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miércoles, 14 de octubre de 2026

Por qué la figura de Mao sigue tan vigente en China 50 años después de su muerte

 

Getty Images/BBC


"Hay muchos grandes hombres, pero solo hay un Maestro."

Así es como muchos jóvenes chinos se refieren habitualmente al difunto líder Mao Zedong en internet: "Maestro".

Una búsqueda de "Mao Zedong" o "Maestro" en la red social china Bilibili arroja decenas de ejemplos de recopilaciones de videos de las apariciones de Mao extraídas de diversas películas y series de televisión.

Estos videos abarcan diferentes etapas de la vida de Mao, incluyendo episodios de su juventud, su época como comandante militar y su liderazgo en las relaciones de China con Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

Muchos han acumulado millones de visualizaciones y decenas de miles de comentarios, entre ellos elogios como "¡Viva el gran hombre!".

La base de usuarios de Bilibili es predominantemente joven, con casi el 60% de ellos con edades comprendidas entre 18 y 24 años.

¿Por qué, 50 años después de su muerte, Mao ha resurgido con tanta fuerza en la cultura juvenil china en internet?

Un Mao diferente

Como figura política clave de la China del siglo XX, Mao dirigió el Partido Comunista (PCCh) —y el país— desde la fundación de la república en 1949 hasta el día de su muerte en 1976.

Lideró a China durante el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, campañas que transformaron la economía y la sociedad del país, pero a costa de millones de muertes.

Una de las personas que se sienten atraídas por él hoy en día es Dong, una estudiante de Nanjing que está a punto de comenzar la universidad.

Recientemente, le conmovió un video de dos jóvenes cantando una canción patriótica frente a una estatua gigante del joven Mao en la Isla Naranja de Changsha.

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Mytruestory Photography vía Getty Images

Pie de foto,
La estatua del joven Mao Zedong en la Isla Naranja de Changsha, provincia de Hunan, se ha convertido en una popular atracción turística.

"Cantaban con tanta emoción, y la estatua es tan alta y juvenil. Al verla, de repente me emocioné mucho", relató Dong a la BBC.

Muchos de sus compañeros de clase participan en comunidades juveniles virtuales donde debaten sobre temas de actualidad, comúnmente conocidas como el "círculo de política de teclado".

Otro indicador de esta tendencia es que, a partir de 2019, "Obras escogidas de Mao Zedong" se convirtió inesperadamente en el libro más prestado en la biblioteca de la Universidad Tsinghua, y siguió siéndolo cada año hasta 2025.

El interés de los jóvenes actuales por Mao difiere de la narrativa pública con la que crecieron sus padres.

En 1981, el PCCh adoptó una resolución redactada bajo el liderazgo de Deng Xiaoping que establecía oficialmente una evaluación de Mao que sopesaba sus logros con sus errores, a menudo resumida como "70% logros, 30% errores".

Durante los mandatos de Deng Xiaoping y, posteriormente, de Jiang Zemin, los retratos de Mao desaparecieron gradualmente de las estaciones de tren, las plazas y las aulas escolares.

La gente empezó a ver a Mao cada vez más como una figura histórica en lugar de una deidad. Un hombre con limitaciones.

Mientras tanto, Deng se convirtió en un símbolo de una nueva era económica, con un programa de reformas para construir una economía de mercado en el país y abrirla al mundo.

Sin embargo, hoy en día Mao ha recuperado relevancia para los jóvenes chinos y muchos, incluida Dong, rara vez se refieren a él por su nombre, llamándolo en cambio "Maestro".

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History/Universal Images Group via Getty Images

Pie de foto,
Se cree que el estadounidense Edgar Snow fue el primer periodista occidental en entrevistar a Mao.

Ese apodo tiene un origen específico.

Durante una reunión con el periodista estadounidense Edgar Snow en 1970, Mao comentó que no le gustaban títulos como el de los "Cuatro Grandes" —un eslogan político utilizado para elogiarlo como un gran maestro, líder, comandante y timonel durante la Revolución Cultural— y dijo: "Solo queda uno... maestro, porque siempre he sido un maestro".

Dong y sus compañeros opinan libremente sobre Mao.

Pero cuando se trata del actual líder chino, Xi Jinping, Dong opina que "no es algo que se pueda discutir abiertamente".

Una investigación del Instituto Mercator de Estudios sobre China reveló que, si bien el espacio en internet de China todavía permite cierto grado de debate público, a menudo se evitan conscientemente los temas que realmente afectan a las autoridades actuales.

El informe sostiene que este "espacio frágil para el debate" es el resultado tanto de la censura como de la autocensura.

"No es simple nostalgia"

En opinión de algunos expertos, el renovado interés que algunos jóvenes muestran por Mao está estrechamente ligado a su percepción de cuestiones sociales como la desigualdad económica y el declive de la movilidad social.

Florian Schneider, profesor de la Universidad de Leiden que lleva mucho tiempo estudiando la cultura política de la juventud china, afirma que los jóvenes de hoy se enfrentan a una realidad muy diferente a la de generaciones anteriores.

Sus padres vivieron una época en la que el crecimiento económico parecía elevar el nivel de vida de todos, mientras que muchos jóvenes ahora se sienten rezagados por el progreso prometido por las reformas de Deng.

La tasa de desempleo urbano para aquellos de entre 16 y 24 años que no son estudiantes aumentó a 17,9% en julio de este año, el nivel más alto desde que se revisó la metodología estadística tres años atrás, según la Oficina Nacional de Estadística de China.

Nuevos términos se han incorporado al vocabulario cotidiano de los jóvenes.

"996" se refiere a trabajar de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana.

Muchos optan por "quedarse quietos" y mantenerse pasivos en lugar de verse atrapados en la agotadora "involución", donde hay que trabajar cada vez más solo para permanecer en el mismo lugar.

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MAGWIN/Moment vía Getty Images

Pie de foto,
A pesar del rápido crecimiento económico de las últimas décadas, algunos jóvenes chinos afirman que tienen dificultades para encontrar trabajo y costearse una vivienda.

En este contexto, las críticas de Mao al capitalismo resuenan entre algunos jóvenes.

Schneider afirma que algunos utilizan las ideas de Mao para expresar su descontento con lo que consideran la "apropiación del Estado por parte del capital", mientras que otros interpretan los escritos de Mao como una especie de guía para afrontar las contradicciones de la vida.

Dong expresa una opinión similar: "A nuestra generación nos enseñaron desde pequeños que el trabajo duro sería recompensado. Pero cuando crecimos, descubrimos que no era tan fácil conseguir trabajo y que las viviendas eran inasequibles".

La estudiante añade que el lenguaje de Mao es directo y divide a las personas en diferentes categorías.

"Te explica claramente quién es el opresor y quiénes son los oprimidos. Ese esquema sencillo es más fácil de entender que la jerga económica".

Schneider asegura que "el resurgimiento de Mao no es simplemente nostalgia".

"Refleja un intento de los jóvenes por utilizar un lenguaje histórico ya existente para nombrar y procesar la desigualdad y la inseguridad que experimentan", agrega.

Energía política

La valoración oficial del PCCh sobre Mao sigue basándose en la resolución de 1981: los logros de Mao son primordiales, mientras que sus errores son secundarios.

La tercera resolución histórica del Partido, adoptada en 2021, sitúa la "gran revitalización de la nación china" en el centro de su discurso.

En este contexto, la revolución de Mao se suele entender como la etapa en la que China se puso de pie, estableció la República Popular, salvaguardó la independencia nacional y sentó las bases para la revitalización del país.

Por lo tanto, Mao no es solo una figura histórica cuyos logros y fracasos deben evaluarse, sino que también se lo presenta como uno de los orígenes de las narrativas actuales sobre la fortaleza nacional.

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AFP vía Getty Images

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En algunas zonas turísticas se venden carteles de Mao con motivo del 50 aniversario de su muerte, que se conmemoró el 9 de septiembre.

Schneider cree que "las políticas educativas del Partido tienen al menos parte de la responsabilidad del resurgimiento de Mao en la actualidad".

"Para muchos jóvenes, la China de Mao se basa en una fantasía en la que este gran líder es un héroe indiscutible", explica.

El experto sostiene que muchos jóvenes desconocen las devastadoras realidades del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, o bien tienen una comprensión distorsionada del papel de Mao en ellas.

Advierte, además, que esta admiración popular por Mao encierra más energía política de la que puede parecer a simple vista.

"Se trata de un acontecimiento potencialmente explosivo, porque esta cultura de seguidores de Mao, surgida desde la base, tiene un carácter claramente populista y no necesariamente se limitará a cuestionar los métodos de gobierno actuales".

Y lo compara con las expresiones de nacionalismo en China: "Estos sentimientos populistas pueden ser censurados hasta cierto punto, pero controlarlos por completo es extremadamente difícil".

Para Dong y sus contemporáneos, la actual "fiebre por Mao" podría estar lejos de terminar.

Aún está por verse si se limita a la cultura de internet o si se convierte en una forma más duradera de identidad política.

Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Periodistas de la BBC revisaron el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

    • Chen Yan
    • Título del autor,BBC China
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 7 min
  • https://www.bbc.com/mundo/articles/cn9w2jzq2w3o

martes, 28 de julio de 2026

Hemofilia, escándalos sexuales y bulos: Rasputín y la maldición de los zares Nicolás y Alejandra



Grigori Rasputín en torno a 1910. 
(Getty/Topical Press Agency)



El historiador británico Antony Beevor publica 'Rasputín y la caída de los Romanov' (Crítica) y explica en una entrevista a El Confidencial algunas de las tesis nuevas sobre los zares y su final



Durante una de las cacerías que el zar Nicolás II adoraba compartir con su séquito en los bosques de Spala junto al río Pilica, en los antiguos dominios del imperio ruso en Polonia, el zarevich Alekséi que contaba apenas con ocho años sufrió una hemorragia incontrolable entre la ingle y el muslo. La hemofilia del ansiado heredero de los zares, que había nacido por fin en 1904 después de las cuatro hijas que había tenido la emperatriz Alejandra, era un secreto que apenas nadie conocía y su salud, la mayor obsesión de la pareja. Alekséi había tenido ya varias crisis pero aquella parecía que le acarrearía definitivamente la muerte. Durante varios días estuvo agonizando y perdiendo la consciencia entre gritos de dolor y exclamando a ratos: "¡Señor, ten piedad!" a pesar de su corta edad. Nicolás no aguantaba en la habitación y corría llorando a menudo a su despacho en el sombrío y húmedo pabellón de Spala.

En medio de la agonía y la también desesperación de la emperatriz Alejandra, llegó el telegrama que ella misma le había rogado a Rasputin que le enviara ya que se encontraba en Siberia. El mensaje tranquilizador del santón y lujurioso gurú que ya escandalizaba a una parte de la corte expresaba confianza en la recuperación de Alekséi y pedía que se apartara a los médicos. El zarevích milagrosamente mejoró justo después del mensaje de Rasputín, y nada le importaba más a la emperatriz Alejandra que la salud de su hijo. Sin ni siquiera estar presente, el influjo del gurú espiritual convenció a la zarina aún más de su santidad, por lo que Rasputín resultaría intocable a partir de entonces.

¿Cómo había sido la ascensión de esa especie de peregrino místico casi analfabeto, salido del campo profundo de la Rusia casi feudal –en pleno siglo XX– hasta el punto de convertirse en la mayor influencia de los zares? Casi diez años antes, hacia 1903, Rusia seguía prácticamente anclada en ese absolutismo de la Europa del XIX cuando apareció por San Petersburgo el mujik –campesino– Grigori Rasputín, que acabaría por poner la puntilla a la inmadura y demencial corte zarista y a los gobiernos representativos de Rusia surgidos de la Duma de 1905, el primer parlamento. El país era ya un polvorín por la brutalidad de una sociedad totalmente rota. Mientras en los suburbios de San Petersburgo "la única libertad de la que podía gozar la clase popular era la del círculo más bajo del infierno, habitado por el lumpen de los desempleados, un mundo subterráneo de prostitución infantil, robos y peleas de borrachos, donde la existencia era peor que en cualquier página de Dickens, Hugo o Zola". Mientras tanto, las noches de los sábados la nobleza y la alta burguesía cortesana, "acudían en tropel al Théâtre Français, donde los escotes descarados de los atuendos quedaban compensados por la abundancia de joyas. Luego, una parte del público se reencontraba en el restaurante Cuba o en El Oso, con su famosa orquesta rumana, y bailaba hasta las tres de la madrugada. Algunos oficiales del Cuerpo de Guardias Imperiales aguantaban hasta el amanecer en compañía de cortesanas, esas ‘mariposas humanas cuyas alas se chamuscan en las llamas del placer’".

Así lo describe el historiador británico Antony Beevor, especialista de la Segunda Guerra Mundial y quien en su nueva obra, Rasputín y la caída de los Romanov (Crítica), ha querido resolver la gran pregunta sobre el gurú de la corte y desvelar la historia de la siempre desconcertante y apasionante última corte zarista, continuando así su estudio de Rusia iniciado en 2022 con Rusia: Revolución y guerra civil, 1917-1921 (Crítica).


placeholderCubierta de 'Rasputín y la caída de los Romanov', de Antony Beevor.
Cubierta de 'Rasputín y la caída de los Romanov', de Antony Beevor.

¿Había algo nuevo que contar sobre la caída de los zares y el influjo de Rasputin después de las múltiples biografías de los últimos años y del reciente éxito de Los Romanov (Crítica) del también historiador británico Simon Sebag Montefiore? Hay, desde luego, diferencias. Para empezar, una apreciación interesante que apuntala una de las tesis del libro de Beevor: si en España, por ejemplo, el trío Godoy-María Luisa de Parma-Carlos IV que resultó fatal un siglo antes era real a pesar de las exageraciones de los fernandinos sobre los amantes y el apetito sexual de María Luisa de Parma, en el caso de Rasputín y Alexandra el supuesto escándalo de sus relaciones sexuales era claramente un invento. Una serie de fake news según Beevor en torno a la zarina y al mujik que, sin embargo, tuvieron el mismo efecto: la simple idea de la influencia y el acceso íntimo de Rasputín a la familia real, unido a su merecida fama de libertino y mujeriego –que él mismo desató, aunque fuera de la corte– asentaron la creencia popular sobre los cuernos del zar Nicolás II, que serían una losa: "el zar de todas las Rusias apareció ante su pueblo como un cornudo débil y complaciente. En una sociedad profundamente patriarcal, esas impresiones, por falsas que fueran, destrozaron el mito del poder de los Romanov", tal y como explica en Madrid a El Confidencial Antony Beevo. La imagen de los Romanov era tan terrible que " cuando estalló la Revolución de Febrero en 1917, apenas se alzó ni una sola espada en defensa del zar", destaca el historiador.

Hay bastantes cuestiones más, como por ejemplo en torno al asesinato de Rasputín el 17 de diciembre de 1916 y la conspiración de un parte de la nobleza rusa, liderada por el príncipe Félix Yusupov, sobre la que Beevor descarta la participación británica del MI6 que habían asegurado antes el historiador Andrew Cook y que recogió también Simon Sebag Montefiore. Está además el retrato de la contradicción de un Rasputin dominado por su deseo sexual irrefrenable y la capacidad de seducción y sugestión que logró entre las mujeres de la alta sociedad rusa, las rasputiniéres, debido a lo que Beevor define como un "escaso afecto dentro de la mayoría de los matrimonios aristocráticos". Una condición que le otorgaría una ventaja y un poder de influencia notable "al ser el único hombre que realmente las entendía en aquella sociedad espantosamente patriarcal", que convirtieron al santón en un personaje incómodo en gran medida en San Petersburgo, al mismo tiempo que ganaba cada vez más poder de la mano de una cegada zarina Alejandra, tomando decisiones en el gobierno que tendrían su efecto en la Revolución de Febrero: "sin Rasputin no habría habido un Lenin", tal y como expresó Kerensky y como asume el historiador británico.


placeholderLa emperatriz consorte Alejandra, fotografiada por Boasson y Eggler en 1908. (Librería del Congreso de EEUU)
La emperatriz consorte Alejandra, fotografiada por Boasson y Eggler en 1908. (Librería del Congreso de EEUU)

Si algo queda claro en la obra de Beevor es que cuando Rasputín llegó a San Petersburgo, la corte era un campo abonado para los gurús desde hacía años, que es lo que llevaría a la verdadera tragedia de los Romanov. La "inmadura pareja imperial", como la describe el británico llevaba de hecho tiempo buscando exactamente la clase de influencia que Rasputín ofrecería después. El precedente fue ‘Monsieur Philippe’, un supuesto médico de Lyon sin titulación oficial que llegó a Rusia en 1901 presentado por las hermanas de la nobleza montenegrina Militsa y Stana, aficionadas al espiritismo y apodadas en la corte "los Cuervos", y que serían las mismas que años después introducirían a Rasputín a los zares. Philippe fascinó de inmediato a Nicolás y Alejandra hasta el punto de que el gran duque Serguéi anotó en su diario que la pareja imperial regresaba de sus sesiones "en estado de exaltación, casi de éxtasis, con el rostro radiante y brillo en los ojos", tal y como describe Beevor. Entre sus promesas estaba por ejemplo la de ayudar a la zarina a concebir el tan ansiado heredero varón que se le resistía después de haber parido a cuatro niñas. Philippe le indujo de hecho lo que resultó ser un embarazo psicosomático, un engaño que terminó en escándalo. La cuestión del heredero, que sería crucial, "la verdadera fuente de la influencia de Rasputín sobre los zares" según Beevor y que alcanzaría su punto álgido años después en Spala cuando se convertiría en intocable para la emperatriz para disgusto de una parte de la corte.

El contexto para la aparición de Rasputín, lo resumió a la perfección el general Pável Kurlov, viceministro del Interior, tal y como recoge el historiador: "San Petersburgo estaba repleta de personajes de ese estilo. De hecho, no había muchas casas aristocráticas que no poseyeran su propio Rasputín o su Mitia u otra figura similar. La Matriona ‘la descalza’, el ‘loco bendito’ Mitia Kozelski –recibido en la corte descalzo y harapiento, emitiendo sonidos incomprensibles que un intérprete "traducía": No eran más que predecesores de Rasputín durante la moda de la mística que comenzaba a arrasar en la alta sociedad de San Petersburgo.


placeholderEl historiador Antony Beevor. (Cedida)
El historiador Antony Beevor. (Cedida)

¿Por qué necesitaba la más poderosa familia del mundo a un campesino siberiano para gobernar? La cuestión del zarevich fue crucial y cualesquiera de los escandalosos rumores que se le achacaron a Rasputín –muchos de ellos exagerados o directamente inventados según Beevor– caerían en saco roto ante una emperatriz que había establecido esa conexión por su fanatismo espiritual y la protección que parecía brindar el santón a la familia. A partir del milagro de Spala en 1912, Rasputín asentó su poder e influencia en la corte al tiempo que se derramaba por la ciudad su incontrolable pasión por las juergas y el sexo. "Lo triste era que su inteligente mujer sentía que era víctima de su propia lujuria. Existía siempre esa noción [de los Khlysty] de que el cuerpo debe pecar para que el alma se salve", comenta Beevor. Lo cierto es que existía una doble vara de medir para ese erotomaníaco que era Rasputín: con las mujeres de la alta sociedad, ese juego de seducción; y con las de clase baja abusos y agresiones también en muchos casos tal y como recoge Beevor en su obra. Sin embargo, el historiador matiza a El Confidencial que lo fascinante era esa contradicción es que era real: "era un charlatán manipulador pero su espiritualidad era bastante genuina".

El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 y la decisión del zar Nicolás II de después de trasladarse al frente en parte aconsejado por la zarina y Rasputín que desconfiaban del gran duque Nikolai y los nobles más ultraderechistas que ya recelaban abiertamente de Rasputín supuso el cénit del poder del gurú que se cobraba además los servicios de su influencia para nombramientos, favores y demás apelando a la zarina. Es también el momento álgido de la propia Alejandra y su ambición en el gobierno aprovechando la ausencia del zar ¿Era un poder compartido? "Es muy difícil, porque no es que uno dominara al otro" explica Beevor, "él era el que sugería a menudo, y eso es lo más importante cuando se trata del nombramiento de ministros". La cuestión fue crucial porque tal y como explica el historiador británico "lo que llevó a la revolución de febrero de 1917 fue el nombramiento de Protopópov en septiembre de 1916, tres meses antes de que estallara. El caos en los ferrocarriles que causó el ministro es lo que detonó directamente a la revolución al desabastecer a la población de pan, que sería el último motivo para los motines. Y fueron tanto Rasputín como la zarina quienes acordaron que se permitiera a Protopópov controlar los ferrocarriles".

La trampa para asesinar a Rasputín acabó siendo, en palabras de Trotski, "un escenario de película diseñado para gente de mal gusto"

Rasputín no llegaría a ver el desastre causado porque en la noche del 16 al 17 de diciembre de 1916 el príncipe Félix Yusúpov, el gran duque Demetrio Pávlovich y el diputado ultraderechista Purishkévich atrajeron a Rasputín al sótano del palacio Yusúpov a orillas del canal Moika con la promesa de presentarle a la bella esposa del príncipe. Una trampa para asesinarle convencidos de que así salvaban a la monarquía, eliminando lo que consideraban el perverso influjo del santón y lujurioso Rasputín y no tanto por el caos de gobierno. Lo que siguió fue, en palabras de Trotski, "un escenario de película diseñado para gente de mal gusto". Se escogió el envenenamiento por medio del cianuro en los pasteles, que no hizo efecto, por lo que hubo que recurrir a los disparos. El primero en el sótano no lo mató de hecho y Rasputín subió las escaleras "resucitado".Una escena increíble antes de que pudieran abatirlo con tres disparos más. Posteriormente, se arrojó el cadáver al Nevá sin los pesos que debían hundirlo. Fue una chapuza y un final estrambótico digno del personaje.


placeholderEl cadáver congelado de Rasputín tras ser recuperado del río Nevá en 1916. (Wikipedia)
El cadáver congelado de Rasputín tras ser recuperado del río Nevá en 1916. (Wikipedia)

La novedad es que Beevor descarta en su libro explícitamente la hipótesis de que el agente británico del MI6 Oswald Rayner disparara el tiro de gracia, hipótesis popularizada en 2004 por Andrew Cook y que Sebag Montefiore recogió como verosímil en Los Romanov. Beevor la considera directamente "teoría conspiranoica" sin respaldo documental en el libro. La explicación que nos da al respecto durante nuestro encuentro con él en Madrid va aún más lejos: el propio jefe del servicio secreto británico en Petrogrado, el teniente coronel Samuel Hoare –que sería posteriormente embajador en España durante la Segunda Guerra Mundial– consideró el plan "demasiado amateur, ridículo y caótico" para implicarse, y se ocupó de que Rayner no estuviera en la ciudad aquella noche. Los británicos dejaron hacer, convencidos de que saldría bien, pero el tiro de gracia lo disparó Purishkévich.

Beevor descarta explícitamente la hipótesis de que el agente británico del MI6 Oswald Rayner disparara el tiro de gracia contra Rasputín

El final de Rasputín no evitó, por supuesto, la caída de la monarquía. Tal y como explica Beevor este destino se había labrado mucho antes con las decisiones de Nicolás y Alejandra y el propio gurú. Al final, el sueño premonitorio de la emperatriz viuda del zar Alejandro III, María Fiódorovna, que aseguraba que un mujik asesinaría a su hijo fue solo en parte cierta: serían varios mujiks con la Revolución de Febrero y en última instancia, en Ekaterimburgo cuando la familia fue fusilada al completo en 1918.


miércoles, 22 de julio de 2026

Anna Jarvis, la mujer que inventó el Día de la Madre y se arrepintió


Anna Jarvis realizó una campaña incesante para lograr oficializar la fecha del Día de la Madre.

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La celebración del Día de la Madre puede variar de fecha según el país, pero son escasos los lugares del mundo que no lo conmemoran.

En el continente americano se suele celebrar mayormente en mayo -el segundo domingo de ese mes- aunque otros países como México, Guatemala y El Salvador lo hacen días antes.

Sea cuando sea, esa tradicional fecha se ha convertido en una de las ocasiones del año más importantes para el comercio, particularmente el de tarjetas, flores, chocolates, restaurantes y ventas de otros artículos para mamá.

Muchos son los hijos, nietos, hermanos y parejas que tienen muy presente el día, pero pocos conocen la historia de cómo se originó la costumbre de conmemorar el amor materno en una fecha específica.

Campaña en honor a una madre

La tradición viene de los griegos, que al inicio de la primavera homenajeaban a la madre de todos los dioses, Rea, con rituales y regalos.

Pero la oficialización de esa costumbre se inició en el siglo XX, en Estados Unidos, por insistencia de una mujer que nunca fue madre, pero decidió homenajear a la suya.

En 1905 Anna Jarvis empezó una campaña a favor de lo que llamó "Día de las Madres", cuando su propia progenitora, Ann Reeves Jarvis, murió.

Tres años después organizó un homenaje para ella aunque la fecha no fuera un festivo oficial y se convirtió en una activista por la causa.

Su lucha para lograr que se adoptara el día duró años. La motivación de Jarvis provino de una oración que un día su madre le mostró.

"Espero y rezo para que alguien, un día, reconozca un día en memoria de las madres, para celebrar el servicio incomparable que prestan a la humanidad en todas las áreas de la vida", decía.

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Jarvis impulsó una campaña tras la muerte de su madre.

La inspiración también llegó del trabajo que la propia Ann Reeves realizó durante la Guerra Civil de EE.UU.

En 1850, en el estado de West Virginia, creó una especie de grupos de trabajo con mujeres para cuidar de soldados y trabajar por mejoras en la salud pública. Ella denominaba esos días de trabajo como "Día de las Madres".

Anna Jarvis empezó su campaña para reservar un día especial para las madres enviando cartas todos los años a congresistas, gobernadores, celebridades y personas importantes.

Algunos políticos se burlaban de sus esfuerzos diciendo que, si se oficializaba el Día de la Madre, tendrían que instituir también el "Día de la Suegra".

Para 1911, sin embargo, todos los estados de la Unión reconocieron el festivo y, tres años después, se adoptó oficialmente que el segundo domingo de mayo se conmemoraría con un día feriado un homenaje a las madres.

El deseo de Jarvis se había cumplido y ella finalmente se podía enorgullecer de haber sido la "madre" del Día de la Madre.

Sin embargo, poco tiempo después, se dio cuenta de que había "creado un monstruo".

La fecha conmemorativa se convirtió en un excelente pretexto para los comerciantes, que aprovecharon la oportunidad para estimular la compra de regalos.

Giro comercial

La fecha se volvió en el tema principal de las campañas publicitarias al inicio de cada mayo y ganó mucho apoyo dentro de la industria de las flores y las tarjetas.

La historia que había dado origen al Día de la Madres -la lucha que Jarvis por homenajear la labor de su propia madre y de otras mujeres- era el guion perfecto para impulsar aún más las ventas.

Solo que a la gran responsable de la fecha conmemorativa no le gustó el rumbo comercial que se adoptó, por lo decidió boicotear la fecha.

La activista que una vez hizo campaña para la creación de la fecha ahora se movilizaba para eliminarla.

"Jarvis consideraba que el Día de la Madre era su 'propiedad intelectual y legal', y no parte del dominio público", escribió Katharine Lane Antolini, autora de "La conmemoración de la maternidad: Anna Jarvis y la lucha por el control del Día de la Madre".

"Ella aspiraba que ese día fuera un 'día sagrado' que conmemorara a la madre que colocó las necesidades de sus hijos antes que la propia", agregó Antolini.

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La fecha fue adoptada tras la insistencia de Anna Jarvis que, años más tarde, decidió boicotearla.

"Nunca quiso que se convirtiera en un día para dar regalos costosos, como en lo que se volvieron otros festivos al inicio del siglo XX".

Antolini, quien es profesora de estudios de género de una universidad en West Virginia, vive a unos 45 minutos de Grafton, donde está la iglesia que frecuentaban Jarvis y su madre, y que actualmente es el Santuario Internacional del Día de la Madre.

Según las investigaciones de Antolini, Anna Jarvis criticaba a los comerciantes que se "aprovechaban" del evento y los tildaba de "violadores de los derechos de autor, vándalos comerciales y especuladores declarados".

Hasta llegó a realizar protestas contra las florerías, que aumentaban sus precios en el mes de mayo y amenazó con demandar a muchas empresas que lucraban con la celebración.

También criticó la enorme industria de tarjetas con textos impresos que se generó en torno al día, alegando que la manera de demostrar el aprecio y honrar a las madres debería ser a través de cartas personales escritas a mano.

Antolini escribe que hubo organizaciones que intentaron alinear el significado del día festivo con la cambiante percepción de la maternidad en el siglo XX, combinando el aspecto hogareño con el impacto de las madres en la comunidad.

Pero Jarvis también rechazó aceptar esa interpretación.

Antes de morir, en 1948, embargada por las deudas y la depresión, Jarvis le confesó a una periodista: "Me arrepiento mucho de haber creado el Día de la Madre".

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El Día de la Madre es una oportunidad excelente para los comerciantes de tarjetas, flores y otros regalos.

¿Cuánto dinero genera el Día de la Madre?

Como en muchos aspectos comerciales, Estados Unidos lidera las cifras en el consumo de bienes y servicios realizados en torno al Día de la Madre.

Los otros países del mundo no solo han seguido la pauta de celebrar ese festivo sino de incorporar fuertemente la característica económica.

En EE.UU. solamente el comercio del Día de la Madre representa más de US$23.000 millones.

Según sitios especializados, los artículos y servicios no solo van dirigidos de los hijos hacia las madres es esta fecha. Los consumidores están comprándole a todas las mujeres en sus vidas; hijas, hermanas, abuelas, madrinas y otras familiares y amigas.

El negocio de las tarjetas es donde más movimiento hay, seguido del de las flores que tiene en esa fecha sus ventas más espectaculares de todo año (inclusive más que en el Día de San Valentín).

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La portada del libro de Katharine Antolini sobre la historia del Día de la Madre y la lucha de su creadora por eliminar la fecha.

Después le siguen los servicios de salidas especiales, como a restaurantes, y luego vienen las industrias de la ropa y joyería.

Tanto la publicidad como las ventas se inician en las últimas dos semanas de abril y se intensifican la semana anterior al domingo en cuestión, hasta 48 horas antes de día.

Es entonces cuando 18% de los consumidores se deciden a hacer sus compras a precios mucho más elevados.

Pues, como dicen las campañas, el amor de una madre no tiene precio.


    • Redacción
    • Título del autor,BBC News Mundo