
Envejecer a partir de los cincuenta es entrar en otra dimensión
En el arranque de su reciente (y póstumo) libro de crónicas, Gente a cenar, la gran Nora Ephron cuenta que hace algunos años el hombre con el que estaba casada le dijo que siempre había tenido unas ganas locas de ir a una orgía. “¿Por qué narices?”, le pregunté. “¿Por qué no?”, me contestó. “Porque sería como esos bailes de la Asociación de Jóvenes Cristianos a los que iba a mis doce o trece años”, le expliqué, “solo que en este caso, en vez de pasar a mi lado e ignorarme, la gente pasaría por encima de mi cuerpo desnudo y me ignoraría”.
A vueltas con el envejecimiento y el edadismo —los prejuicios y la discriminación basados en la edad—, la periodista y activista Ashton Appelwhite, autora de This Chair Rocks: A Manifesto Against Ageism ( Esta silla se balancea: Un manifiesto contra el edadismo), empezó a investigar sobre el tema hace unos años, cuando entró en los 50 y se dio cuenta de que eso de envejecer realmente le estaba pasando a ella. Pronto se vio bombardeada con consejos sobre cómo envejecer bien. Muchos conceptos, como el “envejecimiento activo”, eran obvios (no seas sedentario). Algunos, como el “envejecimiento exitoso”, eran irritantes. Pero hubo uno, “envejecer con gracia”, que le resultó intrigante.
Aceptar la edad sin una resistencia o negación excesiva, cuidar el bienestar general y cultivar el propósito vital, la alegría y la conexión”
Aunque fuera una experta, no estaba segura de saber cómo envejecer con gracia. Consultó en su biblioteca, a amigos y colegas y también a ChatGPT, que le dijo que eso significa “aceptar la edad sin una resistencia o negación excesiva, cuidar el bienestar general y cultivar el propósito vital, la alegría y la conexión”.
Más adelante entendió que, en nuestra cultura occidental hipercapitalista y centrada en la juventud, envejecer bien suele significar gastar tiempo y dinero intentando parecer y moverse como versiones más jóvenes de nosotros mismos. No sorprende que muchas personas “sobrelleven” el envejecimiento apoyándose fuertemente en la negación. El lenguaje, dice, está lleno de eufemismos como “maduro” o “experimentado” para evitar la temida palabra “viejo”, o “Ya no estás para eso”, o “Pareces más joven de lo que eres” (como si envejecer fuera malo).”Envejecer con gracia” es uno de esos eufemismos.

Cuando le preguntó a la crítica de belleza y columnista Jessica DeFino sobre la expresión, esta la calificó de “eufemismo particularmente perverso, porque implica que el antienvejecimiento debería parecer algo sin esfuerzo”, cuando en realidad es todo lo contrario: “Envejecer con gracia” exige una cantidad increíble de esfuerzo, y luego aún más esfuerzo para ocultar ese esfuerzo”.
Gracia y grácil compartan la misma raíz latina. Pocas cosas hay más gráciles que una bailarina (después de entrenar más horas de las que tiene un día) o Iggy Pop retorciéndose en el escenario (tras sus mil flexiones y abdominales en el camerino).
“Acepta el envejecimiento, pero no aparentes envejecer”
Como las contradicciones están por todas partes, los consejos de Appelwhite como experta en la materia son: “Acepta el envejecimiento, pero no aparentes envejecer. Mantente positivo, pero acepta las limitaciones. Sé auténtico, pero confórmate”. Es decir, adáptate a medida que el cuerpo cambia y los roles evolucionan, sin dejar de mantenerte activo y comprometido.
Para algunos, “envejecer con gracia” significa dejar que la naturaleza siga su curso: “aceptar los signos naturales del envejecimiento sin acudir a un cirujano plástico certificado”. El cirujano Stephen Bresnick escribe en su web que eso es “anticuado” e insta a considerar lifting facial, abdominoplastia y elevación de senos. En un vídeo titulado ¡Dejen de decirles a las mujeres que envejezcan con gracia!, la influencer de TikTok Kitchen Killa Lisa también aconseja no aceptar los cambios de la edad: “¡Estoy cansada de que les digan a las mujeres cómo deben vivir! Ponte bótox. Ponte rellenos. Hazte lifting. Lifting de párpados. ¡Levántate los pechos!”.

Ni siquiera los jóvenes están a salvo de esta presión. Las campañas publicitarias apuntan a edades cada vez más tempranas para ganar clientes. En 2023, Carson Bradley, una influencer adolescente, se volvió viral con un vídeo de su rutina de cuidado de la piel de 25 minutos para “ralentizar el envejecimiento a los 14 años”. Cualquier búsqueda de baby bótox arroja millones de resultados. En manos de la industria de la belleza y el bienestar, “envejecer con gracia” se convierte en otra frase aparentemente positiva para vender productos antiedad. El mensaje es claro: a cualquier edad, el envejecimiento debe temerse y combatirse.
Cansada de buscar soluciones y consciente de que envejecer es complicado, el camino que ha emprendido Appelwhite consiste en rechazar el mensaje constante de esta cultura edadista, sexista y capacitista: la idea dominante de que la forma de relacionarnos con el envejecimiento es resistirlo. A la pregunta de qué significa envejecer con gracia, su amiga Julia Rhodes Davis dijo: “Cuanto más miramos de frente la verdad —que todos estamos envejeciendo y que la muerte llegará para todos—, más vivos nos sentimos”. A lo que ella añade: “envejecer con verdadera gracia significa envejecer sin disculpas, con honestidad y en comunidad”.
A los 70 años, los hombres habrán perdido en promedio unos 2,5 cm, mientras que las mujeres cerca de 5 cm
En un reciente artículo en The New York Times, Jance Dunn explica cómo descubrió que sus dientes inferiores se habían torcido mucho más en los últimos años. Antes eran perfectamente rectos, gracias a los brackets que llevó durante tres años en secundaria. Así que llamó a la Dra. Leila Jahangiri, jefa de prostodoncia en la Facultad de Odontología de la Universidad de Nueva York, y le preguntó si era normal. Recibió una mala noticia: “No es raro que los dientes se desplacen y se muevan con la edad”. Asustada, otro día descubrió que su voz se estaba volviendo más grave y le preguntó al Dr. Ted Mau, director del Centro de la Voz en UT Southwestern Medical Center, y este le dio otra mala noticia: “Con el paso del tiempo, tu voz puede volverse más débil o más áspera y, en tu caso, se volverá más grave, ronca”.
Otro día, al ver que medía menos, preguntó a Ardeshir Hashmi, jefe de sección del Centro de Medicina Geriátrica de la Cleveland Clinic, cuándo se empieza a perder altura, y el médico le dio otra mala noticia: “Alrededor de los 40 años. A los 70 años, los hombres habrán perdido en promedio unos 2,5 cm, mientras que las mujeres cerca de 5 cm. Puedes ralentizar este proceso en parte manteniéndote físicamente activa, haciendo ejercicios de carga que fortalezcan el core y estimulen el crecimiento óseo, y asegurando una ingesta adecuada de calcio y vitamina D”. Desesperada por los dolores de cabeza, una mañana acudió a Seniha Nur Ozudogru, neuróloga en Penn Medicine, quien finalmente le dio una buena noticia: “Las mujeres tienen entre dos y tres veces más probabilidades de sufrir migrañas que los hombres, y sus episodios suelen ser más frecuentes y duraderos. Pero no te preocupes: las migrañas pueden disminuir después de la menopausia”. No se quedó más tranquila.

Decía Jules Renard que uno empieza a hacerse mayor el día que dice: “Nunca me he sentido más joven”. De pequeño, uno tiene una prisa loca por hacerse mayor y cumplir años, y cuando es mayor solo quiere dejar de cumplirlos. Empezamos a caminar apoyándonos en las paredes y en las piernas de quien sea. Luego nos tambaleamos del mismo modo para mantenernos a flote.
Vicki Millinken, periodista de The Guardian, preocupada por el tema, contaba en un bonito artículo que se inscribió en un curso sobre “el envejecimiento consciente” para tratar de envejecer con conciencia e intención. El primer día le presentaron una cita de Carl Jung que le mostró otra forma de ver las cosas: “La tarde de la vida está tan llena de sentido como la mañana; solo que su sentido y su propósito son diferentes.”.