viernes, 19 de junio de 2026

Promptear no es cuestionar: cinco preguntas para entender la relación de la IA con las humanidades y la filosofía







Advierte Nuccio Ordine, aquello que parece “inútil” —la filosofía, la literatura, el arte— es precisamente lo que nos permite no ser reducidos a instrumentos. Porque nos obliga a preguntarnos por los fines de nuestra existencia. Y preguntar no es promptear…



1.¿Por qué siguen siendo necesarias las humanidades en la era de la IA?

Porque la IA no elimina la pregunta por el sentido, la intensifica.

Porque la IA puede responder al “cómo”, pero es estructuralmente incapaz de responder al “para qué”. Una máquina puede optimizar procesos, calcular medios, incluso anticipar resultados. Pero no puede decidir fines. No puede responder a la pregunta por el sentido, porque no tiene mundo, no tiene experiencia, no tiene vida que orientar.

Y esto es decisivo: actuar conforme a fines no es resolver un problema técnico, es elegir qué merece la pena. Y eso —de momento— no es programable. La IA puede decirte cómo ser más eficiente. Pero no puede decirte para qué deberías serlo.

Ahí es donde entran las humanidades. Las humanidades no sirven para producir respuestas más rápidas, sino para interrogarnos sobre los fines de nuestras respuestas. Él cultivo de las humanidades nos enseña qué y por qué es  valioso, qué merece ser protegido, qué no debería hacerse aunque pueda hacerse.

Las humanidades son el espacio donde el lenguaje no solo comunica, sino que piensa. Y sin ese pensamiento, la técnica queda sin dirección: es pura potencia sin criterio. Es un caminar sin un hacia dónde.

Y como advierte Nuccio Ordine, aquello que parece “inútil” —la filosofía, la literatura, el arte— es precisamente lo que nos permite no ser reducidos a instrumentos. Porque nos obliga a preguntarnos por los fines de nuestra existencia. La filosofía, la literatura, la historia… no sirven para nada en términos de mercado. Precisamente por eso son el último refugio de lo humano.

La IA amplía nuestro poder. Las humanidades identifican hacia dónde conducirlo. Sin humanides, no hay progreso. Solo hay aceleración.

La democracia solo se sostiene con ciudadanos capaces de pensar, dudar y dialogar. Sin filosofía, la verdad se sustituye por opinión. Sin historia, el presente se vuelve manipulable. Sin literatura, dejamos de comprender al otro. Sin humanidades, la democracia se vacía por dentro. Los enemigos de las humanidades no son ni la ciencia ni la tecnología sino la ignorancia y la estupidez.


2. ¿Qué aporta la filosofía específicamente?

La filosofía introduce fricción en un mundo diseñado para la inmediatez y la impulsividad.

La IA optimiza. La filosofía interrumpe.

La IA predice. La filosofía problematiza.

La IA responde. La filosofía cuestiona el valor de la respuesta.

En un ecosistema dominado por la eficiencia, la filosofía reintroduce algo radical: el derecho a demorarse, el derecho a la pausa.

El método socrático no es un contenido, es una práctica de resistencia. Sócrates no enseñaba respuestas, enseñaba a no conformarse con ellas. Y eso, hoy, es profundamente subversivo.

La filosofía devuelve autonomía en un mundo diseñado para que la deleguemos. La IA no solo responde: seduce. Nos invita a externalizar el juicio, a confiar en que el algoritmo decida por nosotros qué leer, qué ver, qué comprar, en definitiva, qué elegir. Y esa orientación constante va erosionando algo esencialmente humano: la capacidad de decidir por uno mismo.

Y la clave política de esto: una sociedad que delega sistemáticamente su juicio en sistemas automáticos corre el riesgo de perder no solo su autonomía individual, sino su capacidad democrática


3. ¿Por qué es clave saber hacer preguntas en la era de la IA?

Porque el poder ya no está en quien tiene la información, sino en quien formula la pregunta.

Vivimos en un contexto de sobreabundancia informativa. La IA no solo nos da acceso a información. Pero tener información no es tener conocimiento. La información es acumulativa. El conocimiento es selectivo. La información se almacena. El conocimiento se construye. Y para construir conocimiento hace falta saber discriminar, jerarquizar, interpretar. Es decir cultivar el pensamiento crítico. Sin pensamiento crítico, la IA no nos hace más inteligentes: nos hace más estúpidos y dependientes. Porque aceptamos como válido aquello que simplemente está bien formulado o suena convincente. Por eso la pregunta se vuelve decisiva. Una buena pregunta no busca más información, busca sentido. No amplía el ruido informativo, lo filtra.

Antes el problema era no tener respuestas. Hoy el problema es no saber qué preguntar. La IA responde exactamente a lo que le pides. Si la pregunta es pobre, la respuesta será impecablemente pobre.  Antes educábamos para responder bien. Hoy debemos educar para preguntar mejor. El nuevo analfabetismo no será no saber leer o escribir, sino no saber interrogar.

Y esto abre un riesgo que apenas estamos empezando a vislumbrar: una nueva forma de desigualdad. No basada solo en la renta o el acceso, sino en la capacidad de pensar. Podríamos acabar dividiendo la sociedad en dos grandes clases: quienes saben interrogar la información y quienes simplemente la consumen. Los primeros usarán la IA como herramienta. Los segundos serán usados por ella. una élite cognitiva capaz de separar el trigo de la paja, y una mayoría expuesta a flujos de información que no puede evaluar críticamente. No será una brecha digital. Será una brecha intelectual. Y la única manera de evitarla no es más tecnología en el aula, sino más educación en pensamiento crítico. Es decir, más filosofía.


4. ¿Cómo se educa el saber hacer preguntas?

Educar la pregunta no es enseñar una técnica concreta, es generar incomodidad intelectual.

Destacaría tres claves:

1. Cuestionar lo evidente

Educar no es llenar cabezas, es inquietarlas. Vivimos rodeados de evidencias prefabricadas. Son fórmulas que clausuran la conversación antes de que empiece. Funcionan como atajos cognitivo y como mecanismos de control. No una sospecha paranoica, sino crítica: detenerse ahí donde parece que no hay nada que pensar. Preguntar no tanto qué se dice, sino quién lo dice, desde dónde, con qué intereses y con qué efectos. Porque lo evidente no es lo indiscutible. Es, muchas veces, lo no discutido. En un entorno saturado de información, lo evidente suele ser lo más repetido, no lo más verdadero. Los algoritmos no distinguen entre verdad y viralidad: amplifican lo que circula. Por eso hay que enseñar a los alumnos a hacer preguntas incómodas: ¿Esto es verdad o solo es frecuente? ¿Estoy de acuerda o simplemente acostumbrado? ¿Esto explica la realidad o la simplifica para que encaje?

2. Trabajar la pregunta como proceso, no como ocurrencia

Una buena pregunta no es espontánea, es elaborada. Se construye afinando conceptos, detectando contradicciones y delimitando el problema.

3. Practicar el diálogo, no el zasca

El método socrático es conversación, no contratación retórica. La pregunta filosófica nace de la escucha, del reconocimiento del interlocutor y tiene como fin la búsqueda de la verdad.

Vivimos en una esfera pública colonizada por la lógica del impacto: intervenir no para entender, sino para imponerse. El “zasca” sustituye al argumento, la ocurrencia al razonamiento y la viralidad a la verdad. No nos cuestionamos para llegar a algo en común, sino para ganar. Sócrates no pregunta para vencer, sino para esclarecer. La pregunta filosófica no busca desarmar al otro, sino pensar con él.

Hoy usamos la IA como oráculo. Deberíamos usarla como sparring dialéctico.

5. ¿Qué preguntas fundamentales deberíamos hacernos en tiempos de IA?

– ¿Qué queremos seguir decidiendo nosotros, aunque una máquina pueda hacerlo mejor?

– ¿Qué significa saber algo?

– ¿Qué estamos dispuestos a delegar y qué no deberíamos delegar nunca: Juicio moral, responsabilidad, cuidado…?

– ¿Qué tipo de seres humanos queremos ser?

– ¿Estamos formando ciudadanos o usuarios?

– ¿Estamos educando la atención o entrenando la distracción sofisticada?

– ¿Qué ocurre con la verdad cuando lo verosímil es suficiente?

– ¿Quién responde cuando una decisión  la toma una máquina?

– ¿Queremos ciudadanos que deliberan o sistemas que optimizan?

– ¿Tiene sentido la democracia en una sociedad que delega la deliberación en las máquinas?

– ¿Qué espacio queda para el silencio, la duda o la lentitud en un mundo que acelera todo?

– ¿Estamos ampliando nuestras capacidades o externalizándolas hasta perderlas?

– ¿Qué significa hoy ser ignorante?

La IA puede darnos todas las respuestas. El problema es que una vida humana no se mide por las respuestas que tiene, sino por las preguntas que se atreve a sostener. Y eso —de momento— sigue siendo territorio de la filosofía.



por   Eduardo Infante

Abril 2026

https://retinatendencias.com/techsociety/promptear-no-es-cuestionar-cinco-preguntas-para-entender-la-relacion-de-la-ia-con-las-humanidades-y-la-filosofia/

jueves, 18 de junio de 2026

La Bóveda del Oro en la que EE.UU. guarda toneladas de lingotes de otros países (y por qué en Europa se plantean recuperarlo)


Fotos: New York Fed / Montaje: Caroline Souza


A 25 metros bajo tierra, en la Liberty Street de Nueva York, la Reserva Federal de Estados Unidos custodia en el sótano de su sede más de medio millón de lingotes de oro propiedad de bancos centrales, gobiernos e instituciones de todo el mundo.

Esta cámara acorazada está protegida por un cilindro de acero de 90 toneladas y, una vez cerrada, su gigantesca cerradura no puede abrirse hasta el día siguiente.

Es la Bóveda del Oro de la Fed, el mayor depósito de oro conocido del mundo, y alberga unas 6.300 toneladas en pilas de lingotes cuyo valor al precio actual supera el billón de dólares, aproximadamente el 4% del Producto Interno Bruto de Estados Unidos.

La Bóveda juega un papel crítico para la estabilidad del sistema financiero mundial, ya que muchos países guardan aquí sus reservas de oro, el activo refugio por excelencia con el que respaldar sus monedas y hacer frente a otras contingencias en escenarios de crisis.

El oro era y es visto como un valor seguro frente a momentos de turbulencias financieras o volatilidad geopolítica y la pérdida de valor de los capitales a causa de la inflación, por lo que el preciado metal representa una parte significativa de las reservas de los bancos centrales de todo el mundo, sobre todo los europeos.

"Es uno de sus activos más importantes porque, ante acontecimientos geopolíticos adversos, les permite actuar como prestamistas de último recurso para bancos y compañías e intervenir en los mercados de cambio", le dijo a BBC Mundo Barry Eichengreen, experto en el sistema monetario internacional de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos.

Durante décadas, Estados Unidos y su Reserva Federal fueron percibidos como los custodios más fiables de un activo tan esencial, especialmente por muchos países europeos que se veían amenazados por el poder de la Unión Soviética y fueron acumulando allí grandes cantidades de reservas de oro.

Pero desde el regreso de Donald Trump al poder políticos y expertos europeos han planteado la conveniencia de repatriar el oro que guardan en ese país.

El desapego del presidente por los compromisos internacionales y sus diferencias con los aliados europeos de Estados Unidos sobre asuntos como los aranceles, la soberanía danesa de Groenlandia o, más recientemente, la guerra contra Irán, han sembrado la inquietud sobre la seguridad del oro europeo que guarda la Fed.

Cómo llegó el oro europeo a Estados Unidos

Al contrario que Rusia, cuyo banco central guarda sus reservas de oro en su propio territorio, lo que lo protege del posible impacto de las sanciones occidentales, varios países europeos aún mantienen las suyas en el exterior, muchas de ellas en la Bóveda del Oro neoyorquina.

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Harry Benson / Getty

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Los países europeos acumularon su oro en Estados Unidos a partir de la década de 1950 por temor a la amenaza soviética.

El oro europeo comenzó a acumularse allí a partir de los años 1950.

Según Eichengreen, "Alemania y otros países europeos cuyas economías se estaban recuperando y cada vez exportaban más a Estados Unidos y recibían los pagos en una combinación de oro y dólares".

"Cuesta dinero poner el oro en un barco o en un avión y contratar seguros para proteger el envío, así que les pareció buena idea almacenarlo en la bóveda de la Reserva Federal, que además no cobra por la custodia", indicó Eichengreen.

El sistema diseñado en Bretton Woods en 1944 había establecido que un tipo de cambio fijo del dólar anclado en el oro, por lo que oro y dólares se convirtieron en los activos más fiables y a las mermadas potencias europeas de la posguerra les resultaba ventajosa la posibilidad de acumularlos sin coste bajo custodia de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Con la amenaza soviética al otro lado del Telón de Acero, la custodia estadounidense era la mejor garantía.

Pero la URSS ya no existe y el regreso de Trump a la Casa Blanca ha alterado la sintonía de décadas entre Washington y sus aliados europeos.

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New York Fed

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Una cámara acorazada guarda el oro que otros países le confían a la Reserva Federal de Estados Unidos

En Alemania, que posee las segundas mayores reservas de oro conocidas del mundo, solo por detrás de Estados Unidos, y por tanto es uno de los países más expuestos a posibles riesgos, han sido varias las voces de advertencia.

El economista Emanuel Mönch, que fue el principal investigador del Bundesbank, pidió la repatriación del oro que el banco central alemán guarda en Nueva York, unas 1.200 toneladas según las estimaciones de los medios alemanes, que tendrían un valor de unos US$200.000 millones.

"Dada la actual situación geopolítica, parece arriesgado guardar tanto oro en Estados Unidos", dijo Mönch, que cree que recuperarlo contribuiría a una "mayor independencia estratégica" de su país.

En la misma línea, Michael Jäger, presidente de la Asociación Alemana de Contribuyentes, dijo: "Trump es impredecible y es capaz de todo para generar ingresos. Por eso nuestro oro ya no está a salvo en la bóveda de la Fed".

"¿Qué sucedería si la provocación sobre Groenlandia continúa?... Aumenta el riesgo de que el Bundesbank no pueda acceder a su oro, por lo que debería repatriar sus reservas", afirmó Jäger.

Una preocupación que han mostrado también diputados de la CDU, el partido del canciller Friedrich Merz, y otras fuerzas políticas.

El presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, ha tratado de disipar los temores.

"No hay motivo para la preocupación", dijo Nagel el pasado octubre en una reunión del Fondo Monetario Internacional en Washington.

En febrero tuvo que referirse de nuevo al tema en una rueda de prensa: "No me quita el sueño. Tengo completa confianza en nuestros colegas del banco central de Estados Unidos".

Pero al otro lado del Atlántico, ni la Reserva Federal ni el gobierno de Trump han reafirmado esa confianza.

"No he escuchado ninguna palabra tranquilizadora y creo que sería oportuna", dijo el analista Eichengreen.

BBC Mundo contactó con la Reserva Federal, pero no obtuvo respuesta.

El silencio de la institución coincide con un momento de tensión en las relaciones de su presidente, Jerome Powell, con el gobierno.

Trump lo ha atacado en repetidas ocasiones por su negativa a rebajar los tipos de interés y el Departamento de Justicia impulsó una investigación penal contra Powell que este denunció como parte de "las amenazas y presiones" del Ejecutivo para terminar con la independencia de la Fed y obligarla a "seguir las preferencias del presidente".

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Chip Somodevilla / Getty

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Los ataques de Trump al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell (d), han sido interpretados como un intento de controlar la institución que custodia el oro de otros países.

La ola de la repatriación

Alemania no es el único país europeo con oro en Nueva York.

Italia y Suiza son a menudo citadas entre los que más guardan allí.

Y algunos ya emprendieron la repatriación en el pasado.

Países Bajos lo hizo a partir de 2014, cuando redujo del 51% al 31% el porcentaje de sus reservas depositadas en la Fed.

Alemania también repatrió entonces parte de sus lingotes, pero gran parte de ellos permaneció en la Bóveda del Oro.

"Era la época de la crisis de la deuda griega y del euro, y los europeos querían tener la seguridad de que su moneda y sus depósitos bancarios estaban respaldados por algo tangible", señala Eichengreen.

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New York Fed

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La Bóveda del Oro de la Reserva Federal alberga unas 6.000 toneladas de lingotes de oro.

Muchos años antes, en la década de 1960, el presidente Charles de Gaulle había decidido devolver a Francia los lingotes que su país tenía en la Fed, según varios autores, por temor a una repentina devaluación del dólar, cuyo valor había quedado anclado al del oro en Bretton Woods.

El tiempo le dio la razón.

En 1971, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon puso fin a la convertibilidad del dólar al oro y dinamitó así el sistema monetario internacional diseñado al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Francia, que había repatriado sus reservas, salió mejor parada que los países que vieron como sus lingotes atesorados en Nueva York perdieron gran parte de su valor en dólares de la noche a la mañana.

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Getty Images

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Alemania es el país europeo con más reservas de oro y se ha abierto allí el debate de repatriar el que guarda la Reserva Federal.

Una repatriación costosa

La Bóveda del Oro alberga ahora menos oro que en el pasado.

Según los datos de la Reserva Federal, el volumen de reservas internacionales de oro depositados en la bóveda neoyorquina ha experimentado un descenso sostenido desde 1973, cuando llegó a tener más de 12.000 toneladas del metal.

Pero la idea de mantener allí el oro europeo sigue teniendo defensores.

Clemens Fuest, del Instituto IFO para la Investigación Económica de Alemania, le dijo a "The Guardian" que repatriar el oro "solo añadiría gasolina al fuego de la situación actual" y podría tener consecuencias no deseadas.

Algunos expertos subrayan que la independencia de la Reserva Federal respecto del gobierno de Trump asegura que este pueda tomar medidas unilaterales sobre el oro y destacan los costes y complicaciones logísticas y de seguridad que supondría el envío de tan valioso cargamento.

Sin embargo, las dudas en torno a la fiabilidad de la Reserva Federal de Estados Unidos como guardián del oro europeo amenazan con abrir otra grieta más en el orden mundial vigente durante décadas.

Según Eichengreen," si bien su retirada no tendría repercusiones financieras particularmente significativas para Estados Unidos, la custodia del oro es un bien global que Estados Unidos ha aportado gratis — igual que el paraguas de seguridad de la OTAN o el dólar como moneda global—, a cambio de hacer amigos y socios comerciales."

"Este gobierno no cree que Estados Unidos deba prestar servicios gratis y todo lo que alimente las dudas de los aliados sobre la seguridad de sus depósitos en Estados Unidos erosiona más su buena hacia voluntad hacia el país, algo necesario cuando precisas su ayuda para, por ejemplo, una guerra en Medio Oriente".

No consta que ningún país europeo haya tomado aún la decisión de repatriar su oro en la segunda era Trump.

Pero quizá en las mentes de algunos de sus gobernantes resuenen las palabras de Christine Lagarde, presidenta del BCE, en un discurso del año pasado: "En la historia del sistema monetario internacional, hay momentos en que los cimientos que parecían inamovibles comienzan a tambalearse".

*Diseño de imagen por Caroline Souza, del Equipo de periodismo visual de BBC News Mundo.

miércoles, 17 de junio de 2026

El billete de 250 dólares con la efigie de Trump es una señal de alerta para el dólar

 

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos


  • Al final, el resto del mundo se cansará de financiar el déficit fuera de control de EEUU.
  • Este es el peor momento posible para correr riesgos con la moneda estadounidense.
  • Los inversores extranjeros dudan de seguir comprando la deuda de un país con un déficit descontrolado


¿George Washington? Claro. ¿Abraham Lincoln? Sin duda. ¿Donald J. Trump? Eh, quizá podamos responderte más adelante. Ante los informes de que el presidente planea poner su rostro en un nuevo billete de 250 dólares para celebrar el próximo 150 aniversario del país, parece más probable que nunca que Trump sea el primer presidente vivo en aparecer en el dinero oficial de Estados Unidos. Sería fácil descartar esto como un ejemplo más del ego de Trump, a menudo exagerado pero en última instancia inofensivo, salvo que también socavará la confianza en la que sigue siendo la moneda de reserva mundial en el peor momento posible.

Queda por ver si el presidente Trump podrá aparecer en el nuevo billete de 250 dólares. Sus aliados en el Congreso ya han presentado un proyecto de ley que permite una excepción a la norma vigente según la cual ningún presidente vivo puede aparecer en los billetes estadounidenses. Al parecer, ya se han encargado los diseños a la Oficina de Grabado e Impresión, encargada de diseñar los billetes de dólar. Por supuesto, aún quedan muchos obstáculos por superar. La legislación aún tiene que ser aprobada, lo cual nunca es fácil, incluso con una mayoría republicana en el Congreso, y, aunque se apruebe, se necesitará tiempo para imprimir los billetes, instalar las medidas de seguridad adecuadas e introducir el dinero en el sistema. Incluso si no llega a suceder, o se retrasa más allá de las principales celebraciones, Trump ya ha decidido convertirse en el primer presidente vivo en añadir su firma a los billetes. Lo que solía ser dinero estadounidense se está convirtiendo poco a poco en dinero de Trump.

En cierto modo, eso es bastante inofensivo. Al presidente Trump le encanta ser el centro de atención, y unas cuantas fotos en los billetes no suponen gran diferencia para nadie. En Gran Bretaña, siempre ha gustado que el monarca aparezca en los billetes y las monedas, y lo mismo ocurre en muchos otros países. Ya ni siquiera usamos mucho el efectivo, y es difícil imaginar que mucha gente vaya a utilizar el billete de 250 dólares con regularidad (excepto, supongo, los traficantes de drogas). No muchos taxistas o tiendas tendrán cambio a mano. Quizá sea más fácil dejar que el presidente Trump satisfaga su ego mientras todos los demás se ocupan de asuntos más serios.

Sin embargo, aquí está el problema. Es un síntoma de algo mucho más grave. En realidad, es una señal de advertencia sobre la fortaleza subyacente del dólar. Hay una razón por la que los bancos centrales siempre han puesto motivos históricos de peso en sus billetes. Los británicos tienen a personajes como Winston Churchill y el duque de Wellington (y el Banco de Inglaterra ya está en serios apuros por proponer sustituirlos por animales salvajes). El Banco Central Europeo nunca ha logrado ponerse de acuerdo sobre personas o edificios reales -ya que algún miembro u otro acabaría ofendiéndose-, pero ha hecho lo mejor que ha podido con imágenes sintetizadas de estilos arquitectónicos históricos, como el clásico o el gótico. El Banco de Japón cuenta con una selección de científicos famosos de la historia del país. Es lo mismo en todo el mundo. El banco central elige una imagen de la que todo el mundo se sienta orgulloso.

Hay una lógica sólida detrás de ello. El papel moneda, como diría cualquier economista, es básicamente un truco de magia. Solo tiene valor porque todos aceptamos que lo tiene y estamos dispuestos a cambiarlo por bienes y servicios. Recurrir al pasado de una nación es una forma de establecer su credibilidad. Le da al papel moneda un aire de tradición y solidez. Sin eso, existe un riesgo real de que la gente empiece a pensar que no son más que unos trozos de papel de colores vivos.



Este es el peor momento posible para empezar a correr riesgos con la moneda estadounidense. Los retos a los que se enfrenta el dólar no han dejado de intensificarse. Los déficits presupuestarios de EEUU están fuera de control, situándose en el 6% del PIB incluso cuando la economía va bien, y, al final, el resto del mundo se cansará de financiarlos. La semana pasada mismo nos enteramos de que los bancos centrales de todo el mundo mantienen ahora más reservas en oro que en dólares, y aunque eso se debe en parte a que el precio del metal precioso ha subido tanto durante el último año, también es un ejemplo de cómo están diversificando sus reservas alejándose de la moneda estadounidense. China ya ha lanzado un yuan digital y está empezando a promocionarlo como una alternativa seria al dólar para liquidar pagos en cualquier tipo de comercio transfronterizo. Las criptomonedas, con el bitcoin a la cabeza, han tenido un año difícil, pero hay pocos indicios de que vayan a desaparecer, y con cada año que pasa se afianzan más en el sistema financiero, ya que siempre se diseñaron como una alternativa al dólar. La lista es interminable. Por sí solos, ninguno de estos factores podría ser suficiente para destronar al dólar como la moneda más importante del mundo. Pero cuando se dan todos a la vez, su posición está claramente en peligro. Ya no podemos dar por sentada la supremacía de la moneda estadounidense.

Es muy posible que Trump consiga, a base de intimidaciones, que su rostro aparezca en el nuevo billete de 250 dólares. Sin duda, añadirá su nombre a los billetes. Al igual que un poderoso líder latinoamericano, está empeñado en personalizar el Gobierno de los Estados Unidos y en potenciar su propia reputación. Y, sin embargo, si sigue adelante, bien podría convertirse en el momento en que el mundo decidiera que el dólar ya no es la moneda de reserva sólida como una roca y optará por cambiar a algo nuevo. Si eso ocurre, las consecuencias no serán nada halagüeñas para la economía estadounidense, y es muy posible que Trump acabe lamentando su proyecto vanidoso.


20:49 - 15/06/2026
https://www.eleconomista.es/opinion/noticias/13970782/06/26/el-billete-de-250-dolares-con-la-efigie-de-trump-es-una-senal-de-alerta-para-el-dolar.html