martes, 13 de octubre de 2026

De astilleros abandonados a barrios de moda: cinco ciudades europeas que merece la pena descubrir


El museo STRAAT en el antiguo muelle NDSM de Ámsterdam. 
(iStock)



Antiguos puertos, fábricas y viaductos ferroviarios se han convertido en lugares donde descubrir arte, arquitectura y gastronomía. Esta ruta sigue las huellas de ese cambio, desde Róterdam hasta Aarhus




Una grúa que aloja habitaciones, una pista de esquí sobre una planta de tratamiento de residuos y un mercado instalado bajo las vías del tren. Algunas de las visitas más interesantes de Europa comienzan hoy en espacios que, durante décadas, estuvieron reservados al trabajo industrial.

El atractivo de estos destinos está también en lo que dejan ver del pasado. La arquitectura nueva convive con naves, raíles y muelles que conservaron su lugar en el paisaje urbano. Recorrerlos permite entender cómo cambia una ciudad: qué edificios salva, a quién abre sus espacios y qué uso les da después.


Róterdam: aprender a mirar una ciudad nueva

Róterdam hizo de la reconstrucción una parte de su identidad. Tras la destrucción de buena parte de su centro durante la Segunda Guerra Mundial, la ciudad neerlandesa abrió espacio a una arquitectura que hoy resulta difícil imaginar en otros cascos urbanos europeos. El paseo puede empezar en el Museumpark, frente a la superficie curva y reflectante del Depot Boijmans Van Beuningen, diseñado por el estudio MVRDV.

El edificio propone, además, otra manera de visitar un museo: permite entrar en sus espacios de almacenamiento y observar parte del trabajo de conservación de la colección. El propio Boijmans lo presenta como el primer depósito de arte accesible al público del mundo. Desde su cubierta, el visitante vuelve a encontrarse con la ciudad, reflejada unos metros más abajo en la fachada.

placeholderPaisaje panorámico del Museo Boijmans Van Beuningen y su depósito espejo en Róterdam. (iStock)
Paisaje panorámico del Museo Boijmans Van Beuningen y su depósito espejo en Róterdam. (iStock)


Otra parada conduce a los muelles de Katendrecht, donde una antigua nave portuaria acoge Fenix, un espacio cultural dedicado a las historias de migración. Para cenar, Renilde ocupa la planta superior del Depot; para dormir junto al agua, el Hotel New York conserva la memoria de la antigua sede de la Holland America Line. La ciudad sigue transformándose, así que conviene revisar el itinerario: el puente de madera Luchtsingel fue clausurado parcialmente y gran parte de su estructura ya se ha desmontado.


Copenhague: la vida después del matadero

Kødbyen, el antiguo distrito cárnico de Copenhague, se descubre mejor caminando sin prisa. Sus edificios bajos, sus patios y sus fachadas de aire funcional mantienen el carácter del barrio, aunque entre ellos aparezcan galerías y restaurantes. La transformación no ha borrado por completo su actividad original: esa convivencia es lo que da interés a la visita.

La galería V1 permite asomarse a la escena artística del barrio. A la hora de comer, Kødbyens Fiskebar sirve pescado y marisco en un espacio que conserva la aspereza visual de las antiguas instalaciones. Fuera de Kødbyen, CopenHill lleva la idea de dar nuevos usos a la infraestructura urbana a otra escala: una pista de esquí y un recorrido para pasear ocupan la cubierta de una planta de tratamiento de residuos.

Gente comiendo al aire libre. (iStock)

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Gente comiendo al aire libre. (iStock)


La estancia puede continuar en Villa Copenhagen, instalado en la antigua central de correos de 1912, cerca de la estación central. El edificio ofrece una versión más reposada de la misma historia: adaptar un inmueble de otro tiempo a una función contemporánea sin ocultar del todo de dónde viene.


Ámsterdam Norte: cruzar el IJ y cambiar de paisaje

El ferry que atraviesa el IJ lleva del entorno de la estación central de Ámsterdam a una ciudad de otra escala. En NDSM, los canales y las fachadas estrechas ceden el paso a explanadas, hangares y grúas. El antiguo astillero dejó de construir barcos en 1984; después, artistas y colectivos creativos encontraron espacio en sus instalaciones.

La visita puede organizarse alrededor del museo STRAAT, dedicado al arte urbano, y del mercado IJ-Hallen cuando coincida con sus fechas de apertura. Conviene dejar tiempo entre ambas paradas para recorrer los antiguos espacios de trabajo: aquí, el interés reside tanto en las actividades como en la escala de las naves que las alojan.

Al atardecer, Pllek ofrece una mesa junto al agua en un local construido en parte con contenedores marítimos. Quien quiera llevar la experiencia industrial hasta el alojamiento encontrará en el Faralda Crane Hotel tres suites instaladas en una grúa restaurada. La vista del puerto ayuda a comprender el origen de un barrio que ahora atrae a visitantes por motivos muy distintos.


Zúrich Oeste: tiendas y mercados bajo el ferrocarril

Zürich West creció alrededor de fábricas y grandes infraestructuras. Su recorrido más expresivo discurre hoy bajo un viaducto ferroviario construido en 1894: Im Viadukt reúne comercios, talleres, cafeterías y una nave de mercado a lo largo de unos 500 metros. El tren sigue pasando por arriba mientras la vida del barrio ocupa los arcos inferiores.

La Markthalle permite hacer una pausa entre puestos de productores y especialidades de la región. Después, la caminata puede continuar hasta la Freitag Tower, formada por 19 contenedores apilados que alcanzan 26 metros de altura. Subir y mirar alrededor ofrece una lectura rápida del distrito: estructuras industriales, nuevas construcciones y espacios de ocio comparten unas pocas calles.
placeholderHistórico edificio Markthalle. (iStock)
Histórico edificio Markthalle. (iStock)


Para pasar la noche, el 25hours Hotel Zürich West prolonga esa atención al diseño que recorre el barrio. Pero la mejor forma de entenderlo sigue siendo a pie, entrando y saliendo de los arcos del viaducto. Allí se aprecia que la reutilización de un lugar puede cambiar también los trayectos cotidianos de quienes viven a su alrededor.


Aarhus: un nuevo frente marítimo a escala humana

La segunda ciudad de Dinamarca sitúa buena parte de su arquitectura reciente junto al mar. En Aarhus Ø, el antiguo entorno portuario ha dado paso a viviendas y paseos abiertos al agua. Entre los edificios destaca Isbjerget, o The Iceberg: sus cubiertas quebradas y sus fachadas claras evocan bloques de hielo y hacen del conjunto residencial una referencia visible desde el puerto.

El recorrido continúa en ARoS, donde Your rainbow panorama, de Olafur Eliasson, rodea la cubierta del museo. Caminar por su pasarela circular de vidrio coloreado cambia, paso a paso, la percepción de la ciudad y de la bahía. Es una obra concebida para mirar Aarhus, pero también para experimentar cómo un edificio puede incorporar un espacio público inesperado.
placeholderLos edificios Isbjerget. (iStock)
Los edificios Isbjerget. (iStock)


Aarhus Street Food devuelve la ruta al terreno de la reutilización: el mercado gastronómico ocupa antiguas cocheras de autobuses próximas a la estación. Tras la cena, el Radisson RED es una opción céntrica para alojarse. La distancia manejable entre el museo, el mercado y el paseo marítimo permite descubrir estas distintas caras de Aarhus durante una estancia corta.

Estas cinco paradas funcionan especialmente bien en primavera y a principios de otoño, cuando apetece recorrer los barrios a pie y detenerse en sus terrazas. Una ruta por varias de ellas puede combinar trenes diurnos y, según el trayecto, servicios nocturnos; los horarios y enlaces requieren planificación. También merece atención lo que ocurre fuera del itinerario turístico: un barrio recuperado gana actividad y visitantes, pero su éxito plantea preguntas sobre el precio de vivir y trabajar allí. Esa tensión forma parte de la historia que cuentan hoy sus calles.