Mostrando entradas con la etiqueta opin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta opin. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de septiembre de 2022

Isabel II, la reina entre las reinas: así encarnó a la perfección la realeza simbólica



La reina Isabel II en una imagen de archivo. (Getty)


Isabel II ha muerto con puntualidad británica, sin aspavientos, ajustada al impresionante protocolo de la corte británica, rodeada de todos los suyos




“¡La reina ha muerto!”, y apenas tenemos voz para proclamar el prescriptivo “¡viva el rey!”. Isabel II, the Queen, nos ha dejado y un espeso manto de respetuoso luto cae sobre Gran Bretaña, donde la población guarda un silencio reverente, mientras en el resto del mundo algo también se nos encoge. El teléfono y el wasap no paran porque todos, hasta los no británicos, queremos compartir con alguien esta noticia que, por esperada, no es menos impactante.

Es una necesidad humana ante un hecho que todos reconocemos como histórico, y del que queremos ser testigos, pero también algo que nos conecta con el simbolismo y la magia de la monarquía en el momento del fallecimiento de la última reina de los viejos tiempos, de Lilibet, de la reina de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y la soberana de los dominios de ultramar de la Commonwealth que se extienden por casi todos los continentes.

La última reina ungida por el arzobispo de Canterbury con un aceite especial de receta secreta, que data de tiempos del reinado de Carlos I, en una ceremonia de tintes sacros y cargada de barroco simbolismo que, en el lejano 1953, ella misma, y en contra de la voluntad de su gobierno, quiso que fuese retransmitida por la BBC a todo el mundo para, con ello, dejar claro su deseo de acercarse lo más posible a todos sus súbditos aunque, eso sí, siempre guardando la debida distancia que requiere la mística de la monarquía.


placeholderLa imagen de Isabel II en Piccadilly Circus. (EFE/EPA/Tolga Akmen)
La imagen de Isabel II en Piccadilly Circus. (EFE/EPA/Tolga Akmen)

Hoy el mundo mira hacia Escocia para reverenciar a la reina entre las reinas, porque decir the Queen ha sido hasta ahora decir Isabel II, ya que todas las demás monarcas, incluso las que lo son o lo han sido por derecho propio en nuestro siglo, como Margarita II de Dinamarca o Beatriz de Holanda, pasan por detrás de ella en el imaginario popular. Una reina convertida en icono cultural y popular (en “artefacto”, como dirían los antropólogos) utilizado tanto por lo reverente como por lo irreverente, pero siempre respetado por encarnar una altura simbólica imposible fuera de Gran Bretaña. Una soberana que tuvo la inteligencia de mantener una perfecta equidistancia entre cambio, modernidad y permanencia, sostenida en todo momento, y a lo largo de 50 años, en una sólida imagen tanto ética como estética. Una estética propia y sujeta a muy escasos cambios a lo largo de las décadas con sus trajes, sus sombreros y sus complementos, todos muy similares y en colores vistosos para que en todo momento los miembros de su seguridad pudiesen ubicarla en los actos públicos.

Isabel II ha muerto con puntualidad británica, sin aspavientos, ajustada al impresionante protocolo de la corte británica, rodeada de todos los suyos puestos en aviso ante la realidad inminente de una muerte que, en sí misma, no es sino el tránsito natural de un reinado a otro, de un tiempo viejo a un tiempo nuevo del que aún no conocemos los parámetros pero que ya genera inquietudes. Y lo ha hecho en su casa, en el castillo de Balmoral, allá en las tierras altas de Escocia tan caras a su progenitora, la determinada y recordada reina madre. En el lugar más sencillo y más bucólico de entre todos sus palacios, en la casa que amaba profundamente y a la que tanto le gustaba retirarse del ruido del mundo para estar con los suyos, calzarse las botas de agua, conducir su propio Land Rover por los páramos y salir a dar grandes paseos en medio de la naturaleza. No quiso fallecer en el hieratismo frío del palacio de Buckingham, ni en su palacio de Sandringham, más asociado a las frivolidades de su bisabuelo el rey Eduardo VII.

La población ya se ha echado a la calle, han sido muchos los que han transmitido sus condolencias: desde rostros conocidos a otras casas reales, y nos queda ser testigos de jornadas luctuosas, y de sentido pesar, en una Gran Bretaña que no puede entenderse sin esa monarquía tan exclusiva que conforma de forma atemporal, y con fuertes reminiscencias medievales, la columna vertebral (el backbone) del estado. Porque en Gran Bretaña todo huele a monarquía, la reina, o el rey, en ejercicio es quien en su persona aglutina los antiguos reinos y territorios de Inglaterra, Escocia, el país de Gales e Irlanda del Norte, y, además, es la cabeza de la Iglesia de Inglaterra. Porque, desde los tiempos de su homónima Isabel I, la reina virgen que nunca quiso casarse porque unió su vida y su corazón al destino de Inglaterra, la monarquía, con sus idas y sus venidas, ha sido siempre madre para el pueblo británico. De ahí la orfandad que esta pérdida hace sentir hoy entre su pueblo.

La grandeza de Isabel II, que como un diamante tiene muchas facetas, surge de su capacidad para haber sabido encarnar a la perfección lo que es la realeza simbólica; algo que va más allá de lo personal y de los deseos, pasiones o anhelos de quien se ciñe la corona. Una tarea para la que contó con el ejemplo de sus padres, a los que veneraba, el tímido y apocado Jorge VI y la fuerte y voluntariosa Lady Elizabeth Bowes-Lyon, en quien ella siempre pudo apoyarse y quien, en aquel annus horribilis de 1992, le escribió para decirle: “Creo que has estado maravillosa y así lo piensa todo el mundo”. Isabel fue una mujer educada en un mundo de exclusión y en las pesadas servidumbres de la corona, pero también en el liderazgo esencialmente sordo de la corona tal y como, una vez más, su madre recordaba al duque de Edimburgo en las semanas previas a su boda con Isabel: “Hay tanto que se puede hacer en este confuso y tan preocupado mundo, mediante el ejemplo y el liderazgo, y estoy segura de que Lilibet y tú tenéis un gran papel que jugar”.


placeholder La reina Isabel II. (CP)
La reina Isabel II. (CP)

Desde ese lugar, el suyo ha sido un reinado de aperturas en los pequeños gestos: los mensajes de Navidad televisados desde 1957, el acercarse por primera vez no solamente a la gente en la calle (por supuesto sin tocar y siempre con guantes), sino también a los jefes tribales zulúes o maoríes de las tierras de la Commonwealth; el viajar a todos los territorios de la corona para acercarse a sus súbditos de tantas etnias; su presencia en los funerales de un rey católico en el caso de Balduino de Bélgica; los cambios en la ley de sucesión de la corona; o el decidir, con ocasión de sus bodas de plata, en 1972, apearse por primera vez el 'nos' mayestático para dar finalmente paso al 'yo'. Todo ello sin perder un ápice de majestad y sin privar a la corona de sus ricas y barrocas tradiciones, como la vistosa apertura del Parlamento llevando la corona imperial del estado (en la que se inserta el maravilloso diamante koh-i-noor) que el día anterior, como contaba Andrew Morton, tenía que probarse en palacio en bata y zapatillas para poder caminar al día siguiente del modo adecuado en Westminster.

Todos echaremos de menos a the Queen, y su figura, los hechos de su reinado, sus múltiples problemas familiares, la fijeza de su imagen, sus trajes y su imagen icónica permanecerán en la memoria colectiva. Émula de aquellas otras dos grandes reinas británicas que conformaron como nadie la monarquía y el estado, Isabel I y Victoria I, Isabel II pasará a la historia con letras grandes y, como gran homenaje a su figura, en próximos días veremos, una vez más, como la monarquía británica despliega todo su mágico esplendor (el pageant) para que, por un momento, todos podamos conectar con su poderosa carga simbólica que tanta admiración despierta en todo el mundo. La reina ha muerto, pero no hay que olvidar el ¡viva el rey!, porque el hasta ahora príncipe de Gales, el príncipe Carlos, ya es rey, e ingenuos aquellos que siempre creyeron que Lilibet abdicaría algún día. Imposible, porque hubiera supuesto ir en contra de su propia esencia.





Por
09/09/2022 - 05:00
www.vanitatis.elconfidencial.com/casas-reales/2022-09-09/isabel-reina-entre-reinas-encarno-perfeccion-realeza-simbolica_3487772/

lunes, 28 de septiembre de 2020

¿Ha llegado la hora de retirar los honores del Imperio británico?

 

La reina Isabel II. (Reuters)

Los miembros del Comité de Honores han propuesto una revisión del sistema que podría eliminar la palabra “imperio” de unos títulos que la realeza comenzó a otorgar en la Edad Media


En la mañana del 13 de noviembre de 2003, el poeta rastafari Benjamin Zephaniah, recibió una carta más que inesperada que rezaba lo siguiente: "El primer ministro [por aquel entonces Tony Blair] me ha pedido que le informe, en estricta confidencialidad, de que tiene en mente, con motivo de la próxima lista de honores, de recomendar su nombre a Su Majestad la Reina para que reciba la Orden del Imperio Británico".

El escritor inglés, hijo de un cartero barbadense y una enfermera jamaicana, no dudó en rechazarlo. "Me enojo cuando escucho esa palabra 'imperio'; me recuerda a la esclavitud, me recuerda a miles de años de brutalidad, me recuerda cómo mis antepasados ​​fueron violados y ​​brutalizados. Es por este concepto de imperio que mi educación británica me llevó a creer que la historia de los negros comenzó con la esclavitud y que nacimos esclavos y, por lo tanto, debería estar agradecido de que nuestros amados amos blancos nos dieran la libertad. Es por esta idea de imperio que la gente negra como yo ni siquiera conoce nuestros verdaderos nombres o nuestra verdadera cultura histórica", explicó.

Muchas otras figuras también habían rechazado la distinción, entre ellas, el cantante David Bowie o Howard Gayle, el primer futbolista negro en jugar en el Liverpool. Pero el poeta fue el primero en exponer sus explicaciones de manera pública, criticando la medalla como un legado del colonialismo.

Pues bien, los miembros del Comité de Honores ahora parecen estar de acuerdo con el escritor porque han propuesto una revisión del sistema que podría eliminar la palabra "imperio" de unos títulos que la realeza comenzó a otorgar en la Edad Media, en gratitud con aquellos que consideraban habían realizado un gran servicio por el país.

Una incómoda revisión del pasado

De momento, la discusión no es oficial. Pero, según filtraciones a la prensa, se trata de una cuestión que lleva tiempo estudiándose y ha tomado ahora más relevancia, desde las manifestaciones por el Black Lives Matter, un movimiento que cruzó el Atlántico y se ha extendido por diferentes países europeos. En el caso concreto del Reino Unido, además de las numerosas protestas por la muerte del afroamericano George Floyd, ha desencadenado en una incómoda revisión del pasado que está llevando a retirar estatuas de diferentes protagonistas de la historia del país.

El Comité de Honores es el encargado de gestionar estas distinciones —que tienen diferentes rangos— y que se otorgan dos veces al año de la mano de Isabel II (u otro miembro de la Familia Real en su nombre) en una pomposa ceremonia en el Palacio de Buckingham.

Una protesta a favor del Black Lives Matter en Reino Unido. (EFE)
Una protesta a favor del Black Lives Matter en Reino Unido. (EFE)

En el Reino Unido, la tradición se lleva a raja tabla. Se trata de un país donde la soberana sigue siendo la que protagoniza las sesiones de apertura del Parlamento en una ceremonia cargada de boato. Sale del Palacio de Buckingham en una carroza dorada tirada por seis caballos blancos y, una vez llega a Westminster con un traje de raso blanco, capa forrada de armiño y corona, presenta el programa legislativo de su Gobierno.

Asimismo, no son pocos los que consideran que la sociedad británica es extremadamente clasista. Para muchos, aunque sea meramente simbólico, convertirse en "Caballeros" o "Damas" es el culmen a sus carreras y fortalece su estatus. En 2017, la escritora JK Rowling, autora de la exitosa saga de Harry Potter, aceptó el 'Companion of Honour', que se entrega a aquellos que han realizado una contribución significativa a las artes, ciencia, medicina o el gobierno. Sir Winston Churchill también lo recibió en su momento. Por su parte, David Beckham obtuvo en 2003 la 'Orden del Imperio Británico' por su carrera futbolística.

Sin embargo, para otros, estas distinciones se tratan de una reliquia manchada por el colonialismo y la esclavitud, razón por la cual han decidido rechazarla. En 2003, el autor Patrick French, que ha escrito 'bestsellers' sobre la India y el Tíbet, no la aceptó pero dijo que apoyaría el cambio de títulos a una 'Orden de Excelencia Británica'.

Para otros, estas distinciones se tratan de una reliquia manchada por el colonialismo

"El Imperio Británico es lo más interesante que ha hecho este país en los últimos 300 años, por lo que absolutamente debería enseñarse en las escuelas. Pero el hecho es que se acabó, y al seguir utilizándose en las medallas que el gobierno está dando no se reconoce por completo la forma en que el imperio es percibido por otras personas en otros países, en particular las antiguas colonias", explica.

Mientras que ahora algunos miembros del Comité de Honores se muestran a favor de eliminar la palabra "imperio", otros prefieren la introducción de una nueva medalla "que refleje mejor el Reino Unido más diverso del siglo XXI". En última instancia, en cualquier caso, el encargado de realizar una revisión al respecto sería el Gobierno de Boris Johnson, en cuyas filas, la idea de "revivir simbólicamente el imperio británico", ha sido utilizada en los últimos años del Brexit en multitud de ocasiones por los diputados conservadores más euroescépticos.

Un exmiembro del Comité de Honores de Artes y Medios explicaba recientemente en confidencialidad a 'The Sunday Times' que "el sistema no tiene la intención de ser político y hace mucho bien a las personas que no están en el ojo público, pero creo que todo cambia con el tiempo y creo que esto cambiará". "El imperio [la terminología] es ridícula... nadie pensaría jamás que tenemos un imperio ahora, pero creo que la palabra imperio probablemente está condenada al fracaso", destaca.

¿Respuesta oficial? No habrá cambios

En cualquier caso, un portavoz de la Oficina del Gabinete de Downing Street asegura que "no hay planes para realizar ningún cambio". "Ha habido una reforma considerable al sistema de honores en los últimos 25 años para asegurar que sea inclusivo. El compromiso también se realiza durante todo el año para asegurarnos de que las personas merecedoras de todos los orígenes sean nominadas y mantenemos nuestro compromiso de garantizar que el sistema de honores represente a la sociedad del Reino Unido", señala.

Esta no es, sin embargo, la primera vez que el debate se pone encima de la mesa. En 2012, tres de los Lord Lugartenientes de Isabel II, quienes le aconsejaron sobre quién debería recibir los honores, señalaron que se traban de distinciones "inapropiadas" y "anacrónicas". Aquel año fue el elegido por el entonces 'premier' David Cameron para instaurar de nuevo la Medalla del Imperio Británico [para héroes locales] con motivo de los 60 años de reinado de Isabel II.

Fundada en 1917, la medalla a veces se consideraba un honor para la "clase trabajadora". De hecho, la distinción no la otorgaba la monarca sino el lugarteniente de la autoridad local. El ex primer ministro conservador John Major puso fin a la concesión en 1993. Consideraba que "se había vuelto cada vez más tenue" y quería que los héroes locales también recibieran sus reconocimientos de la mano de la propia soberana.

Pero los que la reciben a día de hoy se tienen que conformar con asistir en verano a las recepciones que se realizan en los jardines del Palacio de Buckingham, junto con otras personalidades cuyo trabajo ha sido reconocido.




AUTOR
CELIA MAZA.    LONDRES    27/09/2020