lunes, 22 de abril de 2024

La desinformación avanza a marchas forzadas


La desinformación avanza a marchas forzadas
Martín Tognola



Ahora resulta que fiarnos de la información que nos llega, cuya cantidad es inabarcable, es una auténtica temeridad



Hace ya algún tiempo que no ganamos para sustos, pues no pasa día sin que nos enteremos de una nueva desgracia, amenaza, catástrofe o desfalco. Y esto después de que nos venían diciendo que la información es poder. Pero ahora resulta que fiarnos de la información que nos llega, cuya cantidad es inabarcable, es una auténtica temeridad.

Nuestras vidas han sido intervenidas. Nuestra privacidad ha sido borrada. Porque resulta que la verdadera información que buscaban los que nos lo ponían todo en bandeja, no era otra que la nuestra. Y de nosotros, insignificantes currantes que somos, ya se lo saben todo, mientras que de ellos nosotros sabemos bien poquito tirando a nada. Hemos caído en la trampa. Gustosamente, a sabiendas, encantados. Sarna con gusto no pica. 



Dado que desde que hace un mes el Consejo de Seguridad Nacional del gabinete de la Presidencia del Gobierno calificara en su Informe Anual de Seguridad Nacional, al comienzo del endiablado calendario electoral ya en marcha, que, nos guste o no, nos va a acompañar a lo lago de lo que queda del año, pues que entre todos los múltiples males que nos acechan, el de mayor riesgo es nada más y nada menos que la desinformación. Hasta aquí hemos llegado. 

El informe advierte que durante las reñidas, por no decir salvajes campañas electorales barriobajeras, seremos expuestos a un tsunami de desinformación cuya finalidad no es otra que “desestabilizar y polarizar a la sociedad, además de socavar su confianza en las instituciones”. 

Bueno, bien mirado, dicho Consejo de Seguridad Nacional podía haberse ahorrado el esfuerzo puesto que todo eso ya lo sabíamos. Nos mienten a la cara. Se burlan de nosotros (incluso de los que les votan). No tienen modales. Ni ideología. Ni escrúpulos. A ellos (y a ellas) nosotros les importamos un pepino. Además de los embusteros y trileros locales de toda la vida, algunos de gran talento e imaginación, el informe también nos informa de que por aquí también meten baza —y cada vez más— rusos y chinos y vayan a saber quién más. 


Dar con una verdad es como buscar una aguja en un pajar

La cantidad de desinformación en circulación es descomunal y no para de crecer. Tanto, que dar con una verdad es como buscar una aguja en un pajar. Es más, no sirve de nada. Tomen el caso de Kate Middleton. Es que realmente cuesta distinguir la vida real de la familia real británica de carne y hueso de la de ficción, en series como The Crown, por ejemplo, por muy basada esté en hechos reales. Se ha borrado la línea que separa la realidad de la ficción, se diría que incluso para la propia realeza. 

Francia tampoco se salva. Los bulos en circulación, a cual más rebuscado, sobre la identidad sexual de Brigitte Macron, esposa del presidente de la república gala, son creídos por millares de personas. O sea que no son pocos los franceses que se creen a pies juntillas la supuesta transexualidad de la primera dama. Es una locura, pero es así. 

Las fuentes de desinformación son una hidra de mil cabezas. Y tan escurridizas como las anguilas. Pero estas falsedades atraen, fascinan, hasta convertirse en “verdades”, al menos para algunos. Lo que pasa es que éstos son cada vez más, como bien saben los populistas que van subiendo en todas partes como la espuma. 


Hay que aferrarse a las pocas fuentes de información serias que nos quedan

Hay gente que se creería cualquier bobada. Bien, vale, siempre ha sido así, pero ahora, gracias sobre todo a la redes sociales, su numero va en aumento, como podremos constatar a lo largo de este año electoral que, lejos de reforzar nuestras democracias, podría acabar como el rosario de la aurora. 

Por eso mismo, no queda otra que aferrarse a las pocas fuentes de información serias que nos quedan. ¿Pero cómo saber cuáles son? No es tarea fácil. Qué terrible sería este mundo sin quioscos de prensa, y eso que cada día hay menos. Realmente da para pensar. Y temblar.