viernes, 24 de julio de 2026

De los océanos al cerebro: así ha terminado el plástico dentro del cuerpo de los humanos



Microplásticos para analizar en un laboratorio marino de Gracia. 
(Reuters/ Stelios Misinas)



Desde que se inventó el plástico en 1907, no existe prácticamente ninguna materia natural que no tenga ya su versión artificial. Ese material se fragmenta, se cuela en el agua, el aire y los alimentos, y termina acumulándose en el cuerpo



En 1907, el químico belga Leo Baekeland mezcló fenol con formaldehído en su laboratorio de Nueva York y obtuvo una pasta dura, brillante, infinitamente moldeable, indeformable, ligera, resistente al calor, la electricidad y los agentes químicos... y barata. Era la baquelita, el primer plástico; sirvió primero para fabricar ceniceros, enchufes, carcasas de teléfono; luego, todo lo demás. Prácticamente no existe ninguna materia natural que no tenga ya su versión plástica. Lo que Baekeland no podía imaginar es que, poco más de un siglo después, su invento estaría dentro de nosotros. Literalmente.

Desde los años 50, la población mundial se ha triplicado, pero la producción de plásticos se ha multiplicado por doscientos. Hemos llenado el planeta de un material cuya bendición ha resultado ser su maldición: no se destruye. Se rompe, se desgasta, se fragmenta en trozos cada vez más minúsculos, pero jamás desaparece. El reciclaje del plástico ha resultado ser un fiasco comparado con el del vidrio o el metal. A diferencia de estos, el plástico se degrada con cada ciclo de reciclaje; no desaparece, pero pierde propiedades y sirve para fabricar menos cosas a un coste cada vez mayor. Más del 80% del plástico acumulado ha terminado en vertidos controlados e incontrolados. Cada cenicero de baquelita de los años 20 sigue existiendo entre nosotros, atomizado en millones de fragmentos de microplásticos —menos de 5 mm— y de nanoplásticos —por debajo de una milésima de mm—.

Las alarmas saltaron a partir de los años 70 del siglo pasado, cuando empezamos a encontrar enormes cantidades de plásticos degradados en el agua de los océanos, los estómagos de las tortugas marinas o los mejillones de las bateas. Desde entonces, los hemos hallado donde los hemos buscado, incluido el interior de las casas, el aire que respiramos, el agua que bebemos y la comida que comemos. Las fuentes de microplásticos son infinitas: el suelo de melamina, la pintura plástica de las paredes, el revestimiento interno de la lata de refresco, las bolsitas de té —que a 95 grados sueltan miles de millones de nanopartículas en una sola taza—.

Hace años que los neumáticos ya no son solo de caucho, sino un composite con elastómeros sintéticos y aditivos plásticos. ¿Dónde crees que va a parar el material del desgaste de todos los neumáticos del mundo? El 60% de los textiles del mundo son plástico —poliéster, acrílico, nailon—; la industria textil vierte miles de toneladas de micro y nanoplásticos. El asunto se repite en miniatura en cada casa; cada ciclo de lavadora suelta miles de microfibras plásticas al desagüe que escapan a las depuradoras y acaban en ríos, en el mar, en los lodos que se usan como fertilizante agrícola y, desde ahí, de vuelta a la cadena alimentaria y al ciclo del agua. El aire interior de una vivienda contiene unas 500 partículas de microplástico por metro cúbico; dentro de un coche, la cifra se multiplica por cuatro. Hace décadas que cambió la composición del polvo de las casas sin que nadie se diera cuenta. En casa de mi abuelo el polvo era materia orgánica, en la mía es plástico.

Y ya no es el mar, las tortugas, los ríos o el aire, somos nosotros. Un famoso estudio de la Universidad de Newcastle estimó que una persona ingería cada semana el plástico equivalente a una tarjeta de crédito. Nuestro organismo carece de herramientas para procesar esas moléculas que jamás estuvieron presentes en la naturaleza. No sabemos metabolizarlas, degradarlas ni excretarlas; las almacenamos. Encontramos microplásticos en la mayor parte de las muestras de sangre humana, placenta, leche materna, pulmón, hígado, riñones, testículos o cerebro. Hace apenas unos días descubrimos que la bilis humana actúa como reservorio oculto de estas partículas.

Todavía no sabemos qué consecuencias tendrá la plastificación de nuestros tejidos, pero, en un sonado estudio de 2024, un grupo italiano analizó las placas de aterosclerosis de 257 pacientes operados de las arterias carótidas. Encontraron polietileno incrustado en la pared de las arterias en más de la mitad de los casos: los pacientes que tenían plástico en sus arterias sufrieron 4,5 veces más infartos, ictus o muertes por cualquier causa en los tres años siguientes.

¿Y qué hacemos? La verdad es que, a nivel individual, muy poco. Puedes beber agua del grifo en vez de embotellada, no calentar comida en recipientes de plástico, usar envases de vidrio o acero. Es el chocolate del loro, porque los plásticos microscópicos llegan por todos lados y no puedes dejar de respirar, beber y comer. El problema es sistémico y la solución también debería serlo. La Unión Europea restringió en 2023 los microplásticos añadidos intencionalmente a cosméticos y detergentes. Es un paso, pero el tratado global de plásticos que se negocia bajo Naciones Unidas no ha conseguido aún un acuerdo vinculante.

Los microplásticos son la nueva contaminación ambiental, van a acompañarnos durante generaciones, nos guste o no. Lo que queda por determinar —y la ciencia trabaja a marchas forzadas en ello— es exactamente cuánto daño hacen por el camino y cómo lo podemos limitar. Pero si algo sabemos ya es que la era del plástico ha dejado de ser solo un capítulo de la historia industrial para convertirse en un capítulo de la historia de la medicina.

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jueves, 23 de julio de 2026

La desconfianza lleva a Europa a iniciar una repatriación histórica de lingotes de oro desde EEUU y Reino Unido que solo acaba de empezar

 

Lingotes de oro en una bóveda de EEUU. Foto de Alamy.


  • El oro abandona las bóvedas de Nueva York y Londres para regresar al 'continente'
  • Las encuestras revelan que este movimiento puede ser solo el principio
  • Cada vez más bancos centrales apuestan por repatriar este metal precioso


Alemania dio inicio hace años a un movimiento que ha ido ganando fuerza en los últimos tiempos. Durante décadas, el oro de los bancos centrales descansó en las grandes bóvedas de Londres y Nueva York, dos ciudades con una reputación casi impoluta, aliadas de los países occidentales y donde el derecho internacional parecía inquebrantable. Francia, Alemania, países emergentes, todo el mundo querían un hueco en las bóvedas de lo que era considerado como el lugar más seguro para guardar el precio oro. Aquella arquitectura financiera nacida tras la Segunda Guerra Mundial parecía inamovible. El Banco de Inglaterra y la Reserva Federal de Nueva York eran considerados custodios neutrales, líquidos y seguros para las reservas de medio mundo. Sin embargo, algo está cambiando. Cada vez más países europeos y del resto del mundo están recuperando su oro y trasladándolo a territorio nacional. Lo que durante años fue una cuestión meramente logística se ha convertido en una decisión estratégica ligada a la soberanía financiera y a la creciente fragmentación geopolítica.

El fenómeno ha adquirido tal dimensión que el propio Consejo Mundial del Oro (World Gold Council) detecta un cambio de tendencia acelerado. Según una encuesta publicada recientemente, el 19% de los bancos centrales afirma haber aumentado el almacenamiento doméstico de oro o haber diversificado la ubicación de sus reservas durante los últimos doce meses, frente al 7% registrado un año antes. Al mismo tiempo, el porcentaje de entidades que guardan parte de sus reservas en Londres o Nueva York se está reduciendo progresivamente.

La explicación se encuentra en una palabra que se repite una y otra vez en los informes de los bancos centrales que no es otra que la confianza. Shaokai Fan, responsable global de bancos centrales del World Gold Council, explicaba que las "preocupaciones geopolíticas" y el temor a perder el acceso a las reservas en determinadas circunstancias están impulsando esta tendencia. "Los bancos centrales están pensando cada vez más dónde deben almacenar su oro y cómo reducir riesgos", señala Fan en declaraciones recogidas por el Financial Times.

El detonante de este cambio suele situarse en 2022, aunque es cierto que Alemania, por ejemplo, comenzó a repatriar su oro mucho antes. La congelación de cerca de 300.000 millones de dólares en reservas internacionales rusas tras la invasión de Ucrania supuso una llamada de atención para numerosos países. Aunque el oro físico es diferente de las reservas en divisas, el mensaje que se ha mandado al mundo es que los activos custodiados bajo jurisdicción extranjera pueden verse afectados por decisiones políticas y sanciones internacionales.

Desde entonces, muchas autoridades monetarias han comenzado a replantearse si resulta prudente mantener una parte tan importante de sus reservas estratégicas fuera de sus fronteras. Esta repatriación se está produciendo, incluso, entre aliados, el miedo o la desconfianza a los bandazos de Donald Trump están llevando a que Francia o Alemania tomen (o piensen tomar) decisiones difíciles como es recuperar su oro y devolverlo a territorio nacional, algo que en el pasado se consideraba como peligroso. No se decía abiertamente, por el temor a una invasión de Rusia hacía que el oro en territorio europeo fuera vulnerable. Ahora, el miedo es otro. Los datos oficiales de la Reserva Federal muestran un ligero descenso en las tenencias estadounidenses de oro extranjero de emisión oficial, que cayeron un 2% desde finales de 2024 hasta abril de 2026.

Otro factor del que se habla poco es la fuerte subida del precio de este metal precioso. El meteórico repunte del precio del oro (la onza ronda los 4.200 dólares) ha llevado a que muchos países 'recuerden' que tienen miles de millones fuera de su país. Cuando el precio del oro parecía estar estancado en la zona los 1.000/1.500 dólares, tener el oro fuera del país no parecía un problema. Pero cuando algo se vuelve más valioso resulta habitual que gane interés.

Un buque de guerra para repatriar el oro

"La confianza que sustentó el sistema de reservas de la posguerra durante décadas está mostrando sus primeras fisuras importantes", constata en una columna Charles-Henry Monchau , CIO de Syz Group. El estratega de inversiones retrocede en la historia hasta un peculiar episodio que supone el último y lejano precedente de este tipo: la última vez que Francia retiró su oro de las bóvedas estadounidenses fue en 1965. El presidente Charles de Gaulle, convencido de que el sistema de Bretton Woods otorgaba a EEUU un "privilegio exorbitante", envió un buque de guerra a Nueva York para recuperar el oro a cambio de dólares, lo que supuso un desafío directo al dominio monetario estadounidense.

Seis décadas después, la melodía rima: se experimenta una persistente desconfianza hacia los sistemas basados en el dólar y un renovado impulso hacia la soberanía monetaria. "Puede que la historia no se repita, pero en los mercados del oro, a menudo coincide con sorprendente precisión", señala Monchau. Para el CIO de Syz, el problema de fondo es de carácter estructural. Durante más de medio siglo, profundiza, la tenencia de oro en Nueva York se basó en tres pilares fundamentales: la liquidez (la capacidad de vender o pignorar oro rápidamente en el mayor mercado del mundo), los efectos de red (los mercados de la LBMA -London Bullion Market Association)- y la Fed de Nueva York gestionan la negociación de oro a gran escala) y la confianza política (se consideraba improbable que Washington llegara a hacer uso de los acuerdos de custodia). "Cada uno de estos pilares se ha visto ahora parcialmente afectado", concluye.

Saliendo de la 'esfera occidental', la India constituye otro de los ejemplos más relevantes en los últimos tiempos. Según los datos citados por el Financial Times, el Banco de la Reserva de la India ha reducido la proporción de oro almacenada en el extranjero desde el 55% en marzo de 2023 hasta apenas el 22% en marzo de 2026. En paralelo, Francia ha culminado uno de los movimientos más llamativos de los últimos años al retirar 129 toneladas de oro de la Reserva Federal de Nueva York entre julio de 2025 y enero de 2026, pasando a almacenar la totalidad de sus reservas en territorio nacional.

El caso de Alemania

Alemania también se encuentra en el centro del debate. El Bundesbank todavía conserva 1.236 toneladas de oro en Nueva York, aproximadamente el 37% de sus reservas totales. Aunque oficialmente Berlín sigue considerando segura la custodia estadounidense, la presión política para repatriar más lingotes ha aumentado notablemente. Políticos de distintos partidos han reclamado revisar la estrategia de almacenamiento por temor a posibles interferencias políticas en EEUU y por las dudas surgidas en torno a la independencia institucional de algunas agencias federales. En enero de 2026, Emanuel Mönch, ex alto funcionario del Bundesbank, afirmó que, dados los riesgos geopolíticos actuales, almacenar tanto oro en EEUU era peligroso y sugirió que el Bundesbank considerara una mayor repatriación para fortalecer su independencia estratégica.

La repatriación global del oro coincide además con otro fenómeno de enorme trascendencia, que no es otra que el metal precioso ha superado por primera vez a los bonos del Tesoro estadounidense como principal activo de reserva de los bancos centrales. Según las estimaciones recopiladas por el World Gold Council, el valor del oro en manos de las autoridades monetarias ronda ya los cuatro billones de dólares, por encima de los aproximadamente 3,9 billones invertidos en deuda pública de EEUU. No se trata de una sustitución abrupta del dólar, pero sí de una señal de que los bancos centrales están buscando una mayor diversificación.

La propia encuesta del World Gold Council revela que el apetito por el metal sigue creciendo. Un 45% de los bancos centrales consultados prevé aumentar sus reservas de oro durante los próximos doce meses, el porcentaje más elevado desde que comenzó la serie estadística en 2018. La mayoría de estos compradores potenciales procede de economías emergentes, donde la acumulación de oro se percibe como una forma de reforzar la independencia financiera y reducir la exposición a riesgos externos.

Paradójicamente, esta tendencia no implica necesariamente el declive de Londres como gran centro mundial del oro. El Banco de Inglaterra sigue custodiando más de 700.000 millones de dólares en lingotes y continúa siendo el mayor almacén de oro de bancos centrales del mundo. Sin embargo, la aparición de nuevas alternativas como Singapur o Hong Kong refleja que los países buscan cada vez más repartir riesgos en lugar de concentrarlos en una única jurisdicción.

En el fondo, la repatriación del oro es mucho más que una cuestión de logística o almacenamiento. Refleja un cambio profundo en la forma en que los bancos centrales entienden la seguridad financiera en un mundo más fragmentado, donde las sanciones económicas, las tensiones geopolíticas y la rivalidad entre grandes potencias han pasado a formar parte de la gestión cotidiana de las reservas internacionales. El oro vuelve a desempeñar así el papel que históricamente tuvo: no solo como activo refugio frente a la inflación o las crisis, sino también como símbolo último de soberanía monetaria.

La gran 'evacuación' polaca en 2019

El Banco de Inglaterra, pese a seguir siendo destacado depostiario, experimentó una suerte de anticipo de lo que iba a venir después de la pandemia. Londres asistió a una peculiar evacuación en 2019.

Apenas unos meses antes de que el covid estallara en Occidente, Polonia decidió repatriar 100 toneladas de oro desde las bóvedas de la Vieja Dama de Threadneedle Street, como se conoce al banco central británico. Fuentes oficiales del Gobierno de Polonia defendieron en ese momento que la repatriación buscaba demostrar la fortaleza de la economía polaca. Varsovia aseguraba tener la suficiente fortaleza económica y militar para custodiar y defender uno de los activos más preciados en las reservas de los bancos centrales. Otra razón de peso es la disposición inmediata de este metal precioso por parte del Gobierno y el banco central en caso de necesidad. En los años posteriores, el banco central polaco, siempre con el veterano Adam Glapinski a los mandos. se ha destacado como voraz comprador de oro.

El oro repatriado a Varsovia supuso alrededor de la mitad de los lingotes que Polonia mantenía en el Reino Unido (Polonia es uno de los países con más oro del mundo). Se trató de una operación compleja y con una minuciosa logística preparada durante meses y ejectuada al alimón por el Banco de Inglaterra, el Banco Nacional de Polonia, las fuerzas policiales británicas y polacas, y la naviera G4S, especializada en el transporte de mercancías de gran valor.

Un convoy de cuatro camiones blindados con la valiosa carga recorrió la ruta desde Londres hasta un aeropuerto cuya ubicación se mantenía en secreto. Los vehículos estaban blindados y contaban con medidas de seguridad especiales. Realizaron un total de ocho viajes de este tipo. Iban escoltados por coches de policía y un helicóptero policial. En cada uno de ellos había mil lingotes de oro puro. En total, 100 toneladas de oro polaco. Los lingotes llegaron a Varsovia y Pozna? a bordo de ocho aviones de distintas compañías aéreas, informó en ese momento la edición polaca de Business Insider.


https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/13973713/06/26/europa-se-lleva-su-oro-de-eeuu-y-reino-unido-en-una-gran-repatriacion-nacional-que-solo-acaba-de-empezar.html

miércoles, 22 de julio de 2026

Anna Jarvis, la mujer que inventó el Día de la Madre y se arrepintió


Anna Jarvis realizó una campaña incesante para lograr oficializar la fecha del Día de la Madre.

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La celebración del Día de la Madre puede variar de fecha según el país, pero son escasos los lugares del mundo que no lo conmemoran.

En el continente americano se suele celebrar mayormente en mayo -el segundo domingo de ese mes- aunque otros países como México, Guatemala y El Salvador lo hacen días antes.

Sea cuando sea, esa tradicional fecha se ha convertido en una de las ocasiones del año más importantes para el comercio, particularmente el de tarjetas, flores, chocolates, restaurantes y ventas de otros artículos para mamá.

Muchos son los hijos, nietos, hermanos y parejas que tienen muy presente el día, pero pocos conocen la historia de cómo se originó la costumbre de conmemorar el amor materno en una fecha específica.

Campaña en honor a una madre

La tradición viene de los griegos, que al inicio de la primavera homenajeaban a la madre de todos los dioses, Rea, con rituales y regalos.

Pero la oficialización de esa costumbre se inició en el siglo XX, en Estados Unidos, por insistencia de una mujer que nunca fue madre, pero decidió homenajear a la suya.

En 1905 Anna Jarvis empezó una campaña a favor de lo que llamó "Día de las Madres", cuando su propia progenitora, Ann Reeves Jarvis, murió.

Tres años después organizó un homenaje para ella aunque la fecha no fuera un festivo oficial y se convirtió en una activista por la causa.

Su lucha para lograr que se adoptara el día duró años. La motivación de Jarvis provino de una oración que un día su madre le mostró.

"Espero y rezo para que alguien, un día, reconozca un día en memoria de las madres, para celebrar el servicio incomparable que prestan a la humanidad en todas las áreas de la vida", decía.

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Jarvis impulsó una campaña tras la muerte de su madre.

La inspiración también llegó del trabajo que la propia Ann Reeves realizó durante la Guerra Civil de EE.UU.

En 1850, en el estado de West Virginia, creó una especie de grupos de trabajo con mujeres para cuidar de soldados y trabajar por mejoras en la salud pública. Ella denominaba esos días de trabajo como "Día de las Madres".

Anna Jarvis empezó su campaña para reservar un día especial para las madres enviando cartas todos los años a congresistas, gobernadores, celebridades y personas importantes.

Algunos políticos se burlaban de sus esfuerzos diciendo que, si se oficializaba el Día de la Madre, tendrían que instituir también el "Día de la Suegra".

Para 1911, sin embargo, todos los estados de la Unión reconocieron el festivo y, tres años después, se adoptó oficialmente que el segundo domingo de mayo se conmemoraría con un día feriado un homenaje a las madres.

El deseo de Jarvis se había cumplido y ella finalmente se podía enorgullecer de haber sido la "madre" del Día de la Madre.

Sin embargo, poco tiempo después, se dio cuenta de que había "creado un monstruo".

La fecha conmemorativa se convirtió en un excelente pretexto para los comerciantes, que aprovecharon la oportunidad para estimular la compra de regalos.

Giro comercial

La fecha se volvió en el tema principal de las campañas publicitarias al inicio de cada mayo y ganó mucho apoyo dentro de la industria de las flores y las tarjetas.

La historia que había dado origen al Día de la Madres -la lucha que Jarvis por homenajear la labor de su propia madre y de otras mujeres- era el guion perfecto para impulsar aún más las ventas.

Solo que a la gran responsable de la fecha conmemorativa no le gustó el rumbo comercial que se adoptó, por lo decidió boicotear la fecha.

La activista que una vez hizo campaña para la creación de la fecha ahora se movilizaba para eliminarla.

"Jarvis consideraba que el Día de la Madre era su 'propiedad intelectual y legal', y no parte del dominio público", escribió Katharine Lane Antolini, autora de "La conmemoración de la maternidad: Anna Jarvis y la lucha por el control del Día de la Madre".

"Ella aspiraba que ese día fuera un 'día sagrado' que conmemorara a la madre que colocó las necesidades de sus hijos antes que la propia", agregó Antolini.

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La fecha fue adoptada tras la insistencia de Anna Jarvis que, años más tarde, decidió boicotearla.

"Nunca quiso que se convirtiera en un día para dar regalos costosos, como en lo que se volvieron otros festivos al inicio del siglo XX".

Antolini, quien es profesora de estudios de género de una universidad en West Virginia, vive a unos 45 minutos de Grafton, donde está la iglesia que frecuentaban Jarvis y su madre, y que actualmente es el Santuario Internacional del Día de la Madre.

Según las investigaciones de Antolini, Anna Jarvis criticaba a los comerciantes que se "aprovechaban" del evento y los tildaba de "violadores de los derechos de autor, vándalos comerciales y especuladores declarados".

Hasta llegó a realizar protestas contra las florerías, que aumentaban sus precios en el mes de mayo y amenazó con demandar a muchas empresas que lucraban con la celebración.

También criticó la enorme industria de tarjetas con textos impresos que se generó en torno al día, alegando que la manera de demostrar el aprecio y honrar a las madres debería ser a través de cartas personales escritas a mano.

Antolini escribe que hubo organizaciones que intentaron alinear el significado del día festivo con la cambiante percepción de la maternidad en el siglo XX, combinando el aspecto hogareño con el impacto de las madres en la comunidad.

Pero Jarvis también rechazó aceptar esa interpretación.

Antes de morir, en 1948, embargada por las deudas y la depresión, Jarvis le confesó a una periodista: "Me arrepiento mucho de haber creado el Día de la Madre".

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El Día de la Madre es una oportunidad excelente para los comerciantes de tarjetas, flores y otros regalos.

¿Cuánto dinero genera el Día de la Madre?

Como en muchos aspectos comerciales, Estados Unidos lidera las cifras en el consumo de bienes y servicios realizados en torno al Día de la Madre.

Los otros países del mundo no solo han seguido la pauta de celebrar ese festivo sino de incorporar fuertemente la característica económica.

En EE.UU. solamente el comercio del Día de la Madre representa más de US$23.000 millones.

Según sitios especializados, los artículos y servicios no solo van dirigidos de los hijos hacia las madres es esta fecha. Los consumidores están comprándole a todas las mujeres en sus vidas; hijas, hermanas, abuelas, madrinas y otras familiares y amigas.

El negocio de las tarjetas es donde más movimiento hay, seguido del de las flores que tiene en esa fecha sus ventas más espectaculares de todo año (inclusive más que en el Día de San Valentín).

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La portada del libro de Katharine Antolini sobre la historia del Día de la Madre y la lucha de su creadora por eliminar la fecha.

Después le siguen los servicios de salidas especiales, como a restaurantes, y luego vienen las industrias de la ropa y joyería.

Tanto la publicidad como las ventas se inician en las últimas dos semanas de abril y se intensifican la semana anterior al domingo en cuestión, hasta 48 horas antes de día.

Es entonces cuando 18% de los consumidores se deciden a hacer sus compras a precios mucho más elevados.

Pues, como dicen las campañas, el amor de una madre no tiene precio.


    • Redacción
    • Título del autor,BBC News Mundo

martes, 21 de julio de 2026

¿Se encamina EEUU hacia otra crisis del petróleo como las de la década de 1970?

 


  • A Trump le resulta cada vez más difícil negociar un alto el fuego sin dar imagen de debilidad
  • Las reservas de EEUU levan años agotándose y no hay indicios de que vayan a reponerse 
  • EEUU es el mayor exportador de crudo, pero el agotamiento de sus reservas lo deja sin colchón ante un shock


No será nada comparable a lo ocurrido en 1973, cuando el presidente Nixon impuso el horario de verano durante todo el año para reducir el consumo de electricidad, así como un límite de velocidad de 50millas por hora en las autopistas. Tampoco es probable que veamos las restricciones en el uso de la calefacción o los planes de racionamiento de reserva que introdujo el presidente Carter en 1979. Las crisis del petróleo de la década de los 70 no solo pertenecían a una época diferente, sino que también eran de una magnitud distinta. Y, sin embargo, eso no significa que la economía estadounidense sea inmune a otra crisis, ni que no vayamos a ver una respuesta drástica por parte de la Casa Blanca, ya que, en realidad, EEUU podría quedarse fácilmente sin petróleo a finales de este año.

Si retrocedemos solo unas semanas, el mercado petrolero parecía haber decidido que la crisis del petróleo había terminado. Tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, el precio del crudo Brent, el referente del sector, se disparó hasta cerrar en 120 dólares el barril, duplicándose en tan solo unos días. Hubo numerosas predicciones alarmistas que apuntaban a 200 o incluso 250 dólares por barril si la guerra se prolongaba y si el estrecho de Ormuz -la ruta de suministro crucial para el petróleo de Oriente Medio por donde pasa el 20% del crudo a nivel mundial- se cerraba al tráfico de petroleros. Al final, eso no sucedió. El petróleo se cotizó por encima de los tres dígitos durante unas semanas y, tras alcanzarse una tregua inestable, volvió a bajar hasta situarse en torno a los 70 dólares, un precio con el que la economía mundial puede convivir sin problemas.

Pero eso dista mucho de ser toda la historia. Es cierto que, a medio plazo, no hay ningún problema real. Hay mucho petróleo en el mundo y cada vez se pone más en circulación. Gracias principalmente al fracking, Estados Unidos es ahora el mayor productor y exportador de petróleo del mundo, y países desde México hasta Argentina están desarrollando rápidamente sus propias reservas de esquisto. Con el cambio de régimen, Venezuela, que cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, pronto inundará el mercado con una producción adicional. Y, por supuesto, las fuentes de energía alternativas y respetuosas con el clima, como la eólica, la solar y la nuclear, no dejan de crecer: las energías renovables representan el 47% de la generación eléctrica en toda la UE y el 26% en EEUU, pese a que Donald Trump las demonice en ocasiones.

Aun así, durante lo que queda de año, y quizá durante más tiempo, el mercado del petróleo seguirá siendo muy volátil. Tras la ruptura de la tregua con Irán, el precio volvió a dispararse a principios de la pasada semana, y podría empezar a subir de nuevo hasta alcanzar las tres cifras si el conflicto se intensifica. El punto crítico, sin embargo, no es tanto el precio como la disponibilidad real del propio petróleo. Las reservas siguen rondando sus niveles más bajos en un año, y el centro de almacenamiento de Cushing (Oklahoma), conocido por los operadores del sector energético como la "encrucijada mundial de los oleoductos", está cerca de su límite operativo. Eso es una señal de que el mercado ya no funciona con fluidez. Del mismo modo, la Reserva Estratégica de Petróleo, diseñada para proteger a Estados Unidos de las crisis energéticas manteniendo suficientes reservas de petróleo para hacer frente a cualquier emergencia, lleva años agotándose y hay pocos indicios de que vaya a reponerse de forma significativa. Si sumamos ambos factores, una cosa queda clara: Estados Unidos es más vulnerable a una verdadera crisis externa de lo que lo ha sido desde la década de 1970.

Mientras tanto, el panorama geopolítico se está deteriorando. La tregua con Irán se ha roto, y al presidente Donald Trump le resultará más difícil negociar un segundo alto el fuego -incluso si quisiera hacerlo- sin dar una imagen de debilidad irremediable. El tráfico de petroleros por el estrecho de Ormuz se ha interrumpido de nuevo. Los ataques con drones ucranianos están destruyendo la capacidad de refino en Rusia, y aunque gran parte de esa producción estaba sujeta a sanciones, extraoficialmente todo el mundo en el sector sabe que gran parte de ella acababa llegando al mercado mundial. La demanda de China se vio frenada en primavera, pero bien podría repuntar, mientras que un verano abrasador en Europa significa que las energías renovables pueden resultar aún menos fiables de lo habitual, lo que hace que el continente dependa aún más del petróleo y el gas importados. A lo largo de 2026, la demanda mundial de petróleo ha retrocedido a los niveles observados desde la crisis del Covid, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), pero nadie puede dar por hecho que eso vaya a durar. Podría repuntar en los próximos meses. Y, sin embargo, todo el colchón que normalmente absorbería un impacto -como las elevadas existencias, un centro de Cushing a rebosar y una Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) bien abastecida- se ha ido reduciendo de forma constante durante los últimos dos años. Estados Unidos se está quedando sin reservas.

Es muy posible que el verdadero "choque energético" sea uno que nadie espera en este momento. Durante la última década, Estados Unidos se ha convertido en el principal exportador mundial de energía, enviando al extranjero tanto crudo como productos refinados a un ritmo cada vez mayor, al tiempo que ha permitido que se agoten sus propias reservas estratégicas. Y, sin embargo, la cruda realidad es esta: no se puede ser al mismo tiempo el "proveedor de equilibrio" mundial y una nación con reservas mínimas. Al final, hay que elegir una cosa u otra. Bastará con un breve repunte de los precios y una contracción de la oferta para que eso resulte dolorosamente obvio.

En algún momento, Donald Trump tendrá que tomar una decisión difícil. Un presidente que siempre ha prometido seguridad energética no se va a quedar de brazos cruzados mientras una contracción de la oferta empuje los precios en las gasolineras de vuelta a niveles que destruirán sus índices de popularidad, especialmente con las elecciones de mitad de legislatura a la vuelta de la esquina. Como responsable de la guerra, y dado que suele describir los «aranceles» como su palabra favorita, es muy posible que intervenga con algún tipo de control de las exportaciones. El mecanismo no es difícil de imaginar. Las restricciones a la exportación, o algún tipo de "arancel inverso", se disfrazarán de "mantener el combustible estadounidense para los conductores estadounidenses".

Estados Unidos estará protegido. Pero el resto del mundo se ha vuelto dependiente del petróleo estadounidense y podría enfrentarse a escaseces, cortes de suministro e incluso racionamientos. Tal y como descubrieron los presidentes Nixon y Carter hace medio siglo, una vez que la industria petrolera se ve sumida en una crisis, los acontecimientos pueden descontrolarse rápidamente. Es muy posible que Estados Unidos se encamine este año hacia otra crisis del petróleo, y será tan impredecible como la de la década de 1970.


19:42 - 19/07/2026
https://www.eleconomista.es/opinion/noticias/14000166/07/26/se-encamina-eeuu-hacia-otra-crisis-del-petroleo-como-las-de-la-decada-de-1970.html