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miércoles, 2 de septiembre de 2026

El BCE alerta de que ola de emisiones de los hiperescaladores de la IA puede engullir el ahorro europeo y encarecer la financiación de países y empresas

 

El BCE está preocupado por el impacto en Europa de las emisiones por la IA


  • Amazon y Alphabet acaparan ya casi el 10% de la nueva deuda corporativa emitida en euros este año
  • La deuda de las tecnológicas compite con los bonos soberanos y puede forzar a los gobiernos a pagar más
  • Fondos de pensiones y aseguradoras ya ven en la deuda de las big tech una alternativa a los bonos soberanos


La avalancha de emisiones para financiar el despliegue de la IA ha llegado también a Europa. Amazon y Alphabet son ya los dos mayores emisores corporativos no financieros de la zona euro en lo que va de año al emitir en euros. Las dos compañías acumulan ya cerca de 40.000 millones de euros en bonos dentro de los índices de crédito europeos y concentran casi el 10% de toda la nueva deuda en euros emitida por empresas no financieras. El BCE, a través de su blog, ha lanzado una seria advertencia de las implicaciones para el resto de emisores europeos, tanto empresas como países.

Pese a que por ahora el mercado europeo ha absorbido sin demasiadas dificultades la llegada masiva de deuda de las grandes tecnológicas estadounidenses, los autores del blog del BCE advierten de que el escenario puede cambiar a medida que los hiperescaladores acumulen deuda y ganen peso en el mercado de bonos. Su creciente necesidad de financiación podría terminar elevando el coste de endeudamiento del conjunto de la economía e incluso provocar un contagio hacia la deuda soberana y supranacional europea. Todo dependerá, explican, de si la "tarta" disponible para los inversores permanece fija —obligando a las tecnológicas a quedarse con una porción cada vez mayor— o si el mercado es capaz de crecer para absorber toda la nueva oferta.

Si Alphabet, Amazon, Microsoft y el resto de hiperescaladores incrementan sustancialmente sus emisiones, podrían poner a prueba el apetito de los inversores y verse obligados a colocar sus bonos a precios más bajos y con diferenciales de rentabilidad más amplios, explican. Además, la expectativa de que en el futuro llegue todavía más deuda puede agravar el fenómeno: los inversores pueden negarse a comprar hoy a determinados diferenciales si creen que dentro de unos meses podrán obtener una prima mayor, comentan con preocupación.

Las investigadores del BCE advierten de que los balances y las carteras de los inversores no son ilimitados. Para hacer hueco a grandes colocaciones de deuda tecnológica, los gestores pueden verse obligados a reducir sus posiciones en bonos de otras compañías. Esto podría generar un efecto de crowding out o desplazamiento que "eleve los costes incluso para emisores de industrias no relacionadas" con la inteligencia artificial.

Por ahora, la exposición de los inversores de la zona euro a esta deuda sigue siendo relativamente reducida, aunque está aumentando con rapidez. Los hiperescaladores concentraron el 15% del incremento de las tenencias domésticas de bonos corporativos denominados en euros durante los doce meses terminados en marzo de 2026, con una demanda especialmente fuerte procedente de fondos de pensiones y aseguradoras. Para este tipo de inversores, que buscan activos de elevada calidad crediticia y vencimientos largos, la deuda de las grandes tecnológicas puede convertirse incluso en "una posible alternativa" a determinados activos tradicionalmente considerados refugio y apuntan directamente a los bonos soberanos.

Existe además un tercer mecanismo, más técnico pero potencialmente importante: el funcionamiento de los índices de renta fija. A medida que los hiperescaladores aumenten su peso en estos índices, los fondos pasivos y los gestores que replican índices de referencia tendrán que incrementar mecánicamente sus compras de deuda tecnológica. El blog del BCE advierte de que este reajuste puede "intensificar la presión sobre otros bonos" y terminar influyendo también en sus diferenciales de crédito

EEUU es un ejemplo del riesgo para Europa

La preocupación del BCE tiene fundamento. En agosto, el mercado de deuda estadounidense se ha tensionado rápidamente, y uno de los principales motivos que han defendido los analistas para explicar el aumento de las rentabilidades a vencimiento de la deuda soberana de Estados Unidos ha sido el incremento de las emisiones de deuda corporativa, impulsado, principalmente, por las empresas que están llevando a cabo fuertes inversiones para desarrollar la IA.

El mismo aumento de las rentabilidades a vencimiento de la deuda americana se ha contagiado a la deuda europea, pero la amenaza que presenta el BCE va más allá: que el motivo de la tensión en la deuda de Estados Unidos ahora se exporte directamente a Europa, y no sólo como un contagio por lo que está ocurriendo en el otro lado del Atlántico.

El aumento de las rentabilidades de la deuda por la ola de emisiones corporativas se explica por la vieja teoría conocida como "efecto expulsión", que plantea que, ante una demanda limitada, si el estado emite mucha deuda, esta fuerza compradora se puede secar para los bonos de empresas privadas. Este "efecto expulsión", sin embargo, ahora parece que se puede producir a la inversa, desde el sector privado hacia el público, y forzar a los gobiernos a competir con la deuda corporativa, ofreciendo rentabilidades más altas.

Si países con una situación fiscal complicada, como es el caso de Francia, han sufrido en agosto la presión que llegaba por el contagio estadounidense, el problema ahora es que pueda sumarse la propia emisión de las empresas americanas en euros, en los mercados europeos.

El temor al aumento de las emisiones corporativas está justificado: sólo las empresas con grado de inversión en su calificación han lanzado más de 1,5 billones de dólares en deuda en lo que va de 2026, por encima de los niveles del año pasado, en este mismo punto, en un 36%.


Madridicon-related 
https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/14010921/08/26/el-bce-alerta-que-ola-de-emisiones-de-los-hiperescaladores-de-la-ia-puede-engullir-el-ahorro-europeo-y-encarecer-la-financiacion-de-paises-y-empresas.html

miércoles, 26 de agosto de 2026

La japonización desembarca en la economía de EEUU y amenaza con empujar al dólar al borde del precipicio

 

Bandera de Japón y de EEUU. Foto de Alamy.


  • Rallo: "No logran abaratar la deuda, pero sí han afectado al dólar"
  • La capacidad del Tesoro es limitada, pero las intenciones son claras
  • La japonización implica una depreciación del dólar y pocos recortes


Cuando hace unos años se hablaba de 'japonización' de las economías avanzadas, siempre aparecía en una posición destacada la zona euro o Europa en su conjunto. El elevado nivel de deuda pública del Viejo Continente, el invierno demográfico y el bajo crecimiento de la economía hacían de Europa un candidato como ningún otro para convertirse en el nuevo Japón en términos económicos. Sin embargo, en los últimos años ha irrumpido con mucha fuerza en la lista de candidatos a la 'japonización' nada más y nada menos que EEUU. El enorme desequilibrio fiscal de los últimos años (la semana pasada se llegó al hito histórico de los 40 billones de deuda pública) junto a la creciente intervención del mercado de deuda y de las instituciones, están conduciendo a la mayor economía del mundo hacia el camino que ya ha recorrido la economía nipona.

Cada vez son más los expertos y economistas que creen que EEUU ha empezado a adentrarse en un terreno que Japón conoce demasiado bien: una elevada deuda pública que convierte el coste de financiación del Estado en una variable tan importante que amenaza con condicionar la propia política monetaria, erosionando el tipo de cambio de la divisa e incluso dejando en un segundo plano el control de la inflación. El dólar podría ser el gran damnificado de todos estos movimientos que pretenden crear una suerte de ilusión monetaria en la que la deuda se vuelve sostenible a base de erosionar el billete verde, reducir el poder adquisitivo de los consumidores a base de represión financiera e inflación y evitar afrontar con recortes un gasto público que supera con creces los ingresos fiscales de EEUU.

La intervención para 'rescatar' al yen y la operación del Tesoro de EEUU para intentar poner coto a los rendimientos a largo plazo de la deuda parecen la prueba que demuestra que EEUU habría comenzado una 'japonización' sin retorno. Algunas voces muy tenidas en cuenta en el mercado, como la del gurú Ray Dalio, han redoblado sus habituales alertas. Por ahora, el dólar retrocede casi un 1% en la última semana y algo más del 2,5% en el último mes frente al euro. No obstante, cuando se analiza el rendimiento del 'billete verde' frente a otros activos como el oro, el bitcoin o la plata se puede ver una 'caída' superior. Cuando hay miedo a la dilución de la moneda, el resto de activos tiende a subir.

Juan Ramón Rallo, Doctor en Economía, advierte de que Washington está comenzando a coquetear con la denominada dominancia fiscal, una situación en la que las necesidades del Tesoro terminan subordinando las decisiones del banco central. El problema no es únicamente cuánto debe EEUU, sino qué ocurre si el mercado exige cada vez más rentabilidad para seguir financiándolo. Ante semejante escenario, la tentación política consiste en intentar contener artificialmente esos tipos antes que afrontar la alternativa mucho más dolorosa de recortar el déficit. Para Rallo, las últimas actuaciones de Washington transmiten el mensaje de que EEUU parece dispuesto a "diluir el valor del dólar antes que a recortar el gasto público".

El Tesoro contra el mercado

No solo Rallo. El sentimiento del mercado es claro y la fuerte apreciación del oro, la plata o el bitcoin (los activos predilectos por los inversores para protegerse del 'debasement trade') parece la gran prueba. Desde BCA Research, su estratega jefe, Ryan Swift constata que inclinar la oferta hacia los bonos del Tesoro a corto plazo y alejarla de los bonos con cupón ejerce una presión a la baja sobre los rendimientos a largo plazo. Sin embargo, advierte, hay un límite a hasta dónde puede impulsar el Tesoro esta tendencia. Ese límite lo determinará el mercado, resuelve. Concretamente, el diferencial entre los tipos de los bonos del Tesoro a corto plazo y los tipos de los swaps de vencimiento equivalente en el extremo inicial de la curva.

"En definitiva, la capacidad del Departamento del Tesoro para reducir los rendimientos a largo plazo es muy limitada. La única palanca de la que dispone es modificar la composición por vencimientos de la deuda en circulación, y el mercado se opondrá si se excede al accionar esa palanca. Si los responsables políticos se toman en serio la adopción de medidas para contener los rendimientos a largo plazo, la Reserva Federal tendrá que recurrir a su balance", desarrolla Swift, recordando que esto chocaría con las repetidas declaraciones del nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, expresando su deseo de reducir el balance. Las contradicciones y los actos de las grandes instituciones económicas de EEUU están generando una creciente desconfianza en la economía americana y el 'todopoderoso' dólar.

El sistema financiero construido alrededor del dólar empieza a mostrar grietas y la mejor prueba, según el analista Ben Norton, es la insólita intervención del Tesoro de EEUU para sostener al yen, la primera operación de este tipo desde 1998. Su tesis es que Washington no actuó únicamente para ayudar a Japón, sino para impedir que Tokio tuviera que vender masivamente bonos estadounidenses para defender su moneda. Japón es el mayor acreedor extranjero de EEUU, con 1,24 billones de dólares en Treasuries en febrero de 2026. Sin embargo, sus tenencias ya han caído por debajo de 1,12 billones en julio, un descenso superior a 100.000 millones en apenas cuatro meses. El problema es que estas ventas llegan cuando el Tesoro necesita colocar cantidades enormes de deuda y las rentabilidades permanecen elevadas, por lo que cualquier liquidación adicional de bonos presionaría todavía más al alza los tipos a largo plazo. De ahí que Norton interprete la ayuda al yen como un intento de proteger, en última instancia, el mercado de deuda estadounidense y el propio sistema del dólar.

Esta tensión está condicionando incluso la forma en la que EEUU gestiona su gigantesca necesidad de financiación. Norton destaca que el Tesoro está aumentando las recompras de bonos de vencimientos largos mientras emite fundamentalmente deuda a corto plazo (solo en julio colocó 2,57 billones de dólares en letras frente a 310.300 millones en notes y apenas 37.300 millones en bonos de largo plazo; es decir, el 86,4% de toda la emisión se concentró en letras). El trasfondo es una combinación compleja de déficits federales cercanos al 6% del PIB que obligan a emitir cada vez más deuda, mientras los inversores extranjeros muestran una menor disposición a absorberla (más oferta de bonos y menos apetito del mercado).

La proporción de Treasuries en manos extranjeras ha bajado desde más del 45% a comienzos de la década de 2010 hasta alrededor del 32% o 33%, mientras China ha reducido sus tenencias desde más de 1,3 billones de dólares en 2014 hasta menos de 700.000 millones. Ese hueco está siendo cubierto en mayor medida por inversores privados, fondos de cobertura e incluso emisores de stablecoins, pero Norton subraya que ni siquiera esta demanda ha conseguido impedir que las rentabilidades de la deuda sigan su tendencia al alza.

El dólar mira al precipicio

La consecuencia más profunda afecta al propio dólar y a la libertad de actuación de la política económica estadounidense. Norton se apoya en el economista Barry Eichengreen, profesor de Economía y Finanzas Berkeley, para sostener que resulta revelador que Washington tema que otros bancos centrales utilicen libremente sus reservas en dólares si hacerlo implica vender Treasuries y elevar sus rentabilidades. De hecho, EEUU habría utilizado euros, y no bonos del Tesoro, para financiar su intervención en favor del yen precisamente para evitar añadir presión sobre el mercado de deuda.

Para Eichengreen, estos movimientos indican que "el estatus del dólar como moneda de reserva ya no es lo que era". Si mantener la estabilidad del mercado de deuda estadounidense exige desalentar que los bancos centrales conviertan sus reservas en dólares cuando las necesitan, disminuye uno de los principales atractivos de esas reservas, su liquidez. De este modo, cuanto mayor sea la deuda estadounidense y más necesario resulte mantener bajos sus costes de financiación, mayor puede ser la presión para orientar la política monetaria y financiera hacia la protección del mercado de Treasuries, pero esa misma intervención puede alimentar la diversificación de reservas y la desdolarización que Washington pretende evitar.

Un intento por contener la deuda

El último intento del secretario del Tesoro, Scott Bessent, sirve para entender el problema. Su estrategia pasa por recomprar deuda pública a largo plazo financiando la operación mediante nuevas emisiones a corto plazo, donde los tipos son inferiores, con la esperanza de aliviar el coste de financiación en los vencimientos largos. Pero, según Rallo, el resultado evidencia el fracaso, puesto que los tipos a largo plazo han regresado aproximadamente a los niveles anteriores a la intervención, mientras el dólar sí ha sufrido y los activos utilizados como refugio frente a su depreciación han subido con fuerza. "No han abaratado el coste de financiación de la deuda pública y sí han afectado negativamente al dólar", asegura Juan Ramón Rallo. Su interpretación es que el mercado no percibe que estas operaciones hayan mejorado la solvencia del Tesoro, pero sí empieza a exigir un descuento ante una moneda potencialmente menos fiable.

Es precisamente aquí donde aparece el inquietante paralelismo con Japón. Ante una montaña de deuda pública, Tokio convirtió durante años al Banco de Japón en el gran dique encargado de impedir que aumentase su coste de financiación. El banco central compró enormes cantidades de bonos y, desde 2016, llevó esa estrategia hasta el denominado control de la curva de rendimientos, en la que el BoJ se comprometió a realizar las compras necesarias para mantener el bono japonés a diez años alrededor del 0%. Durante años funcionó (Japón era el país que todo el mundo ponía de ejemplo para afirmar que el endeudamiento no era malo, no generaba inflación ni inestabilidad). Pero la realidad era bien distinta.

El 'truco' de Japón también falló

El Banco de Japón no descubrió ninguna fórmula para endeudarse gratuitamente, sostiene Rallo, sino porque coincidió con unas circunstancias extraordinariamente favorables, en la que las familias y empresas japonesas estaban desapalancándose, mientras que escaseaban las oportunidades privadas de inversión y existía una demanda gigantesca de activos líquidos y deuda pública en yenes. Esa demanda absorbía los yenes creados por el banco central sin generar grandes presiones inflacionistas ni hundir inmediatamente la moneda. Sin embargo, el espejismo terminó cuando esa demanda dejó de ser suficiente. Los yenes creados comenzaron a exceder lo que familias, empresas e inversores querían mantener y el resultado fue depreciación de la moneda, inflación y, finalmente, la necesidad de abandonar progresivamente el férreo control de los tipos.

"El Banco Central de Japón no hacía magia", sentencia Rallo. Sin una demanda suficientemente fuerte de yenes, "el Banco Central no puede estabilizar los tipos de interés sin inflación". Y esa es la razón centra de la posible japonización estadounidense. Washington puede tratar de modificar la estructura de su deuda o la Reserva Federal podría terminar facilitando su financiación, pero ninguno de esos mecanismos elimina el coste económico de una deuda creciente. Simplemente puede trasladarlo desde el presupuesto hacia otro lugar: la inflación y el valor de la moneda.

También atisba ecos japoneses en la 'jugada maestra' de Bessent un veterano e ilustre estratega, Robin Brooks. "He escrito una serie de artículos sobre cómo los límites artificiales a la rentabilidad en Japón son la causa de que el yen lleve más de cinco años en una espiral de depreciación. Al fin y al cabo, si a los inversores no se les pagan primas de riesgo adecuadas, ¿por qué iban a mantener tus bonos del Estado? En lugar de eso, se lanzarán a la salida, ejerciendo presión a la baja sobre la moneda. Los mercados han observado de cerca y han aprendido de Japón. Están atentos a cualquier indicio de que algo similar pueda estar ocurriendo en otros lugares. Por lo tanto, es comprensible que el anuncio de recompra (de Bessent) -mientras los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo alcanzaban máximos de varias décadas- haya suscitado una gran reacción", señala en uno de sus últimos análisis.

Para Brooks, Bessent, al que muchos han tildado de audaz en los últimos días (otros tantos se le han echado encima al ver que los rendimientos volvían a la casilla de salida), se encuentra ahora ante un problema. "Si le das a los mercados un objetivo, empezarán a disparar hacia él", advierte, recordando que las repetidas intervenciones para reforzar el yen resultaron contraproducentes, ya que animaron a los mercados a "poner a prueba" -una y otra vez- si las autoridades mantendrían su compromiso de defender el yen. El resultado final ha sido que las intervenciones se producen con cada vez mayor frecuencia, su eficacia va disminuyendo con el tiempo y el yen ha continuado su tendencia a la baja.

"Lo mismo ocurrirá ahora con los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo. Los mercados 'pondrán a prueba' a Bessent una y otra vez. El Tesoro tendrá que tomar medidas para limitar los rendimientos con cada vez mayor frecuencia y, cada vez que lo haga, el oro se disparará y el dólar se desplomará. EEUU se está acorralando a sí mismo en una situación sin salida, de la que la única salida es un auténtico ajuste fiscal", sentencia el investigador principal de Brookings Institution y execonomista jefe del Instituto Internacional de Finanzas (IIF).

Subiendo el tono de su crítica, Brooks denuncia que, "cuando los países se quedan sin margen fiscal, empiezan a recurrir a tácticas para confundir y distraer". Esto implica acortar el vencimiento de sus emisiones de deuda, presionar a sus bancos centrales para que limiten los rendimientos y hablar con desdén sobre mercados "irracionales". "Nada de esto se debe a una administración o gobierno en particular. Es un problema mucho más sistémico y, básicamente, se trata de poderosos intereses creados que luchan por mantenerse en el poder", ahonda en la herida el estratega, señalando con el dedo índice a uno de sus objetivos habituales como el Banco Central Europeo, al que acusa invariablemente de "sujetar artificialmente" los rendimientos comprando deuda de país fiscalmente irresponsables. "Bessent es un simple seguidor del BCE en este sentido, dado que el BCE califica el aumento de los rendimientos de los países con alta deuda como "fragmentación", lo que no es más que una forma elegante de decir que los mercados son irracionales y que el BCE sabe que no es así", zanja.

Diluir el dólar para pagar la deuda

Al mismo tiempo, Rallo explica que si los inversores empiezan a creer que Washington antepondrá abaratar su deuda a preservar el poder adquisitivo del dólar, exigirán una compensación mayor para mantener activos denominados en esa moneda. "Si los inversores están viendo que tú priorizas un objetivo, que te financies barato, a otro objetivo, que no haya inflación", explica Rallo, empezarán a descontar la posibilidad de que EEUU "va a diluir el valor de la moneda" para reducir su factura financiera. El resultado paradójico es que intentar abaratar la deuda mediante la depreciación puede terminar encareciéndola, puesto que una menor demanda marginal de bonos del Tesoro obliga a ofrecer mayores rentabilidades para atraer compradores. "La pérdida de confianza en una moneda no solo no contribuye a abaratar tu coste de financiación, sino que puede encarecerlo", advierte.

Ahí aparece lo que Rallo denomina una peligrosa "zona de no retorno". Cuanto mayor es la deuda, más daño provoca cada punto adicional de tipos de interés sobre las cuentas públicas. Si los intereses aumentan, el déficit se agranda, el Tesoro necesita emitir todavía más deuda, los inversores pueden exigir una prima superior y la factura financiera vuelve a crecer (un bucle infinito que resulta muy complicado romper). En el extremo, explica Rallo, un Estado podría encontrarse en la situación de no poder estabilizar su deuda mediante ajustes convencionales y verse empujado a reducir su valor real mediante inflación: "No puedes pagar la deuda pública sin inflación porque eso supone tipos de interés mucho más altos de los que puedes digerir".

Todos expertos creen que EEUU ha iniciado el camino, pero aún le queda mucho para llegar a ese punto de no retorno o lo que podríamos denominar como 'cruzar el Rubicón'. Sin embargo, la experiencia de otros países y la teoría están ahí. Si EEUU terminara intentando resolver un problema fiscal mediante la moneda podría terminar cayendo en la misma trampa que la economía nipona.

Japónpudo sostener durante mucho tiempo ese equilibrio gracias a una extraordinaria demanda doméstica de yenes y deuda soberana, pero acabó pagando parte de la factura mediante una fuerte depreciación de su divisa cuando las circunstancias cambiaron. EEUU cuenta con una ventaja todavía mayor gracias al papel internacional del dólar, pero precisamente por eso tiene también mucho más que perder, puesto que su capacidad para financiarse en condiciones privilegiadas depende de la confianza mundial en su moneda y en sus activos. Si Washington transmite que preservar esa confianza es secundario frente a mantener barato el coste de una deuda cada vez mayor, puede deteriorar justamente el privilegio que le permite soportarla. Rallo termina con una advertencia que va incluso más allá de la comparación japonesa: si la "alquimia financiera" sustituye al ajuste presupuestario, "Estados Unidos terminará japonizándose o, más bien, argentinizándose".


https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/14009547/08/26/la-japonizacion-desembarca-en-la-economia-de-eeuu-y-amenaza-con-empujar-al-dolar-al-borde-del-precipicio.html

jueves, 20 de agosto de 2026

La valoración de Shein se hunde un 78% desde máximos a las puertas de su salida a bolsa

 

Shein/ iStock


  • Su debut bursátil se prevé para finales de este año
  • Los analistas ya ponen el foco en la recuperación en 2027


En los albores de su salida a bolsa en Hong Kong, la valoración de Shein se encuentra ahora entre los 22.000 y 25.000 millones de dólares, según Bloomberg Intelligence. Es decir, un 78% menos desde su mayor valoración, alcanzada en 2022. Las razones principales son la ralentización de su crecimiento -anunciada en sus resultados durante la semana pasada- y las presiones regulatorias y comerciales de los últimos meses.

Así, esta estimación también se halla por debajo de 30.000 millones de dólares que algunos inversores han defendido y es menos de la mitad de los 66.000 millones que Shein alcanzó en una ronda de financiación en 2023.

Por todo ello, los analistas abogan por poner el foco en 2027, ya que 2026 está marcado por los aranceles y las consecuencias de la guerra en Irán. La estimación de BI valora a Shein entre 13 y 15 veces las ganancias proyectadas para 2027, "utilizando ese año como una base más normalizada después de que los impactos en los fletes y aranceles afecten a sus resultados de 2026", aseguran desde Bloomberg. De hecho, los analistas de consumo y tecnología Catherine Lim y Jason Zhu prevén que las ganancias se recuperen hasta los 1.670 millones de dólares en 2027 y que luego crezcan aproximadamente un 20% anual hasta 2029.

Por otro lado, estos mismos expertos señalan la "posición inusual" de Shein entre una plataforma de comercio electrónico vinculada a China -por lo que cotizaría a un precio más bajo- y un minorista global de moda rápida con una cadena de suministro diseñada para responder rápidamente a las cambiantes tendencias de los consumidores -por lo que subiría la valoración-.

Ralentización en su crecimiento

El gigante de la moda online asiático registró unas pérdidas netas de 99 millones de dólares (87 millones de euros) en el primer trimestre de 2026, frente al beneficio de 395 millones de dólares obtenido un año antes, según el borrador del folleto presentado para su futura oferta pública de venta (OPV). No obstante, la ralentización se observa sobre todo en su facturación, que solo aumentó un 1,1% frente al año anterior, lejos del 8% del 2025 y de años anteriores. Esto se explica por el descenso de las ventas en Estados Unidos, su principal cliente, que cayeron hasta un 14%, por la eliminación de la exención que permitía importar paquetes de bajo valor sin pagar aranceles ni someterse a inspecciones aduaneras (minimis).

Con todo, Europa suavizó el retroceso gracias a un crecimiento del 2,3%, mientras que en el resto del mundo creció un 10%. "La eliminación de la exención de minimis en EEUU ha tenido un impacto adverso en nuestras ventas en EEUU y en el crecimiento general de nuestros ingresos netos, y ha contribuido a un aumento en nuestros gastos de logística como porcentaje de los ingresos netos", admitió recientemente Shein en el folleto remitido a las autoridades bursátiles.

Como consecuencia, los costes operativos aumentaron un 2,2%, hasta 8.794 millones de dólares, en un contexto de mayores gastos logísticos y de cumplimiento regulatorio. Aunque la empresa asegura apreciar "indicios de normalización" en el comportamiento de compra de los consumidores estadounidenses, advierte de que Europa podría convertirse en el próximo frente de incertidumbre por la futura eliminación de un régimen similar para los envíos más baratos, que podría impactar más que en Estados Unidos.

Una salida a bolsa postergada

Shein ha ido retrasando su salida a bolsa desde el año 2020, cuando la pandemia hizo multiplicar las compras online. Fue entonces cuando estaba previsto su debut en Wall Street, que se vio paralizado hasta 2023. En ese año sufrió un nuevo revés por las fuertes reticencias regulatorias en dicho país, paralizándose definitivamente su salida.

Tras este freno, la compañía china se dirigió en 2024 a la Bolsa de Londres, que también le interpuso trabas por las controversias relacionadas con las condiciones laborales de sus trabajadores. Finalmente, puso el foco en Hong Kong, y se prevé que su salida se produzca entre septiembre y octubre de 2026.


Madrid 16:12 - 10/08/2026
https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/14007350/08/26/la-valoracion-de-shein-se-hunde-un-78-desde-maximos-a-las-puertas-de-su-salida-a-bolsa.html

viernes, 31 de julio de 2026

Los bancos centrales confían en el oro: ya son dueños de un quinto de todo el metal minado en la historia

 

Los bancos centrales disparan la entrada de oro en sus reservas desde 2021.


  • El precio del metal precioso aguanta por encima de 4.000 dólares tras caer un 23%
  • Pese a la corrección del 23% desde máximos, siguen siendo compradores netos del metal este año
  • Polonia, Uzbekistán y China lideran las compras, mientras que Turquía y Rusia se ven forzadas a vender


Desde que el oro tocó máximos históricos el 2 de febrero de 2026 en 5.278,5 dólares por onza, su precio ha corregido un 23% y ha vuelto a entrar en un mercado bajista por primera vez en décadas. Sin embargo, el retroceso del metal precioso, que tantos titulares había acaparado en los últimos años por el rally vertiginoso que había vivido, no ha sido suficiente para ahuyentar a los bancos centrales. Los señores del dinero no han parado de comprar oro, con especial fuerza desde la pandemia, y esta ola de adquisiciones, junto a la revalorización de los precios, ha hecho que el metal se convierta en el principal activo de reserva de los banqueros centrales. Las últimas caídas que ha experimentado el oro no ha eliminado el interés de estos grandes compradores, que ya alcanzan las 36.664 toneladas de oro en sus reservas, casi un quinto de todo el metal que ha extraído el ser humano en toda la historia.

"Los últimos datos muestran que los bancos centrales mantienen de forma colectiva 36.664,5 toneladas de oro, lo que supone casi un 17% de las 219.890 toneladas de oro que ha minado el ser humano en toda la historia", explica Paul Hoffman, analista de datos de BestBrokers. "A los precios actuales, estas reservas alcanzan ya los 4,78 billones de dólares, una cantidad que supera el PIB anual de Alemania, la tercera mayor economía del mundo, y prácticamente todo el valor de empresas como Alphabet y Microsoft", señala Hoffman.

Este hito se ha conseguido alcanzar a pesar de que el metal corrige más de un 23% desde los máximos históricos, que se tocaron en febrero de este año. Eso sí, la confianza de los bancos centrales en el oro como activo de reserva no parece, de momento, un error garrafal: el oro se ha estabilizado en el entorno de los 4.000 dólares por onza, y se resiste este verano a caer por debajo de ese nivel psicológico.



Ahora, los analistas destacan la importancia de que Estados Unidos e Irán cierren una tregua definitiva, que permitirá reducir las expectativas de subidas de tipos de interés por parte de los bancos centrales, para que el oro pueda volver a remontar. No hay que olvidar que las caídas de los últimos meses han estado relacionadas con las expectativas de más inflación por el efecto sobre el petróleo del conflicto con Irán y, en consecuencia, de subidas de tipos por parte de la Fed, que reducen el atractivo del oro frente a otros activos que pagan un interés cada vez mayor en este contexto, como, por ejemplo, los bonos estadounidenses.

"El mercado necesita una resolución significativa entre Estados Unidos e Irán antes de empezar a apostar en el oro más allá del rango de los 4.000-4.200 dólares", explica Justin Lin, analista de Global X ETFs. "Las rentabilidades y las expectativas de inflación seguirán siendo altas mientras el conflicto continúe, y ahora esto es lo que más está atando al precio del metal precioso", explica Lin.

Para qué se usa el metal y qué bancos centrales lo acumulan

Desde que el hombre empezó a minar oro de forma organizada, hace casi 7.000 años, se han extraído casi 220.000 toneladas de oro, según los datos que publica Hoffmann, y los bancos centrales han acelerado en los últimos años sus reservas del metal, hasta rozar las 37.000 toneladas en sus arcas (los datos del Consejo Mundial del Oro publicados en abril calculan una cantidad algo mayor, de 38.670 toneladas, o un 18% del total de oro extraído en la historia).

El Consejo Mundial del Oro explica cómo la mayor cantidad del metal precioso ya extraído se acumula en joyería, con 97.650 toneladas, un 44% del total, mientras que el oro en barras y monedas sin ser parte de las reservas de los bancos centrales representa el 21%, o 46.950 toneladas. Un 10% del oro que ya se mueve sobre la faz de la tierra se mantiene en aplicaciones industriales y tecnológicas, otro 5% se estima que es propiedad de instituciones que lo mantienen como contrapartida para productos financieros OTC (Over The Counter), y un 2% sería propiedad de firmas de ETFs que mantienen el oro físico como subyacente.

Según el Consejo Mundial del Oro, los banqueros centrales han acumulado una media de 1.000 toneladas de oro en los últimos 4 años, duplicando el ritmo de incremento de sus reservas que mantuvieron durante la década previa. El mayor atractivo del metal como reserva responde a una mayor incertidumbre geopolítica, y también a la ola inflacionista que ha tenido lugar en los últimos cinco años, que ha reducido el valor de las divisas FIAT frente a activos reales, como el metal precioso.

Las últimas caídas del metal han frenado las compras de oro por parte de los bancos centrales en 2026, pero estos se mantienen como compradores netos del metal incluso en este año de corrección de precios: según los datos de Hoffman, han adquirido 224,2 toneladas en lo que va de año, comparado con una venta de 221,4 toneladas.


Los grandes compradores este año son Polonia, Uzbekistán y China, con compras netas de 63,6 toneladas, 32,7 toneladas y 25,2 toneladas, respectivamente, mientras que los tres bancos centrales que más han vendido son Turquía, con 81 toneladas netas de ventas, Rusia, con 34,1 toneladas y Bulgaria, con 1,9 toneladas. El país otomano está desprendiéndose del metal a un ritmo acelerado en el esfuerzo de sostener su divisa, la lira, y está echando mano de sus reservas de oro para intervenir en el mercado. En cuanto a Rusia, las necesidades de mantener el esfuerzo bélico y una economía cada vez más renqueante por la guerra en Ucrania también está forzando la venta del metal.


Tras este proceso, el país que más oro acumula en sus reservas es Estados Unidos, con 8.133 toneladas en sus arcas, seguido por Alemania, con 3.349 toneladas. Por detrás se mantiene Italia, con 2.451 toneladas, Francia, en cuarto lugar, con 2.436 toneladas y China, en quinto, con 2.292,3 toneladas. España se mantiene en vigésimo puesto en este ránking, con 281,58 toneladas acumuladas, según los datos del Consejo Mundial del Oro y el FMI.