viernes, 15 de mayo de 2026

Las empresas y los sectores que están ganando miles de millones de dólares con la guerra en Irán


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Mientras hogares alrededor del mundo contabilizan el costo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, algunas empresas están contando sus extraordinarias ganancias.

La incertidumbre generada por el conflicto y el cierre efectivo del estrecho de Ormuz por Irán están haciendo subir el costo de vida y golpeando los presupuestos de compañías, familias y gobiernos.

Sin embargo, mientras algunos han sido llevados al borde del abismo, otros, cuyas transacciones son más rentables durante una guerra o se benefician de los precios volátiles de la energía, han registrado ingresos récord.

Estos con algunos de los sectores y compañías que están ganando miles de millones mientras continúa el conflicto en Medio Oriente.

1. Petróleo y gas

El mayor impacto económico de la guerra hasta ahora ha sido un aumento en los precios de energía. Aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas del mundo se transporta a través del estrecho de Ormuz, pero esos cargamentos se han frenado en seco efectivamente desde finales de febrero.

El resultado ha sido un frenético sube y baja del mercado energético, en beneficio de algunas de las empresas de hidrocarburos más grandes del mundo.

Los principales favorecidos han sido la gigantes petrolíferas europeas, que tienen divisiones de trading [dedicadas a la compra y venta fisica del petróleo, pero también a operaciones en los mercados financieros y de futuros, entre otras cosas], por lo que han podido beneficiarse de los movimientos bruscos incrementando sus ganancias.

BP (British Petroleum) más que duplicó sus ingresos para el primer trimestre del año a US$3.200 millones, tras lo que llamó un desempeño "excepcional" de su división de trading.

La multinacional Shell también superó las expectativas de los analistas cuando reportó un aumento de sus ingresos en el primer semestre hasta alcanzar los US$6.920 millones.

Otra enorme empresa internacional, TotalEnergies, vio un salto en sus ingresos de casi un tercio, hasta US$5.400 millones en el primer trimestre de 2026, impulsados por la volatilidad en los mercados de crudo y energía.

Por su parte, las gigantes estadounidenses ExxonMobil y Chevron vieron sus ganancias caer comparadas con el mismo período el año pasado, debido a la perturbación en el suministro de Medio Oriente, pero ambas empresas sobrepasaron los pronósticos de los analistas y esperan que sus ingresos crezcan más a medida que pase el año, con el precio del crudo todavía significativamente más alto que cuando empezó la guerra.

2. Los grandes bancos

Algunos de los mayores bancos también han visto un incremento de ganancias durante la guerra en Irán.

La división bursátil de JP Morgan registró entradas récord de US$11.600 millones en los primeros tres meses de 2026, ayudando al banco alcanzar la segunda ganancia trimestral más grande de su historia.

En todos los bancos que forman parte de los llamados "Seis Grandes" en EE.UU. -que incluyen Bank of America, Morgan Stanley, Citigroup, Goldman Sachs y Wells Fargo, así como JP Morgan- los ingresos subieron sustancialmente en el primer trimestre del año.

En general, los bancos reportaron US$47.700 millones en ganancias en los primeros tres meses de 2026.

"Grandes volúmenes de transacciones han beneficiado a los bancos de inversión, en particular Morgan Stanley y Goldman Sachs", expresó Susannah Streeter, jefe de estrategia de inversión de Wealth Club.

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Morgan Stanley es una multinacional financiera estadounidense que desarrolla su actividad como banco de inversión y agente de bolsa.

Los principales prestamistas de Wall Street han recibido un empujón por el auge en la demanda de transacciones, con los inversionistas apresurándose a deshacerse de las acciones y bonos más riesgosos y meter su dinero en bienes que consideran más seguros. Los volúmenes de las transacciones también se han elevado debido a los inversionistas que buscan capitalizar la volatilidad de los mercados financieros.

Streeter añadió: "La volatilidad desatada por la guerra ha generado un auge en las transacciones, a medida que algunos inversionistas vendieron acciones por temor a una escalada (de la guerra), mientras que otros compraron en la caída, ayudando a impulsar una tendencia de recuperación".

3. Defensa

Uno de los beneficiados más inmediatos en cualquier conflicto es el sector de defensa, según Emily Sawicz, analista senior de la consultora británica RSM UK.

"El conflicto ha reforzado las brechas en la capacidad de defensa aérea, acelerado la inversión en defensa de misiles, sistemas de contraataque con drones y equipo militar a través de Europa y EE.UU.", señaló a la BBC.

Además de resaltar la importancia de las firmas de defensa, la guerra crea la necesidad de los gobierno de reponer su arsenal de armas, impulsando la demanda.

BAE Systems, que fabrica productos que incluyen componentes para los aviones caza F35, informó en una actualización de transacciones el jueves que espera un crecimiento en las ventas y las ganancias este año.

Indicó que las crecientes "amenazas de seguridad" alrededor del mundo estaban incrementando el gasto en defensa de los gobiernos, que a su vez ha creado un "trasfondo de apoyo" para la compañía.

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La frabricante de productos de defensa militar BAE Systems espera un crecimiento en las ventas y las ganancias este año.

Lockheed Martin, Boeing y Northrop Grumman, tres de los mayores contratistas de defensa del mundo, han reportado cada uno órdenes pendientes récord al final del primer trimestre de 2026.

Pero las acciones de las firmas de defensa, que han subido agudamente en años recientes, han caído desde mediados de marzo, ante los temores de que el sector esté sobrevaluado.

4. Las renovables

El conflicto también ha resaltado la necesidad de la diversificación alejada de la dependencia de los combustibles fósiles, dijo Streeter.

Esto ha "sobrealimentado el interés en el sector de renovables", aún en EE.UU., expresó, donde el gobierno de Trump ha popularizado el eslogan "drill, baby, dril" ("perfora, chico, perfora") alentando un mayor consumo de combustibles fósiles.

Streeter dijo que la guerra ha llevado a que la inversión en las renovables se vea como cada vez más importante para la estabilidad y resiliencia contra los shocks bursátiles.

Una firma que ha recibido un impulso es NextEra Energy, con sede en Florida, que registró un auge de 17% en lo que va del año a medida que los inversionistas se suman a su misión.

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El gran interés en las energías renovables ha impulsado el crecimiento de empresas eólicas y de paneles solares.

Los gigantes daneses de la energía eólica Vestas y Orsted también reportaron ganancias crecientes, resaltando cómo los efectos colaterales de la guerra en Irán también están impulsando a las compañías de energía renovable.

En Reino Unido, Octopus Energy recientemente confirmó a la BBC que la guerra había causado un "enorme sacudón" en las ventas de paneles solares y bombas aerotérmicas de calor, con la venta de los primeros subiendo en 50% desde finales de febrero.

La subida en los precios de la gasolina también impulsaron la demanda de vehículos eléctricos, para el beneficio principal de los fabricantes en China.


    • Archie Mitchell
    • Título del autor,Reportero de negocios, BBC

jueves, 14 de mayo de 2026

A partir de 2027 todos los móviles cambiarán para siempre: será obligatorio que se pueda cambiar la batería en la UE

 

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  • Los fabricante tendrán que dar también facilidades para reparar los dispositivos


La obsolescencia programada es uno de los grandes males de la tecnología, al mismo tiempo que es una de las peores "trampas" que los fabricantes han ideado para que sigamos consumiendo. Este término se refiere a que nuestros dispositivos están diseñados para que después de un tiempo específico tengan que cambiarse porque comienzan a fallar y no funcionar como lo hacían al principio.

La batería se agota con mucha rapidez, pierden capacidades y dejan de poder actualizarse para beneficiarse de las mejoras y novedades que se van introduciendo a medida que la tecnología avanza. Por ello, desde la Comisión Europea impusieron la ley del "derecho a reparar", la cual obliga a los fabricantes a dar las facilidades para que sus dispositivos se puedan arreglar hasta al menos 10 años desde su compra.

Esto afecta a neveras, lavadoras, televisores y también a teléfonos móviles "para reducir la enorme montaña de desechos eléctricos que se acumulan cada año en el continente".

Y ahora desde la Unión Europea han dado un paso más allá en lo referido a los smartphones, y mediante un nuevo reglamento han establecido que a partir de 2027 los móviles vendidos en todo el territorio de la UE deberán tener baterías más duraderas para soportar un mayor número de ciclos de carga sin perder capacidad.

Al mismo tiempo, será obligatorio que, como ocurría en el pasado, las baterías puedan ser reemplazadas por el propio usuario debido a que los fallos en la batería son la principal causa de cambio de dispositivo. En los últimos años, nuestros móviles han sido un dispositivo unibody, es decir, compacto y que tan solo mediante herramientas específicas se puede abrir para extraer una batería.

Pero a partir de 2027, esto cambiará, y el derecho de reparación será una obligación, lo que cambiará los teléfonos móviles para siempre y dará a los usuarios una oportunidad de darle una mayor vida útil a sus smartphones, reduciendo los residuos electrónicos que generamos.


Miguel Terán Haughey
16/04/2026 - 10:12
https://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/13873566/04/26/a-partir-de-2027-todos-los-moviles-cambiaran-para-siempre-sera-obligatorio-que-se-pueda-cambiar-la-bateria-en-la-ue.html

miércoles, 13 de mayo de 2026

La próxima batalla de OpenAI y Anthropic no es la IA. Y ambos dependen de Elon Musk



Elon Musk, en una imagen de archivo. 
(EFE/Gian Ehrenzeller)


Ambas empresas calientan motores para sus salidas a bolsa. Pero necesitan que SpaceX demuestre que Wall Street está dispuesto a pagar promesas de futuro. Las tres aspiran a movilizar un capital nunca visto en tan poco tiempo



La próxima gran prueba de fuego para Sam Altman no va a ser lograr un modelo tan potente y versátil que consiga echar a Gemini a un lado o que codifique mejor que lo que hace Anthropic. Tampoco es la de lograr hacer realidad ese iPhone de la IA, un teléfono hecho por y para la tecnología de moda, misión para la que se ha asociado con Jony Ive, el que fuera en su día pope de diseño de Apple.

La patata caliente está esperando en Wall Street. La esperada salida a bolsa de OpenAI es uno de los eventos más esperados en el gremio (y fuera de él) este año. Lo es porque después de unos años con perfil bajo, vuelven las grandes OPVs en esta industria.

Lo es porque será la piedra de toque para demostrar si las promesas de la empresa que puso de moda la inteligencia artificial se sostienen cuando entra en juego el dinero de los mercados públicos. Y lo es porque detrás de ella vendrán una cola de empresas poniendo el cazo para conseguir capital a una escala que hasta ahora solo habían podido proveer unos pocos gigantes tecnológicos y algunos de los fondos con el bolsillo más profundo.

Además de OpenAI, hay dos que están en la línea de salida. Anthropic, su gran rival, también parece estar preparándose para dar este paso. La empresa de los hermanos Amodei lo hace en un momento dulce en lo técnico, tras el hype y el miedo levantado por las capacidades Mythos, una IA tan potente que, por ahora, se ha puesto en contadas manos. Pero también lo hace en el centro de la polémica, tras el conflicto generado por negarse a dar barra libre al Pentágono para usar sus desarrollos en el conflicto con Irán.

En paralelo, el mercado privado ya empieza a comportarse como un simulador para estas compañías. En los últimos meses, algunos fondos y plataformas que permiten comprar participaciones privadas de Anthropic han llegado a inflar su valoración implícita hasta rozar el billón de dólares. No era una salida a bolsa ni una ronda de financiación al uso. Era, básicamente, inversores peleándose por conseguir un asiento en la fiebre de la IA antes de que se cerrara la puerta.

La dinámica dice mucho del momento que vive el sector. Las valoraciones empiezan a depender menos de los ingresos reales o de la solidez del negocio y más de una mezcla de escasez artificial, acceso limitado y miedo colectivo a quedarse fuera de la próxima gran plataforma tecnológica.




Pero mucho antes de que estas dos startups se sometan al juicio de los inversores y los mercados públicos, lo hará Elon Musk con SpaceX. Las especulaciones apuntan, incluso, a que podría pasar el primer semestre. Entre las tres compañías aspiran a captar más de 240.000 millones de dólares. Para hacerse una idea de la magnitud, esa cifra supera todo lo recaudado en salidas a bolsa en Estados Unidos durante 2024 y 2025.


SpaceX, la macedonia más valorada

El caso más singular y destacado es el de SpaceX. Primero porque es un lanzamiento bursátil que aspira a recaudar unos 75.000 millones de dólares. Eso colocaría su capitalización, según las estimaciones, en una horquilla de 1,75 a 2 billones de dólares. Segundo, porque puede condicionar lo que pase después con el resto.

No es solo una cuestión de tamaño. Es lo que hay dentro. SpaceX llega al mercado como una mezcla difícil de clasificar. Por un lado, está el negocio aeroespacial que la ha convertido en un actor clave en lanzamientos y contratos públicos. Por otro, Starlink, que se ha convertido en el verdadero motor financiero con ingresos recurrentes, márgenes elevados y una base de usuarios que ya se cuenta por millones. Y, sobre todo, está la capa de inteligencia artificial que introduce xAI, la última pieza del puzle de Elon Musk y la que permite reencuadrar la compañía como algo más que un operador espacial.

Esa combinación es lo que hace que la operación sea distinta. No hay muchas referencias para valorar algo así. No es una empresa de cohetes ni una teleco ni una compañía de IA en sentido estricto, pero bebe de todas ellas. El resultado es una historia lo suficientemente amplia como para justificar valoraciones muy elevadas, aunque las cifras actuales no encajen del todo con ese relato. En la práctica, el mercado tendrá que decidir cuánto vale cada pieza y, sobre todo, si tiene sentido analizarlas por separado o comprar el paquete completo.


placeholderLanzamiento de un cohete de SpaceX. (Reuters)
Lanzamiento de un cohete de SpaceX. (Reuters)

A eso se suma cómo está planteada la salida a bolsa. El porcentaje de acciones que se pondrá en circulación será limitado, lo que reduce el margen para que el mercado fije un precio de forma natural y suele empujar las cotizaciones al alza en los primeros compases. Al mismo tiempo, se ha reservado una parte relevante para inversores minoristas, una fórmula que ya utilizó Musk en el pasado y que introduce un componente más emocional en la demanda. Todo ello bajo una estructura que garantiza que el control seguirá en manos de los actuales accionistas, lo que limita la capacidad de influencia de los nuevos inversores.

El mensaje implícito es claro. Más que una operación basada en fundamentales clásicos, se trata de una apuesta por la ejecución futura. Esa ejecución tiene hitos muy concretos, desde el desarrollo de Starship hasta la capacidad de convertir Starlink en una infraestructura global todavía más rentable. Pero también tiene muchos otros retos por delante que pueden tardar décadas en empezar a tener una solución viable si sus ingenieros consiguen hacer múltiples milagros todavía inimaginables.

Por eso SpaceX funciona como termómetro. Si el mercado compra esa historia, el camino quedará despejado para el resto. Si no lo hace, el efecto se notará de inmediato.


OpenAI, entre las dudas y el hype

En este punto de la ecuación, entra OpenAI. Es la empresa más visible del sector y la que ha llevado la inteligencia artificial al gran público. Su nombre está asociado a la expansión de esta tecnología y su base de usuarios es, todavía, una de las más amplias. También es la que ha marcado el ritmo de la conversación en torno a lo que puede hacer la IA y hacia dónde se dirige. Y también es la que más ha azuzado el espíritu de una inteligencia artificial general que sea capaz de dejar obsoleta la mano de obra humana, tanto física como intelectualmente.

Su salida a bolsa aspira a captar en torno a 100.000 millones de dólares, una cifra que refleja tanto su ambición como sus necesidades de capital. Pero esa posición también juega en su contra cuando se acerca el momento de rendir cuentas. En los últimos meses han empezado a aparecer dudas que antes no estaban sobre la mesa. Algunas previsiones internas de usuarios e ingresos no se han cumplido y el ritmo de crecimiento, aunque sigue siendo elevado en términos absolutos, empieza a mostrar signos de desaceleración relativa frente a competidores más agresivos en el mercado empresarial. A eso se suma el coste de mantener y escalar sus modelos, que sigue creciendo a un ritmo difícil de sostener incluso con el respaldo de socios como Microsoft.

La estructura del negocio tampoco ayuda a disipar esas dudas. OpenAI mantiene una dependencia importante del consumo, con millones de usuarios que pagan suscripciones, pero con una monetización que no siempre escala al mismo ritmo que el uso. Al mismo tiempo, su posición en el segmento corporativo ha perdido algo de terreno frente a rivales que han apostado de forma más directa por ese mercado. Todo ello dibuja un escenario en el que la compañía sigue siendo líder en visibilidad, pero no necesariamente en ejecución.

Dentro de la propia empresa tampoco hay una única visión sobre el calendario. Mientras Sam Altman sigue empujando para aprovechar la ventana de mercado, algunas voces en la dirección consideran que la compañía no está preparada para someterse todavía al escrutinio de los mercados públicos y apuestan por retrasar la operación hasta 2027. La diferencia no es menor. Supone decidir si salir a bolsa para financiar el crecimiento o esperar a demostrar que ese crecimiento puede convertirse en un negocio más predecible y sostenible.


placeholderEl CEO de OpenAI, Sam Altman. (Reuters)
El CEO de OpenAI, Sam Altman. (Reuters)
Anthropic, un momento dulce

Entre ambos extremos se mueve Anthropic, que llegará más tarde pero con una narrativa distinta. La empresa de los hermanos Amodei apunta a una operación que podría superar los 60.000 millones de dólares. Ha crecido con menos ruido mediático, pero con una ejecución muy consistente en el segmento empresarial. Buena parte de sus ingresos provienen de contratos con grandes compañías, lo que le da una base más estable y menos expuesta a los vaivenes del consumo.

Ese posicionamiento se ha traducido en un crecimiento muy rápido en ingresos y en una presencia cada vez mayor en herramientas de desarrollo y entornos corporativos. Su modelo se apoya en acuerdos con grandes proveedores de nube, lo que le permite escalar sin depender de una única infraestructura y asegurar acceso a capacidad de cómputo en un momento en el que ese recurso es crítico. Además, ha conseguido posicionarse como una alternativa sólida en áreas como la programación, donde compite directamente con OpenAI.

Su salida a bolsa servirá como contraste. Mientras SpaceX pone a prueba la capacidad del mercado para absorber operaciones gigantes y OpenAI mide la resistencia de la narrativa más visible de la IA, Anthropic permitirá evaluar si los inversores están dispuestos a premiar modelos más centrados en ingresos y clientes. El orden no es casual. Primero se mide el apetito. Después la promesa. Y, por último, la ejecución.

Detrás de este trío no hay un vacío. Hay una cola bastante más larga de compañías esperando su turno. Y todas comparten el mismo problema de fondo. La inteligencia artificial no solo necesita talento y modelos. Necesita dinero. Mucho dinero.



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Dario Amodei, CEO de Anthropic. (Reuters)
Dario Amodei, CEO de Anthropic. (Reuters)

Empresas como Databricks o Cerebras Systems están en esa categoría menos vistosa pero igual de crítica para la tecnología de moda. No venden asistentes ni aplicaciones que se vuelvan virales. Venden la infraestructura que hace posible todo lo demás. Databricks se ha convertido en una de las grandes plataformas donde las empresas almacenan, procesan y preparan sus datos para entrenar modelos de IA. Es, en esencia, la cocina donde se prepara el combustible de estos sistemas. Cerebras juega en otro nivel. Diseña chips gigantes optimizados para entrenar modelos de inteligencia artificial mucho más rápido que las GPU tradicionales. Es hardware puro, pero adaptado a una carrera donde cada salto de rendimiento cuesta miles de millones.

Para ellas, salir a bolsa no es tanto una oportunidad como una necesidad. El capital riesgo ha financiado la primera fase, pero se queda corto cuando hay que escalar a nivel industrial. Construir centros de datos, desarrollar nuevos chips o mantener infraestructuras capaces de entrenar modelos cada vez más complejos exige una inversión continua que no encaja ya en rondas privadas. El mercado público se convierte en la siguiente fuente lógica de financiación.

El problema es que ese capital ya no llega tan fácil como antes. El mercado ha cambiado. Después de varios años de excesos, los inversores empiezan a pedir algo más que promesas. Quieren ingresos, márgenes y cierta visibilidad de negocio. Y ahí es donde muchas de estas compañías todavía tienen que demostrar que su crecimiento no depende solo del entusiasmo alrededor de la IA.

En paralelo, hay otro grupo que juega una partida distinta. Canva, Stripe o Klarna no están en el centro de la inteligencia artificial, pero han sabido utilizarla para alimentar el entusiasmo en torno a sus productos. Canva ha integrado herramientas generativas en su suite de diseño. Stripe utiliza IA para mejorar pagos, fraude y automatización. Klarna la ha incorporado en atención al cliente y recomendaciones. Ninguna depende de ella para existir, pero todas la han incorporado para no quedarse fuera de la narrativa dominante. Eso les da una posición más cómoda. Tienen negocios que ya funcionan, ingresos claros y modelos más fáciles de entender. La inteligencia artificial suma, pero no sostiene toda la historia.

La fotografía está clara. Compañías que necesitan miles de millones para construir una infraestructura que todavía se está desplegando. Por otro, negocios que ya generan caja y utilizan la IA como palanca adicional. Las dos van a coincidir en el mismo mercado y en la misma ventana de tiempo. Y ahí es donde se decidirá algo más que el éxito de unas cuantas salidas a bolsa. Se decidirá qué tipo de historia está dispuesto a comprar ahora el mercado. Si la de la promesa o la de la cuenta de resultados.

Porque durante años el capital privado ha permitido a muchas tecnológicas crecer protegidas de preguntas incómodas sobre márgenes, rentabilidad o sostenibilidad financiera. Wall Street funciona distinto. Obliga a responder cada trimestre. Y eso convierte esta nueva oleada de OPVs en algo más que una carrera por captar dinero. Es el momento en el que la industria de la inteligencia artificial tendrá que demostrar cuánto de su narrativa puede sobrevivir cuando se enfrenta a precios fijados cada día por el mercado.

La cuestión no es solo si SpaceX, OpenAI o Anthropic lograrán debutar con éxito. La cuestión es qué ocurrirá después. Si los inversores estarán dispuestos a seguir financiando compañías cuyo apetito de capital crece casi al mismo ritmo que sus ambiciones tecnológicas. Si el mercado puede absorber operaciones gigantescas de manera sostenida. Y, sobre todo, si la economía de la IA terminará pareciéndose más a la de un negocio de software tradicional o a la de una infraestructura global permanentemente hambrienta de energía, chips y centros de datos.

Hasta ahora, el dinero privado ha sostenido buena parte de esa expectativa. La salida a bolsa será la primera vez que el sector tenga que comprobar cuánto de esa euforia era real.



martes, 12 de mayo de 2026

La economía mundial contiene el aliento ante el histórico desplome de los inventarios de petróleo: "Lo peor está por llegar"

 

Vista aérea de tanques de almacenamiento de petróleo y el acero de oleoducto. Foto de iStock.


  • En el mes de junio se pueden empezar a sentir las consecuencias reales
  • Aunque reabra Ormuz, recuperar la normalidad va a ser complicado
  • Cada día se evaporan 6,6 millones de barriles de las reservas globales


Mientras que los mercados miran hacia otro lado, la economía global se enfrenta a una crisis energética sin precedentes que está a punto de comenzar a sentirse de forma real y tangible, más allá de los precios del surtidor. Aunque el descenso de los futuros de petróleo durante esta semana ha supuesto un alivio para los mercados, bancos centrales y consumidores, los fundamentales del mercado dicen otra cosa. Ese descenso del precio está lejos de ser el fin de los problemas de un mercado que se ha tensionado a la 'velocidad de la luz' y eso que partía de una situación de histórica sobreoferta (se producía mucho más petróleo del que se consumía). Esa sobreoferta permitió que las refinerías y los centros de almacenamiento acumulasen reservas de petróleo a buen precio. Sin embargo, hoy, esas reservas están desapareciendo muy rápido; cada día se 'evapora' el equivalente al consumo de cinco 'Españas'. Las reservas mundiales de petróleo se desplomaron a un ritmo récord en abril, generando el riesgo de un nuevo y fuerte repunte de los precios antes de la temporada de viajes de verano.

Las reservas de crudo se han desplomado en casi 200 millones de barriles, o 6,6 millones de barriles diarios, según estimaciones de S&P Global Energy, incluso cuando los precios más altos provocaron un desplome de la demanda de unos 5 millones de barriles diarios, la caída más pronunciada jamás registrada fuera de la pandemia del covid. Este descenso supone que cada día desaparecen reservas suficientes para alimentar la demanda de unas cinco 'Españas', una cifra muy grande, teniendo en cuenta que España es una economía relativamente intensiva en petróleo dado sus niveles de desarrollo y que es la decimosegunda potencia mundial.

La economía global está sufriendo ya los elevados precios del combustible, que erosionan de forma notable el poder adquisitivo de unos consumidores que estaban manteniendo el crecimiento económico en Europa. Al mismo tiempo, algunos sectores muy sensibles al precio del petróleo ya empiezan a reducir sus inversiones y operaciones (por ejemplo, las aerolíneas), lo que también reduce la inversión, el componente más volátil del PIB, en la economía. Al mismo tiempo, unos gobiernos con posiciones fiscales ya muy vulnerables, se endeudan para intentar amortiguar el impacto de la crisis energética en los bolsillos de sus ciudadanos. Esto es solo una parte. El ajuste real aún está por llegar, según los expertos.

"Desafortunadamente, las mejoras en la intensidad del consumo de petróleo son un arma de doble filo. El consumo de petróleo hoy en día está más concentrado en usos de alto valor y en áreas donde no hay sustituto, como el transporte terrestre o aéreo y el transporte marítimo", advierte Christof Rühl, Investigador principal del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia y miembro del consejo asesor de Crystal Energy.

Este experto destaca que estas son actividades económicas fundamentales, menos sensibles a los precios que los motores de crecimiento discrecionales o orientados al consumo. Una vez interrumpidas, es probable que se produzcan efectos en cascada en toda la economía, sentencia. Este es otro punto de no retorno. A todo ello habría que sumarle la expectativa de que los bancos centrales comiencen a subir tipos, lo que también dañará la actividad económica y la inversión en un intento por devolver a la inflación al objetivo del 2%.

Un ajuste inevitable en el mercado

"Esto es enorme, está muy por encima del rango habitual", asegura Jim Burkhard, jefe de investigación de crudo en S&P, añadiendo que, en un mes normal, las reservas mundiales fluctúan entre unos cientos de miles y un millón de barriles, según explica en declaraciones a el Financial Times"Se avecina un ajuste inevitable del mercado", asegura. En total, el mercado petrolero ha perdido 1.000 millones de barriles de crudo debido a la guerra con Irán hasta la fecha y, aunque la demanda está cayendo rápidamente, está siendo "superada por la pérdida de oferta", agregó. "Los precios del crudo seguirán subiendo".

Los precios del petróleo se han disparado desde el inicio de la guerra a finales de febrero, debido a que tanto Irán como EEUU han restringido el tráfico a través del estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial, y a que los ataques han dañado la infraestructura energética de la región. Sin embargo, los operadores han advertido que es probable que los precios suban aún más una vez que las reservas mundiales caigan por debajo de niveles críticos, y algunos predicen que ese punto de inflexión se alcanzará en las próximas semanas. Los más atrevidos señalan junio como el mes crítico.

En este contexto, Pedro Santa Cruz, director de Freedom24 Iberia asegura que "la pregunta clave es muy simple: ¿está abierto el Estrecho de Ormuz o no? Mientras siga parcialmente cerrado, el mercado va a seguir tensionado. Si el bloqueo se prolonga, ver el barril por encima de los 200 dólares no debería sorprender a nadie. No es un escenario extremo, es pura aritmética: estamos perdiendo en torno al 13% del suministro global y ese volumen no puede sustituirse con rapidez."

Por ahora, con el barril de Brent por encima de los 100 dólares (se prevé que el crudo siga 'caro' por un tiempo), todavía no se refleja el riesgo real que está generando esta crisis. Los datos de S&P incluyen todo el petróleo almacenado tanto por gobiernos como por empresas, así como el que se encuentra actualmente a bordo de buques cisterna en alta mar. La caída incluye el petróleo liberado por la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos en respuesta a la crisis energética derivada de la guerra. Aunque las reservas mundiales totales de petróleo ascienden a unos 4.000 millones de barriles, según Burkhard, una gran parte de ellas se destina a las operaciones diarias, como el buen funcionamiento de las refinerías y la presurización de los oleoductos, lo que limita el volumen que se puede extraer fácilmente.

Unos 40 días de suministro

Poco a poco, las reservas mundiales de petróleo se están acercando a su nivel más bajo en ocho años, según Goldman Sachs. El banco añadió que solo quedan unos 40 días de suministro de productos refinados, como gasolina, diésel y combustible para aviones, en todo el mundo, y señaló descensos especialmente importantes en Asia y África. "La velocidad de agotamiento y las pérdidas de suministro en algunas regiones y productos son preocupantes", afirman los analistas de Goldman Sachs.

En el norte de Europa, las reservas de combustible para aviones han caído a su nivel más bajo en seis años en abril, según la agencia de precios Argus, mientras que en EEUU las reservas de gasolina se encaminan a alcanzar su nivel más bajo de la historia en verano, durante la temporada alta de conducción.

EEUU aguanta mejor... por ahora

A pesar de que el precio medio de la gasolina en las gasolineras ronda los 4,50 dólares por galón, los conductores estadounidenses aún no han reducido significativamente su consumo, según Morgan Stanley. El banco estima que uno de cada once barriles de petróleo es utilizado por los conductores estadounidenses y pronostica que las reservas de Estados Unidos podrían caer por debajo de los 200 millones de barriles a finales de agosto, lo que equivale aproximadamente a una semana de demanda.

Sin embargo, EEUU aún no ha sentido el impacto total de la crisis, afirmó Burkhard, señalando que sus reservas de crudo siguen siendo superiores a las de esta misma época del año pasado. La mayor parte de la caída global de las reservas se ha registrado en Asia, añadió. Indicó que una fuerte caída en las reservas estadounidenses podría desencadenar una alarma generalizada. "Lo peor de la crisis está por venir", concluye.

La economía mundial contiene el aliento

La economía mundial todavía no ha sentido de lleno el golpe de la crisis del petróleo, pero eso no significa que el peligro haya desaparecido. De hecho, según un extenso informe de BCA Research elaborado por su estratega jefe, Peter Berezin, "el riesgo de recesión aumentará de forma significativa si el estrecho de Ormuz permanece cerrado hasta junio". El analista advierte de que el mundo se encuentra aún en la fase inicial del shock energético y que buena parte de los daños tardan meses en aflorar plenamente. "Históricamente, los shocks petroleros tienen un impacto retardado sobre la actividad", recuerda BCA, señalando que el mayor efecto sobre el crecimiento suele producirse cuatro trimestres después del inicio de la crisis y el impacto máximo sobre el PIB llega alrededor de seis trimestres más tarde. Desde JP Morgan ya señalaban un riesgo de recesión del 35% de probabilidad a nivel global.

Por ahora, el mercado está sobreviviendo gracias a varios amortiguadores extraordinarios. El primero son las reservas acumuladas durante los últimos años que se están evaporando rápidamente. Por otro lado, el informe explica que la aparente resistencia de la economía también tiene mucho que ver con factores psicológicos y temporales. Empresas y consumidores siguen actuando como si el shock fuese pasajero. "Si la gente espera que los precios permanezcan altos solo temporalmente, recurrirá a sus ahorros o se endeudará para mantener su nivel de gasto", explica Berezin.

Eso mismo está ocurriendo con las empresas, que continúan contratando y evitando despidos ante la expectativa de que la crisis energética remita pronto. El problema es que el mercado podría estar subestimando el riesgo geopolítico. Matt Gertken, estratega geopolítico jefe de BCA, cree que los inversores "son demasiado complacientes" y estima que, aunque existe un 60% de posibilidades de que Irán y EEUU alcancen algún tipo de acuerdo, "solo hay un 30% de probabilidades de que ese acuerdo sobreviva más de doce meses".

La IA también amortigua el golpe

Otro elemento que está evitando, de momento, un desplome económico es el extraordinario auge de la inteligencia artificial. La inversión en hardware y software vinculados a la IA ha alcanzado niveles récord en EEUU, representando ya el 4,9% del PIB, por encima incluso del pico de la burbuja tecnológica del año 2000. Este boom está sosteniendo la demanda global y favoreciendo especialmente a Asia, donde numerosos países están profundamente integrados en la cadena de suministro tecnológica. Sin embargo, BCA alerta de que este apoyo es frágil: "Fuera de la inteligencia artificial, la inversión empresarial ha sido tibia", lo que significa que, si el impulso tecnológico se debilita, desaparecería uno de los principales pilares que están manteniendo viva a la economía mundial.

Mientras tanto, la inflación sigue siendo una amenaza latente. Aunque las expectativas de inflación a largo plazo permanecen relativamente contenidas, BCA recuerda que esto se debe en parte a la creencia de que los bancos centrales "harán lo que sea necesario" para devolver la inflación a sus objetivos. El problema es que el crecimiento salarial global ya se ha desacelerado desde el 5,1% hasta el 3%, y si la inflación energética continúa subiendo, los salarios reales podrían caer otro 1% durante los próximos doce meses. Eso implicaría una erosión progresiva del poder adquisitivo de los hogares y, eventualmente, un frenazo del consumo.

La historia económica tampoco invita al optimismo. Berezin recuerda que en los grandes shocks petroleros de los años 70 y comienzos de los 80 las bolsas resistieron inicialmente, incluso mientras el petróleo se disparaba, para desplomarse meses después cuando la recesión empezó a hacerse evidente. "Los mercados tienden a reaccionar con retraso al impacto de los precios del petróleo", subraya BCA. El S&P 500 apenas cayó un 11% durante el embargo árabe de 1973 pese a que el petróleo se disparó un 135%, pero después se hundió un 36% cuando la economía entró en recesión. Un patrón similar ocurrió tras la Revolución iraní de 1979.

Por todo ello, el mensaje central del informe es también que lo peor podría no haber llegado todavía. La economía global sigue funcionando gracias a inventarios acumulados, gasto fiscal, compras preventivas y el boom de la IA, pero todos esos factores tienen fecha de caducidad. Si el estrecho de Ormuz continúa bloqueado y hogares y empresas empiezan a asumir que el shock energético será duradero, el comportamiento económico podría cambiar bruscamente hacia la cautela. Y es precisamente ahí donde, según BCA Research, el riesgo de recesión volvería a dispararse.


Vicente Nieves
8/05/2026 - 11:18
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13910383/05/26/la-economia-mundial-contiene-el-aliento-ante-el-historico-desplome-de-los-inventarios-de-petroleo-lo-peor-esta-por-llegar.html