viernes, 17 de julio de 2026

Ni Sevilla ni Bilbao: la única ciudad española que se ha 'colado' entre las mejores del mundo para viajar solo (y supera a Berlín y Estambul)



(Fuente: iStock)


El turismo en solitario continúa ganando cada vez más adeptos en todo el mundo y está modificando el mapa de los destinos preferidos por quienes buscan disfrutar de las ciudades a su propio ritmo



Viajar en solitario se ha convertido en una de las grandes tendencias del turismo internacional. Lo que hace apenas unos años era una opción minoritaria, hoy ya es una forma de viajar cada vez más habitual entre quienes buscan libertad para organizar su propio itinerario, descubrir destinos a su ritmo y vivir experiencias sin depender de nadie más. En este contexto, hay una ciudad española que ha logrado destacar en una clasificación global que reúne a los destinos favoritos de los llamados solo travelers.

Se trata de Alicante, la única representante española en el ranking elaborado por la plataforma de free tours GuruWalk, que ha analizado las reservas registradas entre junio de 2025 y junio de 2026. La ciudad mediterránea ocupa el puesto 45 de una lista formada por 50 destinos de todo el mundo y consigue situarse por delante de grandes referentes turísticos internacionales como Berlín o Estambul.


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(Fuente: iStock)

La clasificación se ha elaborado a partir de las 150 ciudades con mayor volumen de reservas en la plataforma. Posteriormente, se calculó qué porcentaje de esas reservas correspondía a viajeros que se desplazaban solos. El resultado ofrece una radiografía de los lugares que más atraen a quienes prefieren descubrir el mundo por su cuenta.

Que Alicante aparezca en esta clasificación no es casualidad. La ciudad reúne varios ingredientes especialmente valorados por los viajeros independientes: un tamaño manejable, una amplia oferta cultural, buenas conexiones de transporte y una climatología agradable durante gran parte del año. El castillo de Santa Bárbara, uno de los grandes símbolos de la ciudad, permite contemplar unas vistas privilegiadas de la costa mediterránea. A pocos minutos se encuentran el paseo de la Explanada de España, el casco antiguo del barrio de Santa Cruz y algunas de las playas urbanas más populares de la Comunidad Valenciana.

A ello se suma una atmósfera relajada que facilita explorar la ciudad caminando, algo especialmente apreciado por quienes viajan solos. Además, su aeropuerto internacional conecta Alicante con decenas de ciudades europeas, convirtiéndola en una puerta de entrada cómoda para visitantes procedentes de distintos países.

Según los datos de GuruWalk, el 31% de las reservas realizadas en Alicante corresponden a viajeros en solitario, una cifra que le permite entrar en el selecto grupo de ciudades que más atraen a este perfil turístico.


Por delante de Berlín y Estambul

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la posición que ocupa Alicante respecto a otros destinos de enorme popularidad internacional. Berlín, considerada una de las capitales culturales más importantes de Europa, aparece en el puesto 49 con un 27% de viajeros en solitario. Por su parte, Estambul, la histórica ciudad situada entre Europa y Asia y uno de los destinos más visitados del planeta, cierra la clasificación en la posición número 50 con un 26%.

Aunque ambas ciudades siguen recibiendo millones de turistas cada año, el informe refleja que una mayor proporción de sus visitantes continúa viajando en pareja, con amigos o en familia. Alicante, en cambio, destaca por atraer a un porcentaje superior de personas que optan por recorrer el destino sin compañía.

La presencia de Alicante como única ciudad española puede resultar sorprendente si se tiene en cuenta el peso turístico de Madrid y Barcelona. Sin embargo, el estudio no mide el número total de viajeros en solitario, sino el porcentaje que representan respecto al conjunto de visitantes de cada destino. De hecho, estas dos grandes ciudades con más reservas de free tours realizadas por personas que viajan solas. La capital española ocupa la primera posición mundial por volumen absoluto de reservas de este tipo, mientras que Barcelona se sitúa en tercer lugar.

Sin embargo, al analizar la proporción sobre el total de turistas, ambas ciudades quedan fuera de los 50 primeros puestos. En Madrid, los viajeros en solitario representan el 25% de las reservas, mientras que en Barcelona alcanzan el 26%, cifras inferiores a las registradas en Alicante. Estos datos reflejan que tanto Madrid como Barcelona siguen siendo destinos especialmente populares entre familias, parejas y grupos organizados, mientras que Alicante presenta un perfil más equilibrado y atractivo para quienes viajan por su cuenta.


Toronto lidera la clasificación mundial

El ranking elaborado por GuruWalk está encabezado por Toronto, en Canadá, donde el 50,5% de las reservas fueron realizadas por viajeros en solitario. La ciudad canadiense destaca por su diversidad cultural, sus barrios multiculturales y la facilidad para recorrerla de manera independiente.

Tras ella aparecen Santa Ana, en El Salvador, con un 50%, y São Paulo, en Brasil, junto a Taipei, en Taiwán, ambas con un 49,5%. Completan las primeras posiciones Kuala Lumpur, La Paz y Hong Kong, todos ellos destinos que destacan por su mezcla de cultura, accesibilidad y experiencias adaptadas a quienes prefieren viajar solos.

La clasificación también confirma el creciente atractivo de Asia para este perfil de turista. Ciudades como Singapur, Seúl, Bangkok, Shanghái o Chiang Mai aparecen entre las veinte primeras posiciones gracias a factores como la seguridad, las buenas infraestructuras y la facilidad para desplazarse.

El auge de los viajes en solitario responde a varios factores. Cada vez más personas valoran la libertad de organizar su tiempo sin compromisos, adaptar el presupuesto a sus necesidades y tomar decisiones espontáneas durante el viaje. Además, el desarrollo de plataformas digitales, actividades grupales y experiencias compartidas facilita que los viajeros independientes puedan conocer gente nueva durante el recorrido sin renunciar a la autonomía que buscan.


jueves, 16 de julio de 2026

China llenó sus calles de coches eléctricos y ahora se enfrentan a lo más difícil: el reto ecológico de más de un millón de toneladas

 

Alamy


  • Fabricantes y vendedores son ahora responsables del reciclaje para afrontar el problema medioambiental de las baterías


China se ha convertido en el referente mundial de los coches eléctricos. A lo largo de las últimas décadas, el gigante asiático ha creado una infraestructura enorme alrededor de ellos con enormes fábricas, marcas punteras y coches con la última tecnología disponible a precios bajos.

Este cambio a nivel nacional también se notó en las carreteras, donde los eléctricos han ido sustituyendo a los de combustión. Y mientras esta revolución tecnológica parecía ser la solución definitiva para acabar con los problemas medioambientales que provocan los coches, China se ha topado con un enorme problema que tiene que resolver.

En concreto, los vehículos eléctricos generar una enorme cantidad de residuos en forma de su baterías gigantes que los impulsan. Según el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información chino, para 2030 se enfrentarán a un millón de toneladas de baterías usadas, por lo que el país está en una carrera contra el tiempo para buscarle una solución.

Esto es porque los coches eléctricos venían a reducir las emisiones, pero los cementerios de baterías se han situado como un problema, aunque por suerte China ya trabaja en planes para tratar de darles una segunda vida aprovechando hasta la última pieza posible de estas.

Las baterías de los coches eléctricos están compuestas de litio, níquel, cobalto, manganeso, cobre y aluminio, materiales de alto valor que si se reciclan correctamente pueden volver a utilizarse en la cadena operativa. Para ello, el gobierno chino quiere controlar todas las baterías que se producen, y mediante un nuevo sistema de trazabilidad pretenden dar respuesta a este problema.

Y desde el 1 de abril de 2016, China impuso la norma de que toda batería de un vehículo de nueva energía tenga una identidad digital. De esta manera se aseguran de que se sepa dónde está la batería en todas las etapas de su vida, y que una vez se agote poder saber dónde está para reciclarla correctamente y crear así una economía circular en las baterías.

Para ello, las autoridades han centrado la responsabilidad en fabricantes, vendedores, operadores logísticos y recicladores, ya no vale con solo producir los coches o venderlos, sino que también hay que tener un plan de reciclaje responsable. En una industria que no deja de producir millones de baterías, tomar medidas para cuando estas sean inservibles es crucial para afrontar este problema ecológico al que hasta ahora no se le había puesto el foco.

Además, esta medida de reciclaje responsable tiene un segundo beneficio más allá de reducir el impacto medioambiental. Y es que como decíamos, estas baterías contienen recursos muy valiosos, y recuperarlos y darles una segunda vida en instalaciones industriales, redes eléctricas o incluso en edificios, reduciría la presión sobre la minería para conseguir estos mismos materiales disminuyendo los costes.

China está marcando el camino de las transición hacia la electrificación de los coches, y como demuestra esta nueva normativa, no vale solo con producir y usar, sino que dentro de la estrategia hay que incluir los pasos posteriores: reutilizar, reciclar y recuperar materiales.


https://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/13959040/06/26/china-lleno-sus-calles-de-coches-electricos-y-ahora-se-enfrentan-a-los-mas-dificil-el-reto-ecologico-de-mas-de-un-millon-de-toneladas.html

miércoles, 15 de julio de 2026

Crecen los tours para posturear en Instagram: "Estamos convirtiendo el mundo en un decorado"



Decenas de personas apiñadas haciendo una foto a la Sagrada Familia. 
(EFE/Alejandro García)


Las redes sociales funcionan como catálogos vivos y cada vez más personas elijan el destino según lo que ven para hacerse la "foto típica", lo que se conoce como "efecto Insatagram"



Llegas al Coliseo de Roma o a la Sagrada Familia de Barcelona y... ¡Sorpresa! Nada es como parecía en tu móvil (ni en tu imaginación): te encuentras con una multitud de personas apiñadas para hacerse la misma foto que tú. Mismo escenario, misma pose, mismo ángulo... Es la consecuencia de la masificación de algunos sitios turísicos, y parte de la culpa se encuentra en tu bolsillo.

Si bien hace unos años (aunque muchos jóvenes tal vez ni lo recuerden) se acudía a las agencias de viajes tradicionales en busca del mejor destino para las vacaciones, ahora se utilizan también las redes sociales, sobre todo Instagram y TikTok, las plataformas más visuales y donde hay miles de fotos, vídeos y recomendaciones de escapadas. Tal es su influencia que, según un estudio de Travel Trends 2026, uno de cada cuatro españoles reconoce que las redes sociales influyen a la hora de elegir dónde ir.

Esto se conoce como “efecto Instagram”, es decir, destinos elegidos por su atractivo visual. “Consiste en viajar a un sitio con la motivación principal de reproducir imágenes ya vistas en redes, generando una forma de viajar condicionada por la imagen donde a veces se prioriza la foto sobre la experiencia en sí”, explican desde Indhai Travel, una agencia de viajes sostenible afincada en Bali y fundada por dos españoles. De hecho, en ocasiones esas fotos pueden poner en riesgo su vida, saltándose medidas de seguridad, subiendo a balcones o acantilados no autorizados... Solo por la mejor foto.

En otras palabras, las redes funcionan como catálogos vivos. Por eso, tanto agencias como hoteles o aerolíneas se han adaptado a los nuevos tiempos y utilizan cada vez más la figura de los influencers para promocionarse. Pero no solo eso, sino que las propias empresas han aprovechado este fenómeno y han empezado a realizar “tours para Instagram”. Basta con una rápida búsqueda en Internet para encontrar anuncios de “Tour en Bali para Instagram”, “Tour en Barcelona para Instagram”...

Su auge fue creciendo a medida que se consolidaban las redes sociales, a partir de 2018-2019. “En muchos casos fueron los propios operadores locales quienes detectaron el interés por recorrer los lugares más fotogénicos, por lo que diseñaron estas rutas específicas”, cuenta Enrique Espinel, COO de Civitatis.

Algo similar le ocurrió a Alberto Rada, fundador de Madrid Photo Tour, que empezó en 2013 en Sevilla y poco a poco se fue extiendiendo a otras ciudades. “Viendo la demanda que había de turistas, que se tenían que hacer fotos solos con el móvil, pensé en ofrecer un servicio que les pudiera ayudar, más profesional”, dice, para después apuntar que cada vez hay más empresas de este tipo.


¿Cambio en el turismo?

¿Pero esto es un hecho aislado o generalizado? Rada lo tiene claro: ha habido un cambio en el turismo, ya que, según defiende, hace 20 años “la gente viajaba para conocer la ciudad a través de la cultura, la gastronomía”... Sin embargo, ahora se hace más hincapié en visitar un sitio solo para hacerse fotos. “Más por apariencia y postureo, como que te da caché publicarlo, y esto ha hecho que se pierda la esencia del turismo”, precisa.


"Creo que la gente viaja más por moda y hacer 'check' que por visitar sitios para conocer de verdad", coincide Carla Castejón, una joven madrileña que suele viajar a través de agencias a sitios que todavía no están tan explotados turísticamente, como Senegal.

En la misma línea se posiciona Elena Rodríguez, otra joven de la capital que ha visitado países como Indonesia o Filipinas. “Siento que estamos convirtiendo el mundo en un decorado. Ya no viajamos para ver qué nos ofrece el destino, sino para que el destino nos ofrezca el fondo de pantalla perfecto”, critica, y recuerda cómo en Bali había gente vestida de “gala" haciendo cola durante dos horas para hacerse una foto en Pura Lempuyang (uno de los puntos más turísticos), “ignorando por completo el significado espiritual del sitio o la vida de la comunidad que los rodea”.

Aunque las fotos guardan recuerdos y nos pueden teletransportar al momento captado, estas son estáticas, y si solo se busca el mejor ángulo en vez de disfrutar de la experiencia, se corre el riesgo de que los recuerdos sean solo superficiales. "Hay emociones que una imagen no puede recoger. En la época de la inteligencia artificial, la imagen por sí sola tiene los días contados, por lo que nos parece importante generar vivencias únicas en vez de consumir solo con imágenes", dice Alberto Galloso, CEO de SAÓ Viajes, una agencia de viajes sostenibles.


Aumenta el turismo sostenible

Entre filtros, fotos y aglomeraciones, en las plataformas se ha colado un pequeño haz de luz: el turismo sostenible. Cada vez hay más personas que piensan como Carla y Elena y evitan los sitios masificados que aparecen en todas las guías, buscando un viaje diferente, sostenible y que conecte más con la esencia.

"Cuando veo que un destino se vuelve demasiado viral, me genera el efecto contrario y me dan menos ganas de ir. Busco autenticidad"

“Muchos viajeros buscan experiencias más auténticas", explican desde Indhai Travel, que señalan también que es un cambio progresivo que irá creciendo en los próximos años. No obstante, desde Civitatis defienden que los viajeros no solo buscan la “foto perfecta”, sino que su motivación principal “sigue siendo descubrir el destino, conocer su cultura y vivir algo diferente”.

"Cuando veo que un sitio se vuelve demasiado viral, me genera el efecto contrario y me dan menos ganas de ir, porque lo que busco es la autenticidad. Un destino me atrae por su historia, cultural o gente, no porque haya visto a tres influencers allí", cuenta Elena.

A pesar de que las redes sociales pueden dar popularidad a un sitio en muy poco tiempo, también pueden ayudar a mostrar la realidad de los sitios más virales (los conocidos Instagram vs. reality) y dar visibilidad a experiencias responsables y a rincones menos conocidos. Por ello, muchas empresas trabajan con operadores locales, hacen itinerarios personalizados o recomiendan alternativas a los sitios plagados de gente. No solo para mejorar la experiencia de los usuarios, sino también por los daños y perjuicios que pueden ocasionar en el exositema o en las comunidades locales. De ahí el auge de las empresas de turismo sostenible o que las empresas tradicionales se tengan que adaptar.

"No queremos ser catastrofistas, pero tampoco negacionistas de una realidad que todos podemos ver. O viajamos de una manera más consciente o nuestros destinos no podrán soportar la presión a la que les estamos sometiendo", alertan en SAÓ Viajes, que apuntan que sí que empieza a haber un cambio, aunque se sigue priorizando el viajar en función de las ofertas y no de las aspiraciones y deseos de los propios viajeros. "Nos convertimos en viajeros clones", dicen a El Confidencial.

Mientras las empresas se reinventan y los usuarios de redes se conciencian sobre las consecuencias del "efecto Instagram", los habitantes de las ciudades protestan contra las políticas de las ciudades que contribuyen a la masificación. "Tendría que haber cierto límite, bien con tasas turísticas, poniendo coto a los Airbnb...", propone Alberto Rada, mientras que en Saó Viajes apuestan por la gestión pública. "Es una herramienta imprescindible para conseguir un equilibrio entre la generación de derrama económica del turismo y la minimización de los impactos", apuntan.

Algunos países y ciudades ya han tomado cartas en el asunto y cobran a los turistas por el acceso a determinados espacios, pagos por pernoctaciones... Es el caso de Ámsterdam, Venecia, París o Roma, donde han implantado un precio de dos euros a los turistas para acceder a la Fontana di Trevi.

La influencia de las redes ha difuminado la línea entre viajar para tener nuevas experiencias e ir solo para tacharlo de la lista. ¿Volveremos a viajar por la experiencia o seguiremos buscando la mejor foto para aumentar el número de 'likes'?


martes, 14 de julio de 2026

Los sencillos ejercicios físicos que pueden mejorar tu memoria, según la ciencia


Científicos estudiaron cuál es la relación entre la actividad física y la fijación de recuerdos en la memoria.

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La memoria puede ser algo muy volátil.

Ya sea al intentar recordar nombres de personas, una lista de cosas que necesitas comprar o mientras te preparas para un examen o una entrevista de trabajo, la información que estaba en tu mente un minuto antes puede desvanecerse al siguiente.

Pero hay una forma sencilla de darle un impulso inmediato a tu memoria mientras intentas aprender información nueva: súbete a una bicicleta estática durante unos minutos o da una caminata enérgica.

Las investigaciones muestran que podemos mejorar nuestra memoria haciendo ejercicio aeróbico, o cardio.

Desde hace tiempo se sabe que el ejercicio mejora la cognición.

La actividad física mejora nuestro desempeño en tareas y fortalece áreas del cerebro vulnerables al envejecimiento, lo que potencialmente ralentiza el deterioro cognitivo.

Pero el ejercicio físico también puede fortalecer una zona del cerebro importante para la memoria: el hipocampo. Y es por eso que puede tener un efecto positivo en nuestros recuerdos.

Por ejemplo, se ha descubierto que el ejercicio moderado varias veces a la semana aumenta el tamaño del hipocampo.

Otros estudios han demostrado que el momento del ejercicio también puede marcar una diferencia: salir a caminar cuatro horas después de aprender algo puede mejorar la retención y recuperación posterior de la memoria en comparación con hacer ejercicio inmediatamente después.

Los ejercicios de estiramiento, en comparación, no proporcionaron ningún impulso a la memoria.

El rol del hipocampo

Hasta ahora, ha sido difícil para los científicos comprender los procesos involucrados.

Un nuevo estudio de investigación intentó hacer precisamente eso.

Un grupo de neurocientíficos observaron la actividad en el cerebro de 14 personas inmediatamente después de hacer ejercicio y vieron pequeñas ráfagas de actividad eléctrica que fluían entre las células cerebrales, o neuronas, que se sabe que son importantes para consolidar recuerdos.

Estas "ondas cerebrales" son un fenómeno en el que muchas neuronas se activan al mismo tiempo, dice Michelle Voss, neurocientífica de la Universidad de Iowa, que dirigió el estudio.

Las ondas desempeñan un papel clave en cómo el cerebro empaqueta y almacena recuerdos durante el sueño y en períodos de descanso tranquilo (los participantes de la investigación padecían epilepsia resistente a los medicamentos, pero el estudio se centró en partes del cerebro que estaban sanas y producían señales eléctricas normales).

El equipo monitoreó los cerebros de los participantes para ver qué sucedía después de una breve ráfaga de actividad.

Encontraron que después del ejercicio hubo un aumento en las ondas en el hipocampo, así como en otras áreas conectadas a él.

Los investigadores creen que esto ayuda al cerebro a consolidar recuerdos.

"Estos pulsos también estaban más finamente sincronizados con la actividad neuronal en el resto del cerebro", afirma Voss.

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
El hipocampo se encuentra en lo profundo del cerebro, pero desempeña un papel importante en la memoria y el aprendizaje.

Su equipo colaboró con neurocirujanos que monitorean la actividad eléctrica en pacientes sometidos a evaluación para cirugía de epilepsia.

Estos pacientes tenían temporalmente electrodos implantados en el cerebro, lo que permitió al equipo observar la actividad eléctrica antes y después de que hicieran ejercicio en una bicicleta estática.

Aunque los participantes no realizaron ninguna actividad de aprendizaje como parte del estudio, investigaciones previas habían indicado que las "ondas" podrían ser un candidato para fijar recuerdos.

"Esto nos brinda una oportunidad única para comprender cómo funciona el cerebro humano con mediciones directas de las señales eléctricas, que son la unidad fundamental del funcionamiento cerebral", explica Voss.

Proteger contra el deterioro cognitivo

Estas ondas ocurren demasiado rápido para ser detectadas por escáneres cerebrales estándar, lo que convierte a este estudio en el primero en mostrar cómo el ejercicio influye directamente en la actividad eléctrica del cerebro.

Voss cree que esta sincronía puede proporcionar una explicación biológica de por qué las personas suelen recordar mejor la información si hacen ejercicio poco después de aprenderla.

Y solo se necesitó una breve ráfaga de actividad para aumentar las ondas cerebrales, lo que demuestra que incluso hacer ejercicio por periodos breves pueden beneficiar nuestra memoria.

Voss espera que este trabajo ayude a replantear los mensajes de salud pública sobre la actividad física y nos permita pensar mejor sobre el envejecimiento, especialmente porque fortalecer las áreas importantes para la memoria podría ayudar a proteger el cerebro del deterioro cognitivo.

Al mismo tiempo, sabemos que los episodios regulares de actividad nos brindan una variedad de beneficios inmediatos para el cerebro y el cuerpo.

La investigación muestra que un solo entrenamiento puede mejorar la concentración por hasta dos horas después, así como aumentar de inmediato los niveles de dopamina, la hormona "del bienestar".

Otro estudio reciente descubrió que cuanto más ejercicio hacemos y más en forma estamos, mayor es el beneficio que obtiene el cerebro después de una sola sesión.

Cualquier actividad física es claramente beneficiosa, pero este nuevo estudio reveló que los beneficios cerebrales aumentan cuanto más activos somos.

Esto ocurre porque una mayor aptitud cardiovascular y masa muscular permiten que el cuerpo produzca más de una proteína vital para formar nuevas conexiones cerebrales, llamada Factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF. por sus siglas en inglés)

"Hay una razón para mantenerse activo, porque obtendrás más beneficios cada vez", señala Flaminia Ronca, investigadora en fisiología del ejercicio en University College London, en Reino Unido, quien dirigió este estudio.

"Si te mantienes haciendo ejercicio durante seis semanas, obtendrás beneficios mayores en cualquier sesión posterior", agrega la experta.


    • Melissa Hogenboom
    • Título del autor,BBC Future

lunes, 13 de julio de 2026

Los orígenes del código de barras, la tecnología discreta que revolucionó el comercio mundial

 


  • Su creador se inspiró en el código morse que dibujó en la arena de la playa para crear las primeras líneas
  • Antes que en los supermercados, un sistema similar se usó en los 60 para identificar los vagones de tren
  • En España, la primera en instalar escáneres en sus cajas fue una por entonces pequeña empresa llamada Mercadona


En el verano de 1974, en una anodina caja de supermercado de Ohio, un paquete de chicles de Wrigley pasó por un lector óptico y marcó el inicio de una revolución silenciosa. Aquellas líneas negras sobre fondo blanco no solo transformaron la forma de cobrar productos: redefinieron la logística global, la gestión de inventarios y la propia arquitectura del comercio moderno. Nacía el código de barras, uno de los pilares invisibles de la economía contemporánea.

Las primeras investigaciones empezaron a realizarse a finales de los años 40. Las tiendas de comestibles eran cada vez más grandes, vendían más productos y tenían más problemas para controlar el inventario y para evitar los problemas con los cobros, pues por entonces pasaban a mano cada producto. Y con esos retos en mente, el propietario de la cadena de supermercados Food Fair acudió a la Universidad de Drexel, a ver si podían ayudarle desarrollando alguna tecnología que permitiese capturar automáticamente la información de los productos al pasar por la caja. Dos estudiantes, Norman Joseph Woodland y Bernard Silver, se pusieron a trabajar en esa idea.

El primer sistema que se les ocurre es una tinta ultravioleta, con la que se marcarían los productos, que serían identificados con una luz. Aunque la idea no era mala, presentaba muchas complicaciones, siendo la principal que la tinta se borraba con facilidad y hacía el sistema inservible.

Una idea adelantada a su tiempo

Pero Woodland se obsesiona con la tarea. Acaba dejando la universidad, y se va a Florida, a casa de su padre, para seguir desarrollando la idea. Cuenta la leyenda que le llegó la inspiración durante un paseo por la playa, mientras recordaba el código morse que había aprendido durante su etapa de boy scout, que permitía enviar información electrónicamente. Así, pinta en la arena puntos y rayas, como en el código morse, y se le ocurre alargarlos con los dedos, produciendo líneas finas a partir de los puntos, y líneas gruesas a partir de las rayas. Era la base visual de código de barras moderno. Tras compartirlo con su colega Silver, deciden patentarlo en 1949. Poco después patentan un método similar, pero con impresiones circulares, más fáciles de leer.

Este diseño codificaba la información del producto en un símbolo impreso, que después era leído por una fuente de luz de alta intensidad e interpretado con un osciloscopio. El problema es que el prototipo requería una bombilla de 500 vatios y componentes electrónicos sensibles, lo que invalidaba su uso en las tiendas de la época. Fue un concepto innovador, adelantado a su tiempo, pero inaplicable.

Los que finalmente acaban logrando aplicar con éxito un sistema de código de barras, o al menos algo parecido, no son los supermercados, sino el sector del transporte. En concreto, los trenes, una industria que llevaba tiempo buscando un método para identificar los cientos de miles de vagones de carga, cada vez más, que recorrían las kilométricas vías que cruzaban el país. Un antiguo estudiante del MIT desarrolló KarTrak, un sistema automático de identificación de vagones. Utilizaba placas metálicas resistentes, pintadas con una secuencia de franjas verticales, azules o naranjas, y que codificaban la propiedad y otros datos de identificación. Cuando los trenes pasaban por unos escáneres que se colocaban al lado de las vías, una lámpara de 500 vatios iluminaba la placa, mientras sensores ópticos leían los patrones de luz reflejados. Los datos obtenidos se decodificaban y se imprimían o se almacenaban en una cinta magnética, lo que permitía rastrear las mercancías.

Lanzado a finales de la década de los 60, alcanzó su auge en 1975, cuando el 90% de los vagones de mercancías que cruzaban Estados Unidos contaban con este sistema. Pero su éxito fue efímero. La falta de mantenimiento, junto con los altos costes operativos, en un momento económico complicado, provocó que los códigos se desgastasen o se manchasen, lo que hacía que las lecturas fueran erróneas, haciendo que ya no tuviera sentido. KarTrak dejó de utilizarse definitivamente en 1978.

El mismo formato más de 50 años después

Paralelamente, un ingeniero de IBM, George Laurer, tomando como referencia el trabajo de Woodland, creó un código de barras rectangular con 12 dígitos numéricos. Este sistema contaba con numerosas ventajas, pero, sobre todo era compatible con la tecnología emergente de escaneo láser. Además se podía imprimir sobre muchas superficies y materiales, y enfocarse desde diversos ángulos, pero la clave es que ya se contaba con la tecnología necesaria para poder aplicarlo con éxito.

Así, el 26 de junio de 1974, en un Supermercado Marsh en Troy, Ohio, a las 8.01 de la mañana, la cajera Sharon Buchanan escaneaba un paquete de 10 chicles de Wrigley's, de sabor a frutas. Era la primera vez que en la historia que se leía un código de barras. Era el inicio de una revolución en el comercio minorista. Aquel código de barras era, básicamente, idéntico a los millones de códigos de barras que se siguen escaneando hoy en día en las tiendas y supermercados de todo el mundo.

Aquel movimiento no tuvo ninguna repercusión. Los más optimistas contaban con que el código de barras llegarían a usarlo unas 10.000 empresas. En prensa la cobertura fue mínima. Serían conscientes de su importancia años después, cuando se consolidaron como una pieza clave para los negocios de todo el mundo.

En España, la primera empresa en empaquetar sus productos con código de barras fue 3M, en 1981. Mientras que, unos meses después, la primera en instalar escáneres en sus puntos de venta fue una pequeña cadena de supermercados que por entonces contaba con 8 tiendas en Valencia. Se llamaba Mercadona. Este paso permitió agilizar el paso por caja y mejorar la gestión del inventario, consolidando el modelo de éxito de la compañía, que Juan Roig y sus hermanos acaban de comprarle a su padre.

Experiencia de compra y gestión de inventario

Los códigos de barras no solo cambiaron la experiencia de compra en caja. También permitieron mejorar el seguimiento y la gestión del inventario, optimizando el espacio en las estanterías y los almacenes de cualquier producto. Al contar con mayor espacio en las estanterías se abrió la puerta a la proliferación de nuevos productos. Igual que las grandes tiendas actuales serían inimaginables sin la gestión de datos que permite el código de barras.

El éxito de este sistema, junto con la llegada de nuevo y moderno software de gestión de inventarios, hizo que no se quedase solo en los supermercados, sino que se expandió rápidamente a otros negocios. Algunos tan impredecibles en un primer momento como las industrias automovilísticas o de defensa, que los utilizaban para rastrear objetos en las cadenas de suministro. También las empresas de mensajería adoptaron este sistema, con sus propias adaptaciones, para gestionar los envíos.

El código de barras se convirtió en un estándar global, implementado en todos los sectores. Lo que comenzó como un simple gesto en una pequeña tienda de Ohio hace más de 50 años acabó transformando el comercio mundial para siempre.


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