sábado, 30 de septiembre de 2023

Por qué las pruebas para detectar enfermedades no son tan confiables como se piensa

 


Pocos análisis médicos son 100% precisos.

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Te sientes mal y consultas a tu médico. Te hacen algunas preguntas y extraen sangre para analizarla. A los pocos días te llaman para decirte que te han diagnosticado una enfermedad.

¿Cuáles son las posibilidades de que realmente tengas esa enfermedad? Para algunas pruebas comunes de diagnóstico, la respuesta es sorprendentemente baja.

Pocos análisis médicos son 100% precisos. Parte de la razón es que las personas son inherentemente variables, pero muchas pruebas también se basan en muestras limitadas o sesgadas de pacientes, y nuestro propio trabajo ha demostrado que los investigadores pueden exagerar deliberadamente la efectividad de nuevas pruebas.

Nada de esto significa que debamos dejar de confiar en los análisis de diagnóstico, pero una mejor comprensión de sus fortalezas y debilidades es esencial si queremos utilizarlos sabiamente.

Las personas son variables

Un ejemplo de un análisis imperfecto ampliamente utilizado es la prueba de detección del antígeno prostático específico (PSA), que mide el nivel de una proteína particular en la sangre como indicador de cáncer de próstata.

Se estima que la prueba detecta el 93% de los cánceres, pero tiene una tasa muy alta de falsos positivos, ya que alrededor del 80% de los hombres con un resultado positivo en realidad no tienen cáncer.

Para aquellos en ese 80%, el resultado crea un estrés innecesario y probablemente se les somete a más pruebas, incluidas biopsias dolorosas.

Las pruebas rápidas de antígenos para covid-19 son otro ejemplo de análisis imperfectos muy utilizados.

Una revisión de estas pruebas encontró que, de las personas sin síntomas pero con un resultado positivo, solo el 52% en realidad tenía covid.

Entre las personas con síntomas de covid y un resultado positivo, la precisión de las pruebas aumentó al 89%.

Esto muestra cómo el desempeño de una prueba no se puede resumir en un solo número y depende del contexto individual.

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Un ejemplo de un análisis imperfecto ampliamente utilizado es la PSA.

¿Por qué las pruebas de diagnóstico no son perfectas? Una razón clave es que las personas son variables.

Tú puedes tener una temperatura alta, por ejemplo, que en otra persona puede ser perfectamente normal.

En los análisis de sangre, muchos factores extraños pueden influir en los resultados, como la hora del día o la última vez que se ha comido.

Incluso la omnipresente prueba para medir la presión arterial puede resultar inexacta. Los resultados pueden variar dependiendo de si el brazalete se ajusta bien a tu brazo, si tienes las piernas cruzadas y si estás hablando cuando finaliza la prueba.

Muestras pequeñas y trampas estadísticas

Hay una enorme cantidad de investigaciones sobre nuevos modelos de diagnóstico.

Los nuevos modelos suelen aparecer en los titulares como “avances médicos”, como por ejemplo cómo tu escritura podría detectar la enfermedad de Parkinson, cómo tu tarjeta de cliente de tu farmacia podría detectar el cáncer de ovario más temprano o cómo los movimientos oculares podrían detectar la esquizofrenia.

Pero cumplir con las expectativas de los titulares es algo totalmente distinto.

Muchos modelos de diagnóstico se desarrollan basándose en tamaños de muestra pequeños. Una revisión encontró que la mitad de los estudios de diagnóstico utilizaron poco más de 100 pacientes.

Es difícil obtener una imagen real de la precisión de una prueba de diagnóstico a partir de muestras tan pequeñas.

Para obtener resultados precisos, los pacientes que usan la prueba deben ser similares a aquellos que se utilizaron para desarrollarla.

Por ejemplo, la Escala de Riesgo Cardiovascular Framingham, ampliamente utilizada para identificar a las personas con alto riesgo de enfermedad cardíaca, se desarrolló en Estados Unidos y se sabe que tiene malos resultados entre los aborígenes y los isleños del Estrecho de Torres australianos.

Se han encontrado disparidades similares en la precisión de las “puntuaciones de riesgo poligénico”.

Estas combinan información sobre miles de genes para predecir el riesgo de enfermedades, pero se desarrollaron en poblaciones europeas y funcionan mal en poblaciones no europeas.

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Las pruebas rápidas de antígenos para covid-19 son otro ejemplo de análisis imperfectos muy utilizados.

Recientemente, identificamos otro problema importante: investigadores que han exagerado la precisión de algunos modelos para lograr la publicación en revistas especializadas.

Hay muchas formas de exagerar el rendimiento de una prueba, como eliminar de la muestra a pacientes cuyo riesgo de enfermedad es difícil de predecir.

Algunas pruebas tampoco son verdaderamente predictivas, ya que incluyen información del futuro, como el modelo predictivo de infección que incluye determinar si al paciente le habían recetado antibióticos.

Quizás el ejemplo más extremo de exageración del poder de una prueba de diagnóstico fue el escándalo de Theranos, en el que un análisis de sangre mediante punción en el dedo que supuestamente diagnosticaba múltiples afecciones de salud atrajo cientos de millones de dólares de inversores.

Esto era demasiado bueno para ser verdad y la autora intelectual fue declarada culpable de fraude.

Los macrodatos no pueden hacer que las pruebas sean perfectas

En la era de la medicina de precisión y los macrodatos, parece atractivo combinar decenas o cientos de datos sobre un paciente (tal vez utilizando aprendizaje automático o inteligencia artificial) para ofrecer predicciones muy precisas. Sin embargo, hasta ahora la promesa supera la realidad.

Un estudio estimó que se publicaron 80.000 nuevos modelos de predicción entre 1995 y 2020. Eso es alrededor de 250 nuevos modelos cada mes.

¿Están estos modelos transformando la asistencia médica? No vemos ninguna señal de ello, y si realmente estuvieran teniendo un gran impacto, seguramente no necesitaríamos un flujo tan constante de nuevos modelos.

Para muchas enfermedades existen problemas de datos que ningún modelo sofisticado puede solucionar, como errores de medición o datos faltantes que hacen imposible realizar predicciones precisas.

Es probable que algunas enfermedades sean intrínsecamente aleatorias e impliquen cadenas complejas de acontecimientos que un paciente no puede describir y ningún modelo puede predecir.

Los ejemplos podrían incluir lesiones o enfermedades previas que le ocurrieron a un paciente hace décadas, que no puede recordar y que no están en su historial médico.

Las pruebas de diagnóstico nunca serán perfectas. Reconocer sus imperfecciones permitirá a los médicos y a sus pacientes tener una discusión informada sobre lo que significa un resultado y, lo más importante, qué hacer a continuación.

Adrian Barnett es profesor de estadística de la Universidad de Tecnología de Queensland y Nicole White es investigadora de estadística de la Universidad de Tecnología de Queensland, Australia. Este artículo apareció originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión en inglés aquí.

  • Adrian Barnett y Nicole White
  • Role,The Conversation *

Hijos únicos: qué dice la ciencia realmente sobre el impacto que tiene en los niños no tener hermanos



La idea de que son caprichosos y egoístas está bastante arraigada en la sociedad, aunque estos preconceptos están empezando a cambiar.

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Egoístas, mandones, torpes socialmente, celosos, acostumbrados a salirse con la suya y, por si fuera poco, bastante malgeniados.

Su mala fama los precede. Sin embargo, numerosos estudios muestran que estas no son características asociadas necesariamente a los hijos únicos, y que estos, en muchos sentidos, no son particularmente diferentes de aquellos niños que tienen hermanos.

“La evidencia, en general, no apoya la idea de que los niños que crecen como hijos únicos tienen una especie de déficit en sus hablidades sociales, comparados con los niños que crecen con hermanos”, dice a BBC Mundo Alice Goisis, profesora asociada de Demografía del Centro de Estudios Longitudinales del University College de Londres.

Estos niños son “comparables en términos de personalidad, relación con sus padres, logros, motivaciones y adaptación personal con niños que tienen hermanos”, añade la investigadora.

Un estudio llevado a cabo por Goisis y sus colegas, revela que son otros los factores de mayor peso que influyen en el desarrollo de los niños como, por ejemplo, la situación socieconómica de la familia o los recursos emocionales de los que disponen los padres.

Si bien algunas investigaciones muestran diferencias, Goisis señala que los motivos detrás de las discrepancias se deben al contexto y no al hecho de ser hijo único per sé.

“Encontramos, por ejemplo, que en Reino Unido, donde un hijo único es un indicador de haber crecido en una familia relativamente aventajada, estos niños tenían más tarde en la vida una salud igual o mejor en comparación con niños que tenían hermanos”.

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La variedad entre hijos únicos es amplia, mucho depende del contexto en el que hayan crecido.

“Mientras que en Suecia, donde prevalece la norma de tener dos hijos y los hijos únicos tienden a provenir de familias en una peor situación económica, estos últimos tienen una peor salud más adelante en su vida”, señala Goisis.

Es decir, la importancia del contexto y la enorme variedad que hay entre los hijos únicos hace que esta no puede considerarse como una categoría en sí misma.

Ventajas

Si bien el impacto en términos cognitivos o de sociabiliad puede no ser significativo, y se debe en mayor medida al contexto en el que crece ese niño, esto no significa que no podamos observar diferencias.

Cada posición dentro de la familia –ya sea en el rol de hijo mayor, del de medio o el más pequeño- tiene sus ventajas y desventajas, le explica a BBC Mundo Linda Blair, psicóloga clínica basada en Reino Unido.

Y esta situación más o menos ventajosa no es diferente en el caso del hijo único, aunque “este es el grupo familiar que más ha cambiado en los últimos 40 o 50 años”, (y que se ha vuelto más común, como resultado de una elección).

Una de las ventajas observadas por Blair en más de 40 años de experiencia, es la excelencia lingüística que suelen tener los hijos únicos.

“Esto ocurre por el aporte lingüístico de los padres, que no se ve interrumpido por el de otros niños, que tampoco proviene de sus pares, y que es necesario para el desarrollo del cerebro en los primeros 24 o 36 meses de vida”.

Esto le da a los niños una gran ventaja académica, añade.

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Los hijos únicos suelen tener un muy buen manejo del lenguaje.

Por otro lado, suelen ser muy buenos organizando y empleando su tiempo libre, ya que al no tener hermanos o hermanas, tienen que encontrar y decidir qué hacen con él.

Finalmente, señala Blair, “se vinculan con más facilidad con personas de más edad, porque hacen eso todo el tiempo”.

Desventajas

Del otro lado, no tener hermanos puede colocar al niño en una situación más desventajosa.

“Hay investigaciones que muestran que los hermanos pueden tener un efecto protector cuando hay en el hogar una relación disfuncional de los padres, en cuyo caso esta situación tiende a diluir el impacto negativo de estos estresores”, le explica a BBC Mundo Adriean Mancillas, psicóloga estadounidense y autora de “Challenging the Stereotypes About Only Children: A Review of the Literature and Implications for Practice” (“Desafiando los estereotipos sobre los hijos únicos: una revisión de la literartura e implicaciones para la práctica”, en español).

Por esta razón, Mancillas destaca la importancia de, en esos casos, considerar la búsqueda de apoyo más allá de las figuras parentales, como pueden ser los amigos cercanos o miembros de la familia extendida.

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Si la relación de los padres es disfuncional, el impacto se diluye en cierta medida cuando la familia es más grande.

Una carencia notada por Blair es la falta de la llamada “inteligencia de calle” (street smart, en inglés) en los hijos únicos. Blair se refiere a esa suerte de inteligencia intuitiva y práctica, “que te permite reconocer rápidamente qué es lo que alguien va a hacer y que realmente no puedes aprender sino convives con gente de una edad similar”.

Otra característica, añade, es que como pasan gran parte del tiempo solos, o con adultos, no se sienten tan cómodos en el caos.

Blair insiste en que se trata de características generales, y que, como mencionamos en un principio, no existen una serie de reglas que permitan describir al hijo único.

Pero si la ciencia da por tierra con los prejuicios en torno a los hijos únicos que los pintan con colores muy poco halagadores, ¿por qué esta noción es tan difícil de erradicar y cómo surgió en primer lugar?

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Al ser únicos, son inevitablemente el foco de atención de sus padres.

“Una enfermedad en sí misma”

Los estereotipos negativos alrededor del hijo único se remontan a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, cuando la psicología infantil fortalecía sus bases como campo de estudio académico.

G. Stanley Hall, psicólogo estadounidense y pionero en este área de estudio, publicó una serie de textos en los que describe a los niños sin hermanos con muchas de las características que hoy día les atribuye la cultura popular.

Hall llegó a describir al hijo único como “una enfermedad en sí misma”.

Poco tiempo después, el psicólogo estadounidense Eugene Bohannon, aportó su grano de arena: según su análisis, la atención exclusiva de los padres al hijo único hacía que estos fueran “altamente sensibles”, “menos arriesgados”, “precoces” y “desconsiderados”.

Sin embargo, otro psicólogo mucho más ampliamente conocido que Hall, tuvo una mayor influencia en perpetuar los estereotipos negativos en torno a los hijos únicos: el austriaco Alfred Adler, argumenta Mancillas.

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Dr. Alfred Adler (1870-1937).

“Adler fue el primer psicólogo que examinó y escribió en profundidad sobre el orden de nacimiento y cómo la estructura familiar afecta el desarrollo de los niños”, le dice a BBC Mundo.

“En los escritos de Adler sobre sus propios casos de estudio, describe a los hijos úncos que trató clínicamente de una manera extremadamente negativa, y aseveró que estos no solo eran niños mimados, sino que los padres que elegían no tener más hijos estaban infligiendo un daño psicológico a su único hijo”, añade.

Aires de cambio

Pese a que los métodos de investigación de estos investigadores fueron más tarde cuestionados y sus teorías refutadas por numerosos estudios posteriores, se trata de un mito difícil de erradicar

Goisis cree que se debe a que todavía prevalece como típica la familia conformada por dos niños, con lo cual el hijo único sigue siendo algo fuera de la norma y, por tanto, se asume como diferente (y objetable).

Aún así, la actitud hacia los hijos únicos está cambiando dramáticamente, debido a los cambios en el modelo de familia actual, sostiene Blair.

Mientras que en el pasado ser hijo único era una anomalía, “hoy día la situación es muy diferente. En Reino Unido, por ejemplo el 40% de las familias tienen un solo hijo, y se estima que para 2030, será la mitad de las familias”, señala Blair.

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El número de familias con un solo hijo va en aumento.

Para Mancillas, discutir estos temas y llevar investigaciones e información precisa al público es la manera de, eventualmente, hacer que los puntos de vista cambien.

“Esto es cierto para cualquier prejuicio o estereotipo”, dice.

“Cuando los prejuicios implícitos se vuelven explícitos, ahí es cuando podemos cambiarlos para corregir el pensamiento sesgado y estereotípico que, de otro modo, dañaría a otro individuo o grupo”.

“Cuando aplicamos esto a los hijos únicos y a los padres, esto significa asegurarnos de que haya información ampliamente disponible para que los padres puedan sentirse seguros en su decisión de tener un solo hijo”, concluye Mancillas.


  • Laura Plitt
  • Role,BBC News Mundo