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miércoles, 18 de febrero de 2026
El agua del planeta, al límite: qué implica la bancarrota hídrica de la que alerta la ONU
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martes, 17 de febrero de 2026
Economía La esperanza de la IA es que acabe dibujando una 'curva en J': "Ahora mismo está en todas partes, excepto en los datos macroeconómicos"

- Slok (Apollo): "No se ve la IA en los datos de empleo, productividad o inflación"
- Su tesis es que la creación de valor no es el producto, sino cómo se utiliza
- La competencia lleva a cero el precio de los modelos lingüísticos para los usuarios
El debate sobre el potencial de la Inteligencia Artificial (IA) lo ha engullido prácticamente todo y no se hablaría de otra cosa si no fuera por la volatilidad geopolítica. Sin irse muy lejos en el tiempo, la posibilidad de que la IA se lleve por delante a muchas industrias provocó de nuevo escalofríos en Wall Street la semana pasada, dando paso a sonoras correcciones en sectores tradicionales como el logístico y de transportes. Es la cara amarga de un éxito que para muchos revolucionará la economía y la productividad en los próximos años. Al otro lado de esta suerte de histeria, tanto positiva como negativa, se encuentran los escépticos que denotan una narrativa más fuerte que la realidad. Uno de ellos, un destacado analista financiero conocido en los mercados, Torsten Slok, economista jefe de Apollo, cree que esta gran lengua de fuego aún no ha llegado a la macroeconomía y propone una suerte de 'prueba del algodón' a modo de representación gráfica: una curva en forma de J.
Para muestra, un botón. SemiCab es una plataforma tecnológica de logística impulsada por IA creada para optimizar el transporte de mercancías, especialmente reduciendo los viajes de camiones vacíos y mejorando la eficiencia en redes de transporte. La semana pasada, los responsables de esta plataforma perteneciente a Algorhythm Holdings, que anteriormente se dedicaba al nicho del karaoke y cotizaba como The Singing Machine, publicaron un documento técnico que mostraba que SemiCab puede reducir más del 70% de los kilómetros que los camiones recorren vacíos en redes de transporte reales. Esto es una cifra de impacto en el sector logístico, donde normalmente una gran parte de los kilómetros no llevan carga útil.
La materialización de este logro ayudaría a los clientes de la plataforma a aumentar el volumen de carga entre un 300% y un 400% sin el correspondiente aumento de la plantilla operativa. Un hito que se llevó por delante la cotización de grandes nombres de la 'vieja economía' que precisamente estaban mostrando un repunte en sus cotizaciones. Grandes estadounidenses de la logística como CH Robinson Worldwide o Landstar System corrigieron con fuerza, contribuyendo a la peor caída del sector desde el colapso del mercado en abril del año pasado debido a la guerra comercial. En Europa, el sector logístico también se hundió el jueves, con DSV y DHL retrocediendo con fuerza.
Estas últimas empresas afectadas por la ola de ventas se suman a las inmobiliarias, los fabricantes de software, los proveedores de crédito privado, las compañías de seguros y los gestores de patrimonios, entre los sectores más castigados en las últimas sesiones por el temor al poder disruptivo de la IA. Las preocupaciones sobre la disrupción impulsada por la IA ponen de relieve un cambio radical en la confianza del mercado. El entusiasmo por la tecnología impulsó la mayor parte de las ganancias del mercado de valores en los últimos años. Pero ha sido sustituido por la preocupación de que las nuevas herramientas lanzadas por Google, el desarrollador de IA Anthropic y una serie de startups menos conocidas ya sean lo suficientemente buenas como para amenazar a una amplia gama de empresas, muchas de ellas ajenas al ámbito tecnológico.
"El nivel de paranoia es de categoría 5", afirmaba a Bloomberg Joseph Shaposhnik, gestor de carteras de Rainwater Equity, la semana pasada en plena resaca de las caídas. "No es algo que hayamos visto en mucho tiempo", añadía tras constatar la cara opuesta del péndulo, ya que al tiempo que afloran estos temores, son muchas las voces que auguran un cambio de era económico y laboral gracias a la IA. Sin ir más lejos, el llamado a ser próximo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha dicho públicamente que la IA será una fuerza estructural desinflacionaria porque mejorará la productividad al hacer que la economía produzca más con menos recursos. En su propia visión, tanto la productividad como la competitividad estadounidense crecerán gracias a la adopción de IA, lo que beneficiaría al salario real de los trabajadores y al crecimiento económico general.
A pequeña escala, empiezan a proliferar testimonios de sectores y trabajadores que empiezan a notar estos avances en el día a día. Por ejemplo, desde el sector legal, muchos abogados confirman los progresos en este campo. Los avances recientes se centran en la IA generativa, la automatización de tareas de alta complejidad y la integración de modelos fundacionales que están transformando la práctica del derecho de una labor más manual o 'artesanal' a una más ágil y automatizada.
La curva en forma de J
Todo esto es insuficiente de momento para escépticos como Torsten Slok, quien defiende desde la gestora Apollo que "la IA está en todas partes, excepto en los datos macroeconómicos que se publican". En un informe publicado este fin de semana, el economista jefe de Apollo hace suyo el aforismo que el economista ganador del Premio Nobel Robert Solow enunció en 1987: "La era de la informática se puede ver en todas partes, excepto en las estadísticas de productividad". Una observación que se ha convertido en lo que se conoce como la paradoja de la productividad de Solow.
"Hoy en día, no se ve la IA en los datos de empleo, productividad o inflación. Del mismo modo, en el S&P 493 no hay signos de IA en los márgenes de beneficio ni en las previsiones de ganancias", prosigue Slok, dejando traslucir que los potenciales efectos de la IA son de momento eso, potenciales, y que, como muestra clara, todavía no aparecen en las métricas que ofrecen todas las empresas que cotizan en el S&P 500 estadounidense exceptuando las conocidas como Siete Magníficas, las gigantes tecnológicas de megacapitalización que están basando su negocio en esta expectativa floreciente.
Para dejar más clara su perspectiva, Slok recurre a una figura conocida en la jerga macroeconómica: la curva en forma de J. En la teoría económica, esta curva se utiliza para describir una situación en la que una variable empeora en el corto plazo tras un shock o política, pero mejora posteriormente, dibujando visualmente una letra J. El caso más estudiado atañe al tipo de cambio y la balanza comercial. Cuando un país devalúa su moneda (o esta se deprecia), en el corto plazo las importaciones se encarecen inmediatamente, los contratos comerciales no cambian de forma instantánea, el volumen de exportaciones no reacciona de inmediato y, como resultado, la balanza comercial empeora primero. Sin embargo, en el medio plazo, las exportaciones se vuelven más competitivas, aumentan las ventas al exterior, caen las importaciones en volumen y, como resultado final, la balanza comercial mejora. Este fenómeno suele analizarse en países que ajustan su tipo de cambio frente a monedas como el dólar estadounidense.
"Quizás exista un efecto de curva J para la IA, por el que se necesita tiempo para que la IA aparezca en los datos macroeconómicos. Quizás no", plantea Slok. "La existencia de un efecto curva J depende de la creación de valor a partir de la IA. Existe una feroz competencia entre los creadores de grandes modelos lingüísticos (LLM), lo que está llevando el precio de los LLM hacia cero para los usuarios finales. Esto es lo contrario de lo que dicen los libros de texto de finanzas, es decir, que un innovador tendrá poder de fijación de precios de monopolio hasta que otros lleguen con un producto similar. Esto es lo que vimos durante la era informática en la década de 1980", continúa.
Slok se ampara en la literatura académica, que aún no es concluyente sobre los posibles efectos macroeconómicos de la IA. Repasando los diez estudios o papers más recientes, con horizontes temporales hasta 20 años, el experto de Apollo constata que ninguno de ellos contempla un aumento de la productividad por encima de los 1,1 puntos porcentuales anuales en lo que respecta a la productividad total de los factores.
Desde una perspectiva macroeconómica, la tesis de Slok implica que la creación de valor no es el producto, sino cómo se utiliza e implementa la IA generativa en los diferentes sectores de la economía. "Después de tres años con ChatGPT y sin señales de IA en los datos entrantes, parece que la IA probablemente mejorará el trabajo en algunos sectores en lugar de sustituirlo en todos ellos", sentencia el experto.
Buscando dinámicas incipientes en los diferentes espectros geográficos, el aumento adicional del PIB en las industrias de las Tecnologías de la Información (TIC) en el tercer trimestre en EEUU, a pesar de otra caída del empleo, se ha tenido entre analistas como los de Capital Economics como una clara señal de que la IA está impulsando la productividad, llamándoles la atención que estos aumentos se hayan concentrado igualmente en aquellos sectores de servicios que están avanzando rápidamente en la adopción de la IA. Precisamente en esta casa de análisis achacan el decepcionante avance de la productividad en Europa (excluyendo Irlanda, que distorsiona los datos, el PIB por trabajador de la zona euro aumentó solo un 0,4% interanual en el tercer trimestre del año pasado y lo dejó aún un 0,2% por debajo de su nivel en el cuarto trimestre de 2019) a la creciente brecha que está surgiendo con EEUU. en la adopción de la IA.
Desde Oxford Economics se apresuran a echar agua fría sobre lo que ocurre al otro lado del Atlántico. "No creemos que la IA esté aumentando la productividad todavía. Aunque creemos que la IA acabará aumentando la productividad, pensamos que la reciente fortaleza de la productividad en EEUU refleja más bien factores cíclicos. Tras la pandemia, las empresas acumularon mano de obra y los costes laborales unitarios se dispararon; a medida que la demanda se recuperaba, exigieron más a esa mano de obra, lo que dio lugar a un periodo de crecimiento con un alto nivel de productividad", explica su economista Ben May en un informe para clientes.
Estos expertos consideran que las pruebas de que las empresas están sustituyendo la mano de obra por IA a cualquier escala son limitadas y, por ahora, se centran en pequeños sectores de la economía. "Aunque las continuas y espectaculares mejoras en la calidad de la IA sugieren que su impacto aumentará, las empresas suelen tardar varios años en descubrir cómo aprovechar al máximo los avances tecnológicos. Por consiguiente, existe el riesgo de que el crecimiento de la productividad sea decepcionante si la recuperación actual es de naturaleza cíclica y se necesita tiempo para que la adopción generalizada y eficaz de la IA mejore la forma en que se realizan una amplia gama de tareas en una gran variedad de sectores", resuelve May.
En su análisis, May también enmienda el posible efecto en variables macro como la inflación, argumentando que la desinflación impulsada por la IA que defienden voces como la de Warsh es posible, pero no inevitable. "Si nos equivocamos y la IA genera un fuerte crecimiento de la productividad en los próximos años, esto podría dar lugar a un crecimiento económico superior al normal sin avivar las presiones inflacionistas. Sin embargo, Warsh ha adoptado una postura ligeramente más firme, argumentando que la IA podría provocar una repetición de lo ocurrido a finales de la década de 1990, cuando el auge impulsado por la productividad de los ordenadores e Internet coincidió con una tendencia a la baja de la inflación en EEUU. El impacto de la IA en la inflación dependerá de la medida en que el impulso a la oferta de la economía se vea compensado por cualquier aumento asociado de la demanda agregada. Esto dependerá del contexto económico general en el que se produzca el impacto de la IA y del plazo", pone en claro el analista.
Por ahora, continúa el experto de Oxford, no está claro que la IA se esté comportando de manera desinflacionaria, entroncando con el argumento de Slok: "La IA ha sido el detonante para que las empresas tecnológicas aumenten la proporción de sus flujos de caja libres para financiar la inversión en infraestructura de IA. En otras palabras, la IA parece estar animando a las empresas tecnológicas a gastar más. El aumento asociado de la inversión relacionada con la IA ha sido una fuente clave de la fortaleza de la demanda en la economía estadounidense y es probable que persista". Y pone el dedo en la llaga: sin observarse aún claramente la presión desinflacionista de la IA, la enorme demanda energética de los centros de datos ya ha provocado un aumento del precio de la electricidad en EEUU.
"Es cierto que, por ahora, los costes de utilizar chatbots con IA son bajos para los usuarios finales, por lo que la IA puede estar reduciendo los costes laborales unitarios y, por lo tanto, las presiones sobre los precios más allá del sector tecnológico. Pero con el tiempo, a medida que se implanten más sistemas de IA especializados que puedan demostrar un ahorro significativo en los costes laborales, es probable que su coste de uso aumente, lo que reducirá la posible presión a la baja sobre la inflación", rubrica May, recordando el hecho de que la IA será solo una de las múltiples fuerzas que influirán en la presión inflacionista.
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13779323/02/26/la-esperanza-de-la-ia-es-que-acabe-dibujando-una-curva-en-j-ahora-mismo-esta-en-todas-partes-excepto-en-los-datos-macroeconomicos.htmllunes, 16 de febrero de 2026
10 edificios y una silla que han hecho inmortal a Frank Gehry

El mundo de la arquitectura aún intenta asimilar que Frank Owen Gehry ya no está. El canadiense-estadounidense, fallecido en Santa Mónica el 5 de diciembre de 2025 a los 96 años, fue mucho más que el gran nombre del deconstructivismo: convirtió la arquitectura en un gesto casi musical, hecho de curvas, pliegues y titanio, capaz de cambiar el destino de una ciudad entera. Repasamos los edificios más significativos de un arquitecto brillante.
Nacido en Toronto en 1929 como Frank Goldberg, se trasladó a Los Ángeles en los años 40, donde comenzó a forjar su propio idioma formal, lejos de los dogmas del racionalismo. La pequeña casa que transformó para su familia en Santa Mónica, envuelta en chapa ondulada, malla metálica y madera vista, fue ya una declaración de intenciones: un collage irreverente que rompía con la idea de vivienda correcta y anticipaba la arquitectura fragmentada que lo haría famoso.
Gehry trabajó siempre con la curiosidad de un escultor. Usó cartón corrugado para la icónica Wiggle Side Chair, demostró que el mobiliario también podía ser experimental, y abrazó pronto las herramientas digitales, adaptando software aeronáutico para modelar esas formas imposibles que luego se forraban de titanio, vidrio o piedra. Su carrera recibió el espaldarazo definitivo con el Premio Pritzker en 1989, que lo consagró como uno de los grandes innovadores del siglo XX.
El Guggenheim Bilbao fue el punto de inflexión. Aquella nube de escamas metálicas reflejada en la ría no solo regaló a Bilbao un icono reconocible en todo el planeta; inauguró el llamado "efecto Bilbao", la demostración de que un edificio cultural podía catalizar la transformación urbana, económica y emocional de una ciudad. Después llegarían la Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles, con sus velas de acero desplegadas como un barco sonoro, y la Fondation Louis Vuitton en París, un conjunto de "velas" de vidrio que parece a punto de echarse a navegar sobre el Bois de Boulogne.
Barack Obama, al entregarle la Medalla Presidencial de la Libertad, resumió bien su legado: los edificios de Gehry, anclados al suelo, son capaces de elevarnos el espíritu y ampliar nuestros horizontes.
1. Museo Guggenheim, Bilbao (España)

En Bilbao el legado de Frank Gehry se materializa en el Guggenheim, quizá su edificio más emblemático. Levantado entre octubre de 1993 y octubre de 1997 sobre antiguos muelles industriales, el museo parece una gigantesca escultura de titanio, vidrio y piedra que se abre como una flor metálica junto a la ría. Sus volúmenes curvos envuelven el Puente de La Salve y se integran en la ciudad sin imponerse, convirtiéndose en nuevo icono urbano. En el interior, un atrio bañado por la luz organiza tres niveles de galerías de formas ortogonales y orgánicas, capaces de acoger desde piezas íntimas hasta instalaciones monumentales como La materia del tiempo, de Richard Serra.
2. Walt Disney Concert Hall, Los Ángeles (EE.UU.)

En pleno corazón de Los Ángeles, el Walt Disney Concert Hall (2003) condensa como pocos edificios el universo de Frank Gehry. Concebido como nueva sede de la Filarmónica de Los Ángeles, nació con una ambición clara: ser una de las salas de conciertos más sofisticadas del mundo y, al mismo tiempo, un lugar íntimo donde la música se sienta casi al alcance de la mano.
Impulsado por la visión y la generosidad de Lillian Disney, la familia Disney y numerosos mecenas, el proyecto regaló a la ciudad no solo una acústica excepcional, sino también un icono urbano reconocible en todo el planeta. Sus famosas curvas de acero inoxidable, que parecen desplegarse como un instrumento gigante, envuelven un auditorio cálido revestido de madera, pensado al milímetro para que cada nota llegue limpia y envolvente al público. En sus 1,4 hectáreas, el edificio captura la esencia de Los Ángeles: una mezcla de energía, riesgo creativo y amor por el espectáculo.
3. Fundación Louis Vuitton, París (Francia)

Desde su inauguración en 2014, la FundaciónLouis Vuitton se ha convertido en una de las obras más poéticas de Frank Gehry. El edificio se levanta como una gran nave de cristal en medio del Bois de Boulogne: 12 velas de vidrio curvo envuelven volúmenes blancos, los "icebergs", que parecen flotar sobre un estanque. La luz es la verdadera materia del proyecto: se filtra, se refleja y se fragmenta en las superficies acristaladas, de modo que el edificio cambia de rostro con cada hora del día y con cada estación.
En el interior, una sucesión de galerías, pasarelas y terrazas crea un recorrido casi cinematográfico, en el que el visitante alterna arte, vistas al jardín y panorámicas de París. Más que un simple contenedor de exposiciones, la Fundación Louis Vuitton funciona como una gran escultura habitable, un mirador urbano que resume como pocos la obsesión de Gehry por la luz, el movimiento y las formas libres.
4. Vitra Design Museum, Weil am Rhein (Alemania)

El Vitra Design Museum (1989) fue la primera obra de Frank Gehry en Europa y, pese a su escala contenida, se ha convertido en uno de sus edificios más influyentes. En lugar de un simple almacén para la colección de sillas de Vitra, Gehry imaginó una pequeña escultura habitable: un collage de volúmenes blancos, con torres, rampas, cubos… que se entrelazan en un juego de curvas y aristas, casi como una maqueta en movimiento congelada en el paisaje de Weil am Rhein.
En el interior, unos 700 metros cuadrados de salas se organizan en dos plantas, atravesadas por la luz que entra desde grandes lucernarios y ventanales en cubierta. Cada giro del recorrido abre una nueva perspectiva sobre las piezas expuestas y sobre la geometría del propio edificio. Más que un simple contenedor, el Vitra Design Museum es un manifiesto temprano del deconstructivismo de Gehry: compacto, experimental y sorprendentemente lírico.
5. El Museo Puente de Vida, Ciudad de Panamá (Panamá)

Más conocido como Biomuseo (2014), es la gran declaración de Frank Gehry en Panamá: un estallido de tejados multicolor sobre la punta de la calzada de Amador, justo donde el Pacífico se encuentra con la entrada del Canal. Lejos de la sobriedad museística al uso, el edificio se fragmenta en volúmenes bajos y angulosos que parecen surgir de la tierra tropical, rematados por enormes cubiertas metálicas en rojo, amarillo, azul o verde que se cruzan como hojas al viento.
En el corazón del conjunto, un gran atrio exterior elevado actúa como plaza pública cubierta, protegida de la lluvia y abierta a las vistas de la bahía y la ciudad. Desde allí se accede a las galerías dedicadas a contar la historia geológica y la extraordinaria biodiversidad de Panamá, mientras el parque que rodea el edificio prolonga el relato con senderos y estaciones educativas entre la vegetación autóctona. Un museo-paisaje donde arquitectura, naturaleza y divulgación van de la mano.
6. Facebook Campus Expansion, Menlo Park (EE.UU.)

En Menlo Park, Frank Gehry llevó su lenguaje a un terreno distinto: el de la oficina-campus para Facebook. El encargo, en 2018, partía de una idea muy clara de Mark Zuckerberg: un edificio pensado para ingenieros que viven de probar, equivocarse y volver a empezar. Gehry respondió con una enorme nave casi diáfana, más cercana a un "gran almacén creativo" que a una sede corporativa al uso. Sin despachos, con mesas que se mueven según los equipos cambian de proyecto, rincones con sofás y pizarras y una constelación de micro-cocinas, el espacio fomenta la colaboración constante. Por fuera, el volumen se integra en el paisaje de Menlo Park y se remata con un jardín en la azotea, plantado como un pequeño parque elevado. Un edificio de aspecto deliberadamente crudo y eco-consciente que convierte la cultura de la empresa en arquitectura habitable.
7. Torre Beekman, Nueva York (EE.UU.)

En el skyline del Bajo Manhattan, la torre residencial de Gehry -conocida como New York by Gehry- se estira desde el año 2010 hasta los 265 metros y 76 plantas convirtiéndose en uno de los rascacielos de viviendas más altos de la ciudad. Su base de mampostería color terracota acoge una escuela pública, un centro ambulatorio vinculado al New York Downtown Hospital, accesos residenciales, un pequeño espacio comercial y aparcamiento subterráneo. Sobre ese podio "terrenal" despega la verdadera escultura: una piel de acero y vidrio que se arruga y ondula, haciendo que cada planta, y por tanto cada uno de los 903 apartamentos, tenga una geometría distinta. Los pliegues del muro cortina moldean las estancias y, al mismo tiempo, capturan la luz y el reflejo de los edificios cercanos, cambiando de aspecto a lo largo del día. Dos plazas públicas ajardinadas completan el conjunto, conectando este icono vertical con la vida a pie de calle.
8. Dancing House, Praga (República Checa)

La Casa Danzante es una de esas obras de Frank Gehry que parecen dibujadas a mano alzada sobre la ciudad. Levantada en la ribera del Moldava, en pleno Rašín Embankment de Praga, fue diseñada junto al arquitecto croata-checo Vlado Milunic y terminada en 1996. Sobre la estrecha parcela bombardeada en 1945 (junto al edificio donde vivía Václav Havel, que impulsó el proyecto), el dúo ideó un volumen doble que prontorecibió el apodo de Ginger & Fred: una torre de cristal curvada que baila abrazada a otra más vertical y sobria de hormigón.
El resultado es un pequeño manifiesto deconstructivista que rompe la rigidez del frente histórico de fachadas neobarrocas y art nouveau, pero sin desentonar con él. Hoy el edificio alberga oficinas, hotel, galería y el restaurante Ginger & Fred en la última planta, con vistas privilegiadas al río y al Castillo de Praga. Más que una extravagancia, la Dancing House se ha convertido en símbolo de la Praga contemporánea: una ciudad que se atreve a bailar, arquitectónicamente hablando, con el siglo XXI.
9. Museo de Arte Weisman, Minneapolis (EE.UU.)

En el campus de la Universidad de Minnesota, asomado al río Misisipi como un faro plateado, el Weisman Art Museum es una de las primeras obras icónicas de Frank Gehry en Estados Unidos. Por un lado, el que mira al campus, se viste con una fachada de ladrillo que dialoga con el resto de edificios universitarios; por el otro, el que se asoma al río, estalla en un torbellino de volúmenes curvos y aristas de acero que recuerdan una cascada y la silueta de un pez. Ese contraste resume a la perfección el espíritu del museo: sobrio contenedor académico hacia dentro, escultura brillante y cambiante hacia la ciudad. Inaugurado en 1993 y ampliado en 2011, el edificio ha ganado nuevas salas que permiten mostrar mejor su colección de arte estadounidense, cerámica y mobiliario coreano, pero sigue siendo, ante todo, un experimento luminoso sobre cómo un museo universitario puede convertirse también en un icono urbano.
10. Guggenheim, Abu Dhabi (UAE)

En la que será la última gran obra de Frank Gehry, el Guggenheim Abu Dhabi se levanta poco a poco en Saadiyat Island como un gigantesco collage de volúmenes que parecen chocar entre sí sobre la arena. Concebido para convertirse en el mayor de los museos Guggenheim, con unos 42.000 m² de superficie, el edificio combinará galerías de distintas alturas y estilos con un centro de arte y tecnología, áreas educativas para niños, archivo, biblioteca y laboratorios de conservación. Sus formas entrelazadas de hormigón, acero y piedra, pensadas como una reinterpretación contemporánea de los patios cubiertos y torres de viento tradicionales, juegan con la luz del desierto y el reflejo del mar. Aunque la inauguración se ha ido posponiendo y la fecha definitiva sigue sin anunciarse, las imágenes de la obra casi terminada permiten intuir un futuro icono cultural para Abu Dabi y el legado póstumo más monumental de Gehry.
11. Wiggle Side Chair (1972)

Gehry también ha dejado su huella en el diseño de productos, sobre todo con la Wiggle Side Chair. En los años 70, cuando nadie miraba al cartón más allá de las cajas de embalaje, Frank Gehry decidió convertirlo en diseño culto. Así nació la Wiggle Side Chair (1972), quizá la pieza más famosa de su serie Easy Edges. Construida a base de capas de cartón ondulado prensado, dibuja una silueta sinuosa casi escultórica que, sin embargo, sorprende por lo cómoda y robusta que es. Su perfil en S parece un garabato hecho volumen, un gesto que condensa muy bien la actitud de Gehry: experimentar con materiales humildes, romper lo esperado y demostrar que un objeto cotidiano puede convertirse en icono del diseño del siglo XX.
- CRISTINA ACEBAL
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