- El 24 de marzo del 2000 el S&P 500 tocó el techo de aquel ciclo en su cotización
- El miedo a una recesión y la subida de tipos de la Fed contribuyeron al estallido…
- …pero la clave fue la avaricia que llevó al mercado a invertir en 'promesas' sin beneficios
Se han cumplido 25 años de los máximos que tocó el S&P 500 en la burbuja puntocom. El 24 de marzo del año 2000 el S&P 500 cerró la sesión en los 1.527,35 puntos y, todavía sin saberlo, este nivel marcó el techo que se tocó justo antes de que estallase una de las mayores burbujas de la historia: la de la tecnología de principios de siglo. El final de esta fiebre de inversión en todo lo que tuviese cualquier relación con Internet dejó varias lecciones para los inversores y recuerda la rapidez a la que puede explotar una burbuja especulativa. Ahora, en un momento en el que muchos inversores están tratando de aprovechar el nacimiento de una nueva tendencia digital, la de la inteligencia artificial, las diferencias con el estallido de la burbuja de principios de siglo son notables, a pesar de que pueda haber ciertas similitudes.
La formación de la burbuja puntocom se prolongó durante los últimos años del siglo XX. La llegada de Internet generó una fiebre por las acciones de compañías que tuviesen cualquier relación con esta 'nueva' tecnología, que prometía revolucionar el mundo tal y como se conocía. En este sentido, Internet cumplió, ya que su adopción ha cambiado el mundo por completo. Sin embargo, por el camino, el estallido de la burbuja puntocom fue uno de los eventos bursátiles más traumáticos que se recuerdan.
En los cinco años previos al estallido de la burbuja, entre agosto de 1995 y marzo del año 2000, el S&P 500 casi triplicó su cotización. En estos años, muchas cotizadas estadounidenses vieron una oportunidad en la llegada de Internet y, aprovechando un contexto en el que todo parecía alineado para la inversión en esta nueva tendencia, se lanzaron a buscar clientes con el reclamo puntocom. En aquel momento muchos bancos de inversión fomentaban la entrada de capital en tecnología, y la Reserva Federal mantenía tipos de interés atractivos para la inversión.
El estallido de la burbuja
Después de varios años de ganancias desmesuradas en los mercados financieros (ganancias que fueron inflando la bola de nieve a medida que más y más inversores acudían al mercado animados por los beneficios que se estaban consiguiendo), en los meses previos al 24 de marzo del año 2000 empezaron a aparecer algunas señales de peligro.
Una de las más importantes fue la subida de tipos de la Reserva Federal. En junio de 1999, con los tipos en el 4,75%, la Fed dio comienzo un proceso de incremento en el precio del dinero que terminó con el tipo de referencia en el 6,5%, en mayo del año 2000. En medio de esta subida de tipos empezó a surgir el miedo de muchos inversores por el daño que podía suponer para las empresas, y más para aquellas que habían asumido deudas por encima de sus posibilidades. Esto no era algo poco común, en un periodo en el que muchas compañías optaron por una estrategia de "crecer a toda costa", gastando cantidades desorbitadas en márketing, como anuncios de la SuperBowl, para tratar de ganar cuota de mercado.
Poco a poco empezaron a surgir banderas rojas que desembocaron en el estallido de la burbuja. Además de la subida de tipos de interés de la Fed, el 13 de marzo del año 2000 se conoció que Japón había vuelto a entrar en recesión técnica. El país nipón había sufrido una recesión en los dos años previos al nuevo milenio y su recaída empezó a poner nerviosos a muchos inversores por el temor a que se pudiese producir un frenazo de la economía mundial. Las primeras piedras de la vuelta a la realidad de los mercados estaban ya colocadas.
El día 20 de marzo, la revista Barron's publicó un artículo que avisaba de cómo muchas compañías relacionadas con Internet corrían grave peligro de quiebra. Ese mismo día, MicroStrategy, la compañía que hoy vuelve a ser conocida por su arriesgada estrategia de comprar bitcoins, reconoció públicamente que tenía que rehacer sus cuentas, por irregularidades, y las acciones de la firma se hundieron más del 60% en un solo día.
El siguiente día, 21 de marzo, la Reserva Federal llevó a cabo una de las subidas de tipos de interés de aquel ciclo, pero en esta ocasión el aumento en el precio del dinero tuvo una consecuencia especialmente preocupante: la curva de intereses de la deuda estadounidense se invirtió, una señal que, a lo largo de la historia, ha sido un presagio de que se avecinaba una recesión económica. La realidad era que el mercado empezaba a ver señales preocupantes, y los inversores en renta fija empezaron a descontar bajadas de tipos a corto plazo por parte del banco central estadounidense.
Si el Nasdaq ya había tocado techo, el 10 de marzo del año 2000, al S&P 500 todavía le quedaron unos días de subidas, hasta alcanzar el suyo propio el 24 de marzo. Durante estos 14 días, parte del dinero que salió de acciones tecnológicas recayó en firmas más tradicionales, lo que contribuyó a que el S&P aguantase unos días más antes de que estallase la burbuja.
Ya en abril, el estallido parecía cosa hecha: una sentencia contra Microsoft por posición monopolística generó una caída del 15% en las acciones de la firma, coincidiendo con la publicación de Bloomberg de varios artículos que alertaban de las sobrevaloraciones, como el que firmó Catherine L Yap-Yang el 3 de abril del 2000, titulado: "La tierra llamando a los contables puntocom". El final de la burbuja estaba servido.
Las diferencias con la situación actual
Hay inversores que pueden estar preocupados por las aparentes similitudes entre la burbuja puntocom y la situación actual de los mercados financieros. Las subidas de las grandes firmas tecnológicas han sido vertiginosas en los últimos años, y ha desembocado en un contexto en el que, como se ha visto en las últimas semanas, el nerviosismo de los mercados ha generado rápidas caídas de la bolsa americana en cuanto han aparecido algunas señales de dudas sobre el crecimiento económico.
Sin embargo, hay algunos datos del mercado que dejan claro que la situación actual presenta diferencias notables con la que se vivía hace un cuarto de siglo. En primer lugar, la formación de la burbuja fue mucho más abrupta en el año 2000 de lo que han sido las subidas que se han visto en bolsa en los últimos años. La diferencia más importante, eso sí, es muy evidente: los beneficios.
Las grandes tecnológicas actuales, conocidas como Las Siete Magníficas, no han recibido este nombre sin motivo: estas firmas se encuentran entre las más rentables del mundo, con una estabilidad financiera envidiable, si se tiene en cuenta su endeudamiento y la previsión de beneficios que mantienen los analistas. En el año 2000, por el contrario, el mercado de la tecnología estaba lleno de compañías que no tenían siquiera beneficios, y todo se basaba en la promesa de que Internet las posicionaría como grandes ganadores en el futuro. Fue el caso, en algunas pocas, como Amazon.com o Microsoft, pero no en la gran mayoría de compañías que estaban en esta situación.
Según los cálculos de Bloomberg, el índice tecnológico Nasdaq cotizaba en 1999 a 90 veces su beneficio, una valoración que contrasta con la que se paga ahora, del entorno de las 35 veces para el selectivo. Aunque se puede considerar una sobrevaloración, y es una ratio superior a la media histórica, la diferencia con el momento previo al final de la burbuja de principio de siglo es más que evidente.