martes, 31 de octubre de 2023

Por qué la felicidad tiene forma de U a lo largo del ciclo de la vida

 


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¿Cuán felices somos a lo largo de la vida?

Es una pregunta difícil de contestar pues, por supuesto, todos estamos a merced de los impredecibles altibajos de la salud, el dinero, la familia y la carrera, que tienen un gran impacto en nuestro bienestar.

Pero si nos fijamos en millones de personas, ¿surgirá patrón subyacente a pesar de todo?

¿O será la felicidad es demasiado resbaladiza y subjetiva para eso?

En la década de 1990 se habían recopilado grandes conjuntos de datos en Estados Unidos y Europa generados tras preguntarle a miles de personas elegidas al azar, cada año durante más de dos décadas, cuán felices o satisfechas estaban.

Y aunque quizás no es el tipo de asuntos de los que uno esperaría se ocuparan los economistas, un grupo se interesó por la relación entre trabajo y felicidad.

Entre ellos estaba Andrew Oswald, profesor de Economía y Ciencias del Comportamiento en la Universidad de Warwick, Reino Unido, quien persuadió a David Blanchflower, economista laboral y académico de Dartmouth College, EE.UU., a que le echara un vistazo a los datos de felicidad.

"Me llamó mucho la atención pues surgen patrones singulares", le dijo a la BBC Blanchflower.

Algunos ya son familiares, como que países como Dinamarca y Suecia y otros parecían ser los más felices.

Pero "el mayor resultado que surge es que las personas desempleadas son increíblemente infelices", sin importar cuán ricos o pobres sean, destacó el experto.

Se preguntaron si habría otros patrones interesantes y sólidos por descubrir.

Blanchflower y Oswald analizaron los datos más a profundidad.

"Estábamos tratando de entender los patrones de felicidad humana en EE.UU. y Reino Unido, y en particular, como estábamos muy centrados en la economía, queríamos saber si el dinero realmente hace más feliz a la gente", explica Oswald.

Empezaron tratando de eliminar el efecto de la edad en la felicidad, para ver la influencia de otros factores con mayor claridad.

Pero en el proceso, descubrieron algo curioso, oculto en esos datos de miles de vidas individuales diferentes: la edad parecía tener una estrecha relación con la felicidad.

"Había un fenómeno muy poderoso que parece indicar que los humanos se deslizan por esta forma de U gigante de bienestar mental a lo largo de sus vidas, alcanzando un mínimo generalmente a finales de los 40 y luego subiendo nuevamente hasta más allá de los 70".

Estadísticamente felices

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La curva en U surge en las respuestas a preguntas de encuestas que miden la satisfacción con la vida en su conjunto, no el estado de ánimo de un momento a otro.

Blanchflower y Oswald se habían topado con la curva en U de la felicidad, una sola línea en un gráfico que contiene una multitud vertiginosa de historias de triunfos y fracasos, un coro que habla al unísono sobre épocas de mayor y menor bienestar.

"El punto de partida es que las personas son muy felices cuando tienen 16 años, y luego esa medida de felicidad disminuye constantemente y alcanza un punto bajo alrededor de los 48-50 años", explica Blanchflower.

Probaron esta curva en U de varias maneras: primero utilizando datos de 500.000 personas de EE.UU. y Europa occidental. Más datos la confirmaron en Asia, América del Sur y Europa del Este y, finalmente, encuestas de personas en otros 72 países mostraron el mismo patrón: la felicidad parecía tener una forma definida.

La tendencia además resultó ser extraordinariamente consistente en diferentes razas, estilos de vida, culturas e incluso entre diferentes géneros.

Por supuesto, la U no es omnipresente; de hecho, sería sospechoso si apareciera un solo patrón en un panorama inmensamente variado de encuestas, países, generaciones y análisis.

Aún así, aparece con demasiada frecuencia como para ignorarla.

Varios investigadores encontraron lo mismo, entre ellos la economista del desarrollo Carol Graham, quien ahora trabaja en la Institución Brookings, EE.UU.

La autora de "La felicidad en el mundo: la paradoja de los campesinos felices y los millonarios miserables" (2010) había estado observando a peruanos que habían salido rápidamente de la pobreza y quiso saber cómo se sentían.

Le sorprendió descubrir que las circunstancias objetivas no determinaban la satisfacción subjetiva de la vida; en Perú, como en otros países, muchas personas que habían salido de la pobreza se sentían peor que quienes permanecían pobres.

Se sumergió en datos de encuestas y encontró el mismo patrón en forma de U, primero en América Latina y luego en el resto del mundo.

Se trataba de una regularidad estadística, que decía algo sobre la condición humana.

¿Pero qué?

Momento de crisis

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La curva de la felicidad en una letra.

¿Qué tiene la mediana edad -que se extiende desde mediados de los 40 hasta principios de los 50- que lleva a la gente a ser, en promedio, menos feliz?

Aún no se sabe con certitud.

Las encuestas generan datos pero son menos adecuadas para obtener explicaciones.

"Hay varias teorías", señala Oswald.

"Una popular tenía que ver con la noción de que cuando llegas a la mediana edad te das cuenta de si vas o no a ser un gran científico, o a ganar el Premio Nobel, o a ser CEO.

"El argumento era que en ese momento la mayoría de la gente está a la altura de las aspiraciones que tenía en la juventud, y eso es psicológicamente doloroso".

Cualquiera que sea la explicación, la parte inferior de la U se expresa en más que decepción.

A finales de los años 40 es el momento en que varias formas de angustia aguda alcanzan su punto álgido.

"Si le pregunto en mis conferencias, ¿qué grupo de edad creen que es más propenso al suicidio? Casi siempre responden: 'Los jóvenes'. Y eso es totalmente erróneo.

"Un hombre de 46 años tiene aproximadamente tres veces más probabilidades de quitarse la vida que un joven de 18 años".

También es cuando el diagnóstico de depresión es más común y cuando la muerte por sobredosis de drogas alcanza su nivel más alto.

La crisis de la mediana edad, aseguran los economistas, es real e importa.

Y en la búsqueda de explicaciones plausibles, probablemente hay que tener en cuenta aspectos como el que los hijos hayan dejado el hogar, el divorcio o la frustración con el trabajo.

Pero, ¿qué pasa si se considera un grupo para el que ninguno de esos factores está en juego?

Ellos también

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Los orangutanes son expresivos, inteligentes y curiosos.

En 2010 Oswald se interesó por un aspecto cuyo estudio despertó asombro, para bien y para mal.

"Descubrí que había investigadores en el mundo que estaban recopilando datos sobre lo que podríamos llamar el bienestar mental de los grandes simios en chimpancés y orangutanes".

Los orangutanes tienen diferentes personalidades, toda la gama de emociones humanas y son muy inteligentes. Y eso incluye la inteligencia emocional.

Al igual que nosotros, tienen rabietas, buscan mimos para consolarse y se ponen de mal humor cuando tienen hambre.

Esas similitudes llevaron a algunos investigadores a preguntarse si también sufrían una crisis de la mediana edad.

"Un día llamé a un distinguido psicólogo llamado Alex Weiss de la Universidad de Edimburgo y le dije: 'No sabes quién soy y esto puede sonar loco, pero me pregunto si podríamos comprobar los datos de los animales'", recuerda Oswald.

Resulta que los responsables de cuidar a los orangutanes y chimpancés deben llevar un registro del bienestar de sus animales.

"Una de las preguntas que se les hace es: 'Si tú fueras ese animal, ¿qué tan feliz te sientes?

"Por alguna razón, nunca podré olvidar la simplicidad, tal vez la extrañez, de esa pregunta".

Trabajando con cuidadores de zoológicos y primatólogos de todo el mundo, Oswald reunió puntuaciones de felicidad para más de 500 chimpancés y orangutanes a lo largo de sus vidas... y ¿adivina qué?

"Unos dos años más tarde, publicamos un artículo en una de las revistas científicas estadounidenses titulado: "Evidencia de una crisis de mediana edad en los grandes simios consistente con la forma de U en el bienestar humano".

Si el mismo patrón se encontró en chimpancés y orangutanes, ¿habremos estado imaginando vínculos causales que en realidad no existen?

Por el momento, no se puede más que especular, pero Oswald intuye "algo muy profundo, un patrón subyacente sobre la naturaleza humana y la estructura del envejecimiento".

Una estructura que tiene un final feliz, pues la buena noticia es que una vez pasas el fondo, la tendencia es alcista.

Las curvas que Oswald, Blackflower y otros han encontrado en todo el mundo muestran que los niveles de felicidad tienden a aumentar desde los 50 hasta los 70 años, llegando casi tan alto como en los 20 años.

¿Una U universalmente aceptada?

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No todos la ven tan claramente.

A pesar de que se han acumulado muchas pruebas de su existencia, particularmente en Occidente, la teoría de la curva en forma de U tiene sus disidentes.

Hay desde estudios que señalan variaciones en la curva de la felicidad hasta otros que aseguran que es errada.

Quizás los que más se oponen a la idea, respaldada mayoritariamente por economistas, son los psicólogos, argumentado que la curva en forma de U es una ilusión estadística que surge de grandes conjuntos de datos.

Desde su punto de vista, eso está lejos de ser tan valioso como los estudios detallados de personas reales.

También hay académicos que no ven con buenos ojos el que esa curva U surja sólo después de que los investigadores ajustan variables como ingresos, estado civil, empleo, etc., para analizar el efecto de la edad sola.

Aún así, señalan otros, filtrar circunstancias indica que puede haber un patrón subyacente en la satisfacción con la vida que es independiente de cualquier situación, algo que es, al menos, intrigante.

En otras palabras, si todo lo demás es igual, parece ser más difícil sentirse satisfecho con tu vida en la mediana edad.

Pero lo esperanzador sería que ese sentimiento es normal y pasajero; unos años después volverá a ser más fácil ser felices.



Gran parte de este artículo está basado en el episodio "The Happiness Curve" de la serie de la BBC "Uncharted with Hannah Fry".

BBC News Mundo

  • Role,Redacción *

Así es cómo los artistas están evitando que las IA les roben sus obras: las "envenenan"

 



  • La IA se entrena con millones de imágenes para que luego sean capaces de generar ellos mismos otras
  • El problema es que no se respeta las autorías de los artistas



La Inteligencia Artificial está siendo una de las tecnologías más polémicas que se han lanzado hasta el momento, y es que todo lo positivo y todas las ventajas que ofrece, también tiene un lado que preocupa a los usuarios. Por ejemplo, si estas máquinas son capaces de hacer lo mismo que una persona pero de una manera mucho más eficaz y rápida, ¿cómo va una persona competir por un trabajo contra una IA?

Este es un debate muy extendido, pero no es el único frente que se le ha abierto a esta tecnología, ya que uno de los sectores más preocupados por la llegada de la IA, y uno de los primeros que está viendo las capacidades de esta es el de los artistas.

Y es que si tuviésemos que señalar el uso más común que se ha hecho hasta ahora de la IA es el de la creación de imágenes de todo tipo. Y ya ni siquiera son apps de pago, sino que hay una multitud de opciones gratuitas que puedes encontrar y usar libremente para hacer tus propias creaciones.

Pero la IA no aprende solar a pintar y diseñar lo que tú le pidas, sino que son entrenadas con millones de imágenes, fotos, dibujos y demás formatos para que aprendan y sepan que estilos, colores o formas deben usar para ofrecer resultados de calidad.

Hace unos meses, el portal Getty Images demandó a los creadores de Stable Diffusion por haber usado su catálogo de imágenes, principalmente por preocupación a que les usurpen el trabajo y no se protegen los derechos de autor ni nada similar.

Por esa razón, los artistas se están organizando, y de hecho ya han creado algunas plataformas como, por ejemplo, Nightshade o Glaze con las que estos pueden "envenenar" sus creaciones originales para subirlas a Internet sin el miedo de que sean usadas para entrenar a una IA.

Esto es porque este tipo de herramientas son capaces de "corromper" las imágenes ya sea cambiando los píxeles de manera sutil o manipular los prompts para confundir a estas máquinas en el proceso de entrenamiento, y por ejemplo, si un usuario les pide una foto de un perro, la IA ofrezca la de un gato.

Lo cierto es que mientras este tipo de apps ofrecen una solución a las autorías y usos sin permiso de sus imágenes, también supone un peligro para aquellos que quieran hacer usos malintencionados, no obstante, los expertos creen que para ello sería necesaria usar millones de imágenes fraudulentas con modelos muy potentes, por lo que es bastante probable que detectasen estos malos usos antes de que suponieran un peligro real.


El cambio en las relaciones entre Alemania y China revela el complejo futuro de la industria europea

 


  • China se ha impuesto a los exportadores alemanes en varios sectores clave



Guerras, una pandemia, proteccionismo, inflación, cambio climático... El escenario económico ha dado un giro brusco y rápido tras décadas de relativa calma. Buen ejemplo de ello es Alemania (y de una forma más extensa la Unión Europea), un país que hace no tanto parecía tener una economía asentada en unos pilares indestructibles, y que ahora parece condenada a reinventarse a marchas forzadas con una transición de por medio dolorosa. Aunque este es un tema que puede dar para varios libros, una forma sencilla de comprender lo que está ocurriendo de un solo vistazo es la fiebre que dibuja la balanza comercial de Alemania con China. En cuestión de años se ha abierto un agujero (déficit) que pareciera llegar a tocar el núcleo de la tierra. La UE ha 'zancadilleado' con sus propias normativas a la industria alemana y europea.

La relación comercial entre China y Alemania viene de lejos. No obstante, la tendencia que se está agudizando en los últimos años es llamativa. Mientras que Alemania sigue necesitando a China para importar muchos de los inputs que la industria alemana es incapaz de producir con una buena relación calidad-precio, China parece estar dejando de necesitar los bienes que otrora importaba de Alemania de forma masiva.

Las relaciones comerciales entre Alemania y China se han basado históricamente en las importaciones alemanas de bienes de bajo valor añadido (bienes de consumo duraderos y no duraderos, productos alimenticios...) y en las exportaciones de productos mayor valor añadido (bienes intermedios y de capital). Según cuentan los manuales de comercio internacional, esta es la típica relación comercial ente países desarrollados y economías en desarrollo. Los primeros producen bienes sofisticados, que requieren de una elevada inversión en capital y tecnología, mientras que los segundos producen bienes más sencillos, aprovechando la ventaja comparativa relativa que supone unos costes laborales muy inferiores y una vasta fuerza laboral.

"Durante años, las empresas alemanas prosperaron gracias al apetito chino por la maquinaria, los productos químicos y los automóviles. China sigue siendo el mayor socio comercial de Alemania y casi la mitad de los fabricantes alemanes dependen de insumos intermedios procedentes de China (tres cuartas partes en el caso de la industria automovilística). El comercio chino-alemán mantiene más de un millón de puestos de trabajo directos y de las diez empresas cotizadas más valiosas de Alemania, nueve obtienen al menos el 10% de sus ingresos de China (frente a dos en EEUU). Sin embargo, despertando a la realidad del chantaje energético ruso, la creciente dependencia china de Alemania ha empezado a plantear interrogantes", exponía hace meses en un observatorio sobre el futuro de Alemania Aila Mihr, analista sénior de Danske Bank.

El gran desequilibrio comercial entre Alemania y China

Alemania comienza a registrar déficits comerciales históricos con China

Según datos publicados por BNP Paribas, entre el año 2000 y 2019, Alemania registró un déficit comercial anual promedio de unos 15.000 millones de euros con respecto a China (un agujero muy moderado para unos flujos comerciales tan intensos). A modo de comparación, el superávit comercial general (de Alemania con el resto del mundo) promedió 177.000 millones de euros anuales durante el mismo período.

No obstante, la cuestión que compete a este artículo es la que pone de manifiesto ciertos cambios en Alemania (y Europa) que parecen irreversibles dentro del reciente déficit bilateral con China. En cuestión de meses, el déficit ha superado los 80.000 millones de euros, un agujero comercial que es producto de factores coyunturales (la pandemia o la guerra de Ucrania), pero también estructurales.

Stephan Colliac, economista de BNP Paribas, señala en una nota que las relaciones comerciales entre China y Alemania se han desequilibrado rápidamente en los últimos dos años, a medida que las importaciones crecían más rápido que las exportaciones. Es cierto que algunos cambios pueden estar vinculados con la guerra en Ucrania y ser transitorios, como el incremento de las importaciones alemanas de productos químicos chinos ante los temores de escasez de energía en Alemania. "Pero todo hace indicar que también están en marcha más cambios estructurales", advierte este experto.

Varios sectores en los que China está desarrollando sus exportaciones (y la producción local como sustituto de las importaciones) han ampliado sobremanera los déficits bilaterales alemanes durante enero-julio de 2023, en particular los equipos eléctricos (-11.200 millones de euros en comparación con -4.000 millones de euros hace dos años). "Esto subraya la erosión de la posición competitiva de Alemania frente al ascenso de China en estas áreas".

El caso del automóvil

Al mismo tiempo, los superávits alemanes con China en ciertos sectores han caído. Aunque el superávit del sector del automóvil sigue siendo elevado (casi 20.000 millones de euros), la disminución de las exportaciones es clara: su suma en 12 meses alcanzó un máximo de 30.700 millones de euros en septiembre de 2022 y totalizó solo 26.300 millones en julio de 2023. A la vez, las importaciones alemanas procedentes de China aumentaron de 4.000 millones de euros a 6.200 millones de euros.

Este sector podría ser uno de los que más cambios sufra en el corto y medio plazo. Las empresas de Alemania llevaban décadas invirtiendo en I+D para mejorar los motores de combustión, cuyo funcionamiento es realmente complejo y necesita de un capital humano formado y una maquinaria sofisticada. Ahora, el cambio en las reglas del juego (los coches de combustión desaparecerán), China ha tomado la delantera. A veces da la sensación de que las normativas y regulaciones europeas estaban allanando a propósito el camino para la irrupción del coche eléctrico chino o de los componentes relacionados con las energías renovables que en se producen en el 'gigante asiático'.

Pekín es ya el mayor exportador de coches del mundo y lleva años de ventaja en lo que se refiere a la fabricación de coches eléctricos, mucho menos complejos que los de combustión. Hoy, China es capaz de fabricar mejores coches eléctricos y más baratos, lo que puede poner en riesgo de cara al futuro el superávit de este sector. Según cálculos de la propia Comisión Europea, un coche eléctrico made in China es un 20% más barato que otro similar made in Europe.

"Para un país que ha dominado la producción de vehículos de motor durante tanto tiempo, la rápida aparición de la competencia de los fabricantes chinos en el segmento de los vehículos eléctricos supone un verdadero reto, que suscita preocupación por las 'injustas' subvenciones chinas a los fabricantes de automóviles (se espera que la reciente investigación de la Comisión Europea sobre las subvenciones dure un año) y pide que se 'desprotejan' las líneas de suministro mundiales", incide Anatoli Annenkov, estratega de Société Générale.

Pero, con fuertes inversiones en China, los fabricantes alemanes no apoyan las medidas proteccionistas europeas y consideran impensable desvincularse materialmente de China, subraya el analista. Por el contrario, continúa, las firmas ven efectos positivos de estar presentes en el mercado chino en términos de innovación, transferencia tecnológica y aparición de estándares tecnológicos propios. De hecho, señala Annenkov, muchas de estas empresas están invirtiendo más y tratan de impulsar la producción local y depender menos de las importaciones alemanas, al tiempo que establecen alianzas con empresas chinas en un esfuerzo por aislar el negocio de las tensiones geopolíticas. "Como resultado, las inversiones directas alemanas en China han aumentado en los últimos años, sobre todo en el sector del automóvil, mientras que las exportaciones se han estancado", colige.

¿Se pega Europa un tiro en el pie?

Además, están siendo las propias normativas europeas la que están acelerando esta caída de Alemania y beneficiando a China, que no solo se ha posicionado bien en el mercado de coches eléctricos, también lo ha hecho, por ejemplo, en el de paneles solares. Desde Deutsche Bank explican en un informe titular 'El cambio estructural de la industria alemana' que se están produciendo cambios estructurales que podrían acelerarse aún más en los próximos años. Habrá (relativos) ganadores y perdedores. El cambio de Alemania es casia a la fuerza el cambio de Europa.

"En principio, el cambio estructural industrial no es nada nuevo ni nada negativo. En décadas anteriores, por ejemplo, la industria textil y del vestido desempeñaban un papel mucho más importante en Alemania que hoy. Sin embargo, debido a las diferencias en los costes salariales, la industria del vestido, por ejemplo, trasladó su producción a países con salarios más bajos", señalan los expertos de DB.

En el pasado, estos cambios estructurales eran a menudo resultado del mercado (por ejemplo, diferencias en los costos salariales). Sin embargo, es probable que el futuro cambio estructural también sea provocado en parte por diferentes condiciones del marco regulatorio. Entre ellos se incluyen la política energética y climática. Otro ejemplo era la previsible entrada en vigor de la norma Euro 7, que suponía otro 'golpe' directo para la industria del automóvil europeo. Sin embargo, esta medida parece haberse retrasado ante la polémica que suscitó.

Con todo, "esperamos que el peso de la industria manufacturera en el valor añadido bruto total disminuya aún más en los próximos años. En 2016 fue del 22,9%. El año pasado, fue del 20,4%... La posición competitiva de Alemania a nivel internacional ha tendido a deteriorarse", sentencia el informe de Deutsche Bank.

Todo lo anterior refleja, según Colliac, "una pérdida de cuota de mercado de Alemania en las importaciones chinas (4,2% de las importaciones chinas en los últimos 12 meses hasta julio de 2023, cuando eran casi un punto porcentual más altas dos años antes), mientras que la participación de China en las importaciones alemanas se ha mantenido estable en el 12% (sobre los mismos puntos de comparación)".