- Nació en Brooklyn en 1837 como una pequeña tienda de artículos de regalo y papelería
- El 'Diamante Tiffany', aún hoy uno de los más grandes y de mayor calidad, disparó el prestigio de la empresa
- Tras una caótica operación, el gigante del lujo LVMH se hizo con la icónica firma de joyería en 2020
La ciudad de Nueva York, en la década de 1830, era un hervidero de ideas y oportunidades. Cualquiera con imaginación y fondos podía alcanzar el éxito. Pero ni en sus sueños más optimistas Charles Lewis Tiffany podía imaginar que la papelería que había abierto en 1837 se fuese a convertir en una de las empresas de lujo más importantes del mundo. Su evolución, desde una pequeña tienda de artículos de papelería y regalo hasta convertirse en un referente internacional de la alta joyería refleja cambios clave en la economía, el consumo y la globalización.
Charles Tiffany, con tan solo 25 años, y su socio John B. Young inauguraron en Brooklyn una pequeña tienda de papelería y artículos de regalo. muchos de los cuales eran de lujo. El negocio estaba financiado por el padre de Tiffany, que aportó 1.000 dólares, tras haber hecho fortuna con el algodón, en el que sería, a posteriori, el primer escándalo de la compañía con la esclavitud.
El primer día lograron ventas por valor de 4,98 dólares. La tienda fue todo un fenómeno en la ciudad, sobre todo entre las damas más elegantes de la ciudad, que encontraron allí joyas y relojes con un estilo americano, más sobrio, que rompía con la opulencia procedente históricamente de Europa. La empresa pronto se consolidó como un referente en los campos de la cristalería, la porcelana, la cubertería, los relojes o las joyas. Además, contaba con algunas características que por entonces eran poco habituales, ya que fue de las primeras en tener sus precios marcados, y que se respetaban estrictamente, sin permitir a los clientes regatear, y también obligaba a pagar en efectivo, no permitiendo ni pagar a crédito ni mediante trueques.

Tan pronto como en 1841, la compañía dio entrada a un nuevo socio, J. L. Ellis, un especialista que les ayudó a fabricar sus propias joyas. La decisión fue todo un éxito, que permitió a Tiffany, Young & Ellis, como se habían renombrado, a seguir creciendo. Casi al mismo tiempo, otra decisión acertada fue el lanzamiento del libro azul', un catálogo que se vendía por correo y que permitía a clientes de todo Estados Unidos encargar los artículos de lujo de la marca.
Se convirtió en el primer catálogo de venta por correo directo en el país, y ofrecía una amplia variedad de productos, desde joyas y accesorios, hasta artículos para el hogar. El 'libro azul' se convirtió en un catálogo anual, muy apreciado por los clientes, que evolucionó hasta convertirse en una muestra de alta joyería de Tiffany, y que sigue siendo muy preciado hoy en día.
La compañía también supo aprovechar las oportunidades. En esa década de los 40, la inestabilidad política que vivía Europa devaluó el mercado de joyas y piedras preciosas. Y Tiffany se lanzó a comprar diamantes europeos, que luego revendía en Estados Unidos con grandes beneficios. Ese movimiento permitió a la élite del país adquirir joyas en su propio territorio por primera vez, y consolidó a la compañía.
Enfocado en las joyas y el lujo
Observando las tendencias, Charles Tiffany decidió hacerse con el control de la compañía, haciéndose con las partes de sus socios, y renombrándola, simplemente, como Tiffany's. Y decidió enfocar el negocio solo en las joyas y el lujo. Además, comienza su expansión, con la apertura de nuevos establecimientos, incluyendo las principales capitales de Europa.
En los años 60 del siglo XIX la empresa estaba más que consolidada, y empezaba a alcanzar grandes hitos. Por ejemplo, el presidente Abraham Lincoln compró un collar y unos pendientes de perlas de Tiffany para su mujer, que se los puso en el baile inaugural de la presidencia. Al mismo tiempo, la compañía se implicó en la Guerra Civil, suministrando al Ejército de la Unión sables fabricados por ellos mismos, banderas e instrumental quirúrgico.
Tiffany había sido la primera empresa de Estados Unidos en instaurar un estándar de pureza del 92% para la plata de ley, copiando los patrones británicos. Esta norma acabaría adoptándose en todo el país. Esta apuesta por la plata obtuvo su reconocimiento internacional en 1867, cuando se convirtió en la primera empresa de EEUU en ganar un precio a la excelencia en platería en la Exposición Universal de París. Se convirtió en una fuente de ingresos, prestigio y reconocimiento.
Con ese respaldo, dio el salto a nuevos materiales, como el oro, que empezó a utilizar en la fabricación de joyas, disponibles para todos los norteamericanos; pero sobre todo los diamantes. En 1877, Tiffany adquirió un diamante amarillo fancy en bruto de 287,42 quilates, procedente de las minas Kimberley, en Sudáfrica. Una vez tallado, un año después, se convirtió en una gema pulida de 128,53 quilates, con 82 facetas para maximizar su brillo y resplandor. Lo bautizaron como el Diamante Tiffany, y hoy en día se mantiene como uno de los diamantes de mayor tamaño y calidad del mundo. Esa gema contribuyó a consolidar la reputación de la marca, convertida ya en el máximo referente del lujo a nivel mundial, y conocida por su prestigio y su reputación.
Poco después, Charles Tiffany sorprendería al mundo adquiriendo en una subasta de la corona francesa un tercio de sus joyas. Fue una gran campaña publicitaria para la compañía, y le valió el apodo a Charles de 'El rey de los diamantes'. Por desgracia, el cofundador de la compañía falleció en 1902, y su hijo Louis Comfort se convirtió primer director de diseño oficial. Era un visionario, con una capacidad innata para trabajar con nuevos materiales, como el vidrio, los esmaltes o las piedras preciosas, y con unos diseños basados en la naturaleza que se convirtieron en vanguardia del movimiento Art Nouvea, que estaba en pleno auge. Hoy, más de un siglo después, sigue siendo inspiración para los diseñadores de Tiffany.
A medida que avanzaba el siglo XX, los diseños de la compañía fueron capaces de capturar el espíritu de cada época, desde la extravagancia de los 20, el modernismo de los 30 o la aerodinámica de los 40 o 50. La porcelana de Tiffany decoraba las cenas de la casa Blanca, y sus joyas las llevaban las mujeres más glamourosas del mundo, como Jackie Kennedy, Elizabeth Taylor o Diane Vreeland. Las imágenes de Audrey Hepburn en 'Desayuno con diamantes', una película icónica, se vieron en todo el mundo y pasaron a la posteridad.
En 1947 se trasladaron al edificio de la Calle 57 con la Quinta Avenida, convertido en la tienda insignia de la compañía desde entonces, y que transformó esa zona en el principal destino de compras de la ciudad de Nueva York. La distintiva caja azul, con su cinta de satén blanca, en la que Tiffany vende sus joyas, se convirtió en uno de los objetos más codiciados del mundo.
Adquisición fallida
En 1978, la compañía fue adquirida por el gigante Avon, que pagó unos 104 millones de dólares en acciones. Pero no fue una etapa muy productiva. Tan solo 5 años después, comparaban la tienda de Tiffany en la Quinta Avenida, su buque insignia, con los grandes almacenes Macy's, por la cantidad de ofertas y artículos a bajo precio que tenía a la venta. También criticaban la pérdida de calidad de las joyas y del mal servicio que ofrecía. Había perdido la sensación de lujo y prestigio que le había acompañado Entre quejas, Avon decidió vender la compañía en 1984, a un grupo de inversores liderado por William Chaney, que pagaron 135 millones de dólares.
Los 90, que comenzaron con una recesión, obligó a Tiffany a hacer hincapié en las ventas masivas, proyectándose como una marca accesible para todos, pero sin dar sensación de vulgaridad y cuidando mucho la imagen de la tienda. Por la misma época sufrió el robo más grave de su historia, cuando 6 encapuchados atracaron una joyería llevándose un tesoro por valor de casi 2 millones de dólares. Sin disparos ni vandalismo, un acto casi de película. Dos semanas después, los seis ladrones fueron arrestados y las joyas recuperadas.
El siglo XXI confirmó a Tiffany como una de las empresas más importantes y reconocidas del mundo del lujo. Compite cara a cara con cualquier otra compañía del sector. Tanto que en 2020, fue adquirida por el gigante LVMH, tras una operación caótica y complicada. Anunciaron la adquisición un año antes, por 16.500 millones, pero después se echaron para atrás, por los malos resultados provocados por el Covid, de los que culpaban a la gerencia anterior. Tras varias demandas cruzadas entre las dos compañías, acabaron cerrando un acuerdo por valor de 15.800 millones.
Integrarse en el gran gigante del lujo permitió a Tiffany acelerar su expansión global, sobre todo en Europa y China. Hoy cuentan con más de 300 tiendas por todo el mundo, y emplean a más de 12.000 personas, mientras extienden su filosofía de lujo cotidiano, accesible para todos, presente en películas y otros eventos culturales, vinculándose con las personas más famosas, pero sin perder su esencia.



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