miércoles, 21 de enero de 2026

¿Es Trump el problema? El comercio interior europeo se contrae mientras crece fuera de la UE

 

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente de EE U, Donald Trump, durante un encuentro el pasado 27 de julio en el club de golf del líder republicano en la localidad escocesa de Turnberry.Andrew Harnik (Getty Images)



Los intercambios entre países europeos han bajado desde 2023 debido a la anemia económica y los “aranceles autoinfligidos”


El proyecto europeo se ha forjado a golpe de crisis, no tanto a pesar de ellas, sino a lomos de sus sacudidas. El estancamiento económico de los 80 hizo fructificar la idea de que era el momento de avanzar en la construcción europea. Jacques Delors, uno de los padres fundadores de este invento y entonces presidente de la Comisión, visitó la decena de capitales que entonces formaban el club y planteó tres posibles proyectos: construir una unión monetaria, impulsar una defensa común o, sencillamente, una reforma institucional que permitiese extender el método de voto de mayoría cualificada. Como no encontró la unanimidad que sí había existido en el 46, Delors planteó: “¿Por qué no creamos un mercado único verdadero? Recuerden que en los últimos cinco años, entre ustedes 10, han perdido un millón y medio de empleos”.

Y el plan les convenció. Delors, impulsor de la Europa sin fronteras, consideraba que el mercado único era la verdadera piedra angular de la UE, ya que la economía había logrado impulsar la integración más allá de “proyectos puramente políticos”. En 2012, al cumplirse 20 años del mercado único, el gran europeísta, fallecido ahora hace dos años, creía que hacía falta aún una profunda reforma institucional y política.

Treinta después, la integración del mercado sigue todavía sin completarse en productos y sobre todo en servicios. Lo que la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha llamado “aranceles autoinfligidos”, siguen constriñendo el comercio. El huracán arancelario de Donald Trump ha tenido a medio mundo en vilo este 2025. Para Europa, la vuelta del republicano a la Casa Blanca significó el retorno a la condición de rival, otrora aliado. Sin embargo, en materia de comercio, las cifras reflejan otros problemas de fondo: la anemia económica europea y las barreras aún presentes han lastrado las ventas interiores en los dos últimos años, mientras que las exportaciones fuera de la UE han crecido.

Los intercambios entre países europeos se han reducido un 1,3% entre el primer trimestre de 2023 y el segundo de este año (ver gráfico), mientras que, en el mismo periodo, los intercambios entre países europeos y no europeos se han expandido un 3,1%. “En el sector servicios siguen vigentes muchas barreras internas y a eso hay que añadirles que desde 2022 se han relajado los criterios para conceder ayudas de Estado, eso es algo que redunda en el productor local”, explica Raymond Torres, director de Macroeconomía y Análisis Internacional de Funcas, centro de investigación económica de la Fundación de Cajas de Ahorros.


La actividad no ha acabado de despegar en la zona euro, castigada por la invasión rusa de Ucrania y las heridas de una escalada inflacionista, la anemia de su gran locomotora, Alemania, y todas esas dudas por el cambio de orden que significa la Administración de Donald Trump. En 2024 no avanzó más de un 0,7% y este año cerrará a media asta. El Banco Central Europeo mejoró sus previsiones económicas este jueves y las situó en no más que un 1,2% para 2026 y un 1,4% para 2027.

En el mercado extracomunitario se ha dado una dinámica diferente. El balance con el mercado estadounidense no ha resultado tan aciago en el conjunto del año. Ante los temores de los aranceles venideros, el primer trimestre registró un repunte formidable de las ventas de empresas que decidieron acumular existencias. En el trimestre siguiente sí se desplomaron, pero el acuerdo del verano calmó las aguas.

Después de meses de conversaciones, Washington y Bruselas alcanzaron un pacto sobre comercio que pasó por imponer un arancel del 15% sobre la mayor parte de productos europeos que entran en Estados Unidos, a excepción de aeronaves y algunos químicos y agrícolas, entre otros, o el acero y el aluminio, que continúan gravados al 50%. El marco, si bien generó muchas críticas domésticas hacia la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, puso fin a una incertidumbre que tenía a las empresas en vilo a un lado y otro del Atlántico.

Además, como recuerda Paul de Grauwe, profesor en la London School of Economics, el grueso del comercio exterior sigue siendo dentro de países de la zona euro, lo que contiene los daños. “Lo que sí está pasando es que China está redirigiendo parte de sus exportaciones debido a las nuevas barreras con Estados Unidos, y esa sobrecapacidad está yendo a países de Asia, pero también a la UE”, apunta. En cambio, las ventas europeas a China han descendido significativamente respecto a 2022. Si tomamos como base el primer trimestre de ese año, las exportaciones a EE UU se encuentran en el 119%, mientras que en China son el 85% y en el total fuera de la UE el 114%, según datos elaborados por Funcas a partir de Eurostat.

“Lo anómalo no es tanto lo que sucede con los países de fuera de la UE, sino lo que ocurre con el comercio dentro. Y hablamos de cifras en dólares corrientes, en volumen es aún peor”, insiste Torres, que pone como ejemplo el sector seguros o el bancario como mercados que “siguen siendo nacionales”.

El Fondo Monetario Internacional calculó en 2024 que el efecto de las barreras internas equivalen a un arancel del 45% para mercancías y del 110% para servicios, una estimación que ha sido cuestionada por algunos economistas (por ejemplo, el investigador Lorenzo Bini Smaghi), pero que, incluso si se redujese a la mitad, apunta a una problemática de fondo, que ha sido objeto de crítica tanto en el informe Letta (elaborado por el ex primer ministro italiano Enrico Letta) como en el informe Draghi (del expresidente del BCE Mario Draghi). Bini Smaghi señala a otra dificultad: restricciones domésticas que impiden crecer a las compañías al nivel suficiente para ser competitivas más allá de sus fronteras.

Es eso lo que Lagarde llama “aranceles autoinfligidos”. “Estamos constriñendo el tráfico de productos y servicios entre los Estados miembro que se supone que forman un mercado único y eso es lo que necesitamos arreglar, y necesitamos arreglarlo pronto”, señaló Lagarde el pasado noviembre en una entrevista con Financial Times. “Tenemos una habilidad especial a la hora de hacernos eso a nosotros mismos”, ironizó. Agregó que Europa atraviesa en estos momentos una “crisis existencial”, pero, al mismo tiempo, puede convertir este momento de turbulencia en una oportunidad, en “un momento euro, incluso un momento Europa”. Draghi, por su parte, advierte de que los costes del comercio en servicios han bajado un 11% desde mediados de los 90, por debajo del 16% que han bajado de la UE. “La paradoja”, resalta, es que mientras las barreras internas “se han mantenido altas”, han bajado con el exterior.

El Mercado Único de Capitales ha centrado la conversación de los últimos años por el lastre que significa para la competitividad europea, tal y como han puesto de manifiesto los tan traídos y llevados informes de Draghi y Letta, de los que se ha cumplido un año sin avances que reseñar. La economía global ha esquivado una recesión que parecía inevitable durante los tres últimos años, pero Europa afronta un grave problema de incertidumbre y cambio de orden global, un periodo demasiado largo de crecimiento renqueante. O una crisis existencial, en palabras de Lagarde. La principal pregunta para los europeos ahora es: ¿podrá esta servir para otro empujón al proyecto europeo, ese “momento Europa”?





Amanda Mars
Madrid - 29 DIC 2025 - 05:45 CET
https://elpais.com/economia/2025-12-29/es-trump-el-problema-el-comercio-interior-europeo-se-contrae-mientras-crece-fuera-de-la-ue.html

martes, 20 de enero de 2026

Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti: la historia de amor que construyó un imperio de la alta costura

 

Foto: Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti en una imagen de archivo. (Getty)
Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti en una imagen de archivo. (Getty)


El italiano falleció a los 93 años en su villa de Roma, rodeado de sus seres queridos. Giancarlo Giammetti, pese a no ser su pareja desde hace décadas, ha sido el hombre de su vida por varias razones


El mundo de la moda se uniforma de nuevo de riguroso luto para decir adiós al último emperador de la moda: Valentino Garavani ha fallecido a los 93 años. Lo hacía en su famosa villa de Roma, rodeado de sus seres queridos, tal y como versa el comunicado compartido por su propia fundación, la Fundación Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti, el hombre que siempre vivió a su lado y bajo su sombra.

El diseñador con su propio color rojo ha mantenido durante décadas una relación sólida y discreta con Giancarlo Giammetti, su pareja sentimental durante apenas una década y su compañero de vida durante otros 60 más. También su socio profesional. Aunque a menudo se refieren a Giammetti como su “marido”, lo cierto es que su vínculo ha trascendido mucho más allá del terreno sentimental y de las etiquetas formales.


Se conocieron en 1960 en Roma, cuando Valentino era un joven diseñador con grandes ambiciones y Giammetti estudiaba arquitectura. Como se suele decir, fue amor a primera vista, cuando coincidieron por primera vez en el Café París. Desde el principio, su relación se apoyó tanto en lo emocional como en lo creativo. Giammetti pronto se convirtió en el pilar estratégico de la casa Valentino dejando de lado su carrera universitaria, encargándose de la gestión empresarial y permitiendo que el diseñador se concentrara plenamente en su faceta artística.

“Estábamos juntos. Éramos fuerza el uno para el otro. Ese era nuestro verdadero capital”, decía el propio Giammetti en una reciente entrevista para la revista de decoración ‘AD’. Durante su romance, supieron proteger su intimidad y mantener su vida privada alejada del foco mediático. Esa discreción no fue sinónimo de ocultación, sino de una elección consciente por preservar algo que consideraban profundamente personal.


Su relación sentimental solo duró 12 años. “Giancarlo y yo nos entendemos perfectamente, pero su carácter es totalmente contrapuesto al mío. Yo estoy siempre metido en el estudio”, llegó a decir el propio Valentino sobre la razón que llevó a esta ruptura.

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placeholder Pierpaolo Piccioli, Giancarlo Giammetti, Garavani Valentino y Maria Grazia Chiuri. (Getty/Larry Busacca)
Pierpaolo Piccioli, Giancarlo Giammetti, Garavani Valentino y Maria Grazia Chiuri. (Getty/Larry Busacca)

“Tenía apenas 30 años cuando la parte física de nuestra relación terminó, y fue difícil al principio”, dijo el empresario cuando publicó un libro sobre su vida, cuando se supo un poco más del hombre que siempre vivió a la sombra de Valentino. “Pero la madurez y el tiempo hacen que se arreglen todos los problemas. Siempre hemos querido lo mejor el uno para el otro (...) aunque nunca vivimos juntos”.

El hecho de ser ‘el hombre detrás de’ nunca gustó mucho a Giammetti, especialmente cuando salió el documental sobre el diseñador y lo puso en el centro de la conversación. “Giancarlo es el cerebro, Valentino es el talento”. Por aquel entonces, cuando ya ambos habían hablado abiertamente de su sexualidad y su relación sentimental, no dudaron en confesarse el amor que todavía se profesan y les hacía seguir unidos, de una forma u otra, hasta ese día.

“El nuestro es un amor fraterno, una relación que no tiene nada de sexual. Y, sin embargo, permanece un gran amor, antiguo, de supervivencia”, decía Giammetti en la presentación de su libro en Londres.

placeholderGiancarlo Giammetti junto a Gwyneth Paltrow y el diseñador Valentino. (EFE/GIORGIO ONORATI)
Giancarlo Giammetti junto a Gwyneth Paltrow y el diseñador Valentino. (EFE/GIORGIO ONORATI)

“Cuando conocí a Valentino, conocí a dos personas, a Valentino y a Giancarlo Giammetti, su socio durante más de 50 años. Es la relación más increíble que nunca he visto en mi vida”, dijo en una entrevista para ‘EFE’ Matt Tyrnauer, director del documental ‘Valentino, el último emperador’. “Están muy interconectados y tienen una increíble historia, que no es solo de moda, es también sobre el imperio que han construido a lo largo de 50 años”.

La retirada de Valentino de las pasarelas en 2008 marcó una nueva etapa en su relación, dejando ambos de lado sus papeles dentro de la casa italiana. Esto no hizo que dejasen de trabajar juntos. Giammetti siguió al lado de Valentino durante el resto de su vida profesional, que no acabó en ese año. En 2017 aún produjo ‘La Traviata’ y diseñó el vestuario de ‘Violetta’. En todo momento, el arquitecto estaba a su lado.

placeholderGiancarlo Giammetti junto a Valentino. (EFE)
Giancarlo Giammetti junto a Valentino. (EFE)

Además del amor, Valentino y Giammetti comparten un fuerte compromiso cultural y filantrópico. Juntos crearon en 2016 la Fondazione Valentino Garavani e Giancarlo Giammetti Foundation, dedicada a promover el arte, la moda y la cultura italiana. Este proyecto refleja cómo su relación ha sabido transformarse en algo que va más allá de lo sentimental, dejando un legado común.

El pasado mes de junio la Fundación abrían un nuevo espacio en Roma, PM 23, dedicado al arte, la moda y la cultura, los tres pilares fundamentales de la Fundación. Se ubica en el número 23 de la piazza Mignanelli, el mismo lugar donde hace décadas Valentino abrió su atelier en 1959 con la ayuda de su padre. Esto era, como el propio Giammetti contó en una entrevista para la revista AD, un proyecto de futuro, cuando perder a Valentino no era opción.



lunes, 19 de enero de 2026

Por qué aunque estemos llenos siempre nos queda espacio para el postre, según un anatomista


Siempre habrá espacio para el postre.

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La cena de Navidad, como es tradicional, puede ser muy abundante y dejarnos con el estómago totalmente lleno. Pero a pesar de eso, de que sentimos que no nos cabe un solo bocado más, no nos negamos a probar cómo ha quedado el postre.

De alguna manera, no importa lo mucho que hayamos comido, siempre hay espacio para la parte dulce, ¿por qué? ¿Qué tienen los postres que nos permite decir sí, aunque estemos llenos?

Los japoneses tienen una palabra perfecta para esto: betsubara, que significa "otro estómago" o "estómago aparte".

Anatómicamente hablando no hay un espacio extra en nuestro estómago, pero la sensación de tener espacio para el postre está tan ampliamente difundida, que merece una explicación científica.

Lejos de ser algo imaginario, esta sensación refleja una serie de procesos fisiológicos y psicológicos que juntos hacen que le den al postre una apariencia única, incluso cuando el plato principal parece que colmó todos los límites.

Un buen lugar para comenzar este análisis es el estómago.

Muchas personas piensan que es una bolsa que permanece del mismo tamaño hasta que se llena y que si se le pone otro bocado, se puede derramar.

Realmente, el estómago está diseñado para ensancharse y adaptarse.

Con los primeros bocados comienza un proceso llamado "acomodación gástrica": los músculos se extienden creando una capacidad mayor a medida que se hace más presión.

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La textura distinta de los postres es un factor que hace que, a pesar de sentirnos llenos, lleguemos a pensar que tenemos "un espacio extra" para los dulces.

Otra cosa importante: los alimentos dulces y suaves requieren menos proceso digestivo.

Un plato fuerte puede hacer que el estómago se sienta distendido, pero un postre ligero, como una mousse o un helado, es muy difícil que aumente el trabajo digestivo, por lo que el estómago puede ampliarse un poco más para hacer espacio.

Hambre hedónica

Muchas de las ganas de comer postre viene del cerebro, específicamente de los círculos neuronales que involucran la recompensa y el placer.

El apetito no está gobernado únicamente por el hambre físico. También hay un "hambre hedónica", el deseo de comer algo solo porque se puede disfrutar.

Los dulces son parte importante de este deseo.

Estos activan el sistema mesolímbico de dopamina, aumentando la motivación para comer y debilitando temporalmente las señales de saciedad.

Después de quedar satisfecho con el plato principal, el hambre físico tal vez se habrá ido, pero saber que hay un postre esperando crea un un deseo separado, que tiene que ver con la recompensa, para continuar comiendo.

Otro mecanismo es la llamada saciedad sensorial específica.

Mientras comemos, la respuesta de nuestro cerebro a los sabores y texturas que hay en el plato va disminuyendo de forma gradual, haciendo la comida menos interesante.

Ahora, si se instroduce otro sabor -como un dulce, una tarta o un helado- esa respuesta se refresca.

Muchas personas que realmente sienten que no pueden terminar su plato principal descubren de repente que "podrían comerse un postre" porque la novedad del postre reaviva su motivación para comer.

Los postres también se comportan de manera diferente una vez que llegan al intestino.

En comparación con los alimentos ricos en proteínas o grasas, los alimentos azucarados y ricos en carbohidratos salen del estómago rápidamente y requieren relativamente poca descomposición inicial, lo que contribuye a la percepción de que son más fáciles de digerir incluso cuando se está lleno.

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Los platos principales pueden satisfacer nuestra "hambre física", pero no siempre nuestra "hambre hedónica".

El tiempo también influye. La señalización intestino-cerebro que crea la sensación de saciedad no responde instantáneamente.

Hormonas como la colecistoquinina, el GLP-1 y el péptido YY aumentan gradualmente y suelen tardar entre 20 y 40 minutos en producir una sensación sostenida de saciedad. Muchas personas toman decisiones sobre el postre antes de que este cambio hormonal haya surtido efecto por completo, lo que da espacio al sistema de recompensa para influir en el comportamiento.

Los restaurantes, conscientemente o no, suelen programar la oferta de postres dentro de este periodo.

A estos procesos biológicos se suma la influencia del condicionamiento social. Para muchas personas, el postre se asocia con la celebración, la generosidad o la comodidad.

Desde la infancia, aprendemos a considerar los postres como golosinas o como componentes naturales de las comidas festivas.

Las señales culturales y emocionales pueden generar placer incluso antes de que llegue la comida.

Los estudios demuestran sistemáticamente que las personas comen más en entornos sociales, cuando se ofrece comida libremente o en ocasiones especiales; todas ellas situaciones en las que el dulce suele ser una buena opción.

Así que la próxima vez que alguien insista en que está demasiado lleno para otro bocado de cena, pero de alguna manera encuentra espacio para un trozo de pastel, quédese tranquilo: no está siendo inconsistente. Simplemente está experimentando una característica perfectamente normal y bastante elegante del cuerpo humano.


Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.

    • Michelle Spear
    • Título del autor,The Conversation*

domingo, 18 de enero de 2026

El diamante entra en la era cuántica: de símbolo de lujo a tecnología clave del futuro

 

Dreamstime


  • Permitirá crear navegadores sin GPS, diagnosticar virus precozmente y nuevas interfaces cerebro-máquina
  • Empresas como De Beers ya los fabrican en laboratorio. Su ventaja: funcionan a temperatura ambiente
  • Imperfecciones controladas en su estructura lo convierten en un sensor cuántico de altísima precisión


Durante casi un siglo, la frase "un diamante es para siempre", popularizada por la compañía minera De Beers en 1947, definió el valor cultural y económico de esta piedra preciosa como sinónimo de amor, exclusividad y permanencia. Hoy, ese lema adquiere un nuevo significado. Lejos de limitarse a la joyería, el diamante se perfila como uno de los materiales más prometedores para la llamada "segunda revolución cuántica", una nueva etapa tecnológica que podría transformar la medicina, la navegación, la informática y la seguridad.

El cambio se basa en una paradoja científica. Las cualidades que durante milenios hicieron al diamante tan apreciado —su dureza, su estabilidad y la perfección de su estructura cristalina— se están utilizando ahora de una forma radicalmente distinta. Mediante la introducción controlada de diminutas imperfecciones en su red de átomos de carbono, los científicos convierten al diamante en un sensor extremadamente sensible capaz de detectar fenómenos cuánticos subatómicos.

Este avance se inscribe en un contexto histórico más amplio. Hace exactamente cien años, el físico alemán Werner Heisenberg sentó las bases matemáticas de la mecánica cuántica, una teoría que explica el comportamiento de la materia y la energía a escalas diminutas. Aquella primera revolución cuántica dio lugar a tecnologías que hoy resultan cotidianas, como los semiconductores, los láseres y los superconductores, pilares de la electrónica moderna. La segunda revolución, en cambio, no se centra solo en comprender la física cuántica, sino en controlarla con precisión para desarrollar aplicaciones completamente nuevas.

Uno de los ámbitos donde estos avances están más cerca de tener un impacto comercial es el de los sensores cuánticos. A diferencia de los ordenadores cuánticos, que aún requieren importantes desarrollos para ser útiles de forma generalizada, los sensores ya están demostrando su utilidad en áreas como la imagen médica, los relojes ultraprecisos y los sistemas avanzados de navegación.

El físico británico Sir Peter Knight, una de las figuras más influyentes en este campo, explica que la clave de esta segunda revolución es "extraer información a nivel cuántico de la materia atómica". Knight preside el consejo asesor estratégico del Programa Nacional de Tecnologías Cuánticas del Reino Unido y dirige el Instituto de Metrología Cuántica del Laboratorio Nacional de Física británico. Según él, estas tecnologías permitirán "nuevos sensores, nuevos sistemas de sincronización y nuevas formas de comunicar datos".

La mecánica cuántica es conocida por su carácter contraintuitivo. Un ejemplo reciente lo ilustra el Premio Nobel de Física concedido este año por investigaciones relacionadas con el llamado "efecto túnel", un fenómeno por el cual las partículas cuánticas pueden atravesar barreras físicas que, según la lógica clásica, deberían detenerlas. El físico francés Michel Devoret, uno de los galardonados, resumió esta extrañeza al afirmar que "la lógica cuántica es muy distinta de la que experimentamos en la vida cotidiana".

Estos efectos, sin embargo, son extremadamente frágiles. Vibraciones, campos magnéticos externos o cambios de temperatura pueden destruirlos con facilidad. Por eso, necesitan un "anfitrión" material que los proteja. El diamante resulta ideal: es el material natural más duro que existe, posee una estructura cristalina rígida y ofrece un entorno magnéticamente estable, con un nivel de ruido muy bajo.

El potencial cuántico del diamante se descubrió en parte por casualidad hace unos 20 años, cuando un diamante rosa natural extraído en Siberia —apodado por los investigadores el "diamante ruso mágico"— mostró la capacidad de mantener un estado cuántico a temperatura ambiente. Aunque no se encontraron más ejemplares similares en minas naturales, ese hallazgo impulsó el desarrollo de diamantes cuánticos fabricados en laboratorio.

Una de las empresas líderes en este ámbito es Element Six, con sede en el Reino Unido. Se trata de un fabricante de diamantes sintéticos de uso industrial, mayoritariamente propiedad de De Beers, que a su vez forma parte del grupo minero Anglo American. Element Six produce diamantes para aplicaciones como herramientas de corte, pulido y perforación, pero ahora apuesta decididamente por los llamados "diamantes tecnológicos".

En su laboratorio del campus científico de Harwell, cerca de Oxford, la empresa desarrolla diamantes cuánticos que incorporan centros de "vacancia de nitrógeno". Estos defectos microscópicos se crean al sustituir un átomo de carbono por uno de nitrógeno y dejar un espacio vacío en la red cristalina. En ese punto se producen los efectos cuánticos asociados al "espín" de los electrones, una propiedad que varía en función de campos magnéticos o electromagnéticos externos.

Daniel Twitchen, director tecnológico de Element Six, explica que estos centros actúan como una brújula extremadamente precisa. "Es como un sensor de fuerza magnética", señala. La sensibilidad es tal que el diamante puede detectar el paso de un automóvil a cientos de metros de distancia. Para lograrlo, durante el proceso de crecimiento del diamante se introduce aproximadamente una molécula de nitrógeno por cada millón de átomos de carbono, un nivel de control extremadamente sofisticado.

Aunque Element Six produjo su primer diamante cuántico hace más de 15 años, solo recientemente la tecnología ha alcanzado la madurez necesaria para fabricarlos de forma fiable y a un coste asumible. Hoy, un diamante cuántico puede adquirirse por unos pocos miles de libras. La empresa genera alrededor de 300 millones de dólares anuales en ingresos y confía en que los diamantes para aplicaciones en sensores, láseres y semiconductores sean el motor de su crecimiento futuro. Su consejera delegada, Siobhán Duffy, resume esta visión afirmando que "estamos entrando en una nueva era del diamante sintético".

Las aplicaciones potenciales son numerosas. En aviación, los sensores cuánticos podrían permitir sistemas de navegación basados en el campo magnético terrestre, reduciendo la dependencia del GPS, vulnerable a interferencias y sabotajes. En geología, facilitarían la exploración del subsuelo para localizar yacimientos minerales. En medicina, prometen dispositivos capaces de medir la actividad cardíaca sin contacto directo o de detectar virus como el VIH o el SARS-CoV-2 en fases mucho más tempranas.

Investigaciones recientes publicadas en Nature Communications indican que los nanodiamantes cuánticos pueden ser hasta mil veces más sensibles que los test rápidos actuales, lo que permitiría diagnósticos precoces cruciales para el tratamiento y el control de enfermedades. A más largo plazo, también se exploran aplicaciones en interfaces cerebro-máquina, capaces de traducir señales neuronales en acciones.

Aunque persisten dudas sobre la rapidez con la que estas tecnologías se comercializarán a gran escala y sobre la competencia de otros materiales como el grafeno o el silicio, muchos expertos coinciden en que el diamante ofrece una ventaja clave: funciona a temperatura ambiente, es robusto y no tiene partes móviles.

Así, el diamante, símbolo eterno de lujo y belleza, se reinventa como componente esencial de la tecnología del futuro. Si durante décadas sirvió para cortar y perforar, en los próximos 70 años podría convertirse en uno de los pilares de la revolución cuántica.


https://www.eleconomista.es/actualidad/noticias/13708139/12/25/el-diamante-entra-en-la-era-cuantica-de-simbolo-de-lujo-a-tecnologia-clave-del-futuro.html