Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de octubre de 2026

De astilleros abandonados a barrios de moda: cinco ciudades europeas que merece la pena descubrir


El museo STRAAT en el antiguo muelle NDSM de Ámsterdam. 
(iStock)



Antiguos puertos, fábricas y viaductos ferroviarios se han convertido en lugares donde descubrir arte, arquitectura y gastronomía. Esta ruta sigue las huellas de ese cambio, desde Róterdam hasta Aarhus




Una grúa que aloja habitaciones, una pista de esquí sobre una planta de tratamiento de residuos y un mercado instalado bajo las vías del tren. Algunas de las visitas más interesantes de Europa comienzan hoy en espacios que, durante décadas, estuvieron reservados al trabajo industrial.

El atractivo de estos destinos está también en lo que dejan ver del pasado. La arquitectura nueva convive con naves, raíles y muelles que conservaron su lugar en el paisaje urbano. Recorrerlos permite entender cómo cambia una ciudad: qué edificios salva, a quién abre sus espacios y qué uso les da después.


Róterdam: aprender a mirar una ciudad nueva

Róterdam hizo de la reconstrucción una parte de su identidad. Tras la destrucción de buena parte de su centro durante la Segunda Guerra Mundial, la ciudad neerlandesa abrió espacio a una arquitectura que hoy resulta difícil imaginar en otros cascos urbanos europeos. El paseo puede empezar en el Museumpark, frente a la superficie curva y reflectante del Depot Boijmans Van Beuningen, diseñado por el estudio MVRDV.

El edificio propone, además, otra manera de visitar un museo: permite entrar en sus espacios de almacenamiento y observar parte del trabajo de conservación de la colección. El propio Boijmans lo presenta como el primer depósito de arte accesible al público del mundo. Desde su cubierta, el visitante vuelve a encontrarse con la ciudad, reflejada unos metros más abajo en la fachada.

placeholderPaisaje panorámico del Museo Boijmans Van Beuningen y su depósito espejo en Róterdam. (iStock)
Paisaje panorámico del Museo Boijmans Van Beuningen y su depósito espejo en Róterdam. (iStock)


Otra parada conduce a los muelles de Katendrecht, donde una antigua nave portuaria acoge Fenix, un espacio cultural dedicado a las historias de migración. Para cenar, Renilde ocupa la planta superior del Depot; para dormir junto al agua, el Hotel New York conserva la memoria de la antigua sede de la Holland America Line. La ciudad sigue transformándose, así que conviene revisar el itinerario: el puente de madera Luchtsingel fue clausurado parcialmente y gran parte de su estructura ya se ha desmontado.


Copenhague: la vida después del matadero

Kødbyen, el antiguo distrito cárnico de Copenhague, se descubre mejor caminando sin prisa. Sus edificios bajos, sus patios y sus fachadas de aire funcional mantienen el carácter del barrio, aunque entre ellos aparezcan galerías y restaurantes. La transformación no ha borrado por completo su actividad original: esa convivencia es lo que da interés a la visita.

La galería V1 permite asomarse a la escena artística del barrio. A la hora de comer, Kødbyens Fiskebar sirve pescado y marisco en un espacio que conserva la aspereza visual de las antiguas instalaciones. Fuera de Kødbyen, CopenHill lleva la idea de dar nuevos usos a la infraestructura urbana a otra escala: una pista de esquí y un recorrido para pasear ocupan la cubierta de una planta de tratamiento de residuos.

Gente comiendo al aire libre. (iStock)

placeholder
Gente comiendo al aire libre. (iStock)


La estancia puede continuar en Villa Copenhagen, instalado en la antigua central de correos de 1912, cerca de la estación central. El edificio ofrece una versión más reposada de la misma historia: adaptar un inmueble de otro tiempo a una función contemporánea sin ocultar del todo de dónde viene.


Ámsterdam Norte: cruzar el IJ y cambiar de paisaje

El ferry que atraviesa el IJ lleva del entorno de la estación central de Ámsterdam a una ciudad de otra escala. En NDSM, los canales y las fachadas estrechas ceden el paso a explanadas, hangares y grúas. El antiguo astillero dejó de construir barcos en 1984; después, artistas y colectivos creativos encontraron espacio en sus instalaciones.

La visita puede organizarse alrededor del museo STRAAT, dedicado al arte urbano, y del mercado IJ-Hallen cuando coincida con sus fechas de apertura. Conviene dejar tiempo entre ambas paradas para recorrer los antiguos espacios de trabajo: aquí, el interés reside tanto en las actividades como en la escala de las naves que las alojan.

Al atardecer, Pllek ofrece una mesa junto al agua en un local construido en parte con contenedores marítimos. Quien quiera llevar la experiencia industrial hasta el alojamiento encontrará en el Faralda Crane Hotel tres suites instaladas en una grúa restaurada. La vista del puerto ayuda a comprender el origen de un barrio que ahora atrae a visitantes por motivos muy distintos.


Zúrich Oeste: tiendas y mercados bajo el ferrocarril

Zürich West creció alrededor de fábricas y grandes infraestructuras. Su recorrido más expresivo discurre hoy bajo un viaducto ferroviario construido en 1894: Im Viadukt reúne comercios, talleres, cafeterías y una nave de mercado a lo largo de unos 500 metros. El tren sigue pasando por arriba mientras la vida del barrio ocupa los arcos inferiores.

La Markthalle permite hacer una pausa entre puestos de productores y especialidades de la región. Después, la caminata puede continuar hasta la Freitag Tower, formada por 19 contenedores apilados que alcanzan 26 metros de altura. Subir y mirar alrededor ofrece una lectura rápida del distrito: estructuras industriales, nuevas construcciones y espacios de ocio comparten unas pocas calles.
placeholderHistórico edificio Markthalle. (iStock)
Histórico edificio Markthalle. (iStock)


Para pasar la noche, el 25hours Hotel Zürich West prolonga esa atención al diseño que recorre el barrio. Pero la mejor forma de entenderlo sigue siendo a pie, entrando y saliendo de los arcos del viaducto. Allí se aprecia que la reutilización de un lugar puede cambiar también los trayectos cotidianos de quienes viven a su alrededor.


Aarhus: un nuevo frente marítimo a escala humana

La segunda ciudad de Dinamarca sitúa buena parte de su arquitectura reciente junto al mar. En Aarhus Ø, el antiguo entorno portuario ha dado paso a viviendas y paseos abiertos al agua. Entre los edificios destaca Isbjerget, o The Iceberg: sus cubiertas quebradas y sus fachadas claras evocan bloques de hielo y hacen del conjunto residencial una referencia visible desde el puerto.

El recorrido continúa en ARoS, donde Your rainbow panorama, de Olafur Eliasson, rodea la cubierta del museo. Caminar por su pasarela circular de vidrio coloreado cambia, paso a paso, la percepción de la ciudad y de la bahía. Es una obra concebida para mirar Aarhus, pero también para experimentar cómo un edificio puede incorporar un espacio público inesperado.
placeholderLos edificios Isbjerget. (iStock)
Los edificios Isbjerget. (iStock)


Aarhus Street Food devuelve la ruta al terreno de la reutilización: el mercado gastronómico ocupa antiguas cocheras de autobuses próximas a la estación. Tras la cena, el Radisson RED es una opción céntrica para alojarse. La distancia manejable entre el museo, el mercado y el paseo marítimo permite descubrir estas distintas caras de Aarhus durante una estancia corta.

Estas cinco paradas funcionan especialmente bien en primavera y a principios de otoño, cuando apetece recorrer los barrios a pie y detenerse en sus terrazas. Una ruta por varias de ellas puede combinar trenes diurnos y, según el trayecto, servicios nocturnos; los horarios y enlaces requieren planificación. También merece atención lo que ocurre fuera del itinerario turístico: un barrio recuperado gana actividad y visitantes, pero su éxito plantea preguntas sobre el precio de vivir y trabajar allí. Esa tensión forma parte de la historia que cuentan hoy sus calles.


sábado, 12 de septiembre de 2026

El secreto mejor guardado del Estrecho: por qué Tánger sigue siendo una de las ciudades más fascinantes del mundo





Vista aérea de la ciudad de Tánger 
(iStock)



A solo unos kilómetros de España, esta ciudad marroquí combina un pasado singular con un ambiente cosmopolita que aún conserva el magnetismo que cautivó a escritores, artistas y viajeros de todo el mundo



Tánger, lugar de geografía mítica entre dos mares, Mediterráneo y Atlántico; dos continentes, Europa y África; hollado por culturas ancestrales; bereberes, hebreos, fenicios, romanos, cartagineses, españoles; mucha historia enterrada sin desvelarse.

Antes de entrar en harina, decir que Tánger fue una encrucijada exótica en los tiempos previos a la fundación del reino de Marruecos. ¿Porqué? Tánger tenía un estatus especial como Enclave Internacional y, además, estaba permitida la homosexualidad, el lenocinio y todas las variantes de pecado imaginables, por eso, la llamaban en clave Sodoma. Este estatus acabó oficialmente con la independencia de Marruecos en el año 1956. El proceso de integración culminó cuando Francia y España retornaron a Marruecos sus zonas administradas un 18 de abril de 1960. Esa icónica ciudad tan atractiva para excéntricos, literatos, turismo exótico, especialistas en extraños cambalaches… era como un imán para lucrativos negocios y para obras de la literatura monumental.

En 1679, Ismaíl, a la sazón sultán en el área de la Yebala, bloquea Tánger hasta conseguir la retirada británica en febrero de 1684. La ciudad había sido entregada en dote al príncipe heredero de Inglaterra Carlos II, casado con Catalina de Braganza, portuguesa ella. Como es de rigor y acostumbran, los británicos arrasaron la ciudad y el aledaño puerto antes de abandonarla. Posteriormente, el sultán reconstruiría la ciudad, sembrando el embrión urbanístico de la actual Tánger.

Tánger, durante el tiempo en que se mantuvo como Zona Internacional, atrajo a un sinfín de literatos ante la atractiva gestión de libertinaje que caracterizaba su reputación de desmadre a la carta. Casi la totalidad de la Generación Beat como Jack Kerouac, William S. Burroughs y una pléyade de autores norteamericanos en las periferias de esta corriente; sin ir más lejos, Paul Bowles (El cielo protector) que vivió cincuenta años en la ciudad, Tennessee Williams, Truman Capote, la novelista del thriller enfocada en la ambigüedad moral y retratista de la psicología de sujetos extraños, Patricia Highsmith o, uno de nuestros mejores espadas, Juan Goytisolo; escribieron y hollaron esa tierra de eclécticos ilustrados regada de prosa y versos, de relatos que enganchaban a millones de lectores.

Como Jano, Tánger tiene dos caras muy diferenciadas. El día y la noche tienen dos semblantes tan radicales que por su disparidad hacen que un viaje sea total. Esta asimetría, en la que durante el día puedes recorrer su famosa kasbah llena de explosivos colores, puestos con miles de recipientes llenos de especias, artesanía, telas, exóticas cerámicas, transporta al viajero a un mundo de sensaciones desconocidas marcadas por el bullicio. La gendarmería tiene instruida a la delincuencia menor con amenazas apocalípticas si tocan a un turista, la ciudad en términos generales, es muy segura y más, si la prudencia acompaña.

Tomar alcohol a pesar de su prohibición por el Corán, refuerza la libertad de la ciudad. Cafés como el Babá o el Hafa, con su terraza bulliciosa y escalonada, son lugares de visita obligada en la Medina. Pero si quiere rizar el rizo, El Gran Café de París en la Plaza de Francia y cerca de su embajada, desatarán las mejores sensaciones. Tertulianos relajados tomando infusiones de menta y fumando cigarrillos o pipas (no hay prohibición al respecto), fueron todos ellos lugares de cita entre espías durante la II Guerra Mundial y la Guerra Fría, y todos ellos, famosos por convocar a la élite de la literatura en los años locos, admiten turistas que le peguen al agua de fuego, cerveza o morapio. Si a eso le sumas unas tertulias encendidas o unas tranquilas partidas de ajedrez, todo será redondo. Pero si te quieres acercar al paraíso de las sensaciones tranquilas, La Corniche (Paseo Marítimo), será la mejor elección pues las puestas de sol son espectaculares y si las ves sentado con un granizado de menta o canela y limón, hasta te puede pasar algo.

Pero si lo que se quiere es magia a raudales, puedes tomar los platos estrella, mechui (cordero asado), pastela (hojaldre relleno de pechuga de pollo), cuscús (sémola al vapor con cordero y pasas) o el plato nacional, el tayín (para entrar en trance); en un pueblo marinero a unos cuarenta kilómetros de la capital. Este pueblo de cerca de 3000 habitantes es un regalo visual y sensorial. Se llama Assilah. Recuerda mucho a las calles de Vejer de la Frontera o de Ibiza con su jolgorio y vida bulliciosa. La antigua presencia portuguesa se define claramente en su muralla y puerto que los lusos utilizaban como siempre lo hicieron, en modo reducto o emporio, una curiosa herencia fenicia. Si quiere, puede ir en tren (40 minutos) por un par de euros trasladados en Dirham.

Las cenas en azoteas son generalizadas y evitan el ajetreo del turismo de masas, casi todas ellas permiten ver el tránsito de buques por el Estrecho como si de un desfile de luciérnagas se tratara

Pero en la otra cara, la noche no es menos interesante. Las cenas en azoteas son generalizadas y evitan el ajetreo del turismo de masas, casi todas ellas permiten ver el tránsito de buques por el Estrecho como si de un desfile de luciérnagas se tratara, mientras, se disfruta de la brisa permanente y los aromas de las especiadas cenas en esos áticos de fortuna que, con sus vistas impresionantes, acaban colmatando una experiencia potente. Recomendable al máximo el restaurante con super terraza El Tangerino, tiene una mojama de atún de infarto, pero tranquilos, tienen desfibrilador.

Pero, ¿y si le da un pronto y quiere hacer unas compras de madrugada? Pues sí, es posible y recomendable. Muchos zocos cierran gradualmente hacia el anochecer, pero hay dos que son máquinas de abducción por su encanto, magia y artesanía; son el Petit Socco y Grand Socco, en los que es posible hacer cambalaches y trapicheos "tolerados" en los que existen riesgos potenciales con los agentes de la ley que ora miran a otro lado, ora te dan un susto para aligerarte los bolsillos. Otra opción nocturna antes de retirarse a sus aposentos podría ser la visita a un Hammam para purificarse de la caminata diurna; unas duchas de contraste y un buen masaje, y a la cama a toda pastilla.

Estas pequeñas ideas están orientadas para visitar Tánger en un fin de semana o en un puente, mejor si cabe. Merece la pena visitar la ciudad por su vitalidad racial y sus mercados, su ancestralidad llena de sedimentos de civilizaciones perdidas unas, otras vivas en sus legados, por su acumulado histórico pues hasta las piedras hablan; y, finalmente, porque no deja de ser una huella de la impronta europea. Es en esencia una ciudad cosmopolita a pesar de que Hassan II en su momento intentó desnaturalizar Tánger trayendo a medio millón de marroquíes sureños para borrar el vestigio de las influencias de los depravados no creyentes del otro lado del estrecho.



Por
15/07/2026 - 05:00
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2026-07-15/secreto-mejor-guardado-estrecho-por-que-tanger-ciudades-fascinantes-mundo_4389085/

viernes, 17 de julio de 2026

Ni Sevilla ni Bilbao: la única ciudad española que se ha 'colado' entre las mejores del mundo para viajar solo (y supera a Berlín y Estambul)



(Fuente: iStock)


El turismo en solitario continúa ganando cada vez más adeptos en todo el mundo y está modificando el mapa de los destinos preferidos por quienes buscan disfrutar de las ciudades a su propio ritmo



Viajar en solitario se ha convertido en una de las grandes tendencias del turismo internacional. Lo que hace apenas unos años era una opción minoritaria, hoy ya es una forma de viajar cada vez más habitual entre quienes buscan libertad para organizar su propio itinerario, descubrir destinos a su ritmo y vivir experiencias sin depender de nadie más. En este contexto, hay una ciudad española que ha logrado destacar en una clasificación global que reúne a los destinos favoritos de los llamados solo travelers.

Se trata de Alicante, la única representante española en el ranking elaborado por la plataforma de free tours GuruWalk, que ha analizado las reservas registradas entre junio de 2025 y junio de 2026. La ciudad mediterránea ocupa el puesto 45 de una lista formada por 50 destinos de todo el mundo y consigue situarse por delante de grandes referentes turísticos internacionales como Berlín o Estambul.


placeholder(Fuente: iStock)
(Fuente: iStock)

La clasificación se ha elaborado a partir de las 150 ciudades con mayor volumen de reservas en la plataforma. Posteriormente, se calculó qué porcentaje de esas reservas correspondía a viajeros que se desplazaban solos. El resultado ofrece una radiografía de los lugares que más atraen a quienes prefieren descubrir el mundo por su cuenta.

Que Alicante aparezca en esta clasificación no es casualidad. La ciudad reúne varios ingredientes especialmente valorados por los viajeros independientes: un tamaño manejable, una amplia oferta cultural, buenas conexiones de transporte y una climatología agradable durante gran parte del año. El castillo de Santa Bárbara, uno de los grandes símbolos de la ciudad, permite contemplar unas vistas privilegiadas de la costa mediterránea. A pocos minutos se encuentran el paseo de la Explanada de España, el casco antiguo del barrio de Santa Cruz y algunas de las playas urbanas más populares de la Comunidad Valenciana.

A ello se suma una atmósfera relajada que facilita explorar la ciudad caminando, algo especialmente apreciado por quienes viajan solos. Además, su aeropuerto internacional conecta Alicante con decenas de ciudades europeas, convirtiéndola en una puerta de entrada cómoda para visitantes procedentes de distintos países.

Según los datos de GuruWalk, el 31% de las reservas realizadas en Alicante corresponden a viajeros en solitario, una cifra que le permite entrar en el selecto grupo de ciudades que más atraen a este perfil turístico.


Por delante de Berlín y Estambul

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la posición que ocupa Alicante respecto a otros destinos de enorme popularidad internacional. Berlín, considerada una de las capitales culturales más importantes de Europa, aparece en el puesto 49 con un 27% de viajeros en solitario. Por su parte, Estambul, la histórica ciudad situada entre Europa y Asia y uno de los destinos más visitados del planeta, cierra la clasificación en la posición número 50 con un 26%.

Aunque ambas ciudades siguen recibiendo millones de turistas cada año, el informe refleja que una mayor proporción de sus visitantes continúa viajando en pareja, con amigos o en familia. Alicante, en cambio, destaca por atraer a un porcentaje superior de personas que optan por recorrer el destino sin compañía.

La presencia de Alicante como única ciudad española puede resultar sorprendente si se tiene en cuenta el peso turístico de Madrid y Barcelona. Sin embargo, el estudio no mide el número total de viajeros en solitario, sino el porcentaje que representan respecto al conjunto de visitantes de cada destino. De hecho, estas dos grandes ciudades con más reservas de free tours realizadas por personas que viajan solas. La capital española ocupa la primera posición mundial por volumen absoluto de reservas de este tipo, mientras que Barcelona se sitúa en tercer lugar.

Sin embargo, al analizar la proporción sobre el total de turistas, ambas ciudades quedan fuera de los 50 primeros puestos. En Madrid, los viajeros en solitario representan el 25% de las reservas, mientras que en Barcelona alcanzan el 26%, cifras inferiores a las registradas en Alicante. Estos datos reflejan que tanto Madrid como Barcelona siguen siendo destinos especialmente populares entre familias, parejas y grupos organizados, mientras que Alicante presenta un perfil más equilibrado y atractivo para quienes viajan por su cuenta.


Toronto lidera la clasificación mundial

El ranking elaborado por GuruWalk está encabezado por Toronto, en Canadá, donde el 50,5% de las reservas fueron realizadas por viajeros en solitario. La ciudad canadiense destaca por su diversidad cultural, sus barrios multiculturales y la facilidad para recorrerla de manera independiente.

Tras ella aparecen Santa Ana, en El Salvador, con un 50%, y São Paulo, en Brasil, junto a Taipei, en Taiwán, ambas con un 49,5%. Completan las primeras posiciones Kuala Lumpur, La Paz y Hong Kong, todos ellos destinos que destacan por su mezcla de cultura, accesibilidad y experiencias adaptadas a quienes prefieren viajar solos.

La clasificación también confirma el creciente atractivo de Asia para este perfil de turista. Ciudades como Singapur, Seúl, Bangkok, Shanghái o Chiang Mai aparecen entre las veinte primeras posiciones gracias a factores como la seguridad, las buenas infraestructuras y la facilidad para desplazarse.

El auge de los viajes en solitario responde a varios factores. Cada vez más personas valoran la libertad de organizar su tiempo sin compromisos, adaptar el presupuesto a sus necesidades y tomar decisiones espontáneas durante el viaje. Además, el desarrollo de plataformas digitales, actividades grupales y experiencias compartidas facilita que los viajeros independientes puedan conocer gente nueva durante el recorrido sin renunciar a la autonomía que buscan.


domingo, 14 de junio de 2026

Noruega tiene el único tren que persigue auroras boreales en la noche ártica

 

El tren nocturno noruego para ver auroras boreales se llama Northern Lights Train y la experiencia, Midnight Aurora Route.

Noruega ha convertido la histórica línea férrea de Ofoten en una experiencia nocturna para cazar luces del norte. Se llama Northern Lights Train y la experiencia, Midnight Aurora Route. Sin pantallas, sin prisas, sin carreteras. Solo el cielo, la aurora boreal y una fogata en medio de la nada.

Las auroras boreales son física cósmica convertida en espectáculo: partículas solares que chocan contra el campo magnético terrestre e iluminan la atmósfera con cortinas de verde, violeta y rojo que parecen tener vida propia. La ciencia lo explica perfectamente, pero no explica del todo lo que sientes al verlas. Los psicólogos lo llaman "asombro": esa mezcla de admiración y pequeñez que experimentamos ante algo que nos supera, amplificada aquí por el silencio, la oscuridad y el frío del Ártico. Los vikingos veían en ellas el Bifröst, el puente de los dioses. Los sami creían que eran las almas de los muertos danzando en el cielo. Los inuit, espíritus jugando sobre sus cabezas. Cada cultura ha proyectado en las auroras sus miedos y sus esperanzas, y eso, en sí mismo, ya dice mucho de su poder.

El viaje cuesta 130 euros y dura poco más de tres horas: tras una primera parada en Bjørnfjell, junto a la frontera sueca, el tren continúa hasta Katterat con la iluminación al mínimo para que tus ojos se adapten a la noche.

Ahora hay un tren en Noruega que te lleva a buscarlas. No es una ruta cualquiera: es una experiencia diseñada para perseguir auroras en la oscuridad total del Ártico, lejos de cualquier farola y de cualquier rastro de civilización. Sale de Narvik, por encima del Círculo Polar Ártico, y recorre la línea de Ofoten hasta una estación remota a la que solo se puede llegar sobre raíles.

De raíles de hierro a cazadores de auroras

Narvik es el pueblo desde donde sale el tren y situado por encima del Círculo Polar Ártico. Para llegar a Narvik, la opción más práctica es volar al aeropuerto de Evenes, a 80 kilómetros; la más bonita, el tren nocturno desde Estocolmo.

La línea de Ofoten no se construyó para turistas. Se inauguró el 14 de julio de 1903 para transportar mineral de hierro desde las minas suecas de Kiruna hasta el puerto de Narvik, y durante más de un siglo sus raíles han atravesado uno de los paisajes más dramáticos de Escandinavia: fiordos, montañas nevadas, cascadas congeladas y túneles excavados en la roca viva. Hace unos meses, la empresa Arctic Train tuvo la idea de aprovechar esta infraestructura centenaria para algo muy distinto: una experiencia nocturna dedicada a cazar auroras boreales. Un tren sale de Narvik al anochecer y se adentra en la oscuridad de las montañas hasta Katterat, una estación a 374 metros de altitud a la que no llega ninguna carretera. Ese aislamiento es exactamente lo que la hace mágica.

Vista nocturna de Narvik en la que se aprecia una impresionante aurora boreal.

Tres horas para mirar el cielo de otra manera

La ruta sale de Narvik, por encima del Círculo Polar Ártico, y recorre la línea de Ofoten hasta una estación remota a la que solo se puede llegar sobre raíles.

La Ruta de la Aurora de Medianoche opera de septiembre a marzo, los meses en que la oscuridad ártica y la actividad solar se alían para ofrecer las mejores auroras. Dado su éxito, las plazas vuelan y conviene reservar con tiempo en norwegian.travel o visitnarvik.com Las salidas son a las 19:00 hasta mediados de diciembre y a las 19:45 a partir del 17, ajustándose siempre a la máxima oscuridad. El viaje dura poco más de tres horas: tras una primera parada en Bjørnfjell, junto a la frontera sueca, el tren continúa hasta Katterat con la iluminación al mínimo para que tus ojos se adapten a la noche.

La línea de Ofoten se inauguró en 1903 para transportar mineral de hierro desde las minas suecas de Kiruna hasta el puerto de Narvik, y durante más de un siglo sus raíles han atravesado uno de los paisajes más dramáticos de Escandinavia: fiordos, montañas nevadas, cascadas congeladas y túneles excavados en la roca viva.

130 euros bien invertidos

El billete cuesta unos 130 euros e incluye el trayecto completo, bebidas, snacks y guías especializados. Para llegar a Narvik, la opción más práctica es volar al aeropuerto de Evenes, a 80 kilómetros; la más bonita, el tren nocturno desde Estocolmo. Y en la maleta: capas térmicas serias, guantes gruesos y calzado impermeable. En Katterat, a cielo abierto y en pleno invierno ártico, el frío va en serio.

A finales de 2025 circularon por internet imágenes espectaculares de un supuesto tren noruego con techos de cristal. Eran generadas con inteligencia artificial. El Northern Lights Train real no tiene vagones panorámicos, y no los necesita: su gracia está en sacarte del vagón y ponerte bajo el cielo de verdad, junto a una fogata de verdad. No es un parque temático. Es naturaleza en estado puro.

El cielo como destino

En un momento en que el turismo de naturaleza se enfrenta a la paradoja de su propio impacto ambiental, este tren tiene un argumento poderoso: funciona con energía hidroeléctrica renovable y utiliza una infraestructura ferroviaria que lleva más de un siglo en pie, sin necesidad de construir nuevas vías ni alterar el paisaje. Turismo ártico con huella de carbono mínima. Algo que debería ser la norma y no la excepción.

Los psicólogos llaman a este fenómeno "asombro": por esa mezcla de admiración y pequeñez que experimentamos ante algo que nos supera, amplificada aquí por el silencio, la oscuridad y el frío del Ártico.

El momento cumbre llega cuando bajas del tren en Katterat. Allí, en medio de la nada, los guías han preparado una fogata. Hay bebidas calientes, un lavvu (la tienda tradicional sami) y un cielo sin una sola farola en kilómetros. Te explican qué estás viendo, te cuentan las historias que el Ártico guarda sobre esas luces y te enseñan a configurar la cámara para que puedas llevarte algo más que el recuerdo. No hay garantía de que la aurora aparezca esa noche porque nadie puede prometer eso, pero la ubicación está elegida para maximizar las probabilidades. Y si las luces no se dejan ver, el silencio ártico y el cielo estrellado ya justifican el viaje.



Actualizado 

martes, 28 de abril de 2026

Ruta 66, la gran aventura americana que convirtió el 'road trip' en símbolo de libertad

 


Hackberry General Store, la icónica estación de servicio de Arizona permanece abierta al público con su estética 'vintage'

Siegfried Layda / Getty


La histórica vía de conexión de la región de los Grandes Lagos y la costa del Pacífico permanece en el imaginario colectivo como sinónimo de prosperidad


Intersección ente Jackson Boulevard y Michigan Avenue de Chicago. Un letrero a pie de calle reza: Illionois, inicio de la histórica Ruta 66. A ojos de cualquier peatón -o automovilista que circule por el distrito financiero- el cartel, sin grandes pretensiones, podría pasar desapercibido e incluso generar cierta confusión, ya que dicha carretera fue oficialmente clausurada por el gobierno federal en 1985. 

Metáfora de la historia de los Estados Unidos durante buena parte del siglo XX, la Ruta 66 ha permanecido en el imaginario colectivo como un símbolo de libertad y de prosperidad. La Calle Principal de América -The Main Street of América- como fue conocida en sus inicios- no tardó en popularizarse y durante décadas ejerció como la gran vía de conexión de la región de los Grandes Lagos y la costa del Pacífico transitable en cualquier época del año. En total sumaba 2.448 millas (3.940 kilómetros) que enlazaban Chicago y Santa Mónica atravesando ocho estados: Illinois, Misuri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California.

La Ruta 66 a su paso por el desierto de California
La Ruta 66 a su paso por el desierto de CaliforniaArtur Debat / Getty

La iniciativa, que nació del empeño de Cyrus Stevens Avery, un audaz hombre de negocios de Tulsa (Oklahoma), superó con el tiempo las expectativas más optimistas. Eran momentos de efervescencia del sector automovilístico -en la década de 1920, el número de coches que circulaban en EE.UU. pasó de ocho millones a 23 millones- y su convicción de que la construcción de una vía que atravesara el país impulsaría a su paso el comercio, el turismo y el desarrollo de las pequeñas comunidades del interior acabó seduciendo a las autoridades.

Avery se salió con la suya y el 11 de noviembre de 1926 se inauguraba la Ruta 66 como carretera federal oficial. Sin embargo, la vía estaba lejos de terminarse; únicamente una tercera parte de sus casi cuatro mil kilómetros estaban asfaltados, mientras que el resto combinaba tramos de tierra, ladrillo, grava e incluso tablones de madera. Finalmente, en 1938, la totalidad del tramo quedó pavimentado.

La ruta sumaba 3.940 km que atravesaban Illinois, Misuri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California

Para entonces, la Gran Depresión derivada del crac del 29 y los estragos provocados por la sequía y la Dust Bowl -el episodio de grandes tormentas de polvo que arrasaron campos de cultivo y soterraron poblaciones enteras en el centro del país, y muy especialmente en Oklahoma y Texas- habían impulsado a centenares de miles de refugiados hacia el oeste en busca de oportunidades. Huían de los campos desiertos del Medio Oeste tras la promesa dorada del trabajo agrícola en California. 

El éxodo fue retratado magistralmente por John Steinbeck en The grapes of wrat (Las uvas de la ira), una novela que narra la dureza de la emigración de la familia Joad desde Oklahoma hacia California. La obra, premiada con el Pulitzer, posteriormente fue llevada a la gran pantalla por John Ford. Steinbeck bautizó la Ruta 66 como la Carretera Madre (Mother Road), evocando el refugio que buscaban los okies, los migrantes no solo de Oklahoma, sino también de las grandes llanuras como Texas o Kansas, y el papel que desempeñó la ruta en el nacimiento de las ciudades de la Costa Oeste.

El restaurante Steak 'n' Shake, famoso por sus hamburguesas de carne, en Springfield, Missouri, una de las paradas de la histórica Ruta 66 en 1989
El restaurante Steak 'n' Shake, famoso por sus hamburguesas de carne, en Springfield, Missouri, una de las paradas de la histórica Ruta 66 en 1989Richard Jordan (Getty)

La entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial puso de nuevo el foco en la vía, convertida en una arteria fundamental para el traslado de material bélico desde hasta los puertos. Finalizado el conflicto, la carrera experimentó su gran época dorada, con las familias con dinero en los bolsillos deseaban gastarlo conociendo una nueva parte del país en un road trip.

A su paso florecieron miles de negocios y los locales prosperaban acordes a la popularidad y al dinero que generaba un flujo aparentemente interminable de automovilistas. Gasolineras, moteles, pequeñas cafeterías familiares, restaurantes con servicio para vehículos, talleres, cines y un sinfín de propuestas variopintas emergieron como setas a pie de carretera anunciados con miles de gigantescos letreros de neón parpadeantes y vallas publicitarias -¡en 1963 se llegaron a contar a lo largo de todo el trayecto una veintena de ellas por milla!-. 

Los moteles, cafeterías y restaurantes abandonados cohabitan con locales restaurados, como el Golden Dragon de Tucumcari (Nuevo México)
Los moteles, cafeterías y restaurantes abandonados cohabitan con locales restaurados, como el Golden Dragon de Tucumcari (Nuevo México)© Alex Webb/Magnum Photos

Y, es que, además de una inagotable fuente de negocio, la Mother Road se había convertido en una atracción con derecho propio que había inspirado canciones como Route 66, popularizada por Nat King Cole en los años cuarenta, en la que invitaba a viajar al oeste, y series de televisión en los sesenta con idéntico nombre. Los viajeros se maravillaban de la asombrosa amalgama de contrastes. 

El camino era un mundo de rascacielos, granjas solitarias, vastas y fértiles plantaciones, desiertos abrasadores, de polvo y de playas.  Descubrían las ciudades industriales del este, en Illinois; las llanuras agrícolas y los campos interminables de trigo y maíz de Misuri y Kansas; la aridez de Oklahoma y Texas; los anaranjados y ocres de Nuevo México y Arizona salpicados de cactus y formaciones rocosas, acantilados y profundos cañones, hasta alcanzar California y el Pacífico atravesando tierras fecundas. ¡Estados Unidos era hermoso!

La afluencia de viajeros llegó a ser tal que a medidos de los años cincuenta, la Ruta 66 era incapaz de absorber todo el tráfico. La construcción de la Interestatal, una autopista más rápida, aunque menos pintoresca, marcó el principio de su fin, y los pequeños negocios familiares comenzaron a desaparecer a medida que el progreso avanzaba por las nuevas autopistas. 

En 1985, tras casi seis décadas de servicio, la Calle Principal de América perdía su estatus oficial y con él decenas de comunidades en otros tiempos prósperas en el norte de Nuevo México y Arizona quedaban fuera de servicio en favor del largo y recto trazado de la I-40 a través del desierto. A medida que las ciudades iban creciendo, muchos tramos quedaron sepultados por la arena o por las nuevas construcciones. 

La ruta, a su paso por el norte de la reserva apache de Arizona suma terrenos y negocios a la venta
La ruta, a su paso por el norte de la reserva apache de Arizona suma terrenos y negocios a la venta© Larry Towell / Magnum Photos

Pero la ruta no murió, y hoy pueden transitarse partes de la rebautizada Ruta Histórica 66, en las que la cultura y la historia permanecen vivas, con viejos moteles de carretera, restaurantes con sus fachadas descoloridas por la acción del sol y gasolineras abandonadas transformadas en iconos. Un decorado kitsch con más de 250 edificios, puentes y sitios incluidos en el registro nacional de lugares históricos. 

Sea en coche o en moto, puede completarse el recorrido en un sentido u otro en unas dos semanas, si se está dispuesto a conducir diariamente entre 200 y 500 kilómetros en un trayecto en el que la nostalgia permanece a flor de piel. Se impone pernoctar en estos viejos moteles, comer en las tradicionales cafeterías de carretera o desviarse de la ruta para conocer parajes naturales.

Albert Okura trabaja en la recuperación de la arquitectura Googie de Roy's, en Amboy. Sobresale su neón en forma de estrella que sigue atrayendo a los viajeros
Albert Okura trabaja en la recuperación de la arquitectura Googie de Roy's, en Amboy. Sobresale su neón en forma de estrella que sigue atrayendo a los viajerosSiqui Sanchez /Getty

La celebración de su centenario es un buen momento para rendir homenaje a estos negocios que permanecen en pie desafiando el paso del tiempo y tras los cuales se esconden miles de historias. Como la de la familia Threatt, cuya tercera generación trabaja en Luther (Oklahoma) con el objetivo de preservar la gasolinera Threatt, un área de servicio que abrió al público en 1915 para atender y refugiar a automovilistas negros durante los años de práctica de la segregación racial. 

O la familia Okura de California, que desde hace más de veinte años impulsa la restauración del pueblo ferroviario de Amboy, en el desierto de Mojave, hoy abandonado, recuperando antiguas bombas de gasolina y su motel de mediados de siglo XX. Y es que, la Ruta 66 no es una mera diagonal que cruza el país de Chicago a Santa Mónica, la Carretera Madre es historia viva. 

Celebración del centenario

La ciudad de Springfield (Misuri) inaugurará el próximo 30 de abril los actos conmemorativos del centenario. La programación, que se prolongará hasta finales de año desde Chicago a Santa Mónica, incluirá una amplia oferta de exposiciones, desfiles y concentraciones de vehículos clásicos, conciertos, ferias gastronómicas y un largo etcétera. 
Coincidiendo con las celebraciones, Chicago ha cambiado el punto de inicio de la Ruta Histórica 66, instalando un nuevo letrero en Navy Pier. El cambio de ubicación responde a la voluntad de conectar simbólicamente los muelles del lago Michigan, en el este, y el de Santa Mónica, en el oeste. No obstante, se conservan los carteles del centro de la ciudad como parte de la interpretación histórica.


Magda Bigas Serra
26/04/2026 07:00
https://www.lavanguardia.com/magazine/viajes/20260426/11520814/centenario-ruta-66-road-trip-america-simbolo-libertad.html