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James Hamblin, doctor en medicina preventiva y salud pública, llevó a cabo un experimento que desafió las normas establecidas sobre la higiene personal.
(Instagram: @jameshamblin)
Mientras que en algunas épocas el baño era un lujo reservado para unos pocos, en la actualidad, ducharse a diario se considera una norma social en muchas culturas
Los hábitos de higiene personal han evolucionado a lo largo de la historia. Mientras que en algunas épocas el baño era un lujo reservado para unos pocos, en la actualidad, ducharse a diario se considera una norma social en muchas culturas. Sin embargo, algunos expertos cuestionan la necesidad de una limpieza tan frecuente. Así, la ducha diaria podría no ser tan necesario como se cree.
James Hamblin, doctor en medicina preventiva y salud pública, llevó a cabo un experimento que desafió las normas establecidas sobre la higiene personal. Durante cinco años, redujo drásticamente el uso de jabones y champús, limitándose a lavarse con agua. Su experiencia quedó reflejada en el libro Clean: The New Science of Skin, publicado en 2020, donde explora la historia de la limpieza y la higiene.
El experimento del Dr. James Hamblin
En una conversación con el corresponsal médico de CNN, Dr. Sanjay Gupta, Hamblin explicó los motivos que lo llevaron a este cambio: "Me hizo pensar: ¿para qué sirve todo esto? ¿Cuánto es necesario para la salud? ¿Y cuánto es solo una preferencia personal?" Su experimento no significó una eliminación total de la higiene, sino una reducción significativa. "No uso ningún tipo de champú. Me gusta lavarme con agua por la mañana", aseguró Hamblin, subrayando que su cuerpo se adaptó progresivamente a la ausencia de productos de limpieza convencionales. "Al principio, mi piel y mi cabello pasaron por una fase de ajuste. Pero con el tiempo, mi cuerpo empezó a autorregularse", afirmó.
Para Hamblin, la sociedad ha interiorizado ciertos estándares de limpieza sin cuestionar su verdadera necesidad. "Al entrar en cualquier farmacia, junto a los medicamentos para el resfriado y la gripe, hay pasillos de champús y jabones, muchos de los cuales tienen afirmaciones que parecen médicas sobre sus beneficios. Existe un gran halo de salud en torno a estos productos, y los consideramos productos de higiene, pero estigmatizamos a quienes no los usan, llamándolos asquerosos y desagradables", señaló. A su juicio, muchas de las prácticas de higiene actuales están determinadas más por normas sociales que por una necesidad médica.
El especialista explicó que la piel mantiene un equilibrio natural entre los aceites que produce y las bacterias beneficiosas que viven en su superficie, conocidas como microbioma cutáneo. Este ecosistema se altera cuando nos duchamos con agua caliente y utilizamos jabones, ya que estos productos eliminan no solo la suciedad, sino también los aceites naturales que actúan como una barrera protectora. "No es necesariamente malo, pero cambia la dinámica. Y si eres propenso a una cascada inflamatoria como ocurre con el eczema o el acné, puedes exacerbarla. Es como talar un bosque", aclara.
Además, planteó una cuestión fundamental: "Si observamos cómo muchos de esos productos realmente previenen la transmisión de enfermedades, más allá de lavarse las manos y asegurarse de no tener fluidos corporales, el resto se centra en hacernos ver, sentir y oler bien". En este sentido, sugiere que no todo lo que se considera limpieza tiene un impacto directo en la salud.
¿Ducharse en exceso es perjudicial?
Las declaraciones de Hamblin coinciden con los planteamientos de otros expertos e instituciones. Un artículo de la Universidad de Harvard plantea que la ducha diaria puede ser innecesaria e incluso perjudicial para la salud de la piel.
Harvard advierte que lavarse con demasiada frecuencia, especialmente con agua caliente y jabones agresivos, puede afectar la barrera natural de la piel, provocando sequedad, irritación y reacciones alérgicas. Además, el uso excesivo de jabones antibacterianos puede eliminar microorganismos beneficiosos, favoreciendo el crecimiento de bacterias más resistentes. No existe una recomendación única, pero los expertos sugieren que ducharse varias veces por semana es suficiente para la mayoría de las personas, salvo en casos de sudoración excesiva o exposición a suciedad. Según Harvard, una alternativa más saludable es reducir la duración de las duchas y concentrarse en limpiar zonas específicas como las axilas y las ingles.