sábado, 28 de febrero de 2026

Cómo EEUU puede provocar un apagón del internet europeo y desatar el caos


(Edouard Matte - Pexels)


Gran parte de nuestros sistemas digitales dependen de una infraestructura digital controlada mayormente por EEUU. Ahora, la EU quiere acabar esta peligrosa dependencia



Imaginad que internet deja de funcionar repentinamente. Los sistemas de pago de vuestra tienda de alimentación local se caen. Los sistemas sanitarios del hospital regional colapsan. Vuestras herramientas de trabajo y toda la información que contienen desaparecen.

Intentáis comunicaros, pero no conseguís contactar con familiares y amigos, ni obtener las últimas noticias sobre lo que está ocurriendo, ya que todas las plataformas de redes sociales están caídas. Del mismo modo que alguien puede desenchufar vuestro ordenador, es posible desconectar el sistema al que se conecta.

Este no es un escenario descabellado. Fallos técnicos, ciberataques y desastres naturales pueden tumbar partes clave de internet. Y a medida que el Gobierno estadounidense aumenta sus exigencias a los líderes europeos, es posible imaginar que Europa pierda el acceso a la infraestructura digital proporcionada por empresas estadounidenses como parte del proceso de negociación geopolítica.

En el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, la presidenta de la UE, Ursula von der Leyen, ha destacado el "imperativo estructural" de que Europa "construya una nueva forma de independencia", incluida su capacidad tecnológica y seguridad. Y, de hecho, ya se están realizando movimientos en todo el continente para empezar a recuperar cierta independencia de la tecnología estadounidense.

Un pequeño número de grandes empresas tecnológicas con sede en Estados Unidos controlan ahora una gran proporción de la infraestructura mundial de computación en la nube, es decir, la red global de servidores remotos que almacenan, gestionan y procesan todas nuestras aplicaciones y datos. Se calcula que Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure y Google Cloud poseen aproximadamente el 70% del mercado europeo, mientras que los proveedores europeos de servicios en la nube tienen solo el 15%.

Mi investigación respalda la idea de que depender de unos pocos proveedores globales aumenta la vulnerabilidad de los sectores público y privado de Europa, incluido el riesgo de interrupción de la computación en la nube, ya sea causada por problemas técnicos, disputas geopolíticas o actividad maliciosa.

Dos ejemplos recientes —ambos resultado de aparentes fallos técnicos— fueron el incidente de AWS de varias horas en octubre de 2025, que interrumpió miles de servicios como aplicaciones bancarias en todo el mundo y el grave incidente de Cloudflare dos meses después, que dejó fuera de servicio a LinkedIn, Zoom y otras plataformas de comunicación.

El impacto de una interrupción importante del suministro eléctrico en los servicios de computación en la nube también quedó demostrado cuando España, Portugal y parte del suroeste de Francia sufrieron un apagón masivo en abril de 2025.


¿Qué ocurre en un apagón digital?

Hay señales de que Europa empieza a tomarse más en serio la necesidad de una mayor independencia digital. En la ciudad costera sueca de Helsingborg, por ejemplo, un proyecto de un año está probando cómo funcionarían diversos servicios públicos en el escenario de un apagón digital.

¿Seguirían recibiendo las personas mayores sus recetas médicas? ¿Pueden los servicios sociales continuar prestando asistencia y prestaciones a todos los residentes de la ciudad?

Este proyecto pionero busca cuantificar toda la gama de desafíos humanos, técnicos y legales que crearía un colapso de los servicios técnicos, y comprender qué nivel de riesgo es aceptable en cada sector. El objetivo es construir un modelo de preparación ante crisis que pueda compartirse con otros municipios y regiones a finales de este año.

En otras partes de Europa, algunos países ya están tomando medidas para reforzar su soberanía digital desvinculándose de la dependencia de las grandes empresas tecnológicas globales, en parte mediante la colaboración y la adopción de programas informáticos de código abierto. Esta tecnología se trata como un bien público digital que puede trasladarse entre diferentes nubes y operarse en condiciones de soberanía.

En el norte de Alemania, el estado de Schleswig-Holstein quizás haya dado la ruptura más clara con la dependencia digital. El gobierno estatal ha sustituido la mayoría de sus sistemas informáticos basados en Microsoft por alternativas de código abierto, cancelando casi el 70% de sus licencias. Su objetivo es utilizar los servicios de las grandes tecnológicas solo en casos excepcionales para finales de la década.

En Francia, Alemania, los Países Bajos e Italia, los gobiernos están invirtiendo tanto a nivel nacional como transnacional en el desarrollo de plataformas y herramientas digitales de código abierto para mensajería, vídeo y gestión de documentos, similares a piezas de Lego digitales que las administraciones pueden alojar en sus propias condiciones.

En Suecia, un sistema similar de mensajería, vídeo y colaboración en línea, desarrollado por la Agencia Nacional del Seguro, funciona en centros de datos nacionales en lugar de en nubes extranjeras. Se ofrece como servicio para las autoridades públicas suecas que buscan alternativas digitales soberanas.


Vuestras decisiones importan

Para que Europa —y cualquier nación— aborde de manera significativa los riesgos que plantean el apagón digital y el colapso de la nube, la infraestructura digital debe tratarse con la misma seriedad que la infraestructura física como puertos, carreteras y redes eléctricas.

El control, el mantenimiento y la preparación ante crisis de la infraestructura digital deberían considerarse responsabilidades públicas fundamentales, en lugar de algo que externalizar a grandes empresas tecnológicas globales, abiertas a la influencia extranjera.

Para fomentar un mayor enfoque en la resiliencia digital entre sus Estados miembros, la UE ha desarrollado un marco de soberanía en la nube para orientar la contratación de servicios en la nube, con la intención de mantener los datos europeos bajo control europeo. Se espera que la próxima Ley de Desarrollo de la Nube e Inteligencia Artificial aporte más atención y recursos a esta área.

Debería animarse a gobiernos y empresas privadas a exigir seguridad, apertura e interoperabilidad al solicitar ofertas para la prestación de sus servicios en la nube, no meramente precios bajos. Pero del mismo modo, como individuos, todos podemos marcar la diferencia con las decisiones que tomamos.

Del mismo modo que es aconsejable garantizar vuestro propio acceso a alimentos, agua y medicamentos en tiempos de crisis, sed conscientes de qué servicios utilizáis personal y profesionalmente. Considerad dónde se almacenan vuestros correos electrónicos, fotos personales y conversaciones. ¿Quién puede acceder a vuestros datos y utilizarlos, y bajo qué condiciones? ¿Con qué facilidad puede hacerse una copia de seguridad, recuperarse y transferirse todo a otro servicio?

Ningún país, y mucho menos un continente, será nunca completamente independiente digitalmente, ni debería serlo. Pero trabajando juntos, Europa puede garantizar que sus sistemas digitales permanezcan accesibles incluso en una crisis, tal como se espera de su infraestructura física.