lunes, 2 de septiembre de 2019

Silicon Valley quiere leer tu mente, y eso debería preocuparte

Elon Musk, fundador de Tesla y Neuralink, en una imagen de 2018.

Elon Musk, fundador de Tesla y Neuralink, en una imagen de 2018. GETTY


Cuando Facebook o Elon Musk recopilen pensamientos directamente de nuestros cerebros habrá serios problemas éticos


No contento con controlar casi todo lo que uno hace en Internet, ahora Facebook también quiere leer nuestra mente. El gigante de las redes sociales ha dado a conocer no hace mucho un avance en su plan para crear un dispositivo que lea las ondas cerebrales de la gente y le permita escribir con solo pensarlo. Y Elon Musk quiere ir aún más allá. Otra de las empresas del jefe de Tesla, Neuralink, está diseñando un implante cerebral para conectar la mente de la gente directamente a un ordenador.
Musk reconoce que se inspira en la ciencia ficción y que quiere asegurarse de que los humanos pueden “seguirle el ritmo” a la inteligencia artificial. Parece que se ha perdido la parte de la ciencia ficción que advierte de las repercusiones de la tecnología.
Estos sistemas para leer la mente podrían afectar nuestra privacidad, seguridad, identidad, igualdad y protección personal. ¿De verdad queremos que todo eso dependa de empresas con filosofías como la del antiguo mantra de Facebook “muévete rápido y rompe cosas”?
Aunque suenan futuristas, las tecnologías necesarias para fabricar dispositivos que lean las ondas cerebrales no son tan diferentes de las herramientas corrientes para las Imágenes por Resonancia Magnética (IRM) y la Electroencefalografía (EEG) que utiliza la neurociencia en hospitales de todo el mundo. Ya se puede adquirir un equipo para controlar un dron con la mente, así que, en cierto modo, utilizar uno para escribir palabras, no es un paso tan grande. El avance probablemente estará en el uso del aprendizaje de las máquinas para rebuscar entre enormes cantidades de datos recabados por nuestro cerebro y encontrar patrones en la actividad neuronal que unan los pensamientos con palabras específicas.
Estos sistemas para leer la mente podrían afectar nuestra privacidad, seguridad, identidad, igualdad y protección personal
Es probable que se tarde mucho más en desarrollar un implante cerebral y es importante separar los verdaderos logros de Neuralink del bombo y la promoción en los medios. Pero Neuralink ha conseguido avances simultáneos en materiales para electrodos y en la cirugía asistida por robot necesaria para implantarlos, y ha empaquetado diligentemente la tecnología para que se pueda leer con un USB. 
Puede que los planes de Facebook y Neuralink se desarrollen a partir de la práctica médica existente. Pero cuando las empresas recopilan pensamientos directamente de nuestros cerebros, los problemas éticos son muy diferentes.
Cualquier sistema que pueda recabar datos directamente de nuestros cerebros supone un claro riesgo para nuestra privacidad. La privacidad se basa en el consentimiento. Pero es muy difícil dar un consentimiento como es debido si alguien está pinchando directamente nuestros pensamientos. Las empresas de Silicon Valley (y los Gobiernos) ya reúnen subrepticiamente todos los datos que pueden sobre nosotros y los utilizan de formas que preferiríamos que no utilizasen. ¿Hasta qué punto podemos estar seguros de que nuestros pensamientos aleatorios y personales no serán captados y estudiados juntos con las instrucciones que queremos dar a la tecnología? 

Discriminación y manipulación

Uno de los problemas éticos que tiene en la actualidad la recopilación de datos es la discriminación basada en atributos como el género o la raza que se pueden deducir de los datos. Crear una ventana al interior de la mente humana podría hacer más fácil determinar otros factores que podrían dar lugar a prejuicios, como la sexualidad o la ideología política, o incluso diferentes formas de pensar que podrían incluir cosas como el autismo.
Con un sistema que pincha directamente nuestro cerebro, no solo podrían robarnos nuestros pensamientos, sino que también es posible que además pudieran manipularlos. Ya se está desarrollando la estimulación cerebral para ayudar a tratar el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) y reducir la violencia. Incluso hay afirmaciones sensacionalistas según las cuales se puede usar para transmitir conocimientos directamente como en la película Matrix.
Un paso previsible sería combinar las tecnologías “internas” y “externas” en una interfaz bidireccional cerebro-ordenador. Las posibilidades que tendrían los Gobiernos para volvernos más conformes, para que quienes nos contratan nos obliguen a trabajar más duro, o para que las empresas nos hagan querer más productos suyos subrayan hasta qué punto deberíamos tomarnos esta tecnología en serio.
Prototipo del dispositivo lector de ondas cerebrales de Facebook.
Prototipo del dispositivo lector de ondas cerebrales de Facebook.
Si los dispositivos para leer mentes se convierten en el medio habitual de interactuar con los ordenadores, podríamos acabar sin otra alternativa que utilizarlos para estar a la altura de nuestros colegas más productivos. (Imagínense a alguien que solicite un empleo ahora en una oficina y se niegue a utilizar el correo electrónico). Y si los implantes estilo Neuralink se convierten en la norma, esto también podría llevar a una mayor desigualdad determinada por el nivel del equipo que uno se podría permitir que le instalasen.
Elon Musk ha declarado que el enorme préstamo necesario para financiar la cirugía de Neuralink se vería contrarrestado por las posibles ganancias para los “mejorados”. La sola idea de que la gente se vea presionada para asumir enormes deudas con el fin de hacerse la cirugía para mantener su empleo procede directamente de una distopía de ciencia ficción.
Por si fuera poco, existe la amenaza física más directa de tener sistemas que invadan físicamente nuestro cerebro. Aunque puede que algunas personas quieran modificar su cerebro con la interfaz de un ordenador (ya hay muchos biohackers experimentales), desarrollar esto a gran escala exigiría una experimentación masiva e intensa.
Dada la reputación que tiene Silicon Valley de romper cosas (y la tendencia a hacerlo) en lugar de pararse a pensar en ellas, estos sistemas necesitarán una regulación minuciosa y una revisión ética antes de que empiecen las pruebas. De lo contrario, se arriesga a crear cobayas humanos mutilados.
Pese a todo, podría haber enormes ventajas en continuar la investigación en esta área, especialmente en el caso de quienes sufren parálisis o discapacidad sensorial. Pero Silicon Valley no debería poder dictar la manera en que se desarrollan y se utilizan estas tecnologías. Si lo hace, puede que reconfigure radicalmente la forma en que nos identificamos como humanos.

Pete Buttigieg: “No basta con ganar a Trump, hay que derrotar al trumpismo”

Pete Buttigieg, en un mitin de campaña en Manchester el 21 de agosto.

Pete Buttigieg, en un mitin de campaña en Manchester el 21 de agosto. AFP

En una entrevista con EL PAÍS, el alcalde treintañero, religioso y gay que ha dado la sorpresa en las primarias demócratas propone la regularización de inmigrantes y acabar con la economía precaria



En los actos de campaña, cuando la gente le pregunta por qué hay que votar por él, qué es lo que le hace distinto de los demás candidatos de las primarias del Partido Demócrata, Pete Buttigieg tiene una broma preparada: “Esta va a ser vuestra única ocasión de votar por un millenial, gay, maltés-americano y episcopaliano”. Decir que Pete Buttigieg es un candidato atípico a presidente de Estados Unidos es quedarse muy corto.
Tiene 37 años, solo dos más de los que requiere la Constitución para ser presidente. Sería el más joven de la historia y, por supuesto, el primero abiertamente gay. Su experiencia en el ámbito público es ser alcalde desde 2011 de un pueblo modesto del Medio Oeste llamado South Bend, en Indiana. Muchos quieren ver en él la voz que puede recuperar a los votantes del cinturón industrial del país, esa clase media blanca empobrecida de los suburbios que, en 2016, votó por la mínima por Donald Trump y dejó a los demócratas en estado de shock.
“Al venir del Medio Oeste industrial he visto la desafección de los norteamericanos con la realidad en la que nos encontramos”, dice Buttigieg en una entrevista con EL PAÍS. “Mucha gente votó por este presidente no porque pensaran que era buena persona, sino porque prometió prender fuego al edificio. Fue la expresión de un deseo de que todo cambie. El problema es que el presidente no está mejorando nuestras vidas en nada. La casa está ardiendo y nosotros estamos igual”.
En este contexto, su mensaje a los votantes consiste en pedirles que prueben algo completamente nuevo. Un político que no se parezca a nada y sin hipotecas del pasado. “No creo que sea bueno para el Partido Demócrata decir que queremos volver a la normalidad. Lo que hay que hacer es crear una nueva normalidad. Eso significa asegurarnos de que la economía funciona para todos, incluso cuando la estructura económica cambia por la tecnología. Y creo también que nuestra democracia necesita cambios estructurales. Necesitamos afrontar la relación entre dinero y política. Hay que corregir los distritos electorales trazados de forma injusta. Y eventualmente tenemos que pasar a un sistema de voto popular. Creo que la idea básica [de la campaña] es que no solo me preocupan los problemas de la Casa Blanca, sino los problemas que hicieron que surgiera esta Casa Blanca”.
El candidato atendió a EL PAÍS por teléfono el pasado miércoles, en medio de su gira por California, minutos antes de que la senadora Kirsten Gillibrand anunciara su retirada de la carrera por la nominación demócrata. Aún quedan 20 candidatos, una cifra sin precedentes recientes a estas alturas. Con un grupo tan grande, ha sido una verdadera sorpresa que un perfecto desconocido para el público general como Buttigieg se haya colado entre los favoritos al lado de nombres como Joe Biden, Bernie Sanders, Elizabeth Warren y Kamala Harris. Buttigieg es el quinto en la mayoría de las encuestas, que le dan entre el 4% y el 8%. El elenco se puede reducir drásticamente a solo 10 candidatos, los que se han clasificado para el próximo debate. Él ya está dentro.
Tiene un apellido difícil de pronunciar para muchos norteamericanos (en español sería algo como buti-chich) y unos 20 años de biografía. En el año 2000 escribió un ensayo en el instituto sobre el senador Bernie Sanders como ejemplo de coraje político que le valió un premio de la Biblioteca Presidencial John F. Kennedy. Entró en Harvard y se graduó de Historia y Literatura. En su libro (Shortest Way Home: One Mayor’s Challenge and a Model for America’s Future) recuerda que estando en Harvard se hizo indispensable en la universidad una página llamada thefacebook.com que había inventado otro alumno, un tal Mark Zuckerberg. Después estudió en Oxford el programa de Filosofía, Política y Economía. Habla, más o menos, seis idiomas. Fue voluntario en varias campañas demócratas y se alistó en el Ejército. Sirvió en Afganistán. En 2011, se presentó a alcalde de su pueblo. El año pasado se casó con su marido, Chasten Buttigieg, de 30 años, que ha estado a su lado toda la campaña y se ha convertido en una estrella de las redes sociales.
No esconde que su atractivo consiste en un mensaje muy progresista y, a la vez, la sensación de que es capaz de hablar a los votantes republicanos. “Yo me considero muy progresista, pero hay cuestiones estructurales que preocupan a la gente en los dos lados”, afirma. El martes por la noche, durante un evento en Hollywood, un ambiente radicalmente distinto de South Bend, Buttigieg reivindicó que las palabras “valores” y “bandera” son de todos, no de los republicanos. Hace gala de su fe cristiana, y la utiliza también para criticar a la derecha.
“Yo votaría por un sándwich de jamón si pensara que pudiera ganar a este presidente”, bromeó en Hollywood cuando alguien le preguntó por qué había que votarle a él. Muchos piensan igual. Buttigieg reconoce que hay una motivación extra entre los demócratas este año, pero su oferta consiste en que él puede conseguir una coalición de votantes más amplia. “Hay una mayoría muy amplia para las cosas que yo propongo”, afirma por teléfono. “Los demócratas desde luego están muy motivados. Pero deberíamos ser capaces de ganar con una mayoría contundente. No basta con ganar a Trump, hay que derrotar al trumpismo. Para que eso ocurra, necesitamos un candidato que pueda ganar también mayorías en la Cámara y el Senado”.
Pete Buttigieg saluda a sus seguidores en un mitin en Portland.
Pete Buttigieg saluda a sus seguidores en un mitin en Portland.  REUTERS
Buttigieg viene de los Estados blancos de los campos de maíz y soja. La América de Hoosiers. South Bend está a dos horas en coche al este de Chicago. Tiene 100.000 habitantes, de los que el 63% son blancos y el 14,4%, hispanos. En toda Indiana, los hispanos son el 7,1% mientras la media nacional es el 18%. El discurso antinmigrantes de Donald Trump no ganó en ninguna ciudad grande de Estados Unidos ni en las costas ricas, pero sí en suficientes pequeños condados del interior. Sitios donde los demócratas tienen que esforzarse por contrarrestar la idea de que hay muchos inmigrantes, o que son una amenaza.
“Creo que en el Medio Oeste hay mucho pragmatismo”, dice Buttigieg a la pregunta de cómo va a defender a los inmigrantes en lugares como South Bend. “Nuestra economía realmente depende de estos inmigrantes indocumentados, pero los están explotando porque no tienen estatus legal. Estaríamos mucho mejor no solo si se les permite quedarse, sino ser ciudadanos de pleno derecho que pagan impuestos, que contribuyen a la economía. No se trata de hacerles un favor a los indocumentados, se trata de apoyar a nuestras comunidades asegurándonos de que todo el mundo puede salir de la oscuridad y participar en el país”.
South Bend tiene una renta per cápita de 21.000 dólares (unos 19.108 euros) al año (la media nacional es 31.000 dólares —unos 28.207 euros) y una tasa de pobreza del 25% (frente al 12% en EE UU). El valor medio de las casas es de 81.000 dólares, frente a la media nacional de 193.000 dólares. En lo más duro de la crisis, el desempleo llegó al 12%. Buttigieg se presenta como el candidato de la América asalariada que se está quedando atrás en la revolución económica de la era digital. El martes participó en una protesta de conductores de Uber y Lyft en San Francisco para exigir que se les reconozca como empleados. Buttigieg cree que hay que reforzar el papel de los sindicatos y luchar por mayor estabilidad en el empleo.
“Hemos visto dos fenómenos ocurrir al mismo tiempo”, explica sobre este punto. “Uno, el declive de los sindicatos. Y dos, que se ha hecho más difícil sobrevivir económicamente. Yo creo que las dos cosas están directamente relacionadas. Además, está el estancamiento de los ingresos, una realidad que dura ya más o menos toda mi vida. Hemos tenido un crecimiento económico espectacular y prácticamente ninguna mejora en la renta de la mitad de Estados Unidos. Esto no es consecuencia de una fuerza misteriosa. Es consecuencia de decisiones políticas que han hecho más difícil para los trabajadores negociar mejores condiciones y salarios”. Para Buttigieg, la llamada economía colaborativa (gig economy, en inglés) es un “cambio estructural”. “Tenemos que asegurarnos de que no se convierte en explotación”, afirma.
Ese mismo Medio Oeste se ha convencido de que los trabajos que está perdiendo se están yendo a México. Trump explotó esta idea con habilidad en 2016. Buttigieg se presenta como el demócrata capaz de ofrecer otro relato a esos votantes. “Es verdad que se han perdido muchos trabajos como consecuencia de los acuerdos comerciales que se firmaron hace una generación”, dice Buttigieg. “A esa parte del país le prometieron que la tarta sería más grande y que todos estaríamos mejor. Pero la tarta se ha hecho más pequeña”.
“Es una de las razones por las que a Estados Unidos le interesa que México sea próspero”, razona respecto a la relación comercial con el vecino del sur. “Cuanto más altos sean los sueldos en México, mejor podremos competir. Y cuanto más seguro y próspero sea México, será más raro que tengamos niveles de inmigración inmanejables. Centroamérica podría encontrar prosperidad en México y no tener la idea de que Estados Unidos es su única esperanza”.
“Tenemos que gestionar la frontera de acuerdo con nuestras leyes y nuestros valores”, responde a la cuestión de cómo gestionar la llegada de inmigrantes. “No podemos tenerlo todo. Si queremos estabilizar la inmigración tenemos que estabilizar nuestra economía en ese sentido. Hay que asegurarse de que todo el mundo tiene el mismo nivel de sueldo y de protección como trabajador, de forma que no haya un incentivo tan poderoso para aprovecharse de los indocumentados”.
En este sentido, ve difícil un acuerdo con la actual mayoría republicana en el Senado en materia de inmigración. “Depende de si cuando hablamos del Partido Republicano nos referimos a la gente o a los líderes del Congreso. Porque entre los ciudadanos norteamericanos hay apoyo a un pacto que ofrezca una vía para a ciudadanía y a la vez seguridad en la frontera. Desgraciadamente, el Congreso de Estados Unidos ya no refleja a los ciudadanos. Creo que esto no va a mejorar hasta que los republicanos del Congreso no experimenten una pérdida de poder como resultado de ignorar a la gente”.

MÁS ROPA, MENOS USO: La conciencia verde llega a la moda

La conciencia verde llega a la moda


El compromiso medioambiental de los gigantes de la moda choca con el modelo de producción global masiva


En el marco del programa social del G-7 impulsado por el presidente francés, Emmanuele Macron, los gigantes de la moda y el lujo lanzaron al mundo la semana pasada el Fashion pact, un plan global de sostenibilidad que es, al mismo tiempo, un mea culpa en toda regla. En un planeta con todas las alarmas climáticas y ecológicas disparadas, las cifras de la industria de la moda ponen los pelos de punta.
Según el informe Una nueva economía textil: rediseñando el futuro de la moda, elaborado por la Fundación Ellen MacArthur, adalid de la economía circular, el impacto negativo de la industria textil se multiplicará en las próximas décadas.

‘Fashion pact’

El negocio de la moda genera 1.500 billones de euros al año


En grandes cifras, las emisiones de carbono pasarán de ser el 2% de la industria mundial a suponer el 26% y el consumo de recursos no renovables se disparará hasta los 300 millones de toneladas en el 2050 si no se revierte la tendencia actual, mientras que en el mismo periodo se verterán 22 millones de toneladas de microplásticos al mar. Estos son, precisamente, los tres parámetros que las más de 30 empresas firmantes del Fashion Pact se han comprometido a controlar para reducir significativamente su impacto medioambiental.

“Este pacto de la industria es un esfuerzo coordinado de los grandes del sector para evitar una regulación externa; además, no pueden dejar de lado las exigencias medioambientales de los más jóvenes”, asegura Javier Vello, responsable de retail y consumo de la consultora EY.


‘Fashion pact’

95 millones de toneladas anuales de petróleo, fertilizantes y productos químicos de consumo en la producción


Entre los firmantes del pacto están los grandes grupos de lujo europeos, así como los gigantes del fast fashion, con Inditex y H&M a la cabeza. “Mover 20 colecciones diferentes al año como hacen empresas como Inditex o H&M es lo menos ecológico que hay”, asegura Laureano Turienzo, presidente de Asociación Española del Retail y profesor de ESIC. En su opinión, el debate de la sostenibilidad en el sector textil debe centrarse en cómo producen la moda los grandes gigantes del sector, en qué condiciones y con qué materiales. Solo cambiando eso se podrían reducir los estragos sobre el medioambiente que producen.
“En los últimos años, la industria y los consumidores han tomado conciencia del impacto negativo de la moda en el medio ambiente”, recoge el estudio de la Fundación Ellen MacArthur. “Y aunque marcas y retailers se han marcado retos de sostenibilidad en la cadena de suministro, muchos de estos esfuerzos están enfocados en reducir el impacto del actual sistema lineal –como utilizar técnicas de producción más eficientes o reducir el impacto de los materiales– en lugar de una aproximación que aborde las raíces reales del sistema, que son la baja utilización de ropa y la baja tasa de reciclaje del sector”, sentencia.

36%

Se ha reducido la reutilización de las prendas en todo el mundo en los últimos 15 años


A pesar de las voces críticas que hablan de green washing, lo cierto es que las marcas de gran distribución de moda, responsables de gran parte de la producción mundial, han introducido la sostenibilidad en su agenda. “Hace unos diez años, a nadie le importaba cómo estaban hechas las prendas. Ha habido un boom en los últimos cuatro o cinco años, la demanda de nuestras soluciones para minimizar residuos textiles se ha disparado”, explican fuentes de Jeanología, una empresa valenciana que ha revolucionado los procesos de acabado del tejido denim y que trabaja para gigantes mundiales como Levi Strauss o H&M.
87%

El 87% del material utilizado para la producción textil termina en los vertederos


Una de las iniciativas que han adoptado prácticamente todos los grupos de moda de masas, desde Inditex a H&M o Uniqlo, es la reducción de plástico en los sistemas de embalaje. Inditex ha desarrollado una estrategia circular y H&M está colaborando con la Fundación Ellen McArthur para desarrollar su propio programa. Por su parte, la cadena japonesa anunció el pasado mes de julio su plan para eliminar a finales del 2020 el uso innecesario de plásticos en su cadena de suministro y reducir en un 85% el plástico de un solo uso en todas las tiendas del mundo. Una decisión que, según asegura la propia compañía, supone la eliminación de más de 7.800 toneladas anuales de material.
“El low cost tiene sus ventajas y las marcas lo seguirán exprimiendo. Están trasladando las fábricas fuera de China, a otros países asiáticos o africanos en busca de abaratar costes una vez que los chinos han empezado a reivindicar condiciones de trabajo más decentes”, asegura el economista y consultor de retail Marcos Álvarez. “Lo que vimos hace una semana en París tiene mucho más de branding, de posicionamiento de marca ante una demanda creciente de la sociedad que de compromiso real”, asegura Álvarez.

Turismo en colapso permanente

Turismo en colapso permanente

Sacarse una foto en la Fontana de Trevi sin que aparezca un mar de cabezas es una tarea complicada (Getty)


La masificación crece porque el destino sólo se promociona sin gestionar los flujos



Nadie quiere ser turista cuando hace turismo. Pero la realidad (las fotos de esta noticia lo dicen todo) confirma lo contrario. Los destinos más populares del mundo están saturados. Reciben muchos más visitantes de los que pueden absorber: Cataratas del Niágara, 30 millones al año; Pirámide de Giza, 14,7; Muralla China, 10 millones ... Una afluencia desmesurada de viajeros (las cifras se disparan en verano) que hace imposible contemplar la grandeza de esos espacios, disfrutar de su belleza o prestar atención a sus particularidades.
La universalización de la cultura de viajar (en el mundo se mueven alrededor de 1.200 millones de turistas al año) está pasando una cara factura en el bienestar ciudadano de las urbes más visitadas, desborda equipamientos y servicios y daña el equilibro natural de espacios abiertos. Es el coste cobrado por un turismo mal promocionado y gestionado con una oferta que propicia la masificación. El que apuesta por “multitud llama a multitud” y prima la cantidad por encima de la calidad.
Nueva York batió otro récord en el 2018. La ciudad, con Times Square como principales reclamos, tuvo 65,2 millones de turistas
Nueva York batió otro récord en el 2018. La ciudad, con Times Square como principales reclamos, tuvo 65,2 millones de turistas (George Rose / Getty)
¿Cómo se ha llegado a este turismo masificado y saturado? “Por las nefastas políticas de las administraciones, que en vez de preocuparse por la gestión del turismo en sus territorios se limitan a promocionarlo –eso es lo fácil– sin que a nadie parezca importarle (para la empresas de viajes esto es un regalo) lo que después se va a encontrar el turista en el destino elegido”, responde Antonio J. Guevara. Es decano de la Facultad de Turismo de la Universidad de Málaga y presidente de la Red Interuniversitaria de Turismo (Redintur) compuesta de 26 universidades españolas con estudios de Posgrado y Doctorado en Turismo.

Antonio J. Guevara ha estado este verano en Santorini. “Cada mañana llegan a esa costa varios cruceros y desembarcan miles de personas. Si sólo tienes un par de días para estar en ese destino y coincides con esa marea humana, estás muerto”, afirma este profesor experto en turismo. Ocurre lo mismo, verano tras verano, en infinidad de destinos de costa y esto es un claro ejemplo de las consecuencias de esas enquistadas políticas del “turismo de promoción”, criticadas por Guevara.
La afluencia de turistas en Moscú, con la plaza Roja como icono, ha aumentado en 67% los últimos años
La afluencia de turistas en Moscú, con la plaza Roja como icono, ha aumentado en 67% los últimos años (MLADEN ANTONOV / Getty)

Los destinos más populares se venden sin pensar en la gestión del flujo de visitantes, ni ofrecer a al turista alternativas para evitar que todos coincidan a la misma hora en el mismo sitio. Ocurre en la Fontana di Trevi de Roma, la plaza San Marcos de Venecia, en los accesos a la Capilla Sixtina, las entradas más populares de la Muralla China, Times Square en Nueva York, las cataratas del Niágara, la Plaza Roja de Moscú, Petra, La Gran Pirámide de Giza... Una lista interminable. Es lo que la geógrafa Sylvie Brune define como “el planeta disneylandizado”.
Ámsterdam ha sido una de las primeras ciudades del mundo “en tomar cartas en el asunto”, recuerda el decano de la Facultad de Turismo de la Universidad de Málaga. Las autoridades holandesas han dejado de promocionar como destino esa ciudad, desbordada por las riadas de turistas. Para Guevara este “es un ejemplo que deberían de seguir otras ciudades”.
La Sagrada Família, con alrededor de 4,5 millones de turistas al año, es lo más visitado de Barcelona
La Sagrada Família, con alrededor de 4,5 millones de turistas al año, es lo más visitado de Barcelona (Ana Jiménez)
Venecia instaló el pasado año tornos en el único acceso por tierra a la ciudad para controlar el flujo de turistas y prohibir el paso de más visitantes cuando la afluencia sea inasumible. La medida generó mucha polémica y llegaron a destrozarse algunas de esas barreras. Pero las autoridades de Venecia continúan con sus planes para que la ciudad deje de ser un parque temático y recupere su pulso. La próxima medida anunciada para limitar el número de turistas en sus calles, más drástica que la colocación de tornos, se prevé aplicar en el 2022. Si cuaja, a partir de ese año quien quiera entrar en Venecia tendrá que hacer una reserva previa.
Antonio J. Guevara aplaude este tipo de iniciativas. Es partidario de limitar los accesos a los destinos más populares para acabar con la saturación. Y lanza una propuesta: “Si el viajero reserva el hotel o los restaurantes antes de llegar al destino, ¿por qué no se le anima a reservar también el acceso a los lugares más visitados? De esa manera se evitaría que los turistas que no tienen garantizada la entrada se acercaran a la zona”.
India anuncia multas para los turistas que tarden más de 3 horas en visitar el Taj Majal, con 50.000 visitantes al día
India anuncia multas para los turistas que tarden más de 3 horas en visitar el Taj Majal, con 50.000 visitantes al día (PAWAN SHARMA / Getty)
Pero “cómo sólo se promociona destino –reitera este experto en turismo– sin gestionarse los flujos, el turista queda abandonado a su suerte cuando aterriza en la ciudad elegida. Así que sería un error, considera Guevara, culpar sólo al viajero de la masificación y saturación de los destinos más populares. Si nadie oferta a los turistas rutas alternativas, gestiona los horarios de visita, se preocupa por regular los accesos o limita los aforos, el colapso está asegurado.
Cambiar esta realidad no es un reto fácil. Un trabajo realizado en la Universidad Bordeaux Montaigne buscó respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo convencer a un turista chino que quiere visitar Burdeos y sus viñedos para que vea y disfrute de otros lugares cercanos a los más populares, menos masificados? La conclusión fue que a ese viajero no le interesaban destinos alternativos a los fijados en su agenda de ruta, aunque fueran escenarios y paisajes menos saturados. Había recalado en esa zona atraído por campañas de marketing centradas en la promoción de una oferta única (unos determinados viñedos) y quería sacarse la foto en ese destino. Las alternativas, por muy especiales que pudiesen resultar, no les interesaban.
Acceder a la Capilla Sixtina en momentos de máxima afluencia puede ser una tarea imposible
Acceder a la Capilla Sixtina en momentos de máxima afluencia puede ser una tarea imposible (Owen Franken / Getty)
Óscar Iglesias Fernández, doctor en Sociología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), apuesta por cambiar el concepto actual de ese turismo que sólo genera masas. “Muchas de esas mareas humanas se acabarían, o al menos se reducirían, si el ciudadano fuese más viajero y menos turista”, augura. “De lo que se trata –añade este sociólogo– es de recuperar el concepto de viaje: organizar las salidas para disfrutar y no para ver únicamente ese lugar al que todos van en manada”. El colapso en las ciudades y espacios más populares es ya casi permanente. “Y sólo un debate serio sobre el tipo de turismo que quiere este planeta puede enmendar esa situación”, considera Oscar Iglesias. “Hay que decidir si se apuesta por la cantidad o la calidad, establecer planes para ordenar los flujos antes que limitar los accesos y cambiar la concepción de los viajes ofertados por las agencias. Un recorrido, por ejemplo, de solo cuatro días para ver Viena, Praga y Budapest no es precisamente la mejor fórmula para evitar las prisas y los colapsos”, concluye.
La Gran Pirámide de Giza es el monumento más visitado de Egipto, que vuelve a recuperar turismo
La Gran Pirámide de Giza es el monumento más visitado de Egipto, que vuelve a recuperar turismo (Dave Bartruff / Getty)
Muchas ciudades empiezan ya a tomar nota de algunos de estos consejos. La fórmula más usada es la apertura de rutas en barrios poco visitados que los turistas ni saben que existen al haber sido atraídos a esos lugares por ofertas que se limitan a promocionar sólo una marca: la de la ciudad. el monumento , los espacios o calles más visitadas. Así la masificación está asegurada.
Hacinados. La llegada de autocares a la misma hora y misma entrada de la Mura
Hacinados. La llegada de autocares a la misma hora y misma entrada de la Mura (Kyodo News / Getty)