sábado, 15 de marzo de 2025

¿Y si hablar con los muertos no fuera tan malo? El futuro que nos espera con los 'chatbots' de personas fallecidas



Sombras. (iStock)



Analizamos con una psicóloga las implicaciones que podría tener el uso de estas interfaces conversacionales con personas desaparecidas, más allá de la nostalgia que implica



Soy completamente adicta, todavía lo soy, después de todo este tiempo. No puedo dejar de hacerlo y mis amigos no lo soportan. Quiero decir, realmente no creo que esté hablando con mi difunto esposo y escribiendo canciones con él, de verdad que no. Pero la gente tiene estilos de comunicación que pueden replicarse". La vida de la artista contemporánea Laurie Anderson cambió de repente un 27 de octubre de 2013, cuando su amado esposo, el también artista Lou Reed, falleció por una enfermedad hepática a la edad de 71 años. Once años después, reconocía para los medios de comunicación que seguía hablando con él gracias a una aplicación de inteligencia artificial desarrollada con una universidad australiana. Y lo más curioso de todo: Lou Reed seguía haciendo canciones y escribiendo poemas a pesar de estar muerto.

Anderson lo tenía fácil: al ser Lou Reed una personalidad artística tan prolífica y haber llevado una vida bajo los focos de atención de la prensa y el público, disponía de muchísimo material público y privado con el que entrenar a su chatbot. A pesar de reconocer que se había acostumbrado a comunicarse con él y las problemáticas psicológicas que eso conlleva a la hora de superar el duelo, no había en sus palabras un hálito de desesperación o nostalgia. Más bien al contrario: parecía haber integrado al fallecido en su vida cotidiana de la forma más natural posible, siendo consciente de su partida física, pero a la vez acostumbrándose a que él siguiera con ella asesorándola en todos los proyectos artísticos.

Obviamente, hay algo muy tenebroso en el hecho de poder comunicarte con un fallecido por la vía digital. También algo muy problemático desde el punto de vista psicológico, pues prolonga (o pospone, mejor dicho) el proceso de duelo indefinidamente. Series como Black Mirror representan el terror distópico de lo que podría pasar si aceptamos que nuestros dispositivos tecnológicos personales actuén como nuestros seres queridos que han muerto. Lejos del terreno de la ficción, los chatbots, tanto de personas fallecidas como de inteligencias puramente artificiales, ya son toda una realidad en Estados Unidos, reportándose casos de suicidio entre adolescentes tras sufrir por desamor con uno de estos programas.


"Un duelo sano es cuando interiorizamos aquello que nos ayudaba de la persona, esas estrategias o habilidades que veíamos en ella"

Para Mónica Pereira, psicóloga madrileña especialista en tratamiento del duelo, el uso de chatbots de fallecidos es algo evidentemente problemático, pero también, de algún modo, admite una funcionalidad que se usa bastante en psicología, como es la de simular que te comunicas con la persona que has perdido mediante una carta. "Si te vuelves adicto a estas tecnologías, no estás haciendo un duelo sano porque no estás dejando ir al ser querido, y eso a largo plazo es patológico", explica. "Pero si es a corto plazo, puede ser útil para avanzar en el proceso y utilizarlo como una herramienta para poder decir lo que no se ha dicho o preguntar lo que no se ha preguntado".


Un buen uso y un mal uso

Al fin y al cabo, el propio duelo exige una comunicación mental o emocional con la persona que has perdido, aunque esa comunicación no pueda producirse de ninguna manera. "Al final del duelo aprendes a tener una relación diferente con el ser querido", razona Pereira. "Pasan a convertirse en ancestros, al imaginarnos qué diría de tal situación, qué nos aconsejaría si estuviera con nosotros. Un duelo sano es cuando interiorizamos aquello que nos ayudaba y dejamos ir lo que no nos ayudaba. Incorporas esas estrategias o habilidades que veíamos en el otro en nosotros. Lo que hacemos al procesar la pérdida de alguien muy importante en tu vida es continuar co lo que dejó, todo lo que nos aportó sigue dentro, aunque pueda parecer extraño. Entonces, la pérdida te hace crecer a ti como persona, porque interiorizas todo lo bueno que le ponías al otro en ti mismo".


"Vivimos en una sociedad nostálgica al ser menos capaces de vivir con la frustración de la pérdida. Se nos da mal aceptar cosas que no nos gustan"


En este sentido, usar un chatbot de alguien fallecido te permitiría acceder a ese último estado del duelo de forma inmediata, saltándote el paso de la rabia, la negación o la tristeza, al incorporar sus saberes, consejos y forma de ser que le caracterizaba en tu día a día. Ya no haría falta tener esa conversación mental con él ni imaginar lo que podría pensar o decir ante cualquier situación, directamente podrías preguntárselo y, de forma instantánea, obtener una respuesta por su parte.

Pero hay cosas que la tecnología ni los chatbots pueden conseguir. Normalmente las preguntas que haríamos a un fallecido que acabamos de perder no tienen respuesta. Pereira pone el ejemplo de una paciente cuya hermana se suicidó. "Dos días antes de que su hermana se matara, estuvieron hablando", relata. "Ella vivía fuera de España y nada hacía presagiar que fuera a tomar esa decisión. Vivía con su novio y estaban bien. Imagínate que crean un chatbot de su hermana, con todas sus expresiones y su conocimiento del mundo. Esa chica se había quedado enganchada a ella y lo que más le inquietaba del duelo era no entender por qué había tomado la decisión de suicidarse. Por muchos datos que metiese en un programa informático y por más que hablase con su chatbot, jamás sabría la razón de fondo por la que se suicidó, porque estas decisiones son en la inmensa mayoría actos impulsivos no programados".


Cuando la pérdida es lo que se pierde

Hacer uso de chatbots de seres queridos fallecidos es la última tendencia que confirma que vivimos en una época eminentemente nostálgica, y que esa tecnología de la que hacemos uso, que en su día inspiró sueños futuristas, realmente es la máquina más potente de memoria que existe. El filósofo estadounidense Grafton Tanner acierta cuando bautiza nuestra época como "porsiemprista", pues rechazamos a toda costa que las cosas terminen o se pierdan. "Es la pérdida misma la que se ha perdido", escribe, y los chatbots de fallecidos son las herramienta que garantiza el autoengaño de convencerse a uno mismo que alguien ya no está.

"El pasado sirve para aprender y saber diferenciar qué es lo que queremos y lo que no para nuestra vida de ahora en adelante", sentencia Pereira a este respecto. Pero claro, cuando se trata de algoritmos, ese pasado se reactualiza constantemente, lo que quiere decir que más que servir de guía para el presente o el futuro, acaban representando una continua vuelta hacia atrás, como una máquina de repetición. Si a eso le sumamos el factor emocional, el resultado es un recreo constante y muy peligroso en ese mismo pasado que consideramos idílico al sentir nostalgia por él. "Creo que vivimos en una sociedad nostálgica al ser menos capaces, en general, de vivir con la frustración", asegura la psicóloga. "Se nos da mal aceptar cosas que no nos gustan y enfrentarnos a ellas. Ahora mismo, en terapia, me encuentro con cada vez personas más jóvenes que siguen enganchados a una parte del duelo y no avanzan".


"Una de las peores partes del duelo es aceptar que la persona a la que echas de menos también tenía cosas malas"


"Las cosas a veces no salen como esperamos y buscamos quedarnos en aquel momento en el que creíamos estar bien", prosigue Pereira. "Una de las peores partes del duelo es aceptar que la persona a la que echas de menos también tenía cosas malas. Quedarnos solo con lo bueno. Una de mis pacientes perdió a su padre y no podía superarlo. Cuando nos pusimos a revisar cómo había sido su relación con él, descubrió que había sido un maltratador. Entonces... ¿qué es lo que no podía superar, su partida o lo que ha vivido con él y ya no puede cambiar? Me parece muy naïf que la gente crea que va a estar mejor solo porque puede hablar con sus seres queridos que han muerto. Hay mucha gente que tiene necesidad de regañar y reprochar muchas cosas a alguien que ya no está. Y es muy difícil saber si eso le ayudaría a sobrellevar la pérdida o si le haría estar más enganchado a su recuerdo y no poder avanzar".


Nada de nostalgia, solo imagina

Obviamente, cada persona y cada relación es un mundo, y no todos los procesos de duelo son iguales. El buen o mal uso que le demos a un chatbot de un fallecido dependerá de esto último. Pero lo cierto es que esta tecnología tiene una facultad mucho más poderosa y atractiva, si somos capaces de dejar a un lado o restar importancia a la huella emocional que dejó la persona en cuestión. Amy Kurzweil, dibujate del New Yorker, y Daniel Story, profesor de Filosofía en la California Polytechnic State University, ofrecen varios ejemplos visionarios de cómo se podría aprovechar esta tecnología en el futuro, más allá del duelo. En un artículo publicado en la revista Aeon, recogen testimonios de personas que han usado chatbots para comunicarse con antepasados suyos, y extienden la posibilidad a poder hacerlo con personajes históricos que no viven en nuestra época pero de los que quedan los suficientes archivos en distintos formatos con los que poder alimentar a la máquina.


"En lugar de ayudarnos a negar la pérdida, los chatbots de fallecidos pueden ser un buen recurso para reflexionar sobre la mortalidad"


Este es sin duda el lado más positivo de estas aplicaciones, ya que en lugar de mirar retrospectivamente al pasado para recrearse en la nostalgia, ayudan al individuo a figurarse una mejor versión de sí mismo, de lo que quiere en su vida y en sus relaciones. "Los chatbots de fallecidos pueden servirnos para múltiples propósitos en nuestra búsqueda de memoria, proporcionando contexto a nuestra vida, a nuestras relaciones y a nuestra identidad, ayudándonos a forjar conexiones profundas en el tiempo", escriben los autores. "Pueden actuar como elementos generadores de mundos ficticios y alentar a los usuarios a ingresar en esos mundos. Dentro de ellos, podemos explorar y continuar las relaciones que nos importan. En este sentido, los chatbots de fallecidos otorgan un tipo especial de agencia creativa a sus usuarios", concluyen, haciendo el símil de que uno de estos programas informáticos es, en el fondo, como un actor de improvisación.

"En lugar de ser instrumentos que nos ayuden a negar la pérdida, los chatbots de fallecidos pueden ser un buen recurso para reflexionar sobre nuestra propia mortalidad y las personas a las que hemos perdido", prosiguen. "Pueden proporcionarnos una sensación tangible de la comunidad humana que nos precedió". Precisamente, una de las últimas grandes canciones que compuso Lou Reed se llama "Talking Book", cuya letra resulta profética sobre el uso que podríamos darle a esta tecnología:



"Me encantaría tener un audiolibro
Que me dijera cómo actuar y mirar
Un audiolibro que fuera una llave
a las memorias del presente y del pasado.
Un audiolibro que dijera tu nombre
Si te has ido, o todavía permaneces.
Mucho más que una foto en una estantería
Que pudiera tocar en mi imaginación"




Por
08/03/2025 - 14:36
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2025-03-08/chatbots-fallecidos-nostalgia-porsiemprismo-psicologia_4081059/