
- Los 'apagones' digitales indiscriminados de Moscú están afectando a los rusos
- Los ciudadanos han tenido que volver a echar mano del efectivo para el día a día
- Es un nuevo ejemplo de la importancia del efectivo como lo fue el apagón en España
Cuando todo va bien, el efectivo parece convertirse en un estorbo en el bolsillo o la cartera que solo afea o incomoda. Los pagos con tarjeta, móvil, Bizum... se convierten en la norma en un mundo que parece dirigirse hacia la digitalización de todo lo que se pueda digitalizar. Sin embargo, cuando la incertidumbre crece o suceden graves imprevistos, el ser humano tiende a recurrir a lo tangible... a lo de siempre; aunque hoy en día no esté respaldado por nada (los billetes y monedas tienen el 'valor' que le damos con nuestra confianza), el dinero en efectivo recupera su atractivo en las grandes crisis económicas, en los desastres naturales, en las pandemias o en los apagones. El último gran ejemplo se puede presenciar en tiempo real en Rusia, donde la demanda de dinero en efectivo se ha disparado.
Rusia lleva ya más de cuatro años en guerra desde que procedió a la invasión de Ucrania, pero los cortes en el servicio de Internet móvil están siendo una tónica habitual ahora. Aunque hay diversas teorías al respecto y algunas apuntan a una suerte de 'apagón' para evitar opiniones discrepantes sobre el conflicto bélico y la situación del país, el Kremlin ha dicho que estas interrupciones tienen como objetivo contrarrestar la amenaza de los ataques con drones ucranianos. Su efecto más inmediato en el día a día de los rusos es que los pagos digitales se han convertido en una auténtica epopeya.
Las cifras constatan el fenómeno. La cantidad de dinero en efectivo en circulación se disparó en unos 600.000 millones de rublos (unos 8.000 millones de dólares) en abril, según datos recopilados por Bloomberg. Se trata del mayor incremento mensual -excluyendo los picos anuales de diciembre- desde septiembre de 2022, cuando el presidente Vladímir Putin anunció una movilización parcial para la guerra en Ucrania, según cálculos basados en datos del Banco de Rusia.
Ampliando un poco más la mira, los números son aún más elocuentes. El efectivo en circulación en Rusia se incrementó en más de 1,1 billones de rublos en los últimos tres meses, más que el aumento registrado en todo el año 2025, según estos cálculos. El propio banco central ruso ya ha señalado con anterioridad que el aumento del efectivo de este año podría estar relacionado con los repetidos cortes de Internet móvil, que han obligado a consumidores y empresas a disponer de dinero físico para cubrir los pagos cotidianos.
Dando por buena la explicación de Moscú, el recurrir de nuevo al dinero físico pone de relieve la disyuntiva entre seguridad y eficiencia económica. Las medidas destinadas a proteger las ciudades de los drones están reviviendo hábitos analógicos que muchos daban por obsoletos tras años de transición hacia los pagos sin efectivo, especialmente en las zonas urbanas.
En abril, Putin reconoció por primera vez los problemas de acceso a Internet en las principales ciudades, argumentando que eran necesarios para "prevenir actos terroristas", al tiempo que instaba a las fuerzas del orden a tener en cuenta los intereses de los ciudadanos. Durante la guerra con Ucrania se han producido cortes generalizados de Internet en muchas regiones de Rusia, pero este año también han afectado a Moscú, una ciudad con más de 13 millones de habitantes.
Los ciudadanos rusos se han visto obligados a imprimir billetes electrónicos, pedir taxis por teléfono fijo y lidiar con la imposibilidad de pagar el aparcamiento. Las ventas de herramientas de comunicación offline, como radios portátiles y buscapersonas, así como mapas en papel, se han disparado a medida que la gente se adapta a los cortes. Ya el apagón del 28 de abril del año pasado en España llevó a un interés desmedido por los viejos transistores para escuchar la radio.
El problema es tal que ya trasciende la esfera ciudadana y afecta al tejido empresarial. Las interrupciones de Internet han complicado las operaciones de muchas firmas, lo que ha llevado a las empresas de los sectores del metal, el petróleo y el gas, los productos químicos y la agricultura a invertir fuertemente en métodos de comunicación alternativos para mantener ininterrumpida su actividad.
Aunque este auge del efectivo es una cuestión puramente rusa, a nivel global los agentes siguen confiando en este tipo de medio de pago y forma de dinero como una especie de 'garantía' e incluso a veces como reserva de valor. Más allá de casos concretos como el ruso, el dinero en efectivo resiste mejor de lo que sugiere el relato de una economía cada vez más digitalizada. En el informe del BIS (Banco Internacional de Pagos) Tap a card, pay by phone, but cash still holds its own, Chakree Aksonthung, Anneke Kosse e Ismail Mustafi explican que "es imposible imaginar un mundo sin efectivo", porque el dinero físico "sigue desempeñando un papel destacado en la vida de las personas". Aunque los pagos con tarjeta, transferencias instantáneas y otros medios digitales siguen creciendo, el informe subraya que el efectivo en circulación "se ha estabilizado en gran medida", lo que confirma su "relevancia duradera" en las economías.
La clave está en que el efectivo no solo sirve para pagar, sino también como reserva de valor y como seguro frente a la incertidumbre. Según los autores del informe, "las estadísticas del Red Book confirman que el efectivo todavía desempeña un papel útil en las economías, ya sea como medio de pago, como reserva de valor o como ambas cosas". Este matiz es importante: que se retire menos efectivo de los cajeros no significa que haya desaparecido la demanda de billetes. De hecho, el BIS observa que los consumidores retiran efectivo con menos frecuencia, pero en cantidades mayores, una señal de que muchas familias prefieren mantener una cierta reserva física disponible.
Seguridad y... libertad
Esa utilidad se vuelve especialmente evidente en situaciones de crisis: apagones, caídas de los sistemas de pago, ciberataques, desastres naturales o episodios de estrés financiero. Cuando falla la infraestructura digital, el efectivo sigue funcionando sin electricidad, sin cobertura móvil, sin datáfono y sin intermediarios. Es, por tanto, una tecnología antigua pero extraordinariamente resiliente. En un mundo más expuesto a disrupciones geopolíticas, energéticas y tecnológicas, disponer de billetes no es una nostalgia analógica, sino una forma práctica de autonomía.
Además, el efectivo preserva una dimensión de libertad que otros medios de pago no ofrecen en la misma medida. Permite realizar pequeñas transacciones sin dejar un rastro digital completo, facilita la inclusión de personas mayores o con menor acceso financiero y reduce la dependencia total de bancos, plataformas tecnológicas o redes de pago. El avance de los pagos digitales es indudable, pero también crea una economía más dependiente de infraestructuras complejas. El efectivo actúa como contrapeso: menos cómodo en el día a día, pero más robusto cuando el sistema se tensiona.
Por eso, el mensaje de fondo del informe del BIS no es que el efectivo vaya a recuperar el terreno perdido frente al móvil o la tarjeta, sino que conserva una función esencial dentro de un ecosistema de pagos equilibrado. Como concluyen Aksonthung, Kosse y Mustafi, los bancos centrales deben fomentar un sistema en el que consumidores y empresas puedan pagar y cobrar "de forma segura y eficiente". Esa seguridad no depende solo de la innovación digital; también exige mantener vivo un instrumento sencillo, universal y resistente como es el dinero en efectivo.
Ejemplos como el del apagón en España o la primera guerra en suelo europeo después de muchos años han llevado a instituciones que impulsan el dinero digital a defender la necesidad de contar con una mínima reserva de efectivo. El propio Banco Central Europeo (BCE) publicó un documento el pasado septiembre en su boletín mensual en el que destacaba el papel "crucial" del efectivo durante crisis como el corte de luz masivo que sufrió la península ibérica. "El apagón puso de relieve el papel del efectivo como método de pago indispensable cuando fallan las infraestructuras digitales y también como instrumento importante para tranquilizar a la población, ampliando su influencia incluso a zonas que no se vieron directamente afectadas por la crisis inicial", explicaban sus autores.
La entidad capitaneada por Christine Lagarde recordaba que, en aquella jornada que dejó sin luz a la España y Portugal peninsular, el gasto por tarjetas de crédito cayó entre un 41% y un 42% en comparación con un día normal. Asimismo, la facturación del comercio electrónico se desplomó un 54%. El estudio del banco central recogía también cómo en shocks como el estallido del covid en Occidente en 2020 o el inicio de la guerra en Ucrania se experimentó un "extraordinario y sostenido aumento de la demanda de billetes en euros".
Aunque en parte fomentan las restricciones para evitar la circulación de 'dinero negro' o el 'lavado' del mismo, lo cierto es que cada vez más Gobiernos subrayan el rol del efectivo como "componente crítico" para la seguridad nacional e instan a sus ciudadanos, como en los casos de Países Bajos, Austria o Finlandia, a disponer de reservas para afrontar la compra de artículos de primera necesidad durante 72 horas. Por ejemplo, las autoridades de estos países sugieren mantener cantidades de entre 70 y 100 euros por cada miembro del hogar. Algunas jurisdicciones, como Finlandia, incluso están explorando cajeros automáticos "a prueba de interrupciones" para garantizar el acceso durante fallos digitales.