La relación entre escritura y pronunciación determina la facilidad para leer y escribir una lengua. En el caso del español, ocupa una posición intermedia. Vemos algunos ejemplos: el inglés es de los difíciles
La escritura es un intento de atrapar las ondas de la palabra hablada. No todas las lenguas han logrado este propósito con el mismo éxito. Aquellas que consiguen establecer una correspondencia casi perfecta entre el signo gráfico y el sonido que representa son denominadas por los lingüistas sistemas de escritura altamente fonémicos.
Esta cualidad se desdobla en dos dimensiones que definen la eficacia de un sistema alfabético: la transparencia ortográfica, que permite leer sin vacilaciones palabras desconocidas, y la transparencia fonológica, que hace posible transcribir con exactitud cualquier término que se escucha. Esta fidelidad no es un accidente, sino el resultado de siglos de evolución, de reformas políticas o, en ocasiones, de la intervención de gramáticos que promovieron una escritura más cercana a la realidad sonora.
La precisión del finés
Si buscamos un modelo de referencia, conviene fijarse en el norte de Europa. El finés, o suomi, es uno de los ejemplos más claros de lengua transparente. En su sistema, la ambigüedad es mínima. No existen letras mudas ni combinaciones arbitrarias de caracteres que alteren su valor según el contexto, y las reglas ortográficas presentan muy pocas excepciones. Su ortografía es tan transparente que las vocales largas se representan de forma sistemática mediante duplicación. Así, un par de letras marca la diferencia entre tuli (fuego) y tuuli (viento). Lo mismo ocurre con las consonantes: mato (gusano) y matto (alfombra) se distinguen por la duración del sonido y por su representación gráfica.
Este sistema no es fruto del azar. Cuando Mikael Agricola fijó la ortografía del finés en el siglo XVI, su objetivo fue reflejar la pronunciación de una lengua que hasta entonces carecía de norma escrita. Desde entonces, las sucesivas reformas han mantenido esa coherencia con rigor, y eso ha reducido al mínimo la discordancia.
Reformas y transiciones al alfabeto latino
La historia muestra que la transparencia ortográfica también puede ser resultado de decisiones políticas. El siglo XX fue testigo de cómo varias naciones abandonaron sistemas gráficos tradicionales para adoptar el alfabeto latino y adaptarlo a sus necesidades fonéticas.
El español es una lengua que suele considerarse fácil de leer, aunque presenta una complejidad ortográfica notable
El caso del turco moderno es paradigmático. En 1928, bajo el liderazgo de Mustafa Kemal Atatürk, Turquía sustituyó el alfabeto árabe por uno latino diseñado para reflejar la pronunciación contemporánea. El resultado fue un sistema en el que grafema y fonema se corresponden de forma regular, apoyado en el uso de signos diacríticos. Palabras como kitap (libro) o güzel (bonito) dan muestra de esa claridad.
Un proceso semejante tuvo lugar con el suajili, que entre finales del siglo XIX y el siglo XX pasó del alfabeto árabe al latino y fue progresivamente estandarizado en el contexto colonial y poscolonial, con el objetivo de simplificar su escritura y hacerla más accesible. Del mismo modo, el somalí adoptó en 1972 un alfabeto latino adaptado con precisión a sus sonidos.
En los Balcanes, la máxima de Vuk Karadžić —"Escribe como hablas, lee como está escrito"— se convirtió en el principio rector del serbio y de otras lenguas de la región. Este ideal favoreció una notable correspondencia entre sonido y escritura.
El batua y el hangeul
Incluso lenguas con larga tradición oral han tendido hacia la estandarización. El euskera modernizó su escritura en 1968 con la creación del Euskara Batua que estableció una norma común basada principalmente en el dialecto guipuzcoano. Palabras como etxe (casa) o lagun (amigo) forman hoy parte de una ortografía unificada que permite la comunicación entre hablantes de distintas regiones.
Fuera del ámbito del alfabeto latino, el coreano ofrece un caso singular. Su sistema de escritura, el hangeul, fue creado en el siglo XV por el rey Sejong con el propósito de facilitar la alfabetización. Las letras fueron diseñadas teniendo en cuenta la posición de los órganos fonadores al pronunciarlas. Aunque se organizan en bloques silábicos, mantienen una relación sistemática entre grafía y sonido, lo que convierte al hangeul en uno de los sistemas más coherentes desde el punto de vista estructural.
El español: entre la tradición y la fonética
El español es una lengua que suele considerarse fácil de leer, aunque presenta una complejidad ortográfica notable. Se sitúa en una posición intermedia entre lenguas muy transparentes, como el finés, y otras más opacas, como el inglés o el francés. La Real Academia Española, desde el siglo XVIII, ha mantenido un equilibrio entre criterios etimológicos y fonéticos. A lo largo de su historia ha promovido reformas destinadas a simplificar la ortografía, aunque sin eliminar por completo los rasgos heredados.
La «h» muda es un ejemplo de este legado. Procede en gran parte de la evolución de la f- inicial latina aspirada (como en farina → harina), y se conserva por razones etimológicas. Lo mismo ocurre con la coexistencia de "b" y "v" o con la duplicidad de "g" y "j", que reflejan la historia del idioma.
Uno de los principales desafíos es su extensión geográfica. Fenómenos como el seseo y el yeísmo, comunes en amplias zonas del mundo hispanohablante, generan diferencias entre pronunciación y escritura. Así, palabras como casa y caza pueden sonar igual en muchos hablantes, aunque se escriban de forma distinta. La ortografía funciona, en este sentido, como un sistema de consenso que garantiza la unidad.
El español se identifica también por la letra "ñ", que representa el sonido /ɲ/. Este sonido no existía como fonema independiente en latín clásico, aunque surgió a partir de secuencias como "nn" en la evolución del latín vulgar (annus → año, Hispania → España). La grafía "ñ" procede de la abreviación medieval de la doble n. Antonio de Nebrija la incluyó en su Ortografía castellana (1517), y la Real Academia Española la consolidó en el siglo XIX.
La "ñ" se difundió al gallego, al asturleonés y, gracias a la expansión del español, a muchas lenguas indígenas americanas como el náhuatl, el quechua, el aimara o el guaraní. El fonema existe también en otras lenguas, pero se representa con dígrafos: "gn" en francés (montagne), "nh" en portugués (vinho), "ny" en catalán y húngaro (Espanya, nyár), o "nj" en albanés (njeri). El polaco lo simplificó con la letra "ń" (koń). El español no adoptó la ñ por un afán de regularidad, sino por economía gráfica, aunque en otros casos mantiene dígrafos como "ch", "ll", "rr", "gu" o "qu", que representan sonidos únicos. Podríamos decir, en definitiva, que la ortografía del español es relativamente regular porque la mayoría de los sonidos tienen una representación única o predecible, a pesar de las excepciones y herencias históricas.
Escrituras complejas
El danés utiliza 29 letras, incluidas tres adicionales —æ, ø y å—. Aunque su sistema es más regular que el inglés, presenta numerosas irregularidades. Por ejemplo, jeg (yo) se pronuncia aproximadamente /jaj/, y muchas palabras contienen letras que no se articulan claramente.
El francés es aún más complejo desde el punto de vista ortográfico. Abundan los signos diacríticos y las consonantes finales que no se pronuncian. En eau (agua), beau (bonito) o château (castillo), el conjunto de tres vocales pronuncia solamente una, la /o/, que es precisamente la que no se escribe.
Escribir bien no consiste en dominar una lengua, sino en comprender la lógica que une el sonido con la forma escrita
El inglés lleva la irregularidad al extremo, como muestra uno entre muchos ejemplos: la combinación ough se pronuncia de forma distinta según la palabra: though /ðoʊ/, through /θruː/, rough /rʌf/, cough /kɒf/, thought /θɔːt/. Además, abundan los homófonos (there, their, they’re) y las letras mudas (doubt, write), lo que dificulta la correspondencia entre escritura y pronunciación.
En cambio, lenguas como el tailandés llevan la complejidad a otro nivel. Su sistema, con 44 consonantes y 15 signos vocálicos básicos, combina símbolos que determinan tanto la vocal como el tono. Los signos pueden colocarse antes, después, arriba o abajo de la consonante, y las palabras se escriben sin espacios, salvo al final de las frases. Así, ขอบคุณมากครับ (muchas gracias) ilustra la necesidad de dominar numerosas combinaciones gráficas y tonales.
Entre el orden y el caos
Escribir bien no consiste solo en dominar una lengua, sino en comprender la lógica —a veces invisible— que une el sonido con la forma escrita. La escritura es una herramienta en constante tensión. Por un lado, aspira a ser un registro exacto de la voz; por otro, busca ser un monumento a la historia y a la identidad de los pueblos. Mientras lenguas como el finés o el coreano representan el triunfo de la lógica y la transparencia, el español nos ofrece un modelo de convivencia entre el pragmatismo sonoro y la herencia cultural.
Al final, la dificultad de escribir no radica solo en recordar dónde va una tilde o una letra muda, sino en comprender que cada palabra escrita es un eslabón que nos une a una tradición compartida, un compromiso entre la libertad del habla y el orden necesario de la letra.
Una vista de la Tierra aparece sobre el horizonte lunar
((Foto de NASA/Newsmakers)
¿Por qué estamos aquí? ¿Hay vida en los miles de exoplanetas que ya se han descubierto? A esta y otras preguntas responden los científicos Mario Livio y Jack Szostak en 'Vida y cosmos'. Este es un extracto
En lo que se refiere a la hipotética pluralidad de mundos habitados, podría decirse que ahora estamos mucho más cerca de obtener una respuesta que hace treinta años, pero que la cuestión sigue sin poder darse por cerrada.
En otoño de 2023, los astrónomos habían descubierto al menos 5.500 planetas extrasolares (exoplanetas) en más de 4.100 sistemas estelares, de los cuales 930 tenían más de un integrante. Además, había otros 7.400 candidatos, identificados sobre todo por el telescopio espacial Kepler y por la misión TESS (acrónimo en inglés de Satélite de Catalogación de Exoplanetas en Tránsito), a la espera de una confirmación definitiva. ¿Te das cuenta de lo que eso significa? En apenas tres décadas la astronomía ha pasado de no tener constancia de ningún cuerpo en órbita en torno a otras estrellas aparte del Sol a ¡contar con un catálogo de varios miles de ellos! La implicación estadística obvia es que nuestra galaxia debe de estar repleta de objetos de este tipo.
Aún más apasionante es el hecho de que los astrofísicos estiman en la actualidad que al menos una de cada cinco estrellas de la Vía Láctea de diámetro similar al solar o menor tiene un planeta de un tamaño aproximado al de la Tierra en su denominada zona habitable (aunque dicha proporción podría llegar a ser incluso de una de cada tres o superior). Esta última región es el intervalo de distancias al astro central del sistema en el que la temperatura superficial de un objeto de dimensiones parecidas a las terrestres no sería ni demasiado caliente ni demasiado fría, sino adecuada, para la existencia estable de agua líquida (y potencialmente de seres vivos). Tiene forma de anillo y sus límites suelen poder calcularse de manera aproximada una vez que se conoce la órbita del exoplaneta, se asume la composición de su atmósfera y se especifican las características del cuerpo estelar en torno al cual gira (tales como la temperatura en su superficie, su luminosidad y su masa).
Lo habitual es considerar que la envoltura gaseosa planetaria contiene sobre todo una combinación de nitrógeno, dióxido de carbono y vapor de agua. Asimismo, se supone que estos dos últimos ingredientes actúan como gases de efecto invernadero. Otros factores son importantes también a la hora de determinar si un mundo es realmente "habitable", tales como la densidad y la proporción de la mezcla atmosférica, las variables geológicas y geoquímicas, la velocidad de rotación, la disponibilidad de nutrientes y de fuentes de energía, la protección frente a radiaciones nocivas y, por supuesto, el tipo y la estabilidad de la propia estrella central. No obstante, los estudios sugieren que, al menos en teoría, podría haber cientos, o incluso unos pocos miles, de millones de objetos con estas propiedades en la Vía Láctea.
En otoño de 2023, los astrónomos habían descubierto al menos 5.500 planetas extrasolares (exoplanetas) en más de 4.100 sistemas estelares
Estos asombrosos descubrimientos astronómicos, unidos a los nuevos y prometedores hallazgos en los terrenos de la química y la biología, han dado un enorme impulso tanto a la búsqueda de formas de vida más allá de la Tierra como a los intentos de crearlas en el laboratorio a partir de productos inanimados. Cuando estos logros científicos se combinan con los recientes avances geológicos, es posible sentirse tentado de concluir que los seres vivos (de algún tipo) podrían ser ubicuos. En este sentido, es significativo que el estudio de las rocas en nuestro planeta haya demostrado que las criaturas vivas ya eran bastante abundantes aquí hace entre tres mil quinientos y tres mil setecientos millones de años, "apenas" unos cientos de millones de años después de que la superficie terrestre se enfriara lo suficiente como para permitir la presencia de agua líquida. Por lo tanto, no es sorprendente que muchos investigadores en este campo se hayan visto infectados por el contagioso optimismo del difunto astrónomo Carl Sagan, quien bien podría ser, desde un punto de vista histórico, el adalid más ferviente y eficaz de la búsqueda de organismos extraterrestres.
Vida y cosmos. ¿Es la Tierra una excepción?, de Mario Livio y Jack Szostak. (Ariel)
En una ocasión, declaró con entusiasmo: "El surgimiento de la vida debe de ser algo muy probable: en cuanto lo permiten las condiciones reinantes, ¡aparece!". En su momento, le dieron la razón unos cuantos biólogos. El premio Nobel de Fisiología o Medicina Christian de Duve fue aún más lejos y afirmó que la aparición de formas de vida en el universo era "un imperativo cósmico".
Christian de Duve fue aún más lejos y afirmó que la aparición de formas de vida en el universo era "un imperativo cósmico"
A decir verdad, es algo de lo que no podemos estar seguros. Todavía hay muchas preguntas sin respuesta y serias dudas a todos los niveles. Por ejemplo, a lo largo de las últimas décadas, los biólogos no se han puesto de acuerdo sobre la característica fundamental de los seres vivos (estar compuestos de células, disponer de un metabolismo, catalizar reacciones o contar con un material genético) que surgió primero.
Como tal vez fuera de esperar, tendieron a formarse cuatro grandes bandos en este asunto. Por un lado, estaban quienes privilegiaban el metabolismo, que afirmaban que la capacidad de aprovechar los recursos del entorno para mantener vivo al organismo tuvo que ser el primer y más importante rasgo en desarrollarse. Una segunda facción defendía la genética, "la replicación antes que nada" (la capacidad de producir descendencia), sin duda una piedra angular de la evolución por medio de la selección natural. Otros sostenían que era difícil concebir estos factores sin agentes que pudiesen facilitar y acelerar las reacciones implicadas en ellos y por tanto aducían que "lo primero había sido la catálisis", con lo que querían decir que las enzimas proteicas debían ser un requisito previo para que pudieran realizarse los otros procesos vitales.
Por último, estaba el campo de los que daban prioridad a la "compartimentación" e insistían en que nada de todo lo anterior habría sido posible sin contar antes con algún tipo de contenedor diminuto, una célula primigenia, una protocélula, que mantuviera unidos todos los agentes moleculares y separados del medio circundante. Con el paso de los años, los miembros de cada una de estas camarillas se atrincheraron en sus posiciones y las defendieron con gran fanatismo. Tanto es así que no era raro que los periodistas que cubrían los congresos científicos sobre estos temas se hicieran eco de las declaraciones de alguien sin pelos en la lengua a la hora de hablar mal de las ideas de todos los bandos que no eran el suyo. En este sentido, la ciencia llegó casi a emular a la política.
Sea como fuere, es posible que esta cuestión en concreto se haya resuelto. De forma inesperada, los hallazgos más recientes sobre el origen de la vida parecen indicar que la manera de abordar el rompecabezas durante las últimas cuatro décadas podría ser errónea. En efecto, el debate sobre la primacía de alguna de las características anteriores se debe a que la hipótesis dominante daba por sentado que se debe hallar la manera de construir las primeras células una pieza tras otra. De este modo, cada componente allanaba el camino para el siguiente.
La Vía Láctea vista desde el Bosque Internacional de Autos de la Última Iglesia el 19 de julio de 2020 en Goldfield, Nevada (Getty Images)
Sin embargo, esto ha cambiado de forma drástica en los últimos años. El enfoque actual sugiere que los componentes básicos de los subsistemas podrían construirse todos a la vez. Los investigadores han logrado demostrar que unos pocos compuestos sencillos, accesibles con facilidad en la Tierra primigenia, tienen la capacidad de desencadenar una cascada de reacciones (descritas en detalle en los próximos cinco capítulos) que podrían haber dado lugar (de manera esencialmente simultánea) a los ácidos nucleicos (la espina dorsal del material genético), a los aminoácidos (a partir de los cuales se fabrican las proteínas) y a los lípidos (las moléculas que componen las membranas celulares). En otras palabras, los experimentos del equipo de Jack Szostak, los pioneros estudios en el laboratorio del químico John Sutherland y las investigaciones de muchos de sus colegas apuntan a que las primeras células, a pesar de su complejidad y su minuciosa precisión, podrían haber surgido a partir de un conjunto relativamente pequeño de componentes básicos.
En consecuencia, lo que intentan lograr ahora los científicos es más ambicioso. En lugar de examinar por separado cada una de las partes, se han propuesto realizar un croquis unificado y global, es decir, reunir con éxito en una misma representación la totalidad de los datos resultantes de los ensayos empíricos en el campo de la química prebiótica (que es la que precede a la aparición de los seres vivos y mediante la cual se podrían sintetizar los ingredientes fundamentales de estos últimos), junto con las observaciones astrofísicas, geológicas y atmosféricas. El objetivo final es trazar una ruta consistente hacia las formas de vida. En este sentido, las futuras exploraciones geoquímicas de materiales procedentes directamente de Marte (que serán posibles gracias al envío de muestras a la Tierra) tienen el potencial de abrir nuevas y apasionantes posibilidades. Los hallazgos así logrados podrían suponer un salto adelante en la comprensión de los orígenes de la vida, al permitir el acceso a un medio primigenio de un tipo que ha desaparecido del registro geológico debido al efecto de reciclaje causado por las dinámicas de la corteza terrestre.
Por supuesto, ni los espectaculares descubrimientos astronómicos ni los prometedores resultados obtenidos hasta el momento en el laboratorio permiten dar una respuesta concluyente a nuestra pregunta inicial: ¿es la vida un singular accidente químico o un imperativo cósmico? Se podría decir con razón que, a falta de pruebas irrefutables de una ruta ininterrumpida entre la química y la biología, no es posible tener la certeza de que este salto sea inevitable, ni siquiera en presencia de las condiciones adecuadas. Del mismo modo, el hecho de que los astrónomos no hayan encontrado (de nuevo, hasta el momento) indicios convincentes de la existencia de organismos extraterrestres nos deja sin saber a qué atenernos en lo que se refiere a evaluar esta probabilidad, porque es imposible calcularla de modo fiable en el caso de un proceso desconocido o de un fenómeno ignoto. El físico británico Paul Davies se cuenta entre quienes han señalado, con razón, que el hecho de que haya muchos planetas "habitables" en la Vía Láctea no significa que haya alguno (aparte de la Tierra) realmente habitado. Lo cierto es que aún no se conoce la probabilidad de la aparición de seres vivos, ni siquiera cuando la temperatura y la composición química de un exoplaneta son las adecuadas.
El hecho de que haya muchos planetas "habitables" en la Vía Láctea no significa que haya alguno (aparte de la Tierra) realmente habitado
Las condiciones favorables a la vida del entorno terrestre podrían haber surgido contra todo pronóstico, del mismo modo que el desarrollo de una especie inteligente podría deberse a una suerte aún más insólita, en vez de suponer un resultado inevitable de la evolución. De este modo, una serie de contingencias cósmicas fortuitas habrían hecho posible la existencia de los seres humanos, en particular. Por ejemplo, tal vez estos no hubiesen aparecido en escena en absoluto de no haber sido por el inopinado impacto de un asteroide, hace unos sesenta y seis millones de años, que provocó la extinción de los dinosaurios.
Estas últimas consideraciones plantean una cuestión que es sin duda tan interesante como la probabilidad de que existan seres vivos extraterrestres en general. ¿Hay formas de vida compleja o "inteligente2 en la Vía Láctea? La aparente contradicción entre la ausencia hasta ahora de pruebas en este sentido y la intuición de que ya deberíamos haber detectado señales de una civilización avanzada (tecnomarcadores) ha sido bautizada como la "paradoja de Fermi". Esta denominación se basa en una famosa anécdota según la cual el célebre físico Enrico Fermi preguntó a unos cuantos colegas suyos: "¿Dónde está todo el mundo?". De este modo, expresaba su asombro ante el hecho de que no se hubieran detectado indicios de la presencia de criaturas inteligentes en la galaxia.
Fermi estimó que, de acuerdo con un conjunto de suposiciones que consideraba razonables, una civilización tecnológicamente avanzada habría tenido tiempo de llegar a todos los rincones de la Vía Láctea en un plazo mucho menor que la edad del sistema solar. Por tanto, el hecho de que no se hubiera detectado nada en ese sentido era en extremo desconcertante. A lo largo de los años, se han propuesto numerosas soluciones a esta paradoja. No obstante, todavía no hay consenso sobre cuál de ellas es la correcta, si es que alguna lo es. Incluso se podría concluir de forma razonable que el mero hecho de que haya tantas explicaciones tentativas demuestra que ninguna es convincente del todo.
Una réplica de dinosaurio de tamaño natural colocada en un campo cerca del Museo de Dinosaurios de la Prefectura de Fukui el 26 de agosto de 2024 en Katsuyama, Japón (Buddhika Weerasinghe/Getty Images)
Sin embargo, lo más importante de la paradoja de Fermi es que plantea la inquietante posibilidad de que pueda existir algún tipo de "gran filtro", un cuello de botella que haga que la aparición de criaturas inteligentes y civilizaciones avanzadas o la superación de alguna etapa de su desarrollo o su supervivencia a largo plazo sean extremadamente improbables y difíciles de lograr. Esta idea fue propuesta en primer lugar por el economista Robin Hanson, de la Universidad George Mason, en 1996. De ser cierta, podría tener implicaciones muy serias incluso para los seres vivos de la Tierra. El filtro, o el umbral de probabilidad, podría localizarse en algún momento pasado de nuestra civilización. En ese caso, podríamos ser una de las pocas criaturas (¡quizá incluso la primera!) que hubiese conseguido superarlo, lo cual supondría una enorme responsabilidad sobre nuestras espaldas. Sin embargo, también es posible que este punto de inflexión decisivo se encuentre en nuestro futuro y que la pandemia de la COVID-19 o la actual emergencia climática sean solo ensayos pueriles de cara a la formidable tarea de sobrevivir a él.
En parte por la globalización (aunque hay otras causas) las lenguas minoritarias desaparecerán, mientras una potente lengua vehicular global tendrá el protagonismo
Después del Diluvio, los descendientes de Noé hablaban un solo idioma y vivían en la llanura de Sinar, en Mesopotamia. Allí construyeron una torre que aspiraba a llegar al cielo. Estamos en el capítulo 11 del Génesis, y asistimos a una alegoría sobre la diversificación de las lenguas. Al ver Dios su orgullo y desafío, confundió sus idiomas para que no pudieran entenderse. Abandonaron la construcción de la torre y se dispersaron. La ciudad se llamó Babel, y la lengua común se fragmentó en varias lenguas. Es lo que viene sucediendo desde siempre: las lenguas tienden a fragmentarse en cuanto sus hablantes se distancian unos de otros.
Lo que está sucediendo en las últimas décadas es que avanzamos en sentido contrario. Los idiomas corren sus propios destinos y los hablantes, de manera espontánea, tienden a adoptar aquel que les resulta más útil para la comunicación. Lo novedoso es que la tendencia apunta hacia una reunificación porque los contactos entre naciones se multiplican, porque crecen los hablantes con dos lenguas maternas o ambilingües, porque se acelera la desaparición de lenguas, porque se consolida una lengua vehicular global y un sistema de escritura predominante: el alfabeto latino.
Según estimaciones recientes, se realizan más de cien mil vuelos diarios en el mundo, que desplazan a unos 9,2 millones de viajeros, es decir, más de 3.350 millones al año. Aunque el 78% de la población mundial nunca ha viajado en avión, este movimiento constante transforma costumbres y favorece intercambios.
El 75% de la población mundial tiene acceso a Internet. Las estadísticas varían según el criterio, pero todas coinciden en situar al inglés como lengua principal y, a bastante distancia, al español, seguidos por el chino, el ruso y el francés… En plataformas como Facebook, Wikipedia o YouTube, el inglés y el español ocupan las primeras posiciones, nuevamente con amplia ventaja del primero.
Entre los grandes cambios contemporáneos, la globalización refleja la tendencia. Aunque suele considerarse un fenómeno económico, abarca también dimensiones sociales, culturales, políticas y medioambientales. De una clasificación de países desarrollados, en vías de desarrollo y del llamado Tercer Mundo, hemos pasado a un mercado mundial articulado en tres grandes áreas: América del Norte, Europa Occidental y Asia Oriental, quedando el resto con menor peso relativo en la economía global. La globalización se expresa en las migraciones, la expansión de las telecomunicaciones, la densidad de redes de comunicación, la proliferación de reuniones y organizaciones internacionales, las redes de ONG de derechos humanos, las medidas medioambientales y la interdependencia mundial creciente.
Cada vez más personas estudian y usan otras lenguas. El bilingüismo es un paso importante, pero el ambilingüismo —uso cotidiano de dos lenguas para comunicarse— reduce paulatinamente el número de hablantes monolingües. En España, Francia, Italia, Rusia y Estados Unidos solo subsiste un idioma con hablantes monolingües (el español, francés, italiano, ruso e inglés, respectivamente). Todas las demás lenguas presentes en esos países dependen de una de las citadas para asegurar la comunicación. Las lenguas neolatinas, sirva de ejemplo, suman varias decenas, pero solo cinco mantienen hablantes exclusivamente monolingües: español, francés, portugués, italiano y rumano. En América, más de mil lenguas conviven con el español, el inglés o el portugués; en África, Asia y Oceanía, la necesidad de hablar dos o tres lenguas, una de ellas vehicular (inglés, francés, suajili, fulani, wólof, hausa, ruso, indonesio, tok pisin...), es muy común. Estados Unidos es un ejemplo claro de sustitución lingüística: la llegada de inmigrantes con lenguas diversas dio paso, en pocas generaciones, a la hegemonía del inglés.
Cuando una lengua es sustituida, acaba por desaparecer. El número de lenguas que se extinguen supera hoy al de nacimientos. Casi el 90 % de las lenguas acaban debilitadas por el contacto con otras más fuertes. La transmisión intergeneracional se interrumpe cuando los jóvenes eligen la más útil y la enseñan a sus hijos, dejando la otra relegada. Podemos llamarlo "muerte" de las lenguas, aunque quizá sea menos dramático hablar de "ruptura de la transmisión generacional". En cualquier caso, las lenguas débiles se encaminan a la extinción mientras crecen las vigorosas.
El ambilingüismo —uso cotidiano de dos lenguas para comunicarse— reduce paulatinamente el número de hablantes monolingües
Y las lenguas vigorosas se expanden en la medida en que los contactos se multiplican. El inglés, hablado como lengua materna por unos 400 millones de personas –y utilizado habitualmente por más de mil millones–, domina como idioma global. Según el British Council, alrededor de dos mil millones de personas se sirven a diario del inglés o lo estudian. El liderazgo se explica, aunque nunca del todo, por la fortaleza económica de Estados Unidos, su desarrollo industrial y tecnológico desde principios del siglo XX, y el desarrollo de los vuelos internacionales, el cine, la televisión y, sobre todo, Internet. La música popular anglosajona y la publicación de textos científicos en inglés refuerzan la posición.
Pese a resistencias iniciales en países como Francia o Rusia, la inercia global hace improbable un retroceso. El inglés es la lengua que menos necesita de otra y la más demandada en los cinco continentes.
Y el alfabeto inglés –de origen latino–, resulta familiar para hablantes de casi cualquier lengua, aunque no es universal. Nació en la península itálica, inspirado en el etrusco y este, a su vez, en el griego. El Imperio romano lo llevó por el Mediterráneo; más tarde, lo adoptaron las lenguas germánicas y muchas eslavas. El resto de la expansión se debió al español, el francés, el portugués y, más recientemente, al inglés.
El liderazgo del inglés se explica, aunque nunca del todo, por la fortaleza económica de Estados Unidos
Tras la expansión inicial romana, los alfabetos latinos se difundieron a través del español, francés y portugués; más recientemente, el inglés lo ha llevado a América del Norte, África, Asia y Oceanía. Hoy lo utilizan miles de idiomas, aunque muchos más lo conocen como sistema auxiliar, incluido el chino (con su pinyin) y el japonés (con el rōmaji). En un sentido amplio, casi todo el mundo desarrollado entra en contacto con el alfabeto que utilizaron los romanos, presente en señalética, tecnología y comunicación internacional.
Babel a la inversa
La tendencia contemporánea hacia la homogeneización lingüística, impulsada por la globalización, es una evidencia. El incremento de contactos internacionales y la consolidación del inglés, la extinción acelerada de las lenguas y la universalización del alfabeto latino confirman la tendencia. Lo que está sucediendo invierte la tendencia habitual. Las lenguas minoritarias desaparecen, mientras una potente lengua vehicular global y otras en menor escala concentran el protagonismo.
Las lenguas actuales son las que la humanidad ha considerado necesarias, y la tendencia natural es la unificación. Vivimos una Babel al revés: muchas lenguas se apagan para que unas pocas brillen.
Los 5.000 tesoros de la tumba de Tutankamón, incluida su máscara mortuoria dorada, se exhibirán juntos por primera vez.
Foto de AMIR MAKAR/AFP via Getty Images
Construido a la sombra de la Gran Pirámide de Guiza, la última maravilla del mundo antiguo que aún se conserva, el tan esperado Gran Museo Egipcio abre finalmente sus puertas este sábado.
El recinto, de 48 hectáreas (0,5 km²), el doble del tamaño del Museo del Louvre en Francia, exhibirá entre 70.000 y 100.000 objetos, incluyendo tesoros nunca antes vistos procedentes de la tumba del joven rey Tutankamón.
Anunciado en 2002 y con fecha de inauguración prevista para 2012, el museo sufrió repetidos retrasos debido a su elevado coste, la inestabilidad política, la pandemia de covid-19 y los conflictos regionales.
Este megaproyecto ha costado alrededor de US$1.200 millones, financiados en gran parte con préstamos de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA).
Tierra de misterio y conocimiento
Fuente de la imagen,Getty Images
Pie de foto,La profesora Salima Ikram ha colaborado extensamente con el Gran Museo Egipcio durante dos décadas.
Calificado por el primer ministro Mostafa Madbouly como el "regalo de Egipto al mundo", el museo busca resaltar la importancia e influencia de la cultura egipcia e impulsar una economía en dificultades.
"El antiguo Egipto ejerce una fascinación universal", afirma la profesora Salima Ikram, de la Universidad de El Cairo. "Incluso los griegos, romanos y fenicios consideraban a Egipto una tierra de misterio y conocimiento".
El museo también aspira a reconectar a los egipcios contemporáneos con su herencia.
"Esto generará un enorme orgullo nacional", declara la profesora Ikram, "lo que acercará el antiguo Egipto a la vida cotidiana y al relato nacionalista de cada egipcio".
Se espera la asistencia de unos 60 líderes mundiales, entre ellos el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier y el rey Felipe de Bélgica, a la inauguración, el 1 de noviembre de 2025, fecha declarada día festivo nacional.
El evento se transmitirá en directo por TikTok y se proyectará en pantallas gigantes en las principales plazas de la gobernación.
El regreso de Tutankamón
Fuente de la imagen,Gran Museo Egipcio
Pie de foto,El Gran Museo Egipcio es el museo más grande del mundo dedicado a una sola civilización.
Tutankamón ha cautivado corazones desde que el egiptólogo británico Howard Carter descubrió su tumba olvidada en 1922. Ahora, tras décadas exhibiéndose en ciudades de todo el mundo, su máscara dorada, su trono y los más de 5.000 tesoros enterrados con él —muchos de ellos nunca antes vistos por el público— se mostrarán por completo por primera vez.
"Tener el conjunto de la tumba de Tutankamón reunido en un solo lugar será espectacular", afirma la profesora Ikram.
"Sospecho que la mayoría de los futuros grupos de turistas se centrarán en las galerías de Tutankamón, dejando el resto del museo para los aficionados más entregados", comenta Campbell Price, conservador del Museo de Egipto y Sudán de Manchester, en Inglaterra, quien ya visitó el Gran Museo Egipcio.
"Las galerías principales son igualmente impresionantes, permitiendo que cada pieza respire. Quedé profundamente satisfecho. Me emocionó".
Fuente de la imagen,REUTERS/Mohamed Abd El Ghany
Pie de foto,El coloso de Ramsés el Grande, de más de 3.200 años de antigüedad, permaneció frente a la principal estación de tren de El Cairo durante 51 años antes de ser trasladado a su nuevo emplazamiento.
Junto a los tesoros de Tutankamón se encuentran otras piezas notables, como el coloso de Ramsés el Grande, de más de 3.200 años de antigüedad, que recibe a los visitantes en la sala principal.
La estatua, al igual que muchos otros tesoros que datan del 7000 a. C., ha tenido una historia fascinante.
Estuvo ubicada frente a la principal estación de tren de El Cairo durante 51 años antes de ser trasladada a su nueva ubicación, no sin antes ser exhibida en las calles de la ciudad.
También hay una sección especial dedicada a la barca solar del rey Keops, una embarcación funeraria de 4.600 años de antigüedad que se encuentra entre los barcos más antiguos y mejor conservados del mundo.
Recuperando el patrimonio de Egipto
Fuente de la imagen,Getty Images
Pie de foto,El egiptólogo Zahi Hawass ha ayudado a recaudar fondos y a promover el Gran Museo Egipcio desde su creación.
Pero para Zahi Hawass, el arqueólogo a quien a menudo se le llama el Indiana Jones de Egipto, la inauguración del museo es más que una simple exhibición de tesoros. Es una declaración de influencia cultural y un intento por recuperar el patrimonio egipcio.
"Es hora de que nos convirtamos en los científicos de nuestros propios monumentos", afirma. "En el Valle de los Reyes se encontraron 64 tumbas reales. Ni un solo egipcio las excavó".
La mayoría de los grandes descubrimientos de Egipto, incluida la tumba de Tutankamón, fueron realizados casi exclusivamente por arqueólogos extranjeros, señala Hawass. Lleva mucho tiempo defendiendo que los egipcios deben liderar el estudio y la preservación de su propio patrimonio, y ha convertido en la misión de su vida garantizar que así sea.
Abdelghafar Wagdy, director general de Antigüedades de Luxor, coincide en que el museo representa un paso en esa dirección.
"Desde 2002, la egiptología en Egipto ha entrado en una nueva y dinámica fase", declara. Existe un creciente sentimiento de pertenencia, y ahora los eruditos y conservadores egipcios lideran numerosas excavaciones y proyectos de conservación del patrimonio.
Aunque el museo fue concebido como un espacio para todos los egipcios, algunos encontrarán prohibitivo el precio de la entrada. El boleto para adultos egipcios cuesta 200 libras egipcias (unos US$4), una fracción de las 1200 libras (US$25) que se cobran a los visitantes extranjeros, pero aún demasiado caro para muchas familias locales.
"No basta con cuidar a los muertos, hay que cuidar a los vivos", afirma la profesora Ikram. "Este museo es para todos, aunque la entrada sea un poco cara para algunos egipcios".
Una nueva era de la arqueología
Fuente de la imagen,Mohamed Elshahed /Anadolu via Getty Images
Pie de foto,Los visitantes solo han podido acceder a secciones parciales del museo antes de su gran inauguración el 1 de noviembre de 2025.
Para Hawass, la inauguración del Gran Museo Egipcio no solo se trata de salvaguardar el pasado, sino también de asegurar el futuro de Egipto como centro de descubrimientos.
Más allá de sus monumentales galerías, el complejo alberga algunos de los laboratorios de conservación e investigación más avanzados de la región: espacios donde equipos egipcios e internacionales continuarán estudiando, restaurando y revelando nuevos hallazgos durante las próximas décadas.
"Actualmente estoy excavando en Luxor, en el Valle de los Reyes. Estoy excavando en Saqqara", afirma Hawass. "Solo hemos encontrado el 30% de nuestros monumentos; aún queda un 70% bajo la arena".
Si bien el museo abre sus vastas salas al público, los mayores tesoros de Egipto siguen aguardando bajo sus desiertos: su nueva era arqueológica no ha hecho más que empezar.