jueves, 9 de abril de 2026

La evolución del vestir. Agonía y ocaso del zapato

 


Las zapatillas deportivas dominan el calzado y están desterrando el zapato tradicional en las ciudades, tendencia alimentada por la comodidad y el estatus (sus marcas son reconocibles a simple vista).
Àlex Garcia



Comodidad obliga, bambas y zapatillas monopolizan el calzado masculino


El retrato del hombre del siglo XXI se perfila: no lleva corbata al cuello, tampoco reloj en la muñeca y calza zapatillas con suela de goma. Al zapato masculino “tradicional” le sale aire de reliquia. “No es solo el zapato, toda la indumentaria y la moda tienden al confort. La tendencia se ha agudizado tras la covid”, observa Carlos Sánchez de Medina, que ­imparte historia de la indumentaria en la Universidad de Granada y anima el podcast Historia de la moda .

–Mis padres insistieron en comprarme unos zapatos negros con cordones por la boda de una prima...

Los primeros zapatos Derby de Lluís Gómez, 19 años. Acaso los últimos. “Me apretaban”, recuerda. Duermen en el armario.

“El éxito de la zapatilla deportiva parece irreversible, pero la moda es lo único donde nada es irreversible”

Los zapatos clásicos exigían una “doma” –adaptación dolorosa–, y no son tiempos de domadores. “A medida que la vestimenta ha desaparecido, ha desaparecido el zapato. Si ya no se viste clásico, desaparece lo que llamábamos el zapato de vestir. También influyen los podólogos”, señala Ramón Piqué. uno de los últimos grandes sastres de Barcelona.

Los jóvenes por moda, los mayores por comodidad a la hora de andar –actividad altamente recomendada a diestro y siniestro–, entre todos hemos arrinconado el zapato, sin importar la elegancia. Se diría que los hombres han transferido a las mujeres la antorcha de la “elegancia” en el calzado a costa de dolores, molestias e incomodidades (léase los zapatos de tacón). Comodón por naturaleza, el varón abraza bambas, sneakers , loafers y cuantos zapatos permiten caminar con holgura. Será que no les llegamos ni a la altura del zapato...

“Hay dos factores decisivos en la desaparición del zapato masculino tradicional: la comodidad y la informalidad, lo que llamamos casual ”, señala Luis Sans, factótum de la maison Santa Eulalia, barómetro barcelonés de la elegancia.

–¿El abandono del zapato clásico es el triunfo de la comodidad –aunque sea al precio de ir zarrapastrosos– sobre la elegancia?

–Ojo, una cosa es la elegancia y otra la formalidad –recalca Sans–. Se puede vestir elegantemente de forma informal y se puede ir formal y poco elegante.

“No es solo el zapato, toda la moda tiende al confort, tendencia agudizada tras la covid”, dice un experto

La facturación de una tienda tan burguesa como Santa Eulalia confirma el declive del zapato masculino tradicional: 70% corresponde a bambas y otras deportivas, y el 30%, al calzado, básicamente italiano y británico. No obstante, Luis Sans destaca: “Empiezo a escuchar a clientes que se han cansado de ir con bambas a todos los actos y reuniones sociales fuera del trabajo”. Carlos Sánchez de Medina también detecta algo similar: crece el interés por el zapato artesanal, único, algo palpable si se visita Ubrique, meca peletera gaditana.

La zapatilla deportiva arrasa entre los menores de 25 años, y no necesariamente por razones económicas. Incluso, por lo contrario: el marquismo en el terreno de bambas y calzados híbridos es superior al de las marcas de zapatos. Un modelo de zapatilla de Louis Vuitton, Balenciaga, Off White, Nike, Autry, On o Golden Goose “transmite” su identidad y fácilmente su precio, a diferencia de un zapato con hebilla de John Lobb o los oxford de Berluti o Alden, de lujo anónimo.

Zapatillas
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Los transatlánticos de la moda intuyeron el nicho de negocio y pusieron todo su empeño en 'asesinar' al zapato

“Todos mis alumnos en la Universidad de Granada andan como locos por tener unas ­Speed de Balenciaga”, señala el profesor Carlos Sánchez de Medina. El periodista acude a la web de Balenciaga para saber de qué hablamos. Un modelo muy ergonómico que se asemeja a un calcetín de Antoni Tàpies con suela de goma. El precio asciende a 850 euros.

La introducción del calzado informal ha sido paulatina. Allá por los años ochenta, marchas exclusivamente deportivas como Adidas o Nike empezaron a transferir a sus productos “prestigio” e innovación, y aparecieron los primeros deportistas –el tenista Stan Smith– y gente del espectáculo que combinaban trajes formales –incluso esmoquin– con zapatillas deportivas (ver Emilio Aragón en España, circa 1992). Poco a poco, los transatlánticos de la moda intuyeron el nicho de negocio y pusieron todo su empeño en “asesinar” al zapato convencional.

“Desde el punto de vista práctico, no hay color: unas zapatillas pueden ser baratas y se meten en la lavadora. El zapato hay que limpiarlo, ponerle betún, cuidarlo”, dice Carlos Sánchez de Medina. Curiosamente, son los jóvenes quienes patrocinan un modelo de calzado poco sostenible, fabricado a menudo en China o países lejanos y más de usar y tirar en una temporada.

“El calzado de precio más elevado suele ser un zapato elegante y de vestir, que es precisamente el segmento que más ha sufrido para poder mantener una estructura productiva. En los últimos años, tanto empresas italianas como españolas, centradas en un vestir elegante, han tenido que incorporar interpretaciones más orientadas al consumidor de confort o guiños a la comodidad para poder aguantar en un mercado tan competitivo”, observa Vicente Pastor, presidente de la Federación de Industrias del Calzado Español (FICE).

¿El triunfo de la fealdad? “Ojo, una cosa es la elegancia y otra la formalidad”, advierte Luis Sans

La relación con un par de zapatos cuya vida alcanza dos, tres y aún más décadas nunca existirá con unas zapatillas deportivas. El arquitecto Óscar Tusquets aprecia la belleza del zapato, que tanto dice –y distingue– de quien lo calza. “Lo único de rico que tengo son seis pares de John Lobb hechos a medida en Londres en un proceso maravilloso, de otros tiempos. Yo los cuido, me gusta hacerlo, y espero que mi hijo Luca los pueda heredar. Lo que más me dolería es que este declive del zapato tradicional repercuta en ciertos oficios. ¡Ojalá no se pierdan los artesanos!”.

“El éxito de la zapatilla deportiva parece irreversible, pero la moda es lo único donde nada es irreversible”, concluye el sastre Ramon Piqué, gato sabio.

¿Zapateros? “Suerte de los inmigrantes”

La evolución del calzado deja en el aire el oficio de zapatero, especialmente perjudicado en los barrios donde abundan los cierres por jubilación. “Ningún joven quiere aprender el oficio. ¡Suerte tenemos de los inmigrantes”, observa Isidre Castellà, dueño junto a su esposa de la Clínica del Calçat, en la calle Calvet de Barcelona, vecindario de posibles. Empezó en el oficio a los 13 años y continúa, un chaval septuagenario. “A mi me sigue apasionando este trabajo”, víctima del prestigio social que dan los estudios universitarios. El nuevo calzado requiere menos atención y no necesita cambios de suela, ahormados y los pequeños detalles del zapato de cuero. A veces, Isidre Castellà se queda perplejo: “sí, cuando veo lo poco que enseñan los padres de ahora a sus hijos a cuidar los zapatos. Los destrozan y como si nada”. 






Joaquín Luna

Barcelona
22/03/2026 05:00 Actualizado a 22/03/2026 06:00
https://www.lavanguardia.com/vida/20260322/11495827/agonia-ocaso-zapato.html