
- hina está cada vez más cerca de alcanzar a Alemania como mayor acreedor
- La fuerte propensión al ahorro de los chinos genera grandes superávits...
- ... que se reinvierten en el resto del mundo a través de la compra de activos
Los medios de comunicación suelen prestar mucha atención a indicadores como el PIB, el desempleo, la inflación... sin duda todos estos datos afectan de forma directa al bolsillo y merecen la pena ser analizados y expuestos en los medios. Sin embargo, hay otros indicadores más abstractos, menos conocidos y, sobre todo, mucho más complejos de los que pocos hablan aunque en realidad muevan el mundo. La economía global, como la nacional o la local, se divide entre acreedores y deudores. Lo que unos piden prestado es el ahorro de otros, mientras que los intereses que uno paga son los intereses que otro recibe. Cuanto más grande es tu posición acreedora, más 'dueño' eres de la economía global (al menos de los activos que la conforman). Este martes se ha conocido que China ha logrado superar a Japón por primera vez en la historia (desde que hay datos) como acreedor global. La cosa no termina ahí. China ahora va a por una Alemania que sigue manteniendo el primer puesto a nivel mundial.
Para ser acreedor global, los agentes de un país (familias, empresas y sector público) deben atesorar más activos extranjeros en su poder que al revés (los activos nacionales que poseen los extranjeros). Normalmente, las economías que presentan una propensión intensa al ahorro en detrimento del consumo y la inversión doméstica suelen ser acreedores netos. Los sospechosos habituales están siempre ahí: alemanes, japoneses, chinos, noruegos, suizos, coreanos... Por el contrario, los países que consumen e invierten más son deudores netos y para ser deudores netos deben vender parte de sus activos internos. Por ejemplo, EEUU tiene buena parte de su deuda pública y acciones en manos de extranjeros, lo que le permite ser un deudor neto con el resto del mundo. España, también deudora neta, tiene buena parte de su parque inmobiliario en manos de alemanes, británicos, polacos... lo que también permite a España financiar esa posición deudora (que por cierto ha mejorado muchísimo en los últimos años).
Ser acreedor neto da cierto poder y beneficio económico. Primero porque los acreedores disfrutan de rentas. Los dividendos que pagan las acciones, los intereses de los bonos o los alquileres de los inmuebles van directos a los acreedores incrementando su renta disponible. Por otro lado, como se está pudiendo ver en la 'guerra fría' entre China y EEUU también dan cierto poder. China ha acumulado tanta deuda de EEUU que puede presionar de forma indirecta o amenazar con deshacerse de ella si EEUU supera ciertos límites.
Otra forma de adquirir activos en el exterior es a través de la inversión extranjera directa que permite que inversores extranjeros controles o participen en empresas de otros países, lo que es otra forma de generar rentas e influencia a través de la economía. La creciente posición acreedora de China sirve por ejemplo para que Pekín pueda abrir fábricas de coches en España y Europa. Esto sin duda es positivo para la economía europea (genera puestos de trabajo e inversión), pero al mismo tiempo se genera una dependencia mayor de China.
El sorpasso de China a Japón revela como el mundo está cambiando y el peso que está ganando el 'gigante asiático' como potencia global. China ha superado a Japón en el ranking de acreedores globales y se ha situado como el segundo mayor acreedor neto del mundo en 2025, lo que supone un histórico sorpasso que muestra al auge de China, al mismo tiempo que supone un nuevo descenso en la clasificación mundial para Japón, a pesar de que sus activos externos netos siguen avanzando, según informado el Ministerio de Finanzas nipón es martes en una información recogida por Reuters.
Los activos externos netos de Japón alcanzaron un máximo histórico de 561,8 billones de yenes (3,5 billones de dólares) a finales de 2025, según estos datos. A pesar del aumento, el total fue superado por China, cuyos activos externos netos subieron a un ritmo más rápido hasta alcanzar los 636,3 billones de yenes. El cambio se produjo un año después de que Japón perdiera su posición como la mayor nación acreedora del mundo a favor de Alemania por primera vez en 34 años. Alemania se mantiene en el primer puesto en 2025 con 675,5 billones de yenes.
La posición de liderazgo de Japón como nación acreedora durante décadas se ha citado como uno de los factores que explican el estatus de refugio del yen en el pasado. Ese estatus parece menos claro ahora que la moneda se hunde cerca de sus niveles más bajos en décadas. "Independientemente de la clasificación, la posición neta de activos extranjeros de Japón sigue siendo enorme", reconoce a Bloomberg Daisuke Karakama, economista jefe de mercados del Mizuho Bank. "La cuestión es si mantener una cantidad tan grande de activos en el extranjero sigue considerándose algo positivo en el mundo actual, mucho menos pacífico", pone el dedo en la llaga enseguida.
El informe del ministerio señala que el fortalecimiento de las posiciones de Alemania y China se debe a unos superávits por cuenta corriente más elevados, respaldados principalmente por el comercio, espectro en el que China sigue alcanzando cotas imbatibles pese a la tensión geopolítica y la proliferación de conflictos. Al mismo tiempo, se recalca, el menor crecimiento de la posición de activos netos de Japón también refleja un aumento del valor de los activos nacionales en manos de inversores extranjeros, sobre todo debido a que la subida de las cotizaciones bursátiles japonesas impulsó el pasivo.
China va a por Alemania
Las enormes reservas de activos en el extranjero de Japón se consideraban en su día una razón clave para que el yen funcionara como moneda refugio en períodos de tensión en los mercados, explica Karakama. Pero ahora, el mero hecho de tener activos en el extranjero puede suscitar dudas sobre la seguridad y la protección, pone de manifiesto. De cara al futuro, Karakama avisa de que China podría acabar situándose muy por delante en activos extranjeros netos a nivel mundial tras competir con Alemania durante un tiempo, dada la sólida capacidad de generación de beneficios de la nación asiática.
"En el centro de la economía global se encuentra un sistema asimétrico e inestable en el que EEUU actúa como el consumidor de último recurso del mundo, mientras que países con superávit como China y Alemania (núcleo de la eurozona) reprimen el consumo interno en favor de un crecimiento impulsado por las exportaciones. Este desequilibrio se mantiene gracias al papel del dólar como moneda de reserva mundial, lo que permite a los países con superávit acumular activos estadounidenses en lugar de reequilibrar sus economías internamente", explican los analistas del blog de mercados Capital Flows en una entrada, situando a EEUU en el otro lado de la ecuación respecto a estos acreedores.
Este sistema, continúan estos estrategas, crea "un círculo vicioso de distorsiones en el capital y el comercio": EEUU debe incurrir en déficits comerciales y fiscales persistentes para absorber los superávits globales, mientras que las naciones con superávit dependen de esos mismos déficits para sostener su crecimiento. "En lugar de un círculo virtuoso de ajuste mutuo, obtenemos un sistema donde una parte sobreproduce y ahorra, y la otra 'sobreconsume' y se endeuda, impulsado por los mercados financieros y enmascarado por burbujas de activos", profundizan en su análisis.
Centrándose en el caso de China, el llamado a ser gran acreedor global, desde Capital Flows subrayan lo evidente a través de una suerte de esquema: "Las exportaciones superan a las importaciones, impulsadas por la contención de los salarios y el consumo. Las elevadas tasas de ahorro interno no se reinvierten en el país, sino que se destinan a activos externos, especialmente a aquellos denominados en dólares estadounidenses. Los controles de capital restringen nominalmente las salidas de capital, pero los flujos ilícitos (a través de criptomonedas, facturación fraudulenta y paraísos fiscales) eluden dichos controles. El exceso de capacidad productiva interna empuja las presiones deflacionarias hacia el exterior a través de los mercados mundiales de bienes. El modelo político depende del empleo generado por la industria, no del bienestar de los hogares, lo que provoca un exceso de oferta a nivel mundial".
Diseccionando a la hasta ahora 'campeona' de la clasificación, estos analistas elaboran un esquema similar para Alemania: "Presenta grandes superávits por cuenta corriente, impulsados por un crecimiento salarial contenido y una demanda interna limitada. El euro consolida la infravaloración de Alemania, lo que la hace extremadamente competitiva frente al sur de Europa y sus pares globales. Los mecanismos de ajuste interno están bloqueados: los países deficitarios de la zona euro no pueden devaluar ni estimular su economía libremente. El superávit de Alemania se exporta estructuralmente a EEUU a través de flujos de capital. La ortodoxia fiscal y la rigidez política impiden que la región genere una demanda interna adecuada".
El juego de tronos entre las economías globales no solo se juega con el PIB o con el poderío militar. La capacidad para acumular activos genera influencia (como se observa en la relación entre China y EEUU) y también unos ingresos que mejoran la renta disponible de los ciudadanos que poseen esos activos.