
- Pfizer buscaba un fármaco para el corazón y encontró, por casualidad, la solución a la disfunción eréctil
La Viagra es uno de los medicamentos más famosos y revolucionarios del mundo. Su descubrimiento, sin embargo, no fue fruto de un plan maestro, se gestó por una serie de casualidades médicas, o efectos secundarios, que le ocurrió a un grupo de mineros de un pequeño pueblo industrial de Gales.
Lo que se ideó como un ensayo para tratar la angina de pecho, terminó transformándose en un fármaco nunca antes visto para la disfunción eréctil. Todo gracias a la revelación de estos hombres que se atrevieron a contar sobre los efectos secundarios inesperados que les ocurrió tras ser parte de la muestra del estudio.
La crónica de la creación de este medicamento azul se remonta a principios de la década de 1990. Por ese entonces, Pfizer probaba un compuesto llamado sildenafil UK-92.480 con el objetivo de tratar cardiopatías. Para ello, recurrió a centros de investigación en localidades golpeadas por el desempleo, como Merthyr Tydfil, ubicada al norte de Cardiff, Gales, donde antiguos mineros y trabajadores siderúrgicos se ofrecían como voluntarios a cambio de una compensación económica.
Idris Price fue uno de aquellos mineros. Este hombre, tras perder su empleo, decidió participar en varios ensayos clínicos para poder mantener a su familia. Como muchos otros jóvenes, aceptó tomar una pastilla tres veces al día durante diez días, sin saber que ese experimento tendría consecuencias históricas.
El objetivo del fármaco para tratar la angina de pecho no mostró grandes resultados. Sin embargo, los mineros voluntarios experimentaron algo inusual. Según la documentación que recoge el drama 'Men Up', de manera tímida y hasta vergonzosa, este grupo de hombre informaron a los investigadores que tenían erecciones más frecuentes y duraderas. Aquellas observaciones, aparentemente anecdóticas, encendieron las alarmas dentro de Pfizer.
El ensayo que marcó el hito farmacéutico
David Brown, coinventor de la Viagra, en una entrevista a The Guardian, detalló que estas revelaciones y nuevos estudios del ensayo estuvieron a punto de ser canceladas en 1993 por falta de resultados prometedores. Sin embargo, un último ensayo en Merthyr Tydfil permitió identificar claramente ese efecto secundario. Brown afirmó al medio británico que, de no haber sido por un minero que se atrevió a mencionarlo abiertamente, el medicamento habría sido descartado y no hubiese existido la magia de la pastilla azul.
Desde ese momento Pfizer decidió cambiar radicalmente el enfoque del compuesto y financiar estudios específicos para la disfunción eréctil. Para ello, se llevó a cabo nuevos ensayos que se aplicaron en otras zonas de Gales como Bristol y Swansea, incluyendo a hombres con diabetes y enfermedades cardíacas, donde el problema sexual era frecuente. Los resultados fueron contundentes y confirmaron el potencial del fármaco.
De esta forma, el nuevo éxito clínico dio paso a un desafío comercial y cultural. La farmacéutica temía lanzar una "píldora sexual" en una sociedad conservadora, por lo que optó por centrar su mensaje en el impacto emocional de la impotencia y su efecto en las relaciones de pareja. Incluso buscó el respaldo del Vaticano, argumentando que el medicamento podía "fortalecer el matrimonio", según información de la BBC.
Cinco años más tarde, esta revolución farmacéutica llegó al mercado estadounidense y británico. Rápidamente se convirtió en un fenómeno global. Sus ventas alcanzaron cifras récord y el fármaco pasó a ser uno de los más rentables de la historia.