martes, 22 de septiembre de 2026

¿Es el fin del mundo? O el temor a que se derrumbe el esquema Ponzi de la IA

 



Qué pasaría si una mañana nos levantamos con servicios críticos como el suministro eléctrico interrumpidos o con atacantes (agentes de IA como los que asaltaron Hugging Face) que piratean los coches autónomos para provocar un caos circulatorio. O si una red de bots se apodera de internet. Son tres escenarios posibles, que hasta hace poco nos parecían ciencia ficción.

Los ciberataques perpetrados por la IA afectarán en el futuro a amplias capas de la población y no sólo a clientes de determinadas empresas, como hasta ahora. Esa es, al menos, la advertencia lanzada por los principales directores ejecutivos de las grandes corporaciones americanas de IA, Sam Altman (Open AI), Dario Amodei (Anthropic) y Elon Musk (SpaceX).

Las advertencias alimentan un debate mundial sobre la necesidad de actuar urgentemente, ante una población aterrorizada por los escenarios catastrofistas y cada día más contraria al despliegue de los centros de datos, a los que culpan en parte del encarecimiento de la energía que sufren.

En el mundo de los negocios, las coincidencias no existen. Qué ha pasado para que las grandes empresas de IA, que raramente se ponen de acuerdo, aparcaran por unas horas sus diferencias para levantar la voz a favor de poner freno a la carrera de la IA, y advirtieran sobre el potencial riesgo de desaparición de la humanidad, antes de que los nuevos modelos se escapen a su control.

Los tres primeros espadas no sólo se movían en sus manifestaciones por su preocupación por el futuro de la humanidad (y el de ellos mismo), detrás está la dificultad creciente de sus empresas para seguir captando miles de millones de inversión, en un mundo convulso por las guerras energéticas y una inflación y unos tipos de interés rampantes, que encarecerán la financiación.

Según los cálculos de Schroders, el desarrollo de la infraestructura de la IA (centros de datos, chips e investigación para nuevos semiconductores) requerirá un billón de dólares en 2026. Sólo los hiperescaladores (las empresas encargadas de vender servicios de computación y almacenamiento en la nube) anunciaron inversiones por 650.000 millones de dólares en este año. Así Nvidia, el principal proveedor de chips, destinará entre 3 y 4 billones de dólares hasta 2030.

La inversión pasará de 1 a 5,4 billones a final de la década sin rentabilidad y a costes prohibitivos

El consenso de mercado elaborado por Facset cifra en unos 3,3 billones de dólares el gasto en capital (capex) de la IA en 2030. Pero si se suman las necesidades de capital en los cuatro ejercicios hasta finales de la década, se alcanzarían los 5,4 billones de dólares.

La subida de los combustibles y el gasto público para financiar la maquinaria bélica de las naciones está añadiendo presión sobre el precio del dinero. La Reserva Federal subió el miércoles un cuarto de punto en los tipos de interés.

La tendencia ascendente de la deuda estadounidense se extiende a otros mercados como Europa o Asia, principalmente Japón, donde los bonos alcanzaron el 3%. Ello está provocando ventas tanto de la deuda americana, con el bono del Tesoro por encima del 5%, como de los activos denominados en dólares, que han perdido parte de su atractivo.

En términos generales, la renta fija corporativa en dólares con grado de inversión ofrece un 5,77%, frente al 4,82% de principios de año. Entretanto, el rendimiento de los bonos soberanos estadounidenses ha escalado del 3,9% al 4,9% de media

En este contexto, las creciente emisiones de deuda de las tecnológicas tienen que competir tanto con los estados soberanos como con otras empresas privadas para captar el interés de los inversores. Compañías como Microsoft o Alphabet han sacado bonos con duraciones de hasta 100 años y en diferentes divisas para lograr cubrirlas. Amazon, otro de los grandes hiperescaladores, lanzó en marzo la mayor emisión corporativa de su historia en euros, por 14.500 millones. Incluso se comprometen a inversiones circulares en las que los fabricantes de chips apoyan a empresas como OpenAI.

La primera consecuencia es que todo esto está transformando compañías que generaban un flujo de caja permanente como Microsoft, Alphabet, Meta o Amazon en empresas hiperapalancadas con costes de capital elevadísimo, que ensombrecen sus perspectivas de beneficio a futuro y ponen en duda sus exigentes ratios de cotización en bolsa.

Las gigantescas corporaciones de IA han emprendido un viaje para rentabilizar estas inversiones milmillonarias, de final incierto, que genera mucha incertidumbre. Open AI, propietaria de ChatGPT, experimentó un fuerte crecimiento en sus ventas en 2025, que alcanzaron 13.000 millones de dólares. Pero las pérdidas totales ascendieron a 39.000 millones, tres veces los ingresos.

La compañía enfrenta costes fijos que se disparan debido a la necesidad de contratar talento y ampliar masivamente su capacidad de computación, lo que eleva año tras año sus pérdidas operativas, a pesar de un margen bruto saludable del 42,6%.

La división de inteligencia artificial de SpaceX (que consolida en sus cuentas los resultados de xAI) registró pérdidas operativas de 3.730 millones en el primer trimestre, que arrastraron al grupo aeroespacial a números negativos, pese a los sólidos beneficios obtenidos en el negocio del espacio.

En cuanto a Anthropic, obtuvo ingresos superiores a 65.000 millones hasta julio, gracias al uso masivo de su modelo Claude, pero las pérdidas estimadas para el ejercicio por los costes de entrenamiento alcanzan los 42.000 millones, debido a las inversiones en modelos avanzados. Justo las que ahora su primer ejecutivo quiere frenar.

La incertidumbre está afectando a las cotizaciones de los superescaladores y de los productores de chips, que sufren batacazos ante cualquier evento extraordinario. Así ocurrió el pasado lunes, tras las manifestaciones de los tres primeros espadas de la IA.

Los inversores temen que estemos acercándonos al pico de una burbuja bursátil, similar a la de las puntocom, que estalló hace más de 25 años. En aquel momento, el PER (veces que la capitalización replica el beneficio) se situó en 50, mientras que ahora el Nasdaq 100, con gran ponderación de valores como Nvidia, Alphabet o Microsoft, cotiza con un PER de 25 veces los beneficios previstos en 2026, lo que supone una prima de un 7,3% frente a la media de las dos últimas décadas.

Pero más allá de la discusión sobre si hay burbuja o no, cualquier incidente con la IA, que afecte a la integridad física de los humanos, dejaría desiertas las rondas de capital, daría al traste con los planes para sacar a bolsa las compañías y hundiría sus valoraciones.

Eso explica porqué el director ejecutivo de Open AI, Sam Altman, descartó salir a bolsa este año después de las declaraciones de Amodei de ralentizar la investigación. Con una valoración superior al billón, su objetivo era debutar en el parqué en otoño, pero ya ni siquiera confirmó que vaya a hacerlo en 2027.

Anthropic también presentó la documentación para cotizar en el Nasdaq. Su valoración se duplicó en los últimos doce meses hasta casi dos billones, tras culminar una exitosa ronda de capital en marzo por unos 120.000 millones. Las palabras de su primer ejecutivo ponen ahora en duda este estreno.

El director general del Banco Internacional de Pagos (BIS), el español Pablo Hernández de Cos, advierte que la magnitud de las inversiones en IA puede desestabilizar el sistema financiero y generar una crisis global, en caso de pinchazo. De Cos critica la "financiación singular y poco transparente entre los fabricantes de chips y las tecnológicas" y da la señal de alarma porque el sector se sufraga con "crédito privado y un endeudamiento agresivo," que no se basa en beneficios reales. Una especie de esquema Ponzi que se alimenta de las aportaciones de capital, que cada vez van a ser más caras y más difíciles de captar.

Cualquier accidente que elimine vidas humanas hundiría el ecosistema de la IA para financiarse

Puede ser que estemos ante el fin del mundo y eso es lo que preocupa a los tres ejecutivos, pero también es evidente que sus cuentas no salen. Si, además, tienen que invertir en ciberseguridad para prevenir ataques de sus bots fuera del entorno autorizado, los costes se encarecerán extraordinariamente.

En estas circunstancias, es urgente una regulación que priorice la seguridad sobre el crecimiento de la inversiones. La amenaza es real. Cualquier accidente se llevaría por delante el ecosistema de la IA y, además, amenaza con provocar un efecto dominó como en 2008, que arrastre a la economía global.


Madrid 6:15 - 19/09/2026
https://www.eleconomista.es/opinion/noticias/14015132/09/26/es-el-fin-del-mundo-o-el-temor-a-que-se-derrumbe-el-esquema-ponzi-de-la-ia.html

lunes, 21 de septiembre de 2026

La Suiza de Latinoamérica abandona el dólar poco a poco ante el éxito de su economía y la creciente confianza de los ahorradores en su divisa


 

  • Uruguay se ha convertido en el país más próspero de toda Latinoamérica
  • Su renta per cápita roza los 28.000 dólares, niveles cercanos a Portugal
  • Con una inflación en el objetivo y la estabilidad, los uruguayos confían en el peso


Durante décadas, ahorrar en dólares ha sido casi como un acto reflejo en buena parte de América Latina. Inflaciones desbocadas, devaluaciones recurrentes y crisis financieras enseñaron a varias generaciones que guardar los ahorros en moneda local podía convertirse en una forma rápida de perder todo un patrimonio. Esta parece una 'tradición financiera' que sigue presenta en casi toda Latinoamérica. De hecho, algunos países han optado directamente por una dolarización completa a cambio de entregar su soberanía monetaria a la Reserva Federal de EEUU... y por cierto, no les está yendo nada mal en cuanto a estabilidad financiera y de precios. Sin embargo, hay una economía que parece ir a contracorriente y que poco a poco está abandonando el dólar gracias a una estabilidad económica que le ha hecho ganarse el apelativa de la Suiza de Latinoamérica. Los uruguayos están confiando cada vez más sus ahorros al peso, una pequeña revolución que tiene detrás la creciente estabilidad económica y monetaria del país.

Uruguay se ha ganado el sobrenombre de la Suiza de Latinoamérica por una combinación poco habitual en América Latina de estabilidad política, instituciones sólidas, seguridad jurídica y relativa prosperidad económica. La expresión comenzó a popularizarse durante la primera mitad del siglo XX, cuando el país destacó frente a sus vecinos por su avanzado Estado del bienestar, una amplia clase media, elevados niveles educativos y un sistema democrático relativamente estable, al tiempo que Montevideo se consolidaba como una importante plaza financiera regional.

Aunque Uruguay también ha atravesado crisis económicas, inflación, una dictadura y fuertes devaluaciones, en las últimas décadas ha recuperado buena parte de aquella reputación. De hecho, como se puede ver en el gráfico de este artículo, Uruguay ha logrado 'vencer' en términos económicos a Chile, el otro país que el que competía en la región en términos de prosperidad. En Chile la política y los cambios radicales para un lado o para otro en la macroeconomía han terminado truncando lo que parecía una evolución muy prometedora.

La transformación de Uruguay con respecto al dólar empieza a ser visible en las cifras. Según datos oficiales recogidos por la agencia financiera Bloomberg, las inversiones en títulos nacionales denominados en pesos se han triplicado en apenas dos años y superaban los 14.000 millones de pesos uruguayos (unos 348 millones de dólares) a finales de mayo. Al mismo tiempo, el porcentaje de los depósitos bancarios del sector privado denominado en moneda extranjera ha caído desde aproximadamente el 73% en marzo de 2025 hasta el 69% el pasado junio. El dólar continúa dominando abrumadoramente el ahorro del país, por tanto, pero la dirección del movimiento resulta significativa. Por primera vez en mucho tiempo, mantener el patrimonio en pesos empieza a percibirse como una alternativa razonable.

Detrás de este fenómeno aparece una anomalía positiva dentro de una región acostumbrada históricamente a la inestabilidad monetaria. Uruguay combina estabilidad política, instituciones sólidas, elevada renta por habitante y una inflación controlada. El Banco Mundial destaca precisamente al país dentro de América Latina por la fortaleza de sus instituciones, su elevada renta per cápita y sus reducidas primas de riesgo soberano, mientras sus indicadores de gobernanza muestran resultados positivos en estabilidad política, Estado de derecho y control de la corrupción. En Argentina, por ejemplo, se vive con emición que el riesgo país (el diferencial de su deuda con la de EEUU) haya caído por debajo de los 500 puntos básicos. El risgo país de Uruguay es de 70 puntos básicos. A ello se suma una renta per cápita que ronda actualmente los 27.600 dólares, situando a Uruguay en la cabeza de América Latina, y una inflación que se mueve alrededor del 4%. El FMI proyecta precisamente un crecimiento de los precios del 4% para 2026.

La importancia de esta combinación resulta difícil de exagerar. Una moneda es, en último término, un activo (un pasivo para el banco central) basado en la confianza. Cuando una economía sufre inflaciones elevadas o devaluaciones periódicas, los ciudadanos intentan proteger el valor de su trabajo trasladando sus ahorros hacia una divisa más estable, tradicionalmente el dólar en el caso de América Latina. Pero cuando el banco central consigue mantener la inflación estable durante años, la estabilidad económica está por encima de los colores políticos y la independencia de las instituciones se respeta, las expectativas se estabilizan y los ahorradores empiezan a exigir una prima menor para conservar su patrimonio en moneda nacional.

Desde Bloomberg señalan que Uruguay lleva ya tres años manteniendo la inflación dentro del rango objetivo del banco central, situado entre el 3% y el 6%, mientras las expectativas de inflación permanecen próximas al objetivo del 4,5%. Es precisamente esa estabilidad continuada, más que un buen dato aislado, la que está reconstruyendo la credibilidad del peso.

Lanzamiento de productos en pesos

El cambio está generando además su propio ecosistema financiero. Los expertos de Bloomberg explican que este año funcionan al menos siete fondos monetarios denominados en pesos, aproximadamente el doble que en 2025. Firmas como Balanz y Puente y compañías financieras como MercadoLibre y Prex han lanzado productos de este tipo durante 2026 para captar una demanda hasta ahora prácticamente inexistente. El fondo de Balanz, que invierte casi exclusivamente en títulos en pesos del banco central, había acumulado más de 155 millones de pesos y unos 350 clientes desde marzo. Mucho mayor es el fondo gestionado por Gletir, con más de 3.000 clientes y 896 millones de pesos, mientras que el vehículo lanzado por Prex en abril ya acumulaba ahorros equivalentes a unos 35 millones de dólares, según los datos recogidos por la agencia.

La gran novedad es que la desdolarización empieza a alcanzar al pequeño ahorrador. Juan José Varela, responsable de Balanz en Uruguay, explica a Bloomberg que estos fondos están permitiendo captar clientes que anteriormente mantenían pequeñas cantidades en cuentas corrientes bancarias que no ofrecían remuneración. Gabriel Genta, gestor de Gletir, destaca, en declaraciones a Bloomberg, que algunos particulares están comenzando a invertir con apenas 1.000 pesos. El proceso deja así de estar restringido a grandes patrimonios o inversores profesionales y comienza a extenderse entre hogares que descubren que pueden obtener rentabilidad en su propia moneda sin asumir necesariamente el riesgo cambiario del dólar.

El fenómeno constituye además una victoria para la estrategia del presidente del Banco Central de Uruguay, Guillermo Tolosa, que ha situado la desdolarización entre sus prioridades. La comparación con Argentina resulta especialmente llamativa. Mientras el presidente argentino, Javier Milei, pretende ampliar el uso del dólar para ahorrar, realizar transacciones y efectuar pagos, Uruguay está recorriendo el camino contrario e intenta recuperar para su moneda funciones que durante décadas fueron ocupadas por el dólar. No mediante prohibiciones o controles, sino haciendo que mantener pesos en forma de ahorro resulte cada vez más atractivo gracias a la estabilidad de precios y a la aparición de nuevos instrumentos financieros.

Deuda pública en pesos

Aunque Uruguay tiene una deuda relativamente elevada, equivalente al 75% del PIB, el país está dando ejemplo y emitiendo buena parte de esos pasivos en pesos. Ya casi el 57% de toda la deuda del Gobierno uruguayo está ya denominada en pesos, más de cuatro puntos porcentuales por encima del nivel de finales de 2024. Y más de la mitad de los 2.100 millones de dólares equivalentes en deuda doméstica emitida hasta julio se colocó mediante títulos a tipo fijo en pesos. Es un cambio particularmente relevante porque, hasta hace pocos años, los inversores exigían mayoritariamente bonos protegidos frente a la inflación o los salarios. Ahora empiezan a aceptar deuda nominal, una señal mucho más contundente de confianza en la estabilidad futura de los precios.

El círculo puede acabar siendo virtuoso. Cuantos más uruguayos ahorran en pesos, mayor es la demanda de activos denominados en moneda nacional; cuanto mayor es esa demanda, más sencillo resulta para el Estado financiarse sin asumir deuda en dólares; y cuanto menor es la exposición del país a divisas extranjeras, menor es también su vulnerabilidad ante una depreciación del peso o una crisis financiera internacional. Herman Kamil, responsable de gestión de deuda del Ministerio de Finanzas, reconoce a Bloomberg que el proceso será gradual, pero considera que la desdolarización favorecerá la demanda de títulos del Tesoro denominados en pesos.

Uruguay todavía está muy lejos de despedirse del dólar, puesto que cerca del 69% de los depósitos privados siga denominado en moneda extranjera demuestra hasta qué punto permanece arraigada la memoria de las antiguas crisis. Pero el movimiento comienza a invertirse. Después de décadas en las que ahorrar en dólares era una póliza de seguro contra la propia economía, la estabilidad macroeconómica, una inflación cercana al 4%, una elevada renta per cápita y unas instituciones relativamente sólidas están consiguiendo algo mucho más difícil que fortalecer una moneda: convencer poco a poco a los propios ciudadanos de que pueden volver a confiar en ella.





Vicente Nieves
4/09/2026 - 8:56

https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14011797/09/26/la-suiza-de-latinoamerica-abandona-el-dolar-poco-a-poco-ante-el-exito-de-su-economia-y-la-creciente-confianza-de-los-ahorradores-en-su-divisa.html

domingo, 20 de septiembre de 2026

"Cambiará el mundo": la revolución de las máquinas que se gesta en China y va mucho más allá de los robots humanoides

 

Más de dos millones de robots trabajan junto a las personas en las fábricas de China.



"Me echo una siesta y el mundo cambia", dice Chen Tianyu.

Sin duda, su mundo sí cambia. Este joven de 28 años se mantiene al día con las últimas tecnologías dedicando su tiempo libre a visitar fábricas que están adoptando la automatización. De esa manera sabe qué aspectos debe priorizar cuando imparte sus clases sobre Inteligencia Artificial (IA) y robótica.

Frente a él, unos 30 estudiantes universitarios estudian programación. Uno de ellos teclea frenéticamente mientras alterna la mirada entre la pantalla y el robot:

"La idea es que tome esa pieza cilíndrica y la traslade hasta allí", señala.

Una fila de robots industriales espera ser programada y, en otra parte del aula, los estudiantes intentan desarrollar instrumentos médicos robóticos. Mientras los guía, Chen declara:

"Si el mundo de la IA y la robótica no los necesita, entonces definitivamente estarán entre los que serán reemplazados".

Para las personas que están en esta sala, esto representa un paso, o más bien un salto, hacia un futuro que China está construyendo meticulosamente: el plan de US$20.000 millones de Xi Jinping para situar a su país a la vanguardia de la innovación y en competencia directa con EE.UU.

Las pruebas están por todas partes.

Se encuentran en el Instituto Técnico de Hangzhou, una de varias enormes escuelas de formación profesional construidas específicamente para formar a la próxima generación de ingenieros expertos en tecnología.

El campus está ubicado en las afueras de Hangzhou, una antigua capital imperial cuyo horizonte futurista es apenas la primera pista de su papel como centro tecnológico global.

En todo el país, más de dos millones de robots trabajan en las fábricas, más que en cualquier otro lugar del mundo, y su número sigue creciendo a una velocidad extraordinaria.

Pie de foto,
Estudiantes que aprenden robótica en el Instituto Técnico de Hangzhou, una de las muchas nuevas escuelas de formación profesional.

La evidencia

Se trata de una apuesta que seguramente cambiará el mundo, de forma muy similar a la última vez que la economía china experimentó una transformación masiva.

China ya está exportando sus robots por todo el planeta: más de la mitad de los robots industriales del mundo se fabrican actualmente en el país.

Lo que resulta menos claro es el impacto de una automatización tan amplia en un país que ocupa un lugar central en la manufactura, el comercio y la innovación globales.

¿Qué significa esto, por ejemplo, para la fuerza laboral china? ¿Y cómo podríamos medir realmente el coste de esta transformación en un régimen que controla la información de manera tan estricta?

El futuro de los trabajadores chinos es incierto en medio de la revolución industrial que el mundo observa: impresionantes redes solares, horas punta silenciosas gracias a los vehículos eléctricos y máquinas que funcionan más rápido que Usain Bolt.

Durante el fin de semana, China organizó la segunda edición de los Juegos Mundiales de Humanoides, en la que robots boxearon, corrieron y desfilaron.

Lo que alimenta este espectáculo es otra revolución menos visible que está ocurriendo dentro de fábricas y aulas.

La BBC ha visitado instalaciones industriales donde se le mostraron robots que no tienen apariencia humana, ni bailan ni saltan sobre escenarios, sino que sueldan, pintan, levantan cargas, ensamblan piezas y trabajan las veinticuatro horas del día sin descansos ni prestaciones laborales.

Algunos incluso están diseñados para construir más robots. También hemos recorrido academias en las que China forma a las personas que trabajarán junto a esta fuerza laboral robótica.

Fuente de la imagen,

AFP via Getty Images

Pie de foto,
Un robot escribe en un papel. La industria de la robótica en China alcance niveles globales.

Se trata de una visión privilegiada de lo que Xi llama las "nuevas fuerzas productivas" de China y de cómo podrían cambiar el país.

En una fábrica de la ciudad sureña de Chengdu, lo viejo y lo nuevo trabajan codo con codo.

Una línea de ensamblaje compuesta por unos 30 hombres y mujeres de mediana edad atornilla, perfora y pule el producto estrella de CRP Technology: un brazo robótico capaz de realizar diversas tareas industriales.

En la misma sala, cuatro jóvenes ingenieros se agrupan alrededor de una consola intentando resolver los desafíos de un prototipo, un nuevo robot que esperan que ayude a construir otros robots.

Uno de ellos es Pang Kai, de 31 años, integrante del equipo de investigación y desarrollo. Empuja la estructura robótica por la sala. El motivo es que la futura fuerza laboral de China todavía no está lista para trabajar por sí sola. Por ahora, únicamente puede realizar movimientos repetitivos sencillos, cómo escanear un código QR.

"Quizás dentro de otros seis meses pueda realizar otra tarea", dice Pang con una sonrisa.

El camino es largo y el equipo celebra cada pequeño avance.

CRP Technology, que emplea a unas 300 personas, lleva nueve años fabricando brazos robóticos.

Cada uno puede adaptarse a las necesidades específicas de una fábrica para ayudar en la producción de automóviles, componentes electrónicos o turbinas eólicas. La empresa asegura que un solo brazo puede programarse para realizar más del 90% de las tareas repetitivas.

Las preguntas habituales

Los ingenieros también se preguntan si algún día podrán sustituir a la propia plantilla de la empresa.

"Queremos que nuestro nuevo robot sea como un ser humano. Esperamos que pueda pensar por sí mismo", afirma Pang.

Y añade: "Necesitamos este tipo de robots porque quizá dentro de diez años no tendremos suficientes trabajadores en China".

Pie de foto,
Pang Kai forma parte del equipo de investigación y desarrollo.

La disminución de la población y el envejecimiento de la fuerza laboral son otras de las razones por las que Pekín tiene prisa por revolucionar sus fábricas. Según estimaciones oficiales, para 2035 más de un tercio de la población china tendrá más de 60 años.

Además, algunos cálculos indican que el país perderá cerca de 60 millones de habitantes durante la próxima década, una cifra casi equivalente a la población de Francia.

La esperanza es que el aumento de la automatización cubra este déficit laboral antes de que afecte gravemente a una economía que ya muestra signos de desaceleración. Sin embargo, la velocidad de la transición es crucial.

Aproximadamente 120 millones de personas siguen trabajando en el sector manufacturero. Si China avanza demasiado rápido, la pérdida de empleos podría asestar un golpe catastrófico a millones de personas que dependen de los salarios de las fábricas.

"En teoría, las máquinas pueden trabajar las 24 horas del día, lo que sin duda supone una ventaja frente a los trabajadores humanos. Pero también requieren mantenimiento. Todos los días debemos dedicar tiempo a eso y, cada mes, la línea de producción necesita inspecciones y reparaciones", explica Cao Li, vicepresidente del fabricante de vehículos eléctricos Leapmotor.

Cada vez más populares en Europa, los automóviles asequibles y altamente tecnológicos de la compañía se ensamblan en la fábrica de Hangzhou con la ayuda de robots en cada etapa del proceso. Al final de la línea de producción, vuelven a aparecer más trabajadores humanos.

La empresa cuenta con más de 25.000 empleados y cientos de ellos realizan las comprobaciones finales mientras los vehículos recién fabricados avanzan por la línea. ¿Llegará el día en que ya no sean necesarios?

"Es totalmente posible", responde Cao.

"Y puede ocurrir relativamente pronto. En los talleres de estampación, soldadura y pintura, básicamente hemos alcanzado una automatización del 100%". añade.

La ventaja china

China tiene ventaja sobre EE.UU. gracias a su enorme base manufacturera. Motores, baterías, componentes electrónicos, engranajes y sensores: todo lo necesario para construir el cuerpo de un robot está al alcance de la mano.

Pie de foto,
Las máquinas intervienen en cada etapa de la fabricación de los vehículos eléctricos de Leapmotor.

"China también tiene una idea. Tiene un plan. Sabe dónde quiere estar dentro de cinco años. Planifican a nivel central, pero desglosan los objetivos hasta las regiones y municipios", le explica a la BBC la doctora Susanne Bieller, secretaria general de la Federación Internacional de Robótica.

"Si quieres construir un robot en Shenzhen, existe todo un ecosistema. Se tarda menos de una hora en conseguir los componentes necesarios para fabricarlo. En Europa puede llevar hasta una semana", agrega.

Sin embargo, reconoce que, aunque China es muy buena construyendo el "cuerpo" de los robots, EE.UU. sigue liderando la creación del "cerebro", lo que incluye el desarrollo de la inteligencia artificial que los programa.

Aún así, empresas chinas como DeepSeek y Moonshot han presentado nuevos modelos de IA que, según afirman, pueden competir con los mejores desarrollados en EE.UU.

Impulsada por un enfoque de "código abierto", en el que las nuevas empresas de IA comparten su programación, la innovación china ha logrado avanzar más rápido de lo esperado, pese a los controles estadounidenses sobre la exportación de chips avanzados críticos.

Los analistas creen ahora que la siguiente fase de esta carrera no dependerá de quién tenga el mejor modelo de lenguaje, sino de quién consiga integrar esa inteligencia en millones de máquinas.

Y por eso China también está invirtiendo en formar a una generación de estudiantes capaces de imaginar qué vendrá después.

En el Instituto Técnico de Hangzhou, por ejemplo, los jóvenes pueden comenzar su formación desde los 15 años.

Y la magnitud de lo que allí se enseña puede resultar asombrosa. Hay un edificio entero dedicado a motores y aeronáutica, así como una planta restringida para estudiantes que trabajarán en mantener a China a la cabeza del procesamiento de tierras raras, otro recurso estratégico clave en la competencia con Washington.

Algunos consideran que esta es una solución para la persistentemente elevada tasa de desempleo juvenil de China, donde uno de cada cinco jóvenes tiene dificultades para encontrar trabajo.

"Nuestros estudiantes tienen una gran demanda y las empresas incluso los reservan antes de que terminen sus estudios. No necesitan preocuparse en absoluto por encontrar empleo, y organizamos competiciones como parte de su formación", afirma Chen.

Pie de foto,
La innovación china está impulsando las fábricas del país más rápido de lo previsto.

"Es mejor encontrar tu lugar dentro de la ola tecnológica. En todo proceso de progreso se producen inevitablemente cambios estructurales, y precisamente en esos cambios se encuentran las futuras oportunidades laborales de los estudiantes".

Sin embargo, China sigue enfrentándose a serios desafíos económicos, desde una crisis inmobiliaria que continúa prolongándose hasta la enorme deuda de los gobiernos locales y un consumo persistentemente débil.

No está claro si, ni de qué manera, la revolución que Pekín promueve resolverá estos problemas, y también resulta difícil medir cómo se sienten aquellos cuyos empleos podrían verse amenazados por los cambios venideros. ¿Crearán los robots prosperidad para ellos o simplemente sustituirán muchos de sus puestos de trabajo?

"Mis estudiantes me preguntan qué ocurrirá en el futuro", dice Chen.

"Y yo les respondo que no lo sé. La tecnología está cambiando demasiado rápido. Pero no podemos quedarnos quietos ni dormirnos aquí. Tenemos que seguir avanzando para descubrir de qué somos capaces", concluye.


    • Laura Bicker
    • Título del autor,BBC News Mundo
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 8 min
  • https://www.bbc.com/mundo/articles/c4g7enmvjrdo