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viernes, 3 de julio de 2026
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jueves, 2 de julio de 2026
Lo que los británicos realmente quieren decir cuando dicen "sorry"

Getty Images/ BBC/ Javier Hirschfeld
En Reino Unido, pedir disculpas diciendo "sorry" es más que eso: es un reflejo cultural, una válvula de escape de cinco letras que se usa para suavizar peticiones, disimular situaciones incómodas, llenar silencios en una conversación y evitar el horror nacional de parecer maleducado.
Quizás no sea casualidad que personajes tan famosos por su cortesía como Paddington y Mary Poppins sean británicos.
Los británicos pronuncian la palabra una media de 9 veces al día, más de 3.000 veces al año.
Pero para los visitantes, el enigma no reside en la frecuencia con la que la oyen, sino en descifrar su verdadero significado.
Y es que, cuando un británico dice "lo siento", eso puede significar arrepentimiento. También puede significar "disculpe", "hágase a un lado", "no estoy de acuerdo", "date prisa", "estás bloqueando el pasillo", "no te oí" o "estoy haciendo todo lo posible por no parecer molesto".
Si bien estos usos no son exclusivos de Reino Unido, la frecuencia, el tono y los sutiles cálculos sociales que implican sí lo son.
En una sociedad conocida por tratar de evitar enfrentamientos, pedir disculpas se ha convertido en una de sus herramientas más versátiles: una forma de gestionar el espacio personal, suavizar los desacuerdos, evitar la confrontación y hacer cumplir las normas sin parecer abiertamente descortés.
En esencia, "sorry" es una palabra que ofrece una visión fascinante de las muchas peculiaridades culturales que definen a los británicos, y para los visitantes, aprender a descifrarla puede marcar la diferencia entre un intercambio amistoso y un desconcertante malentendido.
1. "Sorry!" en la calle
Lo que parece: una disculpa.
Lo que suele significar: tú me estorbas, yo te estorbo, ambos hemos estado brevemente demasiado cerca físicamente el uno del otro y ahora debemos neutralizar la incomodidad de inmediato.
Esto no se trata tanto de culpar a alguien, sino de la profunda incomodidad que existe en Reino Unido con la intimidad accidental: el horror de rozar el abrigo de un desconocido, bloquear la acera o permanecer en el mismo pequeño espacio público un segundo de más.
Alguien puede decirlo cuando choca contigo, cuando tú chocas con ellos, o incluso cuando ninguno de los dos ha hecho nada malo más allá de rozarse los hombros y calcular mal la geometría de la acera.
Puede significar "disculpe", "después de usted", "por favor, apártese" o "finjamos que este pequeño choque nunca ocurrió".
La cuestión no es culpar a nadie, sino reconciliarse; una palabra rápida que permite seguir adelante sin que nadie se vea afectado por la indignidad de una confrontación abierta.

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2. "Sorry?"
Lo que parece: una petición para que se repita algo.
Lo que suele significar: no te oí, o sí te oí, pero necesito un momento para asimilar lo que acabas de decir.
Esta disculpa tan apreciada -con una sutil entonación ascendente al final- es una de las herramientas conversacionales más útiles del inglés.
Puede significar "¿perdón?", "¿podrías repetirlo, por favor?" o, simplemente, "necesito un segundo".
Dado que "¿qué?" puede sonar demasiado brusco, "¿perdón?" se convierte en la alternativa más suave y menos confrontativa.
Para los visitantes, resulta práctico en lugares como pubs y estaciones de tren, con conversaciones rápidas, y especialmente útil en zonas con fuertes acentos regionales.
Sin embargo, si se usa con un tono más frío o incrédulo, puede convertirse en una advertencia típicamente británica: te escuché, pero te doy la oportunidad de reconsiderar lo que dijiste.
3. "Sorry, can I ...?"
Lo que parece: una petición educada.
Lo que suele significar: necesito ocupar un poquito de espacio y pido disculpas de antemano por las molestias que pueda ocasionar mi presencia.
Esta es la típica disculpa británica de autominimización. La oirás en trenes, cafeterías, butacas de teatro, vestíbulos de hoteles y en cualquier lugar donde alguien necesite hacer algo perfectamente razonable.
"Disculpe, ¿puedo pasar?": "disculpe, ¿hay alguien sentado aquí?"; "disculpe, ¿podría preguntar…?".
En realidad, quien habla no lo siente. Simplemente suaviza el acto de preguntar, entrar, sentarse, alcanzar algo o simplemente estar presente en público.
En una cultura más directa, un simple "¿está libre este asiento?" sería suficiente. En Reino Unido, a menudo se recurre primero al "disculpe", como si ocupar una silla vacía requiriera un pequeño acto de contrición.
4. "Oh, sorry…"
Lo que parece: una disculpa sincera.
Lo que suele significar: me opongo, pero voy a hacer que suene como una disculpa.
Esto puede sonar como una disculpa sincera, pero normalmente no lo es. En Reino Unido, donde la franqueza puede resultar terriblemente incómoda, un seco "oh, perdón..." es lo que se suele oír cuando alguien necesita reclamar su sitio sin parecer abiertamente agresivo.
"Oh, perdón, creo que era el siguiente en la fila"; "oh, perdón, ese es mi asiento"; "oh, perdón, estaba usando eso".
La disculpa le sirve de excusa al hablante; la pausa después de "oh" es lo que causa el daño.
Permite objetar sin dejar de ser técnicamente educado: un compromiso muy británico entre guardar silencio y decir exactamente lo que se piensa.

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5. "Sorry, but…"
Cómo suena: una interrupción educada, como un carraspeo, antes de una rotunda contradicción.
Lo que suele significar: por mucho que intente estar de acuerdo contigo, no puedo. Voy a explicarte por qué te equivocas y no me importa lo que pienses.
Esta es la disculpa preventiva: un pequeño respiro antes de que surja un desacuerdo.
En una cultura donde el desacuerdo abierto puede resultar socialmente ofensivo, "lo siento, pero..." le permite al interlocutor objetar manteniendo la apariencia de cortesía.
Le permite al hablante cuestionar, contradecir o corregir, dejando claro que no busca provocar una discusión, así esté a punto de hacerlo.
Según el tono, puede sonar conciliador, ligeramente exasperado o casi como decir "lo siento, pero no me arrepiento"... La clave está en escuchar lo que viene después del "pero". Ahí suele empezar el verdadero mensaje.
6. "Sorry…" en una cola o en el pub
Cómo suena: un recordatorio de etiqueta
Lo que suele significar: intento que esto no sea incómodo, pero esto no es justo; has roto las reglas.
La sola idea de colarse en Reino Unido da escalofríos: la cola es un lugar sagrado, como la Abadía de Westminster o Wimbledon, y un cortés "perdón..." intercalado sirve como recordatorio de etiqueta de que todos deben respetar las normas en lugar de intentar colarse.
En este contexto, "perdón" es sinónimo de "ponte al final", "no te cueles", "mantén la distancia" o "no te atrevas a saltarte la cola".
En el pub, la misma frase puede significar "es mi turno", "creo que era el siguiente" o "por favor, no finjas que no te diste cuenta de que yo estaba esperando".
Es una corrección disfrazada de cortesía, que suele ser la corrección más británica de todas.
- Mike MacEacheran
- Título del autor,BBC Travel *
- Fecha de publicación
miércoles, 1 de julio de 2026

Decir que las plantas "ven" es una licencia poética.
Obviamente las plantas no tienen retina, ni ojos, ni cerebro y, por tanto, no tienen el tipo de visión que asumimos para otros organismos.
Ahora bien, pensemos en una definición amplia del término visión, esa que dice que es la capacidad mediante la cual un organismo capta luz del entorno, la transforma en señales biológicas y la interpreta para representar de manera útil el mundo que lo rodea.
En ese sentido, podríamos llegar a convencernos de que las plantas "ven".
La luz, mucho más que energía
Como organismos fotosintéticos, las plantas son capaces de absorber y utilizar la luz con una sofisticación y eficiencia extraordinaria. Pero, para ellas, la luz no es sólo la energía que alimenta la fotosíntesis, es también información.
La luz es una señal ambiental de primer orden sobre la alternancia día-noche, sobre si están rodeadas de competidoras, cuándo deben germinar, abrir los estomas o en qué momento conviene florecer, entre otras cosas.
La clave de esta percepción está en los fotorreceptores, biomoléculas que funcionan como sensores capaces de absorber luz y transformar esa información física en respuestas biológicas.
Hoy en día, se sabe que las plantas disponen de fotorreceptores especializados en interpretar la información lumínica asociada a rangos discretos de radiación electromagnética.
Esto implica que son capaces de interpretar su calidad espectral, es decir, "perciben colores".

Fuente de la imagen,
Por ejemplo, los fitocromos están especializados en percibir luz en la región del rojo –longitudes de onda de luz entre 600 y 700nm– y del rojo lejano –entre 700 y 800 nm, justo fuera del rango de la luz visible para los humanos–.
Mientras, los criptocromos y las fototropinas y receptores UV-B, son sensibles a la luz azul y ultravioleta. Los fotorreceptores en plantas no se encuentran en estructuras organizadas, se encuentran en tipos celulares muy diversos, que pueden encontrarse en todos los órganos.
Fitocromos: interruptores biológicos de luz roja
Los fitocromos, una amplia familia de fotorreceptores, están entre los mejor caracterizados. Se trata de proteínas unidas una especie de "antena" (cromóforo) capaz de absorber fotones en la zona del rojo y rojo lejano (entre 600 y 800 nm aprox.).
La luz modula la actividad del fotorreceptor induciendo cambios en el plegamiento de la proteína.
Se sabe que los fitocromos existen en dos formas interconvertibles: Pr, que absorbe luz roja y Pfr, que absorbe luz roja lejana.
La luz roja convierte Pr en Pfr, la forma activa; la roja lejana favorece el proceso inverso.
Cuando el fitocromo está en su forma activa o Pfr, puede desplazarse desde el citoplasma al núcleo celular. Una vez allí, activa o reprime la expresión de una compleja red de genes que controlan programas de desarrollo.
De esta manera, actúa como un interruptor reversible que informa a la planta sobre la calidad espectral de la luz que la rodea. Este mecanismo de acción ilustra muy bien el funcionamiento general de todos los fotorreceptores conocidos en plantas.
¿Cómo detectan las plantas a sus vecinas?
Uno de los aspectos más fascinantes es que las plantas pueden detectar a sus vecinas en función del grado de sombreo utilizando como sensores a los fitocromos.
Lo logran midiendo la proporción entre luz roja y luz roja lejana. La luz solar directa contiene ambas, pero las hojas absorben mucha luz roja para la fotosíntesis y dejan pasar o reflejan más luz roja lejana.
Así, cuando una planta percibe una caída en la relación rojo/rojo lejano, interpreta que hay otras plantas cerca. Esta lectura del ambiente activa el llamado síndrome de evitación de la sombra.
La planta cambia su arquitectura: alarga tallos, modifica la orientación de sus hojas y reduce la ramificación. No está "pensando", pero está tomando decisiones de desarrollo. Su cuerpo se reorganiza para alcanzar la luz antes o mejor que sus competidoras.

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Esta capacidad tiene enormes implicaciones agrícolas. En un cultivo denso, por ejemplo, las plantas invierten demasiada energía en competir por luz en lugar de producir semillas, frutos o biomasa útil.
Por eso, comprender los fotorreceptores ayuda a seleccionar variedades más tolerantes al sombreado, capaces de crecer en alta densidad sin activar en exceso respuestas de escape.
La luz marca su calendario
Además, la luz a través de los fotorreceptores regula el calendario interno de muchas especies.
El cambio de proporción de luz roja/roja lejana en la transición luz-oscuridad puede ser percibida por los fitocromos, lo que permite a las plantas medir la duración relativa del día y la noche.
Gracias a ello, algunas especies florecen cuando los días se alargan, otras cuando se acortan. De esa manera, ajustan su ciclo vital a la estación más favorable.
La floración es un momento clave de su ciclo vital y su éxito depende, en buena medida, de interpretar correctamente qué condiciones ambientales son las más favorables.
Mirarlas con otros ojos
Si este artículo ha llegado a ustedes, espero que haya contribuido a que "vean" a las plantas de otra manera, digamos que con "otros ojos".
Quizás ahora piensen que son más que organismos pasivos expuesto al sol.
Las plantas exploran su entorno luminoso, comparan señales, anticipan competencia y ajustan su desarrollo.
Son capaces de percibir un mundo de colores invisibles para nuestra experiencia cotidiana. Para ellas, cada amanecer no solo trae energía: trae un libro de instrucciones.
Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Puedes leer la versión original en inglés aquí.
- Antonio E. Encina García*
- Título del autor,The Conversation
- Fecha de publicación
martes, 30 de junio de 2026
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