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jueves, 22 de octubre de 2026

Desayuno con diamantes cumple 65 años: Audrey Hepburn y las peleas, los secretos y los escándalos del rodaje que nunca vio el público

 

Audrey Hepburn de pie frente a Tiffany & Co. con un café y un pastel, el vestido negro de Givenchy y las gafas de sol,


  • El clásico tuvo un protagonista que el director "suplicó" no contratar y obligó a abrir la joyería de la Quinta Avenida un domingo por primera vez desde el siglo XIX


Pocas películas han calado tanto en la cultura popular como Desayuno con diamantes (disponible con suscripción en Filmin y para alquilar en Prime y Apple). Audrey Hepburn ante el escaparate de Tiffany & Co. con un café y un dulce en la mano, el vestido negro de Givenchy, las gafas de sol, la boquilla y la melodía de Moon River forman ya una imagen inseparable del Hollywood de los años sesenta.

Detrás de esa postal, sin embargo, hubo un rodaje lleno de discusiones, improvisación y concesiones. Ahora que el filme cumple 65 años, repasamos esas historias que la película terminada dejó en la sombra.

Algunas son leyenda y exigen cierta cautela; otras constan en archivos de producción, entrevistas y testimonios de la época. Un galán con el que nadie quería rodar El director, Blake Edwards, intentó por todos los medios que George Peppard no interpretara a Paul. Según el libro "Fifth Avenue, 5 A.M.", de Sam Wasson, la primera crónica completa del rodaje, Blake Edwards llegó a decir: "Me puse de rodillas en la acera ante los productores y les supliqué que no lo contrataran".

Se cuenta que ambos chocaron una y otra vez porque Peppard interpretaba las escenas a su manera cuando discrepaba de las indicaciones, y que una de esas discusiones estuvo cerca de acabar a golpes. Patricia Neal, que daba vida a la señora Emily Eustace, recordaba una tarde en la que Peppard quería cambiarlo todo y el choque subió tanto de tono que tuvo que intervenir. Según Turner Classic Movies, su costumbre de analizarlo todo en exceso irritaba e inquietaba a Hepburn.

Tiffany abre en domingo por primera vez en más de un siglo

Para rodar en el interior de la joyería, Tiffany & Co. abrió su buque insignia de la Quinta Avenida un domingo de 1960, algo que no ocurría desde el siglo XIX. TCM habla de un acceso "sin precedentes" al local. La operación, de un solo día, movilizó a 75 técnicos, 24 figurantes, 20 empleados y 30 directivos de la casa, y a 40 guardias armados sobre el suelo del local para evitar robos. La jornada costó 45.000 dólares (unos 40.100 euros), por el doble salario de los trabajadores en domingo, una cifra extraordinaria para la época.

Una fiesta de una semana, con champán de verdad

La célebre fiesta en casa de Holly se rodó durante aproximadamente una semana en un plató de Paramount. Edwards pidió actores en lugar de figurantes corrientes, gente que conocía y que sabía improvisar, como José Luis de Vilallonga.

Se consumieron 60 cartones de cigarrillos, cantidades ingentes de té y ginger ale, champán y comida suficiente para mantener a la multitud: perritos calientes, fiambres, patatas fritas, salsas y bocadillos. Hasta se llevó al plató el ahumador de un apicultor para crear la espesa neblina de humo. La escena se improvisó en buena parte y, el último día, Edwards sustituyó las bebidas sin alcohol por champán auténtico.

El vestido negro que batió un récord

Hubert de Givenchy diseñó el icónico vestido de satén negro con el que se abre la película, y que continuaba la colaboración con Hepburn iniciada en "Sabrina", en 1954. Se confeccionaron tres versiones idénticas. Una de ellas, regalada por Givenchy al escritor francés Dominique Lapierre para su organización benéfica City of Joy Aid, se subastó en Christie's de Londres en 2006 por 467.200 libras (unos 549.400 euros, al cambio actual), más de seis veces la estimación y entonces récord mundial para un vestido de cine.

La casa de Holly: 6,6 millones de euros

El edificio de la calle 71 Este, número 169, en el Upper East Side, sirvió de fachada para la casa de Holly Golightly; los interiores se rodaron en un plató de Paramount. La casa, de cuatro plantas, salió a la venta en 2014 por hasta 10 millones de dólares (unos 8,9 millones de euros) y, tras rebajar el precio, se vendió en junio de 2015 por 7,4 millones (unos 6,6 millones de euros). Conservaba sus características puertas verdes e incluía biblioteca, chimeneas y un invernadero.

El arrepentimiento de Mickey Rooney

Mickey Rooney lamentó después su interpretación de Mr. Yunioshi, el casero japonés. En sus memorias de 1991, "Life Is Too Short", escribió que se sentía "profundamente avergonzado" del papel y apuntó que Edwards tampoco estaba orgulloso. El propio director expresó más tarde su pesar por el personaje. Pero en 2008, cuando se canceló una proyección en Sacramento tras las protestas por ese papel, Rooney se mostró a la defensiva: dijo que le contrataron para hacerlo exagerado, que se divirtieron y que en más de 40 años no había recibido ni una queja.

"Moon River" estuvo a punto de desaparecer

Johnny Mercer escribió la letra con títulos provisionales como "I'm Holly" y "Blue River", hasta quedarse con "Moon River", porque ya existían canciones de nombre parecido. Henry Mancini compuso la melodía pensando en Hepburn y Holly, y dijo que supo qué escribir con solo leer el guion. Tras un pase previo, hubo presión dentro de Paramount para suprimir la canción. Se repite que Hepburn replicó "por encima de mi cadáver", pero las versiones difieren sobre si lo dijo ella o el productor Richard Shepherd, ante los ejecutivos. La apuesta salió bien: Mancini y Mercer ganaron el Óscar a la mejor canción en 1962 y el Grammy a la canción del año.

En una de las escenas más íntimas, Holly canta "Moon River" descalza en la escalera de incendios, tocando la guitarra. Parece espontánea, y ése era el efecto deseado, pero Hepburn no fingía: trabajó con un profesor para que sus dedos y sus movimientos resultaran creíbles ante la cámara. No se trataba de convertirla en guitarrista profesional, sino de que pareciera que Holly podía acompañarse sola.

Un director que no era el previsto

John Frankenheimer fue el primer director vinculado al proyecto cuando Paramount lo anunció en enero de 1959, y trabajó en el desarrollo inicial con el guionista George Axelrod. Su paso fue breve: en 1960 Edwards ya le había sustituido. Relatos posteriores atribuyen el cambio a las reservas del entorno de Hepburn y del estudio sobre Frankenheimer y el tipo de película que haría. Edwards, además, logró convencer a Audrey de que aceptara el papel de Holly Golightly.


5/10/2026 - 8:25
https://www.eleconomista.es/evasion/noticias/14018627/10/26/desayuno-con-diamantes-cumple-65-anos-audrey-hepburn-y-las-peleas-los-secretos-y-los-escandalos-del-rodaje-que-nunca-vio-el-publico.html

viernes, 26 de septiembre de 2025

ADIÓS A UNA LEYENDA: Claudia Cardinale, la estrella que no quiso ser actriz: el secreto que marcó el inicio de su carrera en el cine



Claudia Cardinale con su hijo Patrick, razón por la que se dedicó al cine. 
(Foto: Getty Images)



Claudia Cardinale, leyenda del cine europeo e inolvidable protagonista de 'El Gatopardo' y 'Ocho y medio', ha muerto a los 87 años tras una vida de éxito marcada por un duro secreto personal: nunca quiso dedicarse al cine



La actriz Claudia Cardinale, mito del cine europeo, ha muerto este 23 de septiembre a los 87 años en su casa de Nemours, al sur de París, acompañada de sus dos hijos. La inolvidable protagonista de El Gatopardo (1963) y musa de Ocho y medio (1963) se ha marchado dejando tras de sí más de seis décadas de cine, una trayectoria marcada por el éxito, la lucha personal y un testimonio incómodo: nunca quiso ser actriz.

Nacida en Túnez el 15 de abril de 1938, en el seno de una familia de inmigrantes sicilianos, creció hablando francés, árabe y el dialecto siciliano de sus padres. Llegó a Italia a finales de los años 50, y muy pronto se convirtió en una de las grandes bellezas del cine europeo. Su magnetismo natural conquistó a directores como Visconti, Fellini o Leone, y en paralelo desarrolló un compromiso social que la llevó a implicarse en la defensa de los derechos de las mujeres y en causas internacionales, siendo nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO en 1999.

A lo largo de su carrera acumuló más de un centenar de películas y recibió algunos de los premios más prestigiosos del cine: el León de Oro honorífico en Venecia (1993), el Oso de Oro en Berlín (2002) o la Legión de Honor francesa en 2008. Incluso en la madurez mantuvo su vínculo con la gran pantalla, siendo elegida como imagen del 70º aniversario del Festival de Cannes en 2017.


El origen: de un certamen a una decisión forzada

El primer éxito de su vida llegó en 1957, cuando con apenas 19 años ganó un concurso de belleza: 'La italiana más bella de Túnez', un certamen organizado en la embajada italiana. El premio fue un viaje al Festival de Venecia, donde atrajo la atención de productores y cazatalentos. Sin embargo, Cardinale rechazó sus propuestas: en aquel momento no quería dedicarse al cine y soñaba con una vida alejada de los focos.

placeholderDos fotos promocionales de la época dorada de Claudia Cardinale. (Foto: Getty Images)
Dos fotos promocionales de la época dorada de Claudia Cardinale. (Foto: Getty Images)

Pero su destino cambió trágicamente ese mismo año. Víctima de una violación, quedó embarazada. Frente a la presión de quienes le pedían abortar, ella decidió seguir adelante a pesar de los estrictos códigos morales de la época. Pidió ayuda a Franco Cristaldi, un reputado productor que se había fijado en ella en Venecia. Él le facilitó la posibilidad de viajar a Londres para dar a luz el 19 de octubre de 1958 a su hijo Patrick, al que, por consejo de Cristaldi, presentó como su hermano pequeño. La razón: evitar que ese hijo ilegítimo no causara daños ni a su reputación ni a su incipiente carrera.

Y es que para poder dar a luz en el extranjero y mantener a su hijo, firmó un férreo contrato de exclusividad con el productor. Así, el productor logró su objetivo y la vinculó al cine con un acuerdo que le prohibía engordar, casarse o incluso cortarse el pelo. La tutela fue tan estricta que condicionó sus primeros años como actriz, aunque también fue el inicio de su ascenso. Muchos años después, la propia actriz reconocería: “Si no hubiera nacido Patrick, quizá nunca habría entrado en un plató”.


placeholderClaudia con Franco Cristaldi y Pasquale Squitieri. (Foto: Archivo)
Claudia con Franco Cristaldi y Pasquale Squitieri. (Foto: Archivo)

Tras años de protección, Cardinale aceptó la propuesta de matrimonio de Cristaldi y se casaron en Roma el 28 de diciembre de 1966, a pesar de que el matrimonio de él no fue anulado hasta meses después. Permanecieron juntos hasta 1975, año en el que inició una relación con el director Pasquale Squitieri, con quien tuvo a su hija Claudia, nacida el 26 de abril de 1979. Aunque siempre fue discreta con su vida privada, mantuvo grandes amistades entre sus compañeros de plató, como Alain Delon y Jean-Paul Belmondo y recibió declaraciones de amor de Marcello Mastroianni y Marlon Brando.


Las películas que la hicieron eterna

El salto definitivo a la fama llegó con El Gatopardo (1963), dirigida por Luchino Visconti. Su papel como Angelica Sedara, y el célebre vals junto a Burt Lancaster y Alain Delon, la convirtió en un icono mundial. La película, estrenada el 28 de marzo de 1963, ganó la Palma de Oro en Cannes y cimentó su estatus de estrella.

Ese mismo año rodó Ocho y medio (1963) con Federico Fellini, donde por primera vez el público escuchó su voz original en el cine. Interpretó a la mujer idealizada del protagonista, un Marcello Mastroianni en estado de gracia. La cinta ganó el Óscar a mejor película extranjera y se convirtió en un clásico absoluto del séptimo arte.

Antes ya había destacado en Rocco y sus hermanos (1960), también de Visconti, un drama social que mostró su versatilidad y la consolidó como una de las intérpretes clave del cine italiano. Más tarde, en 1968, fue protagonista de uno de los wésterns más memorables de todos los tiempos: Hasta que llegó su hora, de Sergio Leone, en el que dio vida a Jill McBain, personaje central en una historia épica sobre la llegada del ferrocarril al Oeste.



Su filmografía, de más de 130 títulos, incluye también éxitos como Rufufú da el golpe (1959), su debut en Italia, la comedia La pantera rosa (1963) junto a Peter Sellers, el rodaje extremo de Fitzcarraldo (1982) de Werner Herzog en plena selva amazónica o la premiada La amante de Mussolini (1984), por la que recibió el galardón a mejor actriz en Venecia. En España también dejó huella con El fabuloso mundo del circo (1964) rodada entre Madrid y Barcelona junto a John Wayne y Rita Hayworth o, muchos años después, con El artista y la modelo (2012) de Fernando Trueba, una de sus últimas apariciones en la gran pantalla.


viernes, 4 de julio de 2025

Cómo la película de cowboys gays Brokeback Mountain desafió hace 20 años a Hollywood y a EE.UU.


La película siguió las reglas de Hollywood para cambiarlas.

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Cuando se estrenó en 2005, Brokeback Mountain se popularizó de una forma excepcionalmente inusual para una película de temática queer.

Incluso quienes no eran cinéfilos supieron de la "película de vaqueros gay", como se la describía a menudo en la prensa, y la controversia subsiguiente cuando perdió el Premio de la Academia a la mejor película ante Crash, un filme policial de mala calidad que ahora aparece regularmente en las listas de las peores ganadoras del Oscar de la historia.

Brokeback Mountain, titulada "Brokeback Mountain: En terreno vedado" en España y "Secreto en la montaña" en Hispanoamérica, se llevó tres Óscar, incluyendo un prestigioso premio a mejor director para Ang Lee, y sigue siendo una referencia icónica para el público gay.

El actor Paul Mescal se quejó recientemente de que resulta "perezoso y frustrante" comparar su próxima película, The History of Sound, un romance de época en el que él y Josh O'Connor interpretan a dos amantes viajeros, con el tierno neowestern de Lee sobre los pastores de ovejas Ennis Del Mar (Heath Ledger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal), quienes se sienten atraídos románticamente.

Estés de acuerdo o no con Mescal, las constantes comparaciones son una señal del impacto y la popularidad duraderos de Brokeback Mountain.

Adaptada por los guionistas Larry McMurtry y Diana Ossana de un cuento de Annie Proulx de 1997, el largometraje fue una propuesta relativamente novedosa en 2004.

"El hecho de que sus dos protagonistas fueran apuestos astros de primera línea y que mostrara a sus personajes en una historia romántica juntos fue revolucionario", afirma Tim Teeman, autor de "In Bed With Gore Vidal".

Esa opinión es ampliamente compartida por el crítico de cine queer Manuel Betancourt, autor de "Hello Stranger: Musings on Modern Intimacies", quien afirma que el éxito de la película, tanto entre la crítica como entre el público, se sintió como el inicio de una "nueva era de representación gay [en la pantalla]".

En su momento, Brokeback Mountain parecía un giro inesperado del director Ang Lee, quien recientemente había dirigido la película de superhéroes Hulk en 2003, aunque sus otros créditos como director abarcaban desde una aclamada adaptación de Jane Austen ("Sentido y sensibilidad", de 1995) hasta una película de artes marciales de enorme éxito ("El tigre y el dragón", del año 2000).

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Anne Hathaway y Michelle Williams, como las esposas de Jack y Ennis, completaron el cuarteto de nuevas y brillantes estrellas que protagonizaron la película.

El reparto principal de la película estaba formado por un cuarteto de prometedoras estrellas veinteañeras: Ledger y Anne Hathaway ganarían premios Óscar por sus posteriores papeles, mientras que Gyllenhaal y Michelle Williams rara vez se alejan de la conversación en la temporada de premios.

Por qué fue pionera

"Es fácil dar por sentado cómo Brokeback Mountain, con su elenco estelar y su director de primera línea, transformó profundamente la representación LGBTQ+ en el cine convencional", argumenta Kyle Turner, autor de "The Queer Film Guide: 100 Films That Tell LGBTIA+ Stories".

Turner señala que "la ola de movimientos queer en el cine convencional de los 90" tendía a "alternar entre dramas relacionados con el sida como 'Filadelfia' (1993) e 'Y la banda siguió tocando' (1993), y comedias más ligeras como 'La jaula de pájaros' (1996) e In & Out ('¿Es o no es?', 1997)".

En su opinión, Brokeback Mountain forjó un nuevo nicho como película "directa y seria" que ganó una "nueva respetabilidad" para una historia romántica entre amantes del mismo sexo.

Esa historia comienza en la zona rural de Wyoming en 1963, cuando los vagabundos Ennis y Jack son contratados por un ranchero local para pastorear ovejas en los pastos de la Montaña Brokeback.

Una noche, desinhibidos por la luz de la Luna, Jack se le insinúa a Ennis y los dos hombres tienen relaciones sexuales en una tienda de campaña, una escena muy audaz para una película comercial de 2005.

Cuando se estrenó en diciembre de 2005, la guionista Ossana, quien también era productora de la película, se aseguró de asistir a las proyecciones en algunos de los estados más conservadores de Estados Unidos para evaluar la reacción del público.

"Las salas estaban abarrotadas, y en todas pasaba lo mismo: después de la escena de la tienda, cinco o seis personas se levantaban para irse", le cuenta a la BBC.

El film se vuelve más triste y angustioso después de que Ennis y Jack consumen su relación.

Su verano pastoreando ovejas termina con los dos hombres peleándose, presumiblemente frustrados por los sentimientos románticos que no se atreven a reconocer.

Ennis se casa entonces con su prometida Alma (Williams), mientras que Jack conoce y se casa con la jinete de rodeo Lureen (Hathaway).

Pasan cuatro años antes de que los dos hombres se reencuentran, momento en el que Jack le pide a Ennis que deje a Alma y comience una vida con él.

Desgarradoramente, es un gran salto que Ennis no se atreve a dar.

"Todo el mundo habla de los años 60 como una época de 'amor libre', pero en realidad fue una época muy cerrada y restrictiva para mucha gente en Estados Unidos; contra eso se rebelaban los hippies", dice Ossana.

Para Ennis, la perspectiva de vivir una relación homosexual con Jack es simplemente insoportable, así que durante los siguientes 20 años, su pasión se limita a esporádicas salidas de pesca, ajenas a su vida cotidiana.

Los hombres sufren una homofobia externa manifiesta: cuando Jack regresa a la Montaña Brokeback, un ranchero prejuicioso le dice que allí no hay trabajo para hombres "que se dedican a cortar las rosas", un eufemismo engañosamente elegante para referirse al sexo homosexual.

Pero, en última instancia, es la homofobia profundamente arraigada de Ennis la que frustra su posible felicidad.

Los desafíos para lograr su producción

La homofobia apenas disimulada -esta vez en el Hollywood de principios de la década de 2000- convirtió a Brokeback Mountain en un enorme desafío para Ossana y su compañero productor, James Schamus.

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Heath Ledger fue elegido para interpretar a Ennis en la película después de una prolongada búsqueda para encontrar un actor que asumiera el papel.

Tras leer el relato de Proulx en 1997, Ossana y su compañero guionista, McMurtry, convencieron al autor para que les permitiera adaptarlo al cine.

"Annie dijo: 'No veo una película ahí, pero adelante'", recuerda Ossana.

Completaron el guion en tres meses, pero tardaron casi 8 años en empezar a producir la película.

"El mayor problema fue elegir a Ennis. Los actores se comprometían y luego se echaban atrás, o simplemente les daba mucho miedo lo que les decían sus representantes", explica, porque para un aspirante a protagonista masculino en aquel momento, interpretar a un personaje gay se consideraba un "suicidio profesional".

Tras la incorporación de Lee al proyecto en 2001, los productores encontraron a un actor dispuesto a interpretar a Ennis, pero este abandonó el proyecto unos cinco meses después.

"Presentía que podría echarse atrás", dice Ossana, en alusión a la inquietud generalizada por interpretar a un personaje gay.

Para entonces, ya estaba convencida de que Ledger era perfecto para el papel, basándose en su conmovedora actuación en el drama romántico de 2001, Monster's Ball (titulada en Colombia, México y Venezuela El pasado nos condena, y en Argentina Cambio de vida).

Además, crucialmente, ya había interpretado a un adolescente gay en una telenovela en su Australia natal, por lo que Ossana esperaba que fuera más abierto que sus colegas estadounidenses.

Su presentimiento resultó atinado, pero los ejecutivos del estudio se mostraron inicialmente reacios a elegir a Ledger porque sentían que no era lo suficientemente "macho" para interpretar ni siquiera a un "aspirante a vaquero".

"Probablemente ayudó, en términos de la penetración de la película en el público general, que [Ennis y Jack] fueran dos hombres que habitan una masculinidad convencional", dice Turner.

Betancourt cree que Brokeback Mountain logró marcar un antes y un después en la representación LGBTQ+ precisamente porque se basó en clichés hollywoodenses ya conocidos.

"Como western y melodrama, se incorporó a dos géneros muy conocidos y les infundió a ambos una nueva vitalidad, principalmente debido a que es una historia de amor entre dos hombres", afirma.

Además, la película se adhiere a otro cliché hollywoodense: lo que Teeman describe como la representación del "amor queer, bello pero condenado al fracaso", una narrativa que se desarrolla en películas como "La hora de los niños" (1961) y "Filadelfia" (1993).

El romance fugaz entre ambos se extingue finalmente cuando Jack muere en circunstancias ambiguas.

Lureen le cuenta a Ennis por teléfono que Jack murió al explotar un neumático, aunque al mismo tiempo vemos imágenes de Jack siendo brutalmente golpeado por un grupo de hombres.

Ennis imagina, de forma muy creíble, a su amante asesinado en un crimen de odio homofóbico.

Su legado discutible

Quizás porque se atuvo a las reglas y las desafió al mismo tiempo, el lugar de Brokeback Mountain en la historia del cine está asegurado.

En 2018, fue seleccionada para su preservación en el Registro Nacional de Cine de Estados Unidos, que reconoce obras con "significancia cultural, histórica o estética".

Ocupa un lugar igualmente integral, aunque más complejo, en el panteón del cine queer.

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The Kids Are All Right (2010) fue una de las películas de temática queer que siguieron los pasos de Brokeback.

"Como pieza cinematográfica, sigue siendo tan fascinante y cautivadora como siempre", argumenta Betancourt, "pero como punto de inflexión para la representación queer, sigue siendo tan singular pero limitante como lo fue entonces".

Es, después de todo, la historia de dos hombres homosexuales o posiblemente bisexuales que, en su vida cotidiana, "se hacen pasar" por heterosexuales.

Aunque el film sigue siendo importante e influyente, es difícil cuantificar su impacto a largo plazo en la representación LGBTQ+.

Teeman señala que Hollywood dio luz verde a varias películas convencionales de temática queer tras su estreno, y destaca en particular...

  • Milk: Un hombre, una revolución, una esperanza en Hispanoamérica y Mi nombre es Harvey Milk en España (2008)
  • The Kids Are All Right (Mi familia en Hispanoamérica, Los chicos están bien en España y Los niños están bien en México y Venezuela, 2010)
  • Carol (2014)
  • Moonlight (Luz de Luna en Hispanoamérica, 2016) y
  • Call Me by Your Name (Llámame por tu nombre, 2017).

Sin embargo, también cree que "hay poca consistencia y regularidad en el flujo de historias y personajes principales de temática queer que llegan a la pantalla".

Para Teeman, "la televisión y el teatro son [todavía] más radicales que el cine en lo que respecta a la representación queer".

Brokeback Mountain también conserva una relevancia única debido a su lugar en el debate actual sobre si los actores heterosexuales deberían interpretar papeles gay.

Se presume ampliamente que tanto Gyllenhaal como Ledger, fallecido en 2008, son heterosexuales, y Ossana afirma que, como productora, "no era asunto mío" preguntarles sobre su orientación sexual.

"Es un clásico, y Brokeback Mountain es el ejemplo perfecto", afirma Teeman.

Pero incluso con estas salvedades, sigue siendo una obra cinematográfica impactante y desgarradora que ofrece un duro recordatorio de que negar la propia identidad es una tragedia que puede descarrilar varias vidas a la vez.

*Si quieres leer el artículo original en inglés, haz click aquí

    • Nick Levine
    • Título del autor,BBC Culture *