
La mejor ciudad para salir de fiesta está en Tailandia

Pablo Martin Velasco
26 sep 2026 - 18:00
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A las 8:30 de la mañana, la entrada del Palacio de Belvedere en la Ciudad del Vaticano vive un ritual cotidiano en la llamada Farmacia Vaticana: es necesario abrir las dos hojas de sus puertas simultáneamente para dar paso a la marea de personas que espera fuera. En el interior, doce farmacéuticos se preparan para una jornada sin pausa. Considerada por diversos registros históricos como una de las boticas más antiguas y con mayor actividad del planeta, este espacio recibe una media superior a los 2.000 usuarios diarios y gestiona pedidos procedentes de todos los rincones del planeta gracias a un catálogo que supera las 35.000 referencias.
Aunque la presencia documentada de una botica en los recintos papales se remonta al año 1277 bajo el pontificado de Nicolás III, la estructura actual nació en el siglo XIX. En 1874, bajo el mandato de Pío IX, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios asumió formalmente la gestión del recinto, concebido inicialmente como un servicio nocturno para atender a los altos oficiales de la Santa Sede. Con el paso del tiempo, el proyecto creció hasta convertirse en el pilar sanitario del microestado. Hoy en día, la comunidad religiosa que lidera el centro mantiene una impronta internacional, con frailes procedentes de España, Polonia, India, Argentina y Vietnam.
Este intenso volumen de actividad ha convertido a la Farmacia Vaticana en el establecimiento farmacéutico más rentable del planeta. Según detalla el libro Avarizia (Avaricia) de Emiliano Fittipaldi, sus ingresos anuales superan los 32 millones de euros, una cifra astronómica si se compara con los cerca de 700.000 euros que factura de media una farmacia común en Italia. Gran parte de este músculo financiero responde a su condición de enclave libre de impuestos, lo que permite vender productos exentos del IVA italiano (que suele oscilar entre el 12% y el 25%). Aunque en teoría el acceso está reservado a residentes, clérigos y empleados del microestado —quienes cuentan con cobertura médica integral—, el incesante flujo de casi dos mil clientes al día ha generado históricamente suspicacias sobre el acceso de compradores externos o la reventa de productos.
Una de las grandes singularidades que explican el constante flujo de público es su régimen legal y comercial. Al operar dentro de un Estado independiente, los medicamentos están exentos de IVA, lo que abarata considerablemente su coste final, según información de Catholic. Además, la farmacia tiene la capacidad de importar directamente fármacos de otros continentes que no están comercializados en Italia ni en el resto de Europa, incluyendo tratamientos específicos para enfermedades raras que los grandes laboratorios no distribuyen en el circuito convencional por su baja demanda.
A esta oferta de vanguardia se suma la preservación de su patrimonio farmacéutico tradicional. En sus vitrinas se guardan con celo las fórmulas magistrales de medicamentos galénicos históricos elaborados manualmente desde hace siglos por los hermanos de San Juan de Dios. Entre sus productos propios más demandados destacan el célebre enjuague bucal Stomaticon, cápsulas de extractos naturales como la espirulina y una cotizada línea de aguas perfumadas de lavanda y colonia, elaboraciones exclusivas que no se encuentran en ninguna otra tienda o establecimiento comercial del mundo.
El alto volumen de trabajo no ha impedido que el establecimiento abrace la tecnología de punta. En este línea , Vatican News cuenta que desde julio de 2019, las instalaciones cuentan con un sistema de robotización en el almacén logístico. Esta automatización permite optimizar la trazabilidad de los medicamentos según la normativa europea y acelerar la distribución. No obstante, la dirección del centro enfatiza que la robótica no busca sustituir al personal, sino liberar a los profesionales de tareas mecánicas para que puedan dedicar más tiempo a la atención directa de los pacientes.
El compromiso asistencial del centro adquiere una dimensión crítica en los meses de verano, cuando las olas de calor extremo golpean con fuerza la capital italiana. Según recoge Vatican News, la farmacia adopta un protocolo especial aumentando el control de existencias y la disponibilidad de protectores solares, suplementos salinos y preparados de rehidratación. Durante estas alertas climáticas, el foco se sitúa en la protección de los colectivos de mayor riesgo, como ancianos, niños y enfermos crónicos.
Esta labor preventiva se canaliza de forma directa hacia las personas en situación de exclusión social. La Farmacia Vaticana colabora estrechamente con las clínicas gratuitas "Madre de la Misericordia" y "San Martino", situadas bajo la propia columnata de la Plaza de San Pedro. A través del Dicasterio al Servicio de la Caridad, el establecimiento suministra sin coste alguno los medicamentos recetados a pacientes vulnerables y sin recursos, garantizando que el factor económico no sea jamás un impedimento para recibir atención médica.
El funcionamiento cotidiano de la botica combina así la eficiencia técnica con el carisma de la hospitalidad transmitido por San Juan de Dios. Ya sea atendiendo a los trabajadores del estado pontificio —quienes cuentan con cobertura sanitaria integral—, dispensando un fármaco de importación a un paciente con una dolencia rara o despachando sus tradicionales aguas de colonia a los peregrinos, el equipo mantiene la visión expuesta por su director, el hermano Binish Thomas Mulackal: la tecnología y la ciencia médica son herramientas indispensables, pero la verdadera sanación reside en el trato cercano y la dignidad otorgada a cada persona.

El rango normal de la temperatura del cuerpo puede variar entre 36.1 °C (97 °F) y 37.2 °C (99 °F).
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¿Alguna vez te has preguntado por qué tienes sangre caliente?
Así estemos tiritando en la Antártida o sudando en el desierto del Sahára, mantenemos nuestra temperatura corporal en unos cómodos 37 grados centígrados, lo cual, si te detienes a pensarlo, es muy impresionante.
¿Cómo logramos esa constancia? ¿Y qué de los animales de sangre fría?
Las lagartijas toman el sol, las serpientes se calientan sobre piedras calientes... ¿será una buena estrategia evolutiva?
Pero antes, ¿qué queremos decir con sangre fría y sangre caliente?
"Sangre fría en realidad significa que la temperatura corporal depende de la temperatura del ambiente. A eso lo llamamos ectotermo: ecto significa desde afuera, termo significa temperatura", explica el biólogo evolutivo Manuel Leal, de la Universidad de Missouri, que estudia lagartijas en el Caribe.
"Sangre caliente es un endotermo: endo significa desde adentro, así que el calor que generas se usa para mantener la temperatura corporal".
Los términos, sin embargo, son un poco engañosos.
Una serpiente recién despierta puede tener la sangre fría, pero después de tomar sol un rato, puede terminar más caliente que muchos mamíferos. Como dice Leal, "frío es relativo: si agarras una lagartija en el desierto, vas a decir que está más caliente que tú. En ese sentido, el de sangre fría serías tú".
Curiosamente, la expresión nació de la Teoría de los Humores, ideada por médicos de la Antigua Grecia como Hipócrates y Galeno, que dominó la ciencia hasta el siglo XVII.
Para los médicos antiguos, los fluidos del cuerpo (humores) controlaban el carácter.
La sangre era considerada el elemento caliente e ígneo por excelencia. Se creía que cuando alguien se enfurecía, se enamoraba o se asustaba, su sangre se calentaba de forma literal y empezaba a hervir en el corazón. De ahí nos quedaron frases como "me hierve la sangre".
Hacia finales del siglo XVI y principios del XVII, los escritores empezaron a usar esta lógica médica para describir el comportamiento humano.
Así que la metáfora es más vieja que el término biológico.
La gente ya decía que un asesino actuaba "a sangre fría" (en el siglo XVII) mucho antes de que los científicos del siglo XVIII y XIX empezaran a clasificar formalmente a los reptiles y anfíbios como "animales de sangre fría".
Ahora, todos los animales empezamos siendo ectotermos, pues descendemos de peces que, sin excepción, lo son.
"La diferencia surgió cuando algunos animales desarrollaron plumas o pelo, y eso les permitió empezar a mantener la temperatura corporal. Es entonces cuando aparecen los endotermos".
Estos siguen siendo la minoría: la mayoría de los animales del planeta son de sangre fría.
Tras millones de años de evolución, las cosas son un poco más complicadas. De hecho, los humanos somos prácticamente lampiños. Entonces, ¿cómo nos las arreglamos para mantenernos calientes?
"Como mamíferos, generamos mucho calor interno solo por estar vivos, por la actividad metabólica", cuenta Simon Hodder, director del Centro de Investigación en Ergonomía Ambiental de la Universidad de Loughborough, Reino Unido.
"Puedes pensarlo como un sistema de calefacción central inteligente: nos ayuda cuando tenemos frío, pero también nos ayuda a perder calor cuando tenemos demasiado calor".

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En lugar de agua corriendo por caños, tenemos sangre corriendo por venas. "La sangre circula por el cuerpo, lleva calor a las extremidades y trae sangre fría de vuelta. Incluso durmiendo, sin hacer ningún esfuerzo, seguimos generando calor: es menos, pero tenemos que mantener esos 37 grados".
¿Y por qué justamente 37 grados? La respuesta tiene que ver con química.
Las enzimas -las proteínas que ejecutan las reacciones dentro de las células- trabajan a su máxima eficiencia alrededor de esa temperatura. Por debajo, las reacciones se vuelven demasiado lentas para sostener a un animal activo y de sangre caliente. Por encima, esas mismas proteínas empiezan a perder su forma, el metabolismo se descontrola y los tejidos se dañan: por eso una fiebre alta es tan peligrosa.
Para mantener esa temperatura óptima, cuando hace calor, el cuerpo manda más sangre hacia la piel para perder temperatura: es la vasodilatación.
"Normalmente tienes una temperatura central de 37 grados y una temperatura de piel de alrededor de 33. Por eso pensamos que 25 grados es una temperatura cómoda: hay un gradiente entre 33 y 25, y perdemos calor fácilmente hacia el ambiente", explica Hodder.
Cuando ese gradiente se achica -como en una ola de calor, con el aire por encima de los 33 grados-, entra en juego el sudor: "el sudor se evapora de la piel y eso la vuelve a enfriar".
Con el frío pasa lo contrario. La piel detecta que baja la temperatura y dispara una respuesta de conservación: se cierra el flujo de sangre hacia la periferia, la vasoconstricción, para proteger los órganos centrales, como el corazón, los pulmones, el hígado y el cerebro.
¿Y quién dirige toda esta orquesta? El hipotálamo, una región del cerebro que funciona como el termostato del cuerpo. Recibe información constante de sensores de temperatura en la piel y, con eso, decide si transpirar, tiritar, dilatar o contraer los vasos sanguíneos.
Así funcionamos los humanos, pero no todos los animales son como nosotros.
Algunos endotermos son heterotermos: su temperatura corporal no es siempre estable.

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Los colibríes, por ejemplo, bajan drásticamente su metabolismo y temperatura por la noche para sobrevivir sin comer mientras descansan.
Otros animales hibernan, para atravesar el invierno sin tener que salir a buscar comida, quemando sus reservas de grasa lentamente hasta que llega el momento de despertar.
Los animales de sangre fría, por su parte, se dejan mecer por el termómetro de su entorno.
Los hay de todo tipo: desde los que se asolean plácidamente, hasta los que viven siempre en zonas de sombra, y sus músculos y su cuerpo entero están adaptados para funcionar bien con temperaturas más bajas, o los que viven en el desierto y esperan a la noche para salir, cuando el calor acumulado durante el día se libera del suelo y pueden aprovecharlo.
Y si te estamos haciendo pensar en iguanas o serpientes, no olvides incluir a los insectos, pues la gran mayoría son ectotermos, aunque hay algunos que pueden generar calor y regular su temperatura, al menos durante ciertos momentos. Las abejas, por ejemplo, contraen los músculos de vuelo sin mover las alas, y así calientan la colonia.
Pero ¿cómo hacen para no sofocarse cuando hace mucho calor?
"Los insectos no tienen pulmones como nosotros, tienen otra forma de ventilación, y transpiran muy rápido, intercambian temperatura corporal, eso ayuda", señala Leal.
"Además, un animal chico puede meterse al sol y calentarse, pero enseguida moverse a la sombra y enfriarse con la misma rapidez".
La clave está en la relación entre superficie y volumen: los animales chicos tienen mucha superficie en proporción a su volumen, así que ganan calor rápido al sol y lo pierden igual de rápido en la sombra. Los animales grandes, al tener proporcionalmente menos superficie, tardan más en calentarse, pero también retienen el calor mucho más tiempo.

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Nuestros antepasados peludos aprendieron a generar y conservar su propio calor corporal. Pero ¿qué ventaja les suponía eso? Porque, si la mayoría de las especies animales siguen siendo ectotermos, parecería que dejar que el entorno haga el trabajo tampoco es una mala estrategia.
Ser de sangre fría tiene un precio energético bajo. "Desde la perspectiva de una lagartija, puedes comer menos porque usas el ambiente para conseguir esa temperatura", explica Leal.
"Su tasa metabólica, que normalmente se correlaciona con la cantidad de energía que necesitas, es significativamente menor que la tasa metabólica de un humano o de cualquier mamífero. Así que, en términos de consumo energético, es muy ventajoso no depender completamente de ti mismo para producir calor".
Pero ser endotermo también tiene sus ventajas.
"La mayor ventaja es la independencia", afirma Julia Nowack, ecofisióloga de la Universidad Liverpool John Moores, Inglaterra.
"Como nuestra temperatura corporal se mantiene bastante constante, nuestras enzimas, músculos y sistema nervioso funcionan cerca de su punto óptimo todo el tiempo. No tenemos que esperar a que salga el sol para movernos, para escapar de un depredador. Y podemos habitar climas fríos, algo que a un reptil o un anfibio le resulta mucho más difícil".
Con todo y eso, ante la pregunta de qué elegiría ser, Leal no duda: "Si pudiera elegir, sería ectotermo".
"Gran parte de la energía que consumimos los endotermos va solo a mantener nuestra temperatura corporal. Los ectotermos, en cambio, lo tienen más fácil si encuentran el lugar adecuado, como el Caribe, de donde yo vengo.
"Si yo pudiera vivir en Puerto Rico como un lagarto, podría estar activo todos los días sin tener que consumir tres o cuatro veces más energía solo para mantenerte caliente".

El vestido de la venganza de la princesa Diana de Gales.
Sotheby’s
El icónico vestido negro de seda que la princesa Diana lució en 1994 durante una cena benéfica en la Serpentine Gallery de Londres, reconocido mundialmente como el vestido de la venganza, volverá a salir a subasta casi tres décadas después de que la propia princesa lo vendiera con fines benéficos. La pieza, diseñada por la modista griega Christina Stambolian, será ofrecida por Sotheby’s el próximo 9 de diciembre, durante su Luxury Week, con una estimación de entre 150.000 y 300.000 dólares (unos 130.000 o 260.000 euros). Parte de los beneficios de la venta se destinará a NHS Lothian Charity, en apoyo al Royal Edinburgh Hospital.
El vestido fue vendido por Diana en junio de 1997, cuando la princesa subastó 79 de sus vestidos para recaudar fondos destinados a organizaciones benéficas relacionadas con el cáncer y el sida. La pieza fue adquirida entonces por su actual consignataria, que recuerda junto a su difunto marido aquella compra como uno de los grandes días de su vida en común. Tras la subasta, el vestido fue utilizado en distintos actos de recaudación de fondos en Escocia y fue expuesto en en el Paisley Museum, pero después desapareció de la esfera pública durante casi treinta años.

Ahora Sotheby’s recupera la pieza para una exposición internacional antes de su venta en Nueva York. El vestido podrá contemplarse en Londres del 18 al 24 de septiembre, coincidiendo con London Fashion Week; viajará después a Hong Kong, donde se expondrá del 1 al 15 de octubre, y posteriormente a Ginebra, del 6 al 11 de noviembre. Finalmente llegará a Nueva York, donde permanecerá expuesto en el Breuer Building de Sotheby’s del 2 al 8 de diciembre antes de la subasta del día 9. Junto al vestido se ofrecerá una copia del catálogo original de la subasta de 1997, numerada y firmada por Diana y Stambolian, en la que se atribuye al príncipe Guillermo la idea de aquella venta.

La historia del vestido se remonta al 29 de junio de 1994. Una cálida noche de verano, Diana, princesa de Gales, llegó a la Serpentine Gallery para asistir a una cena de recaudación de fondos organizada por Vanity Fair. Era una noche especialmente delicada para Diana, pues aquel mismo día el entonces príncipe Carlos, de quien llevaba casi dos años separada, tenía previsto admitir en televisión que había sido infiel. Esas revelaciones habían trascendido días antes, por lo que la princesa sabía que esa aparición sería muy observada y podía ser interpretada como una respuesta.
Al bajar del automóvil, Diana hizo historia sin decir una palabra. La princesa convirtió su aparición en un mensaje visual con un vestido negro de seda, ceñido a la figura y sin tirantes, que combinó con un bolso de mano negro, zapatos de salón y un collar de perlas con un rosetón de diamantes y un zafiro en el centro. Según se supo después, había dejado de lado un diseño de Valentino de corte más tradicional para elegir el de Stambolian, que llevaba tres años sin estrenar en su armario por considerarlo demasiado atrevido. La elección convirtió aquella aparición en un fenómeno mediático y los medios lo bautizaron entonces como el “Revenge Dress”, el vestido de la venganza.