miércoles, 7 de febrero de 2018

martes, 6 de febrero de 2018

Si quieres encontrar nuevos puntos de vista, hazte preguntas poderosas


Si quieres encontrar nuevos puntos de vista, hazte preguntas poderosas

Indagar, evitar los lugares comunes y llevar a la persona a la acción son los objetivos de estas preguntas


A veces nos atascamos con un tema y no somos capaces de ver más allá. Es entonces cuando una pregunta poderosa nos sería muy útil. Una pregunta poderosa es aquella que nos hace pensar, nos ayuda a contrastar opiniones o nos amplía el punto de vista. El motivo es sencillo: todos tenemos más información de la que somos conscientes; sin embargo, cuando nos obcecamosen algo, se nos escapan otras alternativas que existen y que no vemos. Unas preguntas bien formuladas nos ayudarían a cuestionarnos y a contemplar más opciones. Por este motivo se denominan poderosas, porque son muy útiles y porque nos aportan una reflexión muy rica para encontrar nuevas vías. Veamos cómo podríamos formularlas para aplicarlas en nuestro día a día o para echar una mano a alguien.
Lo primero de todo, son preguntas abiertas. Las preguntas cerradas son las que se responden con un sí o un no. Las abiertas requieren más elaboración. Si formulamos algo del tipo: “¿Te has adaptado bien a tu nuevo trabajo?”, muy probablemente la persona te responda con un “sí” y, con ello, existe poco margen de maniobra. En cambio, si indago con una pregunta abierta: “¿Qué dificultades estás viviendo en tu nuevo trabajo?”, le estoy obligando a meditar algo más y a encontrar nuevas respuestas, más allá de las sencillas.
Segundo, las preguntas poderosas ayudan a clarificar cuestiones o a aterrizar emociones. El objetivo es evitar caer en lugares comunes o en lugares trampa, que no nos ayudan, como la queja o el lamento. Por ejemplo, ante un comentario como: “Me va fatal”, las preguntas que podríamos hacer serían: “¿Qué es lo que te va tan mal? ¿Puedes concretarlo?”. De este modo, invito a la otra persona a aterrizar el problema para así poder abordarlo mejor.
Tercero, las preguntas poderosas sirven para cuestionarse a uno mismo. Por ejemplo, si lo que queremos es desafiar alguna idea preconcebida del tipo “esto se hace así”, las preguntas que servirían serían: “¿Quién lo manda?”, “¿quién te impide conseguirlo?”.
Si el objetivo es relativizar una queja como “no hay manera de convencer al otro departamento”, se le podría inquirir con: “¿Cómo harías para…?”, “¿qué sugerirías…?”.

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Si lo que se desea es evitar echar balones fuera, nos sería útil decirle: “¿Qué papel has desempeñado en todo esto?”, “¿qué podrías haber hecho y no hiciste?”. Si se enfrenta a un miedo, una pregunta posible podría ser: “¿Qué sería lo peor que te podría ocurrir?”. Una vez identificado ese punto, se puede construir un plan de acción más adecuado.
En definitiva, las preguntas poderosas tienen como objetivo indagar, evitar los lugares comunes y llevar a la persona a la acción. No es de extrañar que sea la técnica más utilizada por los entrenadores personales (o coaches, como se denominan en el mundo de la empresa), por los jefes que buscan desarrollar el talento de sus equipos o por los profesores que intentan motivar a sus estudiantes. No es algo nuevo, puesto que ya Sócrates enseñaba a través de preguntas. Su método se conocía como mayéutica, nombre que en griego significa “técnica de asistir a los partos”. Su madre era comadrona y debió de encontrar la metáfora en el plano filosófico para dar a luz nuevas ideas. Por ello, vale la pena entrenar el músculo de hacer preguntas antes de lanzarse a ofrecer soluciones. Las personas podemos rechazar las opiniones de otros, los consejos o las recomendaciones. Pero es más difícil que demos la espalda a nuestras propias reflexiones o a aquellas ideas que nosotros hemos dado a luz.
https://elpais.com/elpais/2018/02/05/laboratorio_de_felicidad/1517815547_282510.html

Las consecuencias del consumo inadecuado de omeprazol



El autor alerta del hecho de que el omeprazol está sobreprescrito en nuestro país: se considera que del 54% al 69% de las prescripciones son inadecuadas


La introducción del omeprazol, a finales de la década de 1980, supuso un avance espectacular en el control de las enfermedades relacionadas con el ácido gástrico, en comparación con la cimetidina y la ranitidina, que eran los medicamentos que se estaban utilizando con este fin hasta entonces.
El omeprazol es un potente supresor del ácido gástrico (inhibe hasta un 80% la secreción de ácido clorhídrico) que está indicado en el tratamiento (cicatrización) de la úlcera de estómago y duodeno; para contrarrestar el reflujo gastroesofágico (por ejemplo, cuando hay una hernia de hiato) y curar la esofagitis (inflamación, con o sin ulceraciones, de la mucosa de la porción inferior del esófago) secundaria al mismo; para erradicar o eliminar la infección por la bacteria Helicobacter pylori (en combinación con varios antibióticos), que está implicada en la mayor parte de las úlceras gástricas y duodenales, así como en el cáncer de estómago. También está indicado en un proceso muy raro que ocasiona una sobreproducción de ácido gástrico conocido como síndrome de Zollinger-Ellison (producido por un tumor llamado gastrinoma, localizado generalmente en el páncreas), y como gastroprotector, para prevenir la aparición de úlceras en el estómago y duodeno, y sus posibles complicaciones (hemorragia) en individuos que deben consumir aspirina (prevención cardiovascular o cerebrovascular) y/o antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como el ibuprofeno o el naproxeno.
Estas son las situaciones y enfermedades digestivas en las que el uso del omeprazol, o alguno de sus derivados, es adecuado y está aceptado. Sin embargo, en la actualidad, el omeprazol está sobreprescrito en nuestro país: se considera que del 54% al 69% de las prescripciones son inadecuadas. Es el principio activo de mayor consumo, con un total de 54 millones de envases, que representan el 5,9% del total de envases facturados en 2015, según se recoge en el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2016. Además, comparativamente con el resto de Europa, 85 personas de cada 1.000 están tomando omeprazol o un derivado diariamente en España, mientras que en Noruega son solo 30 de cada 1.000 y 27 de cada 1.000 en Italia, un 70% por encima de la media europea.
Es el principio activo de mayor consumo, con un total de 54 millones de envases, que representan el 5,9% del total de envases facturados en 2015, según se recoge en el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2016.
La consideración del omeprazol como un simple “protector” gástrico, sin prácticamente efectos adversos, ha disparado su utilización, en muchos casos sin una indicación clara, o por síntomas no asociados a una hipersecreción ácida.
El omeprazol y sus derivados, de forma general, se han considerado medicamentos seguros, con algunos efectos adversos, en su mayoría leves, como cefalea, estreñimiento, diarrea, dispepsia, erupciones cutáneas; y otros más raros, como la deficiencia de vitamina B12 y de magnesio; osteoporosis, con mayor riesgo de fracturas, y mayor riesgo de infecciones intestinales, todos ellos en pacientes que reciben alguno de estos preparados a largo plazo.
Desde hace algún tiempo, se ha sugerido que el uso de omeprazol a largo plazo aumenta el riesgo de que aparezcan lesiones gástricas premalignas, como pólipos, atrofia y metaplasia intestinal (transformación de la mucosa gástrica en otra de tipo intestinal), así como de cáncer de estómago.
Algunos estudios han demostrado que el riesgo de cáncer de estómago se incrementa hasta un 43% entre las personas que utilizan el omeprazol durante largo tiempo, si bien no se tuvo en cuenta el papel que podía jugar en ello la infección por Helicobacter pylori (se ha demostrado que la erradicación de esta bacteria reduce el riesgo de desarrollar cáncer gástrico, pese a lo cual una proporción considerable de estos individuos pueden continuar progresando a cáncer de estómago aún después de eliminarla).
Un estudio reciente, publicado el 31 de octubre de 2017 en la prestigiosa revista inglesa Gut, concluye que el uso de omeprazol (o derivados) a largo plazo se asocia con un riesgo de cáncer gástrico 2,4 veces mayor en sujetos en los que se había eliminado Helicobacter pylori (siendo aún mayor en aquellos que seguían teniendo la infección por aquel germen). El estudio también confirmaba que el riesgo de cáncer de estómago aumentaba con la dosis y duración del uso de este tipo de fármacos, y recomendaba que los médicos deberían (deberíamos) tener cuidado y rigor al recetar omeprazol a largo plazo a los pacientes, incluso en aquellos en los que se haya erradicado Helicobacter pylori.
La consideración del omeprazol como un simple “protector” gástrico, sin prácticamente efectos adversos, ha disparado su utilización, en muchos casos sin una indicación clara, o por síntomas no asociados a una hipersecreción ácida
En este orden de cosas, y pensando siempre en la seguridad de los pacientes, cada vez más se tiende a deprescribir el omeprazol, es decir, a reducir la dosis, suspenderlo o usar dosis "bajo demanda" en adultos que hayan completado un tiempo mínimo de 4 semanas con aquél como tratamiento de la acidez de estómago o del ardor (enfermedad por reflujo gastroesofágico) de intensidad leve a moderada cuyos síntomas ya estén resueltos, sin seguir a partir de entones con el medicamento. Con bastante frecuencia, esto no se suele hacer y el paciente puede continuar sine die con el omeprazol, sin ser ya necesario.
Algunos estudios han demostrado que el riesgo de cáncer de estómago se incrementa hasta un 43% entre las personas que utilizan el omeprazol durante largo tiempo
En pacientes que tienen un esófago de Barrett (condición en la cual el recubrimiento mucoso normal de la porción terminal del esófago es reemplazado por uno de características diferentes, similares al del estómago, que está producido por la exposición de esa porción de la mucosa al ácido gástrico, como consecuencia de un reflujo gastroesofágico prolongado), una esofagitis grave o antecedentes de una úlcera gastroduodenal que haya sangrado en algún momento, sí que se recomienda continuar con la protección que proporciona este fármaco.
En términos generales, los beneficios del tratamiento con omeprazol, tanto a corto como a largo plazo, superan los posibles riesgos o efectos secundarios, siempre y cuando la indicación clínica de su administración, la dosis y duración del tratamiento sean las adecuadas.
Dr. Juan J. Sebastián Domingo. Profesor asociado de la Universidad de Zaragoza. Jefe de Servicio del Servicio de Aparato Digestivo en el Hospital Royo Villanova
https://elpais.com/elpais/2018/02/02/ciencia/1517569615_996884.html

El secreto de los españoles para ser felices que no tienen los nórdicos ni los orientales

feliz


Nuestra actitud ante la vida nos diferencia de otras culturas y tiene beneficios para la mente y el cuerpo


Seguro que son palabras que ha oído o leído últimamente: ikigaifikalagomoosouji… Describen filosofías nórdicas y orientales que supuestamente garantizan la felicidad. Han dado lugar a numerosos artículos e inspirado no pocos libros, hasta el punto de que a uno le entran ganas de ir mucho a Ikea o hincharse a sushi a ver si así es más feliz.

Esa actitud nuestra como de exploradores decimonónicos, que se traían plantas, muebles y animales de otras latitudes para así parecer mejores, no nos deja en buen lugar. Y aunque la amplitud de miras siempre es positiva, estamos aceptando que esos métodos foráneos aportan algo que la idiosincrasia española no consigue. Pero nosotros también gozamos de una filosofía de vida que no solo tiene estupendos mimbres para lograr la felicidad, sino que no estaría de más que otros la copiasen.


Esa manera de ver el mundo podríamos aglutinarla en cuatro pilares: placer, contento, diversión y regocijo. Cuatro palabras con las que la RAE define un término, bonito y un tanto en desuso, que quizá convendría reivindicar para bautizar esta sensibilidad patria: holganza.También se refiere al descanso y la ausencia de trabajo (no confundir con holgazán, que tiene las mismas letras pero significa otra cosa), lo que remitiría a nuestra querida siesta.
En España nada nos mueve como la holganza. Como resume el psicólogo especializado en risoterapia José Elías Fernández González, director del Centro Joselías en Madrid: "Si España tiene algo que puede exportar al mundo es la alegría, el humor, la felicidad que nace de nuestro sol, la proximidad, el hablar con los demás".

Reírse de todo: un antídoto contra el estrés

Uno de los rasgos que define esa filosofía cañí es la diversión. Menos de nosotros mismos, nos reímos de todo. Un saludo en la oficina no puede limitarse al "buenos días": tiene que ir acompañado de una gracieta relacionada con el partido de anoche o una expresión de Chiquito. "Pasar haciendo bromas en cualquier sitio es un sello de identidad nuestro", opina José Elías Fernández.
"Es beneficioso, porque nos ayuda a ver la cara buena de la realidad, a disfrutar y compartir el ingenio con los demás. Y también, en muchas ocasiones, nos reímos de las penas, lo que propicia separarnos un poco de ellas y sobrellevarlas mejor. Por otra parte, es una forma de relacionarnos con las personas que conocemos y jugar con la realidad para divertirnos o que no nos oprima tanto", añade.
"Reírse incrementa la autoestima, ayuda a combatir la timidez y la depresión", José Elías Fernández González (psicólogo especializado en risoterapia)
Sí, el humor nos hace sentir bien. Como enumera este especialista, "contribuye a relativizar los problemas, es un antídoto contra el estrés, incrementa la autoestima, ayuda a combatir la timidez y la depresión, a expresar emociones, fortalece los lazos afectivos, descarga tensiones y potencia la creatividad y la imaginación".
Además, tiene beneficios físicos. Según un estudio de la Universidad de Loma Linda, en California (Estados Unidos), protege contra enfermedades cardiacas, genera respuestas antitumorales y antivirus y, por la producción de beta-endorfinas, que actúan como neurotransmisores cerebrales, tiene un efecto analgésico contra el dolor y regula el sistema inmunológico.
Que previene enfermedades cardiacas y regula las respuestas inmunológicas también lo subrayó un estudio de la Universidad de Kentucky Oeste (EEUU), mientras que la Universidad de Indiana (EEUU) halló que relaja la tensión muscular, rebaja la presión arterial, ayuda a quemar calorías (puesto que movilizamos unos 400 músculos del cuerpo) y coincide con otras investigaciones en que reduce la producción de hormonas que causan el estrés.

La ilusión y las ganas de contarlo todo

Nuestra sorna va asociada a una rica vida social. Uno no puede ser gracioso si no tiene público, y nuestro fabuloso clima favorece las relaciones sociales, muchas veces al aire libre. Eso nos diferencia, entre otros, de los habitantes de los países nórdicos, donde la escasez de luz hace que la gente se encierre más en su casa y en sí misma.
La comunicación, a juicio de José Elías Fernández, es necesaria "tanto para transmitir alegrías como para que estas se perpetúen, así como para comentar las penas, desahogarnos y en muchas ocasiones recibir la comprensión de los demás y quitarle importancia a lo que nos pasa".
"Hablar es fundamental", dice la psicóloga clínica Lecina Fernández. "Ayuda mucho porque estás comunicando con otra persona e implica hacer una estructuración interior previa, de modo que muchas veces decimos: 'Ya me he desahogado'".
"Comunicarse con los demás implica hacer una estructuración interior previa", Lecina Fernández (psicóloga clínica
Los likes de las redes sociales nosotros los recibimos en vivo y en directo. "En los bares y terrazas generalmente compartimos nuestro día a día, recibiendo cariño y afectividad, estrechando los lazos afectivos con los demás, lo que nos ayuda a darnos cuenta de que somos importantes para los demás, al compartir nuestra vida, y de que no estamos solos, que hay personas a nuestro alrededor con las que compartimos momentos felices", asegura José Elías Fernández.
"Tenemos la necesidad de compartir con los demás. Encontramos más alegría en dar que en recibir. Cuando comunicamos acontecimientos buenos estamos dando felicidad, y si hablamos de penas o acontecimientos negativos, estamos liberando tensión al compartirlos", continúa el experto.
La ilusió otra característica peculiar de nuestra actitud ante la vida que destaca Lecina Fernández. Como explica la autora del libro Ilusión positiva(2017), mientras en otros idiomas esta palabra se traduce sobre todo como “alteración de la percepción de los sentidos”, es decir, ver algo que en realidad no existe (como en "ilusionismo" o "ilusión óptica"), "en español existe una acepción positiva, relacionada con la esperanza de lograr algo y la alegría de vivir. Cuando preguntamos a un español qué es la ilusión, ni siquiera piensa en la acepción negativa. A los extranjeros les llama mucho la atención. Dentro de nosotros está encendida esa luz que en otras culturas no está".
"Vivir con ilusión nos empodera y nos ayuda a crecer ", Lecina Fernández (psicóloga clínica
"Los países nórdicos son oscuros y fríos, y Japón es muy introvertido. En cambio, nuestra ilusión es de dentro hacia afuera. De la oscuridad a la luz. Es un patrimonio nacional. Y como hemos crecido con ella, ni siquiera somos conscientes de la riqueza que tenemos", señala Leticia Fernández.
Vivir con ilusión tiene efectos positivos para nuestra mente. Los glosa Lecina Fernández: "Nos estimula para crecer, porque desarrollando el proyecto ilusionante llevamos a cabo actividades que nos enriquecen. Nos permite transformar la realidad, lo cual nos empodera. Nos ayuda a desarrollar la capacidad de unir, porque nos entrena para pasar de un sueño a una realidad, de lo interno a lo externo. Favorece vivir mejor, ya que derrochamos alegría y optimismo”.
En resumidas cuentas, la ilusión nos proporciona una razón para levantarnos de la cama cada mañana y, como agrega la psicóloga, "eso es lo más distante de la depresión, justo lo contrario".
Ese optimismo que genera es bueno también para la salud física. Un estudio de la Universidad de Harvard (EEUU) encontró que las mujeres que son optimistas tienen un riesgo significativamente menor de morir de cáncer, enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, enfermedad respiratoria e infección en comparación con las mujeres que son menos optimistas.

Decir tacos para mantener el equilibrio

A pesar de esa alegría que nos caracteriza, no rehuimos la confrontación. En muchos casos, somos la antítesis de lo que los británicos denominan polite("educado, cortés"). Nos gusta "mandarlo todo a freír puñetas"... Y después nos quedamos tan a gusto.
José Elías Fernández recuerda que "Albert Ellis [padre de la terapia conductual], que escribió sobre el humor y la risa, aconsejaba de vez en cuando decir tacos, ya que nos ayudan a desahogarnos y expresar con rotundidad nuestra emoción, ya sea ira, odio, etc. Cuando entramos en conflicto o discutimos, una forma habitual de liberar tensión es no medir nuestras palabras, y expresarnos lo más contundente posible, aunque después pidamos perdón si hemos ofendido a alguien. Ser comedido en esos momento, no nos ayuda mucho, nos tragamos la emoción negativa". Otra cosa muy distinta es pasarnos el día entera buscando bronca.
Para Lecina Fernández, ser tan viscerales es positivo siempre que lo hagamos con equilibrio. "Lo importante es reconocer la situación que estamos viviendo, identificar las emociones y gestionarlas. Pero los extremos no son buenos".

Imaginación e ingenio para resolver problemas

Otro vértice que nos caracteriza, y que reconocen mucho en el exterior, es la espontaneidad. Lejos de ser cuadriculados, recurrimos a la imaginación para resolver problemas. "En países como Alemania, por ejemplo, son muy metódicos, siguen al pie de la letra los protocolos… Nosotros no somos tan hábiles en eso, pero si en el protocolo surge un contratiempo el español sabe solucionarlo con más ingenio", dice Lecina Fernández. Ese ingenio, documentado en la literatura de la picaresca, lo mamamos desde niños. "Hasta la tradición de los Reyes Magos va llena de fantasía, imaginación e ingenio", añade la psicóloga.
Pero nadie es perfecto, que diría el despistado millonario de Con faldas y a lo loco. Para aprovechar al máximo todos esos rasgos deberíamos atenuar otro: la envidia. "Tenemos que aprender a reírnos de nosotros mismos y con los demás, en lugar de reírnos de los demás", sostiene José Elías Fernández. Opina q ue seria más higiénico mental, personal y socialmente. "Si aprendiéramos a reírnos con los demás eliminaríamos la envidia, que es lo único que nos falta para que vivamos felices", asegura. Y entonces sí que nuestra apreciada holganza sería imbatible.
https://elpais.com/elpais/2018/02/05/buenavida/1517814681_534563.html