sábado, 1 de marzo de 2025

En qué consiste la falacia lógica utilizada por marcas e influencers de que lo natural siempre es mejor

 


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Antes de escribir este artículo, tenía una cita en la peluquería. Mientras mi estilista me colocaba la bata alrededor del cuello, hizo un gesto hacia el champú que usaría. "Es una línea nueva, hecha con un 90% de ingredientes naturales", explicó.

El folleto que lo acompañaba contenía breves descripciones de cada producto de la marca: un champú usaba extracto de tuna; otro, bayas de acaí. Un tercero incorporaba semillas de chía.

Cuando llegué a casa, con los frascos de champú que había comprado, miré más de cerca la lista de ingredientes.

Alcohol cetoesterarílico, glicerina, cloruro de behentrimonio, miristato de isopropilo. Todos ingredientes comunes, fabricados en laboratorio.

Ninguno me preocupó. Pero ninguno de ellos, a pesar de usarse en cantidades mucho mayores que cualquiera de los extractos de frutas, se destacaba en los anuncios de la marca.

La táctica que se había utilizado, tal vez con éxito en mi caso, tiene cientos de años. A menudo se usa en las redes sociales, tanto por empresas e influencers como por políticos de todo el mundo.

A menudo llamada "apelación a la naturaleza" o "falacia naturalista", es uno de los tipos más comunes de falacias lógicas, o fallas en el razonamiento que pueden hacer que una afirmación suene sorprendentemente convincente.

Cada vez que escuchas a alguien afirmar que un producto o práctica es superior porque es "natural", o que uno es inferior (o incluso dañino) porque no es "natural", está en funcionamiento la falacia naturalista.

Lo mismo ocurre con los argumentos de que algo está "en su forma natural", o de que algo es malo específicamente porque es un "químico" o "sintético".

La naturaleza es, en muchos sentidos, maravillosa. Y tiene mucho que enseñarnos.

Entonces, ¿por qué no es verdad que algo es mejor simplemente porque proviene de la naturaleza?

Natural no tiene por qué significar más seguro

En primer lugar, porque la naturaleza, por supuesto, no tiene propósitos, no en ningún sentido consciente. Como tal, tampoco tiene intenciones de ser buena o de ayudar a los humanos, específicamente.

No necesitamos ponernos demasiado filosóficos para entender esto. Basta con considerar algunas creaciones de la naturaleza.

El arsénico, que puede matar a un adulto con una dosis de tan sólo 70 mg, es natural. También lo es el asbesto, que provoca cáncer.

El cianuro, que puede matar con tan sólo 1,5 mg por kilogramo de peso corporal si se ingiere, es una fitotoxina producida de forma natural por más de 2.000 especies de plantas diferentes, entre ellas las almendras, los albaricoques y los melocotones.

Por eso también algunos remedios "naturales" que se comercializan con frecuencia (como las semillas de albaricoque molidas) pueden ser peligrosos si se consumen.

Y este es el problema con el uso de la palabra natural que se utiliza tan comúnmente para comercializar productos.

Es un término mal definido que no significa necesariamente que el producto etiquetado como tal sea mejor para ti, o incluso más seguro, que cualquier otra alternativa.

Una investigación sobre productos para la dentición de bebés etiquetados como "naturales" descubrió, por ejemplo, que más de 370 bebés experimentaron efectos adversos como convulsiones o delirio.

Se encontró que los productos contenían niveles inconsistentes y a veces elevados de belladona.

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"Natural" es un término mal definido que no significa necesariamente que el producto etiquetado como tal sea mejor para ti.

Por supuesto, hay otros fenómenos naturales que podríamos analizar más allá de los ingredientes que se utilizan en los productos.

La viruela, por ejemplo, mató en el pasado a una de cada tres personas infectadas. Este virus de origen natural fue responsable de la muerte de entre 300 y 500 millones de personas solo en el siglo XX, antes de que fuera erradicado gracias a la vacunación.

La hiedra venenosa y la polio, los tornados y las picaduras de garrapatas, la inevitable y eventual muerte del Sol que acabará con toda la vida en la Tierra... Natural, natural, natural.

En su ensayo de 1874 Sobre la naturaleza, el filósofo John Stuart Mill señaló que este era uno de los principales problemas de las "apelaciones a la naturaleza":

"O bien es correcto que matemos porque la naturaleza mata; torturemos porque la naturaleza tortura; arruinemos y devastemos porque la naturaleza hace lo mismo; o bien no debemos considerar en absoluto lo que hace la naturaleza, sino hacer lo que es bueno hacer".

En otras palabras: si la premisa de la apelación a la naturaleza es correcta, es decir, que todo lo "natural" debe ser mejor porque es natural, entonces tenemos que estar dispuestos a aceptar todo lo que proviene de la naturaleza.

Si no lo estamos, bueno, probablemente no creamos realmente que algo sea inherentemente mejor porque es natural.

Los beneficios de lo no natural

Mientras tanto, hay cientos de cosas que podríamos considerar no naturales pero que, de hecho, han mejorado mucho la vida de muchos de nosotros.

Antes de la medicina moderna, más de una de cada 100 mujeres moría en el parto. En los países ricos e industrializados como Reino Unido hoy, es una de cada 10.000.

Antes de que se implementaran las vacunas a nivel mundial, la tos ferina mataba a uno de cada diez niños infectados. Después de la implementación global, las muertes se redujeron a una fracción (1/157, específicamente) de lo que habían sido antes.

Eso es solo medicina. Mira a tu alrededor ahora mismo y verás una decena de ejemplos más.

Puede que no sea "natural" usar anteojos, refrigerar alimentos o encender la calefacción en invierno, por ejemplo, pero para muchos de nosotros, es una mejor alternativa que caminar casi ciegos, dejar que la carne se eche a perder o temblar de frío.

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La viruela, un virus de origen natural, mató en el pasado a una de cada tres personas infectadas antes de que fuera erradicado gracias a la vacunación.

Gran parte de los alimentos que comemos no nos llegan tal como los presenta la naturaleza. Los procesamos y cocinamos.

La cosecha, molienda y procesamiento de granos ayudó a impulsar la transición de nuestra especie de ser cazadores-recolectores nómadas a agricultores sedentarios capaces de construir civilizaciones sofisticadas.

Lo mismo ocurrió con la forma en que cultivamos y cruzamos cultivos, lo que significa que muchos de los alimentos nutritivos que hoy consideramos "naturales", desde la zanahoria naranja hasta el plátano moderno, tienen un aspecto (y un sabor) muy diferente al de sus antepasados silvestres.

Un difícil equilibrio

Por supuesto, sería un error sugerir que los productos fabricados por el hombre no nos causan también problemas, ya sea la contaminación por plásticos sintéticos o el uso de armas y explosivos.

Tampoco significa que, en muchos casos, la opción más "natural" no sea mejor para nosotros.

Pero sí significa que no podemos asumir que la opción más "natural" es mejor solo porque es natural, a pesar de una tendencia frecuente de la gente a creer lo contrario.

Las zanahorias pueden ser mejores para nosotros que las papas fritas, pero también lo es el paracetamol frente al arsénico.

Algunos de estos ejemplos apuntan a uno de los otros problemas principales de la "apelación a la naturaleza": ¿cómo se puede delimitar lo que es y lo que no es natural?

Después de todo, los seres humanos provienen de la naturaleza. Por tanto, si todo lo que produce un animal o una planta es "natural", ¿por qué no lo es aquello que hacen los seres humanos?

¿Y qué pasa con esas creaciones que son mezclas de lo que tradicionalmente consideraríamos natural y artificial, como las vacunas, que se derivan de partes de un virus o bacteria (natural) y, cuando se inyectan, ayudan a enseñar al sistema inmunológico cómo defenderse (naturalmente) de ese mismo patógeno en el futuro?

"Como todas las palabras verdaderamente interesantes, 'naturaleza' es un milhojas de significados", escribe la historiadora de la ciencia Lorraine Daston. Puede significar casi cualquier cosa, según el contexto.

Esta escurridiza característica, por supuesto, es exactamente lo que la convierte en un lenguaje tan inteligente para el marketing y hace que sea tan fácil para nosotros caer en su trampa.

Existe otro problema: incluso si hubiera una clara distinción entre "humanos" y "naturaleza", no siempre sabemos distinguir lo que es realmente sintético de lo que no lo es.

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La "apelación a la naturaleza" es uno de los tipos más comunes de falacias lógicas que pueden hacer que una afirmación suene sorprendentemente convincente.

Tomemos como ejemplo el cepillado de los dientes. ¿Es natural cepillarse los dientes con una pasta dental con flúor? ¿Y cepillarse los dientes con una pasta dental sin flúor?

Para muchos de nosotros, nuestro instinto podría llevarnos a pensar que cepillarnos los dientes con flúor no es natural, mientras que cepillarnos los dientes con una pasta de dientes sin flúor sí lo es.

Pero el flúor es un mineral natural que se encuentra en la tierra, el agua y las rocas, mientras que uno de sus sustitutos habituales en las pastas de dientes "naturales", la nano-hidroxiapatita, es sintético.

Y, por supuesto, tendríamos que tener en cuenta que limpiarnos los dientes, sobre todo con los elementos que utilizamos hoy en día, está lejos de ser natural; lo más parecido a cepillarse los dientes que hacen los primates es usar "hilo dental" con lo que tengan a mano (como plumas de ave).

Incluso si quisiéramos cepillarnos los dientes como lo hacían nuestros antepasados humanos, tendríamos que hacerlo con una ramita, pelos de cerdo o incluso púas de puercoespín.

Mientras tanto, si te dijera que he preparado una bebida para ti compuesta en un 99% de monóxido de dihidrógeno, ¿la rechazarías? Después de todo, este nombre químico suena bastante sintético, hasta que lo piensas.

El monóxido de dihidrógeno está formado, por supuesto, por dos átomos de hidrógeno y un solo átomo de oxígeno. Quizá te resulte más familiar verlo escrito en su abreviatura química: H2O. En otras palabras, agua.

La próxima vez que veas que se comercializa un producto sobre la base de que es natural (o veas a alguien argumentando en contra de algo porque no lo es), vale la pena preguntarse qué es lo que realmente se está queriendo decir.

Y, tal vez, preguntarse por qué quienes están detrás del producto o la práctica se apoyan en la falacia de la "apelación a la naturaleza" para persuadir a una audiencia de sus méritos, en lugar de simplemente exponer el argumento lógico de por qué es realmente la mejor opción.


Este artículo apareció en BBC Future. Puedes leer la versión original en inglés aquí.

  • Amanda Ruggeri
  • Título del autor,BBC Future

7 veces en las que las grandes potencias negociaron el futuro de países y territorios sin contar con las poblaciones afectadas

 


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Ucrania no fue invitada a la reunión clave entre funcionarios estadounidenses y rusos en Arabia Saudita esta semana para decidir cómo podría ser la paz en el país.

El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, dijo que Ucrania "nunca aceptará" ninguna decisión sin su participación en las negociaciones para poner fin a la guerra con Rusia.

La decisión de negociar la soberanía de los ucranianos sin ellos –así como el intento descaradamente desmesurado del presidente estadounidense Donald Trump de reclamar la mitad de la riqueza de minerales raros de Ucrania como precio por el continuo apoyo estadounidense– revela mucho sobre cómo Trump ve a Ucrania y Europa.

Pero esta no es la primera vez que las grandes potencias se han coludido para negociar nuevas fronteras o esferas de influencia sin la participación de la gente que vive en esos territorios.

Esa política de poder autoritaria rara vez termina bien para los afectados, como muestran estos siete ejemplos históricos.

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Representantes de EE.UU. y Rusia se reunieron el 18 de febrero en Arabia Saudita.

1. El reparto de África

En el invierno de 1884-1885, el líder alemán Otto von Bismarck invitó a las potencias de Europa a Berlín para una conferencia en la que se formalizaría el reparto entre ellas de todo el continente africano.

Ni un solo africano estuvo presente en la conferencia que llegaría a conocerse como "El reparto de África".

Entre otras cosas, la conferencia condujo a la creación del Estado Libre del Congo bajo control belga, el lugar donde se produjeron terribles atrocidades coloniales y donde murieron millones de personas.

Alemania también estableció la colonia del África Sudoccidental Alemana (actual Namibia), donde más tarde se perpetró el primer genocidio del siglo XX contra los pueblos colonizados.

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Ni un solo africano estuvo presente en la conferencia que llegaría a conocerse como "El reparto de África".

2. La Convención Tripartita

No fue sólo África la que se dividió de esta manera. En 1899, Alemania y Estados Unidos celebraron una conferencia y forzaron a los samoanos a un acuerdo para dividir sus islas entre las dos potencias.

Esto se produjo a pesar de que los samoanos expresaron su deseo de autogobierno o de una confederación de Estados del Pacífico con Hawái.

Como "compensación" por no haber obtenido Samoa, Reino Unido recibió el control de Tonga.

La Samoa Alemana quedó bajo el dominio de Nueva Zelanda después de la Primera Guerra Mundial y siguió así hasta 1962. La Samoa Estadounidense (además de varias otras islas del Pacífico) sigue siendo territorio de Estados Unidos hasta el día de hoy.

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Soldados de Nueva Zelanda tras capturar la Samoa Alemana.

3. El Acuerdo Sykes-Picot

Cuando la Primera Guerra Mundial estaba en pleno apogeo, los representantes británicos y franceses se sentaron para acordar cómo dividirían el Imperio Otomano una vez que terminara el conflicto.

Como potencia enemiga, los otomanos no fueron invitados a las conversaciones.

Juntos, el inglés Mark Sykes y el francés François Georges-Picot rediseñaron las fronteras de Medio Oriente en función de los intereses de sus respectivas naciones.

El Acuerdo Sykes-Picot contradecía los compromisos asumidos en una serie de cartas conocidas como la correspondencia Hussein-McMahon. En estas cartas Reino Unido prometía apoyar la independencia árabe del dominio turco.

El Acuerdo Sykes-Picot también contradecía las promesas que hizo Reino Unido en la Declaración de Balfour de respaldar a los sionistas que querían construir una nueva patria judía en la Palestina otomana.

El acuerdo se convirtió en la fuente de décadas de conflicto y mala gestión colonial en Medio Oriente, cuyas consecuencias siguen sintiéndose hoy.

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El inglés Mark Sykes y el francés François Georges-Picot rediseñaron las fronteras de Medio Oriente en función de los intereses de sus respectivas naciones.

4. El Acuerdo de Múnich

En septiembre de 1938, el primer ministro británico, Neville Chamberlain, y el primer ministro francés, Édouard Daladier, se reunieron con el dictador fascista italiano Benito Mussolini y con el alemán Adolf Hitler para firmar lo que se conocería como el Acuerdo de Múnich.

Los líderes intentaron evitar la propagación de la guerra por toda Europa después de que los nazis de Hitler fomentaran un levantamiento y comenzaran a atacar las zonas de habla alemana de Checoslovaquia conocidas como los Sudetes. Lo hicieron con el pretexto de proteger a las minorías alemanas. Ningún checoslovaco fue invitado a la reunión.

Muchos todavía consideran la reunión como la "traición de Múnich", un ejemplo clásico de un intento fallido de apaciguar a una potencia beligerante con la falsa esperanza de evitar la guerra.

5. La Conferencia de Évian

En 1938, 32 países se reunieron en Évian-les-Bains, Francia, para decidir qué hacer con los refugiados judíos que huían de la persecución en la Alemania nazi.

Antes de que comenzara la conferencia, Reino Unido y Estados Unidos habían acordado no presionarse mutuamente para elevar la cuota de judíos que aceptarían en suelo estadounidense o en la Palestina británica.

Si bien Golda Meir (la futura líder israelí) asistió a la conferencia como observadora, ni a ella ni a ningún otro representante del pueblo judío se les permitió participar en las negociaciones.

Los asistentes en gran medida no lograron llegar a un acuerdo sobre la aceptación de refugiados judíos, con la excepción de República Dominicana. Y la mayoría de los judíos en Alemania no pudieron irse antes de que el nazismo empezara con el Holocausto.

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En 1938, 32 países se reunieron en Évian-les-Bains, Francia, para decidir qué hacer con los refugiados judíos que huían de la persecución en la Alemania nazi.

6. El Pacto Molotov-Ribbentrop

Mientras Hitler planeaba su invasión de Europa del Este, quedó claro que su principal obstáculo era la Unión Soviética. Su respuesta fue firmar un tratado inverosímil de no agresión con la URSS.

El tratado, que lleva el nombre de Vyacheslav Molotov y Joachim von Ribbentrop (los ministros de Asuntos Exteriores soviético y alemán), garantizaba que la Unión Soviética no respondería cuando Hitler invadiera Polonia.

También dividió Europa en esferas nazi y soviética. Esto permitió a los soviéticos expandirse a Rumania y los estados bálticos, atacar Finlandia y tomar su propia parte del territorio polaco.

No es de extrañar que algunos en Europa del Este vean las actuales conversaciones entre Estados Unidos y Rusia sobre el futuro de Ucrania como el renacimiento de este tipo de diplomacia secreta que dividió a las naciones más pequeñas de Europa entre las grandes potencias en la Segunda Guerra Mundial.

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El Pacto Mólotov-Ribbentrop, un acuerdo conocido como el Tratado de No Agresión entre Alemania y la Unión Soviética, se firmó en Moscú el 23 de agosto de 1939.

7. La Conferencia de Yalta

Con la inminente derrota de la Alemania nazi, el primer ministro británico Winston Churchill, el dictador soviético Josef Stalin y el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt se reunieron en 1945 para decidir el destino de la Europa de posguerra.

Esta reunión llegó a conocerse como la Conferencia de Yalta.

Junto con la Conferencia de Potsdam varios meses después, Yalta creó la arquitectura política que conduciría a la división de la Europa de la Guerra Fría.

En Yalta, los "tres grandes" decidieron la división de Alemania, mientras que a Stalin también se le ofreció una esfera de interés en Europa del Este.

Esto adoptó la forma de una serie de Estados amortiguadores controlados políticamente en Europa del Este, un modelo que algunos creen que Putin pretende emular hoy.

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Pie de foto,Con la inminente derrota de la Alemania nazi, el primer ministro británico Winston Churchill, el dictador soviético Josef Stalin y el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt se reunieron en 1945 para decidir el destino de la Europa de posguerra.

 Este artículo apareció en The Conversation. Puedes leer la versión original en inglés aquí.

  • Matt Fitzpatrick
  • Título del autor,The Conversation *