miércoles, 31 de diciembre de 2025

El apagón chino es más grave de lo que parece: la economía está cambiando la K por la temida forma en L

 

Muralla de la ciudad de Xi'an en China. Foto: iStock
  • La economía se acerca a la temida 'L': un túnel largo y oscuro
  • La inversión podría retroceder en 2025 por primera vez en más de 30 años
  • No hay confianza: las familias están dejando de consumir y las empresas de invertir


Uno de los 'nuevos' términos económicos que cobró fama con la salida de la pandemia fue el de la economía en forma de K. Se emplea esa expresión cuando se produce cierta bifurcación en la evolución de una economía: con una parte determinada subiendo y la otra cayendo. Aunque el uso más extendido corresponde a las dos velocidades de recuperación tras la pandemia entre los ciudadanos de mayores ingresos y los de menores, en otros casos se utiliza para otras capas de la economía. En el particular de China, la economía en forma de K se ha enunciado para hablar de manufactura de alta tecnología pujante frente a una industria tradicional y un consumo languidecientes. Los datos entrantes, sin embargo, amenazan con cambiar ese dibujo, con la 'pata' alta de la K cayendo hasta formar una L, un avance en lateral que puede irse convirtiendo en un ángulo obtuso.

"La tan citada bifurcación de China -la conocida economía en forma de K en la que la producción y las inversiones en manufactura avanzada compensan la debilidad de la industria tradicional y el consumo- podría estar dando paso ahora a una desaceleración más generalizada de la demanda interna. La producción manufacturera de alta tecnología, incluidos los automóviles y la maquinaria para fines especiales, sigue superando al resto, pero el impulso se ha debilitado claramente, con un crecimiento que ha bajado hasta alrededor del 8% interanual desde aproximadamente el 12% registrado en marzo", resumen los analistas de Oxford Economics en una nota para clientes posterior a la tanda de datos relativos a noviembre que se han publicado este lunes. Unas cifras que han considerado, sin tapujos, "decepcionantes".

En el apartado de la inversiónque ya preocupó el mes anterior con una caída histórica, el panorama es inequívocamente pesimista. La inversión en activos fijos en lo que va de año ha caído tanto en las empresas estatales como en las privadas, con descensos del 1,1% y el 5,3% interanual, respectivamente. El crecimiento de la inversión privada en manufactura se redujo a la mitad, hasta situarse en solo el 1,6% interanual en noviembre, lo que probablemente refleja, según apunta Louise Loo desde Oxford, las restricciones normativas más estrictas impuestas por la agenda 'anti-involución' de Pekín (el famoso problema de la sobrecapacidad de sus nuevas industrias) y la ausencia de un efecto de atracción significativo por parte de los fragmentados estímulos fiscales.

Por otra parte, las condiciones siguen siendo especialmente frágiles en los sectores relacionados con la vivienda y el consumo: en lo que va de año, la inversión privada en construcción (-8,4% interanual) y en servicios (-11,3 % interanual) sigue contrayéndose fuertemente, mientras que la inversión inmobiliaria global se ha hundido aún más, hasta el -15,9% interanual, a medida que la financiación de los promotores (ahora -11,9% interanual) sigue agotándose.

El consumo ofrece poca compensación. Las ventas minoristas fueron débiles en todos los datos de noviembre, incluso después de ajustar los efectos de base del gasto anticipado por las vacaciones en octubre, lo que supone el impulso más débil desde finales de 2022, tanto en términos secuenciales como anuales. Los hogares rurales siguen superando a los urbanos en el consumo de bienes, lo que subraya la importancia de las medidas de apoyo a los ingresos para este grupo en desahorro si se quiere mantener el impulso. El crecimiento de la producción de servicios, del 4,2% interanual, parece respetable a primera vista, pero ha ido disminuyendo y ahora se sitúa en su nivel más bajo en 19 meses.

La casi inédita caída de la inversión

Esta economía que se apaga se puede entender mejor también analizando un componente que fue clave para desatar su gran milagro económico. La inversión de los sectores tradicionales (inmobiliario, industria pesada y de bienes de bajo valor añadido) en China se está desacelerando drásticamente y noviembre lo ha confirmado, acercando al país a su primera caída anual en más de tres décadas. Sin inversión es muy difícil lograr crecimiento futuro. Esto revela que China está 'apagándose' más rápido de lo que se preveía y su economía se está adentrando en un túnel oscuro que podría ser largo y peligroso, puesto que el país no ha alcanzado aún los niveles de PIB per cápita para ser considerado como una economía avanzada.

La caída de noviembre coloca a China al borde de una desaceleración histórica de la inversión. Durante más de 30 años, a medida que la economía china crecía a pasos agigantados, la inversión en edificios, obras públicas y fábricas había aumentado cada año desde finales de la década de 1980. El retroceso, que comenzó en el segundo semestre de este año, indica una creciente cautela de empresas y familias sobre la economía del país.

La inversión inmobiliaria, antes considerada como un pilar del crecimiento de China, continuó cayendo vertiginosamente el mes pasado. La inversión en infraestructura pública y en parte de la industria también ha descendido, ya que los tres componentes principales de la inversión en activos fijos han caído en picado.

No solo eso, hay otros datos igual de preocupantes que revelan la debilidad de la economía en este preciso momento. Las ventas anuales de automóviles en China cayeron un 8,5% en noviembre, su segundo descenso mensual consecutivo, la mayor caída en 10 meses, según datos publicados hace una semana, en medio de una disminución en la demanda de vehículos sorprendente, puesto que se está produciendo antes de que los subsidios gubernamentales disminuyan a finales de año. Debería suceder lo contrario. Las ventas de automóviles en el mayor mercado automovilístico del mundo se situaron en 2,24 millones el mes pasado, tras la caída del 0,8% de octubre, según datos de la Asociación de Automóviles de Pasajeros de China.

Una anomalía para China

Al mismo tiempo, los analistas aseguran que es inusual que la inversión disminuya en los tres segmentos tradicionales al mismo tiempo, lo que indica la confluencia de problemas que afectan a la economía china. Una especie de triple golpe que podría expandirse al resto de la economía.

China se enfrenta a una arraigada crisis inmobiliaria que está erosionando la confianza y llevando a las familias a ahorrar para pagar las hipotecas de unas viviendas que valen mucho menos que cuando las compraron. Debido a la caída del mercado inmobiliario, los gobiernos locales carecen de fondos para invertir en proyectos de obras públicas. Mientras tanto, los esfuerzos de Pekín por frenar la competencia excesiva, que perjudica incluso a las industrias de rápido crecimiento de China, han ralentizado la inversión en nuevas fábricas.

Además de la inversión, China ha publicado otros indicadores que apuntan a una continua desaceleración económica. Las ventas minoristas, una medida del gasto del consumidor, aumentaron un 1,3%, el ritmo más lento en casi tres años. El sector inmobiliario continúa recibiendo noticias preocupantes, lo que refuerza la opinión de que el colapso inmobiliario no muestra señales de remitir. China Vanke, una de las promotoras inmobiliarias más grandes del país, no logró la aprobación de un plan para retrasar el pago de un bono que vencía el lunes, lo que aproxima a la compañía al impago. Otra pieza más del dominó que está a punto de caer.

Xi: no todo vale para 'inflar' el PIB

Las cifras que rematan este preocupante lienzo llegan justo cuando aún reverberan unas palabras del presidente chino, Xi Jinping. El mandatario ha criticado duramente las cifras de crecimiento infladas y ha prometido tomar medidas enérgicas contra los proyectos "imprudentes" que no tienen otro propósito que mostrar resultados superficiales.

"Todos los planes deben basarse en hechos, con el objetivo de lograr un crecimiento sólido y genuino sin exageraciones, y promover un desarrollo sostenible y de alta calidad", afirmó Xi la semana pasada, según una información publicada el domingo en el Diario del Pueblo, el periódico oficial del Partido Comunista. "Aquellos que actúan de forma imprudente y agresiva sin tener en cuenta la realidad, imponen exigencias excesivas o despliegan recursos sin una consideración cuidadosa, deben rendir cuentas de forma estricta", enfatizó en la Conferencia Central de Trabajo Económico.

Xi utilizó un lenguaje contundente para pedir calidad en los beneficios económicos y enumeró ejemplos de malas prácticas, como parques industriales innecesariamente grandes, la expansión desordenada de exposiciones y foros locales, estadísticas infladas e "inicios de construcción falsos". Estos comentarios, sorprendentemente directos y específicos, ponen de relieve la preocupación del líder chino por la calidad del crecimiento del producto interior bruto y el uso de los recursos financieros, sobre todo teniendo en cuenta que el aumento de la deuda local está limitando la capacidad de gasto del Gobierno.

El presidente chino afirmó que los funcionarios no solo deben ser evaluados en función de la tasa de crecimiento del PIB, sino también en relación con sus logros a la hora de garantizar el bienestar de la población y mantener la estabilidad. Añadió que lo que hacen para sentar unas bases sólidas para la economía a largo plazo es tan importante como lo que hacen para estimular el crecimiento en el presente. Estas declaraciones parecen sugerir que Xi desea una reforma de los criterios actuales utilizados para evaluar a los funcionarios locales.

Durante años, el rendimiento de la economía, especialmente medido por las cifras de crecimiento a corto plazo, ha sido un factor dominante en las decisiones de promoción. Si bien ha ayudado a China a lograr un rápido crecimiento en las últimas décadas (ahí está el objetivo de crecimiento del 5% anual, impensable para otras grandes economías), los inconvenientes, como la acumulación de deudas locales y el exceso de capacidad resultante de la precipitación hacia las mismas industrias, solo se han acentuado en los últimos años.


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