domingo, 12 de abril de 2026

¿Ha descubierto The NY Times al creador de Bitcoin? Una contundente investigación revela quién es Satoshi Nakamoto

 

Adam Back. Foto: Bloomberg.


  • Señala al criptógrafo Adam Back como el genio tras la criptomoneda, pero él lo niega
  • Analiza su lenguaje, su rastro digital y presenta una contundente lista de indicios
  • El anonimato protege una fortuna de bitcoins valorada en más de 78.000 millones



El creador de Bitcoin lleva 17 años en el anonimato. Tras inventarse un sistema que desafía a la industria financiera tradicional y crear un activo digital que ahora vale 1,4 billones de dólares (trillions), es una de las personas más revolucionarias de nuestro tiempo. Desde 2008, ha habido numerosos intentos de descubrir a Satoshi Nakamoto, pero ninguno se ha dado por bueno. Ahora, un periodista de The New York Times, John Carreyrou, ha realizado una investigación de un año y medio, en la que asegura haber resuelto el enigma.

Carreyrou asegura que Adam Back es Satoshi Nakamoto. Back es un londinense de 55 años, perteneciente a los Cypherpunk. Es un grupo de programadores y criptógrafos que abogan por la máxima privacidad en internet, con numerosas contribuciones. Uno de sus principales focos fue el de crear dinero digital privado -como Bitcoin-. Son los precursores de las criptomonedas. Entre ellos, el medio neoyorquino ha dado con la figura más relevante de todo el mundo cripto, Nakamoto.

El artículo se ha publicado este miércoles y el propio protagonista ha negado ser él. "No soy Satoshi, pero desde muy temprano me interesé en los beneficios sociales de la criptografía, la privacidad online y el dinero electrónico. De ahí mi interés activo desde 1992 en investigar el eCash y la tecnología de la privacidad en los foros de los Cypherpunks donde lideré ideas como el hashcash y otras", escribe en redes sociales Back.

Sin embargo, el periodista tiene argumentos sólidos y convincentes, por lo que la situación actual es la de la palabra de Carreyrou contra la de Back. A lo largo del artículo, el periodista va desgranando una lista de indicios. Por ejemplo, estudia el rastro del supuesto Satoshi en el foro de los Cypherpunks, cientos de miles de publicaciones entre 1992 y 2008. Una de las cuestiones clave es que el británico es el creador del hascash, la base de la seguridad y el consenso de Bitcoin. Este trabajo de Back sale citado en el white paper de Nakamoto.

Además, The New York Times ha analizado el lenguaje que usa Nakamoto en su rastro que ha dejado en internet y contrasta sus expresiones con las de Back. Hizo una lista de más de 100 palabras y buscó expresiones que usaran tanto el personaje anónimo, como el conocido. Y encontró varias coincidencias de expresiones recurrentes. Después, estudia a nivel forense, con la ayuda de expertos y un programada ad hoc el lenguaje de ambos y las señas de identidad en sus formas de expresarse. Por ejemplo, un error que comenten los dos es el uso de los guiones en conceptos como la Prueba de Trabajo (proof-of-work).

Por otra parte, también menciona la frase escrita en el primer bloque de Bitcoin, que era el titular de ese día del británico The Times: 'Chancellor on brink of second bailout for banks' o, en español, 'El ministro de Hacienda [Alistair Darling] está al borde de decretar un segundo rescate para los bancos'. La elección de ese medio para el texto de la primera piedra de Bitcoin apunta a una persona británica. Asimismo, el periodista le entrevistó en persona en un evento cripto y explica que Back se muestra reticente cuando habla de sus orígenes. También apunta que se muestra esquivo, en otras ocasiones, con temas sensibles que muestran los parecidos razonables entre ambos. Incluso, deja de contestar correos electrónicos cuando le pregunta temas sensibles.

Es extensísima la lista de "coincidencias" entre Back y Satoshi que Carreyrou aborda en su artículo. Entre ellas, la relación del creador de Bitcoin con Hal Finney (otro Cypherpunk), su ideología libertaria, el uso del código para enviar mensajes políticos, sus comentarios sobre la prohibición de tener oro en casa en Estados Unidos en 1933, el anonimato y la referencia a Japón en su pseudónimo, el uso de la red privada Tor, sus frases casi idénticas, los mismos errores gramaticales, sus apariciones y desapariciones públicas coincidentes, etc. El periodista dibuja un retrato de la misma persona o al, menos, de dos personas que hacen cosas idénticas.

Tras esta investigación, Carreyrou contrasta estas cuestiones en persona con Back en un encuentro en El Salvador. El británico sigue negándolo en decenas de ocasiones. Y este mismo miércoles, vuelve a recalcarlo en redes sociales: "No sé quién es Satoshi y creo que esto es lo mejor". Tras estudiar y descartar a cientos de candidatos, el periodista dice que no tiene la prueba definitiva de la identidad de Satoshi, ya que solo Satoshi puede probarlo, pero también asegura que no tiene ninguna duda de que Back lo sea.

Incluso, el investigador pregunta al londinense por una frase de Nakamoto y, por error, Back dice que en esa época habló mucho, sin darse cuenta de que, indirectamente, responde por el autor del white paper. En todo caso, los argumentos de The New York Times son sólidos, precisos y abundantes, centrándose en las señas de identidad del lenguaje y en todas las contribuciones y trabajo técnico previo a la publicación de Bitcoin. Nakamoto bebe de todo el conocimiento de Back y Back conoce perfectamente las entrañas de Bitcoin y todo lo que le rodea. Es como si compartieran el mismo cerebro.

Es totalmente comprensible que el creador de Bitcoin, sea quien sea, no quiera revelar su identidad. Por lo menos, tiene 1,1 millones de bitcoins, que, a precios actuales, suponen una fortuna de 78.650 millones de dólares. Las criptomonedas se pueden auto-custodiar, por lo que sería peligroso admitir que eres dueño de esa ingente montaña de bitcoins.


Carlota G. Velloso
15:00 - 8/04/2026
https://www.eleconomista.es/cripto/noticias/13860932/04/26/ha-descubierto-the-ny-times-al-creador-de-bitcoin-una-contundente-investigacion-dice-quien-es-satoshi-nakamoto.html

sábado, 11 de abril de 2026

Lo que no se cuenta de Artemis II: un laboratorio humano para el próximo gran viaje al espacio



Christina Koch y Jeremy Hansen en el interior de la nave espacial Orion durante el tercer día de la misión Artemis II. (NASA)



Los astronautas viajan con gemelos digitales de su médula ósea y otros experimentos clave para la investigación espacial. Mientras, en la Tierra, el Gobierno de EEUU quiere cargarse la mitad del presupuesto científico de la NASA




Artemis II está en su recta final antes de que Orion americe pasado mañana en el Pacífico. Ocurrirá en nuestra madrugada del sábado 11 de abril, si todo va según lo previsto. Dentro de la nave, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen hacen las últimas pruebas en los sistemas y mantienen un ojo puesto en que la trayectoria no se desvíe ni un ápice para que nada falle en el tramo final. También en estos días, pasados los momentos más críticos, tienen tiempo para centrarse en otro de los objetivos de la misión: hacer ciencia. Aunque seguramente lo harían con una ceja arqueada si hubieran leído las últimas noticias de la Casa Blanca (tienen móviles a bordo, pero no acceso a internet).

El pasado viernes, mientras ellos ponían rumbo a la Luna, la administración Trump publicó una propuesta de presupuesto para 2027 que incluye un recorte del 23% de la financiación total de la NASA. También prevé una reducción de sus programas científicos a casi la mitad (cerca del 47%). 3,4 mil millones de dólares menos para ciencia y 297 millones de dólares restados a la investigación tecnológica espacial para “proyectos tecnológicos frívolos” como los destinados a “sostenibilidad espacial”.

Días después, durante su conversación con los astronautas a bordo de Orion tras su sobrevuelo lunar, Trump se jactó de su papel decisivo en salvar la agencia espacial estadounidense; hubo silencios y expresiones incómodas. Aunque la partida presupuestaria sí mantiene el apoyo a los vuelos espaciales tripulados (se menciona directamente el programa Artemis y la base lunar permanente), la investigación científica es indesligable de la exploración espacial. Una no puede avanzar sin la otra. Desde la organización sin ánimo de lucro The Planetary Society han recordado que estos recortes pueden debilitar la base científica que impulsa las misiones con humanos. Ajenos a esto, en el espacio, los astronautas de Artemis II trabajan estos días en avances científicos pioneros. Uno de ellos, viajar con recreaciones de su médula ósea en chips. Otro ya ha quedado grabado en nuestra retina para siempre: las imágenes de la cara oculta de la Luna.


Geología y ciencia lunar con lupa

Las fotografías que nos han maravillado de la cara oculta de la Luna son mucho más que eso. Aunque ya se hubieran captado por satélite, el ojo humano aprecia detalles que la tecnología no. Algo aún más relevante teniendo en cuenta que la tripulación ha batido el récord de distancia más lejana a la Tierra alcanzada por un ser humano. “Si bien se aprecian pequeñas manchas de mares y cráteres profundos, están prácticamente ausentes en la cara oculta. Es muy diferente”, explicó Hansen, el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense.

“Las observaciones que realice la tripulación de Artemis II nos ayudarán sin duda a preparar y entrenar a los futuros astronautas para sus misiones”, valora Gordon 'Oz' Osinski, profesor del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Western University (Canadá) y miembro del equipo científico de Artemis III, siguiente fase del programa Artemis. El experto explica a El Confidencial que los astronautas han utilizado sus cámaras para tomar fotografías y anotar los cambios en las características de la superficie a medida que cambiaba la iluminación. “Quizás vean algo como un nuevo cráter de impacto de meteorito que no es evidente en las imágenes de satélite”, ejemplifica.

Estas observaciones científicas pueden revelar la historia geológica del satélite y son fundamentales para los astronautas de futuras misiones que alunicen y exploren la superficie lunar, la antesala a la colonia lunar y a viajar a Marte. Toda esta información es la que los astronautas pudieron compartir ayer con los científicos en tierra. Integrar las operaciones científicas en vuelos tripulados no es nuevo pero, en comparación con el programa Apolo, Artemis sí ha introducido un cargo específico en el Control de Misión de la NASA: los oficiales científicos de Artemis II. Una figura que puede que también estén temblando con los anuncios de Trump.


placeholderLos oficiales científicos de Artemis, Young, Graff y García, junto a la nueva consola SCIENCE en el Centro de Control de Misiones del Centro Espacial Johnson. (NASA/Josh Valcarcel)
Los oficiales científicos de Artemis, Young, Graff y García, junto a la nueva consola SCIENCE en el Centro de Control de Misiones del Centro Espacial Johnson. (NASA/Josh Valcarcel)

“Los oficiales científicos son los controladores de vuelo sénior responsables de los objetivos de ciencia y geología lunar durante las misiones Artemis”, indica Kelsey Young, líder de ciencia lunar de la NASA para Artemis II y una de las primeras oficiales científicas de la misión. Junto a ella, Trevor Graff y Angela García son los ojos de los científicos lunares.

Su rol no es lo único novedoso que se ha introducido en esta misión en lo que se refiere a hacer ciencia. “Hemos estado utilizando la nueva Sala de Evaluación Científica (SER) del Centro Espacial Johnson de la NASA en los ejercicios de entrenamiento para la primera misión de alunizaje. Artemis II ha sido la primera misión real en utilizar esta sala, fundamental para garantizar que todo funcione y que los procesos sean lo más eficientes posible”, detalla Osinski. Desde ella y desde la Sala de Operaciones de Misiones Científicas se brinda apoyo científico a los astronautas. “Llevar a cabo la investigación científica es muy importante”, zanja Osinski. Y eso que, de momento, solo nos hemos quedado en la superficie lunar. ¿Qué hay de nuestra salud en el espacio profundo?


Conejillos de indias de la radiación espacial

Uno de los interrogantes que la ciencia aún no ha resuelto es cómo impacta la radiación espacial en la salud humana. La evidencia sobre sus efectos es escasa y lejana. Se sabe que estas partículas cósmicas cargadas de energía pueden atravesar tejidos, alterar funciones celulares y hasta romper y dañar el ADN. “A corto plazo, el daño puede provocar enfermedad o la muerte del individuo. A más largo plazo, puede suponer la pérdida crónica de distintas funciones o el desarrollo de cáncer”, escribe en SINC Alfonso Blázquez Castro, profesor del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid.

Hoy, en el día 8 de misión, la tripulación simulará la construcción de un refugio con los suministros y equipamientos de Orion por si sucediera un evento de gran radiación, como una erupción solar. Suceda algo así o no, saber más de ello es imperativo si se quiere soñar de verdad con Marte. Científicos y a la vez sujetos de estudio, los tripulantes de Artemis se han prestado a la causa y, antes de abandonar la Tierra, se utilizó su sangre para crear modelos de médula ósea idénticos con sus células madre.


placeholderUn chip de órganos, del tamaño de una memoria USB, para llevar a cabo experimentos de médula ósea en el espacio. (NASA)
Un chip de órganos, del tamaño de una memoria USB, para llevar a cabo experimentos de médula ósea en el espacio. (NASA)

Estos se almacenaron en chips de órganos, también conocidos como chips de tejidos o sistemas microfisiológicos. Unos se quedaron en la NASA, otros viajan a bordo de Orion junto a sus donantes. Una vez de vuelta, el proyecto, llamado AVATAR (A Virtual Astronaut Tissue Analog Response), permitirá comparar ambos chips para entender el efecto de la radiación en el desarrollo de los glóbulos sanguíneos. Como sucede con la investigación espacial, este tipo de hallazgos puede también recalar en un uso en la Tierra; en este caso, puede impulsar la medicina personalizada.

Los astronautas no solo dejaron sus células madre en la Tierra, también muestras de saliva. Estas, junto a las tomadas durante y después de la misión, actuarán como biomarcadores inmunitarios que permitirán evaluar cómo cambia su sistema inmune, que debe protegerles en un entorno tan hostil como el espacio profundo. También analizarán si los virus inactivos se reactivan allí.


placeholderEl dispositivo que mide el sueño, el movimiento y la exposición a la luz de los astronautas dentro del proyeceto ARCHeR. (NASA/Helen Arase Vargas)
El dispositivo que mide el sueño, el movimiento y la exposición a la luz de los astronautas dentro del proyeceto ARCHeR. (NASA/Helen Arase Vargas)

Hay más pruebas en marcha relacionadas con la salud. Ayer mismo, los astronautas probaron una prenda para la intolerancia ortostática. Esta puede acarrear síntomas como mareos y taquicardia si se altera el sistema nervioso. Los trajes están diseñados para ayudar a los astronautas a mantener la presión arterial y la circulación durante la transición de regreso a la gravedad terrestre. Durante los 10 días de la misión también están usando dispositivos para monitorizar sus patrones de sueño y sus movimientos, datos con los que se estudiará cómo los viajes espaciales afectan el sueño, el estrés y la cognición.


El campo de pruebas antes del gran salto

La Luna es, a la postre, el campo de pruebas científico y tecnológico, y también la gasolinera espacial, que permitirá aprender y extraer recursos para una futura misión con humanos al planeta rojo. Como reza la propia web de la agencia espacial estadounidense, “el vuelo de prueba tripulado Artemis II de la NASA está haciendo posible una gran labor científica que allanará el camino para futuras exploraciones con seres humanos en la Luna y, más adelante, Marte”.

Pero estos días no solo se cuestiona la importancia de la ciencia desde la Administración Trump. También se encuentran hordas de conspiranoicos que vuelven a poner en duda que el ser humano de verdad pisara la Luna en 1969 y que ahora la haya orbitado. ¿Por qué tantos problemas, si “supuestamente” ya hemos ido? No solo hay un objetivo más ambicioso (llegar y quedarse), también herramientas modernas que hay que adaptar. “Si la humanidad quiere seguir explorando y llegar a Marte, hay que aprender de nuevo a ir a la Luna y desarrollar tecnología y ciencia para hacer un viaje mucho más largo. Rehacer lo que se hizo hace 50 años, pero con la ingeniería y los ordenadores de ahora, y llevar a humanos de forma segura, requiere un trabajo ingente”, indicó a El Confidencial Ignasi Ribas Canudas, investigador en el Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC y director del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC).

Una de las mejoras en las que se ha trabajado ha sido en el escudo térmico, que durante Artemis I no se comportó como estaba previsto, y es vital para garantizar la supervivencia de Wiseman, Glover, Koch y Hansen en su reingreso a la atmósfera terrestre. Mientras llega ese último momento de infarto, en estos días más “monótonos”, como los bautizó en este diario Guillermo González, jefe de Producción de los Módulos de Servicio Europeos de Orion de la Agencia Espacial Europea (ESA), puede que la misión no viva grandes hitos. Pero sí momentos para que los más ‘frikis’ soñemos, mientras Trump, sus recortes y sus delirios bélicos nos dejen, con la ciencia.


viernes, 10 de abril de 2026

¿Europeos “vagos” contra estadounidenses “emprendedores”? Por qué sobreviven ciertos tópicos

 

A un lado, la Torre Eiffel. Al otro, el Empire State Building. Dos capitales y dos formas de entender la vida.Getty Images / Collage: Blanca López


El enfrentamiento entre la “vieja” Europa y los “dinámicos” Estados Unidos es un antiguo mito que la actualidad revive cada poco, pero ¿cuánto hay de real y por qué hemos llegado a considerar válidos esos lugares comunes?


Los filósofos llevan siglos reflexionando sobre ello: ¿Cuál es la esencia de Europa? Hace algunos días falleció Jürgen Habermas, que defendió que Europa es el lugar donde la democracia avanza gracias al diálogo. George Steiner, en La idea de Europa, cifró la singularidad del continente en sus distancias (a escala humana), en la existencia de cafés y en el peso de su historia, que a veces conduce a la melancolía; y Peter Sloterdijk considera que la civilización europea se caracteriza porque coloca el poder espiritual por encima del poder pasajero de la fuerza. No obstante, Internet no le da tantas vueltas: la esencia de Europa se encuentra condensada en el bigote de Roberto Conigliaro, una mata de pelo negro bajo unas gafas de sol setenteras donde caben las ideas de todos esos pensadores.

Conigliaro es uno de los miembros de Mind Enterprises, el dúo de músicos que llena salas de todo el mundo gracias a sus videos virales. Ellos son esos italianos que bailotean casi con desgana, visten ropa deportiva de los ochenta y fuman y beben Campari mientras pinchan italodisco en balcones con ropa tendida de fondo. Con su aspecto anacrónico, sus copas y sus cigarros, se han convertido en un símbolo de la despreocupación europea y protagonizan infinidad de memes: son perezosos, moderadamente autodestructivos e infinitamente cool. Muchos otros memes que circulan desde hace poco difunden estereotipos similares: el chef Anthony Bourdain se relaja al sol en la terraza de un café, suponemos que parisino, y alguien escribe que así —de tranquila— es cualquier “mañana laborable en Europa” o unos jóvenes fuman y beben en una terraza en Marbella y el comentario es que “los estadounidenses no podrían comprenderlo”.

También hay versiones menos amables. En la cuarta temporada de Succession, Gerri, una directiva americana que hace negocios con una empresa sueca, comenta: “Son europeos. Son blandos. Están apoltronados en sus redes de seguridad social y enfermos de esa manía por las vacaciones y la sanidad gratuita. Se creen vikingos, pero a nosotros nos han criado los lobos”. Aunque se trate de un diálogo de ficción, estas líneas condensan muchas de las cosas que los estadounidenses suelen reprochar a los europeos. Por supuesto, no es algo nuevo: Henry James (nacido en Nueva York y nacionalizado británico) escribió a finales del s. XIX y principios del XX varias novelas sobre el choque entre culturas, como El americano o Los embajadores, y este también ha sido siempre un tema para el cine y la televisión: un hilo conecta Un americano en París con Emily in Paris, o Vacaciones en Roma con Vicky, Cristina, Barcelona. Pero, a medida que la tensión diplomática entre Estados Unidos y la Unión Europea aumenta, el enfrentamiento de clichés y estilos de vida también se recrudece. Como casi siempre sucede en redes sociales, es muy posible que detrás del sarcasmo y de los chistes exista un programa ideológico.


Cómo nos ven“Hoy conviven dos versiones modernas de los imaginarios clásico. Por un lado, el del europeo sofisticado, que habla idiomas, sabe historia del arte, tiene una relación lenta y ritualizada con la vida (la sobremesa, el café, el paseo, la familia y los amigos, el buen tiempo). Ese imaginario tiene prestigio especialmente entre élites culturales urbanas estadounidenses y por eso ciudades como París, Roma o Barcelona siguen siendo vistas como capitales simbólicas del buen vivir. Y, a la vez, existe una lectura más crítica, que tiene que ver con el desarrollo del sistema neoliberal. Europa como un continente envejecido, estancado en el tiempo, sin innovación. Esta visión tiene mucho que ver con el contraste entre el modelo social europeo, más garantista y burocrático, y el ideal americano de productividad y expansión”, comenta la politóloga Lilith Verstrynge.

Efectivamente, las bromas son infinitas, pero todas conducen al mismo lugar: los europeos son tan distinguidos como torpes para las finanzas. El reproche viene de lejos, porque los políticos estadounidenses todavía recuerdan los 13.000 millones de dólares que su país invirtió en la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Tal y como señala el historiador Tony Judt en Postguerra: una historia de Europa desde 1945, los americanos enseguida reconocieron que el viejo mundo volvía a ser un espacio de cultura, pero las críticas sobre la falta de flexibilidad económica también aparecieron pronto (y llegan hasta nuestros días).

La profesora Nuria Peist, del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, cree que ningún tópico es inocente y que, en este caso, la rivalidad entre americanos y europeos fija una división del mundo “muy estricta y poco compleja que reproduce condiciones de desigualdad y de violencia simbólica”. Peist parte de la premisa de que las ficciones no están enfrentadas a la realidad, sino que son una porción importante de ella, de manera que, aunque “los tópicos deforman la realidad, también son efectivos a la hora de confirmarla y reproducirla”. “Sucede tanto en el cine, en el arte y en los memes de internet. Lo que pasa es que los públicos cambian, las maneras de relacionarnos también, y no es lo mismo la vivencia de mi abuela cuando iba de pequeña al cine, como pasaba en la peli Cinema Paradiso, que el bombardeo de memes que recibimos cuando escroleamos”, explica.

Patricia Bolaños, ilustradora y artista madrileña que lleva más de una década trabajando en Nueva York, confirma que muchas veces se ha reconocido en algunas bromas: “Siento que he interiorizado ciertos patrones americanos en cuanto a niveles de producción laboral, especialmente siendo freelance: estar siempre disponible, contestar rápido, no desconectar nunca del todo. En sectores como la ilustración editorial, donde la inmediatez es clave, no responder a tiempo puede significar perder un encargo”, comenta. “Los americanos siguen fantaseando con una vida europea, más ahora con la situación política en USA. Lo percibo constantemente no solo en la fetichización de destinos muy concretos como la Toscana, sino en algo más estructural: la idea de una vida más amable, más bella y más accesible, porque Nueva York es una ciudad dura, sucia y carísima”.

Cómo los vemos

En La piel, la crónica de Curzio Malaparte sobre la ocupación estadounidense de Nápoles entre 1943 y 1945 —hechos de los que el escritor fue testigo privilegiado—, los soldados estadounidenses aparecen representados como grandullones confiados, casi como niños musculosos a merced de las argucias de los napolitanos. Héctor Muniente, cineasta aragonés en Nueva York y autor del documental American Greyhounds, confirma que él también se encontró con cierto optimismo ingenuo y da por buenas las caricaturas que representan a los americanos “como unos gordinflones aventureros”: “El sueño americano sigue siendo muy chocante para un europeo y es algo que tiene que ver con la ilusión, el voluntarismo y cierta idea de salir ahí afuera a hacer cosas: siguen pensando que todo es posible”.

“Discutir sobre por qué son así puede conducir a ciertos esencialismos”, continúa Muniente. “En The End of the Myth, Greg Grandin habla de que su manera de ser, su esencia tiene que ver con la expansión porque Estados Unidos se fundó así. Y a partir de ahí, se desarrolla todo el mito del colono, de la conquista del Oeste, de Interstellar o de la obsesión de Bezos y Musk por Marte... Aunque sea trágico, ese es el corazón del país y ellos siempre tendrán se acercarán al mundo desde esas coordenadas imperialistas”.

“Es verdad que en Estados Unidos es muy fácil emprender y es muy fácil fracasar”, remarca.“Aplican a todo una estrategia empresarial. Pero ahora que estamos en un momento terrible políticamente, hay algo que me gusta de la victoria de Mamdani y es lo que llaman canvassing o porteo, que no existe en España. Aquí sacaron a miles de personas llamando puerta a puerta para convencer a otros vecinos de sus ideas políticas. Eso, que se parece tanto a montar una empresa, pero desde el otro lado, es lo único que me hace optimista de este país. Sabemos todo lo que no funciona, pero luego ves ese entusiasmo en el día a día, que todavía tiene que ver con la pastoral americana y la idea de la América feliz de los cincuenta, y siento cierta envidia”.

Bolaños explica que esos “niveles de individualismo” y entusiasmo también tienen que ver mecanismos económicos concretos que obligan a que uno siempre deba cuidar de sí mismo: “Aquí es mucho más fácil que alguien se quede sin apoyo: familias desestructuradas, falta de comunidad, ausencia de una red pública sólida. Muchos de mis amigos tienen préstamos estudiantiles altísimos que saben que tardarán décadas en pagar. En ese contexto, el endeudamiento deja de percibirse como un riesgo excepcional y pasa a ser parte del funcionamiento normal de la vida, lo que también favorece una mayor predisposición a emprender”.

Para Vestrynge, la clave detrás de todas estas percepciones reside en que Europa sigue siendo un continente que no está subordinado exclusivamente al trabajo: “Los europeos defendemos ese legado como la consecuencia de años de luchas colectivas, de historia, de derechos adquiridos, de valores compartidos… Cosas que para los americanos son un claro signo de decadencia, de atraso con respecto al ritmo del mundo y de que vivimos en un lugar con mucho pasado, pero menos futuro. Cuando desde Estados Unidos se critica el rumbo equivocado de Europa se está señalando una cultura política que desconfió del poder ilimitado, de las monarquías absolutistas, de las élites, de la nobleza. La separación de poderes, el derecho, la proporcionalidad, el Estado social… todo eso es herencia ilustrada y todo eso es Europa. Es también la idea de que el progreso debe tener ciertos límites. Que no todo lo técnicamente posible es políticamente deseable y hoy lo vemos de manera muy clara, por ejemplo, en la IA”.

Una broma inofensiva o una rivalidad ideológica

Saliendo de la estación de Atocha es una novela publicada por el poeta estadounidense Ben Lerner en 2011. Basada en su experiencia como becario en Madrid, se sorprende por la intensidad de la vida nocturna y el uso del espacio público en la ciudad, con personas de todas las generaciones compartiendo las plazas a medianoche. También descubre lo fácil que le resulta hacer amigos (desarrolla una técnica: se queda de pie en bares abarrotados hasta que alguien piensa que él forma parte de su grupo y comienza a hablarle). El libro de Lerner es un estupendo retrato del Madrid de aquellos años y, sin embargo, también contiene algunas observaciones como las anteriores o las que tienen que ver con una supuesta carga histórica que podrían considerarse tópicas. Como recuerda Peist: “Los tópicos no están fundados en la nada, sino que son formas de organizar lo social”.

“El arte es una parte más de este proceso”, continúa la profesora. “Entendiendo que las ficciones forman parte de la realidad, no pueden ser una diversión inocua. Los cuadernos de viajes y las pinturas de los románticos estaban llenos de exotismo: lo distinto atraía porque divertía y excitaba todo lo alejado de la modernidad. Esta actitud es típica burguesa. Se mira lo raro para ser retratado y siempre es un afuera, un otro, como ya sucedía en las famosas pinturas de Brueghel del siglo XVI, que retrataban la diversión popular fuera del hogar burgués. Como pasa con el reguetón, que nos fascina y repugna a la vez, esta es una postura del todo colonial”.

Está en nuestra naturaleza: por muy conscientes que seamos de todo esto, no podemos dejar de participar en la circulación de imágenes y relatos. Y, aunque sepamos que en tiempos de rivalidad geoestratégica las diferencias se exageran, seguimos reconociéndonos en algunos de los memes que nos llegan desde Estados Unidos (y ellos harán lo propio con los que difundimos los europeos). Así que no todos los italianos son tan aficionados al Campari como los integrantes de Mind Enterprises, pero algunos sí que se parecen a ellos y, desde que se han hecho populares, otros los imitarán. Ojalá todos monten sesiones tan divertidas.


Enrique Rey
Murcia - 21 MAR 2026 - 05:30 CET
https://elpais.com/icon/2026-03-21/europa-contra-america-por-que-los-topicos-sobre-el-europeo-perezoso-y-el-estadounidense-emprendedor-funcionan-hoy-mejor-que-nunca.html

jueves, 9 de abril de 2026

La evolución del vestir. Agonía y ocaso del zapato

 


Las zapatillas deportivas dominan el calzado y están desterrando el zapato tradicional en las ciudades, tendencia alimentada por la comodidad y el estatus (sus marcas son reconocibles a simple vista).
Àlex Garcia



Comodidad obliga, bambas y zapatillas monopolizan el calzado masculino


El retrato del hombre del siglo XXI se perfila: no lleva corbata al cuello, tampoco reloj en la muñeca y calza zapatillas con suela de goma. Al zapato masculino “tradicional” le sale aire de reliquia. “No es solo el zapato, toda la indumentaria y la moda tienden al confort. La tendencia se ha agudizado tras la covid”, observa Carlos Sánchez de Medina, que ­imparte historia de la indumentaria en la Universidad de Granada y anima el podcast Historia de la moda .

–Mis padres insistieron en comprarme unos zapatos negros con cordones por la boda de una prima...

Los primeros zapatos Derby de Lluís Gómez, 19 años. Acaso los últimos. “Me apretaban”, recuerda. Duermen en el armario.

“El éxito de la zapatilla deportiva parece irreversible, pero la moda es lo único donde nada es irreversible”

Los zapatos clásicos exigían una “doma” –adaptación dolorosa–, y no son tiempos de domadores. “A medida que la vestimenta ha desaparecido, ha desaparecido el zapato. Si ya no se viste clásico, desaparece lo que llamábamos el zapato de vestir. También influyen los podólogos”, señala Ramón Piqué. uno de los últimos grandes sastres de Barcelona.

Los jóvenes por moda, los mayores por comodidad a la hora de andar –actividad altamente recomendada a diestro y siniestro–, entre todos hemos arrinconado el zapato, sin importar la elegancia. Se diría que los hombres han transferido a las mujeres la antorcha de la “elegancia” en el calzado a costa de dolores, molestias e incomodidades (léase los zapatos de tacón). Comodón por naturaleza, el varón abraza bambas, sneakers , loafers y cuantos zapatos permiten caminar con holgura. Será que no les llegamos ni a la altura del zapato...

“Hay dos factores decisivos en la desaparición del zapato masculino tradicional: la comodidad y la informalidad, lo que llamamos casual ”, señala Luis Sans, factótum de la maison Santa Eulalia, barómetro barcelonés de la elegancia.

–¿El abandono del zapato clásico es el triunfo de la comodidad –aunque sea al precio de ir zarrapastrosos– sobre la elegancia?

–Ojo, una cosa es la elegancia y otra la formalidad –recalca Sans–. Se puede vestir elegantemente de forma informal y se puede ir formal y poco elegante.

“No es solo el zapato, toda la moda tiende al confort, tendencia agudizada tras la covid”, dice un experto

La facturación de una tienda tan burguesa como Santa Eulalia confirma el declive del zapato masculino tradicional: 70% corresponde a bambas y otras deportivas, y el 30%, al calzado, básicamente italiano y británico. No obstante, Luis Sans destaca: “Empiezo a escuchar a clientes que se han cansado de ir con bambas a todos los actos y reuniones sociales fuera del trabajo”. Carlos Sánchez de Medina también detecta algo similar: crece el interés por el zapato artesanal, único, algo palpable si se visita Ubrique, meca peletera gaditana.

La zapatilla deportiva arrasa entre los menores de 25 años, y no necesariamente por razones económicas. Incluso, por lo contrario: el marquismo en el terreno de bambas y calzados híbridos es superior al de las marcas de zapatos. Un modelo de zapatilla de Louis Vuitton, Balenciaga, Off White, Nike, Autry, On o Golden Goose “transmite” su identidad y fácilmente su precio, a diferencia de un zapato con hebilla de John Lobb o los oxford de Berluti o Alden, de lujo anónimo.

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Los transatlánticos de la moda intuyeron el nicho de negocio y pusieron todo su empeño en 'asesinar' al zapato

“Todos mis alumnos en la Universidad de Granada andan como locos por tener unas ­Speed de Balenciaga”, señala el profesor Carlos Sánchez de Medina. El periodista acude a la web de Balenciaga para saber de qué hablamos. Un modelo muy ergonómico que se asemeja a un calcetín de Antoni Tàpies con suela de goma. El precio asciende a 850 euros.

La introducción del calzado informal ha sido paulatina. Allá por los años ochenta, marchas exclusivamente deportivas como Adidas o Nike empezaron a transferir a sus productos “prestigio” e innovación, y aparecieron los primeros deportistas –el tenista Stan Smith– y gente del espectáculo que combinaban trajes formales –incluso esmoquin– con zapatillas deportivas (ver Emilio Aragón en España, circa 1992). Poco a poco, los transatlánticos de la moda intuyeron el nicho de negocio y pusieron todo su empeño en “asesinar” al zapato convencional.

“Desde el punto de vista práctico, no hay color: unas zapatillas pueden ser baratas y se meten en la lavadora. El zapato hay que limpiarlo, ponerle betún, cuidarlo”, dice Carlos Sánchez de Medina. Curiosamente, son los jóvenes quienes patrocinan un modelo de calzado poco sostenible, fabricado a menudo en China o países lejanos y más de usar y tirar en una temporada.

“El calzado de precio más elevado suele ser un zapato elegante y de vestir, que es precisamente el segmento que más ha sufrido para poder mantener una estructura productiva. En los últimos años, tanto empresas italianas como españolas, centradas en un vestir elegante, han tenido que incorporar interpretaciones más orientadas al consumidor de confort o guiños a la comodidad para poder aguantar en un mercado tan competitivo”, observa Vicente Pastor, presidente de la Federación de Industrias del Calzado Español (FICE).

¿El triunfo de la fealdad? “Ojo, una cosa es la elegancia y otra la formalidad”, advierte Luis Sans

La relación con un par de zapatos cuya vida alcanza dos, tres y aún más décadas nunca existirá con unas zapatillas deportivas. El arquitecto Óscar Tusquets aprecia la belleza del zapato, que tanto dice –y distingue– de quien lo calza. “Lo único de rico que tengo son seis pares de John Lobb hechos a medida en Londres en un proceso maravilloso, de otros tiempos. Yo los cuido, me gusta hacerlo, y espero que mi hijo Luca los pueda heredar. Lo que más me dolería es que este declive del zapato tradicional repercuta en ciertos oficios. ¡Ojalá no se pierdan los artesanos!”.

“El éxito de la zapatilla deportiva parece irreversible, pero la moda es lo único donde nada es irreversible”, concluye el sastre Ramon Piqué, gato sabio.

¿Zapateros? “Suerte de los inmigrantes”

La evolución del calzado deja en el aire el oficio de zapatero, especialmente perjudicado en los barrios donde abundan los cierres por jubilación. “Ningún joven quiere aprender el oficio. ¡Suerte tenemos de los inmigrantes”, observa Isidre Castellà, dueño junto a su esposa de la Clínica del Calçat, en la calle Calvet de Barcelona, vecindario de posibles. Empezó en el oficio a los 13 años y continúa, un chaval septuagenario. “A mi me sigue apasionando este trabajo”, víctima del prestigio social que dan los estudios universitarios. El nuevo calzado requiere menos atención y no necesita cambios de suela, ahormados y los pequeños detalles del zapato de cuero. A veces, Isidre Castellà se queda perplejo: “sí, cuando veo lo poco que enseñan los padres de ahora a sus hijos a cuidar los zapatos. Los destrozan y como si nada”. 






Joaquín Luna

Barcelona
22/03/2026 05:00 Actualizado a 22/03/2026 06:00
https://www.lavanguardia.com/vida/20260322/11495827/agonia-ocaso-zapato.html