
- Slok (Apollo): "No se ve la IA en los datos de empleo, productividad o inflación"
- Su tesis es que la creación de valor no es el producto, sino cómo se utiliza
- La competencia lleva a cero el precio de los modelos lingüísticos para los usuarios
El debate sobre el potencial de la Inteligencia Artificial (IA) lo ha engullido prácticamente todo y no se hablaría de otra cosa si no fuera por la volatilidad geopolítica. Sin irse muy lejos en el tiempo, la posibilidad de que la IA se lleve por delante a muchas industrias provocó de nuevo escalofríos en Wall Street la semana pasada, dando paso a sonoras correcciones en sectores tradicionales como el logístico y de transportes. Es la cara amarga de un éxito que para muchos revolucionará la economía y la productividad en los próximos años. Al otro lado de esta suerte de histeria, tanto positiva como negativa, se encuentran los escépticos que denotan una narrativa más fuerte que la realidad. Uno de ellos, un destacado analista financiero conocido en los mercados, Torsten Slok, economista jefe de Apollo, cree que esta gran lengua de fuego aún no ha llegado a la macroeconomía y propone una suerte de 'prueba del algodón' a modo de representación gráfica: una curva en forma de J.
Para muestra, un botón. SemiCab es una plataforma tecnológica de logística impulsada por IA creada para optimizar el transporte de mercancías, especialmente reduciendo los viajes de camiones vacíos y mejorando la eficiencia en redes de transporte. La semana pasada, los responsables de esta plataforma perteneciente a Algorhythm Holdings, que anteriormente se dedicaba al nicho del karaoke y cotizaba como The Singing Machine, publicaron un documento técnico que mostraba que SemiCab puede reducir más del 70% de los kilómetros que los camiones recorren vacíos en redes de transporte reales. Esto es una cifra de impacto en el sector logístico, donde normalmente una gran parte de los kilómetros no llevan carga útil.
La materialización de este logro ayudaría a los clientes de la plataforma a aumentar el volumen de carga entre un 300% y un 400% sin el correspondiente aumento de la plantilla operativa. Un hito que se llevó por delante la cotización de grandes nombres de la 'vieja economía' que precisamente estaban mostrando un repunte en sus cotizaciones. Grandes estadounidenses de la logística como CH Robinson Worldwide o Landstar System corrigieron con fuerza, contribuyendo a la peor caída del sector desde el colapso del mercado en abril del año pasado debido a la guerra comercial. En Europa, el sector logístico también se hundió el jueves, con DSV y DHL retrocediendo con fuerza.
Estas últimas empresas afectadas por la ola de ventas se suman a las inmobiliarias, los fabricantes de software, los proveedores de crédito privado, las compañías de seguros y los gestores de patrimonios, entre los sectores más castigados en las últimas sesiones por el temor al poder disruptivo de la IA. Las preocupaciones sobre la disrupción impulsada por la IA ponen de relieve un cambio radical en la confianza del mercado. El entusiasmo por la tecnología impulsó la mayor parte de las ganancias del mercado de valores en los últimos años. Pero ha sido sustituido por la preocupación de que las nuevas herramientas lanzadas por Google, el desarrollador de IA Anthropic y una serie de startups menos conocidas ya sean lo suficientemente buenas como para amenazar a una amplia gama de empresas, muchas de ellas ajenas al ámbito tecnológico.
"El nivel de paranoia es de categoría 5", afirmaba a Bloomberg Joseph Shaposhnik, gestor de carteras de Rainwater Equity, la semana pasada en plena resaca de las caídas. "No es algo que hayamos visto en mucho tiempo", añadía tras constatar la cara opuesta del péndulo, ya que al tiempo que afloran estos temores, son muchas las voces que auguran un cambio de era económico y laboral gracias a la IA. Sin ir más lejos, el llamado a ser próximo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha dicho públicamente que la IA será una fuerza estructural desinflacionaria porque mejorará la productividad al hacer que la economía produzca más con menos recursos. En su propia visión, tanto la productividad como la competitividad estadounidense crecerán gracias a la adopción de IA, lo que beneficiaría al salario real de los trabajadores y al crecimiento económico general.
A pequeña escala, empiezan a proliferar testimonios de sectores y trabajadores que empiezan a notar estos avances en el día a día. Por ejemplo, desde el sector legal, muchos abogados confirman los progresos en este campo. Los avances recientes se centran en la IA generativa, la automatización de tareas de alta complejidad y la integración de modelos fundacionales que están transformando la práctica del derecho de una labor más manual o 'artesanal' a una más ágil y automatizada.
La curva en forma de J
Todo esto es insuficiente de momento para escépticos como Torsten Slok, quien defiende desde la gestora Apollo que "la IA está en todas partes, excepto en los datos macroeconómicos que se publican". En un informe publicado este fin de semana, el economista jefe de Apollo hace suyo el aforismo que el economista ganador del Premio Nobel Robert Solow enunció en 1987: "La era de la informática se puede ver en todas partes, excepto en las estadísticas de productividad". Una observación que se ha convertido en lo que se conoce como la paradoja de la productividad de Solow.
"Hoy en día, no se ve la IA en los datos de empleo, productividad o inflación. Del mismo modo, en el S&P 493 no hay signos de IA en los márgenes de beneficio ni en las previsiones de ganancias", prosigue Slok, dejando traslucir que los potenciales efectos de la IA son de momento eso, potenciales, y que, como muestra clara, todavía no aparecen en las métricas que ofrecen todas las empresas que cotizan en el S&P 500 estadounidense exceptuando las conocidas como Siete Magníficas, las gigantes tecnológicas de megacapitalización que están basando su negocio en esta expectativa floreciente.
Para dejar más clara su perspectiva, Slok recurre a una figura conocida en la jerga macroeconómica: la curva en forma de J. En la teoría económica, esta curva se utiliza para describir una situación en la que una variable empeora en el corto plazo tras un shock o política, pero mejora posteriormente, dibujando visualmente una letra J. El caso más estudiado atañe al tipo de cambio y la balanza comercial. Cuando un país devalúa su moneda (o esta se deprecia), en el corto plazo las importaciones se encarecen inmediatamente, los contratos comerciales no cambian de forma instantánea, el volumen de exportaciones no reacciona de inmediato y, como resultado, la balanza comercial empeora primero. Sin embargo, en el medio plazo, las exportaciones se vuelven más competitivas, aumentan las ventas al exterior, caen las importaciones en volumen y, como resultado final, la balanza comercial mejora. Este fenómeno suele analizarse en países que ajustan su tipo de cambio frente a monedas como el dólar estadounidense.
"Quizás exista un efecto de curva J para la IA, por el que se necesita tiempo para que la IA aparezca en los datos macroeconómicos. Quizás no", plantea Slok. "La existencia de un efecto curva J depende de la creación de valor a partir de la IA. Existe una feroz competencia entre los creadores de grandes modelos lingüísticos (LLM), lo que está llevando el precio de los LLM hacia cero para los usuarios finales. Esto es lo contrario de lo que dicen los libros de texto de finanzas, es decir, que un innovador tendrá poder de fijación de precios de monopolio hasta que otros lleguen con un producto similar. Esto es lo que vimos durante la era informática en la década de 1980", continúa.
Slok se ampara en la literatura académica, que aún no es concluyente sobre los posibles efectos macroeconómicos de la IA. Repasando los diez estudios o papers más recientes, con horizontes temporales hasta 20 años, el experto de Apollo constata que ninguno de ellos contempla un aumento de la productividad por encima de los 1,1 puntos porcentuales anuales en lo que respecta a la productividad total de los factores.
Desde una perspectiva macroeconómica, la tesis de Slok implica que la creación de valor no es el producto, sino cómo se utiliza e implementa la IA generativa en los diferentes sectores de la economía. "Después de tres años con ChatGPT y sin señales de IA en los datos entrantes, parece que la IA probablemente mejorará el trabajo en algunos sectores en lugar de sustituirlo en todos ellos", sentencia el experto.
Buscando dinámicas incipientes en los diferentes espectros geográficos, el aumento adicional del PIB en las industrias de las Tecnologías de la Información (TIC) en el tercer trimestre en EEUU, a pesar de otra caída del empleo, se ha tenido entre analistas como los de Capital Economics como una clara señal de que la IA está impulsando la productividad, llamándoles la atención que estos aumentos se hayan concentrado igualmente en aquellos sectores de servicios que están avanzando rápidamente en la adopción de la IA. Precisamente en esta casa de análisis achacan el decepcionante avance de la productividad en Europa (excluyendo Irlanda, que distorsiona los datos, el PIB por trabajador de la zona euro aumentó solo un 0,4% interanual en el tercer trimestre del año pasado y lo dejó aún un 0,2% por debajo de su nivel en el cuarto trimestre de 2019) a la creciente brecha que está surgiendo con EEUU. en la adopción de la IA.
Desde Oxford Economics se apresuran a echar agua fría sobre lo que ocurre al otro lado del Atlántico. "No creemos que la IA esté aumentando la productividad todavía. Aunque creemos que la IA acabará aumentando la productividad, pensamos que la reciente fortaleza de la productividad en EEUU refleja más bien factores cíclicos. Tras la pandemia, las empresas acumularon mano de obra y los costes laborales unitarios se dispararon; a medida que la demanda se recuperaba, exigieron más a esa mano de obra, lo que dio lugar a un periodo de crecimiento con un alto nivel de productividad", explica su economista Ben May en un informe para clientes.
Estos expertos consideran que las pruebas de que las empresas están sustituyendo la mano de obra por IA a cualquier escala son limitadas y, por ahora, se centran en pequeños sectores de la economía. "Aunque las continuas y espectaculares mejoras en la calidad de la IA sugieren que su impacto aumentará, las empresas suelen tardar varios años en descubrir cómo aprovechar al máximo los avances tecnológicos. Por consiguiente, existe el riesgo de que el crecimiento de la productividad sea decepcionante si la recuperación actual es de naturaleza cíclica y se necesita tiempo para que la adopción generalizada y eficaz de la IA mejore la forma en que se realizan una amplia gama de tareas en una gran variedad de sectores", resuelve May.
En su análisis, May también enmienda el posible efecto en variables macro como la inflación, argumentando que la desinflación impulsada por la IA que defienden voces como la de Warsh es posible, pero no inevitable. "Si nos equivocamos y la IA genera un fuerte crecimiento de la productividad en los próximos años, esto podría dar lugar a un crecimiento económico superior al normal sin avivar las presiones inflacionistas. Sin embargo, Warsh ha adoptado una postura ligeramente más firme, argumentando que la IA podría provocar una repetición de lo ocurrido a finales de la década de 1990, cuando el auge impulsado por la productividad de los ordenadores e Internet coincidió con una tendencia a la baja de la inflación en EEUU. El impacto de la IA en la inflación dependerá de la medida en que el impulso a la oferta de la economía se vea compensado por cualquier aumento asociado de la demanda agregada. Esto dependerá del contexto económico general en el que se produzca el impacto de la IA y del plazo", pone en claro el analista.
Por ahora, continúa el experto de Oxford, no está claro que la IA se esté comportando de manera desinflacionaria, entroncando con el argumento de Slok: "La IA ha sido el detonante para que las empresas tecnológicas aumenten la proporción de sus flujos de caja libres para financiar la inversión en infraestructura de IA. En otras palabras, la IA parece estar animando a las empresas tecnológicas a gastar más. El aumento asociado de la inversión relacionada con la IA ha sido una fuente clave de la fortaleza de la demanda en la economía estadounidense y es probable que persista". Y pone el dedo en la llaga: sin observarse aún claramente la presión desinflacionista de la IA, la enorme demanda energética de los centros de datos ya ha provocado un aumento del precio de la electricidad en EEUU.
"Es cierto que, por ahora, los costes de utilizar chatbots con IA son bajos para los usuarios finales, por lo que la IA puede estar reduciendo los costes laborales unitarios y, por lo tanto, las presiones sobre los precios más allá del sector tecnológico. Pero con el tiempo, a medida que se implanten más sistemas de IA especializados que puedan demostrar un ahorro significativo en los costes laborales, es probable que su coste de uso aumente, lo que reducirá la posible presión a la baja sobre la inflación", rubrica May, recordando el hecho de que la IA será solo una de las múltiples fuerzas que influirán en la presión inflacionista.
https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13779323/02/26/la-esperanza-de-la-ia-es-que-acabe-dibujando-una-curva-en-j-ahora-mismo-esta-en-todas-partes-excepto-en-los-datos-macroeconomicos.html
















