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sábado, 6 de junio de 2026
Anta, la innovadora compañía china de ropa deportiva que desafía a Nike y Adidas

La esquiadora olímpica de estilo libre Eileen Gu es embajadora de la marca china de ropa deportiva Anta.
Getty Images
La economía de China recién empezaba a abrirse a finales de la década de 1980, cuando un decidido joven que había abandonado la escuela secundaria se dirigió a Pekín con 600 pares de zapatos.
Ding Shizhong los había mandado a hacer a la fábrica de un pariente y ahora iba a venderlos. El dinero que ganó le sirvió para pagar su primer taller, donde comenzó a fabricar calzado para otras empresas.
El joven de 17 años era uno de los muchos emprendedores recién surgidos en China, a medida que el capitalismo despegaba bajo la atenta mirada de sus gobernantes del Partido Comunista.
Pero, tal como resultó, Ding tenía planes mucho más ambiciosos.
Desde entonces, su negocio ha crecido hasta convertirse en un gigante de la ropa deportiva llamado Anta, que ha estado conformando un portafolio de marcas internacionales, incluidas Arc'teryx y Salomon.
Recientemente, adquirió una participación accionaria en Puma.
Anta busca ahora competir con marcas como Nike y Adidas, un objetivo que Ding dejó claro en 2005: "No queremos ser el Nike de China, sino el Anta del mundo".

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Puede que Anta aún no sea un nombre familiar en Occidente, pero cuenta con más de 10.000 tiendas en China y patrocina a atletas de élite como a la esquiadora de estilo libre Eileen Gu.
En febrero, la firma inauguró su primera tienda en Estados Unidos en la exclusiva zona de Beverly Hills, en Los Ángeles.
La expansión global de la compañía –que se da en un momento en que Donald Trump busca recuperar puestos de trabajo para las fábricas en Estados Unidos mediante la imposición de aranceles– deja en evidencia cuán esenciales y competitivas se han vuelto las cadenas de suministro chinas para el sector manufacturero.
El auge de Anta –que significa "pasos seguros"– no es precisamente un caso único.
Décadas siendo la "fábrica del mundo" le han brindado a varias ambiciosas empresas chinas la oportunidad de competir directamente con las mismas firmas que en el pasado estaban en la lista de sus clientes.

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La "capital mundial del calzado"
Fundada en 1991, Anta comenzó su camino lejos del brillo y el glamour de Beverly Hills como un pequeño fabricante en la ciudad de Jinjiang, en la provincia suroriental de Fujian.
Pero rápidamente Jinjiang experimentó un crecimiento, transformándose de una tranquila localidad agrícola en la "capital mundial del calzado", como parte del plan del gobierno para potenciar industrias específicas en las distintas provincias.
Pronto se produjo una afluencia de inversiones por parte de los gigantes del calzado deportivo, quienes buscaban fábricas en el exterior que les permitieran reducir sus costos de producción.
En Jinjiang, así como en las ciudades vecinas de la costa oriental, surgieron diversos clústeres especializados en distintos tipos de calzado; cada uno de ellos contaba con su propia cadena de suministro especializada.
En el corazón del centro de Jinjiang se encuentra el municipio de Chendai, un área de unos 40 km2 con miles de fábricas y proveedores. Este distrito contribuyó a consolidar la reputación de la ciudad en lo que es fabricación de calzado para marcas globales como Nike y Adidas.

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Cada centro reunió a proveedores de cordones, suelas y tejidos, así como a empresas de logística que ayudan a transformar rápidamente los diseños en productos listos para su venta en tiendas y a distribuirlos.
Para 2005, la provincia de Fujian por sí sola representaba casi una quinta parte de la producción mundial de calzado, según estimaciones de Naciones Unidas.
Hasta un tercio de los trabajadores de Jinjiang son empleados por alguno de los miles de fabricantes de calzado de la ciudad, la cual ubica a la ciudad entre los distritos económicos con mayores ingresos de China.
Un fenómeno similar se ha desarrollado en diversas partes del gigante asiático.
Jinjiang fue tan solo uno de los muchos centros manufactureros de la costa oriental. Los demás fabricaban ropa o productos electrónicos.
Este nivel de especialización en la manufactura no tenía precedentes en ninguna otra parte del mundo en aquel entonces, dice el profesor de la Universidad de Bath, Fei Qin, quien estudió a las fábricas en China oriental en la década de 2000.
A medida que los clientes extranjeros acudían en masa para cerrar acuerdos con estas fábricas, el país cosechó algo más que ingresos.
"Aprendieron no solo a producir más, sino también a producir mejor, más rápido y de forma constante", agrega Fei.
Una firma global
Fue a lo largo de estas calles donde Anta creció fabricando calzado a gran escala y a bajo coste para las marcas globales.
Primero, estableció una vasta red de distribución hacia minoristas en toda China, un factor crucial para los fabricantes que buscan expandirse.
Al mismo tiempo, Anta fue dando a conocer su nombre de a poco en el mercado nacional, inaugurando nuevas tiendas y asociándose con importantes eventos deportivos, incluidas competencias nacionales de basketball y tenis de mesa.
Empresas como Anta saben que hay más valor en ser una marca reconocida que en ser un subcontratista, dice Fei.
En 2007, Anta salió a bolsa en la Bolsa de Hong Kong, recaudando alrededor de US$450 millones, una cifra que en aquel entonces constituyó todo un récord para una empresa deportiva china.

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El consultor de la marca Wei Kan, quien trabajó para Converse y Nike en China, dice que Anta le llamó la atención debido a su centro de producción integral, el cual le permitía diseñar y comercializar calzado con mayor rapidez que a sus competidores.
Además, se encontraba entre las pocas empresas chinas que se dirigían al mismo segmento de compradores que las grandes marcas occidentales, dice Kan.
Compañías como Anta, que comienzan fabricando productos para marcas globales, aprenden paso a paso los fundamentos de la gestión empresarial, prosperan en China y, "de forma natural, aspiran a metas más ambiciosas", añade Kan.
Existen muchos otros ejemplos como la empresa tecnológica Xiaomi. Esta firma comenzó como desarrolladora de software, personalizando sistemas basados en Android, antes de fabricar sus propios teléfonos, dispositivos electrónicos y, actualmente, vehículos eléctricos.
Del mismo modo, DJI fabricaba accesorios para cámaras y componentes para drones antes de convertirse, por mérito propio, en un fabricante internacional de drones.
Quizás el ejemplo más conocido sea BYD, que en su momento fue fabricante de baterías para pioneros de los vehículos eléctricos como Tesla y que hoy en día es el principal fabricante mundial del sector.
"Cada una de estas empresas es hoy un gigante en su campo", asegura Kan.

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"Estrategia multimarca"
Ahora Anta tiene la mirada puesta en el mercado de Occidente.
La empresa gestiona más de 12.000 tiendas en China. Además, cuenta con más de 460 puntos de venta fuera del país y planea contar con 1.000 tiendas operativas solo en el sudeste asiático en los próximos tres años.
Nike, que sigue teniendo la mayor cuota de mercado en calzado deportivo, posee solo 1.000 tiendas en todo el mundo.
Las empresas chinas son conocidas por expandirse rápidamente dentro de su propio país antes de aventurarse en el extranjero, donde se enfrentan a mayores desafíos a la hora de escalar sus operaciones.
Para empezar, existe un desafío relacionado con la percepción. A menudo, los productos chinos son vistos como artículos baratos, de baja calidad o meras imitaciones.

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Anta ha intentado superar esta barrera mediante adquisiciones como parte de un enfoque que denomina "estrategia multimarca".
La primera gran jugada de la compañía consistió en adquirir los derechos de Fila en China en 2009, convirtiendo la marca de origen italiano en una de las principales fuentes de ingresos de su negocio, según explica Elisa Harca, de la agencia de marketing china Red Ant Asia.
En 2019, Anta adquirió una participación mayoritaria en la marca finlandesa de artículos deportivos Amer Sports. Esta operación otorgó a Anta el control sobre las filiales de Amer, entre las que se incluían marcas de alta gama como Arc'teryx y Salomon.
Anta también es propietaria de Wilson, el fabricante estadounidense de raquetas de tenis y pelotas utilizadas por la Asociación Nacional de Basketball (NBA) y, este año, adquirió una participación del 29% en Puma, lo que le permitió ayudar a la firma alemana a expandirse en China.
Se trata de movimientos que ayudan a Anta a evitar "imponer" sus productos en todos los mercados y, en su lugar, utilizar sus marcas occidentales como puerta de entrada, afirma el analista de negocios Rufio Zhu, de la agencia global de marketing deportivo IMG.
De este modo, Anta puede llegar a compradores que podrían mostrarse recelosos ante una marca con el sello "hecho en China", señala Zhu.

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El patrocinio a personas famosas constituye un activo fundamental para una marca global. Nike, por ejemplo, selló su emblemático acuerdo con Michael Jordan en la década de 1980.
Anta ha fichado a jugadores de basketball como Klay Thompson y Kyrie Irving. Sin embargo, aún no se han concretado acuerdos del tamaño de los que forjaron el prestigio de marcas como Nike o Adidas.
Además, ser una marca china conlleva ciertos obstáculos, dada la tensa relación de Pekín con Occidente y, en particular, con Estados Unidos.
La esquiadora nacida en Estados Unidos, Eileen Gu -embajadora de la marca Anta- se convirtió en objeto de intenso escrutinio después de que su decisión de representar a China en lugar de a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos.
Las empresas que alcanzan una gran envergadura deben mantener un delicado equilibrio entre China y Occidente, sostiene Kan. "Marcas como Anta deben estar preparadas para ello".
Un cambio de rumbo
El auge de Anta se produce en un momento en que rivales como Nike y Adidas se enfrentan a sus propios desafíos, tanto a nivel mundial como al interior de China.
Los aranceles estadounidenses han afectado sus beneficios, dado que importan productos fabricados en Asia.
Nike también pelea por reactivar sus ventas, ya que su apuesta por el comercio electrónico resultó contraproducente después de la pandemia tras la Covid-19. Asimismo, la demanda en China se ha desacelerado debido al bajo consumo.
Estas dificultades sitúan a Anta en una posición ventajosa en el extranjero, especialmente ante el creciente interés de los consumidores por otras marcas, señala el experto en marketing deportivo Zhu.
"La cuestión no es si Anta logrará aumentar su visibilidad, sino si sus competidores serán capaces de adaptarse con la rapidez suficiente para defender su propio terreno", agrega Zhu.

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Mientras tanto, China está "preparando a sus fabricantes para el futuro" mediante el despliegue acelerado de robots en las fábricas, lo que agiliza la producción y podría reducir los costes, añade Fei.
La apertura de la primera tienda de Anta en Estados Unidos se produjo tras años de comercializar sus productos en el país a través de grandes almacenes.
Sus paredes están revestidas de estanterías repletas de zapatillas deportivas y calzado de basketball: dos segmentos de mercado que Anta debe conquistar en EE.UU. para poder competir con Nike o Adidas.
La compañía reconoce que aún le queda un largo camino por recorrer.
"Somos realistas en cuanto a la competencia, pero el panorama mundial de la ropa deportiva no es un juego de suma cero", le dijo a BBC un portavoz de Anta.
"Confiamos en que los amantes del deporte sabrán reconocer las innovaciones y el valor de marca que ofrece Anta", agregó.
Información adicional de Adam Hancock.
- Osmond Chia
- Título del autor,Periodista de Negocios de BBC News
viernes, 5 de junio de 2026
La economía de Rusia saca un último as de la manga cuando parecía muerta: el "inexplicable" milagro que la convierte en el mayor productor de oro del mundo

- Según las cifras ofrecidas, Rusia estaría produciendo un 50% más de oro
- De ser real, este oro podría ser un pequeño sostén para sus maltrechas finanzas
La producción de oro ruso era uno de los secretos mejor guardados de los últimos años. Desde que comenzó la invasión de Ucrania, Moscú había ocultado con gran recelo este dato que hasta entonces había ido publicando de forma anual. Esta semana, Rusia ha publicado su primera estimación de producción de oro en años, anunciando una cifra que supera con creces las expectativas de la industria independiente y que, de ser precisa, la convertiría en el principal productor mundial, superando a China.
El país debería extraer entre 480 y 500 toneladas este año, según declaró el ministro de Recursos Naturales, Alexander Kozlov, a la agencia estatal de noticias TASS. Según el informe del martes, Kozlov indicó que el volumen del año pasado podría haber rondado las 480 toneladas. El ministerio confirmó a Bloomberg que Kozlov se refería a los volúmenes de oro extraídos, sin dar más detalles. Sin embargo, dos ejecutivos de importantes mineras de oro rusas, que hablaron bajo condición de anonimato, se mostraron escépticos ante la cifra, que les resulta inexplicable. Para comprender el alcance de estos números, se calcula que la producción de oro mundial cada año ronda las 3.000 o 3.500 toneladas, por lo que de ser cierta la cifra de producción rusa le daría un enorme poder sobre el nuevo oro que se produce cada año en todo el mundo.
Tamaña producción de oro podría tener implicaciones económicas en un momento crucial para Moscú. Ni el mayor precio del petróleo y el gas estaban logrando resucitar a una economía rusa que cada día parece levantarse con un nuevo dolor de cabeza. El riesgo de una crisis bancaria, la desaceleración de la inversión (en mínimos de 2019), la acuciante falta de personal, el incremento de costes o la debilidad de la demanda están llevando a la economía rusa al límite. Tal es así que incluso los asesores más cercanos a Putin empiezan a plantear la cuestión de la sostenibilidad de la guerra contra Ucrania. Si bien es cierto que este dato de producción de oro no es un game changer, si se suman los ingresos extra por petróleo, por gas, por ciertos metales que produce Rusia y esta producción récord de oro, sí se podría decir que la posición 'patrimonial' de Rusia es un pelín menos compleja. Ahora lo que hace falta es comprobar que los datos son reales y no una distracción del Kremlin en su intento por mostrar al mundo una realidad diferente a lo que se vive en sus calles.
El anuncio, en cualquier caso, es relevante para el mercado, ya que Moscú dejó de publicar datos oficiales sobre la producción de oro tras la invasión de Ucrania en 2022. Pero también resulta sorprendente, ya que es aproximadamente un 50% superior a la producción minera rusa prevista para 2024 por el Consejo Mundial del Oro (CMO), y el país no ha puesto en marcha ningún yacimiento nuevo importante en los últimos años que le permita aumentar rápidamente la producción.
Las cifras de producción minera anunciadas por el ministro son "inesperadas" e "inexplicables", afirma John Reade, estratega jefe del CMO, organismo financiado por los productores. Según datos publicados por el CMO, el país extrajo unas 330 toneladas de oro en 2024, la segunda mayor cantidad después de las 380 toneladas de China. Incluso si la previsión se refiriera a la producción total de Rusia -que incluye el suministro procedente del reciclaje-, seguiría siendo elevada.
En cada uno de los tres años hasta 2021, la producción total del país superó el suministro minero entre 50 y 60 toneladas, según datos del Ministerio de Finanzas. Aun así, es posible que el suministro de chatarra haya aumentado debido a los altos precios del oro y a las dificultades económicas que atraviesa Rusia.
La principal empresa minera de oro de Rusia, Polyus PJSC, se está preparando para poner en marcha Sukhoi Log, uno de los yacimientos de oro más grandes del mundo, lo que podría ayudar a que la producción de la empresa se duplique con creces una vez que la mina alcance su pleno rendimiento a finales de la década.
La consultora independiente Metals Focus estima que la producción aurífera rusa fue de 345 toneladas el año pasado, y espera que "esta cifra aumente interanualmente a medida que se pongan en marcha las ampliaciones de las explotaciones existentes y las nuevas minas, como Sukhoi Log", ha afirmado Sarah Tomlinson, directora de suministro minero de la empresa. El año pasado, el país produjo unas 360 toneladas de oro, señalaba en abril Mikhail Leskov, redactor jefe de la revista rusa Gold and Technologies, en una conferencia del sector celebrada en Moscú.
Monetizando el oro
El Banco Central de Rusia -que en su día fue el mayor comprador soberano de oro del mundo- podría haber recaudado más de 4.000 millones de dólares con la venta de unas 28 toneladas de oro de sus reservas este año, y comenzó a reducir sus reservas el año pasado para ayudar a cubrir el déficit presupuestario. Altos funcionarios del Gobierno ya han advertido al presidente Vladímir Putin de que el gasto en la guerra de Ucrania se está disparando hasta niveles insostenibles.
Llama la atención esta dinámica cuando un informe publicado el pasado mes de noviembre por los analistas de materias primas de Société Générale señalaba que las reservas de oro del Banco Central de Rusia, en términos de tonelaje, se habían mantenido prácticamente sin cambios desde la invasión de Ucrania, con su valor aumentando notablemente.
En cualquier caso, los analistas Mike Haigh y Ben Hoff incidían en lo bien que le vendría a Rusia liquidar oro para mantener su esfuerzo bélico, más en ese momento en el que los ingresos petroleros sucumbían entre mayores sanciones internacionales y unos precios a la baja: "Según estimaciones recientes, se prevé que Rusia haya destinado 145.000 millones de dólares a gastos militares en 2025, lo que supone un aumento del 25% con respecto a 2024, mientras que su producción de oro se valora aproximadamente en 24.000 millones de dólares (330 toneladas de producción anual de oro). Las exportaciones de oro (si se suman únicamente a las de petróleo) constituyen un componente crucial de los ingresos del Estado y, por sí solas, alcanzan fácilmente el nivel de los gastos militares".
En el informe, los estrategas del banco francés explicaban cómo, desde la invasión rusa de Ucrania y la imposición de sanciones, las exportaciones rusas de oro al Reino Unido cesaron por completo y se redujeron drásticamente a Suiza. Según datos de Global Trade Tracker, los flujos de Rusia parecen haberse desviado a través de Hong Kong y países de la CEI (antiguas repúblicas soviéticas) como Uzbekistán, Kazajistán y Armenia.
Específicamente, Rusia exportó 382 toneladas en 2023 y 281 toneladas en 2024. Esta no es la primera vez que observamos una aceleración en las ventas de oro ruso. El confinamiento por el covid redujo la demanda de petróleo y gas, y las ventas de oro ayudaron a cubrir ese vacío (317 toneladas en 2020). A diferencia de otros activos, el oro puede moverse con facilidad en secreto, observaban en su investigación Haigh y Hoff.
"Desde 2022, Rusia parece haber estado exportando casi toda su producción de oro a los antiguos países de la CEI debido a las sanciones occidentales, que presumiblemente han reexportado el tonelaje, ya que la producción (después de ajustar por la actividad del banco central) en esos estados de la CEI es menor que las exportaciones totales. Parece que algo cambió en 2025 con respecto a las exportaciones de oro rusas (y luego a las reexportaciones). Es probable que el país siga produciendo su nivel normal de oro (330 toneladas). Si no está exportando, cabría esperar que el tonelaje del Banco Central aumentara, como vimos entre 2019 y 2022. Todavía no vemos esto reflejado en los datos. Sin embargo, si ese tonelaje no se exporta, eso significa que no se están generando 24.000 millones de dólares en ingresos por ventas internacionales", remachaban ambos analistas antes de confirmarse las ventas de 28 toneladas este año de las que informa Bloomberg.
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