acumula una economía difiere en ocasiones según las fuentes. El FMI es el organismo que ha popularizado esta manera de analizar el endeudamiento de una economía, pero los datos cambian si se comparan con otro tipo de instituciones, como, por ejemplo, la Reserva Federal de San Louis.

Esta última calcula el dato de endeudamiento de Japón, la que desde hace años se considera la economía más endeudada del mundo (con permiso de China, que mantiene una opacidad en las cifras que complica enormemente poder analizar su situación real) en un porcentaje del 65%, si se tiene en cuenta el cálculo de revalorización que han tenido los activos en manos del estado japonés en los últimos años. Si se da crédito a este indicador, Japón no sólo no es la economía más endeudada del mundo, sino que se mantiene en un puesto relativamente bajo en la clasificación.

La economía que sí tiene una situación de endeudamiento neto elevada, y que es especialmente significativa por su peso e importancia global, es Estados Unidos. El primer bloque económico del mundo ha inflado su ratio de deuda / PIB en los últimos años hasta niveles históricos, en el 98,5% del PIB anual, y esta proporción no se reduce sustancialmente cuando se tienen en cuenta los activos en manos del estado. Estados Unidos cuenta ahora con un endeudamiento neto del 98,5%, según los cálculos del FMI, lo que la sitúa en el top 5 mundial en este sentido.

La incapacidad de los distintos gobiernos de los últimos años de reducir el déficit se ha hecho evidente, y ahora la Oficina de Presupuestos del Congreso estadounidense asume que el déficit será del 5,8% del PIB anual en 2026, y que seguirá creciendo en los próximos años, hasta alcanzar el 6,7% del PIB en 2036.

España brilla, pero aún lejos de Alemania

España es la gran 'ganadora' de Europa pese a que parezca impensable para aquellos que recuerdan aquellos días de caos y la primera de riesgo volando día tras día hace una década. Si bien España tiene una deuda sobre PIB del 100,8%, los últimos datos del FMI sostienen que la deuda neta sería, en realidad, mucho menor, casi 20 puntos menos, al situarse en los 83,4 puntos. Además, hay una diferencia clave en lo que respecta a la trayectoria. "Solo España reducirá ligeramente su relación deuda/PIB en los próximos años gracias a un crecimiento económico superior a la media", comenta Commerzbank en su último informe.

El motivo que argumentan desde el banco alemán es que principalmente los efectos de la inmigración están permitiendo que el ritmo de crecimiento económico sea superior al ritmo de endeudamiento. Sin embargo, advierten que "una vez los efectos positivos de la inmigración y el aumento del empleo comiencen a disminuir en España, en la década de 2030 veremos la deuda aumentar otra vez".

Esto permite que desde la AIREF comenten que "los riesgos a corto plazo están contenidos. Bajo un escenario de políticas sin cambios, la deuda pública disminuiría ligeramente hasta 2028, pero posteriormente volvería a aumentar hasta situarse en torno al 108% del PIB en 2036, en un contexto de déficits persistentes y mayor gasto asociado al envejecimiento".

En cualquier caso la deuda neta de España estará muy lejos de la de Alemania, que es de un 40%. Eso sí, llegados a la década de 2030, según Commerzbank se acercarán de forma crítica debido a que el país germano ha desarmado prácticamente por completo su regla sagrada de la deuda, que les permitía sólo un déficit del 0,35% del PIB.

Básicamente el gobierno de coalición entrante en su acuerdo de investidura concluyó la necesidad de liberar por completo de esta norma todo el gasto militar por encima del 1% del PIB, un fondo de infraestructuras de medio billón de euros a diez años y buena parte del gasto de sus autonomías, los länders. Esto en la práctica provoca que, dado que la mayor fuente de gasto va a ser el rearme, el país germano pueda acudir a endeudarse de forma masiva y pase de este control estricto de las cuentas a ser un actor clave.


Madridicon-related 
https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/13918891/05/26/los-ganadores-invisibles-de-un-mundo-endeudado-hasta-el-limite-el-gran-mapa-del-agujero-fiscal.html

sábado, 20 de junio de 2026

Ni el oro ni el petróleo: el segundo recurso más usado del planeta se agota y podría dar lugar a una nueva crisis



En 2022, la ONU ya alertó de este problema y pidió su regulación 
(EFE/Programa de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente)



Este recurso, al que muchas veces no se le da importancia, es fundamental para construir prácticamente cualquier cosa. Desde chips a paneles solares o carreteras y edificios



La arena, clave para construir ciudades, carreteras, diques, ventanas, chips y paneles solares, se extrae ya a un ritmo que la naturaleza no puede compensar. Un informe de UNEP alerta de que este recurso esencial afronta una presión creciente y que su escasez podría derivar en una crisis.

La aparente abundancia de este material ha ocultado durante décadas un problema de escala global. La crisis de la arena no se parece a la del oro ni a la del petróleo, pero amenaza con alterar ecosistemas, economías costeras y proyectos urbanos que dependen de un material considerado casi invisible.

Según el informe elaborado por la base de datos mundial de recursos de UNEP en Ginebra, la industria y el desarrollo urbano consumen alrededor de 50.000 millones de toneladas de arena al año. Para hacernos una idea de la magnitud, en el mundo se producen y consumen unos 4.500 millones de toneladas de petróleo anuales.

Pero lo peor no es eso. Esa demanda, que la convierte en el segundo recurso más demandado del planeta por detrás del agua, está lejos de estabilizarse y podría seguir aumentando por el crecimiento de las ciudades y las infraestructuras.


Un recurso bajo presión

Pascal Peduzzi, director de la base de datos mundial de recursos de Unep en Ginebra, advirtió en The Guardian de que "la arena es a veces considerada el héroe no reconocido del desarrollo, pero su papel esencial en el mantenimiento de los servicios naturales de los que dependemos está aún más ignorado".

El problema no reside solo en utilizarla para fabricar hormigón, levantar viviendas o reforzar frentes marítimos. La arena también cumple funciones naturales decisivas: regula ríos, filtra agua, protege acuíferos costeros frente a la salinización y actúa como primera barrera ante temporales y subida del nivel del mar.

Ese doble valor ha abierto una tensión difícil de resolver. La arena “muerta”, convertida en materia prima para obras y procesos industriales, compite con la arena “viva”, imprescindible para sostener playas, fondos marinos, arrecifes, biodiversidad y comunidades que dependen de la pesca o del turismo.


El caso de Maldivas

El ejemplo de Malé, capital de Maldivas, muestra la complejidad de esta crisis. Con una población creciente y más del 80% del territorio nacional situado a menos de un metro sobre el nivel del mar, el país recurrió a la recuperación de tierras para ganar espacio habitable frente al avance del océano.

El proyecto de Gulhifalhu exigió dragar 24,5 millones de metros cúbicos de arena en el atolón norte de Malé para rellenar una laguna de 192 hectáreas. Según UNEP, la operación destruyó unas 200 hectáreas de arrecife de coral y hábitat lagunar, con daños considerados irreversibles para especies, pesca y turismo.


viernes, 19 de junio de 2026

Promptear no es cuestionar: cinco preguntas para entender la relación de la IA con las humanidades y la filosofía







Advierte Nuccio Ordine, aquello que parece “inútil” —la filosofía, la literatura, el arte— es precisamente lo que nos permite no ser reducidos a instrumentos. Porque nos obliga a preguntarnos por los fines de nuestra existencia. Y preguntar no es promptear…



1.¿Por qué siguen siendo necesarias las humanidades en la era de la IA?

Porque la IA no elimina la pregunta por el sentido, la intensifica.

Porque la IA puede responder al “cómo”, pero es estructuralmente incapaz de responder al “para qué”. Una máquina puede optimizar procesos, calcular medios, incluso anticipar resultados. Pero no puede decidir fines. No puede responder a la pregunta por el sentido, porque no tiene mundo, no tiene experiencia, no tiene vida que orientar.

Y esto es decisivo: actuar conforme a fines no es resolver un problema técnico, es elegir qué merece la pena. Y eso —de momento— no es programable. La IA puede decirte cómo ser más eficiente. Pero no puede decirte para qué deberías serlo.

Ahí es donde entran las humanidades. Las humanidades no sirven para producir respuestas más rápidas, sino para interrogarnos sobre los fines de nuestras respuestas. Él cultivo de las humanidades nos enseña qué y por qué es  valioso, qué merece ser protegido, qué no debería hacerse aunque pueda hacerse.

Las humanidades son el espacio donde el lenguaje no solo comunica, sino que piensa. Y sin ese pensamiento, la técnica queda sin dirección: es pura potencia sin criterio. Es un caminar sin un hacia dónde.

Y como advierte Nuccio Ordine, aquello que parece “inútil” —la filosofía, la literatura, el arte— es precisamente lo que nos permite no ser reducidos a instrumentos. Porque nos obliga a preguntarnos por los fines de nuestra existencia. La filosofía, la literatura, la historia… no sirven para nada en términos de mercado. Precisamente por eso son el último refugio de lo humano.

La IA amplía nuestro poder. Las humanidades identifican hacia dónde conducirlo. Sin humanides, no hay progreso. Solo hay aceleración.

La democracia solo se sostiene con ciudadanos capaces de pensar, dudar y dialogar. Sin filosofía, la verdad se sustituye por opinión. Sin historia, el presente se vuelve manipulable. Sin literatura, dejamos de comprender al otro. Sin humanidades, la democracia se vacía por dentro. Los enemigos de las humanidades no son ni la ciencia ni la tecnología sino la ignorancia y la estupidez.


2. ¿Qué aporta la filosofía específicamente?

La filosofía introduce fricción en un mundo diseñado para la inmediatez y la impulsividad.

La IA optimiza. La filosofía interrumpe.

La IA predice. La filosofía problematiza.

La IA responde. La filosofía cuestiona el valor de la respuesta.

En un ecosistema dominado por la eficiencia, la filosofía reintroduce algo radical: el derecho a demorarse, el derecho a la pausa.

El método socrático no es un contenido, es una práctica de resistencia. Sócrates no enseñaba respuestas, enseñaba a no conformarse con ellas. Y eso, hoy, es profundamente subversivo.

La filosofía devuelve autonomía en un mundo diseñado para que la deleguemos. La IA no solo responde: seduce. Nos invita a externalizar el juicio, a confiar en que el algoritmo decida por nosotros qué leer, qué ver, qué comprar, en definitiva, qué elegir. Y esa orientación constante va erosionando algo esencialmente humano: la capacidad de decidir por uno mismo.

Y la clave política de esto: una sociedad que delega sistemáticamente su juicio en sistemas automáticos corre el riesgo de perder no solo su autonomía individual, sino su capacidad democrática


3. ¿Por qué es clave saber hacer preguntas en la era de la IA?

Porque el poder ya no está en quien tiene la información, sino en quien formula la pregunta.

Vivimos en un contexto de sobreabundancia informativa. La IA no solo nos da acceso a información. Pero tener información no es tener conocimiento. La información es acumulativa. El conocimiento es selectivo. La información se almacena. El conocimiento se construye. Y para construir conocimiento hace falta saber discriminar, jerarquizar, interpretar. Es decir cultivar el pensamiento crítico. Sin pensamiento crítico, la IA no nos hace más inteligentes: nos hace más estúpidos y dependientes. Porque aceptamos como válido aquello que simplemente está bien formulado o suena convincente. Por eso la pregunta se vuelve decisiva. Una buena pregunta no busca más información, busca sentido. No amplía el ruido informativo, lo filtra.

Antes el problema era no tener respuestas. Hoy el problema es no saber qué preguntar. La IA responde exactamente a lo que le pides. Si la pregunta es pobre, la respuesta será impecablemente pobre.  Antes educábamos para responder bien. Hoy debemos educar para preguntar mejor. El nuevo analfabetismo no será no saber leer o escribir, sino no saber interrogar.

Y esto abre un riesgo que apenas estamos empezando a vislumbrar: una nueva forma de desigualdad. No basada solo en la renta o el acceso, sino en la capacidad de pensar. Podríamos acabar dividiendo la sociedad en dos grandes clases: quienes saben interrogar la información y quienes simplemente la consumen. Los primeros usarán la IA como herramienta. Los segundos serán usados por ella. una élite cognitiva capaz de separar el trigo de la paja, y una mayoría expuesta a flujos de información que no puede evaluar críticamente. No será una brecha digital. Será una brecha intelectual. Y la única manera de evitarla no es más tecnología en el aula, sino más educación en pensamiento crítico. Es decir, más filosofía.


4. ¿Cómo se educa el saber hacer preguntas?

Educar la pregunta no es enseñar una técnica concreta, es generar incomodidad intelectual.

Destacaría tres claves:

1. Cuestionar lo evidente

Educar no es llenar cabezas, es inquietarlas. Vivimos rodeados de evidencias prefabricadas. Son fórmulas que clausuran la conversación antes de que empiece. Funcionan como atajos cognitivo y como mecanismos de control. No una sospecha paranoica, sino crítica: detenerse ahí donde parece que no hay nada que pensar. Preguntar no tanto qué se dice, sino quién lo dice, desde dónde, con qué intereses y con qué efectos. Porque lo evidente no es lo indiscutible. Es, muchas veces, lo no discutido. En un entorno saturado de información, lo evidente suele ser lo más repetido, no lo más verdadero. Los algoritmos no distinguen entre verdad y viralidad: amplifican lo que circula. Por eso hay que enseñar a los alumnos a hacer preguntas incómodas: ¿Esto es verdad o solo es frecuente? ¿Estoy de acuerda o simplemente acostumbrado? ¿Esto explica la realidad o la simplifica para que encaje?

2. Trabajar la pregunta como proceso, no como ocurrencia

Una buena pregunta no es espontánea, es elaborada. Se construye afinando conceptos, detectando contradicciones y delimitando el problema.

3. Practicar el diálogo, no el zasca

El método socrático es conversación, no contratación retórica. La pregunta filosófica nace de la escucha, del reconocimiento del interlocutor y tiene como fin la búsqueda de la verdad.

Vivimos en una esfera pública colonizada por la lógica del impacto: intervenir no para entender, sino para imponerse. El “zasca” sustituye al argumento, la ocurrencia al razonamiento y la viralidad a la verdad. No nos cuestionamos para llegar a algo en común, sino para ganar. Sócrates no pregunta para vencer, sino para esclarecer. La pregunta filosófica no busca desarmar al otro, sino pensar con él.

Hoy usamos la IA como oráculo. Deberíamos usarla como sparring dialéctico.

5. ¿Qué preguntas fundamentales deberíamos hacernos en tiempos de IA?

– ¿Qué queremos seguir decidiendo nosotros, aunque una máquina pueda hacerlo mejor?

– ¿Qué significa saber algo?

– ¿Qué estamos dispuestos a delegar y qué no deberíamos delegar nunca: Juicio moral, responsabilidad, cuidado…?

– ¿Qué tipo de seres humanos queremos ser?

– ¿Estamos formando ciudadanos o usuarios?

– ¿Estamos educando la atención o entrenando la distracción sofisticada?

– ¿Qué ocurre con la verdad cuando lo verosímil es suficiente?

– ¿Quién responde cuando una decisión  la toma una máquina?

– ¿Queremos ciudadanos que deliberan o sistemas que optimizan?

– ¿Tiene sentido la democracia en una sociedad que delega la deliberación en las máquinas?

– ¿Qué espacio queda para el silencio, la duda o la lentitud en un mundo que acelera todo?

– ¿Estamos ampliando nuestras capacidades o externalizándolas hasta perderlas?

– ¿Qué significa hoy ser ignorante?

La IA puede darnos todas las respuestas. El problema es que una vida humana no se mide por las respuestas que tiene, sino por las preguntas que se atreve a sostener. Y eso —de momento— sigue siendo territorio de la filosofía.



por   Eduardo Infante

Abril 2026

https://retinatendencias.com/techsociety/promptear-no-es-cuestionar-cinco-preguntas-para-entender-la-relacion-de-la-ia-con-las-humanidades-y-la-filosofia/

jueves, 18 de junio de 2026

La Bóveda del Oro en la que EE.UU. guarda toneladas de lingotes de otros países (y por qué en Europa se plantean recuperarlo)


Fotos: New York Fed / Montaje: Caroline Souza


A 25 metros bajo tierra, en la Liberty Street de Nueva York, la Reserva Federal de Estados Unidos custodia en el sótano de su sede más de medio millón de lingotes de oro propiedad de bancos centrales, gobiernos e instituciones de todo el mundo.

Esta cámara acorazada está protegida por un cilindro de acero de 90 toneladas y, una vez cerrada, su gigantesca cerradura no puede abrirse hasta el día siguiente.

Es la Bóveda del Oro de la Fed, el mayor depósito de oro conocido del mundo, y alberga unas 6.300 toneladas en pilas de lingotes cuyo valor al precio actual supera el billón de dólares, aproximadamente el 4% del Producto Interno Bruto de Estados Unidos.

La Bóveda juega un papel crítico para la estabilidad del sistema financiero mundial, ya que muchos países guardan aquí sus reservas de oro, el activo refugio por excelencia con el que respaldar sus monedas y hacer frente a otras contingencias en escenarios de crisis.

El oro era y es visto como un valor seguro frente a momentos de turbulencias financieras o volatilidad geopolítica y la pérdida de valor de los capitales a causa de la inflación, por lo que el preciado metal representa una parte significativa de las reservas de los bancos centrales de todo el mundo, sobre todo los europeos.

"Es uno de sus activos más importantes porque, ante acontecimientos geopolíticos adversos, les permite actuar como prestamistas de último recurso para bancos y compañías e intervenir en los mercados de cambio", le dijo a BBC Mundo Barry Eichengreen, experto en el sistema monetario internacional de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos.

Durante décadas, Estados Unidos y su Reserva Federal fueron percibidos como los custodios más fiables de un activo tan esencial, especialmente por muchos países europeos que se veían amenazados por el poder de la Unión Soviética y fueron acumulando allí grandes cantidades de reservas de oro.

Pero desde el regreso de Donald Trump al poder políticos y expertos europeos han planteado la conveniencia de repatriar el oro que guardan en ese país.

El desapego del presidente por los compromisos internacionales y sus diferencias con los aliados europeos de Estados Unidos sobre asuntos como los aranceles, la soberanía danesa de Groenlandia o, más recientemente, la guerra contra Irán, han sembrado la inquietud sobre la seguridad del oro europeo que guarda la Fed.

Cómo llegó el oro europeo a Estados Unidos

Al contrario que Rusia, cuyo banco central guarda sus reservas de oro en su propio territorio, lo que lo protege del posible impacto de las sanciones occidentales, varios países europeos aún mantienen las suyas en el exterior, muchas de ellas en la Bóveda del Oro neoyorquina.

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Harry Benson / Getty

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Los países europeos acumularon su oro en Estados Unidos a partir de la década de 1950 por temor a la amenaza soviética.

El oro europeo comenzó a acumularse allí a partir de los años 1950.

Según Eichengreen, "Alemania y otros países europeos cuyas economías se estaban recuperando y cada vez exportaban más a Estados Unidos y recibían los pagos en una combinación de oro y dólares".

"Cuesta dinero poner el oro en un barco o en un avión y contratar seguros para proteger el envío, así que les pareció buena idea almacenarlo en la bóveda de la Reserva Federal, que además no cobra por la custodia", indicó Eichengreen.

El sistema diseñado en Bretton Woods en 1944 había establecido que un tipo de cambio fijo del dólar anclado en el oro, por lo que oro y dólares se convirtieron en los activos más fiables y a las mermadas potencias europeas de la posguerra les resultaba ventajosa la posibilidad de acumularlos sin coste bajo custodia de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Con la amenaza soviética al otro lado del Telón de Acero, la custodia estadounidense era la mejor garantía.

Pero la URSS ya no existe y el regreso de Trump a la Casa Blanca ha alterado la sintonía de décadas entre Washington y sus aliados europeos.

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New York Fed

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Una cámara acorazada guarda el oro que otros países le confían a la Reserva Federal de Estados Unidos

En Alemania, que posee las segundas mayores reservas de oro conocidas del mundo, solo por detrás de Estados Unidos, y por tanto es uno de los países más expuestos a posibles riesgos, han sido varias las voces de advertencia.

El economista Emanuel Mönch, que fue el principal investigador del Bundesbank, pidió la repatriación del oro que el banco central alemán guarda en Nueva York, unas 1.200 toneladas según las estimaciones de los medios alemanes, que tendrían un valor de unos US$200.000 millones.

"Dada la actual situación geopolítica, parece arriesgado guardar tanto oro en Estados Unidos", dijo Mönch, que cree que recuperarlo contribuiría a una "mayor independencia estratégica" de su país.

En la misma línea, Michael Jäger, presidente de la Asociación Alemana de Contribuyentes, dijo: "Trump es impredecible y es capaz de todo para generar ingresos. Por eso nuestro oro ya no está a salvo en la bóveda de la Fed".

"¿Qué sucedería si la provocación sobre Groenlandia continúa?... Aumenta el riesgo de que el Bundesbank no pueda acceder a su oro, por lo que debería repatriar sus reservas", afirmó Jäger.

Una preocupación que han mostrado también diputados de la CDU, el partido del canciller Friedrich Merz, y otras fuerzas políticas.

El presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, ha tratado de disipar los temores.

"No hay motivo para la preocupación", dijo Nagel el pasado octubre en una reunión del Fondo Monetario Internacional en Washington.

En febrero tuvo que referirse de nuevo al tema en una rueda de prensa: "No me quita el sueño. Tengo completa confianza en nuestros colegas del banco central de Estados Unidos".

Pero al otro lado del Atlántico, ni la Reserva Federal ni el gobierno de Trump han reafirmado esa confianza.

"No he escuchado ninguna palabra tranquilizadora y creo que sería oportuna", dijo el analista Eichengreen.

BBC Mundo contactó con la Reserva Federal, pero no obtuvo respuesta.

El silencio de la institución coincide con un momento de tensión en las relaciones de su presidente, Jerome Powell, con el gobierno.

Trump lo ha atacado en repetidas ocasiones por su negativa a rebajar los tipos de interés y el Departamento de Justicia impulsó una investigación penal contra Powell que este denunció como parte de "las amenazas y presiones" del Ejecutivo para terminar con la independencia de la Fed y obligarla a "seguir las preferencias del presidente".

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Chip Somodevilla / Getty

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Los ataques de Trump al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell (d), han sido interpretados como un intento de controlar la institución que custodia el oro de otros países.

La ola de la repatriación

Alemania no es el único país europeo con oro en Nueva York.

Italia y Suiza son a menudo citadas entre los que más guardan allí.

Y algunos ya emprendieron la repatriación en el pasado.

Países Bajos lo hizo a partir de 2014, cuando redujo del 51% al 31% el porcentaje de sus reservas depositadas en la Fed.

Alemania también repatrió entonces parte de sus lingotes, pero gran parte de ellos permaneció en la Bóveda del Oro.

"Era la época de la crisis de la deuda griega y del euro, y los europeos querían tener la seguridad de que su moneda y sus depósitos bancarios estaban respaldados por algo tangible", señala Eichengreen.

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New York Fed

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La Bóveda del Oro de la Reserva Federal alberga unas 6.000 toneladas de lingotes de oro.

Muchos años antes, en la década de 1960, el presidente Charles de Gaulle había decidido devolver a Francia los lingotes que su país tenía en la Fed, según varios autores, por temor a una repentina devaluación del dólar, cuyo valor había quedado anclado al del oro en Bretton Woods.

El tiempo le dio la razón.

En 1971, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon puso fin a la convertibilidad del dólar al oro y dinamitó así el sistema monetario internacional diseñado al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Francia, que había repatriado sus reservas, salió mejor parada que los países que vieron como sus lingotes atesorados en Nueva York perdieron gran parte de su valor en dólares de la noche a la mañana.

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Alemania es el país europeo con más reservas de oro y se ha abierto allí el debate de repatriar el que guarda la Reserva Federal.

Una repatriación costosa

La Bóveda del Oro alberga ahora menos oro que en el pasado.

Según los datos de la Reserva Federal, el volumen de reservas internacionales de oro depositados en la bóveda neoyorquina ha experimentado un descenso sostenido desde 1973, cuando llegó a tener más de 12.000 toneladas del metal.

Pero la idea de mantener allí el oro europeo sigue teniendo defensores.

Clemens Fuest, del Instituto IFO para la Investigación Económica de Alemania, le dijo a "The Guardian" que repatriar el oro "solo añadiría gasolina al fuego de la situación actual" y podría tener consecuencias no deseadas.

Algunos expertos subrayan que la independencia de la Reserva Federal respecto del gobierno de Trump asegura que este pueda tomar medidas unilaterales sobre el oro y destacan los costes y complicaciones logísticas y de seguridad que supondría el envío de tan valioso cargamento.

Sin embargo, las dudas en torno a la fiabilidad de la Reserva Federal de Estados Unidos como guardián del oro europeo amenazan con abrir otra grieta más en el orden mundial vigente durante décadas.

Según Eichengreen," si bien su retirada no tendría repercusiones financieras particularmente significativas para Estados Unidos, la custodia del oro es un bien global que Estados Unidos ha aportado gratis — igual que el paraguas de seguridad de la OTAN o el dólar como moneda global—, a cambio de hacer amigos y socios comerciales."

"Este gobierno no cree que Estados Unidos deba prestar servicios gratis y todo lo que alimente las dudas de los aliados sobre la seguridad de sus depósitos en Estados Unidos erosiona más su buena hacia voluntad hacia el país, algo necesario cuando precisas su ayuda para, por ejemplo, una guerra en Medio Oriente".

No consta que ningún país europeo haya tomado aún la decisión de repatriar su oro en la segunda era Trump.

Pero quizá en las mentes de algunos de sus gobernantes resuenen las palabras de Christine Lagarde, presidenta del BCE, en un discurso del año pasado: "En la historia del sistema monetario internacional, hay momentos en que los cimientos que parecían inamovibles comienzan a tambalearse".

*Diseño de imagen por Caroline Souza, del Equipo de periodismo visual de BBC News Mundo.