- Producir un coche en Marruecos cuesta alrededor de 106 dólares en costes laborales
- En España, el mismo coche costaría cerca de 1.000 dólares
- La economía de Marruecos hace valer sus bajos costes para atraer a la industria
La economía de Marruecos está muy lejos de ser catalogada como 'desarrollada'. Los bajos niveles relativos de renta, el elevado desempleo juvenil o la gran dependencia de las remesas evidencian que la economía aún tiene mucho camino que recorrer. Sin embargo, ser una economía en desarrollo genera ciertas ventajas que, normalmente, son las que permiten reducir la brecha con los países avanzados. La más importante, probablemente, son los costes laborales. Los bajos salarios y una fuerza laboral abundante se convierten en un gran atractivo para que las multinacionales y otras empresas instalen sus fábricas y negocios en dichos países. Marruecos no solo no es una excepción, sino que es un gran ejemplo de esto. La fuerte inversión extranjera directa está ayudando a que la economía crezca a un ritmo relativamente elevado. La economía marroquí crecerá este año entre un 4,2 y un 5%, el doble que la de España (se prevé un 2,4%), esta diferencia se debe, en parte, a que Marruecos produce cada vez más coches, mientras que España fabrica cada vez menos. El gran diferencial de costes laborales, junto a otros factores, están llevando a que Marruecos le gane la partida a España.
Desde elEconomista.es se viene insistiendo en que la economía de Marruecos está intentando seguir los pasos de la economía española pero en una versión 'low cost'. La renta per cápita de Marruecos, según los últimos datos del FMI, apenas llega a los 5.100 dólares, mientras que la de España supera los 41.500. La renta per cápita es un 'proxy' de los salarios brutos del país, lo que a su vez revela las diferencias de costes laborales entre ambas naciones. Los bajos costes de Marruecos son la gran ventaja comparativa frente a España y la está sabiendo aprovechar.
Cuando se habla de que Marruecos se ha convertido en una economía que 'imita' a la española pero en versión 'low cost' lo que se quiere decir es que ha optado por vectores comunes de crecimiento en un orden similar. Ambos países destacan por una producción agraria fuerte en el pasado que cedió el testigo primero a un pujante turismo y después a una automoción que necesitaba globalización y costes más baratos. Cuando la fruta española empezó a subir de precio y a salir en dirección Europa, la fruta de Marruecos empezó a entrar en abundantes cifras en España. A medida que España se ha convertido en una meca mundial del turismo y sus precios han subido, Marruecos se ha convertido en un destino alternativo de referencia.
En el caso concreto del automóvil, Marruecos está experimentando ahora un auge equiparable al que tuvo España medio siglo atrás. En los años 60 y 70, a lomos de la apertura económica que empezaba a experimentar España, comenzó a entrar en el país capital extranjero y diversas grandes marcas internacionales abrieron plantas en el país. Aunque en Marruecos marcas históricas francesas como Renault llevan décadas y décadas con centros de producción en el país, en los últimos años se ha producido un boom en el que la entrada de capital chino para fabricar baterías de vehículos eléctricos es el mejor ejemplo.
La realidad ahora es que la industria española del automóvil tiene ante sí un competidor que juega con una ventaja difícil de contrarrestar únicamente mediante mejoras de eficiencia. Producir un vehículo en Marruecos implica un coste laboral medio de apenas 106 dólares, frente a los 955 dólares de España, según un estudio de Oliver Wyman elaborado por Daniel Hirsch, Jim Schmidt y Jennifer Wong. El coste en España es nueve veces superior al marroquí, o, visto desde el otro lado, Marruecos presenta un coste laboral por vehículo aproximadamente un 89% inferior. Además, con un análisis más profundo, la brecha coincide con trayectorias industriales completamente opuestas.
Entre 2019 y 2024 la producción automovilística marroquí aumentó un 29%, el mayor avance entre los países analizados, mientras que la española retrocedió un 17%. Marruecos ocupa ya el primer puesto mundial entre los países estudiados por menor coste laboral por vehículo, mientras España aparece en la zona media de la tabla. De hecho, un ejemplo que no es más que eso (aunque quizá sea lo más ilustrativo de este artículo) es que el Dacia Sandero, el coche más vendido en España, se fabrica en Marruecos. Para el mercado europeo, este coche se hace de forma exclusiva en las plantas de Tánger y Casablanca (Somaca).
La comparación, más allá de la anécdota del Dacia, requiere una precisión mayor que porta el informe. Oliver Wyman no se limita a enfrentar salarios, sino que utiliza el coste laboral por vehículo (una especie de costes laborales unitarios), una medida mucho más interesante para determinar la competitividad real de una fábrica porque combina remuneraciones y productividad. El equipo de The Harbour Report analizó más de 250 plantas de ensamblaje de todo el mundo y estudió plantillas, salarios, producción y estrategias de aprovisionamiento de subconjuntos y servicios, utilizando información disponible hasta finales de 2024. Además, incluye fábricas de vehículos de combustión, híbridos y eléctricos.
La importancia del indicador reside en que el trabajo supone normalmente entre el 65% y el 70% del coste total de conversión de un vehículo. El resto procede de elementos como energía, mantenimiento, materiales indirectos, alquileres y depreciación. Por tanto, los 106 dólares de Marruecos no significan simplemente que un trabajador marroquí cobre mucho menos que uno español, sino que el coste de la mano de obra necesario para sacar un automóvil terminado de la fábrica es extraordinariamente inferior.
Marruecos es el gran centro de producción
Marruecos representa, de hecho, uno de los grandes cambios que detecta Oliver Wyman en el mapa mundial del automóvil. "China ya no es el país con el menor coste laboral por vehículo", constatan Hirsch, Schmidt y Wong. Marruecos, Rumanía y México pagan actualmente salarios inferiores y, al mismo tiempo, el aumento de sus volúmenes de producción y productividad los ha colocado en las primeras posiciones mundiales. El caso marroquí es especialmente significativo para Europa porque se encuentra a las puertas del continente y se ha integrado directamente en las cadenas industriales europeas.
El Grupo Renault fue uno de los primeros actores importantes del sector privado en impulsar el sector automotriz moderno de Marruecos, estableciendo la planta de Casablanca (SOMACA) en 1959 y, posteriormente, inaugurando la planta de Tánger en 2012. Aprovechando el éxito de Renault, el Grupo PSA (Peugeot Citroën) inauguró una planta de fabricación de 630 millones de euros en Kenitra, que comenzó a operar en 2019. Después llegó el referido capital chino y ahora estas inversiones han propiciado una mayor participación de las empresas locales. Neo Motors, una marca de automóviles nacional, produce actualmente vehículos con el 90% de sus componentes de origen marroquí.
Este frenético auge del automóvil está dejando al reino alauita con unas cifras de producción que amenazan las de países europeos como Polonia e incluso las de históricos como Italia, 'cuna' de la velocidad. Como en el caso de la España de hace cinco décadas, la mentalidad de fondo es clara. "Se aplica la misma lógica: tratar de aprovechar al máximo una fuerza laboral cualificada y relativamente barata que se encuentra fuera, pero cerca, del mercado central europeo", reconoció hace meses François Conradie, analista de Oxford Economics, en unas declaraciones a elEconomista.es.
Esta historia de éxito automotriz de Marruecos se ha desarrollado paso a paso. El Plan de Emergencia de 2005 estableció objetivos sectoriales claros e impulsó la modernización industrial de Marruecos. El gobierno desarrolló puertos y zonas industriales en Tánger y Kenitra (facilitando el envío rápido a Europa), ofreció incentivos fiscales, financiación en condiciones favorables y subvenciones para la formación, además de simplificar los trámites aduaneros. Años más tarde, la política del Plan de Aceleración Industrial (PAI) 2014-2020 estableció clústeres automovilísticos especializados, como la Ciudad Automovilística de Tánger y la Zona Franca Atlántica de Kenitra, ampliando los incentivos.
"Marruecos se ha convertido en el centro de producción de bajo coste para los fabricantes franceses", constatan los expertos de Oliver Wyman, comparando su función con la que México ha desempeñado durante cuatro décadas para los grandes fabricantes de Detroit. El desplazamiento ha alcanzado tal magnitud que los fabricantes franceses producen ya más de la mitad de sus vehículos fuera de Francia.
El fenómeno ayuda a entender también por qué España, pese a conservar una poderosa industria automovilística, está sometida a una presión creciente. Sus 955 dólares de coste laboral por vehículo siguen estando claramente por debajo de Francia, con 1.569 dólares, Italia, con 2.067, Reino Unido, con 2.333, y especialmente Alemania, con 3.307 dólares. España mantiene, por tanto, una importante ventaja respecto al núcleo industrial de Europa occidental, pero se encuentra muy lejos de Marruecos, Rumanía, con 273 dólares, México, con 305, Turquía, con 414, China, con 597, Polonia, con 663, o República Checa, con 691.
La amenaza no procede únicamente de China. Se está formando alrededor de Europa una nueva geografía industrial de países capaces de fabricar vehículos a una fracción del coste laboral de las grandes economías occidentales, y Marruecos es su expresión más extrema. Oliver Wyman señala precisamente que la deslocalización hacia México y lugares como Marruecos "ha mantenido bajo el coste laboral por vehículo", especialmente entre los fabricantes generalistas.
Pero el informe también ofrece una importante advertencia contra la conclusión fácil de que salarios elevados equivalen necesariamente a desaparición de la industria. Japón constituye probablemente el mejor ejemplo. Su coste laboral alcanza los 769 dólares por vehículo, más de siete veces el de Marruecos, pero sigue siendo competitivo gracias a su extraordinaria productividad y se encuentra prácticamente al nivel de las modernas plantas de Europa del Este.
Los fabricantes generalistas consiguen además un coste medio mundial de 880 dólares apoyándose en grandes volúmenes, fábricas ya amortizadas, menor depreciación y redes industriales diversificadas entre países caros y baratos. La receta consiste en compensar el salario mediante productividad. Oliver Wyman destaca que Hyundai, Renault y Stellantis contienen sus costes mediante "procesos de fabricación eficientes" y pocas horas de ingeniería por vehículo. Japón demuestra así que una economía avanzada no necesita competir pagando salarios marroquíes si consigue producir mucho más eficientemente con cada hora trabajada.
La gran ventaja china
El problema se vuelve mucho más serio cuando salarios altos coinciden con baja productividad, elevada complejidad y costes adicionales elevados, algo que el informe observa particularmente en Alemania. Sus fabricantes soportan 3.307 dólares de coste laboral por vehículo como consecuencia, según Oliver Wyman, de "sindicatos fuertes y una regulación estricta de las horas de trabajo", pero el golpe se amplifica por una productividad laboral inferior, salarios elevados, mayores costes de depreciación y vehículos mucho más complejos.
Un automóvil chino necesita aproximadamente la mitad de horas de ingeniería que uno de los fabricantes europeos premium y sus plantas suelen ser instalaciones nuevas diseñadas desde cero, con tecnología avanzada y menos variantes y componentes. Además, la energía puede cambiar sustancialmente la fotografía aunque no forme parte del indicador laboral. Las fábricas alemanas sufren el encarecimiento del gas desde la invasión de Ucrania, mientras las francesas se benefician de su mayor dependencia de la energía nuclear. Es decir, el salario importa mucho, pero no decide por sí solo dónde sobrevive una fábrica. Diseño, escala, automatización, energía, amortización de las instalaciones, logística y complejidad del producto pueden compensar parcialmente una mano de obra cara.
España se encuentra precisamente en esa encrucijada. No soporta todavía el problema extremo de Alemania, Francia o Italia, pero tampoco puede competir con Marruecos mediante salarios. La distancia de 849 dólares por automóvil es demasiado grande y, además, Marruecos no solo ofrece costes bajos, sino que está aumentando producción y productividad, justamente la combinación que Oliver Wyman identifica como responsable de su ascenso. La respuesta para las fábricas españolas pasa necesariamente por el otro lado de la ecuación. Los autores recomiendan a los fabricantes generalistas invertir en tecnología digital, automatización logística, sistemas de visión y herramientas que eleven la productividad, además de simplificar los vehículos y reorganizar las cadenas de suministro.
Para los fabricantes europeos de mayor coste son todavía más importantes si cabe. Oliver Wyman calcula que los premium deberían llevar su coste laboral hacia 1.500 dólares por vehículo, un 33% menos que actualmente, pero reconoce que reducir salarios sería "difícil e impopular", por lo que la solución debe proceder fundamentalmente de la productividad. Esa es también la batalla que se abre para España. Marruecos difícilmente puede ser derrotado en el terreno salarial. La posibilidad de conservar la producción pasa por fabricar mejor, más rápido y con mayor valor añadido por cada hora de trabajo.
