miércoles, 2 de octubre de 2019

¿Cuán comunista es realmente China hoy?

Un póster que muestra a Karl Marx, Lenin y Mao Zedong.

El 1 de octubre de 1949, Mao Zedong instauró la República Popular de China (RPC), sobre la base de las teorías de Marx y Lenin.
Hace 70 años, el Partido Comunista tomaba el poder en China, poniendo fin a una larga guerra civil, y su líder, Mao Zedong, anunciaba el nacimiento de una nueva nación: la República Popular de China.
El país atravesó enormes cambios. Mao instaló políticas marxistas, pero a diferencia del comunismo soviético, centrado en la clase obrera, la revolución maoísta se basó en los campesinos.
El objetivo de Mao era industrializar al país y transformar la tradicional economía agraria china. Para ello creó brigadas de trabajo y granjas colectivas, prohibiendo la agricultura y la propiedad privada.
La colectivización y centralización de la economía transformaron a la sociedad china.
Pero "El Gran Salto Adelante" -como llamó Mao a su proceso de industrialización- también provocó una gravísima insuficiencia alimentaria y al menos 20 y hasta 45 millones, según diferentes fuentes, murieron de hambre entre 1958 y 1962.
Mao ahondó sus políticas comunistas y lanzó a mediados de la década de los 60 otra de sus políticas más controvertidas: la "Revolución Cultural", una campaña contra los partidarios del capitalismo en China bajo el pretexto -destacan los historiadores- de eliminar a sus enemigos políticos en el seno del Partido Comunista Chino (PCCh).
Millones de personas fueron aterrorizadas por la Guardia Roja, los jóvenes movilizados por Mao para eliminar a la "cultura burguesa".
Pese a ello, un intenso culto a la personalidad convirtió a Mao en una especie de divinidad nacional.
Su imagen sigue muy presente en la vida diaria del país asiático. Sin embargo, la República Popular de China no podría ser más distinta de lo que la que concibió "El Gran Timonel".
ShangháiDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionAsí se ve hoy Shanghái, la capital económica de China.

China hoy

70 años después de su fundación como el país comunista más grande del mundo, la nación asiática se encamina -según algunos analistas- a convertirse en la principal superpotencia económica del planeta.
Su Producto Interno Bruto (PIB) solo es superado por el de Estados Unidos, pero en términos de paridad del poder adquisitivo (PPA) ya es la nación más rica del mundo.
También tiene el sector bancario más acaudalado y la entidad con mayores activos: el Banco Industrial y Comercial de China (ICBC).
Y es el principal gigante comercial del globo: produce y exporta más que nadie, con 119 de sus empresas en la lista de las 500 corporaciones más grandes del mundo, según el listado de 2019 de la revista Fortune.
Todo esto fue posible gracias a los cambios que introdujo a partir de 1978 -dos años después de la muerte de Mao- Deng Xiaoping, quien impulsó un programa económico que se conoció como "Reforma y apertura".
Deng hizo todo lo contrario a lo que pregonaba Mao: liberalizó la economía, permitiendo el resurgimiento del sector privado y descentralizó el poder, dejando la toma de decisiones en manos de las autoridades locales.
Desmanteló progresivamente las comunas y les empezó a dar mayores libertades a los campesinos para que pudieran administrar las tierras que cultivaban y vender los productos que cosechaban.
También se abrió al exterior: viajó a EE.UU. y selló los lazos con Washington, tras el histórico primer paso que dio Richard Nixon al visitar China en los últimos años de Mao, en plena Guerra Fría.
Jimmy Carter (izq.) y Deng Xiaoping, en Washington.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionDeng Xiaoping firmó un histórico acuerdo con el presidente estadounidense Jimmy Carter, en 1979.
Así, empezaron los contratos comerciales entre la República Popular de China y Occidente, dando paso a la entrada en la economía del país asiático de inversiones extranjeras y multinacionales icónicas del capitalismo, como Coca-Cola, Boeing o McDonald's.

"Socialismo con características chinas"

El modelo económico introducido por Deng, basado en una economía de mercado, se bautizó oficialmente "Socialismo con características chinas".
Fue una fórmula exitosa que permitió que la RPC empezara a crecer a niveles récord y sostenidamente, durante tres décadas.
El Banco Mundial estima que más de 850 millones de chinos salieron de la pobreza gracias a las reformas, como parte de un desarrollo sin precedentes en la historia.
Los líderes posteriores -Jiang Zemin, Hu Jintao y el actual mandatario del país, Xi Jinping- mantuvieron las reformas aperturistas.
China se modernizó y hoy no solo domina la fabricación de ropa, textiles y artefactos eléctricos. También es un gigante tecnológico.
La multinacional Huawei, la empresa privada más grande de China, es la líder en el desarrollo de tecnología 5G y la segunda fabricante de teléfonos celulares del mundo.
Otra corporación privada, Lenovo, vende más computadoras personales que cualquier otra compañía en el mundo.
Jack MaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl mutlimillonario fundador de Alibaba, Jack Ma, es uno de los emprendedores más famosos de China y pertenece al Partido Comunista, según informó el oficial "Diario del Pueblo".
En tanto, Alibaba, del mediático empresario Jack Ma, domina el comercio online, con una facturación que supera a la de Amazon, su rival estadounidense.
Los fundadores de estas empresas están entre los 324 chinos que hoy forman parte de la lista de multimillonarios con fortunas por encima de los US$1.000 millones, compilada por la revista Forbes.
Con todo esto, cabe preguntarse: ¿podemos seguir llamando a China un país comunista?

"La pesada mano invisible"

Desde el punto de vista político, la respuesta es: definitivamente sí.
70 años después de que Mao llegara al poder, el país sigue siendo gobernado por una única fuerza, el PCCh, que opera de forma centralizada y tiene dirigentes en cada ciudad y región del país.
El presidente es elegido por la Asamblea Popular Nacional -el Parlamento-, que está controlado por el PCCh.
No existe la libertad de prensa y con excepción de unos pocos medios escritos privados, el sector mediático está bajo control estatal (y es progobierno).
Según el organismo de derechos humanos Human Rights Watch, el gobierno chino "mantiene un estricto control sobre internet, los medios masivos y la academia". También "persigue a comunidades religiosas" y "detiene de forma arbitraria a los defensores de los derechos humanos".
Pero si se analiza al país desde una perspectiva económica, ahí la historia es otra.
Un póster comunista que muestra a MaoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionPolíticamente comunista, económicamente... no tanto.
"Económicamente China hoy está más cerca del capitalismo que del comunismo", dice a BBC Mundo Kelsey Broderick, analista experta en China de la consultora Eurasia Group.
"Es una sociedad de consumo, lo que es totalmente opuesto al comunismo", opina.
Sin embargo, Broderick advierte que, aunque a primera vista la economía china parece completamente capitalista, "si remueves la primera capa, puedes sentir la pesada mano del Partido".
La "mano invisible" del PCCh está en todos los aspectos de la economía.
Aunque las capas más bajas funcionan de manera más cercana al capitalismo, el control es definitivamente más visible en lo alto de la pirámide económica: el Estado determina, por ejemplo, el precio del yuan y quién pueden comprar divisas.
Es el que controla las empresas más grandes del país, que manejan los recursos naturales.
También es oficialmente el dueño de toda la tierra, aunque en la práctica las personas pueden poseer propiedades privadas.
Y controla el sistema bancario, por lo que decide a quién se le otorga préstamos.
Incluso las empresas privadas chinas deben someterse a inspecciones estatales y tienen "comités partidarios que pueden influenciar la toma de decisiones", cuenta Broderick.
Esto último también ocurre con algunas firmas extranjeras, en el caso de que tengan tres o más miembros del PCCh empleados (una situación no poco común teniendo en cuenta que la formación tiene casi 90 millones de miembros).
Logo de HuaweiDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionSegún el gobierno de Donald Trump, China utiliza a su principal empresa privada para espiar a otros países, acusación que Huawei rechaza.
Este borroso límite entre lo privado y lo estatal está detrás de la controversia que hoy afecta a Huawei, luego de que EE.UU. acusara a la empresa privada más grande de China de ser un frente para el espionaje estatal (algo que la compañía niega).

"Capitalismo estatal"

Estos rasgos socialistas que aún persisten en el modelo económico chino, y que han llevado a que muchos analistas lo tilden de "capitalismo estatal", también han exacerbado la guerra comercial entre China y EE.UU.
Si bien el conflicto se centra en la balanza comercial, muy inclinada a favor de Pekín, Washington y otros socios comerciales de China reclaman por las enormes ayudas estatales que reciben las empresas privadas chinas, y que las ponen en ventaja con respecto a sus rivales internacionales.
"Las empresas privadas chinas tienen una doble ventaja: toman créditos de bancos públicos y reciben subsidios energéticos de las empresas estatales que controlan toda la producción de energía del país", señala el periodista y analista internacional Diego Laje.
Laje, quien fue presentador en la Televisión Central de China (CCTV) en Pekín y corresponsal para Asia de la cadena estadounidense CNN, considera que China "no se puede llamar capitalista porque no cumple con los requisitos y compromisos de la Organización Mundial del Comercio (OMC)", a la que se adhirió en 2001 y que aún no lo reconoce como "economía de mercado".

No obstante, el periodista destaca que "en el día a día la intervención del Estado no se siente, lo que da una sensación de libertad" que hace que en muchos sentidos la economía china opere como un sistema capitalista.
"Yo siento que China es cada vez más capitalista", le dice a BBC Mundo Xiao Lin, una mujer de 30 años originaria del sureste de China y que emigró a Pekín para estudiar y trabajar como intérprete.
Donde ella más lo ve es en el mercado inmobiliario: "Las casas son cada vez más caras y solo los ricos pueden comprarlas. Los profesionales jóvenes como yo no podemos acceder a tener nuestra propia vivienda y dependemos de nuestros padres o abuelos", cuenta.
La inequidad es otra de las consecuencias que ha traído la liberalización de la economía.
Hospital Chaoyang en PekínDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa mayoría de los chinos dependen del sistema de salud público, pero los más ricos acuden a hospitales privados.
Se nota también en los servicios de salud: la mayoría de los chinos dependen del sistema público, muchas veces abarrotado, pero los más ricos acuden a hospitales privados.
La educación china también ha sufrido cambios. Sigue siendo estatal pero ya no es completamente gratuita. "Hay 9 años que son obligatorios y no se pagan. Pero para ir al secundario y la universidad hay que pagar", señala la joven.
Donde ella más siente la presencia del Estado en su vida es en términos de seguridad y libertad de expresión.
Lo primero lo festeja: "China es el país más seguro que hay, el gobierno garantiza nuestra seguridad". En cambio, lamenta las restricciones que enfrenta cuando quiere navegar en internet o usar redes sociales.

Futuro: ¿más reformas o vuelta al pasado?

Pero, ¿qué pasará en el futuro? ¿Se profundizará el proceso de "Reforma y apertura", como exigen muchos?
Si bien algunos en China, como el primer ministro, Li Keqiang -segundo en poder, después del presidente-, abogan por ampliar la economía de mercado, Xi Jinping ha dado señales de querer reforzar las riendas del poder estatal.
  • Un plato decorado con la imagen de Xi Jinping al lado de una estatuilla de Mao
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionXi Jinping lidera el Estado, el PCCh y el Ejército -"la santísima trinidad comunista", afirma Laje- y muchos lo consideran el gobernante chino más poderoso desde Mao.
Fraser Howie, coautor del libro "Capitalismo Rojo: las frágiles bases financieras del extraordinario crecimiento de China", advierte que el mandatario chino se está alejando del capitalismo.
"Xi quiere que un Estado fuerte esté a cargo. Simplemente no cree en las fuerzas del mercado como una solución a los problemas, ni ve ningún espacio en el que el Partido Comunista no pueda o no deba intervenir", dijo al diario South China Morning Post (SCMP), el principal periódico en inglés de Hong Kong.
En el plano político, la apertura aun es menor.
La masacre de Tiananmen de 1989, la represión por parte de las fuerzas de seguridad de protestas pacíficas a favor de mayores libertades en la que murieron entre cientos y miles de personas, puso freno a cualquier posibilidad de cambio en ese ámbito, coinciden los expertos en política china
Y según Laje, la forma en la que Xi ha manejado las recientes protestas en Hong Kong son un indicio de que está endureciendo su postura.
"Están aumentando los niveles de represión y control y se ha perfeccionado la tecnología para que hoy China sea un Estado policial perfecto", considera.
Broderick, del Eurasia Group, sostiene que Xi "está convencido de que la desintegración de la Unión Soviética se dio porque dejaron de lado sus raíces comunistas y no quiere que eso ocurra en su país".
De hecho, hay quien compara algunas de sus políticas con las de Mao: por ejemplo, la campaña de corrupción que impulsó cuando llegó al poder, que, según los críticos, fue una herramienta contra sus contrincantes políticos.

El columnista del SCMP Cary Huang afirma que Xi se muestra como un "defensor del libre mercado y la globalización económica" en el exterior, pero "en su país de origen lidera una campaña para adoctrinar a la nación con ideologías de marxismo, leninismo y Mao".
Según Huang, el presidente chino ha logrado convertirse en un "sabio espiritual del comunismo, a la par de Mao y superior a Deng" y su "entusiasmo por la ortodoxia comunista" podría tener que ver con sus deseos de "justificar lo que probablemente termine siendo un gobierno de por vida, de estilo monárquico".
A medida que la economía china se desacelera -llevando a algunos a dudar de si podrá convertirse en la economía número uno del planeta, o incluso si terminará sufriendo una gran crisis financiera- crecen las dudas sobre cómo enfrentará la situación Xi, que en 2018 logró modificar la Constitución para garantizar su continuidad en el poder.
Lo que es seguro, le dice Laje a BBC Mundo, es que "hoy la clase media china está acostumbrada a vivir de una determinada manera y para ellos no puede haber vuelta atrás".

El carisma también se aprende: gestos, miradas y entonaciones que podemos entrenar

como ser carismatico


Si nos esforzamos lo suficiente, el magnetismo de Freddie Mercury, el poderío de Christine Lagarde y la seducción de Richard Gere están (casi) a nuestro alcance


Michelle Obama consigue que un discurso multitudinario llegue a cada persona del público como si estuviera susurrándole al oído. Ya despuntó en la universidad, a pesar de que formaba parte de esa minoría negra que emergía, como ella misma ha descrito, igual que semillas de amapola en un tazón de arroz. Obama no tiene intención de postularse para ningún cargo político, pero bien podría ser una apuesta ganadora, por la fuerza y la firmeza inquebrantables que irradia tanto en la voz como en el mensaje y la sonrisa. ¿Y qué decir del entrenador del Real Madrid, Zidedine Zidane? Elegante y con una naturalidad pasmosa, contagia entusiasmo e ilumina al equipo. Es un triunfador y lo sabe. Más ejemplos célebres de magnetismo personal son Greta Garbo, uno de los grandes mitos del cine y famosa por su irresistible seducción; Frida Kahlo, con una inigualable intensidad dramática; o Mahatma Gandhi, cuyo pensamiento enroló a millones de personas en una causa común: "Me ven cercano, vienen y me cuentan sus problemas", decía. Todos ellos tienen pellizco, ese “no sé qué” que nos pone la piel de gallina y que podríamos resumir en un solo concepto: el carisma.
¿Pero qué es exactamente el carisma? ¿Existe una definición universalmente válida? ¿Una persona carismática nace o se hace? Si nos quedásemos con la definición de la Real Academia Española, entenderíamos el carisma como la "especial capacidad de algunas personas para atraer o seducir", que es lo que dice su diccionario. Pero esta perspectiva se antoja muy amplia y, además, es subjetiva: ¿vale con tener una sola de estas características? ¿Podría ser que alguien que resulta carismático para una persona sea repulsivo para otras? ¿Es una capacidad innata o una habilidad que todos podemos entrenar?

La mirada es importante, y el atractivo personal también

José Luis Martín Ovejero, experto en comunicación no verbal y oratoria, habla del efecto imán que distingue a aquellas personas que, sin saber prácticamente nada de ellas, en cuanto las vemos y escuchamos ya nos atraen o seducen. También señala a aquellas otras que, con su ejemplo de vida, consiguen el mismo impacto. "En este caso, más que atraer por su forma de comunicar, lo hacen por considerar que su manera de ser y actuar es digna de admiración, provocando atracción y seducción", argumenta.
Según este experto, el carisma explica por qué una misma argumentación, discurso o exposición de una idea, atrapa si nos llega por boca de una persona y nos deja indiferentes si nos llega desde otra. Sucede incluso si utilizan palabras idénticas. ¿Qué tiene la primera? "Pasión, convicción personal en lo que cuenta y seguridad, principalmente", dice. Son características que se exteriorizan, por ejemplo, con un rostro expresivo. "La cara –detalla Ovejero- debe reflejar emociones coherentes con el contenido del mensaje: enfado, alegría, tristeza… La sonrisa es tremendamente atractiva para quien la observa". Es tan simple como que preferimos la compañía de personas felices y estar contentos a no estarlo.
Martín Ovejero, autor del libro Tú habla que yo te leo, encuentra en cada detalle de la comunicación no verbal buena parte de esas peculiaridades de alguien carismático, especialmente en la mirada directa. "Unos ojos que nos miran atrapan nuestra atención, y parecen transmitir mayor sinceridad y poder de persuasión que una mirada huidiza". Ovejero también señala esos gestos, tan ilustradores, que hacemos con las manos, moviéndolas en coherencia con el contenido del mensaje. "La persona carismática suma con ellas intensidad a lo que expresa".
La postura también es esencial. El periodista Jesús Hermida, por ejemplo, tenía el don de mantener una posición corporal implicada y comprometida. La dirigía hacia su interlocutor, sin inclinarse hacia el lado opuesto o retrocediendo según se le hablaba. Y luego está el contacto físico, que es decisivo. "Dependiendo del contexto, la cultura, nuestro nivel de confianza con la otra persona y su manera de ser, un leve contacto en el momento oportuno puede obrar milagros. Con el tacto transmitimos afecto, confianza, compromiso y entendimiento", indica Martín Ovejero.

El carisma de salud, dinero y amor

Algunas personas suman atractivo personal a las cualidades de las que nace el carisma, un punto más para conseguir el denominado efecto halo, que es un sesgo cognitivo que lleva a atribuir a una persona cualidades positivas simplemente porque nos resulta atractiva. Pongamos por caso al líder revolucionario Fidel Castro. Su estilo único, con su uniforme y barba desaliñada, alimentó su aura legendaria, un símbolo poderoso para millones de personas. "Si no fuera porque existe carisma, el mando de algunos personajes no sería más que un fenómeno místico", sentencia el historiador alemán Georg Eickhoff en su libro El carisma de los caudillos.
En estos casos ayuda que la apariencia física sea similar a la de nuestro interlocutor. Es algo que Martín Ovejero achaca a un instinto ancestral de pertenencia a la misma tribu, que hace bajar las barreras defensivas y ganar confianza. "Aunque, según la situación, también es importante que la imagen sea coherente con el papel que desempeñamos, por ejemplo, la bata blanca en el personal médico", matiza.
Cabe preguntarse si el carisma es parte del ADN de estos personajes, si hay personas especialmente dotadas desde la infancia con esa capacidad de atracción y seducción. "Invito a nuestros lectores a que recuerden sus pandillas de amigos, raro será que no hubiera un líder, pues ahí lo tienen", responde el experto. Pero, como apunta la coach francesa Olivia Fox Cabane, el carisma se puede trabajar y mejorar. En la portada de su libro El mito del carisma, ya avanza que el arte del magnetismo personal se puede aprender y practicar. "Si fuera innato -dice-, las personas carismáticas siempre serían cautivadoras, y no es así". Marilyn Monroe, por ejemplo, "podía apagar su carisma igual que si le dieran a un interruptor. Solo tenía que cambiar su lenguaje corporal". No todo el mundo puede ser como Marilyn, pero desanimarse es un error. Fox Cabane ofrece un triple argumento más que sugerente para empezar a entrenar el carisma: "Las personas carismáticas tienen más opciones románticas, ganan más y experimentan menos estrés".

Si tu voz chirría, modúlala ya

Las conclusiones de un estudio publicado en la revista Psychological Science sorprendieron a los propios autores, científicos de la Universidad de Queensland, en Australia, cuando hallaron una relación directa entre el carisma y la velocidad mental, que es más relevante incluso que el coeficiente intelectual. Una persona carismática piensa más rápidamente y esta sería, de acuerdo con este trabajo, la principal característica entre los 417 individuos que sometieron a distintas pruebas para valorar la personalidad, el nivel de inteligencia, las habilidades sociales, la agilidad mental y el grado de carisma. Pero no siempre se trata de ser rápido sino de transmitir los pensamientos de la manera más efectiva posible, y nada mejor para ello que tener una buena voz.
Cómo es nuestra voz es esencial para resultar convincente. La foniatra italiana Rosario Signorello, quien ha estudiado ampliamente el registro vocal de los líderes políticos, dice que aquellos con tonos graves y profundos son percibidos como más dominantes. Los que hablan agudo, más sumisos y benevolentes. En la voz hay un componente innato que depende del tamaño de la laringe (grande y con cuerdas vocales largas consiguen menor vibración), lo que complicaría la opción de simular el carisma, pero la preferencia es también cultural. Para un francés, por ejemplo, un político resulta más contundente si logra un tono de voz medio, mientras que los italianos un tono más bajo, que transmite autoridad, sabiduría y decisión.
Es importante que la velocidad y el volumen sean acordes con lo que se desea comunicar en cada momento. "Debemos hablar en colores, no resultar nunca planos, si queremos seducir y no dormir", añade Martín Ovejero, quien subraya el uso que hace del silencio una persona carismática. "Utilizado correctamente, tiene un gran poder persuasivo antes de lanzar aquella idea clave que deseamos que impacte en la audiencia. Genera expectativa y, tras haberlo hecho, incita a que reflexionen sobre la misma".

EL CARISMA TIENE NOMBRE: RAFA NADAL

En un improvisado sondeo para BUENAVIDA, experto en comunicación no verbal y oratoria José Luis Martín Ovejero ha preguntado a través de su lista de distribución de WhatsApp -unas 800 personas- qué personajes públicos consideraban más carismáticos en España. Aunque la respuesta ha sido variada, algunos nombres se han repetido con más frecuencia. Con diferencia, Rafa Nadal ha arrasado. Arturo Pérez-Reverte ocupó el segundo lugar. En cuanto a mujeres, Susanna Griso y la reina Sofía coparon los primeros puestos. Curiosamente, los políticos apenas han aparecido. “El carisma -razona el autor de la encuesta- también se desinfla. Los líderes políticos lo van perdiendo según pasa el tiempo”. En cualquier caso, Martín Ovejero considera que las creencias, ideologías y convicciones de cada uno desempeñan un papel muy importante. “Felipe VI será carismático para monárquicos, los políticos catalanes en prisión para quienes coinciden con sus ideas independentistas, los youtubers (a estos no les perdamos de vista en cuanto a carisma) para los más jóvenes, y Alejandro Sanz o Rosalía en el mundo de la canción”, concluye.

Errores que cometes al hacerte vegetariano

Errores que cometes al hacerte vegetariano

Día mundial del vegetarianismo

Como creer que comer más verde te hará adelgazar


Numerosas instituciones han alertado en los últimos años, desde diferentes ámbitos, sobre la necesidad inminente de reducir el consumo de carne, tanto por motivos medioambientales como de salud. Por un lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) situó la carror:ne roja en el Grupo 2A (alimentos probablemente cancerígenos) y las carnes procesadas en el 1 (alimentos carcinógenos para los seres humanos), lo que provocó cierta alarma social y dio lugar a la reducción del consumo de carne, una tendencia sostenida en los últimos ror:años a nivel mundial.
En España, por ejemplo, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación que recoge el Informe del Consumo Alimentario, se consumió en 2018 un 2,6% menos de carne que en 2017, una cifra que ha ido a la baja de forma sostenida en los últimos siete años. En Reino Unido, por su parte, un estudio realizado por la cadena de supermercados Sainsbury señaló que el 91% de los británicos está reduciendo activamente el consumo de carne no solo por motivos de salud, sino también por cuestiones éticas y medioambientales.
(iko636)
Del mismo modo, diversas agrupaciones ecologistas han alertado en los últimos años de la necesidad de reducir drásticamente el consumo de carne y lácteos para preservar la salud del planeta. Según el reciente Informe sobre el Uso de la Tierra, divulgado el pasado mes de agosto por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), una organización de Naciones Unidas, el alto consumo de carne vacuna, especialmente en occidente, está agravando de forma crucial la crisis climática.

Sobran los motivos, pues, para conmemorar el Día Mundial del Vegetarianismo, que se celebra en todo el mundo el 1 de octubre, un movimiento que cada vez tiene más adeptos y que lucha, entre otras cosas, por defender los derechos de los animales y la salud del planeta. Pese a que son muchos los que intentan hacerse vegetarianos, también lo son quienes se quedan en el camino por las dificultades que supone a todos los niveles pasar de una dieta omnívora a una dieta vegetariana, tanto desde un punto de vista dietético como también de socialización. Lo explica Daniele Rossi, copropietario y cocinero de Rasoterra, en Barcelona, un restaurante vegetariano de referencia adscrito al movimiento Slow Food.



Error:

No tener en cuenta el origen de los alimentos supone un impacto terrible para el planeta”


A sus 50 años, Rossi señala que “cuando me hice vegetariano éramos muy pocos y apenas había veganos, ya que había poca información y te cansabas de escuchar aquello de ‘si no me como un chuletón es que no he comido’. Ahora, sin embargo, gracias a Internet y a la popularización del movimiento animalista, parece relativamente sencillo pasarse directamente al veganismo, cosa que están haciendo muy bien las nuevas generaciones”. Lo confirma la artista ecológica y activista vegana Nika López, que se acercó hace una década, de adolescente, al vegetarianismo “por innovar, por conocer cosas nuevas” y ha evolucionado a un veganismo activo ror:“que cuestiona temas éticos, medioambientales, sociales, políticos y económicos desde un posicionamiento activo frente al sistema, cosa que habría sido imposible sin la cantidad de información a la que he tenido acceso durante los últimos años”.
Para Rossi, uno de los principales errores que cometen muchos recién llegados al vegetarianismo es que “siguen sin cuestionarse de dónde procede aquello que comen: no tener en cuenta el origen de los alimentos supone un impacto terrible para el planeta, y curiosamente, pese a la cantidad de información de que disponemos, todavía existen muchas personas que no se lo preguntan”. Así pues, muchos superalimentos de moda en dietas veganas y vegetarianas, “desde el aguacate al anacardo, la quinoa o el açaí llegan desde la otra punta del planeta y eso no es sostenible. En mi opinión, para ser vegetariano o vegano es fundamental tener la mirada puesta en el territorio”.
(ClarkandCompany)
Consciente de que el discurso que ha mantenido desde que abrió su primer restaurante vegetariano en Barcelona –Sésamo, en el Raval, en 2001–, es complejo y en ocasiones incómodo, Rossi insiste en que no hay otro posible. “No tiene ningún sentido hacerse vegetariano por ética hacia los animales y consumir alimentos cuya producción comporta la destrucción de ecosistemas en otros lugares del planeta”. Un buen ejemplo, según el cocinero, es la quinoa. “Es uno de los productos estrella del momento, y muchos no saben que quienes la elaboran se ven obligados a exportarla porque no tienen dinero para comprarla. ¿Es mejor comer vegetales que carne? Sin duda, pero sin olvidar que estamos cayendo en ciertos contrasentidos sobre los que cabría, cuanto menos, reflexionar”. El nutricionista de Medicadiet, Álvaro Sánchez, lo repite como un mantra a todos sus pacientes, sean omnívoros o vegetarianos: “las frutas, verduras y hortalizas de la dieta deben ser, sin excepción, de temporada y proximidad, una máxima que deberíamos grabarnos a fuego y no hacer ninguna concesión”.

Error:

Tratar de llegar de golpe al veganismo, cuando lo más sensato es que sea un proceso gradual”


En cuanto al veganismo, López señala que “es un camino largo, que requiere de un proceso complejo de reeducación y, sobre todo, de dar con los agentes adecuados para que nos acompañen”. Es por ello que muchas personas o bien abandonan el propósito de hacerse veganos o “simplemente no completan el proceso que se habían planteado inicialmente, se quedan a medias y eso les resulta frustrante”. Para López, uno de los principales errores que cometen muchos de ellos es “tratar de llegar de golpe al veganismo o vegetarianismo, cuando lo más sensato es que sea un proceso gradual. Si estás acostumbrada a una dieta omnívora pasar de golpe al veganismo no solo puede ser complicado a nivel emocional y de socialización, sino también físicamente: puede que el cuerpo reaccione al retirar de golpe tantos alimentos”.
López recomienda, pues, hacerlo poco a poco: “primero estar un mes sin comer carne roja, después uno sin comer pollo, luego pescado, huevos, lácteos…, hasta llegar allí donde cada uno desee”. En este sentido, la artista y activista admite que otro de los errores que en ocasiones comete su colectivo es reprocharse unos a otros un nivel insuficiente de compromiso. “Ser vegano no es únicamente no comer animales. Tampoco habría que vestir con ellos, ni tener materiales en casa de procedencia animal y, si vamos más allá, deberíamos cuestionarnos ciertas dinámicas sobre la producción de determinados alimentos, por muy veganos que sean, a escala global, como es el caso de los cereales y las legumbres”.
(nensuria)

Así pues, López asegura que a menudo muchas personas llegan al veganismo introduciendo, al fin y al cabo, pocos cambios en su modo de vida e incluso en su dieta. “Cualquier opción es respetable, por supuesto, pero hay vegetarianos que el único cambio que aplican es sustituir la hamburguesa de carne por una vegetal, pero la siguen acompañando con patatas fritas, y continúan tomando leche y cereales industriales y otros alimentos cuya producción impacta decisivamente en el medio ambiente”. De hecho, muchas de estas hamburguesas vegetales que imitan la carne y se elaboran con soja, que tan bien han cuajado no solo entre la población vegana sino entre todos aquellos que planean reducir el consumo de carne, también generan ciertas dudas en Rossi. “Cabe preguntarse de dónde procede y cómo se cultiva la soja con que se elaboran, pensando no solo en los animales y el medio ambiente, sino en las personas que la producen”, señala.