Cuando escuchamos una opinión contraria a la nuestra, en el cerebro se activan varias regiones implicadas en manejar el dolor y las amenazas.
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Escuchar una opinión contraria a la nuestra rara vez es una experiencia neutra. Aunque solemos atribuir esta dificultad a factores culturales o personales, la ciencia muestra que tiene raíces profundas en el funcionamiento del cerebro.
Desde la neurociencia sabemos por qué nos cuesta tanto escuchar opiniones diferentes.
El desacuerdo activa sistemas diseñados para detectar conflicto y mantener la coherencia interna.
Esto explica por qué solemos reaccionar con rapidez y, a menudo, con rigidez ante ideas que desafían lo que creemos.
El cerebro detecta conflicto antes de razonar
Cuando escuchamos una idea que contradice nuestra forma de pensar, el cerebro no empieza evaluando argumentos. Primero detecta que hay un conflicto. Una de las regiones implicadas en este proceso es la llamada corteza cingulada anterior o CCA.
Esta estructura actúa como un radar encargado de identificar inconsistencias entre nuestras expectativas y la realidad, así como conflictos entre respuestas o entre creencias. Por lo tanto, la CCA funciona como un "radar de incongruencias".
La evidencia neurocientífica muestra que la CCA forma parte de circuitos implicados tanto en el control cognitivo como en el procesamiento del dolor físico y del dolor social.
Por eso, una opinión contraria puede ser experimentada como algo incómodo o amenazante, incluso cuando no hay confrontación directa.
Junto a la corteza cingulada anterior se activan otras regiones. Una de ellas, la amígdala, está implicada en la respuesta de amenaza. Otra área importante, la ínsula, está relacionada con la percepción del malestar corporal.
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Conocer tu cerebro te puede ayudar a regularlo.
El resultado de este proceso es familiar para todos: nudo en el estómago, tensión corporal y una tendencia a defenderse o cerrar la conversación.
Finalmente entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de funciones como la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.
El coste cognitivo y emocional de integrar otra perspectiva
Aceptar una visión opuesta exige un esfuerzo considerable. El cerebro debe mantener al mismo tiempo dos modelos mentales incompatibles: "lo que yo creo" y "lo que tú dices".
Además, debe compararlos y decidir si alguno debe modificarse. Desde el punto de vista energético, es una operación exigente.
A este esfuerzo se suma la disonancia cognitiva: el malestar que aparece cuando una información amenaza la coherencia de nuestra visión del mundo o de nuestra identidad.
En muchos casos, este malestar no se resuelve escuchando al otro, sino justificando lo que ya pensábamos. Es lo que se conoce como "razonamiento motivado".
Por otra parte, muchas creencias están ligadas a la pertenencia a un grupo.
Cambiar de perspectiva puede ser experimentado, aunque sea de forma inconsciente, como un riesgo social: quedar mal, perder estatus o sentirse excluido.
El cerebro social está especialmente orientado a evitar ese tipo de amenazas.
El estrés dificulta escuchar y pensar con calma
Un factor clave en todo este proceso es el estrés.
Cuando este es elevado o sostenido, el sistema nervioso funciona en modo de alerta, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal para regular emociones y sostener el desacuerdo con calma.
En ese estado, escuchar se vuelve especialmente difícil.
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Cambiar de perspectiva también puede interpretarse como un riesgo social, porque muchas creencias están ligadas a pertenecer a un grupo.
La buena noticia es que estos sistemas son plásticos. Las regiones cerebrales implicadas en el conflicto, la emoción y el control cambian con la experiencia y la práctica.
La dificultad para escuchar opiniones contrarias ha ido ganando presencia en el debate social y cultural. Especialmente en contextos donde las decisiones tienen consecuencias compartidas como en equipos de trabajo, instituciones o espacios de liderazgo.
El desacuerdo mal gestionado suele escalar hacia conflictos interpersonales, bloqueos comunicativos y deterioro del clima emocional.
Se trata de algo muy común en entornos laborales de alta demanda.
Afortunamente podemos entrenar la escucha desde la calma, circunstancia que mejora de forma clara el liderazgo y la toma de decisiones.
Prácticas como el mindfulness o el biofeedback reducen la reactividad automática y aumentan la capacidad de observar el desacuerdo sin responder de forma impulsiva.
Por ejemplo, estudios sobre redes cerebrales en reposo muestran que la práctica sostenida de mindfulness modula redes cerebrales implicadas en regulación emocional y flexibilidad cognitiva.
De este modo se favorecen respuestas más adaptativas ante la discrepancia.
Por otra parte, nuestros proyectos de investigación del grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla han mostrado que entrenar la regulación fisiológica y emocional se asocia con una mayor capacidad para pausar antes de responder, escuchar con menos reactividad y gestionar conversaciones difíciles con mayor claridad.
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El estrés nos hace estar en alerta, por lo que, en dicho estado, se nos dificulta escuchar a otros.
La clave no está en eliminar la incomodidad, sino en aprender a regularla para que no derive en rechazo automático.
Escuchar no significa ceder ni renunciar a los propios valores. Significa sostener la incomodidad el tiempo suficiente para ampliar el marco desde el que decidimos.
En un mundo cada vez más polarizado, la capacidad de escuchar opiniones contrarias es una habilidad neurocognitiva entrenable.
Comprender cómo responde el cerebro al desacuerdo es el primer paso para dejar de reaccionar automáticamente y empezar a responder con mayor calma, claridad y humanidad.
Caza de combate F-35B a punto de despegar del USS Tripoli en el marco de la operación Furia Épica / Comando Central de EEUU.
El conflicto pone en jaque el sistema del petrodólar y acelera el camino hacia un orden mundial multipolar
Asia se ve forzada a rediseñar su mix energético, apostando por carbón, renovables y reservas estratégicas
Drones baratos y eficaces imponen un nuevo paradigma bélico y obligan a transformar la industria de defensa global
La guerra está entrando en una fase de distensión; pero cargada de caos, giros de guion y sorpresas. En teoría, ambas partes parecen dispuestas a negociar para buscar una paz, aunque EEUU sigue presionando con un bloqueo propio del estrecho de Ormuz. Sin embargo, pase lo que pase, los analistas tienen claro que el mundo que saldrá de este conflicto será realmente diferente al que había antes. Incluso si la paz se firmase ahora, el choque ha obligado a replantear principios que se daban por seguras y ha provocado cambios de tendencias que estarán presentes los próximos años.
En declaraciones a elEconomista.es, Kunjal Gala, economista en jefe de mercados emergentes de Federated Hermes, señala al menos cuatro grandes cambios que prevalecerán como implicaciones a largo plazo. Estas son las consecuencias para el mundo de lo que ocurrirá con el régimen de los ayatolás y van mucho más allá de un bandazo momentáneo en los precios energéticos o de un golpe inflacionario a corto plazo. Un nuevo orden mundial asoma con efectos en la guerra, la energía y las relaciones internacionales.
El nuevo statu quo de Oriente Medio
Gala señala que el principal cambio es que el equilibrio de la región se ha roto y, aunque siempre se hablaba de que se trata de un escenario plagado de incertidumbre, se ha visto de forma clara que la zona ahora es vulnerable realmente a un conflicto prolongado (este u otro en el futuro), que afecte a todo tipo de países. Ciudades como Dubái parecían un oasis casi inalcanzable de los vaivenes mundiales, al igual que lugares como Catar o Yeda.
"Los países del Golfo han invertido fuertemente en convertir sus países en centros mundiales financieros y turísticos, garantizando la llegada de importantes flujos de capital", comenta Gala. En ese sentido, "es ampliamente probable que el conflicto tenga un impacto significativo sobre esta tendencia".
Sin embargo, lo que ve con más claridad el analista de Federated Hermes es que puede cambiar el gran equilibrio que sostiene no solo a la región, sino al reinado del billete verde: el 'petrodólar'. Desde los años setenta Arabia Saudí y EEUU pactaron que todo su comercio petrolero se basaría en dólares. Esto colocó a la moneda norteamericana en una situación envidiable y, según Deutsche Bank, es uno de los grandes pilares de su hegemonía global.
El pacto era claro: petróleo denominado en dólares, dado que EEUU es el principal comprador del mismo y garantiza la seguridad de la zona. Pero la realidad es que EEUU ya no es el principal comprador, sino que son los países asiáticos; y la seguridad de su tránsito ha quedado tocada de forma clara. "Prevemos que los gobiernos de Oriente Medio se volverán más cautelosos debido a la guerra, y podrían buscar diversificar sus posiciones", comenta el economista de Federated Hermes. En definitiva, "creemos que habrá una alteración del panorama geopolítico en la región, incluyendo esos acuerdos de seguridad que sustentan el petrodólar".
"Prevemos una clara desaceleración de los flujos de capital de Oriente Medio"
No todos están de acuerdo con esta afirmación. Desde Franklin Templeton comentan que reducir la hegemonía del dólar a estos acuerdos de seguridad y sostener que están en riesgo "es una visión notablemente simplista e invierte la relación de causalidad. Los países petroleros quieren hacer sus contratos en dólares porque el dólar les da acceso a mercados de capital más profundos".
No creen, por lo tanto, que lo que pase tras la guerra pueda tumbar al dólar y su dominio, más que nada porque no hay una alternativa al billete verde. "La escala y dinamismo, la credibilidad y la profundidad del mercado son las razones que sostienen al dólar. No hay una alternativa creíble: el euro necesitaría un mercado unificado, el yuan tiene controles de capital... La debilidad del dólar es cíclica y solo está en riesgo a nivel estructural por la política fiscal de EEUU. Los inversores no deberían apostar por un fin del reinado del dólar".
Sin embargo, pocos dudan de que afectará de forma clara al dominio monetario, provocando que el dólar se vea afectado y pierda posiciones en favor de un mundo más multipolar, aunque su reinado no caiga. "Los cimientos de este sistema (la hegemonía del dólar) ya estaban bajo asedio antes de la guerra dado que Oriente Medio ahora vende mayoritariamente a Asia y cada vez hay más petróleo fuera de los circuitos del dólar", señalan en Deutsche Bank.
Respecto al statu quo, más allá del petrodólar, "prevemos una clara desaceleración de los flujos de capital de Oriente Medio", comenta Gaya. En resumen, en una región dañada por el conflicto, esas megainversiones de Arabia Saudí, por ejemplo, hacia empresas europeas o norteamericanas se verán reducidas a corto plazo incluso en los primeros momentos de una paz. "Los fondos soberanos de estos países preferirán invertir su capital a nivel nacional que en el extranjero, dada la situación que se encontrarán".
Cambio en la seguridad energética
En segunda instancia, Federated Hermes comenta que veremos un cambio muy importante en la estructura energética global. Europa vivió un momento de máxima reevaluación de todas sus bases energéticas con Ucrania. De golpe se encontraron con que su principal proveedor no era seguro y que necesitaban replantear toda su estrategia ante un mundo que había cambiado por completo en cuestión de días. Asia se encuentra ante un momento similar y el resultado será un cambio brutal de su mix energético en busca de una diversificación por si en el futuro hay un problema semejante, para que no deban sufrir las consecuencias.
"Los países de Asia han tenido enormes repercusiones con reservas energéticas limitadas. El 80% del petróleo que pasa por Ormuz va a Asia", comenta Gala. En ese sentido, "la crisis forzará que muchos gobiernos reevalúen la seguridad energética y provocará tres cambios fundamentales".
En primer lugar, la firma explica que el carbón volverá a entrar en escena y se convertirá en un elemento de la cesta energética con mayor relevancia para cubrirse de una escasez de gas, en particular en el corto plazo. En segunda instancia, los países de la región iniciarán planes renovables y nucleares para reducir su dependencia de los hidrocarburos. En tercer lugar, viendo lo bien que le ha salido a China la construcción de una enorme reserva de petróleo y gas ante esta situación, el resto de países como India, Vietnam, Filipinas o Corea del Sur pasarán a lanzar sus propias megarreservas en el futuro. Contraintuitivamente, esto generará una fuente de demanda que no existía antes del conflicto, pues muchos de estos países, como la India, son una enorme vía de consumo.
Los países asiáticos abrazan la nuclear, las renovables... y el carbón, todo para evitar el gas de Oriente Medio
Respecto a un auge de las energías verdes orientales, "tras los recientes acontecimientos, los líderes regionales están reconsiderando su postura respecto a las energías renovables. El gobierno de Indonesia, que no se caracteriza por su rapidez, está realizando esfuerzos conjuntos para acelerar los proyectos de energía solar y geotérmica", comentan desde el Council of Foreign Relations (CFR).
El renacimiento nuclear en Asia acelerado por la guerra ya tiene un impacto claro en la región. Japón ya tenía un calendario de reaperturas de centrales para que la nuclear vuelva a representar un 20% del suministro, una cifra perdida desde la catástrofe de Fukushima. "Ahora en medio de la crisis, Japón está estudiando cómo acelerar este proceso. Al igual que China, que ya tenía agendados 23 reactores para la próxima década y está acelerando estos planes por la guerra, como Filipinas", explica el CFR. Este pasado 23 de marzo, Vietnam y Rusia firmaban un acuerdo para construir una central nuclear, que será la primera planta de todo el sudeste asiático. Malasia, Indonesia, Tailandia y Filipinas también han manifestado su intención de desarrollar capacidad nuclear.
Respecto al carbón, esto es algo que se ha visto a corto plazo ya en los planes energéticos de todos estos países. Y según parece, todo es poco para contener el riesgo de otro corte de gas, por lo que el aumento de este recurso ha venido para quedarse. Según publicó recientemente el New York Times, Bangladés, India, Indonesia y Pakistán están desarrollando nuevas plantas carboníferas y aumentando su uso, aunque con solo un mes de guerra aún es pronto para detectarlo en aumentos oficiales en datos.
La competitividad europea se resentirá
El tercer punto es un nuevo golpe a Europa, que tendrá que afrontar un entorno de una menor competitividad por los mayores precios del gas. Hasta el comienzo del conflicto, la UE partía de una buena posición, al menos en principio, donde una combinación de suministro de GNL de EEUU y Catar garantizaba un gran superávit y precios baratos. Ese sueño se ha roto, dado que Catar ha perdido el 17% de su producción de gas natural licuado, según ha anunciado la misma Qatar Energy, y no la recuperará hasta como mínimo tres años y, posiblemente, cinco años.
Tal y como ha sucedido con Catar, mucha infraestructura necesaria para ese superávit gasista se ha dañado por la guerra en otros lugares y no será tan fácil como volver a pulsar un botón para que el gas vuelva a fluir. Como se ha visto en el caso catarí, estamos hablando de procesos de reconstrucción que se extenderán por años.
Esto dejará unos precios estructuralmente más elevados. En particular, esto se verá exacerbado por la entrada de Asia a competir en el mercado internacional, algo que "dejará los precios más altos durante algún tiempo, aumentará la vulnerabilidad de la UE, frenará el crecimiento y dificultará la desinflación", predice el CFR.
Esto llega a una industria europea que ya estaba sufriendo, pero que, tras la guerra de Ucrania, la subida de tipos de interés del BCE, los aranceles y otros problemas (como la competencia china), parecía encontrar algo de paz. Sin embargo, su productividad seguirá sufriendo y Europa tendrá que afrontar este desafío, probablemente, volviendo a reevaluar su suministro energético y tomando otras medidas. "Prevemos que esta situación generará en Europa un nuevo repunte del apoyo político a la electrificación y se impulsarán las ventas de vehículos eléctricos".
Un nuevo paradigma de la guerra
Las guerras en Ucrania y en Oriente Medio han confirmado que las industrias armamentísticas deben cambiar por completo para afrontar el futuro de la guerra. Frente los a misiles que cuestan millones de dólares que componen los sistemas de defensa aérea de EEUU e Israel, Irán ha podido cerrar el comercio mundial y poner en jaque la estrategia occidental con drones de pocas decenas de miles de dólares.
La asimetría de la Guardia Revolucionaria Iraní, con un mosaico de mando descentralizado, ha tenido su traducción en la economía de guerra. Teherán ha lanzado miles de misiles balísticos y drones shahed que han asolado infraestructuras críticas, han bloqueado el espacio aéreo y han provocado el pánico en las rutas de navegación. "De cara al futuro, es probable que esta asimetría económica altere los sistemas militares y de defensa tradicionales, lo que impulsará la demanda de tecnología relacionada que sea barata y eficaz", señala Gala.
El bajo coste y la rápida producción de los enjambres de drones aéreos han obligado a pedir ayuda a Ucrania; ha vaciado los arsenales de misiles interceptores; y ha desatado caídas en la industria armamentística, que se ve obligada a acelerar una transformación de todas las fábricas.
La última noticia de este cambio de paradigma de la guerra llegó la semana pasada desde Estonia. El ministro de Defensa del país báltico, Hanno Pevkur, anunció que cancelaba un proyecto de adquisición de vehículos blindados de infantería por valor de cerca de 600 millones de euros para comprar drones y sistemas antiaéreos. "Estonia ha cambiado su enfoque hacia la lucha contra los drones, la defensa aérea y los sistemas no tripulados", indicó Pevkur.
Álvaro Moreno Julio De Manuel Écija 17:55 - 15/04/2026 https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13871981/04/26/la-guerra-en-iran-dara-lugar-a-un-nuevo-orden-mundial-las-cuatro-transformaciones-que-cambiaran-la-economia-global.html
Playa de Tamarindo, en la provincia costarricense de Guanacaste. Foto: Dreamstime
El porcentaje que desea abandonar el país se ha cuadruplicado desde 1974
Cada vez son más los jubilados estadounidenses que prefieren pasar buena parte de sus últimos años de vida fuera de los Estados Unidos. Varias son las razones: desde la inestabilidad política del país, acceso a una sanidad de calidad hasta unos mejores precios o un estilo de vida más relajado.
Esta tendencia es cada vez mayor entre los jubilados de los EEUU, y desde 1974, el porcentaje de las personas mayores de 55 años que desean abandonar el país se ha cuadriplicado, alcanzando ya un 17%, según las encuestas realizadas por la Universidad de Monmouth y Gallup y recogidas por Bloomberg.
Aunque para ser más exactos, este movimiento ha cogido mayor fuerza en los últimos años, más concretamente desde 2017, y se aceleraron aún más durante el segundo mandato de Donald Trump. "Existe un enorme movimiento de estadounidenses que desean jubilarse en el extranjero", asegura David Kuenzi , director de gestión patrimonial internacional de Creative Planning.
Tal y como explica Kuenzi, anteriormente, los estadounidenses que buscaban jubilarse en el extranjero era porque tenían un cierto vínculo con algún otro país, y ahora la situación ha cambiado, ya que ahora prefieren vivir en destinos a los que no habían visitado en su vida.
Los países que más seducen a los estadounidenses
Los expertos afirman que jubilarse en el extranjero requiere una planificación cuidadosa, que incluye comprender las complejas leyes fiscales y los requisitos de visado.
Uno de esos países es Italia, donde es necesario demostrar ingresos pasivos anuales de entre 30.000 y 40.000 dólares. Los titulares de visado pueden acceder a la cobertura sanitaria italiana por unos pocos miles de dólares al año y para los que vivan en el sur tienen una importante ventaja fiscal, como un impuesto anual fijo del 7% para los que se mudan a pueblos pequeños en regiones menos desarrolladas. Entre los lugares más populares se encuentran la Toscana, Umbría y Apulia.
Otro de los destinos preferidos por los estadounidenses es España, siendo Valencia la ciudad estrella. Su clima y gastronomía son dos factores esenciales por los estadounidenses, y también esta ciudad mediterránea se ha aprovechado del bajón sufrido por Oporto o Lisboa, pero con el aumento del precio de la vivienda y los cambios en su programa Golden Visa, Portugal está perdiendo terreno.
Ciudad de Montpellier. Foto: Dreamstime
Otro país europeo que ha terminado por convencer a los jubilados de EEUU es Francia. Gracias a los tratados fiscales entre ambos, el país no aplica doble imposición a los ingresos de origen estadounidense. Además, pueden acceder al sistema nacional de salud tras tres meses como residente en el país. La ciudad que está teniendo gran interés es Montpellier, gracias a su costa mediterránea y clima agradable.
Costa Rica es uno de los países favoritos, ya que es capaz de aunar un estilo de vida relajado, bajo coste de vida, un sistema de salud lo suficientemente sólido y un clima tropical. Otro factor a tener en cuenta es que este país ofrece una amplia gama de opciones inmobiliarias, incluyendo condominios asequibles y fincas costeras. Los requisitos para obtener la residencia también son asequibles, basta con demostrar un ingreso de tan solo 1.000 dólares mensuales.
Al igual que Costa Rica, Panamá también goza de un clima lo suficientemente atractivo para el ciudadano. Este país cuenta con una influencia estadounidense bastante notable, desde tener el dólar como moneda hasta las cadenas de restaurantes que normalmente se pueden ver en EEUU. Las exigencias son mínimas: 1.000 dólares mensuales y los titulares de la visa pueden tener jugosos descuentos en ervicios públicos, medicamentos, transporte y hoteles.
En la segunda mitad del siglo XX, la carrera por desarrollar armas nucleares ocupó a algunas de las mentes más brillantes de Estados Unidos y la Unión Soviética.
Ahora, Estados Unidos se encuentra inmerso en una carrera de otro tipo con un adversario diferente: China. El objetivo es dominar la tecnología, específicamente la inteligencia artificial (IA).
Es una batalla que se libra en laboratorios de investigación, campus universitarios y oficinas de empresas emergentes de vanguardia, bajo la atenta mirada de los líderes de algunas de las compañías más ricas del mundo y de las más altas esferas del gobierno.
El costo asciende a billones de dólares estadounidenses.
Cada bando tiene sus puntos fuertes, algo que Nick Wright, investigador de neurociencia cognitiva en la Universidad de Londres (UCL), resume acertadamente como la batalla entre "cerebros" y "cuerpos".
Tradicionalmente, Estados Unidos ha liderado el campo de la IA: el mundo de los chatbots, los microchips y los Grandes Modelos de Lenguaje (LLM).
China ha sido superior en el desarrollo de "cuerpos" de IA: robots (y, en particular, robots "humanoides" que se parecen asombrosamente a las personas).
Pero ahora, con ambas partes ansiosas por evitar que su rival domine, esas ventajas podrían no durar para siempre, y la carrera podría transformarse aún más en los próximos años.
La batalla por el dominio de los Grandes Modelos de Lenguaje (LLM)
El 30 de noviembre de 2022, la empresa tecnológica californiana OpenAI lanzó su nuevo chatbot. En un comunicado de seis frases, la compañía anunció que había entrenado un nuevo modelo "que interactúa de forma conversacional".
Se llamaba ChatGPT. Inmediatamente, el mundo tecnológico quedó deslumbrado.
"Podías entrar en cualquier red social y encontrar una avalancha de publicaciones de personas hablando de las diferentes maneras en que usaban este nuevo cuadro de texto que había aparecido en internet", afirma Parmy Olson, columnista de Bloomberg y autora de Supremacy: AI, ChatGPT, and the race that will change the world.
Fue el nacimiento del primer Gran Modelo de Lenguaje (LLM) de uso generalizado.
Un LLM analiza grandes cantidades de texto y datos que ya existen en internet y los utiliza para aprender patrones en la forma en que se expresan las ideas.
Ahora, los expertos coinciden en que, en lo que respecta a los llamados "cerebros" de IA, Estados Unidos lleva la delantera.
OpenAI afirma que más de 900 millones de personas usan ChatGPT semanalmente, casi una de cada ocho personas en el planeta.
Otras empresas tecnológicas estadounidenses, como Anthropic, Google y Perplexity, se apresuraron a seguirles el ritmo, invirtiendo miles de millones de dólares en la creación de sistemas LLM rivales.
Estas empresas de IA saben que, si lo hacen bien, los sistemas LLM pueden empezar a asumir muchas de las funciones que actualmente desempeñan los humanos en las profesiones de cuello blanco, y que ese éxito comercial se traduce en grandes beneficios.
¿Cómo jugaron sus cartas los estadounidenses?
Pero en Washington también se plantean otra cuestión: ¿cómo afectará todo esto a la carrera de Estados Unidos con China por la supremacía global?
Según un alto funcionario estadounidense que habló con la BBC, la clave de la ventaja estratégica de Estados Unidos reside menos en la extraordinaria programación algorítmica y más en el hardware que impulsa la inmensa capacidad de procesamiento: en particular, los microchips.
En pocas palabras, la mayoría de los chips informáticos de alta gama y gran potencia del mundo —los que utilizan las empresas de Silicon Valley para impulsar la creación de máquinas de aprendizaje automático— están controlados por Estados Unidos.
De hecho, la mayoría de ellos son diseñados por una empresa con sede en California: Nvidia.
En octubre, Nvidia se convirtió en la primera empresa del mundo en alcanzar una valoración de US$5 billones. Podría ser la empresa más valiosa de todos los tiempos, según Stephen Witt, autor de The Thinking Machine.
Y Washington utiliza una estricta red de controles de exportación para impedir que China se apropie de esos potentes chips.
Esta política se remonta a la década de 1950, cuando Estados Unidos bloqueó las exportaciones de electrónica avanzada a los países aliados de la Unión Soviética.
Y se reforzó notablemente en 2022, bajo la presidencia de Joe Biden, a medida que se intensificaba la carrera por la inteligencia artificial.
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Estados Unidos se asegura de que las máquinas útiles fabricadas por la empresa holandesa ASML no lleguen a China.
Estados Unidos puede ejercer su influencia en los controles de exportación, aunque la mayoría de esos potentes chips ni siquiera se fabriquen en EE.UU.
De hecho, muchos se fabrican en Taiwán (un aliado de EE.UU.), por la Taiwan Semiconductor Manufacturing Corporation.
Estados Unidos se asegura de que muy pocos de esos chips de alta gama fabricados en Taiwán terminen en China.
Lo hace mediante su "regla de productos extranjeros directos", que obliga a las empresas extranjeras a cumplir con las normas estadounidenses si los productos que exportan contienen componentes estadounidenses o derivan de tecnología estadounidense.
La fábrica de microchips taiwanesa es casi visible desde China continental. Es fácil entender por qué la isla podría ser un objetivo tentador para Pekín.
Entonces, ¿por qué las fábricas chinas no empiezan a producir esos potentes chips por sí mismas? No es tan sencillo.
Para fabricar chips de alta gama, se necesita una máquina de impresión ultravioleta. Solo una empresa en el mundo fabrica esas máquinas: ASML, con sede en una pequeña ciudad de los Países Bajos.
Estados Unidos utiliza la misma táctica (su "regla de productos extranjeros directos") para impedir que esa empresa neerlandesa envíe esas valiosas máquinas a China.
Esta política proteccionista parecía haber tenido bastante éxito al ayudar a Estados Unidos a mantener su ventaja en el ámbito de la inteligencia artificial.
Pero ahora, China contraatacó.
El contraataque de DeepSeek
En enero de 2025, la misma semana en que Donald Trump asumió la presidencia por segunda vez, rodeado de magnates tecnológicos multimillonarios, China lanzó su propio chatbot con IA: DeepSeek.
Para el usuario, la experiencia es muy similar a la de ChatGPT. Puede responder preguntas, escribir código y su uso es gratuito.
Curiosamente, se estima que DeepSeek costó una fracción de lo que supuso crear sistemas de inteligencia artificial estadounidenses como ChatGPT y Claude.
Causó un gran revuelo. El 27 de enero de 2025, Nvidia sufrió la mayor pérdida de valor de mercado en un solo día en la historia de la bolsa estadounidense: alrededor de US$600.000 millones.
"Fue tremendamente desconcertante para Washington", afirma Karen Hao, periodista especializada en IA.
Ella cree que la política estadounidense de control de exportaciones pudo haber sido contraproducente: los desarrolladores chinos tuvieron que prescindir de los potentes chips, lo que los obligó a ser creativos.
"Al final, esto aceleró la autosuficiencia de China", afirma.
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DeepSeek demostró que China también puede crear "cerebros" de IA.
La característica distintiva de DeepSeek es que, en aquel entonces, tenía capacidades similares a las de modelos estadounidenses como OpenAI y Anthropic, pero utilizando una cantidad mucho menor de chips para su entrenamiento.
En Pekín, mientras tanto, reinaba un optimismo palpable, afirma Selina Xu, investigadora que trabaja en políticas de IA en China en la oficina del exdirector de Google Eric Schmidt.
"Todos intentaban descifrar cómo lo había logrado DeepSeek. Y realmente eso ha sido un catalizador muy positivo para el ecosistema de IA chino".
También puso de manifiesto una marcada diferencia en la forma como operan ambos países.
En Estados Unidos, las empresas de IA protegen celosamente su propiedad intelectual, mientras que en China se ha adoptado un enfoque más abierto.
Para acelerar la adopción y la innovación, las empresas chinas suelen publicar su código en línea, permitiendo que desarrolladores de otras compañías lo consulten.
"Esto significa que las empresas tecnológicas chinas, al crear un nuevo modelo de IA, no tienen que empezar desde cero", explica Olson. "Pueden simplemente tomar ese modelo, desarrollarlo y mejorarlo".
Como resultado, la carrera por los "cerebros" de IA ya no es tan clara.
Estados Unidos creía que los LLM eran una herramienta poderosa en su arsenal; ahora, China también puede fabricarlos.
"Los modelos estadounidenses de código cerrado probablemente sean mejores, pero quizás no por mucho", dice Selina Xu. "El modelo chino, tal vez sea solo un 90% tan bueno, pero es un 10% más caro".
La ventaja de China en la guerra de la robótica
Y en lo que respecta a los "cuerpos" de IA —el mundo de los drones y la robótica— China históricamente ha tenido ventaja.
Desde la década de 2010, el gobierno chino aumentó drásticamente su apoyo al desarrollo de la robótica. Financió la investigación y proporcionó a los fabricantes de robots miles de millones de dólares en subsidios.
Se estima que ahora hay alrededor de dos millones de robots en funcionamiento en China, más que en el resto del mundo juntos.
Olson afirma que gran parte de este éxito se debe a que China es una economía manufacturera. "Tienen toda esa experiencia en la fabricación de productos electrónicos, la aprovechan y así surgen increíbles empresas emergentes de robótica".
Los visitantes internacionales a Shenzhen o Shanghái suelen sorprenderse por la profunda integración de los robots en la vida cotidiana, comenta Xu; por ejemplo, las entregas de comida a domicilio con drones.
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Los repartos de comestibles mediante robots han avanzado rápidamente en China.
China ha destacado especialmente en los llamados robots "humanoides": máquinas diseñadas para parecerse y comportarse como personas.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CEI), un centro de investigación estadounidense bipartidista, ha informado sobre una "fábrica oscura" de autos en Chongqing, en el sur del país.
La planta cuenta con 2.000 robots y vehículos autónomos que, según afirman, pueden entregar un auto nuevo cada minuto. Se la denomina fábrica oscura porque está totalmente automatizada y, en teoría, puede operar en la oscuridad sin presencia humana.
Pekín es consciente del rápido envejecimiento de la población del país, afirma Xu. El gobierno cree que los humanoides pueden cubrir el vacío que deja la jubilación de los trabajadores humanos, especialmente en el sector de los cuidados.
"Se espera que para 2035, el número de personas [en China] mayores de 60 años supere la población total de Estados Unidos", añade.
China no solo está construyendo robots para su enorme población, sino que también representa actualmente el 90% de todas las exportaciones de robots humanoides.
El fantasma en la máquina
Pero hay un inconveniente.
China lidera el mundo en la construcción de cuerpos robóticos. Sin embargo, cada uno de esos cuerpos aún necesita un cerebro: un sistema operativo, o software, que les indique a las distintas partes metálicas qué hacer.
Si el robot solo tiene que hacer una tarea repetitiva, como la que podría realizar en la fábrica de automóviles de Chongqing, solo necesita un cerebro robótico relativamente simple. China puede fabricarlo por sí misma.
Pero para que un robot realice muchas tareas variadas y complejas, necesita un cerebro inteligente impulsado por una forma diferente de IA, llamada IA agéntica.
Este es un programa de IA que se comporta más como un agente independiente, ejecutando tareas que constan de múltiples pasos.
Así que, en lo que respecta a esos cerebros de alto rendimiento, Estados Unidos sigue teniendo ventaja.
"Estados Unidos... definitivamente sigue a la cabeza en lo que respecta a cerebros robóticos", señala Wright, el investigador de la UCL.
"Esos son los chips y el software de IA que ayudan al robot a realizar tareas concretas. Y lo que hay que tener en cuenta es que aproximadamente el 80% del valor de un robot reside en su cerebro".
Sobre perros robot y drones
Tanto Estados Unidos como China compiten por combinar robots con IA agéntica, y una empresa estadounidense ha demostrado que ya no son solo las empresas chinas las que pueden crear robots exitosos.
Y quién gane importa: es una tecnología que podría resultar emocionante y aterradora a la vez.
Boston Dynamics, una empresa de ingeniería estadounidense, ya la utiliza. Su robot con forma de perro, Spot, se ha convertido en un ícono en línea entre los aficionados a la tecnología, con millones de visitas en YouTube.
El perro robot cuenta con potentes "ojos" (una cámara de alta tecnología con imágenes térmicas) y "oídos" (monitoreo acústico).
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Spot utiliza IA agéntica para realizar inspecciones.
Spot ahora puede realizar inspecciones en los almacenes de la empresa, detectando problemas como el sobrecalentamiento de equipos, fugas o derrames de gas, antes de enviar esa información al proveedor de software de IA industrial, IFS.
La IA analiza los resultados y toma decisiones —posiblemente sin intervención humana— para resolver el problema.
Por otro lado, Wright afirma que ya podemos observar la combinación de robótica e IA en el campo de batalla.
El pasado verano boreal, Ucrania comenzó a desplegar el Gogol-M, un dron nodriza capaz de volar cientos de kilómetros dentro de Rusia antes de lanzar dos drones de ataque más pequeños.
Sin control humano, estos drones utilizaron su IA para escanear el terreno, determinar objetivos, dirigirse hacia ellos y detonar explosivos.
¿Quién ganará?
Es difícil predecir quién se alzará con la victoria cuando desconocemos el resultado final, afirma Greg Slabaugh, profesor de visión artificial e IA en la Universidad Queen Mary de Londres.
"Es improbable que la 'victoria' sea un momento puntual, como el alunizaje", añade.
"En cambio, lo que importa es la ventaja sostenida: quién lidera en capacidad, quién integra la IA de forma más eficaz en su economía y quién establece los estándares globales".
Con tecnologías como la electricidad y la informática, el profesor Slabaugh explica que importaba menos quién construyó primero los sistemas y más quién los implementó de forma más eficaz en toda la economía: "Lo mismo podría ocurrir con la IA".
Desconocemos adónde nos llevará la IA. Las grandes empresas tecnológicas estadounidenses quieren lanzarse a ese futuro incierto sin restricciones; el Partido Comunista Chino, en cambio, quiere que el Estado supervise la investigación.
Una visión promete una versión hiperactiva del capitalismo de consumo; la otra, un mundo donde el Estado determina qué se puede o no se puede hacer con esta tecnología.
"Cada bando tiene más posibilidades de ganar en su propio terreno", indica Mari Sako, de la Escuela de Negocios Said de la Universidad de Oxford.
"Cuando dos jugadores compiten con reglas diferentes, sospecho que el que busca atraer a un público más amplio —usuarios, adoptadores, etc.— tiene más probabilidades de imponerse".
Y hay mucho en juego. Todavía no está claro si Estados Unidos o China saldrán fortalecidos del siglo XXI. La carrera por la IA bien podría ser decisiva.
Información adicional: Ben Carter
Misha Glenny,
Título del autor,BBC
y
Autor,Luke Mintz,
Título del autor,BBC InDepth 12/04/2026 https://www.bbc.com/mundo/articles/cn9q737xpeyo