A pesar de no ser muy peligroso puede ser el portal para que entren otros malware que sí lo son
Las apps afectadas ya han sido eliminadas de las tiendas de Apple y Android
En el caso de que las tengas descargadas tendrás que eliminarlas tú de tu dispositivo
Dentro de los diferentes virus que existen hay diferentes niveles de peligrosidad, en el caso del adware, no tenemos que preocuparnos por la seguridad de nuestros datos e información personal, pero es más bien para no acabar desquiciado por lo que te recomendamos desinstalar todas las apps que lo tengan.
Un adware es un tipo de malware que se instala en un programa y que muestra constantemente anuncios y publicidad. Esto no supone un peligro para tus datos personales, sin embargo, hace que detestes utilizar esas apps ya que no para de salir publicidad y en el peor de los casos puede ser la puerta que deje pasar a otro tipo de virus en tu dispositivo.
Ha sido la compañía especializada en ciberseguridad, HUMAN, quien ha descubierto e informado de la presencia de este malware en aproximadamente 75 apps distribuidas en las tiendas de aplicaciones de Apple y Android.
Estos adwares inundan la app que estamos utilizando de anuncios, tanto visibles como ocultos, y se convierten en ingresos constantes para el hacker. Normalmente estas tiendas de apps tienen una serie de controles de seguridad para evitar que cualquier tipo de virus se extienda, pero parece que este ataque ha superado estos controles y ha conseguido que estas apps infectadas hayan sido descargadas más de 13 millones de veces.
Apps infectadas más descargadas de iOS
Loot the Castle
Run Bridge
Shinning Gun
Racing Legend 3D
Rope Runner
Wood Sculptor
Fireball
Apps infectadas más descargadas en Android
Super Hero-Save the world!
Parking Master
Lucky Money Tree
Spot 10 Differences
Talent Trap - NEW
One Line Drawing
Dinosaur Legend
Es importante destacar que estas no son las únicas apps infectadas, sino algunas de las más descargadas en cada tienda de aplicaciones, el listado completo se puede encontrar en el comunicado de HUMAN.
Recordemos que este tipo de virus no es difícil de identificar ya que consiste en el bombardeo de anuncios cada vez que usas la app. Ambas compañías fueron notificadas de lo ocurrido y eliminaron todas estas apps de sus tiendas, pero en el caso de que ya la tengas instalada tendrás que ser tú quien la elimine.
El 28 de octubre de 1922, los "camisas negras" de Benito Mussolini marchaban sobre Roma e Italia inauguraba el régimen fascista.
Un siglo después, casi día por día, y por primera vez desde la Segunda Guerra mundial, el partido mas votado en Italia hunde sus raíces en el posfascismo, y ha recuperado un lema que popularizó "Il Duce": "Dios, patria y familia".
En apenas una década, Giorgia Meloni, la gran vencedora del los comicios que ha celebrado Italia, ha conseguido llevar a su partido, Hermanos de Italia, desde la marginalidad al centro político e, inexorablemente, al palacio Chigi, sede del Ejecutivo. Se prevé que el presidente de la república, Sergio Mattarella, le encargue formar gobierno en las próximas semanas.
¿Cómo ha sido esa progresión?
Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania llevó a cabo un proceso de "desnazificacion" y un doloroso ajuste de cuentas con su pasado. En Italia, sin embargo, se decidio mirar para otro lado.
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La Marcha sobre Roma dio paso a la dictadura fascista de Benito Mussolini.
Por aquel entonces, el Partido Comunista italiano era el mayor de toda Europa occidental y los aliados, inmersos en la dinámica de la Guerra Fría, tenían un objetivo principal: que los comunistas no llegaran al poder.
Por miedo a que las purgas de antiguos fascistas pudieran generar inestabilidad, las potencias aliadas hicieron la vista gorda ante la creación de nuevos partidos herederos de "Il Duce" y sus ideas. No solo eso, muchos símbolos y monumentos fascistas siguieron -y siguen- presentes en las calles italianas, como los fascios que adornan aún muchas de las tapas de alcantarilla de Roma.
Así surgió en 1946 Movimiento Social Italiano (MSI), fundado por Giorgio Almirante, que había sido jefe de gabinete del último ministerio de Propaganda fascista.
Giorgia Meloni no ha escondido nunca su admiración por Almirante. En 2018, ella misma difundió un fotomontaje que tituló "De Giorgio a Giorgia", en el que se presentan uno al lado del otro con idénticos eslóganes: "Podemos mirarte a los ojos". En 2020, cuando se cumplían 32 años de su muerte, la ahora vencedora de los comicios en Italia homenajeó a Almirante en Twitter con estas palabras: "Un gran hombre, un gran político, un patriota".
Con la caída del bloque comunista, surgieron nuevos partidos de derecha. Uno de ellos, Forza Italia, liderado por el multimillonario Silvio Berlusconi, incluyó en su coalición de gobierno en 1994 al MSI, liderado entonces por Gianfranco Fini. El posfascismo entró en el gobierno, y ante los ojos de los italianos, argumenta Luciano Cheles, de la Universidad de Grenoble, "le dio respetabilidad".
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Gianfranco Fini fue el primer líder posfascista en entrar en un gobierno en Italia.
El partido pasó a llamarse Alianza Nacional y una joven Giorgia Meloni, que con 15 años había militado en el MSI, se convirtió en la líder de sus juventudes.
Hermanos de Italia nace de ese caldo de cultivo. "Han cambiado muchos postulados, han cambiado algunos aspectos, aunque son, por supuesto, un partido de derechas que tiene sus raíces en el movimiento posfascista", analiza Lorenzo Pregliasco, profesor de Ciencias Políticas de la universidad de Bolonia.
Los orígenes del partido, argumenta Cheles, están estrechamente conectados con los partidos neofascistas, pero Hermanos de Italia y Giorgia Meloni se encuentran con una disyuntiva: "por una parte, quieren presentar una imagen respetable, de moderación y modernidad, y por ello han dicho que han cortado el cordón umbilical con el fascismo. Pero, por otra parte, no quieren perder una parte del electorado que cree que una forma moderna del fascismo es aún válida y aceptable".
Simbología fascista
Esas raíces están presentes en toda la simbología del partido.
La más evidente es la llama tricolor, el símbolo del Movimiento social Italiano que Hermanos de Italia ha mantenido. Una llama que, por cierto, también adoptó el Frente Nacional en Francia -aunque con los colores de la bandera gala- y que, más estilizada, conserva la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen.
"Pero en su propaganda hay muchísimas más referencias al fascismo, algunas más o menos escondidas porque están hechas para ser comprendidas por los fascistas y aquellos que están familiarizados con su simbología", explica Cheles, experto en iconografía política.
Uno de los ejemplos que ha encontrado Cheles es el mismo himno de las juventudes de Alianza Nacional, que Meloni dirigió durante años: "se trata de 'Mañana me pertenece', que es una canción que canta un joven nazi en la película "Cabaret" de Bob Fosse (1972). Aún sigue siendo un eslogan que aparece en gran parte de la propaganda de Giorgia Meloni".
El propio Giorgio Almirante, al que Meloni admira tanto, es otro de los ejemplos: cada nuevo número de la newsletter de Hermanos de Italia lleva su foto, que también está en la página web de la formación, revela el experto.
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Giorgio Almirante fundó Movimiento Social Italiano, el primer partido posfascista de Italia.
Cuáles son sus postulados
Hermanos de Italia hunde sus raíces en el posfascismo pero, ¿qué conserva de esa filosofía?
Umberto Eco consideraba que el fascismo "no tenía esencia" y que Mussolini no había tenido una filosofía particular: "solo tenía retórica". El fascismo, aseguró el célebre semiólogo, filósofo y escritor italiano en un discurso en 1995, "era un totalitarismo confuso, un collage de distintas ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones".
No había, por lo tanto, una filosofía particular detrás del fascismo, pero "emocionalmente estaba firmemente fijado a ciertos cimientos arquetípicos", como el culto a la tradición, el miedo a la diferencia, el populismo selectivo o el machismo.
Hermanos de Italia conserva algunas de estas raíces culturales, como detalla a BBC Mundo la periodista italiana Annalisa Camilli: "tienen un discurso fuerte contra la inmigración y contra los derechos de las mujeres, están en contra del aborto y quieren aumentar la tasa de natalidad en Italia, que es la más baja de Europa. En este sentido, son muy tradicionalistas, de ahí su lema, "Dios, patria, familia".
Sin embargo, apunta Camilli, " se han emancipado de ese pasado. Ahora son un partido moderno de ultraderecha, más parecido a otros partidos como la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen, Vox en España o el partido de Viktor Orbán en Hungría. Buscan un consenso en torno a ciertos pilares como la lucha contra la inmigración ilegal, la promoción de una identidad nacional y las políticas de apoyo a la natalidad".
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Aún quedan en Italia numerosos monumentos fascistas, como este obelisco dedicado a Benito Mussolini en Roma.
Como tantos otros líderes ultraderechistas, desde Orbán al republicanismo de Donald Trump en EE.UU., la ideología de Meloni arremete contra la "izquierda globalista", contra los supuestos "lobbies LGTBI", habla de cómo la "inmigración masiva" acabará sustituyendo a los italianos "de toda la vida", es decir, a los blancos y cristianos, en línea con la teoría del "gran reemplazo" del polemista francés Renaud Camus.
"El neofascismo", reflexiona Cheles, "no lleva necesariamente camisas negras. El fascismo hoy tiene una forma más sutil, es una forma de autoritarismo cuyos elementos se resumen en no respetar las diferencias ni a las minorías, y que mantiene actitudes intolerantes hacia ciertos grupos de personas".
Dónde se alimenta el neofascismo
En un país como Italia, indica Camilli, "el fascismo es algo endémico. De alguna forma, 100 años después, los testigos han muerto y la memoria que queda no es lo suficientemente fuerte para evitarlo".
La base electoral, además, se ha vuelto mucho más líquida. Y, si algo han demostrado los italianos en los últimos años, es que siempre votan por el cambio.
Los sucesivos gobiernos han generado una desafección entre los ciudadanos y el populismo parece haber llegado para quedarse. "El Movimiento 5 Estrellas ya preparó ese terreno asegurando que no había diferencias entre la izquierda y la derecha, que todo era corrupción", señala la periodista del semanario "Internazionale".
Ese discurso de indignados contra la casta y contra las élites, contra los partidos tradicionales y la política clientelar de la que muchos italianos están hartos, el mismo que abanderaban los populistas del Movimiento 5 Estrellas, ahora lo ha recogido Giorgia Meloni y Hermanos de Italia.
La coalición de ultraderecha se ha nutrido de "las clases trabajadoras que han perdido sus ahorros por la inflación, y de las clases medias que cada vez se empobrecen más y les ha prometido una 'nueva era", dice Camilli. Hace 100 años, el fascismo también prometió "una nueva era", un nuevo comienzo.
Cómo afecta a Europa
El auge de partidos de ultraderecha en toda Europa, como recientemente el de los Demócratas de Suecia, Vox en España, Ley y Justicia en Polonia o la Hungría de Orbán, de la que recientemente el Parlamento Europeo declaró que no se puede considerar una democracia plena, tienen una misma raíz, según Cheles: el aumento de la inmigración.
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Viktor Orbán es el gran referente europeo de Giorgia Meloni.
"Estas ideas neofascistas se han introducido a través de este tipo de argumentos, los que dicen que Italia u otros países no se pueden permitir tener tantos extranjeros", indica el académico.
En Bruselas, aunque la Comisión Europea asegura que va a trabajar con cualquier gobierno que salga de las urnas, la preocupación es palpable.
Tanto Hermanos de Italia como La Liga, el partido de Matteo Salvini que forma parte de la coalición de ultraderecha, han llevado a cabo una fuerte retórica euroescéptica, aunque con diferencias.
En los últimos meses, Meloni ha moderado su discurso. Ha recalcado que no quiere que Italia salga ni de la Unión Europea ni de organizaciones como la OTAN. Durante la guerra de Ucrania, la líder apoyó la decisión del gobierno de Mario Draghi de mandar armas a Kiev.
La postura de sus socios de coalición, sin embargo, choca frontalmente con la de Bruselas. Salvini tiene una estrecha relación con Rusia y su partido está bajo sospecha de haber recibido financiación de Moscú. El tercer socio de la coalición, Silvio Berlusconi, también amigo íntimo de Putin, justificó recientemente la invasión rusa de Ucrania.
Pero, más allá del asunto de la guerra, lo que realmente preocupa en Bruselas es la posibilidad de que Italia, país fundador de la Unión Euroepa y su tercera economía, se convierta en otra Hungría o Polonia que ponga en peligro sus valores fundamentales.
"Existen preocupaciones a nivel internacional", reconoce Pregliasco, que también dirige la revista digital de periodismo de datos "YouTrend", "pero yo creo que la democracia italiana es más fuerte de lo que parece y, por supuesto, más fuerte de lo que lo era en 1922".
A partir de ideas conductistas, este experto en tecnología y neurociencia aporta una serie de claves para entender el mundo de hoy en día. Pero también le han salido las críticas
Todos los días te levantas a la misma hora para ir a trabajar. Cuando el café hace efecto y te sientes más despierto, seguramente lo primero que hagas será desbloquear el teléfono para ver tus nuevas notificaciones, si no lo hiciste antes. Newsletters informativas, interacciones con otros usuarios en redes sociales y, en mitad de todo este mar de contenidos, anuncios de productos que se asemejan demasiado a los que ya tienes en casa y se relacionan con eso que llamas "afición". Sales a la calle directo al trabajo y Google te dice que, al haber mucho tráfico, lo mejor que puedes hacer es coger el transporte público. La única pega es que tardarás mucho más en llegar y cuando lo hagas estarás más cansado, pues tienes que andar veinte minutos desde la estación a la oficina. Da igual, porque salta una notificación de una 'app' que te instalaste hace poco y mide tus niveles de actividad física, animándote a hacer el trayecto andando para así contribuir a alcanzar el mínimo número de pasos que debes dar si quieres estar en forma. Vale, venga. Lo haces.
Al llegar al trabajo, tu jefe te dice que han implantado un nuevo sistema de medición de resultados que resulta muy efectivo. Resulta que han desarrollado un nuevo 'software' con el que cuantificar los objetivos de la empresa y en comparación con sus competidores de una manera ágil, lo que se resume en un seguimiento minuto a minuto tu rendimiento a partir de gráficas y números a todo color. Además, puedes desglosarlo para compararlo por áreas y compañeros. Se oye el rumor que al primero de la lista le gratificarán con una "sorpresa", "regalo" o "bonificación". Como soñar es gratis y ahí fuera, en el mercado laboral, hace frío, aceptas y entras en la competición. A fin de cuentas, ¿qué vas perder si no participas? Es mejor estar motivado que quemado para tu salud mental y financiera, al menos a corto plazo. No hay que ser un cascarrabias. De hecho, últimamente te quejas demasiado. Y estás leyendo un libro que te promete recuperar la motivación, además de probando una nueva 'app' de meditación que, junto con unas clases de yoga por YouTube, te ayudan a quitarte de encima el estrés cotidiano para seguir adelante.
A veces, la realidad se disfraza de juego. Sobre todo, cuando es una realidad que necesariamente no hemos escogido. Todo el mundo sabe que muchas veces la carrera que estudiaste no se parece en nada al día a día en el empleo de tus sueños. Que podrías optar a un trabajo mejor. Que podrías cuidarte más y ser menos vago. Que la felicidad es de quien la persigue, como si fuera una competición, y como tal exige sacrificio Por tanto, no somos libres de nuestros actos: tenemos conciencia, deberes, tareas, compromisos. Y estas se hacen más llevaderas si las vemos como un juego, como una competición ilusoria, como un trivial del que desenredar certezas a grandes preguntas.
Un mundo con demasiados incentivos
Para un escritor como Adrian Hon, CEO de una importante empresa de videojuegos y diseñador de 'apps' de éxito, la realidad social que vivimos se parece, junto con nuestras rutinas individuales en la era del imperio de los algoritmos, a un juego que nunca termina más que a otra cosa. Básicamente, porque las empresas e instituciones captan nuestro tiempo, disponibilidad y atención a partir de recompensas. Ya no solo con las innumerables ofertas de productos y estilos de vida que se despliegan con cada búsqueda en Google o visita 'exprés' a nuestra red social favorita, sino en la rutina laboral y también a la hora de formar nuestra ideología.
¿Cómo estás tan seguro de si el deseo que sientes hacia algo (un producto, un estilo de vida, un 'hobbie') es realmente propio y genuino?
Juegos hay muchos y de muchos tipos. Están los de 'arcade' (que podrían alegorizarse como el camino más rápido para llegar a un sitio en una gran ciudad metropolitana repleta de conexiones en los medios de transporte) o los de estrategia, simulación social y gestión de recursos (al estilo de los 'Sims'), que sería, por ejemplo el hecho de hacer malabares para llegar a fin de mes sin tener que comer todos los días arroz con tomate, darte algún capricho de vez en cuando o salir una noche a la semana a cenar fuera. Pero también los hay de acción, de mesa y de preguntas. Por ejemplo, sostiene Hon, muchas de las grandes conspiraciones de nuestro tiempo, como la de QAnon, tienen como gancho el hecho de intentar aportar explicaciones a un mundo incierto y terrible. Algo así como un trivial que intenta buscar respuestas en mitad de toda la desinformación. O más preciso aún, el famoso Perplex City, un juego de realidad alternativa (ARG por sus siglas en inglés) que tuvo mucho éxito en Estados Unidos y que se basa en una comunidad de usuarios que disemina pistas en el terreno online tanto como en la vida real sobre casos de asesinatos, crímenes y misterios solo existentes dentro del poco juego.
En este sentido, el juego diseñado por Hon se asemeja muy bien a las teorías de la comunidad QAnon. Solo que los jugadores saben en todo momento que Perplex City es un mundo ficticio. En una entrevista muy interesante con Tom Chatfield, periodista de la 'BBC', el escritor desengrana los mecanismos que tienen en común ambos fenómenos de masas, a la par que sus diferencias. QAnon, por su parte, se aprovecha de la crisis de confianza de los ciudadanos en las instituciones y figuras públicas para ofrecer un propósito y un sentido de comunidad en torno a una versión hipotética del mundo tejida a partir de declaraciones y hechos sacados de contexto o supuestamente codificados. En ambos, más allá del propio incentivo de resolver misterios, se da algo muy propio de este tipo de juegos: la creación de un sentido sólido de comunidad que pretende oponerse a una realidad amarga. O como mínimo explicarla.
Portada de 'You've Been Played', de Adrian Hon.
Esta es una de las principales ideas que desarrolla en su nuevo libro, 'You've Been Played: How Corporations, Governments and Schools Use Games to Control Us All' ("Estás siendo jugado: Cómo corporaciones, gobiernos y escuelas usan juegos para controlarnos a todos") que, a juzgar por su título, promete una jerga similar al del mundo de las conspiraciones. La única diferencia es que esta es real. ¿Acaso no hay una conspiración más perfecta que el hecho de creernos libres en un mundo en el que hemos cedido tantos datos personales a entidades institucionales y empresariales hasta el punto de que puedan saber más de nosotros mismos y nuestros deseos que lo que sabemos nosotros?
Cómo crear un deseo y una conducta
Hon se apoya en las teorías del conductismo para dar a luz a su teoría. Nada de lo que haces a diario es genuino, tu comportamiento viene impulsado por la Matrix a la que todos pertenecemos. Precisamente porque la Matrix está presente en nuestra actividad humana hasta cuando estamos dormidos. Si quieres buscar pareja, relegas el descarte de sujetos pretendientes a un algoritmo, si quieres dormir mejor te descargas doscientas 'apps' que monitorean tus fases del sueño y te animan a realizar meditación o si quieres ascender en tu empleo intentarás subir la gráfica de resultados más que tus compañeros.
"Hon expone las formas en las que los juegos se utilizan para controlarnos, conduciéndonos a una distopía en la que todo está gamificado"
Al final, todos estos sistemas de recompensa que contribuyen a que sigamos en la rueda están alineados con nuestros propósitos y debilidades, de los que se ha nutrido nuestro historial de búsqueda y las 'palabras clave' de las conversaciones íntimas y superficiales que mantenemos con nuestros contactos. ¿Cómo saber si el deseo que sientes hacia algo (un producto, un estilo de vida, un 'hobbie') es realmente propio y genuino? "En lugar de tratar de comprender las complejidades internas de los estados mentales de las personas, el conductismo sugiere que prestar atención a los estímulos y las respuestas, es decir, las entradas y salidas de esa 'caja negra' conocida como 'tú', es suficiente como para comprender al ser humano", explica Chatfield. A ojos de la publicidad y las empresas, todos somos buzones de entradas y salidas de deseos, aspiraciones y productos.
Adrian Hon en su foto de principal de Twitter.
Al igual que una rata, explica el periodista, nuestras acciones vienen regidas por un mecanismo muy simple: buscar placer y minimizar todo lo posible el dolor. En cuanto identificamos ciertas conductas o hábitos que nos acercan al primero y nos alejan del segundo, las repetimos inconscientemente en un bucle infinito. De ahí que si hacemos algo recurrentemente corremos el riesgo o la ventaja de que se convierta en costumbre. La gamificación, que es el término que usa Hon para definir ese conjunto de códigos y formas en las que estamos atrapados por el mercado y las instituciones, "puede considerarse como un sistema de bucles de retroalimentación destinados a reforzar ciertos comportamientos".
En otras palabras, siempre que haces algo que exige esfuerzo, tu cabeza se motiva para cumplirlo basándose en algo bueno que vendrá después, una recompensa. Cierto es que todo se consigue con sacrificio y fuerza de voluntad, pero cuando esa motivación aparece por todas partes y a todas horas (desde el anuncio que debes visualizar antes de cualquier vídeo hasta los incentivos para construir una imagen personal que te ayuden a ganar notoriedad de cara a conseguir un empleo bueno o directamente darte trabajo a ti mismo), el cerebro ya sabe moverse solo bajo este sistema de esfuerzo-recompensa. Hiperestimulado, el sujeto caerá en la frustración, ya que siempre habrá un producto o una necesidad que todavía no ha sido capaz de cubrir. Y las que ya están cubiertas le parecerán nimias en comparación a las que no tiene.
El peligro de las ideas de Hon
La teoría que Hon describe en su libro ha recibido unas cuantas críticas. A simple vista, podemos decir que es un poco hipócrita estar inmerso dentro del mundo de la neurociencia y la alta tecnología y a la par escribir libros sobre cómo la asociación de estas dos áreas nos hace menos libres. Aunque sea bajo el pretexto de crear juegos mejores, más adictivos y acto seguido realizar una inspiradora metáfora sobre estas técnicas, que él tan bien conoce, llevadas al plano de la vida cotidiana. "Como una charla TED, Hon traza una promesa acogedora y autocomplaciente de un futuro emocionante, sin desafiar nunca el 'status quo'", opina la periodista Roisin Kiberd en un artículo publicado en el diario irlandés 'Independent'. "Estos métodos pueden utilizarse para educar y entretener, pero no se detiene en ejemplos positivos, sino que expone las formas en las que los juegos se utilizan para controlarnos, conduciendo a la sociedad a una distopía en la que todo está gamificado".
Según Kiberd, el autor expresa una especie de 'mea culpa' con el libro. Y, entre otras cosas, profundiza en las contradicciones del concepto de gamificación, que no quedan muy claras. "¿Qué hace que algo sea un juego? ¿Dónde están los límites? ¿Qué significa que unos jueguen por diversión y otros se lo jueguen todo? ¿Por qué jugar? ¿Se trata de vanidad? ¿Por el miedo a la muerte? ¿Pueden los juegos ayudarnos a encontrar el sentido de la vida?". Las preguntas que se hace la periodista son numerosas. Tal vez alguien debería recomendarle revisar la moral del juego de los situacionistas para salir de dudas. Pero Kiberd acierta en una cosa al respecto del libro de Hon. "Se trata de una ayuda para desentrañar el profundo espíritu competitivo que recorre nuestra cultura, y que tan a menudo se nos vende como autoestima".