
- En cuestión de minutos, el robo de claves de IA puede generar facturas de cientos de miles de dólares
- El peligro no es solo económico: los atacantes acceden a historiales de chat y a documentos confidenciales
- El fraude se convierte en un negocio organizado que abre la puerta al espionaje corporativo y financiero
Son las 3 de la mañana, la empresa no está realizando ninguna actividad y todo el mundo está en su casa. No obstante, la IA sigue trabajando y cuando las personas llegan a la oficina, hay una deuda millonaria que amenaza con provocar una quiebra. Esto, aunque parezca fantasía, es un suceso que está comenzando a ocurrir debido al aumento masivo del uso de la IA en la mayoría de compañías.
Unit 42, la división de seguridad de la firma Palo Alto Networks, ha publicado recientemente el informe "Token Jacking: How Cybercriminals Could Be Stealing Your AI Resources", un interesante estudio que muestra cómo los estafadores están logrando aprovecharse del crecimiento en el uso de la IA por parte de la mayoría de las empresas europeas y de Estados Unidos para ganar millones.
¿Cómo funciona?
A la hora de hacer consultas a la IA o de encargar tareas, el usuario consume una serie de "tokens", es decir, las unidades en las que se divide el texto de las preguntas y las respuestas, y por las que se cobra. Estos pueden ser ilimitados con ciertos modelos de suscripción, pagarse de uno a uno o utilizar modelos gratuitos.
Los modelos más avanzados cobran más por token porque requieren una cantidad enorme de potencia de cálculo. Además, muchos servicios no imponen límites duros de gasto por defecto. La facturación se acumula de forma cíclica y el consumo puede escalar sin freno. Una sola clave robada puede generar un volumen de uso que en condiciones normales llevaría meses o años alcanzar.
En los servicios tradicionales de computación en la nube, un usuario se autentica con nombre de usuario y contraseña. A partir de ahí puede generar claves automáticas para que aplicaciones accedan al servicio sin necesidad de iniciar sesión cada vez.
En cualquier caso, el objetivo de los estafadores es hacerse con estos accesos automáticos para poder tomar el control de los planes contratados por las empresas. En el momento en que mediante phishing, robo de datos o hackeos estos criminales logran las claves, las integran en las llamadas "estaciones de transferencia". Estas son, grosso modo, servicios intermediarios que revenden el acceso a los modelos de IA a precios muy reducidos, a veces con hasta un 97 % de descuento, según reportaba Vectoral hace pocas semanas, utilizando los accesos robados. Los criminales se quedan con lo que cobran a los compradores mientras que las empresas pagan realmente los costes.
Investigaciones paralelas de Sysdig ya habían documentado un aumento del 376 % en el robo de credenciales dirigidas específicamente a servicios de IA entre el último trimestre de 2025 y el primero de 2026, con facturas diarias que en algunos casos superaban los 100.000 dólares cuando se utilizaban modelos de alto rendimiento.
Unit 42 ha observado que las estaciones de transferencia pueden generar decenas de millones de solicitudes de tokens. Eso se traduce en cientos de miles de dólares de consumo en poco tiempo. En varios incidentes a los que respondió el equipo de Unit 42, los atacantes integraron las credenciales robadas en una de estas estaciones en cuestión de minutos. El resultado fueron cargos cercanos al millón de dólares antes de que la organización detectara la anomalía y pudiera contener el ataque.
Otros riesgos
Aparte del obvio impacto económico, que es lo más visible, existe otra serie importante de riesgos derivados. El más llamativo, como remarca Unit 42, es que el acceso de estas claves abre la puerta a que los hackers puedan hacerse con los historiales de los diferentes chats de IA. Así, cualquier contenido confidencial o documento que se haya subido a los chats queda directamente bajo el control de los estafadores.
Además, este tipo de robo se está convirtiendo en un negocio organizado. Hay un mercado paralelo donde se compran y venden accesos a modelos avanzados, y los investigadores advierten de que no solo participan delincuentes comunes, también puede haber actores con más recursos y otros intereses, como por ejemplo realizar espionaje corporativo o financiero.