viernes, 9 de octubre de 2026

Reino Unido se queda sin millonarios: la fuga de grandes patrimonios amenaza la recaudación, la inversión y el empleo

 




Reino Unido se queda sin millonarios: la fuga de grandes patrimonios amenaza la recaudación, la inversión y el empleo


El número de británicos con un patrimonio superior al millón de libras cae a 442.000, el nivel más bajo desde la crisis financiera de 2008. Un informe del Adam Smith Institute alerta de esta dinámica y advierte sobre el impacto que tiene sobre la presión fiscal que soporta el resto de contribuyentes y el deterioro del clima macroeconómico provocado por esta situación.

Los datos son claros. Reino Unido está perdiendo millonarios a marchas forzadas. El número de adultos residentes en el país con un patrimonio neto superior al millón de libras, medido a precios constantes, ha caído hasta 442.000 personas, según la última actualización del Millionaire Tracker elaborada por el Adam Smith Institute (ASI). La cifra supone un descenso del 7% desde 2024 y sitúa el volumen de grandes patrimonios en su nivel más bajo desde la crisis financiera de 2008.

Si comparamos los niveles apreciados en torno a 2021-2022 con las cifras de 2025-2026, encontramos de hecho que la caída es de una magnitud aún más acusada. Así, después de superar el millón de millonarios, los registros reflejan una caída a alrededor de 680.000 en 2022, poco más de 500.000 en 2023 y menos de medio millón desde entonces, hasta alcanzar los 442.000 actuales.

El ASI relaciona de forma directa esta evolución con el deterioro del atractivo fiscal y económico de Reino Unido. Entre los motivos que están empujando a los grandes patrimonios a marcharse cita los elevados niveles de tributación, las amenazas de nuevas subidas —incluida la posibilidad de introducir un impuesto sobre el patrimonio—, la abolición del histórico régimen fiscal de los non-doms que ofrecía un tratamiento fiscal favorable a determinados residentes cuyo domicilio se encontraba fuera del Reino Unido a pesar de que parte de su actividad se desarrollaba en las islas y, de manera más general, lo que considera una creciente hostilidad política y cultural hacia los creadores de riqueza.



El problema de fondo

El problema, sin embargo, va mucho más allá de que algunas personas adineradas cambien Londres por otras capitales. Cuando se marcha un gran patrimonio también se desplazan capacidad de inversión, consumo, ahorro, actividad empresarial y recaudación tributaria. Una menor presencia de empresarios e inversores implica menos capital disponible para financiar compañías, menos creación o expansión de negocios y, en consecuencia, un impacto potencial sobre el empleo y los salarios.

También existe un efecto sobre la demanda agregada. Los hogares de renta y patrimonio elevados presentan un nivel de gasto absoluto muy superior a la media, especialmente en vivienda, restauración, servicios profesionales, ocio, educación o consumo de bienes de alto valor añadido. Su salida significa que parte de ese gasto deja de producirse en Reino Unido y pasa a alimentar la actividad económica y la recaudación de otros países.

Pero quizá la consecuencia más inmediata sea fiscal. El ASI recuerda que el 1% de los contribuyentes con mayores ingresos aporta el 29,1% de toda la recaudación británica por el impuesto sobre la renta, precisamente la mayor fuente individual de ingresos tributarios para el Tesoro. La creciente concentración de la recaudación en una pequeña fracción de contribuyentes convierte la fuga de grandes fortunas en un riesgo especialmente relevante para las cuentas públicas.

De ahí que la discusión sobre la marcha de millonarios tenga también implicaciones para la financiación del Estado del bienestar. Cada contribuyente de renta muy alta que abandona el país puede representar menos ingresos disponibles para financiar sanidad, defensa, pensiones o cualquier otro servicio público, mientras una parte de su inversión y de su consumo se traslada a la jurisdicción que pasa a acogerle.

Compleja metodología

El punto de partida del cálculo del Adam Smith Institute es la riqueza neta de los hogares recogida por las Cuentas Nacionales de la Oficina Nacional de Estadística británica (ONS). En 2024 ascendía a aproximadamente 10,75 billones de libras. A partir de esta cifra, el instituto estima mediante una distribución de Pareto cuántas personas se sitúan por encima del umbral del millón.

El tracker del ASI ofrece además dos fórmulas distintas. Una contabiliza los patrimonios superiores a un millón de dólares nominales, siguiendo una definición comparable con la empleada por UBS en su Global Wealth Report y, por tanto, influida también por la evolución del tipo de cambio entre la libra y el dólar. La otra utiliza el umbral de un millón de libras en términos reales, eliminando el efecto de la inflación y de las fluctuaciones de las divisas. De esta manera, los resultados son más robustos.

La evolución de los llamados millonarios líquidos aporta igualmente perspectiva. En 2015 Reino Unido tenía 609.900, mientras que en 2022 todavía registraba 612.300. En la actualidad, su número se sitúa un 8% por debajo del nivel de 2007. El ASI considera que estos datos tampoco permiten atribuir al Brexit una reducción estructural significativa: pese a la volatilidad surgida después del referéndum de 2016, el volumen tendió durante años a estabilizarse alrededor de los 600.000.

Cambios fiscales

El deterioro más reciente coincide, en cambio, con importantes modificaciones fiscales. Una de ellas es la desaparición del régimen de los non-doms, que durante décadas permitió a determinados residentes británicos domiciliados fiscalmente en otros países beneficiarse de un tratamiento específico para sus rentas y ganancias obtenidas en el extranjero.

El nuevo marco amplía la exposición fiscal de estos contribuyentes a rentas y activos internacionales. El ASI señala que abogados especializados en grandes patrimonios, agentes inmobiliarios y family offices llevan tiempo advirtiendo del riesgo de que una parte de estos residentes opte simplemente por abandonar Reino Unido. Una extensión adicional del impuesto de sucesiones a los activos globales podría, según el instituto, intensificar todavía más estas salidas.

La tributación de las herencias constituye precisamente otro de sus focos de preocupación. Reino Unido presenta, según el ASI, el quinto tipo de impuesto sobre sucesiones más elevado de la OCDE. Estados Unidos aplica un tipo máximo similar, pero el instituto recuerda que el umbral patrimonial a partir del cual empieza a operar es aproximadamente diez veces superior.

También apunta al impuesto sobre las rentas del capital. Una subida adicional de este gravamen, o su equiparación con los tipos del impuesto sobre la renta, aumentaría el coste de invertir y afectaría especialmente a los grandes patrimonios líquidos, muchos de los cuales obtienen buena parte de sus ingresos precisamente a través de las plusvalías generadas por sus inversiones.

A todo ello se suma un elemento menos cuantificable, pero que el Adam Smith Institute considera creciente: el cambio cultural en la relación de Reino Unido con la riqueza. Así, el centro cita los trabajos del historiador, sociólogo y colaborador de LD, Rainer Zitelmann, sobre la opinión pública hacia los ricos y sostiene que, desde la crisis de 2008, se ha extendido una actitud política y social mucho más negativa hacia millonarios y empresarios.

El incremento del impuesto de sociedades, la congelación de determinados umbrales fiscales, la fiscalidad sobre las escuelas privadas y una retórica política cada vez más crítica con las rentas altas contribuirían, según este análisis, a generar la sensación entre empresarios y grandes inversores de que ya no son especialmente bienvenidos en Reino Unido.

El Adam Smith Institute reclama por ello un cambio de rumbo. Sus propuestas pasan por reducir el impuesto sobre las ganancias de capital, evitar su integración con el impuesto sobre la renta, sustituir el impuesto de sociedades por un impuesto sobre el flujo de caja, abolir el impuesto de sucesiones non-doms y grandes patrimonios con el de otras jurisdicciones.

La cuestión de fondo es que la competencia fiscal por atraer capital humano y financiero es internacional. Los millonarios pueden trasladarse y, con ellos, también pueden hacerlo sus empresas, inversiones y bases imponibles. Reino Unido, que durante décadas fue uno de los principales centros mundiales para la llegada de riqueza internacional, afronta ahora el riesgo contrario: que una política concebida para recaudar más de los ricos termine dejando al país con menos ricos a los que cobrar impuestos.


Diego Sánchez de la Cruz
17/8/2026 - 05:25

https://www.libertaddigital.com/libremercado/2026-08-17/reino-unido-se-queda-sin-millonarios-la-fuga-de-grandes-patrimonios-amenaza-la-recaudacion-la-inversion-y-el-empleo-7448794/

jueves, 8 de octubre de 2026

 




  • Producir un coche en Marruecos cuesta alrededor de 106 dólares en costes laborales
  • En España, el mismo coche costaría cerca de 1.000 dólares
  • La economía de Marruecos hace valer sus bajos costes para atraer a la industria


La economía de Marruecos está muy lejos de ser catalogada como 'desarrollada'. Los bajos niveles relativos de renta, el elevado desempleo juvenil o la gran dependencia de las remesas evidencian que la economía aún tiene mucho camino que recorrer. Sin embargo, ser una economía en desarrollo genera ciertas ventajas que, normalmente, son las que permiten reducir la brecha con los países avanzados. La más importante, probablemente, son los costes laborales. Los bajos salarios y una fuerza laboral abundante se convierten en un gran atractivo para que las multinacionales y otras empresas instalen sus fábricas y negocios en dichos países. Marruecos no solo no es una excepción, sino que es un gran ejemplo de esto. La fuerte inversión extranjera directa está ayudando a que la economía crezca a un ritmo relativamente elevado. La economía marroquí crecerá este año entre un 4,2 y un 5%, el doble que la de España (se prevé un 2,4%), esta diferencia se debe, en parte, a que Marruecos produce cada vez más coches, mientras que España fabrica cada vez menos. El gran diferencial de costes laborales, junto a otros factores, están llevando a que Marruecos le gane la partida a España.

Desde elEconomista.es se viene insistiendo en que la economía de Marruecos está intentando seguir los pasos de la economía española pero en una versión 'low cost'. La renta per cápita de Marruecos, según los últimos datos del FMI, apenas llega a los 5.100 dólares, mientras que la de España supera los 41.500. La renta per cápita es un 'proxy' de los salarios brutos del país, lo que a su vez revela las diferencias de costes laborales entre ambas naciones. Los bajos costes de Marruecos son la gran ventaja comparativa frente a España y la está sabiendo aprovechar.

Cuando se habla de que Marruecos se ha convertido en una economía que 'imita' a la española pero en versión 'low cost' lo que se quiere decir es que ha optado por vectores comunes de crecimiento en un orden similar. Ambos países destacan por una producción agraria fuerte en el pasado que cedió el testigo primero a un pujante turismo y después a una automoción que necesitaba globalización y costes más baratos. Cuando la fruta española empezó a subir de precio y a salir en dirección Europa, la fruta de Marruecos empezó a entrar en abundantes cifras en España. A medida que España se ha convertido en una meca mundial del turismo y sus precios han subido, Marruecos se ha convertido en un destino alternativo de referencia.

En el caso concreto del automóvil, Marruecos está experimentando ahora un auge equiparable al que tuvo España medio siglo atrás. En los años 60 y 70, a lomos de la apertura económica que empezaba a experimentar España, comenzó a entrar en el país capital extranjero y diversas grandes marcas internacionales abrieron plantas en el país. Aunque en Marruecos marcas históricas francesas como Renault llevan décadas y décadas con centros de producción en el país, en los últimos años se ha producido un boom en el que la entrada de capital chino para fabricar baterías de vehículos eléctricos es el mejor ejemplo.

La realidad ahora es que la industria española del automóvil tiene ante sí un competidor que juega con una ventaja difícil de contrarrestar únicamente mediante mejoras de eficiencia. Producir un vehículo en Marruecos implica un coste laboral medio de apenas 106 dólares, frente a los 955 dólares de España, según un estudio de Oliver Wyman elaborado por Daniel Hirsch, Jim Schmidt y Jennifer Wong. El coste en España es nueve veces superior al marroquí, o, visto desde el otro lado, Marruecos presenta un coste laboral por vehículo aproximadamente un 89% inferior. Además, con un análisis más profundo, la brecha coincide con trayectorias industriales completamente opuestas.

Entre 2019 y 2024 la producción automovilística marroquí aumentó un 29%, el mayor avance entre los países analizados, mientras que la española retrocedió un 17%. Marruecos ocupa ya el primer puesto mundial entre los países estudiados por menor coste laboral por vehículo, mientras España aparece en la zona media de la tabla. De hecho, un ejemplo que no es más que eso (aunque quizá sea lo más ilustrativo de este artículo) es que el Dacia Sandero, el coche más vendido en España, se fabrica en Marruecos. Para el mercado europeo, este coche se hace de forma exclusiva en las plantas de Tánger y Casablanca (Somaca).

La comparación, más allá de la anécdota del Dacia, requiere una precisión mayor que porta el informe. Oliver Wyman no se limita a enfrentar salarios, sino que utiliza el coste laboral por vehículo (una especie de costes laborales unitarios), una medida mucho más interesante para determinar la competitividad real de una fábrica porque combina remuneraciones y productividad. El equipo de The Harbour Report analizó más de 250 plantas de ensamblaje de todo el mundo y estudió plantillas, salarios, producción y estrategias de aprovisionamiento de subconjuntos y servicios, utilizando información disponible hasta finales de 2024. Además, incluye fábricas de vehículos de combustión, híbridos y eléctricos.

La importancia del indicador reside en que el trabajo supone normalmente entre el 65% y el 70% del coste total de conversión de un vehículo. El resto procede de elementos como energía, mantenimiento, materiales indirectos, alquileres y depreciación. Por tanto, los 106 dólares de Marruecos no significan simplemente que un trabajador marroquí cobre mucho menos que uno español, sino que el coste de la mano de obra necesario para sacar un automóvil terminado de la fábrica es extraordinariamente inferior.

Marruecos es el gran centro de producción

Marruecos representa, de hecho, uno de los grandes cambios que detecta Oliver Wyman en el mapa mundial del automóvil. "China ya no es el país con el menor coste laboral por vehículo", constatan Hirsch, Schmidt y Wong. Marruecos, Rumanía y México pagan actualmente salarios inferiores y, al mismo tiempo, el aumento de sus volúmenes de producción y productividad los ha colocado en las primeras posiciones mundiales. El caso marroquí es especialmente significativo para Europa porque se encuentra a las puertas del continente y se ha integrado directamente en las cadenas industriales europeas.

El Grupo Renault fue uno de los primeros actores importantes del sector privado en impulsar el sector automotriz moderno de Marruecos, estableciendo la planta de Casablanca (SOMACA) en 1959 y, posteriormente, inaugurando la planta de Tánger en 2012. Aprovechando el éxito de Renault, el Grupo PSA (Peugeot Citroën) inauguró una planta de fabricación de 630 millones de euros en Kenitra, que comenzó a operar en 2019. Después llegó el referido capital chino y ahora estas inversiones han propiciado una mayor participación de las empresas locales. Neo Motors, una marca de automóviles nacional, produce actualmente vehículos con el 90% de sus componentes de origen marroquí.

Este frenético auge del automóvil está dejando al reino alauita con unas cifras de producción que amenazan las de países europeos como Polonia e incluso las de históricos como Italia, 'cuna' de la velocidad. Como en el caso de la España de hace cinco décadas, la mentalidad de fondo es clara. "Se aplica la misma lógica: tratar de aprovechar al máximo una fuerza laboral cualificada y relativamente barata que se encuentra fuera, pero cerca, del mercado central europeo", reconoció hace meses François Conradie, analista de Oxford Economics, en unas declaraciones a elEconomista.es.

Esta historia de éxito automotriz de Marruecos se ha desarrollado paso a paso. El Plan de Emergencia de 2005 estableció objetivos sectoriales claros e impulsó la modernización industrial de Marruecos. El gobierno desarrolló puertos y zonas industriales en Tánger y Kenitra (facilitando el envío rápido a Europa), ofreció incentivos fiscales, financiación en condiciones favorables y subvenciones para la formación, además de simplificar los trámites aduaneros. Años más tarde, la política del Plan de Aceleración Industrial (PAI) 2014-2020 estableció clústeres automovilísticos especializados, como la Ciudad Automovilística de Tánger y la Zona Franca Atlántica de Kenitra, ampliando los incentivos.

"Marruecos se ha convertido en el centro de producción de bajo coste para los fabricantes franceses", constatan los expertos de Oliver Wyman, comparando su función con la que México ha desempeñado durante cuatro décadas para los grandes fabricantes de Detroit. El desplazamiento ha alcanzado tal magnitud que los fabricantes franceses producen ya más de la mitad de sus vehículos fuera de Francia.

El fenómeno ayuda a entender también por qué España, pese a conservar una poderosa industria automovilística, está sometida a una presión creciente. Sus 955 dólares de coste laboral por vehículo siguen estando claramente por debajo de Francia, con 1.569 dólares, Italia, con 2.067, Reino Unido, con 2.333, y especialmente Alemania, con 3.307 dólares. España mantiene, por tanto, una importante ventaja respecto al núcleo industrial de Europa occidental, pero se encuentra muy lejos de Marruecos, Rumanía, con 273 dólares, México, con 305, Turquía, con 414, China, con 597, Polonia, con 663, o República Checa, con 691.

La amenaza no procede únicamente de China. Se está formando alrededor de Europa una nueva geografía industrial de países capaces de fabricar vehículos a una fracción del coste laboral de las grandes economías occidentales, y Marruecos es su expresión más extrema. Oliver Wyman señala precisamente que la deslocalización hacia México y lugares como Marruecos "ha mantenido bajo el coste laboral por vehículo", especialmente entre los fabricantes generalistas.

Pero el informe también ofrece una importante advertencia contra la conclusión fácil de que salarios elevados equivalen necesariamente a desaparición de la industria. Japón constituye probablemente el mejor ejemplo. Su coste laboral alcanza los 769 dólares por vehículo, más de siete veces el de Marruecos, pero sigue siendo competitivo gracias a su extraordinaria productividad y se encuentra prácticamente al nivel de las modernas plantas de Europa del Este.

Los fabricantes generalistas consiguen además un coste medio mundial de 880 dólares apoyándose en grandes volúmenes, fábricas ya amortizadas, menor depreciación y redes industriales diversificadas entre países caros y baratos. La receta consiste en compensar el salario mediante productividad. Oliver Wyman destaca que Hyundai, Renault y Stellantis contienen sus costes mediante "procesos de fabricación eficientes" y pocas horas de ingeniería por vehículo. Japón demuestra así que una economía avanzada no necesita competir pagando salarios marroquíes si consigue producir mucho más eficientemente con cada hora trabajada.

La gran ventaja china

El problema se vuelve mucho más serio cuando salarios altos coinciden con baja productividad, elevada complejidad y costes adicionales elevados, algo que el informe observa particularmente en Alemania. Sus fabricantes soportan 3.307 dólares de coste laboral por vehículo como consecuencia, según Oliver Wyman, de "sindicatos fuertes y una regulación estricta de las horas de trabajo", pero el golpe se amplifica por una productividad laboral inferior, salarios elevados, mayores costes de depreciación y vehículos mucho más complejos.

Un automóvil chino necesita aproximadamente la mitad de horas de ingeniería que uno de los fabricantes europeos premium y sus plantas suelen ser instalaciones nuevas diseñadas desde cero, con tecnología avanzada y menos variantes y componentes. Además, la energía puede cambiar sustancialmente la fotografía aunque no forme parte del indicador laboral. Las fábricas alemanas sufren el encarecimiento del gas desde la invasión de Ucrania, mientras las francesas se benefician de su mayor dependencia de la energía nuclear. Es decir, el salario importa mucho, pero no decide por sí solo dónde sobrevive una fábrica. Diseño, escala, automatización, energía, amortización de las instalaciones, logística y complejidad del producto pueden compensar parcialmente una mano de obra cara.

España se encuentra precisamente en esa encrucijada. No soporta todavía el problema extremo de Alemania, Francia o Italia, pero tampoco puede competir con Marruecos mediante salarios. La distancia de 849 dólares por automóvil es demasiado grande y, además, Marruecos no solo ofrece costes bajos, sino que está aumentando producción y productividad, justamente la combinación que Oliver Wyman identifica como responsable de su ascenso. La respuesta para las fábricas españolas pasa necesariamente por el otro lado de la ecuación. Los autores recomiendan a los fabricantes generalistas invertir en tecnología digital, automatización logística, sistemas de visión y herramientas que eleven la productividad, además de simplificar los vehículos y reorganizar las cadenas de suministro.

Para los fabricantes europeos de mayor coste son todavía más importantes si cabe. Oliver Wyman calcula que los premium deberían llevar su coste laboral hacia 1.500 dólares por vehículo, un 33% menos que actualmente, pero reconoce que reducir salarios sería "difícil e impopular", por lo que la solución debe proceder fundamentalmente de la productividad. Esa es también la batalla que se abre para España. Marruecos difícilmente puede ser derrotado en el terreno salarial. La posibilidad de conservar la producción pasa por fabricar mejor, más rápido y con mayor valor añadido por cada hora de trabajo.


https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14015917/09/26/la-economia-de-marruecos-aprovecha-su-gran-ventaja-frente-a-espana-para-llevarse-la-industria-del-automovil-producir-un-coche-alli-cuesta-nueve-veces-menos.html

miércoles, 7 de octubre de 2026

La revolución laboral de Países Bajos, la economía donde casi nadie quiere trabajar a tiempo completo, golpea a las poderosas agencias de empleo

 


  • El 43% de los trabajadores en Países Bajos tiene un empleo a tiempo parcial
  • De todo ese trabajo a tiempo parcial, solo el 2,2% es involuntario
  • Las agencias de empleo no logran encontrar trabajadores como antes


Si a un economista le hablan de un país que tiene una tasa de temporalidad del 25% y que el 42% del empleo es a tiempo parcial (personas que trabajan menos de 35 horas a la semana), probablemente aseguraría que esos datos se corresponden con un país en desarrollo o relativamente pobre. Sin embargo, estos datos pertenecen a una de las economías más ricas del mundo, con un mercado laboral que funciona casi a la perfección y que poco a poco se está convirtiendo en el ejemplo a seguir de Europa. Pese a todo, Países Bajos se enfrenta, como otras economías de Europa, a una escasez crónica de trabajadores, agudizada por la gran cantidad de empleados a tiempo parcial que no quieren trabajar más horas. Esta escasez debería ser 'oro' para las agencias de colocación de empleo (parece lógico que si yo como empresario no encuentro candidatos recurra a una empresa especializada), sin embargo, está forzando a que este sector (con mucho poder en Países Bajos) se reinvente a marchas forzadas. El resultado podría ser un mercado laboral algo diferente.

La economía de Países Bajos es la más rica de Europa después de Irlanda (cuyo PIB plantea algunos problemas de distorsión por la actividad de las multinacionales) y Luxemburgo. Con una renta per cápita de 51.400 euros, según Eurostat, una tasa de paro del 4%, un déficit público del 1,6% y una deuda pública del 44% sobre el PIB es una de las economías 'modelo' de Europa. Un modelo económico que, sin embargo, tiene un 42% de empleo a tiempo parcial (la gran mayoría voluntario, es decir, empleados que quieren trabajar menos horas para dedicar más tiempo al ocio, criar a sus hijos...) y un 25% de empleo temporal.

Un mercado laboral singular

Para afinar más la cifra y entender que el mercado laboral de Países Bajos es diferente. Es la economía con más empleo a tiempo parcial de toda Europa, pero al mismo tiempo es el país con menor empleo a tiempo parcial involuntario, solo el 2,2%. Los holandeses trabajan pocas horas porque quieren y pueden. Por ejemplo, en España hay mucho menos empleo a tiempo parcial pero, del que hay, el 45% es involuntario, es decir, son personas que querrían o necesitarían trabajar una jornada completa o más horas, pero no pueden hacerlo. Los 'buenos' datos del mercado holandés no libran al país de algunos problemas que afligen al resto del continente como el envejecimiento de la fuerza laboral o las amenazas de un petróleo más caro o las turbulencias en el comercio internacional (Países Bajos es una economía muy abierta que exporta e importa gran cantidad de bienes y servicios). Estos cambios en el mercado laboral están modificando el papel de las agencias de empleo en el país.

La escasez de trabajadores se ha convertido en uno de los grandes problemas estructurales de las economías europeas y Países Bajos empieza a mostrar una de sus consecuencias más curiosas. La falta de mano de obra debería ser, sobre el papel, el escenario perfecto para las empresas dedicadas precisamente a encontrar trabajadores, pero está ocurriendo prácticamente lo contrario. ING Research advierte de que la escasez estructural de empleados, unida al endurecimiento de la regulación, el aumento de los costes y la revolución tecnológica, está obligando a las poderosas agencias de trabajo temporal neerlandesas a reinventar un modelo de negocio que durante décadas descansó fundamentalmente sobre el volumen, contrataciones en masa de trabajadores que precedían de muchas partes de Países Bajos, Europa o incluso el mundo.

"La escasez estructural de mano de obra, una regulación más estricta, el cambio tecnológico y la continua presión sobre los márgenes están obligando a las empresas de trabajo temporal a replantearse su modelo de negocio tradicional", resume Katinka Jongkind, analista de ING Research. Este hecho se aprecia perfectamente en las cifras. La economía neerlandesa vuelve a ganar algo de tracción y las empresas disponen de mayor margen para invertir y contratar, pero Katinka Jongkind, economista de ING, solo espera que las horas trabajadas en el sector flexible aumenten un 1% en 2026 y otro 1,5% en 2027.

Las agencias de nicho triunfan

El punto de partida tampoco es especialmente boyante. Después de dos años de contracción, las horas trabajadas apenas crecieron un 0,5% el pasado ejercicio y la recuperación está siendo muy desigual. Son las pequeñas compañías especializadas y de nicho las que están creciendo, mientras las grandes agencias continúan perdiendo volumen. Entre las empresas pertenecientes y que colabora con la patronal ABU (la gran patronal de las agencias de empleo), las horas trabajadas llevan descendiendo ininterrumpidamente desde marzo de 2022. La recuperación económica existe, pero cada vez resulta menos evidente que tenga que traducirse automáticamente en una recuperación equivalente del empleo temporal tradicional.

La transformación se acelera, además, porque contratar trabajadores temporales es ahora considerablemente más caro. El nuevo convenio colectivo introducido a comienzos de 2026 obliga a garantizarles unas condiciones laborales al menos equivalentes a las de los empleados que realizan trabajos comparables dentro de la empresa cliente y establece que los derechos de pensión comiencen a acumularse desde el primer día, en lugar de después de un año.

Las agencias intentan trasladar esa factura a las compañías, lo que encarece sus servicios. ING calcula que sus tarifas aumentarán una media del 6,5% este año. Pero ni siquiera semejante incremento permitirá recuperar completamente el golpe. Los contratos a largo plazo dificultan repercutir todos los costes y, simultáneamente, las empresas deben gastar más en tecnología, digitalización y cumplimiento normativo. El resultado es especialmente significativo para el mercado laboral neerlandés que durante décadas ha usado estas grandes agencias para dinamizar un mercado laboral flexible como un chicle, adaptado a una economía igualmente dinámica. La flexibilidad que proporcionaba contratar rápidamente trabajadores para cubrir una baja o afrontar un pico de demanda se está encareciendo considerablemente.

El cambio no ha terminado

La siguiente vuelta de tuerca llegará en 2027. La entrada en vigor de la Ley de Admisión de Agencias de Trabajo Temporal obligará a las empresas que suministran trabajadores a obtener una certificación, demostrar que cumplen las normas laborales y fiscales y aportar una garantía financiera de 100.000 euros. Desde ING esperan que estas exigencias aceleren la consolidación del sector porque las compañías más pequeñas tendrán mayores dificultades para soportar los nuevos costes administrativos y financieros y muchas podrían terminar absorbidas por competidores de mayor tamaño. Se está produciendo, por tanto, una suerte de selección natural dentro de una industria que durante años pudo competir fundamentalmente mediante escala, precio y disponibilidad inmediata de trabajadores. La regulación pretende eliminar malas prácticas, pero una de sus consecuencias económicas será elevar las barreras de entrada y favorecer a aquellas compañías con mayor músculo financiero y capacidad tecnológica.

Todo ello obliga a cambiar el propio producto que venden las agencias. "El foco está pasando del crecimiento impulsado por el volumen al crecimiento impulsado por el valor", sostiene Jongkind. ING considera que, mientras el éxito dependía anteriormente de la "escala, la flexibilidad y el precio", la tecnología, el conocimiento y la especialización sectorial se están convirtiendo en ventajas competitivas cada vez más importantes. Aquí entra también la inteligencia artificial.

La digitalización y la IA pueden automatizar parte de la selección y emparejamiento entre vacantes y candidatos, reducir costes y elevar la productividad de las propias agencias. Al mismo tiempo, la escasez de trabajadores abre oportunidades en actividades de mayor valor añadido como la formación, los servicios de recursos humanos o el desarrollo profesional. En una economía en la que el trabajador disponible se convierte en un recurso cada vez más escaso, el negocio deja progresivamente de consistir simplemente en encontrar a alguien para cubrir una vacante y pasa a girar alrededor de encontrar el perfil adecuado, que encaje a la perfección o que al menos tenga la capacidad para ser formado y conseguir aprovecharlo de manera más eficiente.

El fenómeno trasciende, por tanto, a las propias agencias y constituye uno de los grandes retos la economía neerlandesa. Una escasez estructural de trabajadores puede terminar limitando la capacidad de las empresas para aumentar la producción incluso cuando existe demanda, presionar al alza los costes laborales y obligar a sustituir crecimiento extensivo basado en incorporar más trabajadores por otro apoyado en la productividad. La transformación que describe ING apunta precisamente en esa dirección. Si cada vez resulta más difícil y caro incorporar mano de obra adicional, las empresas necesitan producir más con los trabajadores disponibles y las agencias que los suministran deben aportar algo más que intermediación. De ahí que tecnología, IA, formación y especialización estén sustituyendo paulatinamente al viejo modelo basado en volumen. La escasez de mano de obra deja así de ser únicamente un problema laboral para convertirse en un poderoso incentivo para reorganizar empresas, acelerar la automatización y elevar la productividad de la economía neerlandesa.


10:34 - 24/09/2026
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14016178/09/26/la-revolucion-laboral-de-la-economia-donde-casi-nadie-quiere-trabajar-a-tiempo-completo-la-falta-de-trabajadores-golpea-a-las-poderosas-agencias-de-empleo-de-paises-bajos.html