martes, 31 de mayo de 2022

Metales críticos: el nuevo petróleo que podría dejar a Occidente sin móviles, coches eléctricos ni renovables



Un operario sostiene un fragmento de mineral de manganesoRHJFOTOS


Europa y EEUU deberán aumentar la inversión en I+D+i si quieren superar su dependencia de países como China, la República Democrática del Congo o Indonesia, que acaparan metales como el cobalto, el níquel, el grafito, el magnesio o las tierras raras, insustituibles en la fabricación de misiles, móviles, paneles solares, aerogeneradores, aparatos médicos...




¿Qué tienen en común tu teléfono móvil, un aerogenerador, un panel solar, un coche eléctrico, un sistema antimisiles y un escáner cerebral? Entre otras cosas, que ninguno de esos dispositivos se pueden fabricar hoy día sin emplear metales muy escasos en el planeta como el cobalto, el níquel, el magnesio, el grafito o las tierras raras...

Son los llamados metales críticos, una treintena de elementos químicos que tanto la UE como EEUU han incluido en la lista de las materias que les preocupan (y mucho) de cara al futuro.

No sólo porque son insustituibles, también porque son muy escasas y porque su producción está concentrada en países con estándares de gobernanza inferiores a los de Occidente y poco fiables en términos de suministro, como China (monopoliza una decena de metales), la República Democrática del Congo (produce el 60%del cobalto), Indonesia (30% del níquel).


Esta elevada concentración constituye una importante vulnerabilidad para los países occidentales
PABLO ARJONA, ANALISTA DE RIESGO PAÍS Y ESPECIALISTA EN MATERIAS PRIMAS Y TRANSICIÓN ENERGÉTICA DE CESCE.


«Esta elevada concentración constituye una importante vulnerabilidad para los países occidentales, dado que una distorsión en el suministro afectaría, por ejemplo, a la capacidad de EEUU de mantener su ventaja tecnológica y militar», advierte Pablo Arjona, analista de Riesgo País y especialista en Materias Primas y Transición Energética de Cesce.

Especialmente preocupante es el caso de China, que acapara el 74% del antimonio (aplicaciones en defensa), el 85% del bismuto (medicina) el 80% del galio (semiconductores y células fotovoltaicas) y el germanio (fibra óptica y células solares), el 69% del grafito (baterías) y el 86% de las tierras raras (imanes permanentes de aerogeneradores y motores eléctricos, así como emisores de luz para pantallas).


LA 'NUEVA OPEP'

Eso, por citar tan solo los casos de dependencia más clamorosa, en los que se llega a superar con creces el control que han ejercido durante décadas los principales países productores de petróleo. «Los catorce miembros de la OPEP representan alrededor del 40% de la oferta mundial de crudo», compara Arjona.

Y lo cierto es que China ya ha demostrado su capacidad para cerrar el grifo a capricho. En 2010 vetó la exportación a Japón de tierras raras, cruciales para empresas como Toyota, Mitsubishi y Panasonic, a cuenta de las disputas entre ambos países por la isla de Senkaku. Y algo similar se puede decir de Indonesia, que prohibió la exportación de níquel en 2020 para potenciar su propia industria de baterías.

Estos precedentes han encendido todas las alarmas en EEUU, porque a la escasez de estos materiales y su concentración se va a sumar en los próximos años un incremento exponencial de la demanda debido a la transición energética y la digitalización de la actividad humana.

La Agencia Internacional de la Energía prevé que la demanda de litio se multiplique por 42, la de grafito por 25, la de cobalto por 21 y la de níquel por 19. Una explosión de demanda, que si no va acompañada de una mayor disponibilidad de estos metales, acabará disparando su precio.

Un estudio del Fondo Monetario Internacional apunta a que solo el valor de cuatro de los metales críticos (cobre, níquel, cobalto y litio) se cuadruplicará en las próximas dos décadas para alcanzar los 13 billones de dólares y acercarse bastante al de los combustibles fósiles.

«La transición energética va a conducir a un reajuste del mapa geopolítico», argumenta Arjona, que cita algunos ejemplos de ese nuevo escenario: «Las habituales escaladas de tensión en Oriente Medio no afectarán, en gran medida, al precio de la energía; y ubicaciones estratégicas como el estrecho de Ormuz tendrán una menor relevancia».


Podría suponer nuestra ruina como sociedad y como continente. Es un problema que hoy, después de la invasión de Ucrania, se ha desvelado como urgente
JOSÉ MANUEL TORRALBA, DIRECTOR DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN IMDEA MATERIALES


A cambio, argumenta este experto, «tendrán una mayor importancia las relaciones regionales, la gestión de las redes de interconexión eléctrica y, sobre todo, el aprovisionamiento de los metales críticos». Por lo tanto, si Occidente no quiere quedarse en fuera de juego en el nuevo modelo, tiene que buscar la manera de reducir la dependencia.

«Podría suponer nuestra ruina como sociedad y como continente. Es un problema que hoy, después de la invasión de Ucrania, se ha desvelado como urgente», asegura José Manuel Torralba, director del instituto Imdea Materiales.

Más independientes, aobre todo, respecto a China, que además de beneficiarse de la riqueza geológica de sus territorios, lleva años desarrollando una política de expansión diplomática y comercial por medio mundo (y en especial por el África subsahariana) que le ha garantizado una posición casi de monopolio sobre varios de los metales críticos.


CONFIAR EN LA I+D

A la UE, a EEUU y a otros países no les queda más remedio que confiar en la ciencia para escapar de ese cuello de botella. Y existen cuatro vías principales para ello: buscar en nuevos metales o en metales ya conocidos las propiedades que ofrecen los considerados críticos, apostar cada vez más por el reciclaje, mejorar la eficiencia con la que éstos se usan e intensificar la exploración geológica para dar con nuevos yacimientos.

«Se están haciendo considerables esfuerzos para reemplazarlos con materiales alternativos que se pueden producir de una forma más barata y sostenible, más fáciles de reciclar...», afirma Dierk Raabe, investigador especializado en Física Metalúrgica del Instituto Max Planck alemán y uno de los científicos más respetados en el mundo en relación con los metales críticos.


Tenemos que hacer mucha más I+D para asegurar el suministro y hacernos más independientes
DIERK RAABE, CIENTÍFICO DEL INSTITUTO MAX PLANCK Y EXPERTO MUNDIAL EN MATERIALES CRÍTICOS


Raabe cita ejemplos de avances como «la sustitución de las tierras raras de los imanes permanentes por aleaciones de magnesio y aluminio», el desarrollo de «acero inoxidable y resistente a la corrosión» para sustituir al níquel; «las aleaciones de invar», el uso de materiales catódicos para baterías...

Y sin embargo, este experto se muestra convencido de que la apuesta de occidente en este terreno no está a la altura del desafío que tiene ante sí. «Tenemos que hacer mucha más I+D para asegurar el suministro y hacernos más independientes, pero también para lograr materiales más sostenibles y reciclables», sugiere.

En los últimos años se ha puesto mucho el foco investigador en la necesidad de potenciar la economía circular. En dos sentidos: para reutilizar los materiales de los dispositivos digitales tras acabar la vida útil de éstos; como para recuperarlos de entre los residuos que se dieron por perdidos en viejas minas.


SOSTENIBILIDAD

«En un móvil hay cantidades ínfimas de tierras raras u otros metales críticos, pero son tan escasos que puede interesarte reciclar los miles de millones de móviles que hay en el mundo para poder reutilizar esos metales», aclara Torralba sobre el primer caso.

Y lo cierto es que esa explotación secundaria es más barata y genera menos huella de carbono que la primaria, aunque la vuelta a las minas también puede ser una opción muy interesante. «Entre la escoria de muchas de ellas puede que haya mucha ley y puede que te compense explotarla con la tecnología actual a nivel primario», explica Torralba.

Aun así, Raabe sostiene que «sólo mediante la mejora de la eficiencia y el reciclaje no será suficiente» para reducir la dependencia actual. A su juicio, «entre el 50 y el 70% de los metales críticos necesarios deberán obtenerse de la explotación primaria» y siempre cumpliendo con los estándares occidentales actuales en cuanto a reducción de misiones y respeto al entorno y a las comunidades afectadas por las minas...




JUANJO BECERRA
@JJBECERRA
Actualizado Domingo, 29 mayo 2022 - 01:00
https://www.elmundo.es/tecnologia/innovacion/working-progress/2022/05/29/62921a1efdddff47788b45ed.html

La verdadera historia del Monopoly: el juego que nació para criticar al capitalismo

 

  • Maggie quería mostrar el peligro de acumular dinero a costa de los demás
  • Charles Darrow se hizo rico al vender sus derechos a Parker Brothers
  • Es uno de los juegos de mesa más vendidos de la historia


El Monopoly, ese juego de mesa que tanta gente tiene en su casa, es una auténtica oda al capitalismo. Cada jugador compite por ser el más rico, pero sobre todo, por arruinar a todos los demás. Se compran calles, casas, hoteles, la compañía del agua y de la luz, estaciones de tren, lo peor que te puede pasar es pagar impuestos... y hasta puedes llegar a librarte de la cárcel si pagas.

El juego, quizá el más vendido de la historia, fue creado por Charles Darrow, un vendedor de calefactores domésticos que estaba en paro por culpa de la Gran Depresión. Lo fabricaba artesanalmente en su casa, con la ayuda de su mujer y su hijo, con trozos de hule y cartulina. Esas primeras versiones tuvieron tanto éxito que tuvo que encargar la producción a una imprenta de Pensilvania, ya con su clásico tablero de cartón. Patentó la idea en 1935. Y ese mismo año, tras varios intentos, le vendió los derechos a la juguetera Parker Brothers, ahora propiedad de Hasbro.

Dice el Libro Guiness de los Récords que más de 500 millones de personas han jugado al Monopoly en el mundo. Y Darrow, efectivamente, acabó haciéndose inmensamente rico. Un trabajador en paro que se hace millonario, una historia de superación perfecta como epílogo para hablar de capitalismo.

El juego del terrateniente

Si no fuera porque en realidad el Monopoly está inspirado, o copiado, de 'El juego del terrateniente', creado y patentado por Elisabeth Maggie más de 30 años antes. Y el espíritu de aquel juego era todo lo contrario.

Lizzie Maggie era inventora, poeta, feminista y muy de izquierdas, y en 1903 lanza 'The Landords Game'. Su objetivo era mostrar los peligros de acumular grandes sumas de dinero a expensas de los demás, los problemas que generaba la desigualdad de ingresos.

Para ello, el juego consistía en un tablero con un circuito, algo muy novedoso para la época, lleno de calles a la venta, y desarrolló dos reglamentos, uno anti-monopolios, y el otro monopolista. Con el primero, cada vez que un jugador compraba una de esas calles tenía que pagar impuestos, y ese dinero se repartía entre el resto de jugadores. Y el juego se acababa cuando el jugador que había empezado con menos dinero lograba duplicarlo. ¡Todos ganaban!

Con el segundo reglamento, el monopolista, los jugadores debían comprar propiedades y cobrarles a todos los que caían en ellas, y el ganador era el que lograba arruinar al resto de jugadores. Sí, este reglamento coincide con el del Monopoly.

El objetivo, explicaba la propia Maggie, era que los jugadores vivieran en sus propias carnes una demostración práctica del sistema de acaparamiento de tierras, así como sus resultados y consecuencias. Y que comprendieran las consecuencias que podía provocar los diferentes planteamientos de la propiedad.

"Los hombres y las mujeres descubrirán que son pobres porque Carnegie y Rockefeller tienen más de lo que saben qué hacer con él"

Hay que tener en cuenta que hablamos de la época gloriosa de los monopolios del ferrocarril, el acero o el petróleo. En este sentido, en una entrevista, la propia Maggie mostró su deseo de que "en poco tiempo, los hombres y las mujeres descubrieran que son pobres porque Carnegie y Rockefeller, tal vez, tienen más de lo que saben qué hacer con él".

Con el juego, Maggie en realidad trataba de reflejar y difundir las ideas de Henry George, un economista de la época, muy de izquierdas, que conoció a través de un libro que le regaló su padre, también un destacado activista antimonopolios. La base de la teoría de George era la defensa de la importancia de cobrar impuestos, y de reinventir lo recaudado en el bien común.

El juego acabó teniendo relativo éxito, sobre todo entre los intelectuales de la Costa Este y de las grandes universidades del país. Tanto que se acabaron haciendo diferentes versiones del mismo. En la década de los 30, Darrow descubrió una de esas versiones en un encuentro con amigos. Le impactó tanto el juego que acabó desarrollando su propia versión, a la que llamó Monopoly, y es la que acabó vendiendo a Parker Brothers.

Las versiones de 'El juego del terrateniente' también llegaron a otros países. En España, por ejemplo, tuvo mucho éxito El Palé, con las calles de Madrid. La empresa editora acabó en juicio con los propietarios de los derechos, que se resolvió con la llegada a España del Monopoly original, de mano de Borrás. Detrás llegaron numerosas versiones basadas en las calles de otras ciudades de España, otro basado en todas las ciudades, de la Unión Europea... cualquier país que se precie tiene su propia edición. Y ya hasta hay versiones digitales, online...

Cuba desarrolló una versión en la que el objetivo no es comprar calles, sino derrotar al FMI

Hasta Cuba tuvo su propia versión apócrifa, llamada Deuda Eterna, donde los jugadores no hacían de empresarios que buscaban enriquecerse, sino que hacían el papel de gobiernos de países del tercer mundo, cuyo objetivo era derrotar al FMI.

Por si fuera poco, y por si Maggie no hubiera tenido suficientes disgustos con lo que ha acabado siendo su obra si hubiera vivido para verlo, han salido versiones de sagas cinematográficas, de empresas... ¡Hasta McDonald's tiene su propio Monopoly!

Hoy en día sigue siendo uno de los juegos de mesa más vendidos del mundo. De hecho, durante la pandemia, su compra se disparó. No hay ningún rastro en él de la idea original de Maggie, no tiene ningún espíritu pedagógico, y el ganador es el que logra arruinar a los demás.


Madrid
 

Los pequeños descansos que ayudan al cerebro a aprender cosas nuevas

 

Al aprender algo nuevo, como una canción en el piano, es más eficiente tomar descansos breves que practicar sin parar hasta el agotamiento. GETTY IMAGES


Para aprender algo nuevo, tienes que practicar, practicar, practicar, dice el sentido común, esa idea de "la práctica hace la perfección".

Pero varios estudios científicos han señalado que la práctica incesante puede no ser la forma más eficiente de aprender una nueva habilidad: el cerebro necesita descansos para consolidar el conocimiento recién adquirido y transformarlo de un recuerdo transitorio a un recuerdo duradero.

Y uno de los hallazgos más recientes es que los breves descansos intercalados con la actividad conducen a grandes ganancias de aprendizaje: el cerebro aprovecha estos descansos para realizar una "repetición" mental súper rápida de lo que acaba de aprender, reforzando la habilidad recién adquirida.

Estos breves descansos pueden ser particularmente productivos para el cerebro de aquellos que practican movimientos nuevos, diminutos y repetitivos, como atletas o músicos, o incluso pacientes que intentan recuperar las habilidades perdidas después de un accidente cerebrovascular (ver más adelante en el artículo).

"Imagínate un escenario en el que una persona comienza a aprender a tocar una nueva canción en el piano", explica a BBC News Brasil el investigador brasileño Leonardo Claudino, uno de los coautores de un estudio sobre el tema realizado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE.UU. y publicado en 2021 en la revista Cell Reports.

"Descubrimos que durante las pausas, el cerebro repite una versión 50 veces más rápida de los movimientos utilizados para tocar la canción, una y otra vez, lo que refuerza la conexión de neuronas en las áreas asociadas a esa nueva memoria", agrega.


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Descanso de diez segundos

En ese estudio, Claudino y otros investigadores del NIH registraron la actividad cerebral de 33 voluntarios diestros mientras aprendían a escribir una secuencia de números con la mano izquierda en el teclado.

Los voluntarios tenían que escribir tantas secuencias como fuera posible durante diez segundos y luego tomar un descanso de diez segundos.

Algunos miembros de este mismo equipo de investigación, liderado por la científica Marlene Bönstrup, ya habían observado en estudios anteriores que, tras los breves intervalos, los voluntarios mejoraban la velocidad y precisión con la que tecleaban secuencias numéricas de este tipo.

Ahora, el objetivo era entender qué sucede en el cerebro en este proceso.

Y, usando pruebas de magnetoencefalografía, los científicos pudieron observar las rápidas "repeticiones" que el cerebro hacía de lo que acababa de aprender.

"Y descubrimos que (la consolidación) ocurre en una escala de tiempo mucho más rápida de lo que se creía", señala Leonardo Claudino.

"Una habilidad de dos segundos se repite en el cerebro en la escala de milisegundos".

Al hacer estas "repeticiones", el cerebro consolida el aprendizaje.

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Pie de foto,

La idea de los descansos cerebrales también se aplica a los atletas que entrenan nuevos movimientos.

El camino de la memoria en el cerebro

Incluso antes de estudiar el efecto de estas pequeñas pausas, los científicos ya sabían que el cerebro necesitaba descansar para consolidar los recuerdos.

En la práctica, según el conocimiento científico hasta el momento, esto implica transferir la memoria desde el hipocampo, donde se guardan los registros temporales, a áreas del neocórtex, donde se encuentra la memoria más duradera.

Pero hasta estos descubrimientos más recientes, se creía que solo durante el sueño, cuando el cerebro está más libre de estímulos sensoriales externos, se producía este proceso de consolidación.

Con los nuevos estudios, señala Claudino, es posible percibir que los recuerdos también se consolidan casi simultáneamente con la práctica, proceso que parece ser complementario a lo que ocurre mientras dormimos.

Pero esto es algo que aún debe ser confirmado por más investigaciones.

"Todavía no se sabe mucho, y ciertamente son fisiológicamente diferentes. (...) pero quizás el sueño codifica una experiencia más completa: todo el contexto (de ese recuerdo), quién estaba allí, cómo era el entorno", señala Leonardo Claudino..

"Una pausa rápida puede registrar detalles más minuciosos: la sinergia entre los dedos al teclear, el movimiento. Es una hipótesis para que alguien investigue en el futuro".

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Cómo ponerlo en práctica

¿Cómo, entonces, podemos sacar provecho práctico del conocimiento científico acumulado hasta ahora?

"Veo un uso más directo cuando pienso en prácticas deportivas o musicales, que implican sesiones en las que el deportista o artista realizará varias veces el mismo movimiento", explica Claudino.

"Una lección para tener en cuenta es esta: cuando comiences a aprender una nueva técnica, evita practicar hasta el agotamiento, hasta el fracaso. En cambio, es mejor tomar descansos", dice.

"La perfección llegará más rápido si se le da tiempo al cerebro para consolidar (el aprendizaje) en lugar de practicar sin cesar para la perfección".

"Por lo general aprendemos una nueva técnica repitiéndola una y otra vez, repites, repites y llega un momento en que ya conoces las secuencias de movimientos que producirán la actividad final".

"La idea es que tú, en vez de practicar hasta el agotamiento, lo hagas diez veces, por ejemplo, luego tómate un descanso y hazlo de nuevo".

El mismo razonamiento también puede orientar las prácticas pedagógicas en las escuelas o universidades.

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"En un entorno de enseñanza, quizás el profesor, al introducir un concepto fundamentalmente nuevo, puede pensar en la sesión de aprendizaje como si incluyera estos descansos", detalla el investigador.

"Es importante que el estudiante tenga estos períodos de descanso, porque su cerebro estará activo, a pesar del descanso, este es nuestro descubrimiento. Su hipocampo y su corteza estarán realizando estos intercambios, que consolidarán el aprendizaje reciente", afirma.

Lo que aún no se sabe con certeza es la duración ideal de un descanso para la consolidación óptima de nuevos aprendizajes.

"Ese es uno de los desafíos de la aplicación práctica", dice Claudino, recordando que esto también puede depender del tipo de habilidad aprendida y de las características individuales de cada practicante.

Pero en los estudios de NIH, aquellos en los que los voluntarios escribieron secuencias en el teclado, los investigadores observaron que la ganancia de aprendizaje era mayor cuando la práctica y los descansos tenían una duración similar.

Por ejemplo, diez minutos de práctica y diez minutos de descanso.

Claudino señala, sin embargo, que se trata de estudios controlados, realizados en laboratorio, por lo que sus conclusiones no necesariamente se traducen exactamente a la vida real.

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¿Cómo tomar un descanso productivo para el cerebro?

El hecho de que los experimentos tengan lugar en entornos totalmente controlados dificulta tener una "receta" para el tipo de pausa más eficiente para ayudar al cerebro a aprender.

En el caso de los estudios de laboratorio, durante el descanso, cada voluntario se quedó quieto, sin teclear en la computadora.

En la vida real, el investigador sugiere que el cerebro descanse un poco de lo que sea que esté aprendiendo.

"Si una persona está aprendiendo a tocar una canción, me imagino que (la pausa) sería simplemente dejar de tocar, pensar en otra cosa o no hacer otra actividad que pueda interferir con aquella; por ejemplo, no intentes aprende otra canción cuando estés descansando de la primera, porque usas las mismas regiones y capacidades", explica.

Otras líneas de investigación también han contribuido a la ciencia del aprendizaje y aportan conclusiones complementarias que pueden ayudar a consolidar el conocimiento.

En una entrevista con BBC News Brasil en 2020, la investigadora en psicología cognitiva Barbara Oakley, autora del libro "Aprender a aprender", explicó que el cerebro funciona de dos maneras diferentes, que se complementan en el aprendizaje.

Uno es el modo enfocado (cuando estamos prestando atención a un ejercicio, una película o el profesor, por ejemplo) y el modo difuso (cuando el cerebro está relajado).

Según Oakley, el cerebro necesita cambiar entre el modo difuso y el enfocado para aprender de manera efectiva.

Relajar la mente, ya sea dando un paseo o cambiando de actividad, ayuda directamente a mejorar el aprendizaje y la resolución de problemas.

"Cuando estás atascado en una tarea de matemáticas, lo mejor que puedes hacer es cambiar el enfoque y estudiar algo de geografía. De esa manera, podrás salir adelante cuando vuelvas a las matemáticas", sugirió Oakley.

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Pacientes con accidente cerebrovascular

Volviendo a la investigación de Leonardo Claudino, uno de los focos en el estudio de la consolidación de la memoria durante los descansos cortos es ayudar a las personas que están recuperando sus habilidades después de haber sufrido un accidente cerebrovascular.

Esto puede suceder, en el futuro, optimizando al máximo las sesiones de rehabilitación.

"Ahora tenemos un marcador biológico de cuándo el cerebro está consolidando la capacidad y dónde está ocurriendo", explica el científico.

"Podemos pensar en desarrollar un sistema de monitoreo mientras la persona está en terapia ocupacional o en una técnica de neuroestimulación o neuromodulación, (…) y que el sistema maximice las repeticiones de la habilidad".

Esta estimulación cerebral óptima puede hacer que la rehabilitación produzca resultados más rápidos, dice Claudino.

"Nuestros resultados sugieren que puede ser importante optimizar el tiempo y la configuración de los intervalos de descanso cuando se implementan tratamientos de rehabilitación en pacientes con accidente cerebrovascular o cuando se aprende a tocar el piano entre voluntarios normales", explicó en un comunicado el médico responsable de esta investigación en los NIH, Leonardo Cohen.

Son, por el momento, campos de investigación que siguen abiertos, añade Leonardo Claudino. Lo importante es entender que incluso durante el descanso, el cerebro nunca deja de aprender.

"Lo que va en contra del sentido común es que cuando estás quieto, tu cerebro no está quieto. Todavía estamos entendiendo este fenómeno, pero (en estas pausas) ocupas tu cerebro con menos procesamiento de estímulos y producción de movimiento", añade.

"Entonces le das esa ventana de oportunidad para consolidar lo que ya está aprendiendo".


  • Paula Adamo Idoeta
  • BBC News Brasil en Sao Paulo

CALENTAMIENTO GLOBAL ¿Acaso hay pruebas de que el cambio climático sea culpa nuestra?



Foto: iStock.



Parte de los negacionistas, a pesar de aceptar el aumento de la temperatura media del planeta, dicen que esta se debe a un proceso natural. La ciencia tiene un par de herramientas para desmentir tal afirmación




Que el clima está cambiando no es ningún misterio. La cantidad de bibliografía científica al respecto es abrumadora. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos de Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés), la temperatura media de la superficie de la tierra ha aumentado 1,1 °C desde el año 1850. No solo eso: según el panel de expertos, cada una de las últimas cuatro décadas ha sido más cálida que cualquiera de las anteriores.

Estos datos no están sacados de la manga, sino que se basan en los millones de datos registrados alrededor del mundo por estaciones meteorológicas en tierra, en barcos y por satélites desde el espacio.


Desde mediados del siglo XIX, la concentración de CO₂ en la atmósfera ha pasado de 300 a 420 partes por millón

No solo eso, sino que además podemos examinar, con gran detalle, cómo han evolucionado el clima y la composición química de la atmósfera en los últimos cientos de miles de años. Esto se debe a que estas variables dejan un 'huella' tanto en los anillos de los árboles como en los sedimentos de los lagos, los arrecifes de coral y, sobre todo, en las capas de hielo de los polos, inalteradas desde hace miles de años.

placeholderLas consecuencias del cambio climático no son tan sutiles. (iStock)
Las consecuencias del cambio climático no son tan sutiles. (iStock)

Estos datos no solo nos permiten ser conscientes de nuestra situación actual, sino también tener un contexto para entender con más detalle el proceso de calentamiento global al que nos estamos acercando. De hecho, según las estimaciones de los científicos, la Tierra no había estado tan caliente como ahora en los últimos 125.000 años.


¿Y qué tenemos que ver nosotros en esto?

Todo se debe a los gases de efecto invernadero (GEI). Gran parte de los negacionistas (al menos medio-negacionistas) sostiene que, aunque el calentamiento global está teniendo lugar, esto es un proceso completamente natural y que nosotros, simples mortales, jamás tendríamos la capacidad de afectar a algo tan grande e importante como el clima del planeta. Ojalá fuera esto cierto.

Los GEI atrapan el reflejo de la luz solar que la tierra devuelve al espacio. Esto está probado, por ejemplo, con la medición gracias a satélites del albedo de la Tierra, que disminuye año a año. Este fenómeno tiene lugar porque la longitud de onda de esa radiación tiene la 'mala fortuna' de ser exactamente la misma que el CO₂ o el metano (CH4) absorben, por lo que se calientan y, a su vez, calientan todo lo que tienen alrededor.

placeholderMillones de toneladas de CO₂. (iStock)
Millones de toneladas de CO₂. (iStock)

Cuanto mayor es la cantidad de GEI en la atmósfera de nuestro planeta, más se acentúa este efecto. Aunque una pequeña cantidad de CO₂ se encuentra de forma natural en la atmósfera, la quema de combustibles fósiles como el petróleo o el carbón aumenta esa proporción.

¿Pero cómo podemos probar que el CO₂ proviene directamente de nuestras actividades? Pues analizando los anillos de los árboles, así como las diferentes capas de hielo ártico y antártico, pues el CO₂ producido por la combustión de combustibles fósiles tiene unas características particulares que los científicos, gracias a sus equipos especializados, pueden diferenciar.

Los análisis realizados muestran que, desde hace 800.000 años hasta la Revolución Industrial, la concentración atmosférica de CO₂ no superó las 300 partes por millón. Pero desde mediados del siglo XIX, este número ha aumentado hasta alcanzar las actuales 420 partes por millón.

Está científicamente demostrado que han sido nuestras actividades las que han aumentado la temperatura de este planeta, y decir lo contrario es negar la evidencia científica. Esto no significa que no podamos hacer nada al respecto (de hecho, puede ser una oportunidad tanto ambiental como económica), pero lo primero que deberemos aceptar es que debemos solucionar el problema. Por decirlo de otro modo, lo que hacen algunos negacionistas es decir que han ganado peso por sus genes, ignorando el hecho de que han desayunado, comido, merendado y cenado huevos fritos con chorizo desde 1850.




Por
30/05/2022 - 05:00
www.elconfidencial.com/medioambiente/clima/2022-05-30/pruebas-cambio-climatico-antropogenico_3430208/