domingo, 30 de noviembre de 2025

La polémica por el concurso de Miss Universo que ganó la mexicana Fátima Bosch: los argumentos a favor y en contra de este tipo de certámenes

Miss México en el reinado de Miss Universo

A pesar del declive en los ratings de televisión, eventos como Miss Universo siguen siendo populares.

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Como hace años no ocurría, el concurso Miss Universo volvió a estar en el centro de las noticias globales.

La saga que comenzó hace unas semanas concluyó este viernes cuando la mexicana Fátima Bosch resultó ganadora de la edición de 2025 durante la ceremonia de coronación en Tailandia.

La propia Bosch fue una de las protagonistas de una cadena de escándalos que acompañó al certamen de este año.

A principios de noviembre, Bosch fue tratada de "tonta" por uno de los directivos del evento frente a las otras candidatas.

Eso causó un revuelo internacional que obligó a la organización a retirar a la persona que maltrató a Bosch -Nawat Itsaragrisil, director de Miss Universo Tailandia- y a disculparse públicamente por el agravio.

Pero allí no acabó la polémica: esta semana, dos componentes del jurado del evento, el músico franco-libanés Omar Harfouch y el exfutbolista francés Claude Makélélé, presentaron su renuncia como miembros del panel.

Aunque Makélélé no dio una explicación exacta -citó "razones personales imprevistas-, Harfouch sí fue más claro y denunció que el evento "estaba amañado" y que el grupo de 30 finalistas (elegidas entre 136 participantes) fue escogido por un jurado no idóneo.

"Se ha formado un jurado improvisado para seleccionar a 30 finalistas sin la presencia de ninguno de los ocho miembros reales del jurado, incluyéndome a mí", escribió Harfouch el martes.

Harfouch no explicó cómo funcionaría este "jurado improvisado" ni cómo invalidaría la decisión del jurado oficial.

La Organización Miss Universo emitió ese mismo día un comunicado para refutar las afirmaciones de Harfouch y declaró que "ningún grupo externo ha sido autorizado para evaluar a las candidatas ni seleccionar a las finalistas".


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Esta serie de polémicas pusieron nuevamente en primer plano el debate sobre la finalidad y sentido de los eventos de belleza, que a pesar de no tener el impacto a gran escala de décadas pasadas, siguen siendo populares en algunos lugares del mundo.

La principal objeción tiene que ver con el lugar en el que colocan a las participantes, en competencia por su apariencia física.

"No sé si hay menos concursos, pero sí creo que han ido perdiendo importancia y cada vez se los cuestiona más. Son lugares donde no solo se cosifica a la mujer, sino que se discrimina entre bellas y feas", señaló en 2016 Cristina Zurutuza, del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (Cladem), al portal VICE.

Sin embargo, para algunas participantes, especialmente en regiones como América Latina y Asia, los reinados pueden convertirse en una vía para salir de la pobreza y adquirir relevancia mediática o sostenerse como influencers en redes sociales.

"Realizar un evento de belleza, como un certamen, tiene un impacto positivo con beneficios en diversos niveles. La belleza, en cualquiera de sus formas, empodera a las personas al proporcionarles una plataforma para destacar sus talentos, habilidades y valores", opinó en febrero la directora del Queen Tourism World México, Yudy Rodríguez, en diálogo con el portal Edomex al día.


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"Cada vez se cuestionan más"

Muchos colombianos recuerdan que, durante las décadas de 1970 y 1980, el país se paralizaba durante los días de noviembre en que se realizaba la elección de la llamada "Señorita Colombia", en la ciudad de Cartagena.

En Venezuela, que es el segundo país en número de "coronas" en Miss Universo (con siete, detrás de Estados Unidos), los concursos de belleza hacen parte de la cultura popular.

Sin embargo, en los últimos años, los colectivos feministas y otras organizaciones que trabajan por la equidad de género han hecho fuertes llamados para que este tipo de eventos dejen de organizarse y atraer atención.

Los motivos sobran, argumentan en sus reclamos.

Tal vez la primera gran manifestación en tal sentido ocurrió en septiembre de 1968, cuando centenares de mujeres salieron a las calles en la ciudad estadounidense de Atlantic City para evitar que se realizara allí el concurso de Miss America.

Las mujeres tenían un mensaje preciso: "No somos ganado", reclamaron, y hubo una quema simbólica de sostenes.

El cambio de mentalidad sobre el papel de la mujer en las sociedades occidentales, incluidas las latinoamericanas, sin duda ha influido en la pérdida de popularidad, e incluso el desmantelamiento en algunos casos, de este tipo de eventos.

"Las mujeres colombianas en estos 40 años han cambiado, han construido nuevos significados de la femineidad que cuestionan los cuerpos objetos de consumo y de tráfico estético", escribió Florence Thomas, experta en temas de género, en una columna publicada por el diario El Tiempo de Bogotá en 2017.

"En los viejos tiempos eran más de 400 periodistas listos a disparar sus flashes sobre las mujeres en exhibición y a escribir artículos insulsos, repetidos, panfletarios, sobre el 'ángel' de aquella, los muslos blandos de la otra, la celulitis de esta, el pasado turbio de la de más allá, el busto perfecto de la del Chocó y el derrière de Antioquia", añadió Thomas.


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Pie de foto,En los últimos años, eventos como Miss Universo han permitido la inscripción de mujeres trans al concurso.

Para otros expertos, eventos como el de Miss Universo, donde hay tantos intereses comerciales por detrás, no sólo cosifican, sino que limitan mucho el papel de la mujer ante una audiencia global.

"Estos certámenes buscan transmitir solemnidad, entrevistando a mujeres sobre la paz mundial o la política interna", escribió en 2023 Rhonda Garelick, autora y columnista de The New York Times.

"Pero es difícil convertir un concurso de belleza en un seminario sobre política internacional. Y también es difícil convertir a las mujeres en símbolos abstractos de la identidad nacional", agregó.

"Y a pesar de la insistencia en el internacionalismo, Miss Universo, como todos los certámenes de belleza, es en realidad un festival de uniformidad.

"Prácticamente todas las participantes son mujeres jóvenes, altas y delgadas, con piernas largas, cabello largo, pestañas postizas largas, dientes blancos perfectos y rasgos esculpidos con precisión; todo ello enfundado en vestidos de lentejuelas ajustadísimos y extremadamente reveladores, sobre vertiginosos tacones de aguja.

"El resultado se asemeja más a las Rockettes (famosa compañía de baile sincronizado estadounidense) que a Naciones Unidas", sostuvo.

Esa interpretación ha hecho que ya en muchos países los reinados estén prohibidos para las menores de edad e incluso se desincentiven o funcionen con muchas restricciones para las participantes adultas.

En Chile, por ejemplo, se realizó hace unos años un programa llamado "desprincesamiento", en el que se les daba herramientas de empoderamiento a niñas de entre 9 y15 años en un mensaje claro contra los concursos de belleza.

En Medellín, Colombia, durante muchos años se implementó el programa Mujeres Talento en reemplazo del reinado local, con la idea de premiar iniciativas sociales lideradas por mujeres y destacar su labor más allá de su apariencia.


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Pie de foto,En muchos países, los reinados locales son una forma de poder conseguir trabajo o reconocimiento.

Argentina intentó ir más allá: buscaron prohibir y regular las competencias de este tipo.

"El proyecto es contra la idea de la objetificación de la mujer en concursos en los que miden y pesan a las candidatas como si fueran vacas", le dijo a la BBC Carolina Zunino, integrante de la Comisión de Derechos Humanos de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA), en 2017, cuando presentó la propuesta, aunque el plan como tal no prosperó.

Según la activista, esto también tendría un efecto en los esfuerzos por evitar mayores índices de trastornos de alimentación en el país y ayudaría a desincentivar la violencia de género.

"Empodera a las mujeres"

Sin embargo, a pesar de los cuestionamientos y el evidente declive de los ratings de audiencia en eventos como Miss Universo o certámenes más locales, lo cierto es que los concursos de belleza siguen teniendo su público.

En esta edición participaron 136 países de todas las regiones del planeta.

Algunos consideran que, aunque las críticas sobre el trato y la mirada que propone hacia las mujeres son válidas, el evento, y en general las competencias de belleza, pueden abrirle una salida económica a muchas participantes.

"Los concursos de belleza son horribles, pero esa es mi opinión como mujer blanca, privilegiada y con una excelente educación", le dijo hace cinco años a la BBC la actriz Minnie Driver, protagonista del filme Beautiful (2000), sobre una mujer y los sacrificios que tiene que hacer para ganar un concurso de belleza.

"Hablé con muchas mujeres, sobre todo del sur de EE.UU., y para ellas, los concursos de belleza eran 'una vía de escape'", señaló.


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Pie de foto,¿Van a desaparecer los reinados de belleza?

"Esto siempre me ha hecho reflexionar más profundamente sobre los medios de 'escape' disponibles para muchas mujeres, y también me lleva a analizar de qué están escapando", añadió la actriz.

En América Latina y en partes de Asia, por ejemplo, los reinados locales son una manera en la que mujeres de pocos recursos pueden alcanzar un reconocimiento o un sostén económico para ellas y sus familias - a través de premios, convenios de auspicio y publicidad, y reconocimiento mediático en general.

Además, en los últimos años los concursos de belleza han evolucionado para volverse más inclusivos. Por ejemplo, en años recientes, Miss Universo retiró el tope de edad para participar (estaba fijado en 28 años), permitió la participación de mujeres casadas y la inclusión de mujeres trans.

Estas medidas han sido imitadas por otros eventos internacionales.

"Debemos considerar todo el panorama y dejar de ver los concursos de belleza como algo negativo, cuando en realidad pueden ser un trampolín hacia otras cosas", le explicó a la BBC Jenny Hosten, psicóloga y exparticipante en reinados de belleza en EE.UU, en un artículo publicado en 2020.

"No hay un único camino para alcanzar las metas en la vida, existen muchos caminos que pueden llevarnos a lograr lo que podríamos considerar un éxito relativo", opinó la exconcursante.


    • Redacción
    • Título del autor,BBC News Mundo

sábado, 29 de noviembre de 2025

Los bancos centrales advierten de una crisis financiera en el gran pilar del sistema: las ballenas de deuda se vuelven salvajes

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  • Un BCE expansivo lastró la rentabilidad de las aseguradoras y las empujó a activos de riesgo
  • Su opacidad y volatilidad suponen una amenaza para el sistema financiero
  • Las aseguradoras funcionan como amortiguadoras ante crisis financieras



Las principales instituciones financieras del mundo están lanzando advertencias sobre la sombra de un lobo para el sistema financiero. Aunque no supone un riesgo inmediato, tanto el Banco Central Europeo (BCE) como el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) coinciden en que las aseguradoras están empezando a gestar en sus cuentas un importante peligro para el sistema financiero global, inducido por los bancos centrales. Según las mismas, durante los años de tipos muy bajos y, especialmente, de grandes programas de compras por parte de las instituciones monetarias, las aseguradoras, que son las estabilizadoras del mercado de deuda, se han lanzado hacia activos de mayor riesgo. Sus balances cada vez son menos estables y están expuestos a movimientos, algo que puede generar gran volatilidad y agresivos movimientos en el sistema financiero.

Hasta ahora los analistas señalaban repetidamente como el mayor peligro el crecimiento de las instituciones de crédito no financieras. Firmas que no son entidades financieras al uso, como son las fintech, y que cada vez ofrecen más crédito. Estas empresas, cada vez más presentes en este segmento, tienen vulnerabilidades significativas, usan prácticas financieras más arriesgadas y, además, tienen una supervisión mucho más limitada. Este peligro ha entrado en el foco con quiebras ilustres en EEUU como son los casos de Tricolor o First Brands.

Sin embargo, ahora los expertos ponen el foco en otro frente, parecido, pero muy diferente. Las aseguradoras, que también son intermediarias financieras no bancarias (IFNB, por sus siglas en inglés), están viviendo un cambio de paradigma que está haciendo que el mismo BCE arquee una ceja. Este tipo de empresas a menudo son gigantes que operan con enormes carteras de activos y que buscan una revalorización pero con el riesgo más bajo posible. Esta naturaleza convirtió a estas 'ballenas' en la gran argamasa de los mercados. Su demanda constante de bonos y su gran estabilidad son elementos que aportan calma y certeza a un entorno donde la mayor amenaza es el pánico y la incertidumbre. Ahora las instituciones creen que esa naturaleza está cambiando poco a poco y que ahí se podría fraguar una crisis si no se actúa a tiempo.

La policía financiera está preocupada

El último informe del BCE liderado por el economista Stefano Corradin define a las aseguradoras como los "gigantes dormidos del sistema". Sus activos son un tercio de todo el sector bancario europeo, según sus estimaciones. "Su volumen, unido a su perspectiva a largo plazo, los convierte en los inversores clave en los mercados de bonos, con un impacto significativo en la economía real". Sin embargo, el BCE cree que sus políticas expansivas durante la última década han asalvajado a estos gigantes tranquilos que sostienen el sistema.

"El prolongado periodo de bajos tipos de interés y la compra de activos del BCE a través del balance provocó que la rentabilidad de sus inversiones se viera afectada, algo que generó una gran inquietud en la sostenibilidad de sus productos tradicionales", comenta el banco central. Ante esta situación "las aseguradoras, en particular las del segmento de vida (cuyos productos se vieron más afectados) han incrementado su asignación a activos menos líquidos como deuda privada, bienes raíces, infraestructura y capital privado. Un cambio que solo se entiende desde la búsqueda de rentabilidad en un entorno de tipos muy bajos, pero también un deseo de diversificar sus ingresos". Según los cálculos del BCE, los activos menos líquidos ahora representan una cuarta parte de las carteras del segmento vida. Esta búsqueda de mayor rentabilidad se ha agravado con la entrada en el capital de las aseguradoras de fondos de capital riesgo que desembarcan buscando retornos y ya están acostumbrados al riesgo.

Además, "están utilizando activamente derivados para cubrir riesgos". Un conjunto de elementos que "ha generado balances menos líquidos y más sensibles a las fluctuaciones de mercado". Las consecuencias son claras, pues "en situaciones de estrés, ya sea financiero o por un desastre natural que obligue a vender activos", esta nueva disposición de sus balances "puede amplificar la volatilidad del mercado en lugar de lo que hacían con su función clásica, atenuarla". El BCE advierte que este es un riesgo clave para el sector y pide avanzar en la Unión de Capitales para generar un mercado de renta fija más rentable que provoque que el sector vuelque en él sus carteras y, en consecuencia, vuelva a sus clásicos activos líquidos y seguros.

Sin embargo, el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) va más allá y coloca en su último informe al sector como el foco de los grandes problemas que podrían aquejar al sistema financiero con mayor contundencia de lo que el Banco Central lo hace. Según la institución supranacional, "la transformación del sector de los seguros de vida ha generado diversos problemas potenciales para la estabilidad financiera. Los cambios que han impulsado el crecimiento y aliviado las presiones de capital también han incrementado la exposición a activos más riesgosos y menos líquidos, introducido complejidades a través de los acuerdos de reaseguro de vida (AIR) y concentrado los riesgos en jurisdicciones y entidades específicas". La institución pide que las autoridades tomen decisiones para limitar estos riesgos que están detectando y que los reguladores les impongan límites claros.

La opacidad del sistema

Tradicionalmente, las aseguradoras (especialmente las de vida) se consideraban amortiguadores del sistema financiero, esa argamasa estabilizadora que mantenía la calma cuando el pánico inunda los mercados. Su modelo de negocio, que consiste en recoger dinero de las primas e invertirlo en activos seguros para cubrir pasivos a largo plazo, les ha permitido capear los ciclos del mercado con calma. "A diferencia de los bancos, las aseguradoras se enfrentaban a un riesgo reducido debido a la naturaleza ilíquida y a largo plazo de sus pasivos", explica el BIS.

Pero desde la crisis financiera mundial, todo ha cambiado. Aunque el BCE pone la lupa en las aseguradoras europeas, el BIS advierte de que el problema también está presente en Norteamérica y Asia. "Las aseguradoras de vida han fortalecido sus balances mediante financiación mayorista no tradicional, han invertido en activos de mayor riesgo, han ampliado su apalancamiento mediante reaseguros y han optado por negocios con bajo consumo de capital, incluyendo productos con unidad de negocio", indica el BIS.

El problema no afecta solo al sistema financiero, sino a los Estados. Como entidades centradas en mirar a largo plazo, las aseguradoras son uno de los mayores clientes de deuda pública del planeta. Según estimaciones de BIS, estas instituciones, incluidas las aseguradoras de no vida, tienen en su cartera hasta el 20% de los bonos en algunos países como Bélgica.

La nacionalidad de las aseguradoras también es relevante para explicar posibles fallas del sistema que provengan de un hipotético colapso de las aseguradoras. Mientras que en España los bonos que poseen las aseguradoras se reparten casi por igual entre gestoras nacionales y extranjeras, en países como Japón, solo poseen bonos aseguradoras niponas, delatando los sesgos de las compañías entre unos y otros mercados.

El giro de las aseguradoras

Desde el BIS remarcan que, además, la tendencia ha generado un peligro a través del desequilibrio temporal de los activos, concretamente por una menor diferencia entre la esperanza de vida de los activos y los pasivos en el balance de estas firmas. Según sus cálculos, se ha generado una brecha de duración que ha pasado de los 4 años a los dos años. "Esto refleja una disminución más marcada en los vencimientos de los pasivos, cuyo valor actual puede disminuir más rápidamente".

Esto se habría mezclado con una exposición mayor a divisas extranjeras en busca de activos de mayor rentabilidad, una tendencia que trae riesgos. El BIS indica que para cubrir ambas situaciones las aseguradoras "han disparado sus posiciones brutas en el mercado de derivados pasando del 25% de los activos totales al 35%". Según la institución, "usan estos productos para cubrir esos desajustes de duración y exposiciones cambiarias. Un mayor uso evidente entre las aseguradoras de vida de todos los países desarrollados". Según los datos del BIS, aproximadamente el 30% de las carteras de derivados de las aseguradoras de vida consisten en derivados de tipos de interés, lo que se alinea con la necesidad de gestionar los riesgos que plantea la brecha de duración.

Esto tiene un impacto claro: "Un aumento de estos derivados para cubrir exposición a riesgos introduce problemas de liquidez y puede exacerbar riesgos sistémicos. Durante períodos de volatilidad del mercado, las demandas de margen en derivados pueden generar demandas repentinas y severas de liquidez", sentencia el BIS. En el caso de las coberturas de tipos de interés, estas pueden representar una pérdida de flujo de caja debido a las garantías y las demandas de margen que surgen precisamente al mismo tiempo que las entregas tienden a aumentar, es decir, durante períodos de subida de los tipos de interés.

En definitiva, esta tendencia hacia los derivados impulsa el gran riesgo, el "apalancamiento sintético". Resumiendo mucho, las empresas a través de estos contratos de derivados se exponen a mercados de forma amplificada, pero también a las pérdidas. Según el Banco de España, "mediante el uso de derivados (apalancamiento sintético) se pueden generar… requerimientos importantes de márgenes cuando hay descensos significativos en los precios de los activos, y propiciar ventas forzosas (…) pudiendo generar espirales negativas de precios (…) y amplificar pérdidas."

El caso de Eurovita

La organización indica que esta es una tendencia que afecta a todo el mundo, con conatos de quiebras y colapsos financieros a lo largo de los últimos años, pero que en Europa se manifestó con el colapso de Eurovita en 2023. En medio de otras crisis la caída de la aseguradora pasó bajo el radar, pero esta aseguradora italiana, propiedad de Cinven, tuvo que ser rescatada por un consorcio de todo el sector después de una salida masiva de clientes que obligaron a la misma a vender bonos a pérdidas. Cuando la marea bajó, todo el mundo pudo ver que no estaba preparada para el pánico. La crisis nació y murió con el rescate de 10.000 millones y el reparto de 500.000 asegurados entre una alianza que unía a Generali, Intesa, PosteVita, UnipolSai y Allianz; sin embargo, el BIS remarca que puso de manifiesto un cambio general en el sector.

"El colapso de la italiana Eurovita en 2023 ilustra cómo los riesgos de liquidez pueden dispararse en un entorno de tipos de interés al alza". Propiedad de la firma de capital privado Cinven desde 2017, Eurovita había crecido rápidamente a través del sector de bancaseguros, acumulando una amplia cartera de contratos garantizados. "Con el aumento de los tipos de interés en 2022, las pérdidas no realizadas en la cartera de renta fija de Eurovita redujeron su ratio de capital de solvencia (SCR) de aproximadamente el 23 % a cerca del 130% a finales de 2022.

Al mismo tiempo, los rescates aumentaron considerablemente, ya que los asegurados buscaron mejores rentabilidades en otros mercados", comenta la institución. Estas grandes pérdidas llegaron al ojo público y se produjo un éxodo masivo. Independientemente de que ya no estemos en un entorno de alzas de tipos que erosione un balance compuesto por bonos, la realidad es que el comportamiento de las aseguradoras está cambiando, rotando hacia lugares donde se encuentra más expuesto. Esa transformación "sigue generando diversos riesgos para la estabilidad financiera".

Composición de activos

Mientras que el grueso del pasivo de las aseguradoras son las reservas que luego tendrán que satisfacer, es decir, pagar a sus clientes por aquello que contrataron (un seguro de salud, vida, auto, etc.), los activos se están diversificando, con tendencias regionales muy marcadas.

Con la llegada de los tipos bajos después de la crisis de 2008, las aseguradoras orientaron sus negocios hacia productos con menores garantías, lo que, en la práctica, transfiere parte del riesgo de la inversión a los asegurados y alivia la presión sobre el capital de la compañía. Por esta razón, se popularizaron productos financieros híbridos, como rentas vitalicias indexadas, que solo garantizaban parte del retorno de intereses, como pólizas de seguro vinculadas a índices bursátiles, fondos semigarantizados a variaciones de los bonos o esquemas similares.

Esto suponía un riesgo para los clientes y las aseguradoras en tiempos turbulentos, como los vividos desde la pandemia. También provocó un incremento de los rescates de los productos financieros, pasando del 30% de las primas netas emitidas en 2019 al 50% en 2023. La subida de los tipos de interés, acompañada por la inflación, rescató las rentas vitalicias de toda la vida, pero dejó una huella que durante años trataron las aseguradoras de satisfacer con activos más arriesgados.

Las compañías han confiado tradicionalmente en la renta fija para ingresar dinero. Mientras que en Asia y Europa, las carteras de activos con deuda soberana pueden llegar al 20% y 30%, en EEUU tienen gran protagonismo los bonos corporativos, con hasta el 30% de los activos invertidos en estos productos.

Durante períodos de escasez de liquidez, sus activos pueden ser objeto de ventas forzosas y, potencialmente, desestabilizar todo el sistema financiero

Desde 2019, particularmente, las carteras de activos han ganado velocidad hacia productos de mayor riesgo. La renta variable convencional ha pasado del 15% al 20% del peso de los activos en las aseguradoras europeas y asiáticas, mientras que las norteamericanas han apostado por los préstamos y créditos hipotecarios vinculados a las actividades inmobiliarias. Sin embargo, las asiáticas se están apuntando al carro de los préstamos inmobiliarios, con los riesgos que eso supone.

Las aseguradoras de EEUU, sin embargo, cuentan con un producto mucho más complejo en sus balances: en promedio el 18% de las carteras de activos de las compañías se ha dedicado a inversiones en valores estructurados.

Toda esta nueva composición entraña grandes riesgos para un sector que ya despierta la preocupación de los analistas. Las grandes ballenas que estaban destinadas a dar certezas cuando todo lo demás es incertidumbre están cambiando y con ellas, todo el sistema financiero. "Estas transformaciones plantean dudas sobre si cabe esperar que las aseguradoras de vida mitiguen, en lugar de contribuir, al riesgo sistémico. Durante períodos de escasez de liquidez, sus activos pueden ser objeto de ventas forzosas con grandes descuentos, lo que amplifica las pérdidas y potencialmente desestabiliza el sistema financiero en general", sentencia el BIS.



https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13663422/11/25/los-bancos-centrales-advierten-de-una-crisis-financiera-en-el-gran-pilar-del-sistema-las-ballenas-de-deuda-se-vuelven-salvajes.html

viernes, 28 de noviembre de 2025

La contradicción en el corazón de la burbuja de la IA (y el temor por los efectos económicos de un posible estallido)



Sundar Pichai, el hermético CEO de Google, me invita a un recorrido por Googleplex, su sede en California.

A lo largo del sendero que recorre todo el edificio vemos un esqueleto gigante de dinosaurio, una cancha de voleibol playa y decenas de empleados de Google disfrutando su almuerzo bajo el sol brumoso de noviembre.

Pero lo que más le entusiasma mostrarme es un laboratorio, escondido al fondo del campus tras unos árboles.

Aquí es donde se desarrolla la invención que Google considera su arma secreta.

La conocida como Unidad de Procesamiento Tensorial (o TPU) parece un pequeño y discreto chip pero, según Pichai, algún día impulsará todas las consultas de IA que se realicen a través de Google.

Esto la convierte potencialmente en uno de los dispositivos más importantes de la economía mundial a día de hoy.

"La IA es la tecnología más profunda en la que la humanidad ha trabajado jamás. Cuenta con un potencial para generar beneficios extraordinarios; tendremos que superar las disrupciones sociales", alega.

Pero la pregunta que persiste en torno al auge de la IA es si se trata de una burbuja a punto de explotar ya que, de ser así, podría ser un espectacular estallido similar al de la burbuja puntocom a principios de siglo, con amplias consecuencias para toda la sociedad.

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Un sendero recorre todo el Googleplex, pasando junto a un esqueleto gigante de dinosaurio, una cancha de voleibol de playa y empleados almorzando bajo el sol invernal.

El Banco de Inglaterra ya ha advertido de una "corrección repentina" en los mercados financieros globales, afirmando que "las valoraciones de mercado parecen excesivas" para las empresas tecnológicas de IA.

Por su parte, el director de OpenAI, Sam Altman, ha especulado que hay muchas áreas de la IA que, en su opinión, "están sobrevaloradas en este momento".

Al preguntarle si Google sería inmune a un posible estallido de la burbuja, Pichai afirmó que podría capear el temporal pero, pese a su entusiasmo por las posibilidades de la IA, advirtió: "Creo que ninguna empresa será inmune, ni siquiera nosotros".

Entonces, ¿por qué Google invierte más de 90.000 millones de dólares al año en el desarrollo de la IA, el triple que hace cuatro años, justo cuando se están debatiendo estas ideas?

El gran auge de la IA y su mayor riesgo

El auge de la IA, del que Google es solo una parte, representa, en términos monetarios, el mayor boom de mercado que el mundo haya visto.

Sus cifras son extraordinarias: Google y otros cuatro gigantes tecnológicos, cuyas sedes se encuentran a poca distancia unas de otras, acumulan un valor de mercado de US$15 billones.

Nvidia, fabricante de chips convertido en pionero de los sistemas de IA con sede en la localidad californiana de Santa Clara, ahora vale más de 5 billones de dólares.

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Alphabet, la empresa matriz de Google, con sede en Mountain View, tiene un valor aproximado de 3,3 billones de dólares y casi ha duplicado su valor desde abril.

A 10 minutos en coche al sur, en Cupertino, se encuentra la sede de Apple, valorada en unos US$4 billones; a 15 minutos al oeste está Meta (anteriormente Facebook), valorada en US$1,9 billones; Y en el centro de San Francisco, OpenAI fue valorada recientemente en US$500.000 millones.

Las consecuencias puramente financieras de esta tendencia son significativas.

El valor de las acciones de estas empresas (y algunas otras fuera de Silicon Valley, como Microsoft en Seattle) ha ayudado a amortiguar el impacto de las guerras comerciales en la economía estadounidense y mantenido a flote los planes de jubilación y las inversiones, no solo en Estados Unidos.

Sin embargo, esto conlleva un gran riesgo: la increíble dependencia del crecimiento del mercado bursátil estadounidense del rendimiento de unos pocos gigantes tecnológicos.

Los Siete Magníficos -Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla- representan en conjunto un tercio de la valoración total del índice S&P500 de Estados Unidos.

El valor de mercado está ahora mucho más concentrado en unas pocas empresas que durante la burbuja de las puntocom en 1999, según el FMI.

Pichai señala que aproximadamente cada década se producen estos "puntos de inflexión": la computadora personal, luego internet a finales de la década de 1990, seguidos por la tecnología móvil y la nube.

"Ahora estamos claramente en la era de la inteligencia artificial", asegura.

Pero llega la gran pregunta: ¿se trata de una burbuja?

Pichai argumenta que hay dos maneras de verlo. Primero, existe un progreso "visiblemente emocionante" en los servicios que utilizan las personas y las empresas.

Pero admite: "También es cierto que, al atravesar estos ciclos de inversión, hay momentos en que, como industria, nos excedemos colectivamente. Así que creo que, en un momento como este, hay tanto racionalidad como irracionalidad".

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Sundar Pichai: "En Google tenemos una expresión que dice: 'Emocionantemente incómodo'".

Ahora bien, en los mercados se está formando una distinción entre las empresas que dependen de financiación -por lo general a crédito- y de acuerdos complejos para acceder a los chips que impulsan su IA, y las grandes tecnológicas como Google, Microsoft y Amazon, que pueden financiar su inversión en chips y datos con sus propios recursos.

Esto nos lleva a los chips de silicio de Google, o sus preciadas TPU.

"Acceso restringido": en el laboratorio de chips de silicio

El laboratorio, donde se prueban este tipo de semiconductores, tiene el tamaño de un campo de fútbol sala, con una red de cables multicolor y luces azules parpadeantes. Hay carteles por todas partes con la frase: "Acceso restringido".

Llama la atención el ensordecedor ruido de los sistemas de refrigeración necesarios para controlar la temperatura de los chips, que pueden calentarse mucho al procesar billones de cálculos.

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El grupo de desarrollo de TPU de Google está creando el chip que pronto podría impulsar todas sus búsquedas con IA.

Las TPU están diseñadas para potenciar las máquinas de IA y su funcionamiento difiere del de otros tipos de chips.

La CPU (unidad central de procesamiento) es el componente principal de una computadora, esencialmente su cerebro, que realiza la mayoría de las funciones de procesamiento y control, mientras que las GPU (unidades de procesamiento gráfico) realizan un procesamiento más especializado, ejecutando muchas tareas en paralelo simultáneamente, incluyendo la IA.

Sin embargo, los ASIC (circuitos integrados de aplicación específica) son chips diseñados a medida para un propósito específico, por ejemplo, un algoritmo de IA concreto. La TPU es un tipo de ASIC especializado diseñado por Google.

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Existen varias versiones de TPU: Ironwood es la más reciente. Las TPU forman parte de la estrategia global de Sundar Pichai para controlar toda la cadena de suministro científica, desde el silicio hasta los datos, incluyendo los modelos de IA y todo lo demás.

Un aspecto fundamental del auge de la IA es la frenética carrera por acumular grandes cantidades de chips de alto rendimiento e instalarlos en centros de datos (las instalaciones físicas que almacenan, procesan y ejecutan grandes cantidades de datos y software).

Jensen Huang, director de Nvidia, acuñó el término "fábricas de IA" para describir los enormes centros de datos repletos de módulos y estanterías de superchips, conectados a enormes sistemas de energía y refrigeración.

Líderes tecnológicos como Mark Zuckerberg han dicho que algunos tienen el tamaño de Manhattan. El laboratorio TPU de Google es algo más modesto y se dedica a probar la tecnología para implementarla en otros lugares.

Abundan las historias de emprendedores tecnológicos suplicando a los fabricantes de chips cientos de miles de estas piezas de silicio de alta ingeniería.

Un ejemplo es la reciente cena en Nobu, en Palo Alto, donde Elon Musk y Larry Ellison, fundador y director de Oracle, intentaron convencer a Jensen Huang, de Nvidia, para que les vendiera más.

Ellison dijo: "Yo describiría la cena como si Elon y yo le rogáramos a Jensen que nos diera GPU. ¡Por favor, acepta nuestro dinero! ¡No, no, acepta más! ¡No estás aceptando suficiente! ¡Necesitamos que aceptes más, por favor!".

Es precisamente la carrera por acceder a la potencia de la mayor cantidad posible de estos chips de alto rendimiento y escalarlos a enormes centros de datos lo que está impulsando el auge de la IA, y existe la percepción de que la única forma de ganar es seguir invirtiendo.

La carrera por los chips y la tormenta de OpenAI

La terraza del hotel Rosewood Sand Hill, una extensa finca de 6,5 hectáreas cerca de las montañas de Santa Cruz que ofrece panecillos de cangrejo y martinis de vodka de autor a 35 dólares, es donde se cierran los grandes acuerdos de Silicon Valley. Está cerca de la Universidad de Stanford y la sede de Meta, así como de las oficinas centrales de importantes firmas de capital riesgo.

Hay rumores sobre quién será el próximo en anunciar chips de IA personalizados (ASIC) para competir con Google y Nvidia.

Justo antes de mi visita, se estaba gestando una especie de tormenta en torno a los planes de inversión de OpenAI, cofundada por Elon Musk.

La empresa, que comenzó como una organización sin ánimo de lucro pero desde entonces ha establecido una estructura comercial, ha sido el centro de una red de inversiones cruzadas que involucran la compra de chips y otro hardware informático necesario para el procesamiento de IA.

Pocos en la industria dudan del fenomenal crecimiento de usuarios de OpenAI, en particular de la popularidad de su chatbot, ChatGPT.

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Sam Altman: "Creemos que tendría sentido que los gobiernos construyeran (y fueran propietarios de) su propia infraestructura de IA".

OpenAI aspira a diseñar sus propios chips de IA personalizados, pero algunos han especulado sobre si necesitará apoyo gubernamental para lograrlo.

En un episodio de podcast emitido el mes pasado, un inversor de OpenAI cuestionó la concordancia entre los compromisos de gasto de la empresa y sus ingresos. El cofundador Sam Altman respondió con firmeza, poniendo en duda las cifras de ingresos citadas y añadiendo: "Si quieres vender tus acciones, te encontraré un comprador. Basta".

Posteriormente, publicó un extenso artículo en X explicando, entre otras cosas, que OpenAI está considerando compromisos de inversión por valor de aproximadamente 1,4 billones de dólares en los próximos ocho años y argumentando por qué cree que ahora es el momento de invertir en el desarrollo de su tecnología.

"No creo que el gobierno deba asegurar a las compañías de IA", afirmó.

Pero también añadió: "Lo que sí creemos que podría tener sentido es que los gobiernos construyan (y sean propietarios de) su propia infraestructura de IA".

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Se dice que Elon Musk y Larry Ellison rogaron a Jensen Huang, de Nvidia, que les vendiera más chips de alto rendimiento durante una cena en Nobu.

En otros ámbitos, recientemente se han producido caídas notables en los precios de las acciones de empresas de infraestructura de IA. Coreweave, una startup proveedora de OpenAI, vio cómo sus acciones perdían un 26% de su valor a principios de este mes.

Además, se han observado reacciones en los mercados ante el riesgo crediticio percibido de otras empresas. Y, si bien la mayoría de estas acciones tecnológicas han experimentado un alza generalizada a lo largo de 2025, en los últimos días se ha producido un ligero descenso.

ChatGPT frente a Gemini 3.0

Nada de esto ha disminuido el entusiasmo por el potencial de la IA en el sector.

El modelo de IA para consumidores de Google, Gemini 3.0, se lanzó con gran pompa a principios de esta semana, lo que supone una batalla directa para Google con OpenAI y su aún dominante ChatGPT por la cuota de mercado.

Lo que aún desconocemos es si esto marcará el fin de la era de los chatbots descontrolados que recomiendan pegamento como ingrediente para pizza.

"¿Es el resultado final de toda esta fantástica inversión que la información sea menos fiable?", pregunté a Pichai.

"Creo que si solo se construyen sistemas independientes y se depende únicamente de ellos, sería cierto. Por eso creo que debemos enriquecer el ecosistema de la información, en lugar de que la tecnología de IA sea el único producto", contestó.

Tampoco la otra gran pregunta que enfrenta la tecnología hoy en día está frenando el entusiasmo por el avance del potencial de la IA: ¿cómo alimentarla?

Para 2030 los centros de datos de todo el mundo consumirán casi tanta electricidad como la que consumió India en 2023, según el FMI (Fondo Monetario Internacional).

Sin embargo, también vivimos en una época donde el suministro de energía está bajo la lupa debido a los compromisos gubernamentales con los objetivos de cambio climático.

Planteé esto a Pichai, preguntándole si es coherente tener la ambición de generar el 95% de la electricidad a partir de fuentes bajas en carbono para 2030, como el gobierno de Reino Unido, y al mismo tiempo ser una superpotencia en IA.

"Creo que es posible. Pero creo que para todos los gobiernos, incluido el del Reino Unido, es importante encontrar la manera de ampliar la infraestructura, incluida la energética", afirmó.

"No conviene limitar una economía basándose en la energía. Creo que eso tendrá consecuencias", añadió.

Lecciones del estallido de la burbuja del año 2000

Hace años, cuando era un joven reportero, me inicié en el periodismo durante la burbuja puntocom del 2000. Esta siguió a un famoso discurso del gobernador de la Reserva Federal, Alan Greenspan, sobre la "exuberancia irracional".

En aquella época entrevisté a Steve Jobs dos veces; unos años más tarde entrevisté al predecesor de Pichai, Larry Page, y comenté en directo el colapso de WorldOfFruit.com.

A través de todo ello, una lección quedó clara: que incluso en los peores escenarios y en las crisis más duras, la catástrofe no está garantizada para todos.

Tomemos como ejemplo a Amazon: el precio de sus acciones se desplomó hasta los 6 dólares y su capitalización bursátil cayó hasta los US$4.000 millones de dólares durante el desplome, pero unos 25 años después Jeff Bezos y su empresa siguen en plena forma. Hoy Amazon tiene un valor de US$2,4 billones.

Lo mismo ocurriría, inevitablemente, con las empresas afectadas por el estallido de una posible burbuja de la IA.

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El cofundador de Google, Larry Page, ayudó a la empresa a superar la crisis de las puntocom.

Además, existe otro factor inminente que bien podría explicar por qué tantos en Silicon Valley -y más allá- ignoran, o quizás prefieren ignorar, este riesgo y siguen adelante sin importarles nada más.

Hablamos de la aspiración al brillante premio final: alcanzar la inteligencia artificial general (IAG).

Este es el punto en el que las máquinas igualan la inteligencia humana, algo que muchos creen que está a nuestro alcance; o incluso más allá, alcanzar la superinteligencia artificial (SIA), el punto en el que las máquinas superan nuestra inteligencia.

Pero también escuché algo más que me hizo reflexionar, de una figura de Silicon Valley: que no importa si realmente existe una burbuja o si esta estalla.

En perspectiva, lo que está sucediendo en el panorama general es una batalla global por la supremacía de la IA, con Estados Unidos y China como protagonistas.

Y, mientras Pekín financia centralmente estos desarrollos, en Estados Unidos el libre mercado es caótico pero productivo, lo que implica un proceso de ensayo y error a gran escala.

Por ahora Estados Unidos tiene ventaja sobre China en la producción de semiconductores: empresas como Nvidia, con sus GPU, y Google, con sus TPU, pueden permitirse el lujo de acelerar su desarrollo en medio de la vorágine.

Otras, sin duda, fracasarán estrepitosamente, afectando a los mercados, la confianza del consumidor y la economía mundial.

Sin embargo, la huella física que dejarán, con su enorme capacidad de cómputo para el despliegue masivo de tecnologías de IA, inevitablemente moldeará nuestra economía y bien podría influir en cómo trabajamos y aprendemos, y en quién dominará el mundo durante el resto del siglo XXI.


    • Faisal Islam
    • Título del autor,Editor de Economía de BBC News