martes, 6 de octubre de 2026

Los economistas no dan crédito con la resistencia de la economía de Europa: "Es un misterio que resulta cada vez más difícil explicar con los modelos tradicionales"

 



  • Pese a que el petróleo está disparado y el comercio cae, la economía crece más
  • Los modelos econométricos tradicionales indican un crecimiento muy inferior
  • El ahorro de los europeos y la resistencia del mercado laboral suman al PIB


La economía de Europa se encuentra en un momento estructural que se puede definir como decadente. Sin embargo, dentro de esta tendencia subyacente que no es nueva hay ciertos momentos o sub-tendencias cíclicas (subidas y bajadas) que determinan cuánto crece el PIB en un trimestre o un año suelto. Dentro de estas últimas, los analistas no parecen dar crédito ante el misterioso crecimiento de la zona euro (de Europa en general) justo cuando las dos grandes amenazas o puntos débiles de la economía europea están interactuando. Los economistas de JP Morgan han publicado varias entregas intentando explicar de dónde viene este crecimiento, mientras que otros bancos y think tanks también muestran su asombro. La energía está muy cara (Europa la importa casi toda) y el comercio internacional está de capa caída, con China expulsando a los bienes y servicios europeos, por un lado, y por otro los aranceles y el proteccionismo poniendo a prueba los productos europeos. Pese a todo, la economía de Europa crece con más fuerza de lo esperado y prueba de ello son los movimientos del Banco Central Europeo (BCE), que ya ha subido los tipos de interés dos veces este año sin pensárselo demasiado porque la economía parece resistir mejor de lo esperado.

El crecimiento de la zona euro se situó en el 1,2% interanual en el segundo trimestre de 2026. Este ritmo se aproxima al registrado en 2025 (1,4%) y supera el de 2024 (0,9%). ¿Qué hay de raro en estos datos? Los precios del petróleo han aumentado con fuerza en el último año (desde 60 dólares por barril a finales de 2025 hasta los 100 dólares actuales), al igual que los precios del gas natural (desde 30 euros por megavatio hora a finales de 2025 hasta 71,3 euros el 28 de septiembre de 2026). Este incremento de casi el 100% en el precio de los combustibles fósiles importados ha reducido la renta real de la zona euro en una cantidad equivalente al 2% del PIB. Por tanto, cabría haber esperado que la zona euro cayera en una recesión o al menos en una suerte de estancamiento este 2026, especialmente teniendo en cuenta que también han aumentado los tipos de interés reales a largo plazo. Sin embargo, el crecimiento ha resistido.

JP Morgan intenta explicar el misterio

Tal es la sorpresa de los analistas que hasta el banco de inversión más grande del mundo comenta que "la economía de la zona euro está protagonizando una resistencia que empieza a resultar difícil de explicar únicamente por los modelos tradicionales". El nuevo shock energético provocado por la guerra en Oriente Medio, el encarecimiento del petróleo y el gas y unas turbulencias comerciales que amenazan uno de los motores históricos de Europa (su superávit exterior) parecían ingredientes suficientes para devolver a la región al estancamiento o la recesión.

Sin embargo, el golpe está siendo bastante menor de lo esperado. JP Morgan reconoce que llevan tiempo (alrededor de un año) analizando lo que denominan como una resistencia "sorprendente" al shock energético, las condiciones comerciales y lo que hace no tanto parecía ser un 'apagón' de la economía de Europa. Desde entonces, los estrategas de JP han ido revisando al alza sus previsiones. El banco espera ahora que el PIB de la zona euro (excluyendo Irlanda, cuyo PIB va por libre y distorsiona el de toda la eurozona) crezca un 1,3% en 2026 y un 1,4% en 2027, por encima del crecimiento potencial que estima en apenas un 1%.

La pregunta es qué está sosteniendo a una economía que vuelve a pagar cara la energía y que, además, tiene al BCE endureciendo nuevamente la política monetaria. Desde JP Morgan señalan que aunque ahora es más impresionante, lo cierto es que desde hace tres o cuatro años el crecimiento real viene siendo sistemáticamente superior al que justificarían sus principales fundamentales. Para intentar descifrarlo, sus economistas utilizan un modelo denominado PSR (Potential, Shocks and Residual) que parte de ese crecimiento potencial del 1% y añade ocho grandes fuerzas: ciclo mundial, política monetaria y fiscal, tipo de cambio, materias primas, crédito y confianza, además de un residuo que recoge aquello que el modelo no consigue explicar. Uniendo todos estos factores y 'metiéndolos' en un modelo econométrico, los analistas del banco americano aseguran que el PIB apenas debería crecer el 0,8% en 2026, sin embargo la eurozona va camino de crecer un 1,3%.

Menos ahorro y más déficit

La solución a este rompecabezas es relativamente sencilla. El enorme colchón de ahorro de los europeos (tan criticado por la Comisión Europea) está permitiendo que los consumidores sigan pagando gasolina, luz y gas sin tener que reducir los gastos en otras partidas. Esto, junto a unos déficits públicos crecientes (el mayor gasto público estimula la economía), está dando lugar a un crecimiento notable (notable para la vieja Europa) en medio de una incipiente crisis energética y el menor dinamismo de las exportaciones.

Otra parte del secreto está en que Europa está recibiendo varios vientos de cola justo cuando el petróleo vuelve a soplar en contra. El ciclo mundial aportará, según JP Morgan, alrededor de 0,3 puntos porcentuales al crecimiento este año, mientras desaparece progresivamente el lastre de las subidas de tipos de 2022 y 2023, mejora el crédito y comienza a diluirse el daño provocado por la apreciación anterior del euro anterior (en las últimas semanas el euro no ha parado de caer frente al dólar). A ello se suma la política fiscal, que proporcionará un impulso acumulado cercano a 0,4 puntos entre 2026 y 2027, con Alemania desempeñando un papel importante. Es decir, el nuevo shock petrolero ha encontrado a la economía europea con varios motores acelerando simultáneamente y capaces, al menos por ahora, de amortiguar parte del golpe.

Esto no significa que el petróleo salga gratis. JP Morgan calcula que el efecto negativo de las materias primas irá aumentando durante los próximos meses hasta restar alrededor de 0,6 puntos porcentuales anualizados al crecimiento en el cuarto trimestre de 2026. Su regla de cálculo estima que "un aumento de un punto porcentual de la inflación general procedente de la energía y/o los alimentos reduce el crecimiento en 0,35 puntos porcentuales". El problema se agrava porque el shock energético puede obligar al BCE a seguir subiendo los tipos, puesto que cada incremento adicional de 25 puntos básicos resta otros 0,08 puntos al crecimiento anualizado, según sus estimaciones. La resistencia europea, por tanto, no consiste en que el petróleo haya dejado de importar, sino en que otras fuerzas están compensando una parte sorprendentemente grande de su impacto.

Hay además un colchón construido durante los últimos años que puede estar permitiendo a empresas y familias encajar mejor el golpe. JP Morgan recuerda que las compañías ampliaron fuertemente sus márgenes durante la inflación de 2022 y 2023, mientras que posteriormente los salarios recuperaron parte del terreno perdido, manteniendo durante más tiempo de lo habitual el crecimiento de la renta de los hogares.

A ello se unen unas tasas de ahorro todavía elevadas. Esas posiciones financieras relativamente saneadas "pueden haber ayudado a absorber parte del shock energético" del segundo trimestre de este año. Dicho de otra forma, cuando sube la gasolina, la electricidad o la calefacción, una familia con ahorro acumulado no necesita recortar inmediatamente el restaurante, las vacaciones o la compra de un coche; y una empresa con buenos márgenes puede absorber temporalmente parte del incremento de sus costes sin paralizar inmediatamente inversión y empleo. Ese mecanismo está suavizando la transmisión del petróleo hacia la economía real.

Patrick Artus, economista de Ossian, dependiente de Natixis, explica que el aumento del déficit público, desde el 2,9% del PIB en 2025 hasta alrededor del 3,2% en 2026, debido particularmente al incremento del gasto militar y en infraestructuras en Alemania; el apoyo a la actividad proporcionado por el plan NextGenerationEU de la Unión Europea; y la caída de la tasa de ahorro de los hogares, desde el 15% en el segundo trimestre de 2025 hasta el 14,3% en el segundo trimestre de 2026, tienen la respuesta al enigma de la resistencia europea.

Las fuentes de esta resistencia pueden, no obstante, ser motivo de preocupación: endeudamiento público (también a escala de la UE) y reducción del ahorro, avisa Artus en una nota para clientes. Al mismo tiempo, desde JP Morgan insisten en que la resistencia tampoco debería confundirse con inmunidad. JP Morgan advierte expresamente de que "la resistencia no es un estado permanente de la economía".

El año 2027 puede ser diferente

De hecho, algunos indicadores de consumo comenzaron a debilitarse al inicio del tercer trimestre. El escenario central del banco americano presupone además que el petróleo y el gas permanecerán caros durante el resto de 2026, pero posteriormente retrocederán hasta aproximadamente 70 dólares por barril y 40 euros/MWh a mediados de 2027. Si eso sucede, el viento cambiará rápidamente de dirección. El lastre de 0,6 puntos provocado por las materias primas a finales de este año se transformaría en una aportación positiva de 0,3 puntos a finales de 2027. Si el petróleo permanece mucho más tiempo alrededor de los niveles actuales, en cambio, una parte importante de esa previsión quedaría en entredicho.

Por ahora, sin embargo, Europa continúa avanzando por un terreno que sobre el papel debería haberla frenado mucho más. Los últimos PMI conocidos esta semana han sido muy buenos (incluso en Francia y Alemania), a un ritmo de crecimiento cercano o superior en algunos casos al 1,5%, y los balances relativamente saludables del sector privado continúan proporcionando un colchón frente al encarecimiento de la energía, los tipos y las perturbaciones comerciales. De ahí que el banco concluya que, pese a la cautela necesaria a corto plazo, "los conductores del crecimiento continúan siendo positivos". Con todo, la zona euro se enfrenta a un petróleo caro, nuevas subidas de tipos y un comercio mundial mucho más hostil y, aun así, JP Morgan considera que puede seguir creciendo por encima de su ritmo potencial.


https://www.eleconomista.es/economia/noticias/14018193/10/26/los-economistas-no-dan-credito-con-la-resistencia-de-la-economia-de-europa-es-un-misterio-que-resulta-cada-vez-mas-dificil-explicar-con-los-modelos-tradicionales.html

lunes, 5 de octubre de 2026

El mundo empieza a abandonar a Francia: los inversores huyen de una deuda que se ha convertido en un gran peligro para la eurozona

 

Imagen: iStock


  • Grandes gestores reconocen abiertamente que han vendido sus tenencias
  • El bono francés a 10 años ya coquetea con el 5% y toca máximos desde 2002
  • Las elecciones de 2027 aumentan la zozobra y no está claro si el BCE 'aparecerá'


Cuando se creó el euro hace ya casi 30 años, pocos economistas (quizá ninguno) habrían apostado a que Francia sería uno de los grandes problemas para la zona euro. Entonces, Francia y Alemania -el corazón de Europa, se suele decir- estaban entre las economías más desarrolladas (mayor renta per cápita, más competitivas...) de todo el bloque. Dentro de la Unión Europea (un proyecto más amplio que el euro), Francia ha sido un aportador neto de fondos que han ido directos a países mucho menos desarrollados que necesitaban ayuda. Hoy, en 2026, toda esta construcción es en cierto modo incoherente. Francia se ha convertido en una economía enferma. Sigue siendo más rica que la media de la UE, pero por los logros del pasado. Hoy el país se enfrenta a una crisis fiscal que parece no tener solución, con un gasto público disparado y sin visos de recortes relevantes. La situación es tal que los inversores han comenzado a abandonar Francia. El país 'rico' paga hoy más por colocar su deuda que otras economías mucho menos desarrolladas dentro de la misma área monetaria y comercial.

Si Francia pasó en cierto modo de 'puntillas' por la crisis del euro hace ahora una década y media, con los llamados entonces PIGS (cerdos en inglés y siglas en ese idioma de Portugal, Italia, Grecia y España) sucumbiendo en los mercados de deuda, la tortilla se ha dado ahora la vuelta y París ve cómo todos esos países sureños se están financiando más barato que ellos. La combinación de grandes déficits tras la pandemia, un crecimiento económico discreto y una inestabilidad política impropia del país galo que impide fijar una senda creíble de deuda pública (la cifra del 120% del PIB ya casi dobla la de Alemania) ha hecho que todos los focos apunten a Francia... y eso nunca es bueno.

Una oleada de ventas en el mercado mundial de deuda ha alimentado un desplome que afecta a Francia con mayor intensidad y rapidez de lo previsto. La corriente es negativa en todo el planeta y eso exacerba los riesgos en aquel que llega cojeando o con problemas. El bono soberano francés (OAT) a 10 años, la nota de referencia, coquetea ya con el 5% (niveles no vistos desde 2002) y el siempre observado diferencial o spread con la nota homóloga alemana (tradicionalmente, aunque cada vez menos, la más segura) se ha disparado hasta superar este viernes por momentos los 150 puntos básicos. Es la brecha más grande desde 2011, cuando la zona euro prácticamente vio desaparecer el suelo bajo sus pies.

No parecen llegar noticias positivas y eso acentúa el miedo de los inversores. Crece la inquietud ante el incumplimiento de los objetivos de déficit, el bloqueo político y las elecciones presidenciales del próximo año, que podrían alterar radicalmente el rumbo del país. Se esperaba que el déficit presupuestario se redujera al 5% este año; sin embargo, la tendencia apunta en sentido contrario.

Un ejemplo significativo se ha conocido en las últimas horas. Shinji Kunibe, gestor principal de carteras de la firma japonesa de inversión Sumitomo Mitsui DS AM, ha reconocido a Bloomberg que los fondos de su grupo de renta fija global han vendido la totalidad de sus carteras de bonos del Estado francés ante la preocupación por la situación fiscal del país, y han reorientado sus inversiones hacia los bonos alemanes (Bunds) y los bonos del Estado japonés a corto plazo.

"Los bonos franceses han ofrecido un carry relativamente atractivo, pero hemos vendido toda nuestra posición a la luz de los últimos acontecimientos", explica Kunibe. "Una cuestión en la que nos hemos centrado especialmente es hasta qué punto los gobiernos están comprometidos con la disciplina fiscal. A diferencia del Gobierno francés, Japón ha comenzado a comunicarse más con el mercado, lo que ha aportado una sensación de tranquilidad", aclara, ante el hecho de que el Gobierno nipón se ha destacado por sus vastas propuestas de gasto.

Francia, el mercado menos atractivo

Ciertamente, los indicios de crisis se acumulan a medida que el gobierno inicia las negociaciones sobre planes fiscales que podrían provocar su caída. El rendimiento de los bonos franceses a 10 años ha aumentado más de un punto porcentual desde junio, registrando su peor desempeño trimestral desde la creación de la moneda única. La renta variable presenta un rendimiento inferior al esperado y una encuesta de Bank of America a gestores de fondos europeos reveló que Francia es el mercado menos atractivo para los próximos 12 meses.

En la presentación de su presupuesto este jueves, el gobierno anunció recortes inusualmente ambiciosos para llevar el déficit al objetivo que no se alcanzó este año. Sin embargo, esta historia ya la conocen los inversores y saben que acabará en nada. El plan será difícil de sacar adelante en un parlamento fragmentado que ha inquietado repetidamente a los inversores al derribar a primeros ministros. El panorama político a largo plazo también es incierto. En mayo, un electorado desencantado tras una década de gobierno centrista bajo el mandato de Emmanuel Macron elegirá a un nuevo presidente. Encuestas recientes indican que la situación podría resolverse en una segunda vuelta electoral entre la favorita de extrema derecha, Marine Le Pen, y el candidato de extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon.

Si París no logra controlar la situación presupuestaria, el peligro no se limitará a las fronteras francesas, el riesgo de contagio en la eurozona es real y 2011-2013 fue buena prueba de ello. Otros países podrían verse afectados por el contagio en el mercado de bonos, la erosión de las normas fiscales y el debilitamiento del liderazgo institucional en una región que ya enfrenta múltiples desafíos. El euro se encuentra en su nivel más bajo frente al dólar en 16 meses, y los fondos de cobertura están aumentando sus apuestas en contra de la moneda, aseguran desde Bloomberg.

"La percepción de riesgo sobre la deuda francesa se está deteriorando", comentaba esta semana Marie Jacot, directora ejecutiva de Edmond de Rothschild Asset Management France, en Bloomberg TV. "El mercado está empezando a penalizar a Francia y su nivel de endeudamiento, algo que no necesariamente había ocurrido en el pasado". "Ha sido un proceso de cocción lenta que no ha dejado de intensificarse últimamente", señala Peter Goves, responsable de análisis de deuda soberana en mercados desarrollados de MFS Investment Management. "No sé cuál será el punto de inflexión, pero supongo que el próximo presidente tendrá que afrontar la situación".

Michaël Nizard, responsable global de investigación sobre asignación de activos en Edmond de Rothschild AM, se pone literario para explicar el problema: "Al igual que los personajes de Samuel Beckett, que esperan en vano la llegada de Godot, los inversores parecen haber perdido la esperanza de que una mejora espontánea de las finanzas públicas resuelva el rompecabezas fiscal de Francia. Durante mucho tiempo, la deuda francesa se benefició de una cómoda paradoja: unas cuentas públicas en deterioro constante y, sin embargo, una penalización limitada por parte de los mercados. Este periodo parece estar llegando a su fin".

En un comentario con el elocuente título de "Esperando a GodOAT", Nizard constata que la señal no reside tanto en el nivel absoluto de los tipos de interés como en la ampliación del diferencial frente a Alemania, en la composición de los tenedores de deuda francesa y, de forma más fundamental, en la posible evolución de la demanda marginal de deuda francesa. El factor determinante no es únicamente el nivel de endeudamiento, sino su trayectoria futura. "Es aquí donde la ecuación se vuelve más compleja para Francia: un elevado nivel de deuda, un déficit primario persistente, un crecimiento nominal moderado y una refinanciación más costosa están debilitando gradualmente la senda fiscal. El tiempo, durante años aliado de los deudores, está dejando progresivamente de serlo a medida que la deuda emitida en el pasado es sustituida por nueva deuda a costes más elevados", resuelve.

Esperando un rescate del BCE

Como se adelantaba más arriba, la política está siendo protagonista. El escenario de marasmo político actual, con frágiles Gobiernos centristas nombrados por un Macron en la rampa de salida incapaces de aprobar un presupuesto puede dar paso en la primavera de 2027 a un escenario inédito en el que extrema derecha y extrema izquierda se enfrenten en la segunda vuelta de las presidenciales. Con una Le Pen favorita en los sondeos prometiendo un ahorro fiscal poco creíble y un Mélenchon cuya propuesta estrella es que el Banco Central Europeo (BCE) tache de su hoja contable sus tenencias de deuda gala, la incertidumbre crece al galope.

Los estrategas de Gavekal Research destacan precisamente un desencadenante político estos días más allá de las cifras de déficit. Las encuestas de opinión han reflejado una disminución del apoyo a Édouard Philippe, el candidato centrista más destacado de cara a las elecciones presidenciales. Esta disminución plantea la posibilidad de que Philippe sea eliminado en la primera vuelta de las elecciones. "Esto es importante para los mercados, porque, como ex primer ministro con un historial de compromiso con el lugar de Francia en el centro de la UE y la eurozona, Philippe es el único aspirante presidencial de primer orden que resulta familiar para los inversores. La disminución de su popularidad aumenta la incertidumbre sobre cuándo y en qué condiciones el BCE podría desplegar su artillería pesada para apoyar a Francia", reflexiona Cedric Gemehl en una nota para clientes.

El analista considera que los inversores están poniendo a prueba dónde se sitúa el umbral para los mecanismos de apoyo financiero de la eurozona y bajo qué condiciones políticas estarían disponibles. A falta de un creíble ajuste fiscal que no parece que va a llegar pronto, y menos después de las elecciones, cada día alcanza más decibelios la posibilidad de que el BCE intervenga de alguna manera para 'sostener' a Francia. Aquí el debate se bifurca entre los escépticos y los que recuerdan el mantra que dejó caer en su día Jean-Claude Juncker, el anterior simpar presidente de la Comisión Europea: "Francia... es Francia".

Entre los escépticos, Gemehl y otros como el destacado economista español de Oxford Economics Ángel Talavera, recuerdan el caso italiano en 2018. Tras las elecciones de ese año, la formación del gobierno de coalición M5S-Lega generó dudas sobre la voluntad de Roma de cumplir con la disciplina fiscal exigida por la UE. Los diferenciales italianos se ampliaron de alrededor de 125 puntos básicos a 300 puntos básicos, mientras el mercado ponía a prueba la voluntad del nuevo gobierno de enfrentarse a Bruselas. El diferencial italiano se mantuvo en un rango de 200 a 300 puntos básicos durante todo un año. El BCE aguantó.

Ahora la situación puede ser distinta y brilla en la oscuridad de la noche el Instrumento de Protección de la Transmisión (TPI por sus siglas en inglés) diseñado por el BCE tras la pandemia. Si bien esta herramienta consistente, grosso modo, en compras de bonos para corregir desviaciones peligrosas en los rendimientos soberanos provocadas por los mercados tiene que usarse si hay disciplina fiscal, extremo que Francia no cumple, también está sujeta a una importante opcionalidad por parte del banco central, con lo que todo vuelve a ser política. Aunque habría otras medidas intermedias como aflojar el endurecimiento cuantitativo (QT o reducción de balance) en el que está inmerso el BCE, la polémica está servida.

"No cabe duda de cómo terminará esto. El BCE intervendrá para limitar los rendimientos. Lo hará porque considera que los impagos de deuda soberana representan una amenaza existencial para el euro y, por lo tanto, para su propia supervivencia", cierra Robin Brooks, veterano analista de mercados muy crítico con el funcionamiento de la eurozona, quien ve una continua "transferencia de poder de los países con baja deuda a los países con alta deuda", en el bloque.


https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/14018260/10/26/el-mundo-empieza-a-abandonar-a-francia-los-inversores-huyen-de-una-deuda-que-se-ha-convertido-en-un-gran-peligro-para-la-eurozona.html

domingo, 4 de octubre de 2026

EE.UU. se retira completamente de Irak tras 20 años de presencia militar: cómo deja el país y qué ocurrirá ahora

 

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Estados Unidos tiene previsto retirar sus tropas restantes de Irak para el 30 de septiembre, poniendo fin a una presencia militar que comenzó con la invasión de 2003.



Estados Unidos tiene previsto completar la retirada de sus fuerzas militares restantes de Irak para este miércoles, poniendo fin a un despliegue que ha marcado la historia del país durante más de dos décadas.

Esta decisión marca el fin de una presencia militar que comenzó con la invasión de 2003 que derrocó a Saddam Hussein y que se prolongó con años de insurgencia y violencia sectaria.

Las fuerzas estadounidenses se habían retirado en 2011, pero regresaron en 2014 para ayudar a derrotar al grupo Estado Islámico (EI).

Esta última retirada se produce en un momento en el que las continuas tensiones con Irán han vuelto a poner al personal estadounidense en Irak en el punto de mira.

Sin embargo, expertos afirman que es poco probable que la influencia estadounidense desaparezca con la retirada de las tropas.

¿Qué está sucediendo ahora y por qué?

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En 2024, Washington y Bagdad acordaron poner fin a la operación de EE.UU en Irak.

Oficialmente, la retirada se produce tras un acuerdo alcanzado en 2024 entre Washington y Bagdad para poner fin a la Operación Resolución Inherente, la misión de la coalición liderada por Estados Unidos contra el EI.

En el punto álgido de la guerra de Irak en 2007, más de 170.000 soldados estadounidenses estaban desplegados en el país. En diciembre de 2023, antes de que se alcanzara el acuerdo de retirada, esa cifra se había reducido a unos 2.400, según el Comando Central de Estados Unidos.

Desde entonces, las fuerzas estadounidenses han reducido su presencia, dejando solo un pequeño contingente en la región del Kurdistán.

"Esta retirada fue acordada con el anterior gobierno iraquí, dado que la misión de derrotar a EI ha logrado su objetivo en Irak", afirma Safwan Al-Amin, investigador sénior no residente de la Iniciativa para Irak en el Atlantic Council de Washington.

Esta medida también refleja la presión política que se viene ejerciendo desde hace tiempo en Irak.

Douglas Silliman, quien se desempeñó como embajador de Estados Unidos en Irak entre 2016 y 2019, afirma que los sucesivos gobiernos se han enfrentado a demandas para poner fin a la presencia militar estadounidense, que muchos consideran una violación de la soberanía iraquí.

"Un par de gobiernos iraquíes, presionados por facciones proiraníes y sectores de la comunidad mayoritariamente chiita, han estado ejerciendo presión... para asegurarse de que esas fuerzas abandonen el país", declaró Silliman, actual presidente del Instituto de los Estados Árabes del Golfo en Washington, a la BBC.

Las fuerzas estadounidenses abandonaron Irak en 2011 bajo la presidencia de Barack Obama, pero regresaron tres años después a petición de Bagdad, tras la captura de amplias zonas del país por parte del Estado Islámico. Desde entonces, su función ha evolucionado, pasando de las operaciones de combate al entrenamiento, el asesoramiento y el intercambio de inteligencia.

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Las tropas estadounidenses se retiraron de Irak en 2011 y regresaron en 2014 a petición de Bagdad tras el auge del Estado Islámico.

Sin embargo, los analistas sostienen que el momento de la salida de las tropas este mes responde más a preocupaciones de seguridad que al fin oficial de la misión contra el Estado Islámico.

"Esto tiene que ver con el riesgo, no con EI; esa justificación caducó hace años", afirma H.A. Hellyer, investigador asociado sénior del centro de estudios británico RUSI.

Hellyer señala los recientes ataques contra instalaciones estadounidenses en el norte de Irak en medio de las tensiones regionales que involucran a Irán, y afirma que Washington considera cada vez más a su personal restante como objetivo vulnerable.

Al-Amin está de acuerdo y señala que funcionarios estadounidenses e iraquíes habían discutido previamente la posibilidad de mantener un pequeño contingente estadounidense incluso después de que finalizara la misión de la coalición.

"Dado el reducido número de militares y su limitada capacidad para proyectar poder, la guerra de Irán puso de manifiesto que su presencia representaba más una vulnerabilidad que una ventaja", afirma.

¿Cuál es el legado de Estados Unidos en Irak?

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En un discurso televisado el 19 de marzo de 2003, el presidente George W. Bush anunció el inicio de la Operación Libertad Iraquí, que marcó el principio de la invasión de Irak liderada por Estados Unidos.

Más de dos décadas después de la invasión, las valoraciones del legado militar estadounidense en Irak siguen siendo mixtas.

Al-Amin lo describe como "una mezcla de todo".

"La invasión estadounidense no ha logrado sus objetivos, y el cambio de régimen no ha satisfecho las aspiraciones de los iraquíes de tener un país estable y próspero", afirma, argumentando que se desestabilizó la región y se permitió a Irán expandir su influencia.

Silliman coincide en que la transición ha sido turbulenta, pero afirma que muchos iraquíes le han dicho a lo largo de los años que valoran el cambio político que siguió a la caída de Saddam Hussein.

La idea de que "la democracia representativa debe gobernar Irak" ha echado raíces, aunque "afianzar las tradiciones democráticas en una población que nunca las ha tenido realmente llevará tiempo", argumenta.

Yerevan Saeed, director de la Iniciativa Global Kurda para la Paz en la Universidad Americana de Washington, también se muestra optimista. "La caída del antiguo régimen fue un gran logro", afirma, argumentando que los críticos pasan por alto la brutalidad a la que puso fin.

A pesar de la persistente corrupción, cree que Irak goza ahora de mayor libertad política y pluralismo que antes de 2003, y señala especialmente al Kurdistán iraquí.

Hellyer rechaza por completo enmarcar el legado en torno a la democracia.

"La gente debería dejar de preguntarse si Estados Unidos construyó una democracia. La respuesta es no, y eso ya está zanjado", afirma.

En su opinión, el legado más trascendental es de índole regional: "El derrocamiento de Saddam acabó propiciando que las redes iraníes se infiltraran en el propio Estado, absorbiendo el contrapeso que Washington había eliminado".

Sin embargo, los cuatro expertos coinciden en que Irak aún está lejos de ser la democracia estable que los responsables políticos estadounidenses imaginaron en 2003.

La corrupción está muy extendida y los grupos armados siguen ejerciendo poder junto al Estado formal, afirman, en particular los grupos más radicales dentro de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) de Irak, la red de milicias mayoritariamente chiitas que Bagdad está intentando someter por completo al control estatal.

¿Qué sucederá ahora?

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El expresidente iraquí Saddam Hussein, fotografiado aquí el 11 de noviembre de 1987, fue derrocado tras la invasión de Irak liderada por Estados Unidos en 2003.

Al-Amin no considera que la retirada suponga el fin de la influencia estadounidense en Irak.

Estados Unidos aún conserva una gran influencia debido a la dependencia de Irak de las ventas de petróleo en dólares estadounidenses. Irak también sigue dependiendo de Estados Unidos para la compra de armas y necesita el apoyo diplomático estadounidense para afrontar los desafíos con sus vecinos regionales.

Según Saeed, parte de esa influencia se manifiesta a través de la presencia diplomática de Washington en el país.

"En Bagdad se encuentra la embajada estadounidense más grande del mundo. En Erbil se encuentra el consulado estadounidense más grande del mundo", afirma, señalando que ambas instalaciones requerirán protección continua tras la retirada de las tropas.

Silliman espera que se mantenga lo que él describe como "una relación militar muy estrecha", que incluye el apoyo continuo en materia de formación y planificación para el ejército iraquí, el Servicio Antiterrorista y los Peshmerga, las fuerzas armadas de la región semiautónoma del Kurdistán iraquí.

Sin embargo, la mayor incertidumbre reside en las milicias iraquíes respaldadas por Irán. El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, inicialmente quería que estuvieran completamente bajo la autoridad del Estado para la misma fecha límite del 30 de septiembre, pero, según se informa, las milicias están buscando una prórroga hasta finales de 2027.

Los expertos discrepan sobre la viabilidad de este calendario.

"Eso no va a suceder", afirma Saeed, señalando el profundo arraigo de las milicias en el sistema político y financiero de Irak, su presencia en el Parlamento y sus vínculos con Teherán.

Pero Silliman ve un lado positivo. Sin las tropas estadounidenses como punto de referencia, las milicias podrían perder un arma política clave, lo que le daría a Bagdad más margen para presionar a esos grupos disidentes.

Sin embargo, advierte de un riesgo más grave: "He hablado con varios primeros ministros iraquíes, incluso antes de mi época como embajador, a quienes les preocupa que esto pueda conducir a un conflicto civil o incluso a una guerra civil dentro de Irak".

Saeed también teme un resurgimiento del Estado Islamico, similar a la situación posterior a la retirada de 2011.

Recuerda que, cuando las tropas estadounidenses se marcharon, el gobierno chiita de Bagdad procedió a arrestar y purgar a los líderes sunitas del proceso político, una represión que, según él, empujó a muchos sunitas hacia el extremismo y contribuyó al auge del EI.

Ante la creciente preocupación de las comunidades sunitas por el trato que recibirán, Saeed advierte que el riesgo de extremismo es significativo.

Silliman se muestra más optimista y argumenta que las fuerzas de seguridad iraquíes son mucho más fuertes que hace una década y están mejor preparadas para contener cualquier amenaza de este tipo.

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Las tropas estadounidenses entraron en Bagdad en abril de 2003 como parte de la Operación Libertad Iraquí.

A nivel regional, los expertos afirman que la retirada también plantea nuevos interrogantes sobre el equilibrio de poder entre Estados Unidos e Irán en Irak.

Al-Amin espera que Irán "consolide su influencia si puede" y advierte que no se debe considerar esta última retirada como necesariamente permanente.

"Las tropas estadounidenses ya abandonaron Irak en 2011, pero regresaron unos años después", afirma.

"Es el final de un capítulo de la historia, no el capítulo final".



Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación.

    • Luis Barrucho
    • Título del autor,BBC News
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 8 min
  • https://www.bbc.com/mundo/articles/cmjw5j22nnz3o