Reino Unido se queda sin millonarios: la fuga de grandes patrimonios amenaza la recaudación, la inversión y el empleo
El número de británicos con un patrimonio superior al millón de libras cae a 442.000, el nivel más bajo desde la crisis financiera de 2008. Un informe del Adam Smith Institute alerta de esta dinámica y advierte sobre el impacto que tiene sobre la presión fiscal que soporta el resto de contribuyentes y el deterioro del clima macroeconómico provocado por esta situación.
Los datos son claros. Reino Unido está perdiendo millonarios a marchas forzadas. El número de adultos residentes en el país con un patrimonio neto superior al millón de libras, medido a precios constantes, ha caído hasta 442.000 personas, según la última actualización del Millionaire Tracker elaborada por el Adam Smith Institute (ASI). La cifra supone un descenso del 7% desde 2024 y sitúa el volumen de grandes patrimonios en su nivel más bajo desde la crisis financiera de 2008.
Si comparamos los niveles apreciados en torno a 2021-2022 con las cifras de 2025-2026, encontramos de hecho que la caída es de una magnitud aún más acusada. Así, después de superar el millón de millonarios, los registros reflejan una caída a alrededor de 680.000 en 2022, poco más de 500.000 en 2023 y menos de medio millón desde entonces, hasta alcanzar los 442.000 actuales.
El ASI relaciona de forma directa esta evolución con el deterioro del atractivo fiscal y económico de Reino Unido. Entre los motivos que están empujando a los grandes patrimonios a marcharse cita los elevados niveles de tributación, las amenazas de nuevas subidas —incluida la posibilidad de introducir un impuesto sobre el patrimonio—, la abolición del histórico régimen fiscal de los non-doms que ofrecía un tratamiento fiscal favorable a determinados residentes cuyo domicilio se encontraba fuera del Reino Unido a pesar de que parte de su actividad se desarrollaba en las islas y, de manera más general, lo que considera una creciente hostilidad política y cultural hacia los creadores de riqueza.
El problema de fondo
El problema, sin embargo, va mucho más allá de que algunas personas adineradas cambien Londres por otras capitales. Cuando se marcha un gran patrimonio también se desplazan capacidad de inversión, consumo, ahorro, actividad empresarial y recaudación tributaria. Una menor presencia de empresarios e inversores implica menos capital disponible para financiar compañías, menos creación o expansión de negocios y, en consecuencia, un impacto potencial sobre el empleo y los salarios.
También existe un efecto sobre la demanda agregada. Los hogares de renta y patrimonio elevados presentan un nivel de gasto absoluto muy superior a la media, especialmente en vivienda, restauración, servicios profesionales, ocio, educación o consumo de bienes de alto valor añadido. Su salida significa que parte de ese gasto deja de producirse en Reino Unido y pasa a alimentar la actividad económica y la recaudación de otros países.
Pero quizá la consecuencia más inmediata sea fiscal. El ASI recuerda que el 1% de los contribuyentes con mayores ingresos aporta el 29,1% de toda la recaudación británica por el impuesto sobre la renta, precisamente la mayor fuente individual de ingresos tributarios para el Tesoro. La creciente concentración de la recaudación en una pequeña fracción de contribuyentes convierte la fuga de grandes fortunas en un riesgo especialmente relevante para las cuentas públicas.
De ahí que la discusión sobre la marcha de millonarios tenga también implicaciones para la financiación del Estado del bienestar. Cada contribuyente de renta muy alta que abandona el país puede representar menos ingresos disponibles para financiar sanidad, defensa, pensiones o cualquier otro servicio público, mientras una parte de su inversión y de su consumo se traslada a la jurisdicción que pasa a acogerle.
Compleja metodología
El punto de partida del cálculo del Adam Smith Institute es la riqueza neta de los hogares recogida por las Cuentas Nacionales de la Oficina Nacional de Estadística británica (ONS). En 2024 ascendía a aproximadamente 10,75 billones de libras. A partir de esta cifra, el instituto estima mediante una distribución de Pareto cuántas personas se sitúan por encima del umbral del millón.
El tracker del ASI ofrece además dos fórmulas distintas. Una contabiliza los patrimonios superiores a un millón de dólares nominales, siguiendo una definición comparable con la empleada por UBS en su Global Wealth Report y, por tanto, influida también por la evolución del tipo de cambio entre la libra y el dólar. La otra utiliza el umbral de un millón de libras en términos reales, eliminando el efecto de la inflación y de las fluctuaciones de las divisas. De esta manera, los resultados son más robustos.
La evolución de los llamados millonarios líquidos aporta igualmente perspectiva. En 2015 Reino Unido tenía 609.900, mientras que en 2022 todavía registraba 612.300. En la actualidad, su número se sitúa un 8% por debajo del nivel de 2007. El ASI considera que estos datos tampoco permiten atribuir al Brexit una reducción estructural significativa: pese a la volatilidad surgida después del referéndum de 2016, el volumen tendió durante años a estabilizarse alrededor de los 600.000.
Cambios fiscales
El deterioro más reciente coincide, en cambio, con importantes modificaciones fiscales. Una de ellas es la desaparición del régimen de los non-doms, que durante décadas permitió a determinados residentes británicos domiciliados fiscalmente en otros países beneficiarse de un tratamiento específico para sus rentas y ganancias obtenidas en el extranjero.
El nuevo marco amplía la exposición fiscal de estos contribuyentes a rentas y activos internacionales. El ASI señala que abogados especializados en grandes patrimonios, agentes inmobiliarios y family offices llevan tiempo advirtiendo del riesgo de que una parte de estos residentes opte simplemente por abandonar Reino Unido. Una extensión adicional del impuesto de sucesiones a los activos globales podría, según el instituto, intensificar todavía más estas salidas.
La tributación de las herencias constituye precisamente otro de sus focos de preocupación. Reino Unido presenta, según el ASI, el quinto tipo de impuesto sobre sucesiones más elevado de la OCDE. Estados Unidos aplica un tipo máximo similar, pero el instituto recuerda que el umbral patrimonial a partir del cual empieza a operar es aproximadamente diez veces superior.
También apunta al impuesto sobre las rentas del capital. Una subida adicional de este gravamen, o su equiparación con los tipos del impuesto sobre la renta, aumentaría el coste de invertir y afectaría especialmente a los grandes patrimonios líquidos, muchos de los cuales obtienen buena parte de sus ingresos precisamente a través de las plusvalías generadas por sus inversiones.
A todo ello se suma un elemento menos cuantificable, pero que el Adam Smith Institute considera creciente: el cambio cultural en la relación de Reino Unido con la riqueza. Así, el centro cita los trabajos del historiador, sociólogo y colaborador de LD, Rainer Zitelmann, sobre la opinión pública hacia los ricos y sostiene que, desde la crisis de 2008, se ha extendido una actitud política y social mucho más negativa hacia millonarios y empresarios.
El incremento del impuesto de sociedades, la congelación de determinados umbrales fiscales, la fiscalidad sobre las escuelas privadas y una retórica política cada vez más crítica con las rentas altas contribuirían, según este análisis, a generar la sensación entre empresarios y grandes inversores de que ya no son especialmente bienvenidos en Reino Unido.
El Adam Smith Institute reclama por ello un cambio de rumbo. Sus propuestas pasan por reducir el impuesto sobre las ganancias de capital, evitar su integración con el impuesto sobre la renta, sustituir el impuesto de sociedades por un impuesto sobre el flujo de caja, abolir el impuesto de sucesiones non-doms y grandes patrimonios con el de otras jurisdicciones.
La cuestión de fondo es que la competencia fiscal por atraer capital humano y financiero es internacional. Los millonarios pueden trasladarse y, con ellos, también pueden hacerlo sus empresas, inversiones y bases imponibles. Reino Unido, que durante décadas fue uno de los principales centros mundiales para la llegada de riqueza internacional, afronta ahora el riesgo contrario: que una política concebida para recaudar más de los ricos termine dejando al país con menos ricos a los que cobrar impuestos.
17/8/2026 - 05:25
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