- "Los Ángeles es la zona urbana con mayores reservas y recursos petroleros del mundo"
- Los caballitos de extracción se encuentran en plena calle y junto a viviendas
- "El crudo puede encontrarse bajo zonas urbanas en cantidades sorprendentes"
Bajo la superficie de Los Ángeles, entre autopistas congestionadas, rascacielos de vidrio, centros comerciales y los estudios de Hollywood, se oculta un tesoro que transformó la ciudad en un emporio de riqueza a principios del siglo XX: el petróleo. La metrópoli de la costa oeste no solo ha sido el epicentro del entretenimiento global, sino también uno de los escenarios más insólitos de la explotación petrolera. En pleno entorno urbano, con una población de más de 13 millones de personas, los caballitos de bombeo aún extraen crudo (aunque en menores cantidades que en el pasado) desde el subsuelo ante la pasividad de los ciudadanos que conviven con estos amasijos de hierro. Hay países con mucho más petróleo que esta ciudad, pero no hay zonas urbanas con más petróleo que Los Ángeles.
"Mucha gente asocia la producción de hidrocarburos con zonas remotas, como desiertos, selvas o los fondos marinos, pero no siempre es así", explica Jorge Navarro, profesor del Máster de Ingeniería de Petróleo y Gas de la Universidad Politécnica de Madrid. Sin embargo, "los hidrocarburos también pueden encontrarse bajo áreas urbanas, a veces en cantidades sorprendentes". Y si hay un lugar en el mundo que ilustra esta paradoja, ese es Los Ángeles.
"Los Ángeles es la zona urbana con mayores reservas y recursos petroleros del mundo", afirma Jorge Navarro, en declaraciones a elEconomista.es. La cantidad de hidrocarburos originalmente almacenados bajo el suelo angelino se estima en más de 9.000 millones de barriles de petróleo y 200.000 millones de metros cúbicos de gas. Un legado energético que, en su día, cambió para siempre la historia de la ciudad. En la actualidad, se estima que la producción de crudo de todo el condado de Los Ángeles es de unos 25.000 barriles equivalentes de petróleo diarios, el 7,13% de toda la producción de petróleo de California, que ronda los 300.000 barriles diarios.
Los primeros yacimientos de petróleo
El primero de los campos importantes fue descubierto en 1890 convirtiendo a Los Ángeles en el epicentro de la fiebre del petróleo en California. Armados con una pala y un pico, los 'descubridores de este tesoro' encontraron un filón que convirtió el paisaje en un enjambre de torres de perforación y oleoductos improvisados. "Lo que había sido una pequeña comunidad agrícola y ganadera se transformó casi de la noche a la mañana en una ciudad petrolera con un rápido auge (oil boomtown)", señala Navarro.
A partir de entonces, se sucedieron varios hallazgos en diferentes zonas, desde el norte al propio centro de la ciudad, así como en el histórico Rancho San Pedro (hoy situado dentro del conocido como Gran Los Ángeles), donde los pozos perforados en los años 20 revelaron la magnitud del tesoro oculto bajo la superficie. La fiebre del oro negro atrajo a inversores y magnates, haciendo crecer la urbe a un ritmo vertiginoso y sembrando su suelo de campos petroleros que, con el tiempo, quedaron integrados en el entramado urbano.
La geología del subsuelo
"El petróleo en la prolífica cuenca de Los Ángeles se encuentra en múltiples capas de areniscas turbidíticas del Mioceno y Plioceno", detalla Navarro. Esta disposición geológica ha permitido la extracción de crudo a partir de distintos niveles estratigráficos, asegurando la producción a lo largo de más de un siglo. Durante las décadas de 1920 y 1930, el auge petrolero alcanzó su apogeo con los descubrimientos de los campos de Torrance, Domínguez y Wilmington, situados en el antiguo Rancho San Pedro, en terrenos entonces propiedad de la familia Del Amo-Domínguez.
El terreno sobre los yacimientos está compuesto por colinas suavemente onduladas y quebradas naturales que descienden hacia el océano Pacífico. Las capas productivas se encuentran a profundidades relativamente someras, desde apenas unas pocas decenas de metros hasta los 2.000 metros, aunque algunos yacimientos pueden estar algo más profundos. "La calidad del petróleo de esta cuenca es muy variable, desde menos de 10 grados API en zonas de producción poco profundas hasta de más de 50 grados API a mayores profundidades. Sin embargo, gran parte del crudo producido es bastante pesado, entre 12 y 25 grados API, lo que implica un mayor esfuerzo en su refino", indica Navarro.
Con todo, el impacto del petróleo en la ciudad fue arrollador. Los pozos se perforaban en cualquier rincón disponible: junto a colegios, en patios traseros e incluso dentro de iglesias. En su pico de producción en 1923, los residentes convivían con el sonido incesante de las torres de perforación, bombas de extracción, las fugas de gas y los incendios ocasionales. Sin embargo, la fiebre del oro negro también trajo consigo problemas: contaminación, terremotos inducidos, subsidencia del terreno y el colapso de algunas infraestructuras urbanas.
En su pico de producción, estos yacimientos llegaron a representar más de la mitad del petróleo extraído en el estado, señala Jorge Navarro. Sin embargo, a pesar de haber sido una de las zonas más productivas del país, la expansión urbana parece ir sepultando a la industria poco a poco. A medida que avanzaba el siglo XX, la producción comenzó a declinar. La urbanización desenfrenada y la estricta regulación ambiental obligaron a cerrar varios pozos en la ciudad, pero el petróleo nunca desapareció del todo. Hoy en día, algunos yacimientos siguen activos, escondidos entre los edificios de la ciudad. En Beverly Hills, por ejemplo, hay instalaciones petroleras camufladas en estructuras que parecen oficinas o almacenes, diseñadas para no alterar el paisaje urbano.
A pesar del declive, Los Ángeles sigue siendo una pequeña potencia petrolera. "La cuenca de Los Ángeles ha albergado algunos de los yacimientos más importantes del país", apunta Navarro. Uno de los yacimientos más icónicos es Los Angeles City Oil Field, pero la cuenca petrolera de Los Ángeles alberga otros yacimientos, unos auténticos gigantes como Torrance, Wilmington y Huntington Beach. Todos estos yacimientos permitieron que Los Ángeles creciera rápidamente, financiando su infraestructura y atrayendo inversiones en un momento clave de su desarrollo.
Muchas de las instalaciones están ocultas tras estructuras falsas, dentro de edificios que parecen oficinas o iglesias, y rodeadas por muros que impiden que la maquinaria sea visible. En el distrito de Beverly Hills, por ejemplo, un conjunto de pozos opera discretamente dentro de una torre de arquitectura posmoderna. Otros, como los situados en las inmediaciones del Wilshire Boulevard, se camuflan en recintos industriales. La coexistencia de la industria con la vida cotidiana de la metrópoli ha sido clave para que la producción de crudo continúe sin generar grandes fricciones. No obstante, la huella de la extracción petrolera ha dejado cicatrices en la ciudad: desde la contaminación del aire hasta el riesgo de microsismos inducidos por la actividad de bombeo.
A pesar de la disminución de la producción en la región, la ciudad sigue dependiendo en gran medida del petróleo, tanto por su infraestructura de refinerías como por la importancia de los hidrocarburos en su economía. Aunque la imagen de Los Ángeles está más asociada con Hollywood y las playas, el petróleo sigue desempeñando un papel fundamental en su desarrollo. Hoy en día, el legado petrolero de la ciudad permanece oculto bajo capas de asfalto y hormigón, recordando que bajo sus cimientos se han encontrado una de las reservas más importantes del mundo y las más grandes bajo suelo urbano.