miércoles, 12 de marzo de 2025

Financial Times: El coste económico del asalto de Trump al orden global

 

Banderas de EEUU, México y Canadá en representación de la guerra comercial que ha iniciado Donald Trump.DREAMSTIMEEXPANSION


Estados Unidos está intentando desmantelar el sistema de libre comercio que creó.

El 3 de marzo, Donald Trump tomó dos decisiones muy importantes. Una fue imponer aranceles del 25% a Canadá y México y del 10% a las importaciones chinas, además del 10% impuesto el mes pasado. Todo apunta a que también se aplicará un arancel del 25% a las importaciones de la UE. Juntas, estas cuatro economías producen el 61% de las importaciones de bienes de Estados Unidos. La otra decisión, más importante, fue suspender la ayuda militar estadounidense a Ucrania, lo que le da al asediado país lo que parece ser una elección de Hobson entre la rendición y la derrota. El amigo de Trump, Vladimir Putin, debe de sentirse extasiado: el presidente de EEUU está destrozando a Occidente ante su mirada feliz.

Se trata simplemente de dos conjuntos de decisiones dentro del torbellino que envuelve la segunda presidencia de Trump. Pero para el mundo exterior, son de enorme importancia. Representan el fin de las relaciones comerciales liberales, predecibles y regidas por reglas con el país más poderoso del mundo y también el que creó el propio sistema. También ponen de manifiesto el abandono por parte de Estados Unidos de alianzas y compromisos fundamentales en favor de una relación más estrecha con un antiguo enemigo. Sin duda, Trump piensa que Rusia es más importante que Europa.

En ambos casos, está muy equivocado. Como señala Maurice Obstfeld, ex economista jefe del FMI, los déficits comerciales de Estados Unidos no son consecuencia de los abusos de sus socios comerciales, sino del exceso de su gasto sobre los ingresos. El factor que más influye en los déficits comerciales de Estados Unidos es su abultado déficit fiscal federal, que actualmente ronda el 6% del PIB. El plan del Senado controlado por los republicanos de hacer permanentes los recortes impositivos de Trump de 2017 garantiza que este déficit persistirá al menos mientras los mercados lo financien. Dicho lo cual, los intentos de acabar con los déficits comerciales con aranceles carecen por completo de sentido.

Para entender esto se necesitarían algunas nociones de macroeconomía que Trump desconoce totalmente. Pero este no es su único error. Trump también dice: "Seamos sinceros, la Unión Europea se creó para fastidiar a Estados Unidos. Ése es su propósito. Y lo han hecho muy bien". Además, ha dicho de Europa que "No compran nuestros coches, ni nuestros productos agrícolas, no compran casi nada y nosotros les compramos todo". Estas quejas son absurdas. La UE se creó para desarrollar relaciones económicas prósperas y cooperación política en un continente devastado por dos terribles guerras. Estados Unidos comprendió desde el principio y fomentó activamente esta sensata iniciativa. Pero, por desgracia, ese era un Estados Unidos muy diferente al despropósito autocompasivo en el que se ha convertido.

Además, como señala el economista danés Jesper Rangvid en su blog, Trump sólo se fija en el comercio bilateral de bienes, ignorando el comercio de servicios y las ganancias de capital y trabajo. Resulta que los ingresos que Estados Unidos obtiene de sus exportaciones de servicios, al menos a la eurozona, y los rendimientos del capital y los salarios del trabajo que ha exportado allí compensan sus déficits bilaterales de bienes. La balanza por cuenta corriente bilateral de la eurozona con Estados Unidos está cerca de cero, aunque ni siquiera esto importa. Los saldos bilaterales de bienes por sí solos son menos significativos incluso que los saldos bilaterales en su conjunto. Teniendo en cuenta cómo genera ingresos, Trump ha tenido un gran déficit de bienes toda su vida y no parece que eso le haya perjudicado. Para México y Canadá, el coste económico de estos aranceles será alto, ya que sus exportaciones de bienes a Estados Unidos representaron el 27% y el 21% del PIB, respectivamente, en 2023. Las exportaciones de bienes de la UE a Estados Unidos representaron solo el 2,9% de su PIB en 2023. Por lo tanto, en este caso, el impacto del arancel del 25% no sería tan elevado, pero seguiría siendo un acto de guerra económica injustificable y, de hecho, analfabeto desde el punto de vista económico. La UE tendría que tomar represalias y las relaciones transatlánticas sufrirían un severo desgaste.

Incluso la guerra comercial, por indignante que resulte, es insignificante en comparación con la emboscada que el presidente y el vicepresidente de Estados Unidos le tendieron a Volodímir Zelenski en el Despacho Oval el viernes pasado y la posterior suspensión de la ayuda militar a Ucrania. Es probable que el objetivo sea obligar a Zelenski a firmar el acuerdo sobre las tierras raras, pero el principal problema es que Zelenski desconfía de Putin, por motivos más que justificados, y ahora tampoco tiene argumentos para confiar en Trump. Es probable que Trump quiera un "acuerdo de paz", pero ¿por qué Putin aceptaría uno genuino si ya controla parte de Ucrania? Ambos dirigentes subestiman la voluntad de los ucranianos de ser un pueblo libre.

Pero si se quiere lograr ese objetivo, Europa tendrá que asumir la carga de asegurar su propia defensa y apuntalar la de Ucrania. Friedrich Merz, el próximo canciller de Alemania, tenía razón cuando aseguró que su "prioridad absoluta será fortalecer a Europa lo más rápido posible para que, paso a paso, podamos lograr la independencia de Estados Unidos". Esos pasos también deben tomarse rápidamente. Una de las medidas será acelerar la transferencia a Ucrania de los más de 200.000 millones de euros de reservas rusas confiscadas. Otra será una enorme apuesta por la defensa, ahora que EEUU ha renunciado a su compromiso con la OTAN.

La población de la UE sumada a la de Reino Unido es 3,6 veces superior a la de Rusia y el PIB, en poder adquisitivo, 4,7 veces mayor. El problema, entonces, no es la falta de recursos humanos o económicos: a largo plazo, si Europa (un gran si) pudiera cooperar de forma eficaz, podría equipararse militarmente a Rusia. Pero la dificultad está en el medio plazo, ya que Europa no puede fabricar algunos equipos militares cruciales, de los que ella y Ucrania dependen. ¿Se negaría Estados Unidos a suministrar esas armas si los europeos las compraran? Semejante negativa a suministrarlas supondría un punto de inflexión.

Trump está librando una guerra económica y política contra los países aliados y dependientes de Estados Unidos. Pero la pérdida consiguiente de la confianza de los países que solían compartir sus valores terminará teniendo un enorme coste también para Estados Unidos.


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