miércoles, 31 de marzo de 2021

¿Por qué aún no hay cura para el alzhéimer si se detectó hace más de 110 años?

 


Los únicos medicamentos aprobados para el alzhéimer solo alivian algunos de los síntomas, parcial y temporalmente, pero no detienen el progreso de la enfermedad. - GETTY-



Como investigador del alzhéimer y neurólogo que atiende a personas con esta enfermedad, comparto la frustración —en realidad la ira— de las personas y las familias cuando les digo que no tengo una cura que ofrecerles.

Durante el año pasado, los científicos abordaron la covid-19, una enfermedad previamente desconocida y en unos meses desarrollaron nuevas vacunas eficaces.

Durante ese mismo período de tiempo, la lista de fracasos del tratamiento del alzhéimer se hizo más larga.

Actualmente, los únicos medicamentos aprobados para el alzhéimer simplemente alivian algunos de los síntomas, parcial y temporalmente, pero no detienen el progreso de la enfermedad.

Aunque se describió por primera vez y de manera oficial hace 115 años —aunque por supuesto existió mucho antes de eso— todavía no tenemos una cura para esta devastadora enfermedad. ¿Por qué?

Comencemos siguiendo el dinero. Durante años, los defensores de los pacientes han advertido sobre el aumento del número de víctimas y los crecientes costos del alzhéimer a medida que la población mundial envejece.

El alzhéimer tiene una financiación muy insuficiente en comparación con el cáncer, las enfermedades cardíacas, el VIH/Sida e incluso la covid-19.

Lamentablemente, la creencia errónea de que el alzhéimer solo afecta a las personas mayores es un factor que contribuye a esta falta de financiación. Sin embargo, entre el 5 y el 10% de las personas con alzhéimer tienen menos de 65 años; algunos incluso tienen 40 años.

El alzhéimer también es una enfermedad de toda la familia, que causa ansiedad, depresión y agotamiento en los cuidadores y seres queridos, lo que genera un costo socioeconómico desproporcionadamente alto.

Teorías en conflicto

La financiación no es el único problema aquí. El cerebro humano es extremadamente complejo y la enfermedad de Alzheimer es la más compleja del cerebro.

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El alzhéimer puede estar presente en los pacientes unos 20 o 30 años antes de que cause síntomas.

Los desafíos que surgen de esta confluencia de complejidades se reflejan en las distintas teorías sobre el alzhéimer.

La teoría más aceptada es que el alzhéimer es causado por proteínas mal plegadas que se agregan o se agrupan, matando las células cerebrales y dando lugar a los síntomas de pérdida de memoria y cognición reducida.

Inicialmente, el culpable de esta historia de plegamiento incorrecto era una proteína llamada beta-amiloide. Más recientemente, otra proteína, tau, ha surgido como posible contribuyente.

Aunque una gran cantidad de datos de investigación ha respaldado esta teoría del plegamiento incorrecto de proteínas, conocida como la hipótesis amiloide, múltiples fármacos diseñados para bloquear los procesos de plegamiento incorrecto de proteínas tóxicas del cerebro repetidamente han fracasado en ensayos en humanos.

De hecho, en los últimos dos años, varios ensayos clínicos importantes basados ​​en la principal hipótesis —que la reducción del nivel de beta-amiloide agregado que acecha los cerebros de los pacientes con alzhéimer detendría la progresión de la enfermedad— han fracasado dramáticamente.

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Hay varias teorías que tratan de explicar el origen del alzhéimer.

Pero hay muchas otras teorías. Una es la de la neuroinflamación, que sugiere que el alzhéimer surge de una liberación excesiva de sustancias químicas inflamatorias tóxicas de las células inmunitarias del cerebro llamadas microglías.

Los medicamentos diseñados con base en esta teoría son fundamentalmente diferentes de los que abordan la hipótesis amiloide, y aún se encuentran en las primeras etapas del proceso de desarrollo.

Una teoría diferente afirma que el alzhéimer es una enfermedad de las sinapsis, que son las uniones entre las células cerebrales, y otra sugiere que el alzhéimer es una enfermedad de las mitocondrias, una estructura central para la producción de energía en cada célula cerebral.

Desafíos para encontrar la cura

El camino hacia una cura no será fácil, e incluso si estas teorías conducen al desarrollo de fármacos, éstos pueden fallar por otras razones.

El alzhéimer es una enfermedad crónica muy prolongada, probablemente presente de 20 a 30 años antes de que los primeros síntomas se hagan evidentes.

Administrar un medicamento cuando una persona se vuelve sintomática puede ser demasiado tarde para que haga alguna diferencia.

Pero no tenemos la capacidad de diagnosticarlo 30 años antes de los primeros síntomas, e incluso si pudiéramos, tendríamos que considerar la ética de administrar un medicamento potencialmente tóxico a largo plazo a alguien que puede o no contraer una enfermedad en tres décadas.

Además, a diferencia del desarrollo de antibióticos en los que los investigadores saben en cuestión de días si el fármaco funciona, la naturaleza crónica del alzhéimer requiere ensayos largos y costosos (años de duración) antes de que se pueda obtener una respuesta.

Ese tiempo y gasto es un impedimento adicional para el desarrollo de fármacos.

Un último problema es que el alzhéimer puede no ser simplemente una enfermedad. De hecho, puede ser un conjunto de enfermedades similares.

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El psiquiatra Alois Alzheimer describió el alzhéimer a inicios del siglo XX.

Una persona de 52 años con alzhéimer de aparición temprana/inicio precoz sin duda tiene una trayectoria clínica clara y diferente al de una persona de 82 años con alzhéimer de inicio tardío.

¿Un medicamento que funciona en una persona de 82 años también funcionará en una persona de 52 años? Tal vez sí, o tal vez no.

Afortunadamente, a pesar de estos muchos obstáculos, se está llevando a cabo una gran cantidad de investigaciones fascinantes y alentadoras en laboratorios de todo el mundo.

Los éxitos de la ciencia y la industria farmacéutica contra muchas otras enfermedades en el siglo pasado a menudo han surgido de la recolección de los frutos al alcance de la mano.

El alzhéimer no es una fruta madura, sino la manzana en la parte superior del árbol, y los científicos tendrán que trepar muchas ramas, muchas de las cuales nunca han sido alcanzadas, en el camino hacia la cura.

Pero llegaremos allí.


  • Donald Weaver
  • The Conversation*

Alarma ante la inteligencia artificial que decide tu despido


Las inteligencias artificiales ya están gobernando nuestro destino. (RV1864/CC)


Los algoritmos de inteligencia artificial ya están echando a gente a la calle y eligiendo a nuevos trabajadores



No hace falta imaginar un futuro en el que una inteligencia artificial decida qué personas echar de un trabajo, vigilar y dirigir a los empleados o contratar a una persona sin intervención humana. Ya está pasando y su uso se está disparando sin ningún control legal.

La federación sindical británica —que agrupa a los diferentes sindicatos gremiales del Reino Unido— acaba de publicar un informe que ha hecho saltar las alarmas sobre el uso de la inteligencia artificial para decidir el destino de seres humanos. Un uso que se ha acelerado dramáticamente en la pandemia.

El informe realiza varias recomendaciones que tienen bastante lógica si queremos evitar llegar a la distopía por la vía exprés. Todas ellas pasan por la supervisión humana no solo en la creación de estas herramientas, sino en la revisión de sus decisiones. Sin embargo, esto no es tan fácil como puede parecer.


Despedido automáticamente

El caso de un hombre que fue despedido automáticamente por una máquina en 2018 da una idea de la potencial magnitud del problema. Un programa decidió despedir a Ibrahim Diallo —un ingeniero que solo llevaba ocho meses de un contrato de tres años en una empresa de desarrollo de 'software'— cortando su acceso al rascacielos en el que trabajaba e iniciando un proceso totalmente automatizado que terminó con él escoltado fuera del edificio.

Como Diallo contó en su artículo 'La máquina que me despidió', aunque nadie quería despedirlo, ningún humano pudo hacer nada por solucionarlo. Después de esperar unos días para ver si se solucionaba, Diallo decidió irse a otra compañía de 'software'.

Desgraciadamente, no todo el mundo es un codiciado ingeniero de 'software' trabajando en California. El caso de Diallo es un anécdota porque fue producto de un error, pero es indicativo de las consecuencias de la aplicación de algoritmos automatizados sin control humano, que es precisamente lo que están denunciando varias fundaciones, científicos y organizaciones como la federación sindical británica.


La trituradora de Amazon

La situación es mucho más precaria para la inmensa mayoría de los empleados, desde oficinistas hasta mozos de almacén. La trituradora de seres humanos que es Amazon es un buen ejemplo de ello.

Las siniestras condiciones laborales en los almacenes del gigante minorista han sido documentadas en repetidas ocasiones, así que no vamos a entrar en cómo los empleados se ven obligados a orinar en botellas para no perder segundos de su tiempo y terminar en la calle.


Dr. Evil en su papel de Jeff Bezos.


En 2019 varios documentos salieron a la luz demostrando cómo la compañía de Jeff Bezos había implementado sistemas de inteligencia artificial para optimizar sus almacenes y despedir a empleados.

Es un ejemplo de una lista que ya es bastante larga. En 2020, un grupo de conductores holandeses denunciaron a Uber y Ola —una compañía india de transporte de pasajeros— por utilizar un algoritmo para echarlos a la calle o castigarlos con descuentos en las tarifas de sus carreras. Terminaron perdiendo parte del pleito, pero los jueces forzaron a Ola a revelar los parámetros que regulan su algoritmo de penalización.


Un futuro oscuro sin regulación

Esto último es uno de los grandes problemas de utilizar la inteligencia artificial para gestionar trabajadores, ya sea para contratarlos, despedirlos o gestionar su trabajo: las máquinas son imparciales, pero la realidad es que los algoritmos de inteligencia artificial son discriminatorios por naturaleza.

Las discriminaciones surgen por sus métodos de aprendizaje. Un sistema de redes neuronales no sabe más de lo que le enseñamos, alimentándose con decenas de miles de casos y midiendo cientos de variables. Hay miles de estudios que demuestran que las AI cojean del mismo pie del que cojean los maestros que los entrenan, desde algoritmos de visión que confunden rostros negros —que han hecho que personas acaben en la cárcel por equivocación— a otros que eliminan los 'curriculum vitae' de mujeres de la lista de candidatos a un trabajo.

Obviamente, los gabinetes de abogados laborales ya están afilando los cuchillos para enfrentarse a un escenario que —según los expertos— puede ser la norma de aquí a tres años.


Necesitamos un marco legal urgentemente

Según la asociación sindical británica, si queremos evitar llegar a la distopía laboral, los gobiernos deberán crear un marco legal que regule el uso de las inteligencias artificiales para este tipo de usos.

Ellos proponen que todas las herramientas de AI que se introduzcan deben ser antes consultadas y explicadas a los trabajadores, y que esto debe ser un deber legal. También proponen algo que parece lógico: el derecho del trabajador para solicitar que la decisión de un algoritmo sea revisada por humanos. También proponen enmiendas a las leyes laborales actuales en el Reino Unido que establezcan guardarraíles contra algoritmos discriminatorios.

Son recomendaciones lógicas, pero que pueden ser de difícil aplicación porque los algoritmos de aprendizaje de los sistemas de inteligencia artificial actuales resultan en verdaderas cajas opacas casi imposibles de descifrar. Lo que la revista científica 'MIT Review' llama el corazón negro de la inteligencia artificial: los científicos son incapaces de comprender por qué los algoritmos funcionan.

Como apunta la consultora Korn Ferry: la inteligencia artificial no tiene por qué mostrar un motivo por el que hay que eliminar a alguien de su puesto de trabajo. Sencillamente lo hace, como una especie de dios omnipotente y omnisciente. “Si el algoritmo lo dice, tendrá razón”, piensan los jefes. Hasta que el algoritmo los eche.




Por
Jesús Díaz
30/03/2021 - 05:00 Actualizado: 30/03/2021 - 10:40
https://www.elconfidencial.com/tecnologia/novaceno/2021-03-30/empleo-inteligencia-artificial-derechos-laborales_3011927/

El mal negocio de ser princesa: Grace Kelly solo tenía 10.000 dólares cuando murió



Grace Kelly, antes de convertirse en la princesa de Mónaco en 1956.SUNSET BOULEVARD / GETTY IMAGES


Un documental revela que pese a llevar una vida de lujo, la esposa de Raniero de Mónaco, dejó de ganar una fortuna cuando se retiró de la actuación por exigencia de su marido



La trama resulta sorprendentemente familiar: actriz norteamericana pasa a formar parte de una de las casas reales más antiguas de Europa, pierde su independencia financiera y descubre la cara oculta de la vida palaciega. El argumento invita a pensar en Meghan Markle, pero décadas antes de que la duquesa de Sussex conociese a su príncipe azul, Grace Kelly había aprendido ya que los cuentos de hadas solo funcionan en la imaginación de los guionistas de Hollywood. Su matrimonio con Raniero de Mónaco y su transformación de musa de Alfred Hitchcock a princesa habían hecho correr ríos de tinta, pero lo que no se sabía era que, a su trágica muerte a los 52 años, uno de los grandes iconos de estilo del siglo XX apenas tenía 10.000 dólares (unos 8.500 euros) a su nombre.

El documental Grace Kelly: The Missing Millions (Los Millones Desaparecidos), emitido en la cadena británica Channel 5, analiza la fortuna de una de las grandes estrellas del cine clásico y concluye que, independientemente de su vínculo con los Grimaldi, tendría que haber acumulado cerca de 50 millones de euros. La estimación es el resultado del análisis de contabilidad forense de la analista Gemma Godfrey, quien estudió las finanzas de la intérprete de La ventana indiscreta antes y después de su boda en 1956, un trabajo de investigación que la llevó a deducir que Kelly no habría quedado muy por detrás de contemporáneas como Audrey Hepburn, otro gran símbolo del Séptimo Arte, cuya fortuna está valorada en torno a los 85 millones.

Grace Kelly: The Missing Millions revela el alcance de las renuncias que requiere pasar a formar parte de una dinastía real, pero también evidencia la misoginia endémica que las actrices han sufrido históricamente en la industria del entretenimiento. Incluso tras ganar un Oscar, su sueldo de 4.200 euros a la semana por Atrapa a un ladrón fue cuatro veces inferior al de su compañero de reparto, Cary Grant, mientras que en Mogambo ganó apenas una sexta parte de los 4.700 euros semanales recibidos por Clark Gable, con quien durante el rodaje tendría un romance que explicaría elocuentemente: “¿Qué más puedes hacer cuando estás sola en una tienda de campaña en África con Clark Gable?”.

De hecho, sus amoríos previos a su conversión en devota princesa de Mónaco, al menos de cara a la galería, generaron tantos titulares como su talento para la actuación. Entre sus amantes figuran William Holden, Marlon Brando, Gary Cooper, 28 años mayor y casado, o Ray Milland, quien acumulaba 20 años de matrimonio cuando se cruzó con Kelly en el rodaje de Crimen perfecto, de Hitchcock. Todo cambiaría cuando en 1955, durante una visita al Festival de Cannes, conoció a Raniero, quien llevaba un tiempo embarcado en su particular casting para encontrar a la esposa perfecta que le permitiera relanzar Mónaco como el paraíso de los millonarios.

Los cuentos de princesas suelen acabar en el enlace y el de Kelly no iba a ser diferente. Aceptó que su marido le prohibiese volver a actuar, la peor decisión de su vida, según confesaría amargamente décadas después, si bien ya antes del enlace, seguido por 30 millones de personas en todo el mundo, las señales apuntaban a un choque vital y cultural para el que, con 26 años, apenas estaba preparada. Kelly tuvo que pagar una dote de dos millones de dólares (1,7 millones de euros), lo que le había supuesto no solo toda su fortuna de entonces, sino que tuvo que completarla con una inversión en la herencia que esperaba recibir de su familia.

Es más, su último acto como mujer independiente fue, paradójicamente, para costearse la dote, ya que no quiso pedir ayuda directa a su padre, Jack, un acaudalado empresario de Filadelfia que no le había dado permiso para dedicarse a la actuación. Fue su resolución la que la llevó a abandonar con tan solo 18 años la mansión con sirvientes en la que había crecido para mudarse a Nueva York, donde se labró una notable carrera como modelo mientras estudiaba interpretación, como prueban los 250.000 euros, al cambio actual, que según el documental consiguió amasar.

Kelly, eso sí, nunca se lamentó, al menos, no públicamente. Mientras Markle, con una trayectoria como actriz simplemente incomparable a la de la princesa de Mónaco, convertía ante millones de espectadores a Oprah Winfrey en confidente de sus cuitas con los Windsor, la protagonista de Solo ante el peligro cumplió hasta el final con el rol que le asignaron en Mónaco: el de convertir al Principado en meca del glamur.



EVA MILLÁN
Londres - 30 MAR 2021 - 05:20 CEST
https://elpais.com/gente/2021-03-30/grace-kelly-murio-en-la-pobreza.html

¿Y si estamos solos en el universo?



El italiano Enrico Fermi (1901-1954), premio Nobel de Física en 1938.HISTORICAL / EPS



Un estudio de Oxford indica que hay un 99,6% de posibilidades de que el ser humano sea la única especie inteligente en la galaxia y un 85% de que lo sea en todo el universo observable.





En 1950, el físico Enrico Fermi se planteó que, aunque la casualidad de que surja una civilización inteligente alrededor de una estrella sea muy modesta, en nuestra galaxia, con miles de millones de soles, habrían aparecido tantas civilizaciones que tendríamos forzosamente que haber detectado alguna. La paradoja de Fermi llevó a Anders Sandberg y su equipo de la Universidad de Oxford a elaborar un modelo matemático que arroja un jarro de agua fría a los entusiastas de ET: podría haber hasta un 99,6% de probabilidades de que estemos solos en la galaxia y un 85% de que lo estemos en todo el universo observable. Sand­berg concluye en otro trabajo en la revista Astrobiology que matemáticamente “la vida inteligente es excepcionalmente rara”.

El astrónomo Frank Drake ideó una ecuación para calcular el número de inteligencias extraterrestres (N): se multiplica el ritmo de formación de estrellas (r) × la fracción de las que tienen planetas (fp) × los mundos habitables (ne) × la fracción de ellos con vida (fe) × la fracción con vida inteligente (fi) × la fracción de civilizaciones que emiten señales al espacio (fc) y el tiempo que han existido (L).

Pero esa ecuación es casi una trampa, advierte el físico Stephen Webb: “No es más que una manera de estructurar nuestra ignorancia”. Para empezar, la vida. ¿Cuál es la probabilidad de que surgiera de elementos no vivos? El astrónomo Fred Hoyle describió esa casualidad como si al paso de un tifón por un hangar con todas las piezas desperdigadas de un Jumbo 747, estas se ensamblaran en un avión capaz de volar. Una simple bacteria es algo muy complicado. “Pero Hoyle no tuvo en cuenta el tiempo”, dice Ricardo Amils, del Centro de Biología Molecu­lar Severo Ochoa. “Conocemos todos los componentes de la vida, los podemos sintetizar o purificar, pero, si los mezclamos en las proporciones adecuadas, obtendremos un batido, pero no un ser vivo. Le falta lo esencial, la vida, que desgraciadamente no sabemos lo que es”.


La vida microbiana

Amils conoce a más partidarios de que la vida microbiana es abundante en el universo. Apareció en la Tierra hace 3.800 millones de años, solo 700 millones tras nacer. Una precocidad sospechosa, arguye: “Pudo llegar en el interior de meteoritos y asteroides”. Y Webb lo asume: “Si encontráramos evidencia de que la vida surgió en Marte de forma independiente, tendríamos más confianza de que la emergencia de la vida es más fácil”.

La segunda y mayor pega es la evolución hacia una vida inteligente. La vida compleja multicelular solo tiene 600 millones de años; nosotros, apenas 100.000. “Hay muchos factores que hacen que la vida inteligente sea algo extremadamente raro de aparecer”, concluye Webb, autor de Si el Universo está lleno de extraterrestres…, ¿dónde está todo el mundo? (Akal).

¿Y si tiene razón? Las consecuencias de sabernos solos podrían ser devastadoras. “Seríamos la única parte del universo que es consciente de sí misma. Y creo que se nos impone el deber de asegurar que no desperdiciamos este regalo único”. Tomemos nota.





Luis Miguel Ariza
Reino Unido - 28 MAR 2021 - 05:40 CEST
https://elpais.com/eps/2021-03-28/y-si-estamos-solos.html

martes, 30 de marzo de 2021

Uno de los secretos tras el rally del bitcoin está en las grandes impresoras de dinero del mundo

 


  • El bitcoin se usa como cobertura a una posible depauperación del papel moneda
  • El balance de los grandes bancos centrales se ha disparado con la crisis
  • "Hay mucho dinero en los mercados financieros elevando el precio de los activos"


Es innegable que el bitcoin ha sido uno de los activos estrella en 2020 y en lo que va de 2021. Aunque la bolsas globales y otros activos también han rebotado con fuerza tras la caída que sufrieron al inicio de la crisis del covid-19, el bitcoin se ha revalorizado casi un 800% en el último año, superando al rebote del 216% del petróleo o el 76% del S&P 500. No obstante, el bitcoin es un activo controvertido, que recibe críticas y halagos por partes iguales.

Entre los críticos destacan los bancos centrales y otros reguladores que tachan al bitcoin de ser un activo muy volátil, contaminante y que no está respaldado por nada. Sin embargo, son los propios bancos centrales y sus políticas los que podrían estar detrás de la creciente popularidad de este criptoactivos y todos sus 'primos'.

Una alternativa al sistema monetario

Parece contradictorio, pero para entenderlo hay que remontarse a los inicios del bitcoin. Esta criptodivisa se lanzó en 2009 con un límite de oferta muy claro: un máximo de 21 millones de monedas. La idea era que el bitcoin fuese una alternativa a la impresión ilimitada de dinero por parte de los bancos centrales durante la crisis financiera, puesto que estos movimientos (si hubieran causado inflación) habrían depreciado estas monedas fiduciarias erosionando el poder de compra de los consumidores y el ahorro de las familias.

Natixis IM: "El bitcoin se ha utilizado como un verdadero depósito de valor, una cobertura contra una posible depreciación de las monedas de papel controladas por los bancos centrales"

El miedo al impacto de las políticas de los bancos centrales, basadas en la creación de dinero nuevo (impresión de dinero simbólico porque son anotaciones electrónicas) que inyectan en la economía a cambio de activos, dio vida al bitcoin (junto a otros factores como el anonimato en los pagos o la seguridad que otorga la blockchain). Hoy también son las grandes impresoras de dinero de la Fed, el BCE, el Banco de Japón... las que están ayudando a elevar el precio de este activo por diferentes motivos.

Pierre Savarzeix, gestor de carteras de Seeyond, una gestora del grupo Natixis Investment Managers, explica en una nota que "más allá de una loca subida de su precio en los últimos meses (ciertamente con un fuerte componente especulativo), bitcoin se ha utilizado como un verdadero depósito de valor, una cobertura contra una posible depreciación de las monedas de papel controladas por los bancos centrales. Estos últimos, al crear cantidades masivas de liquidez para contrarrestar los efectos deflacionarios de la crisis del covid-19, también facilitaron las condiciones para una depreciación de sus monedas".

Por un lado, el bitcoin sube ante ese miedo de que las divisas tradicionales se deprecien ante la impresión masiva de dinero de los bancos centrales. Aunque esto parece algo lejano en divisas como el euro, el dólar o la libra, otros países con sistemas monetarios más débiles han sufrido fuertes depreciaciones en sus divisas por la impresión masiva de dinero para financiar el déficit público, algo que no parece tan lejano tras la crisis del covid en los países desarrollados.

Los criptoactivos en general y el bitcoin en particular han logrado que una cantidad importante de inversores/ciudadanos apoyen su causa con gran convicción. Muchas veces detrás de esa convicción existe una elevada exposición al bitcoin, pero otras simplemente es la defensa de lo que creen una alternativa superior al sistema monetario actual: una alternativa descentralizada, anónima, digital y con una oferta limitada de monedas.

Las políticas monetarias expansivas impulsan el precio de los activos

Por otro lado, estas mismas inyecciones de liquidez de la banca central están impulsando el precio de muchos activos por motivos totalmente diferentes a ese miedo de depreciación de la moneda o depauperación del sistema dominante. Buena parte del dinero inyectado por la banca central (compran bonos a cambio de dinero recién creado) se queda dentro del sistema financiero o fluye hacia otros activos reales como puede ser la vivienda. El resultado es que en la economía real aún no se perciben estas inyecciones de una forma evidente, pero en los mercados de activos (acciones, bonos, viviendas...) se puede ver claramente como los precios han subido.

Balances de bancos centrales y precio del bitcoin hasta enero.

En el gráfico se puede observar cómo ha evolucionado el balance agregado de los cuatro bancos centrales más importantes del mundo (Fed de EEUU, BCE, Banco de Inglaterra y de Japón) y el precio del bitcoin. Se puede ver que existe cierta relación en los movimientos de ambos hasta el mes de enero, última fecha disponible de la suma de los balances de los cuatro bancos, que sumaban 24 billones de dólares en activos (compras de bonos, subastas de liquidez...), impulsado a todos los activos.

Los analistas de TD Securities comentan al respecto que efectivamente "la subida de la marea en los activos de riesgo ha levantado todos los barcos, incluso el del bitcoin" Este aumento de los balances también se ha relacionado con la creciente desconexión entre la economía real y la financiera. En la jornada de este lunes, el bitcoin sube un 2% y alcanza los 57.700 dólares por unidad.

Los analistas TD Securities comentan que además de los activos tradicionales de riesgo, "también hemos visto una fuerte demanda de activos alternativos durante este ciclo. Ya sea la demanda de arte, vino o ahora activos digitales, la apreciación ha sido asombrosa. El precio del bitcoin es un claro ejemplo, con el valor aumentando más de 10 veces desde el mínimo de 2020. Esta demanda de activos criptográficos incluso ha generado un tipo de activo completamente nuevo, llamado tokens no fungibles (NTFs). Lo que está claro es que hay mucho dinero en los mercados financieros persiguiendo y elevando los precios de todos los activos".

Otros puntos fuertes del bitcoin

No obstante, el experto de Natixis cree que el bitcoin cuenta también con algunos puntos fuertes que llaman la atención a inversores y personas interesadas en la tecnología: "La gran fuerza de esta moneda digital emblemática se basa en 3 elementos: su portabilidad, la preservación del anonimato del titular y la promesa de intercambios monetarios sin comisiones de terceros".

Este conjunto de factores están detrás de la fortaleza del bitcoin, lo que no quita que las críticas de bancos centrales, reguladores y expertos tengan sentido. Como señaló Jerome Powell, el bitcoin no está respaldado por nada, es muy volátil y se comporta como un activo especulativo. Además, no genera un rendimiento como los bonos, ni paga un dividendo como las acciones. Mientras que los bancos centrales mantengan el poder parece poco probable que este criptoactivo llega a convertirse en un medio de pago extendido.


Redes sociales: por qué nos obsesiona la vida de los otros (y cómo la pandemia incrementó ese deseo)


¿Te pasas horas mirando las cuentas de quienes sigues en las redes sociales? -ALAMY-


Dado que nuestros mundos sociales se redujeron como resultado de la pandemia, las vidas de los demás nunca han sido más atractivas.

Estamos consumiendo artículos fotográficos que capturan los días de trabajo del personal médico sobrecargado, leyendo noticias sobre políticos que rompen la cuarentena y celebridades que viajan en avión a islas privadas.

Algunos de nosotros miramos afuera para ver qué vecinos usan mascarilla para sacar la basura.

Y también pasamos una cantidad récord de tiempo en internet.

Solo en Reino Unido en junio pasado los adultos estuvieron en promedio una cuarta parte del día usando internet, según Ofcom, la autoridad estatal que regula los medios de comunicación en ese país.

Mientras que una encuesta global al comienzo de la pandemia descubrió que el 40% de los usuarios pasaba más tiempo en redes sociales.

No es una sorpresa que estemos consumiendo información, noticias y actualizaciones personales.

Como especie siempre hemos tenido curiosidad.

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Los humanos somos curiosos. Es parte de nuestra especie.

Nuestras propias historias están formadas por los intercambios que tenemos con las vidas e historias de otras personas, dice Anne Chappell, profesora titular de la Universidad Brunel de Londres, quien recientemente examinó este comportamiento junto con la profesora asociada de la Universidad de Plymouth, Julie Parsons.

Sin embargo, durante la pandemia, nuestro interés por la vida de otras personas parece estar alcanzando nuevos niveles.

Aunque puede parecer algo indiscreto —o incluso voyerista— este impulso puede no ser algo malo.

En momentos como estos, cuando los comportamientos y las normas no tienen precedentes y están evolucionando, observar a otras personas puede ayudarnos a procesar cada altibajo de la pandemia, e incluso a aprender a adaptarnos.

Un entendimiento compartido

Por supuesto, el voyerismo no es nuevo.

Tuvimos páginas de sociedad que publicaban relatos de celebridades al estilo Kim Kardashian en periódicos del siglo XIX, mucho antes de que tuviéramos la revista People, que surgió mucho antes que las historias de Instagram.

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Observar la vida de los otros no es algo nuevo...

Hoy, sin embargo, tenemos muchas más formas de mirar por encima de la pared metafórica que hace solo una década.

Los proveedores de noticias se han multiplicado y ofrecen artículos de opinión y fotográficos que agregan dimensión y perspectivas humanas a las historias del día.

En las redes sociales, no solo tenemos Facebook, sino Instagram, Snapchat, TikTok y ahora Clubhouse: una abundancia de plataformas diversificadas que brindan diferentes formas de observar a los demás.

Sin embargo, este deseo de mirar la vida de los demás no es solo voyerismo.

La palabra en sí misma, dice Chappell, a menudo implica un comportamiento ilícito o sexual. Puede ser un observador pasivo que mira a otros participar activamente, a veces, pero no siempre, con el consentimiento de quienes están siendo observados.

Sin embargo, lo que obtenemos al mirar las cosas de otras personas —un acto que a menudo es inconsciente de nuestra parte— no es una "fascinación mórbida". Es más bien, un intercambio más activo, un esfuerzo por darle sentido al mundo que nos rodea.

Chappell menciona los diarios íntimos e históricos de personas como Ana Frank, destacando que son los pensamientos de más de una persona. Ellos nos hablan tanto de la vida individual como de la manera en la que funcionaba la sociedad a su alrededor.

Entonces nuestro deseo de observar parece nacer de una ambición de intercambiar información sobre quiénes somos a través de las historias que contamos sobre nosotros mismos.

"Todas las historias que experimentamos directamente, en persona con otras personas, y aquellas historias sobre las que leemos, vemos, escuchamos y con las que nos relacionamos, están teniendo algún tipo de impacto en la configuración de nuestra comprensión compartida de la sociedad", describe Chappell.

Aprendizaje y procesamiento

Desde que la pandemia de la covid-19 se extendió por todo el mundo, estamos aún más interesados en estas historias.

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"Con el aumento del aislamiento social durante la pandemia, somos más curiosos y estamos más interesados en la vida de quienes nos rodean", opina la psicóloga Sabrina Romanoff.

Nuestro mayor deseo de consumir todo tipo de información refleja en parte nuestra reducida vida social diaria.

Ya sea que se trate de colegas de la oficina que extrañamos o de los padres del equipo de fútbol de un hijo, "con el aumento del aislamiento social durante la pandemia, somos más curiosos y estamos más interesados en la vida de quienes nos rodean", asegura Sabrina Romanoff, psicóloga clínica en el Hospital Lenox Hill de la ciudad de Nueva York.

Las redes sociales, algo que trae un elemento de escapismo desde las mismas cuatro paredes, nos permiten mirar la vida de los demás en un plano virtual, ya sea analizando las estanterías de los entrevistados u obsesionándose con una receta viral que extraños hacen en sus cocinas.

Proporcionan un placebo para las oportunidades de conexión en el mundo real que fueron eliminadas, opina Laura Tarbox, experta en estrategia cultural y de marca que estudia los cambios y comportamientos emergentes en las redes sociales.

Aunque estas interacciones pueden no ser tan satisfactorias como los encuentros en la vida real, las plataformas de redes sociales son una de las pocas formas que nos quedan para conectarnos espontáneamente con otros humanos, dice Romanoff.

Plataformas como TikTok, Instagram y Snapchat nos ayudan a cruzar caminos virtuales con aquellos que de otra manera probablemente nunca conoceríamos durante el confinamiento, agrega Tarbox.

Las redes sociales también juegan un papel en el establecimiento rápido de nuevas normas, algo que se hace evidente cuando nos avergonzamos de las fotos de invitados en una boda, o juzgamos en Instagram las fotos de una cuenta de una celebridad llenas de palmeras que claramente no son de viajes esenciales.

"Hemos estado monitoreando las redes sociales, tanto consciente como inconscientemente, para comprender las nuevas 'reglas' de aceptabilidad durante la pandemia. En resumen, para absorber un nuevo código social que se está creando en tiempo real", explica Tarbox.

"¿Qué es aceptable hacer, cómo deberíamos comportarnos, con quién está bien estar y qué es seguro compartir?... Las redes sociales son donde captamos las señales y aprendemos las reglas", afirma.

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Observar la vida de los profesionales médicos nos ayuda a procesar el impacto de la pandemia en nuestra sociedad.

Esas reglas también se alimentan con otras fuentes de información, ya sea leyendo artículos, viendo documentales u observando a los transeúntes. Entonces se convierten en nuestro libro de texto para tiempos que cambian rápidamente.

"Usamos a otros como datos", dice Romanoff. "La gente usa estos datos para medir cómo hacer valoraciones y evaluaciones sobre sus propias vidas. Somos criaturas sociales y dependemos de otros miembros de nuestra tribu y comunidad para referirnos a ellos cuando hacemos juicios" de valor.

Las vidas de otras personas, ya sea un documental médico de televisión, una publicación en Facebook sobre la abuela de un amigo afectada por la covid-19 o la sección de comentarios de una noticia que anuncia un número récord de muertes, también proporcionan un lugar para el procesamiento colectivo de esta situación sin precedentes.

Ver los temores de los demás expuestos en una publicación, o validados por otros que les gustan o comentan sobre ella, puede tener un efecto calmante, detalla Romanoff.

Agrega que este es un proceso llamado "identificación proyectiva".

"Los aspectos del yo, como el miedo y el pavor, se separan y se atribuyen a una fuente externa, como la actualización de estado de un amigo en Facebook o un artículo catastrófico compartido cientos de veces", ejemplifica.

"Seres con historia"

Por supuesto, el consumo de muchas noticias, de redes sociales o incluso el espiar lo que hace el otro pueden resultar en un exceso.

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Pie de foto,

"Siempre estamos mirando al 'Otro' porque somos seres con historia, porque le damos sentido a nuestras vidas en relación con los demás", resume la profesora Anne Chappell.

Cuando nuestros procesos cognitivos están sobrecargados al tratar de integrar información angustiosa en nuestros mundos internos, "solo agrava e intensifica el estrés y la ansiedad que la gente ya está experimentando", dice Romanoff.

Pero si miras Instagram para ver qué están haciendo tus amigos, viendo programas sobre trabajadores de salud o leyendo artículos sobre el impacto de la pandemia en la salud mental, estas no son actividades ociosas.

Incluso si es inconsciente, es una forma de hacer frente a las limitaciones de nuestro tiempo, procesar nuestras ansiedades personales y dar sentido a nuestro extraño mundo nuevo.

"Siempre estamos mirando al 'otro' porque somos seres con historia, porque le damos sentido a nuestras vidas en relación con los demás", resume Chappell.

Puedes leer aquí este artículo en inglés.

  • Krystin Arneson
  • BBC Worklife