viernes, 10 de abril de 2026

¿Europeos “vagos” contra estadounidenses “emprendedores”? Por qué sobreviven ciertos tópicos

 

A un lado, la Torre Eiffel. Al otro, el Empire State Building. Dos capitales y dos formas de entender la vida.Getty Images / Collage: Blanca López


El enfrentamiento entre la “vieja” Europa y los “dinámicos” Estados Unidos es un antiguo mito que la actualidad revive cada poco, pero ¿cuánto hay de real y por qué hemos llegado a considerar válidos esos lugares comunes?


Los filósofos llevan siglos reflexionando sobre ello: ¿Cuál es la esencia de Europa? Hace algunos días falleció Jürgen Habermas, que defendió que Europa es el lugar donde la democracia avanza gracias al diálogo. George Steiner, en La idea de Europa, cifró la singularidad del continente en sus distancias (a escala humana), en la existencia de cafés y en el peso de su historia, que a veces conduce a la melancolía; y Peter Sloterdijk considera que la civilización europea se caracteriza porque coloca el poder espiritual por encima del poder pasajero de la fuerza. No obstante, Internet no le da tantas vueltas: la esencia de Europa se encuentra condensada en el bigote de Roberto Conigliaro, una mata de pelo negro bajo unas gafas de sol setenteras donde caben las ideas de todos esos pensadores.

Conigliaro es uno de los miembros de Mind Enterprises, el dúo de músicos que llena salas de todo el mundo gracias a sus videos virales. Ellos son esos italianos que bailotean casi con desgana, visten ropa deportiva de los ochenta y fuman y beben Campari mientras pinchan italodisco en balcones con ropa tendida de fondo. Con su aspecto anacrónico, sus copas y sus cigarros, se han convertido en un símbolo de la despreocupación europea y protagonizan infinidad de memes: son perezosos, moderadamente autodestructivos e infinitamente cool. Muchos otros memes que circulan desde hace poco difunden estereotipos similares: el chef Anthony Bourdain se relaja al sol en la terraza de un café, suponemos que parisino, y alguien escribe que así —de tranquila— es cualquier “mañana laborable en Europa” o unos jóvenes fuman y beben en una terraza en Marbella y el comentario es que “los estadounidenses no podrían comprenderlo”.

También hay versiones menos amables. En la cuarta temporada de Succession, Gerri, una directiva americana que hace negocios con una empresa sueca, comenta: “Son europeos. Son blandos. Están apoltronados en sus redes de seguridad social y enfermos de esa manía por las vacaciones y la sanidad gratuita. Se creen vikingos, pero a nosotros nos han criado los lobos”. Aunque se trate de un diálogo de ficción, estas líneas condensan muchas de las cosas que los estadounidenses suelen reprochar a los europeos. Por supuesto, no es algo nuevo: Henry James (nacido en Nueva York y nacionalizado británico) escribió a finales del s. XIX y principios del XX varias novelas sobre el choque entre culturas, como El americano o Los embajadores, y este también ha sido siempre un tema para el cine y la televisión: un hilo conecta Un americano en París con Emily in Paris, o Vacaciones en Roma con Vicky, Cristina, Barcelona. Pero, a medida que la tensión diplomática entre Estados Unidos y la Unión Europea aumenta, el enfrentamiento de clichés y estilos de vida también se recrudece. Como casi siempre sucede en redes sociales, es muy posible que detrás del sarcasmo y de los chistes exista un programa ideológico.


Cómo nos ven“Hoy conviven dos versiones modernas de los imaginarios clásico. Por un lado, el del europeo sofisticado, que habla idiomas, sabe historia del arte, tiene una relación lenta y ritualizada con la vida (la sobremesa, el café, el paseo, la familia y los amigos, el buen tiempo). Ese imaginario tiene prestigio especialmente entre élites culturales urbanas estadounidenses y por eso ciudades como París, Roma o Barcelona siguen siendo vistas como capitales simbólicas del buen vivir. Y, a la vez, existe una lectura más crítica, que tiene que ver con el desarrollo del sistema neoliberal. Europa como un continente envejecido, estancado en el tiempo, sin innovación. Esta visión tiene mucho que ver con el contraste entre el modelo social europeo, más garantista y burocrático, y el ideal americano de productividad y expansión”, comenta la politóloga Lilith Verstrynge.

Efectivamente, las bromas son infinitas, pero todas conducen al mismo lugar: los europeos son tan distinguidos como torpes para las finanzas. El reproche viene de lejos, porque los políticos estadounidenses todavía recuerdan los 13.000 millones de dólares que su país invirtió en la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Tal y como señala el historiador Tony Judt en Postguerra: una historia de Europa desde 1945, los americanos enseguida reconocieron que el viejo mundo volvía a ser un espacio de cultura, pero las críticas sobre la falta de flexibilidad económica también aparecieron pronto (y llegan hasta nuestros días).

La profesora Nuria Peist, del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, cree que ningún tópico es inocente y que, en este caso, la rivalidad entre americanos y europeos fija una división del mundo “muy estricta y poco compleja que reproduce condiciones de desigualdad y de violencia simbólica”. Peist parte de la premisa de que las ficciones no están enfrentadas a la realidad, sino que son una porción importante de ella, de manera que, aunque “los tópicos deforman la realidad, también son efectivos a la hora de confirmarla y reproducirla”. “Sucede tanto en el cine, en el arte y en los memes de internet. Lo que pasa es que los públicos cambian, las maneras de relacionarnos también, y no es lo mismo la vivencia de mi abuela cuando iba de pequeña al cine, como pasaba en la peli Cinema Paradiso, que el bombardeo de memes que recibimos cuando escroleamos”, explica.

Patricia Bolaños, ilustradora y artista madrileña que lleva más de una década trabajando en Nueva York, confirma que muchas veces se ha reconocido en algunas bromas: “Siento que he interiorizado ciertos patrones americanos en cuanto a niveles de producción laboral, especialmente siendo freelance: estar siempre disponible, contestar rápido, no desconectar nunca del todo. En sectores como la ilustración editorial, donde la inmediatez es clave, no responder a tiempo puede significar perder un encargo”, comenta. “Los americanos siguen fantaseando con una vida europea, más ahora con la situación política en USA. Lo percibo constantemente no solo en la fetichización de destinos muy concretos como la Toscana, sino en algo más estructural: la idea de una vida más amable, más bella y más accesible, porque Nueva York es una ciudad dura, sucia y carísima”.

Cómo los vemos

En La piel, la crónica de Curzio Malaparte sobre la ocupación estadounidense de Nápoles entre 1943 y 1945 —hechos de los que el escritor fue testigo privilegiado—, los soldados estadounidenses aparecen representados como grandullones confiados, casi como niños musculosos a merced de las argucias de los napolitanos. Héctor Muniente, cineasta aragonés en Nueva York y autor del documental American Greyhounds, confirma que él también se encontró con cierto optimismo ingenuo y da por buenas las caricaturas que representan a los americanos “como unos gordinflones aventureros”: “El sueño americano sigue siendo muy chocante para un europeo y es algo que tiene que ver con la ilusión, el voluntarismo y cierta idea de salir ahí afuera a hacer cosas: siguen pensando que todo es posible”.

“Discutir sobre por qué son así puede conducir a ciertos esencialismos”, continúa Muniente. “En The End of the Myth, Greg Grandin habla de que su manera de ser, su esencia tiene que ver con la expansión porque Estados Unidos se fundó así. Y a partir de ahí, se desarrolla todo el mito del colono, de la conquista del Oeste, de Interstellar o de la obsesión de Bezos y Musk por Marte... Aunque sea trágico, ese es el corazón del país y ellos siempre tendrán se acercarán al mundo desde esas coordenadas imperialistas”.

“Es verdad que en Estados Unidos es muy fácil emprender y es muy fácil fracasar”, remarca.“Aplican a todo una estrategia empresarial. Pero ahora que estamos en un momento terrible políticamente, hay algo que me gusta de la victoria de Mamdani y es lo que llaman canvassing o porteo, que no existe en España. Aquí sacaron a miles de personas llamando puerta a puerta para convencer a otros vecinos de sus ideas políticas. Eso, que se parece tanto a montar una empresa, pero desde el otro lado, es lo único que me hace optimista de este país. Sabemos todo lo que no funciona, pero luego ves ese entusiasmo en el día a día, que todavía tiene que ver con la pastoral americana y la idea de la América feliz de los cincuenta, y siento cierta envidia”.

Bolaños explica que esos “niveles de individualismo” y entusiasmo también tienen que ver mecanismos económicos concretos que obligan a que uno siempre deba cuidar de sí mismo: “Aquí es mucho más fácil que alguien se quede sin apoyo: familias desestructuradas, falta de comunidad, ausencia de una red pública sólida. Muchos de mis amigos tienen préstamos estudiantiles altísimos que saben que tardarán décadas en pagar. En ese contexto, el endeudamiento deja de percibirse como un riesgo excepcional y pasa a ser parte del funcionamiento normal de la vida, lo que también favorece una mayor predisposición a emprender”.

Para Vestrynge, la clave detrás de todas estas percepciones reside en que Europa sigue siendo un continente que no está subordinado exclusivamente al trabajo: “Los europeos defendemos ese legado como la consecuencia de años de luchas colectivas, de historia, de derechos adquiridos, de valores compartidos… Cosas que para los americanos son un claro signo de decadencia, de atraso con respecto al ritmo del mundo y de que vivimos en un lugar con mucho pasado, pero menos futuro. Cuando desde Estados Unidos se critica el rumbo equivocado de Europa se está señalando una cultura política que desconfió del poder ilimitado, de las monarquías absolutistas, de las élites, de la nobleza. La separación de poderes, el derecho, la proporcionalidad, el Estado social… todo eso es herencia ilustrada y todo eso es Europa. Es también la idea de que el progreso debe tener ciertos límites. Que no todo lo técnicamente posible es políticamente deseable y hoy lo vemos de manera muy clara, por ejemplo, en la IA”.

Una broma inofensiva o una rivalidad ideológica

Saliendo de la estación de Atocha es una novela publicada por el poeta estadounidense Ben Lerner en 2011. Basada en su experiencia como becario en Madrid, se sorprende por la intensidad de la vida nocturna y el uso del espacio público en la ciudad, con personas de todas las generaciones compartiendo las plazas a medianoche. También descubre lo fácil que le resulta hacer amigos (desarrolla una técnica: se queda de pie en bares abarrotados hasta que alguien piensa que él forma parte de su grupo y comienza a hablarle). El libro de Lerner es un estupendo retrato del Madrid de aquellos años y, sin embargo, también contiene algunas observaciones como las anteriores o las que tienen que ver con una supuesta carga histórica que podrían considerarse tópicas. Como recuerda Peist: “Los tópicos no están fundados en la nada, sino que son formas de organizar lo social”.

“El arte es una parte más de este proceso”, continúa la profesora. “Entendiendo que las ficciones forman parte de la realidad, no pueden ser una diversión inocua. Los cuadernos de viajes y las pinturas de los románticos estaban llenos de exotismo: lo distinto atraía porque divertía y excitaba todo lo alejado de la modernidad. Esta actitud es típica burguesa. Se mira lo raro para ser retratado y siempre es un afuera, un otro, como ya sucedía en las famosas pinturas de Brueghel del siglo XVI, que retrataban la diversión popular fuera del hogar burgués. Como pasa con el reguetón, que nos fascina y repugna a la vez, esta es una postura del todo colonial”.

Está en nuestra naturaleza: por muy conscientes que seamos de todo esto, no podemos dejar de participar en la circulación de imágenes y relatos. Y, aunque sepamos que en tiempos de rivalidad geoestratégica las diferencias se exageran, seguimos reconociéndonos en algunos de los memes que nos llegan desde Estados Unidos (y ellos harán lo propio con los que difundimos los europeos). Así que no todos los italianos son tan aficionados al Campari como los integrantes de Mind Enterprises, pero algunos sí que se parecen a ellos y, desde que se han hecho populares, otros los imitarán. Ojalá todos monten sesiones tan divertidas.


Enrique Rey
Murcia - 21 MAR 2026 - 05:30 CET
https://elpais.com/icon/2026-03-21/europa-contra-america-por-que-los-topicos-sobre-el-europeo-perezoso-y-el-estadounidense-emprendedor-funcionan-hoy-mejor-que-nunca.html

jueves, 9 de abril de 2026

La evolución del vestir. Agonía y ocaso del zapato

 


Las zapatillas deportivas dominan el calzado y están desterrando el zapato tradicional en las ciudades, tendencia alimentada por la comodidad y el estatus (sus marcas son reconocibles a simple vista).
Àlex Garcia



Comodidad obliga, bambas y zapatillas monopolizan el calzado masculino


El retrato del hombre del siglo XXI se perfila: no lleva corbata al cuello, tampoco reloj en la muñeca y calza zapatillas con suela de goma. Al zapato masculino “tradicional” le sale aire de reliquia. “No es solo el zapato, toda la indumentaria y la moda tienden al confort. La tendencia se ha agudizado tras la covid”, observa Carlos Sánchez de Medina, que ­imparte historia de la indumentaria en la Universidad de Granada y anima el podcast Historia de la moda .

–Mis padres insistieron en comprarme unos zapatos negros con cordones por la boda de una prima...

Los primeros zapatos Derby de Lluís Gómez, 19 años. Acaso los últimos. “Me apretaban”, recuerda. Duermen en el armario.

“El éxito de la zapatilla deportiva parece irreversible, pero la moda es lo único donde nada es irreversible”

Los zapatos clásicos exigían una “doma” –adaptación dolorosa–, y no son tiempos de domadores. “A medida que la vestimenta ha desaparecido, ha desaparecido el zapato. Si ya no se viste clásico, desaparece lo que llamábamos el zapato de vestir. También influyen los podólogos”, señala Ramón Piqué. uno de los últimos grandes sastres de Barcelona.

Los jóvenes por moda, los mayores por comodidad a la hora de andar –actividad altamente recomendada a diestro y siniestro–, entre todos hemos arrinconado el zapato, sin importar la elegancia. Se diría que los hombres han transferido a las mujeres la antorcha de la “elegancia” en el calzado a costa de dolores, molestias e incomodidades (léase los zapatos de tacón). Comodón por naturaleza, el varón abraza bambas, sneakers , loafers y cuantos zapatos permiten caminar con holgura. Será que no les llegamos ni a la altura del zapato...

“Hay dos factores decisivos en la desaparición del zapato masculino tradicional: la comodidad y la informalidad, lo que llamamos casual ”, señala Luis Sans, factótum de la maison Santa Eulalia, barómetro barcelonés de la elegancia.

–¿El abandono del zapato clásico es el triunfo de la comodidad –aunque sea al precio de ir zarrapastrosos– sobre la elegancia?

–Ojo, una cosa es la elegancia y otra la formalidad –recalca Sans–. Se puede vestir elegantemente de forma informal y se puede ir formal y poco elegante.

“No es solo el zapato, toda la moda tiende al confort, tendencia agudizada tras la covid”, dice un experto

La facturación de una tienda tan burguesa como Santa Eulalia confirma el declive del zapato masculino tradicional: 70% corresponde a bambas y otras deportivas, y el 30%, al calzado, básicamente italiano y británico. No obstante, Luis Sans destaca: “Empiezo a escuchar a clientes que se han cansado de ir con bambas a todos los actos y reuniones sociales fuera del trabajo”. Carlos Sánchez de Medina también detecta algo similar: crece el interés por el zapato artesanal, único, algo palpable si se visita Ubrique, meca peletera gaditana.

La zapatilla deportiva arrasa entre los menores de 25 años, y no necesariamente por razones económicas. Incluso, por lo contrario: el marquismo en el terreno de bambas y calzados híbridos es superior al de las marcas de zapatos. Un modelo de zapatilla de Louis Vuitton, Balenciaga, Off White, Nike, Autry, On o Golden Goose “transmite” su identidad y fácilmente su precio, a diferencia de un zapato con hebilla de John Lobb o los oxford de Berluti o Alden, de lujo anónimo.

Zapatillas
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Los transatlánticos de la moda intuyeron el nicho de negocio y pusieron todo su empeño en 'asesinar' al zapato

“Todos mis alumnos en la Universidad de Granada andan como locos por tener unas ­Speed de Balenciaga”, señala el profesor Carlos Sánchez de Medina. El periodista acude a la web de Balenciaga para saber de qué hablamos. Un modelo muy ergonómico que se asemeja a un calcetín de Antoni Tàpies con suela de goma. El precio asciende a 850 euros.

La introducción del calzado informal ha sido paulatina. Allá por los años ochenta, marchas exclusivamente deportivas como Adidas o Nike empezaron a transferir a sus productos “prestigio” e innovación, y aparecieron los primeros deportistas –el tenista Stan Smith– y gente del espectáculo que combinaban trajes formales –incluso esmoquin– con zapatillas deportivas (ver Emilio Aragón en España, circa 1992). Poco a poco, los transatlánticos de la moda intuyeron el nicho de negocio y pusieron todo su empeño en “asesinar” al zapato convencional.

“Desde el punto de vista práctico, no hay color: unas zapatillas pueden ser baratas y se meten en la lavadora. El zapato hay que limpiarlo, ponerle betún, cuidarlo”, dice Carlos Sánchez de Medina. Curiosamente, son los jóvenes quienes patrocinan un modelo de calzado poco sostenible, fabricado a menudo en China o países lejanos y más de usar y tirar en una temporada.

“El calzado de precio más elevado suele ser un zapato elegante y de vestir, que es precisamente el segmento que más ha sufrido para poder mantener una estructura productiva. En los últimos años, tanto empresas italianas como españolas, centradas en un vestir elegante, han tenido que incorporar interpretaciones más orientadas al consumidor de confort o guiños a la comodidad para poder aguantar en un mercado tan competitivo”, observa Vicente Pastor, presidente de la Federación de Industrias del Calzado Español (FICE).

¿El triunfo de la fealdad? “Ojo, una cosa es la elegancia y otra la formalidad”, advierte Luis Sans

La relación con un par de zapatos cuya vida alcanza dos, tres y aún más décadas nunca existirá con unas zapatillas deportivas. El arquitecto Óscar Tusquets aprecia la belleza del zapato, que tanto dice –y distingue– de quien lo calza. “Lo único de rico que tengo son seis pares de John Lobb hechos a medida en Londres en un proceso maravilloso, de otros tiempos. Yo los cuido, me gusta hacerlo, y espero que mi hijo Luca los pueda heredar. Lo que más me dolería es que este declive del zapato tradicional repercuta en ciertos oficios. ¡Ojalá no se pierdan los artesanos!”.

“El éxito de la zapatilla deportiva parece irreversible, pero la moda es lo único donde nada es irreversible”, concluye el sastre Ramon Piqué, gato sabio.

¿Zapateros? “Suerte de los inmigrantes”

La evolución del calzado deja en el aire el oficio de zapatero, especialmente perjudicado en los barrios donde abundan los cierres por jubilación. “Ningún joven quiere aprender el oficio. ¡Suerte tenemos de los inmigrantes”, observa Isidre Castellà, dueño junto a su esposa de la Clínica del Calçat, en la calle Calvet de Barcelona, vecindario de posibles. Empezó en el oficio a los 13 años y continúa, un chaval septuagenario. “A mi me sigue apasionando este trabajo”, víctima del prestigio social que dan los estudios universitarios. El nuevo calzado requiere menos atención y no necesita cambios de suela, ahormados y los pequeños detalles del zapato de cuero. A veces, Isidre Castellà se queda perplejo: “sí, cuando veo lo poco que enseñan los padres de ahora a sus hijos a cuidar los zapatos. Los destrozan y como si nada”. 






Joaquín Luna

Barcelona
22/03/2026 05:00 Actualizado a 22/03/2026 06:00
https://www.lavanguardia.com/vida/20260322/11495827/agonia-ocaso-zapato.html

miércoles, 8 de abril de 2026

Por qué China, y no Rusia, podría ser la verdadera ganadora de la guerra en Irán



Vladimir Putin y Xi Jinping en una cumbre en Pekín en 2025
 (Kremlin/dpa)


La bonanza petrolera de Rusia difícilmente cubrirá su enorme déficit fiscal. Los problemas actuales de China son reales, pero sus ganancias podrían durar




Sobre el papel, la lógica es impecable: con los precios globales del petróleo disparándose y las sanciones de EE. UU. sobre el crudo ruso parcialmente relajadas, Moscú es un claro beneficiario de la guerra en Irán. En cambio, China se encuentra en una situación complicada, ya que depende de los flujos de petróleo a través del ahora cerrado estrecho de Ormuz.

Este análisis parece sólido, pero si se observa más de cerca surge un panorama más complejo. Empecemos con la idea de que el aumento de los precios del petróleo está llenando rápidamente las arcas del Estado ruso. En torno a 5.000 millones de dólares al mes, los ingresos extraordinarios por petróleo impulsados por la guerra son en realidad poco más que un parche para un déficit fiscal que alcanzó los 40.000 millones de dólares solo en enero-febrero, que es alrededor del 90% del objetivo anual de Rusia. Los responsables políticos rusos son muy conscientes de ello: el Kremlin ya está esbozando un recorte del 10% en el gasto ‘no sensible’ en un intento de ahorrar hasta 25.000 millones de dólares este año.

La cuestión del volumen no es baladí. Tras más de 12 años de sanciones, la infraestructura petrolera de Moscú se está deteriorando, con apenas 300.000 barriles diarios de capacidad excedente, que son insuficientes para compensar los entre 10 y 15 millones de barriles diarios perdidos en las exportaciones del Golfo. Sin certeza de que la guerra vaya a prolongarse, es poco probable que las empresas petroleras rusas aumenten la inversión a corto plazo. Los ataques con drones de Ucrania, que ahora alcanzan hasta el mar Caspio, solo añaden presión.

"Washington no está desbloqueando nuevo suministro de petróleo ruso; solo está dando luz verde a acuerdos que India ya había preparado."

La escasa capacidad excedente de Rusia ayuda a poner en perspectiva el alivio de sanciones de Washington sobre las ventas de crudo ruso a India. La exención de 30 días se aplica al petróleo ya cargado en petroleros, aproximadamente 120 millones de barriles que habían estado inactivos en el mar mientras las refinerías indias evitaban infringir las sanciones estadounidenses. En otras palabras, Washington no está liberando nueva oferta de petróleo ruso, sino que solo está autorizando acuerdos que India ya tenía en marcha.

Para Moscú, perder el acceso al Golfo Árabe e Irán es otro golpe. Emiratos Árabes Unidos ha sido un sospechoso clave de facilitar la evasión de sanciones, mientras que Irán ha sido durante mucho tiempo un mercado importante para las empresas rusas, especialmente en defensa y energía nuclear. El conflicto ha paralizado ahora la construcción de proyectos emblemáticos rusos, como la planta nuclear Bushehr-2. Con el Golfo e Irán fuera de la ecuación, la dependencia de Moscú respecto a Pekín podría profundizarse.

Para China, las interrupciones en Ormuz son sin duda dolorosas. Sin embargo, también refuerzan la apuesta de Pekín por la electrificación. La electricidad representa el 30% del consumo energético de China, lo que es un 50% más que en EE. UU. o Europa, y por tanto, la deja mejor protegida frente al aumento de los precios globales del petróleo. La guerra en Irán también impulsa la transición energética global y hay que recordar que las empresas chinas fabrican alrededor del 70% de los suministros mundiales de tecnología limpia.


placeholderLa mina Maoniuping, en el condado de Mianning (Sichuan) es actualmente la segunda mina de tierras raras ligeras más grande del mundo. (Google Maps)
La mina Maoniuping, en el condado de Mianning (Sichuan) es actualmente la segunda mina de tierras raras ligeras más grande del mundo. (Google Maps)

De cara al futuro, el conflicto en Irán podría dar a China una ventaja útil. Muchos de los misiles, aviones de combate y otras armas que Estados Unidos necesita para la guerra dependen de minerales críticos producidos en China, en concreto, las tierras raras, de las que EE. UU. solo dispone de reservas para unos dos meses. Cuando el presidente estadounidense Donald Trump viaje a Pekín para negociar aranceles en los próximos meses, los responsables políticos chinos podrían llegar a la mesa con un as bajo la manga.

Mientras tanto, los primeros informes sugieren que Irán podría permitir el tránsito de algunos petroleros por Ormuz, con una condición de China: que los envíos se negocien en renminbi, la divisa china, lo que supondría un golpe al dominio del dólar estadounidense en el comercio energético. Incluso si solo una fracción de las transacciones cambia de moneda, la ironía será evidente, una guerra iniciada por EEUU ayudará a normalizar las ventas de energía fuera del dólar, logrando lo que años de diplomacia china no han conseguido.

Por último, puede merecer la pena prestar atención a las consecuencias del conflicto, en particular la reconstrucción en los países del Golfo afectados por drones y misiles iraníes. Aquí, Pekín está bien posicionado para actuar con rapidez. Aprovechando su experiencia en la llamada ‘Iniciativa de la Franja y la Ruta’, las empresas chinas se posicionarán rápidamente como socios, proporcionando financiación, acero y grúas para reconstruir puertos, instalaciones energéticas y plantas de desalinización.

Más allá de los titulares, el equilibrio de beneficios entre Rusia y China en la guerra en Irán parece bastante distinto. La bonanza petrolera de Moscú puede parecer impresionante sobre el papel, pero no aliviará el problema fiscal del Kremlin. A su vez, el impacto negativo del cierre de Ormuz para China es real, pero Pekín puede emerger con una estrategia de tecnología limpia reforzada, mejores cartas en la negociación comercial con EEUU y afianzarse en el Golfo de posguerra. Los conflictos casi siempre reconfiguran el orden global, pero rara vez de la forma en que sus arquitectos pretendían.



* Este artículo ha sido publicado originalmente en inglés por el European Council on Foreign Relations, bajo el titular 'Why China, not Russia, could be the real winner of the Iran war'

martes, 7 de abril de 2026

JP Morgan advierte que Tesla podría caer un 60% en bolsa, pero ¿por qué?



Logo de Tesla. (Reuters)



El mayor banco del mundo prevé que Tesla reporte 30 centavos por acción en el primer trimestre, pero señala que las expectativas generales para este período llegaron a alcanzar los 3,68 dólares



El analista de JP Morgan, Ryan Brinkman, avisa que las acciones de la compañía que dirige Elon Musk podrían experimentar una caída del 60% en bolsa e insta a los inversores a actuar con cautela, según ha informado esta tarde Bloomberg.

El analista se centra en el desajuste entre el deterioro de las expectativas de Tesla y la subida bursátil que firman sus acciones. Brinkman asegura que la compañía se enfrenta a un panorama sombrío tras incumplir las previsiones de entrega en el primer trimestre del año, al mismo tiempo que afirma que a pesar de la subida bursátil de estos últimos años (un 50% desde 2022), las expectativas financieras también se están desgastando.

Para entender este desgaste, el analista hace referencia a las ganancias por acción, un indicador clave que muestra la rentabilidad de una empresa. Ahora prevé que Tesla reporte 30 centavos por acción en el primer trimestre, pero señala que las expectativas generales para este período llegaron a alcanzar los 3,68 dólares. Así, advierte que esta tendencia "no genera confianza en la capacidad de la compañía para alcanzar sus ambiciosos objetivos a largo plazo" y añade que las expectativas de ganancias por acción para 2030 ya son aproximadamente un 38% inferiores a las de 2022.

Las acciones de Tesla cotizan ahora alrededor de los 350 dólares y registran una caída superior al 20% en lo que va de año. La compañía alcanzó su máximo en diciembre del año pasado (499 dólares por acción), cuando comenzaron a realizarse más pruebas con robotaxis. De hecho, Elon Musk ha señalado en varias ocasiones que este 2026 será clave para la compañía puesto que comenzará la producción de un robotaxi y de un robot humanoide, este último a finales de año, a la vez que prevé expandirse a más ciudades dentro de Estados Unidos.

No obstante, Brinkman apunta al enorme gasto de estos planes, en un momento en el que la compañía ha mostrado un bajo rendimiento en ventas, lo que ha agravado sus problemas de flujo de caja libre. Tesla vendió 358.023 vehículos eléctricos en el primer trimestre de 2026, un dato que quedó por debajo de las expectativas de Wall Street, pero supuso una mejora con respecto al flojo trimestre del año anterior.

A esto se suma un despliegue de productos de almacenamiento de energía un 39% inferior a lo previsto, lo que revela un descenso inesperado tras dos trimestres de crecimiento. Este resultado negativo llevó a Ben Kallo, analista de la firma de inversión Baird, a rebajar el precio objetivo de Tesla de 548 a 538 dólares.

Pero no todo son malas noticias. Frente al aviso de cautela de Brinkman, Andres Sheppard, analista de Cantor Fitzgerald, ha asegurado este lunes que la reciente debilidad en el precio de las acciones de Tesla sirve como un "buen punto de entrada" para los inversores.

“Consideramos que el año fiscal 2026 será un año de transformación para la compañía, ya que está en transición hacia la autonomía, la IA y la robótica”, ha escrito Sheppard en una nota a sus clientes. Apoyado en estas expectativas, el analista mantiene una recomendación de sobreponderar para Tesla, con un precio objetivo de 510 dólares.


lunes, 6 de abril de 2026

Las inversiones 'soberanas' en IA de 92.000 millones, en el foco del conflicto

 

Oanorámica de Abu Dabi


  • Los fondos árabes mantienen, por ahora, su apuesta por los chips y los 'data centers'
  • Mubadala se juega 48.500 millones, QIA casi 34.600 millones y PIF más de 8.600 millones



Si presionas un globo por un lado, se deforma por el opuesto. La metáfora adquiere especial vigencia estos días al comparar el impacto de la guerra de Irán con las inversiones de los fondos soberanos implicados en la región. Y entre las apuestas de estos gigantes financieros destacan las partidas destinadas al desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA). La exposición de los brazos inversores de Arabia Saudí, Catar, Abu Dabi o Emiratos Árabes en el conflicto no parece amenazar los más de 105.000 millones de dólares (92.000 millones de euros) comprometidos en la financiación de chips, computación en la nube, servicios asociados con la analítica y los centros de datos. Todas estas actividades resultan críticas para el futuro de algunas de las empresas más poderosas del planeta, desde Nvidia a Google, pasando por Meta, Microsoft y Amazon.

Entre otros efectos colaterales, los Estados del Golfo no parecen dispuestos a revisar sus inversiones en el extranjero", pese a que siempre queda abierta la puerta a reconsiderar "sus compromisos futuros mientras barajan opciones para aliviar la presión sobre sus presupuestos tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán", según informó la agencia Reuters la semana pasada. Es decir, los gobiernos de estos estados podrían cambiar sus prioridades y derivar parte de las inversiones comprometidas en la IA en gastos y efectos militares. Sin embargo, hasta el momento no ha trascendido dicho traspaso de fondos, quizá porque la IA también puede considerarse un arma estratégica.

Dos bloques de IA en potencial conflicto

Asimismo, la guerra podría obligar a los fondos soberanos a posicionarse en alguno de los bloques tecnológicos que dividen el mundo, con EEUU y Occidente en un lado y China-Rusia-Irán en el contrario, para así apostar por un "ecosistema de IA" ante las dificultades de mantenerse en una posición neutral.

En la hipótesis de que el conflicto en Oriente Medio se dilate en el tiempo, este elemento encarecería el precio del petróleo y las materias primas, además de salpicar a la inflación y los tipos de interés. En un escenario optimista, con un ajuste adicional de las inversiones en las tecnológicas de solo el 10%, los protagonistas de la IA verían cómo el grifo inversor recortaría 250.000 millones de dólares en esas carteras. Sin embargo, el impacto sería muy superior al 10% en el caso de otros fondos soberanos afectados geográficamente en el conflicto.

La guerra pone en tela de juicio los planes de inversión de Public Investment Fund (PIF) en Google Cloud, estimados en 10.000 millones de dólares (8.600 millones de euros) para la construcción de un hub global de IA en Arabia Saudí. El fondo soberano, que gestiona 900.000 millones de euros y que se distingue globalmente por su actividad en los sectores tecnológicos, participa en negocios relacionados con los coches eléctricos (Lucid) y la salud digital (Babylon). También participa en Vision Fund, el fondo de capital riesgo enfocado en tecnología más grande del mundo, controlado por el grupo SoftBank, con más de 45.000 millones de dólares (39.000 millones de euros) comprometidos en la entidad nipona.

En el caso de las siete grandes tecnológicas, PIF practica una estrategia inversora de rotación para entrar o salir de Nvidia, Amazon, Tesla o Meta según su conveniencia. En el caso de la IA, el fondo confía en la empresa británica Arm Holdings, filial de SoftBank, especializada en diseño de arquitectura de microprocesadores y semiconductores. También invierte en proyectos de data centers con chips Nvidia Blackwell, mientras que sus preferencias en IA aplicada se inclinan hacia el ámbito de la salud y el gaming.

Mubadala (Abu Dabi) es otro de los grandes pilares de empresas tecnológicas en Oriente Medio, con más de 300.000 millones de dólares comprometidos en la IA y sus satélites. Así, en el negocio de los microchips de alto rendimiento participa en GlobalFoundries, firma valorada en 26.000 millones de dólares (22.500 millones de euros) y especializada en la fundición de semiconductores. Este grupo estadounidense es uno de los proveedores capitales de AMD, Qualcomm y Broadcom.

El mismo fondo soberano de Abu Dabi también participa en rondas multimillonarias en empresas de movilidad autónoma, junto con otras actividades de IA aplicada. Entre otros detalles, el fondo es cofundador de MGX, vehículo tecnológico con inversiones en infraestructuras de IA de unos 30.000 millones de dólares (26.000 millones de euros), asociado con Microsoft, BlackRock, GIP, Nvidia y xAI, con tickets en compañías como OpenAI, Anthropic y Databricks. Al margen de MGX, Mubadala no se distingue por las inversiones en los siete magníficos, ya que se inclina por el negocio de los semiconductores e infraestructuras de última generación alternativas a Nvidia.

QIA (Catar Investment Authority) tiene claro que el futuro pasa por la IA y, por lo tanto, sus inversiones deben acompañar esa visión. Así lo demuestra con inversiones en data centers y microprocesadores, pero también en modelos grandes de lenguaje (LLM) y robótica. De esa forma, el fondo catarí forma parte del capital de xAI, propiedad de Elon Musk, y participa en una joint venture con Brookfield, con inversiones de 20.000 millones de dólares destinadas a infraestructuras de IA tanto en Catar como en otros mercados. Este fondo forma parte de Qai, compañía de IA con un plan de inversión de 20.000 millones de dólares (17.300 millones de euros) en infraestructuras de IA junto a Brookfield (data centers, capacidad de cómputo). Y también participa como inversor clave en la ronda de 20.000 millones de dólares (17.300 millones de euros) de xAI, de la mano de Nvidia y otros fondos.

Inversiones en la 'nube'

ADIA (Abu Dhabi Investment Authority) se ha especializado en inversiones de software analítico y datos. Su semilla ya está presente en Qlik, plataforma de Business Intelligence y analítica visual basada en la nube, así como en diversas plataformas tecnológicas ligadas a viajes y servicios digitales.

Según se desprende de los documentos presentados ante la SEC por parte de los fondos soberanos mundiales, este colectivo podría sumar hasta 2,5 billones de dólares (2,17 billones de euros) en este tipo de participaciones empresariales, lo que representa el 12% de la capitalización bursátil de 21,1 billones de dólares (18,3 billones de euros) de este grupo. Por lo tanto, los grandes fondos públicos muestran una presencia muy alta hacia las grandes tecnológicas que lideran la carrera de la IA, lo que añade una capa de riesgo financiero por cuestiones bélicas, capaz de ralentizar el ritmo inversor en la materia.

Entre los 20 mayores inversores soberanos y públicos que reportan a la SEC, alrededor de 535.000 millones de dólares (464.500 millones de euros), es decir, cerca del 6% de sus activos combinados, están comprometidos en los siete magníficos (Apple, Nvidia, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla). No todos los fondos soberanos presentan niveles de concentración en las tecnológicas tan elevados como los del noruego NBIM y el neozelandés NZ Super, ambos con porcentajes del 11%, lo que reduce tibiamente la presión sobre las Big Tech.


Madrid 6:10 - 4/04/2026
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