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Mujeres pratican deporte con una pesa de madera en Tokio.
(EFE/Franck Robichon)
Desde hace décadas se sabe que reducir la ingesta de calorías puede prolongar la vida de numerosos organismos y disminuir el riesgo de enfermedades asociadas a la edad, como el cáncer
Hace unos años era extraño encontrar productos enriquecidos con proteínas en los supermercados, pero ahora ocupan estanterías enteras. Pero, ¿necesita realmente la población consumir tanta proteína?
Dudley Lamming, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, se dedica a investigar los nutrientes para promover la salud y la longevidad. Es el autor principal de una revisión de más de 350 investigaciones que se publica este viernes en la revista Cell Press Blue. El documento plantea una conclusión aparentemente contradictoria: para parte de la población, reducir el consumo de proteínas podría aportar beneficios metabólicos y, según los resultados obtenidos en modelos animales, favorecer la longevidad.
Para Lamming, está “absolutamente claro” que las proteínas aportan beneficios al crecimiento muscular y a la respuesta al ejercicio en personas activas. Pero el autor se centra en las personas sedentarias y explica que muchas consumen más proteínas de las que realmente necesitan, lo que probablemente “tenga consecuencias negativas para la salud”.
El escrito expone que durante décadas los científicos han sabido que consumir menos calorías puede prolongar la vida en muchos organismos y reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con la edad, como el cáncer. Sin embargo, mantener una dieta baja en calorías resulta difícil para la mayoría de las personas.
Los autores añaden que varios ensayos clínicos recientes en humanos también han demostrado que reducir la ingesta de proteínas puede disminuir el peso y la masa grasa, así como mejorar los niveles de glucosa en sangre en ayunas, aunque las personas con restricción proteica tienden a consumir más calorías.
A principios de 2026, las autoridades estadounidenses publicaron sus nuevas guías alimentarias y situaron el objetivo diario entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal, frente a la cantidad diaria recomendada de 0,8 gramos por kilogramo utilizada hasta entonces.
Este contexto de creciente consumo fue el que impulsó a Lamming a revisar décadas de investigación sobre la restricción de proteínas y el envejecimiento. El equipo describió posibles mecanismos que surgen de forma consistente en los estudios y que podrían explicar cómo las dietas bajas en proteínas podrían mejorar la salud y promover la longevidad. Estos mecanismos sugieren que la restricción de proteínas ralentiza el envejecimiento al mejorar el metabolismo, modificar la respuesta celular a los nutrientes, reducir el daño celular y preservar la función celular saludable.
“Las recomendaciones recientes han animado a la gente a consumir más proteínas, pero también a hacer más ejercicio. Probablemente debamos personalizar las recomendaciones sobre proteínas no solo en función de la edad, sino también del nivel de actividad física de cada persona”, concluye el autor principal.
Para Esther López García, profesora de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid, presidenta del Observatorio de la Nutrición y de Estudio de la Obesidad (NAOS) y miembro del Grupo de Nutrición de la Sociedad Española de Epidemiología, este artículo “es paralelo a lo que se sabe sobre el efecto de la restricción calórica en la longevidad”.
Opina en declaraciones a SMC que la investigación “es atrevida”: “Cuestiona la recomendación actual que se da a la población general de incrementar la ingesta de proteínas para mejorar la salud. Esta recomendación se ha dado desde hace tiempo a las mujeres embarazadas y a las personas mayores, pero en las Guías Dietéticas Americanas de 2025 se introduce para la población general. En España, las guías dietéticas de 2023 no hacen esta recomendación, pero la realidad es que hay una moda generalizada de proponer dietas con alto contenido proteico para todos en nuestro país”.
Para López, los autores “aciertan con la idea de que se necesita más investigación para entender si las dietas ricas en proteínas realmente tienen efectos beneficiosos para la población general”. No obstante, aclara que su trabajo “necesita ser completado con la evidencia que proporciona la ciencia observacional y los ensayos clínicos que se realizan en personas". “No todo lo que se observa en modelos animales se puede trasladar directamente a humanos”, finaliza.