:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F9b6%2F675%2Fe8f%2F9b6675e8f6e31da52e2fcc07b049fa03.jpg)
Este nuevo tipo de hormigón ofrece ventajas incuestionables
(Freepik)
Las bacterias permanecen inactivas dentro de la estructura del hormigón. Sin embargo, cuando aparece una fisura o grieta, entran en acción
Una innovadora línea de investigación publicada en el marco del proyecto científico de la Universidad de Bath plantea un cambio de paradigma en la construcción: un hormigón con bacterias capaces de autorrepararse, diseñado para prolongar la vida útil de las estructuras y reducir costes de reparación y mantenimiento.
Lejos de ser una idea futurista, este avance en hormigón autorreparable se basa en un principio biológico bien conocido. Los investigadores han integrado bacterias del género Bacillus junto a nutrientes en la mezcla del cemento, logrando que permanezcan inactivas hasta que aparecen fisuras en la estructura.
Cuando el material se agrieta y entra en contacto con agua y oxígeno, estas bacterias despiertan y comienzan un proceso metabólico que genera carbonato cálcico, es decir, piedra caliza. Este compuesto rellena las grietas desde el interior, replicando un mecanismo similar al de los tejidos vivos que se regeneran.
Cómo funciona el hormigón con bacterias
El sistema se apoya en la llamada precipitación de calcita inducida microbiológicamente, una reacción en la que las bacterias transforman compuestos como el acetato cálcico en depósitos minerales sólidos. Este proceso ocurre únicamente cuando las condiciones lo permiten, evitando activaciones prematuras.
Uno de los principales retos técnicos ha sido proteger estos microorganismos durante el proceso de fabricación. El cemento presenta un entorno altamente alcalino, con un pH entre 12 y 13, además de fuertes tensiones mecánicas durante el mezclado. Para solucionarlo, los científicos han desarrollado un sistema de microencapsulación.
Las esporas bacterianas y los nutrientes se introducen en partículas de perlita recubiertas con materiales protectores, lo que permite que sobrevivan intactas hasta que se produce una grieta. Solo entonces se liberan, iniciando el proceso de reparación sin afectar a la resistencia del material.
Resultados reales en infraestructuras
El equipo de la Universidad de Bath, liderado por el profesor Kevin Paine, ha probado este material en paneles de hormigón armado utilizados en un proyecto de carretera en Gales. Las pruebas incluyeron la generación controlada de grietas de 0,1 mm y el seguimiento de su evolución durante semanas.
Los resultados han mostrado la aparición de depósitos minerales que comienzan a sellar las fisuras, sin comprometer las propiedades mecánicas del material. Tal como explicó el propio Paine: "Nuestro enfoque innovador en materiales inteligentes podría transformar la infraestructura al incorporar inmunidad y resiliencia, permitiendo que las estructuras evolucionen durante su vida útil".
Este desarrollo abre la puerta a una nueva generación de infraestructuras sostenibles, capaces de reducir el gasto en mantenimiento y disminuir el impacto ambiental asociado al uso intensivo de cemento, uno de los mayores emisores de CO₂ del planeta.