martes, 28 de abril de 2026

Ruta 66, la gran aventura americana que convirtió el 'road trip' en símbolo de libertad

 


Hackberry General Store, la icónica estación de servicio de Arizona permanece abierta al público con su estética 'vintage'

Siegfried Layda / Getty


La histórica vía de conexión de la región de los Grandes Lagos y la costa del Pacífico permanece en el imaginario colectivo como sinónimo de prosperidad


Intersección ente Jackson Boulevard y Michigan Avenue de Chicago. Un letrero a pie de calle reza: Illionois, inicio de la histórica Ruta 66. A ojos de cualquier peatón -o automovilista que circule por el distrito financiero- el cartel, sin grandes pretensiones, podría pasar desapercibido e incluso generar cierta confusión, ya que dicha carretera fue oficialmente clausurada por el gobierno federal en 1985. 

Metáfora de la historia de los Estados Unidos durante buena parte del siglo XX, la Ruta 66 ha permanecido en el imaginario colectivo como un símbolo de libertad y de prosperidad. La Calle Principal de América -The Main Street of América- como fue conocida en sus inicios- no tardó en popularizarse y durante décadas ejerció como la gran vía de conexión de la región de los Grandes Lagos y la costa del Pacífico transitable en cualquier época del año. En total sumaba 2.448 millas (3.940 kilómetros) que enlazaban Chicago y Santa Mónica atravesando ocho estados: Illinois, Misuri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California.

La Ruta 66 a su paso por el desierto de California
La Ruta 66 a su paso por el desierto de CaliforniaArtur Debat / Getty

La iniciativa, que nació del empeño de Cyrus Stevens Avery, un audaz hombre de negocios de Tulsa (Oklahoma), superó con el tiempo las expectativas más optimistas. Eran momentos de efervescencia del sector automovilístico -en la década de 1920, el número de coches que circulaban en EE.UU. pasó de ocho millones a 23 millones- y su convicción de que la construcción de una vía que atravesara el país impulsaría a su paso el comercio, el turismo y el desarrollo de las pequeñas comunidades del interior acabó seduciendo a las autoridades.

Avery se salió con la suya y el 11 de noviembre de 1926 se inauguraba la Ruta 66 como carretera federal oficial. Sin embargo, la vía estaba lejos de terminarse; únicamente una tercera parte de sus casi cuatro mil kilómetros estaban asfaltados, mientras que el resto combinaba tramos de tierra, ladrillo, grava e incluso tablones de madera. Finalmente, en 1938, la totalidad del tramo quedó pavimentado.

La ruta sumaba 3.940 km que atravesaban Illinois, Misuri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California

Para entonces, la Gran Depresión derivada del crac del 29 y los estragos provocados por la sequía y la Dust Bowl -el episodio de grandes tormentas de polvo que arrasaron campos de cultivo y soterraron poblaciones enteras en el centro del país, y muy especialmente en Oklahoma y Texas- habían impulsado a centenares de miles de refugiados hacia el oeste en busca de oportunidades. Huían de los campos desiertos del Medio Oeste tras la promesa dorada del trabajo agrícola en California. 

El éxodo fue retratado magistralmente por John Steinbeck en The grapes of wrat (Las uvas de la ira), una novela que narra la dureza de la emigración de la familia Joad desde Oklahoma hacia California. La obra, premiada con el Pulitzer, posteriormente fue llevada a la gran pantalla por John Ford. Steinbeck bautizó la Ruta 66 como la Carretera Madre (Mother Road), evocando el refugio que buscaban los okies, los migrantes no solo de Oklahoma, sino también de las grandes llanuras como Texas o Kansas, y el papel que desempeñó la ruta en el nacimiento de las ciudades de la Costa Oeste.

El restaurante Steak 'n' Shake, famoso por sus hamburguesas de carne, en Springfield, Missouri, una de las paradas de la histórica Ruta 66 en 1989
El restaurante Steak 'n' Shake, famoso por sus hamburguesas de carne, en Springfield, Missouri, una de las paradas de la histórica Ruta 66 en 1989Richard Jordan (Getty)

La entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial puso de nuevo el foco en la vía, convertida en una arteria fundamental para el traslado de material bélico desde hasta los puertos. Finalizado el conflicto, la carrera experimentó su gran época dorada, con las familias con dinero en los bolsillos deseaban gastarlo conociendo una nueva parte del país en un road trip.

A su paso florecieron miles de negocios y los locales prosperaban acordes a la popularidad y al dinero que generaba un flujo aparentemente interminable de automovilistas. Gasolineras, moteles, pequeñas cafeterías familiares, restaurantes con servicio para vehículos, talleres, cines y un sinfín de propuestas variopintas emergieron como setas a pie de carretera anunciados con miles de gigantescos letreros de neón parpadeantes y vallas publicitarias -¡en 1963 se llegaron a contar a lo largo de todo el trayecto una veintena de ellas por milla!-. 

Los moteles, cafeterías y restaurantes abandonados cohabitan con locales restaurados, como el Golden Dragon de Tucumcari (Nuevo México)
Los moteles, cafeterías y restaurantes abandonados cohabitan con locales restaurados, como el Golden Dragon de Tucumcari (Nuevo México)© Alex Webb/Magnum Photos

Y, es que, además de una inagotable fuente de negocio, la Mother Road se había convertido en una atracción con derecho propio que había inspirado canciones como Route 66, popularizada por Nat King Cole en los años cuarenta, en la que invitaba a viajar al oeste, y series de televisión en los sesenta con idéntico nombre. Los viajeros se maravillaban de la asombrosa amalgama de contrastes. 

El camino era un mundo de rascacielos, granjas solitarias, vastas y fértiles plantaciones, desiertos abrasadores, de polvo y de playas.  Descubrían las ciudades industriales del este, en Illinois; las llanuras agrícolas y los campos interminables de trigo y maíz de Misuri y Kansas; la aridez de Oklahoma y Texas; los anaranjados y ocres de Nuevo México y Arizona salpicados de cactus y formaciones rocosas, acantilados y profundos cañones, hasta alcanzar California y el Pacífico atravesando tierras fecundas. ¡Estados Unidos era hermoso!

La afluencia de viajeros llegó a ser tal que a medidos de los años cincuenta, la Ruta 66 era incapaz de absorber todo el tráfico. La construcción de la Interestatal, una autopista más rápida, aunque menos pintoresca, marcó el principio de su fin, y los pequeños negocios familiares comenzaron a desaparecer a medida que el progreso avanzaba por las nuevas autopistas. 

En 1985, tras casi seis décadas de servicio, la Calle Principal de América perdía su estatus oficial y con él decenas de comunidades en otros tiempos prósperas en el norte de Nuevo México y Arizona quedaban fuera de servicio en favor del largo y recto trazado de la I-40 a través del desierto. A medida que las ciudades iban creciendo, muchos tramos quedaron sepultados por la arena o por las nuevas construcciones. 

La ruta, a su paso por el norte de la reserva apache de Arizona suma terrenos y negocios a la venta
La ruta, a su paso por el norte de la reserva apache de Arizona suma terrenos y negocios a la venta© Larry Towell / Magnum Photos

Pero la ruta no murió, y hoy pueden transitarse partes de la rebautizada Ruta Histórica 66, en las que la cultura y la historia permanecen vivas, con viejos moteles de carretera, restaurantes con sus fachadas descoloridas por la acción del sol y gasolineras abandonadas transformadas en iconos. Un decorado kitsch con más de 250 edificios, puentes y sitios incluidos en el registro nacional de lugares históricos. 

Sea en coche o en moto, puede completarse el recorrido en un sentido u otro en unas dos semanas, si se está dispuesto a conducir diariamente entre 200 y 500 kilómetros en un trayecto en el que la nostalgia permanece a flor de piel. Se impone pernoctar en estos viejos moteles, comer en las tradicionales cafeterías de carretera o desviarse de la ruta para conocer parajes naturales.

Albert Okura trabaja en la recuperación de la arquitectura Googie de Roy's, en Amboy. Sobresale su neón en forma de estrella que sigue atrayendo a los viajeros
Albert Okura trabaja en la recuperación de la arquitectura Googie de Roy's, en Amboy. Sobresale su neón en forma de estrella que sigue atrayendo a los viajerosSiqui Sanchez /Getty

La celebración de su centenario es un buen momento para rendir homenaje a estos negocios que permanecen en pie desafiando el paso del tiempo y tras los cuales se esconden miles de historias. Como la de la familia Threatt, cuya tercera generación trabaja en Luther (Oklahoma) con el objetivo de preservar la gasolinera Threatt, un área de servicio que abrió al público en 1915 para atender y refugiar a automovilistas negros durante los años de práctica de la segregación racial. 

O la familia Okura de California, que desde hace más de veinte años impulsa la restauración del pueblo ferroviario de Amboy, en el desierto de Mojave, hoy abandonado, recuperando antiguas bombas de gasolina y su motel de mediados de siglo XX. Y es que, la Ruta 66 no es una mera diagonal que cruza el país de Chicago a Santa Mónica, la Carretera Madre es historia viva. 

Celebración del centenario

La ciudad de Springfield (Misuri) inaugurará el próximo 30 de abril los actos conmemorativos del centenario. La programación, que se prolongará hasta finales de año desde Chicago a Santa Mónica, incluirá una amplia oferta de exposiciones, desfiles y concentraciones de vehículos clásicos, conciertos, ferias gastronómicas y un largo etcétera. 
Coincidiendo con las celebraciones, Chicago ha cambiado el punto de inicio de la Ruta Histórica 66, instalando un nuevo letrero en Navy Pier. El cambio de ubicación responde a la voluntad de conectar simbólicamente los muelles del lago Michigan, en el este, y el de Santa Mónica, en el oeste. No obstante, se conservan los carteles del centro de la ciudad como parte de la interpretación histórica.


Magda Bigas Serra
26/04/2026 07:00
https://www.lavanguardia.com/magazine/viajes/20260426/11520814/centenario-ruta-66-road-trip-america-simbolo-libertad.html

lunes, 27 de abril de 2026

Cuatro hoteles con pasado creativo

 


Cartel de la película 'La juventud' rodada en El hotel Schatzalp,
Vertice Cines


Establecimiento legendarios que han acogido a escritores y artistas y han sido fuente de inspiración y creatividad


En la novela Hotel du Lac de Anita Brookner, la escritora de novelas románticas Edith Hope, protagonista principal, se enorgullece de pasar una temporada aislada del rebaño en un hotel que luego ocupará un lugar imborrable en su memoria. Aceptando su anonimato, disfruta de una libertad condicional que le devuelve la cordura, aunque nada salga como estaba previsto. Y es que hay hoteles que inspiran al tiempo que trastocan. Veamos cuatro de ellos.

El hotel Schatzalp, 300 metros por encima de la ciudad suiza de Davos, fue sanatorio desde 1900 hasta 1953 e inspiró el sanatorio Berghof de La montaña mágica. Obra de los arquitectos Max Haefeli y Otto Pfleghard, su estilo Jugendstil muy belle époque se conserva intacto. Thomas Mann visitó el hotel en 1911 acompañando a su esposa, Katia, enferma de tuberculosis. Hoy es fácil imaginar los paseos de Mann por el Thomas Mann Weg, un camino que serpentea por el bosque entre bancos con vistas al valle y paneles con citas de la novela que, en un principio, iba a ser corta y acabó abarcando los grandes desafíos del siglo XX.

Y es que hay hoteles que inspiran al tiempo que trastocan

El hotel, deslumbrante por su estética vintage intacta, también cautivó a Paolo Sorrentino, quien en el 2014 rodó La juventud con Harvey Keitel, Michael Caine y Rachel Weisz, llamando al lugar “una montaña mágica actualizada”. Ya sea por los salones, los bancos del jardín, el comedor, los ascensores y los relojes de 1900 o las habitaciones con terraza, el aura de clínica convive con la artística en una simbiosis tan perfecta que genera ganas de encerrarse a leer, ya sea el paisaje alpino o incluso la novela. Además, para hacerlo aún más poético, al Schatzalp se accede a través del Schatzalpbahn, un funicular que conecta con el centro.

Hotel Schatzalp. Davos. El paisaje del hotel inspiró ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann, título que hace honor a su ubicación
Hotel Schatzalp. Davos. El paisaje del hotel inspiró ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann, título que hace honor a su ubicaciónHotel Schatzalp / Ullstein bild / Getty

En el corazón de Oporto, el Palácio Cedofeita representa bien a la élite burguesa y cultural de los siglos XIX y XX. Construido a finales del siglo XIX, este elegante palacete fue escenario de veladas musicales y encuentros sociales. Aquí se instaló el primer ascensor de Portugal, símbolo de modernidad. En 1910, el industrial y mecenas cultural Eduardo Honório de Lima adquirió el palacio tras regresar de Brasil. Fue una figura tan capital en el devenir del teatro y la música que participó en la promoción del teatro São João, gran coliseo teatral de Oporto. 

En el salón donde hoy se desayuna, decorado con molduras, espejos y grandes ventanales, llegó a cantar la gran soprano Maria Callas, cuya voz transformó la interpretación operística del siglo XX. En la restauración reciente del edificio —convertido en el One Shot Palácio Cedofeita— se decidió respetar el patrimonio arquitectónico y preservar elementos históricos como los azulejos.

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One Shot Cedofeita. Oporto Maria Callas actuó en el hotel, que fue premio Nacional
de Rehabilitación Urbana en el 2024 
Palácio Cedofeita / Trevor Humphries / Getty

En Times Square, cuando Nueva York se convertía en la capital del espectáculo, abrió sus puertas en 1906 el hotel The Knickerbocker. Como escribió F. Scott Fitzgerald en A este lado del paraíso (1920): “El bar del Knickerbocker, iluminado por el vibrante y jovial Old King Cole de Maxfield Parrish, estaba lleno de clientes”. Aunque Fitzgerald se hizo famoso un poco después, el ambiente del Knickerbocker —champán, jazz y elegante decadencia— encaja perfectamente con sus novelas. 

Knickerbocker. Nueva York. En este hotel, el escritor F.S. Fitzgerald se aficionó peligrosamente al dry martini
Knickerbocker. Nueva York. En este hotel, el escritor F.S. Fitzgerald se aficionó peligrosamente al dry martiniDon Riddle Images / General Photographic Agency / Getty

Pero el hotel es célebre por dar vida a uno de los cócteles más emblemáticos del mundo: el dry martini. Cuenta la leyenda que el barman italiano Martini Di Arma Di Taggia perfeccionó (o creó) la versión seca en 1911, combinando ginebra, vermut seco, unas gotas de bitter de naranja y una aceituna. Según un artículo de The New York Times del 19 de junio de 1921: “El bar del Knickerbocker, entre las cuatro y las siete de la tarde, era el lugar de encuentro de la élite de Broadway. En la esquina de la calle, durante años, no se oía más que una frase: otro más”. El hotel conserva hoy un encanto inalterado y muy a la altura de la leyenda.

Hotel Pera. Estambul. En la habitación 411 se encerró Agatha Christie para escribir
Hotel Pera. Estambul. En la habitación 411 se encerró Agatha Christie para escribirTUNCSEL ULKU / Bettmann / getty

El Pera Palace, inaugurado en 1895 en Estambul, fue construido para alojar a los pasajeros del Orient Express y fue el primer hotel moderno de Estambul en disponer de electricidad, agua caliente y ascensor eléctrico. La decoración y la arquitectura fueron obra de Alexandre Vallaury, que combinó una fachada neoclásica, salones de baile de inspiración oriental (como el salón Kubbeli) y espacios art nouveau en perfecta armonía. Entre sus huéspedes célebres estuvieron ­Ernest Hemingway, el político Mustafa Kemal Atatürk y, sobre todo, Agatha Christie, quien escribió Asesinato en el Orient Express en la habitación 411, hoy conocida como Agatha Christie Room y concebida como un icono histórico.


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