miércoles, 3 de junio de 2026

Canadá y Nueva Zelanda enseñan a España que la caída del precio de la vivienda tiene una cara oculta que afecta a toda la economía

 

Cartel de 'SE VENDE' en un bloque de edificios. Foto de Alamy.


  • En un país de propietarios, la vivienda es la gran fuente de riqueza
  • La caída de los precios tendría un impacto en el 'efecto riqueza'
  • Las economías de Canadá y Nueva Zelanda son el mejor ejemplo


En los últimos años, al calor de una crisis sin precedentes en el acceso a la vivienda, en España se ha asumido casi como una verdad absoluta que una caída del precio de los inmuebles sería una buena noticia para la economía (sin duda sería una buena noticia para todo aquel que quiere comprar... o no). Viviendas más baratas significarían un acceso más sencillo para los jóvenes y menos tensión sobre los alquileres. Sin embargo, la experiencia internacional y la propia estructura económica española revelan una realidad mucho más compleja. En un país donde la vivienda constituye el principal activo patrimonial de millones de familias, una caída prolongada de los precios puede terminar generando efectos secundarios económicos muy negativos que apenas forman parte del debate público.

Imaginen que ante un boom de la construcción (lo que supondría que el ladrillo volvería a ganar peso en el PIB y la actividad), la oferta supera a la demanda de vivienda. El precio de los inmuebles comienza a caer, las empresas de construcción y de intermediación inmobiliaria empiezan a recortar, los dueños de viviendas reducen su consumo (su riqueza cae y pierden confianza), el desempleo comienza a subir y la economía se estanca y cae en recesión. En este escenario, esa persona que estaba esperando como 'agua de mayo' la caída del precio del a vivienda podría retrasar su decisión de compra por miedo al futuro económico o incluso por haber perdido su empleo en esta 'crisis'. Con esto lo que se pretende mostrar es que en economía nada es gratis y todo tiene una cara y una cruz.

El caso de Nueva Zelanda

El mejor ejemplo de ello es lo que está ocurriendo en Nueva Zelanda. Tras años de exuberancia inmobiliaria, el fuerte ajuste de los precios de la vivienda ha comenzado a lastrar el consumo, la inversión y el crecimiento económico del país oceánico. Allí, como en España, gran parte de la riqueza de los hogares estaba vinculada al ladrillo. Cuando el valor de las viviendas empezó a caer, apareció el reverso del famoso 'efecto riqueza'. Los ciudadanos se sienten más pobres, aunque sus ingresos no hayan variado. El resultado es una menor disposición a consumir, invertir o endeudarse, afectando directamente a la actividad económica.

Nueva Zelanda, que en su día fue escenario de uno de los mayores auges inmobiliarios del mundo se encuentra ahora sumida en una prolongada recesión, lo que pone de manifiesto la profunda dependencia de la economía del país respecto al constante aumento del valor de las viviendas. Durante casi tres décadas, hablar del boom en los precios (que aumentó sin cesar y enriqueció a una gran parte de la población) fue un pasatiempo nacional. Ahora todo ha cambiado de golpe.

Esta crisis, provocada por el aumento de los costes de endeudamiento, la elevada tasa de propiedad y la menor migración, está frenando el crecimiento, afectando al patrimonio familiar y transformando la percepción que la gente tiene de la propiedad inmobiliaria. En Nueva Zelanda, el precio medio de la vivienda ha caído un 16% desde el máximo alcanzado en 2021, llegando a un 27% en Wellington, una de las regiones más afectadas. Los daños colaterales se acumulan. Más de 2.200 empresas constructoras han sido liquidadas desde 2022. El número de propiedades en venta aumenta a medida que los vendedores luchan por adaptarse al mercado, mientras que los compradores esperan mejores ofertas. Entre el 15% y el 20% de las propiedades se vendieron con pérdidas en Auckland y Wellington durante el primer trimestre de este año.

La recesión amenaza con frustrar una de las principales vías para abordar la asequibilidad de la vivienda a largo plazo: la construcción de más viviendas. En Auckland, la ciudad más grande del país, las autoridades han revertido parcialmente los planes que permitirían la densificación en barrios acomodados tras la resistencia de algunos legisladores y propietarios. Unos planes que sonarán muy familiares a los que sigan la actualidad de la vivienda en España, especialmente en Madrid, donde el Ayuntamiento prepara un texto precisamente para permitir una mayor densificación de los barrios.

El cuadro presenta trazos similares en Canadá. Tras el aumento récord de los precios de la vivienda a raíz de la pandemia, el menor crecimiento demográfico y el aumento de la oferta en algunas comunidades han provocado un fuerte retroceso. Los precios de referencia han caído cerca del 20% a nivel nacional desde 2022 y más de un 30% en algunas ciudades.

El efecto en la economía no se ha hecho esperar. La caída más prolongada del mercado inmobiliario en últimas décadas, está afectando el gasto de los hogares, incluso cuando un mercado bursátil nacional en máximos históricos genera cientos de miles de millones de dólares de mayor riqueza. El menor consumo, debido en parte a la bajada de los precios de la vivienda, podría obstaculizar los esfuerzos del primer ministro Mark Carney por reactivar la economía canadiense, que además se enfrenta a una guerra comercial iniciada por EEUU.

Con un toque más melancólico y una prospección más hacia el pasado, los analistas de Deutsche Bank publicaron hace un poco un informe en el que se abordaba el no tan comentado caso de Reino Unido. Los estrategas del banco alemán señalaban que 'por debajo' de unos precios reales (descontando la inflación) de la vivienda prácticamente planos durante los últimos 20 años se escondía el germen de todas las crisis que ha padecido el país desde la Gran Recesión. La erosión de ese 'efecto riqueza' ha sido patente en un país que se dejó arrastrar más de lo que se presuponía fuera de sus fronteras por la 'enfermedad del ladrillo'. "No hay nada más devastador que ver cómo se deprecia el valor de tu vivienda", certifica David Rosenberg, economista jefe y estratega de Rosenberg Research.

Por supuesto, toda moneda que se precie tiene otra cara. Si estas caídas en la vivienda son demoledoras para el 'efecto riqueza', tampoco tienen por qué servir a quienes quieren comprar una casa y, sencillamente, no pueden. El aviso a navegantes llega en este caso desde Canadá. Los citados retrocesos de dos dígitos deberían ser una buena noticia para quienes quieren comprar un inmueble, especialmente para aquellos que lo hacen por primera vez, siempre víctimas de más barreras de entrada, pero la bajada de precios aún no es suficiente para cambiar la situación.

Alrededor del 55% de los canadienses desean que los precios de las viviendas sigan bajando, cifra que asciende al 69% entre los jóvenes de 18 a 34 años, según una encuesta de Nanos Research Group para Bloomberg News. Incluso entre los propietarios de viviendas, dos tercios declararon a Nanos que la bajada de precios hasta la fecha era un hecho positivo o parcialmente positivo para el mercado inmobiliario.

"Si nos fijamos solo en las cifras, enseguida llegaríamos a la conclusión de que se trata de una caída masiva de los precios de la vivienda. Pero lo cierto es que esto ocurre después de que los precios hubieran subido aún más", afirma Robert Hogue, economista jefe adjunto del Royal Bank of Canada. "Simplemente estamos revirtiendo lo que algunos considerarían -y yo también- como aumentos de precios excesivos", explica a Bloomberg una coyuntura que hace pensar en España tras el fuerte auge de precios tras la pandemia (sobre todo en las grandes ciudades), la caída tendría que ser considerable para que muchos pudieran acceder a su primera vivienda.

Con todo esto no se pretende señalar que una caída del precio de los inmuebles sea negativa, simplemente se pone de relieve que todo tiene consecuencias (en economía nada es gratis). Aunque el mercado inmobiliario y los precios no son un juego de suma cierto que detrás del boom del precio de la vivienda hay cientos de miles de personas 'beneficiadas', que ven como su riqueza se incrementa año a año. Un desplome de los precios beneficiaría a una España (la que quiere comprar, y no del todo, como se está experimentando en Canadá), pero perjudicaría a otra (la España propietaria, la que arrenda inmuebles y al sector de la construcción).

España es un caso especial

España presenta además una característica que podría amplificar ese efecto, puesto que es uno de los países de Europa con mayor cultura de propiedad. Según datos de Fotocasa, cerca de la mitad de los hogares españoles son propietarios (ya han pagado la hipoteca) de la vivienda en la que viven. A ello se suma una elevada proporción de pequeños propietarios que han utilizado el ladrillo como vehículo de ahorro durante décadas (además muy concentrado en la generación del baby boom). En España, para millones de familias, la vivienda no es solo un lugar donde vivir, sino su principal reserva de valor y su gran plan de jubilación.

España es un país de pequeños propietarios. Se estima que alrededor del 20% de la población tienen más de una vivienda, lo que podría agudizar aún más el impacto de la caída de la vivienda en el consumo de los hogares. El profesor de la Universidad de las Hespérides Santiago Calvo explicaba hace unos días que la mayoría de los arrendadores de vivienda en España no son grandes propietarios (fondos y otras empresas), son pequeños propietarios cuya economía personal depende en gran medida de su inversión en ladrillo: "El 89% de los caseros particulares en España alquila una o dos viviendas. Solo el 0,4% supera el umbral legal de gran tenedor. La narrativa del 'alquiler concentrado en pocas manos' no encaja con la fotografía real". Esto significa que una caída del precio de la vivienda no dañaría únicamente a grandes inversores (muchos de ellos extranjeros), sino sobre todo a cientos de miles de pequeños ahorradores y familias de clase media.

La vivienda como fuente de riqueza

Una prueba fehaciente de esto se refleja en los indicadores de riqueza de los hogares europeos, en los que, para sorpresa de muchos, España saca bastante distancia a economía punteras como Alemania. La explicación reside en la vivienda y en la preponderancia de la propiedad en países como España y en la del alquiler en otros como Alemania. Según las estadísticas del Banco Central Europeo (BCE), el patrimonio neto medio de los hogares alemanes es de tan solo unos 127.000 euros. En algunos de los denominados en su día PIGS (cerdos en inglés y acrónimo de Portugal, Italia, Grecia y España), esa cifra es superior. En Grecia, la economía que implosionó en plena crisis de deuda de la eurozona, ese patrimonio neto escala hasta los 131.000 euros. En España alcanza unos espectaculares, a primera vista, 227.703 euros.

La generación con más vivienda

El impacto de una severa corrección en la vivienda sería especialmente sensible entre las generaciones de más edad. Los datos muestran que cuanto mayor es la edad, mayor es también la proporción de propietarios múltiples. Entre los mayores de 55 años, un 22% posee dos viviendas y un 5% cuenta con tres o más inmuebles. Para muchos jubilados y hogares cercanos a la jubilación, los ingresos procedentes del alquiler se han convertido en un complemento esencial para mantener su nivel de vida. Si los precios de la vivienda y los alquileres comenzaran a caer de forma significativa, también disminuiría esa renta inmobiliaria que hoy sostiene parte del consumo privado español. Además, el Gobierno es consciente de que los 'boomers' son los que pueden poner y quitar gobiernos, lo que ha generado ciertas suspicacias entre diferentes círculos económicos que se preguntan si realmente los políticos pretenden implementar medidas que reduzcan el precio de la vivienda cuando eso dañaría la riqueza de sus principales votantes. La construcción masiva de vivienda pública es costosa en términos económicos y de tiempo, mientras que su rédito electoral es confuso cuando menos.

Por otro lado, la construcción sería otro de los sectores directamente afectados. Durante décadas, el inmobiliario ha actuado como uno de los grandes motores de la economía española. Una caída persistente de precios reduce los incentivos para promover nuevas viviendas, enfría la inversión y termina afectando al empleo en construcción, materiales, reformas, intermediación financiera y servicios inmobiliarios. Aunque la construcción solo representa en la actualidad un 5,3% del PIB, se ha convertido en los últimos trimestres en uno de los sectores que presenta una aportación positiva al PIB.

El problema además podría generar un círculo vicioso. Si los precios de la vivienda bajan, las familias perciben una pérdida patrimonial y reducen el consumo. Al caer el consumo, la economía se desacelera y aumenta la incertidumbre. Esa incertidumbre reduce todavía más la inversión inmobiliaria y la demanda de vivienda. A su vez, el deterioro económico puede provocar un endurecimiento de las condiciones crediticias (los bancos restringen el crédito) y una mayor prudencia bancaria a la hora de conceder hipotecas, amplificando la caída del mercado. Nueva Zelanda está empezando a experimentar precisamente parte de esa dinámica tras años de exuberancia inmobiliaria.

Todo esto no significa que unos precios eternamente disparados sean deseables o sostenibles. España sigue sufriendo graves problemas de acceso a la vivienda para jóvenes y familias con rentas medias. Al otro lado de la ecuación de los propietarios, el daño empieza a ser irreparable para muchos que ven pasar los años y no pueden adquirir su primer inmueble. En una encuesta realizada a finales del año pasado por ING, los españoles eran los que mostraban una mayor oposición (casi un 50%) a la afirmación "la vivienda (ya sea en alquiler o en compra) es asequible para la mayoría de las personas en mi país" frente al resto de socios europeos.

"En países con mercados inmobiliarios dominados por la propiedad, muchos podrían interpretar la asequibilidad de la vivienda como la capacidad de los compradores primerizos para acceder al mercado inmobiliario. Cuando los precios suben, los compradores primerizos son más vulnerables que quienes simplemente cambian de vivienda, ya que no pueden beneficiarse de la plusvalía que generaría su anterior vivienda en un mercado de precios más elevados", ilustraba el economista Sebastian Franke en la nota de ING con la encuesta.

Pese a esta acuciante situación, la experiencia internacional demuestra que una corrección brusca tampoco es inocua (no existe el paraíso) en economías donde el ladrillo concentra gran parte del ahorro privado. La vivienda no funciona únicamente como un bien de consumo: en países como España actúa como un gigantesco activo financiero distribuido entre millones de hogares. La narrativa simplificada de "si baja la vivienda, todos ganan" ignora cómo funciona realmente la riqueza familiar en España.

Por eso el gran riesgo no es únicamente inmobiliario, sino macroeconómico. Si el precio de la vivienda entra en una fase de corrección prolongada, España podría enfrentarse a una combinación de menor consumo, caída de la inversión, debilitamiento de la riqueza familiar y deterioro de la actividad económica. Lo que está ocurriendo en Nueva Zelanda o Canadá muestra hasta qué punto el mercado inmobiliario puede convertirse en una fuente de fragilidad cuando el crecimiento económico depende en exceso de la riqueza patrimonial de los hogares. Y en un país tan profundamente vinculado al ladrillo como España, ese riesgo merece mucha más atención de la que está recibiendo.


https://www.eleconomista.es/vivienda-inmobiliario/noticias/13948854/06/26/canada-y-nueva-zelanda-ensenan-a-espana-que-la-caida-del-precio-de-la-vivienda-tiene-una-cara-oculta-que-afecta-a-toda-la-economia.html

martes, 2 de junio de 2026

¿Expansión ártica a la vista? Islandia y Noruega plantean iniciar conversaciones para adherirse a la Unión Europea

 

iStock.


  • La isla celebrará un referéndum en agosto para abrir consultas con Bruselas
  • El Gobierno de Oslo reconoce que el "mundo idílico" que ha vivido ha terminado
  • Las Feroe y Groenlandia han detenido el proceso de independencia con Dinamarca


Noruega e Islandia están reconsiderando su relación con la Unión Europea. En una entrevista para el Financial Times, el ministro de Asuntos Exteriores noruego, Espen Barth Eide, señaló que el "mundo idílico" que ha vivido el país escandinavo en los últimos 30 años ha dado paso a un "mundo de locura" ante el aumento de la belicosidad de los grandes imperios. En paralelo, Islandia celebra este agosto un referéndum para decidir si reabre conversaciones de adhesión con la UE. En ambos países y en otros territorios árticos como las Feroe o Groenlandia subyace la misma inquietud: el futuro de su rica industria pesquera.

¿Por qué un país decide unirse a la Unión Europea? Hay muchas razones, pero hasta ahora siempre había imperado la cuestión comercial: el acceso a uno de los mercados más ricos del mundo. Noruega e Islandia entraron parcialmente al bloque a través de la Asociación de Libre Comercio Europea, pero nunca han formado parte de la Unión. En la práctica, este acuerdo ha eliminado aranceles y restricciones manteniendo su independencia, pero sin la capacidad de discutir de tú a tú las políticas comerciales con otros estados como Francia o España.

Hasta ahora este estatus que comparte con Suiza y Liechtenstein había sido suficiente, pero las ansias expansionistas de Donald Trump han trastocado la opinión pública de estas naciones nórdicas. La cuestión de formar parte del club comunitario pasa por aumentar la defensa y la seguridad interior; un mayor abrigo político, y poder integrarse en las políticas anticoercitivas de Bruselas.

Noruega ha celebrado hasta ahora dos referéndums para adherirse o no a la UE. "Nos opusimos en 1972 por la pesca y volvimos a hacerlo en 1994; en ambos casos, la pesca fue un factor determinante. La pesca y la agricultura", indicó Eide. Esquema similar ha imperado en Islandia para evitar unirse, junto al descalabro que supuso la crisis financiera de 2008-2014, que congeló sine die su adhesión. La pesca es el segundo sector exportador de Noruega, después de los hidrocarburos, y el primero en Islandia, Groenlandia y las islas Feroe.

Un mundo más agresivo

"Este mundo tan loco que nos rodea, con todo lo que está pasando entre China y Estados Unidos, está obligando a la UE a recurrir a medidas de una caja de herramientas que no se había utilizado mucho", afirmó el canciller noruego, refiriéndose a la política comercial, el plan de rearme y a la unión aduanera. "Precisamente las herramientas a las que decidimos no sumarnos".

En enero, Donald Trump consternó a Europa con las amenazas explícitas de invadir Groenlandia si Dinamarca no cedía su soberanía. Una coalición de países europeos, incluidos Reino Unido, Francia y Alemania, enviaron soldados a la isla ártica para demostrar su apoyo sin fisuras a Dinamarca y Groenlandia. Una investigación de la televisión pública danesa reveló que Copenhague se había mentalizado para combatir contra soldados estadounidenses en suelo groenlandés y preparó una estrategia de tierra quemada.

Aunque la bravata de Trump cesó una vez el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, le prometió un nuevo esquema de seguridad, en Europa los mensajes de intranquilidad han persistido. La respuesta ha sido un mayor acercamiento de Groenlandia hacia Dinamarca, la congelación del proceso independentista feroés y el cuestionamiento de una adhesión en la UE por parte de Islandia y Noruega.


https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13947194/06/26/expansion-artica-a-la-vista-islandia-y-noruega-plantean-iniciar-conversaciones-para-adherirse-a-la-union-europea.html

lunes, 1 de junio de 2026

Estas serán las causas del fin de nuestra civilización, según un nuevo estudio



Fotograma de 'El Planeta de los Simios' (20th Century Studios)



Un estudio simula 10 posibles futuros durante 1.000 años y concluye que el agotamiento de recursos y la gobernanza interna determinan el colapso o la supervivencia tecnológica más que los riesgos externos




La historia humana está plagada de civilizaciones extintas y académicos y arqueólogos llevan tiempo intentando comprender por qué y cómo colapsan esas civilizaciones. Sabemos que existen síntomas como una creciente brecha de riqueza y la desconfianza hacia las élites que son precursores del colapso civilizatorio. Pero ¿qué ocurre con las civilizaciones tecnológicas globales como la nuestra? ¿Cuánto tiempo pueden durar? ¿Qué provoca su colapso? ¿Cómo pueden recuperarse?

Estas son preguntas difíciles de abordar. Muchas de las variables y parámetros implicados están muy por encima del horizonte de nuestro conocimiento. Aun así, merece la pena intentarlo a modo de experimento mental.

Un nuevo artículo titulado "Proyecciones de la Tecnosfera Terrestre: Dinámicas de Colapso-Recuperación Civilizatoria y Detectabilidad" explora algunas de estas cuestiones. El artículo está disponible en arxiv.org y la autora principal es Celia Blanco. La doctora Blanco es investigadora afiliada al Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) en España y al Blue Marble Space Institute of Science de Seattle, Washington.

"Una de las preguntas más desconcertantes de la astrobiología es si existen civilizaciones inteligentes en algún otro lugar de la galaxia y, de ser así, por qué no las hemos detectado aún", escriben los autores. "Esta aparente contradicción, conocida habitualmente como la Paradoja de Fermi o el Gran Silencio, plantea la pregunta de por qué, en una galaxia con miles de millones de años de antigüedad, no observamos señales claras de vida extraterrestre avanzada".

La idea del Gran Filtro puede ser una explicación. Se propone como una barrera que impide que la vida simple avance y se convierta en civilizaciones tecnológicas que se expanden a otras estrellas de una galaxia. Hay muchos pasos en ese camino, y la idea del Gran Filtro sostiene que al menos uno de ellos es sumamente improbable.

Este estudio no aborda directamente en qué podría consistir un Gran Filtro, pero sí examina el colapso en sí, cómo y por qué podría producirse, y cuánto podría durar la recuperación.

"Durante cuánto tiempo permanece activa una civilización tecnológica, y qué determina si colapsa o persiste, es una pregunta central tanto para proyectar el futuro de la humanidad como para evaluar la prevalencia de inteligencia detectable en la galaxia", escriben Blanco y sus coautores.

Para comprender esta cuestión, los investigadores recurrieron a simulaciones. Partieron de una "civilización de origen terrestre" y modelaron las dinámicas de colapso y recuperación para diez futuros plausibles. En cada caso, ejecutaron 200 simulaciones durante 1.000 años. Los autores señalan que los resultados estuvieron determinados por la interacción entre la exposición a riesgos, las presiones sobre los recursos y los tipos de gobernanza.

La idea del ciclo de trabajo es fundamental en este estudio. "El ciclo de trabajo, definido como la fracción de su vida total que una civilización permanece tecnológicamente activa, oscila entre ∼0,38 y 1,00", explican los autores. Un ciclo de trabajo de 1,00 indica ausencia de colapso.

La siguiente tabla muestra las descripciones de los 10 escenarios y las etiquetas sociotécnicas con las que trabajan los investigadores y ofrecen una fascinante visión de los tipos de futuros que podrían aguardar a la humanidad.


EscenarioEtiquetasDescripción
S1: El Gran Hermano VigilaEscasez + Gobierno de Uno + Jerárquico
Clúster 6 (Tierra 2024)
Sistema autoritario centralizado bajo presión de recursos
S2: El Salvaje OesteEscasez + Gobierno de Pocos + Jerárquico
Clúster 6 (Tierra 2024)
Sociedad desregulada, competitiva y fragmentada
S3: La Edad de OroSin escasez + Gobierno de Todos + Distribuido
Clúster 6 (Tierra 2024)
Sociedad igualitaria y estable con recursos abundantes
S4: Vivir con la TierraEscasez + Gobierno de Pocos + Jerárquico
Clúster 5 (Simplicidad)
Sociedad de bajo impacto, cíclica y ecológicamente condicionada
S5: TranshumanismoSin escasez + Gobierno de Todos + Distribuido
Clúster 4 (Ingeniería)
Civilización tecnológicamente integrada y posbiológica
S6: La Espada de DamoclesEscasez + Gobierno de Pocos + Jerárquico
Clúster 4 (Ingeniería)
Sistema de alta tecnología y alto riesgo con potencial de fallos en cascada
S7: La RestauraciónSin escasez + Gobierno de Todos + Distribuido
Clúster 3 (Sostenibilidad)
Mundo recuperado tras un colapso, con resiliencia
S8: OuroborosEscasez + Gobierno de Pocos + Jerárquico
Clúster 3 (Sostenibilidad)
Civilización oscilatoria con colapso y renacimiento cíclicos
S9: Deus Ex MachinaSin escasez + Gobierno de Todos + Distribuido
Clúster 2 (Escape Tecnológico)
Expansión tecnológica agresiva con riesgo de inestabilidad
S10: Fuera del EdénSin escasez + Gobierno de Todos + Distribuido
Clúster 1 (Vida Paralela)
Coexistencia armonizada con la naturaleza y las máquinas

En estos escenarios, algunos factores son iguales en todos y otros no. Los riesgos de fondo, como el impacto de un asteroide, se distribuyen de forma equitativa, mientras que otros, como la tasa de agotamiento de recursos, no lo son. La interacción global entre todos los factores determina el resultado para cada tipo de civilización.

Las simulaciones también revelaron cómo colapsa cada tipo de escenario. Algunos tipos nunca colapsan, otros lo hacen rápidamente y algunos colapsan y se recuperan varias veces en las ejecuciones de 1.000 años. La Edad de Oro y Edén nunca colapsan, mientras que Gran Hermano y Espada de Damocles colapsan rápidamente. Algunos, como Gran Hermano y Restauración, sufren colapsos repetidos.

Los investigadores utilizaron estos resultados para comprender qué tipo de tecnosignaturas podrían ser observables en cada caso. Se centraron en el dióxido de nitrógeno, el clorofluorocarbono-11, el clorofluorocarbono-12 y el tetrafluoruro de carbono.

La Espada de Damocles destaca como el único escenario que muestra tetrafluoruro de carbono. También resulta destacable que Vivir de la Tierra, Transhumanismo, Deus ex Machina y Fuera del Edén no presentan CFC. Evidentemente, estas simulaciones tienen ciertas limitaciones, que los autores reconocen y explican.

"Nuestro marco de modelado se basa en tipologías de escenarios de origen terrestre, tomando como referencia metodologías de futuros narrativos fundamentadas en tendencias geopolíticas, ecológicas y tecnológicas contemporáneas", explican los investigadores. "Estas proyecciones incorporan supuestos sobre estructuras de gobernanza, limitaciones de recursos y dinámicas de recuperación que podrían no ser aplicables a civilizaciones no terrestres o a aquellas que no siguen trayectorias de desarrollo similares a las de la Tierra".

Dicho esto, los resultados son interesantes. No sorprenderá que el agotamiento de los recursos desempeñe un papel fundamental, al igual que la fracción de recuperación tras el colapso.

"El análisis de sensibilidad revela que la tasa de agotamiento de recursos y la fracción de recuperación tras el colapso son sistemáticamente las palancas de mayor impacto en los distintos escenarios, lo que sugiere que reducir el consumo de recursos puede ser tan importante, o incluso más, que mitigar los riesgos existenciales para evitar el colapso civilizatorio", escriben los autores.

En este trabajo confluyen dos puntos de vista distintos. Uno sostiene que las civilizaciones tecnológicas son inestables y propensas al colapso. Desde esta perspectiva, una civilización tecnológica puede extinguirse por el impacto de un asteroide, una pandemia global o un conflicto nuclear mundial. Un punto de vista diferente sostiene que existe un momento en su desarrollo en el que las civilizaciones tecnológicas se vuelven resistentes al colapso: han construido defensas tecnológicas contra impactos catastróficos, son resilientes ante una pandemia global y han dejado atrás de algún modo la guerra.

"Ambos patrones emergen de forma natural en nuestras simulaciones, no a partir de diferencias en los choques exógenos, sino de la estructura sociotécnica interna", concluyen los investigadores. "El destino a largo plazo de una civilización parece ser menos una cuestión de suerte que de diseño".


domingo, 31 de mayo de 2026

China se apodera poco a poco de la economía mundial: supera a Japón como acreedor global y ahora va a por Alemania

 

Billetes y monedas de yuan. Foto de Dreamstime.


  • hina está cada vez más cerca de alcanzar a Alemania como mayor acreedor
  • La fuerte propensión al ahorro de los chinos genera grandes superávits...
  • ... que se reinvierten en el resto del mundo a través de la compra de activos


Los medios de comunicación suelen prestar mucha atención a indicadores como el PIB, el desempleo, la inflación... sin duda todos estos datos afectan de forma directa al bolsillo y merecen la pena ser analizados y expuestos en los medios. Sin embargo, hay otros indicadores más abstractos, menos conocidos y, sobre todo, mucho más complejos de los que pocos hablan aunque en realidad muevan el mundo. La economía global, como la nacional o la local, se divide entre acreedores y deudores. Lo que unos piden prestado es el ahorro de otros, mientras que los intereses que uno paga son los intereses que otro recibe. Cuanto más grande es tu posición acreedora, más 'dueño' eres de la economía global (al menos de los activos que la conforman). Este martes se ha conocido que China ha logrado superar a Japón por primera vez en la historia (desde que hay datos) como acreedor global. La cosa no termina ahí. China ahora va a por una Alemania que sigue manteniendo el primer puesto a nivel mundial.

Para ser acreedor global, los agentes de un país (familias, empresas y sector público) deben atesorar más activos extranjeros en su poder que al revés (los activos nacionales que poseen los extranjeros). Normalmente, las economías que presentan una propensión intensa al ahorro en detrimento del consumo y la inversión doméstica suelen ser acreedores netos. Los sospechosos habituales están siempre ahí: alemanes, japoneses, chinos, noruegos, suizos, coreanos... Por el contrario, los países que consumen e invierten más son deudores netos y para ser deudores netos deben vender parte de sus activos internos. Por ejemplo, EEUU tiene buena parte de su deuda pública y acciones en manos de extranjeros, lo que le permite ser un deudor neto con el resto del mundo. España, también deudora neta, tiene buena parte de su parque inmobiliario en manos de alemanes, británicos, polacos... lo que también permite a España financiar esa posición deudora (que por cierto ha mejorado muchísimo en los últimos años).

Ser acreedor neto da cierto poder y beneficio económico. Primero porque los acreedores disfrutan de rentas. Los dividendos que pagan las acciones, los intereses de los bonos o los alquileres de los inmuebles van directos a los acreedores incrementando su renta disponible. Por otro lado, como se está pudiendo ver en la 'guerra fría' entre China y EEUU también dan cierto poder. China ha acumulado tanta deuda de EEUU que puede presionar de forma indirecta o amenazar con deshacerse de ella si EEUU supera ciertos límites.

Otra forma de adquirir activos en el exterior es a través de la inversión extranjera directa que permite que inversores extranjeros controles o participen en empresas de otros países, lo que es otra forma de generar rentas e influencia a través de la economía. La creciente posición acreedora de China sirve por ejemplo para que Pekín pueda abrir fábricas de coches en España y Europa. Esto sin duda es positivo para la economía europea (genera puestos de trabajo e inversión), pero al mismo tiempo se genera una dependencia mayor de China.

El sorpasso de China a Japón revela como el mundo está cambiando y el peso que está ganando el 'gigante asiático' como potencia global. China ha superado a Japón en el ranking de acreedores globales y se ha situado como el segundo mayor acreedor neto del mundo en 2025, lo que supone un histórico sorpasso que muestra al auge de China, al mismo tiempo que supone un nuevo descenso en la clasificación mundial para Japón, a pesar de que sus activos externos netos siguen avanzando, según informado el Ministerio de Finanzas nipón es martes en una información recogida por Reuters.

Los activos externos netos de Japón alcanzaron un máximo histórico de 561,8 billones de yenes (3,5 billones de dólares) a finales de 2025, según estos datos. A pesar del aumento, el total fue superado por China, cuyos activos externos netos subieron a un ritmo más rápido hasta alcanzar los 636,3 billones de yenes. El cambio se produjo un año después de que Japón perdiera su posición como la mayor nación acreedora del mundo a favor de Alemania por primera vez en 34 años. Alemania se mantiene en el primer puesto en 2025 con 675,5 billones de yenes.


La posición de liderazgo de Japón como nación acreedora durante décadas se ha citado como uno de los factores que explican el estatus de refugio del yen en el pasado. Ese estatus parece menos claro ahora que la moneda se hunde cerca de sus niveles más bajos en décadas. "Independientemente de la clasificación, la posición neta de activos extranjeros de Japón sigue siendo enorme", reconoce a Bloomberg Daisuke Karakama, economista jefe de mercados del Mizuho Bank. "La cuestión es si mantener una cantidad tan grande de activos en el extranjero sigue considerándose algo positivo en el mundo actual, mucho menos pacífico", pone el dedo en la llaga enseguida.

El informe del ministerio señala que el fortalecimiento de las posiciones de Alemania y China se debe a unos superávits por cuenta corriente más elevados, respaldados principalmente por el comercio, espectro en el que China sigue alcanzando cotas imbatibles pese a la tensión geopolítica y la proliferación de conflictos. Al mismo tiempo, se recalca, el menor crecimiento de la posición de activos netos de Japón también refleja un aumento del valor de los activos nacionales en manos de inversores extranjeros, sobre todo debido a que la subida de las cotizaciones bursátiles japonesas impulsó el pasivo.

China va a por Alemania

Las enormes reservas de activos en el extranjero de Japón se consideraban en su día una razón clave para que el yen funcionara como moneda refugio en períodos de tensión en los mercados, explica Karakama. Pero ahora, el mero hecho de tener activos en el extranjero puede suscitar dudas sobre la seguridad y la protección, pone de manifiesto. De cara al futuro, Karakama avisa de que China podría acabar situándose muy por delante en activos extranjeros netos a nivel mundial tras competir con Alemania durante un tiempo, dada la sólida capacidad de generación de beneficios de la nación asiática.

"En el centro de la economía global se encuentra un sistema asimétrico e inestable en el que EEUU actúa como el consumidor de último recurso del mundo, mientras que países con superávit como China y Alemania (núcleo de la eurozona) reprimen el consumo interno en favor de un crecimiento impulsado por las exportaciones. Este desequilibrio se mantiene gracias al papel del dólar como moneda de reserva mundial, lo que permite a los países con superávit acumular activos estadounidenses en lugar de reequilibrar sus economías internamente", explican los analistas del blog de mercados Capital Flows en una entrada, situando a EEUU en el otro lado de la ecuación respecto a estos acreedores.

Este sistema, continúan estos estrategas, crea "un círculo vicioso de distorsiones en el capital y el comercio": EEUU debe incurrir en déficits comerciales y fiscales persistentes para absorber los superávits globales, mientras que las naciones con superávit dependen de esos mismos déficits para sostener su crecimiento. "En lugar de un círculo virtuoso de ajuste mutuo, obtenemos un sistema donde una parte sobreproduce y ahorra, y la otra 'sobreconsume' y se endeuda, impulsado por los mercados financieros y enmascarado por burbujas de activos", profundizan en su análisis.

Centrándose en el caso de China, el llamado a ser gran acreedor global, desde Capital Flows subrayan lo evidente a través de una suerte de esquema: "Las exportaciones superan a las importaciones, impulsadas por la contención de los salarios y el consumo. Las elevadas tasas de ahorro interno no se reinvierten en el país, sino que se destinan a activos externos, especialmente a aquellos denominados en dólares estadounidenses. Los controles de capital restringen nominalmente las salidas de capital, pero los flujos ilícitos (a través de criptomonedas, facturación fraudulenta y paraísos fiscales) eluden dichos controles. El exceso de capacidad productiva interna empuja las presiones deflacionarias hacia el exterior a través de los mercados mundiales de bienes. El modelo político depende del empleo generado por la industria, no del bienestar de los hogares, lo que provoca un exceso de oferta a nivel mundial".



Diseccionando a la hasta ahora 'campeona' de la clasificación, estos analistas elaboran un esquema similar para Alemania: "Presenta grandes superávits por cuenta corriente, impulsados por un crecimiento salarial contenido y una demanda interna limitada. El euro consolida la infravaloración de Alemania, lo que la hace extremadamente competitiva frente al sur de Europa y sus pares globales. Los mecanismos de ajuste interno están bloqueados: los países deficitarios de la zona euro no pueden devaluar ni estimular su economía libremente. El superávit de Alemania se exporta estructuralmente a EEUU a través de flujos de capital. La ortodoxia fiscal y la rigidez política impiden que la región genere una demanda interna adecuada".

El juego de tronos entre las economías globales no solo se juega con el PIB o con el poderío militar. La capacidad para acumular activos genera influencia (como se observa en la relación entre China y EEUU) y también unos ingresos que mejoran la renta disponible de los ciudadanos que poseen esos activos.


https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13938094/05/26/china-se-apodera-poco-a-poco-de-la-economia-mundial-supera-a-japon-como-acreedor-global-y-ahora-va-a-por-alemania.html