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sábado, 29 de agosto de 2026

El rascacielos más odiado de Nueva York: 262 metros de altura, solo 26 viviendas y además tapa al Empire State



La lujosa torre de apartamentos de gran altura, 432 Park Avenue, se alza en Midtown Manhattan. (Getty/Spencer Platt)



La nueva torre residencial 262 Fifth Avenue ha desatado una oleada de críticas en Nueva York al ocultar una de las vistas más emblemáticas de la ciudad y reabrir el debate sobre el urbanismo de lujo



"Innecesario, antiestético". Cientos de neoyorkinos han estallado en redes contra el rascacielos 262 Fifth Avenue, un nuevo complejo residencial de lujo que tapa la vista del emblemático Empire State en pleno corazón de Manhattan. Cuando ya no parecía haber más hueco en el skyline más emblemático del mundo occidental, esta torre ha aglutinado cientos de críticas entre residentes y turistas.

La polémica se agrava al contener en sus instalaciones tan solo 26 viviendas distribuidas en 54 plantas a lo largo de sus más de 260 metros de altura, lo que da una pista de hasta dónde ha llegado el negocio inmobiliario de Nueva York, con precios de 7,5 millones de dólares para cada uno de los apartamentos y hasta 18 millones de dólares en sus áticos dúplex.
placeholderEl rascacielos 262 Fifth Avenue, delante del Empire State Building. (Wikipedia)
El rascacielos 262 Fifth Avenue, delante del Empire State Building. (Wikipedia)


La promotora, Five Points, defiende en declaraciones recogidas por el diario The Independent que la torre constituye "una incorporación contemporánea y cuidada al perfil metropolitano en constante evolución de Manhattan". Las explicaciones no han gustado a los usuarios, que en Reddit o TikTok han criticado la obra, calificándola como "un desperdicio de espacio" o "bastante terrible". El proyecto fue impulsado por Boris Kuzinez y diseñado por el estudio de arquitectura ruso Meganom. El proyecto se aprobó en 2017 pero no fue hasta 2022 cuando comenzó la construcción de sus cimientos debido a la demolición de estructuras existentes que había en el terreno que ahora ocupa.

El 262 Fifth Avenue pertenece a una nueva generación de rascacielos neoyorkinos denominados como "edificios lápiz" debido a su alta altura y estrechez, pensados para compradores con un alto poder adquisitivo que quieren disfrutar de las vistas de la ciudad. Como explica el diario estadounidense, su construcción ha sido posible gracias al sistema de los llamados air rights (derechos de vuelo), una figura urbanística que permite adquirir metros de altura para construir en vertical ante la falta de espacio horizontal. Este mecanismo se ha aplicado con otros edificios, sobre todo en la zona de lujo denominada Billionaires Row, junto a Central Park.


La promotora sostiene que esa evolución constante es lo que mantiene viva la identidad arquitectónica de Manhattan

Estas tendencias inmobiliarias están envueltas de polémica para ciertos sectores de la ciudadanía neoyorkina al existir una grave crisis habitacional en una metrópoli en la que se cifra una población sin hogar de 200.000 personas. De hecho, el alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, centró sus promesas electorales en la construcción de miles de viviendas asequibles durante la próxima década.


En contra... y a favor

Además, la ciudad comenzará a aplicar un nuevo impuesto sobre las segundas residencias de lujo, que afectará a viviendas valoradas por encima del millón de dólares y a casas unifamiliares cuyo precio supere los cinco millones. No todos comparten esa visión. Algunos urbanistas y ciudadanos recuerdan que la historia de Nueva York siempre ha estado marcada por la aparición de nuevos rascacielos que, en su momento, también despertaron rechazo.
placeholderVista nocturna del Empire State Building, el edificio más emblemático de Nueva York. (Reuters)
Vista nocturna del Empire State Building, el edificio más emblemático de Nueva York. (Reuters)


De hecho, el propio Empire State Building fue objeto de fuertes críticas cuando se inauguró en 1931, en plena Gran Depresión. Aunque entonces era el edificio más alto del mundo, durante sus primeros años tuvo dificultades para atraer inquilinos y llegó a recibir el apodo de "Empty State Building" (el edificio vacío).

La promotora del 262 Fifth Avenue sostiene que esa evolución constante es precisamente lo que mantiene viva la identidad arquitectónica de Manhattan. Sin embargo, para muchos neoyorquinos, el debate ya no gira únicamente en torno a un nuevo rascacielos, sino sobre hasta qué punto el crecimiento inmobiliario puede alterar algunos de los paisajes urbanos más reconocibles del mundo.


sábado, 28 de marzo de 2026

Por qué los fabricantes de automóviles de lujo están construyendo ostentosos rascacielos


Los apartamentos más baratos del edificio Bugatti Residences costarán US$5,2 millones.

Binghatti Properties


Bugatti es sinónimo de automóviles superdeportivos de alto rendimiento y precios exorbitantes.

La lujosa marca francesa disputa ahora, sin embargo, un tipo de competición muy diferente: no en la pista, sino en el horizonte urbano.

En el corazón de Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos, Bugatti está construyendo su primera torre residencial.

Con apartamentos cuyo precio mínimo será de US$5,2 millones, la compañía se ha adentrado en un mercado en rápido crecimiento para los multimillonarios del mundo: las residencias de marca.

Construidas por pujantes empresas de lujo, entre ellas otros fabricantes de automóviles como Porsche y Aston Martin, estas residencias suelen ofrecer apartamentos ostentosos y completamente amueblados donde el nombre o el logotipo de la marca se exhibe de forma constante y destacada.

Otras empresas que han incursionado en este sector son la firma de relojes suiza Jacob & Co y las casas de moda italianas Fendi y Missoni.

Desde Neymar hasta Bocelli

Bugatti está construyendo su torre de 43 pisos en Dubái en asociación con el promotor inmobiliario Binghatti Properties, con sede en Emiratos Árabes Unidos.

Los áticos más caros del edificio Bugatti Residences By Binghatti incluirán ascensores privados de gran tamaño para los vehículos de los propietarios, de modo que puedan aparcarlos dentro de sus apartamentos.

"Para muchos entusiastas de los coches o los relojes no se trata solo de poseer el vehículo o el reloj, sino de experimentar la marca en su vida cotidiana a través de los bienes raíces", afirma Muhammed BinGhatti, presidente de Binghatti Properties.

Entre los compradores del proyecto Bugatti se encuentran la estrella del fútbol brasileña Neymar Junior y el cantante de ópera Andrea Bocelli, indica BinGhatti. Se dice que Neymar pagó US$54 millones por uno de los áticos.

La demanda global de residencias de marca se ha acelerado en los últimos dos años, según un nuevo informe de la agencia inmobiliaria Knight Frank.

El informe revela que, si bien en 2011 existían 169 proyectos de este tipo, hoy en día hay 611 y se prevé que la cifra aumente a 1.019 para 2030.

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Binghatti Properties

Pie de foto,
El edificio Bugatti Residences en Dubái se encuentra actualmente en construcción.

EE.UU. y Oriente medio, los principales mercados

Estados Unidos cuenta hoy con el mayor número de edificios de apartamentos de marca, concentrados en rascacielos de Miami y Nueva York, pero Knight Frank afirma que la región de Oriente Medio, en el segundo lugar, está experimentando el mayor crecimiento.

Esto se debe "en gran medida a la rápida expansión en los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita".

"Las residencias de marca atraen principalmente a personas con una lealtad extrema a una marca, personas que desean vivir y respirar una marca en particular", afirma Faisal Durrani, director de investigación de Knight Frank Middle East.

Según un informe sobre el sector elaborado por la firma inmobiliaria Savills, Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos, lidera actualmente el número de proyectos de residencias de marca en desarrollo.

Esto se atribuye al elevado número de personas adineradas que se mudan a la ciudad y compran viviendas de lujo.

Durrani explica que los precios de los apartamentos de marca en Dubái, con una fiscalidad favorable, suelen ser más bajos que en otras partes del mundo. Describe el coste de estas propiedades en la ciudad como "extremadamente asequible en comparación con ciudades como Nueva York y Londres".

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Aston Martin

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La torre residencial de Aston Martin en Miami se inauguró en 2024.

Hasta hace poco las residencias de marca estaban dominadas por cadenas hoteleras como Four Seasons o Ritz-Carlton, pero las marcas de lujo no hoteleras están ganando terreno en los nuevos proyectos.

La Design Tower de Porsche en Miami se inauguró en 2017, mientras que las Residences Miami de Aston Martin se lanzaron el año pasado, y el proyecto de Jacob & Co en la isla Al Marjan de Emiratos Árabes Unidos estará listo en 2027.

Para estas empresas, el sector inmobiliario ofrece una nueva fuente de ingresos con un riesgo relativamente bajo, ya que los socios promotores se encargan de la construcción y los compradores pagan un precio superior por la estética y la exclusividad asociadas a su marca.

La búsqueda de exclusividad

Según BinGhatti, los apartamentos de marca suelen ser entre un 30% y un 40% más caros que las viviendas de lujo sin marca.

Muchos de los nuevos proyectos de residencias de marca incluyen clubes privados, instalaciones y servicios exclusivos, desde coches con chófer y acceso a yates hasta acuerdos con servicios de jets privados.

También se está comercializando una nueva categoría de propiedades de marca centrada en aficiones compartidas como la gastronomía, el bienestar e incluso la ciencia de la longevidad.

En Londres, las próximas Six Senses Residences de Bayswater, construidas por la cadena hotelera Six Senses, incluirán un centro de biohacking.

Este centro ofrecerá terapias como la crioterapia o tratamiento con frío extremo, que se promociona como un método para aumentar los niveles de energía y mejorar el tono de la piel.

En Texas, el próximo complejo residencial Austin Surf Club de Discovery Land Company cuenta con una gran laguna artificial para practicar surf.

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AFP via Getty Images

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La torre Porsche Design, de color negro, situada en el centro, se inauguró en Miami en 2017.

Expertos en psicología empresarial y del consumidor afirman que el auge de los apartamentos de marcas de lujo refleja un deseo generalizado de ostentar estatus social y exclusividad.

Giana Eckhardt, profesora de marketing en el King's College de Londres, sostiene que este tipo de viviendas se han convertido en una nueva forma de "símbolo de estatus social", similar a un bolso de diseño exclusivo o un anillo de diamantes de gran tamaño.

"Los consumidores ultrarricos buscan cada vez más bienes y activos que les confieran estatus y que no estén al alcance de todos", afirma.

Eckhardt, especialista en comportamiento del consumidor, branding y cultura del consumo, añade que las marcas de lujo comunican "el lugar que ocupa una persona en la jerarquía social".

"Buscan el reconocimiento social que conlleva estar asociado a estas marcas", añade.

BinGhatti coincide en que la exclusividad es fundamental para su atractivo. "Los clientes disfrutan del máximo nivel de exclusividad.

"Cada unidad es única, lo que les proporciona la sensación especial de poseer un apartamento único en el mundo".

Sin embargo, el psicólogo empresarial Stuart Duff, de la firma británica Pearn Kandola, advierte que a muchas personas la idea de los apartamentos de marca les puede parecer de mal gusto, especialmente si el nombre de la marca está demasiado presente.

"La presencia de una marca por todas partes en un edificio de apartamentos podría reducir la percepción de exclusividad y singularidad, y generar una sensación de ostentación".

Y, en el peor de los casos, afirma, presenta el riesgo de "ser percibido como vulgar".


    • Sameer Hashmi
    • Título del autor,Periodista de finanzas de BBC News
    • Informa desde,Dubai

lunes, 16 de febrero de 2026

10 edificios y una silla que han hecho inmortal a Frank Gehry

 

El arquitecto Frank Gehry y el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, durante sus conversaciones en 2018 sobre los modelos de expansión del campus de Facebook en Menlo Park en Estados Unidos

El mundo de la arquitectura aún intenta asimilar que Frank Owen Gehry ya no está. El canadiense-estadounidense, fallecido en Santa Mónica el 5 de diciembre de 2025 a los 96 años, fue mucho más que el gran nombre del deconstructivismo: convirtió la arquitectura en un gesto casi musical, hecho de curvas, pliegues y titanio, capaz de cambiar el destino de una ciudad entera. Repasamos los edificios más significativos de un arquitecto brillante.

Nacido en Toronto en 1929 como Frank Goldberg, se trasladó a Los Ángeles en los años 40, donde comenzó a forjar su propio idioma formal, lejos de los dogmas del racionalismo. La pequeña casa que transformó para su familia en Santa Mónica, envuelta en chapa onduladamalla metálica y madera vista, fue ya una declaración de intenciones: un collage irreverente que rompía con la idea de vivienda correcta y anticipaba la arquitectura fragmentada que lo haría famoso.

Gehry trabajó siempre con la curiosidad de un escultor. Usó cartón corrugado para la icónica Wiggle Side Chair, demostró que el mobiliario también podía ser experimental, y abrazó pronto las herramientas digitales, adaptando software aeronáutico para modelar esas formas imposibles que luego se forraban de titanio, vidrio o piedra. Su carrera recibió el espaldarazo definitivo con el Premio Pritzker en 1989, que lo consagró como uno de los grandes innovadores del siglo XX.

El Guggenheim Bilbao fue el punto de inflexión. Aquella nube de escamas metálicas reflejada en la ría no solo regaló a Bilbao un icono reconocible en todo el planeta; inauguró el llamado "efecto Bilbao", la demostración de que un edificio cultural podía catalizar la transformación urbana, económica y emocional de una ciudad. Después llegarían la Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles, con sus velas de acero desplegadas como un barco sonoro, y la Fondation Louis Vuitton en París, un conjunto de "velas" de vidrio que parece a punto de echarse a navegar sobre el Bois de Boulogne.

Barack Obama, al entregarle la Medalla Presidencial de la Libertad, resumió bien su legado: los edificios de Gehry, anclados al suelo, son capaces de elevarnos el espíritu y ampliar nuestros horizontes.

1. Museo Guggenheim, Bilbao (España)


En Bilbao el legado de Frank Gehry se materializa en el Guggenheim, quizá su edificio más emblemático. Levantado entre octubre de 1993 y octubre de 1997 sobre antiguos muelles industriales, el museo parece una gigantesca escultura de titanio, vidrio y piedra que se abre como una flor metálica junto a la ría. Sus volúmenes curvos envuelven el Puente de La Salve y se integran en la ciudad sin imponerse, convirtiéndose en nuevo icono urbano. En el interior, un atrio bañado por la luz organiza tres niveles de galerías de formas ortogonales y orgánicas, capaces de acoger desde piezas íntimas hasta instalaciones monumentales como La materia del tiempo, de Richard Serra.

2. Walt Disney Concert Hall, Los Ángeles (EE.UU.)


En pleno corazón de Los Ángeles, el Walt Disney Concert Hall (2003) condensa como pocos edificios el universo de Frank Gehry. Concebido como nueva sede de la Filarmónica de Los Ángeles, nació con una ambición clara: ser una de las salas de conciertos más sofisticadas del mundo y, al mismo tiempo, un lugar íntimo donde la música se sienta casi al alcance de la mano.

Impulsado por la visión y la generosidad de Lillian Disney, la familia Disney y numerosos mecenas, el proyecto regaló a la ciudad no solo una acústica excepcional, sino también un icono urbano reconocible en todo el planeta. Sus famosas curvas de acero inoxidable, que parecen desplegarse como un instrumento gigante, envuelven un auditorio cálido revestido de madera, pensado al milímetro para que cada nota llegue limpia y envolvente al público. En sus 1,4 hectáreas, el edificio captura la esencia de Los Ángeles: una mezcla de energía, riesgo creativo y amor por el espectáculo.

3. Fundación Louis Vuitton, París (Francia)


Desde su inauguración en 2014, la FundaciónLouis Vuitton se ha convertido en una de las obras más poéticas de Frank Gehry. El edificio se levanta como una gran nave de cristal en medio del Bois de Boulogne: 12 velas de vidrio curvo envuelven volúmenes blancos, los "icebergs", que parecen flotar sobre un estanque. La luz es la verdadera materia del proyecto: se filtra, se refleja y se fragmenta en las superficies acristaladas, de modo que el edificio cambia de rostro con cada hora del día y con cada estación.

En el interior, una sucesión de galerías, pasarelas y terrazas crea un recorrido casi cinematográfico, en el que el visitante alterna arte, vistas al jardín y panorámicas de París. Más que un simple contenedor de exposiciones, la Fundación Louis Vuitton funciona como una gran escultura habitable, un mirador urbano que resume como pocos la obsesión de Gehry por la luz, el movimiento y las formas libres.

4. Vitra Design Museum, Weil am Rhein (Alemania)


El Vitra Design Museum (1989) fue la primera obra de Frank Gehry en Europa y, pese a su escala contenida, se ha convertido en uno de sus edificios más influyentes. En lugar de un simple almacén para la colección de sillas de Vitra, Gehry imaginó una pequeña escultura habitable: un collage de volúmenes blancos, con torres, rampas, cubos… que se entrelazan en un juego de curvas y aristas, casi como una maqueta en movimiento congelada en el paisaje de Weil am Rhein.

En el interior, unos 700 metros cuadrados de salas se organizan en dos plantas, atravesadas por la luz que entra desde grandes lucernarios y ventanales en cubierta. Cada giro del recorrido abre una nueva perspectiva sobre las piezas expuestas y sobre la geometría del propio edificio. Más que un simple contenedor, el Vitra Design Museum es un manifiesto temprano del deconstructivismo de Gehry: compacto, experimental y sorprendentemente lírico.

5. El Museo Puente de Vida, Ciudad de Panamá (Panamá)


Más conocido como Biomuseo (2014), es la gran declaración de Frank Gehry en Panamá: un estallido de tejados multicolor sobre la punta de la calzada de Amador, justo donde el Pacífico se encuentra con la entrada del Canal. Lejos de la sobriedad museística al uso, el edificio se fragmenta en volúmenes bajos y angulosos que parecen surgir de la tierra tropical, rematados por enormes cubiertas metálicas en rojo, amarillo, azul o verde que se cruzan como hojas al viento.

En el corazón del conjunto, un gran atrio exterior elevado actúa como plaza pública cubierta, protegida de la lluvia y abierta a las vistas de la bahía y la ciudad. Desde allí se accede a las galerías dedicadas a contar la historia geológica y la extraordinaria biodiversidad de Panamá, mientras el parque que rodea el edificio prolonga el relato con senderos y estaciones educativas entre la vegetación autóctona. Un museo-paisaje donde arquitectura, naturaleza y divulgación van de la mano.

6. Facebook Campus Expansion, Menlo Park (EE.UU.)


En Menlo Park, Frank Gehry llevó su lenguaje a un terreno distinto: el de la oficina-campus para Facebook. El encargo, en 2018, partía de una idea muy clara de Mark Zuckerbergun edificio pensado para ingenieros que viven de probar, equivocarse y volver a empezar. Gehry respondió con una enorme nave casi diáfana, más cercana a un "gran almacén creativo" que a una sede corporativa al uso. Sin despachos, con mesas que se mueven según los equipos cambian de proyecto, rincones con sofás y pizarras y una constelación de micro-cocinas, el espacio fomenta la colaboración constante. Por fuera, el volumen se integra en el paisaje de Menlo Park y se remata con un jardín en la azotea, plantado como un pequeño parque elevado. Un edificio de aspecto deliberadamente crudo y eco-consciente que convierte la cultura de la empresa en arquitectura habitable.

7. Torre Beekman, Nueva York (EE.UU.)


En el skyline del Bajo Manhattan, la torre residencial de Gehry -conocida como New York by Gehry- se estira desde el año 2010 hasta los 265 metros y 76 plantas convirtiéndose en uno de los rascacielos de viviendas más altos de la ciudad. Su base de mampostería color terracota acoge una escuela pública, un centro ambulatorio vinculado al New York Downtown Hospital, accesos residenciales, un pequeño espacio comercial y aparcamiento subterráneo. Sobre ese podio "terrenal" despega la verdadera escultura: una piel de acero y vidrio que se arruga y ondula, haciendo que cada planta, y por tanto cada uno de los 903 apartamentos, tenga una geometría distinta. Los pliegues del muro cortina moldean las estancias y, al mismo tiempo, capturan la luz y el reflejo de los edificios cercanos, cambiando de aspecto a lo largo del día. Dos plazas públicas ajardinadas completan el conjunto, conectando este icono vertical con la vida a pie de calle.

8. Dancing House, Praga (República Checa)


La Casa Danzante es una de esas obras de Frank Gehry que parecen dibujadas a mano alzada sobre la ciudad. Levantada en la ribera del Moldava, en pleno Rašín Embankment de Praga, fue diseñada junto al arquitecto croata-checo Vlado Milunic y terminada en 1996. Sobre la estrecha parcela bombardeada en 1945 (junto al edificio donde vivía Václav Havel, que impulsó el proyecto), el dúo ideó un volumen doble que prontorecibió el apodo de Ginger & Fred: una torre de cristal curvada que baila abrazada a otra más vertical y sobria de hormigón.

El resultado es un pequeño manifiesto deconstructivista que rompe la rigidez del frente histórico de fachadas neobarrocas y art nouveau, pero sin desentonar con él. Hoy el edificio alberga oficinas, hotel, galería y el restaurante Ginger & Fred en la última planta, con vistas privilegiadas al río y al Castillo de Praga. Más que una extravagancia, la Dancing House se ha convertido en símbolo de la Praga contemporánea: una ciudad que se atreve a bailar, arquitectónicamente hablando, con el siglo XXI.

9. Museo de Arte Weisman, Minneapolis (EE.UU.)


En el campus de la Universidad de Minnesota, asomado al río Misisipi como un faro plateado, el Weisman Art Museum es una de las primeras obras icónicas de Frank Gehry en Estados Unidos. Por un lado, el que mira al campus, se viste con una fachada de ladrillo que dialoga con el resto de edificios universitarios; por el otro, el que se asoma al río, estalla en un torbellino de volúmenes curvos y aristas de acero que recuerdan una cascada y la silueta de un pez. Ese contraste resume a la perfección el espíritu del museo: sobrio contenedor académico hacia dentro, escultura brillante y cambiante hacia la ciudad. Inaugurado en 1993 y ampliado en 2011, el edificio ha ganado nuevas salas que permiten mostrar mejor su colección de arte estadounidense, cerámica y mobiliario coreano, pero sigue siendo, ante todo, un experimento luminoso sobre cómo un museo universitario puede convertirse también en un icono urbano.

10. Guggenheim, Abu Dhabi (UAE)


En la que será la última gran obra de Frank Gehry, el Guggenheim Abu Dhabi se levanta poco a poco en Saadiyat Island como un gigantesco collage de volúmenes que parecen chocar entre sí sobre la arena. Concebido para convertirse en el mayor de los museos Guggenheim, con unos 42.000 m² de superficie, el edificio combinará galerías de distintas alturas y estilos con un centro de arte y tecnología, áreas educativas para niños, archivo, biblioteca y laboratorios de conservación. Sus formas entrelazadas de hormigón, acero y piedra, pensadas como una reinterpretación contemporánea de los patios cubiertos y torres de viento tradicionales, juegan con la luz del desierto y el reflejo del mar. Aunque la inauguración se ha ido posponiendo y la fecha definitiva sigue sin anunciarse, las imágenes de la obra casi terminada permiten intuir un futuro icono cultural para Abu Dabi y el legado póstumo más monumental de Gehry.

11. Wiggle Side Chair (1972)


Gehry también ha dejado su huella en el diseño de productos, sobre todo con la Wiggle Side Chair. En los años 70, cuando nadie miraba al cartón más allá de las cajas de embalaje, Frank Gehry decidió convertirlo en diseño culto. Así nació la Wiggle Side Chair (1972), quizá la pieza más famosa de su serie Easy Edges. Construida a base de capas de cartón ondulado prensado, dibuja una silueta sinuosa casi escultórica que, sin embargo, sorprende por lo cómoda y robusta que es. Su perfil en S parece un garabato hecho volumen, un gesto que condensa muy bien la actitud de Gehry: experimentar con materiales humildes, romper lo esperado y demostrar que un objeto cotidiano puede convertirse en icono del diseño del siglo XX.



martes, 30 de septiembre de 2025

arquitectura e instagram La revista 'The New Yorker' reabre el debate: ¿es la Sagrada Familia un monumento kitsch?





Varios turistas en las inmediaciones de la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona a comienzos de este 2025 (EFE Alejandro García)



Ya fue criticada en su día por arquitectos como Le Corbusier o el barcelonés Oriol Bohigas, pero el desenfrenado turismo vuelve a poner al templo en la palestra: ¿es la gran obra de Gaudí una oda al mal gusto?



El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia -así es su nombre largo- recauda más dinero de lo que se gasta en su mantenimiento y construcción. En 2024 ingresó 134 millones de euros apoquinados por los más de cinco millones de visitantes que entraron para admirar su llamativo interior. Cada uno de ellos se dejó 26 euros. Mientras tanto, otros 19 millones de personas bordearon su exterior fotografiando sin parar sus ventanas ojivales, sus paredes que parecen panales de abejas y esos pináculos que durante tanto tiempo convivieron con la grúa de carga. A día de hoy, la Sagrada Familia de Barcelona, la gran obra de Antonio Gaudí, es el monumento más visitado en España, incluso por delante del Museo del Prado. Es un centro religioso y litúrgico, sí, pero en este tiempo de turismo de masas también es una máquina de hacer dinero.

Todos estos datos los aporta la revista The New Yorker en un extenso reportaje en su último número firmado por el periodista D.T. Max que abre un interesante debate que tiene mucho que ver con la religiosidad de Gaudí, el hecho de que fuera una obra inacabada en vida y esta afluencia turística pospandemia con móviles en la mano: ¿es el famosísimo templo una obra de arte o un monumento kitsch? ¿Lo debemos admirar como una gran creación arquitectónica y religiosa o está casi a la par de la rimbombancia sentimentaloide del castillo de Disneyland? ¿Es algo bueno o es una oda al mal gusto y el feísmo tan de nuestra época? Porque no olvidemos que en 2025 Instagram y TikTok son capaces de arrasar con todo.

Las obras de la Sagrada Familia comenzaron en 1882 y desde 1909 Gaudí se dedicó con devoción a ella hasta su muerte en 1926 (el famoso accidente del tranvía). Y devoción es una gran palabra para describir la relación, ya que el arquitecto era un fervoroso católico que pretendía que la basílica fuera recibida por el visitante como “un shock que nos despoja de nuestro yo cotidiano y nos lanza hacia algo más puro y sagrado”, según escribe D.T. Max. De ahí todas esas formas exageradas tan características del ornamento que la teoría de la estética conceptualizó décadas más tarde como kitsch. Gaudí pretendía impactar. Hoy, más de cien años después, “impacto” en el sentido religioso ya no es quizá la palabra que lo defina.

“Los primeros críticos de la Sagrada Familia ya acusaron a Gaudí de ser demasiado exagerado, pero hoy su compromiso con la abundancia visual se ha convertido en un aspecto universal de la cultura pop; pensemos en los recargados paisajes urbanos generados por ordenador de películas como La Guerra de las Galaxias", escribe Max resaltando que nuestro ojo es ya tan pop que nunca podremos ver la basílica con los mismos ojos que la hubiera visto Gaudí (y hubiera deseado que todos la viéramos). Desde que llegaron el LSD y las luces estroboscópicas, las formas gaudinianas poco tienen que ver con la espiritualidad religiosa que a él le hubiera gustado.


La crítica de Le Corbusier

En realidad, algunos como el arquitecto Le Corbusier ya observaron que esto ocurriría hace ya unas cuantas décadas, sobre todo porque Gaudí murió con la obra inacabada. El debate, por tanto, en sí mismo no es nuevo, pero cobra nueva fuerza con la relevancia turística adquirida por el monumento (que, por otra parte, empezó a cobrar entrada solo treinta años después de su primera piedra: alguien ya vio ahí el potencial).

Durante una visita a Barcelona en 1928, el suizo tuvo la oportunidad de conocer las Escuelas de la Sagrada Familia, un edificio diseñado por el catalán en 1909 para los hijos de los obreros que trabajaban en el templo. A diferencia de su reacción ante la Sagrada Familia, que no le había gustado, Le Corbusier mostró admiración por este modesto edificio, destacando su simplicidad y funcionalidad. Este contraste en sus apreciaciones refleja las diferencias en sus enfoques arquitectónicos: mientras que Gaudí apostaba por una arquitectura orgánica y simbólica (como le ocurre a la basílica), Le Corbusier defendía la funcionalidad y la racionalidad en el diseño (como muestran las Escuelas).


placeholderUn grupo de turistas visita las Escuelas de la Sagrada Familia, obra de Gaudí. (iStock)
Un grupo de turistas visita las Escuelas de la Sagrada Familia, obra de Gaudí. (iStock)

Las críticas de Le Corbusier a la Sagrada Familia se enmarcan en un debate más amplio sobre la conservación y evolución de las obras arquitectónicas. Si bien reconocía el genio de Gaudí, consideraba que la continuación de su obra sin su presencia comprometía su esencia. El suizo no apreciaba la Sagrada Familia tal como se estaba continuando después de la muerte del catalán ya que sin su supervisión directa se había desviado su espíritu original. Le Corbusier fue uno de los primeros en calificarla como de mal gusto o kitsch con toda esa sobrecarga decorativa.

Precisamente, en 1965 el arquitecto firmó una carta publicada en La Vanguardia junto a otros destacados intelectuales y arquitectos (muchos de ellos catalanes) como Bruno Zevi, Nikolaus Pevsner, Antoni de Moragas, José Antonio Coderch, Nicolás María Rubió Tudurí​, Oriol Bohigas, Joan Miró, Antoni Tàpies, Jaime Gil de Biedma y Joan Brossa en la que solicitaban la paralización de las obras de la Sagrada Familia, argumentando que la continuación del proyecto sin Gaudí comprometía la integridad artística y conceptual de la obra original. Consideraban que la intervención de arquitectos posteriores había alterado el espíritu y la visión del maestro. Nadie pareció hacerles mucho caso.


"Vergüenza mundial"

No obstante, las críticas no cesaron. En 2015, el barcelonés Oriol Bohigas insistió en La Vanguardia en que la Sagrada Familia le parecía “una vergüenza mundial” y “una anomalía arquitectónica”. Según él, esto se debía a varios motivos:

Por un lado, la desviación del proyecto original. El arquitecto sostenía que la continuación de la obra tras la muerte de Gaudí había alterado su visión original, resultando en una construcción que no respetaba los planos ni el estilo del arquitecto. Por otro, el templo representaba un estilo arquitectónico del pasado que no tenía cabida en la modernidad, y su presencia en el siglo XXI era inapropiada. Y además, criticaba la falta de coherencia urbanística que la basílica aportaba al entorno de Barcelona, señalando que su construcción no se integraba adecuadamente en el tejido urbano de la ciudad.


placeholderVista de Barcelona y de la Sagrada Familia. (iStock)
Vista de Barcelona y de la Sagrada Familia. (iStock)

Pero no quedó ahí la cosa. En 2017, el propio Ayuntamiento de Barcelona, entonces gestionado por el equipo de Ada Colau, publicó el libro Kitsch Barcelona, escrito por la profesora de Teoría e Historia del Diseño Anna Pujadas y en el que se recogían las opiniones de una treintena de expertos en arquitectura, arte y urbanismo. Y la Sagrada Familia salía bastante mal parada. En él, el pintor y escritor Narcís Comadira, calificaba la fachada original como un "horroroso monumento al kitsch" y añadía que lo que se estaba haciendo "no tiene nombre ni perdón". Consideraba a la basílica “un monumento a la mentira, al mal gusto, al sentimentalismo”.

Los campanarios tampoco se salvaron del ensañamiento. “Se entendieron como una conexión más que forzada con la senyera, apareciendo como símbolo de la ciudad, cuando eran un fragmento kitsch de un concepto apostólico que acabará en un 12 que no le interesa a nadie”, manifestaba Jeffrey Swartz, crítico de diseño.

En definitiva, la Sagrada Familia lleva casi un siglo teniendo grandes detractores. The New Yorker ha decidido volver a poner el debate sobre su feísmo en primera página, pero se enfrenta una fuerte oleada muy difícil de esquivar porque quizá lo que ocurra simplemente es que estamos en tiempos muy kitsch y qué mejor símbolo que el templo barcelonés. Aunque sea todo lo contrario a lo que Gaudí hubiera deseado.