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domingo, 18 de octubre de 2026

¿Funciona la última moda para no envejecer?



Imagen de archivo: istock



Los péptidos se han convertido en una de las últimas estrellas de la medicina de la longevidad. Incluso Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud de Estados Unidos, ha hablado públicamente de su interés por determinados péptidos



Una paciente que vive en Estados Unidos me cuenta que se está inyectando péptidos, concretamente BPC-157 y TB-500, y me pregunta si me parecen un buen tratamiento para mejorar la piel y envejecer mejor. No es una pregunta extraña. Los péptidos se han convertido en una de las últimas estrellas de la medicina de la longevidad. Incluso Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud de Estados Unidos, ha hablado públicamente de su interés por determinados péptidos y de su uso personal. Pero, ¿qué dice realmente la ciencia?

En el caso del BPC-157 y el TB-500, gran parte de los resultados que se utilizan para defender sus posibles beneficios proceden de estudios preclínicos, fundamentalmente en animales. La investigación clínica en humanos es muy limitada y no permite afirmar que estos productos rejuvenezcan la piel, aceleren de forma clínicamente relevante su reparación o tengan un efecto antienvejecimiento demostrado. Y el problema no es únicamente si funcionan.

Desconocemos cuál sería la dosis adecuada, cuáles pueden ser todos sus efectos adversos, qué ocurre cuando se utilizan durante meses o años y, además, existe otro problema especialmente importante cuando se compran fuera de los circuitos farmacéuticos regulados: no siempre sabemos con certeza qué contiene el vial que el paciente se está inyectando.

Por eso conviene evitar una confusión frecuente. La insulina es un péptido. Los medicamentos basados en GLP-1 también lo son y han transformado el tratamiento de enfermedades como la diabetes y la obesidad. Pero detrás de ellos existen ensayos clínicos, dosis precisas, controles de fabricación, farmacovigilancia e indicaciones médicas bien establecidas.

No podemos colocar en el mismo nivel un medicamento aprobado después de rigurosos ensayos clínicos y una sustancia promocionada en internet con una evidencia humana todavía insuficiente.

En España, ni la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ni la Agencia Europea de Medicamentos han aprobado BPC-157 o TB-500 como medicamentos para uso humano.

Por tanto, cuando mi paciente me pregunta si debería utilizarlos para mejorar su piel, mi respuesta es sencilla: yo no lo haría mientras no dispongamos de buenos estudios en humanos que demuestren su eficacia y, sobre todo, su seguridad.

Pero esta conversación sobre los péptidos plantea una cuestión mucho más interesante. Hay un regalo que viene con la edad: la tranquilidad de haber visto pasar suficientes modas como para empezar a distinguir lo que es ciencia de lo que es marketing. Y, sobre todo, la libertad de poder decirlo.

Vivimos una época fascinante. Nunca hemos tenido tanta información sobre la piel, la salud y el envejecimiento y, paradójicamente, probablemente nunca haya habido tanta confusión.

Después de décadas trabajando como dermatólogo, he comprobado que muchas supuestas revoluciones tienen una vida media sorprendentemente corta. He visto pasar las cremas de placenta, las células madre vegetales en frascos, el colágeno milagroso, las dietas detox, los antioxidantes que supuestamente iban a detener el envejecimiento, los superalimentos, los exosomas y ahora los péptidos que prometen rejuvenecernos.

Algunas de estas tecnologías podrían acabar demostrando utilidad. Otras desaparecerán. El problema es que hoy el marketing suele llegar mucho antes que la ciencia.

Cuando escucho determinadas promesas, sonrío. Si un tratamiento es realmente extraordinario, no debería necesitar un ejército de influencers para convencernos. La buena medicina acaba imponiéndose por los resultados, no por los vídeos de quince segundos.

Con frecuencia me preguntan qué opino sobre la última tendencia viral. A veces esperan entusiasmo y otras, indignación. La mayoría de las veces mi respuesta es mucho más aburrida: No lo sabemos todavía.

Y creo que deberíamos reivindicar esas cuatro palabras. En ciencia, reconocer lo que todavía ignoramos es mucho más honesto que ofrecer una certeza prematura. Las redes sociales premian al que habla más alto, al que promete más y al que simplifica mejor. La medicina debería seguir premiando al que aporta mejores pruebas.

También he aprendido otra cosa con los años: no necesitamos medicalizar cada síntoma, cada arruga y cada mancha. Como defiendo en mi último libro, Larga vida a tu piel, el envejecimiento no es una enfermedad. Es la vida.

No existen demasiados secretos ocultos para vivir más y mejor. No hay un péptido, un suplemento, un análisis de 200 biomarcadores o una molécula clandestina que sustituya a no fumar, hacer ejercicio, dormir adecuadamente, mantener relaciones sociales, comer razonablemente bien, controlar los factores de riesgo cardiovascular y disponer de una buena atención sanitaria. Ya lo dice el refranero español: poco plato, mucho trato y mucho zapato. Así que de momento no nos vamos a inyectar esos péptidos rejuvenecedores.

La búsqueda obsesiva del elixir de la longevidad puede incluso hacernos olvidar algo esencial: al final no se trata de conseguir años vividos, sino de vida vivida.


sábado, 17 de octubre de 2026

¿Necesitas tomar colágeno y magnesio? Cuatro preguntas para decidirlo más allá de la publicidad



Suplementos. 
(Getty Images/Christopher Furlong)



Llenan estanterías y prometen soluciones para problemas muy distintos. Pero que el cuerpo necesite una sustancia no significa que tomarla en cápsulas aporte beneficios. La evidencia depende de la dosis, el producto y, sobre todo, de quién lo toma



Basta con entrar en una farmacia, un herbolario o una tienda de deporte para comprobar que los suplementos viven su mejor momento. Un bote promete cuidar el corazón; otro, borrar el cansancio; el siguiente, mejorar la piel o devolvernos un sueño reparador. Si todo fuera tan sencillo, la salud cabría en una cápsula. Pero ¿qué ocurre cuando las promesas se comparan con los estudios?

La respuesta corta es poco espectacular, depende. Un suplemento puede ser útil cuando existe una necesidad concreta, una ingesta insuficiente o una indicación clínica. Fuera de esos escenarios, el beneficio suele ser pequeño, incierto o inexistente. Que una sustancia sea esencial para el organismo no significa que todos necesitemos tomarla en forma de pastilla.

Los ácidos grasos EPA y DHA participan en funciones cardiovasculares y neurológicas. Hasta ahí, ningún misterio. El problema aparece cuando se transforma la recomendación de comer pescado en la idea de que toda la población debería tomar aceite de pescado. Una sardina no es una cápsula, además de omega-3, aporta proteínas, vitaminas y minerales dentro de una matriz alimentaria que el suplemento no reproduce.

Los grandes ensayos de prevención primaria, es decir, realizados en personas sin enfermedad cardiovascular conocida, no han observado una reducción clara de los principales eventos cardiovasculares con las dosis habituales de suplementos.

Además, un estudio observacional con más de 415.000 participantes relacionó el uso regular de aceite de pescado con un 13% más de fibrilación auricular y un 5% más de ictus entre quienes partían de una buena salud cardiovascular. Una asociación no demuestra que las cápsulas fueran la causa, y el estudio no podía controlar bien la dosis ni la formulación utilizada. Tal y como se recoge en la revisión del 2024 de Chen G et al.

Esto no convierte al omega-3 en enemigo. En personas con hipertrigliceridemia o con determinadas enfermedades cardiovasculares, algunas formulaciones purificadas y a dosis concretas pueden tener utilidad clínica. La clave está precisamente en aplicarlo en el paciente adecuado, producto adecuado y dosis adecuada. Para el resto, el pescado azul sigue teniendo más argumentos que el suplemento.

El marketing del colágeno ha construido una idea muy atractiva: tomamos un polvo y este viaja directamente a la arruga o a la articulación que queremos reparar. El organismo funciona de otra manera. Durante la digestión, el colágeno se descompone en aminoácidos y pequeños péptidos; algunos pueden ejercer efectos biológicos, pero no llevan una etiqueta que indique si deben terminar en la piel, el cartílago o el músculo.

La evidencia refleja bien esa distancia entre una posibilidad y una certeza. Un metaanálisis de 2023 encontró mejoras en hidratación y elasticidad de la piel, aunque también detectó sesgos y una notable heterogeneidad entre productos, dosis y duración. En 2025, otro análisis de 23 ensayos observó beneficios al agrupar todos los estudios; sin embargo, estos desaparecían cuando se examinaban únicamente los trabajos de mayor calidad o los que no habían recibido financiación de la industria. No demuestra que el colágeno sea inútil, pero sí que la evidencia es menos sólida de lo que sugiere la publicidad.

Por tanto, quien decida tomarlo debería esperar, como mucho, cambios modestos y no un tratamiento antienvejecimiento. Tampoco sustituye a una ingesta suficiente de proteína, frutas y verduras ricas en vitamina C, ejercicio de fuerza, buen descanso ni protección solar. A veces buscamos en el suplemento lo que todavía no hemos cuidado en los hábitos.

El magnesio interviene en el metabolismo energético, la función neuromuscular y el mantenimiento de los huesos. Pero de nuevo aparece la confusión: de ser un mineral imprescindible, se ha pasado a venderlo como solución general para el sueño, el estrés, los calambres y la fatiga. Son afirmaciones distintas.

Un ensayo aleatorizado publicado en 2025 estudió a 155 adultos con mala calidad de sueño que tomaron 250 mg diarios de magnesio elemental en forma de bisglicinato o placebo durante cuatro semanas. El grupo del magnesio mejoró algo más en una escala subjetiva de insomnio, pero el efecto fue pequeño. Los propios autores señalaron que hacen falta estudios más largos, medidas objetivas del sueño y una mejor identificación de las personas que podrían responder, posiblemente aquellas con menor ingesta previa.

Antes de comprarlo, conviene revisar lo menos llamativo: cafeína, alcohol, horarios, estrés, exposición a pantallas y regularidad del sueño. Si hay enfermedad renal, medicación o síntomas persistentes, la decisión debe consultarse. El magnesio puede ayudar en casos seleccionados; no convierte una mala higiene del sueño en una buena noche.


Vitamina D, ni para todos ni siempre con analítica

La vitamina D merece una explicación especial. Es fundamental para absorber calcio y fósforo y para mantener la salud ósea y muscular. Cuando existe una deficiencia o una indicación médica, corregirla es necesario. Lo que la ciencia no respalda es convertirla en una póliza universal frente al envejecimiento, el cáncer, las infecciones o las enfermedades cardiovasculares.

La guía de la Endocrine Society de 2024 aconseja que los adultos sanos menores de 75 años no tomen vitamina D por encima de la ingesta diaria recomendada solo para prevenir enfermedades, y tampoco propone medir sus niveles de forma rutinaria en toda la población sana. Hay excepciones y situaciones diferentes: niños y adolescentes, embarazo, mayores de 75 años, prediabetes de alto riesgo o personas con enfermedades que alteran la absorción o el metabolismo de la vitamina D. Por eso una recomendación individual no puede convertirse en una norma para todos.

Tomar dosis altas por cuenta propia tampoco es una estrategia inocente. El exceso puede producir hipercalcemia y dañar el riñón. En este caso, más no significa mejor: significa más riesgo. La protección real del hueso sigue incluyendo actividad física, especialmente ejercicio de fuerza, una ingesta adecuada de calcio y proteína y, cuando corresponda, prevención específica de caídas y tratamiento de la osteoporosis.


La pregunta que falta en la etiqueta

Antes de abrir un bote conviene responder cuatro preguntas: ¿qué problema concreto quiero resolver?, ¿existe una indicación profesional o un riesgo real de déficit?, ¿qué dosis, formulación y duración se han estudiado?, ¿puede interactuar con mi medicación o con otros suplementos? Si no sabemos responderlas, probablemente tampoco sabemos si necesitamos el producto.

La base continúa siendo menos novedosa, pero mucho más eficaz: pescado, legumbres, huevos, lácteos o alternativas adecuadas, frutos secos, verduras, frutas, aceite de oliva, cereales integrales y alimentos proteicos de calidad. A ello hay que sumar descanso, movimiento y una exposición solar prudente. Los suplementos pueden completar una buena estrategia; rara vez rescatan una mala.

La recomendación final es sencilla: no suplementarse por presión publicitaria, no mezclar productos sin control y desconfiar de cualquier promesa que sirva igual para todos. Antes de añadir otra cápsula, quizá convenga abrir la despensa, revisar el descanso y moverse un poco más.


sábado, 10 de octubre de 2026

¿La vitamina D puede tener un lado oscuro?: cuando un suplemento se convierte en riesgo



Exceso de vitamina D: síntomas, riesgos y cuánta es demasiada 
(Pexels).



La vitamina del Sol es esencial, sí, pero en dosis altas puede volverse tóxica: qué significa la hipercalcemia y cuánta vitamina D es demasiada, según la ciencia



Durante años, la vitamina D ha disfrutado de un aura casi milagrosa. Se la ha relacionado con un abanico de beneficios que va desde el sistema inmunitario hasta el estado de ánimo. Por eso, no es extraño que los suplementos se hayan convertido en un hábito más de nuestro día a día.

El problema es que la vitamina D no es inocua por defecto. Y, en cantidades elevadas, puede pasar a convertirse en una amenaza. No es ningún mito. La toxicidad por vitamina D existe y puede desencadenar problemas serios, sobre todo por su efecto sobre el calcio en sangre.La toxicidad por vitamina D (también llamada hipervitaminosis D) es una condición que ocurre cuando se acumula demasiada vitamina D en el organismo, generalmente por suplementación en dosis altas. No suele ocurrir por la dieta (ni por comer pescado o huevos) y tampoco se considera probable que se produzca por exposición solar, porque el cuerpo regula la producción cutánea de vitamina D. El foco del riesgo está, casi siempre, en los suplementos de pastillas.

La vitamina D ayuda a absorber calcio y fósforo, algo esencial para el hueso. Pero cuando hay un exceso, el cuerpo puede entrar en un estado peligroso: hipercalcemia, es decir, demasiado calcio en la sangre. Esa hipercalcemia puede favorecer depósitos de calcio en tejidos blandos y vasos, y está relacionada con complicaciones serias como los cálculos renales.


Síntomas: señales que no conviene ignorar

Los síntomas pueden ser variados y, a veces, engañosos porque se parecen a un malestar general como dolor de estómago y vómitos, debilidad y micción frecuente... pero también estreñimiento, fatiga, debilidad muscular o dolor óseo. ¿Lo más inquietante? Que en los escenarios raros, pero posibles, si no se trata, la toxicidad puede acabar en insuficiencia renal que requiera hemodiálisis, e incluso se han descrito desenlaces extremos como hemorragia intestinal fatal.


¿Quién tiene más riesgo?

El riesgo puede ser mayor en ciertos grupos. Hay que tener especial precaución en niños y adultos mayores, ya que los casos pueden aumentar por errores de dosificación o por el uso de altas dosis. En invierno muchas personas toman vitamina D como seguro por una menor exposición solar, pero advierte contra el salto a dosis desproporcionadas. Además, hay que tener en cuenta que la vitamina D no es hidrosoluble, por lo que el exceso no se elimina fácilmente por la orina como ocurre con otras vitaminas; puede acumularse en tejidos y en el torrente sanguíneo.


¿Cuánta vitamina D necesitas realmente?

La cantidad diaria recomendada en promedio es de:

15 microgramos para personas de 1 a 70 años
20 mcg para mayores de 70

Y, para prevenir toxicidad, no se debería tomar más 100 mcg diarios salvo indicación médica. Y no todo el mundo necesita vitamina D en pastilla, y desde luego no en megadosis.

Aunque la toxicidad sea rara, existe. En un estudio en personas mayores con riesgo de caídas, quienes tomaban dosis más altas (hasta 100 microgramos) tuvieron más riesgo de caídas que quienes tomaban dosis más bajas (de 5 a 25 mcg, por ejemplo). Y un análisis posterior sugirió que niveles sanguíneos más altos podrían asociarse con mayor riesgo de caídas.


Tratamiento: qué se hace si hay toxicidad

El abordaje es claro. Hay que dejar inmediatamente de tomar el suplemento y corregir la hipercalcemia. El tratamiento incluye suspender la vitamina D, y que puede requerirse hidratación con líquidos intravenosos; también se pueden usar fármacos como corticosteroides o bisfosfonatos para bajar el calcio en sangre, además de seguir recomendaciones para limitar la ingesta de calcio. La realidad es que la mayoría se recupera tras discontinuar el suplemento y recibir fluidos intravenosos o medicación para reducir el calcio.

Así que para evitar males mayores, no hay que automedicarse las dosis. La toxicidad suele venir de suplementos en dosis altas o errores de pauta; hay que respetar el límite superior antes mencionado y, como siempre, consultar con el médico antes de suplementarnos, especialmente si ya tomas otros suplementos, si tienes enfermedades que afecten absorción o si vas a usar dosis por encima de las habituales.


viernes, 21 de agosto de 2026

El 'boom' de la proteína, bajo sospecha: comer menos podría favorecer la longevidad


Mujeres pratican deporte con una pesa de madera en Tokio. 
(EFE/Franck Robichon)



Desde hace décadas se sabe que reducir la ingesta de calorías puede prolongar la vida de numerosos organismos y disminuir el riesgo de enfermedades asociadas a la edad, como el cáncer



Hace unos años era extraño encontrar productos enriquecidos con proteínas en los supermercados, pero ahora ocupan estanterías enteras. Pero, ¿necesita realmente la población consumir tanta proteína?

Dudley Lamming, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, se dedica a investigar los nutrientes para promover la salud y la longevidad. Es el autor principal de una revisión de más de 350 investigaciones que se publica este viernes en la revista Cell Press Blue. El documento plantea una conclusión aparentemente contradictoria: para parte de la población, reducir el consumo de proteínas podría aportar beneficios metabólicos y, según los resultados obtenidos en modelos animales, favorecer la longevidad.

Para Lamming, está “absolutamente claro” que las proteínas aportan beneficios al crecimiento muscular y a la respuesta al ejercicio en personas activas. Pero el autor se centra en las personas sedentarias y explica que muchas consumen más proteínas de las que realmente necesitan, lo que probablemente “tenga consecuencias negativas para la salud”.

El escrito expone que durante décadas los científicos han sabido que consumir menos calorías puede prolongar la vida en muchos organismos y reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con la edad, como el cáncer. Sin embargo, mantener una dieta baja en calorías resulta difícil para la mayoría de las personas.

Los autores añaden que varios ensayos clínicos recientes en humanos también han demostrado que reducir la ingesta de proteínas puede disminuir el peso y la masa grasa, así como mejorar los niveles de glucosa en sangre en ayunas, aunque las personas con restricción proteica tienden a consumir más calorías.

A principios de 2026, las autoridades estadounidenses publicaron sus nuevas guías alimentarias y situaron el objetivo diario entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal, frente a la cantidad diaria recomendada de 0,8 gramos por kilogramo utilizada hasta entonces.

Este contexto de creciente consumo fue el que impulsó a Lamming a revisar décadas de investigación sobre la restricción de proteínas y el envejecimiento. El equipo describió posibles mecanismos que surgen de forma consistente en los estudios y que podrían explicar cómo las dietas bajas en proteínas podrían mejorar la salud y promover la longevidad. Estos mecanismos sugieren que la restricción de proteínas ralentiza el envejecimiento al mejorar el metabolismo, modificar la respuesta celular a los nutrientes, reducir el daño celular y preservar la función celular saludable.

“Las recomendaciones recientes han animado a la gente a consumir más proteínas, pero también a hacer más ejercicio. Probablemente debamos personalizar las recomendaciones sobre proteínas no solo en función de la edad, sino también del nivel de actividad física de cada persona”, concluye el autor principal.

Para Esther López García, profesora de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid, presidenta del Observatorio de la Nutrición y de Estudio de la Obesidad (NAOS) y miembro del Grupo de Nutrición de la Sociedad Española de Epidemiología, este artículo “es paralelo a lo que se sabe sobre el efecto de la restricción calórica en la longevidad”.

Opina en declaraciones a SMC que la investigación “es atrevida”: “Cuestiona la recomendación actual que se da a la población general de incrementar la ingesta de proteínas para mejorar la salud. Esta recomendación se ha dado desde hace tiempo a las mujeres embarazadas y a las personas mayores, pero en las Guías Dietéticas Americanas de 2025 se introduce para la población general. En España, las guías dietéticas de 2023 no hacen esta recomendación, pero la realidad es que hay una moda generalizada de proponer dietas con alto contenido proteico para todos en nuestro país”.

Para López, los autores “aciertan con la idea de que se necesita más investigación para entender si las dietas ricas en proteínas realmente tienen efectos beneficiosos para la población general”. No obstante, aclara que su trabajo “necesita ser completado con la evidencia que proporciona la ciencia observacional y los ensayos clínicos que se realizan en personas". “No todo lo que se observa en modelos animales se puede trasladar directamente a humanos”, finaliza.


viernes, 24 de julio de 2026

De los océanos al cerebro: así ha terminado el plástico dentro del cuerpo de los humanos



Microplásticos para analizar en un laboratorio marino de Gracia. 
(Reuters/ Stelios Misinas)



Desde que se inventó el plástico en 1907, no existe prácticamente ninguna materia natural que no tenga ya su versión artificial. Ese material se fragmenta, se cuela en el agua, el aire y los alimentos, y termina acumulándose en el cuerpo



En 1907, el químico belga Leo Baekeland mezcló fenol con formaldehído en su laboratorio de Nueva York y obtuvo una pasta dura, brillante, infinitamente moldeable, indeformable, ligera, resistente al calor, la electricidad y los agentes químicos... y barata. Era la baquelita, el primer plástico; sirvió primero para fabricar ceniceros, enchufes, carcasas de teléfono; luego, todo lo demás. Prácticamente no existe ninguna materia natural que no tenga ya su versión plástica. Lo que Baekeland no podía imaginar es que, poco más de un siglo después, su invento estaría dentro de nosotros. Literalmente.

Desde los años 50, la población mundial se ha triplicado, pero la producción de plásticos se ha multiplicado por doscientos. Hemos llenado el planeta de un material cuya bendición ha resultado ser su maldición: no se destruye. Se rompe, se desgasta, se fragmenta en trozos cada vez más minúsculos, pero jamás desaparece. El reciclaje del plástico ha resultado ser un fiasco comparado con el del vidrio o el metal. A diferencia de estos, el plástico se degrada con cada ciclo de reciclaje; no desaparece, pero pierde propiedades y sirve para fabricar menos cosas a un coste cada vez mayor. Más del 80% del plástico acumulado ha terminado en vertidos controlados e incontrolados. Cada cenicero de baquelita de los años 20 sigue existiendo entre nosotros, atomizado en millones de fragmentos de microplásticos —menos de 5 mm— y de nanoplásticos —por debajo de una milésima de mm—.

Las alarmas saltaron a partir de los años 70 del siglo pasado, cuando empezamos a encontrar enormes cantidades de plásticos degradados en el agua de los océanos, los estómagos de las tortugas marinas o los mejillones de las bateas. Desde entonces, los hemos hallado donde los hemos buscado, incluido el interior de las casas, el aire que respiramos, el agua que bebemos y la comida que comemos. Las fuentes de microplásticos son infinitas: el suelo de melamina, la pintura plástica de las paredes, el revestimiento interno de la lata de refresco, las bolsitas de té —que a 95 grados sueltan miles de millones de nanopartículas en una sola taza—.

Hace años que los neumáticos ya no son solo de caucho, sino un composite con elastómeros sintéticos y aditivos plásticos. ¿Dónde crees que va a parar el material del desgaste de todos los neumáticos del mundo? El 60% de los textiles del mundo son plástico —poliéster, acrílico, nailon—; la industria textil vierte miles de toneladas de micro y nanoplásticos. El asunto se repite en miniatura en cada casa; cada ciclo de lavadora suelta miles de microfibras plásticas al desagüe que escapan a las depuradoras y acaban en ríos, en el mar, en los lodos que se usan como fertilizante agrícola y, desde ahí, de vuelta a la cadena alimentaria y al ciclo del agua. El aire interior de una vivienda contiene unas 500 partículas de microplástico por metro cúbico; dentro de un coche, la cifra se multiplica por cuatro. Hace décadas que cambió la composición del polvo de las casas sin que nadie se diera cuenta. En casa de mi abuelo el polvo era materia orgánica, en la mía es plástico.

Y ya no es el mar, las tortugas, los ríos o el aire, somos nosotros. Un famoso estudio de la Universidad de Newcastle estimó que una persona ingería cada semana el plástico equivalente a una tarjeta de crédito. Nuestro organismo carece de herramientas para procesar esas moléculas que jamás estuvieron presentes en la naturaleza. No sabemos metabolizarlas, degradarlas ni excretarlas; las almacenamos. Encontramos microplásticos en la mayor parte de las muestras de sangre humana, placenta, leche materna, pulmón, hígado, riñones, testículos o cerebro. Hace apenas unos días descubrimos que la bilis humana actúa como reservorio oculto de estas partículas.

Todavía no sabemos qué consecuencias tendrá la plastificación de nuestros tejidos, pero, en un sonado estudio de 2024, un grupo italiano analizó las placas de aterosclerosis de 257 pacientes operados de las arterias carótidas. Encontraron polietileno incrustado en la pared de las arterias en más de la mitad de los casos: los pacientes que tenían plástico en sus arterias sufrieron 4,5 veces más infartos, ictus o muertes por cualquier causa en los tres años siguientes.

¿Y qué hacemos? La verdad es que, a nivel individual, muy poco. Puedes beber agua del grifo en vez de embotellada, no calentar comida en recipientes de plástico, usar envases de vidrio o acero. Es el chocolate del loro, porque los plásticos microscópicos llegan por todos lados y no puedes dejar de respirar, beber y comer. El problema es sistémico y la solución también debería serlo. La Unión Europea restringió en 2023 los microplásticos añadidos intencionalmente a cosméticos y detergentes. Es un paso, pero el tratado global de plásticos que se negocia bajo Naciones Unidas no ha conseguido aún un acuerdo vinculante.

Los microplásticos son la nueva contaminación ambiental, van a acompañarnos durante generaciones, nos guste o no. Lo que queda por determinar —y la ciencia trabaja a marchas forzadas en ello— es exactamente cuánto daño hacen por el camino y cómo lo podemos limitar. Pero si algo sabemos ya es que la era del plástico ha dejado de ser solo un capítulo de la historia industrial para convertirse en un capítulo de la historia de la medicina.

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martes, 14 de julio de 2026

Los sencillos ejercicios físicos que pueden mejorar tu memoria, según la ciencia


Científicos estudiaron cuál es la relación entre la actividad física y la fijación de recuerdos en la memoria.

Getty Images


La memoria puede ser algo muy volátil.

Ya sea al intentar recordar nombres de personas, una lista de cosas que necesitas comprar o mientras te preparas para un examen o una entrevista de trabajo, la información que estaba en tu mente un minuto antes puede desvanecerse al siguiente.

Pero hay una forma sencilla de darle un impulso inmediato a tu memoria mientras intentas aprender información nueva: súbete a una bicicleta estática durante unos minutos o da una caminata enérgica.

Las investigaciones muestran que podemos mejorar nuestra memoria haciendo ejercicio aeróbico, o cardio.

Desde hace tiempo se sabe que el ejercicio mejora la cognición.

La actividad física mejora nuestro desempeño en tareas y fortalece áreas del cerebro vulnerables al envejecimiento, lo que potencialmente ralentiza el deterioro cognitivo.

Pero el ejercicio físico también puede fortalecer una zona del cerebro importante para la memoria: el hipocampo. Y es por eso que puede tener un efecto positivo en nuestros recuerdos.

Por ejemplo, se ha descubierto que el ejercicio moderado varias veces a la semana aumenta el tamaño del hipocampo.

Otros estudios han demostrado que el momento del ejercicio también puede marcar una diferencia: salir a caminar cuatro horas después de aprender algo puede mejorar la retención y recuperación posterior de la memoria en comparación con hacer ejercicio inmediatamente después.

Los ejercicios de estiramiento, en comparación, no proporcionaron ningún impulso a la memoria.

El rol del hipocampo

Hasta ahora, ha sido difícil para los científicos comprender los procesos involucrados.

Un nuevo estudio de investigación intentó hacer precisamente eso.

Un grupo de neurocientíficos observaron la actividad en el cerebro de 14 personas inmediatamente después de hacer ejercicio y vieron pequeñas ráfagas de actividad eléctrica que fluían entre las células cerebrales, o neuronas, que se sabe que son importantes para consolidar recuerdos.

Estas "ondas cerebrales" son un fenómeno en el que muchas neuronas se activan al mismo tiempo, dice Michelle Voss, neurocientífica de la Universidad de Iowa, que dirigió el estudio.

Las ondas desempeñan un papel clave en cómo el cerebro empaqueta y almacena recuerdos durante el sueño y en períodos de descanso tranquilo (los participantes de la investigación padecían epilepsia resistente a los medicamentos, pero el estudio se centró en partes del cerebro que estaban sanas y producían señales eléctricas normales).

El equipo monitoreó los cerebros de los participantes para ver qué sucedía después de una breve ráfaga de actividad.

Encontraron que después del ejercicio hubo un aumento en las ondas en el hipocampo, así como en otras áreas conectadas a él.

Los investigadores creen que esto ayuda al cerebro a consolidar recuerdos.

"Estos pulsos también estaban más finamente sincronizados con la actividad neuronal en el resto del cerebro", afirma Voss.

Fuente de la imagen,

Getty Images

Pie de foto,
El hipocampo se encuentra en lo profundo del cerebro, pero desempeña un papel importante en la memoria y el aprendizaje.

Su equipo colaboró con neurocirujanos que monitorean la actividad eléctrica en pacientes sometidos a evaluación para cirugía de epilepsia.

Estos pacientes tenían temporalmente electrodos implantados en el cerebro, lo que permitió al equipo observar la actividad eléctrica antes y después de que hicieran ejercicio en una bicicleta estática.

Aunque los participantes no realizaron ninguna actividad de aprendizaje como parte del estudio, investigaciones previas habían indicado que las "ondas" podrían ser un candidato para fijar recuerdos.

"Esto nos brinda una oportunidad única para comprender cómo funciona el cerebro humano con mediciones directas de las señales eléctricas, que son la unidad fundamental del funcionamiento cerebral", explica Voss.

Proteger contra el deterioro cognitivo

Estas ondas ocurren demasiado rápido para ser detectadas por escáneres cerebrales estándar, lo que convierte a este estudio en el primero en mostrar cómo el ejercicio influye directamente en la actividad eléctrica del cerebro.

Voss cree que esta sincronía puede proporcionar una explicación biológica de por qué las personas suelen recordar mejor la información si hacen ejercicio poco después de aprenderla.

Y solo se necesitó una breve ráfaga de actividad para aumentar las ondas cerebrales, lo que demuestra que incluso hacer ejercicio por periodos breves pueden beneficiar nuestra memoria.

Voss espera que este trabajo ayude a replantear los mensajes de salud pública sobre la actividad física y nos permita pensar mejor sobre el envejecimiento, especialmente porque fortalecer las áreas importantes para la memoria podría ayudar a proteger el cerebro del deterioro cognitivo.

Al mismo tiempo, sabemos que los episodios regulares de actividad nos brindan una variedad de beneficios inmediatos para el cerebro y el cuerpo.

La investigación muestra que un solo entrenamiento puede mejorar la concentración por hasta dos horas después, así como aumentar de inmediato los niveles de dopamina, la hormona "del bienestar".

Otro estudio reciente descubrió que cuanto más ejercicio hacemos y más en forma estamos, mayor es el beneficio que obtiene el cerebro después de una sola sesión.

Cualquier actividad física es claramente beneficiosa, pero este nuevo estudio reveló que los beneficios cerebrales aumentan cuanto más activos somos.

Esto ocurre porque una mayor aptitud cardiovascular y masa muscular permiten que el cuerpo produzca más de una proteína vital para formar nuevas conexiones cerebrales, llamada Factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF. por sus siglas en inglés)

"Hay una razón para mantenerse activo, porque obtendrás más beneficios cada vez", señala Flaminia Ronca, investigadora en fisiología del ejercicio en University College London, en Reino Unido, quien dirigió este estudio.

"Si te mantienes haciendo ejercicio durante seis semanas, obtendrás beneficios mayores en cualquier sesión posterior", agrega la experta.


    • Melissa Hogenboom
    • Título del autor,BBC Future

martes, 16 de junio de 2026

Otto Warburg, fisiólogo y nobel de Medicina: "El azúcar es el combustible principal de las células enfermas"



El fisiólogo y nobel de Medicina, Otto Warburg.


El fisiólogo Otto Warburg revolucionó la medicina al vincular el consumo de azúcar con el comportamiento de las células enfermas, una teoría que hoy vuelve al foco por su relación con la alimentación y el cáncer.



El nombre de Otto Warburg, fisiólogo y bioquímico alemán y premio Nobel de Medicina, vuelve a circular con fuerza en debates sobre alimentación, metabolismo y cáncer. Sus investigaciones sentaron las bases para entender cómo las células enfermas obtienen energía y por qué el azúcar ocupa un lugar clave en ese proceso.

Galardonado en 1931, Warburg descubrió que las células sanas producen energía principalmente mediante la respiración celular, utilizando oxígeno, mientras que muchas células cancerosas optan por una vía menos eficiente: fermentar glucosa incluso cuando hay oxígeno disponible. Este comportamiento anómalo, que décadas después se conocería como 'efecto Warburg', marcó un antes y un después en la investigación biomédica.

Según sus observaciones, esta forma de obtener energía no solo permite a las células tumorales crecer con rapidez, sino que además genera ácido láctico, lo que vuelve más ácido el entorno celular. Ese cambio debilita las defensas del organismo y facilita la expansión de la enfermedad. Para Warburg, cuando una célula pierde la capacidad de “respirar” oxígeno, recurre al azúcar para sobrevivir, iniciando así su transformación patológica.


El azúcar bajo la lupa científica

“El azúcar es el combustible principal de las células enfermas”. Esta frase resume el núcleo de su trabajo y sigue citándose casi un siglo después. La importancia de esta idea se refleja hoy en técnicas diagnósticas como la tomografía por emisión de positrones (PET), que utiliza glucosa marcada radiactivamente para detectar zonas del cuerpo con un consumo anormal de azúcar, como tumores o metástasis.

La ciencia actual, eso sí, ha afinado esa visión. Los investigadores saben que el metabolismo del cáncer es complejo y que no todo se explica solo por el consumo de glucosa. El predominio del metabolismo glicolítico en las células tumorales responde también a mecanismos de regulación activa y a la necesidad de generar materiales para fabricar nuevas células, como lípidos y nucleótidos.


Reducir el consumo de azúcares libres y ultraprocesados y apostar por la dieta mediterránea es el patrón saludable a seguir

En este contexto, la alimentación aparece como un factor preventivo relevante, aunque con matices. Los expertos insisten en que no se trata de eliminar los hidratos de carbono, sino de reducir el consumo de azúcares libres y ultraprocesados y apostar por patrones saludables, como la dieta mediterránea. Un enfoque que conecta el legado de Warburg con los hábitos actuales, sin simplificaciones ni mensajes alarmistas.


Por 

sábado, 13 de junio de 2026

China deja sentada a EEUU y a Musk: lanzan el primer chip cerebral comercial de la historia

 

elEconomista.es/ Imagen generada con IA


  • La principal preocupación de esta tecnología es la privacidad: el acceso a nuestros pensamientos y sentimientos


Hace menos de diez años, pensar que iba a haber personas con un chip insertado en el cerebro sonaba a algo sacado de una película de ciencia ficción y, sin embargo, es algo tan real que existen decenas de personas en todo el mundo con uno implantado.

Lo cierto es que no es para tener superpoderes o estar conectados a internet, sino para curar y resolver problemas de salud y psicomotrices. La compañía más famosa en hacerlo es Neuralink, propiedad de Elon Musk, pero eso no significa que sea la única, y desde hace unas semanas tampoco la más avanzada.

Esto es porque China se ha vuelto a adelantar al magnate y a Estados Unidos (algo que cada vez es más común), debido a que el gigante asiático ha lanzado el chip cerebral NEO, el primero del mundo que se pone a la venta. Tras aprobar su comercialización, el chip NEO estará disponible para comprar, aunque por el momento tan solo para hospitales chinos.

En esta primera etapa, este chip se usará para la cura de lesiones medulares y parálisis al mejorar y recuperar el sistema nervioso de los pacientes, para más adelante ayudar a las personas que sufren depresión, epilepsia, ictus y Parkinson.

Hoy en día todos los proyectos están enfocados en aplicaciones médicas, incluso en España se ha logrado recuperar la visión parcialmente de dos pacientes ciegos, pero en el futuro estos chips cerebrales irán un paso más allá.

Y es que se espera que cuando estos chips sean más seguros, incluso las personas sanas se los implanten para obtener una ventaja competitiva. Los expertos señalan que esto acabe causando un efecto dominó, en el que para no quedarse atrás cada vez más humanos darán el paso para convertirse en cyborgs, y adquirir super capacidades gracias a estos chips.

Tener una memoria sobrehumana, capacidad de concentrarse sin distracciones o incluso telepatía podrían ser algunas de las aptitudes que las personas podrían adquirir, y en el futuro podrían ser todavía más sorprendentes.

Los peligros de esta tecnología

Pero todos estos avances también tienen un lado que preocupan a los expertos. Y es que a pesar de las grandes ventajas que supone esta tecnología, ven un lado negativo a todo esto, y como señala Anil Seth, catedrático de Neurociencia, Universidad de Sussex, "el principal problema es la privacidad, una vez que permites que accedan a nuestra actividad cerebral, estamos permitiendo el acceso no sólo a lo que hacemos, sino potencialmente a lo que pensamos, lo que creemos y lo que sentimos".

E incluso yendo un paso más allá, donde potencialmente los hackers podrían conectarse a estos chips y acceder a toda la información que hay en ellos, o hasta a nuestro cerebro de alguna manera. Por lo que estos chips aunque prometedores tienen todavía muchos aspectos que mejorar o plantear para poder extenderse fuera de los usos médicos.


https://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/13964361/06/26/china-deja-sentada-a-eeuu-y-a-musk-lanzan-el-primer-chip-cerebral-comercial-de-la-historia.html